Opinión - Runrun

OPINIÓN

Video original de @ConflictsW

Las últimas maniobras de la Fuerza Armada colocan a una buena parte de la población como “enemiga” del régimen, y por ende susceptible de ser objetivo militar en un contexto de conflicto.

 

@javiermayorca

 

Las maniobras Escudo Bolivariano fueron mucho más que lo reflejado en el video de la gordita miliciana atascada en el caucho de un circuito de entrenamiento.

Ese episodio contribuye a reforzar una imagen de los milicianos, que puede ser parcialmente cierta, pero que no explica el denodado interés del régimen por promover el crecimiento de la institución, caracterizada como “pueblo en armas”. La banalización de uno de los factores del conflicto no es conveniente, aun si la iniciativa parte de sectores del propio oficialismo.

Escudo Bolivariano fue mucho más que esa anécdota. Los milicianos, como el resto de la Fuerza Armada, participaron en unas maniobras que perfilaron las acciones a emprender si en Venezuela llegase a declararse un estado de conmoción, en virtud de la intervención de factores externos.

En primer lugar, cabría preguntarse qué se intentará proteger con el mentado escudo. Sobre ello hay varias pistas. Una muy significativa es que en la fase preparatoria se ordenó el traslado de tropas de la Guardia Nacional desde el estado Miranda hacia el municipio Libertador. Allí, los militares y los grupos civiles armados conformarían una serie de anillos en torno a Miraflores, lugar donde tiene su asiento el Poder Ejecutivo.

En algunos documentos revisados para este trabajo en torno a los recientes ejercicios militares se pudo apreciar una premisa común: las acciones de la Fuerza Armada y los grupos civiles del oficialismo eran la respuesta a la incursión de “fuerzas invasoras” de Estados Unidos, en hipotética alianza con factores locales. El “enemigo”, entonces, no solo son los militares estadounidenses sino todos los que rechacen al actual régimen.

Esta línea ha sido trabajada desde hace varios años. Ya el famoso Plan Zamora y sus catorce planes subsidiarios adelantaron algunas cuestiones al respecto. Incluso, las primeras maniobras Escudo Bolivariano, llevadas a cabo en 2015, hacían referencia a esta misma situación. Solo que ahora la respuesta perfilada por los militares ha sido mucho más contundente. Por ejemplo, el despliegue de los sistemas de misiles BUK y Pechora en torno a los aeropuertos que sirven a la capital, y el apostamiento de tanques T-72, así como otros blindados en los principales accesos a la capital pareciera indicar una mayor disposición del Ejército a participar en situaciones que no necesariamente tienen las características de conflicto regular.

Otro elemento se refiere a la gestación en el Ejército de los llamados “grupos tácticos de batallón”, o GTB, que son unidades especiales de dimensiones reducidas, cuyo propósito es liderar las actividades de guerra irregular. En diciembre, la comandancia de este componente ofició a la Academia Militar para que se hiciera la escogencia de los estudiantes que pintaban mejor para esta tarea. Los GTB son creación directa del ejército ruso, y fueron puestos en acción en los conflictos de Ucrania y Siria.

Como parte de Escudo Bolivariano, se llevaron a cabo actividades en Higuerote y Carenero, en las que participaron efectivos de fuerzas especiales junto con milicianos. Se simuló la colocación de minas antipersonales en las vías que dan acceso a la capital y en las playas donde supuestamente desembarcarían las tropas invasoras. Otro tanto se hizo en el aeropuerto de Higuerote, donde fueron emplazadas baterías antiaéreas falsas o dummies, con el propósito de transmitir la impresión de que se posee una capacidad bélica mayor que la realmente disponible.

En el caso de los ejercicios llevados a cabo en Barlovento, las acciones estuvieron orientadas por el llamado “método táctico de resistencia revolucionaria”, que le confiere una importante participación a los civiles en la defensa de los intereses del régimen.

Este procedimiento ha sido objeto de estudio en las academias militares del país, por lo menos desde hace tres años, como parte de una materia más amplia referida a las guerras de cuarta generación. Las fuentes de inspiración son teóricos chinos. En los casos de la Armada y la Guardia Nacional, se da a entender que en las primeras de cambio el “ejército invasor” logrará establecer posiciones en el territorio nacional, luego de vencer la resistencia ofrecida por los conglomerados de tropas regulares y civiles. En este contexto, la victoria para los militares venezolanos estaría definida por la posterior expulsión de los contingentes extranjeros.

En el escenario de guerra planteado en el aeropuerto de Higuerote, por ejemplo, el tiempo tope de resistencia para los militares venezolanos sería de dos semanas. En esos días de duros combates, no contarían con refuerzo alguno.

Escudo Bolivariano, desde luego, tiene un guion de final feliz para los militares leales al régimen. Pero esta es una situación hipotética. La vida real, en cambio, se acerca más a lo declarado por el Protector del Táchira, Freddy Bernal: un conflicto con las fuerzas armadas de Estados Unidos sería “un suicidio”.

Breves

*En los últimos meses, la Fiscalía ha dado una mayor visibilidad a los casos en los que murieron mujeres a manos de sus parejas. Según este discurso, parece que la violencia homicida en Venezuela se ensaña contra las personas de sexo femenino, en contextos de intimidad. En realidad, las propias cifras manejadas por el Gobierno revelan que la victimización de este sector de la sociedad ha disminuido, tanto en números absolutos como en porcentaje con respecto a la población victimizada. En 2019, fallecieron en hechos de violencia 691 mujeres adultas, adolescentes y niñas. Esto equivale al 9 % de los casos. El año anterior fue 16 %. Según fuentes de Relaciones Interiores, la mayor cantidad de víctimas tiene edades entre 25 y 29 años. Y el móvil más frecuente, así como en el resto de los homicidios, es el llamado “ajuste de cuentas”. Desde luego, hubo una gran cantidad de casos en los que no se supo por qué mataron a la persona, toda vez que Cicpc no profundizó en las averiguaciones. Pero las muertes de mujeres por razones pasionales suelen dejar muchas evidencias, producto de los arrestos de ira y dolor. Y por eso se llegó a la cifra de 131 víctimas.

*La puesta en vigencia de la Ley Constitucional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana también tomó por sorpresa a buena parte de la institución militar. No por el hecho en sí, puesto que el ministro de la Defensa Vladimir Padrino había acudido en diciembre a entregar el proyecto correspondiente ante la Asamblea Nacional Constituyente, en un acto público. Lo que sorprendió fue la relevancia adquirida en este nuevo esquema por la Milicia Nacional Bolivariana, así como las nuevas funciones que asume todo el sector militar. En la entrega anterior se sostenía que con esta ley todo el país, y no solo la FANB, entraría en una nueva etapa. De ahora en adelante, lo militar estará mucho más presente en la vida de toda la ciudadanía, a pesar de la falta de popularidad que tiene la Fuerza Armada como institución. Cuarteles adentro, es tal el desconocimiento del nuevo texto que los comandantes de zonas en el interior del país ordenaron una ronda de charlas y conferencias para explicar su contenido, y compararlo con el de la ley recientemente derogada, que apenas tuvo cinco años de vigencia. 

@ArmandoMartini

 

Nos viene a la mente con sólo darle un vistazo a las noticias, prestar atención a la mímica oficialista, conversar con personas de diferentes niveles y sectores, comprobar situaciones disparejas que se producen. Pero no es la aprehensión convulsa habitual entre venezolanos frente a la inseguridad generalizada y violación de los derechos ante la arbitrariedad abusiva de cualquier prepotente dirigente o alcabala policial-militar. Es miedo en el oficialismo. Culillo en el castro-madurismo. Terror, pánico, consternación y sobresalto, en sus cercanías.

El miedo, emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o amenaza. Su origen se encuentra en el sistema límbico, donde residen las emociones. Obedece a un mecanismo hormonal que se desencadena en la amígdala central; está presente, es libre y se percibe. 

En cualquier ambiente de la vida nacional, se observa el culillo por las sanciones que hará correr como locos a politiqueros, cómplices cooperantes, cohabitadores, bolichicos, socios corruptos y todo aquel que se preste a las vagabunderías de la dictadura. Ya no lo pueden disimular ni esconder; les brota por los poros. 

¿Había visto alguna vez al usurpador con atuendo militar más allá de una gorra verde de cortesía? Pues ya lo tiene, con simbología de ramas y soles en las hombreras al estilo cubano, enorme ¿camisa? ¿guayabera? que cubre su inmensa -cada día más gruesa fisonomía- en Miraflores y Fuerte Tiuna se degusta mejor, y en abundancia sin límite que, el resto del país no disfruta. Chávez en sus tiempos cambió los tradicionales uniformes beige y verdes del Ejército por cortados a la medida rusa, hoy su heredero, como nunca ha sido militar, se hace un equivalente de Comandante en Jefe, quizás por vaivenes y desconciertos, para que no exista duda de quién manda.

Fíjense el alboroto montado por el diosdadismo-madurismo en Maiquetía para convertir al interino Presidente de regreso de una gira que turba y desasosiega a más de un rojo rojito nervioso, en víctima que escapa vencedor de las garras y agresiones de aquella señora que, junto con chillones vocingleros aeroportuarios, molestaban más que un pthirus pubis.

El lío que armó la Vicepresidenta sancionada al viajar a los Emiratos Árabes Unidos con el pretexto de ir a Turquía, haciendo escala ilegal e indebida en Madrid, violando el espacio aéreo europeo el cual le está prohibido ingresar; y se pregunta si todo el riesgo, que ha embarrado al Gobierno de Pedro Sánchez, El coleta Iglesias y el cid campeador chimbo, nada creíble de José Luis Rodríguez Zapatero, sólo superado en su nefasto gobierno por el actual populista, torpe y embustero.

Saque números y trate de sumar la avalancha de dólares cuya circulación libre y uso a voluntad son ilícitos, sobre los cuales el régimen, que ha destruido la economía y anda negociando en yuanes, rublos, euros y un invento llamado petro que busca difundir y nadie quiere, echa la mirada a un lado, se hace el loco y hasta servicios bancarios por la libre está permitiendo. Con miedo y enculillado, permite operaciones, pero no elimina leyes que las controlan, y en cualquier momento el castrismo liado y cleptómano expropia; además vende en escondrijos clandestinos el oro que le dejan pranes, garimpeiros, maltratadores y asesinos del medio ambiente. Las divisas escasean y se acaban, han dejado vacías las arcas del Banco Central de Venezuela.

No perder de vista del transporte público popular, para darse cuenta de la desconfianza de los resignados usuarios a empezar sus traslados en un vagón del Metro atiborrado, para terminar, caminando a oscuras en los tenebrosos túneles, se accidenta o se va la luz, como sucede con cada vez mayor frecuencia; caerse de cualquier “perrera” donde viajan muchos agarrados como pueden entre saltos por el pavimento roto, curvas y frenazos de conductores desconsiderados e imprudentes.

Pregúntese cómo llega usted a su casa, sea un elegante apartamento, cajón de la Misión Vivienda o modesto rancho, sin saber si tendrá agua para bañarse, gas para cocinar la escasa comida, electricidad para saber por dónde camina o ver algo de televisión -sin contar las aburridas cadenas obligatorias de radio y televisión repletas de embustes, donde desfachatados prometen cualquier cosa y obras que nunca llegarán.

Eso para no escribir de lo que no es miedo sino certeza. No importa cuánto gane en su empleo, si lo tiene, hace años y por años más no podrá comprar completo ni gastar en nada que no sea el pequeño máximo que le alcance.

El miedo es libre, amenaza sin actuar hasta que revienta. Con el ultimátum del mundo occidental de no elecciones sin el cese de la usurpación, las sanciones a personas, bienes muebles e inmuebles, cuentas bancarias, organizaciones y un sinfín de etcéteras. Camaradas, es cosa seria, el miedo es como un volcán, que mucho alardea y nada pasa hasta que un día estalla. 

No hay reventón que por miedo no venga.

 

La circunstancia, por Laureano Márquez

“Les Voyageurs”, del artista francés Bruno Catalano. Foto: autor desconocido.

 

@laureanomar

 

Una de las frases memorables del filósofo español José Ortega y Gasset -que se inscribe en el antiguo debate entre determinismo y libertad- es aquella de: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Siendo uno, pues lo que uno es y la circunstancia lo que te rodea y te limita: las características del tiempo histórico en el que naciste y has vivido, el medio ambiente, el sistema político del que formas parte, las enfermedades que padeces, etcétera.

La circunstancia es, pues, todo aquello que te circunda, que está alrededor tuyo. A los venezolanos nacidos en la segunda mitad del siglo pasado nos ha cambiado mucho la circunstancia. A diferencia de los nacidos en este siglo, que no han conocido sino demolición y destrucción de todo lo que rodea su vida, nosotros conocimos un tiempo de progreso y libertad, con todas las limitaciones que esas ideas pueden tener en el contexto de América Latina.

Nos tocó vivir, sin duda, el momento de mayor avance de Venezuela en toda su historia con educación de calidad, salud, cultura, empleo, una economía medianamente estable, sujeta -¿cuándo no?- a los vaivenes del petróleo.

Eso propició en nosotros un conjunto de situaciones que nos permitieron avanzar algo más que las generaciones que nos precedieron. Fue el mejor momento de nuestra historia porque fue el tiempo de la república civil, tan largamente anhelada y pospuesta por el caudillismo militarista -que imaginábamos definitivamente derrotado-. Para los de mi generación, abandonar el país era algo impensable, salvo que fuera por cortos períodos y para el estudio.

Un compañero de bachillerato, amigo de tantos años que nos han vuelto familia, abandona el país, ya no puede con él. Los que somos sus amigos sabemos que no le queda de otra. Los últimos tiempos le han hecho mella en su alma y si no se va, su salud va a correr riesgo, lo sabemos. La gente de principios, que es la gran mayoría, aguanta, resiste, pero cada uno tiene su límite, ya él llegó al suyo. Su decisión de irse es sin duda libre, lleva años debatiéndose, pero no se iría si no fuese por la circunstancia que le envuelve, la misma de todos, más el yo de cada quien.

Otro compañero del grupo de bachillerato -un médico brillante-, deseándole suerte, escribió un mensaje conmovedor que fue el que en realidad me ha impulsado a escribir esta columna:

“Aquí seguimos en Venezuela.

Más por costumbre que por convicción.

Yo en mi burbuja no me puedo quejar.

No gano mal y menos para los estándares actuales.

Pero mi país ya no es mi país. Todo cambió.

El costo de irme es muy alto y no me siento en capacidad de asumir ese costo.

Por eso aquí sigo. Y veremos qué pasa.

Un poco de cobardía, otro de comodidad y un poco de sentido común. Quién sabe. Y sigo aquí.

Pero no soy inmune a mi entorno.

Mis amigos, mis grandes amigos… ya casi no me quedan. Y cómo los extraño.

Gracias a Dios, mis hermanos siguen aquí y cada vez nos unimos más.

Pero cuando alguien se va, entro en luto.

En luto porque ese alguien se va y en luto porque no sé si estoy en lo correcto quedándome en vez de huir al precio que sea.

Esta semana se va del país un gran amigo, mi compadre, mi profesor de dominó, un hermano más.

Ya eso rompe mi entorno familiar. Y estoy de luto.

Nos conocimos en 1975.

45 años apenas de amistad. Entiendo sus razones para irse y lo apoyo. Necesita respirar otro oxígeno. Y espero de todo corazón que logre obtener todo lo que ansía”.

La frase de Ortega trae cola: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Pero en Venezuela, donde hasta la filosofía va de cabeza, hay que salvar el yo de la cada vez más aniquiladora circunstancia.

Suerte, Santander.

@ovierablanco

“Un gran error es creer que la responsabilidad es solo de Guaidó. Todo pasará si queremos que pase…por hacerlo previsible”

Eva Cerrolaza, catedrática de liderazgo de Westfield University (a quien le tengo gran aprecio por su agudeza y voluntad motivadora), nos colige oportunamente sobre nuestro error de “justificar lo inevitable”, nuestra indisposición a lo previsible pudiendo anticipar y evitar cosas. Es hacer lo que tenemos que hacer. Vuelvo con la sentencia del filósofo y existencialista Italiano Giambattista Vico: verum ipsum factum, basado en la teoría de Descartes, según la cual lo que sabemos es lo que hacemos y lo que hacemos es los que podemos armar y desarmar…

¡Oído al tambor!

Nos dice Cerrolaza: “En la vida ocurren cosas impredecibles. No es posible cambiarlo. Escapa a nuestra capacidad. No podemos decidir sobre estos sucesos, no podemos predecirlos para prepararnos (…) Taleb nos hablaba de los cisnes negros, sobre cómo los humanos observamos la realidad, la distorsionamos y vemos o no vemos lo que se nos viene (el cambio). Él llama cisne negro a ese elemento de nuestra realidad que provocará un gran impacto pero que no vemos venir porque estamos ciegos”  En fin, no queremos, no aceptamos o no nos conviene verle venir.

La lógica del cisne negro hace que lo que no sabemos sea más importante que lo que sabemos. El cisne negro vendría a ser el resultado de ciertas limitaciones (o distorsiones) de carácter epistémico, colectivas e individuales, en lo que concierne a la confianza en el conocimiento. No es pues un fenómeno objetivo. En otras palabras es no creer y no ver lo que no nos viene en ganas…

Si mañana amaneciéramos con Maduro montado en un avión e ido a Cuba, a todos nos impactará. Y diremos a coro: ¿increíble? Fue una rareza, una “mano peluda, un cisne negro”. Nos resulta imposible, por impredecible, creerlo porque no participamos de ello. La permanencia del régimen en el poder para muchos es inevitable. Cantamos una derrota antes de terminar el partido a cuenta de creer que nos llevan ventaja… Nos hacemos depender de un milagro, de Dios o de un héroe. Desconfiamos que la salida es previsible, que sí lo podemos hacer porque más creemos que no lo sabemos hacer para no hacerlo. Parece un trabalenguas pero es tal cual así…

El cisne negro busca justificar nuestra incapacidad e indisposición a hacer más, creer más, armar o desarmar lo que puedo hacer y prever, en fin, evitar fallas y fracasos. Destacamos más nuestras carencias, miedos y privaciones que nuestras capacidades. Y surge el autosaboteo para justificar el yo no fui. Es Maduro que es más bravo que yo o Guaidó que no pidió la intervención…

Maquiavelo decía que no basta la astucia del príncipe, sino también la fortuna. Pero la fortuna no existe. Existimos nosotros [Descartes], por lo cual la suerte [del príncipe] depende de lo que cada uno hagamos, haciendo lo impredecible, realizable.  Como nos dice Eva Cerrolaza, “impredecible no significa necesariamente inevitable. Lo inevitable lo podemos predecir”, y agregaría, estando en el lugar correcto, en el momento apropiado, con la persona apropiada. El recurso soy yo y la fortuna eres tú. Unámonos. “En el momento que confluyen nuestros recursos hacemos lo que podemos, lo que realmente queremos, no cometemos errores, tenemos la experiencia, y tenemos la conciencia de los recursos y de nuestro foco de acción. Es entonces cuando las cosas salen como esperábamos y los resultados como consecuencia se dan”. Gracias Eva…

Se busca. Encuéntralo tú

La política en Venezuela hoy nos permite concluir que frente a un régimen de naturaleza autoritaria y criminosa el principal “hacer, armar”,  es la protesta ciudadana, popular, masiva y descentralizada. La vulnerabilidad del dictador está en él, no en nosotros. Sepámoslo ver. Es identificar clivajes de poder. Pueblo vs. tiranía. Derecho al voto libre y justo vs. fraude. Movilización sin retorno vs. violencia. Paz vs. milicias.

La narrativa del presidente Juan Guaidó también ha cambiado para evitar lo que nos parece inevitable: Maduro forever. El presidente ha dicho no más diálogos y la única negociación es cuándo y por dónde te vas. Esto supone retomar la calle y la conformación de un movimiento de movimientos -insisto- inteligente y menos vulnerable. No estamos descubriendo el hilo negro y el agua tibia. Son procesos de lucha no violenta que se generaron en Rumania, la antigua Yugoslavia, Polonia, Sudáfrica, India o la primavera Árabe [Egipto, Sudán].

Las elecciones libres no son una quimera, es historia. No son un “cisne negro”, una rareza, una ilusión impredecible. Son un bien, un valor, un derecho por el que debemos luchar, creer, reactivarnos. Sabemos que es condición sine qua non un nuevo CNE, la depuración del REP y la observación internacional. Evitable era la llegada de Chávez. Previsible es el fraude electoral. Evitable es Maduro y sus camarillas. Y la libertad es nuestra misión inevitable. Hagamos evitable lo previsible por hacerlo propio.

Juan Guaidó ha propiciado la transición política. El régimen ha quedado acorralado. El mundo democrático está con nosotros. Lograr el cambio es evitar errores. Un gran error es creer  la responsabilidad es solo de Guaidó. Todo pasará si queremos que pase… por hacerlo previsible. Es evitar que nos hagan (Müll) desecho. ¡Eso es voluntad…! Es encontrar un cisne blanco llamado libertad. ¡Manos a la obra…!

Algunos atribuyen a Bernardo de Claraval la frase “el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”, es decir que muchos buenos deseos conducen al fracaso por ser poco realistas. Por cierto que el propio Bernardo, posteriormente santificado, tuvo la buena intención de recuperar para la cristiandad tierras en manos de musulmanes, para lo cual fue un entusiasta predicador de la Segunda Cruzada, empresa que fracasó rotundamente. En esta tierra, otrora de Gracia, muchos políticos tienen buenas intenciones pero,a nuestro leal saber y entender, el camino para salir del narcorégimen y recuperar la economía requiere algunos cambios y aclaratorias para evitar seguir camino al infierno.

El fin de la usurpación es inevitable, pero no puede ocurrir por un decreto del presidente (e) Guiadó, como le exigen algunos bien intencionados y otros no tanto. Acelerar ese acontecimiento requiere un frente común que no se base solo en declaraciones. Separados los colaboracionistas Claudio, Timoteo y Mujica, y los diputados comprados por el régimen, la tarea debería ser más sencilla. Este es el primer reto que tiene nuestra dirigencia. No solo deben evidenciar valentía frente a los malandros,como hasta ahora lo han hecho, sino desprendimiento paro lograr ese frente que reclama la ciudadanía.

Considerando la proliferación de empresas del Estado, el segundo reto es tomar la decisión de qué hacer con las mismas. En el pasado tuvimos empresas del estado bien manejadas, sin injerencia de los partidos políticos en el poder, como Edelca, el Metro de Caracas y Pdvsa, y otras totalmente politizadas que operaban en rojo. Hoy, todas las empresas en manos de los rojos están de ese color. Son cientos de empresas en el sector energético, petroquímico, agrícola y de servicios. Para recuperarlas, si es que son recuperables, se requeriría grandes inversiones, gerencia profesional y prohibición de hacer proselitismo político dentro de las mismas.

En caso de que la dirigencia decida no privatizarlas, ¿está dispuesto el sector político a no interferir en sus operaciones, en no utilizarlas para emplear militantes y, desde luego, en designar directivas con mérito y no por filiación partidista? Los ciudadanos aspiramos que desde ya se den señales en ese sentido. Por ello deberían aclarar por qué en empresas en manos de la oposición se nombraron inicialmente algunos excelentes profesionales que al poco tiempo fueron sustituidos, como es el caso de Jon Bilbao, José Alberto D’ Antonio y Freddy Goerke, en Monómeros Colombo Venezolano, y Enrique Torres y a Rogelio Lozada, en la Directiva Ad hoc de Pequiven. Con esos cambios se perdieron más de doscientos años de experiencia y algunos de los sustitutos no parecieran tener los galones necesarios. En la directiva ad hoc de la Corporación Venezolana de Petróleo (CVP), ciertos nombramientos pueden ser objetables. Por el contrario, en CITGO y en la directiva ad hoc de Pdvsa las designaciones fueron atinadas. La administración que viene debe tener claro que las empresas del Estado deben manejarse como negocio.

Además de lo señalado, la dirigencia debe indicar cuáles serían las fuentes de financiamiento de las empresas actualmente del Estado. ¿ Más deuda externa? ¿ Reducir recursos a la educación, salud e infraestructura? Si concluyen que lo aconsejable es privatizar, lo cual pareciera sensato, ¿cómo sería ese proceso para garantizar que sea transparente y no se aprovechen algunos tracaleros como sucedió en Rusia?

Como es lógico, los puntos señalados no deben, ni pueden ser resueltos por el partido político que asuma el poder. Por ello seguimos insistiendo en la necesidad de un pacto de gobernabilidad por un mínimo de veinte años, con períodos presidenciales de seis años, sin reelección, y candidatos únicos de los firmantes del pacto electos en primarias.

Si no procedemos con transparencia y decisión, el cambió puede tardar un poco más y, lo que es igualmente grave, se verá afectada la confianza para la recuperación de la economía y el retorno de los rojos puede estar a la vuelta de la esquina. Nuestros dirigentes tienen la palabra. Ojalá escuchen sugerencias desinteresadas. Requerimos cambiar el rumbo para no seguir camino al infierno.

Como (había) en botica: El Vice Almirante retirado Franklin Montplaisier, ex Comandante de la Marina, no quiere dejar la casa asignada en Fuerte Tiuna. Alega que necesita tiempo para conseguir una vivienda en lugar seguro. ¿Será que le preocupa el rechazo de los vecinos? El presidente (e) Guaidó debe cuidar su lenguaje. Decir que Maduro no tiene las “esferas” para ponerlo preso es inapropiado y, además, una provocación innecesaria. La burda acusación a Juan José Márquez de traer explosivo C4, solo se le ocurre al desquiciado Diosdado, quien cuando estaba preso autorizó introducir a la cárcel explosivos y granadas en el cochecito de su hijo de meses. Lamentamos los fallecimientos de nuestros compañeros José Escorihuela, quien trabajó en Pequiven, y de José Lorenzo Granadillo, extrabajador de la planta de combustible en Barquisimeto ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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En su condición de Gobierno, el chavismo siempre ha hecho una extraordinaria oposición. La oposición no ha mostrado la misma destreza en la función que le corresponde y ahora sufre el ser “Gobierno”… Una reflexión sobre el Gobierno-Oposición y la Oposición-Gobierno en medio del caos.

1) Sí, el chavismo siempre se ha destacado en funciones de oposición. Maduro repitió la fórmula en estos días y confirmó su efectividad. “No todo es culpa de Trump”, dijo y provocó el revuelo de costumbre. Tres golpes de pecho como las famosas 3R: por mi culpa, por mi culpa…

2) Maduro sigue la lección de su padre, aunque consciente de sus limitaciones de liderazgo y autoridad. Chávez exponía al escarnio público a sus colaboradores, los humillaba y se alzaba como el principal “autocrítico”. De allí venía la “revolución dentro de la revolución”…

3) Las ya recordadas 3R, la guerra contra la burocracia y la corrupción, el “golpe de timón” y una serie de proclamas muy efectivas para la campaña, pero que jamás ofrecieron resultados. Sin embargo, cumplían su cometido: el chavismo era su propia oposición.

4) El chavismo ahora toma un espacio que parecía huérfano: el de la denuncia de corrupción. Ya lo ha hecho en el pasado, pero en este momento las condiciones son mejores porque tiene un “Gobierno” al que enfrentar. Así dispara contra AN, Citgo, Monómeros y la ayuda humanitaria.

5) No se paran en nada. Jorge Rodríguez toma de la abundante corrupción chavista para enlodar a la oposición. Señala a Rafael Ramírez -hijo dilecto de Chávez-, admite el saqueo de la emergencia eléctrica -decretada por Chávez- y se lanza contra Guaidó y la oposición. Y nada pasa.

6) El viernes, Saab informa sobre acciones contra la corrupción en Pdvsa y la Fiscalía. El sábado, Rodríguez grita que allá corre el ladrón. ¿Y la oposición? Vamos con ella, pero antes un comentario para tratar de ser justos y recordar el contexto de la política venezolana.

7) Hacer oposición en Venezuela cuesta muerte, cárcel, persecución y exilio. Todos los partidos están ilegalizados y sus dirigentes sufren el acoso permanente del régimen. Se reconoce el esfuerzo y el riesgo, pero también está claro que se cometen errores.

8) Muchas veces se ha echado en falta un discurso y una posición más incisiva, profunda y sólida, que señale las desviaciones del chavismo. En resumen: que muerda y no suelte hasta ver el hueso, que tome la bandera de la lucha anticorrupción, que no deje “morir” los temas.

9) Aquí merece mención especial el caso de la Comisión de Contraloría. Aún no se presenta un informe definitivo y ya el grupo de Parra amenaza con sacar su “investigación” sobre las directivas de la AN. De nuevo: el chavismo llenando el espacio de la denuncia de corrupción.

10) A esa falla de origen ahora se suma otro hecho: que la oposición tiene funciones de “Gobierno”. Desde esa perspectiva, se dedica a hablar de lo que puede hacer como “Gobierno” -o cuando llegue a serlo plenamente- y deja a un lado su tarea fundamental: ser oposición.

11) Ser y hacer oposición pasa por exigir rendición de cuentas a quienes ejercen el Gobierno, aunque se les considere ilegítimos y usurpadores. Esas personas están manejando los dineros y recursos de todos los venezolanos, entonces, deben dar la cara por la destrucción nacional.

12) Los periodistas agredidos denuncian ante la Fiscalía no porque la “reconozcan” o consideren “legítima”, sino porque ese es el organismo que debe responder y su silencio sirve para confirmar y recordar quiénes son los culpables de la impunidad que genera violencia.

13) Hoy es noticia y motivo de debate que la AN creó un órgano contralor -cosa que debía hacer, sin duda-, pero no es objeto de discusión la labor que desempeña Elvis Amoroso en la Contraloría General de la República. Y así en todos los casos.

14) El país sufre una emergencia humanitaria compleja. ¿Quiénes son los responsables? Hay que ponerle a esto nombre y apellido. Ramírez le responde a Rodríguez llamándolo corrupto, habla de un testaferro. ¿Quién exige respuesta y abre una investigación sobre este hecho? ¿Nadie?

15) En conclusión: la oposición debe ejercer y rendir cuentas sobre aquellos espacios de “Gobierno” que controla. Pero no por eso debe dejar de cumplir su primerísima responsabilidad: ser oposición a un Gobierno que jamás supo gobernar, pero que siempre ha sido una gran oposición.

@pppenaloza

El diablo está en los detalles, por Víctor Maldonado

@vjmc

 

En el mundo de las organizaciones no hay cambio más radical que el que llaman “transformacional”. Supone ruptura y una nueva forma de asumir la realidad. Implica quiebres con los que se ha venido haciendo hasta entonces para asumir que lo viejo ya no sirve y que no queda otro camino que salir del espacio de confort para intentar algo absolutamente novedoso. Obviamente eso ocurre cuando la necesidad hace impostergable el intentar el máximo esfuerzo para sobrevivir, como cuando sobreviene una innovación tecnológica que deja a la anterior en la más absoluta obsolescencia. En esos casos no hay nada que hacer. O te montas en ese tren, o quedas para que otros te usen de ejemplo sobre la incapacidad para responder a los desafíos de la realidad.

Los pioneros son siempre personas muy incomprendidas, incluso odiadas. Schumpeter decía que en todos ellos había esa locura que caracteriza a los creativos. Todos ellos pasan por una época de soledad y rechazo para luego ser admirados, no por sus propuestas sino por sus resultados. Primero tratados como locos y luego reconocidos como exitosos.  Abren nuevos surcos, imponen nuevos paradigmas, cambian las formas de relacionarse con el mundo y crean esas “divisorias” que diferencian lo anterior de lo nuevo. No hablan de adaptación, no quieren saber nada de resignación. Ellos escapan donde otros quedan prisioneros. No gravitan alrededor de nada. Crean nuevos espacios de atracción donde los demás, incluso sus más apasionados críticos, terminan por rendirle tributos.

Eso también pasa en la política. Y debería pasar en nuestra forma de ver las soluciones a la crisis venezolana. ¿Cómo salimos de esto? Los conservadores (que en este caso son los que no quieren salir de su espacio de confort) van a afirmar que la solución es la conformación de una gran alianza unitaria que sea el polo vencedor en unas elecciones, no importan las condiciones. Que para constituir esa alianza no se pueden hacer baremos propositivos o morales, porque lo importante es lograr una masa crítica que sea capaz de demostrarle al régimen usurpador que es una minoría ínfima y por lo tanto debe irse cuanto antes.

 

Pero el diablo está en los detalles

Porque la salida conservadora, que supone que lo malo puede tener buen néctar, asume que es posible congregar a lo dañado para que se reconstituya, y que el país va a conseguir la solución a su crisis por un proceso similar a la generación espontánea. O sea, que la corrupción la van a acabar los corruptos, que el estatismo va a ser derogado por los socialistas, que el clientelismo va a ser superado por los demagogos y que el populismo va a ser dejado atrás por los caudillos. Y por supuesto, que los marcos morales son metafísicos y en nada tienen que ver con la política real, esa que se practica todos los días, donde por lo visto se puede lidiar y ganarle la partida a la traición, la deslealtad, la adulancia, el saqueo del erario o la connivencia con los represores y violadores de los derechos humanos. Nada de moralinas, argumentan los conservadores, porque “todos somos arrieros y en el camino andamos”, una mano lava la otra, favor por favor, y nada malo tiene recibir una ayuda de quien saqueó. De esta forma vemos que lo que verdaderamente pesa en un cambio que parece imposible es que nadie quiere ser pionero, todos andan cuidando sus relaciones, y todos aspiran a una conversión masiva por la que va a ser innecesario pasar facturas, porque “todos somos venezolanos”. El error de la salida conservadora es que no quiere salir de nada, sino que aspira a ser y a quedarse con todo.

Como los detalles no importan, a lo máximo que podemos aspirar es al cambio de elenco, pero de ninguna manera de guion y de resultados. De allí el hastío que buena parte de los ciudadanos tienen con una oferta política que no tiene nada nuevo que ofrecer. Y que no quiere ofrecer nada diferente.

Los pioneros, a diferencia de los conservadores, proponen una ruptura radical y transformacional. Y para ello acuden al depositario de la soberanía. No se están imaginando un arreglo de cúpulas, porque están echadas a perder. Proponen un nuevo pacto, nuevos protagonismos, nuevas estrategias y resultados diferentes. ¿Qué significa eso? Romper con la corrupción, desafiar el compadrazgo y el clientelismo, asumir con coraje la ruptura con los que han defraudado al país, evitar la lástima “perdona vidas” con los cómplices del desguace nacional, y entender que los venezolanos merecen el advenimiento de una nueva época, donde los odres viejos no sirven para albergar los vinos nuevos.

Los conservadores advierten que así no se hace política. Que los que así piensan pertenecen a otros espacios, pero en ningún caso a la política. Esa afirmación nos obliga a hacernos una pregunta crucial: ¿Qué es la política? Definámosla por su contrario: No es el espacio para condenar al ciudadano a la servidumbre. Tampoco es el ámbito para garantizar la impunidad de una dirigencia llena de mediocres. De ninguna manera debería servir para lavarle la cara a la corrupción. La política es, entre otras cosas, el espacio para hacer realidad los valores en los que se creen en el marco de un orden social que sirva a la felicidad del individuo. El llamado de los pioneros sería intentar un país donde la probidad y la idoneidad construyan espacios crecientes de libertad y prosperidad. ¿O es que los valores sirven para guardarlos en el bolsillo a la hora de tener que tomar decisiones? ¿O nos tenemos que resignar a la perversidad de decir una cosa y hacer otra? ¿Tenemos que vivir subyugados por las apariencias y apaleados por una realidad en constante disonancia? ¿Debemos resignarnos a que la mentira es el signo de la política? Y peor aún ¿Estamos condenados a vivir una forma de hacer política que es perversa?

Los conservadores se aferran a la nostalgia de un país que nunca fue pero que ellos fabularon. Un país donde las relaciones importaban. Donde la amistad era a prueba de balas. Donde el haber estado juntos obliga para siempre a una lealtad a prueba de sensatez. Un país de conversos constantes, de caídos que se redimen y de situaciones que se superan. El país de la perenne connivencia, donde todos caben, el tirano con sus víctimas, el represor con sus reprimidos, el corrupto con sus saqueados, el torturador con sus torturados. Una unidad perfecta solo porque nadie pregunta, nadie se atreve a impugnarla, nadie atina a salir de la ofuscación para ir al abrazo de la verdad. Y la verdad está en los detalles. ¿Eso es posible? ¿Es posible el perdón al tirano?

Y aquí vuelve el diablo con sus detalles. En un país dañado hasta los tuétanos. Torturado y saqueado por una dirigencia que ha sido incapaz de cualquier atisbo de prudencia. Un país que ha caído víctima del cinismo ejercido por sus élites, donde al parecer, todo vale, lo bueno, lo malo, lo peor, lo inimaginable, porque la política es así, y no puede ser de otra manera. Y entonces cualquiera que pregunte si no vale pena separar la paja del trigo, si no tiene sentido tomar la hoz y segar el campo para intentar una nueva cosecha, es tildado de ingenuo y despachado a los espacios previstos para la reflexión sin consecuencias. ¿Porque las relaciones y el acervo de memorias compartidas son más importantes? Cuando se plantea la ruptura y el imperativo de una moral pública todos se escandalizan ¿y la respuesta es que así no se hace política? ¿Acaso el sentido común es tan conservador que pretende seguir con la inmolación de los venezolanos porque no hay opción? ¿Porque la única opción es la política como pesca de arrastre, donde todo lo que se agarra es bueno?

La ruptura que necesitamos es con las élites del país, dañadas hasta los tuétanos. ¿O estamos condenados a dar por buenos los respaldos de los malos? La ruptura que necesitamos es con la connivencia que exige una repartición clientelar para llegar al poder. ¿O estamos condenados a sufrir una vez tras otra la nefasta experiencia de los frentes amplios y las mesas de la unidad? La alianza es con los ciudadanos, con la gente que hasta hoy ha sido excluida y que ha sufrido en carne propia esta hecatombe donde todos hemos sido víctimas. Necesitamos un pacto con la verdad. ¿O es que necesitamos el vínculo de la mentira, de la oferta fraudulenta, del descaro propositivo, para ganar adeptos? ¿La verdad no es más fuerte? ¿Necesitamos acaso intentar alianzas con el que tarde o temprano traiciona o practica la deslealtad? ¿La integridad no es más fructuosa?

Pero hay algo más. El pionero necesita del respeto, e incluso del temor que provocan aquellos que son capaces de mantener su posición. Por la vía del respeto llegan incluso a ser queridos, tanto como desafiados por los que se quedan atrás. Y aquí en Venezuela hay muchos que tienen que ser dejados atrás para abrirle una oportunidad al futuro. La élite pestilente que se ha lucrado con la muerte y la desolación de los venezolanos, que ha parasitado sus instituciones, que las han silenciado para sus propias conveniencias, que han perseguido y devastado derechos, que se han creído dueños de la verdad oficial para contrariar y aniquilar a los que han pensado diferente, que han preferido la censura porque hace homenaje a su resentimiento revanchista, esa dirigencia no puede ser exonerada. Por eso los pioneros son temidos.

La innovación está centrada en darle una oportunidad a la libertad. Superar el caudillismo y sus montoneras para instaurar el estado de derecho. Superar la complicidad del amiguismo y el compadrazgo, para abrirle paso a la justicia. Superar la amoralidad facilista para que podamos tener una cultura centrada en valores. Superar el diletantismo para volver a restaurar el mérito. Superar la corrupción para vivir un país de probidad y honestidad. Superar el crimen para vivir seguros. Superar el guaraléo político para experimentar la firmeza. Superar la mediocridad para tener excelencia. Superar el tiempo que se pierde, para tener eficacia. Superar la perversidad para vivir la verdad. Y solo la verdad nos hará libres.

 

Esta vez le tocó a Miguel Pizarro ser la víctima. Pizarro es uno de los políticos más inteligentes y sólidos que tenemos. Lo digo porque lo conozco. A pesar de que sus declaraciones fueron meridianamente claras, las sacaron de contexto: “Mi papá fue guerrillero. Yo sé de cerca el daño que puede infligir la violencia como medio de acción política”. ¿Qué significa esto, sino que está EN CONTRA DE LA VIOLENCIA?… Sigue: “Yo estuve muy cerca de ellos (los muchachos) porque no quería que cometieran excesos, que el ímpetu del momento los llevara a convertirse en una suerte de lucha armada”: Pizarro conoce MUY BIEN los riesgos, el peligro y la sinrazón de la lucha armada. Pero yo estoy segura que lo que detonó la ira de tantos fue lo que dijo a continuación: “que ese mundo del sifrinazgo caraqueño que les metía plata y les daba comida y los increpaba para que hicieran cosas supuestamente heroicas en nombre de la libertad, cuando en verdad eran irresponsabilidades, tuvieran a alguien de la política que hiciera contrapeso y que hiciera pedagogía”.

A mí no me pueden tildar de izquierdosa, porque jamás lo he sido. Más bien, de lo que se me ha acusado en muchas ocasiones es de formar parte de ese sifrinazgo caraqueño, al que conozco bien. Y nadie me va a venir a decir que no hubo gente que buscaba a los muchachos, les daba de comer, los proveía de máscaras, les daba dinero, muchas veces en dólares. Un día que me estacioné cerca de la Plaza Altamira vi cómo se acercaban a los muchachos y los instaban a que arremetieran en contra de los guardias. Yo les decía que no hicieran eso, pero aquellos chamos se creyeron que eran unos héroes y algunos terminaron asesinados. ¿De quién es la culpa, de Miguel Pizarro? ¡Nada que ver! Pizarro los estaba protegiendo de que no los fueran a matar. Y estoy segura de que muchos que están vivos hoy, le deben la vida.

Pero claro, para ese sifrinazgo pendejo el que Pizarro sea hijo de un guerrillero lo inhabilita de por vida. Muchos de quienes aupaban a esos chicos a enfrentar a las fuerzas de seguridad del Estado tienen a sus hijos fuera del país. ¡Que maten a los hijos de otros! ¡Que maten a los muertos de hambre! Y tú, Miguel, sigue adelante con tus posiciones francas, claras y contundentes. Si los perros están ladrando, es porque avanzamos.

@cjaimesb