Reuben Morales, autor en Runrun

Reuben Morales

Superpoderes que da la teleeducación a un papá, por Reuben Morales

“El tercer ojo es uno de los superpoderes que desarrolla la teleeducación”. Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@ReubenMoralesYa

Si Simón Bolívar viviese hoy, su famosa frase “Un hombre sin estudios es un ser incompleto”, diría: “Un hombre sin teleestudios es un ser teleincompleto”. Quienes actualmente somos padres de un estudiante, no solo sabemos eso. También sabemos que la teleeducación es más difícil que liberar cinco naciones con un caballo y una espada. Y en dicho proceso, uno termina adquiriendo superpoderes que rebasan los que tuvo el propio Simón Bolívar en su momento. Miren los que he desarrollado y de los que me he enterado hablando con otros representantes:

 TERCER OJO

Es el ojo que siempre está pendiente de la teleeducación del niño mientras usted está teletrabajando, cocinando o en el baño. Es un superpoder que uno agradece enormemente. No porque permita ver otras cosas. Es porque el tercer, extrañamente, nunca sufre de miopía, astigmatismo o presbicia.

 DOBLE ESCUCHA MASCULINA

Todos los hombres envidiábamos profundamente que las mujeres pudiesen atender dos cosas a la vez, pero eso terminó. Gracias a la teleeducación, en este preciso instante estoy escuchando la clase que le dan a mi hijo mientras escribo este artículo sin ningún probñpqsdefw+.

 HACKEAR

La teleeducación permite acceder a TODO lo que hace tu hijo en el colegio. ¿Con quién habla en el salón? ¿Quién le hace bullying? ¿Cómo se comporta? ¿Entregó las tareas? (De vez en cuando es sabroso sentirse Google, ¿no?).

 TELEPATÍA CON LA MAESTRA

Es un talento que desarrollamos los padres cuando necesitamos la laptop ya. Se manifiesta caminando disimuladamente detrás de nuestro hijo para ejercer presión sobre la maestra. Aunque la técnica más avanzada de telepatía es sentarse al lado del niño (fuera de la toma de Zoom) y pellizcarle una pierna para que rompa la armonía de la clase con un grito.

 REJUVENECIMIENTO CEREBRAL

¡Atención, gurús de la llamada “gimnasia cerebral”! ¡Llegó algo más potente que tocarse la nariz y una oreja! ¡Más potente que rotar un brazo hacia adelante y otro hacia atrás a la misma vez! Es un revolucionario método llamado… “volver a aprender división de dos cifras con decimales sin calculadora para explicársela a tu hijo”. Llevo una semana practicándola y mi mente se ha vuelto más ágil que la de un verdulero calculando vueltos. Definitivamente, me siento mentalmente más joven. No sé si es porque ahora resuelvo todos más rápido o porque mi nuevo pasatiempo es ver Nickelodeon comiendo helado.

SÍNDROME DE ESTOCOLMO

Tu hijo te tiene secuestrado. Te hizo perder el trabajo para atenderlo. Hizo que te comenzaras a comer los ahorros. Te amenaza con perder el año escolar si no envías las fotos de las tareas. No obstante, y a pesar de todo este maltrato, uno comienza a desarrollar afecto por ese captor. ¡Alerta de spoiler! Cuando se independice y se vaya de casa, terminarás llorándolo.

¿Quiere usted adquirir estos superpoderes, pero aún no tiene hijos? ¡No se preocupe! ¡Pase una semana en nuestra casa cursando el “Bootcamp de Telepapás”! Le tenemos planes de dos, tres y hasta cuatro hijos. Le garantizamos que saldrá como todo un Simón Bolívar. Bueno, tampoco así, porque según las investigaciones, El Libertador dejó 29 hijos. Sí, Bolívar se ganó el odio de españoles, canarios y un poco de mujeres más.

¿Puede imaginarse a Bolívar hoy coordinando la teleeducación de 29 hijos? La Independencia de seguro hubiese quedado descartada. Seguiríamos siendo españoles (lo cual no sería ni hasta malo, pues cobraríamos en euros y tendríamos pasaporte de la Comunidad). Situación ante la cual rectifico lo afirmado al inicio. Pues si Bolívar viviese hoy, su famosa frase sobre la educación más bien diría: “Un hombre sin estudios, que se espere a la educación presencial”.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¿Te sabes todas tus contraseñas?, por Reuben Morales

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@ReubenMoralesYa

“Evite contraseñas como 12345 o la palabra CONTRASEÑA”. Esto es lo que nos suele recomendar cualquier página actual de internet. Cosa ante la cual uno se pone creativo y acaba colocando claves pegajosas como “hakunamatata”. Y para no complicarse la vida, termina aplicando el protocolo más robusto de ciberseguridad jamás conocido en la historia: mete la misma contraseña en todos lados.

El problema muchas veces no es ese. El problema llega cuando cada una de las páginas te pide actualizar la contraseña. “Utilice mayúsculas, números y signos”, te dicen. Entonces tu clave evoluciona (o más bien degenera). Cambia de “hakunamatata”, a “HakunaMata7a”, a “H4kun4Mata74”, a “¿SimbaNoTienesMasAmigosEnLaPelicula?”.

Por tal motivo, entonces los portales te simplifican la vida diciendo: “Accede con tu cuenta de Facebook” (haciendo que llegue don Diego de La Vega y marque toda tu propiedad intelectual con la “Z” de “Zuckerberg”). O si no, terminas creando el tesoro más preciado que todos tenemos en la computadora: el documento que contiene todas nuestras contraseñas. Un documento que escondemos de forma muy celosa, segura y precavida para blindarnos: lo dejamos en el escritorio de la computadora bajo el nombre de “Contraseñas”.

Hay gente que es más osada. Jamás crea ese documento porque dice: “Para eso están las preguntas de seguridad”. Claro, el tema es que las preguntas de seguridad suelen ser cosas muy obvias de nuestra biografía. Cualquiera que nos medio conozca, puede saberse las respuestas. Por eso hago un llamado a todos los asesores de seguridad cibernética para que generen preguntas de seguridad muchos más complicadas. Cosas como:

¿La parte más peluda de tu cuerpo es la derecha o la izquierda?

¿Al bañarte empiezas con jabón o champú?

¿Usas espejo para afeitarte?

¿Termino medio, tres cuartos o bien cocido?

¿Desodorante en gel o roll on?

Aunque si de verdad quiere evitarse la creación del fulano documento de las contraseñas, genere claves con cosas que nadie relacionaría con usted. Si usted es del Barsa, ponga “Madrid”. Si usted es Nicolás Maduro, ponga “SoyDeDerecha”. Si usted es Donald Trump, ponga “Humildad”. Si usted es Kardashian, ponga “Virginidad”. Y si usted es un reguetonero malandro con prontuario criminal, coloque “DaleAlegriaATuCuerpoMacarenaEeeeehMacarenaAaaah”.

Si no, puede agarrarse de una empresa famosa e ir cambiando sus contraseñas según las marcas que tiene dicha empresa. Si hizo esto con Apple, entonces ha podido garantizarse años de seguridad con contraseñas como “iPhone1”, “iPhone2”, “iPhone3”… (hasta que se dio cuenta de que era muy frustrante escribir esta contraseña desde un Xiaomi).

Como ve, el tema de las contraseñas en internet ha progresado tanto, que ya nadie sospecha de lo obvio.

Es como esconderse billetes en el cuerpo. Si un ladrón moderno viene a atracarnos, buscará el dinero directamente en las medias, la ropa interior o los zapatos (haciendo que el sitio más seguro para esconder nuestro dinero, hoy en día, sea el bolsillo delantero del pantalón). Así mismo sucede con las contraseñas de internet. Las hemos evolucionado a niveles tan sofisticados como “B0B3sponja4877**”, que ya nadie sospecharía si usted guarda sus tesoros informáticos con claves básicas. Por eso, la próxima que le pidan crear una contraseña en internet, ponga la clave más segura que alguien jamás podría tener actualmente en internet: “12345” o la palabra “contraseña”.

 

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Derecho a réplica de un tapabocas, por Reuben Morales

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@ReubenMoralesYa

Desde un lugar que no podemos revelar, un tapabocas me llamó para ofrecerme una entrevista en exclusiva. El motivo: responder a las miles de personas que le han llamado “privador de libertades” durante la cuarentena.

REUBEN: Muchas gracias por cederme la primicia.

TAPABOCAS: A usted, por favor. No sabe el vejamen con el que lidiamos. Si no es que nos quieren desaparecer en marchas públicas, es que desconfían de nosotros y nos montan una careta plástica adelante.

REUBEN: Pero también existimos otros que le damos buen trato a ustedes, ¿no?

TAPABOCAS: ¡Ja!… Si le cuento los malos alientos que debemos soportar. Y ni hablar de los que no se lavan bien detrás de las orejas. Eso no lo ve nadie.

REUBEN: ¿Y estaría dispuesto a hacer una marcha en contra de ellos?

TAPABOCAS: No. Más bien estamos preparando toda una campaña orientada a mostrar los beneficios que le damos nosotros a la humanidad.

REUBEN: Pero el beneficio que nos dan es obvio…

TAPABOCAS: Sí, pero hay más. ¡Cuántas veces no hemos salvado a alguien de una pena porque no se cepilló y le quedó un pedacito de maíz mal parado entre los dientes!

REUBEN: Es verdad.

TAPABOCAS: Y ni se imagina la cantidad de mensajes que nos han escrito mujeres de todo el mundo. Están contentas porque ya no viven tan esclavizadas al lápiz labial o a depilarse el bozo. Incluso hay otras que decidieron no operarse la nariz porque se la estamos tapando.

REUBEN: Sí, pero hay muchos que se están quejando de que ahora se ven orejones por las ligas.

TAPABOCAS: Bueno… podríamos ir pegados sobre sus cachetes cual mordaza de mafioso italiano y no lo hacemos. O si no, también podríamos ir guindados de la nariz, como las narigueras de los indígenas prehispánicos. Ustedes deciden.

REUBEN: Tiene razón. Mejor dejemos las ligas como están.

TAPABOCAS: Y en la campaña que estamos preparando, también pensamos resaltar los ingresos que le hemos traído a la industria textil.

REUBEN: ¡Se están llenando! ¡Hasta han sacado tapabocas Louis Vuitton y Gucci!

TAPABOCAS: La mayoría son imitaciones y por culpa de ellos mutó el virus.

REUBEN: ¿Habla de otra cepa de COVID-19?

TAPABOCAS: No, de otra cepa de nuevos ricos. Esa pandemia es mucho más grave y la OMS no le presta atención.

REUBEN: ¿Y en esa campaña de la que me está hablando qué piensa decirle a quienes se niegan rotundamente a usarle?

TAPABOCAS: Con ellos vamos a usar técnicas de coaching para explicarles que no les estamos tapando la boca, sino que sus bocas están saliendo de la zona de confort. También les hicimos una guía práctica para que se les haga más cómodo llevarnos encima. Mira, es que por dentro pueden echarnos perfume, whisky o Nutella y listo. Ahí está Maradona, por ejemplo. Él siempre le pone su aroma favorito al tapabocas y anda feliz.

REUBEN: ¡Perfecto! Bueno, señor tapabocas… con esto me basta para publicar la entrevista. Muchas gracias por concederme esta exclusiva.

TAPABOCAS: Agradecido estoy yo, más bien. Y aprovecho para dejarle otra primicia. Voy saliendo a reunirme con Miguel Bosé.

REUBEN: ¿¿Miguel Bosé??… ¿Van a firmar un acuerdo de paz?

TAPABOCAS: ¡No, vale! Es que después de la manifestación que convocó, se dio cuenta de que es población de riesgo y ahora quiere llevarme puesto.

REUBEN: Mire usted cómo son las cosas. Bueno… hasta luego.

Y así fue como nos despedimos. Él, contento porque iba a reunirse con uno de sus principales detractores. Yo, por mi parte, apenado. Es que antes de irme, pasé por un baño para lavarme las manos y me di cuenta de algo. Había salido a la calle con mi tapaboca Louis Vuitton.

 

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¿Cuánto dura una película en Netflix?, por Reuben Morales

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@ReubenMoralesYa

La próxima vez que seleccione una película y vea cuánto dura, le advierto: ese tiempo es falso. ¿Quiere saber cómo calcular la verdadera duración de una película en Netflix para no quedar más desilusionado que colombiano tomando café gringo?

Entonces aplique la siguiente fórmula descubierta por la universidad de Yale… de Yale digo cómo se saca:

Supongamos que la película dura 107 minutos según Netflix (lo cual no es real). Entonces, para averiguar la duración verdadera, haga lo siguiente:

A ese 107, súmele 50 (del número de mensajes de Whatsapp que recibirá durante la película y por los cuales deberá poner pausa). Entonces 107 + 50 = 157 minutos de película.

Ahora sume 6, correspondientes a los minutos de las dos llamadas que le harán cuando esté viendo la película. Así las cosas, 157 + 6 = 163 minutos de película.

Ahora súmele 20 segundos. Son de las dos veces que deberá retroceder un poco la película para retomar el hilo cuando tranque las llamadas. Eso suma 163 minutos con 20 segundos de película.

Ahora sume 40 segundos adicionales de las cuatro veces que deberá retroceder la película para volver a ver algo que, o no entendió bien o no escuchó por la alarma de un carro en la calle. Entonces sume los 163 minutos con 20 segundos + 40 segundos = 164 minutos de película.

Ahora agréguele 20. Son los minutos que deberá ver de nuevo por haberse quedado dormido en medio de la película. Así, 164 + 20 = 184 minutos de película.

Ahora sume 10. Son los minutos que dura pausada la película mientras usted se prepara un sándwich en la cocina. De esta manera tenemos 184 + 10 = 194 minutos de película.

Ahora sume 30. Son los segundos por retroceder cuando mastique su sándwich y no pueda escuchar nada por el crujir del pan tostado en su cabeza. Esto nos deja con 194 minutos y 30 segundos de película.

Ahora, a todo lo anterior, sume 24 horas. Es porque usted decide parar la película ya que debe madrugar al otro día. De esta forma, ya son 24 horas, 194 minutos y 30 segundos de película.

Ahora sume 2 minutos. Es para cuando retome la película al día siguiente y deba retrocederla un poquito para volver a entrar en contexto. Eso totaliza 24 horas, 196 minutos y 30 segundos de película.

Y si usted está en Venezuela, ahora súmele 20. Son los minutos que toma llenar los envases cuando llega el agua en medio de la película. Así las cosas, agregamos esos 20 minutos a lo anterior y nos da un total de 24 horas, 216 minutos y 30 segundos de película.

Pero si quiere estar tranquilo con sus cálculos, nunca deje de agregar 30 minutos más de imprevistos. Son esos casos cuando pausa la película para hacerse un sándwich, pero le envían un mensaje de Whatsapp, después le llaman, llega el agua, llena los envases sosteniendo el teléfono con el hombro y la oreja y luego usa toda esa agua para apagar el sándwich que se le prendió en candela por haberlo olvidado. Todo eso ahora suma un total de 24 horas, 246 minutos y 30 segundos de película.

Pasando los minutos a horas, la fórmula nos deja una película de 28 horas, 6 minutos y 30 segundos (de los cuales Netflix nunca advierte). ¿Entiende las consecuencias que esto trae a la industria del cine? El Irlandés ya es una telenovela, La vuelta al mundo en 80 días dura 365 días, 7 años en el Tíbet es una estancia de una década y 100 años de soledad, se convierte en un milenio. ¡Ah, y por cierto! Vale aclarar algo muy importante. Todos estos cálculos aplican si usted vio la película solo. Pues si su pareja no la ha visto, le tenemos una mala noticia: la tendrá que ver de nuevo con ella.

 

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3 preguntas que usted jamás debe contestar inmediatamente, por Reuben Morales

@ReubenMoralesYa

La verdadera clave para sentirse libre en la vida no es meterse en un negocio piramidal, buscarse una nueva religión o salir del clóset, no. La verdadera clave para sentirse libre es la de jamás contestar inmediatamente alguna de estas 3 preguntas (pues de hacerlo, podría acabar más arrepentido que nazi viejo).

A continuación, se las presento ordenadas según el nivel de peligrosidad que representan para su vida. Comencemos con la más fácil:

 “¿ME PUEDES HACER UN FAVORCITO?”

Como la pregunta viene en diminutivo, uno siempre asume que el favorcito es algo tonto, como responder: “¿Cómo es que se llamaba el Cariñosito amarillo?”. Por ello, uno siempre termina accediendo con un “¡Claro!”. A lo que su “amigo” aprovecha y le dice: “¡Ay, gracias! Es que necesito un trasplante de riñón y tú das con el perfil”.

Por tanto, ante la pregunta de “¿Me puedes hacer un favorcito?”, usted siempre debe responder “Depende”. Eso le dará suficiente tiempo para pensar si el favor le conviene. ¡Y muy importante! Jamás sucumba si ese “favorcito” se lo pide ese amor platónico por el cual usted se babea. De ser así, acabará haciendo dos favores: el favor que le pidieron y el favor de llevar a ese amor platónico al altar (pero siendo usted el padrino de bodas).

 “¿CARGAS EFECTIVO?”

Uno, de incauto, siempre dice “¡Sí!”. A lo que este “amigo” siempre responde: “préstame 20 y te los pago ahorita”. El problema es que ese “ahorita” termina siendo tan impreciso como mi criterio para combinarme la ropa. Entonces pasan unos quince días, usted se encuentra de nuevo con el “amigo” y termina diciéndole… apenado… en voz baja… como para no molestar: “¿Por casualidad tendrás esos 20 que te presté la otra vez? Es que ya los necesito”. A lo que dicho “amigo” responde: “No, bueno… ya no se te puede pedir plata porque te ofendes… ¡Perdón si pisoteé los derechos de la minoría de los prestamistas!… #InclusiónParaLosPrestamistas”.

Por ello, cuando le pregunten “¿Cargas efectivo?”, simplemente diga: “¡No me lo vas a creer!… Pero lo que tengo, recién me lo prestó un amigo que cargaba efectivo”.

 “¿QUÉ HACES EL SÁBADO EN LA NOCHE?”

He aquí la más maquiavélica de todas estas preguntas, pues uno apenas la escucha, ya comienza a imaginarse cosas como: “Me invitarán a una rumba… o a cenar… o al cine… o salió un trabajito”. Por ello, ante semejante tentación, uno siempre termina lanzándose de pecho y respondiendo: “¡Estoy libre! ¿Qué vamos a hacer?”. A lo que viene el bombazo: “¡Perfecto!, porque necesito que me ayudes en la mudanza. Lo único es que no sirve el ascensor y hay que bajar todo por la escalera”.

Ante esto, debe ser precavido. Cuando le pregunten algo así, simplemente responda: “Ya estoy comprometido, ¿por?”. Entonces escuche la oferta y, si coincide con que usted no hizo ejercicio en la semana y aún debe quemar esas calorías, acepte el workout de la mudanza (rutina de ejercicios que no descartamos sea patentada en un futuro bajo el nombre de “mudanzing”).

Como ve, liberarse de estas preguntas es más sencillo de lo que parece. Entiendo pueda sentir cierta deuda moral conmigo gracias a estas enseñanzas, pero no se preocupe. Si desea retribuir este gran favor, solo le pregunto, por no dejar: ¿Me podría hacer un favorcito? No, no le pediré efectivo, tranquilo. Solo quiero saber qué hará este sábado en la noche. Nada, ¿verdad? Entonces es para que me haga el minúsculo favor de compartir este artículo con doscientos cincuenta de sus contactos. ¡Es rapidito! ¡Y gracias por siempre estar a la orden! Como recompensa, le diré el nombre del Cariñosito amarillo. Es Divertosito.

 

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Tutorial para escribir humor en pleno siglo 21, por Reuben Morales

@ReubenMoralesYa 

Lo primero que debe hacer, es escoger un tema. Digamos que su tema es el Facebook. Ahora debe hacer un descubrimiento absurdo dentro de ese tema como, por ejemplo: “Si Cristóbal Colón hubiese tenido Facebook, jamás hubiese llegado a América”.

Ya teniendo tema y descubrimiento, debe pasar a sustentar el porqué de su loca teoría. Sin embargo, le recomiendo no entrar de golpe en la materia. Siempre es bueno hacer una muy breve introducción que le sirva de preámbulo. Si se tratase de un artículo humorístico, por ejemplo, y me tocase escribirlo a mí, el mismo arrancaría así:

“Antes de entrar en materia, quiero excusarme con la comunidad de las personas que tienen alto contenido de melanina, cabello ensortijado y antepasados venidos del continente que está ubicado debajo de Europa y a la izquierda de Asia. Una comunidad que lamentablemente se vio involucrada en extendidos episodios de trabajos forzados y maltratos físicos. Me refiero a esa comunidad que se caracteriza por ser muy buena en los deportes, el baile y el canto. Me disculpo con dicha comunidad, pues quien escribe esto no los representa por carecer de melanina y por, probablemente, tener algún antepasado que los maltrató. A pesar de todo ello, me solidarizo con su lucha”.

“Así mismo, quiero excusarme con la comunidad de las personas que sienten deseos lujuriosos hacia seres que vinieron configurados igualitos que ellos. La misma comunidad de las personas que nacieron regidas por la testosterona (pero sienten que por sus venas corren los estrógenos y, en consecuencia, se realizan un trueque de aparato reproductor). Esa misma comunidad de las personas que se inyectan testosterona porque no toleran el reguero que les producen los estrógenos cada 28 días. A todos ellos, mis más sinceras disculpas. Quien escribe esto, es una persona que involuntariamente expulsa feromonas cuando siente la presencia de personas que ovulan a su alrededor. Sé que no les represento. Sin embargo, me solidarizo con su lucha”.

“De la misma manera, quiero disculparme con la comunidad que tiene discapacidad del nervio óptico, la retina, el humor vítreo, los coroides, el cristalino, la pupila, los conos, los bastones, suelen usar lentes de sol a toda hora, llevan un bastón en la mano cuando van por la calle y, a veces, están acompañados por un perro. A todos ustedes, mis más sinceras disculpas pues esto lo escribe alguien que no sabe utilizar el sistema de lectura inventado por Louis Braille. A pesar de ello, me solidarizo con ustedes”.

“Tampoco quiero dejar de disculparme con la comunidad de personas cuyos cuerpos están compuestos por órganos como matriz, útero, trompas de Falopio, vulva, mamas y cabellos que, por lo general, sobrepasan el cuello. A todas estas personas, mi más sincero perdón. El artículo en cuestión está escrito por un ser humano que carece de todos esos órganos y, además, es parte de una comunidad que históricamente se tardó en darles el derecho al voto y, para colmo, les hace devengar un salario estadísticamente más bajo. A ustedes, mis más sinceras excusas y reciban toda mi solidaridad.”

¡Listo!… Ya hecho el sucinto, minúsculo y reducido preámbulo, puede pasar a escribir sobre el Facebook de Cristóbal Colón.

Claro, solo le quedará espacio como para una línea, pero no se preocupe. ¡Es la extensión perfecta para no meterse en problemas! Una vez la escriba, proceda a despedirse de su lector y listo. Ya usted estará en total capacidad para escribir humor en pleno siglo 21.

 

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¡Vota por mí, rapidito!, por Reuben Morales

@ReubenMoralesYa 

¡Hola, [email protected]! Como siempre has estado ahí para mí, así como yo lo he estado para ti (te pido recuerdes todos los favores que te he hecho, como abrirte la puerta para que tú pases primero o las veces que he fregado los platos en tu casa), te voy a pedir un gran favor y espero no te niegues (porque decir “no” genera karma y ya tú sabes: el que la hace la paga aquí mismo, en esta vida).

Te cuento que me metí en un concurso de figuritas de origami basado en la milenaria técnica tradicional del origami del suroeste occidental del Japón meridional.

Mi figurita está concursando y quien reciba más votos se ganará una beca de un año para ir a Japón a estudiar esta técnica de origami.

En tus manos está el que yo viaje a Japón, pues sabes que este es uno de mis verdaderos talentos (no el origami, sino el fastidiarte para que votes por mí). Después te digo qué te traeré de allá, pues solo aceptan una maleta de 23 kilos; por lo ­que este voto tuyo podría convertirse en un llavero tradicional del Japón (aunque atrás diga “Made in China”).

¿Cómo votar por mí? ¡Sencillo! Es una página muy fácil de recordar. Métete en www.ConcursoDeOrigamiTradicionalDelSuroesteOccidentalDelJaponMeridional.com. Una vez allí, debes crearte un usuario y dejar que la página acceda a todos tus contactos (pues lo que realmente les interesa es tu base de datos, la cual vale más que mi pasaje).

Para crearte tu usuario, llena el formulario que ahí te muestran. Debes subir tu foto, dar tu primer nombre, segundo nombre, primer apellido, segundo apellido, fecha de nacimiento, signo del zodíaco, número de la suerte, color favorito, número de cédula, ciudad de expedición de la misma, cuándo vence, número de pasaporte, ciudad de expedición del mismo, cuándo vence, tu nacionalidad, número de teléfono, dirección de habitación, nacionalidad de tu mamá, nacionalidad de tu papá, fecha de nacimiento de ambos, cuántos hijos tienes (y si tienes, fechas de nacimiento de cada uno), enfermedades que ha habido en tu familia, tu dirección de correo electrónico y tu usuario de redes. Hecho esto, debes crearte una contraseña. Es muy fácil. Solo debe tener cinco letras mayúsculas, cinco letras minúsculas, tres números, un espacio, un signo de puntuación, el título de un libro que haya ganado Premio Nobel y tener, al menos, 47 caracteres.

Con tu usuario ya registrado, la página te dará acceso. Luego te mostrará un video de 34 minutos del Ministerio Imperial del Turismo del Japón. Debes verlo a juro. Si lo tratas de saltar, te hará empezar todo el procedimiento de nuevo. Ya visto el video, pasarás a la sección de votación. La única forma de votar es que veas todas las propuestas. Es una costumbre social de cortesía japonesa. Apenas son 170 propuestas y la mía es la número 168.

Cuando vayas a votar por mi propuesta, ten en cuenta algo. La página te pide que valides tu voto tomándote una foto en la cual salgas sosteniendo tu pasaporte vigente al lado de tu rostro. Una vez subas la foto, espera a que la página confirme que eres tú. Ya validado, la página te envía un correo electrónico. Entonces te metes en tu buzón y le das click al enlace que te envían. Eso te llevará de nuevo a la página y te mostrará un anuncio que dice “Voto Aprobado” (hasta tanto no aparezca este mensaje, tu voto no habrá sido registrado, así que por favor debes esperar verlo). Una vez completados estos breves pasos, ¡listo! ¡Y por favor, te pido en el alma, no dejes de hacerlo! ¡El ganador del año pasado ganó con apenas 3 votos!

¡De antemano, muchas gracias por apoyarme con tu voto! ¡No sabes lo que significa para mí! Que por cierto… ¿recuerdas a mi prima Lele? ¿La que siempre viene a mi casa en los cumpleaños? Ella también está concursando, pero en otra categoría de la misma página. ¿Podrías votar por ella también, por fa?

 

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¿Qué más podría pasar en el 2020?, por Reuben Morales y Alejandra Solano

@ReubenMoralesYa / @alesolano 

El 2020… año de cumplir las metas que no se lograron en el 2019, pero que debimos haber logrado en el 2018 y que a su vez teníamos pendientes desde el 2017.

En fin, son esos últimos 5 kilos que no hemos bajado desde el 2016 (que ahora, gracias a la cuarentena, son 15). Hasta la numerología del año 2020 lo explica todo: 2 + 0 + 2 + 0 = ¡Los 4 jinetes del Apocalipsis! Y no son El Zorro, Don Quijote, El Llanero Solitario y Woody. Un año que ha sido más polémico que influencer tratando de hacerse tendencia. ¡Y lo que falta!

Por eso queremos advertirle cuáles serán los acontecimientos que faltan por vivir este año según la BBC (o sea, nuestros Burdos y Banales Chistes). ¡Alerta!

Bill Gates se suicida. La autopsia revela que fue porque no se le actualizaba el Windows.

Un niño, con nostalgia por hacer travesuras en la escuela, inventa una app para cambiarle la voz a los profesores, lanzar papelitos en clases virtuales y escaparse del salón sin que se note en Zoom. YouTube lo contrata y se convierte en la persona que más dinero gana en la cuarentena.

Astrólogos del mundo se unen en un gran paro general para boicotear a Los Simpson. Dicen que “ellos pegan todas las predicciones y nos dejan sin trabajo”.

Como parte de sus polémicas en Twitter, JK Rowling decide mudar Hogwarts a la casa de unos babalaos en La Habana. 

Melania Trump se hace viral porque se muestra “sin una gota de maquillaje”, sale sonriendo en una foto y se une a la causa “Black Lives Matter” al enterarse de la leyenda del Negro Manguera.

Astronautas del SpaceX deciden no regresar a La Tierra porque en La Luna no hay competencia y así podrán fundar todos los negocios posibles antes de que llegue más gente.

Salen a la luz pública mujeres que dicen haber sido acosadas sexualmente por Stephen Hawking. Todas alegan que él siempre buscaba mostrarles su número “Pi” al cuadrado.

En un bar de Missouri, un asiático agrede a un nativo norteamericano que golpeaba a un caucásico mientras un afroamericano observaba todo desde la acera de enfrente. Tras levantar el caso, la policía del condado concluye en su informe que “el culpable fue el negro de la acera”.

 

El 31 de diciembre, cuando pensábamos que el 2020 ya se acabaría…

Anonymous remata el año hackeando Google.

Gobierno de Estados Unidos ofrece 100 millones de dólares por el cerebro de Maduro… Nadie lo encuentra.

Para aumentar sus seguidores, todos los influencers del mundo sacan documentales donde revelan que, en sus vidas privadas, sufren de depresión, bipolaridad, pie de atleta, mal de San Vito, estrabismo, escoliosis, culebrilla, cataratas, VPH, seborrea, cadillos, gastritis, diarrea, coronavirus, gripe aviar, sida, cáncer, ébola… y también meten dinero en mandalas.

El FBI captura a Anonymous y, al quitarle la máscara, descubre que es un actor que antes hacía de Mickey en Magic Kingdom. La cosa es que había quedado desempleado tras el cierre de los parques.

Para realzar el alcance de la Iglesia católica, el papa Francisco graba el Ave María con Bad Bunny.

Carolina Herrera le paga a científico de Harvard para que publique un estudio donde demuestra que las Crocs dan cáncer (es solo para que la gente deje de usar esas cholas tan feas).

¿Ven? Y lo peor es que las cosas no terminan aquí, pues revisando otra vez la numerología del año 2020, volvemos a sumar 2 + 0 + 2 + 0 y la predicción es clarita: ¡Este año nos tiene en 4!

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es