Carolina Jaimes Branger, autor en Runrun

Carolina Jaimes Branger

El país que se niega a morir, por Carolina Jaimes Branger
La delegación venezolana en Tokio 2020 es parte de ese país que se niega a morir. Que su ejemplo sea la luz que ilumine nuestro futuro

 

@cjaimesb

Escribo este artículo después de haber visto el desfile inaugural de los Juegos Olímpicos de Tokio. Estoy literalmente llorando a moco tendido después de haber visto la selección de Venezuela pasar por la pantalla de mi televisor.

43 venezolanos (el número 44, Gabriel Maestre, tuvo que renunciar a la selección de boxeo porque el 7 de agosto tendrá una pelea profesional) tendrán a su cargo representar a nuestro país. Sus historias nos hablan de trabajo, esfuerzo, responsabilidad, entrega, sacrificios, orden, dedicación, mística… todo lo que nos hace falta para sacar el país adelante. Quienes desfilaron hoy se ganaron a pulso el cupo para la cita entre los mejores del mundo. Atrás quedaron los años de multitudinarias “selecciones” (que no eran tales, porque en el cuadro final quedaban detrás del perrocalentero que estaba afuera de los estadios… ni siquiera detrás de la ambulancia, porque la ambulancia estaba adentro).

Aquel país rico que podía darse el lujo de tener los mejores entrenadores, simplemente no tenía en sus prioridades formar a sus atletas. Lo que sí tenía era dinero para botar. Ahora que somos un país requetepobre, tenemos quizás una de las mejores selecciones que jamás haya ido a los juegos olímpicos.

El Diario entrevistó a los atletas y sus historias son aleccionadoras, bellas, edificantes. Yulimar Rojas es, definitivamente, quien tiene la probabilidad mayor de traernos una medalla. “Mis logros son de Venezuela”, declaró. “Ha sido muy difícil, pero no imposible. Si yo me hubiera enfocado en las dificultades, no sería campeona del mundo. Yo estoy aquí haciendo todo lo posible porque quiero dejar huella y que la gente sepa que todo lo que nos proponemos lo podemos conseguir”.

¡Qué generosidad la suya de decir que sus logros son del país, cuando la historia ha sido que sus logros han sido “a pesar” del país, como los de casi todos los que están allá en Japón!

El velerista Andrés Lage, quien vive en Europa, duerme en su camioneta. “Lo más difícil de la carrera ha sido mantenerme en Europa sin apoyo de nadie”, le contó al periodista Manuel R. de El Diario. Trabaja limpiando un Mcdonald’s hasta las 11:00 p. m., para ganarse una hora extra. En las tardes trabaja en una tienda deportiva y los fines de semana en un club de vela enseñando a niños.

No así el caso de Daniel Dhers, quien a pesar de que lleva años viviendo fuera de Venezuela, se propuso no olvidarse de dónde viene. “Me he dado cuenta de que con el deporte le puedo dar unas pequeñas alegrías a Venezuela”.

La barloventeña Ahymara Espinoza es otra de las que llega a Tokio con una historia de esfuerzo sobrehumano: “Con mi sueldo de docente a veces no me doy abasto para surtir en la cena, para comprar proteínas o para los zapatos, sin mencionar los gastos por las medicinas de mi mamá. Si bien agradezco que tengo una beca, simplemente no alcanza y eso también hace que no pueda cubrir muchas necesidades básicas”.

Yulimar Rojas, Robeilys Peinado, Orluis Aular, Daniel Dhers, Andrés Lage, José «Chema» Carrasco, Armando Velásquez, Emerson Rodríguez, Luis Arias, Edson Valencia, José Verdi, Robert Oramas, Willner Rivas, Ronald Fayola, Fernando González, Eliecer Canelo, Héctor Mata, Rubén Limardo, Antonio Díaz, Anriquelis Barrios, Elvismar Rodríguez, Karen León, César Amaris, José Güipe, José Félix Quintero, Oscar Ariza, Rosa Rodríguez, Irismar Cardozo, Nalek Korbaj, Yoel Finol, Julio Mayora, Yusleidy Figueroa, Naryury Pérez, Keydomar Vallenilla, Julio Ienmma, Claudymar Garcés, Andrés Madera, Paola Pérez, Jhonattan Vegas, Alfonso y Alberto Mestre (sí, hijos de Alberto), Ahymara Espinoza, Jeserik Pinto y Eldric Sella, quien es venezolano, pero participa en la selección de refugiados, hecho que añadió un fragmento más a mi roto corazón: decirles “gracias” se queda corto. Decirles el orgullo que me producen, también. Ustedes son parte de ese país que se niega a morir y que no morirá mientras cuente con gente como ustedes. Que su ejemplo sea la luz que ilumine nuestro futuro.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Entrevista | Francisco Pimentel Malaussena: “El mejor diseño es el bien común”, por Carolina Jaimes Branger

Foto captura del video De lo urbano y lo humano Arq. Francisco Pimentel Malaussena. Edif. El Universal.

 

@cjaimesb

Una larga y dilatada trayectoria profesional precede a Francisco Pimentel Malaussena. Confiesa que en ese largo camino ha tratado muchas veces de detectar las huellas dejadas por sus profesores y colegas, no solo para descubrir y construir su propio camino, sino para invitar a otros a recorrerlo juntos, en el ejercicio profesional, en la docencia, en el servicio público, en el gremio y, especialmente, en la construcción de una sociedad en democracia y en libertad. Está pronto a cumplir 89 años y aquí reflexiona sobre los valores que fundamentan su vocación de servicio -con competencia profesional y honestidad- como el ámbito necesario para la promoción de la dignidad de la persona, su vocación y el bien común de toda la sociedad. En otras palabras, con ética personal y social.

Como docente, ha dejado estela profunda en la formación de muchos jóvenes en la universidad –y más allá de ella– en la sociedad venezolana que clama por un norte y un país que merece civilización.

Hoy, sigue activo y apasionado por sus actividades. La Facultad de Arquitectura de la UCV aprobó por unanimidad otorgarle el doctorado honoris causa, refrendado por el Consejo Universitario. Un homenaje más que merecido a una carrera impecable.

–¿De dónde proviene tu vocación de ser arquitecto?

–Un camino que se enraíza en mis años de adolescencia al oír hablar a mi abuelita Malaussena de su esposo, el arquitecto francés Antonio Malaussena y sus proyectos en Venezuela, principalmente el Teatro Municipal de Valencia, en el Campo de Carabobo y la remodelación de la Casa Natal del Libertador, conjuntamente con el ingeniero Vicente Lecuna. No conocí a mi abuelo, murió muy tempranamente. Y luego mi contacto más cercano y frecuente con mi tío materno, el también arquitecto Luis Malaussena y sus referencias a sus estudios de arquitectura en París. Allí entabló una larga y fraterna amistad con Carlos Raúl Villanueva -con quien compartió en el Ministerio de Obras Públicas- los programas de edificaciones educacionales y públicas en toda Venezuela, así como el Concurso Ganador para el Pabellón de Venezuela en la Feria Internacional de París en 1937.

Terminados mis estudios de bachillerato en el Colegio La Salle, la Universidad Central estaba cerrada por razones políticas y empecé a trabajar como dibujante en la oficina de Malaussena, en la obra del Círculo Militar; allí desarrollé planos y detalles, ya que tenía buen conocimiento del dibujo técnico, bajo la inmediata supervisión del arquitecto alemán Klaus P. Jebens. Pocos años después, en su misma oficina, trabajé como adjunto del arquitecto Klaus Heufer en la construcción y supervisión del Hotel Maracay y en el diseño del Salón Venezuela del Círculo Militar.

Esta interesante y dinámica etapa me formó no solo en diseño, sino igualmente en el día a día de las obras y reforzó mi vocación a los estudios de arquitectura. Entré a principios de 1953 a la Escuela de Arquitectura de la UCV, de la cual egresé en Julio de 1957, en la primera promoción egresada del nuevo edificio de Arquitectura en la Ciudad Universitaria, inicio de una larga trayectoria y de un compromiso vital. Un grupo de graduandos de la FAU obtuvimos ese año el Premio Ex-aquo Presidente de la Republica de Brasil en la Bienal de Sao Pablo.

–Háblame de tu experiencia como docente

–Ese mismo año de 1957 llegué a la docencia y asumí mi vocación desde el fuerte testimonio de mis profesores –Villanueva, Malaussena, Ossot,  Sanabria, Julián Ferris, Víctor Fossi, Oscar Carpio, Martín Vegas, Galia, Julio Volante, Fuenmayor, Tobito, Celis, González Almeida, Tony Manrique y otros apreciados profesores como el artista y humanista Charles Ventrillón, y un grupo de competentes ingenieros-; así como la hermosa tarea de ayudar a nuestros jóvenes a descubrir su proyecto de vida, a entender que su vocación profesional no es algo hecho, estático, sino algo dinámico, que se edifica día a día; que es tarea a ser realizada en y puertas afuera de la universidad. Ayudarlos a descubrir su proyecto de vida, su compromiso consigo mismos y con la sociedad. Eso es educar y no simplemente trasmitir conocimientos.

Con muchos de ellos he tenido la experiencia de acompañarlos, no solo como profesor en su formación universitaria durante 35 años, sino en su ejercicio profesional, en el día a día en nuestra propia oficina. Ha sido la oportunidad de ser facilitador para que pudieran liberar la arquitectura que estaba como prisionera en ellos. No puedo dejar de reconocer lo que a su vez recibí de ellos, como estudiantes y luego como arquitectos. Hoy son profesionales y profesores universitarios de necesaria referencia y aprecio.

No puedo dejar de nombrar a un esforzado grupo de profesores que se entregaron vivencialmente a la docencia y al ejercicio profesional, como Jimmy Alcock, Jesús y Oscar Tenreiro, Fruto Vivas, Gustavo Legórburu, Bernardo Borges, Guido Bermúdez Enríquez, y yo mismo en el Taller 4; y nuevas generaciones como Pablo Lasala, Joel Sanz, Carlos Gómez de Llarena, Julio Coll, Edwing Otero, Beltrán Alfaro, y otros muy valiosos, que no marcan un espíritu de simple continuidad, sino una incansable búsqueda de experiencias y propuestas docentes.

En el campo de la docencia actualmente soy profesor jubilado de la FAU-UCV, y fui miembro principal del Consejo de la Facultad varios periodos; miembro del Consejo Superior de la Universidad Simón Bolívar y profesor invitado de las Universidades Simón Bolívar y Metropolitana.

–Tu experiencia profesional ha sido amplia y prolífica. Como arquitecto has tenido enormes satisfacciones, entre ellas el Premio Nacional de Arquitectura.

–En el campo del ejercicio profesional se me hace una exigencia personal expresar un recuerdo y justo reconocimiento muy especial al arquitecto Bernardo Borges, mi compañero de graduación, con quien mantuve una fecunda sociedad por más de 20 años; así como con el arquitecto Klaus Heufer, con Jacobo Koifman, con el destacado y recordado arquitecto Pablo La Sala, con Beltrán Alfaro y Edwing Otero, de necesaria referencia en nuestra arquitectura contemporánea.

De esa primera etapa son el edificio de El Universal (Premio Nacional de Arquitectura), la Torre La Previsora (Premio Nacional de la Cámara de la Construcción), la Torre Británica, Cremerca y el edificio Philips (actual Sudeban) entre otros numerosos proyectos.

Francisco Pimentel Malaussena. Captura de pantalla del video
Edificio El Universal, en el centro el arquitecto Francisco Pimentel Malaussena y torre La Previsora.

Posteriormente, con mi yerno el arquitecto Oscar Capiello, fundamos la sociedad profesional PC ARQUITECTOS, con quien en estos últimos 30 años hemos desarrollado importantes proyectos, con gran vivencia de equipo, conjuntamente con los arquitectos Luis Alemán, el arquitecto y urbanista Carlos T. Itriago, María Inmaculada de León, Gabriel Heredia, Mariana Jáuregui, Olga López, Juan Pena y más recientemente con Gustavo Luis Legorbouru y otros arquitectos y pasantes, entre ellos la nueva Biblioteca y el edificio Bicentenario de la UCAB como ganadores del concurso convocado por la misma; el Plan Maestro y la primera etapa de la Universidad Católica del Táchira UCAT; el Centro Comercial Millennium Mall (Premio Cámara de Comercio); el Parque Residencial del Este (850 apartamentos), el Parque Profesional del Este; el Conjunto Residencial Solano (750 apartamentos, Premio IX Bienal de Arquitectura); la segunda etapa del Centro Comercial Plaza Las Américas (Premio II Salón Malaussena), el Conjunto San Gabriel y el conjunto religioso-docente San Juan Eudes (Premio IV Salón Malaussena), el anteproyecto del Hotel Crane en Barbados, el Hotel Las Trinitarias en Barquisimeto, el Centro de Estudiantes de la Universidad Simón Bolívar y otras obras en Caracas y en el interior.

Están listos los proyectos del gimnasio y la Facultad de Ingeniería de la UCAB. Así mismo es de destacar que fuimos acreedores del proyecto ganador convocado por la Fundación Andrés Bello para el desarrollo de la Zona Rental Este de la UCV en la Plaza Venezuela, el cual no ha avanzado por razones de financiamiento, por la expropiación a la Fundación del Centro Comercial en construcción para ubicar el automarcado Bicentenario.

En estos años he compartido mi compromiso docente con el campo del servicio público en oportunidades concretas: arquitecto jefe de la Sala Técnica de la División de Obras Especiales del MOP (1960), director de Obras Publicas del Distrito Sucre del Estado Miranda (1962) y posteriormente como director fundador de la Dirección de Planificación (1966), la Dirección General de Obras y Servicios de la Gobernación del Distrito Federal (1979), la presidencia de la Comisión Metropolitana de Urbanismo y en la directiva del Centro Simón Bolívar (1979).

En el campo gremial, fui miembro fundador del Colegio de Arquitectos y presidente del Tribunal Disciplinario del Colegio; miembro principal de la junta directiva y del Tribunal Disciplinario del Colegio de Ingenieros de Venezuela y secretario de la mesa directiva de la Asamblea Nacional; presidente de la Comisión de Renovación Urbana del CIV y presidente de la Fundación Amigos de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, desde la cual realizamos conjuntamente con Julio Coll y Gustavo Legórburu, esfuerzos por rescatar el sentido de pertenencia de los exalumnos y profesores activos y jubilados, como oportunidad de búsqueda y encuentro con nuestro compromiso docente y social.

–Has tenido siempre mucho contacto con la juventud. ¿Qué les dices a los jóvenes de hoy?

–Que están llamados a mantener el aliento ético en nuestra sociedad. Se les dio una formación hacia la búsqueda permanente del bien común. La sociedad les está exigiendo respuestas concretas en el campo de las concentraciones urbanas, de hacer ciudad, del espacio público, de la marginalidad, la vivienda y los servicios con una nueva visión de nuestro compromiso profesional y social con el país, más allá de la manipulación populista y corrupta.

Hoy vemos con tristeza cómo algunos actores de la construcción pública, al calor de contratos a dedo, producen platos indigestos, mal preparados y peor cocidos, que no edifican ciudad e ignoran los servicios públicos y equipamientos indispensables, las normas y ordenanzas. En una palabra, la vida de la ciudad.

El reto para nuestras nuevas generaciones es testimoniar vitalmente la fuerza moral con presencia activa en la sociedad civil y en el desarrollo integral del país, en la búsqueda y construcción del bien común en democracia y libertad.

La recuperación de la esperanza de esta generación depende de fijarse poco en la multiplicación de promesas y mucho en el compromiso individual y colectivo.

De dejar de ver para los lados y fijar la mirada en un objetivo: una presencia comprometida con el hombre, la sociedad y la ciudad concreta. Y este es nuestro reto, nuestra tarea: construir un porvenir más digno y más feliz para todos. Y es posible. Y si es posible, entonces es una obligación ética.

–Entonces crees que tenemos remedio…

–Para responderte eso quiero volver a mi más temprana niñez, y recordar las funciones de matinal en los cines de Caracas y el terror que me dio la película en blanco y negro de King Kong, que todavía aparece en algunos programas políticos. Y cuando en familia vimos el Mago de Oz, el recuerdo de aquel indescriptible tornado, igualmente en blanco y negro, que se llevó la casa, y a Dorothy, y a su perrito Toto. Recuerdo a la Bruja Mala del Oeste en su escoba y con su risa siniestra ¡y cómo se me pusieron los ojos cuando cayó la casa, aplastó a la bruja y la pantalla estalló en colores y nos mostró el reino de Oz, “the yellow brick road” y los munchkins!… Pues así estamos hoy… en medio de un oscuro tornado y en caída veloz.

Debemos abrir los ojos a una nueva y verdadera democracia, pero sin un mago de Oz que detrás de la cortina conduzca al país a una muy penosa situación económica y social, comprometiendo el porvenir de las generaciones presentes y futuras.

–¿Qué significa Venezuela para Francisco Pimentel Malaussena?

–Venezuela es el espacio que Dios y mis padres me dieron como misión y tarea, para coadyuvar en la edificación de una sociedad fundamentada en los valores y virtudes cristianas, que recibí de ellos con su testimonio de vida y entrega de servicio. Mi compromiso es igualmente elevarla a estadios cada vez más altos mediante la búsqueda activa del bien común señalando desde mi formación profesional y ciudadana caminos de participación e inclusión en democracia y en libertad. La Santísima Virgen de Coromoto bendiga nuestra patria.

Bergoglio el indiferente, por Carolina Jaimes Branger
¿Cuáles son los sufrimientos que lo conmueven, Bergoglio? ¿Los causados por regímenes de derecha? ¿Es que acaso considera que hay dictaduras buenas (las de izquierda) y dictaduras malas (las fascistas)?

 

@cjaimesb

En septiembre de 2015 escribí para el portal de noticias El Estímulo un artículo que intitulé En defensa del señor Bergoglio, donde le otorgaba al papa Francisco el beneficio de la duda, ante la afirmación de un amigo mío, cubano para más señas, que sufrió -como tantos- las penurias del comunismo y el exilio, y que estaba indignado por la actitud “complaciente” del papa ante los Castro en su primer viaje a Cuba. “Para mí ese ya no es el papa; de ahora en adelante es simplemente el señor Bergoglio”, escribió.

El papa, electo en 2013 tras la renuncia del papa Ratzinger, a mi modo de ver había comenzado su papado con acercamientos a temas obviados por la ortodoxia religiosa durante demasiado tiempo, y eso me gustó. Pero a medida que han pasado los años, la figura a quien pedí otorgarle el beneficio de la duda se me fue cayendo, hasta el día de hoy, que lo tengo en el subsuelo. En estos momentos, cuando el mundo pasa por terribles violaciones a los derechos humanos, terrorismo, intolerancia de origen religioso, racismo, regímenes dictatoriales, hambrunas, esclavitud y encima, una pandemia, el papa Bergoglio guarda un silencio que grita más que cualquier palabra de apoyo. Porque el que calla, otorga.

Y alguien de su estatura, rango, posición y como jefe de una de las religiones con más fieles en el mundo, tenía que haberse manifestado. Nada. Mutis por el foro.

Una vergüenza para los jesuitas, por lo general aguerridos luchadores por las causas sociales.

Cuando Bergoglio llegó al trono de San Pedro, su bandera era la lucha por los pobres, los más desfavorecidos, los enfermos… Eso por lo visto quedó en el olvido. A mí me tiene indignada desde hace rato su silencio sobre Venezuela. Y ahora, aun más, su silencio sobre Cuba.

Alguien en Twitter me advirtió que el papa estaba saliendo de una hospitalización. Cierto. Pero no ha estado callado. Revisé las páginas de Vatican News que publican todo lo que hace el papa, y puedo contarles que, aparte de los varios tuits agradeciendo “la compañía” durante su estadía en la clínica, Francisco dio el pésame a los familiares de las víctimas de un incendio, probablemente causado por la explosión de bombonas de oxígeno, que se produjo el 16 de julio en el hospital Covid-19 Al-Hussain, de Nassiriya, en Iraq; y que hasta ahora, ha causado la muerte de 64 personas hospitalizadas.

También manifestó su pesar por “las graves consecuencias de la tromba de agua en Renania del Norte-Westfalia y Renania-Palatinado, en Alemania. “Su Santidad recuerda en la oración a las personas que han perdido la vida y expresa a sus familias su más sentido pésame”, dice el comunicado que el canciller Pietro Parolin, en su nombre, hizo llegar al presidente de Alemania. Es decir, no solo el papa lee noticias durante su convalecencia, también manifiesta su pesar por los accidentes. Pero lo de Cuba ha sido un absoluto horror y de eso no ha dicho palabra alguna. Su última declaración, extensa y argumentada, fue sobre las modalidades de uso del misal preconciliar, que las devuelve a los pastores de las diócesis.

¿Por qué no dice nada, Bergoglio? ¿Es que no siente un ápice de misericordia por los asesinados, detenidos y torturados en Cuba? ¡Esa pobre gente lleva más de sesenta años de sufrimientos! El régimen que los subyuga no fue electo por el pueblo. ¿Cuáles son los sufrimientos que a usted lo conmueven? ¿Los causados por regímenes de derecha? ¿Es que acaso considera que hay dictaduras buenas (las de izquierda) y dictaduras malas (las fascistas)?

¡Qué decepción, Bergoglio! ¡Y, sobre todo, qué ira me produce su silencio! Y con esa actitud pretende seguir haciendo proselitismo religioso… Hoy me retracto de la defensa que hice de usted y voy más allá que mi amigo. De ahora en adelante usted es Bergoglio a secas, ni siquiera con “señor” por delante, porque no se lo merece. Dante describió a los indiferentes como cobardes, porque “vivieron sin infamia ni gloria”. Como usted.

Bergoglio el indiferente…

(P. D.) Después de escribir este artículo me encuentro con que Bergoglio, en su primera aparición pública, manifestó su «preocupación» por los «momentos difíciles» que vive Cuba e instó al «diálogo y solidaridad». Para decir tremenda cantinflada, mejor se hubiera quedado callado. No le quito ni una coma a mi artículo. Ahora, si cabe, estoy más indignada.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La “santificación” de Alex Saab, por Carolina Jaimes Branger

Evento oficialista en Petare en favor de Álex Saab. Foto @LealYPichacosa

Si Cabo Verde no extradita a Saab a Estados Unidos, llenarán las calles de gente con franelas nuevas y estómagos vacíos

 

@cjaimesb

El chavismo no para. Siempre está inventando algo y usando a alguien. En este caso en particular, lo triste es que a quienes utilizan son precisamente a las víctimas. Hace pocos días en Petare se llevó a cabo una actividad donde unas cuantas personas “exigían” la libertad de Alex Saab. Muy bien organizada, con franelas impresas, afiches y hasta un papagayo (¡¡!!) que decían en inglés “free Alex Saab” como si alguien en Venezuela, que pasa hambre principalmente por culpa de los negocios de ese sujeto, fuera a gastar su paupérrimo sueldo en esa nimiedad.

Pero el acto no es para Venezuela, por supuesto. Es para la galería internacional e imagino que tanto el Foro de Sao Paulo como el Grupo de Puebla le darán el relieve que tan magno acto revistió.

“El día de hoy estamos en la imponente plaza El Cristo de Petare”, dice el locutor John Gómez del muy bien producido video, “en honor al “diplomático” (comillas mías) antibloqueo (esto hasta risa me dio), nuestro hermano y amigo Alex Saab, quien un 21 de junio del año pasado (¿cuántos 21 de junio habrá tenido el año pasado para que diga “un”?) fue secuestrado en Cabo Verde por luchar por los derechos del pueblo venezolano. Un hombre que lo único que ha hecho es recorrer el mundo en pro de los derechos y la soberanía de nuestra patria. Cuando secuestran a Alex Saab están secuestrando la comida del pueblo venezolano (es decir, que, si Alex Saab se muriera, los venezolanos no comeremos nunca más, así de irremplazable resulta el personaje) porque eso es lo que hacía Alex Saab ante el mundo, buscar que ante este “feroz bloqueo” (siguen mías las comillas) que nos ha impuesto los Estados Unidos pudiera llegar al pueblo venezolano la comida. A través de esta “importante idea” (ídem) que presentó nuestro presidente Nicolás Maduro como fue (sic) los comités locales de abastecimiento y producción. Además de eso Alex Saab no solamente es (sic) los comités locales de abastecimiento y producción, porque Alex Saab fue el mismo que el año 2013 estuvo luchando y haciendo alianzas estratégicas en los países aliados del mundo para que pudiéramos construir “sendos” verticales (el dron enfoca una edificación) que fomentaran el deporte, que fomentaran la cultura, que fomentaran lo bueno, lo grande, lo bonito que hacemos aquí en Venezuela”.

Gómez continúa: “Desde aquí, desde esta importante parroquia petareña le decimos al “imperio” (ídem) norteamericano “no basta con que nos secuestren a uno, ustedes “nos” (ídem) secuestrarán a uno, pero aquí nos vamos a seguir levantando millones (cuatro gatos) que estamos cada vez más convencidos de que seremos libres, seremos soberanos (¿no dizque lo éramos?) y que pronto vamos a tener a Alex Saab entre nosotros, libre, haciendo las “gestiones” (ídem) que él venía haciendo por nuestro pueblo (echito), por nuestra independencia (¡Dios!), por nuestra economía, nuestra cultura, por nuestro deporte, caminando juntos porque eso es lo que merecemos (¡¡¡¿lo que merecemos?!!! ¡Dios nos ampare!) así que le decimos a usted, imperio norteamericano, “no basta con que nos secuestren a uno, hoy somos millones (repito, cuatro gatos) convencidos de que seremos libres, convencidos de cuál es nuestro camino, cuál es nuestro proyecto y cuál es nuestro rumbo”. El dron se aleja para hacer un paneo donde aparecen como sobre una cancha de piso de asfalto verde dos enormes carteles que dicen, una vez más, “Free Alex Saab” y “Libertad para Alex Saab” y el cierre es “No al bloqueo”.

Ante esto, la mismísima Madre Teresa de Calcuta palidece. Alex Saab es nada menos que el artífice de nuestra independencia (nuestros próceres fueron unos pobres pendejos), nuestra economía (jajajajajajaja, sí, claro), nuestra cultura y nuestro deporte. El locutor como que no sabe que la Fiscalía de Colombia tiene abiertas varias investigaciones contra Saab, sus hermanos y su exesposa por negocios ilícitos.

Uno de los abogados de la costosísima defensa de Saab (en buena parte pagada por el régimen venezolano), Abelardo De la Espriella, ha declarado en varias oportunidades que los señalamientos que se le hacen a Saab son “leyendas tejidas a su alrededor y tienen que ver con el costo de ser exitoso en el extranjero, en medio de una agitada realidad política, conocida por todos”.

Si Cabo Verde no extradita a Saab a Estados Unidos, esperen la bienvenida más cursi que se le habrá hecho a “diplomático antibloqueo” alguno. Llenarán las calles de gente con sus franelas nuevas y sus estómagos vacíos. Le darán la espada del Libertador y lo harán “santo”, como en el monopolio, sin haber pasado por “go”.

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Entrevista | Mayte Navarro, Madame Glamour : “La elegancia es ser tú mismo”, por Carolina Jaimes Branger

Mayte Navarro, conocida como Madame Glamour. Retrato de Mónica Trejo.

«Aprendí en casa a ser anticomunista. Mi abuela todas las noches nos hacía rezar para que nunca el comunismo se apoderara de Venezuela», nos cuenta Mayte Navarro, conocida como Madame Glamour

 

@cjaimesb

Le tiene terror a la hipocresía y a los halagos. Es distinguida, sobria y muy inteligente. Periodista por amor a la historia y a la cultura. Tiene un espacio en mi programa del Circuito Éxitos todos los sábados desde hace trece años, donde su «recreíto», como ella lo llama, es la sección más esperada, pues por espacio de diez minutos tiene la virtud de sacarnos de nuestra realidad y llevarnos a otros espacios, mejores o peores, pero distintos. Madame Glamour se ha ganado por mérito propio un espacio en el corazón de sus radioescuchas.

Educada con sobriedad, agradece que le hayan inculcado desde muy niña la honestidad, la disciplina y el trabajo como valores principales. Nada era gratis, porque todo había que ganárselo. Su casa fue una casa de mujeres, donde el único hombre era su papá. Eso la enseñó a no sentir que los hombres eran «superiores». También fueron superexigentes con los estudios, pues consideraban que era la única vía para tener éxito en la vida.

Mayte Navarro es culta y muy grata. Lectora empedernida y viajera impenitente, una puede conversar con ella por horas sin cansarse. Su musa fue Oriana Falacci, aunque luego se dedicó al periodismo de sociales y de la realeza, donde encuentra que sucede lo mismo que en cualquier casa de familia. Y, a veces, mucho más.

Sobre Venezuela, no cree que seamos «la tapa del frasco», pero siente que junto a quienes destruyen, denigran y abusan, también están quienes crean, los que hacen su trabajo con entusiasmo, pensando en quienes pueden beneficiar, sin esperar más que el bienestar colectivo. Y eso es una esperanza.

– Tuviste la oportunidad de viajar desde joven. ¿Cómo comparas los lugares que conocías con la Venezuela de aquella época?

– Los viajes siempre los consideré como una oportunidad para crecer. Más que comparar los lugares con mi país, me dedicaba a descubrir los sitios emblemáticos. Conocer su gente.

Creo que los primeros viajes son como un entrenamiento, porque te dan una idea general de los lugares. Cuando regresas a esa misma ciudad o pueblo, entonces comienzas el verdadero conocimiento, porque ya sabes cómo ubicarte. Recuerdo mi primer recorrido por el Museo del Prado. Al llegar a la sala dedicada al Greco, creo que fui presa del síndrome de Stendhal. No podía creer que estaba en frente de una de las obras del pintor que admiraba a través de las imágenes de un libro, las obras de la que hablaba la profesora.

En una gran ciudad como Nueva York, sentía que Caracas era algo pueblerina, pues su oferta cultural no guardaba las mismas dimensiones.

– ¿Qué fue lo más importante que aprendiste en tu casa?

– Creo que la disciplina y la honestidad. Desde pequeña me decían que nada es gratis en la vida, que tenías que trabajar para lograr las cosas. Mis padres eran exigentes. Una boleta con 17 no era motivo de orgullo.

En la secundaria fue igual. Me repetían una y mil veces: tu responsabilidad es estudiar y pasar al otro curso. Tú sabes qué debes hacer para lograrlo. Solo tú puedes hacerlo. La honestidad siempre fue una bandera en mi casa. No había posibilidad de hacer trampas para lograr algo.

Recuerdo que estando en primer grado llegué con un sacapuntas diferente al mío. Mi mamá me preguntó que de dónde lo había sacado y le respondí que era un cambio que había hecho con una de mis compañeras. Esa noche no pude usar el sacapuntas y la mañana siguiente estaba devolviéndolo a su dueña originaria. Eso me enseñó a no desear los objetos de los demás. Si los quiero, debo trabajar para ello.

Quizás mi discreción sea otra conducta aprendida en casa, donde detestaban lo avasallante. Y si la honestidad era una bandera, la hipocresía no tenía cabida. 

Mi casa era un lugar de mujeres. El único hombre fue mi papá. Ese hecho me marcó porque nunca he sentido la superioridad de ningún hombre por el solo hecho de serlo.

La otra cosa que aprendí en mi casa fue ser anticomunista. Mi abuela, que era una católica practicante, todas las noches nos hacía rezar para que nunca el comunismo se apoderara de Venezuela. También nos contaba los terrores que sucedían en las naciones que se encontraban tras el “telón de acero”.

– ¿La Comunicación Social fue una vocación determinante o pensaste estudiar otra cosa?

– A medida que una va creciendo va cambiando. En tercer grado decía que iba a ser bióloga marina. Ya en cuarto grado comencé a escribir en la revista del colegio. Yo estudié en el Politécnico y allí se impartía una verdadera educación integral. Recuerdo que más de una vez se publicaron mis composiciones.

A esto habría que sumar la presencia de los periódicos. Yo podría decir que aprendí a leer en El Universal, que no faltaba en casa, así como La Religión. Los domingos se sumaba El Nacional. Abundaban las revistas. Quizás allí nació mi deseo de ser periodista, mi admiración por la moda y el placer de ver la vida de los demás a través de las reseñas sociales. Leer a Oriana Fallaci fue algo decisivo para estudiar periodismo. En sus escritos hay mucha pasión.

– ¿Cuándo y por qué escogiste dedicarte al periodismo de sociales, noticias de la realeza y la farándula?

– No puedo decir que la farándula esté dentro de mi trabajo periodístico. Sociales quizás surgió porque siento que es contar relatos de la vida de alguien. Por otra parte, lo cultural está tan relacionado con la vida social, que creo que es otra manera de narrar la cultura.

La realeza siempre me ha encantado porque no es más que el espejo de una sociedad. Lo que pasa en un palacio también sucede en una casa sencilla. Todos los seres humanos podemos ser víctimas de la envidia, de la intriga y también del heroísmo. La historia está llena de ejemplos.

– Sin duda eres una mujer sofisticada. ¿Cuál es tu concepto de la elegancia?

– Creo que la elegancia es ser tú mismo. No imitar a nadie. No ser esclavo de la moda. Ser elegante es saber estar. Es saber convivir con los demás y no dejarte llevar por los gustos de la mayoría.

Madame Glamour ha sido un verdadero hit en la radio de los fines de semana. La gente te espera con ansias, te alaba y te agradece el «recreíto», como tú lo llamas. ¿Cómo recibes los halagos?

– A los halagos le tengo terror. La fama me parece que es pasajera. Podría decirte que disfruto del afecto que me transmite la gente. Agradezco las bellas palabras y me siento comprometida con cada salida al “ruedo”. Eso me obliga a indagar más en cada entrega.

– ¿Qué significa Venezuela para Mayte Navarro de Veloz?

Para mí Venezuela, es mucho más que paisajes hermosos o una naturaleza exuberante. Venezuela son sus hombres y mujeres. Venezuela son recuerdos y vivencias. No creo que seamos la tapa del frasco, como muchos dicen, porque de serlo no estaríamos pasando tanta necesidad. Pero junto a quienes destruyen, denigran y abusan, también están quienes crean, los que hacen su trabajo con entusiasmo, pensando en quienes  pueden beneficiar, sin esperar más que el bienestar colectivo. Venezuela es una parte del mundo y por lo tanto un reflejo de lo bueno y de lo malo que sucede en el planeta azul. 

Las vacunas en Venezuela: lo imposible y lo improbable, por Carolina Jaimes Branger
Las vacunas ya no son solamente el nuevo «apartheid» venezolano. Es que ahora ni siquiera son vacunas. Son un experimento cubano, y nosotros sus conejillos de Indias

 

@cjaimesb

Tengo que volver sobre el tema de las vacunas. La semana del 22 al 28 de junio fallecieron en Venezuela, según cifras de la ONG Médicos Unidos, catorce miembros del personal de salud que no habían sido vacunados. Y es que las vacunas ya no son solamente el nuevo “apartheid” venezolano. Es que ahora ni siquiera son vacunas. Son un experimento cubano y nosotros, los pendejos venezolanos, humillados y sojuzgados por Cuba, los conejillos de Indias.

El alto gobierno se vacunó, sí. Pero no con las Abdala… se vacunó con las SputnikV rusas, aprobadas por todos los organismos de salud mundiales. ¿Por qué no han seguido trayendo esas? No hay respuesta de los organismos oficiales. Las Academias científicas nacionales se pronunciaron: las Abdala no deben usarse. La Asociación de Investigadores del IVIC, aparte de confirmar que la Abdalá NO ES una vacuna, sino un “candidato vacunal”, dejaron saber que llegó a Venezuela antes de ser aprobada por las autoridades científicas de la isla y su agencia reguladora de medicamentos, el CecMed.

¿Cuál era el apuro de la vicepresidente Delcy Rodríguez en comprar tantos millones de dosis de unas inyecciones que sabrá Dios qué contienen? ¿Quién manda en Venezuela? Encima, la propuesta de Fedecámaras de adquirir vacunas para sus trabajadores duerme el sueño de los justos, sin que haya respuesta por parte del régimen. ¿Las víctimas? ¡Los venezolanos de a pie!

Por otro lado, nos encontramos con que el mecanismo Covax no fue activado para nuestro país, porque como las cifras en Venezuela NO EXISTEN –y las que existen son imposibles de creer, como las relacionadas con la covid- los últimos números publicados en plataformas del Estado reflejan que un venezolano promedio gana un promedio de $13,000 anuales. ¿Un chiste? ¡No! Cifras viejas, difíciles de creer también. Si las hubieran actualizado, tendrían que decir que un venezolano promedio gana menos de $36 al año y nos hubieran aprobado el Covax de inmediato. Aunque el doctor Julio Castro aseguró que el estancamiento del Covax se debió a que el régimen “cambió el estatus del contrato”. Cualquiera de las dos razones es un exabrupto.

El hecho cierto es que estamos en manos de un régimen que nada le importa, sino mantenerse en el poder a costa de lo que sea y como sea. Que sus miembros se vacunaron todos porque consideraron que ellos eran más “importantes”. En el resto del mundo los mandatarios en general se vacunaron cuando les tocaba por sus edades. No tuvieron trato preferencial. En Venezuela, no solo fue que se vacunaron ellos, sus familias, sus amantes y un largo etcétera: es que negociaron con las vacunas.

Las Sputnik habían llegado en dos dosis cada una y ahora no hay segundas dosis. ¿A quiénes les pusieron esas segundas dosis que hoy no aparecen? ¡Seguramente a quienes las pagaron a un precio exorbitante! Pero por este delito solo hay dos bobos presos. Los cerebros detrás, están libres, vacunados y disfrutando de las pingües ganancias de sus negocios inmundos.

Los hospitales son otro tema: la falta de oxígeno y de electricidad ha matado a más de uno que, en un país normal, se hubiera salvado. Pero estamos en Venezuela, el país donde lo improbable y lo imposible se han transformado en cotidianidad.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El ejemplo de Sadio Mané, por Carolina Jaimes Branger
Cuando leí la historia de Sadio Mané, pensé en estos revolucionarios de pacotilla que tenemos en Venezuela. Su amor por los pobres duró hasta que descubrieron lo fácil que era robar el Tesoro nacional

 

@cjaimesb

Sadio Mané es uno de los jugadores de fútbol más famosos del mundo. Humilde, trabajador incansable, nunca ha olvidado sus raíces. Sus padres todavía viven en el pequeño pueblo de Banbali en el sur de Senegal, donde nació y creció.

Cuando era adolescente, manifestó sus deseos de jugar al fútbol profesionalmente. Sus padres trataron de disuadirlo, pues para un senegalés pobre, aquello era irrealizable. Le insistían en que debía concentrarse en su trabajo escolar. Pero Sadio, decidido a demostrarles cuán equivocados estaban, se dedicó con alma, vida y corazón al fútbol. Y esa dedicación fue finalmente recompensada. El primer paso en firme se cristalizó cuando fue adquirido por la Generation Foot Academy en Dakar. En 2011 se dirigió a Francia cuando la ciudad de Metz lo contrató para jugar en su equipo. Hoy es la estrella del Liverpool FC de Inglaterra, con un sueldo de aproximadamente $200.000 por semana.

Sin embargo, Mané no es de los pretenciosos. Tampoco gasta en excesos. Recientemente en las redes reportaron –fotos incluidas- que fue visto en muchos lugares con teléfonos móviles rotos. “¿Por qué alguien que gana casi un millón de dólares al mes anda con celulares rotos?” era la pregunta que muchos se hacían. Me puse a buscar la respuesta y la encontré en Quora, bajo la pregunta ¿Qué es lo más desgarrador?

“Cuando se le preguntó al respecto, dijo que lo arreglaría”

“¿Por qué no comprar uno nuevo?”

“Puedo comprar mil. También diez Ferraris, dos jets, relojes Diamond o muchas otras cosas, pero me dije: “¿para qué necesito todo esto?”. Padecí la pobreza, y entonces no pude aprender. Pero ahora construí escuelas para que los niños pudieran aprender. Yo jugaba sin zapatos, no tenía buena ropa, no tenía comida. Tengo tanto hoy que quiero compartirlo con mi gente en lugar de presumir. ¿Qué harán estos objetos por mí y por el mundo? No necesito exhibir autos de lujo, casas de lujo, viajes y hasta aviones. Prefiero que mi gente reciba un poco de lo que la vida me ha dado».

El ejemplo de Sadio Mané, por Carolina Jaimes Branger
El teléfono roto de Sadio Mané. Foto en Quora.

Y así ha sido: Mané es frugal consigo mismo y generoso con los demás. Recientemente pagó por la mejora de la mezquita local, como observante musulmán que es. Donó $57.000 para ayudar a combatir el coronavirus en Senegal, “un soplo de aire fresco”, según las autoridades sanitarias del país. Desde sus redes sociales apoyó decididamente la campaña de tomarse las cosas en serio e instruyó a sus seguidores a usar mascarillas, lavarse las manos adecuadamente y desinfectarse con regularidad.

En 2018 donó $280.000 para construir una escuela en Banbali. En julio de 2019, Mané visitó su ciudad natal para supervisar personalmente el sitio de construcción y asegurarse de que todo fluyera sin problemas. «La educación es muy importante. Esto es lo que les permitirá tener una buena carrera», les dijo a los niños.

Quizá lo más increíble que Mané haya hecho fue ir a ayudar a un compañero a limpiar los baños de la mezquita Al-Rahma en Liverpool, donde profesa su fe, horas después de una victoria contra el Leicester City. Limpiaba el inodoro sin darse cuenta de que estaba siendo filmado. Y le pidió encarecidamente al dueño del video que no lo subiera a las redes, porque no lo hacía para promocionarse, sino para ayudar a su amigo.

Cuando su autobús llega a algún destino, quienes descargan los equipajes tienen en Mané una mano amiga que los ayuda. Y en las zonas más desoladas de Senegal, Mané aporta mensualmente $100 como ayuda para cada familia.

Cuando leí su historia, pensé en todos estos revolucionarios de pacotilla que tenemos en Venezuela. Su amor por los pobres duró hasta que descubrieron lo fácil que era robar el Tesoro nacional. Después de hacerse ricos, no ayudan a nadie, porque nunca quisieron ayudar a nadie. En mi memoria retumban las palabras de Giordani: “la revolución necesita a los pobres”.

Los pobres del mundo necesitan a personas como Sadio Mané, que los ayuda a salir de la pobreza. No a quienes los usan para hacerse groseramente ricos y, peor aun, obscenamente indiferentes.

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Este aplauso es para ti, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Con el título de este artículo, mi amigo Félix Guinand Quintero finalizó sus palabras en la misa de cuerpo presente de su papá, Alfredo Guinand Baldó, el pasado 15 de junio. Y es que la vida de Alfredo merece, no un aplauso, sino una ovación de pie.

Todo lo mejor que hay en Venezuela ha sido construido por hombres como él, próceres civiles, hombres Decentes con “D” mayúscula, inteligentes, cultos, trabajadores incansables, con un alto sentido de familia y un largo etcétera de cosas buenas detrás.

Carlos, Alfredo, Alberto, Eduardo, Enrique y Leopoldo fueron los hijos que tuvieron el arquitecto Carlos Guinand Sandoz, de origen suizo, y su esposa Delfina Baldó Soulés. Todos profesionales, todos exitosos, todos hombres de una gran riqueza humana que han dejado un legado de buen hacer en cada camino que han recorrido. Una mezcla perfecta de la disciplina suiza con la laboriosidad andina.

“Nunca olviden que nuestros antepasados eran campesinos” les decía a sus nietos. En la misa, uno de ellos, Roberto Patiño Guinand, recordó sus enseñanzas, consejos y momentos de esos que quedan grabados para toda la vida por lo intensos, lo aleccionadores, lo entrañables y, sobre todo, por lo mágicos: noches en la finca viendo las estrellas durante horas, jugando dominó en el caney, bañándose en la laguna con las babas, comiendo galletas de soda con diablitos mientras escuchaban a Simón Díaz o bailaban al ritmo de Simón Piñero y su maraquero a quien llamaban “El Erótico”. También cazando y luego preparando los conejos que se iban a comer, para que aprendieran que nunca debían tomar más de lo que necesitaban de la Naturaleza.

“No hay que tirarse del caballo”, fue una de las lecciones que le dio a Roberto cuando este tenía once años y se le desbocó el que iba montando. No era solo una lección de equitación: lo dijo para enseñarle que –aun en los peores momentos- hay que resistir y valerse por uno mismo.

Luis Alberto Machado decía que había hombres que habían llegado “por” sus mujeres, otros “con” sus mujeres y otros “a pesar de” sus mujeres. Alfredo Guinand tuvo la fortuna de casarse con una mujer extraordinaria, Cheché Quintero, quien lo acompañó hasta su Opiniúltimo día en todo lo que Alfredo emprendió, con entusiasmo, dedicación y una alegría de vivir inolvidable para todos quienes la conocimos. Hoy las cenizas de Alfredo reposan al lado de la tumba de su amada Cheché.

La trayectoria profesional de Alfredo Guinand es extensa y fructífera: su compañía de construcción Guinand y Brillembourg fue una de las empresas de ingeniería civil más exitosas que ha habido en Venezuela. Con sus socios Darío Brillembourg y Rufino González Miranda llevó a cabo proyectos importantísimos que ayudaron a insertar a Venezuela dentro de la modernidad, muy por delante de los demás países latinoamericanos, como la represa de Guri.

Dentro de este rubro, Alfredo asumió la presidencia de la Cámara de la Construcción en 1964. Tal fue su figuración que en los años 70 lo eligieron para presidir la Federación Interamericana de la Industria de la Construcción, de la que ya formaba parte representando a nuestro país.

Quedan como testimonio sus discursos e intervenciones, en los que se evidencia su dimensión ética y su recto proceder en el turbio escenario de las adjudicaciones de contratos.

Fue constructor de varias de las plantas de la Cervecería Polar, presidió la junta directiva de la Cervecería Modelo de Maracaibo y más tarde integró el comité ejecutivo y la junta directiva del conglomerado de Empresas Polar.

Cuando su hermano Carlos Augusto Guinand Baldó fue nombrado gobernador del Distrito Federal por el presidente Caldera en 1969, Alfredo se encargó de Saver Guinand, una empresa familiar que Carlos manejaba y sobre la que Alfredo no poseía muchos conocimientos, pero que manejó de manera exitosa como ejecutivo curtido en esas lides, su sentido común y su honestidad proverbial.

Hombre incansable, en 1987, cuando tenía 60 años, compró la finca Hato Nuevo con sus amigos Guillermo Bello y Alfredo Basalo y emprendió una nueva etapa de su vida: la de ganadero. De esa finca vienen muchos de los cálidos recuerdos expresados por Roberto Patiño durante la misa de despedida.

Su actividad de compromiso social fue igualmente extensa y comprometida: queda su impronta en el Hogar de la Virgen de los Dolores, que fundó con el padre Julián Barrena y su suegra Mercedes de Quintero, su determinado apoyo en los inicios de Fundación La Salle y por supuesto, su actividad con la Fundación Polar.

Alfredo Guinand nunca se retiró: cuando estaba por hacerlo, lo incorporaron como Individuo de Número a la Academia de la Ingeniería y el Hábitat, donde compartió su intensa actividad en el campo de la Ingeniería Civil en Venezuela.

Una vida tan larga, productiva y repito, Decente con D mayúscula, hay que ensalzarla en este país del primer cuarto de milenio, donde parecen haber desaparecido los valores que Alfredo Guinand Baldó encarnó. La antorcha que él encendió ahora está en manos de sus nietos, quienes estoy segura, honrarán ese legado.

A sus hijos, mis amigos queridos María, Félix, Lupe, Marisa, Adriana y Julieta. A sus hermanos, Eduardo, Enrique y Leopoldo, y el resto de la bella familia Guinand, mis más sentidas palabras de pesar. Pero, a la vez, mi alegría por una vida tan bien vivida.

Esta ovación de pie es para ti, Alfredo.

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