Juan E. Fernández, autor en Runrun

Juan E. Fernández

Tiempo de descuento, por Juan E. Fernández

@SoyJuanette 

Ya llevamos 100 días, y no estoy hablando de aquella novela protagonizada por Juan Minujín y Carla Peterson que se llamaba 100 días para enamorarse; aunque un poco sí, porque después de 100 días viviendo con alguien o terminas odiándole o amándole. En mi caso afortunadamente ya tengo una relación muy bonita con mi computadora, quien me acompaña las 24 horas sin quejarse y yo, para demostrarle mi amor, la desconecto en la noche para que descanse la pobre.

Pero hoy no les quiero hablar del affaire que tengo con mi computadora, sino más bien quiero usar este espacio para pedirle a los gobiernos del mundo, a la OMS, a la reina Isabel, a don Felipe y al papa, que nos den a todos “Un tiempo de descuento”.

Esto sería un acto de justicia. Hasta ahora nosotros cuidándonos y esforzándonos en no salir (a menos que seas gringo, brasilero o López Obrador), por lo que estaría muy bueno que los poderosos nos den al pueblo, al ciudadano de a pie algo en compensación por esos sacrificios que hacemos por la salud del mundo.  

Ojo, no se trata de una exigencia enardecida ni nada por el estilo. No es que ahora vamos a salir todos a las calles a manifestar, porque recuerden que no se puede, hay que cuidarnos. Pero sí creo que es un acto de justicia, así que les propongo una idea:

¿Qué les parece si este año cuando suenen las 12 campanadas el 31 de diciembre, nos hacemos los locos y hacemos como que no escuchamos?  Para hacérselas más clara ¿Por qué no nos descuentan este año?

Por ejemplo, yo el domingo cumplí 41 años y aunque mucha gente me felicitó yo no les contesté. No porque sea un grosero, o un mal agradecido, sino que preferiría que este año no me lo cuenten. Así que sigo teniendo 40 años.

Si a por ejemplo a tu hijo le correspondía graduarse este año, pues que siga estudiando y se gradúe el que viene, pero sin armar problema en el colegio ni nada. O si su jefe le pide algo “ASAP” (más rápido que Flash), usted busque la manera de hacerse el boludo (el guevón, para mis lectores de Colombia, Venezuela y Chile) y entrégueselo en 2021.

Yo, por ejemplo, estoy haciendo eso con las facturas de la luz, del agua y del gas, no estoy pagando nada; no porque sea un abusador o un aprovechado, sino porque me puse a pensar lo siguiente:

Y si el 2020 es una realidad paralela como Lost, y todo lo que está pasando en realidad no está pasando, entonces… ¿voy a tener que pagar la factura de la luz en aquella realidad y en esta? La verdad el sueldo no me da… Además ¿eso no sería un cobro doble? Porque yo estoy disfrutando la luz en esta realidad, así que el Juanette de la otra realidad que pague lo suyo.

La idea es hacerles creer a todos que seguimos en 2020, pero estando en 2021, o simplemente eliminarlo, hacer de cuenta que no pasó.

Muchas señoras entradas en años me darán la razón, porque así la hermosa costumbre de quitarse la edad no les creará culpa alguna.

Sé que los poderosos del mundo tardarán en contestar mi petición, porque si antes no trabajaban cuando se podía, imagínense cómo estarán ahora. Esa gente ni se levantará de la cama. Por eso les pido que cada uno haga una acción, la que quiera, para aportar su granito de arena y así logramos que nos terminen de descontar este año.

Ojalá no sea demasiado tarde…

 

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Recetas para madurar, por Juan E. Fernández

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette 

Estoy escribiendo estas líneas un domingo por la noche, pero no es cualquier domingo, sino el domingo del Día del Padre. Hace unos minutos tuve un show vía Zoom, y la verdad la remé en dulce de leche, porque es algo nuevo, y es jodido comenzar de nuevo ¿no es así?

Luego de cenar con mis hijos, Nico Amado (ese es el apellido de mi amigo Nico, aunque sí, le hace honor a su apellido pues todos le amamos), me pidió que grabara un video donde contara una anécdota graciosa con mi papá. La verdad es una tarea titánica, pues quienes conocieron a papá saben que era un tipo gracioso.

Luego de pensar en la anécdota graciosa, me acordé de las recetas que tenía mi padre para que un jovencito se convirtiera en hombre, madurara pues. Así que les contaré acerca de “Las recetas para madurar”.

Una frase recurrente que me decía mi viejo cuando me convertí en preadolescente era: “Juancho, tienes que madurar”. Para mi viejo madurar era hacer más trabajo manual y, ojo, no que dejara de leer, pero sí que le metiera más trabajo físico al asunto

Pero ¿hay alguna receta para acelerar la maduración? Según mi papá sí. Recuerdo que, cuando yo tenía 13 años, veía a mis amigos en el secundario presumir de sus tres pelos en la barba. Y yo me frustraba mal, porque no tenía ninguno. Así que acudí al único que me podía ayudar: Juan de la Cruz, mi papá, pues tenía una barba bastante poblada.

Fue ahí cuando me convertí en víctima de las recetas para madurar. El consejo de mi padre para tener una barba decente fue el siguiente: “Juancho, agarra la cáscara del plátano verde (no puedo escribir concha porque esto lo leen argentinos también, así que no insistan, no escribiré concha) póntela en la cara, y en unos meses te saldrá. Desde ese día, todas las noches, antes de dormir, lo hice religiosamente.

Y la verdad no me salió barba, pero capaz fue porque abandoné antes de tiempo. El tema es que a la semana ya el olor a platanal no se aguantaba en mi cuarto, así que desistí.

Pasó el tiempo y, cuando me mudé a Buenos Aires, decidí dejarme la barba. Recuerdo que, en una de esas videollamadas que hacía con papá cada noche, notó que me estaba dejando la barba y me dijo: “Me alegra no solo verte bien, sino saber que en Argentina también hay plátano verde y que has madurado”.

En otra ocasión, con esto de la madurez, papá le dijo a mi primo “Enriquito” (de 11 años en aquel entonces) que tenía que madurar, y que para hacerlo debía hacerse un sombrero con papel periódico, pues a los aguacates, para madurar, los envolvían en periódico… ¿Adivinen que hizo mi primo?

Bueno hasta aquí la columna de hoy. Y si por esas cosas del destino algún preadolescente lampiño llega a leer esto, aplique las recetas para madurar de “El viejo Juan”… Capaz usted, estimado joven, tenga más aguante que yo.

¡Feliz Día del Padre, papá!

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La nueva “anormalidad”, por Eduardo E. Fernández

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette 

Desde hace 100 días estoy en mi casa con mi pijama de unicornio puesta y escuchando el parte de contagios que, cada noche, nos dicen por las noticias. Yo que nunca fui muy amigo del ejercicio hasta me compré unas cuerdas para saltar, a lo Rocky, porque hay que hacer algo para mantenerme en movimiento.

Busco en la escritura una forma de hacer catarsis y tratar de ser gracioso. Porque, la verdad, con el stand up por Zoom no me siento cómodo. No sé, me cuesta eso de no poder ver al otro a la cara para saber si se la está pasando bien, o si cree que mi rutina es una cagada. Tal vez me da miedo descubrir que no soy tan gracioso como creen…

A mis amigos, algunos comediantes, les cuento lo que me pasa y me dicen: bueno “che”, que vuelva cuando tenga que volver. De eso se trata la nueva normalidad, hay que adaptarse.  

¿Qué es la nueva normalidad?

Pues, aunque todos crean que están a la moda usando este término, les cuento que es más viejo que Matusalén. Bueno, no tanto, pero sí es reviejo: la primera vez que se usó “nueva normalidad” fue el 18 de mayo de 2008, en Bloomberg News. En ese medio fue acuñado por los periodistas estadounidenses Rich Miller y Matthew Benjamin, tras la crisis financiera de aquel año. Sí, aquella de la burbuja inmobiliaria, donde los bancos le dieron más plata a la gente de la que podía pagar y se fue todo al carajo. Entonces vino Buffet y les prestó mucha guita; sí, esa misma.

También la usaron en China en 2012, cuando la economía se desaceleró (mucho antes de que Martín Liberman tomara sopa de murciélago).

Como ven, “nueva normalidad” es un término usado por los economistas, esas personas que han leído mucho, y que salen por televisión para explicarnos cómo se va todo al carajo. Pero no te dan una solución, básicamente porque no la saben. Los economistas son como ese amigo pesado que te hace spoilers y te cuenta el final de la serie. 

¿Qué es la nueva anormalidad?

Este término fue usado por primera vez en junio de 2020 por el comediante argenzolano “Juanette” (espero nadie me desmienta). La nueva anormalidad consiste en hacer creer a las personas de todo el mundo que las cosas que son completamente anormales en realidad no lo son, y que está bueno hacerlas.

Ahora bien, ¿cómo se instala en la sociedad? Pues para ir posicionando el término en el imaginario social, es fundamental que todos los días, en los medios de comunicación, aparezca un experto (si es un infectólogo mejor), diciendo lo siguiente:

“El mundo tal y como lo conocíamos antes de la pandemia ya no existe”, y es importante que lo diga viendo a la cámara y con un tono de voz tipo Alfred Hitchcock.

Es fundamental hacerles creer a las personas que las cosas que harán en la bien llamada “nueva anormalidad” son divertidas y hasta cool. Como por ejemplo ir a un recital dentro de una burbuja, visitar un restaurante y meterte en un iglú para que el mesero te tire el pedido a través de una ventanilla, como si estuviese alimentando a un animal.

En fin, la verdad es que son muchas cosas “chéveres” las que haremos en la nueva anormalidad. Así que listaré algunas que he recogido en las investigaciones que he hecho por todo el mundo desde el sillón de mi casa:

* En algunos países de Europa (está bien en Italia) debes mantener la distancia social en trenes, restaurantes y lugares públicos, pero en los vuelos no hace falta… más que nada porque las low cost se amotinaron y tienen que vender pasajes.

* España habilitará las discotecas (boliches para los argentinos) pero no se podrá ir a bailar… esto es básicamente una versión del chiste “¿Papá puedo mirar la TV? Si, hijo mírala, pero no la enciendas.

* Los niños pueden ir a los parques, pero no pueden jugar en los aparatos.

* Puedes sacar a las mascotas para que hagan del “uno”, pero con lo del “dos”, es recomendable una colostomía.

Si llegan a venir los extraterrestres, no te les puedes acercar. Y darles de nuestra comida ¡menos! Fíjate en dónde estamos por una sopa de murciélago… no quiero ni pensar lo que le pasaría a la galaxia si un marciano se come una hamburguesa de lentejas, o peor, aun guaymallen de fruta. 

Quiero aclarar, antes de que me acusen de anticuarentena… que sí, que estoy podrido de la cuarentena. Ojo, sé que la pandemia existe y sus muertos lamentablemente también, pero la idea de que es algo orquestado para establecer un nuevo patrón de comportamiento en el mundo… también aclaro que soy consciente de que la Tierra es redonda. Y juro por Dios que no soy reptiliano.

Bueno espero que este artículo te sirva para ir aceptando lo que se viene. ¿Qué otras cosas crees que haremos en la nueva anormalidad?

Me encantaría seguir conversando, pero ahora debo dejarte porque tengo que saltar la cuerda.

 

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En sus marcas, listos ¡fuera!, por Juan E. Fernández

@SoyJuanette

Hace unos días los argentinos vimos por TV algunas medidas anunciadas por el Gobierno argentino para hacer más llevadero el ya largo confinamiento que transitamos hace más de 80 días. Eso sería un motivo para alegrarte si vives en Argentina y si te gusta correr… sí, dije correr (aunque no lo crean hay gente con gustos muy raros).

Las personas podrán salir a correr desde las 8 de la noche hasta las 8 de la mañana. Esta medida alegró a los runners, en particular a los que son sonámbulos.

También permitirán las salidas de menores durante los fines de semana. Tendrán que ir acompañados por un adulto, por una hora y en un radio de 500 metros de su domicilio (aprovecho para decirles que alquilo dos preadolescentes para pasearlos. Si quieres salir, pero no tienes hijos ¡llámame! Los alquilo a buen precio).

Quiero aclarar que aplaudo ambas medidas. Pero tengo la sospecha de que, en el comité de expertos infectólogos que asesoran al presidente Alberto Fernández, hay varios que están orquestando un plan para que todos nos pongamos en forma.

No tengo las pruebas, pero para mí hay muchos que son de los “Iluminati del ejercicio”. Así que para que exista un equilibrio, deberíamos pedir que se incluya en el comité a Hernán Bichado, el infectólogo de la gente. Si no lo conocen acá les dejo una de sus brillantes participaciones:

Tal y como pueden ver, el infectólogo de la gente sabe de lo que está hablando y, además, defiende el genuino derecho que tenemos los gorditos de ser gordos. Porque, aunque no lo crean, esculpir nuestro cuerpo también lleva años de sedentarismo y una dieta estricta…

En cuanto a los rubros que se mantendrán paralizados, hay algunos que tendrían que revisarse. Ojo, yo entiendo que hay actividades que van a tener que esperar, como las peluquerías y barberías, por ejemplo. Y la verdad no tengo problema. Pero quienes tienen videollamadas conmigo sí, porque creen que están hablando con el capitán cavernícola. De no abrir las peluquerías pronto, vamos a pasar de la fase 5 a la edad de pierda (tal y como dijo Hugo Fili).

Si el presidente o alguien de su equipo lee esto, quisiera preguntarles ¿ya se puede hacer stand up? Porque creo que en los anuncios hay un vacío legal:

Ustedes dijeron que hay provincias donde podrán celebrarse reuniones de hasta 10 personas, siempre guardando la distancia social. Y si nos vamos a la volumetría, 10 personas es más o menos la cantidad de público que siempre tenemos en los shows de stand up… ¿Quiere decir que podemos presentarnos de vuelta?

Se lo pregunto más que nada porque el tema de la gorra virtual es un problema. Imagínese que si antes a las personas no les daba vergüenza dejar un billete de 5 pesos en una gorra, ahora que la recaudación es virtual, ni se molestan en mirar los QR de Mercado Pago. ¡Los muy caretas!  

Ya por último, presidente, le quería agradecer por el detalle de anunciar las próximas fases el 28 de junio. Día de mi cumpleaños. Así que no pierdo la esperanza de que abran los bares, día de por medio, y por número de documento (ahí le dejo esa idea).

Bueno, me gustaría seguir escribiendo, pero ya quedé con una vecina para ir a correr a la plaza Almagro. Tal y como pidieron, manteniendo la distancia de 10 metros entre nosotros.

Por cierto, otra cosa que deben aconsejar, que tal vez dijeron, pero yo no escuché, es que si sales a correr no lo hagas con el barbijo puesto. La otra vez lo hice y, entre las pulsaciones aceleradas (por no haber corrido nunca) y la falta de oxígeno por el barbijo, casi llego a la meta…

Ahora sí, que comience la corredera: en sus marcas, listos, ¡fuera!

 

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Todo el mundo es Venezuela, por Juan E. Fernández

Ilustración de Alex Almarza.

@SoyJuanette 

Según el diccionario, el término venezolano o más bien venezolane (en francés), define a una persona bromista, que le “echa bola a la vida” (le pone onda) y, en casos clínicos, es capaz de ponerle azúcar a las caraotas (esto no tiene nada que ver con el tema que voy a tratar, pero es bastante raro que alguien coma poroto con azúcar ¿no?).

Otra característica del venezolano es que es un pueblo luchador: ya sean los que se quedaron en el país sobreviviendo a todo tipo de obstáculos para conseguir comida, medicina o combustible. O los que dejaron su tierra para buscar un futuro mejor, que todavía no llegó. Y tal como viene el mundo, sinceramente no sé si llegará.

Si analizamos un poquito a estos dos grupos de venezolanos, podemos concluir que somos personas aguerridas.

Y ustedes se preguntarán ¿qué hace Juanette escribiendo de estos temas tan profundos? ¡Porque estoy arrecho!, para mis amigos que no son venezolanos y para los colombianos (pues en Colombia la frase tiene otro significado), quiero decir que estoy enojado.

Resulta que la semana pasada el humorista argentino Dady Brieva le pidió al presidente Alberto Fernández que “Fuéramos Venezuela de una buena vez”. Y lo que me dio coraje no es que se lo pidiera, sino que Dady no se dé cuenta de que ya lo somos. 

Ojo, pero no solo me dio rabia que Dady no lo notara, sino que otras personas como Macri, Casado, Piñera, Bolsonaro, o cualquier otro político del mundo, no vieran que su país ya es Venezuela. Voy a demostrar con ejemplos lo que estoy diciendo, y lo haré hablándole a mi colega y compatriota Dady:

Oh Dady, Dady… se ve que no salías mucho antes de la cuarentena, porque te cuento que ya en prácticamente todos los bares de Capital y Cono Urbano hay alguna arepera. De hecho, en las picadas nuestro tequeño dejó de ser un invitado para convertirse en parte del equipo. Incluso hay restaurantes que tienen la osadía de venderlos solos, poniéndolos a competir con las papas con cheddar y los dedos de mozzarella. Y qué decirte de la Harina Pan… creo que, al menos en Argentina, ya prácticamente todos mis compatriotas (hablo de los argentinos) saben lo que es.

Además, creo que tampoco has hablado con mucha gente últimamente pues, no sabés lo sabroso que es escuchar a un argentino decir “vaina”, al igual que a un venezolano decir “boludo”. Pero te digo más: esto no solo está ocurriendo en nuestro país (Argentina), pasa también en España, Chile, Estados Unidos, China, Rusia, Finlandia y hasta en la Antártida, etc. Reto a los lectores a que me digan ¿en qué país del mundo no hay un venezolano?

Pero para tu tranquilidad, Dady querido, ahora mismo hay en todo el mundo algunos “venezolanos sueltos” trabajando o más bien esclavizados y precarizados por las apps de delivery, facilitándonos el confinamiento. Así que ni te imaginas lo que será Buenos Aires, Madrid, Nueva York y otras metrópolis con esa gente en la calle… (seguro ya tumbaron la estatua de San Martin y pusieron una de Bolívar). Pero tendremos que esperar a que se levante la cuarentena.

En fin, este es un mensaje para todos los habitantes del mundo:

¡Ya es tarde! ¡Los hemos colonizado!, así que arrojen sus armas y venga a compartir una buena arepa. No se resistan más, porque el mundo ya es Venezuela.

 

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Buscando la señal del satélite, por Juan E. Fernández
Ilustración de Alex Almarza.

@SoyJuanette 

Escribir esta columna me costó mucho, por lo que significó para mí el cierre de operaciones de DIRECTV Venezuela. La verdad no creí que me afectaría tanto. Sé que muchos dirán “pero Juanette, no seas tan dramático, es solo una empresa”.

Lo que pasa, mi querido amigo lector (o lectores), es que ese fue mi primer trabajo. Es más, si algún día se escribiera mi biografía, mi paso por DIRECTV tendría que estar porque mucho de lo que soy hoy es gracias a la empresa y a la gente con que trabajé en esa organización.

Todo comenzó en 1997, cuando mi tío Antonio Colmenares, Merejo, me pidió un CV para ayudarme a conseguir un empleo. Nadie me lo ha confesado nunca, pero creo que en mi familia se fraguó un plan para que yo trabajara pues, además de contar con 17 años, tenía la idea loca de estudiar cine. Supongo que mis padres temían que no pudiera vivir del séptimo arte (cuánta razón tenían), así que mi tío me ayudó a entrar en aquella compañía de la Organización Cisneros.  

Recuerdo que en el primer contacto me entrevistó Marielsy Pérez y poco después me llamó Eva Araujo. Fue así cómo comencé a viajar de Catia a Las Mercedes, primero en Metro y a los años en mi primer automóvil, que compré gracias a mi trabajo en DIRECTV.

Al principio empecé como operador de Atención al Cliente los fines de semana, y debo confesar que para mí eso no era un trabajo porque teníamos una TV para hacer pruebas, que también aprovechábamos para ver Casado con hijos, Tres por tres, Salvado por la campana, y los partidos de fútbol y béisbol. Es más, bajábamos al CADA de Paseo Las Mercedes y nos apertrechábamos de golosinas. Todos queríamos trabajar más horas, no solo por el pago extra, sino para divertirnos. En ese entonces el cable no existía y para ver canales del extranjero tenías que tener una antena parabólica.

DIRECTV no fue solo un trabajo, fue una filosofía de vida. Entré siendo un niño, cargado de muchos sueños y metas. Y me fui siendo un profesional, con dos carreras terminadas (que pagué gracias a DIRECTV), con una familia y con dos hijos.

Además, estando en DIRECTV, viví 3 mundiales de fútbol, varias copas de campeones, la elección de un papa, el terremoto de Cariaco, la toma de rehenes en San Román, la tragedia de Vargas, el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York y la guerra del Golfo Pérsico, entre otros.

Pero no solo viví momentos históricos, sino que conocí a gente maravillosa, que fueron además de compañeros de trabajo, amigos entrañables que aún hoy conservo.

Lamentablemente hace unos días, los miembros de esa gran familia de “Sangre Azul”, no solo los que quedaron en Venezuela, sino los que estamos por todo el mundo, recibimos una muy mala noticia: 600 familias se enteraron por correo electrónico que se habían quedado sin trabajo, pues DIRECTV dejaba de operar en Venezuela.

Pero ¿por qué cerró? podría decirse que DIRECTV Venezuela fue la víctima del conflicto político que afecta nuestro país desde hace muchos años. Horas después, el TSJ daba la orden de que fueran intervenidas por CONATEL todas las oficinas y el centro de transmisiones y a la junta directiva se le prohibió la salida del país (acá quiero expresar mi solidaridad con Rodolfo Carrano y Hector Rivero, hombres honestos y trabajadores a quienes conozco desde hace muchos años).

Poco después, la junta interventora pedía infructuosamente a DIRECTV que restableciera la señal ¿por qué? Porque usted puede tomar las oficinas y el centro de transmisiones, pero la señal se sube desde Estados Unidos…

Podría decirse que, una vez más, el Gobierno de Maduro se quedó “Buscando la señal del satélite”.

Quiero cerrar esta nota diciéndoles a mis compañeros de DIRECTV: recuerden que, aunque ya no estemos en la compañía, siempre, sin importar a donde vayamos, tenemos que seguir adelante “1 km más”.

 

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¿Cómo triunfar sin salir de casa?, por Juan E. Fernández

@SoyJuanette 

Ya perdí la cuenta de los días que llevamos en cuarentena, pero paradójicamente este periodo ha sido el más productivo para mí, en cuanto a las cosas que realmente me apasionan. Quienes me conocen saben que tengo muchos defectos, pero también algunas virtudes, y entre ellas está el hecho de que soy una persona muy trabajadora.

Desde niño aprendí que tienes que ganarte las cosas, que debes trabajar para lograrlo porque vengo de una familia humilde. Es decir, nunca fui “el hijo de” o “el sobrino de”. ¿Cómo me hice tan trabajador? Creo que por amor. Cuando tenía 16 años me enamoré perdidamente de una chica, cuya familia tenía mucho dinero, a ella eso no le importaba porque en verdad nos queríamos. Pero todo el mundo nos decía que no funcionaría porque “yo no estaba a su altura”. “¿El dinero entonces es el problema?” me pregunté, así que me busqué varios trabajos y para hacer corta la historia, fuimos novios por muchos años.

Ahí descubrí que, para avanzar, solo tienes que identificar el obstáculo y luchar para dejarlo atrás.

Por eso estoy convencido de que esta pandemia es un obstáculo que sin duda cambiará la forma en la que veíamos y vivíamos el mundo… pero también es la oportunidad para conocernos y evaluar qué es lo realmente importante para nosotros.

Ahora más que nunca se comprueba la teoría de la evolución de Charles Darwin (no, no es Chaplin, este es otro genio).

Les voy a resumir aquí lo que dice el señor Darwin “No sobrevive la especie más fuerte, ni siquiera la más inteligente, sino la que mejor se adapta”; y sin duda, hoy más que nunca, esto se está comprobando.

Pongo como ejemplo el caso de algunos colegas comediantes: mientras unos están buscando la manera no solo de llevar a la gente humor sino también de ganar algo de dinero, otros han dejado de hacer comedia. Ya sea porque tienen la fortuna de tener otro trabajo, o porque simplemente se han dejado llevar por el pesimismo.

Gracias a mi trabajo, conozco algunos conferencistas que se ganaban la vida viajando por el mundo hablándoles a multitudes, y por el coronavirus ya no pudieron hacerlo más. En ese rubro hubo también quienes se adaptaron y vieron en la tecnología la posibilidad de acercarse a sus audiencias, mientras que otros tiraron la toalla y no embocan una. 

A los segundos solo quiero decirles que esto también va a pasar. ¿Y saben algo? saldremos fortalecidos. Siempre se nos vendió que para triunfar teníamos que tener mucho dinero. Y, en el caso de los comediantes, el éxito se media por la cantidad de personas que eras capaz de reunir en un teatro… la verdad me angustia mucho pensar que ya no podamos volver a presentarnos. Pero decidí “congelar” esa preocupación y buscar la forma de reinventarme.

Estoy convencido de que, si te propones a cumplir lo que deseas, vas a poder hacerlo, de eso no tengo duda. Solo tienes que levantarte, limpiarte las rodillas y seguir adelante. Ahora, para despedirme, quiero invitarte a que hagamos un ejercicio: cierra los ojos y pregúntate ¿qué es lo que me hace feliz? y ¿por qué no estoy haciéndolo?

Ambas respuestas solo las sabes tú, así que después de contestarlas ponte manos a la obra porque, gracias a la pandemia, todos volvimos a la línea de salida de esta maratónica carrera que se llama “vida”. 

El otro día estaba viendo un documental de Fontanarrosa, y escuché una frase que me hizo reflexionar: “Fontanarrosa se hizo famoso dibujando en su estudio, sin salir de Rosario”… Ahora nos toca a nosotros ser tan exitosos como El Negro… y, al igual que él, sin salir de nuestra casa.

 

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"La radio cuarentena", un homenaje a la mítica "Radio rochela"
Parte del elenco del mítico programa de humor Radio rochela, al que La radio cuarentena le rinde tributo. Esta versión es transmitida por el canal de Youtube de Emilio Lovera.

@SoyJuanette 

Hace unos días, en el pequeño departamento donde vivo en Buenos Aires, retomé una tradición que tenía con mi familia todos los lunes a las 8:00 p. m.: encender el televisor para ver la Radio rochela. No saben lo que significaba en mi niñez y temprana juventud este programa de humor, incluso mi papá era capaz de dejar lo que estuviese haciendo para verlo.

Recuerdo que un lunes estábamos de visita en casa de mi tía Olga, quien vivía a solo a unas cuadras de nuestra casa, y nos agarró la emisión del programa. Papá, en lugar de aprovechar alguna pausa comercial para irnos, prefirió que nos quedáramos hasta que se terminara la Radio rochela, para no perderse ni un minuto del programa.

Los grandes comediantes de la historia del humor venezolano se hicieron en la Radio rochela, el programa que se transmitió desde 1959 hasta el 18 de enero de 2010.

Y para que mis amigos argentinos se den bomba: la Radio rochela fue creación de un compatriota mío (bueno, más o menos), el argentino Tito Martínez del Box, quien, junto con un grupo de estudiantes de la UCV, emprendieron este maravilloso proyecto de 2652 episodios.

El pasado lunes 11 de mayo a las 8 de la noche (de Venezuela), pude disfrutar ya no desde la tele, sino en el canal de YouTube de Emilio Lovera, un homenaje en tiempos digitales y de confinamiento a aquel viejo programa, esta nueva versión se llama La radio cuarentena.

En esta primera edición (espero que la primera de muchas), los venezolanos pudimos recordar y ver de nuevo a Pargula, Escarlata, Los Borrachos, el Portu, Charly Locote, el Doctor Kilo y ver sketches nuevos, como el Traductor del Gobierno, el Profesor incapaz, entre otros.

A los pocos minutos de iniciar la transmisión me comencé a carcajear. Mis hijos, que estaban cada uno en su mundo digital, no entendían lo que pasaba y entonces se fueron acercando. Se sentaron a mi lado y también comenzaron a reír. Fue ahí donde me hizo clic todo: la Radio rochela no fue solo un programa de humor, fue también el momento perfecto para reunir a la familia frente a la TV, para reírse de los mismos chistes…

Y La radio cuarentena estaba haciendo lo mismo. ¿Qué paso cuando terminó la transmisión? Vimos en YouTube viejos sketches de Perolito y Escarlata, Los Colombianos, Pargula y a Gustavo el Chunior.

Gracias a lo que viví el lunes recordé una de las máximas del humor: Si el chiste es bueno, sin importar la generación a la que pertenezcas te hará reír (sino que le pregunten a Chaplin).

Agradecimientos

El coordinador general de La radio cuarentena es mi maestro y amigo Reuben Morales, que es un cómico de altura no solo porque mide dos metros, sino porque es una persona muy inteligente, y siempre tiene buenas ideas. Le agradeceré siempre a la vida habérmelo cruzado en el camino.

Pero además de Reu, los artífices detrás de La radio cuarentena son Emilio Lovera, Laureano Márquez, Claudio Nazoa, Norah Suarez, Nelly Pujols, Juan Carlos Barry, El Che Gaetano, Ariel Fedullo, Amilcar Rivero, Charly Locote, el Gordo Napoleón, Coco Sánchez, Machalengo, Alejandra Otero, David Comedia, el Portu Rochelero, Honorio Torrealba, Sergio Jablon, Tomas Lovera, Alejandro Lovera, Livio Arias y Josseliz.

Gracias a ellos, y a todos los que hicieron posible no solo La radio cuarentena, sino que hicieron que mis hijos se rieran de los mismos chistes que me río yo.

Esto demuestra que el humor es capaz de todo, no solo de terminar con cualquier guerra, sino también de lograr que dos adolescentes y su padre se reúnan frente a una misma pantalla.

Episodio especial de La radio cuarentena

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