Carolina Jaimes Branger, autor en Runrun

Carolina Jaimes Branger

“Stillness”, por Carolina Jaimes Branger

“STILLNESS”, EN INGLÉS, significa inmovilidad. Pero desde hace un tiempo “stillness” también se refiere a una calma dentro de una gran tensión. Aquel que, en una situación de peligro, confusión o gran tensión, tiene la capacidad de concentrarse en el orden de prioridades. El concepto lo desarrolló el americano Ryan Holiday.

Esta nueva acepción es aplicable al presidente Guaidó. Puede que no se perciba la magnitud, la complejidad y lo delicadas que son tanto las funciones como las responsabilidades que pesan sobre sus hombros, pero él presenta una imagen de tranquilidad, sosiego y control de su ser interno que pareciera indicar a quienes lo vemos que está en una suerte de burbuja protegida, cuando la realidad es que él constituye el centro neurálgico de una red interconectada de informaciones, obligaciones, funciones y estrategias que están en constante actividad.

Hay una gran diferencia con Maduro: el estilo de éste se basa en proyectar control recurriendo a distracciones como atacar a las personas, burlarse, disminuir la importancia de eventos que sí la tienen, exagerar el valor de acciones nimias, hacer chistes bobos, meter la pata adrede, incluso cantar y bailar solo o acompañado. Incorpora en sus cadenas largas conversaciones con desconocidos que son absolutamente superficiales.

Tenemos entonces dos líderes con sus problemas y sus redes de conexiones y la pregunta es ¿cuál de ellos es quien proyecta sensatez, parsimonia y control?… Uno, el que practica el “stillness” avanza paso a paso y obtiene resultados. El otro, que practica el populismo dicharachero que más bien parece un espectáculo de entretenimiento, cada día pierde algo o incurre en un error que le hace perder terreno, como no haber dejado entrar al país al periodista John Carlin, experto en negociaciones con amplia experiencia en los procesos latinoamericanos y surafricano. Podrá haber sido pan y circo para los miembros de las bases del PSUV, pero a los ojos del mundo, que es lo importante, fue una torpeza. Más le hubiera valido dejarlo entrar y que se reuniera con trescientas personas, que la pésima imagen que le causó una medida tan mediocre.

Las apariencias engañan. Mientras Maduro baila salsa y pierde terreno, Guaidó, en su “stillness” continúa avanzando en el cese de la usurpación.

@cjaimesb

¡No me dan lástima!, por Carolina Jaimes Branger

Hace unos quince años, una joven novia iba entrando a una iglesia del brazo de su padre cuando la marcha nupcial se vio interrumpida por un coro de insultos que iban subiendo de tono y volumen mientras los músicos, en un esfuerzo desesperado por taparlos, ya no se escuchaban. Pitos y pitas, gritos, sirenas… los indignados que protestaban estaban dispuestos a boicotear la boda. ¿La razón? La muchacha era hija de un alto jerarca del chavismo responsable de la desgracia de miles de trabajadores de PDVSA que fueron desalojados de sus viviendas de la manera más violenta. Nadie reparó en los niños ni en los ancianos que vivían allá.

Hubo gente, sin embargo, que reclamó que “le echaran a perder la boda a la jovencita, si ella no era culpable de lo que había hecho el papá”. Un argumento que logró que cierta cantidad de personas rechazara la acción.

Otro tanto sucede ahora, cuando fueron expulsadas de los Estados Unidos familias de funcionarios chavistas sancionados y otros enchufados. “¿Por qué no dejan que los niños terminen el año escolar?”, han preguntado unos cuantos por las redes. Esgrimen como argumentos los derechos de los niños, la dignidad de los niños, la prioridad que significa la educación…

¿Y es que hay niños venezolanos que tienen más derechos que otros? ¿Por qué si hay un millón de niños que no se inscribieron en las escuelas, más quién sabe cuántos que están inscritos y que no van a ir porque sus padres deben escoger entre comida y escuela y la elección es obvia, hay unos que sí “tienen” el derecho de ir a la escuela? Cuando hablan de dignidad, ¿a qué se refieren? Porque dignidad es también tener acceso a la libertad y a los derechos. Y que un miembro de este régimen hable de la importancia de la educación cuando han destrozado lo que quedaba del muy mediocre sistema educativo, daría risa si no fuera tan trágico.

A mí, sin que me quede nada por dentro, no me dan lástima esos niños. ¿Por qué habrían de dármela, si sus padres fueron los primeros en no pensar en ellos? Si los aman tanto, han debido pensar en lo que para ellos significa ser tachados de “hijos de un ladrón” (o de un asesino, porque las muertes en Venezuela por hambre o falta de medicinas llevan sus improntas). Así que cálense eso sin chillar. Calladitos se ven más bonitos.

@cjaimesb

Dolor de patria, por Carolina Jaimes Branger

Acabo de ver un video en Twitter, comentado con dolor por la periodista Idania Chirinos, que me dejó perpleja y con una tristeza infinita: la policía peruana, en una suerte de cayapa, despoja a un muchacho venezolano de una caja de chocolates que tenía para vender y que constituía su única fuente de ingreso.

Mientras está rodeado por los agentes, el joven declara a un canal local que no es la primera vez que lo detienen. Asegura que no es un delincuente. Con educación entrega sus papeles. Se queja amargamente de que la vez anterior, el policía que lo abordó le mentó la madre. No los conté, pero los agentes rodeaban al venezolano eran muchos. No sé cuántos policías se necesitarán en Perú para detener –o para pedirle los documentos- a un muchacho desarmado que no le estaba haciendo daño a nadie.

Sentí rabia. Sentí dolor. Sentí impotencia. ¿Por qué un joven compatriota tiene que pasar por esas humillaciones? ¿Por qué quitarle su único sustento? Pero después de un tiempo de reflexión y sin dejarme llevar por la rabia inicial, me di cuenta de que la culpa no es de la policía peruana. Ellos están haciendo su trabajo. La culpa no es de los peruanos. Ellos han acogido a casi un millón de venezolanos y hay que ver el desbalance y la crisis que causa a una economía emergente como la de ellos que de pronto les llegue esa enorme cantidad de personas. La culpa es del régimen de Nicolás Maduro, que ha logrado que jóvenes como éste –que pudieran estar en Venezuela estudiando, trabajando, emprendiendo- estén hipotecando su juventud vendiendo chocolatitos en otro país.

Además, no puedo dejar de reconocer que de Venezuela también ha emigrado la delincuencia. Estuve hace poco en Chile y otros venezolanos nos dijeron que muchos de los carteristas que pululan por Santiago a horas pico, por desgracia, son venezolanos. Los reconocen porque van en moto, en parejas… igual que aquí. Pero el prejuicio es dañino. La mayoría de quienes se han ido de Venezuela son personas trabajadoras que agotaron todas sus posibilidades antes de agarrar camino, camino que muchos hicieron a pie.

A Maduro, como nunca supo lo que era estudiar o trabajar, no le importa que los jóvenes venezolanos pierdan su presente y su futuro. Insiste en ahondar en las causas que nos han traído a la mayor tragedia que hemos vivido como nación y pareciera regocijarse en ello. Y quienes lo apuntalan, también son culpables. El gran destructor fue Hugo Chávez, pero Maduro, en vez de cambiar ese proceso, lo ha profundizado. Y los responsables van desde él, pasando por toda su corte de malandros, hasta el personajillo que utiliza su pequeña posición dentro del régimen para matraquear. Sin olvidar, por supuesto, a quienes haciéndose pasar por opositores se han hecho multimillonarios, como los bolichicos y otros ni tan “boli” y ni tan chicos. ¡Prohibido olvidar!

Espero que todos los que nos causaron este daño paguen por sus crímenes. Yo no los perdono. Tengo un dolor de patria que no me lo quita nadie.

@cjaimesb

El día después, por Carolina Jaimes Branger

Llevamos veinte años en esta tragedia. En mi caso, la tercera parte de mi vida y mis años más productivos profesionalmente. Una gran mayoría de jóvenes al único presidente que recuerdan es a Chávez. Ellos no pueden imaginarse –si todavía están en Venezuela- que se puede vivir mejor. Lo único que han experimentado es un avasallamiento desde el poder, traducido en burlas, insultos, represión, hambre, desolación y muerte. Entonces la ilusión se reduce a una caja CLAP, sin saber que las migajas que les arrojan son una fuente de ingresos para otros.

Leo en el diario 2001 la primera plana del vienes 20 de septiembre: “Un millón de chamos no va a la escuela”. Hablo con Juan Ernesto Páez Pumar, director del diario, y me confirma mi sospecha: la cifra es conservadora y refleja sólo los que no están inscritos en ningún plantel. No incluye a los inscritos que, en la práctica, nunca tienen clases. ¿Cómo va a prosperar un país así? Cada vez estoy más convencida de que es la estrategia del régimen de Maduro para perpetuarse en el poder. Mientras más ignorante sea el pueblo, más fácil será dominarlo, porque con migajas basta y sobra.

Mi amiga Trudy Spira, sobreviviente del campo de exterminio de Auschwitz, me contaba que cuando los rusos llegaron a liberarlos, muchos de ellos no entendían lo que significaba la palabra “libertad”. Estaban tan destrozados física y moralmente que el recuerdo que podían tener de tiempos pasados y mejores era literalmente mínimo. Cosas tan básicas como comer bien tres veces al día, tener medicinas, ropa limpia, poder bañarse con jabón pertenecían a un mundo ajeno.

¿Cómo será el día después de que se vaya el chavismo? ¿Habrá atmósfera para celebrar? Aquellas 24 horas después del 11 de abril fueron de júbilo, pero en aquellos momentos Venezuela era todavía una potencia petrolera y estaba entrando muchísimo dinero por ese concepto. Hoy, con un país destrozado y saqueado, donde lo que queda en pie es por la férrea voluntad de quienes queremos trabajar en la reconstrucción, no sé si habrá ánimos de celebrar, porque quedará demasiada desolación por detrás. El día después… ¿por dónde empezar? Yo diría que por una profunda reflexión sobre los hechos que nos trajeron aquí para poder decir como los judíos después del Holocausto: “nunca más”.

¿Qué persigue el nuevo censo?, por Carolina Jaimes Branger

Antes del censo de 2011 corrió el rumor de que los encuestadores eran miembros de los Círculos Bolivarianos. Como todo rumor –donde cada persona que lo recibe le añade o le cambia algo, como en el juego del telefonito- corrió la especie de que venían a averiguar cuántas habitaciones vacías tenía la casa para “meter gente que no la tuviera”, que eran ladrones que llegaban a inspeccionar nuestros hogares para “pasar la información” e incluso, que venían armados. El caso es que en aquel momento no sucedió ninguna de aquellas cosas. Pero el censo fue un rotundo fracaso porque mucha gente ni siquiera abrió las puertas de su casa.

Recuerdo que por consejos de mis vecinos, recibí a la joven encuestadora en la entrada de mi casa en Maracay. Nos sentamos en un murito. La vi sudorosa y angustiada. “¿Te sientes mal?”, le pregunté. La muchacha se deshizo en lágrimas. Me dijo que la habían insultado en muchas partes. En otras, ni siquiera la habían recibido. Que el operativo de la alimentación de los encuestadores no había funcionado y que ella había salido sin desayuno de su casa a las 4,30 de la madrugada y no había comido o bebido nada en todo el día. Que ella no pertenecía a ningún Círculo Bolivariano, que sólo era una estudiante que necesitaba ganarse un dinero extra. La hice pasar y le di agua y comida.

Pero “cuando el río suena es porque piedras trae”. Y el que no haya pasado en aquella oportunidad no significa que ahora no pase. Todo lo que la gente decía que Chávez no se atrevería a hacer, lo hizo. Y Maduro, en el estado de desesperación que está, puede hacer cualquier cosa. El adelanto del censo de 2021 comienza a levantar suspicacias en todas partes de que hay un interés maligno por detrás. ¿Por qué adelantarlo en estos momentos, cuando la población lo que necesita es alimentos y medicinas? ¿Cuánto va a costar? ¿Hay acaso tiempo para montar la logística para que sea exitoso? Y peor aún: ¿por qué los encuestadores serán todos miembros del partido político “Somos Venezuela”, que preside la inefable Delcy Rodríguez y milicianos?

Yo, por mi parte, no vuelvo a hacer lo que hice en 2011. Si es por mí, no van a saber nada, porque me temo que cualquier información pueda ser usada en mi contra, o en contra de mi familia. Esta vez paso y gano. Espero…

@cjaimesb

¡Los padres también son culpables! Por Carolina Jaimes Branger

MICHAEL JACKSON FALLECIÓ EN 2009. Diez años después continúan saliendo testimonios que lo involucran en actos de pedofilia y abuso de menores. En 2005, un jurado lo había absuelto de todos los cargos en su contra. En enero de este año salió a la luz pública un documental “Leaving Neverland”, dirigido por el británico Dan Reed, donde varios de aquellos niños supuestamente abusados por Jackson, cuentan con inquietante detalle todo lo que el famoso cantante les hacía cuando visitaban su casa.

Yo no tengo elementos de juicio para saber si Michael Jackson era o no inocente de los cargos que aún le imputan, pero sí sé que los padres de aquellos niños TAMBIÉN son culpables de haberlos mandado “a dormir” en Neverland, su mansión (denominada así por la isla donde vivía Peter Pan, aquel chico que nunca dejó de ser niño).

¿A quién se le ocurre en su sano juicio -por más inocente, impotente, o cualquier otra condición de impedimento que tuviera Jackson- enviar a un niño a dormir a su casa? ¡Esos padres lo que querían era que sus hijos fueran abusados para luego demandarlo y poder vivir tranquilos el resto de sus vidas! ¡No me van a convencer de lo contrario!

Ahora resulta que entre todos los males que nos agobian, también están las redes de pedofilia. La señal de alarma provino de una mujer –creo que rusa- que denunció por Twitter el contenido de unos videos de YouTube hechos en Venezuela que había encontrado ligados a una red de pedofilia rusa. Irrael Gómez lo vio e hizo pública la denuncia: una agencia de “modelaje” llamada Belankazar que convertía a niñas en Lolitas… y quién sabe en qué más… Cobraban membresía (en varios niveles) para poder ver las fotos… ¿Por qué? ¿Qué contenían esas fotos? Las fotos y videos que se pueden ver en las redes ya son alarmantes: niñas caminando y posando no como adultas, sino como prostitutas. Maquilladas, entaconadas, con poses estudiadas que nada tienen que ver con su condición de niñas.

¿Y los padres? ¿Cómo es posible que unos padres permitan que sus hijas menores participen en ese tipo de actividad? ¿Serán capaces de decir que no sabían lo que hacían puertas adentro? ¿Serán tan caraduras? ¿O quizás están recibiendo comisiones?… Si por mí fuera, que los metan presos. Ellos también son culpables.

@cjaimesb

¿Quiénes serán los maestros? Por Carolina Jaimes Branger

LOS PAÍSES MÁS DESARROLLADOS del mundo tienen entre sus profesionales mejor pagados a los médicos, los maestros y los policías: la salud, la educación y la seguridad. En Venezuela es vergonzoso lo que gana un maestro, y no ahora, sino desde hace muchos años. La diáspora de maestros es una de las más dolorosas y la que más caro nos costará como nación. Porque lejos de lo que cree Maduro -que no sabe nada porque no estudió- un maestro no se improvisa. Un maestro, además de años de estudio y preparación, tiene que llevar consigo largo tiempo de educación en valores y una mística incomparable.

El magisterio ha venido sufriendo una degradación incomparable a cualquier otra profesión. De hecho, ya nadie quiere estudiar Educación. Hasta hace unos veinticinco años ya era una carrera “para el repele” como me comentó la madre de una bachiller recién graduada, quien quería estudiar Comunicación Social, pero su promedio era 11 puntos. “Estudiará Educación”, sentenció la madre. “Es la única carrera donde la aceptan con esas notas”.

Pero ahora nadie quiere estudiar Educación. Ni que los bequen. Porque ser maestro en la Venezuela de hoy es firmar una sentencia de morirse de hambre. “El primer ciudadano de la nación”, como pedía Simón Rodríguez, es hoy el último y por largo trecho.

Circulan rumores de que incorporarán a los participantes de la Misión Chamba Juvenil como maestros. No sé si será verdad, pero no me extrañaría, a la luz del deterioro del país. Los padres de los niños que asisten a las escuelas en barrios populares no tienen medida para comparar si un maestro sabe o no, si sirve o no, si educa o no. Los niños que aún asisten a las escuelas serán los conejillos de indias de esta historia, una nueva historia de dolor dentro del viacrucis nacional. En cualquier caso, aun no siendo cierto, la mayoría de los maestros buenos se han ido del país. Los buenos que quedan tienen dos, tres o más trabajos paralelos que les permitan sobrevivir, de manera que ocuparse de cuarenta o cincuenta alumnos se les hará cada vez más cuesta arriba y las víctimas –además de ellos- serán los niños, a quienes se les cercena el futuro de un solo guamazo.

Ya empezará el año escolar. Ojalá y por el bien de los niños -hacedores del futuro del país- salgamos pronto de esta pesadilla.

 

@cjaimesb

¡Siga siendo esa reserva moral! Por Carolina Jaimes Branger

ME LLEGA VÍA WHATSAPP un video de una indignadísima profesora donde se las canta completicas a Aristóbulo Istúriz: “… ahora eres el campeón del proselitismo. Eres un inmoral. No tienes memoria, vale. ¡Es que no hay manera, no hay forma de llamarte! La otra vez intenté buscar un adjetivo, pero es que no se te puede dar… ¡es que ni siquiera traidor! Ni siquiera eso. Hasta los traidores tienen algo de ética. No se te puede decir de cualquier manera, porque con cualquier cosa que se te compare, los demás salen ofendidos con la comparación. ¡Eres lo último que pudo parir Venezuela! ¡Eres lo más malo que Venezuela pudo traer! ¡Eres la negación de Andrés Bello! ¡Eres la negación de Fermín Toro! ¡Eres la negación del maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa! ¡Eres la negación de todo lo bueno que ha tenido este país! Y si hoy los venezolanos que han emigrado están fuera, dando la talla -y aunque estén barriendo un piso o lavando una poceta- lo están haciendo con dignidad y lo están haciendo porque pasaron por una escuela, que pudo quedar marcado tatuado en sus huellas y en sus venas lo que es un educador de calidad. Y ahora tú pretendes, para terminar de destruir este país, que no les basta con haber destruido el aparato económico, no les basta con haber acabado con el aparato de salud, vienes a terminar con lo que queda de educación, porque los maestros han sido hasta ahora una reserva moral de Venezuela ¡y seguiremos siendo una reserva moral muy a pesar tuyo, muy a tu pesar, Aristóbulo! ¡Renuncia, renuncia, Venezuela no puede seguir con un ministro maula, renuncia!

La tragedia es que Venezuela sí puede seguir con un ministro maula, porque una sociedad educada se rebela… Una sociedad analfabeta se doblega. Aristóbulo y su combo lo saben… Todos los países víctimas de regímenes totalitarios han hecho lo mismo. Un oxímoron, esto de tener un ministro de educación que promueva el analfabetismo, pero una realidad en la Venezuela de hoy.

Apreciada y admirada profesora: mis respetos. No sé su nombre, pero me encantaría conocerla. Las mujeres venezolanas han sido heroínas en esta lucha por la democracia y la libertad y usted, sin que me quede duda, es una de ellas. Gracias por seguir en la docencia. Siga siendo esa reserva moral porque estamos cerca de salir de esto.

@cjaimesb