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OPINIÓN

Venezuela, política, pacto y elecciones
María Corina y Rosales pueden ponerse de acuerdo, pero antes deben firmar frente al país un pacto de reconstrucción, cogobierno y emancipación ideológica, instrumental e histórica

 

@ovierablanco

Este año se conmemoran 116 años del natalicio de Rómulo Betancourt y 68 [1956] de la edición de su regia obra: Venezuela, política y petróleo. La oportunidad es buena para hacer un ejercicio reflexivo sobre el papel del petróleo en la política, en el marco de una coyuntura histórica oscura, donde lo electoral no luce suficiente para alcanzar el retorno de la democracia y la paz […] paz que jamás es autoritaria porque no sería paz.  

El chinche de sembrar el petróleo. Con mis hijos…no te metas

Pongamos las cosas en contexto. Decir que por culpa del petróleo Venezuela dejó de ser un país solvente, sea agrícola, pecuario, tecnológico, industrioso, comunicacional, financiero o urbano es temerario. Rómulo Betancourt supo anticipar este cliché propio de la narrativa proautoritaria que, desde los tiempos de Gómez, intentaba ocultar los estragos de una economía feudal, por causa de la economía petrolera.

Betancourt alegaba “que insistir en aquello significaba seguirle el juego a los defensores póstumos del gomecismo, quienes liberaban de culpa al gobierno del fallecido jefe único, por el desacertado manejo de la grave crisis que venía aquejando al sector agrícola desde mucho antes del estallido de la gran depresión en 1929”. Para Betancourt, “Venezuela venía arrastrando una crisis crónica que vino a acentuarse durante el régimen dictatorial de Gómez, debido a la persistencia de un anticuado sistema de producción latifundista, caracterizado por la concentración de la tierra en pocas manos, métodos de cultivo anticuados y el mal aprovechamiento de las aguas para el regadío agrícola”. El petróleo, en su opinión, “solo vino a dejar al descubierto un terrible mal olímpicamente ignorado por los personeros oficiales. Más que culpable de la ruina del campo, el codiciado mineral le dio la estocada final a un estado de cosas que no resistía más la inserción de los nuevos tiempos”.

La revolución industrial había pasado casi inadvertida por Venezuela. Apenas la humareda de los ferrocarriles construidos por el guzmanato y algunas máquinas de poca monta eran presentadas como símbolos inequívocos de un proceso modernizador que fluiría por sí solo, gracias al apoyo del torrente de capitales ingleses y alemanes dispuestos a rendir frutos en esta parte del mundo […] Haciendo mofa de aquellas expresiones chapuceras, Betancourt rebate precisando que “si en lugar de haber destinado aquel primer ‘boom’ petrolero a llenar los bolsillos de los acólitos de turno y a mantener operativo el Estado controlado por Gómez, se hubiese utilizado [aquella súbita riqueza instrumental] para apalancar la economía campesina, distribuyendo su benéfica renta entre toda la población, otro destino se habría escrito para la dinámica productiva del país”.

Estas reflexiones de Betancourt calzan al dedo con la historia patria reciente. Si el presidente Chávez no hubiese destinado la mayor renta petrolera que ha recibido Venezuela en su historia a un populismo irredento a lo interno, a sus camarillas y a una política de subsidio externa plagada de coleópteros, hoy Venezuela sería la Suiza del continente. Bueno acotar que fuimos el país más rico de Sudamérica [2011-13.000 US$ pp] y el más pobre [2023-1340 US$ pp]. Esa ha sido la verdadera guerra económica que devastó el país.

A quienes hablan de las sanciones como factor de depresión económica, Betancourt les hubiese respondido: son los defensores póstumos de un chavismo demoledor, quienes buscan liberar al fallecido jefe único de una economía confiscatoria, de una responsabilidad ineludible.

La tecnología, las comunicaciones, la educación, el trabajo y la industria; el internet de las cosas; puentes y ferrocarriles que quedaron en las arcas de Odebrecht y en los bolsillos de alacranes; nuestro oro, nuestro petróleo, más satélites perdidos en el espacio; nuestro desarrollo y futuro, se desfalcaron en derroche, dádivas y cohecho conductor de la pobreza, desigualdad y crisis humanitaria más extrema.

Si a lo anterior le agregamos que Venezuela todavía obsequia el 10 % de su disminuida protección petrolera [calculada en 700 m/bd] a Cuba y el Caribe, el crimen patrimonial es insólito. Acabaron con el cono monetario, las reservas del BCV y la capacidad industrial instalada. La agricultura quedó transformada en un inmenso desierto rojo, sin planificación ni campesinos, peor que en los tiempos de Gómez. Convirtieron a Venezuela en un país de economía de puerto, donde la “independencia alimentaria”, quedó reducida a bolsas CLAP. Hoy pensionados y jubilados venezolanos hacen colas de horas para recibir una taza de arroz, un par de pollos y un trozo de carne. Esa es la economía revolucionaria, esa es su visión de poder.

De nada hubiese servido “sembrar el petróleo”. Ahí están los índices de construcción, industrialización, movilización social, masificación educativa y hospitalaria que registró el país en 4 décadas de gobiernos progresistas, que en medio de sus dificultades y errores, llevaron a PDVSA ser la primera empresa petrolera del mundo; construir más universidades, carreteras y hospitales que cualquier otro país en la región, represas y centros generadores de energía y electricidad suficientes hasta para exportar, tecnología de punta y comunicaciones a nivel de países desarrollados y un respeto de nuestro derechos civiles y políticos, donde el voto, la justicia, la Asamblea Nacional, los grupos de interés, la academia, las FF. AA., la Iglesia, permitieron la elección de Chávez presidente [no  inhabilitado], elegir una constituyente [no prevista en la Constitución de 1961], votar una nueva Constitución [militarista y reglamentaria] y “relegitimar” poderes públicos con un ventajismo nauseabundo.

El 11A-2002 [que cumplió 22 años], fue un levantamiento masivo de esa Venezuela que gritaba al mundo “con mis hijos, con mi negocio, con mi petróleo y con mi libertad, no te metas”. Lamentablemente esa hermosa demostración de defensa ciudadana quedó fulminada por una reprochable desagregación política, que le permitió “al buen salvaje y buen revolucionario” [Carlos Rángel dixi] regresar con crucifijo en mano. Prohibido olvidar.     

Cómo estamos y hacia dónde vamos

El Acuerdo de Barbados marcó una ruta electoral. Elecciones justas, transparentes y verificables de los legítimos representantes de candidatos de oposición y de los partidos políticos legítimamente representados por sus dirigentes. Nada de ello se ha cumplido.

Revisando el último informe de coyuntura económica de la UCAB, vemos algunos datos que son buenos cruzarlos con lo político. En lo petrolero, “se calcula que el precio promedio del Brent durante el primer trimestre ha sido de $/b 82,7 y que tenderá a descender en el resto del año, para ubicarse en un promedio anual de $/b 82,4 […] Para 2024 se proyecta una tasa de crecimiento [Venezuela] del PIB total de 4,5 %, por encima del 1,3 % que se registró para 2023. Si dicho crecimiento se hiciera efectivo, el tamaño de la economía este año sería similar a la que ya había alcanzado en 1969 o la de El Salvador de hoy.

En este escenario es fundamental para el régimen cumplir con los acuerdos políticos. Las posibilidades de expansión económica en Venezuela no solo dependen de la movilidad eficaz y competitiva de la producción y ampliación del mercado petrolero, sino del retorno de las capacidades de inversión, producción y distribución del sector privado. “Aproximadamente el 50 % del crecimiento del PIB este año estaría explicado por la expansión de la actividad petrolera que podría crecer a una tasa superior al 16 %”.

En otras palabras, sin producción petrolera, no habrá expansión. Chevron no puede atender las expectativas de mejoramiento de la explotación petrolera para generar un repunte económico en el país. Pero sin elecciones libres no hay cumplimiento político; sin cumplimiento político siguen las sanciones, con las sanciones se afecta la expansión petrolera y sin expansión petrolera no hay mejoramiento del PIB, por lo que el país seguirá estancado. ¿Quién es el responsable? ¿Las sanciones?, ¿el modelo?, ¿María Corina?

Es verdad que la variable económica no ha sido la variable dependiente para causar el quiebre de la coalición dominante. Sin embargo, no es una constante desestimable. El informe de coyuntura [UCAB] identifica que “como primer factor de impacto en la producción (76 %), el cobro de excesivos tributos, desplazando la falta de financiamiento y la baja demanda al segundo y tercer puesto respectivamente”. Los sectores productivos [privados] defienden el levantamiento de sanciones, pero también piden eliminar la acción voraz del Estado. Entonces lo electoral trasciende en la medida que produzca un verdadero cambio del modelo de poder. La coexistencia con un Estado de terror -vigilante y mordaz-, no es transición. ¿Qué actor garantiza ese cambio?

Veamos la realidad laboral del país. “El año pasado, de los 20,5 millones de habitantes en edad laboral solo el 54 % estaba ocupado (11 millones). De los ocupados, el número de los empleados asalariados bajo dependencia se redujo en 5 %. Los empleos públicos se redujeron a 2,2 millones de puestos de trabajo, mientras que los empleos asalariados en el sector privado se ubican en 2.8 millones aproximadamente.

Venezuela es un país desempleado. Las personas que no participan en el mercado laboral venezolano se dedican a los quehaceres del hogar (40 %), al retiro (jubilados y pensionados 29 %) y a estudiar exclusivamente (20 %). Todas las reservas de petróleo no serían suficientes mientras un Estado insaciable y de terror siga vigente.

El pasado 15 de marzo se cumplieron dos años desde el último incremento del salario mínimo mediante un decreto presidencial. El monto vigente del salario mínimo nominal es de Bs 130, que inicialmente representaban $30, pero que es equivalente a $3,6/mes en los últimos seis meses. El 65 % y el 75 % del total de ocupados en Venezuela trabaja bajo condiciones de informalidad. Según los parámetros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) no cuentan con un trabajo decente.

Nada de estos índices hacen suponer que el futuro mejorará en Venezuela si no vamos a una transición que no es solo política, sino económica, actitudinal, republicana, ciudadana ¡y ética! Betancourt advirtió en 1956: “Los gobernantes venezolanos de 1946 estábamos –y estamos– convencidos, de que nuestro país no puede saltar la etapa de desarrollo capitalista de su economía. El estado que atravesamos reclamaba una transformación nacional-revolucionaria y no una ajustada a modelos socialista o comunista”. Y Betancourt tuvo claro que esa visión había que pactarla. 

De la pobreza a la riqueza material, espiritual y humana

Venezuela regresó a niveles de retroceso económico, social y político peores a los vividos durante la dictadura de Juan Vicente Gómez. La solución comienza por elecciones libres conductoras de un nuevo modelo de poder. Participar en la contienda electoral demanda condiciones al derecho de elegir. Sin garantías electorales no habrá cambio real.

Lograr un pacto de unidad -en medio de los obstáculos- hace necesario un pacto previo de cogobernabilidad que se haga público; que abrace visiblemente una transición del Estado-gobierno miliciano al Estado democrático y liberal; un proceso de reinstitucionalización basado en un proyecto-país industrioso donde el petróleo sea el arco estratégico de la modernidad, la felicidad y el regreso a casa.

María Corina garantiza una transición real, profunda, estructural. También está persuadida que debe garantizar la paz ciudadana, que no es la paz que se dobla por la paz autoritaria, sino una paz duradera por estar fundamentada en la justicia, la palabra empeñada y la prosperidad de la gente.

Betancourt, a lo largo de su trajín político y a la luz de las lecturas de diversos autores (Hegel, Marx y Engels), alertó: “Fue operándose en nuestras conciencias un proceso de esclarecimiento ideológico. Comenzamos a darnos cuenta de cómo Gómez era algo más que un déspota nacional: era el instrumento y el vehículo para el control férreo de la economía venezolana, aliado y siervo de poderosos intereses extranjeros”. Betancourt pactó con Jóvito y Caldera romper con el yo-esclavo, romper las cadenas de una ideología instrumental, déspota y servil. Ahora toca hacerlo.

María Corina y Rosales pueden ponerse de acuerdo, pero antes deben firmar, frente al país, un pacto de reconstrucción, cogobierno y emancipación ideológica, instrumental e histórica. Con pragmatismo puro y duro no trasciende lo útil, lo bueno y lo necesario, donde lo bueno es la libertad, la paz y la prosperidad; y lo malo es seguir atados a un instrumento, a un vehículo, para el control férreo de la economía venezolana, aliado y siervo de poderosos intereses extranjeros e ideológicos.

vierablanco@gmail.com

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Eddie A. Ramírez S. Abr 16, 2024 | Actualizado hace 17 horas
Horacio Medina
Es objetable que algunos exdirigentes sindicales hayan emprendido una campaña injusta en contra de Horacio Medina, unos por ignorancia, otros por mala fe, al pensar que CITGO es como pila de agua bendita

 

Este Horacio no es poeta como su tocayo Horatius Flaccus. Tampoco es flaco. Mucho menos ha contado con un mecenas como el que permitió al poeta escribir sin premura económica. Por ello, no puede dedicarse al dolce far niente, sino que toda su vida aplica el conocido carpe diem del bardo romano. Aprovechó el día mientras trabajó en Pdvsa y lo sigue aprovechando desde que lo despidieron ilegalmente de nuestra principal empresa. Como todo compatriota que se destaca, Horacio Medina Herrera es objeto de calumnias por parte de grupos tanto de tirios, como de troyanos.

Como quien esto escribe no es de origen petrolero, no conocía a Horacio, ni su brillante trayectoria en la filial Lagoven y, posteriormente, en Pdvsa, la entonces casa matriz. Apenas supe de él después del 26 de febrero del 2002, cuando los 44 más altos ejecutivos de Pdvsa y filiales publicamos el manifiesto ¡Salvaguardemos a Pdvsa!, en el que advertimos a los venezolanos de la intención de Chávez de politizar a la empresa. Horacio, junto con otros trabajadores, tomó la bandera de la meritocracia. Por ser uno de los voceros principales del conflicto, Chávez lo despidió con un pito el 7 de abril de ese año, cuando ocupaba el cargo de Gerente de Estrategia de Negociación.

Cuando los militares regresaron al poder al presidente que había renunciado, Horacio fue reincorporado. Al poco tiempo advirtió que los rojos no perdonarían el atrevimiento de los trabajadores petroleros que se habían opuesto a la politización de Pdvsa. Vendrían represalias y, además, poco a poco impondrían una empresa roja. Ante este panorama, Horacio promovió y creó, en julio 2002, junto con otros compañeros, el sindicato Unapetrol, reconocido por la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), pero no por el Ministerio del Trabajo.

A raíz del paro cívico del 2 de diciembre del 2002, convocado por la CTV, Fedecámaras y la Coordinadora Democrática que agrupaba a todos los partidos políticos no afectos al oficialismo, al cual nos sumamos por decisión individual, fuimos despedidos unos 23.000 trabajadores. Gracias a la iniciativa de Horacio, la Organización Internacional del Trabajo condenó esos despidos. A pesar de que Unapetrol no convocó ese paro cívico, persiguieron a Horacio Medina Herrera y le dictaron orden de captura junto con otros siete compañeros que tuvieron que salir clandestinamente del país.

Horacio buscó refugio en Estados Unidos. Como la gran mayoría de los exiliados, pasó por muchas dificultades económicas que endurecieron su espíritu de lucha. Durante varios años se dedicó a denunciar los atropellos de los regímenes dictatoriales de Hugo Chávez y de Maduro y aportar ideas para la reconstrucción de nuestra industria petrolera.

Por sus méritos profesionales, en julio del 2020 el gobierno interino de Guaidó lo designó como director y, en diciembre, como presidente de la junta administradora ad hoc de Pdvsa, cuyo principal activo es el complejo de refinación de CITGO. En ese cargo ha velado para que esta empresa la manejen excelentes profesionales ajenos a la actividad política. El éxito ha sido rotundo. Las cifras hablan por sí solas. También ha tenido que lidiar con innumerables demandas contra CITGO, como consecuencia de las ilegales expropiaciones de empresas como Conoco- Phillips, Crystallex y otras, ordenadas por Chávez. Además, con demanda de los portadores de Bonos Pdvsa 2020, ordenados por Maduro y emitidos ilegalmente sin la aprobación de la Asamblea Nacional 2015, con garantía de acciones de CITGO.

La defensa de CITGO ha sido difícil, porque un juez consideró, equivocadamente, que CITGO y Pdvsa no se diferencian. Es importante recalcar que ninguno de los endeudamientos fue para invertir en esa empresa, sino para satisfacer la voracidad del gasto fiscal y la corrupción del gobierno de Maduro. Salvo los Bonos 2020, hay que reconocer que las restantes demandas son justificadas, aunque quien debe responder es la república. Se está en espera de la subasta convocada por el juez de la causa.

Como es conocido, a los trabajadores petroleros despedidos ilegalmente en el 2002-2003 no les cancelaron las prestaciones legales y Pdvsa se apropió del Fondo de Ahorro contributivo, de lo aportado para los planes de jubilación y para adquisición de vivienda. Algunos trabajadores habían retirado durante su vida activa parte de las prestaciones y del Fondo de Ahorros, otros no. Ante las demandas de las empresas y portadores de bonos, dos grupos de trabajadores están intentando demandar a CITGO para recuperar lo que les debe Pdvsa y también como compensación a las violaciones a los derechos humanos.

Aunque esa demanda es compleja, están en su derecho de intentarla y hay que entender que la gran mayoría está en condiciones económicas muy malas. Lo objetable es que algunos exdirigentes sindicales hayan emprendido una campaña injusta en contra de Horacio, unos por ignorancia, otros por mala fe, al pensar que CITGO es como pila de agua bendita que cualquiera puede meter la mano.

Decir que Horacio cedió ante las exigencias de las petroleras y tenedores de bonos es una canallada.

Ni la directiva de CITGO, ni Horacio pueden desembolsar ni un dólar sin una decisión judicial. Quien diga lo contrario miente. Recientemente, quizá al percatarse de que por vía de los tribunales no es coser y cantar, los promotores también están descalificando a Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional 2015. Ojalá entiendan que Horacio tiene una gran calidad humana y que quisiera resolver ese problema, pero que tiene las manos atadas.

Como (había) en botica

  • De las declaraciones del fiscal chileno Héctor Barroso se desprende que al teniente Ronald Ojeda lo asesinaron en Chile por decisión de un alto funcionario del régimen de Maduro.
  • Solidaridad total con Israel ante la agresión de Irán. Ojalá este país entienda que la paz requiere, entre otras cosas, que deje de apoyar a los grupos terroristas Hamás y Hezbolá.
  • Lamentamos el fallecimiento de Luis Urdaneta Vásquez, exvicepresidente de la Pdvsa meritocrática.
  • ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Las prepago en el mundo del poder
A las prepago les importa tres pitos que el ascenso en la política de sus novios o parejas haya estado marcado por acusaciones de corrupción, violaciones a los derechos humanos y represión política

 

@cjaimesb

Hasta hace apenas poco más de un año, a Tareck El Aissami se le consideraba uno de los personajes más influyentes dentro del gobierno de Nicolás Maduro. Hoy, no solamente es señalado como uno de los responsables de la crisis política y económica que atraviesa Venezuela en la actualidad, sino que además se convirtió en el enemigo más peligroso que al régimen chavomadurista le haya tocado enfrentar en estos veinticinco años.

Pero sabemos poco sobre qué pasó allá adentro y quizás nunca lo sabremos en su total dimensión. Solo añado que para los revolucionarios resulta muy fácil el “borrón y cuenta nueva” con quienes han sido sus incondicionales. Porque, en el caso del exministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, así como exvicepresidente ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela, exgobernador del estado de Aragua, exministro del Poder Popular para el Petróleo y expresidente de PDVSA, pasaron del amor al odio “sin pasar por GO”, como decíamos en el juego de monopolio.

Pero el tema de este artículo no es El Aissami. Es cómo, en medio de toda esta locura, ha salido a relucir el tema de las prepago y su influencia en el poder en Venezuela.

Ese mundo –también conocido como prostitución de lujo– es un asunto controversial que ha existido a lo largo de la historia y que sigue aún más presente en la sociedad actual. Las prepago son mujeres que ofrecen servicios sexuales a cambio de dinero, pero a diferencia de la prostitución tradicional, las primeras suelen ser jóvenes, atractivas, con cierto nivel de educación, que atienden a clientes de alto nivel socioeconómico.

En Venezuela nos calamos a la amante de un presidente durante cinco años. Todas las decisiones del gobierno de Jaime Lusinchi pasaron por el filtro de Blanca Ibáñez, quien además era su secretaria privada. Yo la vi en Maracay vestida de militar cuando la tragedia de El Limón y Ocumare, una tarde que fui a llevar ayuda para los damnificados. Y no es como dicen, que se le había ensuciado la ropa y le ofrecieron un uniforme: era un traje hecho a la medida, que, como para que no quedaran dudas, decía en letras bordadas “Ibáñez”. Con su poder cuasi absoluto logró también que una universidad la graduara de abogado en tiempo récord y sin asistir a la mayoría de las clases. Otros recordarán a Cecilia Matos, la amante de Carlos Andrés Pérez, pero en su caso la mantuvo con mucha más discreción que Lusinchi. Hoy, las cosas no han hecho sino empeorar. 

Las prepago tienen influencia en el poder a través de sus conexiones con personas influyentes y poderosas, lo que les permite acceder a oportunidades laborales, contactos políticos y beneficios económicos. Uno que está preso desde hace un par de años, tenía una oficina donde sus chicas –muchas provenientes de concursos de belleza– recibían a los invitados y complacían sus requerimientos y deseos. Otro que ocupó varios cargos importantes se hizo famoso entre las jóvenes estudiantes de bachillerato de su ciudad natal porque les pagaba las cirugías plásticas, sobre todo las de agrandarse las lolas. Por cierto, ese ser está desaparecido del ojo público desde hace un buen tiempo…

Hay sociólogos que se han planteado que las prepago pueden ser víctimas de explotación y abuso por parte de sus clientes, porque –alegan– pueden utilizar su poder y riqueza para controlarlas y manipularlas debido a que muchas de ellas se ven obligadas a entrar en este mundo por situaciones de vulnerabilidad, como la pobreza, la falta de educación, de oportunidades laborales o la violencia de género.

Por supuesto, su presencia también plantea cuestiones morales sobre la cosificación de las mujeres y la mercantilización del sexo, refuerza estereotipos de género y perpetúa la desigualdad entre hombres y mujeres. Pero la realidad es que estas prepago –al menos de las que hago referencia- no son ni una cosa, ni otra. Son mujeres muy claras en lo que quieren y no se detienen ante nada. Tampoco se plantean dilemas sociales ni éticos.

Tusi tan blindada

Tusi tan blindada

Para ellas lo importante es usar su físico para acceder al dinero y al poder. Les importa tres pitos que el ascenso en la política de sus novios o parejas haya estado marcado por acusaciones de corrupción, violaciones a los derechos humanos y represión política. Y ya ni siquiera levantan cuestionamientos sobre la moralidad de sus prácticas, más bien es lo contrario: suscitan admiración. Basta con revisar las redes sociales. Para las muchachas liceístas que no han tenido en todo su bachillerato profesores de ciencia, y escasamente uno o dos días de clase como máximo a la semana, es una manera rápida y segura de lograr ganar en un año lo que siguiendo la ruta del estudio no lograrían durante el resto de sus vidas. ¡Qué tragedia para un país!

En Venezuela se conocen casos de mujeres que han mantenido relaciones con políticos y empresarios influyentes a cambio de dinero y favores. La corrupción y la impunidad que caracteriza al gobierno venezolano han sido tierra fértil para que florezca la presencia de las prepago en esos círculos, donde son piezas clave para la obtención de información privilegiada, influencia política y, lo más importante para ellas, acceso a recursos económicos. Y también tienen una suerte de “protección”, porque mientras sus amantes van presos, a ellas “ni con el pétalo de una rosa”. Alguien (o algunos) en el mundo judicial, deben tenerles ganas…

Como sociedad, hubiera sido fundamental abordar este tema desde una perspectiva de género y derechos humanos. Pero ya es tarde: esa sociedad aceptó lo que en otros tiempos hubiera sido una afrenta contra la dignidad y el bienestar de todas las personas involucradas en esta realidad compleja y delicada. Las prepago, su presencia e influencia en el mundo del poder en Venezuela, no son más que un reflejo de las desigualdades y vulnerabilidades que afectan a la sociedad en su conjunto. De una manera u otra, todos lo estamos sufriendo, todos lo estamos pagando…

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Tormentos y pasiones revolucionarias / Notas sobre las izquierdas venezolanas, un libro de Isaac López que nos confronta
El libro Tormentos y pasiones revolucionarias / Notas sobre las izquierdas venezolanas, de Isaac López, historiador y profesor de la ULA, es un intento laboriosamente fundamentado porque entendamos la lluvia que nos trajo a estos lodos

 

@nildasilvaf

En el libro Tormentos y pasiones revolucionarias / Notas sobre las izquierdas venezolanas, el historiador Isaac López nos sacude la memoria para entender un pasado que incomoda y por qué estamos donde estamos. Lo hace bellamente, pero sin indulgencia: aspira a levantar la chispa de la autocrítica personal y colectiva que ilumine “la oscurana terrible de esta hora”. Y construyamos, por fin, la ciudadanía que reclame un tiempo más amable.  

Y cómo no, lo hace desde la experticia del historiador endiabladamente riguroso y honesto que es. Pero también desde la piel de quien avivó su rebeldía juvenil con el canto de Víctor Jara o del grupo Quilapayún o se enamoró con alguna canción de Pablo Milanés, como nos pasó a tantos en la universidad (donde Cuba sembró tan eficaz y sistemáticamente su propaganda). Y así, desde la cercanía del militante y la distancia del académico, don Isaac, quien es profesor titular de la Universidad de Los Andes, disecciona la izquierda venezolana con precisión cirujana en los 23 ensayos que integran el libro. Una obra con la cual se forja el doctorado en Historia en la Universidad Católica Andrés Bello.

Lo había asomado en el artículo Pablo Milanés, los días de gloria, que publicamos en Runrunes: “Ha costado mucho que la seducción de la Revolución cubana se desvaneciera en los sectores medios, universitarios e intelectuales de Venezuela. Y hablo desde el ‘mea culpa’, no solo desde el intento de comprender el entorno”.

Tormentos y pasiones revolucionarias / Notas sobre las izquierdas venezolanas es un gesto para nada nostálgico, como suele ocurrir con la literatura sobre la izquierda en esta orilla del mundo. Es más bien un intento laboriosamente fundamentado porque entendamos la lluvia que nos trajo a estos lodos: “… En estos momentos de la historia nacional, acercarnos a la comprensión del pensamiento y proceder de la izquierda venezolana, deslastrados de pasiones, fanatismos y militancias puede aportar en el mayor entendimiento de la circunstancia que vivimos. La historia es aquí pasado y presente, método y forma, aliada”, nos anima el historiador en la introducción de su obra.

Con este libro, auspiciado por la Universidad de Los Andes, el autor inaugura su Colección País de Abril, dentro de su Biblioteca Guaruguaja. Se trata de una publicación personal donde don Isaac señala los porqués y los tantos quiénes de esta ruina continuada. Una catástrofe cuyo culmen, ahora que lo pienso, es la pavorosa ley contra el fascismo.

Insiste el profesor: “El empeño de los operadores políticos de esta hora por establecer una memoria corta de la evolución contemporánea del país, que nos trajo a la situación actual, es un truco malsano y siniestro. Preciso es denunciarlo una y otra vez. Como lo expresó el viejo fundador del MIR, Domingo Alberto Rangel:Nadie puede explicarse a Chávez sin la crisis profunda que vivía el sistema democrático venezolano el 4 de febrero de 1992, un régimen de cabaret de lo más inmundo’”.

Más adelante nos trae un espejo: “Sin embargo, la mejor opción para el común de los venezolanos es extrañar al chavismo. Rotularlo como producto aparte del país. ¿Venidos de marte o de júpiter? Encapsularlos en la etiqueta izquierda: eternos renegados, parásitos universitarios, conspiradores desde el tiempo de la guerrilla, secuestradores y encapuchados. Mejor no ver en ellos las costumbres comunes de la tribu ahora expandidas y sistematizadas, estandarizadas (para emplear un anglicismo de esos que tanto nos agradan): irresponsabilidad, ética torcida, flojera, improvisación, ventajismo, personalismo, amiguismo, grosería del habla y del gesto. Eso nos contrastaría con el espejo y ese es un ejercicio más exigente”.

Les advertí que mi amigo don Isaac no es indulgente. Pero su severidad tiene un bello, desesperado, reverso: “Quizás sea un ejercicio extremo de recogimiento e introspección el que nos exige este tiempo, esta medianoche del siglo y del país. Un esfuerzo de silencio para mirar en lo profundo de los que somos. Domar la pertinaz vocinglería, vacua y superficial, para luego del viaje al centro de nosotros poder ensayar nuevas miradas, formas y palabras…”.

Lo que sigue es todavía más significativo. Pero no quiero destripar el libro. Más vale que lo lean, para lo cual les invito a entrar al portal académico saber.ula.ve, donde está el pdf. Es muy probable que de esos 23 ensayos salgan más conscientes de que la solución está en nuestras manos. Más informados, decididos y esperanzados. Un poco más ciudadanos. Y quién quita que empecemos, por amor de Dios, a despejar la oscurana. 

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Humano Derecho #17 - Temporada 2 con Ignacio Queremel, promotor de Vamos
Ignacio Queremel, promotor de Vamos nos habla sobre el registro electoral en torno a las próximas elecciones presidenciales en Venezuela

 

@_humanoderecho

¿Considera que la cantidad de puntos de inscripción electoral disponibles es suficiente? ¿Cómo evalúa la facilidad de acceso a la información sobre los puntos de inscripción? ¿Ha observado una disminución en la afluencia de personas a estos puntos del CNE? Conversamos de estos y otros temas con Ignacio Queremel, promotor de Vamos, quien nos hablará sobre el registro electoral en torno a las próximas elecciones presidenciales en Venezuela.

El Consejo Nacional Electoral, CNE, habilitó 315 puntos fijos y 20 itinerantes en todo el país para el registro electoral y cambio de residencia. Sin embargo, esta cifra genera preocupación entre la ciudadanía, que cuestiona si es suficiente para atender la demanda durante este período electoral.

A comparación con elecciones anteriores, la cantidad de puntos de inscripción disminuyó significativamente. Por ejemplo, en 2015 se habilitaron 1500 puntos, mientras que en 2018 la cifra se redujo a 500 para las elecciones presidenciales. Esta disminución ha generado dudas sobre la capacidad del Consejo Nacional Electoral (CNE) para garantizar el acceso al registro electoral a todos los ciudadanos.

Se han logrado registrar a 500.000 nuevos votantes y más de 600.000 cambios de residencia en solo 28 días, aún queda un desafío importante: inscribir a millones de jóvenes que aún no forman parte del padrón electoral. “Es un número increíble para la cantidad de tiempo asignada donde incluso los puntos se anunciaron la noche antes de que empezara la jornada especial de inscripción”, agrega Queremel.

Presentado por Génesis Zambrano (@medicenmouzo) y Luis Serrano (@akaLuisSerrano). Somos el radio web show semanal que mezcla la buena música con gente que ayuda a gente. Transmitido por diferentes plataformas del país, es producido por RedesAyuda y Provea.

Más contenido en humanoderecho.com

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Doña Rosa y sus arepas de chicharrón
Cada vez que preparo arepas de chicharrón en Buenos Aires se abre un portal cuántico que me traslada hasta la casa de mi abuela doña Rosa

 

@SoyJuanette

Cada vez que preparo arepas de chicharrón en Buenos Aires se abre un portal cuántico que me traslada hasta la casa de mi abuela doña Rosa, en Los Magallanes de Catia.

Hacer arepas y bollitos de chicharrón en la casa Villa Delia, de la calle Vista al Mar, en Los Magallanes, era todo un ritual. Usualmente la materia prima, el chicharrón de cerdo, provenía de una chicharronera que estaba en la entrada del pueblo de San Antonio de Cúa, en los Valles del Tuy, donde mi familia tenía una casa de campo.

En aquella época yo tenía tal vez 10 años y mi hermano 6. Mi madre cursaba una licenciatura en Educación a distancia en la Universidad Nacional Abierta; como tenía exámenes los fines de semana, nosotros nos íbamos con papá a Cúa para que ella pudiera estudiar sin ninguna distracción y presentar sus pruebas.

Antes de llegar a Los Cocos (así se llamaba la casa de Cúa), mi papá se detenía en la chicharronera y compraba 1 kg de chicharrón, ½ kg de “frito” y algunas arepas para acompañar. Luego rodábamos alrededor de 1 kilómetro hasta la parcela y pasábamos el finde entre matas de mango, paseos a caballo, baños en el tanque (el bebedero de las vacas) y uno que otro juego de pelota.

De la compra en la chicharronera papá siempre reservaba lo que quedaba para llevarlo a Caracas, donde mi abuela doña Rosa prepararía sus ricas arepas y hallaquitas. El proceso era el siguiente:

La doña instalaba un molino en la mesa del comedor y los nietos más grandes nos poníamos en fila para darle a la manivela, esto con el objetivo de moler el chicharrón hasta que quedara lo más pulverizado posible. Cuando teníamos la piel frita del cochino lo más triturada posible, la abuela unía eso con la mezcla de harina pan, el agua y un toque de azúcar.

Una vez lista la masa, doña Rosa separaba una parte para hacer las arepas fritas y otra para las hallaquitas, a las que envolvía en hoja de maíz para luego cocinarlas en agua hirviendo. El queso blanco semiduro era fundamental para acompañar estos ricos manjares.

¿Por qué escribo de esto ahora y cómo recordé las arepas de mi abuela?

Hace algunos meses les ofrecí a mis amigos Matías y Ariel, dos excelentes comediantes argentinos, que les prepararía unas arepas para que las probaran. Decidí como relleno nuestra emblemática reina pepiada a base de pollo, aguacate y mayonesa. Y también sumé el de carne mechada y queso amarillo.

Acto seguido, fuimos a comprar la harina pan, salsa de ajo y otras cosas más, cuando en uno de los anaqueles me topé con una bolsa que decía “Sabores Clau, Chicharrón Artesanal”, así que lo compré. Tras llegar a casa de Ariel, probé un trocito pequeño de chicharrón y, como por arte de magia, mi mente me conectó con aquel Juancito de 10 años que giraba la manivela de un molino en casa de doña Rosa.

Sé que ni a mi nutricionista ni a mi cardiólogo les gustará este artículo. Pero, créanme, en los días fríos o tristes, no hay mejor remedio que esas comidas que nos llevan hasta la infancia. Aunque te suban un poco el colesterol.

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Alejandro Armas Abr 12, 2024 | Actualizado hace 5 días
Dracón llegó a Caracas
Todos los demócratas del mundo están en deuda con Solón y hasta cierto punto aspiran a emularlo. En Venezuela, en cambio, los poderosos evocan con nostalgia atávica a Dracón

 

@AAAD25

Cuando comencé esta columna, hace más de ocho años, era apenas un novato que había cumplido todos los requisitos académicos para optar por la licenciatura en Comunicación Social pero que, por la burocracia kafkiana venezolana, tenía que esperar varios meses más por su certificado. Un pichón de periodista al que este portal le dio una oportunidad dorada, por la que siempre le estaré agradecido. Necesitaba darme a conocer de alguna manera en un mar de plumas con bastante más experiencia y méritos que los míos. Se me ocurrió entonces que podía ofrecer algo distinto a partir de mi pasión por la historia. Entonces, en sus primeros años, la columna siempre siguió la fórmula de comparar hechos contemporáneos con otros, del pasado. El mecanismo cumplió su propósito y, cuando este espacio y su autor ya tenían un poco de reconocimiento, decidí dejar de emplearlo.

No obstante, a veces conviene volver a él. Hoy, por ejemplo. Este es el primero de dos artículos en los que haré analogías entre la Venezuela de hoy y la antigua Atenas. Me encantaría que los símiles correspondieran específicamente con el período de mayor esplendor de la ciudad helénica, cuando su democracia clásica hizo de ella un faro para la discusión plural de ideas políticas. Pero no puedo, por razones obvias. Los paralelismos serán más bien con dos épocas, una anterior a la democracia ateniense. La otra, posterior. Comencemos, pues.

Me llamó la atención hace unas semanas que desde la élite gobernante venezolana se describió un proceso legislativo que ahora está en pleno desarrollo con el término “draconiano”. Por no ser un vocablo de uso muy común, me permito aclarar su significado para quien no lo conozca. Dícese de aquellas medidas legales, especialmente las punitivas, que son excesivamente severas. Que el chavismo hable de sanciones muy duras no es algo que a alguien consciente pueda sorprender a estas alturas. Ese es su principal mecanismo para el control social. No es entonces el concepto de la palabra “draconiano” lo revelador, sino su etimología.

El término viene de Dracón, un célebre legislador ateniense del siglo VII a. C., el primero del que se tiene registro individual. Fue el autor de la primera “constitución” de la polis ática. Es decir, del primer código textual de leyes para la vida en la ciudad, en lugar de las tradiciones jurídicas orales anteriores. En tal sentido, pudiera decirse que Dracón fue un visionario del progreso, ya que, como bien señaló Platón en el diálogo Las leyes, es indispensable que una sociedad cuente con normas escritas para que todo el mundo pueda conocerlas inequívocamente y saber qué está permitido y qué no.

Pero hasta aquí llegan los beneficios de la “constitución” draconiana. Su gran problema era el establecimiento de castigos desproporcionados para varios delitos. Entre ellos, la esclavitud para deudores y la pena de muerte para robos menores. Todo esto se ve peor si tenemos en cuenta que, repito, no hablamos de la Atenas democrática, sino de su predecesora. Era este un Estado aristocrático en el que los pobres eran ciudadanos de segunda, con menos derechos que sus pares adinerados.

De hecho, la severidad de las leyes de Dracón pudo tener como propósito garantizar un orden desigual y opresor, mediante el miedo que inspiraban las penas.

Que cada quien en la jerarquía social supiera cuál es su lugar y ni se le ocurriera alterar ese statu quo, así fuera por necesidades básicas para cuya satisfacción los medios tolerados por el poder no alcanzan. Volviendo a Platón y a su concepto de justicia, que es dar a cada quien lo que le corresponde, se entiende fácil que estas no eran leyes justas. En algunos casos, criminalizaban conductas que no eran realmente ilegítimas. En otros, para conductas que sí eran ilegítimas establecían castigos desproporcionados.

Las reglas de Dracón fueron revocadas casi totalmente en el siglo siguiente por otro legislador de renombre: Solón, uno de los “Siete Sabios de Grecia” y  el padre de la democracia ateniense (tal vez, de toda la democracia subsiguiente en el mundo). Sus reformas expandieron los derechos de la ciudadanía y aligeraron las sanciones, haciéndolas más justas. Ese proceso fue continuado por otros dos reformistas, Clístenes y Efialtes, que produjeron el clima de tolerancia y diversidad de ideas de la Atenas democrática. No era, desde luego, un sistema tan permisivo como las democracias republicanas modernas. El juicio y condena a Sócrates son prueba suficiente de ello. Pero para estándares de la época, en la que las alternativas eran el militarismo aristocrático espartano o el despotismo de los reyes persas aqueménidas, era algo bastante avanzado.

Todos los demócratas del mundo están en deuda con Solón y hasta cierto punto aspiran a emularlo. En Venezuela, en cambio, los poderosos evocan con nostalgia atávica a Dracón, al celebrar el advenimiento de una legislación que expresamente recuerda a la mentalidad punitiva del legislador aristocrático. Creo que eso dice mucho en nuestro contexto político, económico y social, marcado por la alienación entre el gobierno y la voluntad ciudadana mayoritaria y por la exclusión de las masas con respecto a la prosperidad o la vida siquiera decente, mientras que un puñado de privilegiados goza de fortunas y privilegios exorbitantes. Exclusión e intimidación. De eso se tratan los planes de los discípulos de Dracón en el siglo XXI, aunque insistan en disfrazarlo con eslóganes socialistas y revolucionarios que prometen lo contrario.

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¿Por qué Manuel Rosales no tuvo las mismas trabas que MCM?
A Manuel Rosales no le impusieron tantas trabas por una sencilla razón: el oficialismo no va a dejar correr en la carrera presidencial a quien los cataloga de narcorrégimen y camarilla de delincuentes

 

@victoralvarezr

MCM afirma que hasta 10 días antes de las elecciones se puede inscribir su candidatura presidencial o la de su sustituta, Corina Yoris. La Ley Orgánica de Procesos Electorales tiene cuatro artículos que definen los plazos y condiciones de la postulación y sustitución.

  • El artículo 44 dice: “El Cronograma Electoral establecerá los lapsos previstos para las postulaciones. Las postulaciones consignadas fuera del lapso previsto en el Cronograma Electoral serán extemporáneas y se tendrán como no presentadas”.
  • El artículo 62 dice: “Las organizaciones postulantes podrán sustituir sus candidatos o candidatas, en los siguientes casos: fallecimiento, renuncia, discapacidad física o mental debidamente certificada por la autoridad competente o razones constitucionales y/o legales.”

El oficialismo argumenta que la sustitución de MCM por Corina Yoris no se debe a ninguna de las tres primeras causas, sino que se trata de un intento por defraudar la ley, al insistir en inscribir por mampuesto una candidatura que está inhabilitada. La candidatura de Corina Yoris fue presentada públicamente como una candidata-representante de MCM.

  • El artículo 63 establece que: “Las organizaciones postulantes podrán modificar las postulaciones que presenten y, en consecuencia, sustituir candidatos o candidatas hasta diez días antes de ocurrir el acto electoral.”
  • El artículo 64 agrega: “La sustitución de un candidato o una candidata constituye una nueva postulación y, en consecuencia, cuando el postulado sustituto o la postulada sustituta no sea un candidato o una candidata previamente admitido o admitida, deberá cumplir con los requisitos establecidos en la presente ley y su reglamento”.

Si bien el artículo 64 deja abierta la posibilidad de admitir la postulación de una candidatura no admitida previamente, el Artículo 44 dice que: “Las postulaciones consignadas fuera del lapso previsto en el Cronograma Electoral serán extemporáneas y se tendrán como no presentadas.” La polémica se genera al interpretar que las sustituciones se harán dentro de los candidatos ya postulados y admitidos y, por lo tanto, todo cambio posterior será, o bien una adhesión a otra candidatura admitida, o bien una renuncia que deja en libertad al elector para que vote por cualquiera de los candidatos que quedan.

La fecha límite para que las modificaciones o nuevas postulaciones salgan en el tarjetón es el 20 de abril. Después de esta fecha, solo se podrán presentar adhesiones a otras candidaturas aceptadas hasta 10 días antes de las elecciones, pero estas modificaciones ya no saldrán en el tarjetón. El CNE tomará las medidas para informar a los electores sobre la sustitución realizada: “Cuando el tiempo en que se realice la sustitución resulte insuficiente para realizar el cambio en el instrumento electoral, los votos que se emitan en el mismo se acreditarán al candidato sustituto o candidata sustituta.”

A Manuel Rosales no le impusieron tantas trabas por una sencilla razón: el oficialismo no va a dejar correr en la carrera presidencial a quien los cataloga de narcorrégimen y camarilla de delincuentes; a quien los acusa de traidores a la patria que entregaron la soberanía nacional a la ocupación cubana, al espionaje iraní y ruso; a quien los acusa de convertir el territorio nacional en una guarida de grupos terroristas cómo Hezbolá, FARC y ELN; a quien aplaude las recompensas que ofrece EE. UU. por la captura de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello; a quien ha solicitado endurecer las sanciones económicas contra Venezuela; a quién invocó la activación del TIAR y la creación de una amenaza creíble a través de una intervención militar extranjera; a quien promueve juicios en la Corte Penal Internacional y desafió a Maduro diciéndole: “yo no te quiero muerto, yo te quiero vivo para que enfrentes la justicia, yo te quiero preso”.

Si bien es cierto que esa estrategia amenazante, retadora y de confrontación radical le sirvió a MCM para hacer crecer como la espuma su popularidad y aceptación en las encuestas, y ganar con el 92,35 % de los votos la primaria presidencial de la Plataforma Unitaria, esa misma estrategia no funcionó para incentivar al régimen a permitir su inscripción y dejarla competir en unas elecciones libres y justas que hicieran posible la alternabilidad en el poder por la vía electoral y pacífica.

Para recuperar la alternabilidad en el poder, el mejor candidato opositor será el que mejor se entienda con el gobierno y esté dispuesto a un pacto de convivencia pacífica, sin retaliaciones ni persecuciones. De lo contrario, quienes gobiernan se aferrarán al poder.

En vez de seguir con su discurso amenazante, a MCM le conviene bajar el volumen, leer la Biblia y seguir la palabra de Jesús cuando aconsejó a sus apóstoles y discípulos y les dijo: “Así que sean mansos como una paloma y astutos como una serpiente”.

Quizás la insistencia tenaz de MCM de inscribir su candidatura o la de su sustituta sea parte de un acuerdo interno entre MCM y la PU, de una astuta y audaz puesta en escena a través de la cual se finge una ruptura entre MCM y la PU, pero una vez postulada la candidatura definitiva de la MUD, aceptada por el CNE y no impugnada por nadie, entonces MCM entra en acción, le levanta la mano al candidato de la MUD y llama a votar por él, minimizando así el margen de maniobra del oficialismo para inhabilitar también al candidato opositor que a última hora reciba su apoyo.

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