Carolina Jaimes Branger, autor en Runrun

Carolina Jaimes Branger

El nombre de los hijos de Glory, por Carolina Jaimes Branger

Glory Tovar sostiene la foto de sus hijos ajusticiados por el CICPC en 2016, cuyo caso es uno de los 48 estudiados por la Misión de Determinación de Hechos de la ONU para Venezuela. Foto Fabiola Ferrero / La Vida de Nos.

 

@cjaimesb

 

Hacia finales de 2017 me contactó mi amiga la periodista Albor Rodríguez: “Estamos preparando un especial sobre las ejecuciones extrajudiciales, con el apoyo de Cofavic, para nuestro portal La Vida de Nos. Queremos documentar esos casos en las palabras de las propias madres. Hay siete que están dispuestas a hacerlo. Muchas otras quisieran, pero les da miedo. Será de gran valor para cuando regrese la justicia a este país. ¿Te animas a acompañar a una de ellas?”. Yo acepté de inmediato.

Me asignó a la señora Glory Tovar. Nos citamos una tarde en Crema Paraíso de San Bernardino. Comenzamos a conversar. Lo primero que me dijo fue “ayúdeme a lavar el nombre de mis hijos”. Yo le aseguré que haría todo lo posible para que así fuera. Nos reunimos varias veces. Grabé su testimonio y lo escribimos juntas. El resultado, junto a un conjunto de estupendas fotografías que hizo Fabiola Ferrero cuando visitamos la casa de Glory donde fueron asesinados sus dos hijos, se puede leer en La Vida de Nos | Disparos al corazón.

Marta Valiñas, presidente de la Misión Internacional para Venezuela de las Naciones Unidas, declaró el 16 de septiembre de 2020, cuando se hizo público el informe, que la Misión había encontrado “motivos razonables para creer que las autoridades y las fuerzas de seguridad venezolanas han planificado y ejecutado desde 2014 graves violaciones a los derechos humanos, algunas de las cuales – incluidas las ejecuciones arbitrarias y el uso sistemático de la tortura – constituyen crímenes de lesa humanidad”.

La Misión investigó 223 casos, de los cuales 48 se incluyen como estudios de casos exhaustivos en el informe de 443 páginas. Ya había examinado otros 2891 casos para corroborar los patrones de violaciones y crímenes. Entre los 48 casos escogidos se encuentra el de los hijos de Glory, asesinados con dos primos en mayo de 2016, cuando, en plena operación de la OLP, una comisión de la División de Vehículos del CICPC irrumpió en su vivienda “a hacer una requisa” y los mató ahí mismo, a sangre fría.

Los hijos de Glory no tenían antecedentes policiales. No estaban solicitados y jamás habían estado presos. Darwin Gabriel, el mayor, trabajaba en el Hospital Clínico Universitario. Antes, durante 4 años, había trabajado en una empresa de estampado de franelas. En palabras de su madre “siempre fue buen estudiante, un muchacho bien arreglado, le gustaba vestir bien y usar colonias. Siempre olía rico, era un negro fachoso”.

Carlos Jampier era el menor. “Siempre lo cuidamos porque convulsionaba. El doctor me decía que él iba a estudiar hasta donde su mente le diera. Lo cuidábamos mucho porque me daba miedo que me le pasara algo en la calle, y tanto cuidarlo de la calle para que me lo mataran en mi propia casa… ¡Qué ironía!”, escribió Glory en su testimonio.

En La Vida de Nos leemos: “Las noticias que publicó la prensa refieren que ‘cuatro delincuentes’ fueron abatidos después de un enfrentamiento con funcionarios de la División de Vehículos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). Uno de los artículos dice: ‘Según versión policial, los pesquisas del cuerpo detectivesco se encontraban en labores de investigación, cuando observaron a cuatro individuos quienes al percatarse de la presencia policial, no atendieron la voz de alto haciendo frente a los efectivos. En medio del fuego cruzado, los antisociales huyeron hacia una vivienda de tres pisos, a la cual ingresaron los agentes”. Glory Tovar logró demostrarle a la fiscal encargada del caso que no hubo tal enfrentamiento. Todos los disparos se hicieron dentro de la casa”. Nosotros mismos, cuando fuimos a la vivienda, hicimos el recorrido desde la calle y en ninguna superficie observamos impactos de bala. Solamente adentro. De hecho, todos estaban en la casa cuando entraron los agentes. Darwin Gabriel, cuando oyó el timbre, se asomó por la ventana y le dijo a Glory ‘Mami, abre la puerta, que ahí abajo está un policía’. Entraron en tropel. Desalojaron a las mujeres y a los niños, taparon con sábanas las ventanas y los asesinaron”.

En la página del Consejo de DDHH de la ONU se lee:

“La Misión constató que las autoridades estatales de alto nivel tenían y ejercían el poder con la supervisión de las fuerzas de seguridad y los organismos de inteligencia identificados en el informe como responsables de esas violaciones. El presidente Maduro y los ministros del Interior y de Defensa tenían conocimiento de los crímenes (negrillas mías). Dieron órdenes, coordinaron actividades y suministraron recursos en apoyo de los planes y políticas en virtud de los cuales se cometieron los crímenes.

Querida Glory, mi valiente Glory: el nombre de tus hijos ya está limpio. Que el caso suyo aparezca en este informe tan importante es prueba de ello. Desde ya, puedes estar tranquila.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

De los Welser a Maduro, por Carolina Jaimes Branger

“El chavismo-madurismo son los Welser (s. XVI) del siglo XXI”. Fragmento de la obra El grito II (1983), de Oswaldo Guayasamín (1919 – 1999). 

@cjaimesb

Hace unos días, un periodista comentó en un chat que la destrucción de Venezuela había comenzado con los hermanos Monagas. Yo le respondí que había comenzado 300 y pico de años antes: porque el proceso de depredación en Venezuela comenzó en 1528, cuando el emperador Carlos V de Alemania y I de España, para pagar la deuda que tenía con unos banqueros alemanes de apellido Welser, les entregó la explotación de la Provincia de Venezuela y parte de la Nueva Granada.

El contrato que firmaron exigía que –además de la explotación- los Welser fundarían ciudades y evangelizarían a los indígenas. La única ciudad que fundó uno de ellos, Ambrosio Alfinger, fue Maracaibo. Pero esa fundación fue temporal. La ciudad se fundó dos veces más. Alfinger fue asesinado por los indígenas en Chinácota, Nueva Granada, con una flecha envenenada.

Los enviados por los Welser, Alfinger, Nicolás Federmann, Jorge de Spira, Heinrich Remboldt, Bartholomä Sayler, Philipp von Hutten y Bartholomeus Welser, incumplieron todos los contratos con la Corona española. Detuvieron el proceso de conquista y no colaboraron con la colonización, porque lo único que les interesaba era sacar lo máximo de estas latitudes.

Dieciocho años estuvieron en estas tierras sacando todo lo que podían. Buscaron El Dorado hasta que se fueron. Y dejaron un territorio arrasado.

Hay quienes arguyen que la pobreza en Venezuela –hasta que se descubrió el petróleo- se debió principalmente a que no fuimos más que una Capitanía General. Pero Guatemala también lo fue y aún hay construcciones maravillosas de la época de la colonia. Aquí, hay muy pocas cosas.

La violenta ruptura con España después de la Guerra de Independencia y el trágico siglo XIX –dos guerras civiles (la de Independencia y la Federal) y caudillos, caudillitos y caudillotes- nos trajo al siglo XX convertidos en la Cenicienta de América Latina. Hasta que se descubrió el petróleo.

Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita iniciaron el proceso de explotación y la modernización de Venezuela. Lo siguieron sus sucesores en el poder y para los años setenta del siglo XX el nuestro era uno de los países más promisorios de nuestro continente. Con la nacionalización del petróleo en el primer gobierno de Pérez parecía consolidado nuestro futuro.

De hecho, un estudio de prospectiva hecho en 1973 por uno de los más famosos “think tanks” del mundo, el Club de Roma, determinó que los tres países en vías de desarrollo que serían países desarrollados a la entrada del nuevo milenio serían Irán, Irak y Venezuela. Se equivocaron con los tres. Esto demuestra que para medir el grado de desarrollo de un país no son suficientes solamente los indicadores económicos.

Malas decisiones, corrupción y la defenestración de Pérez en su segundo gobierno trajeron al chavismo-madurismo: los Welser del siglo XXI.

Igual que ellos, llegaron con las agallas abiertas. Igual que ellos, llegaron a llevarse lo que podían. Igual que ellos, no les importaba lo que pasara con el pueblo venezolano. Igual que ellos, llegaron a arrasar con todo… y casi lo logran.

Los Welser pudieron subyugar a muchas tribus de indígenas. Pero hubo otras que los desafiaron, los embaucaron y los derrotaron. Como aquellos remotos ancestros, aquí seguimos resistiendo. No nos rendimos. Y Maduro y su combo, como los Welser, se irán con sus maletas, quizás repletas, pero se irán. Y nosotros entonces podremos reconstruir el país que soñamos.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Llamado a la sensatez, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Hay situaciones que no entiendo. Hay actitudes que tampoco. Lo que sí tengo meridianamente claro es que mientras la oposición democrática siga en esa guerra intestina que libra a diario, lo que logrará será darle respiración boca a boca a un régimen que está ahogándose en su propia ineficiencia, en su escandalosa corrupción y en su infinito odio y deseos de hacer mal. Por eso quiero hacer un llamado a la sensatez.

Mi primera llamada es para María Corina Machado. Eres brillante, preparada, valiente. Por favor, no te empeñes en continuar afirmando que la única ruta para salir de Maduro es el TIAR y que lo que ha hecho Guaidó hasta ahora no ha valido la pena.

¿Cómo que no ha valido la pena? Lo que ha logrado Guaidó en términos de apoyo, sanciones a funcionarios, precio a las cabezas del régimen y recuperación de activos nacionales, es mucho en menos de dos años: a mí no me queda duda de que es la primera vez que un régimen que vivía sobrado en todo sentido, se ha visto contra las cuerdas.

Que 60 países desconozcan a Maduro y que haya chavistas que antes se paseaban sobrados por el mundo derrochando sus riquezas mal habidas y que hoy no se atrevan a dar un paso fuera de Venezuela son grandes logros.

María Corina, tú misma has estado moviendo tus contactos en la OEA para la activación del tratado… ¡Sigue haciendo tus diligencias, pero ellas no excluyen que trabajes en equipo! El Grupo de Lima está conformado por países miembros del TIAR y todos han descartado de plano una invasión.

Estados Unidos también la descartó, María Corina, cuando les sugeriste que ellos podían ayudar a “des-invadirnos” (sacar a los cubanos) porque además de invadidos estamos catalogados como un estado narcoterrorista. En esta última semana dejaron claro que no están contemplando (por ahora) la invasión militar a Venezuela y encima, la pandemia ha venido a complicar todo.

Hasta los países más sólidos económicamente acusan el golpe a sus finanzas. ¿Quién va a enviar fuerzas para invadir Venezuela con el coronavirus haciendo estragos? Puede ser que suceda, pero las probabilidades son muy, muy bajas. Entonces, María Corina, ¡incorpórate al equipo! Todos tenemos que remar en la misma dirección.

La segunda es para Henrique Capriles. Yo te respeto mucho, Henrique. Me parecen injustas las acusaciones que te han hecho y te he defendido. Has sido un trabajador incansable en pro de la democracia y no te ha temblado el pulso a la hora de tomar medidas impopulares, lo que te convierte en una rara avis de la política venezolana.

Pero a estas alturas “abrir un camino” por tu cuenta… ¿no te parece que resulta aventurado? En particular si estás contando únicamente con tus partidarios y en un escenario donde el coronavirus hace cada día más estragos. Si vamos a abrir camino, deberíamos hacerlo todos juntos.

Pero me pregunto… ¿podrás abrir camino convocando a un pueblo que en su mayoría pasa hambre y que cada vez más se enferma, no solo de covid-19, sino de las siete o más plagas que pululan en Venezuela? ¿Una movilización? ¡Un pueblo en estatus de supervivencia no insurge! E ir a votar, Henrique -te lo dice alguien que siempre ha votado- en este momento es una locura. Creo que hay que hacer algo y estoy de acuerdo contigo en que quedarnos en la mera abstención solo nos volverá al 2005, el principio de todos nuestros males. Pero ese “algo” tiene que ser bajo la consigna de la unidad. Ya lo has hecho antes, Henrique. Te necesitamos.

La tercera es para Leopoldo López. Me gustaría conocer qué vas a hacer a corto plazo y a futuro. Me gustaría saber si estás consciente de que puedes colaborar proactivamente con todas las limitaciones que tienes y de forma exitosa.

Como la única certeza que nos queda es que Estados Unidos seguirá apoyando a Juan Guaidó y considerándolo presidente encargado hasta que cese la usurpación (y esperamos con razonable certitud que el Grupo de Lima y la Unión Europea se adherirán a la decisión) hay que unir esfuerzos. Guaidó necesita más apoyo que críticas y Venezuela necesita la unidad de sus líderes políticos. Todos sabemos lo que le sucede a un objeto que varias personas jalan hacia una dirección distinta: se queda en el mismo sitio.

Llegó el momento de la verdad. Demuestren cuánto aman a Venezuela. Guaidó es joven, le falta experiencia, pero tiene garra y ganas, valor y energías. Y a él fue a quien le tocó y lo ha asumido. Ustedes, María Corina, Henrique y Leopoldo son lo suficientemente preparados, políticamente corridos e inteligentes para saber qué hacer. Venezuela cuenta con ustedes.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El Gallo Claudio, el Gallo Pelón, por Carolina Jaimes Branger

Claudio Fermín (der.) Foto: Rafael Briceño Sierralta, 2019 / diario Últimas Noticias.

@cjaimesb

Todos conocemos los dibujos animados de Warner Brothers como “Looney Tunes” y “Fantasías animadas de ayer y hoy”. En una de ellas aparecía un gallo llamado Claudio, en español. Claudio era grandote y tontón, pero divertido. Hizo populares frases como “no soy una gallina, hijo” y “es una broma, digo, es una broma, hijo”.

En Venezuela tenemos un Claudio, no gallo, sino Fermín, cuyo partido Soluciones tuvo la “brillante solución” de lanzar como candidato a uno de los más conspicuos generalotes de la revolución: Luis Felipe Acosta Carlez, famoso por sus lamentables actuaciones públicas, desde que eructó en cadena nacional cuando se llevó la mercancía de los almacenes de Polar y convirtió tamaño desaguisado en un triunfo. Incluso le sirvió como eslogan de su campaña electoral para la gobernación de Carabobo, que ganó en 2003.

Más o menos en la misma época, cual guapetón de barrio, había ordenado golpear salvajemente a las Mujeres de Negro, una ONG valenciana, que protestaban en la calle. Él mismo arrastró a Elba Power Diamante sin miramiento alguno.

Yo vivía en Maracay en aquel momento y una mañana que fue a una entrevista en la televisora regional TVS, un grupo de mujeres maracayeras fuimos a darle un cacerolazo en la puerta del canal en desagravio a nuestras compañeras de Carabobo. Cuando él salió, el escándalo fue mayúsculo. Una de las mujeres le lanzó unas pantaletas, que él recogió del piso, se las acercó a la cara -no sé si para besarlas u olerlas- y se las entregó a su mujer, quien lo acompañaba. “Toma, mi amor, para que te pongas estas pantaleticas, que están bien bonitas”. Ella se quedó congelada, ni se movió. El las dobló y se las metió en el bolsillo.

Cuando era gobernador, su machismo e idiotez lo llevaron a publicar unas vallas en 2007, donde aparecían mujeres en bikini o ropa interior que decían “incitar al sexo genera violaciones”. Algo así como justificar el salvajismo de los hombres y encima, culpar a las mujeres y demostrar su completa ignorancia en cuanto a derechos de las mujeres se refiere.

¡Cómo sería Acosta Carlez que el mismo Chávez lo calificó como “un triste y mal ejemplo” y pocos meses más tarde fue expulsado del PSUV! Encima, ha sido vinculado en repetidas ocasiones al narcotraficante Walid Makled.

Pero Claudio Fermín ahora dice que “no sabía nada de eso”. ¿Cómo designa como candidato por su partido a alguien que no conoce? Yo pensaba que cuando un partido va a postular a alguien para cualquier cargo, mínimo lee su currículo, ¿o no?

¿Dónde estaba Fermín todos esos años? ¿En Narnia? ¿En Ganímedes? ¿En Plutón?… Y los demás miembros de su partido… ¿tampoco sabían quién es Acosta Carlez? Que eso lo diga alguien que vive en la Venezuela profunda, lo puedo hasta creer… ¿pero Claudio Fermín?… Yo en un tiempo lo consideré un político serio e inteligente. Pero ahora a quien se me parece es al Gallo Claudio: mentecato y necio. Y sin la gracia del personaje animado.

Claudio, ahora que pretendes meternos un cuento de camino… ¿quieres que te cuente el cuento del Gallo Pelón?

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Morirse (en Venezuela) en estos días, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Vivir en Venezuela se ha convertido en un rosario de desgracias. Pero morirse como que es todavía peor. Y morirse en el interior del país, peor que pésimo (querido Alexis Márquez Rodríguez, dondequiera que te encuentres, perdóname este horror de sintaxis), pero es que es así: peor que pésimo.

La mamá de un amigo murió hace un par de semanas en un pueblo del interior. No fue de coronavirus. Tenía cáncer desde hace años y falleció en su casa. Mi amigo salió de Caracas tan pronto le avisaron. Me dice que lo detuvieron –y lo retuvieron- en no menos de veinte puntos de control. Un viaje que usualmente era de tres horas y media, esta vez le tomó casi siete. Me dice que uno de los guardias del pueblo que lo paró le preguntó que cómo le constaba a él que su mamá se había muerto de verdad. Y tal vez ése sea el resultado de que aquí la gente inventa cualquier cosa…

Lo primero que pasó cuando llegó al pueblo es que le informaron que la camioneta de la funeraria no tenía gasolina. Pero eso lo dijeron cuando la señora llevaba más de 12 horas de fallecida, no había electricidad y el calor era insoportable. Mantener un cadáver en esas circunstancias es terrible.

La búsqueda de la gasolina fue toda una odisea: como en el pueblo no había ni una gota en ninguna de las tres bombas de gasolina que tiene, a mi amigo le sugirieron que fuera al comando de la GN, que allí “seguro que tenían”. Para allá se fue, convencido de que lo iban a matraquear, pero jamás pensó que tanto. Terminó “negociando” a $5 por litro y cuando llamó a la funeraria para que llevaran la camioneta, estos dijeron que la llevaban solo si les llenaban el tanque.

En Venezuela nada debe extrañarnos ya, pero aprovecharse de una situación así, caramba, todavía sorprende.

La cuenta final fue de casi $400, que tuvo que reunir entre familiares y amigos. Cuando finalmente llegaron a buscar el cuerpo, este estaba ya hinchado. La electricidad no había vuelto.

El siguiente paso era obtener la partida de defunción. Otra matraca. El funcionario que expedía las partidas no estaba, la secretaria decía que tenían que esperar, que no sabía a qué hora llegaba. Cuando mi amigo le pidió que lo llamara, ella le preguntó “¿y cómo para qué?”. Mi amigo le respondió “como para que venga, ¿para qué más?”. La señorita se ofendió y le dijo que lo iba a denunciar porque le había “faltado el respeto”. Llamó a un policía que lo amenazó con detenerlo ¡y lo detuvo! Estaba muy bien versado en lo que concierne a la “Ley sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia”, y lo increpó sobre los dos “delitos” que acababa de cometer: violencia sicológica y violencia “simbólica”. Le leyó los dos primeros apartes del artículo 15 sobre violencia psicológica y el acoso u hostigamiento y le advirtió que podría ser sancionado con prisión de seis a dieciocho meses.

Unos días después, mi amigo se enteró de que era una bien montada estafa y que él no había sido ni la primera, ni la única víctima. El hecho es que su hermano tuvo que reunir $150 para llevárselos y que pudieran soltarlo. Al soltarlo apareció el funcionario desaparecido y emitió la partida de defunción. Entre él, la secretaria y el policía, habían ganado $50 cada uno en apenas dos horas y sin trabajar. Cuando uno piensa que los médicos residentes ganan $5 al mes, lo que provoca es llorar.

Y la historia no termina aquí… el cementerio tenía “horario de coronavirus” y por la tardanza con la partida de defunción, la “detención” de mi amigo y la búsqueda de los dólares, tuvieron que esperar hasta el día siguiente para enterrar a su madre.

Si usted cree que vivir en Venezuela es una tortura, es porque todavía no se ha muerto…

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¿Morir de hambre o de coronavirus?, por Carolina Jaimes Branger

Fragmento de Hambre calavera, ilustración del caricaturista mexicano Manuel Manilla (1830-1895). Imagen en Wikimedia Commons.

@cjaimesb

Hace dos semanas, un buen amigo circulaba por una calle de Caracas, cuando un guardia nacional lo detuvo en una alcabala de control. “Papeles”, le pidió. Mi amigo se los entregó. Al encontrar que todo estaba en regla, le pidió que abriera el capó. “¿Tiene una servilleta, o un trapo?”. Mi amigo le extendió una toallita húmeda. “¡Ayyyy!”, exclamó el guardia. “No se lee el serial del motor… este carro está detenido porque puede ser robado”.

Mi amigo no se quería bajar, porque el GN llevaba la mascarilla casi de babero, pero antes de que le llevaran el carro, lo hizo, no antes sin pedirle que se la colocara bien. El serial se veía perfecto y así se lo hizo saber al funcionario. “Lo importante es que yo lo vea… no que tú lo veas”… Ya había pasado al tuteo. Y luego de una intrascendente conversación de “llame a un superior suyo y que venga”… “mis superiores están todos en otros operativos”, el GN se destapó: “podemos hacer otra cosa… tengo un bebé y tiene hambre. Si me traes comida para él, te devuelvo tus papeles y te vas”.

Mi amigo me confiesa que fue en ese momento cuando lo vio detalladamente: estaba literalmente famélico. Del tuteo pasó al “usted” nuevamente: “¿sabe, doctor?… Es que, si no nos morimos de coronavirus, nos vamos a morir de hambre”. No hay que decir que el GN esa tarde regresó a su casa con dos buenas bolsas repletas de cereal, leche, compotas, galletas, chocolates…

“¿Qué hubieras hecho tú si te hubiera pasado a ti?”, me preguntó mi amigo. “Pues creo que lo mismo que tú”, le respondí… Hasta hace algo más de un par de años, yo era una ferviente luchadora frente a las matracas. “Póngame la multa”, les decía. Pero cuando el hambre se apoderó de Venezuela, entendí que ellos también eran víctimas y que la matraca era su manera de alimentar a sus familias.

Procuro llevar siempre algo de comer en el carro para darles algo, sobre todo a los niños que deambulan por nuestras calles pidiendo limosna. Recuerdo una vez que tenía una caja de chocolates que me había enviado una de mis hijas que vive fuera y se la di a un grupo de niños en un semáforo de la avenida Libertador. Ninguno tenía más de 10 años. Los gritos de alegría y gratitud quedaron grabados en mi memoria. Ellos quedaron felices, yo llegué a mi casa llorando.

El dilema que hoy se le presenta a más de las tres cuartas partes del pueblo venezolano es si morirse de hambre, o morir de coronavirus. La primera es casi una certeza. La segunda, una probabilidad.

Las cuarentenas locas impuestas por el régimen de Nicolás Maduro no hacen sino empeorar la situación. Esta semana ha circulado un video del Metro de Caracas literalmente atapuzado de gente, con cero distanciamiento social. ¿Qué se gana entonces decretando cuarentena estricta la semana siguiente? ¿Es que acaso el coronavirus entra en estado latente durante la semana de flexibilización? ¿Qué alternativa le queda a una población que depende del día a día para subsistir? Como dijo el guardia nacional, o se mueren de hambre, o se mueren de coronavirus. Y la segunda tiene menor probabilidad hasta ahora.

En Venezuela apenas empezamos a conocer la dimensión de la pandemia. El régimen maquilla cifras, cambia las causas de los decesos por “neumonía severa”, “paro respiratorio”, hasta “broncoaspiración”, y se jacta de tener “un número reducido de muertes”. En Guayaquil fue dantesco lo que sucedió con la mortandad. Los cadáveres eran lanzados a las calles… Y Ecuador está mucho mejor que nosotros.

¿Qué va a pasar aquí?… No lo sé, ojalá existieran las bolas de cristal para ver el futuro… Pero temo que lo que se nos viene encima sea una tragedia de dimensiones descomunales. Y todo será culpa de Nicolás Maduro y sus sátrapas. De lo que no tengo dudas, y para eso no necesito la bola de cristal, es de que algún día pagarán por ello.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Doña Blanca, por Carolina Jaimes Branger

Blanca Rodríguez de Pérez, ex primera dama de Venezuela (1926 – 2020). Foto El Nacional

@cjaimesb

Ha muerto Doña Blanca. La mujer que resistió con valor y dignidad el ataque de las fuerzas golpistas en 1992 en La Casona, acompañada solamente por una tía anciana, su hija Carolina, que es ciega, y dos de sus nietos pequeños. Mi amigo Pedro Berroterán escribió en su muro de Facebook que “fue valiente cuando debió serlo…

“¡Si a usted le faltan pantalones, a mí no!”, se le oyó gritar durante el asedio a La Casona en 1992. Rendirse no estaba en sus genes”.

Claro que no estaba en sus genes: era tachirense. Cuando Mario Iván Carratú, jefe de la Casa Militar, le pidió que abandonara La Casona, se negó rotundamente. Y desde la madrugada participó en el auxilio de los heridos, sin importar a qué bando pertenecían.

Esa misma mujer visitó a sus vecinos para constatar los daños a sus propiedades. Y se ocupó personalmente de que les fueran canceladas las reparaciones.

Cuando fue primera dama en la primera presidencia de su marido, Carlos Andrés Pérez, sería víctima de burlas. Como toda burla, estas fueron exageradas, necias y, sobre todo, sin sentido. Decían que era “campurusa” (como si ser “campuruso” fuera malo… cuando ella nació más de la tercera parte del país lo era); y, encima, era mentira: su familia era una de las más notables de Rubio, estado Táchira.

Sin embargo, ella las sobrellevó con humor, paciencia y dignidad. Y esa misma dignidad con la que llevó su vida, acabó con aquellas burlas.

Asumió su trabajo frente a los Hogares de Cuidado Diario y frente a la Fundación del Niño, como sus antecesoras –y luego sus predecesoras- lo hicieron. Porque si algo bueno tuvimos en Venezuela, fueron primeras damas… hasta 1998.

Doña Blanca pasó por la humillación en mayo de 2013 de que Nicolás Maduro se negara a firmarles el pasaporte a ella y a su hija Carolina, quien estaba ciega a consecuencia de un cáncer y debía viajar a Estados Unidos para seguir un tratamiento. Pero eso no la amilanó. Como buena gocha resistió ésa y otras injusticias.

Después de su paso en la primera oportunidad como primera dama, fundó el Banco de Sillas de Ruedas, Bandesir, que ha ayudado a tantísimos venezolanos necesitados de un apoyo para movilizarse y, así, tener una segunda oportunidad.

Su vida personal la mantuvo contra viento y marea fuera del dominio público. Pasó por la pena de ver morir a su hija Thaís. Se armó de valor para acompañar a su hija Carolina en su lucha contra el cáncer y contra su ceguera. Sufrió estoicamente la cárcel de su marido, el exilio, allanamientos…

Ha muerto una venezolana valiente. Ha muerto una venezolana buena. Y, sobre todo, ha muerto una venezolana digna. Gracias por todo, doña Blanca. La recordaremos con admiración y con cariño.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Llegó el lobo, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

¿Recuerdan el cuento del niñito y el lobo? Aquel niño que era muy mentiroso y siempre estaba anunciando que venía el lobo… La gente se asustaba, corría, se guarnecía, y él se burlaba a de todos, porque no era verdad. Pero un día sí llegó el lobo y se encontró frente a frente con el niñito. Gritó, pidió auxilio, se desesperó, pidió perdón… pero nadie le creyó y el lobo se lo comió.

Pido disculpas por el tema recurrente, pero en Venezuela, señores, ha llegado el lobo. El régimen se ha solazado de “lo bien” que ha manejado la pandemia.

Se ha dado bomba con aquella prematurísima “felicitación” de la Organización Mundial de la Salud, “por su comportamiento frente al coronavirus”. Las cifras oficiales eran –y siguen siendo– muy bajas comparadas con la región. Pero el aislamiento de Venezuela y la falta de gasolina pueden ser causas de su retardo en hacer de las suyas. Y encima, creer las cifras del régimen, a estas alturas, es un acto de ingenuidad por decir lo menos.

El hecho real es que no tomaron las precauciones que debían haber tomado –de hecho, las desestimaron– no sé si por estupidez, por soberbia o por ese sentido de predestinados que tienen, pero el coronavirus llegó para quedarse un buen rato y ahora es cuándo veremos lo que otros países mejor preparados que nosotros han sufrido. Otra paliza para la muy apaleada Venezuela.

Nunca se me olvidará, lo repito, la prepotencia de Diosdado Cabello (quien no sé si de verdad está enfermo) cuando ofreció mandarles un “tun, tun” a los miembros de la Academia de Ciencias cuando advirtieron sobre la propagación del virus.

Literalmente se me pararon los pelos de punta cuando leí un tuit de mi muy admirada y respetada Susana Raffalli, quien advierte que podemos estar frente a una emergencia funeraria.

Lo peor de todo esto es que este régimen que ha destrozado el país no tiene la capacidad de hacerle frente al coronavirus de manera alguna. Ni en logística, ni en instalaciones, ni en insumos… A ninguno de la alta jerarquía chavista pareció importarle que los médicos residentes de los hospitales ganaran la miseria de $5 al mes: sí, CINCO DÓLARES AL MES.

Y de ese grupete, los que están enfermos o han muerto, no están ni estuvieron en un hospital público, mucho menos en un CDI. Se fueron a clínicas privadas. ¡Qué rico es ser rico! Pero el dinero no compra salud… podrá pagarles las mejores clínicas, pero la salud, no. Tendrán que apelar a instancias más altas: pongan a trabajar día y noche a sus babalaos, a ver si son escuchados.

Y el pueblo, que se friegue. Tanto que lo han usado para mantenerse en el poder, ahora que el pueblo los necesita más que nunca, es cada día más obvio que les importa tres pitos.

Encima, montan una cuarentena radical que más parece un toque de queda, que afecta más a quienes dependen del día a día para comprar algo de comida. Y los jubilados, ni hablar. Cero empatía. Cero piedad. Cero compasión.

Llegó el lobo, compatriotas. Corran a sus casas. Cuídense. No salgan si no tienen que salir. Protejan a los suyos. Llegó el lobo, compatriotas. Y estamos en las peores manos en las que podíamos estar.

Solo las hienas terminarán riéndose.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es