Carolina Jaimes Branger, autor en Runrun

Carolina Jaimes Branger

“LA” prioridad, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Escribo este artículo el Día del Maestro. Quiero honrar a esas personas que dedican sus vidas a hacer crecer las vidas de otros, a iluminar sus caminos y a ser fuente perenne de inspiración, admiración y respeto.

Mi primer y más importante maestro fue mi papá. No he conocido persona más culta que él. Me motivó, me infundió amor por el conocimiento, alimentó mi curiosidad, supo emocionarme, despertó mi inquietud, selló mis procederes. No hay día de mi vida cuando no piense en él, con nostalgia, agradecimiento y mucho amor.

Después de mi papá, ese genio que fue Luis Alberto Machado fue mi mentor por muchos años. Sí, fui una afortunada en toda la extensión de la palabra. Con él tuve los pleitos más duros y las tenidas más interesantes. Cuando algo que yo hacía le gustaba, recibía todas sus alabanzas. Pero cuando había algo que no le parecía, era duro como una roca. Más de una vez me mandó a botar en la basura escritos que a mí me parecían una maravilla.

Tanto en el colegio como en la universidad conté con la fortuna de haber tenido profesores maravillosos. No los nombro para no obviar a ninguno. Mis hijas también tuvieron profesores insignes. Y aquí quiero hacer una excepción para nombrar a algunos Maestros con M mayúscula: empezando por la profesora Luisa Teresa Lanz de León, quien a sus noventa y dos años aún sigue como asesora pedagógica de su Instituto de Educación Integral de Maracay. También debo una obligada mención a los profesores Luz Castro de Leonardi, María Amparo Álvarez de Guzmán, prematuramente fallecida, Suzanne Sellier y Carlos Rodríguez. Mucho de la confianza en sí misma de mi hija Tuti se los debo a ellos, quienes abrieron las puertas de sus colegios y, sobre todo, de sus corazones, a una niña con muchas dificultades y la llevaron de la mano hasta que se graduó de bachiller.

Hoy, cuando la educación en Venezuela da dolor, cuando los maestros ganan una miseria, cuando las aulas universitarias donde se enseña la carrera de Educación están vacías o rellenas con el “repele”, es bueno volver a estos referentes. A quienes han asumido el apostolado de continuar educando a pesar de todo, mi gratitud y mi respeto.

A esta “revolución robinsoniana” (que si fuera tal los maestros serían los primeros ciudadanos del país y no los últimos), no le interesa tener gente educada. Mientras más ignorante es un pueblo, más fácil resulta engañarlo y dominarlo. A las pruebas me remito.

Quiero terminar este artículo con unas palabras de Luis Alberto Machado: “no es que la educación sea una prioridad: la educación es LA prioridad”. Mientras no lo asumamos así, continuaremos cayendo en caída libre hacia un fondo que no tiene fondo. Porque si algo deberíamos haber aprendido de estos últimos veintidós años es que siempre podremos estar peor.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Cuando las sociedades se vuelven locas, por Carolina Jaimes Branger

Jake Angeli, activista del movimiento conspiranoico QAnon, que se alzó como icónico asaltante del Capitolio estadounidense el pasado 6 de enero. Foto AFP

@cjaimesb

Corría el año de 1967. Un joven de 25 años, Ron Jones, era profesor de Historia Universal en la Cubberley High School de California. Un día, uno de sus estudiantes le preguntó que cómo había sido posible que la sociedad alemana aceptara el Holocausto. Basado en las premisas que usaron los nazis, inició un experimento llamado “la Tercera Ola”. Dichas premisas fueron: fuerza a través de la disciplina, fuerza a través de la comunidad, fuerza a través de la acción y fuerza a través del orgullo.

Los jóvenes estaban no solo fascinados con “pertenecer”, sino que se convirtieron en delatores y apoyaron una “causa” que estaba por encima de todo y de todos: un grupo de adolescentes normales y corrientes se había convertido, en menos de una semana, en un grupo totalitario.

En 1971, el psicólogo de la Universidad de Yale, Stanley Milgram, estudiaba la obediencia a la autoridad, específicamente los juicios de Nuremberg, donde la mayoría de los acusados alegaron como defensa “haber seguido órdenes superiores”.

Describe la página de la BBC: “Milgram quiso averiguar hasta qué punto un ser humano “bueno” es capaz de dañar a otro por seguir órdenes. Su experimento fue muy controvertido porque engañó a los participantes, diciéndoles que se trataba de un estudio sobre memoria y aprendizaje.

Dividió a los 40 voluntarios en dos grupos aleatorios: a unos les dijo que serían profesores y a los otros que serían estudiantes. Luego se llevó a los “estudiantes” a otra habitación y les pidió a los “profesores” que pusieran a prueba la memoria de sus presuntos alumnos.

Les dijo que si se equivocaban debían castigarlos con una descarga eléctrica. La máquina que utilizaban para esto emitía descargas que iban desde los 50 hasta los 450 voltios. La potencia máxima tenía escrita abajo una advertencia que decía: “PELIGRO: choque severo”.

Resultó que la máquina no emitía voltaje y los gritos eran grabaciones. Pero lo cierto es que el controvertido experimento de Milgram comprobó que la mayoría de las personas estaban dispuestas a dañar físicamente a otro antes que enfrentarse a la persona que les había dado la orden”.

Diez años más tarde, el sicólogo Philip Zimbardo condujo otro experimento basado en el de Milgram, para demostrar cuán delgada era la línea que separaba el bien del mal. El experimento fue financiado por el gobierno de los Estados Unidos, para conocer el origen de la violencia en su sistema penitenciario.

Zimbardo escogió 24 participantes: todos jóvenes blancos de clase media. Los dividió en dos grupos, donde 12 actuarían como guardias y 12, como prisioneros. Unos sótanos en la Universidad de Stanford habían sido acondicionados como una prisión real. A menos de una semana el experimento tuvo que suspenderse, pues si bien la violencia física no estaba permitida, la violencia psicológica se fue de las manos. En su libro, “El efecto Lucifer”, Zimbardo describe paso a paso el experimento y cómo personas “normales” se convirtieron en sádicos de un día para otro.

Lo sucedido en Washington el día 6 de enero, a la luz de estos tres experimentos, no debería sorprendernos. Por eso es que quienes tienen puestos de liderazgo deben ser tan responsables. El ser humano es voluble, inseguro y, como Zimbardo demostró, su relación con la moralidad no es siempre la misma. Me alegra que Trump salga de la presidencia. Espero que, en el futuro, los estadounidenses piensen mejor antes de darle sus votos a un demente.

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Las dos Venezuelas, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

El 31 de diciembre me llevé una sorpresa: pensé que sería distinto con respecto a otros años, que los fuegos artificiales serían escasos, que habría pocas personas con ánimos de celebrar en medio de una pandemia y mucho menos con la situación de hambre y crisis que vivimos.

Me equivoqué de punta a punta. Creo, sin exagerar, que nunca había visto tanta pirotecnia de la más cara en acción. Al menos en Caracas. Y sé que hubo otros sorprendidos como yo, pues la queja en Twitter se hizo sentir.

La Venezuela que celebró es la nueva Venezuela. La que tiene dinero para botar. La que no se mide en gastos. Lo que fácil viene, fácil se va. Es la Venezuela nueva rica, que tiene que demostrarles a todos cuánto dinero tiene. Es la Venezuela que puede pagarse parrandas en el Hotel Humboldt y la clínica si contrae coronavirus.

El profesor Elías Pino Iturrieta, entre otros, escribió: “No entiendo cómo una sociedad vejada y empobrecida derrocha en ruidos y fuegos artificiales. Material de sobra para sociólogos y psicólogos”. Lo más increíble, añadiría yo, fue lo que vi temprano en la tarde de ese día, cuando fui a llevar comida a un barrio: como si no estuviera pasando nada, un grupo había cerrado la entrada de una de las calles y estaba explotando “tumbarranchos”. Uno detrás de otro. Estuve allí como 15 minutos y no cesaron. ¿Cómo sería al filo de la medianoche? ¿Será que ellos no pasan trabajo? ¿Serán enchufados que pueden darse el lujo de demostrarles a sus vecinos –que sí están padeciendo hambre y toda clase de carencias- que ellos sí tienen dinero para botar?

La falta de empatía, el no saber ponerse en los zapatos de otro se hizo evidente esa noche. La Venezuela indiferente, rica y ridícula, le hizo el gran desplante a la Venezuela pobre y devastada… ¿no fue por eso que llegó Chávez al poder? ¿No era una mínima parte de eso lo que supuestamente venía a reivindicar?

“El poder absoluto corrompe absolutamente”, decía Abraham Lincoln. Aquellos que se declararon hambrientos de justicia social se rindieron rápidamente ante el dinero fácil. Y se olvidaron de todo lo que los llevó hasta donde están hoy. Creen que con decir que la revolución sigue en pie, basta.

No sé qué más tendrá que pasar en Venezuela para que la gente reaccione ante tanta injusticia y el despliegue de insensibilidad –quizás el mayor de nuestra historia- de quienes un día aseguraron tenerla. Hay dos Venezuelas… una que muere mientras la otra celebra. Como dijo Elie Wiesel: “debido a la indiferencia, uno muere antes de morir realmente”…

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Que 2021 nos sea leve, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

La Navidad en Venezuela siempre ha sido no solo muy celebrada, sino vivida con auténtica alegría. Esta no ha sido así. Y es que cada año la Navidad es más triste. Esta de 2020 tal vez solo se pueda comparar a otra Navidad tristísima, la de 1999, días después de la tragedia de Vargas. Todavía no se sabía la magnitud del desastre y aun así estuvieron llenas de pesadumbre y melancolía.

La de 2020 no se queda atrás. La tragedia es otra, con dimensiones mucho mayores. Es otro tipo de catástrofe natural, una pandemia.

Pero además de la pandemia, en Venezuela hay corrupción, desidia, mala administración, violación sistemática de los derechos humanos, mentiras, manipulaciones y añada usted a la lista calificativos de su propia cosecha, estimado lector. Lo peor es que quienes están por detrás de esto es apenas un grupo de personas a quienes el país les importa poco o nada. Lo vieron simplemente como la caja chica de sus negocios personales. Y la mayoría del pueblo lo está padeciendo.

¿Qué decirle a alguien que busca esperanza cuando uno sabe que lo que viene es más desesperanza? No es momento de mentiras piadosas. Cualquier cosa que diga sobre el tema de cómo vamos a estar el año que viene tal vez se quede corto, por lo terrible que anticipo. Tendría que “decir la verdad por amarga que fuera” como canta Joaquín Sabina.

Entonces me puse a pensar en que, a pesar de que avizoro un panorama difícil, hay muchas razones que me hacen sentir bien y quiero hablar sobre ellas. Como ver el trabajo de los médicos y el personal de salud, que, con todas las circunstancias en contra, no dejan de luchar para salvar vidas, exponiendo las suyas a diario.

Pienso también en la gente que sigue emprendiendo a pesar de lo engorroso que se ha vuelto todo. De lo ingenioso de sus soluciones. En mi programa de radio por el Circuito Éxitos de Unión Radio tienen un nicho y eso me hace muy feliz.

Pienso también en las personas que trabajan duro, en esas que no se rinden. En las que salen todos los días, sabiendo que pueden contraer covid-19 en cualquier parte. Cuando veo unidades de transporte público abarrotadas de gente –cosa que no debería suceder- también veo a tantos venezolanos decididos a ganarse el pan de ese día con su trabajo, una bofetada a los indignos corruptos para quienes todo ha resultado tan fácil.

Pienso en los jóvenes que han decidido quedarse con todas las expectativas en contra, porque quieren construir un país distinto. En aquellos como Roberto Patiño Guinand, que no es que no se fue, sino que regresó a trabajar por los más desposeídos y eso lo convierte en “enemigo” del régimen. Como Luis Francisco Cabezas, otro “enemigo”. Pareciera que mientras más los quiere la gente, el grado de enemistad crece…

Pienso en los periodistas que -a pesar de las crecientes amenazas y represiones- continúan denunciando, investigando, señalando. En quienes tuvieron que salir por las amenazas, en quienes están aquí dando la cara.

Pienso en los artistas que trabajan literalmente con las uñas y siguen enriqueciéndonos con su arte. En este año hemos tenido momentos de alegría maravillosos con los videos que han montado para seguir llenándonos de cultura, el verdadero motor de un país.

Pienso en los que enseñan, porque su profesión en la Venezuela de hoy es todo un apostolado. Mi respeto y admiración para ellos.

Pienso en quienes trabajan como voluntarios en ONG que se ocupan de todo lo que el gobierno ignora. En quienes comparten sus alimentos y sus medicinas, aunque les hagan falta.

Y pienso en quienes se han mantenido honestos a pesar de que los valores se fueron al estricote. Una gran sonrisa se asoma a mi rostro y me digo “tenemos remedio”. La reserva moral es grande.

Que 2021 nos sea leve, apreciados lectores.

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Honor a quienes no tienen precio, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

En su libro Un militar en la Casa Blanca, el general Dwight Eisenhower relata del complicado caso del contrabando que los japoneses estaban metiendo por Hawái durante su presidencia (1953-1961). Era prácticamente imposible detenerlos, pues compraban a todos los interventores de aduana y a cualquiera que facilitara el paso de las mercancías. En Washington estaban desesperados, pues todos los cambios que hacían realizaban infructuosos.

Eso sucedió hasta que uno de los mejores amigos del general, compañero en la Academia de West Point, acababa de retirarse y el general le rogó que aceptara el cargo en Hawái. “Sé que contigo ahí se acabará el contrabando”, le dijo. Y así fue durante más de un año. Una mañana, sonó el teléfono privado de la Oficina Oval. Era el amigo. “Ike (así le decían a Eisenhower), renuncio irrevocablemente. Desde ya”. El presidente quedó petrificado ante aquello. “¿Cómo vas a renunciar, si lograste parar el contrabando? ¡Te necesito allá!”. Una lacónica respuesta llegó del otro lado del teléfono: “es que los japoneses están llegando a mi precio”. El amigo puso su lealtad por delante de su precio.

Ahora quiero relatarles otra historia, que me contó una persona que fue en ese viaje: en una de las primeras visitas de una comitiva chavista a China (si la memoria no me falla fue en 1999 o 2000) a los integrantes les dieron $12.000 de viáticos. Uno de ellos, cuando regresó a Venezuela, devolvió el dinero íntegro, porque no lo había usado. Fue objeto de burlas por parte de sus compañeros, aunque había hecho lo correcto. Él les respondió que ese dinero podía usarse para ayudar a personas que lo necesitaran, y que en el viaje él (y todos) tuvieron los gastos cubiertos.

¿Qué pasó después, que ese señor cambió tanto? Hoy, después de haber pasado por una serie de puestos importantes dentro del régimen chavista, es uno de los sancionados por gobiernos extranjeros por ladrón.

Tremendo ladrón. La mística, la solidaridad, el amor por el prójimo se fueron al mismísimo…

Esa fue una de las tácticas de Chávez para mantener la fidelidad de quienes tenía cerca: corromperlos, guardar las pruebas, y sacárselas si intentaban traicionarlo. Es cierto que en Venezuela siempre ha habido corrupción, pero esta del chavismo ha superado todos los límites imaginables.

Y no son solo los chavistas. Hay quienes se hacen pasar por opositores y son testaferros de muchos personeros del régimen. Sus lavadoras personales. Están los bolichicos (los conocidos y los no tan conocidos), los alacranes, los militares (en todo guiso hay uno) y un gentío más que ha sido cómplice de la destrucción del país.

Hoy me pongo de pie para aplaudir a quienes no se han corrompido. Algún día, cuando esto cambie, podremos honrarlos como se lo merecen.

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La ley a la medida, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

No es nada nuevo… los regímenes dictatoriales, totalitarios y fascistas desde que existen, han fabricado leyes “a su medida”. Y cuando esas leyes ya no les sirven, no tienen empacho en cambiarlas para que, una vez más, se ajusten a su nueva talla. Lo hizo Hitler con las leyes raciales de Nuremberg, que criminalizaron el mero hecho de ser judíos, homosexuales, gitanos o discapacitados. Prácticamente los convirtieron en cucarachas… y las cucarachas se pisan porque son realmente desagradables. Nadie siente remordimiento por matar a una cucaracha. Y es que esas leyes comienzan por la deshumanización del contrincante: hay unos que son menos iguales que otros, como en la granja de Orwell.

Otras leyes ad hoc han servido a regímenes como el de Pol Pot en Camboya, donde ser o parecer intelectual era delito. Así, muchos camboyanos fueron asesinados por el solo hecho de usar lentes, “porque los lentes dan pinta de intelectual, aunque la persona no lo sea”.

Trujillo, en la República Dominicana, estableció uno de los regímenes más sangrientos de América Latina a punta de leyes a su imagen y semejanza.

La piedra angular de estos regímenes es el culto a una personalidad: la del líder. Lo que dice, piensa y ordena el líder, es incuestionable. Así era Chávez (¿recuerdan cuando exigió “un millardito de dólares”, como si el Tesoro Nacional fuera su caja chica? ¡Y se lo dieron!). Así es Maduro, el hijo predilecto, el heredero. Chávez tuvo la suerte de morirse cuando todavía había el repele de la bonanza petrolera de sus primeros años. A Maduro le ha tocado reprimir más que Chávez, porque si no reprime, corre el riesgo de que lo tumben. Pero actúa como el líder caprichoso que era su mentor.

Empecé hablando de las leyes a la medida, porque el cambio de centro de votación de Maduro fue una violación flagrante de la ley electoral. El mismo vicepresidente del CNE declaró a los medios que “se había enterado del cambio de centro cuando lo vio por televisión”.

¿No es insólito que el segundo a bordo del CNE no supiera lo que habían hecho? ¿Cuál de los rectores dio la orden del cambio, conociendo la ilegalidad de esa decisión? ¿O fue alguien distinto a los rectores? En ambos casos, es gravísimo. En el primero, porque es la máxima autoridad electoral violando la ley. Y en el segundo, porque eso significa que hay personas distintas a los rectores que tuvieron la potestad de hacerlo. ¿Quiénes fueron?…

¿Qué hicieron con el cuaderno electoral del Liceo Miguel Antonio Caro, ubicado en Catia, donde hasta las últimas elecciones votó Maduro? ¿Lo trasladaron a Fuerte Tiuna para que Maduro firmara y estampara su huella?… Y los votantes que aparecían en ese libro ¿tuvieron que esperar a que el cuaderno fuera y regresara, justo en tiempos de pandemia? Menos mal que los centros estaban vacíos…

Maduro, si tenía miedo de que “el presidente Duque lo mandara a matar”, como alegó para el cambio de centro, pues no ha debido haber votado. Ha debido quedarse escondido, si eso es lo que lo hacía sentirse confortable. Pero no ordenar que el mismo día de la votación le cambiaran el centro, porque la ley debería ser igual para todos, empezando por él, que dice ser el presidente de la república.

Por otra parte, no hay pruebas de este nuevo “intento” de magnicidio, no hay detenidos, no hay imputados. Si Maduro quería votar, han debido llevarlo –como siempre lo llevan, escoltado hasta los tequeteques- y rodear la zona de Catia hasta que votara. Pero no, él ordenó, alguien cumplió… y uno se quedó con la pregunta –y la grandísima duda- de que, si son capaces de cambiar a alguien de centro electoral el mismo día de la votación, también son capaces de manipular los resultados de la misma. Y después quieren que votemos con este nuevo sistema y este nuevo CNE. Si el de Tibisay era malo, este, sin que me quede duda, es todavía peor.

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Hambre, desempleo... y represión, por Carolina Jaimes Branger

“Hambre, desempleo y represión es lo que nos espera tras el 6D”.  Foto: Niña llorando, de la serie La edad de la ira, del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín.

@cjaimesb

Escribo este artículo el viernes 4 de diciembre y saldrá publicado el lunes 7. ¿Qué pasó ayer? Sin ser pitonisa, ni tener una bola de cristal para ver el futuro, puedo decir con toda certeza que lo que viene es más hambre, más desempleo y, por supuesto, más represión.

Maduro sabe que no tiene salida. Por eso declara que “con la Constitución en la mano” (¿cuál Constitución?, me pregunto) no va a entregar el poder. Que vienen tiempos mejores… Esa afirmación sería válida en alguien que nunca ha detentado el poder… Pero en alguien que lleva, de una forma u otra, 22 años atornillado en la cúpula gobernante, no es más que una burla grotesca.

Cuando Chávez inventó aquella infame consigna de “con hambre y desempleo, con Chávez me resteo”, que la gente repetía como loros, sin saber que se haría realidad con el paso de los años… ¿Siguen resteados con Maduro? Lo dudo.

A pesar de los riesgos del coronavirus las protestas no han cesado. El 2 de diciembre, el portal Venezuela informativa reportó lo siguiente:

“En horas del mediodía llegaron los candidatos del PSUV a la comunidad de Santa Fe en el estado Sucre, ingresaron al sector y fueron secuestrados por más de 8 horas.

La policía no pudo hacer nada. La comunidad les «leyó la cartilla» y les informó que tenían 10 días sin luz y que hasta que no instalaran los transformadores que estaban quemados no saldrían de allí.

Contundente la firmeza de la masa de habitantes que se aglomeraron en la zona. Los voceros les dijeron que empezaran a llamar por teléfono porque no los iban a dejar irse del lugar: «De aquí no se van hasta que nos traigan y coloquen los transformadores».

Luego de más de 8 horas de espera e incontables llamadas a medio mundo, los transformadores arribaron al lugar junto a una comisión y cuadrilla de CORPOELEC. Así los candidatos pudieron salir del secuestro”.

¿Hay que secuestrar a unos candidatos para poder tener electricidad?… Y este no es un episodio aislado. Venezuela está en el inframundo: sin luz, sin gas, sin comida, sin empleos, cero seguridad, la impunidad campea, el poder arrasa con todo, la represión cada día es peor… Y la gente está harta. Tan harta, que la votación de ayer fue OBLIGADA, so pena de “no darles más comida”. Vergonzoso. Trágico. Degradante.

Pues sí, compatriotas. Sin saber qué pasó ayer 6, lo que viene, con Maduro y sus secuaces, es más hambre, más desempleo, más inseguridad, más destrozo, menos comida, dinero que no alcanza, un retroceso al siglo XIX cuando éramos un país paupérrimo, destruido por dos guerras civiles en menos de 55 años. En el siglo XX logramos ser el país más rico y con mejores perspectivas de América Latina. ¿Hay derecho a que hayamos llegado a esto, después de haber tenido las mayores entradas por concepto de los altos precios del petróleo?

Hoy estamos entregados a los cubanos. Le debemos hasta el alma a los chinos. Dependemos de muchas maneras de los rusos, iraníes y ahora, turcos.

¿Vamos a seguir permitiendo que se burlen de nosotros de esa manera?… Desde hoy y hasta el 12 vamos a poder expresar la profunda arrechera (y me perdonan el francés) que sentimos. Nadie va a saber que participaste en la Consulta popular, de manera que participa. No te van a quitar lo que queda de la mísera caja CLAP, ni tu pensión. Total, no alcanzan para nada.

¡Ya basta de restearte con alguien que lo que único que te ofrece es que estés cada vez peor! ¡No les importa todo lo que estás sufriendo! No nos lo merecemos. No lo consintamos.

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Maradona: del Olimpo al Hades, por Carolina Jaimes Branger

Foto de la izq. Diego Maradona con Nicolás Maduro (AFP); en la foto de la der. Maradona tras anotar su segundo gol contra Inglaterra en México, 1986 (diario Clarín, Wikimedia Commons).  

@cjaimesb

Un chiste que corrió hace muchos años narraba la historia de un argentino que murió y se fue al cielo. Cuando llegó, le asignaron a otro argentino para que lo acompañara a conocer su nuevo hogar:

– Pibe, como vos verás, no es tan lindo como Buenos Aires, pero no está mal. Aquí no hay nada que se parezca a Puerto Madero, ni a San Telmo, pero hay que resignarse.

Esa tarde había un juego de fútbol y ambos decidieron ir. Cuando llegaron al estadio, el argentino anfitrión comentó:

– Che, esto no es el River Plate, ni el Boca Juniors, pero ¿qué más podemos hacer?

Comenzó el juego. De pronto, un jugador detuvo con el pecho la pelota que habían lanzado cerca de su arquería, la bajó y corrió todo el campo, driblando a todos los jugadores. Llegó a la arquería contraria, y con una espectacular patada, metió un tremendo gol. Todo el estadio se puso de pie a aplaudirlo, incluso los del equipo contrario.

– ¿Y quién es ese bárbaro? – preguntó el recién llegado.

– Es Dios, pero se cree Maradona…

El endiosamiento que hicieron los argentinos con Maradona no era normal. Fue algo parecido, como dice mi amiga Elizabeth Fuentes, al que hicieron con Evita Perón: “convirtieron a una prostituta en una santa”.

Tengo sentimientos encontrados con Diego Armando Maradona. Como futbolista, es innegable que fue uno de los mejores del mundo. Verlo jugar era un placer. Era como un baile, una suerte de magia con el balón que hipnotizaba. Grande, Maradona. Gracias por tan buenos recuerdos en ese sentido. Pero no fuiste el único grande. Hubo y hay otros, algo que tal vez tú no viste…

Hay un dicho que reza “desbarató con los pies lo que hizo con las manos”. En el caso de Maradona fue al revés: él desbarató con las manos, con la cabeza y con el corazón, lo que había hecho con los pies. Un hombre que tenía la obligación moral con el pueblo que lo había endiosado de ser un ejemplo para la juventud, se convirtió en el contraejemplo.

Desde aquella cuestionada jugada en el Mundial de 1986 en México, en cuartos de final contra Inglaterra, cuando metió un gol con la mano. Él sabía lo que había hecho, pero cuando se dio cuenta de que el árbitro no lo había visto, comenzó a festejar. El “fair play” aconsejaba que él mismo debió reconocer que el gol no era válido. Pero no… Todos lo vimos una y otra vez y hasta en cámara lenta. La mano era clarísima. El árbitro perdió su carrera. Y años después, como si hubiera sido una gracia, Maradona declaró:

“Ahora sí puedo contar lo que en aquel momento no podía, lo que en aquel momento definí como «La mano de Dios»… ¡Qué mano de Dios… fue la mano del Diego! Y fue como robarle la billetera a los ingleses también…”

Pero eso solo fue el comienzo de una caída estrepitosa, a causa de su ego sobredimensionado. Comenzó a usar drogas. Él, uno de los deportistas más famosos del mundo, ni se preocupó en esconder su adicción. Luego vinieron los excesos de todo tipo. Se fotografió borracho, desnudo, participando en orgías, drogado. Hay videos en los que ni siquiera podía hablar.

Dicen que de joven fue un muchacho muy pobre, perteneciente a una familia totalmente disfuncional. Hasta jugaba fútbol sin zapatos en la calle, sobre tierra, sobre fango. Cuando pudo tener zapatos, tampoco eran los adecuados. Cuando descubrieron su talento, todo fue en subida, hasta alcanzar la gloria en el fútbol. Pero sus complejos no los pudo superar, aun teniendo los recursos económicos para buscar toda la ayuda que fuera necesaria. Y más bien me parece que duró demasiado, cuando hizo todo lo posible para acabar con su vida.

Se convirtió en un ególatra, en un adorador del poder absoluto. Hizo amistad con tiranos como Hugo Chávez y Fidel Castro y apoyó sus causas.

Lástima, Maradona. Dejas un sabor más amargo que dulce, un recuerdo más triste que alegre, más de lástima que de admiración.

Pero cada quien se labra su propio destino…

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