Carolina Jaimes Branger, autor en Runrun

Carolina Jaimes Branger

La “baTuti” de Dudamel, por Carolina Jaimes Branger
Gustavo Dudamel regresó con la batuta en la mano. “Te la regalo”, le dijo. “Ya tienes con qué dirigir y yo te quiero ver dirigiendo”. La emoción de Tuti y de todos los que estábamos allí fue inconmensurable

 

@cjaimesb

La vida de las personas discapacitadas no es fácil. Y de las que tienen discapacidad intelectual, menos todavía. Y cuando la discapacidad es doble, física e intelectual, ni hablar.

Sin embargo, y hablo por el caso de mi hija Tuti, las carencias las suple con las fortalezas que vienen, básicamente, del amor que recibe en la casa. Y de quienes, aun sin tener un parentesco por consanguinidad, también tienen la generosidad, la paciencia y la comprensión de dárselo. Tuti, para hablar en singular, tiene una fuerza de voluntad que asombra. Todo, hasta lo más simple, le cuesta, pues tanto su motricidad gruesa como la fina las tiene muy comprometidas. Todo lo que para alguien “normal” es una conducta automática –como abrocharse un botón, subirse un cierre, o peinarse– para ella es un logro. Y así transcurre su vida, de pequeños logros en pequeños logros.

A Tuti le encanta la música. Desde pequeñita ha escuchado desde óperas de Wagner hasta música popular. Le fascina cantar, y le cuesta muchísimo, pero trata, trata y trata. También tiene un profesor maravilloso, Néstor Zavarce, quien la ha estimulado y ha explotado sus potencialidades en esa área, que, dicho sea de paso, son bastante escasas. Lo importante es que Tuti tiene una autoestima por la estratosfera y siente que es capaz de lograr todo lo que se propone.

Desde que comenzó la pandemia, decidió que ella quería aprender a dirigir una orquesta. Cada vez que ve a su amiga Elisa Vegas le dice que ella quiere que la enseñe a hacerlo. Y en su tableta pone videos de Gustavo Dudamel, quien también es su amigo, y dirige viéndolo.

Desde hace una semana estamos en Barcelona, España, visitando, después de tres largos años sin verla, a mi hija Sofía, la hermana menor de Tuti. El martes pasado se presentaba Gustavo Dudamel, en un proyecto de hermanamiento entre Ópera National de Paris y el Gran Teatre del Liceu, dirigiendo la Novena sinfonía de Mahler. Tuti y yo fuimos invitadas por Gustavo. Sencillamente sublime. No me alcanzan las palabras para describir lo que fue aquello. Y el público del Liceu, que no es de aplauso fácil, se puso de pie a ovacionarlo durante unos quince minutos.

Luego fuimos a saludarlo y a felicitarlo. Él siempre tan cálido y encantador, nos abrazó a ambas y se interesó por saber cómo nos había ido durante el tiempo que no nos habíamos visto. Tuti, ni corta, ni perezosa, le dijo que ella quería ser directora de orquesta. Yo le expliqué que muchas veces ella busca sus videos y se pone a dirigir, imitándolo. A Gustavo aquello le pareció fantástico. Tan fantástico que le dijo: “te voy a regalar mi batuta… quédate aquí que ya vengo”.

Al cabo de un par de minutos, regresó con la batuta en la mano. “Te la regalo”, le dijo. “Ya tienes con qué dirigir y yo te quiero ver dirigiendo”. La emoción de Tuti y de todos los que estábamos allí fue inconmensurable. Hubo hasta quien lagrimeó. Ella lo abrazó, emocionada y agradecida. Él regresó a buscar el estuche para guardarla. Salimos del Liceu exultantes de felicidad.

Vídeo: MI HIJA TUTI Y GUSTAVO DUDAMEL, REGALÁNDOLE SU BATUTA | Canal en Youtube de Carolina Jaimes Branger

Puse los videos y las fotos en mi Instagram y mi amigo, el humorista Gilberto González, tuvo la genial idea de decirle que en sus manos ya no era una batuta, sino una “baTuti”. Eso le encantó, y a todo el mundo que ve le cuenta que ella tiene una “batuti”.

Hacer feliz a alguien con discapacidad es muy fácil. Solo hay que echar mano del corazón. Gracias, Gustavo, por ese maravilloso regalo.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La globalización del caos, por Carolina Jaimes Branger
El que roba sin que lo descubran es un ‘»vivo’, el que no roba por honesto es un ‘imbécil’. Los enchufados son halagados porque aquí el dinero lava todo

 

@cjaimesb

El DRAE define globalización como la «tendencia de los mercados y las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales».

Para unos, la globalización es la etapa actual del capitalismo, del neoliberalismo salvaje y las privatizaciones. Para otros, es el producto de las transacciones entre fronteras de bienes y servicios para beneficio de la humanidad.

Sobre este tema, quiero compartir con ustedes una conclusión a la que llegué hace años y que me llamó a reflexionar:

Conversaba con el doctor Ramón J. Velásquez sobre mi hija Sofía. Le contaba yo que descubrí con horror que cuando Sofía tenía tres años, creía que la gente se moría porque la mataban. No sabía sobre la muerte natural. ¿De dónde sacó tan espantosa conclusión?… Decía “cuando nos maten a todos…” Por supuesto, solo tenía que encender la televisión para ver las noticias de los asesinados a diario. O jugar algún juego de video donde un muñequito muy cuchi mata sin piedad a cualquier otro muñequito cuchi.

Me comentaba el doctor Velásquez lo difícil que resulta en estos tiempos (y eso fue hace casi veinte años, ahora es peor) educar a los muchachos, por la constante y extendida exposición a los mensajes contradictorios a los que están sometidos. No solo son las películas y juegos de matazones, en donde los muertos no parecen tener dolientes, donde las tragedias familiares simplemente no existen, por el contrario, se hace apología de las acciones de un antihéroe, que, presentado como un héroe, dispara a diestra y siniestra para lograr su objetivo. También es dejar por sentado que el fin justifica los medios, no importa cuán inmorales, violentos y desgarradores estos sean.

«¿Te has dado cuenta de que también se está globalizando el caos?», me preguntó el doctor Velásquez. ¡No sabe él cuánto lo recuerdo!

Es muy difícil educar porque los valores «de la casa» son los antivalores «de la calle». Cuando en la casa se exalta la excelencia, en la calle prevalece la mediocridad. A los buenos estudiantes se les tacha de «gallos». Los hostigadores pareciera que siempre se salen con la suya. Los índices de suicidio infantil y juvenil no hacen otra cosa que subir. Quienes no dicen groserías cuando hablan son «pendejos». Los niños malcriados pueden molestar a quienes tengan la desgracia de cruzarse en sus caminos, porque los padres aducen que, si los regañan, los «traumatizan». Pero si son los padres quienes resultan ser molestados, «majan a palo» a los niños. El que roba sin que lo descubran es un «vivo», el que no roba por honesto es un «imbécil». Los enchufados son halagados porque aquí el dinero lava todo. Compartir con la familia es una «raya».

Pero mientras más extraños y excéntricos sean los amigos, la cosa está «full buena». Burlarse de los demás y hacer chistes a costa de enfermedades o discapacidades está de moda. Preocuparse por algo es «perder el tiempo», porque «la vida es una sola, y hay que disfrutarla».  Y esto no sucede solamente en Venezuela. Es en América Latina, en América del Norte, en Europa, en Asia, en África y Australia. Héroes son quienes logran ir contracorriente. Espero que todavía haya muchos héroes dispuestos a luchar por los valores.

En estos momentos, sobrepasan las fronteras los mercados, los bienes y los servicios. También las modas, las tendencias, las redes sociales. Y, además, el caos.

¿Habrá tiempo de detener su globalización?

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Isabel II, la reina del deber cumplido, por Carolina Jaimes Branger

Foto de la reina Isabel II en el tuit donde la familia real, @RoyalFamily, anuncia su muerte.

Entiendo el pesar que siente hoy el pueblo británico. Ha muerto una gran reina, una gran mujer y un ser humano con principios éticos y morales

 

@cjaimesb

Con la muerte de Isabel II muere también una época. Fueron más de setenta años en el trono durante los cuales vio desde devastadoras guerras, actos de terrorismo y terribles hambrunas en la tierra, hasta las sondas espaciales que investigan el Universo. También fue testigo de maravillosas proezas en las artes y la cultura en general, y conoció a los contemporáneos más famosos de su tiempo.

Soy absolutamente republicana. Me parece que las monarquías están fuera del contexto histórico actual. Que el “derecho divino de los reyes” no es más que un resabio medieval. Pero lo cierto es que, a la gente, en su mayoría, le encanta la realeza. Es más, en los países donde no existen reyes, hay un sector que pasa a ocupar sus puestos, como es el caso de los artistas de cine en los Estados Unidos.

Isabel II no nació para ser reina: tuvo que aprenderlo cuando, a los diez años, su tío Eduardo VIII, con menos de un año en el trono, abdicó para casarse con una mujer divorciada dos veces. Y ella pasó a ser la princesa heredera. Dicen que jamás le perdonó a su tío el que hubiera renunciado a la Corona. Primero, porque su padre, a quien le tocó ser rey sin estar preparado, tenía además una salud frágil porque fumaba muchísimo (murió a los 56 años de cáncer de pulmón) y ella se lo achacó a la carga del reinado. Segundo, porque su sentido del deber fue más allá de su responsabilidad moral toda su vida.

Justamente, en su padre, Jorge VI, tuvo un gran ejemplo de lo que es ser un gran rey. Él rescató a la Corona inglesa después de la terrible crisis que supuso la abdicación de su hermano y acompañó al pueblo inglés durante la II Guerra Mundial. Le sugirieron que abandonara Londres junto con su esposa e hijas “a un lugar más seguro” y decidió que se quedarían, como todos los demás londinenses. Visitó con frecuencia los lugares bombardeados –hasta el mismo Palacio de Buckingham lo fue– y su esposa e hijas trabajaron como enfermeras de la Cruz Roja.

En 1952 Isabel hereda el trono. Desde ese mismo momento su hacer se caracterizó por una conciencia motivadora de absoluta responsabilidad ética. Tuvo que tragarse las infidelidades de su marido, el estar lejos de sus hijos pequeños, el tener una vida familiar “normal” porque ella era la reina y el deber la llamaba. Así fue siempre. Cumplió al pie de la letra sus obligaciones y no le tembló el pulso cuando tuvo que tomar decisiones que afectaban a sus seres más queridos, como negarle el permiso a su hermana Margarita para casarse con Peter Townsend, enviar a su hijo Carlos lejos para que no se casara con Camilla Shand, su actual esposa y reina consorte, y soportar estoicamente los escándalos de su familia. El último, las acusaciones de pederastia contra su hijo Andrés.

Isabel II fue una mujer trabajadora, puntual, responsable. Apenas dos días antes de fallecer, recibió a la nueva primera ministra, Liz Truss. Es decir, murió con las botas puestas. Fue indoblegable cuando tuvo que serlo, dura, muy dura, tal vez con no mucha inteligencia emocional, pero brillante en su desempeño como monarca. Fue un apoyo invalorable para todos sus primeros ministros, aunque no hubiera estado de acuerdo con sus decisiones.

Entiendo el pesar que siente hoy el pueblo británico. Ha muerto una gran reina, una gran mujer y un ser humano cuyos principios éticos y morales siempre estuvieron presentes en sus pensamientos y sus acciones. Y en el mundo de hoy, eso constituye el activo más grande.

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¿Rodilla en tierra? ¡Hoy menos que nunca!, por Carolina Jaimes Branger
Escribo esto para enviarle mi admiración a un valiente como Ely Paredes. Y para apoyar a quienes protestan con todas las razones para protestar

 

@cjaimesb

En 2020, Caigüire, en nuestro Estado Sucre, era un pueblo olvidado, como Macondo. Estaba viviendo, como tantos otros pueblos en Venezuela, sus años de soledad. 

Caigüire es de esos lugares donde tal vez se pueden llegar a ver “mujeres vestidas de oro montadas en el cogote de un elefante, un dromedario triste o un oso vestido de holandesa” si llegara a pasar un circo. Pero ya el circo no pasa, si es que alguna vez pasó. Porque en Caigüire llevaban meses sin gas, ni agua potable. Por eso en el sector Virgen del Valle II, donde viven aproximadamente 50 o 60 familias, el pueblo decidió trancar la carretera que lo comunica con Cumaná, que está a unos 3 kilómetros de distancia.

Un medio de comunicación recogía la protesta. Una oportunidad de oro, porque se esperaba que el régimen lanzara la orden de “prohibido protestar”. Ya sabemos que quienes protestan son cada vez más perseguidos, hostigados y hasta hechos presos.

En el video recogido, uno de los habitantes, el señor Ely Paredes, comienza a explicar por todo lo que están pasando, pero decide darle la vocería a un líder comunitario que se acerca. Este toma toma el micrófono y dice “señor gobernador, señor alcalde, aquí está todo un pueblo, rodilla en tierra con la revolución”. Entonces el señor Ely Paredes, furioso, lo interrumpe, lo aparta del micrófono y le dice “¡Aquí no estamos nada rodilla en tierra!”. El “líder” trata de explicar que están “aguantando”, pero Paredes no puede de la indignación y se le planta por delante: “¡No, no, no y no! ¡Aquí no estamos nada rodilla en tierra! ¡Aquí estamos muertos de hambre y sin gas! ¡Aquí no estamos ningún rodilla en tierra, compadre, fuera de aquí! ¡Váyase con su política para otro lado! Aquí nosotros necesitamos que nos resuelvan esta vaina. Un rodilla en tierra, un rodilla en tierra y el mismo peo de siempre. Siga su camino, hermano, y disculpe lo malo”.

En efecto, ¡qué rabia debió darle que teniendo quizás una única oportunidad de denunciar por lo que están pasando, llega el supuesto líder y lo que dice es que están “rodilla en tierra”, que aparentemente es la única manera que tienen para que los revolucionarios les hagan caso! ¿Hasta cuándo nuestro pueblo va a tener que soportar tantas humillaciones?

La respuesta a esa pregunta está en el mismo video: soportarán hasta que un Ely Paredes se les pare enfrente y diga lo que él dijo. “Nosotros estamos afectados y hasta que no se presente el gobernador vamos a trancar la carretera. Aquí hay niños pequeños y no tenemos cómo cocinarles, ni cómo hervirles un agua, no tenemos agua potable ¡y viene este líder comunitario a ponernos rodilla en tierra!, ¿qué vaina es esa, pues? Aquí estamos, ¡la gente está arrecha!”.

Acto seguido se quita la gorra y el tapabocas: “¡Esto es para el gobernador! ¡Véame la cara bien, mi nombre es Ely Paredes, en la defensa de la comunidad Virgen del Valle II! ¡Y yo no estoy rodilla en tierra con nadie, porque nadie está rodilla en tierra con esta verga. ¡Aquí los únicos que están rodilla en tierra son estos pendejos, que siempre están rodilla en tierra y siempre están jodidos, nojoda!”.

Escribo esto porque recientemente vi el video. Para enviarle mi admiración a un valiente como Ely Paredes. Y para apoyar a quienes protestan con todas las razones para protestar, porque hoy en día, mientras más justa es la protesta, más dura es la represión. ¿Será verdad que los pueblos condenados a vivir cien años de soledad no tienen otra oportunidad sobre la tierra, o finalmente los venezolanos nos vamos a quitar las gorras y los tapabocas y todos al unísono gritaremos “¡Aquí los únicos que están rodilla en tierra son estos pendejos, que siempre están rodilla en tierra y siempre están jodidos, nojoda!”?…

Vídeo: ¿POR QUÉ Y POR QUIÉN LLORA EL VENEZOLANO?.SENTIMIENTO Y REALIDAD DE UN ARTESANO ORIENTAL:ELY PAREDES | Napoleón Bravo

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Algo lindo, para alegrarnos, por Carolina Jaimes Branger
Venezuela está llena de bellas historias que hace falta conocer, porque se nos olvida que alguna vez vivimos una vida normal, tranquila y feliz

 

@cjaimesb

En memoria de mi amigo Rolf Becker, quien hace años compartió conmigo esta bella historia.

Venezuela está llena de bellas historias que no se conocen, como esta que les voy a narrar. Hace falta conocerlas, porque nuestro día a día está tan lleno de horrores, que se nos olvida que alguna vez vivimos una vida normal, tranquila y feliz, y, sobre todo, que podemos volver a vivirla. Que tenemos derecho a volver a vivirla.

El doctor Hans Becker fue un geólogo alemán, profesor de la Universidad de Leipzig. Era abiertamente contrario a los gobiernos dictatoriales, y el de Hitler no fue la excepción. De manera que el régimen nazi lo despidió.

En 1936 asumió la cátedra de Geología en la Universidad de Nanking en China. Allí nació Rolf, su primer hijo. Como ya había estallado la guerra chino-japonesa, Becker consiguió trabajo en la petrolera Socony Vacum, en Nueva York. Pero en aquellos días las cuotas de inmigración para ciudadanos chinos estaban copadas y Rolf no podía permanecer durante largo tiempo en el país, por lo que la empresa envió al Dr. Becker a Venezuela, donde llegó en el año 1939 con su esposa Hertha y el pequeño Rolf. Se radicaron en el campamento de la Socony Vacum en Pariaguán.

Los siguientes años fueron años felices. El Dr. Becker trabajaba, Rolf crecía y Hertha se dedicaba a la comunidad. En abril de 1943 nació Erik, el segundo hijo. Pero la desgracia tocó la puerta de la familia: el doctor Becker contrajo paludismo, se le complicó con una infección renal y falleció en agosto de ese mismo año. Para remate, la casa donde vivían se quemó.

Hilde Halle era una señora judía que había tenido que dejar sus estudios de medicina en Alemania y trabajaba como enfermera en la medicatura rural de Morichal. Ella y Hertha Becker se hicieron amigas, a pesar de estar en pleno apogeo de la persecución de los judíos en Alemania.

Hilde Halle cruzó a nado un río crecido para acompañar y asistir a la señora Becker y a sus dos criaturas de 4 años y 8 meses. Los envió a casa de su madre en Caracas. Toda la familia y miembros de la comunidad judía ayudaron a la señora Becker y a sus pequeños. Esa ayuda desinteresada y noble les permitió salir adelante.

La señora Becker crio a sus hijos bajo la premisa de prestar ayuda sin mirar a quién. La lección se sigue transmitiendo a los nuevos miembros de la familia, porque gracias a esos nobles judíos, Rolf, ya fallecido, y su hermano Erik han sido exitosos profesionales y valiosos venezolanos.

Y es que afortunadamente para todos, por encima de los odios, las mezquindades y las bajezas, los sentimientos elevados siempre se levantan para dar a la humanidad la esperanza de que vale la pena seguir adelante, anhelando y difundiendo el bien.

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¿Qué es lo “normal”?, por Carolina Jaimes Branger
En un supuesto mundo de 100 personas, lo ‘normal’ sería ser hombre o mujer, asiático, menor de 65 años, cristiano, sin título universitario y sin conexión a Internet

 

@cjaimesb

El mundo cada vez está más polarizado. Las diferencias entre sus habitantes, en vez de respetarse, aceptarse y celebrarse (sí, celebrarse, un mundo de gente igual sería infinitamente fastidioso), se hacen mayores cada día que pasa. La intolerancia se abre paso y se impone. Se forman grupos que se autodenominan “normales” para excluir a quienes no son iguales. ¿Y por qué? Porque -supuestamente- los “normales” son ellos.

¿Qué significa “normal”? Acudamos al diccionario de la RAE:

  1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural.
  2. adj. Habitual u ordinario.
  3. adj. Que sirve de norma o regla.
  4. adj. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

Lo contrario de la normalidad es lo “anormal”. Volvamos a la RAE:

  1. adj. Que accidentalmente se halla fuera de su natural estado o de las condiciones que le son inherentes.
  2. adj. Infrecuente
  3. m. y f. Persona cuyo desarrollo físico o intelectual es inferior al que corresponde a su edad. Usado frecuentemente como insulto o en sentido despectivo.

En 2014, la fundación 100people.org realizó en estudio donde llevaba el mundo actual, con sus 7.400.000 millones de habitantes, a una escala de 100 personas. ¿Cómo sería el mundo si solo hubiera 100 personas? Los resultados son interesantes, cito algunos:

  • 50 serían mujeres, 50 serían hombres. De ellos, 25 serían niños, por lo tanto, habría 75 adultos, 9 de los cuales tendrían 65 años o más. 60 de ellos serían asiáticos, 16 africanos, 14 provendrían de las Américas y 10 de Europa. En cuanto a las religiones, 31 serían cristianos, 23 musulmanes, 16 serían agnósticos o ateos, 15 serían hindúes, 7 budistas y 8 personas practicarían otras religiones.
  • Vamos con las lenguas: 12 hablarían chino, 6 español, 5 inglés (sí, más personas hablan español que inglés), 4 hablarían hindi, 3 árabe, 3 bengalí, 3 portugués, 2 en ruso, otros 2 en japonés y los 60 restantes hablarían otros idiomas.
  • 86 sabrían leer y escribir, 14 no. 7 tendrían un título universitario y 40 tendría una conexión a Internet.
  • 78 personas tendrían un lugar donde albergarlas del viento y la lluvia, pero 22 no.
  • 1 estaría muriendo de hambre, 11 estarían desnutridos y 22 tendría sobrepeso.
  • 91 tendrían acceso a agua potable segura y 9 personas no tendrían agua limpia y segura para beber.

De manera que el concepto que la mayoría tiene de “normal” cambia radicalmente. Porque en este supuesto mundo de 100 personas, lo “normal” (la norma) sería ser hombre o mujer, asiático, adulto, menor de 65 años, cristiano, parlante de un idioma distinto a los considerados más hablados, sin título universitario y sin conexión a Internet.

Cuando mi hija y yo visitamos pueblos de la China profunda, éramos las únicas occidentales y había gente que jamás había visto un occidental de carne y hueso. Las “anormales” éramos nosotras, aunque nos trataron muy bien y muchos se tomaron fotos con nosotras. Desde otra óptica, si pensamos en la Alemania de los años 1932 a 1945, lo “normal” era ser nazi. ¡Qué horror!

De manera que, antes de asociarse a un grupo que segregue a otros por ideas, raza, edad, orientación sexual, religión, educación y otras categorías, empiece por preguntarse qué es lo “normal”. Le aseguro que se sorprenderá.

Lo “normal” debería ser no discriminar. Los niños no discriminan… aprenden a hacerlo en sus casas. Y como dice una popular canción de Bobby McFerrin, “Don´t worry, be happy”. Mejor no preocuparse por lo que hagan, piensen o cómo actúen los otros, vivir la vida intensamente y tratar, en la medida de lo posible, de ser felices…

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Claudio Nazoa en AVESID, por Carolina Jaimes Branger
Gracias, querido Claudio, por tu presencia en el Campamento de Verano de AVESID 2022. Como mamá, hablo en nombre de todas, agradecemos tu solidaridad, tu bonhomía, tu calidez

 

@cjaimesb

Claudio Nazoa es mi amigo desde hace muchos años. Pero desde que conoció a mi hija Tuti, que es una joven con discapacidad, se hizo más amigo de ella que mío. En diciembre pasado le escribió un cuento de Navidad bellísimo, que, si no lo vieron en aquel momento, vale la pena que lo lean ahora, pues además de ser hermoso, está lleno de cariño y alegría: El secreto de Tuti. ¡Cómo se nota que, a pesar de las dificultades económicas, del exilio y tantos otros escollos que pasó en su infancia, Claudio es un hombre que creció rodeado de amor, la condición más importante para que un ser humano se convierta en un adulto sólido, solidario y alegre!

Tuti comparte con sus amigos de AVESID, la Asociación Venezolana para el Síndrome de Down. Acaban de terminar un campamento de verano donde gozaron como locos, porque hicieron una cantidad de actividades lúdicas y divertidas y tuvieron la oportunidad de estar juntos después de más de dos años de encierro y de verse solo vía Zoom. Fueron al Parque del Este varias veces, a El Ávila, donde visitaron Los Venados y Galipán; aprendieron cómo se preparan los bombones de chocolate en Chocolates El Picacho. Estuvieron en la Torre Zurich de El Rosal, donde, en una oficina habilitada para esas actividades, elaboraron bellísimos trabajos manuales. El día cuando escribo este artículo fueron a Virtus Next, el espacio de realidad virtual en Los Galpones de Los Chorros.

Unos días antes, Tuti les había contado a sus amigos que Claudio había estado en su casa y que había cocinado rico. Les mostró el video de ellos dos juntos, donde Claudio le decía “me duele la cara de ser tan bello” y ella se moría de la risa y le decía que él no era bello, sino loquísimo. Todos querían conocer en persona a Claudio, porque lo saben quién es y sobre todo recuerdan su eslogan “¡Coooman hueeevos!”. Entonces, Tuti, ni corta, ni perezosa, lo invitó a que viniera el último día del campamento para que compartiera con ellos.

Claudio se iba para Margarita a las tres de la tarde y en la mañana temprano tenía cosas que hacer, sin embargo, me dijo “Yo voy seguro. Tal vez no sea un rato muy largo, pero para mí es un privilegio que Tuti me haya invitado. No me lo pierdo por nada en el mundo”.

Claudio Nazoa con Tuti
Claudio Nazoa con Tuti

Llegamos a las 11:30 a. m. a Los Galpones. Tuti estaba exultante de que su amigo hubiera venido y le fue presentando a cada uno de sus amigos. Claudio fue saludándolos uno por uno, se tomó fotos con ellos (¡con las mamás también!) y bailaron todos juntos frente a una enorme proyección donde las imágenes les indicaban los pasos de baile. La emoción de esos muchachos fue indescriptible. Y quedaron en que se van a volver a reunir para que Claudio les enseñe a hacer golfeados. Ya no es solo Tuti su amiga, ahora todos son amigos de él.

¡Cuánta empatía, cuánto cariño, cuánta alegría les trajo Claudio! Viéndolo compartir con ellos pensé en lo fácil que es hacerlos felices, pero lo difícil que es -en ocasiones- que quien puede hacerlo se aperciba de ello. Fue un regalo tenerlo con nosotros y él se llevó, a su vez, el mejor regalo que se pueda recibir: el afecto inocente y auténtico de jóvenes que no tienen un ápice de interés, ni de malicia.

Gracias, querido Claudio, por haber logrado con tu presencia que el Campamento de Verano de AVESID 2022 haya cerrado con broche de oro. Como mamá, y hablo en nombre de todas, agradecemos tu solidaridad, tu bonhomía, tu calidez. Gracias por entender las diferencias y hacerlas parte de ti.

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¿Acaso esas fotos son cultura?, por Carolina Jaimes Branger
Por este medio me sigo quejando. Me perdonan: una catajarria de fotos de José Vicente Rangel en el Teatro César Rengifo no sirve para “experimentar con la cultura”

 

@cjaimesb

El pasado jueves fui invitada con otros periodistas a visitar el casco colonial de Petare. Una caminata deliciosa, con historias muy bien contadas, un guía maravilloso y un grupo muy divertido, con la excelente disposición de pasarla bien. Casi todo fluyó perfecto, incluyendo el aguacero final que se desató cuando ya estábamos en el autobús que nos traería de regreso al lugar de reunión. Y digo “casi”, ya les contaré por qué.

Visitamos la plaza Sucre, una de las poquísimas en Venezuela donde la plaza principal no es la Plaza Bolívar; la iglesia del Dulce Nombre de Jesús (que es el nombre completo de Petare), donde pudimos admirar dos cuadros del gran Tito Salas y los bellos altares, tanto el mayor como los de las naves laterales. Caminamos por las calles empedradas, subimos por el llamado “Callejón Z”; admiramos las casas construidas una al lado de la otra, algunas puertas artesonadas y las ventanas de madera y hierro forjado.

Vimos una mata de bledo (o pira, o amaranto) y nos enteramos de que el nombre “Caracas” era el que los indígenas le daban a esa planta, que crecía por todas partes. Entramos a la casona de la Fundación Bigott, una auténtica joya de la arquitectura estilo colonial y apreciamos su acervo de conservación y difusión de la cultura popular.

Subimos a ver la preciosa capilla de El Calvario, la callecita de los paraguas (sí, Petare también tiene su calle con paraguas), los faroles, las estrechas callecitas. Llegamos al Museo Bárbaro Rivas donde fuimos recibidos por su directora, Carmen Sofía Leoni. Allí disfrutamos de dos nuevas exposiciones y de la colección permanente. Terminamos el periplo comiendo “golfiaos” en “Petare entre tiempos” de Fran Suárez, los golfeados originales y, sobre todo, exquisitos.

Dije empezando este artículo que casi todo fue perfecto. “Casi”, porque cuando entramos al Teatro César Rengifo, regentado por la Fundación José Ángel Lamas, quedé en shock cuando me vi literalmente rodeada de fotografías de José Vicente Rangel Vale. De todos los tamaños, unas en colores, otras en blanco y negro, vestido formalmente, otras con sus icónicos suéteres, de todas las edades de su vida pública, que fue bien larga… No solo estaban dispuestas en el lobby de entrada al teatro: dentro de la sala había también fotos. Pero de César Rengifo, no había ni una. Me quejé. Me explicaron que había habido un acto en memoria de José Vicente la semana anterior y que “las habían dejado ahí”. ¿Hasta cuándo?, me pregunto. Nadie sabe… es el padre del alcalde.

Me quejo de que con tanta precariedad que hay -sobre todo en Petare- se gaste un dineral en hacerle un “homenaje” a José Vicente Rangel Vale, un individuo polémico, temido por muchos, admirado por algunos, rechazado por la mayoría. Ahí mismo, a unas cuadras de distancia apenas, está el Hospital Pérez de León donde esa inversión hubiera sido de ayuda para varias personas…

Cuando ya estaba en la calle, un periodista amigo me comentó que “alguien” dentro del teatro estaba preguntando quién era yo. Me devolví y les dije a quienes estaban “me llamo Carolina Jaimes Branger y sí, me estoy quejando de que estas fotos se encuentren aquí”.

Por este medio me sigo quejando. No hay derecho ni razón. Si esto no es abuso de autoridad… ¿qué lo es? El lema de la Fundación Lamas es “(somos) El espacio que da cabida a todos los que deseen experimentar con la cultura”. Me perdonan: una catajarria de fotos de José Vicente Rangel Vale no tiene absolutamente nada que ver con la cultura, ni sirven para “experimentar con la cultura”. A menos que las usen como soportes de base para pintar cosas encima y queden totalmente tapadas. Ahí les dejo una buena idea de qué hacer con ellas…

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