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OPINIÓN

En un estado secuestrado que no declina su vocación represiva y autoritaria, Juan Guaidó decide asumir el desafío de sacudirse “el encierro”…

La decisión del presidente Juan Guaidó Márquez de salir del país y asistir a la Cumbre Hemisférica sobre Terrorismo en Bogotá es un acto asertivo y desafiante que concede un mar de aliento y elevación moral a todos los venezolanos. En momentos que Venezuela sigue atravesando inmensos coletazos de incertidumbre y letargo, el presidente Guaidó asume una vez más su liderazgo y sale por el mundo a llevar un mensaje de denuncia, socorro humanitario y restauración democrática, cara a cara, foro a foro. Todo una épica de valor y liderazgo que reforzará la removilización y el repliegue de todas las fuerzas vivas de Venezuela y el mundo a nuestra causa libertaria.

Como los Santos de Francia: Claros y sin vista

La salida del Presidente Juan Guaidó fue desconcertante para el régimen quien siente lo controla todo en Venezuela. En un estado secuestrado que no declina su vocación represiva y autoritaria, Juan Guaidó decide asumir el desafío de sacudirse “el encierro” y va a denunciar ante la comunidad internacional-personalmente-no sólo las carencias humanitarias y democráticas de nuestro país, sino el peligro que significa la permanencia de Maduro, quien ha arreciado en el interés de suprimir el último vestigio de institucionalidad: la Asamblea Nacional.

Guaidó podrá decirle a la comunidad internacional, Venezuela no aguanta más. Intervengan de forma decidida y contundente en búsquedas salidas rápidas y eficaces a la grave crisis política, social y económica que atraviesa nuestro país. Los intereses que están en juegos no son sólo los nuestros sino los del mundo libre, pacífico y demócrata. En Venezuela lo hemos hecho todo, lo hemos arriesgado todo y lo hemos dado todo… Su comparecencia a la Cumbre Hemisférica sobre terrorismo y la confección de una agenda internacional que tocará foros económicos, parlamentarios y de gobierno, será una oportunidad de oro para exponer a viva voz el peligro que significa la continuación de Maduro en el poder y sus alianzas con el mundo terrorista, radical, autoritario y mafioso.

En un mundo globalizado el compromiso debe ser superior a la retórica.  Los mandatarios de las democracias más importantes y solventes del planeta tienen una excelente oportunidad para emplazar a sus gobiernos y parlamentos por la defensa del pueblo Venezolano, en momentos que el régimen ha decidido radicalizar sus acciones represivas contra la resistencia, sus dignos diputados y los venezolanos. El presidente Juan Guaidó Márquez en una clara demostración de valentía, gallardía y compromiso estadista, se levanta y deja con los ojos claros y sin vista a un poder fanfarrón que hace alarde y cabalga orgulloso la manera como sus guardias pretorianas y paramilitares disfrazados de colectivos, agreden al pueblo y sus representantes legítimos. Guaidó con carácter y determinación enrostra todos los cercos para romper cadenas. Recordemos que hace días la caravana presidencial fue destrozada no precisamente con granos de arroz, lo cual a todas luces fue un magnicidio en grado de tentativa. Por cierto un acto ante el cual la Corte Penal Internacional se mantiene impávida e inerme y cuya pasividad será igualmente puesta en elocuencia.  

Si la montaña no viene a Mahoma…

Esta nueva gira internacional del presidente Juan Guaidó la realiza a la víspera-decíamos-de arremetidas muy graves del régimen que han llegado al punto de atentar contra la vida del presidente Guaidó y de diputados de la Asamblea Nacional.  Es poner en evidencia una lucha muy desigual y salvaje, por el rescate de nuestros principios republicanos.

La posibilidad de sentarse uno a uno con el Presidente Duque en Colombia, con El secretario de Estado Mike Pompeo, con el propio Presidente Trump; de acudir a foros internacionales en Europa y en otras latitudes del orbe, elevará el costo político de las alianzas y de mantenerse muy diplomáticos ante la avanzada plutocrática, autoritaria y abusiva del régimen de Caracas. Se abre un nuevo compás de compromisos del mundo con la restauración democrática en Venezuela donde pasar de lo discursivo a la acción será un objetivo impostergable

El impacto interno que tendrá esta gira internacional el presidente Guaidó es igualmente importante. Una cascada de aliento y refortalecimiento moral para una población sumamente cansada y embriagada de desesperanza que la atrapa asfixiantemente. Si la montaña no viene a Mahoma, mahoma irá  a la montaña. Y como dice el refrán abrojos abren los ojos por lo que es hora de sembrar raíces gruesas y compuestas de frutos jugosos en medio de espinas y venenos…  

Acelerando la transición

Toda transición política demanda actos realistas y simbólicos. No basta liderar una transición como lo hizo Adolfo Suárez en ESPAÑA, António Ramalho Eanes en Portugal, Aylwin en Chile, Betancourt en Venezuela, Sanguinetti en Uruguay o Neves en Brasil. Antes es necesario seducirla y protagonizarla. Es la dinámica de la voluntad constructiva promotora del cambio, que no apela al “resuélvemelo tú”, a la externalidad, sino el aquí estoy espulgando la camisa con mis propias uñas… no con los de la vecina. Y eso inspira. Se acelera el cese de la usurpación. Se cataliza la transición. !Vamos bien!

 

@ovierablanco     

Ene 21, 2020 | Actualizado hace 15 horas
La recuperación ¿ha iniciado?, por Luis Oliveros

A los venezolanos nos encantan los mitos, las leyendas (además de las novelas y por supuesto que los shows). Uno que se ha hecho muy popular es el que cuenta que, desde noviembre del 2019, en Venezuela se ha iniciado una recuperación económica. 

Uno no sabe si es por lo larga y fuerte de la crisis (tenemos 6 años presentando una variación negativa del PIB, lo que ha generado que la caída acumulada se ubique cercana a los dos tercios del total que teníamos en 2013), o por la desesperanza ante la bajísima probabilidad de un cambio político (al menos eso es lo que parece en el corto – mediano plazo), pero lo cierto es que algunos ya ven una sólida recuperación económica por la proliferación de nuevos comercios de productos importados, por una navidad muy diferente (con más movimiento) a la de años anteriores y por el empuje de la (cada vez mayor) dolarización transaccional (algo normal que aparece en los países que han tenido hiperinflación), fenómeno que llegó para quedarse. Sin lugar a dudas esos deseos son entendibles, no podemos criticar a quienes tratan de ser optimistas ante la adversidad, pero lamentablemente, es muy temprano para asegurar que hay un cambio de tendencia en el comportamiento de la actividad económica. 

Es difícil hablar de recuperación de la economía venezolana, los problemas acumulados en los años anteriores se mantienen, no han sido resueltos y la confrontación política (que debería resolverse en unas elecciones competitivas, pero para la mayoría de la oposición democrática, las condiciones no son las óptimas, mientras la élite gobernante no tiene incentivos a mejorar ese aspecto) pareciera que cada día se exacerba. 

Si bien es cierto, no es descabellado esperar alguna estabilización o leve repunte en algún sector de la economía, sin embargo, estamos convencidos que Venezuela se encamina a su séptimo año seguido de contracción del PIB (aunque esta sea mucho menor que lo padecido en años anteriores). 

La buena noticia es que Venezuela podría abandonar la hiperinflación en este 2020, la mala es que todo hace indicar que pasaremos a una inflación alta y crónica (que es bastante difícil de disminuir, más aún sin un plan antiinflacionario de calidad), con una fuerte caída de la demanda de moneda nacional (repudio hacia el bolívar) y con una obsesión gubernamental de introducir una moneda con “múltiples personalidades”. El petro nació como criptomoneda, luego mutó a unidad de cuenta, después a una especie de título de valor y hoy pareciera ser un híbrido entre sustituto del bolívar y nueva versión del famoso CUC cubano, moneda convertible. Lo cierto es que es la “sábila” del gobierno, sirve para todo, tiene supuestas propiedades mágicas, pero pretender que por sí solo cure la terrible enfermedad que tiene nuestra economía, es ser demasiado ingenuo. A todo esto, hay que agregarle que su partida de nacimiento no se cumple. 

Podemos decir que este 2020 será mejor que los extremadamente negativos 2018 y 2019, pero Venezuela seguirá mostrando la economía con los peores resultados del planeta. Nadie tendrá una combinación de inflación tan elevada con caída del PIB como nosotros, aderezada con una calidad institucional muy mediocre, disminución de población (huyendo de la crisis) y problemas sociales muy graves. No obstante, lo más cuesta arriba es el autoritarismo hegemónico (a la hora de definir a la élite que está en el poder) que gobierna el país.

 

@luisoliveros13

Hay dos tipos de lastre que dificultan avanzar a los demócratas para salir de la narcodictadura. Quizá el más fácil de deslastrar es el de los sinvergüenzas infiltrados en la oposición y los que montaron tienda aparte y disparan un tiro al gobierno y otro a la oposición. El otro lastre son los dogmas estratégicos que, cual nuevos inquisidores, defienden a capa y espada algunos demócratas.

Afortunadamente, sin proponérselo los demócratas nos deslastramos de varios diputados rufianes que si ningún pudor aceptaron unos reales para intentar imponer una directiva de la Asamblea Nacional a todas luces fraudulenta. Es positivo que estos granujas se quitaran la careta. Los Parra, Britos, Morales y demás tunantes los recordará la petite histoire como la escoria que son. Lo inaudito es que lograran introducirse en la nave democrática.

Hay otro grupo que no cuenta con respaldo de los ciudadanos pero que causan ruido y son potenciados por el régimen. Como dice el diccionario son “individuos que entorpecen o detienen algo”.Para subsistir requiere el apoyo de Miraflores. El señalamiento no es porque decidieron constituir una nanomesa de diálogo, sino por declaraciones reconociendo como presidente al usurpador, aceptar que el vagabundo de Parra logró los votos y por favorecer las prédicas del régimen.

El homofóbico Felipe Mujica, amparado en un grupo que desde hace años dejó de tener relevancia, ve con buenos ojos que el sumiso TSJ designe al nuevo CNE. Claudio y Timoteo completan el triunvirato sin soldados que descalifica al presidente (e) Guaidó para intentar confundir. Son simples zombies en búsqueda de seres humanos.

 

Henri Falcón es un dirigente que pareciera estar en la cuerda floja. Se retiró de la nanomesa por el incumplimieto del régimen en poner en libertad a los secuestrados políticos y declaró que la elección de Parra es una burla. Cometió el error de participar en la elección espuria del 2018. Puede tener el beneficio de la duda, pero debe hablar claro.

El trabajo más difícil es alinear el llamado G4 (Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo)y otros, con una parte de la oposición que no cuenta con mucha gente,al menos según las encuestas, pero sí con dirigentes valiosos y una red de tuiteros muy activos y bien intencionados. María Corina Machado es la dirigente política que más admiro por su coraje y porque piensa que el estado no debe ser dueño de empresas, ni prestar servicios en los que el sector privado, sujeto a normas claras, puede hacerlo más eficientemente.

Predica el dogma de que no se puede ir a elecciones sin antes poner fin a la usurpación, lo cual todos deseamos, pero el problema a resolver es el cómo. Igual sucede con el luchador Antonio Ledezma, quien insiste en la invocación del 183-11, lo cual ningún país parece dispuesto a aplicar, al menos por ahora.

Quien esto escribe considera que lo lógico es que nuestros militares, en cumplimiento de la Constitución, soliciten la renuncia al usurpador o al menos que convoque este año a elecciones transparentes. Sin embargo, esto no pasa de ser un un buen deseo, ya que hasta ahora el Alto Mando se ha mostrado sumiso y los oficiales que han manifestado su descontento con las violaciones a la Constitución están presos, algunos torturados y otros exiliados o dados de baja.

Pareciera que la opción es que los opositores unidos decidamos votar, si se logran condiciones mínimas, o que nos abstengamos. Si acudimos a las parlamentarias y sorteando las trampas y ventajismo las ganamos como en el 2015, el régimen hará lo mismo: inhabilitación, prisión y exilio de algunos diputados, desacato y mantendrá por encima la Asamblea Constituyente. Es decir que tienen razón quienes predican que votar no resuelve el problema.

El punto es que si nos abstenemos tampoco lo resolvemos. La ventaja de votar es que se moviliza a la gente y es otro golpe para el régimen. Quizá el dilema no sea votar o no votar, sino que esa decisión sea unánime. Si todos votamos podríamos lograr algo. Si no votamos también. Pero si no sucede algo más quedaremos en las mismas.

 

Como (había) en botica: Enrique Ochoa Antich, más cerca del régimen que de los demócratas, pregunta sobre el destino de los ingresos de Citgo, hoy en manos de gerentes demócratas, competentes y honestos. Debería estar informado que esa empresa se endeudó con los chavistas-maduristas para darle más dividendos al régimen y ahora debe invertir las ganancias para enderezar entuertos y por ello no proporciona dividendos.

Rafael Ramírez es descarado. Critica al general Quevedo por represor y mala gestión, pero se olvida que él también reprimió despidiendo de Pdvsa a quien no fuese “rojo, rojito”. Además, Ramírez recibió la producción petrolera en 2.620.000 barriles por día (noviembre 2004) y la entregó en 2.336.000 b/d (setiembre 2014). Dice no sabe en qué gastó el régimen 700 mil millones de dólares en los diez años en que estuvo en Pdvsa. Le recordamos que parte fue en la corrupción que él mismo permitió. Lamentamos el fallecimiento del luchador Pedro Segundo Blanco de ABP. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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Venezuela en blanco y negro, por Carolina Jaimes Branger

Cada vez que puedo, asisto a la procesión de la Divina Pastora. Me encanta llenarme de la energía positiva que se palpa caminando entre tantos devotos que vienen desde todas partes de Venezuela a pagar promesas y con la fe – ese maravilloso don- de que sus peticiones van a ser escuchadas. Es también el momento de visitar amigos entrañables, de compartir deliciosas comidas, tenidas musicales hasta la madrugada y de sentirme venezolana hasta la médula. Es comprobar de primera mano que es cierto que hay tantísima gente que no se rinde, que no se va y que desde ya son parte de la columna vertebral de la reconstrucción del país.

Sentí que este año había más personas que nunca, a pesar de que me consta que muchos desistieron de ir por la escasez de gasolina. No fue un milagro de la Virgen, pero en Barquisimeto hubo luz y gasolina por 48 horas, lo suficiente para que los peregrinos de otras partes del país (especialmente los caraqueños) nos sintiéramos con la sensación de que las cosas “no estaban tan mal”, como si no supieran que aquí ya no engañan a nadie. Muchas alcabalas en el camino, entre ellas una de la FAES, aterrorizantes con sus armas largas y pasamontañas, no ofrecían seguridad porque en general estaban apostadas en lugares poco convenientes como curvas, o cerrando dos canales de la autopista de improviso, cosa que me hizo recordar la lapidaria frase de Henry Ramos Allup “de inteligencia no se van a morir”.

Un enorme número de militares de distintas partes del país se hicieron presentes para asistir a su propio sarao, pues nadie del régimen se atreve a caminar en la procesión como sí lo hizo el presidente Juan Guaidó, lo hace desde hace años María Corina Machado y lo hizo Monseñor Víctor Hugo Basabe, quien por cierto ofreció una homilía memorable por sus denuncias contundentes y valientes.

Al regreso, nos detuvimos en una estación de servicio en la autopista Puerto Cabello-Valencia donde había dos billetes nuevos de cien bolívares tirados como basura en una alcantarilla: una muestra más de la escalofriante devaluación que ha sufrido nuestra moneda. De manera que en dos días vimos lo mejor y lo peor del país. Lo que debe irse y lo que debe permanecer. Lo que amamos y lo que detestamos. Ojalá la Virgen este año sí nos haga el milagro.

 

@cjaimesb

 

Humano Derecho #153 con Angel Alfonzo representante de Dale Play a la Paz

¿De qué va el trabajo de Niña Madre?, ¿Cuál es el objetivo de Dale Play a la Paz?, ¿Hay jóvenes que aún sigue en el programa luego de participar en estas iniciativa? Estos y otros temas los estaremos conversando con Angel Alfonzo, representante de Dale Play a la Paz, un proyecto coordinado por la Asociación Civil Niña Madre en alianza de 5 organizaciones, el proyecto tiene como objetivo formar a jóvenes entre 9 y 31 años de las comunidades Coche, El Valle y Sucre, en materia de producción audiovisual, Cultura de Paz y No Violencia. La primera etapa del proyecto contó con la participación de 28 personas, entre ellos jóvenes y adultos, dando como resultado 5 audiovisuales, donde destacan diversos temas para visibilizar la realidad de estas comunidades desde un punto de vista positivo.

“Cada vez que transmitimos estos micros en comunidades las personas se dan cuenta que hay gente trabajando para ellos y eso les da esperanza”.

En la primera pausa musical escucharás el tema “Saudade” de Anakena seguido del tema “En Línea” de LAGOS, y finalmente escucharás el tema “Últimas Palabras” de Los Mesoneros; estas son las pausas musicales que escucharás para este Humano Derecho #153. 

En esta oportunidad contaremos con Genesis Zambrano (@medicenmouzo) y Luis Serrano (@AkaLuisSerrano) como presentadores, quienes les estarán haciendo la suplencia a @fanzinero y @MelanioBar. Somos el radio web show semanal que mezcla la buena música con gente que ayuda a gente. Transmitido por diferentes plataformas del país, es producido por RedesAyuda y Provea. Más contenido en www.humanoderecho.com

Puede escuchar el programa aquí: Humano Derecho #153 con Angel Alfonzo representante de Dale Play a la Paz

B. BFincheltub Ene 18, 2020 | Actualizado hace 3 días

Hubo una casa que me recibió con las puertas abiertas cuando apenas en Bachillerato decidí que me dedicaría al servicio público y la política, esa casa se llama Primero Justicia. Un partido que nació con la necesidad que había en el país de construir una alternativa a lo que desde su propia llegada al poder se mostraba ya como una amenaza para la institucionalidad y nuestra democracia.

Para los jóvenes fundadores de Primero Justicia, Venezuela no podía conformarse con el odio, la revancha y la lucha de clases, era necesario que miráramos a nuestro alrededor y nos reencontramos con los ideales republicanos de justicia y libertad. 

Pero no era fácil tender las bases de un nuevo partido en unas condiciones tan adversas. No solo porque el fenómeno carismático que significaba el chavismo en sus inicios, capaz de embolsillarse a media Venezuela, sino también porque una inmensa mayoría de los venezolanos aborrecía los partidos y no se sentía identificada con nuestro sistema político, al contrario, clamaban ruptura y transformaciones drásticas.

Le habían comprado la idea al charlatán que así la nación se encaminaría a nuevo porvenir. Aún con el viento en contra, los justicieros nunca se rindieron y decidieron que la única forma de crecer y mantenerse en el tiempo era construyendo una militancia a lo largo y ancho del país, en todos los sectores, en los gremios, en las asociaciones, en las universidades, en las urbanizaciones, en los sectores populares, allí donde el chavismo nunca había llegado o aunque había pasado, lo había hecho para mentir. 

 

El trabajo de años de mucha gente valiosa se traduce en lo que significa Primero Justicia para Venezuela hoy, un partido que más allá de los errores que se hayan podido cometer, ha demostrado tener hombres y mujeres valientes, capaces de sacrificar no solo su libertad por rescatar la democracia en Venezuela, sino también entregar su propia vida, como lo hizo nuestro compañero Fernando Albán.

En honor a él, a nuestro diputado Juan Requesens, a todos los que han sido perseguidos por ondear la bandera amarilla y negra, es que le decimos a la dictadura que aquí primero es la dignidad, que no hay poder sobre la tierra que pueda sobre la determinación de una militancia y una dirigencia decidida a seguir adelante, que podrán comprar conciencias e intentar robar nuestros símbolos, pero que no podrán acabar con que lo que significa Primero Justicia para quienes la sentimos como nuestra casa.

No hay democracia sin partidos políticos y no hablo del presente que todos sabemos es todo menos democrático, hablo del futuro, que necesitará de instituciones fuertes, de partidos políticos sólidos y de ciudadanos comprometidos. Pero sobre todo necesitará de memorias de acero, para jamás olvidar que todo esto pasó y evitar para siempre que se vuelva a repetir.

@BrianFincheltub

Los partidos son hoy colchas de retazos, en Occidente. Su crisis ocurre, incluso, en Estados Unidos, como lo muestran su Congreso, las incidencias internas de aquellos, y las complejas relaciones de uno y otros con el presidente Donald Trump, quien gobierna a través de Twitter.

Los pilares que fueran el Partido Socialista y la Democracia Cristiana italianos son piezas del museo romano. No los destruye una peste bubónica medieval, menos traficantes de ilusiones adherentes al posmarxismo globalizador o practicantes de la religión posdemocrática.

Los partidos peronista y radical de la Argentina, el conservador y liberal de Colombia, el adeco socialista o el humanista cristiano venezolanos, son precedentes del terremoto que aqueja por igual al Partido Popular y PSOE en la Península.

 

Que en el ecosistema político sucedáneo y en forja confluyan, utilitariamente, los especímenes jurásicos que se reúnen alrededor del Foro de Sao Paulo, por haber llegado a la estación del tren de la historia antes, en 1991, a la espera de ocupar los primeros asientos del futuro que se escribe –  es sugerente la obra de Harari, Homo Deus – no les ubica como autores ni les transforma en determinantes de lo que ocurre o sus perspectivas. 

Que resulte inverosímil que las realidades más ominosas y amenazantes de la convivencia humana y política en boga se muestren tozudas, difíciles de revertir por los actores y las víctimas que se oponen a los desafueros del poscomunismo instalado en partes de Iberoamérica, durante las dos décadas precedentes y que ahora hacen cuna en la España, mejor sugiere la presencia de ese ecosistema distinto, incomprendido por las mayorías, ajeno a las convencionalidades conocidas.

No por azar, tirios y troyanos, en las mal llamadas izquierdas y derechas, a pesar de sus evocaciones al pasado, lo primero que han hecho es trastornar el lenguaje y sus símbolos, desfigurar sus contenidos, apelar desesperadamente a formas cambiantes – cambiando las retóricas, manejándolas al detal – para incidir en el amasijo de individualidades dispersas en el que se ha trasformado el mundo, durante los últimos 30 años.

¿A qué me refiero con todo esto?

El Homo Sapiens que somos las generaciones más viejas, por apegadas a los sólidos conceptuales y los catecismos, probablemente estemos obstaculizando el desagüe de las generaciones que se miran en el Homo Twitter “cansiniano” y que, al caso, son más inteligentes que las nuestras y que las del Homo Videns “sartoriano”, hijos de la TV, acríticos, para quienes no existe otra realidad que la de la pantalla.

El Homo Twitter se mueve en la liquidez, fluidamente, con espíritu instantáneo y desconfiado, ávido de experiencias y no de usos horarios o lealtades – ni afectivas, ni políticas, ni laborales, ni como parejas – y tanto como escribe, en 140 caracteres y es maestro de lo metafórico, anuda su lengua digital a las imágenes que le agradan o sosiegan sus arrebatos.

 

Sin embargo, sin desmedro de la descripción anterior o junto a ella, acaso como visual que nos muestra el bosque, vuelvo a lo que escucho decir a un investigador español de ciencia, tecnología y sociedad, Javier Echeverría, en el marco de un coloquio en el que participamos sobre los espacios lingüísticos y la mundialización, en París, en 2001. Afirma, con pertinencia, que ha emergido un espacio social nuevo que se sobrepone a los otros dos espacios históricamente conocidos: El del entorno rural y el de la ciudad o urbano, que tienen sus respectivas culturas y coinciden en estar atados al lugar y ser beneficiarias del tiempo, en crear costumbres y fijar tradiciones.

En los entornos señalados, radicalmente distintos del tercero y en curso, se habla de la plaza, del mercado, de la catedral, la tienda y la oficina, la casa familiar o el club social, como se aceptan autoridades, burocracias, palacios, parlamentos, partidos, se lee la prensa o el libro impreso. El espacio y el tiempo se relacionan con lo humano y saben de la velocidad y la finitud. En ellos la gente camina, se asienta, está presente, confronta a las élites directamente, tiene memoria crítica, se separa en grupos o en recintos físicos, o por lenguas, incluidas las políticas. Conoce la proximidad y la distancia, también su apego a la patria.

El tercer entorno, entre tanto, no está en la tierra sino en las “nubes”, hecho de redes, sin textura humana.

Sus ciudadanos, digitales o internautas, son transversales, viven aislados o en retículas transnacionalizadas. No caminan, se desplazan, pero a través del flujo electrónico y las autopistas digitales, de modo constante o inestable, al gusto. Ocupan los espacios globales y hacen infinitos, según se los permita la imaginación electrónica, y tienen memoria, sí, pero asímismo electrónica. No saben de raíces, pues el pasado y el porvenir lo modelan  a diario y a conveniencia. 

El Tercer Entorno “modifica profundamente las actividades sociales y humanas” desde ya: la guerra se hace ciberguerra; el dinero es electrónico e imaginario; la ciencia crea vida artificial; el derecho territorial para los iguales es paleontología; la plaza pública o política está en el periodismo subterráneo, sin editores, y la intoxican Fake News; la religión se hace predica electrónica casera; y hasta el sexo se vuelve virtual, con su pornografía a cuestas.

Entre tanto, unos soldados y diputados luchan en Caracas por los espacios del Capitolio Federal, inaugurado en 1877 por el General Antonio Guzmán Blanco, El Ilustre Americano. 

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Entender las conflictos actuales, no es tan sencillo como pudiera pensarse. Mucho menos, los problemas que describe la historia. O los desafíos que pauta el futuro. Cualquiera de estos escenarios no siempre lucen como oportunidades, que en caso de analizarse bajo la lente de la teoría científica, pudieran servir de razones para dejar atrás el espejismo de una vida de riqueza fácil y progreso cómodo. Es el inconveniente de muchos venezolanos. Todos, tentados por imaginarios construidos desde el populismo roñoso. Venezolanos que no comprenden que los caminos que ilustra todo discurso elaborado con intención proselitista, no coincide con los parajes que recorre el hombre honrado, honesto, estudioso y trabajador.

La ley es ilusoria a ese respecto. Pintan realidades casi imposibles de alcanzar. Aunque no tanto ni siempre, desde el deseo del legislador. Pero su interpretación jurídica, social o política, colide con cada situación en la que su argumentación busca exaltar las condiciones prescritas por la normativa en cuestión. El pacto social que bien describieron científicos de la estatura intelectual de Rossueau, Hobbes, Locke y Montesquieu, fundamenta los derechos políticos que respaldan la vida del hombre en libertad. En consecuencia, destaca la necesidad irremplazable de alcanzar la distribución social como vía para evitar el abuso del poder y así resguardar la libertad de los ciudadanos.

Pero la palabra se distanció profundamente de la realidad. Y que fue razón para que los anarquistas hiciera suya la tesis que derivó como contraposición a tan quimérica postura que confabuló contra las libertades a las que el hombre se pliega por condición natural.

 

Cualquier alusión a la confianza como prestación moral al hecho de rendirse ante la palabra disfrazada de excesos políticos, siempre ha sido motivo de conflictos que la historia bien refiere. Al fin, la historia es fiel cronista de cuantos eventos contradijeron expresiones que pintaban los sueños más vehementes de todo ser humano, anhelante de mejores condiciones en todo lo posible.

Es ahí cuando la política se torna ambigua en cuanto a la diferencia que se establece entre su decir y su mandar. Por eso no hay un concepto de política que salve ventajosamente esa brecha. Y de haberlo, como en efecto pueden haberlos, comprometen la moral, la conciencia, la ética, la ciudadanía, la verdad, la justicia y la igualdad. He ahí el detalle. De manera que el hecho de revisar la situación con algún nivel de seria indagación, no hace difícil dar cuenta de cómo el ejercicio de la política califica bajo una palabra: ironía.

Buena parte del accionar de la política, es cual galimatías o desórdenes que buscan desfigurar realidades. Mientras estén sucediéndose confusiones bajo el ardid que trama la promesa trazada a instancia del discurso o de los lineamientos transcritos como normas, la praxis política justifica los inconvenientes que trabaron sus manifiestos compromisos.

Quizás el Talmud, libro religioso y político del judaísmo rabínico, escrito entre el siglo III y el V, cuando refiere que “el poder de un gobierno es la ley”, exageró. La petición de quienes demandaban un sistema legislativo que garantizara el orden del sistema, fue traducida tal como fue pretendida por la ambición política y que se mantiene en el tiempo. Ni antes, ni ahora, se gobierna apegado a la ley. Tal declaratoria, se redujo a una aspiración a partir de la cual el ejercicio de la política juega el triunfo que cada circunstancia persigue. Y tal reto, brinda las prebendas que la ocasión y la cultura política del gobernado permite y que se convierten en recursos a manipular desde el poder político.

Todo gobierno se sujeta a la coerción cuya capacidad de imposición le proporciona los recursos de fuerza necesarios para mantenerse en el poder. De ahí se insuflan las doctrinas militaristas y populistas para enraizar y enquistar al poder que se corresponde con dichos hechos.

 

De ahí se arraigan los problemas que derivaron la crisis de horrendas consecuencias que ahora padece Venezuela. Crisis ésta que sigue avizorando reveses y avatares relacionados con consecuencias de mayúsculo calibre. Por mencionar algunas, cabe distinguir: el aumento desproporcionado del emigración de venezolanos hacia el mundo libre, la reaparición de enfermedades tropicales extintas hace décadas, con que el país es ahora lugar de conexión del tráfico de drogas hacia Norteamérica y Europa, el abandono de recién nacidos por falta de recursos y de atención en materia de salud y de alimentos, la carencia de servicios públicos y de todo lo que fundamenta la movilización del venezolano, el incremento desmesurado de la morbilidad y mortalidad por causas injustificadas.

En fin, Venezuela se fracturó en tantas partes que hasta su contabilidad se tornó un problema de enfoque político. Y esto, ha incitado conflictos que tienden a atravesar cuanto ámbito de realidades sea posible. Precisamente, es el trazo de un proceso cuyo graficado revela la declinación que establece en su recorrido. Es la razón de la persistente anomia que cunde a Venezuela. O sea, la falta de normas propias de la estructura social generando así incapacidad en el individuo para sumarse al desarrollo de la sociedad.

Tan serio problema, consumió la escasa ciudadanía que restaba de generaciones que dignificaron el crecimiento del país con su aporte en todos los sentidos y manifestaciones de vida. Es triste reconocerlo, pero no hay duda que por la obcecación de la política en curso, con su mancha socialista, Venezuela quedó enganchada en el estadio más insípido y mísero del subdesarrollo. Es decir, en los arrabales.