Orlando Viera Blanco, autor en Runrun

Orlando Viera-Blanco

A Valentina, mi primera nieta, por Orlando Viera-Blanco*
Y volví al futuro. Brota de mi cabeza una imagen como pompa de jabón. Es Valentina hecha mujer; consagrada y feliz, pisando por primera vez sobre la misma tierra, el país que a su madre vio nacer

 

@ovierablanco

Ha nacido Valentina, mi primera nieta. Escribiendo estas líneas aún no consigo descifrar lo que siento ni conciliar el llanto con la alegría. “Es reír de felicidad” me comenta mi escudero… Espero entonces con este texto -de bienvenida y augurio- saber qué es lo que invade profundamente mi alma y mi corazón.

Un salto a la eternidad…

Los abuelos -comenzando por mamá y papá- dicen que ser abuelo es otro nivel de querencia. Aún no lo dimensiono. Pero comienzo a sospecharlo. La llegada al mundo de un ser de tu misma raíz -pero con piso de por medio- es una sensación gloriosa. Es continuidad, es permanencia […] Tenía 25 años que no lo sentía, desde la venida al mundo de mis benjamines, los morochos.

Cada alumbramiento de un hijo es una renovación de votos de vida, una oda a la existencia. Pero ser abuelo es un salto a la eternidad. Es luz perpetua. Súbitamente desaparece el miedo a marcharse, por dejar a tus hijos indefensos. Ya sabes que, por ellos procrear, ampararán con gozo y tutela a sus críos, por lo que no necesitan un cid campeador. Le hemos cedido la armadura…

Vente que ya casi está aquí. Tocar el cielo…

[…] Quise tocarla y abrazarla, pero no me atrevía. Nunca he sido de cargar recién nacidos. Fragilidad tan grande y poderosa como el milagro de la existencia. Ahora pienso que la cargaré tanto como se descuiden sus padres. Ha venido al mundo una nueva chinita como Valeria, su mamá. Todo sucedió muy rápido. Desde la madrugada comenzaron las noticias sobre temas que no congenio: ‘contracciones, dilataciones, inducciones’ en fin. Por ser un cobarde de lo ‘clínico’ debí conciliar la belleza del alumbramiento con la ansiedad de la espera.

De pronto el mensaje: “vente ya a la clínica, porque Valentina casi está aquí. ¡Ya asomó su cabeza!”. Me quedé paralizado. ¿Podrá salir? ¿Tendrá fuerza para hacerlo? ¿Se resbalará? Siento que no sé nada de nada…En mis tiempos nadie reportaba lo que ocurría desde “pabellón” en vivo […] “Ya están los hombros…”

Y ¡otra llamada más…! Es mi hija mayor: “Valentina está aquí. Todo salió bien, papi. ¡Felicidades abuelito!”. En ese momento, me desplomo. Me detengo, me siento, suelto el teléfono, bajo la cabeza y la mirada. Impresionado e indefenso. Valeria acaba de traer al mundo a Valentina. Qué cosas tiene la vida. Lo hizo en tierra lejana y diferente a la que le vio nacer. Comenzó un leve suplicio, una sentida reflexión muy personal…

La primera imagen que vino a mi mente fue la de mi padre cuando salió del quirófano al nacer Constanza, mi primera hija. Con su autoridad característica, con lábaro de cirujano, escucho su taconeo venir. Lo veo y sonríe, lo cual fue un alivio: “Es una morenaza. Todo bien, sanita, buen tamaño y mejor pulmón. Llora como su padre” […]. Pero hoy papá no está para felicitarme, para disipar mis ansiedades. Para decirme, “hijo ya eres abuelo de otra hermosa chinita. Ahora sabrás lo que es tocar el cielo”.

Otra película

Como tela pasan por mi mente cada uno de mis hijos en el retén. Más inquietudes. Tendré que esperar distinguir a lo lejos -entre diez a lo menos -quién es Valentina. Pero me dicen que los recién nacidos ya no van a “vitrina”, que van directo a los brazos y al pecho de la madre. Sentado, solo en mi soledad, caigo en cuenta de que el tiempo pasó. No solo los minutos que ahora pierdo entre risas y llanto, sino la vida toda. Y vuelvo a mi niñez de mis abuelos: Alda, Pacho y Francisco. Pensaba de niño que jamás sería abuelo. Demasiado lejos, demasiado tiempo, demasiada espera.  

Pero el tiempo derrotó al tiempo. El lienzo sigue. Veo en ella mis propias canas, las marcas de un cuerpo más lento y ojos más gachos. Cuánto me parezco a papá y a mi abuelo. ¡Habrá sacado Valentina algo de ellos, algo de mí!… Me levanto. Miro al cielo, río, rezo y lloro. Doy gracias a los que se han ido, por enviar a este angelito, pedacito de cada uno de ellos a este mundo. Y ya no temo partir cuando lo decida Dios. He tocado el cielo. Ella está aquí…

Seré un buen abuelo. Lo prometo

Prometo ser con Valentina tan bueno, dulce y generoso como lo fueron mis abuelos conmigo y nuestros padres con mis hijos. Pero quizás como le sucedió a mi padre o a mi suegro, tampoco conoceré a mis bisnietos. No pasa nada… La alegría retorna cuando visualizo a Valentina adolescente, hermosa, radiante, cómica como su mamá, hablando perfectamente español, porque de eso nos ocuparemos los abuelos.

Me repongo de inmediato. No puedo perder un segundo. Debo ir a verla, bendecirla, contemplarla, intentar abrazarla, complacerla, mimarla, cantarle aún con mi desentonada voz… Al fin llegué. La vi de cerca. Es lo más hermoso que he visto en mi vida. Pero ¡es idéntica a mi yerno! No importa. Mi yerno es atleta. Veo detalladamente sus manitos, pies, ojos, boca y nariz. No encuentro parecido. Pero atención, sacó mi tipo de sangre (que solo la tenemos ella y yo), y ahora podrá también apellidarse Viera…

Al regresar a casa mi corazón latía compungido y emocionado. Comprendí mi deleite invadido de nostalgia. Valentina nació en un país bueno y generoso, pero también corre sangre por sus venas de pueblos muy nobles y maravillosos. Y me ocuparé que sienta a su tierra, para que bien la ame, la valore y la defienda.

Volver al futuro

De pronto otra imagen. He regresado del futuro, a otro universo. Quise revivir el momento en que nació una gran mujer, Valentina. Llegó a ser cosas muy importantes para el mundo por lo que el mundo la reconoce, le ha premiado y grabado su nombre en un nobel. Se convirtió en una gran luchadora por la paz y logró la felicidad para muchos, para Venezuela.

Quise regresar del futuro para volver a verle nacer y darle la bienvenida con prosa y melodía. Tenerla en mis brazos y recitarle coplas de amor viajero de Andrés Eloy. “Ansiosos se han emboscado en mis ojos, mis antojos, y tú también me has besado veinte veces con tus ojos”, al tiempo de cantarle un trozo de “mi vaca mariposa”, con sollozo.  

Y volví al futuro. Brota de mi cabeza una imagen como pompa de jabón. Es Valentina hecha mujer; consagrada y feliz, pisando por primera vez sobre la misma tierra, el país que a su madre vio nacer. Aún sin bisnieto lo que sí puede ver -emocionadamente- fue sonreír y llorar a la vez [a Valentina] como lo hice al nacer ella. Estas fueron tus palabras:

“Doy gracias a Dios y al destino por dejarme volver a la casa de mis abuelos. El hogar donde creció mi madre, de donde son mis tíos y bisabuelos, donde comenzó mi historia, mi amor, mi pasión, mi verdad, mi incansable lucha por la felicidad de Venezuela. Gracias, papá por haber domesticado a mamá como te lo pidió el abuelo, y por el amor con el que he crecido. Sin la pasión de un principito en su planeta, nunca este viaje “de antojos en mis ojos” hubiese sido realidad”

Al oírle hablar -con sus ojos achinados y vidriosos- le dije viéndole fijamente: “Dios te bendiga hija y gracias por albergar en tu alforja tu prosapia”.

Al rompe me respondió: “Pues extiende tus bendiciones abuelo, ¡porque serás bisabuelo! Tu bisnieta viene en camino…».

*Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Discurso, política y abuso de poder, por Orlando Viera-Blanco*
Coincido en que la narrativa del humorista es pura. Alegra con la verdad. Transporta, da fe y confianza. Por eso el humor tiene tanto o más poder que un político

 

@ovierablanco

El discurso es una herramienta muy poderosa. Ya lo decía Michael Foucault: “El lenguaje es, como saben, el murmullo de todo lo que se pronuncia, y es al mismo tiempo ese sistema transparente que hace que, cuando hablamos, se nos comprenda. El lenguaje es a la vez todo el hecho de las hablas acumuladas en la historia y además el sistema mismo de la lengua”.

¿Pero qué sucede cuando el habla, el lenguaje, el discurso, el sistema, no es trasparente por falaz, embaucador y manipulado? Nace el abuso de poder a través de la literatura (que no es literatura), sino voluntad de controlar el poder.

Lenguaje, dominación y poder

Teun van Dijk en su obra El Discurso y el poder [Barcelona 2009], aporta un sesudo análisis sobre lenguaje y control siguiendo los estudios de Rober Fowler, Bob Hodge, Gunther Kress y Tony Trew. “Como lo mostraron Fowler y su equipo en 1979, la noción teórica crucial del poder y la dominación es el «control» […] “Quienes tienen acceso al discurso público, al discurso político, parlamentario; al discurso de los medios, educacional, académico y científico son quienes están en condiciones de controlar”. Voluntad de control válida si los medios, la misión, la oferta académica y los fines son honestos, son legítimos. 

Dice VAN DIJK: “Si alguien controla parte de la producción del discurso público, también controla parte de sus contenidos y, por lo tanto, controla indirectamente la opinión pública, que puede no ser exactamente lo que pensará la gente, pero será al menos aquello sobre lo que pensará”.

Volviendo con la sentencia de Foucault, qué hacer si el discurso que tiene el privilegio de “controlar contenidos”, sentimientos, tendencias, es manejado bajo la estrategia de la “manifestación episódica” o representación de eventos de alto impacto [tremendistas], para incidir en la memoria de corto plazo. Esquema propio de las redes sociales (RRSS). Una idea, opinión o síntesis, que debe formarse en 140 caracteres, en 120 segundos o en un reel de 30. Efímero pero filoso.

La comunicación, el lenguaje, la narrativa, los conceptos, el mensaje, se hacen sumamente espontáneos, súbitos, enhebrados con “memes, gimmicks, símbolos o anatemas” que inducen un pensamiento lateral que no es real. Por lo tanto, concluye van Dijk, poder es control y control es manejar un discurso preferencial en su producción, contenidos y estilo, para inducir al público sobre qué pensar.

La teoría de ‘agenda setting’ [Walter Lippmann, McCombs y Shaw] se viene estudiando desde los sesenta. Es crear modelos de consciencia, prioridades y relevancias, afines con las demandas del público. El objeto es la noticia veraz y la fuente-sujeto, identificable. El problema en internet es que el objeto es divulgación y la fuente anónima.  

Almorzar con Hitler o con Castro

Las RRSS son improvisación e instantaneidad. Es adecuación de la agenda. ¿Qué no hubiese hecho el ministro de Propaganda Nazi Joseph Goebbels, si hubiese contado en su tiempo con Instagram, Twitter, Facebook o YouTube? Memes que valen más que un poema de Shakespeare o Alexander Pope. Ya lo decía Macbeth “La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido”.

El ministro nazi [Goebbels] consagró el antisemitismo y la discriminación racial más sangrienta de la historia contemporánea. Un discurso estigmatizante, ponzoñoso, donde los judíos eran los culpables de todo […].

En minutos corrió como pólvora, un “me gustaría almorzar con Hitler y Fidel para preguntarle [a Hitler] por qué no terminó todo lo que había comenzado [el Holocausto]”, a lo que agregó “yo no viví en esa época y desconozco si pasó”. En otras palabras, el negacionismo como “modelo de inconciencia”, que desecha la historia y la verdad, agendando a los apóstatas y asesinos.

Lo peligroso es que luce como un acto de ignorancia, pero hasta la idiotez [Macbeth] queda agazapada por el medio. En realidad, es un acto de inmensa ‘manipulación episódica’ [van Dijk dixit] que golpea vínculos cognitivos y sociales para desmoralizar y negar.

Incurriendo sobre una “memoria corta, sobre aquellos que no les interesa la verdad histórica sino la conducta impropia, ideológica, banal, para sentirse parte de grupos de control, de dominio o preferencia, o para exculpar su inacción o cobardía contra el dictador, recurren a un lenguaje “crítico, falaz, dialéctico, artificioso, lírico, acomodado” que aviva la división, el desprecio, el odio y, ojo, ¡el allanamiento!

Un ritual a la mentira no es literatura

Coincido en que la narrativa del humorista es pura. Alegra con la verdad. Y aunque esta le duela, ríe. Transporta, da fe y confianza. Por eso el humor tiene tanto o más poder que un político…

Cuando el discurso, la cognición [conocimiento aparente] y la sociedad lo convierten en un arma peligrosa de tergiversación y mentira, corroe la belleza de la cultura, la paz y la justicia. A partir de un ritual absolutista que traza las palabras en un espacio de consagración -oscuro, opaco y fanatizado- según Foucault, “hace de cada palabra un modo absolutamente decepcionante en relación con la literatura, porque no hay ninguna palabra [necia] que pertenece por esencia, por derecho de naturaleza, a la literatura”.

El problema es que la influencia en el «control de la mente» que ejercen los medios debería realizarse en un marco sociocognitivo más amplio, alerta Dijk. “Los medios de comunicación masiva han dado paso a una enorme diversidad de medios alternativos, medios para «nichos» especiales y fundamentalmente las vastas posibilidades de internet, los teléfonos móviles y el uso más individual que hacen de las noticias, el entretenimiento y otros “contenidos”, que son un mélange sin fronteras.

El reto es educar, alertar y rescatar a los lectores y usuarios que en general se han vuelto más críticos e independientes, pero paradójicamente menos informados. Porque no podemos confundir mensaje con literatura, episodio con historia; discurso instantáneo vs. discurso trascendental, tolerancia vs. exceso. La consecuencia de caer en esa mélange [amasijo] sin fronteras, es perder la conciencia que es el contrapoder al control autoritario, por perder la cultura, la información y la verdad… Y triunfan los abusadores de poder, los que desean almorzar con Fidel y con Hitler.

¿Cuándo comenzamos a hablar de «abuso»? Cuando hacemos un uso ilegítimo del discurso, del medio y del poder de acceso a la opinión pública. Si abuso de poder significa violación de las normas y valores fundamentales en beneficio de quienes retienen el poder, e implica la violación de los DD. HH. sociales y civiles del pueblo, aquellos que, en la esfera del discurso y la comunicación favorecen a los abusadores por falsear la información, opinar sin fundamento u omitir los excesos del gendarme, también abusan.

[…] Y prefiero a los humoristas y a los poetas. Los primeros por apelar a la verdad, aun cuando nos hagan reír, y los segundos por no escribir idioteces… que es literatura.

* Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

UCAB-1987. Un viaje que recién comienza, por Orlando Viera-Blanco*
35 años de graduado de abogado de la UCAB confirman nuestras enseñanzas y amistades, nuestro querer justificar y comprender; nuestro deseo por una nota distinguida en la vida

 

@ovierablanco

Se dice pronto. La promoción de abogados UCAB-1987 cumple 35 años de graduada. Con inmenso orgullo y alegría comparto algunas experiencias que marcaron la llegada, inicio y curso de este hermoso viaje.

De ingeniero a abogado

Es la universidad la que da luz de lo aprendido en casa… Recuerdo llegar tarde a la clase de Introducción al Derecho a cuatro semanas de inicio. José María Gordo, quien me buscaba cada madrugada, llegó un día trasnochado: “No he dormido. La ingeniería no es lo mío”. Al rompe le contesté: “Pues somos dos. Tampoco he dormido porque descriptiva, análisis o química no se me dan” […]. Llegando a la UCAB fuimos directo a Secretaría, verificamos el índice académico, tramitamos transferencia y nos fuimos prestos al módulo 6, a la Facultad Derecho.

Con una cálida sonrisa, Clara y María Yolanda nos reciben en la sección “D”. Ni bien termina la clase de Introducción al Derecho del profesor José Hernández (nuestro padrino de promoción), nos ofrecen sus apuntes. “No son tan buenos como los de Juan Cristóbal Carmona… el mejor alumno de la facultad (hoy Individuo de Número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales) -de una inmaculada transcripción y citas- pero les servirán.

Mi suegro decía que Derecho era la carrera más hermosa de estudiar y la más difícil de ejercer, por lo que intenté el primer año de Comunicación Social. Noble carrera que resiento no haber sumado […]. Cada día era fascinante. Una camada extraordinaria que daba la talla en inmemorables debates sobre justicia, equidad, liderazgo, política, en fin, de cómo cambiar el mundo… De ella han salido magistrados, decanos, líderes políticos, diputados, empresarios, poetas, escritores ¡y embajadores!

Al graduarnos (1987) comienza otro reto. ¡Cómo llevar a Couture, Montesquieu, Tocqueville, Dworkin, Marx, Norberto Bobbio [mi preferido], Rocco o Piero Calamandrei a la práctica!

Justificar y comprender

Con poco más de dos décadas de vida, fundé mi firma. Fui afortunado. Conté con extraordinarios empresarios y parientes que me dieron su voto de confianza. Desde tercer año de derecho comencé a escribir en prensa. Mi estreno: La lid [1983/Diario 2001]. Luego vino mi columna, en Bohemia, ‘Juicio Público’ [1990]; y El Universal [1995]. Mis mentores: Pedro Ramón Romera [2001], Rosana Ordoñez [Bohemia] y Miguel Maita [El Universal]. ¿Cuál es el origen de esa motivación?  

La importancia de la historia es valorar la trascendencia de la belleza humana y el poder de la voluntad, donde un buen consejo es un parteaguas… La pujanza de la UCAB la hemos valorado a lo largo de estos años. El padre Olaso, SJ, nos decía en nuestras clínicas jurídicas: “Hay cosas que el derecho no justifica, pero merecen comprensión”. Útil y sabias palabras. Es la vida de un abogado. Justificar y comprender. Una lógica indetenible de lucha y autoevaluación, donde derrotamos las tentaciones del poder, que al decir del irreverente Antonio Gala, “le ocurre [al poder] como al nogal, no deja crecer nada bajo su sombra”. Pues justificar y comprender ha sido balancear los sentidos entre amor y dolor, caer y levantarse, creer y aferrarse, estar o renunciar por un ideal, que es intuición, aspiración genuina… para que todo crezca bajo la luz.

Fui a Panamá en 1988. Un viaje de trabajo por un juicio de marcas, que catapultó mi carrera por un acto de honestidad… Me casaba en pocos meses bajo la bendición del padre Fernando Pérez LLantada S. J., decano de la Facultad de la UCAB […] Los “astros se juntaban”.

El profesor Francisco Astudillo fue el primero en sembrar el amor por la Propiedad Industrial: “Abogados que van por el mundo para proteger la cultura, a los autores y registrar marcas notorias” Aquellas palabras fueron música para mis oídos […] Otro si: “Una nota no es solo unos puntos en un examen sino en la vida” nos dijo el gran profesor Jesús Eduardo Cabrera. Parteaguas decíamos…

A partir de ese desafío, estudiantes de Derecho de la UCAB [1997] ganan competencias como la Philip C. Jessup International Law Moot Court Competition [Washington, USA]. Participan alumnos de escuelas de derecho de 600 universidades y 90 países. En los últimos 47 años, la delegación ucabista ha llegado 6 veces en 10 años entre los tres primeros lugares y 4 veces a la final. En el año 2001 se coronaron subcampeones. Justificar y comprender, una nota en la vida…

Como dice Émile Zola sobre el arte de preservar: “Cuidemos la obra donde el temperamento trata de usurpar la naturaleza genuina del hombre”. Esa obra fue nuestra formación. Y el reto: contener los temperamentos…

Un final feliz que aún no termina

La UCAB ha sido nuestro templo, nuestra columna vertebral. Ha bendecido nuestras amistades, nuestro espíritu, nuestro conocimiento, nuestra moral. Jóvenes imberbes formados para encumbrar el valor superior de la justicia y los DD. HH.

Una mañana amanecimos en el barrio Mamera, cerca de Montalbán. Me sorprendió como el frío se colaba por nuestros huesos. Pero más me conmovió ver a niños que se cobijaban con papel periódico en aquellos techos y catres de cartón. Mi reacción fue quitarme mi suéter merideño y abrigarlos […]. “Eso es comprender hijo, lo que el derecho no resuelve”, asentó el padre Olaso… Aún me reprocho no hacerlo más seguido.

El liderazgo cimentado en la UCAB nace de la prístina enseñanza de dar. Las clases de Derecho Canónico con el padre Arruza,eran un duelo continuo. Con su voz ronca y gruñona, manos metidas de sus caderas, me increpa: “¿A ver Viera, paga Ud. sus deudas?” Y agregó; “El impío toma prestado, pero no paga, pero el justo es generoso y da, porque, al dar, recibe de las riquezas de Dios…”, sentencia explicando el deber originario de dar y cumplir. “Sí las pago padre, sí tengo cómo, repliqué nebulosamente. “Pues muy bien. Recuerde que quien da, cumple y paga, se da, cumple y se paga a sí mismo…”. 

35 años de graduado de abogado de la UCAB confirman que nuestras enseñanzas y amistades, nuestro querer justificar y comprender; nuestro deseo por una nota distinguida en la vida, nuestra voluntad de dar y pagar, el rechazo por el poder sombrío del nogal y el ideal por despojarse de un abrigo y de los egos, iluminan “la genuina belleza de lo aprendido en el hogar”. Hoy mi riqueza son mis profesores y compañeros de aulas, por lo que siempre trato de dar, pagar mis deudas y obtener, de vuelta, su aprecio, su confianza y su respeto… El de un buen padre de familia, el de un graduando UCAB-1987.

Breve e inevitable reseña

Marta, recordarte es reír; Aixa y Asdrúbal mis copilotos; Aníbal mi relevo; Memo nuestro líder eterno, Luis Felipe el intenso poeta, Nacho un quijote y Ernesto Vogler uno de los grandes ausentes. No puedo mencionarlos a todos. Pero bien saben que los llevo en mi alforja, sentida y fraternalmente… Renato: espero no te hayas quedado dormido leyéndome, sesudamente.

Hoy las circunstancias impiden un regio reencuentro. Pero pronto llegará el momento, en libertad. ¡Dios los bendiga! 

* Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Travesuras que siembran felicidad, por Orlando Viera-Blanco*
Gracias mamá. A fin de cuentas, siempre supiste dónde estaba, qué peligro vencería y cómo regresaría a casa…

 

@ovierablanco

Una infancia llena de intensas vivencias amén de los sustos y arrojos inocentes nos lleva a otro modo de vivir en la madurez. La vida es un incansable andar, saltar, nadar o acampar, es querer llegar a algún sitio si lo haces bien. Es llegar a una cumbre y volver a casa… Es un viaje sin fin de caminos y aventuras, inolvidables. 

Fui un niño inmensamente libre. No porque mis padres lo quisieran así (que igual lo promovían) sino porque sencillamente poco se enteraron -en rigor- qué hacía fuera de casa, adónde iba o qué ingeniaba la pandilla. De esas ‘cruzadas de niños mosqueteros’ lo que queda es una hermosa reminiscencia, sin duda generadora de mis miedos, retos y temeridades más profundos.

Tierra, montaña y gigantes ficticios…

Viví mi infancia en La Trinidad. Mi patio trasero era la montaña que colinda con Monterrey en la ruta al placer y más allá el cerro el Volcán en Oripoto. Con apenas diez años recorríamos todo ese valle. Nos podía ocupar todo un día. Llevamos sándwiches caseros, cantimploras y algunos ‘mecates’ haraposos.

La primera parada era en la cantera, al pie de la calle la escuela. Un cementerio de trastos abandonados y oxidados. Aquellos armatostes los convertíamos en los gigantes de Ultraman, Gotzila o el hombre par.  Nuestro coloso preferido era una demoledora a la que le colgaba una gran bola de acero. Un columpio como “asiento de guerra” para lidiar -palo de escoba convertido en espada en mano- con nuestros enemigos ficticios.

La prueba para entrar a la pandilla era hacer la “travesía del zorro”. Treparse por el brazo de la grúa y alcanzar la bola. Recuerdo un día que Pascual (aspirante) se quedó pasmado a mitad de camino entre la polea y Lucía (la bola). Armando, el jefe, comentó: “no pasa nada, ya se cansará y llegará a ‘Lucía’ ¡de un tirón…! Lucía le decíamos al “sillón de acero” por ser venerable, un trofeo, desde donde ganar la mirada de la niña más bella de la cuadra, Lucía Sanoja (a la postre gran actriz)… No pasaron segundos cuando Jorge, el ‘Batman’ del grupo, se lanzó como ave al rescate de Pascual. Al final ambos volaron a una montaña de arena al lado de la grúa.

La siguiente parada era la cueva de la vieja. Una cueva oscura, fría, desolada, repleta de murciélagos que salían espantados al escucharnos. Con linternas jugábamos a ‘la casa de los fantasmas’ simulando los parques de diversión tipo chicolandia… Luego seguíamos a cazar orquídeas. Peligroso envite. Estaban en la punta de un árbol en forma de garfio al filo de la cala. Como gatos trepamos a Mauricio, apodo inspirado en un hombre que vivió bajo su sombra. Dice la leyenda que “su espíritu afloró en las orquídeas”. La recompensa por vencer semejante brío era venderlas en 5 bolívares. Arturito, por ser el más atrevido, ganaba más. Un día regresamos. Aquel noble árbol ya no estaba. Un aguacero le había derrumbado. Mauricio había partido…

Alcanzar la cueva del indio suponía librar el ‘el salto del diablo’. Un bache a gran altura en forma de v, que exigía un salto de gacela para tocar base. Cualquier resbalón era caer por un barranco cuya únicas “mayas de seguridad” era un fusca de raíces y maleza. Confiábamos en su dureza, pero hoy sospecho que aquella maraña no toleraba el peso ni de un conejo… Al inocente lo protege Dios. ¡Llegar a la cima era como si estuviéramos en el Everest! Nos creíamos Superman. Hasta capas rojas llevamos…

En el mar la vida es más riesgosa

El club de vela de Macuto (Camurí Chico), fue una obra espléndida de Diego Arria. Un balneario público con servicios de primera, club de vela incluido. Papá me dio de alta en ese club. Mi tutor era ‘cara de vieja’ Claudio. Un joven de Camurí, con pelo amarillo quemado por la sal del mar y su cara arrugada como una pasa. Su capacidad para maniobrar el pequeño bote de 12 pies era circense. Ganaba todas las regatas. El tema es que yo no contaba con su plante y mucho menos buen entendimiento con el mar. Un día me dijo, “Nano, hasta aquí llego yo hoy. Sigues tú. Sube dos millas a sotavento y regresas empopado. Si volteas ya te enseñé qué hacer…”

Apenas al navegar una milla todo cambió. El mar se vino de azul a púrpura, de cálido a frío y de quieto a olas que no dejaban ver la vela. Claudio lo sabía. Me había enviado a un mar 4 para forzar mi destreza y adrenalina. No pasaron minutos cuando una ola me volcó. Activé el procedimiento. Viento en contra era difícil enderezar el bote. Me arrastraba la corriente. Cuando intenté buscar la orza [la quilla] debajo del agua, atasqué mi chaleco salvavidas con el gancho de la caza escota. Los nervios me paralizaban. Ni pensé en sacarme el chaleco. De pronto apareció cara de vieja como un tiburón. Me tiró de los cabellos y puso mi cara en la burbuja de aire bajo la batea. Al salir Claudio me comentó “Bueno, nuevo, acabas de aprender lo que la mar no se hace: retarle, desesperarse y huir…”. 

Equilibristas sin paracaídas y un café

Uno de los juegos más delirantes eran los equilibristas. Cruzar edificios caminando sobre muros medianeros de 10 centímetros de ancho… De esos muros íbamos a las construcciones nuevas. Jugábamos a los paracaídas ¡pero sin campana! Nos lanzábamos de dos o tres pisos de alto para caer en los montículos de arena. Ganaba quien se enterrase más… El día continuaba en un campo empedrado de béisbol entre bicicletas, guantes rotos, patines y pelotas descocidas. Aún conservo la huella de mis labios clavados en mis frenillos, tras un bote pronto que no pude dominar.

Las noches terminaban a veces en una fogata en terrenos baldíos, entre salchichas y panes que cada uno traía. Una vez el fuego llegó a la ventana de doña Fátima, la conserje del edificio Arcar. Corrimos al verla salir endemoniada en bata baño… Al llegar a casa mamá preguntó: ¿de dónde vienen agitados con esa cara husmeada? Al instante llegó doña Fátima enfurecida: “Esses diabinhos queriam queimar minha casa…”. Mamá -que no entendió una sílaba- la invitó entrar a casa y tomar un café…

La vida es un largo viaje que, al decir de Miguel Otero Silva en su poema Siembra, es “darnos a la rosa y al árbol, a la tierra y al viento… es vivir en las vibrantes voces de la mañana”. Travesuras que siembran felicidad y futuro. Recuerdos que lavan un presente como esas cuevas frías y oscuras iluminadas por linternas, que son nuestros deseos de vivir. Es la Venezuela que nos hizo resilientes, fajadores y voluntariosos, donde sembramos ilusiones, retos, aventuras y nos imponíamos cumbres, a las que queremos volver, pero con capas tricolor.

Gracias mamá…A fin de cuentas siempre supiste dónde estaba, qué peligro vencería y cómo regresaría a casa…Ahora entiendo la cantimplora, las botas frazzani y el pequeño San Antonio en mi cartera, de cierre mágico…

* Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Yo acuso… a los superfluos, por Orlando Viera-Blanco*
Los tenedores de discursos fragmentarios, infames, dilusivos, ególatras -vengan de tiranos o demócratas- destruyen la unidad de lucha, la posibilidad de establecer relaciones y rescatar o redimir el poder

 

@ovierablanco

Me gusta rescatar episodios de la historia para ilustrar la condición humana (Hanna Arendt dixit). Epistemológicamente la verdad se afianza en los hechos y el conocimiento se palma en las realidades validadas en el tiempo, mediante el buen uso del discurso, del verbo, de la palabra.

La unidad de acción es esencial (si es que podemos hablar de la esencialidad humana). La acción totalitaria aniquila la justicia a partir del pensamiento absoluto, que liquida la libertad de acción.

Veamos el caso de Alfred Dreyfus, capitán judío acusado falsamente de alta traición en1894 por los servicios de contraespionaje (Service de Renseignements) del Ministerio de la Guerra francés. Un documento dirigido al agregado militar alemán en París, Schwartzkoppen, lo convierte en el envite de traición. El caso hizo aflorar el antisemitismo de la III República y dividió al país por décadas. La de Dreyfus fue una acusación y condena con pruebas falsificadas. La justicia militar francesa se negó a rectificar y declarar la inocencia del acusado. Fue la palabra lo que desmintió todo. La acción libre y unida cuya fuerza [inteligente] derrotó el totalitarismo mundano. Venció a Goliat. 

La justicia es ciega cuando los hombres hablan unidamente, coherentemente, racionalmente, por lo que la justicia vendada escucha. Y se impone el cerebro, la razón, la acción buena sobre la fuerza, el sable y la mentira.

Carta al presidente de la república francesa de Émile Zola

La filosofía y la historia son las ciencias humanas que nos permiten alumbrar verdades, admitir realidades, encender o apagar miedos y alegrías. Cuando el pasado parece acordarse de nosotros, nos retrata y nos alecciona, si lo queremos ver. Pero la arrogancia nos obnubila. 

El 15/10/1894 Dreyfus es arrestado, juzgado por un consejo de guerra y declarado culpable de alta traición. Pese a las declaraciones de inocencia del acusado (que no se hacen públicas), se condena a Dreyfus a la degradación militar en 1895, y cumplir cadena perpetua en la isla del Diablo en la Guayana francesa (…) Durante el juicio, el general Mercier, Ministro de Guerra, comunica a la prensa y al tribunal que “existen pruebas abrumadoras de la culpabilidad de Dreyfus, que no puede mostrar porque pondrían en peligro la seguridad de la nación…”.

Escandalizado, Zola decidió asestar un golpe. Publicó, en primera página de L’Aurore, un artículo de 4500 palabras en seis columnas, en forma de carta abierta al presidente Félix Faure. Lo tituló: J’accuse…! Vendiendo habitualmente treinta mil ejemplares, el periódico editó ese día trescientas mil copias. El artículo fue un ataque directo, explícito y nominal. Se denunció a todos los que conspiraron contra Dreyfus, incluido el ministro de Guerra y el Estado Mayor.

El objetivo del novelista se logró: la apertura de un debate público a las bases. Era la acción unida, consciente, en movimiento, que desmiente, que dignifica, que inspira… Zola fue enjuiciado, condenado a prisión y multa. Escapó a Inglaterra, pero regresó en el marco del restablecimiento de la inocencia de Dreyfus. En junio de 1899, el Tribunal de Casación anuló el veredicto de 1894 y decidió que Dreyfus compareciese ante un nuevo consejo de guerra.

La verdad en marcha, el poder del discurso…

Hanna Arendt en su obra La condición humana divide la historia en “tres actos”: Laborar, trabajar (Homo faber) y accionar (Homo ratio). Laborar es cooperar en el proceso cotidiano, biológico, natural de vivir. Los esclavos -en esta etapa- se justifican por ser como “animales domésticos”. Luego el hombre que trabaja y le da valor de uso (Marx) al producto terminado. Se enaltece al hombre-fábrica sin el cual la productividad (era industrial) no existe. Surge la lucha de clases… Y finalmente el hombre-racional, organizado, inteligente, unido. No busca su utilidad de las cosas sino la suma de la felicidad (Constant), que es la suma de placer que derrota el dolor.

“El poder sólo es realidad donde palabra y acto no se han separado, donde las palabras no están vacías y los hechos no son brutales; donde las palabras no se emplean para velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usan para violar y destruir sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades” (Hanna Arendt, ob. cit.).

Los tenedores de discursos fragmentarios, infames, dilusivos, ególatras -vengan de tiranos o demócratas- destruyen la unidad de lucha, la posibilidad de establecer relaciones y rescatar o redimir el poder.

El totalitarismo domina al hombre del montón, al hombre-masa, al hombre aislado, carente de relaciones sociales e identidad, porque su fuerza es el aislamiento. Concluye Arendt: «El totalitarismo busca, no la dominación despótica sobre los hombres, sino un sistema en el que los hombres sean superfluos (…) El totalitarismo se aplicará sistemáticamente a la destrucción de la vida privada, al desarraigo del hombre respecto al mundo, a la anulación de su sentido de pertenencia al mundo. A la profundización en la experiencia de la soledad”.

Al totalitarismo lo apuntala el cooperante sibilino, el superfluo, que actúa por utilidad propia, convertido en parvenus (asimilados, igualado), “impávidos a la insaciable voracidad del mal y la tristeza” […] Como Eichmann – brutalmente, banalmente- exterminando judíos…

El Yo acuso de Zola apuntó a los sectarios y también a los generadores de opinión pública. “Hemos visto a los periódicos populares, los periódicos baratos, los que se dirigen a la inmensa mayoría y crean la opinión de las masas, cómo alimentaban pasiones atroces, cómo promovían furiosamente una campaña sectarista, anulando toda generosidad de nuestro amado pueblo de Francia, todo deseo de verdad y de justicia”.

Ajustando los tiempos, son los parvenus de las RR. SS. Un vedetismo insaciable e incontenible, que sustituye el buen discurso, la acción unida a cambio de los superfluos. A eso se reduce la historia de la cofradía decía Zola, quien sentenció: “Sí, pertenezco a esa cofradía de los hombres llenos de buena voluntad, de verdad y equidad, salidos de los cuatro extremos de la tierra, y espero que todos los franceses decentes quieran pertenecer a ella”.

Tocqueville predijo que «el pasado ya no ilumina el porvenir, el espíritu humano camina entre tinieblas». El pasado, parece acordarse de nosotros, decíamos citando a Arendt… Vale decir entonces, yo acuso, condeno a los superfluos, a los hombres-mentira, al homo brutus, dominados por el ego y su utilidad que, por verse tanto en sus espejos, pierden su inteligencia, su gracia, su razón. 

Apelo a que el futuro se acuerde de nosotros, por haber sido hombres unidos que cerramos filas por trabajar en pro de la salvación y la honestidad (…). Dreyfus vivió hasta 1935 y murió ocupando un elevado cargo en el Consejo de Guerra francés…

* Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La banalización del arte y del poder, por Orlando Viera-Blanco*
La importancia de la historia es valorar la trascendencia de la belleza de la naturaleza, la belleza humana, donde el arte produce encanto, espiritualidad y la política, paz, orden y convivencia

 

@ovierablanco

La política es el arte de lo posible (¿?). Citando a Zola, referido al arte: “cuidemos la obra donde el temperamento trata de usurpar la naturaleza genuina del hombre”. Su moral, sus límites, sus convicciones. 

¿Podríamos decir que el arte es la política de lo posible? ¿Es la obra posibilista? El arte (para los naturalistas) es la representación objetiva de lo que ves, no de lo que deseo que veas. ¿Es posible -en política- lo moralmente incorrecto? ¿Es posible -en el arte- depender de la ruina material del marchante? Los procesos civilizatorios -según Nietzsche-pueden conducir inevitablemente a la desintegración y la decadencia. Los procesos culturales y de liberación -moralmente hablando- pueden culminar en “dejar marchar” en corrupción, nacionalismos y libertinaje, en nombre de la cultura. Es aquí donde el arte o la política, rescatan, moderan, contienen, validan… la voluntad del poder. 

La cultura que destruye a la cultura

La obra, uno de los libros más exitosos de Emile Zola, tiene que ver con una encrucijada fundamental del arte moderno. El impresionismo actuando como bisagra entre el final de un trayecto y el comienzo de otro. Encrucijadas transicionales que se dan en el arte y en la política. Es la realidad vs. el simbolismo, el positivismo vs. el romanticismo, el naturalismo vs. idealismo. Emile Zola desea impedir “que los temperamentos” desdibujen el estricto sentido de la realidad. ¿El hombre se civiliza, se ajusta a los tiempos, por miedo o por convicción? ¿Es la cultura, el arte, las costumbres, la tradición, un instrumento audaz para evitar la decadencia o una herramienta peligrosa identitaria que la desintegra? Depende de los temperamentos sobre la verdad.

Zola viaja por una suerte de resistencia existencial que la representación de las cosas sea hecha tal y como son “y no como pretende mi espíritu que sean”. En tal ‘distanciación espiritual’ va la brecha entre absolutismo y libertad, barbarie y civilidad, cultura y arbitrariedad.   

Digno reconocer que no todo es válido en el arte, la política o en el amor. Dejar pasar o dejar hacer a cuenta de la cultura o la civilización, es un arma de doble filo. Parafraseando a Zola, tanto daño hace la mercantilización inevitable, materialista y rapaz del marchante sobre arte, como el populismo (evitable) clientelar y propagandista del charlatán en la política. Y emergen “triunfales” las ambigüedades, los equívocos, las manipulaciones, que irrumpen sobre el carácter difuso e inculto del público, quien “como un niño grande sin convicción propia” actúa en contra de la política o contra la obra, asumiendo como genuino y revolucionario aquel que le ofrezca “la democratización del criterio estético”, una nueva visión, una nueva moral (¿?).

La representación del Sena a las afueras de París es genuina y válida si su belleza es atrapada con honestidad. La distorsión nace cuando el sujeto desea cambiar “el objeto’ por una realidad que no corresponde a la naturaleza de las cosas. La voluntad de poder comporta esos riesgos… Representaciones de ‘un paisaje’ de poder de justa apariencia, pero atado a odios, frustraciones o negaciones elevados con el sutil pincel del verbo, la dialéctica (victimización o nacionalismo) que bien enhebrado, son un salto al nihilismo, a la nada, al caos, a la confrontación, que es desintegración. La cultura que destruye la cultura. La civilización que inciviliza.

La importancia de la historia, del arte y de la política

Sin duda la evolución del hombre pasa por la elevación de su condición humana y racional. Escapando, domesticando, adaptando su naturaleza animal, su intolerancia, su endemoniada voluntad de dominio a la razón.

La transición del naturalismo a cualquier tendencia evolutiva -en el arte y en la política- es legítima. ¿Monet o Renoir no tenían el genuino derecho a desplegar su entusiasmo, su temperamento a través de la sutileza de cuerpos desnudos en los litorales del Sena? ¿No es la representación de la democracia por Aristóteles, Platón, Voltaire o Rousseau -los cuerpos desnudos del pueblo y del poder- un digno temperamento concienciador de libertad? Sin embargo, el costo de la toma de La Bastilla, los comités de salud hebertistas, el reino del terror de Robespierre, ¿fueron genuinos? […] ¿La era industrial y la explotación proletaria validan El capital (Marx)? ¿El positivismo y el “amor” por la cultura y la raza, justificó el nacionalismo alemán y el Holocausto? ¿La revolución justifica la dictadura? El problema no es la transición sino las distorsiones que ella comporta.

Esa es la importancia de la historia. Valorar la trascendencia de la belleza de la naturaleza, la belleza humana, del poder de la voluntad, donde el arte produce encanto, espiritualidad y la política, paz, orden y convivencia. 

La democratización de la cultura: el reino de los Fatuos

Napoleón III (1855) lanzó la Exposición Universal Industrial y de Arte en el desaparecido Palacio de las Industrias. Ordenó un salón para aquellos artistas rechazados por la academia (1863), entre ellos Manet, Monet, Renoir (El Sena en Asnières), Cézanne… Ello produjo una afluencia masiva del público que a tropel se volcó más que al salón oficial por la curiosidad.

La academia plantó cara por ser una decisión displicente. No se hicieron esperar los rostros estirados de la burguesía iletrada, dibujados por Honoré Daumier. Caras congestionadas, «todas con la boca abierta y el rictus idiota del ignorante, que opina sobre pintura, revelando con ello su redomada necedad, reflexiones estrafalarias, burlas estúpidas y malvadas que el ver una obra original puede provocar en la imbecilidad burguesa» (Zola dixit). Es el peligro de la democratización de la estética, de la cultura, del arte o del poder. Alberga tanto público de galería como farsantes tamizados.   

La democratización de la vida, el capital o la propiedad, es buena, siempre que no provoque reflexiones estrafalarias. En el salón de los rechazados fue elocuente la positiva representación de los excluidos y de la obra, pero también se sufrió el riesgo de un público de salón, ignorante, que pretendía saberlo todo. Cuidado la “exquisitez” del marchante, de un Charles Baudelaire… sustituye la obra como el populista al poder, caemos en la incultura, en el reino de los fatuos.  

El Estado es la vía integradora

El Estado sustituido en mercadeo, análisis psicológico, sutilezas, retórica renuncia a su esencia transformadora y evolutiva, reivindicadora de la belleza humana, de la razón y del espíritu de convivencia. Entonces el arte y la política se reduce a galería, a redes sociales, a la banalización de la voluntad de poder. Diría Zola: “una enorme confitería”.

* Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Mirad el Darién, mirad atrás, por Orlando Viera-Blanco*
Ese paraíso será la otra Venezuela si, y solo si, aprendemos del dolor propio y ajeno… porque “quien sabe de dolor, todo lo sabe…y no hay mayor dolor que recordar la felicidad en tiempos de miseria” (Alighieri)

 

@ovierablanco

Se ha intentado sembrar la idea de que el país se arregló, la economía se dolarizó, el dolor pasó y lo peor se superó. La divina comedia… Seguimos en el bosque oscuro, con la ruta extraviada, a la espera de que el poeta Virgilio, al igual que ayudó a Dante, nos lleve a las puertas del Paraíso.

Pero seguimos en los nueve círculos del infierno: limbo, lujuria, gula, avaricia, ira, pereza, herejía, violencia, fraude y traición… Sin duda el más perverso y dañino pecado capital contra el pueblo es el octavo: el fraude. El manejo deshonesto de la cosa pública, porque “pecaron por desperdiciar oportunidades económicas y espirituales, porque corrompieron una parte importante de la buena gobernanza, pues no cuidaron el bienestar de la comunidad…”

El gigante Anteo nos desciende al abismo

Las consecuencias del síndrome de Ulises, del que se habla y encanta y a todos embarca, cautiva para terminar perdidos y en la nada. Lo pagamos con una tragedia dantesca que nadie hubiese imaginado. No bastó la dictadura, el laberinto institucional, la militarización, la gula revolucionaria, la ira en la gobernanza o la codicia insaciable. No solo eso. “Ulises convenció a sus marineros embarcarse en una aventura sin saber cómo iba a culminar. Y no termina. Seguimos en un limbo, oscuro, tenebroso, lóbrego, infinito.

Atreverse al cruce del tapón del Darién, entre Colombia y Panamá, es un desafío. Un imposible que ni los grandes ejércitos granadinos acometieron para impedir la separación de Panamá de Colombia. Una selva brutal, inclemente, aderezada de estafadores y traficantes de almas y de sueños; donde el hambre, el agotamiento, la violencia, todos los miedos y toda la barbarie, se visten y se viven antes de encontrar la muerte.

De 38 venezolanos atravesando el Darién en 2019, suman 28.000 en julio 2022. El país se desangra en esos círculos de infierno. ¿Quién pensó alguna vez que el populismo nos pudiese conducir a esta abominable ruina humana y social? Entonces todo termina como acabaron quienes le siguieron [a Ulises]: en la desesperación, la desesperanza, el desengaño, el dolor y la muerte.  Y reza la primera prosa de la Divina Comedia: “En medio del camino de nuestra vida, errante me encontré por una selva oscura, porque mi ruta se había extraviado».

El Darién es la expresión más cruda e inmisericorde capaz de llevarnos el fraude de quien nos ilusiona, nos catequiza y nos dice con gracia (siendo amargura lo que alberga) “veamos lo que hay más allá”. Y el «más allá» es lo más profundo del averno, “donde en sus entrañas hay hielo y no hay fuego…”. Margaret Keane, especialista de la Universidad de Oxford -aunque parezca raro- en “infiernos”, nos comenta sobre los 33 cantos de prosas, de tres en tres, de la Divina comedia.

Alegórico el momento en que el gigante Anteo se inclina y levanta a Dante y Virgilio, antes de bajarlos al fondo del abismo. Desarrolla la idea “del corazón frío, cerrado a los otros, a la sociedad, y cómo ese tipo de actitud podría conducir al abuso de los demás».  Porque no basta traicionar a la patria sino también se traiciona al corazón del que cree, del ingenuo… frívolamente. 

¡Oh divina sorpresa! Y así nos bajan, al abismo, al infierno, al Darién, cuando, con temple helado y verbo encendido de falsas aventuras, nos dibujan revoluciones bonitas, de amor, de igualdad, de oportunidades, de paraísos; de Martí, de Bolívar, de cantos de sirena. Solo unos pocos hoy “disfrutan” de la lujuria y el esplendor rojo rojizo, mientras la gran mayoría deja la vida en el Darién.

Abandonen la esperanza todos los que entren aquí…

Es la escalofriante frase de apertura de la novela American Psycho en la que Bret Easton Ellis nos arrastra al corazón vacío de una sociedad decadente, obsesionada con el dinero y el estatus. Y entran insaciables, sedientos, cincelados de ambición y de poder, cueste lo que cueste, al libertinaje, a un laberinto del que jamás se sale. ¿El precio?: arrebatar la esperanza de los Virgilios, de los poetas, de los idealistas, del pueblo.

Decir que Venezuela se arregló cuando nuestros niños mueren al nacer (tenemos la tercera tasa de mortalidad más alta del continente, 25 muertes/1000), cuando los hijos de la patria registran los más altos niveles de desnutrición, cuando la deserción escolar es el pan de cada día y nuestros hospitales no pueden atender enfermedades renales, nuevas manifestaciones de polio o malaria, o mucho menos COVID-19 o trasplantes, lo que queda, parafraseando a Pocaterra y sus cuentos grotescos (Memorias de un venezolano de la decadencia), es soledad, es anomia…e rrantes en el camino, sin pena, ni gloria, ni infamia.

Dos Venezuela: una que escapa y muere en el tapón del Darién. Otra que ‘muere’ por una buena cena. Una víctima de coyotes, fraude y trata de personas, de codicia y violencia, otra que sube al Humboldt y enciende Ávila en noches de fastuosidad y desenfrenos. Una que cabalga, otra que va en Ferrari; una que se come un cable, otra que no come nada; una que no gira la mirada a los miserables, canta y baila al son de Wisin y Yandel, otra que queda ignorada y abandonada al retumbar de sus miedos y sus entrañas… Una que se va y otra que se queda, cuando ambas quedan atascadas en el limbo, en el averno, en el abismo.

Pero llegará Beatriz, la representación del amor, quien cogió a Dante de la mano y se lo llevó al Paraíso. Un amor ardiente que mueve el sol y las demás estrellas, que nos rescatará del laberinto y, contrario a Ulises, nos regresará a casa… Abandonen la esperanza todos aquellos que entran a la perdición, “pero os advierto que vuelve afuera aquel que atrás mirase…” (Dante).

Quienes han vivido tras las rejas -sean de barro o sean de oro- todos llevamos dentro de nosotros -a decir de Keane- “una chispa de infierno, de purgatorio y paraíso”. Ese paraíso será la otra Venezuela, si y solo si, aprendemos del dolor propio y ajeno… porque (Alighieri), “quien sabe de dolor, todo lo sabe…y no hay mayor dolor que recordar la felicidad en tiempos de miseria”. 

Pues nada, mirad el Darién y mirad atrás. Éramos felices… Y volveremos a serlo si nos duele la miseria de Dante y de Virgilio… si nos duele el sufrimiento del pueblo en el infierno.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La Shoá, el exterminio nazi: ¿evitable?, por Orlando Viera-Blanco*

Fragmento del monumento a las víctimas del campo de concentración de Dachau, Múnich, Alemania. Foto David Cohen / Unsplash.

La mayor empresa criminal de la historia que aniquiló 6 millones de judíos, entre ellos 1.5 millones niños, fue un proceso de radicalización predecible que se enhebró sin resistencia local ni global

 

@ovierablanco

Para comprender un fenómeno tan complejo como fue la Shoá (el Holocausto), no basta una explicación historiográfica sobre la llegada de Hitler al poder [30/1/1933], en el marco de la Alemania de la posguerra de la República de Weimar. A la zafra surge la revolución del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP) de progresiva narrativa racista, seguida de los jerarcas de la Alemania hitleriana que condujeron a la solución final respecto a los judíos europeos.

Las órdenes de exterminio autorizadas y ejecutadas por los rangos elevados e intermedios del régimen nacionalsocialista en Alemania e involucrados en la conquista del “espacio vital” en la Europa del Este (Bankier, 2001), fueron producto de una apología propagandística, cruel e indetenible.

La lógica nazi: una cuestión de “espacio”

El plan de Hitler de exterminar a los judíos europeos fue secreto de Estado solo compartido con Himmler, responsable de la puesta en práctica de la «solución final de la cuestión judía». Fue en 1943 cuando se verbaliza, a oficiales de las SS y líderes del partido nazi, el exterminio necesario. El origen –a decir del historiador Daniel Rafecas (Historia de la solución final)– fue la búsqueda del “espacio vital” devenido de “los fatídicos meses del verano y otoño de 1941, del Plan Siberia, que consistía en generar un corredor hacia el este de Europa para el asentamiento de judíos desplazados. Dicho plan se frustró tras la derrota de Stalin a tropas alemanas. Era el preludio de la ‘cuestión judía’ (Shoá) a escala europea».

Si no tenemos espacio para los judíos, pues no queda más… nos dice Rafecas: “El tránsito de la lógica nazi del imperialismo racial, de expulsiones a asesinatos masivos, tuvo lugar en las operaciones bélicas en la URSS, y no en Polonia… siendo el curso de la guerra antibolchevique lo que posibilitó la radicalización del temprano consentimiento judeofóbico hitleriano, sostenido en complicidad de perpetradores y colaboraciones (…) La indiferencia cómplice de la población local, mucho antes de la apertura del frente del este y de las consecuencias de Pearl Harbor, fue delirante y trágica”.

Denuncia Rafecas que persiste la impresión –tranquilizadora– de que el exterminio llegó pura y exclusivamente “a merced del voluntarismo de un puñado de dirigentes psicópatas encabezados por Adolfo Hitler”. Pero desde la retina de la psicología social (Zygmunt Bauman, Giorgio Agamben, Enzo Traverso) la solución final (exterminar a los judíos), no fue determinada solo por unos alemanes desquiciados (Hitler, Göring, Himmler, Goebbels), sino por la aquiescencia de comunidades enteras que, en plena modernidad, no detuvieron la masacre… Nunca fue más relevante la pregunta de Hanna Arendt a alemanes y paisanos judíos: “El tema no es por qué obedeciste, sino ¿por qué cooperasteis?”.

Complicidad, limpieza política, ideológica y étnica

El 1/4/1933 se puso en funcionamiento el primer campo de concentración en las afueras de Múnich: Dachau (…). El Lager (Dachau/ el establecimiento) previsto para el encarcelamiento, “detención preventiva” de funcionarios comunistas, de la Reichsbanner (fuerza de choque favorable a la República de Weimar) y socialdemócratas. Comenzaba una furtiva estrategia de segregar a comunistas y socialdemócratas. Cárcel, muerte, tortura y exilio sobre la base de la “Ley de Incendio del Parlamento” del régimen. Más de 3000 diputados socialdemócratas fueron encarcelados. Luego Hitler apunta a sectores de izquierda –rivales históricos de los nazis– y a la minoría judía para “erradicar su influencia”.

En Europa del Este los judíos se destacaban en negocios y finanzas, periodismo, actividades culturales, la medicina y la ley, en la política liberal y de izquierda. El blanco de la agitación antisemita comenzó por reprochar su “éxito económico y la creciente visibilidad colectiva sin poder político”. “Para el nazismo, los judíos, el peligro judío y la lucha sin fronteras contra ‘el judío’, eran el mito movilizante del régimen”, concluye Rafecas. Había llegado la hora de agitar el eslogan de Goebbels “¡Los judíos son los culpables!”. Y compeler al pueblo alemán “a combatir esta amenaza mortal con todas las fuerzas disponibles, ofreciendo a los miembros del partido el necesario aumento de retribución”. 

El obispo Otto Dibelius, principal autoridad protestante de Alemania, justificó las acciones del nuevo régimen en un discurso por radio a los EE. UU. “Mis queridos hermanos: (…) Siempre me he considerado antisemita. Uno no puede ignorar que los judíos desempeñaron un papel importante en las manifestaciones más destructivas de la civilización moderna (Friedländer, 2009: 68-69).

La radicalización del problema judío

Himmler no se cansaría de repetir públicamente (ob. cit.): “Decidí encontrar una solución absolutamente clara. Y es que no me sentí con derecho de extirpar a los hombres y dejar crecer a los menores para que se vengaran de nuestros hijos y nietos. Me hubiera parecido cobarde”. Y la “cuestión judía” la “resolvió” cobardemente, exterminándoles sin piedad. 

Entonces el gaseamiento en el gueto de Lodz en Wartheland/Polonia; la inauguración del campo de concentración Dachau (1933), Sachsenhausen (1936), Buchenwald (1937), Mauthausen y Flossenbürg (1938), y Ravensbrück (1939), un campo exclusivo para mujeres; de Belzec (1942), la aniquilación sistemática de judíos europeos en Sobibor, los crematorios a la intemperie de Treblinka; el discurso de  “guerra total”; la propaganda nacionalsocialista que culpaba a los judíos de manipular –desde las sombras– la dirigencia política norteamericana y soviética; la responsabilidad de haber desencadenado la guerra contra Alemania (sic); la matanza de los judíos de Riga, capital de Letonia, entre el 7 y el 9/12/1941, donde fue asesinato el más destacado historiador judío, Simón Dubnov (81 años), y Auschwitz… ocurrieron arbitrariamente, tiránicamente, impunemente, frente al mundo moderno.

La mayor empresa criminal de la historia que aniquiló 6 millones de judíos, 1.5 millones niños, y acabó con la vida más de 50 millones de almas. Fue un proceso de radicalización predecible que se enhebró sin resistencia local ni global. La propaganda hizo el resto. ¿Historia previsible repetida de enfilamiento en el siglo XXI? ¿Cooperación por acción o por omisión? ¿Lo ataja la Justicia Penal Internacional? ¿Responsabilidad de proteger aún sin regular? 

Dubnov –enfermo y con fiebre– con las piernas debilitadas, no pudo moverse lo suficientemente rápido como para salir del gueto hacia el sitio de las ejecuciones, y un guardia lo fusiló por la espalda. Según el relato, las últimas palabras de Dubnov mientras caía, ¡fueron: “Schreibt un farschreibt!”: “¡Escriban y registren!

Vale citar a Theodor Adorno: “la exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas en la educación”. Y eso intentamos: escribir, registrar, educar…

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