Carolina Jaimes Branger, autor en Runrun

Carolina Jaimes Branger

Educadora hasta su último suspiro, por Carolina Jaimes Branger

En el colegio de Luisa Teresa Lanz mi hija Tuti (ambas en la foto) fue la más feliz de todos, mi niña especial pudo graduarse de bachiller porque la educadora abrió todas las puertas para ella. 

La profesora Luisa Teresa Lanz (QEPD) fue un monstruo sagrado de la educación en el estado Aragua. Hoy le digo GRACIAS

 

@cjaimesb

Yo sabía que este momento iba a llegar. Pero no había forma de haber estado preparada para recibir la noticia. Cuando abrí mi Whatsapp y empecé a leer la nota que me había enviado su hija Laura, mi corazón empezó a latir precipitadamente: en efecto, avisaba a la familia y amigos cercanos que su mamá, Luisa Teresa Lanz de León, había fallecido durante la noche. La tristeza me invadió.

Más que un icono, Luisa Teresa fue un monstruo sagrado de la educación en el estado Aragua. Maestra de varias generaciones de aragüeños, dejó su impronta de excelsa educadora, mujer culta y, sobre todo, de una verticalidad y decencia como pocas. Siempre fue consecuente con su manera de pensar y actuar.

Directora del mejor liceo de Maracay por muchos años, el Agustín Codazzi, lo dejó para fundar su propio colegio, el Instituto de Educación Integral. Allí la conocí cuando fui a buscar cupo para mis hijas. Ambas teníamos en común tres hijas y una de ellas, una niña especial. Ambas compartíamos pasión por la educación, siempre buscando nuevos caminos que explorar y abrir. Eso nos unió para siempre.

En su colegio, mi hija Tuti fue la niña más feliz de todos. Gracias a la profesora Lanz todas las puertas se abrieron para ella. Hubo una planificación diseñada especialmente por ella para recibirla y acompañarla durante toda su escolaridad.

Una joven especial pudo graduarse de bachiller por toda la ayuda, el empeño y la dedicación de todos cuantos laboraban allí. Eso también permeó a sus compañeros, incluso a los que cursaban otros grados: ellos son hoy mejores adultos porque tuvieron la oportunidad de ver cómo se sobrelleva una dificultad día tras día.

Luisa Teresa, a sus 93 años, jamás dejó de ir al colegio. Incluso hospitalizada por la covid-19 que se la llevó, le dijo a su hija Laura: “este año ya no podré volver al colegio, pero para el año que viene vamos a hacer tal, y tal, y tales cosas”.

Educadora hasta su último suspiro, ha debido irse con el alma en vilo de ver el desastroso estado de la educación en Venezuela.

Cuando ella fue directora del Codazzi, llevó la educación pública a niveles de altura jamás vistos. En el IEI siguió sus propias huellas, porque impartió educación, ciertamente, pero también sembró valores, ciudadanía, patria.

A pesar de su baja estatura, la profesora Lanz era imponente. Su presencia se notaba cuando entraba a cualquier parte. Era seria, parca, sobria, pero también podía ser tierna, cariñosa y divertida. Una mater familias excepcional, arropó no solo a su marido, sus hijas, sus yernos y nietos, sino a sus hermanos y sobrinos. Y, además, a personas como yo que pasamos de ser amigas a ser parte de ese gran grupo familiar.

Derek Bok, quien fue presidente de la Universidad de Harvard, escribió que “la influencia de un buen maestro dura para toda la eternidad”. Y es así… lo que un alumno aprendió a su vez lo transmite a sus descendientes.

Mi querido Luis Alberto Machado quedó impresionado con ella cuando la conoció. “Esta señora es una ‘tacamajaca’ en todo el sentido de la palabra… ¡qué honor conocerla!”. Desde ese día, el doctor Machado fue invitado muchas veces al IEI para acompañarnos en muchas de las actividades que allí se desarrollaban.

Cierro estas palabras de despedida que jamás hubiera querido escribir con unas sentidísimas GRACIAS. Querida Luisa Teresa, GRACIAS por todo, GRACIAS por tanto, GRACIAS por siempre.

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Entrevista | Soledad Morillo Belloso: “Venezuela me duele y me hace feliz”, por Carolina Jaimes Branger
 Venezuela está en cada uno de los venezolanos buenos, no importa en qué ciudad o pueblo del planeta estén las almohadas en las que reposemos la cabeza cada noche

 

@cjaimesb

Soledad Morillo Belloso es vehemente, leal y elegante. La conocí a través de su hermano Carlos, que era amigo mío cuando éramos jóvenes. Y desde entonces somos amigas; pero no amigas para conversas ligeras o fiestas, que también lo somos, sino compañeras de cruzadas por la libertad, de transmitir la esencia de la venezolanidad, de compartir vivencias y sueños.

Soledad es una magnífica escritora. No solo porque escribe bien, sino porque tiene lo que hace diferente a un buen escritor de un escritor excelente: ritmo para decir las cosas. Es culta y eso la ayuda, por supuesto. Ha recorrido mundo, lo ha aprehendido y lo ha hecho suyo. Por eso leerla resulta tan grato. Sus escritores favoritos en prosa son Gabriel García Márquez y Jane Austen. Sol también escribe poesía y se rinde ante Lorca, Antonio Machado y Benedetti, y, aunque expresa su deseo de ser poeta, ya lo es.

Como buena guerrera, confiesa que su héroe de ficción es el Conde de Montecristo. Admira la obra de Kay Rala Xanana Gusmão, quien llevó a Timor Oriental a su independencia. Su hecho de armas favorito es el rescate de los soldados británicos en Dunkerque. Y la figura histórica que más detesta es Hitler.

Le encanta el color azul, las rosas amarillas, la música de Vivaldi y Puccini y la pintura de Sorolla. Ante esto, no extraña que confiese que de tener un don de la Naturaleza, este sería la suavidad de la brisa. Aunque en ocasiones ella misma se convierte en un huracán de pasiones; eso sí, siempre a favor de causas justas y nobles.

–Como buena Morillo y como buena Belloso, hubiera esperado que nacieras en Maracaibo o en Santa Bárbara, pero resulta que naciste en Caracas. Sin embargo, tu zulianidad está en tu ADN y en tu corazón. Infinidad de veces has escrito sobre ella, tus recuerdos, tus añoranzas. ¿Qué sientes hoy al ver tu Zulia convertida en tierra arrasada?

–Pienso en mi papá. Que luchó tanto, que trabajó tanto, que sudó tanto. Y pienso que menos mal que murió en 1990 y no vio todo esto. Pienso en todos los de mi familia, tanto Morillo como Belloso, que fueron constructores de prosperidad y bonanza. Solo me queda una tía, que está en Maracaibo, como guardada porque ya no sale ante el pánico que corten la electricidad.

Lo que le hicieron al Zulia es de una maldad infinita. Y también de una notable estupidez. No solo destruyeron la industria petrolera. Destruyeron el campo, el comercio, la historia.

Es un pecado. Cuando murió mi mamá en 2008 fui a una misa. Ya se notaba el deterioro de todo. Ahora es un infierno de Dante. Hace años escribí la historia tanto de los Morillo como los Belloso. Porque hay que contar la verdad y no eso que pretenden imponernos. Y hace unos días, como introito de una entrevista a un agricultor amigo, Julio Bustamante, escribí todos mis recuerdos de la finca en Santa Bárbara. Y mientras escribía lloraba sin parar.

–A los nueve años te instalaste con tu familia definitivamente en Caracas. Alternabas con las vacaciones en la finca en el Zulia, dos mundos totalmente distintos. ¿Cómo los armonizadas?

–El primer año en Caracas no me gustó. A moco tendido lloraba y les pedía a mis papás que nos regresáramos. A esa edad, nueve años, no entendía nada. Pero en cada vacación íbamos a Zulia, a Maracaibo o a la finca en Santa Bárbara. Luego me adapté a vivir en Caracas. Y tuve una vida interesantísima en Caracas, de estudios, de trabajo, de gente extraordinaria que conocí. Al final, soy zuliana, pero no soy ni «marabina» ni «caraqueña». O soy las dos cosas, no lo sé. Pero tengo muy diáfanas mis raíces. Y además me encantan. Porque la historia de mi familia es como una novela. Cuando la cuento, a la gente le gusta porque sienten que están viendo una película. Y yo les digo que en realidad todos somos personajes de un relato que empezó hace mucho.

Soledad Morillo Belloso: «La historia de mi familia es como una novela».

–Tú y yo compartimos un cariño mutuo por un hombre extraordinario, tu hermano Carlos, quien dejó este mundo cuando estaba en la plenitud de su vida y facultades. ¿De qué manera vive Carlos Morillo Belloso en su hermana Soledad?

–Carlos no solo fue mi hermano. Fue mi amigo incondicional, mi cómplice, mi confidente. No solo nos queríamos, nos gustábamos mucho, que es todavía más importante. Me apoyaba en todo lo que se me ocurría. Era muy divertido y extraordinariamente culto y pulido. Un hombre de mundo. Con él podías hablar de cualquier cosa. Carlos era un hermano distinto para cada una de sus hermanas. Y él tenía la habilidad de hacerte sentir única. Entonces hay en mi corazón «mi Carlos», el mío. Y mis hermanas, cada una, tienen su Carlos. No solo tengo mil recuerdos de él, recuerdos grandes y chiquitos. Es que Carlos está en mi vida de todos los días. Aunque se me mojen las ojeras, él es un motivo constante de felicidad. Porque sé que él está pendiente de mí, me ayuda, me regaña y me aplaude. Y simplemente estoy segura de que volveremos a estar juntos. Yo tuve, más bien tengo, el mejor hermano posible. Yo no le dije adiós; fue un hasta luego.

–¿Desde cuándo escribes? ¿Quién o qué fue el motor que te llevó por ese camino?

–Desde los nueve años. Escribí un cuento para el colegio, que fue censurado por las monjas. Una declaración de amor a Beto López Larralde, a través de un relato de una muñeca. Hace unos meses curucuteé en mi memoria y lo volví a escribir. Y además lo grabé con mi propia voz y lo hice público. Beto es el primer amor de mi vida. Desde entonces no he parado de escribir.

Y yo además me he pasado la vida escribiendo cartas de amor. Por supuesto que he escrito muchas cosas «serias». Artículos, textos, ensayos, entrevistas a gente importantísima. Pero lo que me gusta y me cuesta más es mi propia narrativa, en la que me desnudo. Los cuentos, los relatos, las novelas, los versos. Acabo de terminar Diez y siete postales de Soledad, que son relatos de mí como andariega. No quiero quedarme con cosas por decir. Yo creo que escribir es mi manera de convertirme en personaje protagonista de esta novela que es mi vida.

–La Comunicación Social es un apostolado más que una carrera, al menos en Venezuela. Los periodistas han enfrentado a la peste roja con un valor y una gallardía sin límites. Tienes miles de historias que narrar en este sentido. Escoge una o dos para compartir con quienes te van a leer en esta entrevista.

–Yo me rebelé contra todo esto desde el principio. Sabía exactamente que nos destruiría como país. Y desde el día uno denuncié. Jamás caí en eso del embeleso. A mí el salvajismo político me parece destructivo. Yo soy periodista, pero también soy demócrata y venezolana. Creo que el periodismo y toda la comunicación social tienen que ser herramientas de la libertad, de la civilidad. Y tienen que ser inteligentes y también elegantes. La comunicación de cloaca es destructiva y no solo no la uso, la adverso.

Eso me trajo aplausos, pero también muchos ataques. En estos tiempos que nos ha tocado vivir, la primera víctima ha sido la verdad. Pero resulta que la verdad es poderosa, es esquiva, y nadie la puede matar. Muchos comunicadores se rindieron y se vendieron, pero muchos han luchado y batallan cada día. Cuando pase el tiempo, que pasará, esos quedarán en la historia como los defensores de la ética. No existe comunicación útil y decente sin ética. Y esa no la venden en los bodegones.

–¿Por qué sigues en Venezuela si puedes vivir fuera?

–Ciertamente, tuve oportunidad de irme. Pero yo decidí quedarme y luchar. Es mi país. Estoy agotada. He envejecido prematuramente. Esto ha tenido un costo muy alto. Creo, sí, que cuando todo esto termine, porque terminará esta novela con tantas faltas gramaticales y ortográficas, mi marido y yo vamos a necesitar irnos. No sé si en modo definitivo. Pero al menos un tiempo. A curarnos heridas que duelen, a cargar baterías, a poner en remojo el amargo sufrimiento de estos años.

–Cuéntame de tu experiencia con el belly dancing.

–Ja, ja, ja… Muy divertido. Yo había ido a Marruecos. Y regresé empecinada en hacer danza del vientre, que me fascina. Me parece un arte. Yo bailo muy bien y tengo mucho ritmo. Así que pensé que, si se me daban muy bien los ritmos caribeños, pues con eso podría. Pues tres meses estuve en clases. Y, nada. Que las caderas hay que moverlas distinto. Es como zafar las coyunturas del cuerpo. Y no pude. Yo veo a Shakira y, créeme, lo lleva en la sangre. Ella es bicultural. Yo no. Yo soy caribeña. Pero me divertí mucho.

–Unas palabras sobre otra persona a quien quiero muchísimo: tu marido, Arnaldo Arnal Vallenilla.

–Nos enamoramos ya de muy adultos. El amor después de los cuarenta es muy distinto. Yo me pasé muchos años sin pareja. Años acostumbrada a estar sola. Absolutamente independiente. De mi primer matrimonio no tuve hijos. Así que era una gaviota. Arnaldo apareció en mi vida cuando ya había empezado este desastre en el país. Él y yo compartimos posiciones políticas, pero sobre todo posiciones de vida. Nos gustan las mismas cosas. El nuestro es un amor denso, vertebrado, con peso específico, que ha sido probado en mil vendavales. No vemos el vaso medio lleno, sino en proceso de llenar. Todas las mañanas nos despertamos con un beso. Y en las noches antes de dormir hay un «te quiero». Y conjugamos la vida en primera persona del plural.

–¿Qué significa Venezuela para Soledad Morillo Belloso?

–Cuando me dicen que escriba en tres o cuatro líneas quién soy, siempre comienzo por «venezolana». Porque eso soy, primero y principal. Pero soy una venezolana que cabalga entre dos siglos. No soy criolla. Sé mucho de historia y de costumbrismo, pero soy una venezolana nacida, criada y formada en la modernidad, no en una cuna con naftalina. Yo sería venezolana en donde sea que me tocara ir. Venezuela no es el mejor país del mundo. Es, sí, mi país.

Pero el país de verdad no es este que padecemos ahora. Venezuela tiene la suerte de haber sido construida entre naturales e inmigrantes. Eso es fantástico.

Es nuestra mejor ventaja. No para recuperar lo que tuvimos y fuimos, sino para construir el nuevo país que podemos ser. Decente, trabajador, encantador, equitativo, colorido, entusiasta, libre. Venezuela significa libertad. Y Venezuela está en cada uno de los venezolanos buenos, no importa en qué ciudad o pueblo del planeta estén las almohadas en las que reposemos la cabeza cada noche. Venezuela es un amor infinito, tan infinito que me duele y me hace feliz. A mí Venezuela me arranca todos los días una lágrima y una risa. Mi alma es tricolor.

Salvajismo a la orden del día, por Carolina Jaimes Branger

Foto izq. puerta violentada de la UCV (@RomeroJoseJ); der. Delcy Rodríguez en el aula magna (Tal Cual).

Por qué la señora Rodríguez no pidió la llave a la Dirección de Cultura de la UCV. Pero es una tontería hacerse esa pregunta: como los talibanes, el salvajismo en Venezuela está a la orden del día

 

@cjaimesb

En marzo de 2001 los talibanes destruyeron las colosales estatuas de Gautama Buda en Bamiyan, Afganistán. Hoy, hombres armados talibanes montan guardia en las enormes cavidades rocosas que alguna vez albergaron dos antiguas estatuas de Buda, voladas con dinamita por los militantes durante su penúltimo período en el poder. 1500 años tenían las estatuas, pero su destrucción fue ordenada por el régimen por estar en contra de la fe musulmana. “Son ídolos”, sentenció el Mullah Omar.

Cientos de obreros se encargaron de que no quedaran pedazos que pudieran reconstruirse. La UNESCO sentenció que hacerlo era prácticamente imposible. Un patrimonio de la Humanidad perdido a manos de los salvajes. Sin embargo y aunque parezca mentira, el nuevo régimen talibán insiste en que quiere proteger “el patrimonio arqueológico del país”, a pesar del horror que causó en todo el mundo ver las imágenes de los Budas desapareciendo en nubes de polvo, destruidas por los mismos que hoy las quieren proteger.

“Con la economía del país tambaleándose «se dan cuenta de que el trabajo para proteger el patrimonio proporciona ingresos regulares», dijo Philippe Marquis, director de la delegación arqueológica francesa en Afganistán”, según reportó Channel News Asia. Es decir que, si aporta ingresos regulares, la religión por la cual destruyeron los ídolos supuestamente prohibidos, se puede ir al mismísimo cipote.

Otro patrimonio de la Humanidad declarado por la Unesco es la Universidad Central de Venezuela. A lo largo de veinte años hemos visto cómo los regímenes de Chávez y de Maduro han ahorcado la autonomía universitaria cortando el presupuesto que le corresponde y por consiguiente, cómo se han ido deteriorando unas instalaciones que constituían un orgullo nacional.

Hace una semana, Luis Palacio Herrera, presidente de la FCU-UCV señaló que “adeptos al régimen violentaron una de las puertas del aula magna”, para que entrara la flamante vicepresidente Delcy Rodríguez. Con la excusa de que “están reconstruyendo la universidad”, ¿qué los diferencia de los talibanes? Se hacen cruces y se muestran escandalizados por “el estado de destrozo en que se encuentran las instalaciones” y por las declaraciones de la rectora García Arocha donde exige que se respete la autonomía y se entregue el presupuesto completo. En junio de 2020 se había caído el techo de uno de los pasillos por falta de mantenimiento. Si no le dan a la universidad el presupuesto que por ley tiene asignado ¿con qué dinero se van a hacer labores de mantenimiento? La prioridad es pagar a quienes allí laboran.

Me queda la pregunta de por qué la señora Rodríguez no pidió la llave a la Dirección de Cultura. Pero es una tontería hacerse esa pregunta: como los talibanes, el salvajismo en Venezuela está a la orden del día.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¿Y si dan un golpe de Estado?, por Carolina Jaimes Branger
Personas a quienes considero inteligentes y sensatas claman por ‘un militar que tenga las botas bien puestas’, cuando la lección debería ser “nunca más un militar en el poder”

 

@cjaimesb

El presidente Luis Herrera Campíns se destacó por ser refranero. Para casi todos los temas sacaba a relucir un refrán que tenía que ver con ellos. Y si no encontraba el refrán, improvisaba.

Otro “fraseólogo” famoso fue Yogi Berra, cátcher y luego manager de los Yankees de Nueva York. Una de sus frases más conocidas fue la que pronunció el 3 de octubre de 1947, cuando en el cuarto partido de la Serie Mundial entre los Yankees y los Dodgers de Los Ángeles iban 2-1 ganando los primeros y en el noveno inning los Dodgers les metieron dos carreras y los dejaron en el terreno. “El juego no termina hasta que no termina”, sentenció Berra. El presidente Herrera, parafraseándolo, dijo: “los militares están con el gobierno hasta que dejan de estarlo”.

En estas últimas semanas he sentido desasosiego. Compartí mi preocupación con una amiga periodista, quien me confesó que sentía temores similares a los míos. Y estos tienen que ver con los militares. 

Muchos oficiales –no sabría decir el porcentaje– están con el régimen porque han podido enriquecerse groseramente, sin contraloría ni, mucho menos, sanción. Todavía recuerdo una mañana en las caballerizas de Fuerte Tiuna, por allá por el año 2004, cuando conversé con un soldado que estaba lavando una camioneta blindada de último modelo. Le pregunté que de quién era y me dijo “del capitán Fulano”. “¿De un capitán?”, le pregunté. Yo imaginé que la respuesta sería “de un general” y ya me hubiera escandalizado. “¿Y cuánto gana un capitán?” le pregunté. “No sé cuánto gana, pero lleva quince años jodido”.

En ese momento yo llevaba veintisiete años “jodida” (trabajando) y lo que tenía era un Toyota Sky del año 91. Así se lo hice ver al joven. “¿Cuánto ganas tú?”, inquirí. “Sueldo mínimo”. Sentí mucha rabia. “¿Y tú crees que dentro de quince años vas a tener una camioneta como esta?”… No me contestó, pero me señaló un Camry último modelo que estaba estacionado en la sombra al lado de la entrada. “Es que no solo mi capitán tiene esta camioneta; tiene otra igual a esta, que es de su señora, y aquel carro que está allá”.

Si un capitancito tenía dos camionetotas y un Camry, pude imaginarme todo lo demás que debía tener. Y sentí lástima por Venezuela.

No sé si la táctica de Chávez fue corromper a un buen número de militares para tenerlos luego con la rienda corta, pero no suena descabellado. Otros dictadores latinoamericanos la aplicaron. Pero hoy es obvio el despliegue de riquezas de ese sector y la corrupción más galopante, pero también la más silente.

Cuando escucho a tanta gente quejarse de la oposición –con sobradas razones– me pregunto por qué no se quejan con el mismo ahínco de Maduro, sus funcionarios y de los militares. ¿Miedo, acaso? ¿O es que la traición de los propios duele más?

El hecho es que, si Alex Saab y Hugo Carvajal llegan a los Estados Unidos, sus testimonios harán rodar cabezas, porque si de algo estoy segura es de que no se van a hundir solos. Y es en ese escenario donde veo probable un golpe de Estado. Eso les permitirá lavarse la cara a los militares –corruptos y cómplices del chavismo– frente al país y a la comunidad internacional y lo peor, lo que más temo, es que los venezolanos los aplaudirán. ¡Sí, todavía a estas alturas personas a quienes considero inteligentes, sensatas y corridas en política claman por “un militar que tenga las botas bien puestas”, cuando la lección debería ser “nunca más un militar en el poder, ni un régimen militarista como el que tenemos”!

¡Pobre Venezuela! ¡Que Dios nos agarre confesados ante un panorama así!

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¿Empezar o no la escuela?, por Carolina Jaimes Branger
Si el regreso a clases va a ser la décima parte de lo que ha sido el proceso de vacunación, hay sobradas razones para no enviar los muchachos a la escuela

 

@cjaimesb

“Deseos no empreñan”, reza el dicho popular. La vuelta de nuestros niños y jóvenes a la escuela es un deseo. Pero, del dicho al hecho, el trecho es largo.

Cuando Nicolás Maduro anunció el regreso a clases por primera vez, mis alarmas se encendieron: ¿Cómo se iba a organizar ese regreso a clases en medio de una pandemia que justo en estos momentos hace crisis por segunda vez? ¿Quién lo iba a organizar, el Minpopo de Educación? ¿Con qué recurso humano, acaso los miembros de la chamba juvenil? No es lo mismo una vuelta a clase en situación normal (que, de paso, en Venezuela no hay nada “normal” desde hace años) que bajo una pandemia. Mucho menos visto lo atroz que ha sido el manejo de la covid-19 por parte del régimen. Si el regreso a clases va a ser la décima parte de lo que ha sido el proceso de vacunación, hay sobradas razones para no enviar a los muchachos.

Las infraestructuras y las dotaciones de muchas escuelas están por el suelo. No hay agua. ¿Cómo van a lavarse las manos? ¿Dónde van a hacer sus necesidades? No hay pupitres. ¿Dónde van a sentarse? ¿Quién va a controlar el distanciamiento social y el uso estricto de las mascarillas? ¡Eso requiere de un control estricto, no de soluciones improvisadas, tomadas sobre la marcha!

El magisterio venezolano, apenas hace una semana, reportaba solo un 12 % de vacunación. ¿A quién les creemos, a ellos, o a Delcy Rodríguez, la maga de las cifras, que asegura que más del 80 % lo está? Yo les creo a los maestros.

Llevamos año y medio encerrados… Para mí, a mis 63 años, equivale al 2,38 % de mi vida. Pero para un niño de 5 años, es la tercera parte de su vida, el equivalente a que yo llevara encerrada 21 años ¡y eso es un horror! Los niños necesitan ir a la escuela. Allí aprenden y socializan. Allí pueden salvarse de vivir en un ambiente de violencia y abusos. ¿Cómo hacer entonces para que regresen a clases?

La respuesta me la dio la doctora Lila Vega Scott, miembro de la Red de Madres, Padres y Representantes: la vuelta a la escuela no puede ser “con bombos y platillos”, como aseguró Maduro la segunda vez que anunció el regreso a clases. Tiene que ser planificada, ordenada, escalonada y no obligatoria.

El día 23 de septiembre, los miembros de la red enviaron una carta a la ministra de Educación aplaudiendo la decisión de iniciar clases, pero alertando lo difícil que será. No solo por los retos relacionados con la pandemia, sino por la situación de terrible deterioro en que se encuentra nuestro sistema educativo.

En la carta hacen una serie de propuestas y solicitudes en lo relativo al manejo de la pandemia, que están al alcance del Ministerio de Educación, que incluyen:

1. Recibir el apoyo de la red en el entrenamiento de sus supervisores en lo relativo a la enfermedad y a las cinco medidas básicas de seguridad (uso universal de tapabocas; distancia física; lavado de manos; limpieza de superficies; e identificación de casos y contactos fundamentales en el concepto de múltiples capas de protección).

2. Suspender en lo relativo al sistema educativo, el esquema conocido como 7+7. Algunas escuelas, dadas sus características físicas (tamaño de aulas y ventilación), podrán recibir a todos sus alumnos de forma segura (distancia física y burbujas); pero para muchas otras será indispensable dividir las secciones. El resultado sería apenas cuatro o cinco días de asistencia presencial al mes.

3. Permitir que cada centro educativo decida cómo organizarse de forma segura, durante todas las semanas del calendario escolar, tomando en cuenta sus recursos y características.

4. Solicitar al Ministerio de Salud que comparta la información tanto de casos confirmados como de consultas por síntomas respiratorios con las escuelas en cada comunidad.

5. Instruir a todos sus escuelas que la vuelta al aula debe ser, además de segura, flexible y voluntaria. Será necesario ajustar horarios e incluso cerrar temporalmente aulas o escuelas y replantear la planificación. Las escuelas deben sentirse libres para hacerlo sin temor a amonestaciones.

Desafortunadamente, alrededor del tema de la pandemia hay poca confianza y mucho miedo. Es fundamental que ninguna persona se vea obligada a acudir al aula si cree que no es seguro hacerlo. La buena gestión de la vuelta al aula permitirá que muchos pongan de lado sus temores y decidan incorporarse.

Como bien vemos, el regreso a clases no es un decreto, sino una planificación, que no debe ser obligatoria, sino de acuerdo a las posibilidades de cada plantel. No es lo mismo una escuela en una zona rural del estado Anzoátegui, donde hay un maestro y pocos niños, que bien pudieran tener clases, que una escuela en el barrio José Félix Ribas de Petare donde usualmente hay 40 o más niños por salón…

Espero que la ministra esté a la altura de las circunstancias…

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Entrevista | Ana Caraballo de Celis: “La vida comienza a los 60”, por Carolina Jaimes Branger
“El lugar donde he sido libre a plenitud». Esto es Venezuela para Ana Caraballo de Celis, quien produjo niños, edificios y poesía

 

@cjaimesb

Escogida por la Arquitectura, casada con un arquitecto y enamorada de la poesía, esta joven de 93 años nos acaba de dejar. Sin embargo, su tiempo transcurrió de manera fructífera. Su secreto: estar viva y vivir la vida. Consideraba que su educación había sido “poco convencional”. Por eso fue a la universidad cuando casi ninguna mujer lo hacía y se convirtió en una de las primeras mujeres profesionales en Venezuela. La arquitecta Ana Teresa Caraballo Gramcko de Celis Cepero vivió su vida plenamente. Hasta su fallecimiento estuvo activa física e intelectualmente. Fue la mater familias de un hermoso grupo familiar donde la poesía tiene un lugar protagonista.

En la Arquitectura la enamoró la inmaterialidad del número, su esencia y su naturaleza. Y supo combinarlo con el diseño y los espacios, donde la creación es infinita. Siempre admiró a su marido, Carlos Celis Cepero y él a ella. No fueron rivales, sino que se complementaron.

Presentó su último libro, Dualidad, del brazo de Rafael Cadenas y Armando Rojas Guardia. Pensaba que la poesía era el vínculo entre lo humano y lo divino. Me aseguró que la vida comenzaba a los sesenta años y que la libertad fue su acompañante perenne.

Aquí la entrevista que le hice cuando cumplió 90 años:

–¿Cuál fue el proceso que te llevó a la universidad en un momento cuando las mujeres -en particular las niñas de la alta sociedad como tú- a duras penas terminaban el bachillerato?

–Pienso en la fortuna que significó haber crecido en un hogar poco convencional, en el cual ambos padres me aportaron experiencias personales de gran valor para la transformación constante como camino vital. Se sentía amor, libertad, igualdad, y respeto por la personalidad de cada quien.

La única imposición que recuerdo, fue al terminar la primaria. Debía estudiar una carrera corta antes de llegar a la universidad a fin de poder ser independiente. Escogí el comercio porque lo impartían en mi colegio, pero, sobre todo, porque me permitía incursionar en la pintura, en el piano, en la música.

Cumplida la “imposición”, en mi mente no había obstáculos ni paradigmas que me impidieran seguir el camino a la universidad.

–¿Por qué escogiste Arquitectura? ¿Qué te llamaba la atención, quiénes te inspiraron?

–Pienso que la arquitectura me escogió a mí.

Durante los estudios de bachillerato en el Colegio Santa María, tuve el privilegio de contar como orientador profesional al Dr. Rafael Vegas, quien invitó a varios profesionales para hablarnos sobre distintas carreras, entre ellas la Arquitectura, y me escogió para ser la presentadora del arquitecto ponente, al considerar esta disciplina apropiada a mis aptitudes.

Más adelante al estudiar quinto año de bachillerato, opción física y matemática, me sentí deslumbrada por la esencia del número, su inmaterialidad y presencia permanente sobre la naturaleza, su capacidad para un encuentro lúdico donde su libertad nos conducía hacia un fin que podía ser inexistente o estimular la imaginación de mil y una maneras. Ante mí aparecieron las matemáticas puras como profesión. Siendo que esta carrera no existía en la UCV, me inscribí en Ingeniería. Esta escogencia no duró mucho. Apenas un mes, al constatar las limitaciones que sufrían mis números y comprobar que los materiales de construcción no eran más que una barrera que los aprisionaba, haciéndolos perder su libertad.

Me topé entonces con la arquitectura, que en aquella época funcionaba en el mismo edificio de Ingeniería, y reconocí que el Dr. Vegas tenía razón. En la arquitectura, el espacio, infinito en su esencia, me permitía la misma libertad de crear que el número, sin duda algo que satisfaría a plenitud mi libertad para imaginar, para idear espacios habitables en armonía con los materiales de construcción.

–¿Fue fácil o difícil casarse con un arquitecto? ¿Hubo rivalidad entre ustedes?

–En nuestro caso fue fácil. Carlos era un enamorado de su profesión, discípulo accidental del maestro Le Corbusier en Bogotá. Se mantenía al día sobre nuevas teorías y materiales relacionados con un momento histórico de transformación arquitectónica en el mundo.

Mis inquietudes, aunque incipientes, eran muy parecidas. Lo admiré desde un principio y sigo haciéndolo.

No es fácil hallar a alguien que como él, integre libertad de diseño, correcto uso de los materiales, y honestidad con clientes y usuarios al facilitarles ambientes destinados a su superación material y espiritual. Estas condiciones pueden observarse en la vivienda de interés social que él diseñó cuando fue director del TABO (Taller de Arquitectura del Banco Obrero) asesorado por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva y que luego continuó en toda su trayectoria profesional.

Cuando comenzamos a trabajar juntos, en algunas oportunidades nos complementábamos. En otras, cuando desarrollábamos proyectos individuales, los discutíamos respetando el concepto de cada quien.

–¿Cómo incorporaste el trabajo con la familia?

–Tampoco presentó problemas, ambos considerábamos como prioridad la familia, de esa manera mi trabajo se supeditó a mis posibilidades de tiempo. Este se fue incrementando en la medida en que los hijos crecían y se independizaban. Al final terminé trabajando a tiempo completo en la OMPU (Oficina Metropolitana de Planeamiento Urbano), y hasta llegué a estudiar Urbanismo a nivel de postgrado, lo cual me abrió una ventana más amplia hacia una arquitectura con enfoque social.

–No solo es la arquitectura. La literatura ha sido parte de tu vida y eres una escritora fenomenal. Has publicado dos libros de poesía. ¿Cómo incorporaste esa disciplina a tu vida y desde cuándo?

–Percibo a la poesía como vínculo entre lo divino y lo humano. Flota a nuestro alrededor y se muestra de mil maneras, no siempre en función de palabra. Ella ha sido una constante para mí. Papá, en su juventud, escribió teatro y poesía. Cuando notó mi interés por las palabras, ya que me gustaba hojear el diccionario, buscar palabras, hallar familias y significados, él me regaló su diccionario y continuó ofreciéndome libros de todo tipo incluyendo los de versos.

Ida Gramcko, mi prima, me hizo un poema para mi primera comunión y ella era motivo de regocijo y admiración para toda la familia desde que sin saber escribir ya hacía poemas.

Me casé con alguien que, sin escribir poesía era poeta. Creó el Premio de poesía León de Greiff, diseñó nuestra casa alquímica en Las Palmas, un poema espacial, en tres dimensiones; me rodeó de poetas, rematando con un primer libro de poesía escrito por mi hija Laura, titulado Tiempo de mariposas, prologado por Elizabeth Schön.

Luego, al comenzar una nueva etapa de mi vida, decidí estudiar Literatura en la Universidad de la Tercera Edad y en ella se dio mi encuentro con la palabra como misterio, la vi abrir el portillo y ofrecerme su libertad.

Cuando la universidad cerró, algunos formamos un grupo para continuar ahondando en nuestras inquietudes literarias, el cual mantuvimos durante mucho tiempo.

Empecé a escribir pequeños artículos de opinión en algunos periódicos. Pero ante la urgencia de dar forma a algo interior, mi escritura fue evolucionando hasta la actual sin saber que lo hacía poéticamente. Cuando el poeta Aladar Temeshi leyó mi primer libro, Corporalidades, supe que estaba escribiendo poesía.

–Eres un ejemplo a seguir para las mujeres venezolanas: a los 90 años sigues trabajando en lo que te gusta y con pasión. ¿Cuál es el secreto?

Estar viva. Las palabras del Eclesiastés 3: “hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace”, quizá contestaría esta pregunta.

Somos tiempo, sin él no existiríamos, es nuestro haber para dar lo que solo nosotros podemos dar. Mi presente me hace intuir la razón de haber vivido mi tiempo como lo he hecho, transformándolo y aceptándolo al producir niños, edificios o poemas, pero solo lo sabré con certeza al traspasar el misterio de mi vida.

–Si tuvieras que darles consejos a las muchachas jóvenes que apenas empiezan, ¿qué les dirías?

–Lo que le digo a mis nietos: cada uno tiene un lugar propio en esta inmensidad, visible o no, a la cual pertenecemos.

La vida comienza a los 60. En ese momento estamos capacitados para transitar un nuevo camino con una experiencia inaudita en un maravilloso renacer.

–¿Cómo te sentiste cuando en la presentación de tu segundo libro de poemas tenías al lado a Rafael Cadenas y Armando Rojas Guardia?

–En una nube susurrante, privilegiada y agradecida, obligada a seguir sus ejemplos de entrega a ese vínculo entre Dios y nosotros llamado poesía. A veces los sueños dejan de serlo.

–¿Qué significa Venezuela para Ana Teresa Caraballo de Celis?

–Todos tenemos un sitio único para desarrollar nuestro potencial a plenitud. Un sitio único para anidar sueños, crecer, multiplicarnos. Para sentir frescura, tibieza, olores. Un sitio para estar en Dios y sentirnos plenos. A veces las circunstancias lo extravían o lo esconden pero nunca lo perdemos porque también está dentro de nosotros.

Este sobrevuelo de mi devenir a lo largo de nueve décadas, me ha permitido descubrir en cada momento crucial la palabra libertad. Mi proceso de vida ha transcurrido apegado a ella. En mi hogar primero, en mi preparación profesional, en el hogar creado, en mis espacios habitados por más de 65 años. El lugar donde he sido libre a plenitud. Esto es Venezuela para Ana Teresa.

USBistas... ¡a defender su universidad!, por Carolina Jaimes Branger
¿Van a poner su alma mater en bandeja de plata al régimen?… Creo entonces que huyo por la derecha y me retiro lentamente, con mucho dolor…

 

@cjaimesb

Esto es historia patria, aunque no se conozca. Y llegó el momento de contarla: corría el año 2001. Al rector Freddy Malpica, de la Universidad Simón Bolívar, se le vencía el periodo. Chávez le había puesto el ojo a la USB, sin lugar a dudas, una de las mejores del país. Y como él creía que el país le pertenecía, se dispuso a adueñarse de la universidad.

Con la excusa de que “los pobres no entraban a la Simón Bolívar”, y que iban a cambiar esa injusticia, en el año 2000 nombró miembro del Consejo Superior de la USB a un señor de quien se decía –no me consta– que había sido expulsado de la misma porque siendo estudiante le faltó el respeto al rector Mayz Vallenilla con unos gráficos que había publicado en una o varias carteleras. Que luego de eso obtuvo una beca Gran Mariscal de Ayacucho y se graduó en los Estados Unidos, pero a su regreso se volvió chavista militante y estaba dispuesto a “tomar” la universidad para ser su presidente.

La verdad es que jamás he entendido esa teoría de igualar para abajo: si quieren que los pobres entren a la Simón Bolívar –hecho que por demás me parece justo y deseable– no es bajando el nivel de exigencia de la universidad, sino subiendo la calidad de educación de los liceos o haciendo, como hizo Enrique Planchart, programas de nivelación académica. Pero ese no es el tema de este artículo.

Soledad Morillo Belloso y yo pertenecíamos a la Red de Veedores que Ruth Capriles había fundado en la UCAB. Comenzamos con el tema electoral, pero cuando el tema del Decreto 1011, del “Estado docente” y los cambios radicales que pretendían hacerse en educación comenzaron a ser más que una amenaza, nos pasamos a la veeduría educativa. Llamarlo “veeduría” es un decir. Pateamos “calle pareja” con el Decreto 1011. Y estábamos activas, pendientes de los cambios antidemocráticos que pretendían imponernos.

La entrada del susodicho representante de Chávez al Consejo Superior de la USB encendió nuestras alarmas. Para la Simón Bolívar nos embalamos a empaparnos de lo que estaba sucediendo. Nos encontramos con que la abstención en las elecciones de autoridades y representantes estudiantiles era pasmosamente alta. Los científicos parecían estar interesados en asuntos menos prosaicos. Ir a votar definitivamente no estaba entre sus prioridades. Pero había que moverlos si no querían perder la universidad.

Fue así como dos jóvenes soñadoras, pero con los pies muy bien puestos sobre la tierra, ninguna de las dos USBistas, por cierto (Soledad es comunicadora social de la UCAB y yo, ingeniero de sistemas de la Unimet) asumimos la tarea de convencer a estudiantes y profesores de la necesidad imperiosa de participar en las elecciones. Fuimos a todas las asambleas… Podemos decir con orgullo que a las primeras convocadas asistió muy poca gente, pero las últimas estaban a reventar. Visitamos salón por salón. Nos instalamos en el cafetín a hablar con quien nos quisiera escuchar. También en la puerta de la biblioteca. Repartimos volantes en la entrada de la universidad. Y las elecciones las ganó Pedro María Aso para el periodo 2001-2005. ¡Salvamos la universidad!

El pasado jueves el CNU, Consejo Nacional de Universidades, convocó a una reunión virtual –un consejo extraordinario– para presentar nombres y hablar sobre la designación del nuevo rector, dado que el rector Enrique Planchart falleció el pasado 27 de julio.

Como era virtual y para nadie es un secreto lo fatal que están las conexiones a Internet en Venezuela, faltaron los rectores de la Universidad de Carabobo, la del Táchira y la UPEL. Los rectores de la UCV (Amalio Belmonte en representación de Cecilia García Arocha), ULA (Mario Bonucci), LUZ (Judith Aular de Durán), UNEXPO (Rita Añez) salvaron sus votos y consignaron por escrito el razonamiento de sus votos salvados. Unánimemente coinciden en que el procedimiento fue irregular de toda irregularidad, empezando porque ni siquiera estaba supuesto elegir al nuevo rector en esa reunión y no solo eligieron al rector, sino también a los dos vicerrectores.

Mi llamado es a la comunidad USBista en general: tienen que hacer escuchar su voz y plantarse ante esta nueva ignominia con la que el régimen pretende rematar con una estocada mortal a la Universidad Simón Bolívar. Si dos jóvenes pudimos parar la locura en 2001, me imagino que una comunidad de tantos alumnos, profesores y egresados podrá exigir que se convoquen elecciones según lo estipulado en la Ley de Universidades y no según el capricho de unos consultores jurídicos que interpretan las leyes a la conveniencia de sus jefes. Ustedes tienen el apoyo de la academia a lo largo y ancho del mundo, ¡busquen esa columna! Y, además, cuentan con el respeto del país. ¿Qué están esperando?

Hasta el momento que escribo este artículo, viernes 17 de septiembre en horas de la tarde, las mejores respuestas que he recibido de los USBistas que conozco han sido tibias: “vamos a ver qué hacemos”; “nos estamos organizando”. Las demás, lejanas e indiferentes: “somos científicos, nuestras armas son las computadoras y el pizarrón”; “soy ratón de laboratorio, no político”, y la peor: «es que han sido muchos años de coñazos y estamos desesperanzados».

¿Van a poner su alma mater en bandeja de plata al régimen?… Creo entonces que huyo por la derecha y me retiro lentamente, con mucho dolor…

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Venezuela en blanco y negro, por Carolina Jaimes Branger
Los testaferros, aguantadores y cómplices están a lo largo y ancho de toda nuestra geografía. Contra el cáncer del chavismo no hay quimioterapia que pueda

 

@cjaimesb

Son unos valientes quienes deciden emprender o seguir trabajando en Venezuela. Por eso los apoyo a través de mi programa de radio y mis redes. Sus vidas son una dificultad detrás de otra. Un chalequeo constante de parte de las autoridades y cuando digo autoridades me refiero a TODAS. Desde el Seniat, pasando por el Inpsasel, las notarías, los registros, el Saime… Y como si eso fuera poco, también tienen que lidiar con los cuerpos de seguridad del Estado.

La industria y el comercio viven su peor momento de nuestra historia republicana. Peor que en el siglo XIX, básicamente porque en el siglo XIX los corruptos estaban solo en la cúpula gubernamental. No es esta historia de hoy donde hay corruptos en todas partes. Y no solamente dentro del régimen. Los testaferros, aguantadores y cómplices están a lo largo y ancho de toda nuestra geografía. Aun cuando salgamos de Maduro y su combo y la economía refleje un repunte importante, quedará el destrozo moral de nuestra sociedad, que quién sabe cuánto tiempo tomará reconstruir, si es que se reconstruye.

Por eso admiro todavía más a nuestros emprendedores, empresarios y comerciantes honestos. Leer sobre los “negocios” de Alex Saab en Venezuela produce escalofríos.

Toda la maquinaria del Estado venezolano se puso a su servicio para acompañarlo a delinquir. La gente que ha muerto de hambre, mengua y enfermedades fueron asesinadas por él, sus cómplices y gente como él. ¡Y estos comunistas se regodean hablando de que trabajan por y para el pueblo! Llegaron, encontraron, mal administraron y se robaron un dineral que, en apariencia, no tenía dolientes: el Estado venezolano.

Pero si ya llegamos al punto de no retorno… como ese dinero no va a ser devuelto, ¿por qué tomarla en contra de quienes sí trabajan? Esta triste pregunta tiene una respuesta aún más triste: porque como los sueldos de la administración pública son de miseria, el régimen se hace el ciego ante los abusos de autoridad, cobros de peajes, chantajes, sobornos y otras especies delincuenciales que sus empleados aplican para “redondearse” el quince y el último. Y esos “redondeos” son cada vez mayores. A un amigo cercano el Inpsasel le está cobrando un “arreglo” de tres veces más de lo que produjo durante todo el año pasado.

Encima, quienes producen artesanalmente tienen como principales enemigos a los enchufados dueños de bodegones. Mientras estos últimos importan exentos de impuestos, los guerreros que siguen adelante a pesar de todo tienen que pagar no sólo impuestos, sino las matracas de la administración pública. Eso también es una violación a los derechos humanos, pero ¿a quién le importa, sino a los dolientes y sus círculos cercanos?

Y la guinda del postre es que cuando llevan su mercancía a uno de esos bodegones -productos de excelente calidad y primorosa presentación- los despachan con un “aquí solo vendemos productos importados”. Contra el cáncer del chavismo-madurismo no hay quimioterapia que pueda…

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