Opinión - Runrun

OPINIÓN

Informe Otálvora
El ministro de Exteriores de Rusia Sergei Levrov reunido en Caracas con la “mesita” de negociación organizada por el gobierno Maduro el 7FEB20. Foto: Ministerio Exteriores Venezuela.

Diario Las Américas

@ecotalvora

 

Como precio para mantener abierta su sede diplomática en Caracas, el gobierno de Jair Bolsonaro permite que la sede de la Embajada de Venezuela en Brasilia y los seis consulados venezolanos en Brasil permanezcan bajo control de enviados designados por Nicolás Maduro, muchos de ellos con sus credenciales diplomáticas brasileñas ya vencidas. En contrapartida la cancillería de Itamaraty reconoce a María Teresa Belandria, designada por Juan Guaidó como embajadora ante el gobierno de Brasil.

El 17FEB20 las misiones diplomáticas que hacen vida en Brasilia recibieron una nota verbal procedente de la Embajada de Venezuela controlada por Maduro, informando que la hasta entonces consejera Irene Rondón Graterol había sido designada Ministro Consejera y asumía como jefe de la misión diplomática con carácter de Encargada de Negocios a.i. Según fuentes de la cancillería brasileña, la credencial diplomática de Rondón está sin efecto desde el 17DIC19 por lo cual Itamaraty ya no le reconoce condición diplomática. La coexistencia de dos misiones diplomáticas de Venezuela en Brasil suele crear situaciones poco usuales en Brasilia.

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“Si bien la Constitución venezolana prevé la celebración de elecciones parlamentarias en 2020, la democracia se restablecerá plenamente en Venezuela solo mediante elecciones presidenciales libres, justas y creíbles”, fue la posición expresada el 20FEB20 por el Grupo de Lima en el comunicado emitido tras la reunión número diecisiete a nivel de ministros.

El encuentro promovido por Canadá y celebrado en Gatineau, Quebec, fue probablemente la reunión del Grupo que ha contado con mayor número de gobiernos asistentes. Participaron los ministros de Exteriores de Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Haití, Panamá, Perú; el comisionado presidencial Julio Borges por Venezuela, los vicecancilleres de Argentina, Honduras y Paraguay así como los representantes de Guyana y Santa Lucia en la OEA. Además asistieron en condición de observadores el canciller de Ecuador y el embajador de República Dominicana en Canadá.

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El Grupo de Lima comparte la posición de la oposición venezolana de celebrar elecciones presidenciales y no aceptar solo comicios parlamentarios como los que propone el régimen chavista con apoyo de Rusia. La convocatoria a elecciones presidenciales, con previa designación de nuevas  autoridades electorales y en presencia de “un gobierno de transición negociado y ampliamente aceptable” forma parte de la “hoja de ruta” para Venezuela que el Departamento de Estado de EE. UU. compartiera con sus aliados americanos a finales del año 2019 y que fue hecho pública el 9ENE20. Una versión análoga de ese documento fue publicada como propia por el gobierno de Colombia el 16ENE20.

El comunicado del Grupo de Lima del 20FEB20 dejó en evidencia el estado de incertidumbre que predomina en gobiernos sobre una ruta de acción sobre Venezuela. El Grupo de Lima en su encuentro de Canadá no aprobó nuevas medidas de presión sobre el régimen chavista y se limitó prácticamente a hacer un llamado genérico “a la comunidad internacional para que se una a nosotros en el apoyo a un futuro democrático para Venezuela”. El Grupo anunció que “en los próximos días y semanas” sus representantes “participarán en un período intensivo de gestiones internacionales y consulta con todos los países interesados ​​en la restauración de la democracia en Venezuela”. Entre los países que serán consultados estaría Cuba.

El canciller brasileño Ernesto Araujo, quien asistió a la reunión en Canadá, escribió en su cuenta Twitter: “estamos discutiendo propuestas para una ruta de transición democrática que precisa comenzar por la salida de Maduro”.

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El gobierno izquierdista argentino optó por permanecer en el Grupo de Lima y envió a su vicecanciller Pablo Anselmo Tettamanti a la reunión en Canadá del 20FEB20.

La línea de acción diplomática del gobierno de Alberto Fernández es de no confrontación con EE. UU., tender puentes al gobierno ideológicamente confrontados como el de Jair Bolsonaro en Brasil y está procurando intervenir en el “tema Venezuela”. Finalizando una gira europea que le permitió encuentros con la canciller alemana Angela Merkel, el presidente francés Emmanuel Macron; el jefe del gobierno español Pedro Sánchez, con el papa Francisco y con el primer ministro italiano Giuseppe Conte, Fernández se refirió en París a la acción internacional ante el gobierno de Nicolás Maduro. 

Según Fernández, citado por el periodista Guido Carelli Lynch del diario Clarín, “Europa está viendo la Argentina como un país que puede tener la capacidad de amalgamar situaciones de conflicto con normalidad” (…) “uno de esos temas que preocupa a todos es el tema Venezuela, y lo que hoy planteo es que tenemos que buscar otros caminos para resolver el problema de Venezuela” (…) “a todos los líderes de Europa les he planteado que Europa tiene que concentrar sus esfuerzos en Contadora para que Contadora reviva y trate de buscar una solución distinta”(…) “hay que generar una mesa donde los venezolanos se sienten y recuperen el diálogo. Y Contadora es un buen lugar para eso. Venezuela está como estancada y nosotros tenemos que salir de ese estancamiento”.

El Grupo de Contadora no existe: fue creado en 1983 por los gobiernos de Colombia, México, Panamá y Venezuela como una iniciativa internacional en procura acuerdos de paz ante la guerra que cundía en Centroamérica. Contadora desapareció en 1990 y las palabras del mandatario argentino el 6FEB20 señalan la intención de promover una nueva instancia internacional para que actúe sobre Venezuela. Fernández la ha denominado “Contadora”, mientras que otros gobiernos prefieren aún no asignar nombres a esa probable iniciativa. La idea de crear un “Grupo de Contadora” para Venezuela fue inicialmente manejada por el gobierno mexicano de Manuel López Obrador y se materializó en el infructuoso “Mecanismo de Montevideo” diseñado con Uruguay en 2019 y que contó con el visto bueno de Nicolás Maduro y con la desaprobación de Juan Guaidó.

Mientras en Gatineau se realizaba la reunión del Grupo de Lima del 20FEB20, en Buenos Aires el canciller argentino explicaba al periodista Ernesto Tenembaum de Radio con vos la posición de su gobierno ante Venezuela. Felipe Solá dijo que su enviado a Canadá estaba proponiendo cambiar la línea ante Venezuela. “Cambiarla porque no ha funcionado. Un gobierno que está cerrado dispuesto a pagar cualquier costo y yo diría a lo mejor dispuesto a pelear a lo bélico no puede ser corrido hacia el mismo lado con sanciones, sanciones y sanciones permanentes que además agudizan la situación del pueblo venezolano”.

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Tres días antes de la reunión del Grupo de Lima, los ministros de relaciones exteriores de la Unión Europea realizaron en Bruselas una reunión ordinaria del Consejo de Exteriores. El “tema Venezuela” fue incluido en la agenda como “asunto de actualidad” junto a la situación del “Oriente próximo, el Sahel y los Balcanes Occidentales”. No estaba prevista una decisión de los ministros europeos sobre Venezuela pese a las presiones de EE. UU. para incrementar las sanciones de la Unión Europea sobre el régimen chavista.

El 23MAR20, cuando el Consejo de Exteriores de la UE se reúna nuevamente en Bruselas para una sesión formal (habrá reuniones informales Gymnich el 5-6MAR20), deberá ser tratado un nuevo esquema de actuación colectiva europea hacia Venezuela. Al uruguayo-español Enrique Iglesias, asesor de la UE para Venezuela, le fue encomendada la misión de realizar un periplo por diversos países de Europa y América, incluyendo reuniones con Juan Guaidó y Nicolás Maduro en Caracas, para precisar el estado actual de las posiciones ante la crisis venezolana. Según declaró la ministra de Exteriores de España, Arancha González Laya, Iglesias deberá presentar un informe, el cual serviría para “diseñar nuestros próximos pasos”.

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Ante la prensa el 17FEB20 en Bruselas, González Laya expuso la propuesta española que es compartida por varios gobiernos de Europa y que es análoga a la expuesta por el gobierno argentino: tender a una confluencia de los distintos grupos internacionales que están actuando sobre Venezuela. La ministra española la denominó “gran coalición” de actores internacionales refiriéndose al Grupo de Lima y al Grupo de Contacto promovido por la UE. Este último está integrado por los gobiernos de Alemania, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, España, Francia, Italia, Países Bajos, Panamá, Portugal, Suecia, Reino Unido y Uruguay. El Grupo de Contacto, salvo Uruguay, manifestó el 9ENE20 su respaldo a Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela en rechazo a la maniobra del régimen chavista de imponer una Asamblea Nacional paralela.

Por cierto, el 18FEB20 en Mount Vernon, estado de Virginia, EE.UU., se encontraron el subsecretario para Asuntos Políticos de EE. UU. David Hale y el viceministro de Asuntos Políticos de Canadá Dan Costello en lo que denominan el “Grupo de Alto Nivel EEUU-Canadá”. El propósito de este mecanismo es la coordinación de acciones entre los dos países en relación a “temas globales”. La agenda incluyó los temas China, Irán, Medio Oriente, Corea y Venezuela. No hubo información pública sobre las conclusiones de la reunión.

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Aparte de la relación umbilical del régimen chavista con la dictadura cubana, Rusia se ha convertido en el principal aliado internacional del gobierno de Nicolás Maduro. Rusia provee, a alto costo para Venezuela, cobertura ante las sanciones impuestas por EE. UU. a la industria petrolera controlada por Maduro. Desde servicios financieros, logística para el mercadeo petrolero hasta protección diplomática en la ONU, el gobierno de Vladimir Putin optó por apostar fuerte en Venezuela. Bajo ese esquema, Rusia está sirviendo de padrino internacional para la maniobra que el régimen chavista ejecuta buscando neutralizar la presión internacional que respalda a Juan Guaidó y exige elecciones presidenciales.

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Las periódicas ruedas de prensa de María Zajárova, la portavoz del ministerio de exteriores de Rusia, suelen contener secciones para desacreditar a Guaidó, comentar eventos menores de la vida política venezolana, respaldar a Maduro y acusar a EE. UU. de inminentes acciones militares sobre territorio venezolano. El 6ENE20 el gobierno de Rusia emitió un comunicado reconociendo al diputado Luis Parra como presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela electo, según Moscú, en “un legítimo procedimiento democrático que contribuye a reinsertar las luchas políticas en Venezuela en el marco constitucional”. Quedó en clara evidencia que Moscú apadrina la maniobra mediante la cual Maduro designaba una directiva de la asamblea nacional paralela a la legítima, encabezada por Juan Guaidó. Desde entonces el Palacio Legislativo quedó vedado a la Asamblea Nacional presidida por Guaidó. Parra, según Maduro y los gobiernos de Cuba y Rusia, es ahora el presidente del poder legislativo.

El 30ENE20, la portavoz rusa anunció que el canciller Serguéi Lavrov realizaría visitas a Cuba, México y Venezuela entre el 5 y el 7FEB20. La presencia del jefe de la diplomacia rusa en Venezuela apagaría cualquier duda sobre la decisión de Putin para intervenir abiertamente en la política venezolana. Lavrov viajaría a Caracas para “intercambiar opiniones sobre la situación actual en Venezuela y las perspectivas de encontrar soluciones políticas de las discrepancias internas a través de un diálogo nacional”. Pero ese “diálogo” promovido por Moscú no implicaba a la Oposición venezolana. En la agenda con Maduro estaría incluido el asunto de las sanciones impuestas por EE. UU. a Rusia y Venezuela. Igualmente adelantarían conversaciones sobre “cooperación en energía, minería, transporte, sector agrícola, medicina, farmacéutica y cooperación militar”. Posteriormente Rusia dejó saber que durante el mes de mayo se realizarán negociaciones específicas sobre “cooperación militar” lo que puede significar nuevas adquisiciones bélicas rusas por parte del gobierno Maduro.

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En su presentación del 30ENE20, la vocero rusa se refirió a “políticos venezolanos responsables que trabajan a diario en la búsqueda de fórmulas de compromisos en el marco de la mesa redonda del diálogo nacional”. Igualmente mencionó que “fuerzas radicales” encabezadas por Guaidó “siguen empeñadas en sus ideas y anuncian el boicot de las elecciones parlamentarias que deben celebrarse este año, negándose a participar en las negociaciones encaminadas a elaborar un acuerdo con unas amplias garantías electorales”.

El 7FEB20 Lavrov llegó a Caracas coincidiendo con el español José Luis Rodríguez Zapatero, quien nuevamente está activado como operador del gobierno Maduro en rol de “facilitador” de negociaciones. En la sede de la cancillería venezolana, Lavrov sostuvo una reunión sin precedentes con voceros de grupos autocalificados como opositores, encabezados por Timoteo Zambrano, Javier Bertucci y Henri Falcón. Estos representan siglas partidistas de casi nulo poder político que mantienen supuestas negociaciones con el gobierno de Maduro para celebrar elecciones parlamentarias prescindiendo de la presidenciales exigidas por la Oposición. Falcón incluso solicitó que Rusia interviniera como observadora de las elecciones en Venezuela. Tras la reunión con Lavrov, los “opositores” se reunieron bajo la conducción de Zapatero en una sesión con los altos jerarcas del régimen, los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez. El canciller ruso y el expresidente español avalaban de esta forma el guion chavista que pretende mostrar que Guaidó no controla la Asamblea Nacional y que la “oposición” venezolana participa en una mesa de negociación para convocar a elecciones parlamentarias.

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El 14FEB20 el Secretario de Estado de EE. UU. Mike Pompeo y su homólogo ruso coincidieron en la Conferencia de Seguridad de Múnich. En ese contexto se habría producido una discreta reunión entre ambos jefes diplomáticos según una foto divulgada en Facebook por María Zajárova. El 18FEB20 el representante Especial para Venezuela de EE. UU., Elliott Abrams, dejó saber que Pompeo había advertido a Lavrov en Múnich sobre inminentes sanciones que Washington impondría a Rusia en respuesta a su apoyo al régimen chavista. El Departamento del Tesoro impuso el 18FEB20 sanciones a la empresa Rosneft Trading SA y su presidente, Didier Casimiro, por “proporcionar un salvavidas al ilegítimo régimen de Maduro”. Rosneft Trading SA es una de las múltiples subsidiarias de la petrolera rusa Rosneft de la cual por lo menos el 50 % es propiedad del gobierno ruso. Los bienes de la empresa sancionada y de su presidente en EE. UU. fueron congelados en manos del gobierno estadounidense y quedó prohibido a nacionales de EE. UU. y empresas con presencia en EE. UU. realizar negocios con la empresa rusa sancionada. El gobierno de Donald Trump de esta manera subió las apuestas al incluir el “tema Venezuela” en su política de sanciones a Rusia.

Feb 23, 2020 | Actualizado hace 2 días

@vicevall   

 

Hace cuatro años indicamos, durante las primarias del partido demócrata en EUA, que el senador Bernie Sanders tenía una plataforma política que trascendería más allá de ese proceso, y eventualmente más allá de la elección presidencial, porque ese  planteamiento -inédito a ese nivel- parecía despertar entusiasmo en parte de la juventud y ello podía convertirse en un punto de inflexión en el partido demócrata y en la política doméstica como un todo, donde el debate clásico se extendía desde lo “conservador” hasta lo “progresista” o centro-izquierda; nunca hasta lo “socialista”. De modo que aquel giro a una izquierda plus, no nos parecía que entraría en el olvido por la retirada de Sanders, sino que ese movimiento podría más bien intensificarse en el futuro. 

El programa del senador Sanders proponía salidas revolucionarias a problemas esenciales que el estado liberal establecido no parecía afrontar o no podía ideológicamente resolver. El programa creó una conmoción limitada, pero que posiblemente obligó a la precandidata Clinton en forma tímida a tomar algunas de aquellas propuestas. Sanders perdió la nominación, pero había dejado el mensaje incorporado en el debate político. vid. La era Sanders.

Ha transcurrido todo un período presidencial con firme empuje a la reelección del presidente. El senador Sanders está allí de nuevo, repitiendo su plataforma con adaptaciones, buscando la nominación de su partido.

La coyuntura política nacional e internacional en el 2020 está lejos de ser aquella de los días del presidente Obama que hoy lucen bucólicos en comparación además con lo telúrico del presente.

El sistema internacional enfrenta cambios y EUA avanza en el marco de las premisas establecidas con claridad cristalina en el programa de gobierno actual, las cuales si ya eran antagónicas a la plataforma del precandidato Sanders en su versión 2016, ahora lo son mucho más en la v. 2020.

De modo que su renovado, pero persistente planteamiento va a sacudir aun más los cimientos de la política doméstica, si es que es elegido por el partido demócrata.

Algunas consideraciones

*En primer lugar, la coyuntura política en EUA indica que hay un país más dividido que en el 2016. Por una parte, el presidente Trump está consustanciado con un grueso grupo de votantes que aspira a que el país retome el camino del país líder, de la libre empresa en marco nacionalista, propiedad privada, no intervencionismo, democracia liberal dirigida, estado de derecho protector y garante del sistema político; rol de hegemonía mundial. La evidencia indica que Trump ha satisfecho las expectativas de esa parte de la población, según lo indican las estadísticas de apoyo a su gestión. Por el otro, un sector de la población radicalmente opuesto a esa política. Allí encuentra asidero el partido demócrata con sus variantes.

Además, estimulando la dialéctica están las redes sociales y medios de información participando abiertamente e inclinados hacia uno de los dos lados. La actividad parlamentaria definida por su confrontación partidista.

*Segundo. El partido demócrata tiene que escoger un candidato. En lo ideológico. Sanders concuerda con la senadora E. Warren en lo substantivo, pero lejos de Michael Bloomberg, o de los aspirantes P. Buttigieg o de Amy Klobuchar, quienes no se asimilan a la corriente más radical.

*Tercero. La interacción internacional se ha ido intensificado. La dinámica política en EUA y la formulación de una política exterior norteamericana sin precedentes, en su forma y fondo, ha tenido consecuencias en las políticas exteriores de otros estados y como resultado ha sido de enorme impacto en la política internacional (entiéndase esta última como la totalidad de las políticas exteriores en interacción y conflicto). De modo que se ha establecido una nueva generación de relaciones entre el resto de la comunidad internacional y los Estados Unidos. La cada vez más compleja red estructural de las finanzas, del comercio, de las comunicaciones y de la política de poder político hace que las repercusiones tengan carácter global a gran velocidad.

*Cuarto. No sabemos quién ganará la nominación demócrata. Si la gana Sanders, se planteará un debate fundamentalmente ideológico, conceptual. Basta recordar que en el pasado, ideas de cambio tímidamente “extremas” fueron vistas bajo sospecha en los tiempos posteriores a la segunda mitad del siglo XX, cuando se determinó que ese tipo de planteamiento era “enemigo potencial de la sociedad”, y surgió la llamada era del “Segundo Miedo Rojo” y la del McCarthyismo, que llevó a la supresión o autocensura. Ello paulatinamente fue perdiendo intensidad en los siguientes setenta años. Es decir, hasta ahora.

*Quinto. Sin ese velo prohibitivo del pasado bipolar, el candidato Sanders de ganar las primarias, avanzaría en aquellas ideas expuestas de manera general en el año 16. Si gana otro candidato, excepto la senadora Warren, el debate nacional volvería por sus fueros tradicionales.

Habría dos programas en la primera hipótesis de escenario. Trump vs. Sanders. Ambos definidos como antagonistas e irreconciliables entre los bandos republicano y demócrata.

El lado Sanders planteando un socialismo “made in the USA”, como forma de sistema político con educación y salud como elementos centrales estratégicos. Reformas de las estructuras del Estado liberal y de una participación estatal. Cambios en el sistema impositivo, en la reforma institucional, y otras tantas medidas del repertorio del centro-izquierda.

En el otro extremo, se plantearía una aceleración y profundización de ideas programáticas del primer período (según algunas mediciones, el Pres. Trump ha pasado su discurso de ser “Conservador Moderado” entre el 2016 -2017, a “Conservador Duro” desde el 2017 al presente) con cortes impositivos, desregulación, gasto militar, así como, profundización de los temas de política exterior en los campos de: comercio exterior (México, Canadá, UE), globales-regionales (Venezuela, Cuba), medio ambiente (cambio climático),  conflictos político militares (Irán, Corea del Norte, Irak, Afganistán) Medio Oriente (Siria, Israel, Palestina), inmigración (México), terrorismo, entre otros (listados no exhaustivos).

*Por último, si se dan las premisas anteriores y se desata ese debate antagónico que se centraría entre lo “pernicioso” o lo “benefactor” del socialismo, entonces el “caso Venezuela” como modelo “socialista” estaría en el centro del mismo. Este es el elemento nuevo que no estaba en la pantalla en 2016.  De hecho, ello parece haberse iniciado ya en el discurso sobre el Estado de la Unión.

De modo que Venezuela podría pasar de representar un conflicto prioritario de política exterior, para convertirse adicionalmente en un elemento de discusión en la campaña, al poner en el banquillo del examen cruzado el planteamiento socialista como modelo. Esa sería parte de la artillería pesada disuasiva de la candidatura republicana.

La estrategia a seguir para algunos demócratas pareciera entonces la de actuar “unidos” a la política de Trump frente al caso Venezuela para neutralizar y desmontar una homologación ideológica. Es difícil que el “efecto del socialismo” en la campaña no afecte la decisión de aquellos votantes que se han sentido atraídos desde el 2016 por la plataforma radical del sector demócrata. Podría ser uno de los argumentos fuertes en contra del partido demócrata. En consecuencia, veremos si logra remontar ese escollo o, si esa Era, entra en el olvido.

©Vicente Emilio Vallenilla. All rights reserved.

Humano Derecho #158 con Adriana Pérez, representante de Laboratorio Juvenil “Crea País”

@_humanoderecho

 

¿Qué es el laboratorio juvenil Crea País?, ¿por qué es importante involucrar a los jóvenes en los temas y defensa de los derechos humanos?, ¿cómo lograr el liderazgo colaborativo? Estos y otros temas los estaremos conversando con Adriana Pérez, representante y directora ejecutiva de CADEF, la cual es una Organización No Gubernamental (ONG) sin fines de lucro, que trabaja desde el año 2016 en la promoción, difusión y defensa de derechos humanos.

“Nosotros estamos, desde la juventud, haciendo proyectos en torno a derechos humanos, en torno a la democracia y en torno a la recuperación de los valores ciudadanos para construir un país, para crear un país”.

En la primera pausa musical escucharás el tema Dime tú, de Danny Ocean, seguido del tema ¿Qué dirías?, de Mau y Ricky, y finalmente escucharás el tema Quédate aquí, de Mike Bahía; estas son las pausas musicales que escucharás para este Humano Derecho #158.

En esta oportunidad contaremos con Génesis Zambrano (@medicenmouzo) como presentadora, quien le estará haciendo la suplencia a @fanzinero y @MelanioBar. Somos la radio web show semanal que mezcla la buena música con gente que ayuda a gente. Transmitido por diferentes plataformas del país, es producido por RedesAyuda y Provea. Más contenido en www.humanoderecho.com

 

Los rostros de la decadencia, por Asdrúbal Aguiar

@asdrubalaguiar

 

Hace 27 años Samuel Hungtinton escribe su ensayo seminal ¿Choque de civilizaciones?, acaso como explicación de lo que imagina se hará realidad en lo sucesivo y concluye, antes bien, en el fenómeno de la autodestrucción.

Al perder los Estados las bases de sustentación de su poder histórico como la unidad de las gentes varias y dispersas dentro de territorios comunes, luego del ingreso a la sociedad de la información y de la inteligencia artificial quedan al descubierto e intentan sobrevivir, en su defecto, las civilizaciones raizales subyacentes. Ser musulmán o judeocristiano, o confucionista, se supone para Hungtinton como lo definitorio del nuevo marco de las relaciones globales una vez llegado el siglo XXI.

De que la historia, que se nutre del tiempo y cuyos proventos germinan en los espacios llega a su final, es lo que predica Francis Fokuyama. Y que lo teóricamente deseable es el diálogo o la “alianza entre civilizaciones” como fuera posible en 1948 cuando se adopta la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, nadie lo pone en duda; pero ni parece que sobrevivirán las civilizaciones – al menos la judeocristiana – ni promete nada el diálogo que propone ante la ONU el tristemente célebre José Luis Rodríguez Zapatero.

Reclama España, en 2005, la compresión recíproca entre el Occidente y el islamismo, sobre una mesa de platos envenenados. Busca adormecer o adormecerse, neutralizar al primero mientras los musulmanes ganan terreno y avanzan. Tras las ideas de la amistad entre las culturas y la consolidación de la paz apenas le interesa ponerles freno a los norteamericanos, por depositarios de parte de la civilización judeocristiana y a quienes acusa de alimentar el militarismo y los males que sufre la Humanidad.

El resultado está a la vista

Los musulmanes, quienes aún se destruyen entre ellos – chiitas contra sunitas – invaden los suelos del Occidente a marcha forzada como en el año 711 d.C., siguen violentando a sus propias mujeres y practicando la pederastia como parte de sus tradiciones, mientras los chinos, cultores del confucianismo asumen la economía liberal y de mercado sin renunciar a su genética paternalista, negadora de las libertades fundamentales. Entre tanto los cristianos, como Saturno, devoramos nuestro futuro y callamos lo anterior.

Muy atrás, como antigualla queda así cuanto constata Jacques Maritain durante la reunión de la Comisión Nacional francesa de la UNESCO que evalúa la citada Declaración Universal: “Alguien manifestó su extrañeza al ver que ciertos defensores de ideologías violentamente opuestas se habían puesto de acuerdo para redactar una lista de derechos. «Claro – replicaron ellos – estamos de acuerdo en esos derechos a condición de que no se nos pregunte por qué»”.

Lo paradójico es que luego del portazo islámico sobre el Occidente, cuando se derriban las Torres Gemelas de Nueva York, símbolo del capitalismo cristiano y se cierra, es verdad, el ciclo de las relaciones y confrontaciones entre Estados que viene desde 1648, la propuesta “onusiana” de la alianza entre civilizaciones como distractor deja de lado lo esencial. Valora más conjugar en clave antinorteamericana y avanzar, ahora, hacia la destrucción de los sólidos romanos. El filme Dos Papas no es ingenuo, al respecto.

Lo destacable, sin embargo y como lo apunta Niall Ferguson en 2006, es la “civilización de conflictos” del mundo árabe, la propensión de su cultura política a resolver las disputas mediante la violencia y no a través de la negociación”. Lo constatable, asímismo, es que mientras una parte de los occidentales saluda y aplaude las alianzas con el mundo chino y musulmán, todos a uno se avergüenzan de sus propias raíces y las ocultan con vergüenza, comenzando por el señor Zapatero y sus muñecos de ventrílocuo, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Las Tablas de la Ley, destruidas hace 3.500 años por Moisés y no por ello desaparecidas sus prescripciones, pues son las leyes universales de la decencia humana, en suma, cristalizan en los derechos humanos que consagra el texto mencionado de 1948. Es el denominador común que ahora pisotean y relativizan los traficantes de ilusiones en Cuba, Venezuela, Nicaragua, la señalada España y sus aliados en el Lejano Oriente y en el Oriente Medio.

Que Donald Trump, sin relevarle de pecados, reivindique la defensa de lo nativo se presenta como escandaloso, obviamente. Que se obligue a las escuelas españolas retirar los crucifijos o que los alemanes de izquierda protesten a Benedicto XVI por hablar ante el parlamento y exigir la defensa del Estado liberal y democrático de Derecho en 2011 antes de su renuncia, se presenta como un signo de tolerancia.

Papa Francisco, por si faltasen las sorpresas, habla: “No estamos más en la cristiandad. Hoy no somos los únicos que producen cultura, ni los primeros, ni los más escuchados… No estamos ya en un régimen de cristianismo, porque la Fe – especialmente en Europa, pero incluso en gran parte de Occidente – ya no constituye un presupuesto obvio de la vida en común…”.

“Una civilización comienza a decaer – lo precisa con lucidez y sensiblemente un ateo, en su Breviario de podredumbre –a partir del momento en que la vida – el vivir para la experiencia instantánea y narcisista, agrego yo – se convierte en su única obsesión. Las épocas de apogeo cultivan los valores por sí mismos: la vida no es más que un medio de realizarlos”. En “el crepúsculo, usados y derrotados, son abolidos”, es la sentencia lapidaria de Cioran.

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El pobre regreso de Guaidó, por Elías Pino Iturrieta

DECÍAMOS EN ANTERIOR ARTÍCULO que el retorno de Guaidó conducía a pensar en sucesos de estreno en la política venezolana, en una mudanza  de los negocios públicos que nos distanciara de pesados y recientes fracasos. Sabemos que la aparición de elementos capaces de cambiar el rumbo de la vida no es cosa fácil, sino un moroso atisbo de evidencias distintas y prometedoras, de manera que no pensábamos que las cosas se harían radicalmente  diversas en cuestión de un par de días, pero lo que ha pasado desde la vuelta del líder no anuncia el inicio de un capítulo distinto de la lucha contra la usurpación que debe encabezar un viajero marcado por la victoria en plazas foráneas. 

Se esperaba la ceremonia de un triunfo de estilo imperial romano, una aglomeración rendida ante los pies del conquistador de fortalezas extranjeras, pero la recepción apenas se caracterizó por una escuálida compañía. La menguada asistencia que se hizo presente en el aeropuerto de Maiquetía no guardó correspondencia con la hazaña realizada por el viajero adornado por inesperados laureles. Solo un puñado de entusiastas se animó a servirle alfombra de honor, como si hubiera sido poco lo concretado en la víspera. Si el vínculo de un líder con sus seguidores se advierte en el calor demostrado en un contacto físico a través del cual se compruebe la profundidad de un nexo, la renovación de una promesa capaz de anunciar nuevos rumbos hacia la tierra prometida, el peregrino y los distantes mirones nos quedamos con los crespos hechos.

¿Qué debieron hacer los dirigentes de los partidos que acompañan a Guaidó, los jefes de las organizaciones que lo llevaron a la presidencia de la AN y al posterior estrellato? Pensar que el pueblo no saldría con facilidad de su modorra, o de su comodidad, o de su temor frente a las represalias del régimen, pese a la magnitud del trabajo realizado por su heraldo durante las semanas anteriores. En consecuencia, movilizar a sus vanguardias, llevar a sus militantes más constantes y convencidos, aprovechar la oportunidad para inaugurar, mediante un soporte multitudinario, el primer capítulo de lo que puede ser una historia flamante y vigorosa en la lucha por la restauración de la democracia. Pero no lo hicieron, por desdicha, para que presenciáramos un espectáculo de poca monta en todos los sentidos.

Se puede pensar que ahora se detiene la vista en detalles sin trascendencia, sin considerar las trabas puestas por la usurpación para impedir el éxito de la bienvenida, imposibles de superar, o muy arduas, como la interrupción  de tramos carreteros, los cortes de luz y el envío de fuerzas paramilitares con el objeto de convertir la fiesta en funeral, pero precisamente se trata de reprochar a la dirigencia cómo no tuvo presente lo que se esperaba sin necesidad de devanarse los sesos, sin el desafío de las sorpresas,  y cómo no lo superó partiendo de estrategias elementales. No exagera quien hable de la indiferencia de los partidos de la oposición ante un suceso que debieron explotar. ¿Acaso no sabían lo que podía suceder en el retorno de quien es la figura fundamental de la oposición? ¿Acaso esperaban la rutina de una vida escapada hace décadas de la normalidad escamoteada por la ¨revolución?

Peor si no lo sabían. Mucho peor si anhelaban un apacible fin de itinerario con caminos despejados, o sin ¨colectivos¨ que actuaran con la complicidad de las autoridades de Maiquetía. Sería como pensar un país de cohabitación civilizada que no existe y al cual se debe volver antes de que la república se ahogue en una ciénaga pestilente. Sería como soñar que el régimen tomó buenamente la decisión de reformarse porque estaba cansado de su arbitrariedad, o apenado por su arraigada vocación de desfachatez, o dispuesto a ofrecer un ramo de flores a su enemigo más significado. ¿No demuestran los líderes de la oposición, debido a indiferencias como la que nos ocupa, su divorcio tajante de la realidad venezolana o, lo cual sería escandaloso, su irrespeto a la figura de la cual dependen para sobrevivir?

El pobre regreso de Guaidó, después de una cruzada apoteósica en el extranjero, no es una nimiedad que se debe pasar por alto. Todo lo contrario, es el peor comienzo de lo que la sociedad espantadiza y cobardona esperaba para animarse a ser otra.

@ajmonagas

 

La graves crisis que aqueja a Venezuela ha provocado múltiples comentarios cuyos contenidos no terminan de depurar los intríngulis que se han tejido sobre el suelo nacional. Muchos no solo confunden al lector toda vez que quienes opinan suponen razones tan nimias, que solamente avivan conjeturas que no se corresponden con la exacta naturaleza del caos en curso. También hay opiniones que enmarañan la situación, dado que los análisis expuestos lucen redundantes de factores. Pero que además, son causas que si bien se muestran alineadas con la crisis en cuestión, carecen del manejo y precisión conceptual que las mismas entrañan. 

Vale aclarar que, en el fondo, dar cuenta de las motivaciones a partir de las cuales se acentuó lo que en principio fue un problema de estrategia política y económica, fundamentalmente, no es asunto de fácil explicación. Menos, si se busca la funcionalidad de la estructura sobre la cual se adosa la crisis. De sus articulaciones con ámbitos colindantes a la susodicha crisis. Asimismo, con elementos que confabulan en perjuicio de esfuerzos planteados alrededor de su contracción. Aunque cabe reconocer que más que dificultad en la explicación, el problema radica en entenderlo. Y en su comprensión, descansa cualquier inferencia que de la crisis pudiera erigirse. 

Sin embargo, la historia permite advertir consideraciones que han sido periódicas tanto como insistentes. No solo como secuelas de hechos contraproducentes. Igualmente, como condicionantes lo que ha repercutido en cuanto a la inducción y consolidación del problema propiamente. De manera que, en su esencia, esta o cualquier crisis que haya mellado la sociedad en alguna forma, tiene la capacidad para provocar carencias o agravios. Y de estos, se aprovecha el poder dominante para manipular complicaciones que detrás de todo, generan ganancias políticas. Y que de ser bien administradas, le proporcionan al poder dominante los dividendos suficientes de los que luego se sirve para infundir el temor necesario sobre el cual estriba el manejo político de la crisis. 

Y que esto no es otra cosa que el HAMBRE. Más, cuando se presenta asociado a la pobreza. Pero aunque del “hambre” se han levantado infinitas consideraciones, no siempre su explicación ha recorrido parajes contagiados de las afecciones del poder. Tampoco, por canales cundidos de podredumbres de la política. O de las argucias de la economía. Por esos ámbitos, no circula el “hambre” ya que las respuestas que de los mismos derivan, serían incapaces de descifrar el problema con base en la verdad, la justicia, la libertad y la igualdad. 

Hay que saber que cuando el hambre arrecia, se nubla el pensamiento. Y esa condición es la que aprovecha el poder para dominar a sus anchas y a merced de sus intereses. Por ello, reparte migajas. O para imponer sus decisiones, hace ofertas que se desvanecen al primer asomo de lluvia. Y en eso, el autoritarismo se las sabe todas. Igualmente el socialismo pues como decía Winston Churchill, “(…) su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”.

 

Por eso el populismo y la demagogia, en el fragor de lo que se plantean regímenes de oscuridad, intolerancia y engaño, manipulan a la población con discursos que rebasan realidades y transgreden verdades. De esa forma, sus deleznables economías movilizan disposiciones sin que las realidades descubran su verdadero contenido. En consecuencia, aparentando que se tiene un horizonte de impoluta imagen, toda gestión autoritaria o totalitaria termina provocando destrozos y corrupciones ocultas. 

Es ahí cuando se vive una sensación de sarcástica perplejidad toda vez que no hay forma de explicarse, con la contundencia del caso, la contradicción que se percibe del problema inducido por el poder dominante al infundir el ocio como recreación en medio de una celebración abultada por la publicidad y la propaganda. 

Eso termina siendo un vulgar ejercicio de control social mediante el cual todo régimen político, indistintamente de su condición ideológica, busca aliviar los padecimientos de aquellos sectores de la población de menores recursos y mermadas capacidades para superarse. Por tanto, propone medidas de política indolente, con base en espectáculos de gran impacto publicitario, para infundirle algún sentido a ilusiones y fantasías que hacen soportable la infeliz conciencia de pobreza bajo la cual estos sectores de la población viven.

El carnaval, las escandalosas ferias de pueblo o los días de asueto decretados populistamente por el régimen abusador, en virtud del oportunismo con el que desata sus medidas, son algunos de esos ensayos de los cuales se vale la política de minúscula condición para inducir ficciones de abundancia y felicidad sin que las realidades se compadezcan de tan desvergonzadas y utilitarias consideraciones.

Tan paradójica quimera inyecta, en la actitud de quienes son víctimas de tan burdas presunciones, el facilismo y la ociosidad como razones que sirven al populismo para aumentar su cuota de permanencia en la conciencia política de esas personas. Y por consiguiente, como factor que acentúa la ceguera ante la pobreza que se arrastra como problema social y económico. Por eso que a la política de “medio pelo” le resulta conveniente arrimar su gestión de gobierno a eventos que apunten siempre a animar una celebración. Solo que bajo el autoritarismo hegemónico, como el que padece Venezuela, es reiterativo el hecho humillante de observar siempre toda una celebración con HAMBRE.

Feb 22, 2020 | Actualizado hace 3 días
Foto Minci

@LFuenmayorToro

 

En artículos anteriores señalé con claridad que el gobierno de Maduro, a diferencia de la oposición extremista que lo enfrenta, no se cierra ninguna vía de salida de la situación actual. Que actúa en varios escenarios, inclusive los que aparecen con tan bajas probabilidades de ocurrencia, que pudieran ser considerados imposibles de suceder. En este sentido, el gobierno busca la salida electoral con la Mesa Nacional de Diálogo, mediante un acuerdo para designar un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) estructurado de forma que ni ellos ni la oposición tengan posibilidades de controlarlo. Un CNE imparcial y realmente autónomo.

Se ha hablado de dos miembros designados por el gobierno, dos por la oposición y un quinto de común acuerdo, que sería el fiel de la balanza. Su designación la haría el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), una vez declarada la omisión parlamentaria al no ser designado por la Asamblea Nacional.

Pero existen otras opciones en cuanto al nombramiento del CNE, que pudieran ser mejores en relación con la aceptación del mismo por la mayoría de los actores políticos existentes e, incluso, por parte de los países que hasta ahora han mantenido una actitud de desconocimiento del presidente Maduro. La ideal sería designarlo en la AN, para lo cual las dos versiones existentes de Asamblea deberían reunirse en una plenaria, con participación de los diputados del gobierno, y proceder a efectuar la designación tal y como lo establece la Constitución. Sería este un CNE que contaría con el apoyo de la casi totalidad del mundo político actual, quedando fuera solamente los más extremistas del campo extremista. Posiblemente gente como María Corina Machado, Antonio Ledezma, Julio Borges, Voluntad Popular y parte de Primero Justicia.

Esta posibilidad la hemos calificado como la más improbable, lo cual no significa que sea imposible. Hace unos días hemos visto con extrañeza, pero con satisfacción, la ocurrencia de una reunión entre diputados de las dos asambleas señaladas y del gobierno, para discutir en el marco del Comité de  Postulaciones la designación de un nuevo CNE. Es decir, la hipótesis menos probable pareciera dar pasos en función de concertarse. Es difícil aventurarse a saber lo que ocurrirá, pues la política de Juan Guaidó y EE. UU. está sostenida sobre la tesis de que Maduro debe salir de la Presidencia (cese de la usurpación) antes de cualquier acuerdo de ningún otro tipo. El gobierno por su parte ha remarcado una y otra vez que la salida de Maduro no es negociable, lo que nos hace pensar que esta posibilidad sigue siendo muy improbable que ocurra, aunque sin duda ninguna sería la más conveniente a los intereses de la nación venezolana.

Existen sin embargo otras opciones en el escenario político, que no han sido descartadas por el gobierno y a las que podría recurrir o impulsar, para abortar las que le parezcan inconvenientes. Podría estar “mareando” a la oposición con la reunión antes señalada, para que transcurrido el tiempo sin decisiones y entonces proceder a designar con urgencia al nuevo CNE en la Asamblea Nacional Constituyente. Podría también plantearse que los lapsos de las distintas etapas para la elección de la AN no permiten cambiar al CNE, por lo que las elecciones parlamentarias se harían con el CNE existente presidido por Tibisay Lucena. Pero esta táctica dilatoria puede ser también de la oposición. Guaidó y EE. UU. podrían estar “mareando” a todo el mundo, mientras ganan tiempo, impiden la elección del nuevo CNE en la AN y obligan al gobierno a tener que actuar en las formas alternas que hemos señalado, para continuar con su política de desconocimiento.

Esto les permitiría continuar reforzando la tesis del cese de la usurpación como elemento primigenio de cualquier cambio, así como robusteciendo el apoyo internacional que les es vital para su subsistencia. Los partidos opositores de la Mesa Nacional de Cambio seguramente están atentos al desarrollo de estos procesos, a las contradicciones existentes en los sectores antagónicos, a sus “vivezas y sinvergüenzura”, de manera de no dejar frustrar una salida que por lo menos mejore la situación existente actualmente. Y que privilegie los intereses de la nación venezolana y la satisfacción de las necesidades de la gente.

Sanciones a Rosneft aceleran apertura económica Víctor Álvarez R.

@victoralvarezr

 

La Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de EEUU (OFAC) acaba de sancionar a Rosneft Trading S.A., la comercializadora de petróleo filial de Rosneft constituida en Suiza, por negociar con Pdvsa.

Con la Orden Ejecutiva dictada en agosto pasado se extendieron las sanciones a terceros que mantengan negocios con empresas del Estado venezolano, al considerar que, por esa vía, prestan auxilio financiero al régimen de Maduro. Sin embargo, las petroleras rusas decidieron correr ese riesgo de ser sancionadas. Rosneft Trading comercializa petróleo venezolano que compra con gran descuento y luego lo revenden a precios de mercado. Se estima que las compañías rusas manejan más del 60 % de las exportaciones totales del petróleo venezolano. 

Los acuerdos entre Pdvsa y esta filial de Rosneft para transportar y vender el petróleo venezolano en otros mercados se convirtieron en un jugoso negocio para Rusia. Se  estima en 400 mil barriles por día la reventa de crudo venezolano para una ganancia de al menos $ 120 millones al mes y $ 2.000 millones al año.

Ahora bien, las divisas que ya no aporta la exportación petrolera a través de Rosneft en adelante tendrán que ser generadas por la actividad privada y esto exige terminar de desmontar los controles a la actividad económica y ampliar los grados de libertad con los que opera la inversión extranjera en Venezuela. 

Cobra fuerza la tesis de ofrecer a los socios extranjeros el control operativo en algunas empresas mixtas y hacer del negocio petrolero algo tan atractivo que las propias compañías estadounidenses hagan lobby en la Casa Blanca para que prorroguen sus licencias para operar en Venezuela y se moderen las sanciones.

Para sobrevivir a las sanciones y compensar el endurecimiento del cerco comercial y financiero, el gobierno de Maduro acelerará el proceso de apertura económica que puso en marcha a partir de la derogación de la Ley de Ilícitos Cambiarios y que amplió con la derogación de 39 convenios cambiarios que imponían rígidos controles a la libre convertibilidad de la moneda en el territorio nacional. La liberalización económica continuó luego con la apertura del mercado interno a importaciones sin arancel, la autorización de mesas de cambio en la banca, la apertura de cuentas en divisas y la permisividad de una creciente dolarización, la cual ahora se considera un mecanismo de ajuste de la economía nacional..

Sin lugar a dudas, el régimen necesita activar con urgencia nuevas fuentes de divisas, bien sea por la vía de las inversiones extranjeras, el aumento de las exportaciones privadas, la repatriación de capitales depositados en la banca internacional y la recepción de remesas. Con este fin, en las semanas siguientes veremos cómo las regulaciones y controles que todavía restringen estas operaciones terminarán de ser desmontadas. Asimismo veremos un proceso de apertura a la inversión extranjera en sectores antes considerados estratégicos, como también un proceso de privatización de empresas expropiadas que terminaron quebradas por el burocratismo y la corrupción.