Orlando Viera Blanco, autor en Runrun

Orlando Viera-Blanco

La nueva ola autoritaria: el rapazo, por Orlando Viera-Blanco*
La clase política no le perdonó a Pérez distanciarse de ella. Los Notables vieron un mar de fondo donde bucear un nuevo régimen. Y, entre magistrados y medianoche enjuiciaron, más política que jurídicamente, al hijo ilustre de Rubio.

@ovierablanco 

Samuel Huntington en su trabajo sobre las olas democratizadoras experimentadas globalmente (1991), nos ilustra el conjunto de transiciones de regímenes autoritarios a democráticos:

I. El reemplazo o proceso de cambio cuando la oposición política hace sucumbir al régimen autoritario;

II. La transformación, que es básicamente un acuerdo de élites, y  

III. El transplazo, combinación de transformación y reemplazo. Al decir de Herbert Koeneke (2010), “cuando el gobierno y la oposición han actuado conjuntamente para concretar el cambio”.

Pero también nos habla de procesos de reconversión de democracias a autocracias. Veamos…

Las olas democráticas y autoritarias

Vale destacar la simbiosis de “democracias autoritarias” y “democracias electorales”, en las cuales a pesar de existir libertades ciudadanas o elecciones populares, se recurren a medidas de control de Estado para “garantizar bienestar social”.

Tenemos en el caso de Singapur a Lee Kuan Yew, hombre fuerte de ese país que, entre 1981 y 1990, experimentó un crecimiento promedio de 6,3 % del PNB. Lee Kuan Yew justificó las restricciones a la libertad como un mecanismo indispensable para el rápido crecimiento económico.

Sin embargo, debió admitir (Lee Kuan), según comenta Koeneke en su trabajo sobre libertades políticas y ciudadanas (2010), “que una vez alcanzados ciertos niveles de industrialización, de educación y de urbanización, se debe permitir la participación ciudadana y la instauración de mecanismos de representación política”.

Hemos estado tres veces en Singapur desde el año 2003. Fuimos testigos de la evolución económica y el desarrollo integral de esta nación ubicada casi en el mismo paralelo (tropical) de Venezuela, por lo que desmitifica que en territorios cálidos no existe desarrollo sustentable. La modernidad, la educación, la seguridad ciudadana, la salud y la pulcritud de sus infraestructuras, todo enmarcado en una rigurosidad del respeto a la ley a ritmo de cadena perpetua en caso de corrupción, o penas capitales en caso de tráfico de drogas, han llevado a Singapur -una pequeña isla septentrional- a ser uno de los países con mayor ingreso per cápita. Un territorio que no posee riqueza alguna y “hasta el aire” tienen que arrendarlo para contrarrestar la calima.

Venezuela fue un caso inverso a las olas de Huntington. La coalición democrática fue reemplazada por la ola autoritaria con fachada electoral de Hugo Chávez. Una población hastiada llevó a que el golpe de Estado del 4F contra CAP en 1992, fuese “aplaudido” no solo por las masas sino por intelectuales y notables empresarios, curas y académicos. Se gestaba entonces una ola de “transplazo” en Venezuela.

La clase política no le perdonó a Pérez distanciarse de ella. Los Notables vieron un mar de fondo donde bucear un nuevo régimen. Y, entre magistrados y medianoche, enjuiciaron -más política que jurídicamente- al hijo ilustre de Rubio.

Comenzaba una ola retrógrada de desplazar una democracia ejemplar en la región a una revolución salvaje. Un fenómeno poco visto en el mundo e inédito en Latam que, parafraseando a Huntington, lo llamaríamos la cuarta ola: “el rapazo”, un nuevo modo de saqueo autoritario.

Entre 1890 y 1925 el mundo vivió la mutación de monarquías, gobiernos feudales e imperiales a 30 regímenes democráticos. Entre la década de los 40 a los 60, pasamos de gobiernos militares y fascistas a más de 30 democracias. Y de los 70 a los 90 (Brad Roberts 1990), hemos vivido más de 35 transformaciones democráticas tras la muerte de regímenes unipartidistas, militares y presidencialistas.

La Venezuela de Hugo Chávez fue el retorno a un autoritarismo electorero además muy peculiar: rentista, expropiador, centralizador de los medios de producción, militarista y ansiosamente populista (Cf. García Larralde, 2008; Krauze, 2008; Martín, 2005; Mires, 2007; Oppenheimer, 2005; Romero, 2009).

Nunca se había visto en Latam un régimen involutivo-gendarme que, de la mano de su sucesor, conduzca a un país a los niveles de pobreza, ingobernabilidad, violencia y miseria que ha vivido Venezuela en 4 lustros.

Singapour al revés

Decíamos que impedir el arrebato de la democracia, o lograr su restitución, depende de una convicción ciudadana que entiende que “en democracia se vive mejor”. ¿Hemos aprendido la lección? ¿Es el Estado de derecho la respuesta per se a una alternativa autoritaria? ¿Lo es el capitalismo liberal? ¿La democracia da de comer?

Terry Lynn Karl ha cuestionado la tesis de que la vigencia del Estado de derecho conduce automáticamente a la expansión de la participación ciudadana activa y al fortalecimiento democrático. Normalmente los reformistas privilegian sus posiciones y son las clases bajas las que sufren de las regulaciones o desregulaciones. Esa desigualdad estuvo presente en las reformas de la Venezuela de 1989 y el “Caracazo”.

Guillermo O´Donnell habla de un círculo virtuoso democrático que no ve con claridad “la virtud” de la igualdad. Y pronto nacen cuerpos regulatorios que favorecen a los “círculos virtuosos democráticos”, cunas profundas de peligrosas desigualdades (Karl, 2004). A partir de ahí los reemplazos, las transformaciones; los trasplazos o los rapazos, prosperan y el afán ciudadano termina siendo una ilusión.

Al decir de la quietud, aún deshojamos margaritas en el mar de fondo….

* Embajador de Venezuela en Canadá        

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

En carne propia, por Orlando Viera-Blanco*
“Viera, me dijo un profesor de cultura política, en los libros de Princeton, Harvard o Chicago no están las variables del PRI, APRA, el sandinismo o el peronismo, por hablar de algunas realidades de Tijuana a la Patagonia”.

@ovierablanco

El Consenso de Washington (CW) fue presentado por primera vez en 1989 por John Williamson, economista del Instituto Peterson, a un comité de expertos en economía internacional con sede en Washington.

Williamson usó el término por encontrarse en el centro del poder financiero (Washington DC) el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Los postulados marcaron la historia de un decálogo liberal de cuyas tempestades aun no salimos.

Los 10 mandamientos de la prosperidad, pero…

El CW reza:

I. Disciplina en la política fiscal, evitando déficits fiscales en relación con el PIB;

II. Redirección del gasto público en subsidios/servicios favorables para los pobres como la educación primaria, salud e infraestructura;

III. Reforma tributaria, ampliando la base tributaria y adopción de tipos impositivos marginales moderados;

IV. Tasas de interés determinadas por el mercado;

V. Tipos de cambio competitivos;

VI. Liberalización del comercio: liberación de las importaciones, eliminando licencias y aranceles proteccionistas;

VII. Liberalización de barreras inversión extranjera directa (IED);

VIII. Privatización de las empresas estatales;

VX. Desregulación;

X. Seguridad jurídica para los derechos de propiedad.

¿Por qué los “10 mandamientos” del CW fueron el preludio en Latinoamérica de una espiral reactiva de crecimiento, pero precedida de reactividad e inestabilidad social y política que a pesar de lo “bueno de la receta” aún no escampa?

Sin duda, una inmensa brecha cultural y social entre lo técnico y lo real, lo macro y lo micro, lo económico y lo político desataron todos los demonios. Como me dijo alguna vez un profesor de cultura política en Canadá: “Viera en los libros de Princeton, Harvard o Chicago, no están las variables del PRI, APRA, el sandinismo o el peronismo, por hablar de algunas realidades de Tijuana a la Patagonia”.

México, no te rajes

Es oportuno detenerse en la historia post CW (1989). Durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988 – 1994), se aplicó la receta liberal de los chicos de Harvard y Chicago. México vivió un período de crecimiento y firmó su TLC (Tratado de Libre Comercio) con USA. Las cosas lucían bien en términos macroeconómicos, pero “los números” no llegaban a los bolsillos del pueblo. Tampoco las “bondades” de la democracia.

Pronto Chiapas se levanta en armas (enero 1994), con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). La revolución popular se extiende por varias ciudades. Luis Donaldo Colosio es elegido candidato del PRI, pero pronto es asesinado el 23/3/1994 en Tijuana. El asesinato ocurre poco después de un polémico discurso de Colosio en la explanada del Monumento a la Revolución el 6 de marzo de 1994.

Distanciarse de Gortari en un México de gobierno priista vertical, unipersonal, de una presidencia imperial como la bautizaría Enrique Krauze, y donde un segundo actor deshojaba a las sombras -Manuel Camacho Comisionado de Paz para el conflicto con el EZLN- selló su destino. Al final, el único culpable material e intelectual fue Mario Aburto Martínez. 

Ernesto Zedillo, exdirector del Banco Central de México y jefe de campaña de Colosio, asume la candidatura y gana la presidencia en agosto de 1994. Días después de adoptar medidas de devaluación estalla una nueva crisis con el EZLN. Vino el Efecto Tequila, que solo logró oxigenarse con un préstamo de 20 billones de dólares de Bill Clinton.

Después vino Fox, Calderón y Peña Nieto… México sigue deshojando las margaritas a las sombras del CW. Y llega Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Respuesta similar a lo ocurrido en Venezuela y el ascenso de Chávez, “donde las reformas las padece primero el pueblo, nunca el reformista” (Maquiavelo dixit), por lo que cae el príncipe y suben las masas…

Venezuela no fue la excepción

En 1989, a los 25 días del paquetazo, estalló el Caracazo en Venezuela. Las brechas entre los expertos en macroeconomía y las élites partidistas no eximieron la máxima (ob cit) de Maquiavelo. Un escaso “medio” de aumento de la gasolina desató todos los demonios. Y aún andan sueltos.

Desde 1989 Venezuela entró en el túnel más largo de su historia. Devaluaciones, conjuras, golpes de Estado, colapso financiero (1994), miseria, estatización forzosa. Y la llegada de la guinda de la torta: la V República/1998. Toda una esquilmación del corazón republicano de nuestra nación liderado por odios, derroches y desfalcos.

La respuesta al CW fue el Foro de São Paulo, que es el foro de la violencia y la revancha. Y aún no amanece una respuesta liberal -bien elaborada- que nos conduzca a un nuevo despertar sostenible e inclusivo.

El sentimiento de desigualdad injustamente etiquetado a la economía liberal, competitiva, productiva, eficiente y de mercado, ha sido atrapado y desplazado por el sentimiento retórico y maledicente de la narrativa revolucionaria. Y embriagados de pobrecitismos y resentimientos aún no salimos del túnel.

2020, inicio de una era

La transición comenzó el día en que el pueblo se marchó a caminar por Latinoamérica. Pero regresará. El retorno está en pleno desarrollo. Al día siguiente de un regio despertar, florecerán las lecciones aprendidas y desaprendidas… de “Tijuana a la Patagonia”. Penurias, violencia y despojos sufridos en carne propia que solo sanan de una forma: un nuevo consenso liberal. Pero de esto hablaremos luego…

*Embajador de Venezuela en Canadá        

 

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Érase una vez Venezuela, por Orlando Viera-Blanco*
La distancia no importa cuando existe un motivo, y ese motivo es Venezuela, que está en nuestras memorias. Reminiscencias que se nutren de inconmensurables recuerdos que son amor patrio.

@ovierablanco 

La Venezuela en la que crecí era un país soñado y soñador. De niño estaba muy vivo en nuestro imaginario llegar a la adultez (cuando sea grande, quisiera ser tal y cual) para emular a nuestros padres. Un continuo de anhelos posibles y normales cuando vives en un ambiente de pujanza, orden y oportunidades, por lo que la mente puede visualizar tiempos mejores, como los vividos…

Las reminiscencias

Retener el pasado también conduce a querer un futuro mejor como los disfrutados en nuestra infancia, nuestra adolescencia. Es común escuchar historias de connacionales de sus recuerdos, de dónde vienen y cómo vivían.

Lo común: anécdotas entre tierra, mar, asfalto, burros y montañas, donde nacieron todas las travesuras y fuimos inmensamente felices.

En Caracas fui un niño peligrosamente feliz. Una de nuestras “aventuras” era ir a la montaña trasera de casa en La Trinidad a buscar orquídeas. Había que trepar un árbol cuyo tallo enfilaba hacia un desfiladero. La inocencia de un crío que aún no llegaba a la pubertad, impedía pensar que ese desafío podría arrojarnos a todos al vacío: orquídeas, árbol y «trepadores» juntos. Pero al inocente lo protege Dios… quienes al sobrevivir la pericia, salíamos a vender las epifitas Cattleyas gaskellianas a 5 bolívares la unidad.

Nuestros columpios eran péndulos de una grúa abandonada que vaya usted a saber si el óxido de aquellos colgantes nos hubiesen disparado como catapultas en guerras espartanas. Y nuestras madrigueras eran cuevas frías y oscuras que para llegar a ellas saltábamos como aves sobre caídas libres. «Jugar a ser grandes» suponía ser valientes desde niños como lo eran nuestros padres. Unos gigantes de la vida que cada día llegaban a casa después de su faena de trabajo con un «hola, Dios te bendiga», felices de haber cumplido lo que les gustaba hacer, para lo cual estudiaron, trasnocharon y tuvieron oportunidades.

Papá llegaba siempre bien trajeado de su ambulatorio o de la clínica, bata blanca impoluta con su nombre grabado en el pecho, Dr. Orlando Viera-Acosta, escrito en rojo relieve, o de paltó Monte Cristo, orgullosamente comprado en la fábrica de San Martín…

Ahí (en San Martín) mis padres me buscaron mi primer traje para asistir a mis primeros quince años. Festejo muy vigilado por Mocho Brujo, un exboxeador venezolano que se convirtió en el peaje más difícil y afamado para entrar a cada agasajo en Caracas…

Con elocuencia el cubano que me empotró mi primer traje de tres piezas (el Monte Cristo), y me juró que sería el mejor vestido de la fiesta. Pero sirvió de poco. De los quince años solo escuché el vals. Me devolvieron de la entrada. No pasé el examen de Mocho Brujo. A cabalgata pura y dura nos mandaron por donde vinimos.

Sin embargo, un mejor destino me esperaba. A la hermosa quinceañera le conocería meses más tarde en el colegio. Y un poco después sería, quien aún es, mi esposa… Así soñábamos. Así nos hacíamos «grandes» e hicimos sueños, realidades, hogares, familia…

El distinguido y memorable Monte Cristo aún lo conservo. Cumplió 40 años. En él no cabe ¡ni una pierna de este servidor!

Claro como el agua del Valle del Lozoya

Son legendarias las aguas del Valle del Lozoya. Venidas de sus picos nevados, se derriten y viajan por largos cauces hasta lagunas que en la lejanía se presentan difusas. Pero al apreciarlas de cerca, su quietud, silencio, apartado y distancia, hace de aquellas aguas cristalinas de la Sierra de Guadarrama embalses misteriosos y enigmáticos.

Así somos. Como la naturaleza de la madre patria. Difusos a lo lejos, transparentes en la proximidad. Como las aguas de la laguna de Mucubají en la Sierra Nevada de Mérida. Prístinas y puras, propio de la nobleza de nuestro gentilicio. No por casualidad Mérida es un pueblo bueno, regio y decente, como sus frailejones.

A decir del positivista francés Hippolyte Taine, los pueblos son reflejo de su abundancia, a su vez representada por el talento de sus pintores y escultores. Esto es tan cierto, que recuerdo la edición del Festival Des Films du Monde donde resultó ganadora la opera prima venezolana La distancia más larga.

Al final del debut, le comenté a su directora “Sabes lo que has representado en tu película? Pues te lo quiero decir. Es la inmensidad de un país retratado en sus tepuyes y la Gran Sabana, es la potencia de una nación pintada en la regia urbe de Caracas y es la belleza de un niño que se encuentra entre la inmensidad bucólica del Amazonas y la ciudad, que apela al perdón de su abuela catalana para reducir esa larga distancia llamada Venezuela”. Claudia Pinto Emperador no pudo  responder. El llanto le impedía hablar. Y el mío no me dejó decir más…

Venezuela en la distancia   

Esa es la Venezuela pura y libre que debemos rescatar. La distancia más larga no es la política, no es la que otros recorren. Es la que caminamos todos, incansablemente.

La distancia no importa cuando existe un motivo, y ese motivo es Venezuela, que está en nuestras memorias.

Reminiscencias que se nutren de inconmensurables recuerdos que son amor patrio. No podemos abandonarla. Todo lo que Venezuela ha hecho por nosotros hace que nosotros hagamos todo por ella. Venezuela nos hizo libres y felices. Devolvamos esa alegría y libertad. Aún muchos no lo han sido. Merecen serlo. Plácidos como el agua clara del Valle de Lozoya, que cae pura, potente y sin fatiga. ¡Como fue Venezuela! 

* Embajador de Venezuela en Canadá.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Por qué aceptamos vivir así, por Orlando Viera-Blanco*   
Cada embajador de Guaidó es un venezolano preparado, con trayectoria profesional y académica que ha logrado éxito en su desempeño.

@ovierablanco 

El aumento de la gasolina en febrero de 1989 (un medio por litro) fue solo el detonante de un proceso de desgastes y conjuras que se tramaban en contra del status quo bipartidista. La proclamación de CAP en el Teresa Carreño levantó muchas pinzas. Pero el camino para la explosión estaba abonado.

La antipolítica, la fatiga y el malestar sembrado por las “Carlotas Flores de Carapita”, fue la chispa en la pradera. Desde aquellos días la devaluación del Bolívar pasó de 4,30 por dólar a más de un trillón. ¿Por qué en Venezuela no ha habido un reventón?

Bachaqueando gasolina

El “bachaqueo express” es una expresión de resuelve. Una clase media y otra más acomodada que tiene su despacho prêt-à-porter a domicilio. Resuelve el que no quiere hacer cola, pero también resuelve “el operador” que tiene en el oficio una nueva chamba que involucra su inevitable cadena celestina de corrupción.

Otros madrugan y pasan horas hasta lograr el objetivo o perder su tiempo. Y la Venezuela de última fila -la que no puede movilizarse por no tener vehículo, ni voluntad ni salud para salir a una cuadra de su casa- no le queda más que recurrir a “comunas en carretas” para enviar por comida, medicamentos, agua o implementos para la colada.

En la Venezuela depauperada y esquilmada no hay tiempo para conjuras ni indignación. Menos para la política o la antipolítica. Todos quedan atrapados en sus zonas de confort, en sus endosos o en sus miserias. Un salto a la anomia donde quien nos inmoviliza no es Maduro. Es la aceptación de vivir así…

Hace rato que en Venezuela tenía que haber reventado un estallido social de proporciones incontenibles. Hace rato teníamos que deponer esa concupiscente y sumisa cultura criolla que todo lo aguanta y todo lo grita a la vez. La del “agárrenme que lo mato” mientras quien muero soy yo en medio de fingida voluntariedad.

Venezuela ha entrado en la peor situación infrahumana de su historia. La burla ciudadana es infinita. El control y la represión cubana van por libre.  El saqueo ruso, chino, turco, iraní, a pedir de bocas  Pero seguimos atrapados deshojando margaritas, en medio de penurias y lamentos, acusaciones y proclamas que arengan y ahora quién podrá defendernos…

Hemos elegido el camino del bachaqueo de la vida, al tiempo de culpar a Dios y a la mala leche de nuestro mal destino. Claro que las coaliciones internacionales de proteger existen. Pero dejarlo todo en manos de la externalidad mientras “me acomodo” o culpo al vecino o al líder, también tiene su precio. ¿Acaso yo no soy líder de mi destino? ¿Es solo Guaidó el mesías?

El cuerpo diplomático de Guaidó

El cuerpo diplomático del presidente Juan Guaidó ha hecho un inmenso trabajo por aliviar la carga de la crisis humanitaria, proveer identidad, abogar por nuestros refugiados y consolidar alianzas con las democracias más poderosas del planeta.

Han sido misiones muy difíciles que hemos enrostrado sin recursos, ni sede, ni residencia. Pero la respuesta bajuna de la descalificación proveniente de algunos fragmentarios no podía esperar. Mala cosa en tiempos que el liderazgo ESTADISTA -el que propone, une, hace y aporta- debe prevalecer.

Pero eligen el camino de bachaquear la dignidad de quien sirve, para descolocar y ponerse ellos… por poder, por figurar. A ellos les digo aquí estamos con los brazos abiertos para que se unan a la causa.

Como embajador plenipotenciario de Venezuela en Canadá doy fe del arduo trabajo que con un extraordinario voluntariado de venezolanos residentes, preparados y honestos se ha logrado de la mano con el país amigo y anfitrión para aliviar las cargas de la emergencia humanitaria compleja, legalizar a venezolanos en Canadá, asegurar su identidad y articular acciones diplomáticas en defensa de los DD. HH. y de las libertades civiles y políticas.

Desconocer ese trabajo no es agredir al embajador. Es denigrar de los propios connacionales y de nuestro gentilicio que, con una inmensa vocación humanitaria, han dejado lágrimas, sudor y corazón por los nuestros. ¿Adopción de otra cultura? Ya de odios vamos a tope… Pongámoslos de lado.

Los embajadores de Guaidó han salido a las calles a defender a nuestra gente en todos los terrenos. Desde cumplir con entrega de suministros, hasta contener desalojos, xenofobia o abusos de autoridad. ¿Que de qué vivimos? La gran mayoría ha puesto sus ahorros y su tiempo al servicio de la causa. Amigos, familiares, clientes también han colaborado. Todo un trabajo muy desigual, donde “vamos a caballo” de un lado a otro, haciendo lo mejor para alcanzar lo que todos anhelamos: el rescatar la dignidad y regresar a Venezuela.

Cada embajador de Guaidó es un venezolano preparado, con trayectoria profesional y académica, que ha logrado éxito en su desempeño. Cada bien que poseen se lo han ganado, cada título o reconocimiento le han permitido destacarse con mérito en otras latitudes, con otro idioma y cultura. Los embajadores de Guaidó despachamos -a mucho orgullo-desde casa, desde un café o un celular. Y lo hacemos con el honor y la convicción de que el esfuerzo vale la pena porque no es otro que legarle una nación a nuestros hijos. El resto es mezquindad.

O reaccionamos o nos somalizamos

Hace rato tocamos fondo. Nos ayudarán a salir si antes demostramos que estamos dispuestos a ayudarnos y respetarnos nosotros mismos. Maduro se irá el día en que concienticemos a profundidad que el problema es nuestro. Ese día no habrá bachaqueo ni calumnias.

Ese día se unirá, se encenderá y se liberará Venezuela. No antes…

* Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La somalización de Venezuela, por Orlando Viera-Blanco*

@ovierablanco 

La República Federal de Somalia es un país ubicado en el Cuerno este de África. Al oeste y noroeste limita con Etiopía y Yibuti [ex territorio Somalí], al sur con Kenia, norte con el golfo de Adén, y este con el océano Índico. Tras una larga guerra civil el país se dividió en pequeños estados independientes.

Somalia es un país que en los últimos 50 años ha estado sumergido en guerras con vecinos (Etiopía); guerras civiles étnicas, religiosas, donde la influencia radical islámica ha jugado un rol divisorio y violento. Es un Estado fallido. Ha sufrido una larga sequía por más de 20 años. Un Estado fragmentado que sufre los embates de la hambruna y ocupa el primer lugar del mundo en violencia y corrupción.

Breve historia de un desmembramiento

En el año 2004 diferentes facciones llegaron a un acuerdo para conformar un gobierno de transición. En 2012 se aprobó una nueva Constitución provisional. Su capital y ciudad más poblada es Mogadiscio. Somalia ha sido territorio ocupado por árabes, italianos, franceses, ingleses y portugueses.

La Liga de Juventud Somalí (LJS) se mantuvo en el poder en los años 1960, con el presidente Abdirashid Ali Shermarke. Fue asesinado en 1969 y un golpe militar elevó como presidente a Mohamed Siad Barre, quien lideró los años más prósperos de la historia de Somalia.

Este país mantuvo estrechas relaciones con la URSS, pero cuando esta apoyó a Etiopía, Somalia se volvió hacia Occidente. Ante la pésima situación de economía de guerra, surgió una oposición armada en el norte del país en 1987. En 1990, este grupo adquirió el control de la mayor parte del territorio, disolviéndose de facto el Estado somalí.

El grupo opositor se dividió en 1991 por distintos motivos, entre ellos las tradicionales enemistades entre diferentes clanes y etnias. Por un lado, el Movimiento Patriótico Somalí (MPS) en el sur y el Movimiento Nacional Somalí (MNS) en el norte. Por otro lado, el grupo Congreso Unido Somalí (CUS) tomó la capital del país, provocando la salida del presidente Barre.

En 1992 Estados Unidos envió tropas para asistir con la repartición de alimentos. Arreciaba la hambruna. Pero el CUS se opuso a la intervención y provocó la salida de la ayuda extranjera. En abril de 2000 se formó el llamado Gobierno Nacional de Transición de Somalia a partir de la Somalia National Peace Conference (SNPC) reunida en Arta, Yibuti.

Desde el 2000 hasta 2012 Somalia ha estado dividida en 18 clivajes territoriales, ocupada por grupos islámicos radicales (Jubalandia dominada por las Cortes Federales Islámicas) Galmudug que pasó a manos del Gobierno de Transición y el estado autónomo de Puntland.

El presidente de Somalia, Mohamed Abdullahi «Farmajo» Mohamed, ha pedido “unidad” y apoyo a sus connacionales para el cambio y consolidación republicana. Sin embargo la división, anarquía y violencia prevalecen a la par de la pobreza, corrupción, miseria y escasez. Cualquier parecido…

Así van. O no van…

La población de Somalia de 14 a 64 años representa más de la mitad de sus habitantes. El 44 % son jóvenes de hasta los 14 años, y el 3 % son mayores de 65 años. Se calcula que un millón de refugiados están fuera del país, en su mayoría en Italia o Inglaterra. El 60% son pastores nómadas. El resto, pequeños granjeros. Son el pueblo más pobre de áfrica y su expectativa de vida es de 48 años. La sanidad está controlada por militares. No cuentan con recursos. La tuberculosis y el sarampión son recurrentes y la promiscuidad devino en un problema socio-cultural.

La tasa de mortalidad es del 15 % (mueren 152 niños por  cada 1000 nacimientos) con un índice elevado de bajo peso. Por cada 100.000 nacimientos mueren 1000 madres. Desde 1991, cuando fue derrocado el régimen militar de Siad Barre, no ha habido ningún gobierno que controle el país.

Cuando Barre fue derrocado (1991), Somalia se hundió en la anarquía y el país quedó dividido por feudos de clanes rivales. Una coalición de grupos islamistas tomó la capital y gran parte del sur del país. Ello provocó la intervención de países vecinos que invadieron Somalia para expulsar al gobierno islamista. ¿Destino en ciernes?

Se trató de instalar un nuevo gobierno de transición apoyado por Occidente pero surgieron los insurgentes de Al Shabab aliados con Al Qaeda. Al Shabab comenzó a reclutar a miembros de los clanes que se oponían al gobierno apoyado por Occidente. Somalia no contó con un ejército para combatir a los yihadistas, por lo que los gobiernos de Occidente financiaron la AMISOM (Misión de la Unión Africana en Somalia). Fracasaron. Demasiado tarde… Aún Al Shabab controla la mayoría de las áreas rurales, especialmente en el sur del país, incluidas las carreteras que comunican a las ciudades y poblados. Incluso la capital Mogadiscio. EE. UU. ha intentado intervenir en el conflicto, sin éxito. La economía está en cero y las luchas entre los clanes empeora. Al Shabab recluta jóvenes a cuenta de fusil y comida…

Vernos en ese espejo

Estamos a tiempo de evitarlo. Mejor prevenir que lamentar. Una coalición internacional puede prevenir que se instalen en Venezuela fuerzas violentas como las yihadistas (terroristas según la UE y EE. UU.). Es evitar la somalización del continente. No es poca cosa…

* Embajador de venezuela en Canadá.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Con bombos y platillos..., por Orlando Viera-Blanco*
Sabemos que la situación en Venezuela es desesperante y que del combustible depende en parte la vida de la gente. Pero ese combustible del que muchos dirán ‘es conveniente’ para aliviar las penurias del pueblo, es pan para hoy y sangre para mañana…

 

@ovierablanco 

Sin duda alguna el ingreso de buques iraníes a Venezuela es un acto antihistórico, muy triste, repudiable y vergonzoso, que dibuja el estado de vulnerabilidad de Venezuela. Hemos llegado al punto de quemar nuestro oro por mendigar alianzas radicales islámicas, y abastecernos de lo que antes exportamos: gasolina. Nada que celebrar…

No es gasolina, es anomia

El debate se ha centrado en asumir la conveniencia o no de “dejar pasar” la llegada de buques del ayatola. Creo que el análisis sobrepasa una visión de check point (de alcabala).

La gravedad del asunto toca terrenos sensiblemente geopolíticos, históricos, sociales y hasta culturales. A cuenta de las bondades del derecho a la libre circulación de mercaderías, Teherán y Caracas se pasean por el mundo libre, democrático y global, despachando algo más que combustible.

Para nadie es un secreto que Irán, en términos de modelo de poder, es violador de DD. HH., proveedor de violencia, fanatismo y radicalismo que ha traído sufrimiento, opresión y miseria a su pueblo y al Medio Oriente.

Ahora pretende instalarse junto con la ocupación cubana -atención- no solo en Venezuela, sino en el todo el hemisferio. Permitirlo registra debilidad y candidez internacional. Abre un boquete en Latinoamérica de antiamericanismo proverbial que pone a riesgo la estabilidad de la subregión… más de lo que está.

La miseria, depauperación y criminalidad que llegó a Venezuela no se resuelve con pañitos calientes.

El origen de la escasez y devastación no es de ayer. Desde el primer día en que Chávez llegó el poder, firmó un decreto presidencial para someter a consulta la reforma de la Constitución de 1961 mediante un inconstitucional e írrito proceso constituyente que entubó un proyecto hegemónico, presidencialista y militarista.

La antigua CORTE SUPREMA DE JUSTICIA no supo ver que en esa iniciativa (Constitución Bolivariana) no venía con buenas intenciones. Era conducir a Venezuela por el camino de una revolución populista y fanatizada, personalista y rodilla en tierra, que metió de contrabando un modelo a la cubana proclamado como “el mar de la felicidad”. Hoy los buques islámicos transitan por esos mares…

En esa carrera insaciable por la dominación absoluta, Chávez estrechó la mano a Saddam Hussein, a Mahmoud Ahmadinejad y a cuanto dictador meridional se le cruzara en sus aguas. Nuestra sentencia estaba escrita. Nos llevarían a las alianzas más perversas y radicales portadoras de un discurso antioccidental y contra-eurocentrista. ¿Quién pagó las consecuencias del peligroso juego? Él y el pueblo.

La gasolina y el oro de sangre

Sabemos que la situación en Venezuela es desesperante y que del combustible depende hoy parte de la vida de la gente. Pero ese combustible, del que muchos dirán “es conveniente” que llegue a Venezuela para “aliviar las penurias del pueblo” -dictadura y opinadores dixit-, es pan para hoy y sangre para mañana.

El problema no es coyuntural. Es inmensamente estructural, social y económico. Es político. Con este modelo de poder estamos condenados al caos, a la nada.

El régimen seguirá cerrando jugosos negocios. Le dará algunas migajas al pueblo para que mínimamente resuelva, mientras el país sigue a oscuras, sin luz, sin agua, con una inflación en dólares, el coronavirus en escalada y la indignación/resignación de vivir de sobras.

Venezuela ha llegado a un punto inédito en la historia de los tiempos modernos, donde el termómetro de los DD. HH. debería haber sido lo suficientemente elevado para estallar y habilitar una coalición internacional humanitaria en Venezuela. Pero la retórica ha agotado la diplomacia y las esperanzas de la gente.

El análisis no se reduce a tener o no gasolina. El análisis es la catástrofe social y humanitaria que acumula Venezuela por años y que afecta de forma visible y peligrosa el resto del hemisferio y del planeta.

El régimen castro-comunista cubano ha sido un error histórico que más ha pagado el pueblo cubano y un mundo pícnico, influenciable, adoctrinado, que el pueblo norteamericano. Cuba ha sido un semillero de violencia, guerras, muerte e ideologización que sigue alzando muros agoreros y aventurados a través del Foro de Sao Paulo y su centro estratégico de operaciones en Caracas.

Cuba lanzó al mundo su propaganda basada en un colectivismo utópico, una innoble lucha de clases que polarizó el planeta y todavía, hasta nuestros días, sigue atrapando la buena fe de los pueblos miserables sometidos a su dialéctica.

No permitamos que Venezuela se convierta en la tercera ola de la anticivilización como lo fueron, en las postrimerías de la revolución industrial y de la Primera Guerra Mundial, el movimiento nazi o su contraparte, la revolución bolchevique.

Ahora, en pleno siglo XXI, la oleada islámica-antillana, con el oro y el petróleo venezolano, y su irrepetible ubicación a tres horas de vuelo de EE. UU. y a pocas horas de cualquier vecino, podría convertir Latinoamérica en el epicentro de otro Medio Oriente. ¿Exageramos?

Con bombos y platillos recibe el régimen los buques iraníes. Todo un cotillón con el cual quieren ocultar más de dos décadas de destrucción, PDVSA incluida, la otrora segunda empresa de petróleo más sólida del mundo. No es solo Venezuela la que peligra. Es el mundo entero. ¿Exageramos?

Nada que vitorear, nada que celebrar…

* Embajador de Venezuela en Canadá.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Sin ciudadanía no hay paraíso…, por Orlando Viera-Blanco*

@ovierablanco 

En la Venezuela de los últimos cuatro lustros perdimos el sentido del ciudadano que pertenece, que se identifica con su nación. El ciudadano de a pie tampoco lo es, porque carece de derechos y además de agua, luz, comida, medicinas y seguridad. No existe, sobrevive. Tampoco convive sino que compite por la vida. Es la muerte del Estado-nación…

Ciudadano es un concepto socio-político y legal de significado variable, usado a lo largo de la historia no siempre de la misma manera. Según Aristóteles “a menudo se discute sobre el ciudadano, y en efecto no todos están de acuerdo en quién es ciudadano. El que es ciudadano en una democracia con frecuencia no es ciudadano en una oligarquía”…

¿Quién es ciudadano? 

Aristóteles en su libro III sobre La política, abordaba la ciudadanía como el sentido de pertenencia de los derechos. El clásico pensador se hacía dos preguntas: ¿Quién es el ciudadano? y ¿a quién se le llama ciudadano? Respondía que “ser ciudadano” significaba ser titular de un poder público no limitado y permanente: “ciudadano es aquel que participa de manera estable en el poder de decisión colectiva, en el poder político”, y se le llama ciudadano a todo aquél que era capaz de ser tal. 

Se distinguen tres etapas: una “ciudadanía civil” en el siglo XVIII, vinculada a la libertad y los derechos de propiedad; la “ciudadanía política” propia del XIX, ligada al derecho al voto y al derecho a la organización social y política; y, por último, la del siglo XX, la “ciudadanía social”, relacionada con los sistemas educativos y el Estado del Bienestar.

En la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), se liga el concepto de derechos con ciudadanía y se afirma que los derechos del hombre son «naturales, inalienables y sagrados», y que todos los hombres «nacen libres e iguales».

El Diccionario de Julio Casares define ciudadano como «natural o vecino de una ciudad, o perteneciente a una ciudad». La ciudadanía es la expresión de pertenencia que una persona tiene hacia una sociedad determinada en la que participa. En la tradición occidental el ciudadano es un conjunto de atributos legales y a la vez un miembro de la comunidad política, como explica Isidoro Cheresky… “Cuando la ciudadanía no participa en la toma de decisiones, la mayoría de las veces las acciones del Estado son erróneas, llegando incluso a afectar drásticamente la ideología del país”, esto es, su cultura, su convivencia.

Borrar la historia de nuestra memoria

El novelista checo Milan Kundera decía: “para liquidar las naciones lo primero que se hace es quitarles la memoria. Se destruyen sus libros, su cultura, su historia. Y luego viene alguien y les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa otra historia. Entonces la nación comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que ha sido. Y el mundo circundante lo olvida aun mucho antes”. Podríamos decir que la pérdida de la condición ciudadana es la pérdida del sentido de pertenencia producto del arrebato de nuestros valores históricos. Es la anomia, es la vaciedad cultural absorbida por el mandamás.  

Ser ciudadano es tener sentido de identidad con el lugar donde se interactúa socialmente, en el hábitat donde se desenvuelven los individuos con responsabilidad, derechos y obligaciones. El Consejo Europeo es cada vez más consciente de que «ciudadano y ciudadanía» puede definirse como «una persona que coexiste en una sociedad». Se trata, por tanto de traspasar los límites de la noción de «Estado-nación» y adoptar la comunidad que engloba el concepto de ciudadano global. 

En la Venezuela de los últimos cuatro lustros perdimos el sentido del ciudadano que pertenece, que se identifica con su nación.

El ciudadano de a pie tampoco lo es, porque carece de derechos y además de agua, luz, comida, medicinas y seguridad. No existe, sobrevive. Tampoco convive, sino que compite por la vida. Es la muerte del Estado-nación sustituido por una “toronja mecánica” agria y seca que se oculta en el rostro de una revolución que borró a Bolívar, Páez, Teresa de la Parra, Teresa Carreño, Gallegos, Nazoa, Simón Díaz o Betancourt y la permutó por: “patria, socialismo o muerte“. Oscurantismo que borró toda ilusión… 

Ciudadanía activa

El escritor Josep Ramoneda destaca: “La forma de las ciudades no es en absoluto inocente a pesar de que a menudo vayan perdiéndola a medida que nos alejamos de su centro. La urbanización del entorno urbano y la multiplicación de espacios de habitación y residencia sin voluntad cívica [mutilación y aislamiento cultural] es la consagración de la peor versión del individualismo” 

La cuestión del espacio público tiene que ver con la libertad de expresión. Cerrar o vaciar el espacio público es una forma de cercenar la interrelación comunicativa. El espacio público, como la ciudad, ha de ser abierto. La ciudad no debe ser una identidad cerrada. La ciudad es una morada. En su imaginario se cruzan la ciudad física, esto es la experiencia acumulada inscrita en sus grafitis, calles y paredes. Es la consciencia de espacio compartido que tienen los ciudadanos. 

Entonces ciudadanía es un concepto político, jurídico, pero es también cultural: el individuo se hace ciudadano compartiendo morada, ocupando y compartiendo espacios. ¿Cuántos [espacios] confiscados? Medios de comunicación clausurados. Parques y plazas ocupadas por el crimen y la destrucción. Hasta el béisbol o la fe quedaron de lado por la propaganda y la ideología. Qué decir de la formación social, moral y cívica… 

El coronavirus no acabó con nuestra ciudadanía. Hace rato otro virus la mató. Rescatémosla. ¡Sin ciudadanía no hay cambio, no hay paraíso! 

* Embajador de Venezuela en Canadá

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

 

Voy de Petare rumbo a Miraflores, por Orlando Viera-Blanco*
Fuimos una sociedad de oportunidades, de destino migratorio, moneda fuerte y ciudades piloto como Caracas, convertidas en regias metrópolis.

 

@ovierablanco 

La historia de los últimos 20 años en Venezuela deberá evaluar lo que definió Herrera Luque como conductas psicopáticas. Una jauría de maldad y morbo de la que habría que preguntarse si es propia de nuestra cultura, o de una realidad degenerada por el desbordado odio y violencia que supone la ideología del desquite, la lógica de lucha de clases y la impunidad como trofeo.

De Gómez a CAP

Desde la llegada de Juan Vicente Gómez [el Rey de bastos según Herrera Luque] al poder, Venezuela comenzó a vivir una época de redención grupal fundamentada en una paz reglada sobre la teoría de “Sota, Caballo y Rey” (que no es paz) y la emergencia de la riqueza petrolera.

Después de un siglo de reyertas y montoneras [XIX], al decir de Blasco Ibáñez y su obra Los cuatro jinetes del Apocalipsis, guerras, peste, hambre y muerte acabaron con un millón de habitantes de cuatro que éramos; la fusta de Gómez y la creación de sus “milicias modernas” acabaron con la guerrilla de la época. 

Antropológicamente tal devastación produjo sufridas patologías sociales y desviaciones esquizoides. El síndrome del cimarrón, que siendo de raza mulata escapaba de su amo por ser libre… El síndrome del esclavo sub judice, que lleva en sus hombros el resentimiento del sometimiento y trato denigrante. El síndrome del taita, hombre a caballo, jefe guerrillero y caudillo que somete, mata y cobra venganza, con el odio necesario como “pilar”,  para alcanzar y mantener poder. El síndrome del humillado, el harapiento y mugroso, utilizado solo para servir, para cargar, sembrar o sudar, generador de una salivación salvaje como la del animal fatigado y sometido a una vida de cuero y látigo. Porque así fueron tratados, como cosas, como animales…

Entonces la insurgencia del bandolero, del segador verdugo, como lo fue el pulpero de Villa de Cura, Ezequiel Zamora, o el urogallo Boves, no fue casual. Tenemos sus versiones contemporáneas.

Antes tomaron un fusil o un machete, cortaron cabezas e incendiaron caseríos, para imponer el nuevo orden, el aquí ahora mando yo. Hoy todos están entre Petare y Miraflores.

Todo este melting pot de personalidades resentidas necesitaba un gendarme necesario. Y llegó Gómez con su ‘Unión, paz y trabajo’ desde cuya dictadura acabó con la rechifla al tiempo que fundó las primeras aerolíneas como Aeropostal, modernizó y profesionalizó las FFAA, construyó los primeros aeropuertos y saneó las finanzas públicas.

Después de 35 años de dictadura, Venezuela comenzaba un proceso de urbanización. La instalación de empresas petroleras americanas trajo balancines, desarrollo y béisbol, y el florecimiento del positivismo criollo democrático (soldados políticos) que impulsó -entre golpes, decadencias, grilletes y contragolpes- el nacimiento de la democracia. Desde Medina, su “primer soldado”, hasta Betancourt [el padre de la democracia] tras la caída de Pérez Jiménez en 1958.

De Betancourt a Chávez

Betancourt da continuidad al proceso de redención grupal del siglo XX, pero de forma pactada y liberal, con la movilización social más importante vivida en la historia contemporánea de Latinoamérica.

Fuimos una sociedad de oportunidades, de destino migratorio, moneda fuerte y ciudades piloto, como Caracas, convertidas en regias metrópolis. Pero algo sucedía. El petróleo era monopolizado por el bipartidismo que controlaba el reparto. El minotauro nos dividió en algo peor que pobres y ricos, es decir, en incluidos y excluidos, en movilizados e inmovilizados. La indiferencia de los que saborearon oportunidades vs. los desafortunados que quedaron en la relegación fue el criadero de violencia, el brote de los síndromes del segador, el cimarrón, el taita vengador o el bandolero herido y resentido.

Después del Caracazo, cuya chispa no fue la gasolina sino la fatiga y el olvido, la mala leche estaba echada. Comenzó el proceso de defenestración de la democracia entre “rebeliones de náufragos” (Mirtha Rivero), conjuras, caracazos, sables, notables, mantuanos, sotanas y “amigos invisibles”.

El 4F es el epílogo de una era de acumulación de reflujos, y el preludio de otra de sangre y desquites. Chávez fue el pastor de los miserables y el verdugo de los borregos en el corral. La resurrección de los 4 jinetes del Apocalipsis: hambre, guerra, peste y muerte. El pueblo no odia, alerta Lipman, pero aprende con facilidad si se le incita. Esa es la historia reciente de la que aún no salimos y espero comprendamos.

De Maduro  a Wilexis…

Así terminará esta oscura etapa de nuestra herida historia. A fuego cruzado entre pranatos excarcelados y pranatos uniformados. Entretanto un país en guerra, pero a lo interno. La verdadera montonera va de Petare rumbo a Miraflores. Violencia creada por el propio régimen que ahora recibe “sota y plomo” de su propia medicina: el odio y la incitación.

Así hemos sido. Así hemos ido. A sota, caballo, sangre, sudor y rey. Al decir de Herrera Luque, mentes psicopáticas embriagadas de complejos, despojo y revancha. Necesitamos un nuevo cuarto de hora de “paz, unión y trabajo”.

Pero pido a Dios que “el elegido” no venga a caballo, con espuelas, más reflujos y el mazo dando… Es hora de reconciliar la patria.

* Embajador de Venezuela en Canadá

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es