Orlando Viera Blanco, autor en Runrun

Orlando Viera-Blanco

El comunismo redentor, por Orlando Viera-Blanco*
Tiempo de reivindicar la democracia liberal, relanzar el camino industrioso, armonioso/civilista entre capital y trabajo, de la prosperidad y la inteligencia del hombre, peligrosamente abatido por el comunismo redentor

 

@ovierablanco

Enrique Miguel Sánchez Moto en su obra Historia del comunismo, de Marx a Gorbachov, el camino rojo del comunismo nos comenta: “El marxismo y su vertiente político social, el comunismo, son totalitarios y obligan a los individuos a compartir la idea oficial y a no discrepar. Si lo haces (disentir) te espera el infierno del terror policial. Ese es el chantaje que ha vivido Venezuela y Cuba, y que por más de 70 años azotó la Rusia leninista, la China de Mao, secuestró el telón de acero de Europa del Este, a Vietnam o a Corea del Norte. 

Verdades y mentiras del comunismo

¿Qué hay detrás del comunismo? ¿Cuáles son sus verdades y sus mentiras? El primer mito del marxismo-comunismo es su oferta celestial. Una suerte de sistema de igualdades, que garantiza la paz eterna en un mundo ateo, donde todos somos iguales, socializamos libremente por no ser propietarios y lo entregamos todo para recibirlo todo. El comunismo se define como “una doctrina política, económica y social que aspira a la igualdad de las clases sociales por medio de la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción (la tierra y la industria)”.

A partir de esa vocación de fraternidad infinita e igualitaria, de ese ateísmo libertario y espiritual (donde la libertad del hombre racional e inteligente no existe sino por concesión de un estado contralor), el comunismo emerge como la nueva representación de la liberación en la tierra. De allí que el pensamiento marxista siga gozando de la tolerancia, la comprensión y el aplauso de muchos políticos, profesores e intelectuales, así como de propietarios o comentaristas de medios de comunicación (Sánchez Moto dixit).

Las tres grandes mentiras: I. Su oferta igualitaria a partir de la cual –al decir de Tocqueville– liquida la libertad; II. Vivir sin propiedad es bueno; III. El Estado es el garante de la paz porque evita el lucro (convirtiéndose ese “estado”, en el gran benefactor, propietario y explotador).

Las tres grandes verdades y carencias: I. Aceptación de la violencia para derrocar el orden social existente; II. La implantación de la dictadura del proletariado, una dictadura de partido único, y III. La eliminación de la propiedad privada de los medios de producción y de la economía de mercado.

La utopía del corazón

Lo cumbre de esta suerte de discoteca semántica reflexiva, socialista e intelectual, entre verbos y sentencias audaces, melodiosos, idealistas y románticos que los comunistas usan para atrapar el listón, es que ni practican lo que predican, ni a ciencia cierta se han leído El capital de Marx. «Luces» que encienden una sibilina inocuidad; palabras de paz que justifican el amor y la guerra a la vez, que nos conducen ciegamente a la teoría del poder absoluto y totalitario, con una sonrisa a flor de labios.

Alerta Sánchez que este modelo, “fue la referencia progre por excelencia y aún hoy sigue siéndolo para muchos… ¡Oh, la Cuba de Castro! ¡Oh, la boina del Che Guevara!” Cuantos bustos, camisetas, alegorías, templos y discursos desde la trasnochada Europa aún rinden oda a la revolución cultural de Gramsci, la bolchevique, la mexicana o la cubana, o el libro rojo de Mao, amén de la hambruna, la violencia y miseria que dejaron a su paso. 

“Los crímenes de las dictaduras comunistas a pesar de ser mucho mayores en número y crueldad que los de las dictaduras de derechas, son silenciados”. Y Sánchez hace una advertencia nada despreciable. “Muy pocos los denuncian (…) Igual ocurre con los crímenes de los grupos terroristas de izquierdas que, con éxito o sin él, han intentado implantar dictaduras comunistas. Se les suele considerar como «guerreros de la libertad y la justicia social» y nunca se les relaciona con los campos de concentración y con las salas de tortura”.

El presidente estadounidense Ronald Reagan, en Arlington, Virginia, el 25 de septiembre de 1987, habría dicho: “¿Cómo distingues a un comunista? Bueno, es alguien que lee a Marx y a Lenin ¿Y cómo distingues a un anticomunista? Es alguien que entiende a Marx y a Lenin”.

El justo medio entre libertad y fraternidad

Saint-Simon, Fourier y Owen pusieron de manifiesto que no existe un modelo único de producción y consumo para la sociedad humana. No cabe pensar en aplicar el ordenado régimen que existe en un hormiguero. No cabe pensar en una sociedad que elimine la libertad individual de poder acertar, equivocarse o distinguirse. El reto es definir un marco de reglas de juego que conjuguen la libertad y la fraternidad.

No estoy de acuerdo con la frase de Fourier que dice “no es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, es su ser social lo que determina su conciencia”. Ahí reposa pérfidamente el lenguaje socializante, esclavizante; el silogismo falaz del ser socialista cooptado por la trampa marxista y engeliana del manifiesto comunista: la dictadura del proletariado.

En los años posteriores, Marx y Engels (El Capital , La guerra Civil en Francia, Crítica del programa de Gotha, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado) exhibieron con extraordinaria esencia suma cero “llegar a una lucha final a vida o muerte entre el proletariado y la burguesía, con el objetivo de eliminar la propiedad privada de los medios de producción e implantar la dictadura del proletariado, como etapa de transición hacia la sociedad ideal comunista”.

Sin duda alguna, nos han arrebatado el verbo, la verdad y con ello la ilusión… Tiempo de reivindicar la democracia liberal, relanzar el camino industrioso, armonioso/civilista entre capital y trabajo; de la prosperidad y la inteligencia del hombre… peligrosamente abatido por el comunismo redentor. Tiempo de entender a Marx y a Lenin…

* Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El crepúsculo que anuncia la noche, por Orlando Viera-Blanco*
Vivir en el exilio es quizás la condena más dolorosa para aquellos que amamos a nuestro país. Fuimos libres, y que grande fue Venezuela en libertad. Pero ¿eramos todos libres?

 

@ovierablanco

Siempre he sido un admirador de Norberto Bobbio. Su estilo ecléctico, romántico, suave entre lo normativo, jurista y filósofo, es fascinante, sabio. Italiano que, nacido en el Piamonte en 1909, vivió en Turín con su inseparable Valeria, usa la frase “el crepúsculo de la noche” en uno de sus últimos libros, De senectute. Trata de (su) vejez y de la muerte, aunque no para glorificar la primera ni trivializar la segunda –como nos alerta el chileno Agustín Squella– sino “cómo (Bobbio) considera que la vejez es el tiempo de la melancolía, el momento en que se toma mayor «conciencia de lo insatisfecho, de lo incompleto». Un período de la vida donde hay mejor «bondad en la racionalidad» y en que «los afectos cuentan más que los conceptos”.

Solo con leer esta iluminada frase de Bobbio encendí mi propia nostalgia. No me siento viejo ni tampoco a riesgo de marchar. Pero no hay que sentirlo para sufrir una hermosa, pero a la vez cargada nostalgia por los años no vividos o mal vividos en nuestra querida Venezuela. Nos sacude un sentimiento de trepidante responsabilidad por una ausencia que no es imputable a nadie más que a mí.

Hombres de pecho que aplauden la libertad

Los años te llevan de la observación activa y crítica a la contemplación reposada. Bobbio en el crepúsculo de su sabiduría, decía: «He aprendido a respetar las ideas ajenas, a detenerme en el secreto de cada conciencia, a entender antes de discutir y a discutir antes de condenar». ¡Cuánta erudición en esa sentencia!

Detenernos en el secreto de cada conciencia impide condenar a nadie. No tengo el derecho de hacerlo, al menos sin antes entender que, aun no siendo culpable, soy responsable. A partir de ahí no albergo rencor a nadie. Nunca lo he albergado…

Vivir en el exilio es quizás la condena más dolorosa para aquellos que amamos nuestro país. Fuimos libres, y qué grande es Venezuela en libertad. Pero ¿éramos todos libres? Recuerdo la primera clase de Introducción del Derecho (1982) con el padre Olaso (como invitado). Llegué tarde aquella mañana fría en la UCAB, porque venía de ser transferido de otra escuela. En el Derecho encontré mi oasis… Olaso, citando la pirámide de Kelsen, sentenció: “Solo por ofuscación o dolo puede sostenerse la posibilidad de vivir en democracia sin partidos políticos”. ¿Por qué citaba esta sentencia?, ¿qué había dicho antes? Y agregó: “¿Aquéllos que viven con el estómago vacío son realmente libres, sienten que viven en democracia?

La racionalidad, apunta Bobbio, “es un ejercicio de paciencia, una educación en la seriedad y una invitación a la claridad y al rigor». Lo que pasa es que, en la miseria, no existe serenidad, ni educación ni claridad y rigor. No existe racionalidad sino una dolorosa privación. El pobre no concientiza sino siente y padece. La libertad y la democracia son valores muy sensibles, mejor comprendidos cuando son capaces de generar prosperidad, oportunidad y afecto. “Es el fin de una historia” al decir de Fukuyama. Pero una historia (libertad y democracia) que no hemos sabido perfeccionar.

Creo en el bienestar de la democracia liberal. Pero cuidado con los «hombres sin pecho» como apuntó Nietzsche, “individuos sin ideales y enteramente desmovilizados para conseguir mayores cuotas de reconocimiento individual que les permita percibirse a sí mismos, a la vez que iguales, superiores a los demás”. ¿Quiénes son los inmovilizados?

Recuerdo de niño acompañar a papá (médico que no renunciaba a su rutina de visitar pacientes en sus casas) anclando su pecho por los más humildes. Un noble esfuerzo de movilización que recibía como recompensa el afecto de sus atendidos, con cafés, rosarios y hasta mascotas. Pero no había que ser galeno para visitar nuestros barrios, y aliviar las cargas de la ausencia, que era indiferencia…

El proceso de preindustrialización venezolano arrancó en 1945. Tiempos de apertura petrolera, voto universal y directo, desruralización y masificación educativa. Pero la igualdad de oportunidades era justificadamente difusa. No quiere decir que los líderes de la época dejaron de cumplir su rol histórico de desarrollo y progreso. Los “hombres sin pecho” fuimos aquellos que nos creímos que nuestra movilización podía ser aislada. Y de ahí al resentimiento, al desquite y al despojo hay un paso.

John Stuart Mill escribió: «Una persona con una creencia representa una fuerza social equivalente a la de noventa y nueve personas que solo se mueven por interés». Ahí surge el dilema entre liberalismo y socialismo. Aquel es acusado de egoísta colmado de individualismo y el segundo es señalado como idealista nutrido de un interés colectivo igualitario y utópico. El primero cabalga a solas. El segundo es masivo. Entonces el reto es invertir el método. Hacer masivo el liberalismo y egoísta al socialismo. Y evitaremos la ofuscación y el dolo.

El socialismo arrebata el espíritu de creer en el yo por creer en la igualdad que “garantiza el estado sin pecho”. Es crear enormes restricciones a la libertad de las personas. Inmola la libertad en nombre de la igualdad, alertó Bobbio. Pero si los liberales no salimos de nuestra sagrada superioridad en nombre de la libertad, inmolaremos la igualdad, convirtiéndonos en hombres sin pecho, sin corazón.

Del pesimismo a la luz

Bobbio sostuvo que la democracia es un proceso irreversible, no solo en América Latina, sino también en los países del este de Europa, porque, según dijo, «la historia humana tiende hacia la libertad». En el crepúsculo de su noche entendió y acobijó regias y hermosas reflexiones. Aun estamos a tiempo para regresar y rescatar el prístino, originario y humilde valor de la libertad. ¡Movilicémonos!”.

* Embajador de Venezuela en Canadá.

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Relanzando la democracia liberal, por Orlando Viera-Blanco*
El gran enemigo contemporáneo de la democracia liberal, definida como respetuosa de la ley, el Estado de derecho, el ejercicio de la pluralidad, ha sido el populismo redentor aderezado de electoralismo mesiánico

 

@ovierablanco

La democracia liberal moderna se ha venido extendiendo como referente (no consolidado) de las luchas políticas de las olas democratizadoras (Asia, África, Latinoamérica). La doctrina reconoce dos modelos tradicionales de democracia liberal:

I. El liberalismo republicano de los fundadores del sistema representativo, por encima a la democracia participativa. Como establece Madison, “por contener las amenazas de la mayoría, separar la ciudadanía de la política y seleccionar a las elites más capaces de gobernar en forma democrática y justa; donde dichas élites mediante elecciones periódicas y un sistema de contrapesos hacen que “la ambición controle la ambición”.

II. El liberalismo elitista y pluralista que ve la democracia como un sistema de competencia pacífica. Según Hamilton “por el poder diferentes élites, grupos y partidos luchan por obtener el voto ciudadano, como método político para tomar decisiones legítimas”.

El gran enemigo contemporáneo de la democracia liberal, definida como respetuosa de la ley, el Estado de derecho, el ejercicio de la pluralidad y la tolerancia para pensar, educarse, transitar, elegir, emprender, asociarse o ser juzgado debida, libre y responsablemente, ha sido el populismo redentor aderezado de electoralismo mesiánico, astuto y autoritario.

Despertar o morir

Los padres fundadores de la democracia representativa, James Madison y Alexander Hamilton, han alimentado una tradición liberal republicana; mientras los trabajos de Wilfredo Pareto (1848–1923), Gaetano Mosca (1858–1941), Robert Micheles (1875–1923), Max Weber (1864–1929) y Joseph Schumpeter (1883–1946) corresponden a un enfoque de una democracia representativa liberal de élites partidistas y movimientos sociales, que compiten por el poder. El primer modelo de democracia liberal es el sistema representativo de Estados Unidos, “quienes conciben la democracia liberal representativa como el mejor sistema para evitar la tiranía de la mayoría”.

La democracia representativa no fue diseñada para que la ciudadanía gobernara ni como una forma indirecta de gobierno del pueblo; por el contrario, fue creada para separar a la ciudadanía de las decisiones públicas y evitar su incidencia en las cuestiones de Estado. A contravía una narrativa seductora, redentora, promotora de la bondad colectiva y de una suerte de fe religiosa en un gran mesías del reparto, patriotismo, socialismo e inclusión, minó aquella oferta de poder concebida como aristócrata y excluyente.

Latinoamérica ha sido penetrada por el método del poder absoluto y totalitario concebido por el foro de São Paulo, donde el desprestigio de la representación de la voluntad popular fabricado por la narrativa de “bondad colectivista” ha socavado la democracia liberal –tanto censitaria como partidista–. Y ha dado paso peligroso, por artificioso, a la justificación de un Estado centralizador, planificador, interventor y gendarme.

Inspirado en Gramsci y su tesis de la cooptación de todos los sectores culturales de la nación (Revolución cultural del Libro rojo de Mao), esto es el adoctrinamiento, desmantelamiento de la fe, las instituciones, la academia, las fuerzas del orden, la justicia, la ley (en un prístino sentido reformista y ciudadano) y la identidad.

El método revolucionario chino, ruso y cubano introdujo no solo la lucha de clases, el poder proletario o el Estado central y planificador, sino además el sensible desplazamiento de la vida, la libertad, la pluralidad y la propiedad por ser esas virtudes, inalienables del ser humano, una amenaza “al ideal revolucionario, nacionalista, masivo, popular y partidista”.

Discontinuidad antropológica de la virtud

¿Por qué Latinoamérica, Asia Central y África han sido seducidas por este método ocupacional, nihilista y redentor? Entre otras cosas porque la democracia liberal no ha logrado preservar la confianza en el factor fundamental de representación; que no es solo rendir cuenta de los actos de poder, sino hacer percibir en los ciudadanos que la democracia les representa, les beneficia. Y, en efecto, la libertad que enarbola les resulta por inclusiva, funcional, apreciable y realizable.

Cuando existía una elite virtuosa preocupada por los intereses públicos de la nación, los individuos no resultaban egoístas, sectarios, privilegiados sino personas con capacidad de actuar y resolver en función del bien público. Pero cuando se apartaron de esa virtuosidad, el discurso separatista, disfuncional, caótico, tremendista, revanchista y guerrerista, fundamentalmente anticiudadano y contracultural, hizo estragos. Félix Ovejero lo llama la tesis de la “discontinuidad antropológica de la virtud”, donde a “los traidores” del bien público hay que castigarlos, defenestrarlos, liquidarlos. Freír sus cabezas en aceite…

Esta narrativa populista, violenta, maniquea y clientelar cabalga por las “venas rotas” de América latina. Lamentablemente aún no ha se ha podido reconstruir y relanzar el tejido virtuoso y noble de la democracia liberal, por carecer de un frente unitario organizado, articulado, coordinado e ilustrado que exhiba la urgencia de rescatar los conceptos clásicos que fundamentan el liberalismo moderno, como los son la familia, la pluralidad, la cultura, la diversidad y la tolerancia.

El Foro de Sao Paulo sigue su avance sin moros en la costa… Pero estamos a tiempos de despertar y relanzar, al decir Siéyes, la elección de los hombres virtuosos de la cosa pública, como base de la representación liberal. Con un sistema de pesos y contrapesos reales, que contenga las ambiciones de los tiranos. Y, como agrega Dahl, solo mediante el consenso (prerrequisito de la democracia liberal) garantizaremos la estabilidad democrática.

* Embajador de Venezuela en Canadá.

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Por eso y por muchas cosas más…, por Orlando Viera-Blanco*
Por eso y por muchas cosas más, gracias a los presidentes Lacalle, Abdo Benitez y Lasso por hacerse eco de la voz de la gran mayoría de los venezolanos

 

@ovierablanco

Han sido publicados sendos reportes de DD. HH. Uno de la Misión Internacional Independiente de Determinación de Hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela, del 16 de septiembre de 2021; y otro de la alta comisionada de DD. HH. de NN. UU., de conformidad con la Resolución 45/2 del Consejo de DD. HH. en fecha el 13 de septiembre de 2021.

Cabe destacar que en ambos informes registran dos pronunciamientos muy graves:

I. En Venezuela la justicia es un instrumento de represión y persecución política que funda acusaciones basadas en pruebas ilegítimas como torturas ejecutadas por órganos de inteligencia del Estado venezolano.

II. La afectación de los derechos culturales, económicos, sociales, políticos y humanos de los venezolanos tiene su origen en políticas de control de Estado, que han creado una situación de inmensa fragilidad y pobreza más allá de los emplazamientos de la alta comisionada Bachelet, a aliviar la carga de lo que denomina “medidas coercitivas unilaterales”.

El mundo diplomático se mueve dentro de una misma estructura de tutela y observancia de los DD. HH., los derechos civiles y políticos y la dignidad de las personas, elevando a una sola voz su valoración de Venezuela; como sucede en Myanmar, Yemen, Burundi, Afganistán o Siria. Denuncian que somos una nación desplazada, sometida a graves  crueldades humanas, atrapada en la anomia institucional, lo cual conduce a una inevitable conclusión: la irremisible aplicación de la justicia penal internacional prevista en el Estatuto de Roma.

Jueces, fiscales y órganos de inteligencia

El informe de la Misión Independiente/CDH ha sido enfático en decir que “existen motivos razonables para creer que debido a una presión política que fue intensificándose, los jueces, las juezas y las y los fiscales han desempeñado, a través de sus actos y omisiones, un papel importante en graves violaciones de DD. HH. y crímenes cometidos por diversos actores del Estado en Venezuela contra opositores, supuestos o reales”. Esta aseveración sentencia la judicialización de la política o lo que es lo mismo, la politización de la justicia.

Han salido a la luz pública testimonios que afirman cómo “las sentencias venían preparadas para su firma”, ordenando detenciones a capricho de líderes políticos o ciudadanos que cuestionan al régimen. “En los últimos años, funcionarios públicos, incluso algunos de alto nivel en Venezuela, han podido cometer violaciones de DD. HH. y crímenes con impunidad (…). Y como lo señalan los protocolos de Minnesota y Estambul, los Estados están constitucionalmente obligados a investigar y castigar a todos los autores de violaciones de DD. HH., independientemente de su posición”. La investigación de la Misión encontró “que el deber (de investigar y enjuiciar) se está incumpliendo en los casos que involucran a opositores reales o percibidos por el gobierno como tales”. A partir de esta aseveración, se activa la jurisdicción material, territorial y facultativa de la Corte Penal Internacional.

Gracias Ecuador, Paraguay y Uruguay

El Estatuto de Roma (17 de julio de 1998) crea la Corte Penal Internacional con carácter permanente y con la misión de juzgar a las personas responsables de crímenes de genocidio, agresión, lesa humanidad y guerra. Tiene jurisdicción sobre los casos de presunta tortura cometidos de modo sistemático, y otros como persecución, detenciones arbitrarias, desapariciones forzosas, apartheid político, tratos degradantes, abuso sexual, trata de personas. De estos crímenes han sido señaladas las autoridades del Estado venezolano. Y presidentes como Luis Lacalle Pou de Uruguay, Mario Abdo Benítez de Paraguay y Guillermo Lasso de Ecuador, así se lo hicieron saber y sentir a la representación de Venezuela en la CELAC (México).

“No se puede construir un futuro común si no hay democracia, ni elecciones transparentes; si no se respetan la libertad de expresión y los DD. HH.”, declaró Lasso. Luis Lacalle le recordó una estrofa de la canción Patria y vida al mandatario cubano: “que no siga corriendo la sangre por querer pensar diferente, quien les dijo que Cuba es de ustedes si Cuba es de toda mi gente”; y Abdo Benítez dijo: “es de caballeros decirle que no reconocemos la autoridad de la representación de Venezuela”.

Múltiples tratados en materia de DD. HH., derechos políticos y civiles, protección de los derechos de los niños y las mujeres, tratados contra la tortura, tratos crueles y degradantes, deber de investigar las violaciones a los DD. HH., o crímenes contra la humanidad, exigen al Estado venezolano –signatario de estos convenios– administrar justicia de forma competente, imparcial, genuina, eficaz y minuciosa.

Según los reportes de las altas instancias de las Naciones Unidas, en Venezuela no existe Estado de derecho, siendo la justicia un ardid. Así, corresponde a la Corte Penal Internacional investigar, enjuiciar y castigar a los responsables de esos crímenes. El derecho internacional obliga a los Estados a investigar con prontitud e imparcialidad crímenes de lesa humanidad. Ese ha sido el clamor de las víctimas en Venezuela. De millones de desplazados forzosamente, de una población empobrecida llevada al extremo de la hambruna y la emergencia humanitaria.

Por eso y por muchas cosas más, gracias presidentes Lacalle, Abdo Benitez y Guillermo Lasso por hacerse eco de la voz de la gran mayoría de los venezolanos. Por ese gesto y por muchas cosas más, como venezolano, como diplomático y como luchador por los DD. HH. de nuestro país, esperamos que haya justicia para que regrese la paz, la estabilidad y la sana convivencia a nuestro país.

* Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La enciclopedia de la libertad: Maistre, por Orlando Viera-Blanco*
La mayoría de los pensadores del siglo XVIII afirma Isaiah: creyeron que el progreso era deseable; que la legislación es la razón en acción. Es la denominada geometría de la libertad».

 

@ovierablanco

Culmino el ciclo de análisis sobre libertad, inspirado en seis conferencias dictadas por Isaiah Berlín a través de la BBC de Londres-Radio. Un hito sobre el concepto de libertad en más de 12 horas de transmisión que a pesar del medio, para nada apartaron la atención de los oyentes y se convirtieron en cátedra en la Universidad de Oxford.

Nos toca cerrar con JOSEPH DE MAISTRE. Una figura temible para muchos de sus contemporáneos: temible por lo que escribió más que por lo que fue. Berlín apunta: “Fue temible por la violencia, la intransigencia y el dogmatismo extremamente inflexible y tenaz con que deseó disipar las doctrinas que desaprobaba…”

El papa, el rey y el verdugo

Émile Faguet llama a Maistre “un feroz absolutista, un furioso teócrata, un intransigente legitimista, apóstol de una monstruosa trinidad formada por el papa, el rey y el verdugo”. Maistre –advierte Berlín– “como monarquista fanático y partidario de la autoridad papal, soberbio e intolerante, hostil, solitario y en última instancia patético, fue una trágica patricia que desafiaba y denunciaba un mundo cambiante y vulgar en el que, incongruentemente, había nacido”. 

Berlín sentencia que el objetivo al que más vigorosamente se dirigió Maistre fue destruir el siglo XVIII.

Algunos de los pensadores de esta centuria estuvieron divididos por profundas diferencias. Pero si hay cosas comunes en ellos “fue la idea de que los hombres, por naturaleza, eran potencialmente benévolos (Rousseau); que cada hombre era el mejor experto en sus propios intereses y valores (Helvetius) cuando no estaban siendo engatusados por bribones o por necios (Fichte); por lo que en general los hombres tendían a seguir reglas de conducta que les ofrecía su propio entendimiento (Hegel), derivado de la razón”.

La mayoría de los pensadores del siglo XVIII, afirma Isaiah, “creyeron que el progreso era deseable; que la libertad era mejor que la esclavitud; que la legislación es la razón en acción”. Es la denominada geometría de la libertad: libre albedrío, conciencia, dignidad y voluntad general expresada en la ley. Todo eso lo reprocha Maistre. La doctrina fundamental de Maistre –según Berlín– es que “la naturaleza tiene colmillos y garras, tintos en sangre, es un vasto escenario de matanza y destrucción (…). Los hombres del siglo XVIII se volvieron a la metafísica, a la lógica y hasta a la geometría para descubrir la naturaleza. Muy bien, entonces, hay que tomarles la palabra. Contemplemos lo que ocurre a nuestro alrededor, dice Maistre; “no leamos libros, miremos la naturaleza, mirémonos a nosotros mismos, estudiemos la historia, sí, y la zoología”.

Lo irracional es lo duradero

La monarquía –según Maistre– ha edificado los fundamentos del mundo occidental. Pero cuando a alguien se le ocurrió algo más racional, más lógico, como abolir la monarquía hereditaria –dice Maistre–sustituyéndola por elegida (caso Polonia), se instaló el caos y la ruina. ¿Por qué? Porque según él “se había adoptado un sistema racional (…).

Tomemos la institución del matrimonio. Alerta nuevamente el defensor de la irracionalidad: “¿Qué podría ser más irracional que el hecho de que dos seres humanos simplemente porque ocurre que se aman en una etapa de sus vidas debían estar unidos por el resto de sus días, por la única razón de que esto ocurrió en el pasado? Pero nada es más efímero, nada es más destructivo, nada se vuelve tan abominable como el régimen del amor libre”. Y así continúa Maistre, pasando de institución a institución, afirmando paradójicamente que todo lo irracional es duradero y que todo lo que es racional se desploma (sic).

El terror, santo remedio

Maistre: “La única manera de hacer que la gente viva en sociedades es hacer que deje de preguntar, y la única manera de evitar que siga preguntando es por medio del terror. El pueblo solo obedecerá si el meollo de las cosas es oscuro y misterioso, impenetrable. Una vez que el pueblo ha penetrado en el corazón de las cosas, una vez que es racional, una vez que pueden comprender, no le temerán”. 

Berlín dice que Maistre llama secta a los enemigos del orden social. “Son una colección de hombres muy interesantes: los jansenistas y calvinistas y todos los protestantes en general; los juristas, metafísicos, periodistas, escritores, judíos, revolucionarios americanos, intelectuales, científicos y críticos; la intelectualidad y todo lo que a ella le pertenece. Esta lista —de liberales, de toda clase de críticos, de toda clase de personas que creen en algún tipo de verdad abstracta, de personas que no aceptan las premisas dogmáticas de la sociedad. Ha sido el repertorio de todo movimiento reaccionario, violento y fascista de nuestros días”.

Pero entre todos a quienes más odia Maistre es a los científicos… “a quienes alerta al Zar de Rusia: ‘si queréis perder al imperio, permitir la incorporación de científicos en el poder’”. Cualquier parecido…

Alerta Berlín de Maistre: “los hombres no pueden vivir según los ideales”. La esencia de la vida es el anhelo de sufrimiento, sacrificio y rendición. “El principio de la soberanía del pueblo –dice Maistre– es tan peligroso que, aun si fuera verdad, sería necesario ocultarlo”. Así, la combinación de Saint Simon (negación de la libertad originaria) y Maistre, conduce al implacable totalitarismo del siglo XX (y XXI), sea de derecha o izquierda. No por casualidad Berlín los eligió para analizarlos. Fueron la antípoda de la libertad, de quienes los dictadores han tomado nota.

Espero hayan disfrutado de estos análisis. Importante apelar a los clásicos para enaltecer el valor superior e indelegable de lucha en Venezuela: la libertad.

* Embajador de Venezuela en Canadá

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La enciclopedia de la libertad: Saint-Simon, por Orlando Viera-Blanco*
En ese orden utilitario de “satisfacción de necesidades y distribución de poder”, algunos gobernantes decidieron dar pan y botas al pueblo, más que libros y toga

 

@ovierablanco

Continuamos con nuestro análisis de las seis conferencias dictadas por Isaiah Berlín a través de la BBC de Londres-Radio (1952). Hemos estudiado a Helvetius, Rousseau, Fichte y Hegel. Toca el turno al conde HENRI DE SAINT-SIMON, el más grande de todos los profetas del siglo XX, “tanto por cándido como demasiado monomaniático” apunta Berlín. “Sus escritos y su vida fueron confusos y hasta caóticos. Durante su vida se le consideró un lunático inspirado. Escribió mal, con chispazos de intuición mezclados con inmensos párrafos de imágenes ingenuas y fantásticas. Su reputación creció póstumamente”. Karl Marx, quien tanto tomó de él, lo relegó a las filas de los llamados socialistas utópicos, por lo cual pocos le estudiaron seriamente.

El padre del anti-laissez faire (no dejar hacer)

Saint-Simon es el padre de la interpretación tecnológica de la historia. Fue el primero en definir las clases en el sentido moderno como entidades sociales económicas, dependientes de manera directa del progreso de la tecnología, del adelanto de los modos en que la gente obtiene, distribuye y consume los productos. Saint-Simon es el primero en llamar seriamente la atención de los factores económicos en la historia.

Berlín reconoce en Saint-Simon un hombre intuitivo, adelantado a sus tiempos. “Cada vez que se habla de una sociedad planeada, de una economía planeada, de una tecnocracia, de la necesidad de lo que los franceses llaman dirigisme, anti-laissez faire (antiliberal) por doquiera que hay un new deal, dondequiera que hay propaganda en favor de aplicar las ciencias económicas en beneficio de la sociedad y en favor de un Estado planeado y centralizado, hablamos de los manuscritos de Saint- Simon”.

Saint-Simon inventó el concepto del gobierno de la sociedad por élites, utilizando una moral doble, de la que se valió Marx. Es casi el primer pensador que afirma: “es importante que la sociedad no sea gobernada democráticamente sino por élites o personas que comprendan las necesidades y posibilidades tecnológicas de su época”.

La historia de los hombres vivos…

Para Saint-Simon la libertad civil, los DD. HH., derechos naturales, democracia, laissez faire, individualismo o nacionalismo son aspiraciones incompatibles con la idea de “que los sabios deben dirigir la sociedad”. Para él la democracia es una quimera porque “el autogobierno es una imposibilidad”. Es el primero en poner en claro que “la historia es una historia de hombres vivos tratando de desarrollar sus facultades lo más rica y polifacéticamente posible”.

Poco le importará a Saint Simon si son dictadores, señores feudales, reyes o autócratas. Así de pragmático, así de elástico, así de utilitario.

“Los juicios dogmáticos contra siglo XVIII sobre la Edad Media como periodos de tinieblas, de ignorancia, prejuicio y superstición; como épocas de vacío, de hechos detestables y despreciables en comparación con la aurora de luz del racionalismo del siglo XVIII, supone una visión profundamente ahistórica y absolutamente insostenible” sentenció… En cada época hay un modelo o cadena de poder. Existen los que importan y los que no importan. Los que representan lo que vendrá, lo nuevo, y los que representan lo que está pereciendo, lo viejo.

Los ociosos y los laboriosos

La humanidad para Saint Simón se divide en dos grandes clases. Los ociosos y los laboriosos, los oisifs y los producteurs. Los llama los indolentes y los trabajadores. Dice: “Ante todo, debemos tener profesionales y no simples aficionados. La pobreza se debe siempre a la incompetencia, y debemos remplazar al incompetente por una planificación concertada, por lo que necesitamos un plan industrial centralizado para la sociedad”.

El laissez faire [dejar hacer] conduce al caos absoluto. Es totalmente imposible lograr que se haga algo a menos que lo hagamos jerárquicamente. Propone “una cadena neofeudal, con banqueros en la cima, industriales un poco por debajo, ingenieros y técnicos más abajo, y luego los artistas, pintores y escritores”. Hoy esa pirámide está invirtiéndose, siendo que el creativo-tecnológico, va a la cabeza. 

Entonces, ¿qué es libertad para Saint-Simon? ¿Qué hay de la libertad, de la libertad real, de la libertad civil, de la libertad de los seres humanos para hacer lo que deseen dentro de una esfera limitada? Berlín nos comenta: “Saint-Simon hace vibrar una nota más fría, pues en realidad estaba en contra de la libertad”.

El uso arbitrario del poder no afecta mucho. “Los hombres pequeños, la clase baja, la clase más numerosa y pobre de la humanidad (sin la cual no puede efectuarse ninguna reconstrucción de la humanidad), a ellos no les preocupa la libertad, les aburre la justicia” dictamina el conde Henri. Como lo diría el pensador socialista de izquierda ruso Chernichevski, “lo que la gente desea no es parlamento, libertad y derechos; estos son anhelos de la burguesía. Lo que demandan es pan y botas”. Aquí reposa la monomanía de Saint-Simon, quien concibe al ser humano como tontos maleables y emocionales. 

En ese orden utilitario de “satisfacción de necesidades y distribución de poder”, algunos gobernantes decidieron dar pan y botas al pueblo, más que libros y togas. Ese es “el corolario” de Saint Simon. Alertar sobre aquellos de apariencia liberal “que se convierten en el estribillo común de todos los duros partidos de izquierda, y desde una narrativa de patria, socialismo o muerte, cimientan un régimen de vivos, donde ellos van de viandas, dominio y oliva, mientras el pueblo mendiga pan duro y cabalga con botas sin suelas…

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La enciclopedia de la libertad: Friedrich Hegel, por Orlando Viera-Blanco*
La esencia de la libertad siempre ha estado en la capacidad de elegir, cómo deseemos elegir, por qué deseamos así elegir. Sin coacciones, sin amenazas, no devorados por algún vasto sistema. Es el derecho a resistir

 

@ovierablanco

DE TODAS LAS IDEAS originadas durante el periodo que estoy estudiando (Seis conferencias de Isaiah Berlín dictadas por la BBC Londres-Radio, 1952 sobre Libertad y pensadores clásicos siglos XVIII y XIX) el sistema hegeliano tal vez sea el que mayor influencia ejerció sobre el pensamiento de sus contemporáneos. Es una vasta mitología que tiene grandes capacidades de iluminar, así como grandes capacidades de oscurecer todo lo que toca. Berlín lo ha elegido a la par de Helvétius, Rousseau, Fichte, Saint Simon y Maistre, por ser Hegel sin duda el más controversial, el más seguido, el más disruptivo. Si acaso el más profundo de la modernidad.

La sempiterna dialéctica

Con Georg Wilhelm Friedrich Hegel surge aquí una nueva pregunta: “¿Cómo funciona en realidad el espíritu? ¿Cuál es el mecanismo, cuál es la pauta?”. Para Hegel, “la dialéctica solo tiene verdadero sentido en términos de pensamiento o de creación artística; y la aplica al universo porque piensa que en el universo se encuentra una especie de acto de pensamiento, o una especie de acto de autocreación; no existe nada más”.

¿De qué manera funciona la dialéctica? Es una dinámica protológica o manera como analizar y adquirir conocimiento (base de la epistemología). Es como funcionan las personas cuando tratan de descubrir las respuestas a preguntas. Colisión de ideas críticas donde la primera idea es llamada tesis, la segunda antítesis y la tercera síntesis. Es la depuración de las ideas propias de la fenomenología del espíritu. Históricamente han existido ideas, réplicas, tesis y antítesis que habiendo tenido vigencia hoy, tienen un pasado muerto. Diría Nietzsche, es la transmutación, la transvaloración de los valores de su obra Gut un Böse (Bueno y malo, de lo bueno al diablo)… De la tierra plana a la redonda, del cristianismo ortodoxo a la reforma, de la libertad del leviatán a la libertad en el sentido más puro del Berlín, como prístino derecho del hombre frente al Estado.

A veces la evolución ocurre en forma de actividades nacionales, a veces hay héroes individuales que personifican estos saltos: Alejandro Magno, César, Napoleón. Ciertamente estos personajes destruyeron mucho, causaron enormes sufrimientos. “Tal es la consecuencia inevitable de todo tipo de avance. A menos que haya fricción, no habrá progreso”, apuntó Hegel, Kant Mandevile y Vico… Berlín refiriéndose a los hegelianismos se pregunta: “¿Qué significa decir que la historia es un proceso racional?”. Según Hegel, decir que un proceso es racional consiste en que cuando se capta lo que es, es la única forma en que realmente se puede comprender algo, es decir, una facultad a la que llama razón, que hace que cada proceso sea inevitable. No puede ocurrir de otra manera que como ocurre. ¿Era inevitable el ciclo histórico que vive Venezuela? ¿Racionalmente tiene una génesis y explicación? ¿Nada de lo vivido o mal vivido hubiese ocurrido si se hacía justicia?

Hegel nos invita a entender cómo actos propios de la clase media, grupales o individuales trascienden para que súbitamente queden atrás. De lo emocional y subjetivamente aceptado, pasamos a lo objetivo, a lo demostrativamente racional, por poderoso, inexorable, decisivo, concreto, que es lo que él llama lo “histórico universal”. Lo bueno es lo que trasciende universalmente. Y lo malo lo que vino, pero debe quedar atrás, como “pasado muerto”. Eso es la dialéctica.

De mártires a legisladores

Los mártires de una generación a menudo resultan los legisladores de la siguiente, y los legisladores a la víspera vuelven a ser mártires. La historia se escribe y decanta sobre fricciones dolorosas pero necesarias, para llegar al valor universal. Ese valor universal, por ejemplo, es la libertad…

Por tanto, sentencia Hegel: “aguardemos, pues sólo será valioso aquello que la historia haga real… Un valor, a fin de cuentas, si queremos que sea real deberá ser objetivo, y ‘objetivo’ significa aquello que el mundo intenta —la razón, la pauta universal—, aquello que después aporta el mundo en el desarrollo irresistible, el desenvolvimiento del rollo, la marcha inexorable, lo que Hegel llama “la marcha de Dios a través del universo”.

La realidad no la define un hombre, una circunstancia. La definen los hombres cuando determinan en su convivencia, un censo objetivo de lo bueno y lo malo, Dios o el diablo, el yo o el universo, con lo cual surge un desarrollo sostenible del pensamiento y de las ideas, que nos hace comprendernos, originariamente, naturalmente, oficiosamente, obedeciendo libremente. Y como Berlín mutatis mutandi habría que preguntarse. ¿Hemos aprendido la lección? ¿Somos mártires de una época que nos hará legisladores? ¿Hemos sido absueltos de todo aquello que nos trajo aquí? ¿Cuál es el mecanismo?, ¿cuál es la pauta?, ¿cuál es el método que nos hará libres?, ¿un hombre, una idea, un proyecto? ¿O la adopción de un pensamiento inclusivo, libertario por universal? Ese es el verdadero acto revolucionario y heroico que debemos lograr, responsablemente.

Pero eso no es lo que llamamos libertad: tal vez sea una forma de sabiduría, de comprensión, de lealtad, de felicidad o de santidad. La esencia de la libertad siempre ha estado en la capacidad de elegir como deseemos elegir, porque deseamos así elegir, sin coacciones, sin amenazas, no devorados por algún vasto sistema; y en el derecho a resistir, a ser impopular, a defender las propias convicciones simplemente porque son nuestras. “Esta es la libertad verdadera, y sin ella no hay libertad de ninguna clase y ni siquiera la ilusión de ella…” sentencia Berlín citando a Hegel.

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La enciclopedia de la libertad: Fichte, por Orlando Viera-Blanco*
Ni el compositor, ni el artista, ni el gran escultor del totum que es una nación, moldean sobre la base de la maldad y la imposición. Es sobre la base de la inspiración que produce la divinidad de la obediencia consciente

 

@ovierablanco

Continuando con el análisis del ciclo de conferencias de Isaiah Berlín (Radio BBC Londres / 1952) corresponde el turno a Johann Gottlieb Fichte. Uno de mis pensadores favoritos por diáfano y directo. A diferencia de otros intelectuales del antiguo régimen, FICHTE coloca al hombre en el centro del universo, no debajo de él. El individuo es libre por entenderse «como su propio creador». A partir de allí obedece si encuentra valor e identidad para corresponder. Veamos.

Lo creo porque así lo quiero…

MÁS QUE NINGÚN OTRO PENSADOR alemán, Johann Gottlieb Fichte, apunta Berlín, «es el responsable de haber lanzado una idea de la libertad que va en contraste y desacuerdo con el concepto de libertad normalmente sostenido por los pensadores occidentales –principalmente ingleses, franceses y norteamericanos– a finales del siglo XVIII y durante el XIX»

En una conferencia pronunciada por Fichte en 1819 en que compara la noción moderna de libertad con la antigua, pregunta lo que sus contemporáneos quieren decir con “libertad”. Esta es su definición:

«Es el derecho del individuo a someterse solo a la ley, su derecho a no ser arrestado ni detenido ni muerto ni maltratado en forma alguna a resultas de la voluntad arbitraria de una o varias personas. Es el derecho de cada hombre de expresar su opinión, de elegir su oficio y de ejercerlo, de disponer de su propiedad, aúu de darle mal uso si así lo desea; de ir y venir sin requerir autorización para hacerlo, y sin tener que explicar sus razones o motivos. Es el derecho de cada uno, a asociarse con otros, sea para hablar de sus propios intereses o para profesar su religión, si así lo desea, con sus asociados, o simplemente para pasar sus días y sus horas de cualquier manera, de acuerdo con su inclinación o su fantasía. Por último, es el derecho de cada uno a influir sobre la conducta del gobierno, ya sea nombrando a algunos o a todos los servidores públicos, o por medio de representaciones, peticiones, demandas, que las autoridades estarán más o menos obligadas a tomar en consideración»

Nace entonces el concepto moderno de libertad. No es el poder del Estado sobre el individuo sino el poder, el derecho del individuo sobre el Estado. Surge la política como acto de redención entre el Estado y el ciudadano que es: I: Representación, II: cuadros competentes para gobernar y III: reconocimiento de los ciudadanos como sujetos políticos (Daniel Innerarity).

Kant habló extensamente sobre la importancia de subrayar el elemento de la racionalidad. Lo único que para él es definitivamente erróneo, como lo fue para Rousseau (aunque Kant se muestra mucho más explícito y violento sobre el tema), es privar a un ser humano de la posibilidad de elegir. La libertad, apunta FICHTE, es obediencia a órdenes autoimpuestas. Este es el concepto de libertad moral, de Rousseau y Kant. Por ello queda prohibido desnaturalizar a seres humanos, “meterse” con ellos, darles forma, alterarlos, hacerles cosas en nombre de principios, así como Helvétius deseaba hacerles cosas en nombre de la felicidad. En pocas palabras, el hombre elige y moldea la ideología. No la ideología elige al hombre, menos reclutarle.

Fichte sostuvo que el individuo debía ser absolutamente libre. “Soy, por entero, mi propia creación”, dice, y “no acepto la ley de lo que la naturaleza me ofrece porque DEBA creerlo, lo creo porque así lo quiero…”.

La vida es un arte

“Mi deber, que es ordenar, es aquello que forma parte de mi misión”. Fichte declara, a criterio de Berlín, que esta ley no procede del ámbito de los hechos, sino de nuestro propio yo, de la forma pura y original del yo, la cual, dice, es la creación, la formación, la determinación de cosas en el mundo exterior de acuerdo con mis ideas y mis metas, pues silo entonces es cuando yo soy mi amo, cuando deben servirme a mí. «De allí brota el concepto romántico de que lo más importante en el mundo es la integridad, la dedicación».

Volvemos a la pregunta originaria: ¿por qué obedezco? ¿Para ser feliz? ¿Para evitar el dolor? ¿Por voluntad responsable? Fichte va más allá y dice: “Lo que necesitamos es un líder, lo que necesitamos es un hombre para moldearnos”. “¡Aquí!”, de pronto grita, Zwingherr zur Deutschheit “(el hombre que nos empujará a la germanidad).

En pocas palabras, pasamos de la libertad absoluta al ser obediente por el funcionamiento interno de nuestra propia conciencia, a entender que la vida es arte, la vida es un moldeo, que la vida es la creación de algo –la creación de sí misma– por un llamado proceso “orgánico”. Fichte concibe seres superiores y seres inferiores. Pero la vida y el espíritu siguen siendo propios. El líder solo los amolda.

Sentencia Berlín: “Tenemos aquí, por fin, la célebre y fatal analogía entre el individuo y la nación, la metáfora orgánica que abandona el campo de las imágenes teológicas y que es secularizada por Burke y por Rousseau, y que es muy poderosa en Fichte. Este contrasta el compositum, el cual representa una simple combinación artificial, y el totum, que es el total de una nación, que es algo orgánico, sencillo, entero, y en el cual domina el principio superior, ese principio superior que puede adoptar la forma de una gran nación, o de historia.

Por supuesto, ni el compositor, ni el artista, ni el gran escultor del totum que es una nación, moldean sobre la base de la maldad y la imposición. Es sobre la base de la inspiración, misma que produce buenas melodías, conquista con buena musa y produce la divinidad de la obediencia orgánica, oficiosa y consciente…

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