Opinión archivos - Runrun

Opinión

¿Acaso esas fotos son cultura?, por Carolina Jaimes Branger
Por este medio me sigo quejando. Me perdonan: una catajarria de fotos de José Vicente Rangel en el Teatro César Rengifo no sirve para “experimentar con la cultura”

 

@cjaimesb

El pasado jueves fui invitada con otros periodistas a visitar el casco colonial de Petare. Una caminata deliciosa, con historias muy bien contadas, un guía maravilloso y un grupo muy divertido, con la excelente disposición de pasarla bien. Casi todo fluyó perfecto, incluyendo el aguacero final que se desató cuando ya estábamos en el autobús que nos traería de regreso al lugar de reunión. Y digo “casi”, ya les contaré por qué.

Visitamos la plaza Sucre, una de las poquísimas en Venezuela donde la plaza principal no es la Plaza Bolívar; la iglesia del Dulce Nombre de Jesús (que es el nombre completo de Petare), donde pudimos admirar dos cuadros del gran Tito Salas y los bellos altares, tanto el mayor como los de las naves laterales. Caminamos por las calles empedradas, subimos por el llamado “Callejón Z”; admiramos las casas construidas una al lado de la otra, algunas puertas artesonadas y las ventanas de madera y hierro forjado.

Vimos una mata de bledo (o pira, o amaranto) y nos enteramos de que el nombre “Caracas” era el que los indígenas le daban a esa planta, que crecía por todas partes. Entramos a la casona de la Fundación Bigott, una auténtica joya de la arquitectura estilo colonial y apreciamos su acervo de conservación y difusión de la cultura popular.

Subimos a ver la preciosa capilla de El Calvario, la callecita de los paraguas (sí, Petare también tiene su calle con paraguas), los faroles, las estrechas callecitas. Llegamos al Museo Bárbaro Rivas donde fuimos recibidos por su directora, Carmen Sofía Leoni. Allí disfrutamos de dos nuevas exposiciones y de la colección permanente. Terminamos el periplo comiendo “golfiaos” en “Petare entre tiempos” de Fran Suárez, los golfeados originales y, sobre todo, exquisitos.

Dije empezando este artículo que casi todo fue perfecto. “Casi”, porque cuando entramos al Teatro César Rengifo, regentado por la Fundación José Ángel Lamas, quedé en shock cuando me vi literalmente rodeada de fotografías de José Vicente Rangel Vale. De todos los tamaños, unas en colores, otras en blanco y negro, vestido formalmente, otras con sus icónicos suéteres, de todas las edades de su vida pública, que fue bien larga… No solo estaban dispuestas en el lobby de entrada al teatro: dentro de la sala había también fotos. Pero de César Rengifo, no había ni una. Me quejé. Me explicaron que había habido un acto en memoria de José Vicente la semana anterior y que “las habían dejado ahí”. ¿Hasta cuándo?, me pregunto. Nadie sabe… es el padre del alcalde.

Me quejo de que con tanta precariedad que hay -sobre todo en Petare- se gaste un dineral en hacerle un “homenaje” a José Vicente Rangel Vale, un individuo polémico, temido por muchos, admirado por algunos, rechazado por la mayoría. Ahí mismo, a unas cuadras de distancia apenas, está el Hospital Pérez de León donde esa inversión hubiera sido de ayuda para varias personas…

Cuando ya estaba en la calle, un periodista amigo me comentó que “alguien” dentro del teatro estaba preguntando quién era yo. Me devolví y les dije a quienes estaban “me llamo Carolina Jaimes Branger y sí, me estoy quejando de que estas fotos se encuentren aquí”.

Por este medio me sigo quejando. No hay derecho ni razón. Si esto no es abuso de autoridad… ¿qué lo es? El lema de la Fundación Lamas es “(somos) El espacio que da cabida a todos los que deseen experimentar con la cultura”. Me perdonan: una catajarria de fotos de José Vicente Rangel Vale no tiene absolutamente nada que ver con la cultura, ni sirven para “experimentar con la cultura”. A menos que las usen como soportes de base para pintar cosas encima y queden totalmente tapadas. Ahí les dejo una buena idea de qué hacer con ellas…

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La respuesta del humanismo cristiano, por Asdrúbal Aguiar
Las enseñanzas de la Iglesia católica ofrecían respuestas de obligada reconsideración para el debate que dé cara al globalismo de la deconstrucción

 

@asdrubalaguiar

La agenda de la democracia como experiencia instrumental se hace banal y ha perdido su influencia como variable existencial para las generaciones del presente. Y es que, lamentablemente, solo se la conjuga –por los actores políticos y partidarios– en clave de poder y como correa de transmisión del Estado. Se olvida que el término expresa dimensiones varias del personalismo, del desarrollo integral de la persona humana y de su eminencia frente al mismo poder, ahora global, que la amenaza y cosifica.

Se la ha vuelto dato de los algoritmos digitales o pieza subalterna de la Naturaleza. Su vida vale menos, ante el aborto y la eutanasia erigidos como derecho, que la vida de los animales y los bosques, beneficiarios de protección y nuevos referentes de culto ante la declarada muerte de Dios.

La reflexión reconstructiva frente al deconstructivismo cultural y político en boga, por ende, ha de girar alrededor de las cuestiones que atañen al mismo hombre y a su conciencia, incluida su conciencia de nación, vale decir, alrededor de las raíces que lo fijan en el lugar, como señor de los espacios y como especie racional que adquiere perfectibilidad con el paso del tiempo. El progresismo globalista, que disuelve Estados y pulveriza naciones, lo amenaza en su existencia como ser uno y único, solo realizable en la alteridad con los otros y junto a los otros, todos partes de un mismo género, el humano.

Si es que cabe y es pertinente, necesario le será al Humanismo determinar y fijar una renovada interpretación ética y práctica de las tendencias direccionales del siglo XXI, con vistas a otro período intergeneracional (2019-2049), desde la atalaya inmemorial del pensamiento judeocristiano de Occidente.

Las enseñanzas de la Iglesia católica, mientras apuntaba a los universales y sostenía la tradición ofrecían respuestas que, fuera de lo confesional, han de ser de obligada reconsideración para el debate y el encuentro de una nueva síntesis antropológica que dé cara al globalismo de la deconstrucción.

“Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política”, recuerda Juan Pablo II (Evangelium Vitae) en 1995.

A ello ajusta Benedicto XVI, en 2009, que “el desarrollo humano integral supone la libertad responsable de la persona y los pueblos: ninguna estructura puede garantizar dicho desarrollo desde fuera y por encima de la responsabilidad humana”. Luego denuncia un fenómeno muy propio del progresismo globalista de actualidad:

“Los «mesianismos prometedores, pero forjadores de ilusiones» basan siempre sus propias propuestas en la negación de la dimensión trascendente del desarrollo, seguros de tenerlo todo a su disposición. Esta falsa seguridad se convierte en debilidad, porque comporta el sometimiento del hombre, reducido a un medio para el desarrollo, mientras que la humildad de quien acoge una vocación se transforma en verdadera autonomía, porque hace libre a la persona” (Caritas in veritate). 

Ambos pontífices abordan, seguidamente, las dos formas de gobernanza global y de totalización que buscan subordinar al hombre y transformarlo en dato u objeto de sus dictados mientras renuncia a la unidad de su naturaleza.

En lo relativo al mundo digital y de la inteligencia artificial son iluminadoras las palabras de papa Ratzinger, en su citado documento: “El desarrollo tecnológico puede alentar la idea de la autosuficiencia de la técnica, cuando el hombre se pregunta solo por el cómo, en vez de considerar los porqués que lo impulsan a actuar. Por eso, la técnica tiene un rostro ambiguo. Nacida de la creatividad humana como instrumento de la libertad de la persona, puede entenderse como elemento de una libertad absoluta, que desea prescindir de los límites inherentes a las cosas. El proceso de globalización podría sustituir las ideologías por la técnica, transformándose ella misma en un poder ideológico, que expondría a la humanidad al riesgo de encontrarse encerrada dentro de un a priori del cual no podría salir para encontrar el ser y la verdad”, afirma.

Juan Pablo II, en su señalada encíclica y apuntando a la cuestión ecológica o de la transición verde, hace una amplia exégesis que parte de una premisa fundamental o básica: “El hombre, llamado a cultivar y custodiar el jardín del mundo, tiene una responsabilidad específica sobre el ambiente de vida, o sea, sobre la creación que Dios puso al servicio de su dignidad personal, de su vida: respecto no solo al presente, sino también a las generaciones futuras”.

Sus matizaciones sobre la cuestión, entonces, han de leerse a la luz de dicho marco conceptual. “Es preciso, pues, estimular y sostener la «conversión ecológica», que en estos últimos decenios ha hecho a la humanidad más sensible respecto a la catástrofe hacia la cual se estaba encaminando. El hombre no es ya «ministro» del Creador. Pero, autónomo déspota, está comprendiendo que debe finalmente detenerse ante el abismo”, dice Papa Wojtyla.

Lapidaria es, y apropiada como epílogo, su afirmación concluyente, de mirada universal, que plantea en 2001 en una de sus Audiencias Generales, juntando la cuestión ecológica con el problema crucial de las identidades y el género que vienen disolviendo a nuestras naciones y sus Estados: “No está en juego sólo una ecología ‘física’, atenta a tutelar el hábitat de los diversos seres vivos, sino también una ecología ‘humana’, que haga más digna la existencia de las criaturas, protegiendo el bien radical de la vida en todas sus manifestaciones y preparando a las futuras generaciones un ambiente que se acerque más al proyecto del Creador”, finaliza.  

correoaustral@gmail.com

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Mérida, ¿ciudad de retos?, por Antonio José Monagas
Lo que el régimen municipal ha denominado sin mayor justificación “Mérida, ciudad de retos” nada o poco tendría relación con necesidades de la gente

 

@ajmonagas

Esta disertación debe iniciarse con lo que cabe bajo el concepto de “reto”. La tan manoseada palabra reúne distintas acepciones cuyos significados apuntan a contextos no siempre semejantes. No es lo mismo asumir el reto ante un propósito, que frente a una realidad.

Hablar de retos implica consideraciones de razón filosófica y reflexiva, entre otras consideraciones. Políticamente hablando, la acepción de “reto” se torna ambigua. Tanto, que permite interpretaciones tan planas que no dan para mucho. O para nada.

Constituye un modo de alargar el compás de silencio, de inacción o cesantía que acostumbra practicarse toda vez que el ejercicio de la política compromete capacidades y recursos muchas veces ficticios. Particularmente, cuando el “reto” roza el fracaso. En el fondo, “reto” y “fracaso” son tramas de las mismas circunstancias.

Y ahí, precisamente, está la esencia del problema, que se complica cuando al término “reto” se le añade el término “ciudad”. Entonces se habla de “ciudad de retos”. Y acá vale preguntarse: ¿De cuáles retos se habla? ¿Desde qué tipo de ciudad?

Frases falsas que cautivan

En el contexto politiquero, embadurnado del más chabacano populismo, la frase “ciudad de retos” cautiva y pudiera hacerse de un cierto número de seguidores. El caso al que nos referimos compromete a Mérida. Una ciudad gobernada por militantes del partido del régimen venezolano que, en esencia, desconocen. ¿La ven como ciudad caracterizada por su inclinación cultural, turística, ambiental, universitaria, histórica, conservacionista, geográfica, económica o social?

Así que ¿de cuáles retos hablan? Esta pregunta, habrá que responderla viendo a Mérida desde la óptica de los problemas que la asolan. Así podría calificarse como una ciudad desintegrada cuyos habitantes tienen poca comprensión de lo que cabe bajo el concepto de “ciudadanía”.

Bajo prejuicios políticos, sociales y económicos, es una sociedad de excluidos entre los individuos y grupos que cohabitan en ella. En virtud de ello, resulta difícil adelantar cualquier propósito que redunde en beneficio de la “convivencia en la ciudad”. Entre la politiquería se pierde la posibilidad de convivir bajo hábitos propios de la merideñidad.

Mérida, ciudad de retos… ¿cómo así?

En términos de lo que busca exaltar la frase “Mérida: ciudad de retos”, no todo calza con las expectativas y necesidades que cunden en el territorio citadino. Hay razones que obstruyen cualquier propósito pronunciado con afán político-electoral. O sea, disfrazado de democrático pero que en su interior encubre intenciones populista-demagógicas.

El gobierno de la ciudad es inaccesible para el común de sus habitantes. A pesar de los extravagantes colores que han manchado las fachadas de algunos edificios públicos, la autoridad sigue ejerciéndose con base en criterios excluyentes. Particularmente, al preferir a quienes demuestran actitudes manipuladas por líneas políticas del oficialismo. O porque celebran ilusamente toda declaración de personeros del régimen y sus ejecutorias.

Debe notarse que la ciudad padece de problemas relacionados con la conducta desordenada de individuos que creen ser el “hombre nuevo”, propio de la propaganda del “socialismo del siglo XXI”. Por consiguiente, la “anomia” o desorganización social que resulta de la incongruencia de normas sociales es advertida por doquier.

¿Dónde quedan las necesidades?

¿Cuáles son los retos que estima el régimen municipal merideño? Si de retos se trata, primeramente los mismos deben categorizarse. Por eso, debe entenderse que cualquier objetivo por lograr no es un reto en su exacta acepción. Los “retos” presumidos por el régimen municipal podrían ser anhelos trazados con el mero interés politiquero de atornillarse al poder.

De hecho, lo que el régimen municipal ha denominado sin mayor justificación “Mérida, ciudad de retos” nada o poco tendría relación con las necesidades de la gente, de las cuales el régimen regional y municipal no dicen nada. No es más que lograr una ciudad cuyos habitantes puedan disfrutar una merecida calidad de vida. Aquí algunas de los retos apremiantes:

  • Coadyuvar, por ejemplo, con el restablecimiento de la Universidad de Los Andes a fin de que se reposicione a partir de lo que su visión académico, organizacional y funcional representa.
  • Una ciudad cubierta de módems que garanticen la cobertura de internet en toda la extensión urbana. Y se compadezca de las exigencias de la virtualidad que demanda la educación y la información en línea.
  • Una urbe donde ningún interés político divida. Sino por lo contrario, multiplique. Y ello requiere de centros de formación moral y cívica ubicados por toda la ciudad.
  • Acentuar los proyectos que se planteen una ciudad bucólica y de sosiego que invite al relax y al disfrute de su geografía.
  • Una municipalidad que preste el debido acompañamiento al transporte público el cual debería prestar la atención que cada usuario merideño merece.
  • Que cuente con centros públicos que busquen dignificar al ciudadano mediante programas de construcción de ciudadanía y emprendimiento.
  • Una ciudad con una Policía formada para corresponderse diligentemente con la seguridad del merideño.
  • Construir plazas con bancos que inviten a conversar, a leer, a disfrutar del entorno.
  • Recrear el camino de los españoles que le brindaron a la ciudad un aire educativo, espiritual, agricultor en los siglos XVI y XVII. Ese camino que subía por un ala de la Cuesta de Belén.

Estos serían algunos de los retos que -en verdad- podrían caracterizar a Mérida en su esplendor, crecimiento y desarrollo. O a menos que esos “retos” que presumen comprender a Mérida cuando quiere señalársele como “ciudad de retos”, sean los que el diccionario de la Real Academia Española indica entre las acepciones de “reto”: “acción de amenazar”; incluso “reprimenda, regaño”.

De entenderse ser así la situación-compromiso, Mérida bien encajaría con la idea que compromete su realidad. Así no cabría duda alguna de llamarse “ciudad de retos”. O acaso sigue dudándose del calificativo que populistamente se le ha endilgado con aquello de Mérida, ¿ciudad de retos?

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Cómo despertar a su hijo para ir al colegio, por Reuben Morales
Quienes tenemos hijos, sabemos que despertarlos en la mañana para ir al colegio es una tarea tan complicada como negociar con un secuestrador

 

@ReubenMoralesYa

Despertar a un hijo para ir al colegio es un difícil arte que solo han logrado dominar muy pocas personas en la historia. Un ejemplo de ello es la Madre Teresa de Calcuta, cuyo gran secreto fue aplicar una sencilla técnica mejor conocida como “nunca tengas hijos”.

Pero quienes tenemos los nuestros, sabemos que despertarlos en la mañana para ir al colegio es una tarea tan complicada como negociar con un secuestrador (que además esté tratando de despertar a su propio hijo). Sin embargo, con los escasos años que llevo levantando a mi hijo en las mañanas para ir al colegio, he conseguido una pequeña fórmula un poquito compleja, pero que nunca me falla. Mire:

Si quiere despertar a su hijo para ir al colegio, debe comenzar por ser muy sigiloso y delicado; abordando su cama con mucho tacto mientras susurra un amoroso “Buenos díaaaaaas”. Si esto no funciona, pase a la segunda fase, que consiste en decir el mismo “Buenos díaaaaaas”, pero con una leve caricia en la cabeza de nuestro hermoso hijo. Si no funciona, entonces diga “Buenos díaaaaaas”, le soba la cabeza y le da un besito en el cachete (pero le clava los cañones de la barba disimuladamente a ver si se despierta). Si no ve ningún resultado, entonces exclame “¡¡Buenos díaaaaaas!!”, mientras le hace cosquillas en la planta de los pies.

Si su hijo ni se inmuta, grite “¡¡¡Buenos díaaaaaas!!!”, mientras le arranca la sábana de encima para que se muera de frío. Si el condenado ese no se levanta, préndale la luz del cuarto y después póngale la linterna de su celular en la cara. ¿Se hace el loco? Entonces ponga un video de YouTube de Nicolás Maduro a todo volumen. ¿¿¿Nada todavía??? Entonces jálele las patas para que piense que entró un espanto al cuarto.

¿Aún sigue falto de tacto con usted, que se levantó una hora antes para prepararle el desayuno? Entonces empape sus manos y salpíquele gotas de agua en la cara para que crea que está en una tormenta en altamar y se despierte. Si ahora comenzó incluso a roncar, entonces móntese en la cama y salte sin miedo, como si estuviera en la cama elástica de una fiesta de cumpleaños. ¿¿Sigue inmóvil?? Entonces agarre las medias sucias con las que usted hizo ejercicios ayer y colóqueselas en la nariz. Aún como la bella durmiente, ¿no? Entonces martille la pared que está al lado de su cama para ver si el dulce sonido de los martillazos rompe el hechizo de su abrazo con Morfeo.

Si ahora se da la vuelta y se vuelve a arropar, entonces meta los timbales que compró para aprender a tocar salsa y ejecute el solo del tema Cuero na’ má’. Si luego de esto comenzó a babearse dormido, entonces infle una bolsa de plástica de supermercado y explótela. ¿¿¿Todavía sigue como una piedra??? Entonces llame a los bomberos con la excusa de que hay un incendio en el cuarto de su hijo para que lleguen de inmediato, metan la manguera en el cuarto y le echen un chorro de agua a alta presión.

¡Ahora sí! Verá cómo su hijo despierta con el mejor de los ánimos posibles (y, además, bañadito). Claro, pero como después de bañarse hay que cepillarse los dientes, tranquilo, no se preocupe. No hay que rezarle a la Madre Teresa de Calcuta, ni nada de eso. Para ese caso en especial, le tengo otra fórmula muy facilita y sencilla. Y lo mejor de todo es que nunca me ha fallado. ¿Tienen cinco minutos?

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La ciudadanía y lo público se construyen en las canchas, por Kaina Bolívar y Humberto Rumbos*
En las canchas se generan normas, consensos, valores, responsabilidades y compromisos. Se construye ciudadanía

 

@miconvive

Al pensar en la ciudadanía, el espacio público y hasta en la democracia se presentan nociones comunitarias que conciben estas ideas como algo que se construye en conjunto y que no puede ser producto de un esfuerzo individual. Desde un punto de vista filosófico-político, estas ideas se encuentran en el marco de las reflexiones respecto al bien común, la sociedad civil y la cooperación social.

Sin embargo, la ciudadanía cobra vida en lo concreto del espacio público, pues sin ágora no existe política, ni mucho menos democracia.

No resulta posible pensar en ciudadanos sin tomar en cuenta las plazas, los parques y hasta las canchas, ya que en lo público es en donde se construye la ciudadanía. En la ciudad se pueden identificar “centralidades” en las que las personas habitan temporalmente y se movilizan constantemente. No obstante, espacios cerrados como nuestros hogares, centros administrativos o instituciones privadas no nos permiten entrar en contacto con la ciudadanía general; en ellos se generan segmentaciones, que en sociedades desiguales suelen caracterizarse por la exclusión de unos grupos hacia otros.

En las canchas se restaura el tejido social

El espacio público representa la heterogeneidad que caracteriza a la democracia plural, tolerante e inclusiva. Invita a sus ciudadanos a enfrentarse al disenso respecto a otras opiniones, entendimientos y propuestas vinculadas con la sociedad de la cual cada uno de ellos forma parte. Cuando una persona empieza a interactuar con otra para influir o participar en la toma de decisiones respecto a asuntos públicos se supera la individualidad y se comienza a construir ciudadanía. Usualmente el voto es lo primero que surge en una discusión cuando se habla sobre la participación ciudadana. Sin embargo, la discusión, la interacción y la confrontación dialógica forma parte de la esencia de cualquier sistema político democrático.

Los espacios públicos están concebidos para que sean lugares de encuentro y no de paso; esto puede ser sencillo de entender al ver una plaza. Sin embargo ¿de qué forma se presentan los espacios deportivos en la construcción de la ciudadanía?

Los espacios deportivos funcionan como un lugar formativo, donde se proporciona disciplina a las personas que hacen vida en ellos. En estos se generan normas, consensos, se construyen valores, responsabilidades y compromisos. Además de la construcción de ciudadanía, también se genera capital social, del cual surgen personas, asociaciones y organizaciones que trabajan por el bienestar común. Asimismo, las canchas contribuyen positivamente a la salud física y el bienestar del ciudadano mientras que promueven la integración social y el desarrollo local en diversos campos sociales.

Ciudadanía y capital social

Debemos considerar que, en Caracas, la mayor parte de los equipamientos y espacios públicos se ubican fuera de los barrios, es decir, en las zonas «formales». Esto deja una escasez de lugares para la recreación, disfrute y sosiego en las comunidades. Además, las comunidades vulnerables caraqueñas son lugares donde todo espacio vacío se ocupa y, a su vez, poseen dificultades topográficas que complican aun más la generación de espacios en los cuales convivir.

Es por ello que la infraestructura deportiva existente se ha convertido en estos lugares de encuentro. Y amplía su alcance a más allá de un espacio donde se practican actividades deportivas, sino también actividades recreativas y culturales. Así, las canchas y demás espacios deportivos cumplen las funciones de plazas y parques. Son estos lugares los que han adquirido un rol de espacio público, donde no solo se genera ciudadanía, sino también capital social.

La necesidad y la importancia del espacio público y espacios deportivos en las comunidades vulnerables caraqueñas se evidencian cuando son las propias comunidades quienes buscan las alternativas para la recuperación y activación de estos espacios. Como todo ciudadano, tienen la necesidad de recrearse y expresarse de forma artística, deportiva y cultural.

Proyecto Espacios para el reencuentro 

El proyecto Espacios, de la organización Mi Convive, ha vivido de cerca estas necesidades. Para hacer frente a ellas see ha encargado de recuperar, hasta ahora, un total de 20 espacios deportivos y 7 espacios públicos (antes puntos de concentración del crimen), entre canchas, pequeñas plazas y espacios residuales adaptados a lugares de encuentro. Las recuperaciones realizadas por el proyecto no solo consisten en la restauración física del espacio. También buscan promover la organización comunitaria y la participación ciudadana, generando un sentido de identidad colectiva. El objetivo es obtener un impacto positivo y que a través de la buena gestión y diseño del espacio, se procure ciudadanía y sirva como medio de construcción de capital social.

Vídeo: Así recuperamos espacios para el encuentro y la convivencia – Programa Espacios de Mi Convive | Mi Convive

Para comprobar la importancia, necesidad e impacto de estos espacios públicos deportivos, se ha hecho seguimiento de los espacios recuperados. Entre los resultados obtenidos, se consolidaron equipos deportivos y asociaciones civiles cuya finalidad es seguir trabajando en la construcción de tejido social. Además, se incentivan las actividades sociales y culturales que contribuyen con la formación y espacios de recreación.

Ejemplo en Artigas, Antímano

Entre estas recuperaciones se encuentra la cancha del Chato Candela, en Artigas, parroquia Antímano. Esta cancha en un principio se encontraba abandonada y era sede de vandalismo, consumo de drogas y otros hechos delictivos. A través de la recuperación se logró organizar a la comunidad, generar sentido de pertenencia por el espacio y crear nuevas normas y compromisos para su mantenimiento. Además, se consolidó el equipo de básquet “Bucaneros de Artigas” como una escuela formal. La comunidad que asumió la responsabilidad de la cancha se consolidó como asociación civil, una figura a la cual las personas suelen acudir.

Javier Vera, presidente de la asociación, expone que “en el espacio se están impartiendo diferentes disciplinas. Hay responsables del cuidado del espacio y se trata de inculcar esa cultura de mantenimiento en todas las personas que hacen vida en la cancha. Además, se intenta desarrollar escuelas de danza, actividades culturales y arte”.

De esta forma, Artigas es un ejemplo, entre muchos otros casos, en los que se ha empezado a cambiar la realidad de sus habitantes por medio de la intervención del espacio público. En algunas comunidades de Caracas se está construyendo ciudadanía desde sus espacios deportivos, y con ello se promueve activamente el contacto entre sus ciudadanos. Las instituciones y las libertades políticas son esenciales para el fortalecimiento de cualquier sistema democrático; sin embargo, no puede existir democracia en donde no existan los puntos de encuentro y el diálogo en los cuales se construya lo público.

* Kaina Bolívar es coordinadora del programa “Espacios Seguros” en Mi Convive. | Humberto Rumbos es especialista de investigación en Mi Convive.

Boves y la paradoja del “bolivarianismo” chavista, por Alejandro Armas
Si la elite gobernante venezolana se sincerara, tendría que reconocer que su supuesta inspiración está más cerca de Boves que de Bolívar

 

@AAAD25

Desde el año pasado estoy haciendo algo que había evitado durante toda mi vida previa como lector: ponerles las manos, y los ojos, encima a dos libros a la vez. Para que no se me traspapelen dos historias y en mi cabeza aparezca un anacrónico y cacofónico romance entre Jules Sorel y la tía Julia, me abstengo de elegir dos narraciones. Es decir, combino una novela con un texto no narrativo. El segundo puede ser un poemario o un tratado filosófico. Describir esa simultaneidad es importante para entender el meollo de este artículo.

Así pues, recientemente leí en paralelo Sexo y justicia social, de Martha Nussbaum, y otro libro que revelaré más adelante. Hacía mucho tiempo que quería dedicar mi atención a aquella obra de la pensadora estadounidense, pues ella es de las personas que más han influido en mi manera de ver varios de los asuntos que mueven el mundo contemporáneo. Se trata de un conjunto de ensayos, sobre todo de filosofía feminista. Pero lo que voy a tratar a continuación no tiene que ver con la lucha justa y necesaria por la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres.

En su libro, Nussbaum cuestiona los planteamientos de algunas feministas radicales sobre venganza contra el sexo masculino entero por los desmanes de individuos misóginos, así como la severidad, a su juicio excesiva, de las penalidades planteadas. Sin pregonar impunidad, Nussbaum invita a considerar las circunstancias que pudieron haber llevado a un hombre a perpetrar alguna injusticia machista, como la falta de una educación apropiada. A partir de los postulados de Aristóteles y, sobre todo, de Séneca, propone una forma de hacer justicia rigurosa pero al mismo tiempo misericordiosa, cuando ciertos elementos de un caso razonablemente maticen la mala intención detrás de un crimen.

La propuesta de este ejercicio empático coincidió, como dije, con la lectura de otro libro, y me obligó a replantearme mis nociones sobre su protagonista. Ese otro libro es Boves, el Urogallo, de Francisco Herrera Luque. Debo aclarar primero que nada que el cambio en cuestión no me hizo un apologista del terrible “taita”. José Tomás Boves fue un monstruo. Lo que cambió fue mi entendimiento de lo que lo convirtió en un monstruo.

Entiendo perfectamente que, al igual que otras obras de Herrera Luque, esta es un roman à clef. Una novela basada en hechos reales, pero que el autor aliña con ficciones. No obstante, el aspecto que quiero resaltar fue muy real, y del mismo han dado cuenta los más reputados historiadores venezolanos. Me refiero al contexto de una sociedad colonial en la que el régimen de castas hacía de la vida del grueso de la población un verdadero infierno. En esa especie de neofeudalismo tropical, las elites privilegiadas y propietarias de la tierra se daban vidas llenas de ocio y placeres, mientras que las masas dedicadas al trabajo duro estaban constituidas por ciudadanos de segunda o de tercera o, en el caso de los esclavos, por individuos totalmente reificados y despojados de su dignidad humana.

Boves, a la sazón un comerciante próspero justo cuando aquellas mismas elites emprendieron la gesta independentista, había sido objeto de su rechazo visceral.

Una alta sociedad obsesionada con el abolengo no podía admitir entre sus miembros a un hombre de orígenes humildes y sin prosapia alguna. No importaba cuánto dinero hiciera por esfuerzo propio. De ahí que el asturiano, pese a ser totalmente blanco, prefiriera rodearse de peones y esclavos de tez oscura, con los cuales sí podía establecer relaciones cordiales. Ah, y también con canarios como su eventual lugarteniente de guerra Francisco Tomás Morales, ese otro segmento demográfico despreciado por blancos peninsulares y criollos acomodados (irónicamente, el feroz Morales llegaría a fungir como último capitán general de Venezuela tras la derrota de Miguel de la Torre en Carabobo).

Sin justificar moralmente sus degollinas y demás barrabasadas, puede uno entonces entender (subrayo “entender”, que es lo que Nussbaum plantea a la hora de emitir juicios), cómo es que Boves, ungido además con recursos y carisma, pudo erigirse como caudillo de una turba harta de los malos tratos de la aristocracia criolla que enarboló la bandera de ruptura con España. Más aun teniendo en cuenta que entre 1813 y 1814, el bando independentista no era tampoco precisamente piadoso o humanitario con sus enemigos realistas. Basta recordar el Decreto de Guerra a Muerte o las tropelías sanguinarias de un Antonio Nicolás Briceño.

Todo lo anterior me lleva al punto al que quería llegar. En Venezuela llevamos unas tres décadas de chavismo autoproclamándose como heredero definitivo de Simón Bolívar. Así ha sido desde que Hugo Chávez irrumpió en la mente colectiva nacional al frente de un tal “Movimiento Bolivariano Revolucionario 200” y reconociendo el fracaso de su aventura golpista. En realidad, esa tendencia a justificar las acciones propias invocando los deseos de Bolívar no es ninguna novedad, y se ha manifestado en los predecesores del chavismo como fenómenos políticos dominantes de Venezuela. Pero el chavismo tal vez sea el que la ha llevado a un mayor extremo en lo retórico y simbólico… Toda vez que es el que menos se relaciona con el bolivarianismo en términos prácticos.

Las verdaderas raíces ideológicas del chavismo son otras, muy distintas. Son sobre todo Marx y varios de sus discípulos, como Lenin y Gramsci. Al respecto, los sucesos de la Segunda República son bastante ilustrativos.

Después de todo, en una lectura marxista de la historia, ¿no fue aquella etapa de nuestra Guerra de Independencia una suerte de lucha de clases (o de razas) en la que Bolívar y los demás blancos criollos no quedan muy bien parados que digamos? Voy más allá. En la biblioteca de todo comunista que se respete debe haber un volumen cuyo título original en francés es Les Damnés de la Terre (Los condenados de la tierra). Este libro, escrito por el psiquiatra y pensador marxista Frantz Fanon, describe y critica los efectos psicológicos del colonialismo en quienes lo sufren (piensen nada más en la salud mental de alguien que sabe que puede ser liquidado a latigazos por capricho de su empleador).

Sostiene además que la violencia es indispensable en los procesos de descolonización, y no tanto un mal necesario como una experiencia “liberadora” que gratifica a las víctimas del colonialismo y revierte los efectos nocivos en su psiquis (esta es, por cierto, la idea rudimentaria e implacablemente vengativa de justicia que Nussbaum cuestiona). Ahora bien, si alguien parte de las premisas de Fanon, ¿no eran acaso las huestes de Boves les damnés de la terre, sometidos a todo tipo de vejaciones antes de estallar en rebelión guiada por un justo deseo de libertad, pero también por impulsos de crueldad homicida?

Yo diría que, si la elite gobernante venezolana se sincerara, tendría que reconocer que su supuesta inspiración tiene más que ver con Boves que con Bolívar. De hecho, el revanchismo estamental de las montoneras de Boves es similar al de las tropas de Ezequiel Zamora, a quien el chavismo admite entre sus héroes. Y entonces, en lugar de toda esa iconografía de la Batalla de Carabobo que vemos hoy, tendrían que poner una alusiva a la Batalla de La Puerta, en la que Boves derrotó a Bolívar y pronunció así la sentencia de muerte de la Segunda República. Apropiado, ya que ahora en Venezuela tampoco tenemos una república.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Nicolás, con la educación has topado, por José Luis Farías
No olvides, Nicolás, que la resistencia al autoritarismo de Chávez comenzó en la educación en los albores de esta tragedia que ya suma más de dos décadas

 

@fariasjoseluis

Por más que hago memoria, reviso en mis libros y papeles, o pregunto a viejos colegas, no doy con ningún antecedente igual o parecido. El insolente agravio de este gobierno contra el magisterio venezolano y las universidades nacionales no lo encuentro ni en países latinoamericanos gobernados por militares gorilas ni en gobiernos comunistas de otras latitudes.

El salario, bono vacacional y demás reivindicaciones económicas de todos los sectores del mundo educativo han sido robados. ¡SÍ, RO-BA-DOS! con la aplicación del infame “Instructivo ONAPRE”, un acto sublegal que lanza al degredo todo lo previsto en materia laboral en la Constitución y las leyes. Es un hecho abominable que descubre una mezcla de ignorancia con maldad.

No tiene explicación alguna este encarnizamiento contra los educadores y del resto de los trabajadores educacionales para esquilmar su ya mermado ingreso.

Ni los pocos trabajadores educativos plegados al gobierno son capaces de justificarlo, mucho menos defenderlo. El desprecio del autoritarismo gubernamental por la educación tiene su prueba más patética en este atentado contra la vida de los maestros, empleados y obreros y sus familias. Que es un desprecio contra el país. Pero como no hay mal que por bien no venga, es bueno decir que el magisterio, durante años golpeados por la represión, está dando en la calle un enorme ejemplo al resto del país con una lucha que ya alcanza ribetes épicos en sacrificio por preservar sus conquistas históricas.

Nicolás, con la educación has topado. No olvides que la resistencia al autoritarismo de Chávez comenzó en la educación en los albores de esta tragedia que ya suma más de dos décadas.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad,. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La estulta locura venezolano-iraní, por Armando Martini
De concederse un millón de hectáreas del estado Lara a la república de Irán, estaríamos ante un crimen de lesa patria

 

@ArmandoMartini

No existe un Estado más peligroso hoy en el mundo que el iraní. Amenaza en construir ojivas nucleares “si es provocado”, advirtiendo que podría convertir Nueva York en “ruinas infernales”. Y el castrismo venezolano pretende adjudicarle la mitad del estado Lara y casi el tamaño del estado Mérida, contraviniendo el artículo 13 de la Constitución: el territorio nacional no podrá ser jamás cedido, traspasado, arrendado, ni en forma alguna enajenado, ni aun temporal o parcialmente, a Estados extranjeros u otros sujetos de derecho internacional. El espacio geográfico venezolano es una zona de paz. No se podrán establecer en él bases militares extranjeras o instalaciones que tengan de alguna manera propósitos militares, por parte de ninguna potencia o coalición de potencias”.

Estamos en presencia del más grave delito de traición a la patria, que se haya cometido en la historia republicana. El quebrantamiento definitivo se consuma con la firma del pacto por la ignorancia de quien se cree dueño de Venezuela. Semejante felonía no debe ser permitida por la Asamblea Nacional, so pena de convertirse en cómplice.

Un millón de hectáreas para Irán

Constituye una amenaza directa para la estabilidad del hemisferio occidental. Ocurre bajo los ojos del permisivo y somnoliento presidente. La tiranía terrorista tendrá a disposición posesiones para desarrollar cualquier misión política o bélica, enmascarado de “cooperación económica”.

De suceder el hecho, probado con documentos donde se concede una porción de un millón de hectáreas de territorio nacional a la república de Irán, estaríamos ante una transgresión imperdonable. Por consiguiente, el contrato sería nulo y acarrearía responsabilidad penal para quien lo autorice. Además, la consecuencia del cese inmediato de la función pública para el que lo suscriba.

Se asegura, que las relaciones son “estratégicas” frente al “imperialismo” estadounidense. Y que el acuerdo por 20 años es muestra de la “voluntad al comprometerse en diferentes áreas”. Lo dijo él mismo, el “superbigote obrero”. Maduro fue secundado por el viceministro iraní de asuntos económicos, quien aseveró el régimen venezolano le había proporcionado territorio como tierra de cultivo, con la intención de que especialistas iraníes desarrollen industrias de alimentación. ¿Desde cuándo, además de dictador y jefe militar, es dueño del territorio venezolano?, ¿de 912 .000 kilómetros cuadrados que nos han dejado entre ingleses, brasileños, colombianos, gobiernos descuidados y negligentes?

Siembra iraní

¿Con permiso de quién entrega una superficie más grande que los estados Carabobo, Yaracuy, Aragua? El autócrata confía en el mutismo selectivo. A lo sumo escuchará gruñidos con decibeles hipócritamente altos, pero sin consecuencias, de los socios políticos obedientes. Estos, que carecen de principios morales elementales, podrían aprobar la estulticia propuesta. No obstante, se esperaría dignidad y conciencia patriótica de la mayoría ciudadana.

Según la Constitución el territorio venezolano es eso, venezolano, soberano. Entregarlo es doblez, delito de lesa patria. ¿Nadie va a decir nada? ¿Vendrán persas a sembrar granos, trigo, algodón y tabaco? ¿O vendrán a inventar agriculturas sospechosas; tal vez instalaciones para venenos contra estadounidenses e israelíes?

Cómo estar seguros de que el presidente usurpador, reconocido por la falsa oposición con mostacho y casacas militares, entienda lo que está haciendo al entregar abiertamente tierra venezolana a la potencia terrorista que es Irán. País del fanatismo y el delirio enloquecido de un islam agresivo, violento, capaz de asesinar sin piedad como lo viene haciendo. ¿Es a esa calaña de costumbres reprochables a quienes pretende cederle un millón de hectáreas porque le da la gana?

Decisión tiránica e inconsulta

No solo es motivo de alarma que se conceda espacio a una potencia extranjera sin preguntas ni consulta; que se entregue medio estado a un país en conflictos, en los cuales no tenemos arte ni parte; un territorio que endosó un presidente que alardea de su patriotismo, de ser revolucionario y bolivariano en las narices de militares cargados de condecoraciones; pero que, enajenados, claudican y echan por tierra sus más sagrados juramentos. Triste y vergonzoso. Ceder territorio a cualquiera nunca garantizará soberanía

Mientras tanto, la administración demócrata negocia con el castro-madurismo para que Venezuela vuelva a convertirse en un exportador de petróleo para Estados Unidos. Sin embargo, el país no tiene capacidad tecnológica, industrial y económica para volverse proveedor confiable. Lo único logrado por el octogenario es legitimar al castrismo. Mientras este continúa relacionándose con sus enemigos.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es