Reuben Morales, autor en Runrun

Reuben Morales

Tutorial para escribir humor en pleno siglo 21, por Reuben Morales

@ReubenMoralesYa 

Lo primero que debe hacer, es escoger un tema. Digamos que su tema es el Facebook. Ahora debe hacer un descubrimiento absurdo dentro de ese tema como, por ejemplo: “Si Cristóbal Colón hubiese tenido Facebook, jamás hubiese llegado a América”.

Ya teniendo tema y descubrimiento, debe pasar a sustentar el porqué de su loca teoría. Sin embargo, le recomiendo no entrar de golpe en la materia. Siempre es bueno hacer una muy breve introducción que le sirva de preámbulo. Si se tratase de un artículo humorístico, por ejemplo, y me tocase escribirlo a mí, el mismo arrancaría así:

“Antes de entrar en materia, quiero excusarme con la comunidad de las personas que tienen alto contenido de melanina, cabello ensortijado y antepasados venidos del continente que está ubicado debajo de Europa y a la izquierda de Asia. Una comunidad que lamentablemente se vio involucrada en extendidos episodios de trabajos forzados y maltratos físicos. Me refiero a esa comunidad que se caracteriza por ser muy buena en los deportes, el baile y el canto. Me disculpo con dicha comunidad, pues quien escribe esto no los representa por carecer de melanina y por, probablemente, tener algún antepasado que los maltrató. A pesar de todo ello, me solidarizo con su lucha”.

“Así mismo, quiero excusarme con la comunidad de las personas que sienten deseos lujuriosos hacia seres que vinieron configurados igualitos que ellos. La misma comunidad de las personas que nacieron regidas por la testosterona (pero sienten que por sus venas corren los estrógenos y, en consecuencia, se realizan un trueque de aparato reproductor). Esa misma comunidad de las personas que se inyectan testosterona porque no toleran el reguero que les producen los estrógenos cada 28 días. A todos ellos, mis más sinceras disculpas. Quien escribe esto, es una persona que involuntariamente expulsa feromonas cuando siente la presencia de personas que ovulan a su alrededor. Sé que no les represento. Sin embargo, me solidarizo con su lucha”.

“De la misma manera, quiero disculparme con la comunidad que tiene discapacidad del nervio óptico, la retina, el humor vítreo, los coroides, el cristalino, la pupila, los conos, los bastones, suelen usar lentes de sol a toda hora, llevan un bastón en la mano cuando van por la calle y, a veces, están acompañados por un perro. A todos ustedes, mis más sinceras disculpas pues esto lo escribe alguien que no sabe utilizar el sistema de lectura inventado por Louis Braille. A pesar de ello, me solidarizo con ustedes”.

“Tampoco quiero dejar de disculparme con la comunidad de personas cuyos cuerpos están compuestos por órganos como matriz, útero, trompas de Falopio, vulva, mamas y cabellos que, por lo general, sobrepasan el cuello. A todas estas personas, mi más sincero perdón. El artículo en cuestión está escrito por un ser humano que carece de todos esos órganos y, además, es parte de una comunidad que históricamente se tardó en darles el derecho al voto y, para colmo, les hace devengar un salario estadísticamente más bajo. A ustedes, mis más sinceras excusas y reciban toda mi solidaridad.”

¡Listo!… Ya hecho el sucinto, minúsculo y reducido preámbulo, puede pasar a escribir sobre el Facebook de Cristóbal Colón.

Claro, solo le quedará espacio como para una línea, pero no se preocupe. ¡Es la extensión perfecta para no meterse en problemas! Una vez la escriba, proceda a despedirse de su lector y listo. Ya usted estará en total capacidad para escribir humor en pleno siglo 21.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¡Vota por mí, rapidito!, por Reuben Morales

@ReubenMoralesYa 

¡Hola, [email protected]! Como siempre has estado ahí para mí, así como yo lo he estado para ti (te pido recuerdes todos los favores que te he hecho, como abrirte la puerta para que tú pases primero o las veces que he fregado los platos en tu casa), te voy a pedir un gran favor y espero no te niegues (porque decir “no” genera karma y ya tú sabes: el que la hace la paga aquí mismo, en esta vida).

Te cuento que me metí en un concurso de figuritas de origami basado en la milenaria técnica tradicional del origami del suroeste occidental del Japón meridional.

Mi figurita está concursando y quien reciba más votos se ganará una beca de un año para ir a Japón a estudiar esta técnica de origami.

En tus manos está el que yo viaje a Japón, pues sabes que este es uno de mis verdaderos talentos (no el origami, sino el fastidiarte para que votes por mí). Después te digo qué te traeré de allá, pues solo aceptan una maleta de 23 kilos; por lo ­que este voto tuyo podría convertirse en un llavero tradicional del Japón (aunque atrás diga “Made in China”).

¿Cómo votar por mí? ¡Sencillo! Es una página muy fácil de recordar. Métete en www.ConcursoDeOrigamiTradicionalDelSuroesteOccidentalDelJaponMeridional.com. Una vez allí, debes crearte un usuario y dejar que la página acceda a todos tus contactos (pues lo que realmente les interesa es tu base de datos, la cual vale más que mi pasaje).

Para crearte tu usuario, llena el formulario que ahí te muestran. Debes subir tu foto, dar tu primer nombre, segundo nombre, primer apellido, segundo apellido, fecha de nacimiento, signo del zodíaco, número de la suerte, color favorito, número de cédula, ciudad de expedición de la misma, cuándo vence, número de pasaporte, ciudad de expedición del mismo, cuándo vence, tu nacionalidad, número de teléfono, dirección de habitación, nacionalidad de tu mamá, nacionalidad de tu papá, fecha de nacimiento de ambos, cuántos hijos tienes (y si tienes, fechas de nacimiento de cada uno), enfermedades que ha habido en tu familia, tu dirección de correo electrónico y tu usuario de redes. Hecho esto, debes crearte una contraseña. Es muy fácil. Solo debe tener cinco letras mayúsculas, cinco letras minúsculas, tres números, un espacio, un signo de puntuación, el título de un libro que haya ganado Premio Nobel y tener, al menos, 47 caracteres.

Con tu usuario ya registrado, la página te dará acceso. Luego te mostrará un video de 34 minutos del Ministerio Imperial del Turismo del Japón. Debes verlo a juro. Si lo tratas de saltar, te hará empezar todo el procedimiento de nuevo. Ya visto el video, pasarás a la sección de votación. La única forma de votar es que veas todas las propuestas. Es una costumbre social de cortesía japonesa. Apenas son 170 propuestas y la mía es la número 168.

Cuando vayas a votar por mi propuesta, ten en cuenta algo. La página te pide que valides tu voto tomándote una foto en la cual salgas sosteniendo tu pasaporte vigente al lado de tu rostro. Una vez subas la foto, espera a que la página confirme que eres tú. Ya validado, la página te envía un correo electrónico. Entonces te metes en tu buzón y le das click al enlace que te envían. Eso te llevará de nuevo a la página y te mostrará un anuncio que dice “Voto Aprobado” (hasta tanto no aparezca este mensaje, tu voto no habrá sido registrado, así que por favor debes esperar verlo). Una vez completados estos breves pasos, ¡listo! ¡Y por favor, te pido en el alma, no dejes de hacerlo! ¡El ganador del año pasado ganó con apenas 3 votos!

¡De antemano, muchas gracias por apoyarme con tu voto! ¡No sabes lo que significa para mí! Que por cierto… ¿recuerdas a mi prima Lele? ¿La que siempre viene a mi casa en los cumpleaños? Ella también está concursando, pero en otra categoría de la misma página. ¿Podrías votar por ella también, por fa?

 

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¿Qué más podría pasar en el 2020?, por Reuben Morales y Alejandra Solano

@ReubenMoralesYa / @alesolano 

El 2020… año de cumplir las metas que no se lograron en el 2019, pero que debimos haber logrado en el 2018 y que a su vez teníamos pendientes desde el 2017.

En fin, son esos últimos 5 kilos que no hemos bajado desde el 2016 (que ahora, gracias a la cuarentena, son 15). Hasta la numerología del año 2020 lo explica todo: 2 + 0 + 2 + 0 = ¡Los 4 jinetes del Apocalipsis! Y no son El Zorro, Don Quijote, El Llanero Solitario y Woody. Un año que ha sido más polémico que influencer tratando de hacerse tendencia. ¡Y lo que falta!

Por eso queremos advertirle cuáles serán los acontecimientos que faltan por vivir este año según la BBC (o sea, nuestros Burdos y Banales Chistes). ¡Alerta!

Bill Gates se suicida. La autopsia revela que fue porque no se le actualizaba el Windows.

Un niño, con nostalgia por hacer travesuras en la escuela, inventa una app para cambiarle la voz a los profesores, lanzar papelitos en clases virtuales y escaparse del salón sin que se note en Zoom. YouTube lo contrata y se convierte en la persona que más dinero gana en la cuarentena.

Astrólogos del mundo se unen en un gran paro general para boicotear a Los Simpson. Dicen que “ellos pegan todas las predicciones y nos dejan sin trabajo”.

Como parte de sus polémicas en Twitter, JK Rowling decide mudar Hogwarts a la casa de unos babalaos en La Habana. 

Melania Trump se hace viral porque se muestra “sin una gota de maquillaje”, sale sonriendo en una foto y se une a la causa “Black Lives Matter” al enterarse de la leyenda del Negro Manguera.

Astronautas del SpaceX deciden no regresar a La Tierra porque en La Luna no hay competencia y así podrán fundar todos los negocios posibles antes de que llegue más gente.

Salen a la luz pública mujeres que dicen haber sido acosadas sexualmente por Stephen Hawking. Todas alegan que él siempre buscaba mostrarles su número “Pi” al cuadrado.

En un bar de Missouri, un asiático agrede a un nativo norteamericano que golpeaba a un caucásico mientras un afroamericano observaba todo desde la acera de enfrente. Tras levantar el caso, la policía del condado concluye en su informe que “el culpable fue el negro de la acera”.

 

El 31 de diciembre, cuando pensábamos que el 2020 ya se acabaría…

Anonymous remata el año hackeando Google.

Gobierno de Estados Unidos ofrece 100 millones de dólares por el cerebro de Maduro… Nadie lo encuentra.

Para aumentar sus seguidores, todos los influencers del mundo sacan documentales donde revelan que, en sus vidas privadas, sufren de depresión, bipolaridad, pie de atleta, mal de San Vito, estrabismo, escoliosis, culebrilla, cataratas, VPH, seborrea, cadillos, gastritis, diarrea, coronavirus, gripe aviar, sida, cáncer, ébola… y también meten dinero en mandalas.

El FBI captura a Anonymous y, al quitarle la máscara, descubre que es un actor que antes hacía de Mickey en Magic Kingdom. La cosa es que había quedado desempleado tras el cierre de los parques.

Para realzar el alcance de la Iglesia católica, el papa Francisco graba el Ave María con Bad Bunny.

Carolina Herrera le paga a científico de Harvard para que publique un estudio donde demuestra que las Crocs dan cáncer (es solo para que la gente deje de usar esas cholas tan feas).

¿Ven? Y lo peor es que las cosas no terminan aquí, pues revisando otra vez la numerología del año 2020, volvemos a sumar 2 + 0 + 2 + 0 y la predicción es clarita: ¡Este año nos tiene en 4!

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Lo que no te muestra Zoom, por Reuben Morales

@ReubenMoralesYa 

Se nota que el creador de la frase “La primera impresión es la que cuenta”, no tenía Zoom. Si tan solo supiera todo lo que se esconde fuera de ese marquito que nos bordea en cada reunión…

Manicura y pedicura

Levante la mano todo aquel que habla por Zoom y justo debajo de la cámara se está jalando las cutículas. Levante la mano toda aquella mujer que mudó su kit de manicura justo al lado de la computadora, para pintarse las uñas de las manos en plena reunión de Zoom (aunque las más admirables son aquellas que, incluso, se hacen los pies, simulan prestar atención a la junta y, con eso y todo, la pedicura les sale derechita).

Beber algo

Levante la mano todo aquel que tiene una taza de café justo al lado de la computadora cuando se reúne por Zoom. Ahora levante la mano todo aquel que, en dicha taza, no echa café sino cerveza, vodka o el extraño menjurje de conchas de piña con semillas de chía para adelgazar. (También levante la mano todo aquel que tiene la taza vacía y solo finge tomar algo para no desentonar con el resto de los presentes).

Chateo por Whatsapp

Levante la mano todo aquel que pone el celular justo al lado de la cámara de la computadora para revisarlo mientras “atiende” la reunión. Ahora levante la mano todo aquel que no solo ve el Whatsapp, sino que además le baja el brillo a la pantalla del celular para no hacer evidente que lo está revisando en plena reunión. (Ahora levante la mano todo aquel que ya se está sintiendo en un episodio de Dora La Exploradora porque a cada rato le pido levantar la mano).

Partir el cerebro en dos

Levante la mano todo aquel que silencia su micrófono en Zoom para fingir la norma del buen oyente, cuando en verdad lo está haciendo para escuchar notas de voz del Whatsapp. (Por cierto, el verbo “fingir” aplica si usted es hombre, porque si es mujer perfectamente puede atender ambas actividades a la vez… mientras se está haciendo otra pedicura).

Fingir que tiene la cámara mala

Levante la mano todo aquel que se conecta sin activar la cámara o el micrófono, pero en paralelo está barriendo, mandando a los niños a la cama o probándose su nuevo disfraz de Chewbacca. (Y como en los párrafos anteriores siempre he terminado con algo entre paréntesis, agrego este comentario nulo para no romper la tradición).

Fingir que le va de maravilla

Levante la mano todo aquel que instaló su computadora justo delante de la única pared presentable que tiene en la casa (la cual además adornó con libros que nunca se ha leído pero que sirven para subir su estatus). Ahora levante la mano todo aquel que se conecta a Zoom sin haberse bañado. Ahora levante la mano todo aquel que se muestra presente en la reunión, pero silencia el micrófono para liberar ese silencioso y caliente genio de la lámpara que estaba apresado entre sus posaderas. (Y levante la mano si es de esos que sonríe pícaramente cuando lo hace).

No sé si piensan como yo, pero ante todo lo anterior pudiésemos estar de acuerdo en algo: Zoom es demasiado barato para las ventajas laborales que ofrece. Algo parecido a los privilegios que brinda el escribir una columna. Afortunadamente no hay cámaras grabando mientras uno lo hace. De ser así, la primera impresión podría costarme demasiado (incluso más que un tanque de gasolina en Venezuela).

 

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El amigo que nunca cuelga, por Reuben Morales

@ReubenMoralesYa 

¡Rápido! Aprovecho que no me está llamando para escribirles la columna. De hecho, estoy nervioso. Mi amigo que nunca cuelga seguro está leyendo esto y podría enojarse conmigo para siempre. Pues estos amigos que nunca cuelgan tienen una cualidad: se ganan nuestro cariño tanto, pero tanto, que siempre nos vemos en la obligación de contestarles (incluso así estemos en pleno estadio de la final del mundial de fútbol). Pero como no quiero perder su amistad tras este escrito, listaré los beneficios indiscutibles que ha traído para mi vida este amigo que nunca cuelga:

Me ha demostrado que soy un trabajador muy productivo

Basta llame mi amigo que nunca cuelga, para darme cuenta de que, hablando con él, puedo lavar mis platos, lavar mi ropa y lavar mi cerebro con toda su parla.

Me ha demostrado que tengo buena circulación

La prueba es simple. Si tiene el celular oprimiendo el pabellón de su oreja por media jornada laboral y aún no se le ha dormido, entonces usted cuenta con buena irrigación sanguínea y se mantendrá joven por siempre (como esa tía que sigue cumpliendo cuarenta desde hace tres años). Aunque esta prueba de circulación trae efectos secundarios. Luego le quedará una oreja color carne y la otra, chavista.

Me ha dado esperanzas con el calentamiento global

Amigo científico, ¿busca modos ecológicos de energía alternativa? ¡Muy fácil! Reúna a todos esos amigos del mundo que no cuelgan en un hotel de Aruba con todos los gastos pagos y un teléfono con acceso al wifi para que hablen todo el día. Luego, pégueles unos cables a la lengua para recoger la energía desprendida por esta y así almacenarla en unas baterías enormes. La idea es luego donarlas para abastecer de electricidad a lugares donde escasea, como Venezuela, Haití o el cerebro de Nicolás Maduro.

Me ha demostrado que soy bilingüe

Gracias a mi amigo que nunca cuelga me di cuenta de que no solo hablo español. También hablo Ujuciano. El ujuciano es un idioma universal con el cual se puede abarcar toda la expresión de objetos y situaciones humanas mediante tres palabras: “Ajá”, “Ujú” y “Sí”. Haga la prueba. Espere a que le llame su amigo que nunca cuelga y verá cómo su cerebro inmediatamente se conecta con sus raíces ancestrales ujucianas y comienza a decir “Ajá”… “Ujú”… y “Sí”.

Es más, incluso estoy hablando con los creadores del cuchillo Ginsu 2000 y el Space Pen para patentar el Ujuraizer 3000. Un aparato para cuando llame su amigo que nunca cuelga. Solo debe pegarlo al micrófono del teléfono y listo. Tiene grabadas seis horas de “Ajá”… “Ujú”… y “Sí”. ¡Pero si llama ya, se puede llevar el “Ujuraizer 3000 PLUS”, el cual incluye las opciones “Tienes razón” y “¡Claro!” cada 3 minutos de conversación!

Hay que ver, ¿no?… Y ustedes hablando mal de su amigo que nunca cuelga. ¡Sean agradecidos como yo!… ¡Atesórenlo!… ¡Cuántos beneficios no nos trae! Pero bueno, ahora los dejo. Me está entrando una llamada. Sí, es mi amigo que nunca cuelga. Nos vemos en cinco horas. ¡Chao!

 

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Reuben Morales Nov 29, 2019 | Actualizado hace 7 meses
I love communism!, por Reuben Morales

¡Comunismo querido! No sé cómo agradecerte tantos beneficios que le das a mi Venezuela querida y que próximamente le darás a tantos países que desean conocerte.

Comunismo querido… no sé cómo agradecerte los constante racionamientos de agua potable. Son una genial forma de ceder el agua que usamos a países africanos que la necesitan mucho más que nosotros. Además, me hiciste entender lo mucho que reseca la piel el bañarse en exceso. Gracias a ti ya no gasto la poca agua que tengo en casa para bebérmela. Ahora hago cualquier esfuerzo y salgo a comprare una cerveza. Es mucho más rica y me nutre la barriguita.

Comunismo querido… no sé cómo agradecerte los extendidos cortes de luz que haces todos los días. Yo, que era adicto al trabajo, que estaba perdiendo mi vista a causa del monitor de la computadora, ahora aprendí a tomar pausas activas. La vida sin luz me ha hecho parte del beneficioso movimiento lento o “slow life movement”.

 

Comunismo querido… no sé cómo agradecerte el internet lento e intermitente. ¡Ahora ya no uso celular! ¡Converso con mis amistades viéndolas a los ojos! Ay, comunismo, vas de la mano con ese estudio de Harvard en donde dice que se envejece mejor teniendo tiempo de calidad con nuestros seres queridos. ¡Gracias a ti, lo estoy logrando! Además, no sabes cuánto te agradezco que mi hijo no tenga acceso a ver esos peligrosos retos de internet, como el juego de la “Ballena Azul”.

Comunismo querido… no sé cómo agradecerte el poco transporte público que hay en Venezuela. Ahora mi salud mejoró enormemente pues hago cardiovasculares todos los días caminando muchísimos kilómetros a todos lados.

Comunismo querido… no sé cómo agradecerte la falta de medicamentos en las farmacias y la precaria condición de nuestros hospitales públicos. Definitivamente es mejor la medicina preventiva, no la curativa. Como son tan caros la carne, el pan con gluten y las golosinas, ya no comemos porquería y por eso nunca nos enfermamos.

Comunismo querido… no sé cómo agradecerte que nuestros jóvenes ya no tengan profesores de física o química en sus liceos a causa de la fuga de cerebros. Gracias a ello estamos contribuyendo a la paz. Cualquiera sabe que fueron esas dos ciencias las causantes de la peor bomba conocida por la raza humana.

 

Comunismo querido… no sé cómo agradecerte la poca gasolina que hay en Venezuela. Gracias a ti estamos reduciendo la quema de combustibles fósiles y muy pronto lograremos revertir los efectos del calentamiento global. ¡Seguramente, muy pronto la activista Greta Thunberg emigre de Suecia para vivir en el ejemplar barrio de la Cota 905!

Comunismo querido, tras mucho pensarlo, ya sé cómo agradecerte. Lo haré viajando a otros países. ¡Pero, ojo!, no será para vivir en ellos. Será para contarle a todo aquel que conozca, lo rico que se vive contigo.

@ReubenMoralesYa

Dígame usted… ¿cuál sistema prefiere? En los países de capitalismo salvaje, el modelo a seguir es el de un país muy grande, de economía poderosa y con un presidente capaz de quitar y poner gobiernos: Estados Unidos. En cambio, en los países de socialismo salvaje, el modelo a seguir es el de un país muy grande, de economía poderosa y con un presidente capaz de quitar y poner gobiernos: Rusia.

En los países de capitalismo salvaje, la cara oculta del gobierno son las grandes operaciones multinacionales de oferta y libre mercado. En cambio, en los países de socialismo salvaje, la cara oculta del gobierno son las grandes operaciones multinacionales de terrorismo y narco-lavado.

En los países de capitalismo salvaje, hay libertad de culto, pero el verdadero Dios es el dinero. En cambio, en los países de socialismo salvaje, no hay libertad de culto, pero el verdadero dios es el dinero.

 

En los países de capitalismo salvaje, puedes investigar al Estado, pero no a las corporaciones porque si no, te desaparecen. En cambio, en los países de socialismo salvaje, puedes investigar a las corporaciones, pero no al Estado porque si no, te desaparecen.

En los países de capitalismo salvaje, si te conectas bien, puedes llegar a ser millonario y convertirte en una de las familias dueñas del país. En cambio, en los países de socialismo salvaje, si te conectas bien, puedes llegar a ser millonario y convertirte en una de las familias dueñas del país.

En los países de capitalismo salvaje la banca puede dotarte de todo, pero si te equivocas con ella, quedas de patitas en la calle. En cambio, en los países de socialismo salvaje el Estado puede dotarte de todo, pero si te equivocas con ellos, quedas de patitas en la calle.

En los países de capitalismo salvaje, duermes muy poco porque te la pasas todo el día trabajando. En cambio, en los países de socialismo extremo, duermes muy poco porque te la pasas todo el día trabajando.

En los países de capitalismo salvaje, vives bajo la dictadura totalitaria de tu empleador (la empresa). En cambio, en los países de socialismo salvaje, vives bajo la dictadura totalitaria de tu empleador (el Estado).

En los países de capitalismo salvaje, el trabajo del pueblo va destinado a hacer millonaria a la élite política. En cambio, en los países de socialismo salvaje, el trabajo del pueblo va destinado a hacer millonaria a la élite política.

En los países de capitalismo extremo, el pueblo está molesto porque tiene poca capacidad de ahorro y acceso limitado a los servicios públicos, la salud y el transporte. En cambio, en los países de socialismo extremo, el pueblo está molesto porque tiene poca capacidad de ahorro y acceso limitado a los servicios públicos, la salud y el transporte.

 

En los países de capitalismo salvaje, el presidente termina su mandato más rico de lo que comenzó. En cambio, en los países de socialismo salvaje, el presidente termina su mandato más rico de lo que comenzó.

¿Leyó bien? Perfecto. Ahora, para decidirse por un sistema, lance una moneda. Si cae cara, vivirá en capitalismo salvaje. Si cae sello, vivirá en socialismo salvaje. Y dependiendo de cómo caiga esa moneda, su vida será completamente… idéntica.

 

@ReubenMoralesYa

Reuben Morales Oct 31, 2019 | Actualizado hace 8 meses
Calzar 49, por Reuben Morales

Ponerse en los zapatos de otro suele ser difícil, pero con los míos resulta muy fácil. Ni siquiera debes quitarte los tuyos. ¡Caben perfecto! De hecho, envidio cuando alguien dice: “¡Mira mis zapatos nuevos! ¡Justo los que buscaba!”. En mi caso, eso nunca pasa. De hecho, entrar a una zapatería ha sido siempre uno de mis placeres secretos:

  • Buenas, ¿tienen zapatos talla 49?
  • ¡¿CUARENTA Y NUEVE?!… ¿¿Y eso existe??
  • Sí. Es lo que yo calzo.
  • ¿En serio?… ¡Yo nunca he visto eso!… Los más grandes que tengo son 45, si quieres verlos

(¡Claro!, porque según ellos, los patones tenemos el superpoder de encoger el pie).

Lo cierto es que únicamente puedo comprar zapatos cuando un familiar o yo vamos a Estados Unidos. Allá yo calzo 14 y al entrar a una tienda de zapatos, siempre ocurre lo mismo:

  • Excuse me, do you have a 14?
  • Only those.

“Sólo ésos”, y apuntan a una pequeña repisa donde únicamente hay cuatro modelos, los cuales dejaron de estar de moda cuando existían los tamagotchis. Por ello, siempre toca conformarse con eso (irónico conocer la escasez propia del socialismo en el país más capitalista del mundo, ¿no?).

Una vez salgo de la tienda con mis zapatos nuevos, se sella un pacto: ellos y yo tendremos un matrimonio duradero, pues las oportunidades de reemplazarlos son muy pocas. Muestra de ello son mis actuales Crocs. Para estas fechas (octubre de 2019), ya son más de 12 años usando el mismo par. Las compré en el 2007 y a este punto ya no las pienso botar. Si algo he comprobado en mi rol de testigo directo, es que las Crocs son todo menos biodegradables.

Por ello, para los patones todo nuevo par de zapatos debe cumplir una condición indispensable: ser muy neutros para así mimetizarse con cualquier ocasión. Les cuento por qué. Siendo adolescente, una vez me invitaron de improviso a la fiesta formal de un club en una época en donde no tenía mocasines. Sabiendo esto, el amigo que me invitó tuvo una idea genial: “Como vas a usar flux, ponte tus Nike negros de basket y les tapas el logo blanco con un marcador negro”. Como era adolescente y todo púber se cree tan sabio como Yoda, lo hice. Llegamos a la gran fiesta y, afortunadamente, el enorme tumulto de gente no permitía bajar la vista para verle los zapatos a nadie… hasta que me dieron ganas de orinar. Entonces me separé de la multitud, agarré por un pasillo solitario que conducía al baño y en eso, de la nada, apareció una de las muchachas más bonitas de mi colegio. No había nadie a nuestro alrededor. Jamás nos habíamos visto usando ropa formal. Entonces fue inevitable vernos los atuendos. Nos escaneamos de arriba a abajo y ella me dijo:

  • ¿Y esos zapatos?
  • Mmm… son los nuevos “Nike moccasins”. ¿No los has visto?

 

Y es precisamente a esas raras interacciones con la realidad a las que debe acostumbrarse alguien patón:

“¿Tú duermes parado?”.

“Déjame tomarle una foto a mi pie al lado del tuyo”.

“¿Tú mandas a hacer los zapatos?”

“Le sirven de cuna a mi bebé”.

“Tus zapatos me sirven de neceser”.

“Ahí pueden emigrar unos cubanos”.

Y la más imprudente: “¿Es verdad eso de que el hombre con pie grande, lo tiene grande?”. Yo siempre les digo que no. Que yo no lo tengo grande. ¡Que lo tengo ENORME! ¡Que me dicen “El Blanco del Whatsapp”! Que de hecho tengan cuidado por dónde caminan, pues podrían pisármelo. Aunque una vez me arrepentí de bromear así. Fue cuando una compañera de la universidad, para comprobarlo, extendió su mano y, en pleno comedor, frente a todos, me lo agarró. Yo sentí una pena tan, pero tan grande que, para poder explicárselas, tendría que pedirles algo que suele ser difícil: Que se pongan en mis zapatos.

@ReubenMoralesYa