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Opinión

¡Estamos recalientes!, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
Hay algo que marca el Apocalipsis, y es justamente que un maracucho se desplome por el calor en Argentina

 

@SoyJuanette

Son las 7 de la mañana de un domingo y estoy tecleando frente a la computadora ya con las últimas fuerzas que le quedan a mi cuerpo. Y es que estos días no han sido nada fáciles porque, desde el jueves pasado, Argentina se convirtió en el punto más caliente del mundo. Y aunque por todos los medios de comunicación, las redes sociales y los canales de YouTube vaticinaban que serían días difíciles, no teníamos idea de los efectos que traerían las altas temperaturas.

El primer indicio de que se venían días difíciles fue cuando salí a comprar unas frutas y vi a mi verdulero julio, que es misionero, es decir de la provincia de Misiones, abanicándose con un cartón. Quiero aclarar que antes de este día, eso sería imposible porque: 

  • Misiones es una provincia donde hace mucho calor y los misioneros, que son las personas que nacieron allá (y no los curas), no sufren por las altas temperaturas.
  • Todos los que vivimos en Buenos Aires sabemos que, si agarras un cartón para abanicarte, los cartoneros, que son quienes recolectan este material para venderlo, no te dejarían vivo.

Luego de hacer las compras, cuando volvía a mi casa vi como ante mí se desmayó un hombre como de dos metros de alto y cuatro de ancho. Al verlo varias personas fuimos a socorrerlo y cuando volvió en sí dijo en perfecto acento maracucho: “Vergación mi hermano qué pasó”. Sí, ¡era un maracucho! Imagínense el calor que hacía que un maracucho (*) se deshidrató. Yo obviamente al ver esto corrí despavorido porque hay algo que marca el Apocalipsis, y es justamente que un maracucho se desplome por el calor. (*) Maracucho: dícese del nacido en Maracaibo, el lugar más cálido de Venezuela, y creo yo del mundo.

Y por si la ola de calor no fuera suficiente, comenzaron a faltar los servicios de agua, electricidad e Internet; algo que enloqueció a mucha gente que salió a las calles a protestar. Cabe destacar que acá son tan organizados que no hizo falta que nadie les dijera “Mire, mire, mire, tome la sartén y péguele con arrechera”; acá la gente se arrechó sola al pasar hasta 48 horas sin luz ni agua. Los venezolanos que vivimos en Buenos Aires los veíamos con ternura y empatía como diciéndoles “amigos, yo estuve ahí”. 

Pero ¿cómo se convirtió Argentina en el lugar más caluroso del mundo por dos días? ¿Acaso Dios nos odia? ¿Los otros países nos envidian y nos hicieron una brujería porque tenemos a un papa y a Messi? Por lo visto yo no fui el único que se hizo estas preguntas. Incluso el mismo presidente Alberto Fernández dijo: “Ya no sé qué más nos va a pasar en la Argentina”.

Esos días traté de buscar el origen de las altas temperaturas. Quiero aclarar que creo que fue consecuencia del cambio climático, pero había algo más. Así que me puse a tejer otras hipótesis. Tenía que descubrir por qué mi nuevo hogar, la Argentina de mis amores, se había convertido en un horno. Fue entonces cuando comencé a descartar a los sospechosos. El primero que descarté fue al Fondo Monetario Internacional, porque si nos morimos todos de calor ¿quién les va a pagar? (aunque acá entre nos, no sé si se le pueda pagar a esa gente).

Fueron noches muy largas, donde dormí con una manzana en la boca, para que cuando los bomberos llegaran a rescatarme, me encontraran crujiente por fuera y doradito por dentro.

Finalmente, en una de aquellas noches terribles llegó la luz, solo por unas horas, así que puse a cargar mi celular y descubrí quiénes eran los verdaderos causantes de todo aquello: ¡los chinos! Y cómo a mí no me gusta acusar sin pruebas, dejo acá un video que lo demuestra:

Vídeo: El sol artificial de China comienza a operar para encontrar energía más barata | Canal en Youtube de CGTN en Español

Develado el misterio y los culpables, ahora en Argentina estamos fabricando el congelador más grande del mundo para devolverles “el favor” a Xi Jinping y sus amigos. Ya verán, se les van a congelar hasta las… ideas.

Solo esperamos que cuando esté listo el supercongelador no vengan los chinos y lo desenchufen (son expertos). O, peor, se vuelva a cortar la luz.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Cuestionario 2.0 | Karina Sainz Borgo, por Nelson Eduardo Bocaranda
Para mí es todo un honor tener en este Cuestionario 2.0, a Karina Sainz Borgo, nuestra embajadora de la letra venezolana en el mundo

 

@bocaranda20

Karina Sainz Borgo nació en una Caracas de 1982. En el año 2006, con 24 años, migró a España en busca de nuevas oportunidades. Periodista cultural, y autora de varios libros, ha trabajado para medios de comunicación españoles como Vozpópuli, Zenda, Onda Cero y el diario ABC en donde actualmente se desempeña como reportera y columnista.

Dentro de sus obras más destacadas están sus libros de periodismo Caracas hip-hop, Tráfico y Guaire, el país y sus intelectuales. Pero también se ha dado la tarea de incursionar en el mundo de la novela ficción con sus libros El tercer país y La hija de la española, novela que fue incluida entre los 100 libros más importantes del 2019, según la revista Time. Gracias a sus escritos, Sainz fue escogida como una de las cien personas más creativas según la revista Forbes.

Cuestionario 2.0 con Karina Sainz Borgo
Portada del libro La hija de la española. Der. Karina Sainz Borgo (Foto de Marcos Míguez / La Voz de Galicia).

Para mí es todo un honor tener en este Cuestionario 2.0, a Karina Sainz Borgo, nuestra embajadora de la letra venezolana en el mundo.

−¿Qué es lo mejor que te ha dado la tecnología?

−Sin duda, lo mejor que nos ha dado la tecnología son los teléfonos inteligentes, y la capacidad de tener un buscador a mano que es Google. Antes debía ser mucho más difícil hacer una gran cantidad de cosas.

−¿Cuál dispositivo es indispensable para tu día a día, y por qué?

El dispositivo por excelencia para mí es el teléfono inteligente, porque lo uso como ordenador. Lo uso para leer también, ahí tengo iBooks, muchísimos libros y PDFs. Y, por supuesto, para lo que menos lo uso es para hablar por teléfono, es una de las cosas a las que estoy más renuente.

−¿Cuál fue el primer celular que tuviste y cuál es el primer recuerdo que tienes de una computadora?

El primer celular que tuve fue un Nokia, creo, que además era muy grande y pesado, no tenía nada que lo tapara, era sencillamente una estructura rígida, no se doblaba ni nada. Ya después vinieron los Motorolas.

Y el primer recuerdo que tengo de un ordenador, ¿cómo lo voy a olvidar?, eran aquellas Mac, preciosas, cuadradas, de las primeras que se utilizaban a finales de los 80’s y comienzo de los 90’s, ese es el primer recuerdo que tengo porque, además, bastantes trabajos de primaria de tercer y cuarto grado que hice en ese ordenador.

−¿Qué es lo peor que te da la tecnología?

−Lo peor, o digamos lo perjudicial de la tecnología, si existe una evaluación de conjunto, yo diría que es que hemos concedido de manera voluntaria, y en ocasiones creo que un tanto irreflexivas, la capacidad a otros de encontrarnos donde sea y cuando sea. No solamente por los datos, y por el tema de la protección de datos y cómo almacenan datos nuestros, sino en las cosas como WhatsApp.

«Ya no existe la frontera entre el tiempo personal y el tiempo profesional, eso se ha desdibujado por completo».

−¿Cómo ha impactado la tecnología el trabajo que haces y cómo crees que lo impactará en el futuro?

−La tecnología ha impactado mucho en el periodismo, es uno de los oficios, quizás, más sensible o hipersensible a los cambios en la capacidad de la velocidad de la transmisión de noticias y creo que ha modificado muy concretamente el periodismo impreso. Creo que los medios de comunicación, tanto en Europa como en América, están ante ese dilema y esa paradoja. No solamente por la desaparición del papel, que es un debate que tiene sus apocalípticos y sus integrados, sino porque el propio modelo de negocio, de venta y de publicidad se ha modificado por completo con la llegada del internet.

Eso, por una parte. Y en mi quehacer del escribir, hay un elemento que está siendo muy curioso, y es que todos hablábamos de que el iBook iba a sustituir al libro de papel, y no ha sido tanto eso. De hecho, es un formato que no ha crecido con tanta virulencia como se pensaba, en cambio sí el audiolibro. Pero, sin duda alguna, la tecnología impacta nuestra manera de leer y de escribir.

−¿Cuál es la peor pena que has pasado en WhatsApp?

−Pues me cuido muchísimo, y puedo decir que permanezco invicta en WhatsApp, no he metido la pata en WhatsApp como sí la he metido por correo electrónico varias veces. Me temo que no tengo ninguna vergüenza ni algo terrible que contar.

−Si tuvieses que recomendar un pódcast, ¿cuál sería?

−Para podcast, The Daily de The New York Times, me gusta muchísimo. Es muy ágil, te resume mucho la actualidad, está muy bien. Y bueno, yo voy a aprovechar de barrer para casa, como dicen. En el ABC, el diario donde yo trabajo, hemos estrenado un pódcast de periodismo que se llama Casa de fieras y se los recomiendo. Pueden encontrarlo en la página web del diario ABC.

−Si solo pudieras seguir una sola cuenta de Instagram, ¿cuál sería?

−Sería la de Mónica Montañés porque me río muchísimo. Mezcla literatura, comida, salidas, es optimista por naturaleza, divertida. Y, también, el de Erika de la Vega. Mira, yo puedo estar hundida en la miseria, pero veo un post de Erika y me río, tiene una capacidad tremenda para hacerme reír, sobre todo utiliza mucho el humor, sabe reírse de sí misma y eso me encanta.

 
 
 
 
 
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−Todos tenemos una app favorita, ¿cuál es esa app que abres varias veces al día?

−Mis aplicaciones favoritas, porque son las que más utilizo y a las que más tiempo les dedico, son de radio todas. Desde radios españolas a radios particulares, por ejemplo, Radio Francia, Onda Cero, Cadena SER. Uso mucho la radio, mucho. Me hace mucha compañía y, de hecho, una de las que más escucho es Radio Clásica, porque yo suelo escribir mucho y pongo esta radio porque tengo unos programas que me vuelven loca y que me encantan.

−¿Cuáles la página web que visitas todos los días religiosamente?

−Tengo varías páginas web, la página del Diario ABC, por supuesto, la de El País de España, El Mundo, The New York Times, todos los días invariablemente abro The Paris Review, que es una revista literaria que me gusta mucho. The New Yorker, no puedo vivir sin esa página porque me faltaría algo si no me meto a leer. Esas son las que más consulto todos los días, se me estará yendo alguna, pero la mayoría son páginas de información.

¡Ah! y, por supuesto, Twitter, eso ni se discute. Twitter también podría ser una aplicación, pero suelo utilizarla más en el ordenador.

−¿Estás viendo alguna serie o película vía streaming? ¿Cuál?

Con el streaming estoy poco familiarizada, no debería, pero sí. Consumo muy poca televisión y cosas audiovisuales, creo que lo único que podría decir que vi fue cuando me enganché con The Mandalorian, pero no soy mucho de consumir streaming ni ninguna plataforma.

−Cuéntanos de alguna vez que recuerdes que un avance tecnológico te haga sorprendido. 

−Yo no sé si es un avance tecnológico como tal, pero sí me ha sorprendido y me ha inquietado enormemente darme cuenta de que las aplicaciones, cuando estoy usándolas ya sea para el taxi o lo que sea, me rastrean y me dicen qué hay a mi alrededor. Hubo un tiempo, por ejemplo, en que determinadas redes sociales te decían que tus amigos más cercanos a ti en este momento están en no sé dónde, no sé dónde y no sé dónde, me decían los lugares de la ciudad en donde estaban y eso me atemorizó muchísimo y me sorprendió.

En las profundidades de las distorsiones, por Antonio José Monagas
Cuando la política se descarría, hasta el tiempo luce confuso

 

@ajmonagas

Cuando la política se descarría, hasta el tiempo luce confuso. Las perturbaciones e imprecisiones de la política depravan su ejercicio. Tanto, que hasta el hombre equivoca el camino y pierde el sentido de orientación.

Ahora, las realidades son radicalmente diferentes de las que estimaba el discurso político de mediados del siglo XX. ¿Qué sucedió para que se atascara la trayectoria pautada por los criterios de la teoría del desarrollo? Posiblemente, sus respuestas darían un conglomerado de apreciaciones cuya explicación superarían expectativas capaces de desvelar algunas de las verdades que se ajustaran a la realidad.

Sin embargo, el problema no pareciera resolverse en tan extenso recorrido epistemológico. Es posible que una de las verdades que sabrían responder al desenlace de tan complicada maraña metodológica resulten más próximas a la teoría política.

El problema en sí lo encubre la situación sociopolítica y socioeconómica que caracterizó la mitad del siglo XX. Una situación que confrontó serias contradicciones. Y aunque resultaron en extrañas panaceas políticas, compensaron las realidades con concepciones y formulaciones de distinta naturaleza.

Conflictos que en el siglo XX ocasionaron serias crisis, desembocaron en transformaciones e importantes arreglos. Muchos de los cuales, para los años posteriores, nivelaron abismos que, en lo social, político, económico y hasta militar, adquirieron definidas formas. Aunque de peligrosas magnitudes.

Pero que, de todos modos, tuvieron resultados que determinaron cambios significativos. Cambios que a su vez incitaron reacciones que favorecieron el advenimiento de proyectos que afianzaron el andamiaje del desarrollo económico y social buscado por trascendentes fuentes políticas y geopolíticas de tono democrático.

El final de la Guerra Fría, y la extinción de la Unión Soviética, entre otros eventos fundamentales acaecidos el siglo pasado, motivaron sustanciales cambios. Aunque las dudas e incertidumbres han acompañado las dos últimas décadas.

No obstante, haber pisado el siglo XXI, las realidades expusieron otra realidad cuya caracterización se ha alejado profundamente de la que modeló el mundo del siglo XX.

¿Cambios que dejan huellas?

Se ha generado una situación completamente distinta de la anterior, en la que las diferentes ideologías políticas, económicas y sociales que polarizaron al mundo durante el siglo XX, extrañamente no se muestran enfrentadas entre sí. Tienden ahora a compaginarse alrededor de intereses que, en otrora, antagonizaban y, por tanto, actuaban como razones en competencia por objetivos semejantes, no tan dispares. Al menos en su forma de ser concebidos.

En la actualidad se pugna por alcanzar un “Nuevo Orden Mundial” que procura configurar una sociedad más sosegada. Aunque subyugada a las pautas dictadas por un “hegemón”. O por las medidas impuestas en aras de los intereses de una entidad constituida por corporaciones o naciones que poseen el mayor potencial económico, militar y político.

Pese a serias contradicciones cuyos ecos alcanzan plataformas sociales, políticas y económicas regadas por el planeta, se ha escuchado que buscan dar con una sociedad erigida en la bondad natural del ser humano. Tanto como en el sentido constructivo de la historia y en la posibilidad de acceder a una felicidad que abarque la mayor parte de los individuos del mundo. Lo cual suena a “irónica paradoja”.

Según el profesor de la Escuela Claremont de Postgrado, California, USA, Peter Drucker, “(…) son distintas de las cuestiones sobre las cuales siguen escribiendo libros y haciendo discursos los políticos, los economistas, los eruditos hombres de negocios y los dirigentes sindicales”. Es el escenario que ha permitido la incidencia de experimentos de toda procedencia.

Es ahí cuando surgen mecanismos y dispositivos relacionados con la digitalización que ha intrincado la funcionalidad del mundo. Quizás para bien o no, del desarrollo humano al inducir nuevas y hasta inconsistentes razones para erigir el llamado “nuevo hombre”. O sea, el “homodigital”. Un individuo sin mayores sentimientos ni valores, atrevido en su temperamento para inmiscuirse en proyectos para los cuales su concurso no coincide con exigencias básicas.

Los negocios se desvían de su naturaleza social y buscan afincar sus objetivos solamente en la causa económico-financiera. Asimismo, la educación está dejando de apuntalar sus procesos de enseñanza aprendizaje en paradigmas apegados al sentido más íntimo de lo que engloba el concepto de magisterio. El ejercicio de la política pretende dislocarse de la filosofía a partir de la cual los procesos de gobierno consideran la sociedad como pivote de su accionamiento.

Estas nuevas realidades ya comenzaron a invalidar muchos de los supuestos alrededor de los cuales se perfiló la política que rige naciones y su relación entre ellas. Aunque muchas de las consideraciones que hoy pretenden moldear las realidades del siglo XXI, continúan perdidas o imprecisas. O que, como presunciones, muchas siguen inadvertidas.  Muchas que todavía reposan en las profundidades de las distorsiones.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Entre la adaptación y la adaptación, por Alejandro Armas
El fetichismo electoral excluye lo más importante para que el voto sea efectivo: la movilización ciudadana en su defensa, en caso de desconocimiento por el régimen

 

@AAAD25

Creo que muchas personas le deben una disculpa a Henri Falcón. Démosle el asiento del piloto a Mnemósine para que ponga la palanca en retroceso (la única marcha en la que puede manejar, obviamente) y nos lleve a 2018. Falcón lanzó su quijotesca campaña presidencial contra Nicolás Maduro. Los partidos de la MUD, convencidos por las horriblemente arbitrarias elecciones regionales de 2017 de que el voto ya no podría ser un instrumento para el cambio político, se abstuvieron de participar. Sus seguidores en aquel entonces denunciaron a Falcón como inepto, en el mejor de los casos, o como cínico actor en la simulación chavista de democracia, en el peor de los casos.

La MUD se inclinó por un plan rebelde y antisistema, totalmente divorciado del statu quo diseñado por el chavismo para que su autor jamás pierda su hegemonía, aunque la voluntad ciudadana se oponga. La apoteosis de dicho plan ocurrió en Chacao en enero de 2019, cuando Juan Guaidó se juramentó como “presidente interino”. Están por cumplirse tres años de aquel día, sin que el interinato cumpla su objetivo fundamental. El plan antisistema de la MUD no dio frutos. El resultado ha sido la desilusión de las masas deseosas de cambio político como preludio para la recuperación económica y social del país.

Todo bien hasta ahora… Bueno, no. Mal, pero comprensible. La frustración es comprensible. Lo que sigue, no tanto. Y es que, aunque la rebeldía de la MUD y del interinato terminó llevando a una calle ciega, algunos conciudadanos dieron media vuelta para ir a… Otra calle ciega ya conocida. A saber, el callejón sin salida del fetichismo electoral. La creencia de que lo único que pueden hacer los adversarios del chavismo es ganar elecciones y esperar por el milagro de que al chavismo le dé la gana de respetar el resultado (y con esto no me refiero solo a los números; también a los efectos del resultado, como permitir que un ente conquistado por la oposición actúe de forma autónoma).

En varios casos, el salto de la rebeldía antisistema al fetichismo electoral se dio de forma muy brusca, y con desparpajo para efectos de justificación. Sobre todo a partir de la decisión de la MUD de tomar parte en las regionales del año pasado y, más aun, tras la victoria de Sergio Garrido en Barinas, cuyos méritos y límites discutí la semana pasada en esta columna. De manera que personas que en 2018 condenaron a Falcón por “medirse” con Maduro, ahora repiten los mismos argumentos esgrimidos por aquel hace cuatro años. Dudo que lo admitan, aunque deberían.

Pero por más que estos individuos hagan en público como si no vieran la montaña de evidencia de que el voto por sí mismo no se traduce en cambios políticos bajo el sistema chavista, no creo que en su fuero privado de verdad lo hayan olvidado. No soy psicólogo social, pero me parece que estamos ante una especie de mecanismo colectivo de defensa. Un intento de racionalizar la disonancia cognitiva entre la necesidad de sentir que se está haciendo oposición efectiva y el hecho de que en realidad no se está haciendo.

En otras palabras, estas personas se rindieron. Desistieron de la lucha opositora y su objetivo de restaurar la democracia y el Estado de derecho en Venezuela.

Ven como algo inevitable que el chavismo siga gobernando hasta quién sabe cuándo y se conforman con adaptarse al sistema y vivir lo posiblemente mejor en él. Pero no lo quieren admitir, vaya usted a saber por qué. De ahí que necesiten racionalizar la disonancia. Sin embargo, la realidad es terca, y cada vez que insiste en presentarse, en vez de admitirla, se redobla el esfuerzo por racionalizar la disonancia, tal como sostuvo Leon Festinger, autor de esta teoría. No importa cuán descabellado sea el argumento.

Es así como la adaptación al sistema chavista por arte de magia se convierte en «oposición» al mismo. Administrar las migajas de poder y recursos que el chavismo tolera, a cambio de someterse a él, es «ocupar espacios de lucha». Los nuevos prohombres de este ethos son los políticos del G4 que se están «falconizando»: Manuel Rosales, Sergio Garrido, etc. Curiosamente, el propio Falcón y sus aliados no reciben el mismo reconocimiento, sospecho que por razones de sectarismo.

Pero, repito, la realidad insiste. Adaptación y oposición nunca serán lo mismo. Sé que es difícil mantener la aspiración de vivir en democracia luego de tanto esfuerzo y sacrificio sin llegar ahí, pero no me parece correcto tirar la toalla. Porque creo que merecemos algo mejor. La adaptación, tener a gobernadores como Garrido, solo nos permitirá en todo caso gozar de una calidad de vida un poco menos mala. Jamás cuestionaré que alguien quiera vivir menos mal, pero vivir menos mal no es vivir bien, ni ser libre.

Así que yo le sugiero a todos los interesados en el porvenir de la nación que sean firmes exigiendo a los políticos y líderes de opinión claridad en sus propósitos. ¿Quieren adaptarse u oponerse? No pienso increpar a nadie si se inclina por la adaptación, pero que no la disfrace, con ribetes épicos, de esfuerzo para lograr un cambio político. Eso es burlarse de la gente y darle falsas esperanzas.

Lamentablemente pareciera que, en la medida en que la MUD retoma la participación electoral, son los creyentes en la adaptación los que dictan pauta, sin reconocer ante el público, y quizás ante ellos mismos, su limitada visión de progreso. Esto es un problema porque su fetichismo electoral en esencia excluye lo más importante para que el voto sea efectivo: la movilización ciudadana en su defensa, en caso de desconocimiento por el régimen. Si así va a ser la agenda opositora en 2022 y más allá, está condenada. En el mejor de los casos, será un fracaso con buenas intenciones. En el peor de los casos, una farsa descarada.

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La respuesta popular en Barinas, por Roberto Patiño*
Barinas no es la meta, es apenas el inicio de un largo y complejo recorrido por recuperar la democracia en Venezuela

 

@RobertoPatino

Lo ocurrido en el estado Barinas el pasado 9 de enero, con el triunfo de Sergio Garrido en la elección regional, fue una victoria política y sobre todo popular, que hemos celebrado todos los demócratas en el país. Los venezolanos necesitábamos una buena noticia y el 2022 decidió comenzar de manera generosa, con un hecho que nos convoca a todos a la reflexión para tratar de ponerla en su justa medida.

El empeño del régimen de desconocer los resultados en Barinas el pasado 21 de noviembre del 2021, convirtieron una elección regional en un hecho extraordinario, para sorpresa de muchos barinenses. La entidad se convirtió en un símbolo de la resistencia política de un pueblo organizado que parece no querer renunciar a todos los mecanismos que tiene a la mano para confrontar el carácter autoritario del régimen y para hacerles pagar, políticamente, años de abandono y pérdida en la calidad de vida.

El triunfo en el estado llanero fue una victoria de la madurez de unos líderes que supieron entender el ánimo de los ciudadanos y unirse; de una organización política que mantuvo el pulso en la calle; y, sobre todo, de una población que se hizo protagonista de su destino al enfatizar su rechazo a las arbitrariedades dictadas desde Miraflores y al vano intento por comprarles su voluntad.

La organización popular, en medio de las más complejas dificultades logísticas, inmersa en una elección con evidentes signos de ventajismo oficialista, supo dar la cara para hacer de la oportunidad inédita que ofrecía el voto un recurso para la protesta política y el empoderamiento popular.

En nuestras comunidades organizadas, ya lo hemos venido señalando en los últimos años, existe un reservorio democrático, un liderazgo verdadero que se construye de abajo hacia arriba y que se funda en los valores de la solidaridad, el emprendimiento y la democracia.

Estamos conscientes de que el sistema electoral que ha impuesto el régimen aún no da garantías suficientes para el cambio político y pacífico al que aspiramos los venezolanos; pero sabemos, de primera mano y gracias al trabajo que hacemos en nuestras comunidades, que la organización popular es el mecanismo necesario para lograr que el voto recupere su lugar en la política venezolana.

Aunque no debemos sobredimensionar lo ocurrido en Barinas, esta buena noticia nos compromete a seguir trabajando con la gente, organizándola, apoyando el trabajo de sus líderes, reconectando el valor de la democracia con el derecho a una mejor calidad de vida. Barinas no es la meta, es apenas el inicio de un largo y complejo recorrido por recuperar la democracia en Venezuela.

Este es nuestro compromiso.

* Cofundador de Alimenta la Solidaridad y Caracas Mi Convive | rpatino.com

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La Delpiniada, por Laureano Márquez P.
A 137 años de La Delpiniada, la adulación y los elocuentes discursos vacíos siguen siendo –tal vez más que en ningún otro tiempo– costumbre de la política nacional

 

@laureanomar

Un par de tweets del compatriota Oswaldo Guerreiro (@ojguerreiro) en los que mostraba tanto el “afiche” como el programa del homenaje que se rindió el 14 de marzo de 1885 en el Teatro Municipal de Caracas al “poeta desquiciado” –como lo alude una reseña de Olga Santeliz–, Francisco Antonio Delpino y Lamas, invitan a reflexionar sobre ese gran acontecimiento humorístico, con indiscutibles consecuencias políticas para el país, que constituyó La Delpiniada.

Eran los tiempos del general Antonio Guzmán Blanco, una figura política tan afecta a las adulaciones, que llegaba al extremo, como diría Zapata, de adularse a sí mismo. Se autohomenajeó con sendas estatuas, una ecuestre lo que cuestre, ubicada entre la antigua sede de la Universidad Central de Venezuela y la entrada del Congreso. La otra, pedestre, no por ramplona, sino porque lo representaba a pie, con actitud que le hacía parecer una suerte de émulo tropical del gran Pericles griego, estaba ubicada en lo alto del paseo de El Calvario, por él también construido y bautizado con el nombre –como era de esperarse– de “paseo Guzmán Blanco”, aunque le hubiese cuadrado mejor el nombre de: “El Calvario de Guzmán Blanco”. Hubo un estado Guzmán Blanco, un teatro Guzmán Blanco. En fin, fue un hombre dado a recibir siempre elogios y adulaciones, entre las cuales figuraban la de vastos sectores intelectuales de la época que acudían a sus veladas en su casa de campo de Antímano.

En este contexto, un grupo de jóvenes estudiantes caraqueños decide rendir este homenaje bufo al popularmente conocido como “el chirulí del Guaire”, el lunático pseudopoeta Delpino y Lamas. Para ello realizaron una parodia que, aunque no hacía referencias explícitas al presidente, aludía de manera evidente al único personaje destinatario de homenajes en el país en ese tiempo y a las formas y discursos alabanciosos con los cuales usualmente se le rendía pleitesía. El acto se celebró en el teatro Caracas y tuvo hondas repercusiones en las protestas posteriores en contra de Guzmán Blanco.

Del acto humorístico salió un movimiento y un periódico. Demás está decir que los organizadores del evento fueron encarcelados.

En el programa del acto en honor al poeta, además de lectura de poemas salidos de la florida pluma del protagonista del evento, hubo música, representación de una comedia, ofrendas literarias y naturalmente un discurso laudatorio pronunciado por “un diserto prosista y elocuente orador”. Se colgó al cuello de Delpino, al final, una exagerada corona y fue conducido en carro descapotable por las calles de Caracas hasta su residencia en El Guarataro.

La-Delpiniada, por Laureano Márquez. Dibujo de Zapata
Programa de La Delpiniada, en el Teatro de Caracas, 1885.

 

Guzmán Blanco, que se encontraba en ese momento en Europa, era megalómano, pero no bruto, inmediatamente se dio cuenta de que un país ya harto de él, le sometía al inapelable revocatorio del humor, cuyo poder y alcance seguramente no le era ajeno a un hombre acostumbrado a la cultura europea y particularmente a la francesa. Así, seguramente, debió percibirlo al regresar al país al año siguiente para ejercer su último mandato, conocido como el bienio, que no llegó a concluir. Frente a la fuerza de la protesta humorística, se encontraba Guzmán demasiado indefenso, solo contaba con armas, soldados y cárceles. Su desventaja era evidente. Así pues, harto de tanta guachafita en un país que era como un “cuero seco”, decidió renunciar a la presidencia para irse definitivamente a París, donde murió rodeado de sus Corots.

A 137 años de La Delpiniada, la adulación y los elocuentes discursos vacíos siguen siendo –tal vez más que en ningún otro tiempo– costumbre de la política nacional. Así pues:

Cuando por tu vergel vaya un canario

Y entre flores te cante divino

No lo espantes, que es mi humilde emisario

Tu cantor, Francisco Antonio Delpino.

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Castromadurismo y bases militares, por Armando Martini
Puede ser o no que estemos invadidos, pero la terrible, dolorosa e insólita realidad es que somos un ejemplo de reparto en pleno desarrollo

 

@ArmandoMartini

Hubo un tiempo, más largo del que tránsfugas políticos soñaron, más corto de lo que se necesitaba por culpa de conductores, durante el cual tuvimos una Venezuela que llamamos “suya”, “tuya” y siempre mía. El chavismo devenido en madurismo ha puesto en ejecución otro viejo concepto de cosechas pasadas, “Venezuela para todos”.

Ahora el Estado gobierna, comparte y maneja en sincronía. La isla de Margarita es cada día más musulmana fanática. Cubanos y rusos disfrutan cuarteles, se uniforman, oprimen, realizan labores de inteligencia, reciben honorarios y saborean amenidades. Chinos, turcos y otros intervienen en la importación de alimentos, finezas, exquisiteces, elegancias, comerciando cuanta vaina hay. Los narcoguerrilleros en el sur se roban los minerales, y, además abren camino al sucio e inmoral negocio del narcotráfico.

Se ha armado un zafarrancho, alboroto -decían las abuelas-, con declaraciones sobre la introducción de Venezuela en una travesura geopolítica de la cual no forma parte ni tiene arte. Los rusos, presionados por su afán ucraniano, conscientes de que son mucho pero no tanto como Estados Unidos, levantan banderas descoloridas. La despliegan al viento con argumentos que hacen creer que son capaces de enfrentarse, a pesar de su economía mediocre y un único anticuado portaaviones, a la primera y más rica potencia del mundo.

Rusia no quiere que se respalde ni con el pétalo de una rosa a una Ucrania que al mismo tiempo es poblacional parcial, frustración, y único argumento de amenazar con establecer bases militares en Cuba y Venezuela. La presencia rusa en la “isla de la felicidad” es de vieja data y en nada impresiona, aunque siempre vigilada. Y, su representación en Venezuela es cosa de añosos asesores, remanentes sobrevivientes del pensamiento de posguerra, que se reduce a la venta de equipos militares envejecidos y caducados, en buena parte aún no cancelados por el régimen.

Con una fuerza armada de última generación, alcance mundial y mejor dotada tecnológicamente, no cabe la menor duda de que USA es una potencia poderosa, definitiva. Ya pasaron aquellos tiempos de la paridad militar de la Guerra Fría. Estados Unidos puede acabar con Rusia, pero los rusos no con los estadounidenses. Hoy día, contundente realidad. Por eso los chinos se preparan pacientes e insistentes. Son potencia económica de primera magnitud, pero plagada de problemas internos. La estadounidense sufre la inflación después de mucho tiempo, pero deslumbra con el observatorio espacial James Webb; y China puede desmoronarse en cualquier momento. Pueden trabar al mundo con el coronavirus que la frena a ella misma.

Para Estados Unidos, América y en particular el mar Caribe, son mucho más que zona de influencia, es de expansión, soporte económico y certeza militar. Es lo que aterroriza al régimen cubano-venezolano. Cualquier base militar sería detectada de inmediato. Ensamblarla es pesado problema económico que solo puede hacerse mediante sucesivos pasos pequeños y enormes costos de instalación; y su mantenimiento es tan elevado que una economía de bajo nivel y poca monta no soportaría. Además, la avanzada realidad de tecnología en drones y satélites, olvidaron aquellos tiempos de los misiles rusos en Cuba.

Amenazar con instalarlas en Venezuela y Cuba es alarde de la arcaica guerra fría en busca de un compromiso estadounidense de no meter sus potentes -a veces torpes, hay que reconocerlo- narices en Ucrania. La realidad es que, semejante atrevimiento bélico, por demás estulto, es imposible de cumplir. Porque sin un solo soldado estadounidense en tierra venezolana, somos parte de las responsabilidades del Comando Sur, orgullo y prevención.

El régimen bolivariano es generoso en la distribución del territorio, el castromadurismo entiende que sería egoísta ser los únicos que aprovechen los cada vez menores recursos, y han abierto las puertas a bandidos nacionales y extranjeros, sinvergüenzas, bolichicos, enchufados, cómplices y cooperantes para que se enriquezcan, importándole un carajo Venezuela.

No se termina de entender el proyecto revolucionario. Estamos invadidos por el criminal comunismo, la afrenta del Foro de Sao Paulo, el ultraje del Grupo Puebla, la ofensa castrista y el insulto oficialista que reparte soberanía, confiando en que sigan su ejemplo Perú, Chile, Brasil, Colombia y otros países. Excepto la cínica Cuba que no se reparte, ellos son todo para adentro especialmente miseria y represión.

Puede ser o no que estemos invadidos, pero la terrible, dolorosa e insólita realidad es que somos un ejemplo de reparto en pleno desarrollo.

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Mis Crocs cumplen 15 años, por Reuben Morales
Ustedes se preguntarán cómo llegaron a cumplir quince años unas Crocs, aquí les cuento la cantidad de vivencias que marcaron nuestras vidas por siempre

 

@ReubenMoralesYa

No soy vidente profesional, pero una predicción que sí les puedo dar es que cuando llegue el Apocalipsis, lo único que seguirá existiendo serán las pirámides, la muralla china y mis Crocs. En este año 2022, mis Crocs cumplen quince años. Una proeza que celebraremos yo, alguien que lea esto en el departamento de mercadeo de Crocs y alguna ballena que jamás se terminó comiendo este par de evidencias de que el plástico es menos biodegradable que el comunismo.

Y ustedes se preguntarán cómo llegaron a cumplir quince años unas Crocs (cosa que también se pregunta mi esposa, quien las quiere botar desde que me conoce). El primer secreto es que soy de esas personas que usa las cosas hasta que ya no sirven, como una chequera que todavía tengo del año 1999. El segundo secreto, es que calzo 49 y no consigo zapatos con facilidad. Y el tercer secreto, es uno jamás revelado: uso mis Crocs con medias.

Por eso no quise que mi par de Crocs negras dejaran de tener su fiesta de quince años (fiesta por demás barata, pues las cumpleañeras no comen, no bailan y con las mangas del vestido de una quinceañera, salen dos vestiditos para ellas). La gran oportunidad para bailar el vals con ellas puestas, pero en las manos porque están tan lisas que no me quiero dar una matada. Incluso me imagino bailando el clásico tema de Chayanne: “Tiempo de Crocs, un, dos, tres al revés…”.

Por supuesto, como en toda fiesta de quinceañera, también proyectaré un video de los momentos más icónicos de mis Crocs en estos quince años de vida. Como el momento en que las compré, allá en el 2007. Recuerdo cómo supe que, de entre todas las Crocs expuestas en el mostrador de la zapatería, esas eran. Claro, eran las únicas que me quedaban.

De ahí en adelante, experimentamos una cantidad de vivencias que marcaron nuestras vidas por siempre. Como la primera vez que usé mis Crocs negras con medias blancas. La gente creía que estaba caminando sobre dos pingüinos. También las usé cantidad de veces en la ducha como jabonera. Luego conformaron la primera cuna de mi hijo para después ser el Titanic de sus muñequitos en la bañera. También estuvo la vez que les amarré una cuerda y sirvieron de salvavidas para rescatar a alguien que se cayó de una lancha. Mismo fin de semana cuando acampamos en una playa, nos sirvieron como colador de pasta y luego para defendernos de unos malandros cuando se las lancé como búmeran. Con una sola Croc neutralicé a veintiocho de ellos.

Han sido recuerdos muy gratificantes. Como la vez cuando emigré a Colombia, que media maleta se perdió nada más en llevar mi par de Crocs. Aunque lo positivo fue el momento cuando el Guardia Nacional me revisó la maleta a ver con qué se quedaba. Cuando vio dos Crocs me dijo “No, hombre… siga”.

¡Qué orgullo siento! Mis Crocs dejaron de ser unas niñas para convertirse en todas unas mujeres. Aunque envidio la lentitud con la que envejecen. Ahorita de quince, se ven más jóvenes que un renacuajo. De hecho, creo que ya di con la tasa de envejecimiento de las Crocs. Así como los años de perros son siete años de humanos, el año de una Croc equivale a -2 años de humano.

Así, cuando yo cumpla cien años, mis Crocs tendrán -73. Entonces las donaré a un museo de historia y allí quedarán expuestas. De hecho, me las imagino ahí colocadas en una muestra con las pirámides egipcias y la muralla china. El nombre de la exposición será: “Las únicas cosas que sobrevivieron al cambio climático”.

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