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Opinión

Luis Ugalde Abr 03, 2020 | Actualizado hace 7 horas
Pacto Social para renacer, por Luis Ugalde

Venezuela solo tiene remedio si hacemos lo que hay que hacer; todos, primero Maduro. Él expresó, como crítica al presidente colombiano, que para vencer al coronavirus hay que dejar de lado “diferencias ideológicas y pequeñeces miserables”. Luego solicitó del Fondo Monetario Internacional (FMI) un préstamo de 5.000 millones de dólares, sabiendo que no se lo podían dar. Ambos gestos solo servían para echar la culpa a otros. Desideologizar y abrirnos internacional y nacionalmente son dos consejos que el régimen debe aplicarse a sí mismo.

Venezuela obedeció sin problemas la medida de quedarnos en casa, en cuarentena social evitando encuentros y contactos. Quince días encerrados en casa sin producción, sin escuela, sin ingresos y sin comida dejarán en evidencia que nuestra realidad es mucho más grave y mortal que el coronavirus con 40 contagiados y ningún muerto.

Sincerar y producir

Tenemos 40 contagiados del virus, pero más de 400 presos políticos perseguidos, más de 4000 empresas muertas o en agonía, más de 4.000.000 de huidos y desterrados y muchos miles de muertos, cuyo número crece por un régimen empeñado en no cambiar.

Necesitamos reconocer la terrible realidad de una economía que en 5 años ha perdido el 65 % de su producción (PIB), una educación con maestros y niños en huida y escuelas vacías, una salud con hospitales desmantelados, y servicios vitales de agua, luz, gas, transporte… en ruina. Incluso una industria petrolera saqueada y en quiebra total… La lista es mucho más larga y la moribunda Venezuela no solo necesita un préstamo de $5.000 millones sino más de 50.000 para empezar a sincerar la política y activar la producción en todas las áreas.

Maduro tiene razón: necesitamos del FMI y hay que dejar de lado “diferencias ideológicas y pequeñeces miserables”. Pero nada se puede hacer con un Estado quebrado, endeudado y secuestrado por un régimen tiránico que produce miles de muertos y lleva a la agonía a millones.

Para que todo el país renazca es indispensable sincerar, salir del secuestro del régimen y llamar al país entero a la producción de soluciones y al renacer nacional.

Los apoyos externos son indispensables, pero no llegarán con la producción nacional política, económica y social muertas. Abrir las puertas para que los presos políticos los líderes y partidos perseguidos e inhabilitados salgan al libre ruedo político-democrático; renovados también ellos, pues Venezuela es otra y hay que escuchar el clamor sufriente de los venezolanos en todas sus formas. Renovados empresarios y trabajadores para producir un nuevo encuentro entre capital y trabajo, pues el uno sin el otro nada valen y se necesitan repotenciados y aliados para salir de la pobreza. Para que 14 millones de trabajadores vuelvan a tener vida y esperanza y miles de empresas puedan competir es necesario reactivar la inversión de capitales que deben ser atraídos y protegidos; para lo cual hay que borrar de la lengua y del corazón el “exprópiese” irresponsable.

Pacto social vs. tiranía

Cuando el poder se impone, no hay pacto social, sino imposición tiránica armada. Todo esto pasa por la creación de una política democrática, dialogada y negociada entre diferentes. La soberanía del pueblo, las elecciones limpias y creíbles de un Parlamento (Asamblea Nacional) donde se discutan libremente y se negocien las soluciones políticas. Es indispensable, a su vez, la elección presidencial constitucional, secuestrada en 2018 y desmontar los serviles TSJ y ANC que creó el Ejecutivo de facto para anular la Asamblea Nacional democrática y todas sus decisiones.

No hay que inventar mucho sino sincerar y darle vigencia efectiva a la Constitución de 1999 y, conforme a ella, acordar en la AN legítima el nuevo CNE creíble y crear las condiciones para realizar este mismo año, con observación internacional cualificada, las elecciones parlamentarias libres que tocan y las presidenciales que están retrasadas desde 2018, pues no se realizaron como exige la Constitución. Elecciones que las necesitamos con participación masiva y resultado creíble y respetado.

Toda esa enfermedad nacional es mucho más grave y mortal que el coronavirus, que debe ser el detonante para asumir el cambio integral.

No hay democracia sin contrato social, ni Constitución que consagre los objetivos del pacto y los derechos y deberes de todos, no importa su ideología política. Lógicamente en ese pacto debe entrar también el chavismo.

Perder o ganar la vida

De la noche a la mañana el microscópico e invisible virus ha dejado en evidencia la desnudez del mundo y la indigencia de Venezuela arruinada, desmantelada y con virus: las armas son poderosas para imponer, pero no sirven para dar vida al mundo, ni para convocar un gran encuentro nacional para que el país renazca.

Es casi increíble que un virus mínimo haya puesto en crisis todo el poderío económico-financiero mundial y haya obligado a los Estados a cerrar sus empresas, escuelas, iglesias y campos de deporte. Un virus que avanza sin respetar fronteras, ni carteras, dejando en evidencia que la convivencia nacional e internacional sin ética -es decir sin tomar en serio la dignidad del otro y sin solidaridad con él – es irrespirable y letal.  Está a la vista que solo cuando escribimos TÚ con la misma mayúscula que YO está presente DIOS-AMOR, ese Dios que nunca nadie lo ha visto pero lo sentimos presente cuando vivimos el verdadero amor humano (ver 1 Juan 4, 12).

La más grave enfermedad no es el coronavirus, sino el poder tiranizado que en Venezuela ya ha matado a miles y tiene en agonía a millones. La emergencia del virus nos llama a todos a la conversión, a cambiar de conducta y a exigir del régimen y de toda la política –también de la opositora- a sincerarse con la realidad y renovar el Pacto Social Democrático.

¡Muerte al virus! ¡Muerte a los gorriones!, por Alejandro Armas

@AAAD25 

Nunca me cansaré de invocar la aguda observación de Elisa Lerner sobre las dictaduras y su estupidez. Los foros, hábitat natural de la democracia, no siempre son mentideros de los que brota sabiduría como maná bíblico. Pero es en los regímenes autoritarios que se ven las sandeces más farsescas. Todos los políticos tienen el mismo propósito: obtener el poder, primero, y preservarlo, después. Es mucho más fácil hacerlo cuando los ciudadanos, a cuyo servicio se supone que están, se sienten satisfechos con su desempeño. En democracia, como nos recuerda Amartya Sen, el acceso libre a la información, así como la pluralidad de fuentes, permiten a la ciudadanía desarrollar una opinión pública autónoma con respecto a unas autoridades que siempre aspirarán a que las percepciones sobre ellas sean positivas. Los despotismos, en cambio, no tienen que lidiar con eso. Suprimen las voces disidentes para que sus mensajes, su versión de la realidad empírica, sean los únicos. Así, sin competencia, les resulta mucho más sencillo inculcarles a los oprimidos una narrativa que los exculpa de cualquier problema que surja en sus jurisdicciones, sin importar cuan ridícula sea. Pero si la propaganda es más absurda que un diálogo de Ionesco o más risible que una escena de los hermanos Marx, y el sentido común de las masas no la digiere, siempre queda la amenaza del garrote para evitar que se alborote el gallinero.

La aparición del coronavirus y su COVID-19 no es en sí misma responsabilidad de ningún gobierno. No se pueden predecir las mutaciones de esos microbios macabros que de pronto los hacen mucho más nocivos. Empero, la contención de nuevos flagelos sí es responsabilidad de las autoridades públicas. Por la corrupción e ineptitud de sus cabecillas, las dictaduras suelen descansar sobre los hombros lacerados de sociedades pobres y poco desarrolladas materialmente. Es decir, justo aquellas peor preparadas para enfrentar una pandemia. Pero la batería de excusas patéticas y medidas descabelladas está a la orden del día. Por ejemplo, el particularmente caricaturesco autócrata de Turkmenistán, Gurbanbuly Berdimuhamedov (lo felicito, amigo lector, si pudo pronunciar su nombre sin un solo enredo lingual), prohibió a sus conciudadanos hablar del coronavirus. A los perplejos sugiero volver a la primera oración de esta columna. Al parecer, hay un nominalismo degenerado y mediocre (nada que ver con el pensamiento genial de Guillermo de Ockham y otros), según el cual un ente deja de existir si no es nombrado. Hasta la saga literaria adolescente de Harry Potter es capaz de desmentir semejante dislate. Por cierto, buen momento para recordar a cierto régimen que pretendió eliminar un mercado negro de dólares proscribiendo la mención de montos a los que se cotizaba la divisa.

Por suerte para el amigo Gurbanguly, el foco de este artículo no está en Turkmenistán, sino un poco más hacia el naciente, en China. De todos los gobiernos responsables por la crisis del coronavirus, la dictadura pekinesa es, sin duda por mucho, la que carga con la mayor culpa. El virus se originó en su territorio y, por lo tanto, su deber era contenerlo a tiempo. En vez de eso, ocultó información sobre la gravedad del problema hasta que fue muy tarde, lo cual puso en peligro a los miles de millones de habitantes de China… Y al planeta entero. Pero no esperen que Xi Jinping y sus camaradas tengan un gesto de humildad y admitan su pifia terrible. ¡Nunca! Por el contrario, han rechazado todo cuestionamiento a su manejo de la epidemia. Peor, aunque las máximas esferas del poder en Beijing no han llegado a una acusación formal, algunos de sus propagandistas han insinuado que el virus fue llevado a la ciudad de Wuhan, donde se dieron los primeros casos, por personal del Ejército de Estados Unidos. Aunque anonadante, no es la primera vez que el Partido Comunista Chino (comunista solo de nombre desde los años 80) lanza un bulo descabellado para evitar que lo señalen por un desastre. Xi es el líder chino con más poder desde Mao Zedong, y en este aspecto también está siguiendo los pasos del “Gran Timonel”.

En 1958, Mao ordenó dar el “Gran Salto Adelante”. Esta nueva política consistió, como su nombre lo indica, en intentar brincar directamente hacia el comunismo real, sin pasar por la engorrosa burocratización del proceso revolucionario que, para entonces, por cuarenta años embargaba al socialismo soviético. Si a los comunistas se les achaca imaginar un mundo utópico e irrealizable que ni ellos mismos se esfuerzan por concretar, el Gran Salto Adelante tuvo el mérito de ser, quizá, el experimento que más se acercó a la sociedad comunista imaginada por Marx… Y precisamente por eso fue una catástrofe.

Comenzó con una colectivización completa del espacio rural. La agricultura privada fue prohibida y reemplazada por granjas comunales. Como Fidel Castro con su tonta “Zafra de los Diez Millones”, Mao estableció metas de producción agrícola absurdamente elevadas, para lo cual se exigió a los campesinos un esfuerzo inhumano. Para colmo, si bien el plan contempló la industrialización de las faenas rurales para mejorar el desempeño, no existían los recursos materiales ni las capacidades técnicas para lograr tal cosa. Temerosos de no cumplir con las metas de Mao, los jefes locales inflaban los resultados, lo cual por un tiempo produjo la impresión de que todo marchaba bien. El grueso de lo que sí se producía era enviado a las ciudades para alimentar a un proletariado que, en las fantasías del líder, debían convertir a China en potencia industrial. El campo empezó a quedarse sin comida, y sus habitantes, a morir de hambre.

Pero Mao ya tenía lista una coartada para explicar el fracaso. Había un culpable, y obviamente no era él. Tampoco era el imperialismo occidental, ni los enemigos internos de la revolución. Era… ¡Un gorrión! Sí, esa ave pequeña y cantarina que, por su fragilidad, por lo general asociamos con la idea de inocencia, fue convertido por la propaganda maoísta en un demonio emplumado capaz de perpetrar los crímenes más atroces. En resumen, Mao acusó a los gorriones  de comerse los granos cosechados en el campo chino. Luego hizo lo que todo tirano ante un escollo, real o ficticio. A saber, declararle la guerra y procurar su aniquilación. Se les encargó a las masas la tarea de eliminar a los pajaritos. Buscaban sus nidos para reventar los huevos o matar a los polluelos. Si alguien disponía de una pistola, gorrión que viera surcando los aires, gorrión que debía derribar a plomo. De acuerdo con algunos relatos, hubo escuadrones de niños armados, no con pistolas, sino con cacerolas que azotaban sin piedad al pie de un árbol para atormentar y aterrorizar a los gorriones y obligarlos a interrumpir su reposo en las ramas. Cuando las víctimas se desplazaban a otro árbol, los acosadores los perseguían y repetían el ejercicio. Y así sucesivamente hasta que, agotadas, las pobres aves se desplomaban, moribundas.

Muy caro le terminó saliendo esta expiación caprina (o aviar) a Mao. En realidad los gorriones locales eran los depredadores de insectos que, a su vez, se alimentaban de los granos. Como resultado, su erradicación total o casi total multiplicó a la verdadera plaga. Menos comida. Más estómagos (humanos) vacíos. Cuando cayó en cuenta del error, en 1960, la dictadura puso fin a la campaña contra los gorriones, no sin antes sustituirlos con los chiches como culpables de su fracaso. Pero ya era demasiado tarde. Tuvieron que pasar dos años más para que el Gran Salto Adelante fuera oficialmente abandonado. Produjo la peor hambruna en la historia de la humanidad, con un saldo de entre 15 y 30 millones de personas. Humillado, Mao perdió buena parte de su poder, pero solo por unos años. Volvió a la carga con la Revolución Cultural a finales de los 60, otra abominación política que aplastó a sus rivales de partido, así como a miles de ciudadanos comunes tildados de “contrarrevolucionarios”.

Como ya dije, el Partido Comunista Chino de comunista hoy solo le queda el nombre. Pero la elite gobernante actual es heredera de Mao, y tiene que rendir culto a su abolengo revolucionario (i.e. dictatorial). Por eso no sorprende que bajo la égida de Xi surjan teorías tan absurdas como la de los gorriones, para librar de culpas a Beijing por el manejo del coronavirus. Por cierto que no son los únicos en propagar el delirio conspirativo. Nicolás Maduro, uno de sus amigos, lo ha hecho también. Valiéndose de su propio aparato gigantesco de propaganda, en Venezuela hizo eco a la tesis de un “científico nanotecnológico” llamado Sirio Quintero, según la cual el coronavirus es un “arma de bioterrorismo y genocidio contra razas asiáticas, latinoamericanas (¿?) y afrodescendientes”. Maduro también promovió un jarabe de “malojillo, jengibre, saúco y pimienta negra” que, según Quintero, es capaz de curar el coronavirus.

La propagación de semejante charlatanería es un exceso, aun para este personaje. Pero, a mi juicio, es fácil de explicar. Maduro podría aspirar a congraciarse así aun más con un poderoso aliado en momentos en los que necesita respaldo. China últimamente no ha demostrado el mismo compromiso que Rusia defendiendo al régimen chavista de la presión internacional. Incluso es probable que Maduro apueste a que sea China la primera en desarrollar una vacuna contra el coronavirus y busque así poner a Venezuela en el principio de la fila para recibirla, para exhibir su ruptura con las democracias y aproximación a una potencia autoritaria como un acierto de su política exterior. Quién sabe si, como guiño extra a los herederos del, digamos, gran avicida, la elite chavista les declara la guerra a las guacamayas por comerse los mangos que tanto gustan en Venezuela.

Propuestas penitenciarias, por Carlos Nieto Palma

@cnietopalma 

Estos días de cuarentena y de resguardo preventivo en casa por la COVID-19, me han servido para revisar las propuestas que desde la organización que dirijo, Una Ventana a la Libertad, y muchas también a título personal, hemos presentado al país para dar solución a la grave crisis penitenciaria que vive Venezuela desde hace muchos años. En los actuales momentos esta ha llegado a su nivel más alto debido a la ignorancia manifiesta de los encargados de dirigir del tema carcelario, marcado por una serie de constantes desaciertos e improvisaciones. Ahora no los voy a enumerar, pero podemos resumir diciendo que, en toda la historia de nuestro país, nunca habíamos tenido un sistema penitenciario tan colapsado y deficiente.

Antes de entrar en el tema quiero aclarar que, en los actuales momentos, aun y cuando desde hace muchos años no existen cifras oficiales, tenemos un aproximado de 110.000 reclusos, unos 45.000 en las cárceles tradicionales y 65.000 en Centros de Detención Preventiva o Calabozos Policiales, que son espacios para albergar a privados de libertad por lapsos no mayores de 48 horas. Pero que por los desaciertos de que hablaba al comienzo del artículo, se han convertido en cárceles permanentes. De este número, aproximadamente el 8 % son mujeres.

Comienzo por decir que el caos penitenciario que se vive en Venezuela, tiene solución. Si bien es cierto que es mucho lo que hay que hacer y que se tardará un tiempo en tener unos recintos carcelarios adaptados a los estándares internacionales, el enfermo terminal aún respira y le late el corazón, por lo que salvarlo es posible. Para esto se requiere del consenso de los mejores, de los que conocen de cárceles, que no son muchos, pero los hay; es necesario desprenderse de egos, ideologías políticas, religiosas y de cualquier otro tipo y sentarse a buscar soluciones que sean realizables a corto, mediano y largo plazo, sin caer en fantasías o cosas irrealizables.

Hay normativas importantes que ya recogen parte de las propuestas que hemos hecho a lo largo de los años y que están consagradas tanto en el artículo 272 de la Constitución Nacional, como en el Código Orgánico Penitenciario, que aun y cuando creo que requiere unas reformas importantes, ya contiene avances clave que solo hay que poner en práctica, porque hasta ahora ninguno se aplica. Igual la Asamblea Nacional actual ha sancionado la ley que prohíbe el uso de celulares e internet en los recintos carcelarios, que es la única ley promulgada por el régimen de Nicolás Maduro, y la ley de calabozos policiales que regulariza la función de estos recintos. Solo falta promulgarla, esto ya es un avance importante, al menos en materia legislativa. Falta ponerlo en práctica.

Teniendo a los mejores y cumpliendo con lo que dice la Constitución Nacional, de que las cárceles serán dirigidas por penitenciaristas profesionales con credenciales académicas universitarias, al igual que contar con un soporte legislativo de base, hay que solucionar la grave situación que tenemos con los centros de detención preventiva o calabozos policiales, que es para mí es el más grave problema que se vive actualmente en nuestro sistema penitenciario.

No podemos tener estos recintos convertidos en pequeñas cárceles regadas por todo el país y a los policías convertidos en cuidadores de presos en vez de estar cumpliendo con su función de cuidar a la ciudadanía.

Para descongestionar los calabozos policiales hay que comenzar por atacar uno de los más grandes flagelos que sufre nuestro sistema penitenciario, el retardo procesal. Aproximadamente el 70 % de los presos venezolanos están actualmente en proceso y no tienen una sentencia condenatoria, teóricamente son inocentes. Para esto hay que crear algún mecanismo de emergencia que permita eliminar, o al menos disminuir de una manera importante, el retardo de los procesos; se tendría que habilitar todo el aparato judicial para esto y así descongestionar tanto las cárceles como los calabozos policiales.

Igualmente, entre esas primeras medidas tendrían que establecerse, está la construcción de nuevas cárceles, así como ampliación y remodelación de las existentes. Aunque no soy de los que piensan que la solución es la construcción de nuevas cárceles, sí creo que actualmente Venezuela lo necesita. La meta debería ser que cada estado del país tuviera al menos un recinto para procesados y otro para penados. Hay que explorar la posibilidad de construir cárceles prefabricadas en muy corto tiempo, hay algunas experiencias en otros países de este tipo de construcciones que sería importante revisar para aplicarlas aquí.

Estos puntos serían, a mi parecer, un buen comienzo para el rescate del sistema penitenciario en Venezuela. Es mucho lo que hay que hacer y para esto se necesita gente comprometida en trabajar y no en figurar y robar.

Escribo con angustia, melancolía y fe, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini  

Lamentando los fallecidos en Venezuela y el mundo, rogando por la recuperación de los contagiados, con la esperanza de estar bien, entre seres queridos, así estamos en cuarentena y preocupación. Deseando superar la convulsión individual, turbulencia colectiva y desafío global sin precedentes con integridad, fuerza y resistencia. En eso debemos ocuparnos con decisión, pues el desespero no es un lujo permitido, y la sacudida aterradora no puede ni debe frenarnos mucho menos paralizarnos.

Nos recuperaremos, no tengan la menor duda. Por eso mismo la importancia de la misión de cada quien, en su ámbito y actividad, no ha disminuido. Por el contrario, se ha vuelto más urgente.

Se sabe lo duro y amargo que pueden ser la incertidumbre y el miedo. Tienen una forma malvada de avivar fanatismos, teorías de conspiración, resentimientos, odios y bajezas. La humanidad sigue comprometida en luchar contra estos males, defendiendo principios y valores que apreciamos; es la lucha eterna del bien contra el mal, de la bondad y honestidad contra la perversión e inmoralidad. Cualidades y defectos humanos hoy presentes como nunca antes.

En semanas de aislamiento social hemos hecho sacrificios que olvidábamos podíamos ejecutar, movilizados hacia la solidaridad con el prójimo sin perder el ritmo responsable de la rutina laboral, educativa, profesional, cultural, aunque lo hagamos vía electrónica aprovechando las herramientas que nos otorga la modernidad tecnológica, necesaria para mantenernos informados de aconteceres familiares, de amigos e interés particular.

Por cierto, quizás esta y tal vez la próxima generación no lleguen a verlo del todo, pero hacia allá vamos, a la comunicación e intercambio humano a través de redes tecnológicas especializadas. Aunque es asunto de especulación y análisis científicos, la ciencia y la tecnología ya están desplazando a la propia ciencia ficción.

Estamos en este hoy que quienes reprimen a Venezuela tratan de encadenar al pasado. Ellos no previeron nunca -ni se prepararon- para una pandemia que nos está cambiando, ubicando en una realidad que imaginábamos, quizá, pero no habíamos experimentado como en estos sorprendentes últimos días.

El mundo y nosotros jamás volveremos a ser los mismos, el coronavirus nos cambió. No sabemos si para bien o mal. Imposible predecirlo, menos aun concebirlo.

Más allá de la estadística de fallecidos, infectados, recuperados, está latente el desastre financiero, cercana una depresión económica como ninguna en la historia. Y en Venezuela una crisis sanitaria desbordada, descontrolada y con claras consecuencias políticas de cuantía.

La peste desnuda a líderes y sistemas políticos que cometieron errores y que no van a mejorar; persisten tercos y obtusos, lo que los llevará -nos está llevando- a una distorsionadora situación ética, social, económica y psicológica.

El distanciamiento social nos mantiene separados del contacto físico, pero no alejados del cariño, aprecio y comunicación; aún estamos unidos en los temas que importan y en los que no, también. Con acceso a videos, mensajes educativos, musicales y culturales, sesiones informativas, segmentos de audio, análisis y oportunidades desde cada computadora, tableta o teléfono inteligente. El sentido de la vida y la muerte es cada día más diferente y complejo de vislumbrar.

Mientras enfrentamos tiempos oscuros y hasta de hostilidad espiritual, inspira celebrar los innumerables esfuerzos dignos de alentar, exaltar, destacando actos de bondad y decencia durante la calamidad viral. Son tantas las personas de todos los orígenes que se están ayudando entre sí en el mundo, que merecen notoriedad y ser compartidas sus historias de humanidad, compasión y coraje.

La humanidad -como siempre- descubrirá formas innovadoras para sobrevivir, avanzar, de acuerdo a la realidad actual y futura. Sin embargo, en su permanencia y persistencia, recomendamos mantenerse seguros, siguiendo las pautas de salud pública. 

Estamos en tiempos de rigor científico y emergencia epidémica, pero también de solidaridad, prevención y sensatez, escudos para enfrentar el mal que nos acecha y toca a la puerta. El nuevo virulento, y el viejo político. El próximo depende de nosotros, y de cómo actuemos tras este período de transformación.

¿Puede Venezuela afrontar lo que viene?, por Luis Oliveros

@luisoliveros13 

Hace 100 años (entre la primavera de 1918 y junio de 1920) el mundo vivió una pandemia. La “Gripe española” causó la muerte al 2% de la población mundial (hoy serían 150 millones de personas) y los daños en términos económicos fueron muy graves. Si bien es cierto que es difícil que el COVID-19 pueda generar ese número de muertes, el impacto que está teniendo en la economía mundial puede llegar a ser devastador para muchas economías. Según Goldman Sachs, América Latina tendría la mayor recesión de su historia. España pudiera tener una caída de 4 % del PIB en un escenario optimista (si no se toman medidas paliativas) y hasta 7,5 % en un escenario pesimista. La OIT espera que se pierdan casi 25 millones de empleos en el mundo (en su escenario más pesimista). La industria del turismo sufre un tsunami.

Desde hace tiempo, los países de la región y en general del mundo, han estado tomando medidas para contrarrestar los efectos negativos que sobre sus economías ha estado generando el COVID-19. Perú prepara un paquete de estímulos para su economía de unos 12 puntos del PIB. Chile también contempla una acción parecida. El banco central de Colombia avisa que tiene suficiente espacio para ayudar a la economía. Panamá se prepara para salir con una emisión de deuda (a pesar del panorama actual) y Paraguay anuncia la posibilidad de también acudir a los mercados financieros.

¿Y qué está haciendo la economía con los peores resultados macroeconómicos de los últimos años en el mundo (único país con hiperinflación, con seis años seguidos de contracción del PIB)?

Congelarán las tarifas de los servicios públicos, de telecomunicaciones, de los alquileres y se obligará a la banca a que, por seis meses, sea comprensiva si empresas y personas naturales no quieren / o no pueden pagan los créditos (aplica también para los clientes de las telecomunicaciones y servicios públicos). Importante tener en cuenta que no se le informó nada a estos sectores sobre cómo los iban a compensar (por lo que el mensaje parece claro: resuelvan ustedes mismos, no importa si tienen problemas de flujo de caja, nosotros anunciamos medidas pero no ayudamos).

En resumen: no hay una sola medida para reactivar la ya muy deteriorada economía venezolana ni un plan de acción para ayudar a los miles de venezolanos que trabajan en el sector informal y que tienen semanas que no generan ingresos para poder adquirir lo mínimo para sobrevivir a la cuarentena (se les prometen cajas CLAP más pequeñas y con menos peso).

Bueno, sí hubo un plan: pedirle cacao al Fondo Monetario Internacional, el cual como por los momentos no reconoce a nadie como presidente del país, no puede aprobar ningún financiamiento.

La actualidad venezolana es muy dura, la situación tiende a complicarse. Este año se registrará el ingreso petrolero más bajo en los últimos 80-90 años (términos reales) y las consecuencias las padeceremos en más inflación-devaluación-contracción económica.

El 2020, que se suponía sería mejor en el tema económico, ahora parece que nos hará recordar con nostalgia al horrible 2019. No hay herramientas fiscales-cambiarias, no hay reservas internacionales, no hay fondos de emergencia ni de estabilización, no hay ingresos en divisas, no hay la mínima oportunidad de ofrecer transferencias directas que sean de alguna ayuda… hay bastantes sanciones económicas y un conflicto político que los extremos no quieren que se resuelva (ni siquiera ponerle una pausa mientras dure la pandemia), en fin, el caldo de cultivo perfecto para que tengamos un horizonte bastante oscuro, con mucha inestabilidad, pero una certeza: la calidad de vida de la gran mayoría de los venezolanos seguirá deteriorándose.

Crímenes sin Castigo | Acusación en cuarentena, por Javier Ignacio Mayorca
Los señalamientos presentados por el fiscal Barr son un capítulo más de una vieja historia que empezó antes de que Chávez llegara al poder

Javier Ignacio Mayorca | @javiermayorca

El estatuto RICO está vigente en Estados Unidos desde 1970. Era una ley innovadora, producto de la inspiración de un académico de Notre Dame (Nueva York), Robert Blakey, que le confirió a la Fiscalía y a los cuerpos policiales la posibilidad de atacar organizaciones criminales completas, no por algún delito en particular, sino por el hecho mismo de formar parte de tales organizaciones.

En su libro La dinastía mafia, John Davis relata las dificultades que hubo en EEUU para lograr una aplicación plena de esta ley. Contrario a lo que se pensaba al inicio, los casos según RICO requerían de prolongadas y costosas investigaciones, que a menudo exigían una combinación de infiltraciones en el medio criminal, respaldadas por los avances en la inteligencia electrónica.

Básicamente, se necesitaba llenar ciertos requisitos. Lo más importante era demostrar la existencia de una empresa criminal continuada, es decir, una o un conjunto de actividades ilegales destinadas a producir una ganancia económica, y ejercidas por estructuras con líneas jerárquicas claramente establecidas, por lo menos a lo interno de la organización. En la Cosa Nostra, versiones americana e italiana, esa estructura se llama la Comisión. Para ser enjuiciable a través de RICO, esta corporación criminal debía tener una duración de por lo menos diez años.

El delito por excelencia de estas organizaciones de tipo mafioso es la extorsión. La violencia actual o la amenaza de ejercerla es un punto clave, incluso para preservar el orden interno y preservar la ley del silencio u omertá. En esta clandestinidad, las actividades se van diversificando hacia los comercios ilícitos de todo tipo.

Luego de vencer las resistencias internas, que venían desde el propio director John Edgar Hoover, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) pudo desplegar sus capacidades para comprobar en juicios la existencia de las cinco grandes familias de la mafia ítalo-americana. Pero esto se logró solo en los años ochentas del siglo pasado, con el proceso a Paul Castellano, capo de la familia Gambino que terminó ejecutado por sus compinches en una calle de Manhattan.

Las investigaciones según el estatuto RICO generalmente se desarrollan en el propio territorio estadounidense. Solo así se garantizan ciertos estándares en cuanto a la obtención de las evidencias. Afuera no es imposible, pero se requiere de estrecha cooperación con las policías de los países donde se llevan a cabo. Algo de esto lograron los italianos y los estadounidenses con la llamada conexión Pizza, al punto que se pudo vigilar el traslado de cargamentos de heroína desde suelo europeo hasta Nueva York y otros lugares de la unión, para luego distribuirla a través de una extensa red de locales de comida italiana. Pero lo más importante no era determinar cómo la droga llegaba a las esquinas, sino cómo el dinero subía hasta el tope de la jerarquía mafiosa.

La acusación contra Nicolás Maduro no llena los estándares de la ley RICO. De allí que el estatuto en cuestión nunca es mencionado. Y sin embargo se refiere la supuesta existencia de una organización criminal, denominada el Cartel de los Soles. Según el fiscal general estadounidense, William Barr, ha sido el producto de una investigación de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés).

Demostrar la supuesta implicación de oficiales venezolanos en el tráfico de drogas es un viejo objetivo de esta policía. Se remonta hasta años antes de que Hugo Chávez llegara al poder. Las primeras referencias al supuesto Cartel de los Soles comenzaron a hacerse en voz baja durante los años noventa del siglo XX. Estos episodios son narrados en un libro de Manuel Malaver, titulado La DEA contra la Guardia Nacional de Venezuela. Son procesos de vieja data, pero muchos de sus protagonistas aún están en el país. Por si quedaba alguna duda, basta con asomarse al juicio de extradición planteado en la Audiencia Nacional de España contra Hugo Carvajal, uno de los supuestos integrantes de este cartel militar. En dicho proceso, las cartas de Adolfo Romero Gómez, alias Cristóbal, sirvieron como sustento a la defensa. Romero es protagonista fundamental en el libro de Malaver.

Ahora bien, una cosa es recopilar información sobre la implicación de este u otro individuo, civil o militar, en el tráfico de drogas, y otra muy distinta es sostener según los estándares de prueba estadounidenses, que tales sujetos actuaban como un cartel, léase como un grupo confabulado para operar como empresa criminal continuada. Y, para mayor rigor, con capacidad para determinar los precios del producto objeto de comercio ilegal. ¿Por qué a la OPEP la llamaron alguna vez el cartel petrolero? Porque sus decisiones podían ocasionar alzas o bajas en el precio mundial del crudo. ¿Este Cartel de los Soles llegó a determinar el precio de la cocaína, en Europa o Estados Unidos?

Según la acusación presentada por la fiscalía estadounidense, el mayor general retirado Clíver Alcalá es otra figura del Cartel de los Soles. De hecho, su cabeza tenía un precio de diez millones de dólares. Una cotización similar a la colocada para el ex jefe de la Dgcim Hugo Carvajal, el actual presidente de la ANC Diosdado Cabello y el vicepresidente de Economía Tarek el Aissami. Ese es un indicador sobre la importancia que le asignan los estadounidenses al ex comandante de la 41 brigada blindada del Ejército y ex jefe de la guarnición zuliana.

Con su entrega y posterior traslado a EEUU, las autoridades judiciales de ese país deberán poner en manos del general todas las pruebas que obran en su contra. A este proceso se le llama descubrimiento. Alcalá, se debe recordar, fue uno de los promotores de las primeras acciones contra Walid Makled, en 2011. Para ese momento, alias Turco era señalado por la propia DEA como el principal bróker de drogas del país, conectado con las FARC a través de figuras como el Boyaco José María Corredor y con los militares que le facilitaban la salida de los alijos por Maiquetía o Puerto Cabello. ¿Era entonces Alcalá una especie de niño travieso del cartel de los soles, o realmente estaba alineado con otros intereses?

La acusación contra Maduro surge en un momento de profunda crisis política, social e institucional en el país. Muchos ven en esta imputación el “inicio del fin”, puesto que definitivamente ha sido acompañada por manifestaciones claras de voluntad por parte del poder estadounidense. La última de ellas ha sido el anuncio sobre el reforzamiento de la flota de la Marina en el Caribe. Si había dudas en cuanto a que una cosa complementa a la otra, bastaba con ver al fiscal Barr acompañado por el presidente Trump, el secretario de Defensa y los jefes militares.

Según esta lógica, en el epílogo de la historia solo interesará el resultado.

Breves

-El hundimiento de la lancha patrullera GC-23 Naiguatá, en un incidente con el crucero de bandera portuguesa Resolute, pone de manifiesto una vez más la incapacidad para comunicar efectivamente por parte de las fuerzas militares venezolanas con datos que contribuyan al esclarecimiento de un episodio revestido de gravedad. La información sobre este hecho se ha manejado con una vaguedad exasperante, que no ayuda a contestar las interrogantes más elementales. Por ejemplo: ¿cómo permitió el comandante de la nave, capitán de navío Yemince Granadillo, que se produjera una colisión con una embarcación de un tonelaje seis veces mayor? ¿Se ajustaba este procedimiento a los principios de lo que se conoce como “visita y revisión”? ¿Por qué el Ejecutivo, tan preciso en ciertas circunstancias, en este caso no suministró las coordenadas donde ocurrió el incidente? ¿Qué pasó con las bombas de achique de la patrullera construida por los españoles? Desde luego, estas son apenas algunas de las cuestiones por aclarar. Lo cierto es que con este caso ya son dos las naves construidas por Navantia que han quedado inoperativas. La primera fue la patrullera Warao, que encalló en costas brasileñas en agosto de 2012, en vísperas de los ejercicios VenBras. Luego de grandes esfuerzos y gasto, la trajeron hasta Puerto Cabello, y ahí permanece, junto con otra patrullera de guardacostas cuya construcción nunca terminaron.

-Al cierre de esta entrega, se recibe un correo electrónico en respuesta a un listado de preguntas formuladas a los representantes públicos del buque Resolute. Aunque Columbia Cruise Services se reservó por ahora el nombre del capitán de la embarcación de bandera portuguesa, así como del resto de la tripulación, sí se extendió en la explicación de las acciones emprendidas apenas se percataron del hundimiento de la nave militar venezolana: “El RCGS Resolute comenzó inmediatamente los preparativos para la respuesta de emergencia, justo luego de que ocurrió el incidente. De acuerdo con la declaración de nuestro capitán, se ordenó que toda la tripulación estuviese en cubierta lista para asistir y preparar los botes de rescate para su lanzamiento. Los camarotes fueron preparados junto con el hospital para proveer alivio ante las lesiones potenciales. También dirigimos nuestras luces de búsqueda hacia la embarcación de la Marina, para ayudarlos en la visibilidad. Todos los intentos por contactar al comandante de la nave de la Marina no tuvieron respuesta. El RCGS Resolute permaneció durante más de una hora en las proximidades de la escena. La nave continuó navegando luego de recibir la orden del Centro de Coordinación Marítima de Rescate (Curazao)”. Indicaron además que durante las comunicaciones previas al incidente la patrullera de la Armada no reveló el propósito que tenía la orden de ir hacia Puerto Moreno, en Margarita.  Estos portavoces también declinaron cualquier precisión en torno al lugar donde ocurrió la colisión. Se limitaron a reiterar que fue en “aguas internacionales”.

-El 1 de abril, el Colegio de Guerra de la Marina de Estados Unidos emitió un informe producto de los hallazgos de los ejercicios de simulación sobre respuesta cívico militar a escenarios de crisis por enfermedades virales. Las conclusiones del reporte Respuesta al surgimiento de una pandemia urbana 2019 fueron divididas en dieciséis puntos. Para esta entrega, solamente serán destacados dos. En primer lugar, indica el documento, las cuarentenas masivas forzadas, así como cualquier otra línea de acción basada en órdenes que fluyen de arriba abajo, pueden ser contraproducentes puesto que tienden a “securitizar” los programas, y por ende depositan toda la responsabilidad en instituciones con una sobredemanda de servicios en esas coyunturas, como son las militares y policiales. Las cuarentenas masivas tienden a aislar e incomunicar a importantes sectores de población, incluidos los contagiados, y esto reduce la capacidad de una respuesta oportuna. “Uno no puede reducir la extensión de la enfermedad si las personas esconden sus infecciones debido al miedo y el estigma”, concluye el informe. Por otra parte, se recomienda descentralizar al máximo los mensajes sobre la evolución de la enfermedad, acudiendo a portavoces confiables en cada localidad. “La autenticidad, la verdad y la información utilizable son la principal moneda para una comunicación exitosa sobre riesgos”.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis, por Orlando Viera-Blanco
El tema no era ideológico, insisto, era simplemente cultural: vivir por un valor superior de libertad, originario, genuino, perenne. ¿Lo tenemos?

@ovierablanco 

La Primera Guerra Mundial (1904-1908) fue un conflicto que se presumía de corta duración, pero se prolongó durante más de cuatro años. Sobrevivir para diferentes Estados consistió en la criminalización del adversario para legitimar la propia posición en el conflicto. La propaganda de guerra alcanzó niveles desconocidos y los medios de comunicación, acompañados de los intelectuales, resultaron decisivos.

En este contexto aparece la obra de Vicente Blasco Ibáñez, Los cuatro jinetes del Apocalipsis.  Una “novela de la guerra” que alcanzó un gran éxito y convirtió al autor en el más internacional de los escritores españoles de inicios del siglo XX. Una proclama de legitimación republicana sobre “la guerra justa” para los franceses… Disputa de orden “ïdeológica” que levantó pasiones desde la historia de una familia francesa, los Desnoyers, y la alemana, los Von Hartrott. Dos grandes ejes desde donde se concibe una Gran Guerra, y en las que ambas quedarán políticamente enfrentadas, pero aferradas a sus principios más que familiares, originarios.  

El autor: Vicente Blasco Ibáñez

El más internacional de los escritores españoles que llegó a conquistar Hollywood. Nace en Valencia el 29/01/1867, hijo de una pareja de emigrantes turolenses que se habían afincado a la ciudad levantina. Murió rico y famoso en Menton, en Villa Fontana Rosa, su residencia en la Provenza francesa [1928], un día antes de cumplir sesenta y un años.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis forma junto con Mare Nostrum (1918) y Los enemigos de la mujer (1919), la trilogía de novelas de Blasco Ibáñez sobre la Primera Guerra Mundial. Destacan como personajes protagonistas de la novela Julio y Margarita. También dos figuras claves: Tchernoff, un místico carpintero y revolucionario anarquista que ilustra a Julio Desnoyers sobre la imagen bíblica de los cuatro jinetes del Apocalipsis: la Guerra, el Hambre, la Peste y la Muerte. Representa a Rusia. Y Argensola, quien es el  criado de Julio Desnoyers, un personaje inteligente y rápido pero a la vez apático, que es la imagen de España… simbolizando así a los bandos en lucha y el choque de civilizaciones de la Gran Guerra.

La genialidad del autor consistió en internacionalizar el conflicto. Acercar a América y Europa en favor de Francia, agitar la apatía republicana de los hispanos aliadófilos [francófonos] en contra de la denunciada [por Blasco] derecha social y política: los carlistas, conservadores, personajes de la corte, clero, terratenientes, altos funcionarios, parte de la clase empresarial y la mayor parte de la oficialidad del Ejército y de la Armada.

Como reseña el libro Más allá de la guerra de Inés Quintero, Angel Almarza y José Bifano entre otros, “en medio de cruentas guerras, la vida continuaba”. El amor, la universidad, la fe, la esperanza. Un ideal consciente. ¿Por qué los esclavos participaron en la guerra de independencia junto con sus amos? Porque el ideal de libertad y de justicia era la esperanza que se anteponía al miedo a morir…

Fue un planteamiento universal “vivir o morir por un ideal” lo que hizo famoso a novelistas como Víctor Hugo y Los miserables; Tolstoi y La guerra y la paz; Shakespeare y Romeo y Julieta o a Blasco Ibáñez y Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Morir por amor; morir por la libertad, por el honor, por la cultura de la tierra patria, que al decir de Roosevelt es tener coraje “que no significa no tener miedo sino temer no cumplir con nuestro deber ciudadano”. ¿A qué le tememos los venezolanos? ¿A morir por la libertad o solo a morir?  

Esclavos de nuestra cultura

En este contexto de Kulturkampf o “lucha cultural”, los intelectuales de España divididos entre germanófilos o meramente francófonos, entretejieron su propia guerra. Los germanófilos para los que el imperio alemán representaba el orden y la autoridad, y los aliadófilos quienes Francia y el Reino Unido representaban la causa del Derecho, la libertad, la razón y el progreso. Esta tendencia agrupaba desde los liberales monárquicos y los republicanos hasta los socialistas y los sindicalistas de extrema izquierda, así como a la clase trabajadora, a la clase media ilustrada, industrial y financiera y a una pequeña parte del Ejército. El tema no era ideológico, insisto, era simplemente cultural: vivir por un valor superior de libertad, originario, genuino, perenne. ¿Lo tenemos?

Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Blasco Ibáñez, se convirtió en un mensaje para la humanidad. Vendió más que la Biblia en su momento y en 1921 fue objeto de una gran superproducción cinematográfica protagonizada por Rodolfo Valentino, el ídolo del momento en el papel de Julio Desnoyers. En definitiva, Blasco Ibáñez elaboró un discurso legitimador de pasiones apocalípticas. Tanto vivir y morir para justificar la guerra contra la opresión, como vivir o morir para desterrar la peste, el hambre, la violencia y la muerte por dignidad…

Todas las plagas han llegado a Venezuela. Décadas de devastación, amoralidad y corrupción. ¿Estamos legitimados a una confrontación mayor?, ¿estamos dispuestos como los Desnoyers? ¿O nuestra cultura es tan apática como la de Argensola…?

Alfonso X El Sabio predijo: “Este reino tan notable, tan rico, tan poderoso, tan honrado, fue derramado y estragado por desavenencia de los de tierra, que tornaron sus espadas unos contra otros como si les faltasen enemigos…” 

Entender el sacrificio por la libertad es nuestra tarea, culturalmente !no le temamos! Eso es coraje…

Embajador de Venezuela en Canadá.

Los dioses del miedo, por Elías Pino Iturrieta
Deimos (2016, 44 x 39 x 18 cm), bronce de Matteo Pugliese. Foto original en su web oficial matteopugliese.com .

@eliaspino 

El historiador Gugliemo Ferrero considera que todas las civilizaciones son el resultado de una lucha tenaz contra el miedo. El miedo las ha formado a través del tiempo, asegura, y después propone la necesidad de analizar el vínculo hasta llegar a entendimientos profundos sobre el comportamiento de las sociedades. No es una idea que se deba subestimar en nuestros tiempos conmovidos por el pánico ante el coronavirus, y que trataremos de atender en escritos sucesivos. Ahora, para comenzar, haremos un boceto de las devociones religiosas que el miedo inspiró en los hombres de la antigüedad, a primera vista alejado o desaparecido en la actualidad.

Para los antiguos, el miedo era un castigo de los dioses. De allí la necesidad de relacionarse de manera adecuada con su influencia, de alejarse de ella o de provocar su presencia en el enemigo. Los griegos divinizaron a Deimos y a Phobos, representaciones del temor y del miedo, respectivamente, para que fueran benignos con ellos. En especial con sus ejércitos. Fueron entonces fundamentales las liturgias que trataron de evitar las rivalidades entre las dos figuras, sobre todo en tiempos de guerra. También desde épocas remotas el pueblo castrense de los espartiatas edificó un altar a Phobos, frente a cuya efigie ofreció sacrificios Alejandro antes de la batalla de Arbelas. Entonces aparecen muchos testimonios de este tipo.

Homero habla de Deimos y Phobos entrometidos en las hazañas de Troya, repartiendo entre los hombres el apocamiento y el coraje y cada vez más solicitados por los capitanes de la soldadesca. Tales potencias fueron romanizadas con los nombres de Pallor y Pavor, a quienes Tulio Hostilio consagró dos oratorios después de contemplar la derrota de sus soldados por las huestes albanas. Ordenó preces obligatorias postrados en sus aras, antes de presentarse en el campo de batalla. Las peleas se ganaban matándose los unos con los otros, desde luego, pero también debido a decisiones tomadas por las deidades desde su omnipotente pináculo. De allí el auge del culto griego a Pan.

Pan fue originalmente dios nacional de Arcadia. A la caída de cada día, según un arraigado relato que circulaba en campos y ciudades, se ocupaba de sembrar el terror entre los pastores, pero también en sus rebaños, hasta el punto de provocar calamidades y carestías sobre las cuales resultaba imposible el encuentro de explicaciones terrenales. En el siglo V los griegos lo convirtieron en una especie de patrono general (algo parecido a un Santiago Apóstol del futuro en la guerra de los cristianos españoles contra los moros), con un imponente santuario en la Acrópolis. La derrota de los persas en Maratón fue atribuida por los atenienses a la colaboración de Pan, como también otras hazañas que favorecieron a los griegos frente a los invasores. Así, por ejemplo, el desastre de Jerjes en Salamina. Pan hizo que los jefes de la flota de Jerjes recibieran órdenes contradictorias, y así confundieron sus movimientos hasta estrellarse en el caos, aseguraban en los templos y en la plaza pública.

Aunque fueron guerreros capaces de sembrar el espanto, o quizá precisamente por eso, para los antiguos mexicanos la preocupación no se centraba en ganar una batalla, sino en triunfar frente a los desafíos de la cotidianidad. Como, según sentían, no estaba en manos de los mortales atender el vaivén de la vida, prevenir el rumbo de las cosas, dedicaron templos y ofrendas a Tezcatlipoca, un poder que obraba según su antojo para hacer que las situaciones de la rutina se torcieran. Tezcatlipoca tenía un espejo para observar las conductas de las criaturas de la tierra, lo que obraban a diario, y para cambiarlas según los tirones de su humor. Los hombrecitos que no podían disponer de su destino pedían el favor del todopoderoso titiritero, quien lo movía en atención a su capricho y, a veces, para complacer a los fieles. Por ejemplo, para no pasar de la tranquilidad al desasosiego, de la bonanza a la pobreza, de la salud a la enfermedad. Era el dios de la ubicuidad del miedo, el timón de la incertidumbre insistente e inefable, tal vez la mayor confesión de las limitaciones de los seres humanos ante los retos de la realidad.

Un guía de alta montaña interpelado por el historiador Pierre Servoz hace unos años, respondió así: “Siempre se tiene miedo de la tormenta cuando se la oye crepitar. Se erizan los cabellos debajo de la boina”. “El miedo es normal y es de siempre”, escribió antes Sartre. Por consiguiente, la reacción reflejada en el imperfecto elenco de dioses que hemos visto no fue exclusiva de los antiguos. Nos habita hoy y mueve las plegarias.