Orlando Viera Blanco, autor en Runrun

Orlando Viera-Blanco

El crucero de las bananas: el Falke, por Orlando Viera-Blanco*
«El deber es superior a todo; ningún cálculo, ningún temor, ninguna habilidad, ningún deseo puede prevalecer en su contra», El Falke

 

@ovierablanco

Gallegos decía que es imposible escribir la historia de Venezuela sin imaginarla. To be or not to be, that is the question. Dicho por un Hamlet criollo: “Se es o no se es, esa es la vaina”. Y siguiendo esta proclama, Federico Vegas nos obsequia una excelente novela titulada Falke [Halcón, en alemán], nombre de la embarcación que Román Delgado Chalbaud arrendó para invadir a Venezuela por Cumaná.

Federico Vegas −asistido por cuartillas de su tío Rafael Vegas (joven patriota venezolano reclutado en 1928 por la Junta de Liberación Nacional / JLN), escribe una novela, entre ficción y trepidante realidad, que al leer es imposible no sentenciar: ¡Esto es Venezuela!

Traición e insubordinación

El padre de Federico Vegas le explicó quién era su tío Rafael. Recuerda de niño cuando el tío visitó su casa. Quedó impactado por su rostro encendido, rojizo, y su delgadez. El chipo y el mal de Chagas −tras la huida de Monagas− dejaron sus huellas en Rafael Vegas, fundador del liceo Santiago de León de Caracas, exalumno y admirador de don Rómulo Gallegos.

Rafael Vegas exhibía una cicatriz en la mirada proporcional a una épica no revelada. “Los secretos valen mucho más cuando no hay razón para guardarlos… profetizó el padre de Federico. “Y algún día echarás una vaina contando la historia de esos jóvenes audaces e idealistas, retratados con tu tío en la cubierta del Felke: Juan Colmenares, Armando Zuloaga y Juan McGill”. Razón no le faltó. Leer su novela es revelar l’ état de la question

El Falke −ficción o realidad− es apología y reproche a la vez de nuestro modo de ser. Un espeso mar de heroicidad y caos, miedos y épicas, pasión e improvisación; un viaje a la inocencia, a la muerte o a la gloria, aleatoriamente. Jamás planificado, nunca ordenado, para nada solícito. Porque se es o no se es venezolano, navegando en permanente insubordinación, indocilidad y rebeldía. El Falke no fue la excepción…

La JLN (integrada por el Dr. Santos Aníbal Dominici, el Dr. Alberto Smith, José Rafael Pocaterra, Pedro Lugo Delgado, el Gral. Leopoldo Baptista y el comandante en jefe Gral. Román Delgado Chalbaud) tenía el propósito de invadir Venezuela con un buque armado y provocar una revolución contra Gómez, el Bagre. El Falke, un buque de 70 metros de lora, era rápido y manejable.

En Venezuela la tradición de expediciones corsarias y filibusteras se remonta a décadas pasadas… Aparte del capitán Ernst Ziplitt (55), nadie supo la causa del viaje. Hubo rumores de que el Falke sería usado para una expedición científica que sería filmada. Román Delgado Chalbaud y la JLN alquilaron el Falke el 9/6/29 y, un mes después, parte de Hamburgo a Gdynia, el mayor puerto de Polonia. 21 pasajeros venezolanos residentes en París (entre ellos el hijo de Delgado, Carlos Delgado Chalbaud y el poeta José Rafael Pocaterra) se proponían derrocar al Bagre.

El 19/7/1929 el Falke abandonó Gdynia rumbo al Caribe. El 6/8/29, el vapor echó anclas frente a la isla de La Blanquilla, tomó cientos de revolucionarios y cambió su nombre a General Anzoátegui. Betancourt no llegó de RD por avería de su goleta… El 10/8/29 leva anclas hacia Cumaná. La travesía había superado el descontento de la tripulación alemana al saber que, con varias toneladas de armas, andaban en pie de guerra…

En la madrugada del 11/8/29, el general Anzoátegui entró en el puerto de Cumaná. Los revolucionarios desembarcaron en un comando formado en tres columnas al mando del Gral. Delgado. Al llegar al puente Guzmán Blanco, hubo un encuentro entre rebeldes y tropas leales del Gral. Emilio Fernández, presidente del estado Sucre. Chalbaud y Fernández cayeron abatidos a fuego cruzado… Los revolucionarios se retiran de la ciudad ante el acoso de las tropas del gobierno, y sostienen un último combate en el cerro Santa Ana, donde muere Pedro Elías Aristeguieta.

Federico Vegas apela al imaginario criollo, un diálogo entre el joven Rafael Vegas y Doroteo Flores, sobrevivientes. Flores era un archienemigo de Gómez que le había herido en un muslo en la batalla de Capacho y, según cuenta, “no hubiese pelado una mandarina a esa distancia… El Bagre -dice Flores- “fue un ladrón de rebaños que había derrotado a Fernández en La Puerta, a Loreto Lima y sus lanzas federalistas en El Tinaco, a los mochistas en las serranías de Bejuma, al conde Rangel Garbiras en la frontera colombiana, a Riera y Peñalosa en Urucuru”. Doroteo tenía entre ceja y ceja una segunda oportunidad…

“¿Quién jodió el plan del Falke?”, cuestiona Doroteo a Vegas. “Un traficante llamado Spira, que trató de venderle armas a Delgado y como no se dio el negocio decidió ganarse una plata vendiendo la información (…) Antes, el 9/8/29, Gómez le envió un telegrama a Emilio Fernández anunciando la llegada de su compadre Chalbaud a Cumaná. Una muerte anunciada…

Venezuela nació loca y sorda…

“Veguitas −sigue Doroteo−, Venezuela no es un país para ser escrito (…). Solo la dominará quien la entienda, y la entenderá quien crea y ame esa locura, quien esté dispuesto a hacer el trabajo sucio que a nadie le gusta. ¡Ay, Veguitas!, sepa usted que el mismo Gómez fue quien preparó lo del Falke… quien nos armó esa Arca de Noé… sabía que allí se iba a meter toda la fauna que le embochincha el país. Juntó a tigres y venados, lapas y morrocoyes, y los puso a adobarse en el Falke para bajarlos en una sola calle y desangrarse frente a un puente. Fue un banquete”. Y así lo resume Pocaterra en sus Memorias de un venezolano de la decadencia. To be or not to be…

Historia de tragedias tanto determinantes como absurdas. El autor alemán Albert Daudistel, publicó una novela crítica referida al Falke que tituló El crucero de las bananas. Alegórico. Porque así navegamos. Embriagados más de tentaciones románticas que de voluntad política, donde la locura y la sordidez mueren en la playa, en un puente…

Culmina el libro con una regia reflexión: “El deber es superior a todo; ningún cálculo, ningún temor, ninguna habilidad, ningún deseo puede prevalecer en su contra”, por lo que llegará el día que “echemos una buena vaina”. Y al decir de Gallegos, maestro de Rafael Vegas, el bien −que es pasión− vencerá al mal con un rostro encendido de victoria, que es ser, que es deber.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El primer hombre, por Orlando Viera-Blanco*
Me gusta Camus porque en su prosa van los olvidados. Porque rescata la confianza en la razón. Su último escrito fue El primer hombre

 

@ovierablanco

Albert Camus el 1/4/1960 sufre un trágico accidente automovilístico en las cercanías de París. En su automóvil llevaba un maletín que se encontró en las cercanías del árbol donde se estrelló. Junto a unas cartas, su pasaporte y su diario, iba un manuscrito de 144 páginas difícil de descifrar por la falta de puntuación y la escritura rápida de Camus. El hallazgo no solo significó el valor de una obra inconclusa, sino el último escrito de Albert Camus, su autobiografía novelada Le premier homme (El primer hombre).

Me gusta Albert Camus

Camus tiene una particularidad que le distancia de su último mejor amigo, Jean Paul Sartre (así le llamó Sartre en su obituario): la humildad. El escritor de La peste, aun en medio de sus desencuentros más profundos, no apela a la violencia ni a la pena capital. Sartre -que miraba a Camus por encima del hombro por sentirse un erudito (comunista) de la Escuela Normale Superior de París- pidió pena de muerte a los colaboracionistas judíos con los nazis y alentaba la leva de armas del pueblo de Argel contra el colonialismo… mientras Camus, el hombre rebelde, de procedencia campestre, no creía en la pena capital y profesaba la lucha no violenta. Me gusta Camus porque el debate filosófico sobre el poder, la vida, el sufrimiento, la muerte o la libertad, lo asume sin radicalismo y con espíritu nostálgico. La venganza de las náuseas…    

El argumento autobiográfico en El primer hombre se centra en el regreso de Jacques Cormery, alter ego del escritor, a su país natal (Argelia), donde evoca sus recuerdos de infancia, la vida en una familia pobre, con su madre viuda y su tío, y con el profesor de escuela que le exige motivación para leer y dedicarse a la literatura. La historia de la infancia del premio nobel fue escrita por el propio Camus, cuando le sobrevino la muerte a la temprana edad de 44 años, poco después que declarase: «Mi obra aún no ha comenzado».   

Esa historia (El primer hombre) fue publicada muchos años después (1994) en Francia. Cuenta la migración de los jóvenes padres de Camus desde la metrópoli a la colonia, de la pronta muerte del padre en las trincheras de la I Guerra Mundial, de la infancia pobre pero feliz en Argel, del disfrute de los juegos infantiles, los baños en la playa, a la puesta del sol y de la capacidad de un niño –que representa a tantos otros– por sobreponerse a la adversidad y al anonimato de la pobreza. La novela a la que pensó Camus con el título El nómada se presenta como un elogio de la educación en su sentido más prístino. La educación como instrumento esencial para superar las diferencias que impone la cuna, para que cada ser humano acceda al conocimiento en su sentido más genuino, sobre sí mismo, sobre el mundo y sobre los otros.

Un grito de alegría

El primer hombre es un grito en favor de los olvidados de este mundo, de los que no tienen la posibilidad de tener un lugar en la historia. Leyendo la novela, el primer hombre es aquel que «camina en las noches de los años por la tierra del olvido». Aquel que, como Camus, tiene que «criarse solo, sin haber conocido nunca esos momentos en los que el padre llama al hijo cuando ha llegado a la edad de este escuchar, para confiarle un secreto de la familia, o una antigua pena o experiencia de la vida». Aquel que «aprende solo, sin memoria y sin fe, crece solo, en fuerza, en potencia, encontrando solo su moral y su verdad. Para nacer por fin como hombres y después nacer en un nacimiento más duro, que consiste en nacer para los otros». Un nacimiento distinto al de Sartre…

Me gusta Camus porque escribe sobre la sencillez de lo vivido. De las más amargas experiencias no brota rencor o resentimiento, sino aflora la luz y el color; donde su musa es su tío, su padre que no conoció o su madre iletrada. ¿Cómo amar a quien nunca pudo abrazar? ¿Cómo querer y redimir a pesar de vivir en la oscuridad sin rumbo ni sendero? Me gusta Camus porque, a pesar de sus carencias, no sabe de odios ni derrotas. Su victoria fue embriagarse del buen recuerdo de su pueblo que le vio marchar y en la gratitud a la tierra le vio llegar… y hambriento, le dio un libro y un trozo de pan.

Me gusta Camus porque en su prosa van los olvidados. Porque, a través de la cultura y sus orígenes, rescata el amor y la confianza en la razón, en la humanidad, en la paz. Dejar Venezuela, nuestra familia, nuestros amigos, nuestro pasado, nuestra niñez, la belleza de nuestros recuerdos– como le sucedió a Camus- se convierte en la savia que florece en nuestras ramas. Mantener vivas nuestras reminiscencias es el azul de todos nuestros sueños, es la fuente de nuestro arrojo, es nuestra lealtad a la tierra, al paisaje, a los llanos, al mar, al amanecer en paralelo décimo, al sentir criollo. Me gusta Camus porque, a pesar de la tragedia, el infortunio y la pobreza, se empeña en un grito de esperanza, de valor y de alegría… sin acritud. 

La educación nos hará diferentes

Hoy son millones los que en el mundo son un primer hombre. Como recordaba Almellehan, “hay 25 millones de niños de primaria y secundaria sin escolarizar en zonas en conflicto. De todo el presupuesto para labores humanitarias, menos del 2 % se ha invertido en educación. La mayoría de las ayudas a los refugiados van destinados a comida, agua, alojamiento o supervivencia …”

Camus es causa y consecuencia de la educación. Camus escribe el drama del extranjero y lanza al mundo un enorme desafío: querer a los inmigrantes tanto como a los lugareños, porque en ellos hay tanto dolor como amor, tanta sombra como resplandor, los más hermosos deseos de la vida. 

El primer hombre es aquel que, en medio de su soledad y desarraigo, lleva a su madre y su padre en el corazón, a su tío, su amigo, a su pueblo en su alforja. Pero también a su maestro, al de la escuela que le vio ir y al que le vio llegar, porque gracias a ellos dejaron de ser el extraño, el extranjero, el excluido …  

Y sí lo escribió, y así el mundo le premió, como el primer hombre, el premio nobel…

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Leer nos hace libres, por Orlando Viera-Blanco*
La narrativa de la izquierda de caviar dice que ser rico es malo, pero quienes lo proclaman son los primeros escuderos del capitalismo puro y duro

 

@ovierablanco

Culminando una trilogía de ensayos sobre cultura, ciudadanía y política (Huérfanos de moral y de cultura, Los maestros están en casa y Leer nos hace libres), quiero referirme hoy a la cultura como muro de contención de la pobreza, la polarización y la propaganda, que es liberación… Una historia viva dice mal que mil palabras. Comparto entonces la experiencia de una venezolana que salió de su barrio al mundo, gracias a una acción cultivadora fundamental: leer.

Los libros expanden la vida

Ana Teresa Torres en su trabajo La cultura como marca fundamental de lo humano, comparte la historia de una venezolana que vio en los libros la luz y el camino, que le dio una vida diferente “a las otras muchachas del barrio en el que nació”. ¿Cuál era la razón para que su vida fuese distinta? Los libros. “Cuenta que un vecino trabajaba en una biblioteca y a veces llevaba libros a su casa, y se los prestaba. Los libros me cambiaron la vida (…). Esto era precisamente lo que yo estaba buscando, que alguien me confirmara lo que siempre he pensado: que un libro puede cambiar una vida…”.

Destaca Las aventuras de Tom Sawyer… En ese libro encontró “que la vida puede ser de muchas maneras (…) Con seguridad, comenta Torres, “Mark Twain, cuando escribió las aventuras de Tom Sawyer y HuckleBerry Finn en el Mississippi (1870), no podía suponer que una niña venezolana, en un barrio pobre de Caracas, ciudad de la que probablemente nunca había escuchado nada, un siglo después leyó sus libros prestados por un empleado de una biblioteca pública, y eso cambió su existencia para siempre”. El mensaje: la vida es una aventura, un reto, entre “ríos, casas embrujadas, amores, biblias y cuevas”. Y hay que ir por ella.

Me gusta mucho esta reflexión de Torres: “Los libros son para la vida, para ayudar a mejorarla, a cambiarla, a expandirla. La literatura es una ventana que abre el mundo porque en el lenguaje nos constituimos en las palabras. Y la palabra escrita es la posibilidad de que unos signos -arbitrarios y diferentes según las lenguas y las culturas- contengan eso que llamamos el mundo: lo que existe, pero también lo que imaginamos que existe”. Y agregaría: la palabra escrita también nos ayuda a ver lo que NO existe. O, al menos, lo que no debemos creer…

Las novelas son maravillosas. Los poemas son expansiones de una realidad que, aun siendo ficción o romanticismo, el hecho de imaginarlo inspira. Federico García Lorca en su discurso inaugural de la Biblioteca de Fuente Vaqueros (1931, 5 años antes de su fusilamiento), escribió: «Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro». Vivimos -gracias a la lengua- lo que no vivimos en la calle, creando una visión de la vida donde lo imposible cobra razón y el dolor se alivia. Y se expande la vida… se ilumina la verdad. Sin duda Tom Sawyer es expresión de lo que normalmente nadie hace que es salir de la rutina. Y HuckleBerry Finn es el gran cómplice de esa irreverencia mágica. 

La ruptura

Otro tema es esa lectura que viene acompañada de distorsiones históricas y sociales. ¿Cómo identificar esas contradicciones propias de la dialéctica? Cotejando los hechos con la información. Una mente educada, instruida, informada es una mente previsiva y, en efecto, menos vulnerable. Un ser humano que lee y alcanza conocimiento es una persona menos manipulable. Las masas son manipulables porque reducen su acción colectiva a las emociones. El tejido social se fragmenta o se fortalece en la medida que convertimos la cultura en un factor identitario, que es la verdad.

La polarización, el populismo y la posverdad [Moisés Naim dixit] son el resultado de un sistemático proceso de transculturización, que es el desmantelamiento de la memoria histórica, nuestros símbolos, héroes y referentes culturales. Desaparece el espíritu libre de Sawyer y aparece “la exclusión sistémica, ideologizante, de los bienes y servicios culturales. De ahí a la anomia y la pobreza hay un salto.

“La privación cultural limita drásticamente las posibilidades del desarrollo humano de las personas y las comunidades” (Ana Teresa Torres). Es la ruptura del ser costumbrista, ciudadano, del sentido de pertenencia, de nuestra identidad y nuestra historia, que nos libera y nos permite atrevernos, osar, ¡aventurar!

Los libros constituyen un campo ideal para distinguir lo bueno de lo malo. Comprender la libertad como derecho y como deber comporta un ejercicio de inmensas posibilidades y comprobaciones. La narrativa igualitaria de la izquierda de caviar habla de favorecer la educación, el trasporte, la salud pública; que ser rico es malo, atesorar es codicia y ser propietario es egoísta y explotador, cuando quienes lo proclaman son los primeros escuderos del capitalismo puro y duro, que educan a sus hijos en “boarding Schools” entre Europa, US o Canadá, usan clínicas privadas, les encanta Disney, Dubai o Hawaii. Y se ufanan de tener chofer, escoltas y coches blindados. De una simple lectura sobre la banalización del mal, las aventuras de Tom Sawyer o la prosa de García Lorca, el alma renuncia a la pobreza y fortalece su dignidad, misma que prefiere morir por un trozo de paz que por un trozo de pan.

La cultura es la ruptura con el deterioro inducido del tejido social, el odio y la mentira cizañera, que nos conduce a la anomia, el populismo y el caos. La cultura derrota la fragmentación, la propaganda y la polarización, haciendo de la necrofilia política (cuentos socialistas retóricos generadores de hambrunas, muertes y pasados miserables) una antípoda perniciosa y desechable.

La cultura, en definitiva, nos permite comprender nuestro derecho y nuestro deber a ser libres, porque al decir de Voltaire, somos libres desde el momento que deseamos serlo, y mal podemos quererlo ni no lo sabemos, si no leemos…

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Los maestros están en casa, por Orlando Viera-Blanco*
La tragedia de Venezuela en sus últimos cuatro lustros es la adopción de un modelo que amputó la creatividad, el talento y la educación, podando nuestro sentido ético y de pertenencia

 

@ovierablanco

La cultura, a decir de la venezolana Ana Teresa Torres, es “marca fundamental de lo humano”. Cuando lo ideológico invade lo cultural, nuestras bibliotecas, festivales, orquestas, ferias literarias, en fin, nuestras creencias y tradiciones elevadas por la fuerza editorial, la magia de un teatro, el carácter de un museo o la belleza de nuestra música (inspirada en nuestros paisajes, mitos y leyendas), son un muro de conciencia. Es la irreverencia cultural, la resistencia al desalojo identitario y a la propaganda, que busca borrar nuestra memoria, nuestra historia y modo de ser.

Héctor Torres nos cuenta la vasta dimensión de nuestra tragedia: “Al chavismo se le hizo cuesta arriba, por esa vía (la literatura, las artes), consumar su agenda de apropiación del relato nacional”. Y se quedan solos, borrachos de revolución, violencia y utopías, pero vacíos de cultura y respeto por el patrimonio tangible e intangible de la nación: nuestra nobleza, nuestro gentilicio.

En casa están los mejores…

Vivir y hacer Quebec (faire Quebec) en Canadá, es la frase en mayúsculas y exclamación que coloca el profesor de francés en la pizarra el primer día de clases de cultura francófona. Porque antes de “Québec Livre” debes hablar francés. ¿Cómo lograr la adaptación sin historia en idioma materno? El orgullo quebequense por la paz, la no violencia, la revolución tranquile o quite revolution, nace de una actitud frente a la vida que lo da la cultura.  

En los años 60 células de terrorismo urbano en Montreal intentaron sumergir el ideal nacionalista, de independencia y liberación de Quebec en sangre, dolor y muerte. El liderazgo de hombres como Trudeau (padre), el ministro Lesage o el líder René Lévesque abanderaron el ideal monolítico y nacionalista “Maîtres Chez Nous” (los maestros están en casa / masters in our own home), que rompía con el mensaje mutilador de la lucha violenta, ideológica y radical.

¿Una narrativa política? No. Un mensaje inmensamente humano. La cultura que precede a la política. Ser libres es ser capaz… esa frase quedó como etiqueta de la revolución tranquila. Hizo posible una empresa histórica: Hydroquebec. Un poder hidroeléctrico que dio autonomía a la provincia, exportando kilovatios a NY y Ontario. Una antorcha de libertad que ilumina la etiqueta en casa están los mejores. Incluyendo los inmigrantes, motor esencial de desarrollo.  

Con ese grito de “guerra” (que fue de paz), Jean Lesage es elegido primer ministro en 1960. Nace la Revolución tranquila y mueren las bombas molotov. El crecimiento, prosperidad y desarrollo económico de Quebec fue su inversión en cultura, tradición e historia. Hasta el día de hoy el ideal de paz y multiculturalidad digna a propios y forasteros. Y, por cierto, siempre hay luz y agua…  

Nuestra tragedia

Venezuela ha sido casa de expertos, maestros y grandes talentos. Si algo debemos reconocer a la “cultura petrolera” fue la visión de desarrollo y urbanidad de Betancourt en su obra Venezuela, política y petróleo (comenzó a escribirse en 1937 y culmina en 1956). Fue la retina crítica de Betancourt al colonialismo petrolero sembrado por Gómez, que nos condujo a un rentismo inevitable.

Betancourt alerta en su obra “que el texto no se había escrito en prosa fría y aséptica y menos tomando el acomodaticio camino de la neutralidad asexuada…”. En ese afán favorece los ideales de inversión extranjera “en la medida que colabore a la modernización, desarrollo e industrialización responsable del país”.

La doctrina Betancourt puntualiza el alcance de las relaciones norte-sur. “Acción Democrática ha adoptado siempre una actitud mediata y responsable en lo que a EE. UU. se refiere. Hemos reconocido la realidad obvia de las ligazones que nuestro país tiene, en el orden político y económico, con la única gran potencia del continente americano; por ende, de poderosa gravitación universal (…). Partidos llamados por ineludibles responsabilidades a ejercer una influencia rectora en los rumbos de un país no pueden ni deben ser, en la América Latina, ni pitiyanquis ni yancófobos”. Betancourt anteponía los intereses de Venezuela a intereses propios, partidistas o colonialistas… Con el mismo ardor (no asexuado) combatió la revolución cubana y los ideales expansionistas de Fidel Castro.

Un prístino manejo del sentir nacionalista, desmarcándose de visiones socialistas y agoreras. Sentenció: “Los gobernantes venezolanos de 1946 estábamos −y estamos– convencidos de que nuestro país no puede saltar la etapa de desarrollo capitalista de su economía. El estado que atravesamos reclamaba una transformación… no una configuración a modelos socialista o comunista (ibid)”.

La tragedia que ha vivido Venezuela en sus últimos cuatro lustros es la adopción de un modelo que amputó la creatividad humana, el talento y la educación, podando nuestro sentido ético y de pertenencia. La Revolución tranquila de Quebec cimentó su desarrollo en la prosperidad cultural. Betancourt vio en el petróleo lo que Lasage vio en el potencial hidroeléctrico de Quebec. Los “maestros estaban en casa”, pero había que educarlos, universalizarlos. Y llegó el plan de becas Gran Mariscal de Ayacucho con Carlos Andrés Pérez. 

Nuestra tragedia es el ser venezolano divorciado del ser cultural. Betancourt concibió al Estado “como estimulador, financiador y orientador de las actividades económicas que tenderían a hacer más abundante y variada la producción doméstica… y como Estado-empresario, para desarrollar algunas actividades directamente vinculadas al interés público (ibid)”.

Y nace el Guri, el plan hidroeléctrico madre de LATAM concebido desde 1947 por Betancourt; PDVSA (1975) de la mano de CAP y Rafael Alfonzo Ravard (la segunda empresa del mundo en patrimonio) y las industrias básicas de Guayana con Leopoldo Sucre a la cabeza, por nombrar solo algunas.

Los maestros siempre estaban en casa. La cultura del odio los hizo marchar. ¡Pero volveremos, volveremos…!

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Huérfanos de moral y de cultura, por Orlando Viera-Blanco*
Y quedamos huérfanos de cultura, que es quedar despojados de ciudadanía

 

@ovierablanco

Continuando con el ideal cultural como factor de desarrollo, transformación y evolución sociopolítica, quiero citar algunas reflexiones del trabajo La cultura como factor de democratización, de la mano de Paola Bautista de Alemán (Representación), Rafael Osío Cabrices (Lleva tu pedacito de ágora) y Ana Teresa Torres (La cultura como marca fundamental de lo humano). En otra entrega volveré con Héctor Torres y su excelente ensayo Contar la vasta dimensión de nuestra tragedia.

El líder somos todos

Bautista nos introduce a lo que ella denomina cinco ideas fundamentales para “recuperar” las deficiencias de articulación y movilización ciudadana. Cito: “Primera idea: el liderazgo moral. La historia enseña que la vida de quienes han encabezado luchas como la nuestra en otras latitudes y tiempos ha estado marcada por una visión trascendente de la política. Por ‘visión trascendente’ me refiero a valores inmateriales del espíritu humano que le dan al sentido al esfuerzo, a la existencia del mal y al sufrimiento”. El líder debe exhibir lo que los americanos llaman disposition (carácter, desprendimiento); vocación de sacrificio. Pero el liderazgo moral no es solo del líder sino también de los liderados, quienes con moderación, respeto ciudadano y retina cívica hacen pluralidad de la crítica.

Sigue: “Segunda idea: el predominio de la conciencia. Alexander Solzhenitsyn solía decir que la verdadera lucha por la libertad se da en el corazón humano (…). En pleno siglo XXI, nuestra labor política debe tener fines profundamente pedagógicos y humanos. Tenemos el deber de rehabilitar el espacio público y salir al encuentro del otro, de los demás, de los venezolanos. Debemos escuchar y acompañar”. Habría que agregar los que nos recuerda Savater: “La libertad no es una filosofía y ni siquiera es una idea: es un movimiento de la conciencia que nos lleva, en ciertos momentos, a pronunciar dos monosílabos: Sí o No.” Siendo la primera justicia, la conciencia (Víctor Hugo dixit), ese acto consciente no lo monopoliza un hombre. Quizás lo inspire. Pero es responsabilidad ciudadana hacer una buena elección que es hacer justicia, y dejarnos acompañar… 

“Tercera idea: el carácter criollo. Por muchas razones, en el ocaso de nuestra democracia desconocer nuestra tradición republicana (…) Con firmeza debo afirmar que, para reconstruir el país y nuestra democracia, debemos vencer esta distorsión que nos arrojó a la orfandad histórica y cultural. El ‘borrón y cuenta nueva’ que pretendió impulsar el chavismo quiso arrebatarnos el orgullo de la civilidad”. Esta idea de Bautista es vital. Vale agregar: no dejemos arrebatar el orgullo de ser venezolano. 

“Cuarta idea: La laboriosidad. El liderazgo moral, el predominio de la conciencia y el carácter criollo cobrarán frutos de libertad si se cristalizan en planos concretos de organización política y social a lo largo y ancho del país…”. Nada que agregar.

«Quinta idea: La apertura. Una de nuestras tragedias actuales es la invertebración del espectro político opositor. El régimen ha logrado espesar la bruma y es difícil distinguir el horizonte. Es complicado saber quién es quién. Y no basta con decir que quien no sea gobierno, es oposición…». Aquí reposa un grave problema cultural: nuestra vocación fragmentaria; nuestra resistencia a la disciplina. Nuestra acritud que liquida la moral, la conciencia, el carácter, nuestra esencia laboriosa y nuestra disposición de ser libres. Es decir, NO a la tiranía sin reservas. Nuestra orfandad histórica -paradójicamente- también es la cultura del como vaya viniendo vamos viendo… 

Lleva tu pedacito de ágora

Rafael Osío Cabrices, periodista venezolano que reside en Montreal, trata de rescatar el ideal ateniense del fórum. Entra en una observación valiente y espinosa: las redes sociales. La espontaneidad de una información que no termina siendo real, veraz ni oportuna, por ser un océano de opiniones incapaces de celebrar pactos. Debemos recuperar el de las asambleas ciudadanas, porque en ellas se celebran acuerdos reales que van al fondo de la cuestión de sentido. Estamos atrapados en la banalización de un tuit, un like, o un follower. Y la política -decíamos- demanda cultura que es saber. Parafraseando a Osío, debemos rescatar nuestro ágora (paraninfo) histórico.  

La cultura cómo marca fundamental de lo humano, expresa Ana Teresa Torres. Es (la cultura) “la que sostiene el desarrollo y bienestar de los pueblos”. La representación no se construye en un blog. La acción cultural no es superflua o recreativa. Es sensiblemente identitaria. Agrega Torres: “Las acciones culturales que constituyen vehículos extraordinarios para promover el sentido de pertenencia, el respeto por el patrimonio tangible e intangible de la nación…”. Me gusta cuando dice: “la cultura promueve la identificación con valores de solidaridad, construcción, paz y disfrute de la existencia, así como las aptitudes y talentos… el intelectual y crecimiento creativo de las personas”.

Por eso, Gramsci -el gran motor intelectual del proyecto revolucionario cubano y, en mucho, el que nos arrebató Venezuela- sentencia que “la conquista del poder cultural es previa a la del poder político y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales llamados orgánicos infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios”. Ellos lo hicieron. Nos robaron el ágora, el foro republicano. Y quedamos huérfanos de cultura, que es quedar despojados de ciudadanía. Así lo moral, la conciencia, el carácter, la laboriosidad y la disciplina se hicieron superfluas, por lo que, como los niños, no sabemos cuándo decir sí de un NO. Y no somos libres.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Casas muertas y el valor trascendente de la cultura, por Orlando Viera-Blanco*
Sin cultura somos casas muertas. Sin representación de nuestras raíces nada trasciende. La lucha se marchita

 

@ovierablanco

Soy un apasionado de la cultura como variable fundamental de identidad, integración, democratización y defensa histórica de nuestros valores republicanos y ciudadanos. En esa línea me identifico con Miguel Otero Silva. Él no sabía si era más historiador, escritor o periodista que político, embriagado de pasión y amor por Venezuela. Albergo mis propios laberintos…

Casas muertas

“Llegó la fiebre amarilla en 1890. En seguida aparecieron el paludismo, la hematuria, el hambre y la úlcera. Se esfumaron los airosos contornos del padre francés. La espléndida iglesia quedó a medio construir, desnudos los ladrillos de las paredes, arcos sin puertas, ventanas sin hojas”. En esta cita, Grisel Guerra de Avellaneda en su ensayo Escribir y leer desde y sobre una dictadura, evidencia cómo desde la literatura −que es cultura− se lanza al mundo un grito contra la desolación, la barbarie, la nada.

Es el alma consternada de Otero propia de la prosa de Machado: “Cuando el jilguero no puede cantar, cuando el poeta es un peregrino, cuando de nada nos sirve rezar, caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Golpe a golpe, letra a letra, Casas muertas anuncia el ocaso de los bosques, el germinar del diablo negro y las selvas de hormigón. ‘La flor de los Llanos’, frase que describe la potencia de nuestra geografía, explica los orígenes de la gallardía llanera mezclada de copla, temple y sabiduría, pero también hostilidad infinita del taita, del ser indómito que llevamos por dentro. Generales como Joaquín Crespo de Parapara de Ortiz representan el mesías criollo con riendas, bordones y estribillos muy particulares. Bajo sus fauces no solo iba el caballo, sino el poder y la muerte, sea la propia o ajena…”.

La muerte de Ortiz es la muerte del pueblo venezolano que agoniza frente al fin de la economía agraria y a la ineficiencia de un gobierno autoritario-caudillista. Otero no pierde ocasión de relacionar el momento de esplendor del pueblo con la época de gobierno del caudillo que, como en todo gobierno personalista, hace girar los recursos en torno a sus predios”.

Así ha sido nuestra historia. De lo audaz a lo perecedero. Bajo la presidencia de Crespo vivió Ortiz horas de fugaz esplendor, debatiéndose contra un destino que estaba ya trazado.

“En la casa del doctor Núñez -secretario general de Crespo (en La Nuñera)-, se celebraron grandes banquetes a los cuales asistió Crespo en persona, montado en su caballo blanco, resuelto a colear un novillo entre los tranqueros de la calle real…”. Esa Venezuela pandémica, entre esplendores, nuñeras, majos o colonos, es la que ha ido y ha vuelto. Cuando hemos dado el gran salto evolutivo a la desrruralización, a la masificación educativa, a la modernización, los fantasmas de Ortiz embisten a caballo. “La flor de la llanura” esfumando libertades y el cantar del jilguero, para convertirlos en pompas de jabón, dolor y miseria.

“Y se derrumban las casas, como el país en que nacimos. Con cada casa que cae, con cada pueblo que muere, muere el país” (ob. Cit). Y nace otra nación. La de la Oficina No1, la petrolera, la de Mr. Taylor, que aniquila el mito de la civilización de campo. La tierra prometida de Bello y de Gallegos, el cronotopo de la llanura triunfante (Grisel Guerra dixit), por el país portátil…

El divorcio cultural

La llegada de taladros y excavadoras entre un puñado de chozas de bahareque y moriche no desdicen de la historia, pero sí de la tradición. El desplazamiento rural -aunque es un hecho evolutivo- también es un alejamiento de nuestra representación cultural. El divorcio de lo político, enfocado en el desarrollo, regalías, rentismo y populismo debilita enormemente la autoridad moral del líder con el lugareño.

Los gobiernos locales, la descentralización, los cabildos no existen por casualidad. Son las células originarias del poder que quedaron castradas por campamentos de lonas y casas móviles, ansiosas de dinero.  Sembrar el petróleo es la expresión más pura del imaginario minero. Al decir de María Sol Pérez en su obra Petróleo, cultura y poder en Venezuela la frase da escalofrío. Es depender del mito de El Dorado. Es el Estado mágico de Fernando Coronil Imber: “el Estado como brujo magnánimo capaz de lograr el milagro del progreso a punta de oro negro, que estalla con el Caracazo”. 

Casas muertas no es la muerte de un puñado de caseríos de bahareque. Es la muerte de la cultura, del sentido de pertenencia sin el cual el progreso es ficción, es surrealismo, es opereta, es banalización, es peculio. Es el mismo espejismo que vivimos hoy. Y algunos dicen: ¡Venezuela se arregló! Pues tener en cuenta que no puede arreglarse una nación sin cultura, creatividad ni conocimiento. Sin su llanura…  

Paola Bautista Alemán en su ensayo La hora de la representación real nos lleva al concepto de la representación donde el elemento ético en la política se nutre del cultural. Cito: “El liderazgo moral. La historia enseña que la vida de quienes han encabezado luchas como la nuestra en otras latitudes y tiempos ha estado marcada por una visión trascendente de la política. Por ‘visión trascendente’ me refiero a valores inmateriales del espíritu humano que le dan sentido al esfuerzo, a la existencia del mal y al sufrimiento. Hay tres ejemplos que me conmueven: Lech Walesa, Oswaldo Payá y Vaclav Havel. Los dos primeros se aferraron a su fe cristiana y el último, a los bienes que ofrece la cultura…”

Sin cultura somos casas muertas. Sin representación de nuestras raíces nada trasciende. La lucha se marchita. Nuestras creencias, costumbres, valores, tradiciones son representación. La siembra del petróleo nos dejó los pies desnudos. Es el fraude del rentismo (Isabel Pereira) que nos ha convertido en mendigos antes que ciudadanos productivos y creativos. El dorado está en cada uno de nosotros nos dice Pereira. Esa es nuestra genuina representación. No el hombre a caballo….

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El derecho humano a la identidad, por Orlando Viera-Blanco*
La emisión de pasaportes es un acto administrativo originario en representación del Estado. No es un acto discrecional de gobierno

 

@ovierablanco

La Constitución Bolivariana de Venezuela (CBV) inspirada el en derecho comparado y tratados internacionales, reconoce expresamente la progresividad y protección de los DD. HH. El Estado debe garantizar a toda persona natural o jurídica, sin discriminación alguna, el respeto, goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e independiente de sus derechos.

La CBV dispone en su Art. 56 (como un derecho humano), el derecho de todas las personas de contar con una identidad reconocida por el Estado y el derecho a obtener documentos públicos que comprueben su identidad biológica.

Lamentablemente −a la par de la violación de otros DD. HH. civiles y políticos fundamentales−, el derecho a la identidad en Venezuela no es una garantía ciudadana sino una herramienta de control y retaliación política.

La emisión del pasaporte es un acto de Estado

Art.56: “Toda persona tiene derecho a un nombre propio, al apellido del padre y al de la madre, y a conocer la identidad de los mismos (…). Toda persona tiene derecho a ser inscrita gratuitamente en el registro civil después de su nacimiento y a obtener documentos públicos que comprueben su identidad biológica, de conformidad con la ley…”.

Sin embargo, millones de venezolanos que se han marchado del país (forzosamente) y otros que aún residen, no tienen garantía de que obtendrán su pasaporte conforme a la Constitución, la Ley Orgánica de Identificación y su reglamento.

La emisión de pasaportes es un acto administrativo originario en representación del Estado. No es un acto discrecional de gobierno. El derecho a la identidad es un derecho natural, fundamental del hombre, como el derecho a la vida, a la libertad, porque es su continuación esencial.

El derecho al nombre propio, a la personalidad jurídica, a la nacionalidad, a existir y desenvolverse con su ciudadanía, constituye un derecho primigenio que es la llave de acceso a los otros derechos como la salud, la educación, la vida, transitar libremente y participar en la vida económica, cultural y política del país.

Negar un pasaporte por razones políticas es un crimen de lesa humanidad por ser un crimen de persecución política, apartheid y discriminación sistemática.

Un modo de segregación que aparta a un grupo de personas de su condición ciudadana sometiéndole a graves peligros, privaciones y carencias.

Desde que la Declaración Universal de los DD. HH. (DUDH) adoptada hace 73 años, la apatridia ha sido contundentemente rechazada. ACNUR lanzó una campaña en 2014 para terminar y prevenir la apatridia. Más de 200.000 apátridas han adquirido su nacionalidad y 20 Estados han accedido a las convenciones sobre la apatridia. Nadie debe ser obligado a dejar su tierra y su país para siempre y cortar los lazos con todo lo que es importante para cada ser humano como pueblo.

La apatridia atenta contra nuestra soberanía, nuestra cultura, nuestra identidad y nuestro derecho a estar en nuestro hogar y en nuestro país. Los artículos 2 y 15 de la DUDH establecen: (Art.2) “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía”.

[Art. 15] “Toda persona tiene derecho a una nacionalidad. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad”.

Muchos venezolanos han sido selectivamente objeto de bloqueo y emisión originaria de su pasaporte por opinión política y otras condiciones arbitrarias. Un crimen de lesa humanidad nacido de un ardid antillano para neutralizar y convertir en apátrida al enemigo político. Es la identidad sentenciada, absuelta o retenida por la revolución. 

El pasaporte Nansen

Los orígenes de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su protocolo, consagran al trabajo del noruego Fridtjof Nansen (1861-1930). El diplomático trabajó en la Liga de las Naciones sin descanso por los derechos de los refugiados que huyeron de la Unión Soviética durante la guerra civil rusa (1917-1922). Nansen abogó por una situación jurídica internacional segura y estable para los desplazados: su identidad.

En la Conferencia de la Liga de Naciones (Julio/1952), 51 Estados firmaron el tratado para la creación de un certificado que proporcionase estatus jurídico. Nace el pasaporte Nansen para los migrantes apátridas.

El pasaporte Nansen existió hasta 1942 y ayudó a casi 500.000 personas. Sus logros culminaron en la Oficina Internacional Nansen para los Refugiados. Nansen fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1922, y en 1938 la oficina que lleva su nombre también fue galardonada con el premio.

Actualmente niñas, niños, adolescentes, mujeres y hombres venezolanos están confinados a un círculo de exclusión y vulnerabilidad. El Artículo 35 (CBV) establece que “los venezolanos por nacimiento no podrán ser privados de su nacionalidad… siendo inviolables el derecho a la libertad y la vida (Art. 43 y 44). Y eso es el derecho a la identidad: el derecho a vivir, regresar a casa, compartir en familia, gozar de la cultura de nuestro pueblo o de los sistemas de acogida mientras decido volver.

Iniciaremos desde el gobierno encargado una lucha global por el derecho a la identidad; por la emisión de pasaportes a venezolanos impedidos en el marco de la DUDH, los Tratados sobre Refugio, Apátridas e Identidad, que es el derecho humano fundamental a nacer, vivir y morir con nuestra propia nacionalidad.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Carta de un niño… sin identidad, por Orlando Viera-Blanco*
La negación de la identidad comporta una grave violación a los DD. HH. de los niños y sus padres

 

@ovierablanco

Hace 32 años caía el muro de Berlín, el declive del apartheid y la impronta de la Guerra Fría. Nace la Red Informática Mundial y el mundo se une en defensa de los niños y la infancia. Cómo evitarlo si el planeta había sido testigo de un holocausto (II Guerra Mundial) donde murieron más de millón y medio de niños.

No sabemos cuál podría haber sido el destino de esos “locos bajitos”, a decir de Serrat. Médicos, maestros, ingenieros, científicos, líderes, es decir, vidas truncadas que han podido salvar muchas vidas, enseñar a otras generaciones, construir muchos puentes, escribir muchos libros o liderar muchas nobles causas. Pero a veces los niños también mueren en vida y son criminalmente ignorados por la humanidad. Sobre todo, por las dictaduras.

Una gran mayoría de padres y madres han crecido bajo gobiernos fallidos. Otros crecimos en libertad. El legado de nuestros padres y abuelos fue construir un país de oportunidades, permitirnos una vida amable, libre, con más derechos. Nos toca ahora devolvérsela a nuestros hijos de la patria.

Niño, “deja de joder con la pelota”

Me gusta mucho Serrat. Cada canción es un tributo a Machado, un poema ilustrado de su niñez. Desde un Barquito de papel hasta Esos locos bajitos. Desde Mediterráneo hasta Aquellas pequeñas cosas. El verso de Serrat es historia viva de un pasado, de una infancia, a la cual debe sus fortunas o pesares, sus virtudes y cantares. “Niño, deja de joder con la pelota; niño que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca”. Un sermón acompañado de satisfacción o, si acaso, de frustración…

Es en la vida de un niño donde nace o muere todo. Al decir del psicopedagogo Francesco Tonucci, «es durante esa etapa de la vida que se cimientan los aspectos más importantes del conocimiento y la personalidad». Por eso la educación infantil es más importante que la universitaria, hora a hora.

Recientemente leí una cita de una carta de un niño mexicano que podría haber sido escrita por cualquier niño latinoamericano en la anomia. Más o menos decía así:

“Nací en la miseria. Nunca conocí a mi padre y mi madre me dio lo único que me podía dar, algunas caricias… Descargó en mí toda su frustración y mal humor. Declaró algo que para mí es importante, no fui yo quien decidió nacer. Abandoné a muy temprana edad un cuarto lleno de perfumes baratos y de malos olores. Desesperado de hambre aprendí a pedir limosna y también a robar. No encontré otro camino para vivir. ¿Acaso ese es vivir en libertad? Para olvidar mis penas, hambre y miseria me oculté detrás de una mala compañera: la droga. ¿Es eso ser libre? Un día encontré un niño indeciso frente a una vitrina que elegía qué muñeco comprar. Yo seguí mi camino sin más distracción que el rencor que envenenaba mi corazón, con mi soledad sin encontrar un sitio para dormir. ¿Qué es para mí libertad?: es elección o resignación; presencia o desesperación, ira o dolor, amor o rencor, construir o destruir, vivir o morir… Quiero reconstruir mi realidad, quiero buscar un sueño, un porvenir, una razón para querer y vivir, una identidad. Dame −te lo suplico− educación y te prometo que aprenderé a utilizar ese don que se llama libertad…”.

Por eso el futuro no son los niños. El futuro −según la Carta de Miguel otro niño español que le escribe a su padre− somos los adultos. Los padres, quienes debemos darles a nuestros niños, a nuestros hijos, el amor, la educación, las herramientas para tener una razón para vivir, un sueño que perseguir, un puente que construir, una vida que salvar, una causa que liderar, un árbol que sembrar, un libro que escribir. Libertad es joder con la pelota, es decir, hacer o tocar lo que cada cuento cada noche bastó para soñar. Así sea sobre un barquito de papel…

Nace el tratado sobre los derechos del niño

Dirigentes de numerosos países se reunieron (1989) para contraer un compromiso histórico con los niños del mundo. Fue la Convención sobre los Derechos del Niño, que ha conseguido reducir en 40 % el número de niños que no asisten a la escuela primaria, disminuir en más de 100 millones los niños menores de cinco años con retraso de crecimiento y desaparecer la poliomielitis que paralizaba o mataba a casi 1000 niños todos los días.

Los niños son la causa de la causa, por lo cual su primer derecho es su identidad.

Sin ese derecho humano fundamental, el resto de los derechos esenciales no llegan: educación, salud, ciudadanía, cultura, que es integración orgánica, legal y cálida a la comunidad, al estado, a la vida. Sin identidad el ser humano simplemente no existe.

Diáspora con cara de niño

Gran parte de la diáspora venezolana son niños. Muchos no han podido obtener una cédula de identidad que les permita un pasaporte venezolano. Esto ocasiona inmensos problemas y privaciones. No pueden registrarse en el sistema escolar del país donde hacen vida o ser atendidos en un hospital. No pueden trasladarse o viajar libremente. El niño crea su identidad a partir de la relación con las personas que le cuidan y con el resto de las personas que le rodean: familiares, cuidadores, profesores, amigos, etc. Es urgente que nuestros niños vuelvan a nacer, que gocen de su derecho a la identidad.

Los rencores nacidos de conflictos políticos, apátridas como consecuencia de la negación de la identidad, la anomia que es la nada en términos éticos y sociales, comporta una grave violación a los DD. HH. de nuestros niños y sus padres. Ello potencia riesgos de acoso, exclusión, violencia y vulnerabilidad, que al decir del poeta transmiten frustraciones con la leche templada en cada canción.

El derecho a ser ciudadano, si no en mi país, en aquel que humanitariamente me dé acogida y me conceda una vida amable, es el derecho a hacer, decir y tocar lo que dibuje, lo que sueñe y escriba en mi almohada de papel… No olvidemos, no ignoremos las cartas de los niños… sin identidad, sin libertad.

*Embajador de Venezuela en Canadá.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es