José Guerra, autor en Runrun

Jose A. Guerra

El séptimo círculo del infierno, por José Guerra

La playa de los violentos, séptimo círculo del infierno, canto XIV de la Divina comedia. Ilustración de Gustave Doré / wikipedia.org, dominio público.

@JoseAGuerra

Dante Alighieri en la Divina comedia, en el capítulo del Infierno habla del séptimo círculo, lugar reservado para los violentos, para quienes agreden al prójimo, para los que derramaron sangre de los inocentes, que ahora deben pernoctar allí hasta la Eternidad, en un río nauseabundo de sangre y lava.

La Misión Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela presentó un informe al Consejo de DD. HH. de la ONU el 17 de septiembre de 2020 sobre la violación de los derechos humanos y los consecuentes crímenes de lesa humanidad cometidos por la cúpula que detenta el poder en Venezuela; de acuerdo con cuatrocientos (400) casos documentados de ejecuciones extrajudiciales, torturas, tratos crueles y degradantes y persecución política. Por ello, se trata de un evento que debe ventilarse en la Corte Penal Internacional, tarde o temprano.

En ese texto se señalan claramente, con nombres y apellidos, a Nicolás Maduro, al general en jefe Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa, al mayor general Néstor Reverol, ministro del Interior y a Diosdado Cabello, entre tantos otros, como responsables de las violaciones a los derechos humanos.

Tras consultar a más de doscientas setenta y cuatro (274) personas entre víctimas y sus familiares de la represión, expolicías y especialistas, la citada misión determinó que en las cárceles políticas, específicamente en El Helicoide, la Tumba, sedes visibles del Sebin y en Boleíta, asiento oficial de la Dgcim, se tortura y se infligen tratos crueles e inhumanos a los detenidos. El capitán Rafael Acosta Arévalo y Fernando Albán testimoniaron con sus vidas esos episodios.

Pero también hay lugares clandestinos bajo administración de esos cuerpos policiales donde la tortura es la norma. El escalofriante número de víctimas indica que el asesinato y la tortura son una política de Estado y que no se trató de hechos aislados. El secuestro, el martirio a los presos y el crimen cometidos por los funcionarios policiales con el avenimiento de los jefes, hicieron descender a los ejecutores de tales hechos al sitial más bajo e inimaginable del alma humana.

Este informe no es una acusación contra la Fuerza Armada Nacional y las policías. Sino más bien contra personas determinadas, específicas, que denigraron del honor militar y policial con la comisión de actos reñidos con la ley. El doctor Julio César Strassera, el juez que llevó a la cárcel a los jefes militares argentinos, que se consideraban todopoderosos mientras mantuvieron el poder, afirmó que “El sadismo no es una ideología política ni una estrategia bélica sino una perversión moral”.

Para que la FAN se reivindique ante los venezolanos debe deslastrarse de esos sujetos, contumaces violadores de los derechos humanos, para así quienes la degradaron con su conducta sean excluidos de la institución. La justicia no es venganza como tipo penal específico. Es una forma de reparar el daño causado a otro, para que la pena infligida al condenado sirva para disuadir a potenciales infractores de la ley.

Dijo Dante sobre el séptimo círculo del infierno “Estos son los tiranos que vivieron de la sangre y la rapiña y aquí se lloran sus despiadadas faltas”.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Venezuela: bloqueada no, quebrada sí, por José Guerra

@JoseAGuerra

El régimen madurista y sus propagandistas, siguiendo el libreto cubano, han lanzado una campaña según la cual todos los problemas que hoy sufre el pueblo venezolano obedecen a las sanciones impuestas por el Gobierno de Donald Trump. Según los laboratorios de propaganda al servicio de Maduro, Venezuela era una especie de paraíso terrenal hasta que aparecieron en la escena las medidas coercitivas aplicadas por Estados Unidos.

De acuerdo con el manual de estos sujetos, a cargo de la maquinaria publicitaria de la dictadura, la caída del precio del petróleo, la depreciación del bolívar, el aumento de los precios de los bienes de consumo, la decisión del Banco Central de imponer un encaje legal de 100 % para restringir el crédito bancario, las inundaciones y las fallas de las represas del Guri, entre tantos otros eventos, obedecen a una conspiración internacional; obviamente orquestada desde Washington.

El punto débil de este relato es que por chapucero, no es creíble. En realidad ese cuento va dirigido a ese 15 % que todavía cree en Maduro, para tratar de mantenerlo cohesionado.

El argumento del bloqueo es la pieza central de esta historia. Pero todo ello es una gran mentira.

La recesión de la economía venezolana comenzó en 2014 cuando no había sanciones y la hiperinflación, que se fue conformando en 2016, explotó en noviembre de 2017 sin que se hubiesen impuesto sanciones.

Fue Maduro quien desde 2016 decidió no presentar las leyes de Presupuesto y de Endeudamiento ante la Asamblea Nacional con lo cual terminó de cerrar el crédito internacional, a lo que se sumó la medida de noviembre de 2017 de declarar una moratoria unilateral de la deuda externa.

En lo que respecta al producción petrolera, cuando Chávez asumió en febrero de 1999, Venezuela producía 3.500.000 barriles y cuando murió en marzo de 2013 la producción estaba cerca de 2.900.000 barriles, lo que denotó una disminución de 600.000 barriles diarios, equivalente a una caída del 17 %; ello, a pesar de haber disfrutado de los mayores precios petroleros de la historia.

Venezuela no está bloqueada, Venezuela está quebrada, que es diferente; y esa quiebra se origina en la ruina de la industria petrolera, especialmente a partir de las acciones adoptadas por Chávez y seguidas por Maduro que significaron la estatización de las empresas de la Faja del Orinoco en 2009 y la expropiación masiva de las compañías de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo y de otras regiones que prestaban servicios a la industria. Sin dejar de mencionar el despido de más de 20.000 trabajadores calificados de PDVSA en 2003.

Allí reside buena parte del origen del derrumbe de la producción petrolera que se fue acumulando con los años, tal como se muestra en el gráfico.

Venezuela: bloqueada no, quebrada sí, por José Guerra
El descenso de la producción petrolera es previo a las sanciones económicas de EE. UU., como lo demuestra el gráfico.

Actualmente Venezuela extrae una cantidad de barriles de petróleo similar a la de 1947 y por ello es que ahora, aquel régimen prepotente que quiso humillar a las empresas petroleras internacionales en 2009, hoy pide cacao y trata desesperadamente de buscar al capital internacional que echaron del país.

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El fogón de mi tía Rosario, por José Guerra

@JoseAGuerra

Mi tía Rosario Brito fue una mujer que no pudo trabajar más porque los días solamente tienen veinticuatro horas. Ella era viuda con seis hijas hembras y cuando regresó de El Tigre, en el estado Anzoátegui, a Río Caribe a mediados de los años cincuenta, en su casa había un fogón donde dejó parte de su vida. Ese fogón era una construcción de cemento con una cavidad por donde introducían la leña, la cual se quemaba y luego de la otra cavidad brotaba el fuego con el cual se cocinaban los alimentos. Para avivar la candela, había que soplar las brasas incandescentes con un cartón. Y la persona que lo hacía recibía toda la descarga de calor.

Cocinar caramelo para hacer los capullos azucarados y el papelón para las melcochas, que luego se vendían a los muchachos, le proporcionaba su sustento diario. De lunes a lunes era la jornada laboral de mi tía Rosario; y en la noche dejaba la vista andar mientras tejía escarpines azules para niños y rosados para niñas.

La vida en esos años cincuenta y mediados de los sesenta era muy dura todavía aunque el país progresaba. Siempre la veía sudando para mantener viva la llama del fogón que era la cocina que le permitía trabajar dignamente para criar a sus hijas que le quedaban en Río Caribe; y también para complacer a sus sobrinos favoritos, uno de los cuales era yo. De carácter duro pero con un corazón del tamaño del cielo, todos los días había que buscar la leña para que el fogón de su vida se mantuviese activo y prendido. Y, con él, su sustento.

Mi tía, cuando gobernaba Pérez Jiménez, no se dejó intimidar por los esbirros de la Seguridad Nacional que regularmente allanaban la casa de mis padres buscando a mi tío Herman Brito, dirigente de la resistencia de Acción Democrática; finalmente fue capturado en Caracas, torturado hasta el límite, pero sin soltar una palabra delatora; y luego enviado a Guasina, uno de los campos de concentración de la dictadura. Hasta allá viajaban mi tía Rosario y mi tío Luis Brito para visitar a su hermano de 26 años, luego de soportar las humillaciones y el robo de las verduras y el pescado salado que le llevaban, por parte de los guardias nacionales que custodiaban la cárcel.

Con la democracia, desde 1959 se fue apagando el fogón y llegó la cocina de querosén y después de gas; y este no faltaba en Río Caribe porque el señor Jesús Rodríguez y su hijo Hernán (Nango), con su camión cargado de bombonas, garantizaban que en la casas no faltara el gas para cocinar.

Cincuenta años después, el socialismo chavista-madurista retrotrajo a Venezuela a la época del fogón y a cocinar con leña, en pleno siglo XXI; en medio de la era digital, de la información en tiempo real, donde todo se sabe en todas partes cuando los hechos suceden.

El cocinar con un fogón es la expresión de este momento aciago que hoy viven los venezolanos, en mala hora.

Pero así como se extinguió el fogón de mi tía Rosario, se extinguirá esta tragedia. Y vendrá un tiempo mejor, donde estos experimentos llamados socialistas queden como un mal recuerdo. 

 

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Jose A. Guerra Ago 02, 2020 | Actualizado hace 3 meses
Licencia para matar, por José Guerra

“Licencia para matar”… guardias nacionales con armas letales en una protesta de 2017. Foto Luis Florido en Elpolitico.com.

@JoseAGuerra

Quienes siempre hemos defendido el rol de una Fuerza Armada Nacional apegada a la Constitución y las leyes, quienes hemos apoyado en la tribuna y en la acción a los integrantes de la institución militar, hoy nos consideramos asidos del derecho a criticar de forma pública acciones de integrantes de la Guardia Nacional Bolivariana, en su rol de garantes del orden público.

Mi relación con esta institución se afianzó durante las protestas de 2017, cuando en medio de las refriegas callejeras, nos tocó mediar con oficiales a cargo de la represión, con resultados no siempre auspiciosos. Nunca olvidaré a un oficial que se tapaba el apellido tallado en su uniforme, una vez en una manifestación en el Crema Paraíso de Santa Mónica y estando Fernando Albán y un señor con muletas conmigo, tratando de que los guardias no arrojaran las bombas lacrimógenas, ese oficial impartió la orden para que nos rociaran en la cara los gases tóxicos.

Pero también viene a mi memoria un intento de llegar al BCV a entregar una carta, exigiendo que el ex instituto emisor publicara los datos; el general Fabio Zavarse, hombre incondicional al régimen, me llamó y me dijo que el único que podía pisar el BCV era yo y, a la vez, impidió que los colectivos nos agredieran. En la entrada de la Asamblea Nacional siempre compartíamos respetuosamente con los guardias que custodiaban la institución, inclusive con los más duros en materia represiva. Allí noté que el descontento estaba presente en los uniformados.

Por eso condeno las acciones de guardias nacionales en Isla de Toas, estado Zulia donde un muchacho de dieciocho (18) años, Joel Albornoz, de oficio pescador, fue asesinado por el proyectil de un guardia, ante su exigencia de gasolina para poder faenar y alimentar a su familia.

Y también el caso del señor Carlos Chaparro, en Aragua de Barcelona, que el 26 de julio de este año, fue muerto por un capitán de la Guardia Nacional por protestar ante el abuso en la distribución de la gasolina.

No puede dejar de mencionarse la agresión hace un par de semanas de guardias nacionales a personas indefensas de la tercera edad, que en la plaza del BCV exigían que le paguen una pensión decente.

Y antes el caso de Geraldine Moreno, a quien un guardia le vació en la cara un cartucho de perdigones y la asesinó. Estos no son hechos aislados.

Por ello, parece que como compensación por la labor represiva, a la Guardia Nacional le hubiesen conferido una especie de licencia para matar. El problema para la Fuerza Armada como un todo, hoy desprestigiada, es que el pueblo no distingue entre los distintos componentes y habla de los militares, para referirse a quien tiene más presencia en la calle. Y este rechazo se ha agravado con el mercado negro de la gasolina y el tráfico de influencias, que los guardias en custodia de las bombas han hecho una práctica rutinaria. Propugnamos por una institución armada profesional, con salarios dignos, con apresto adecuado, al servicio de la nación, pero estos hechos hay que evidenciarlos. Por el propio bien de la institución.

2 de agosto de 2020.

 

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Ochenta y seis por ciento, por José Guerra

@JoseAGuerra 

Ochenta y seis por ciento (86 %) es la caída acumulada de la actividad económica de Venezuela entre el primer trimestre de 2013 y el primer trimestre de 2020, según el Indicador de Actividad Económica Mensual que calcula la Asamblea Nacional, como sucedáneo de las cifras que el BCV oculta.

Durante el tiempo que Nicolás Maduro ha permanecido en el poder Venezuela ha sufrido un retroceso en absolutamente todos los indicadores, cualquiera sea la dimensión que se utilice o el concepto del cual se trate.

Que la economía se haya contraído en esa magnitud significa que hoy su producto interno bruto sea equivalente al de Paraguay cuando hace treinta años se parecía al de Argentina. En términos de habitantes, el ingreso nacional de Venezuela en 2020 solamente supera al del empobrecido y sufrido Haití.

No es fácil para alguien que no esté familiarizado con los temas económicos o para un ciudadano inocente que de buena fe crea que en Venezuela está teniendo lugar un cambio socio político, asimilar el impacto de la hecatombe venezolana.

En cualquier ámbito de comparación que dé cuenta de la calidad de vida, como el ya señalado ingreso nacional por habitante, la esperanza de vida al nacer, el nivel y calidad de la educación, la atención sanitaria o el más elaborado, Índice de Desarrollo Humano, el régimen madurista representa una calamidad. ¿Cómo ha podido suceder semejante tragedia?

Los procesos sociales no suceden por azar. Este cuenta en muchos aspectos de la vida, pero las ciencias sociales están dotadas de instrumentos para analizar dinámicas como la venezolana. La causa de fondo reside en el modelo confeccionado por Hugo Chávez desde 2005.

Entonces comienza en firme el camino de la estatización de la economía para supuestamente implantar un modelo socialista, al estilo de los que fracasaron en la Unión Soviética y Cuba.

Chávez, un hombre de ideas elementales, pero con una tenacidad ilimitada, se lanza por el camino sin retorno de usar al petróleo para financiar esa aventura.

Creyó que el petróleo podía emplearse para apuntalar un modelo de estatización de los medios de producción, que en la versión dogmática del socialismo deberían pasar a manos del Estado. Ello se tradujo en succionar la renta petrolera hasta el extremo de secar la industria petrolera y embarcar a Pdvsa en proyectos y actividades sin ninguna viabilidad financiera o social como lo fueron Pdvsa industrial, las petrocasas, Pdval y tantos otros sueños, uno tras otro fallido.

Esta senda implicó distraer recursos que se hubiesen dedicado a la inversión en petróleo. Y cuando ya la caja registradora de Pdvsa dejó de sonar señalando que sus finanzas estaban exhaustas, recurrió Chávez al endeudamiento.

Maduro siguió ese mismo camino y además ensayó con presidentes de Pvdsa y ministros de Petróleo, uno peor que el anterior hasta llegar al general Manual Quevedo, hombre de peinilla, rolo y bombas lacrimógenas, pero no de la ciencia de los hidrocarburos.

Así fue la destrucción de Venezuela, poco a poco pero a paso firme hasta que en junio de 2020 la producción de petróleo alcanzó a cerca de 400.000 barriles por día, similar a la que obtuvimos en 1947, pero con más de veinte millones de habitantes respecto a ese año. Un retroceso de setenta y tres años. 

19 de julio de 2020

 

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Jose A. Guerra Jul 06, 2020 | Actualizado hace 4 meses
Yo quiero votar, por José Guerra

@JoseAGuerra 

Hay básicamente tres formas de salir de un gobierno o de un régimen. El primero es mediante el voto popular, cuando este elige y expresa la decisión de la mayoría del pueblo; el segundo es con una revolución social, que depone al gobierno en funciones e instaura uno nuevo o abre paso mediante una transición; y el tercero es a través de un golpe de Estado. Lo ideal es que el pueblo vote y que su voto sea la manifestación de cambio.

Después de que perdieron las elecciones parlamentarias de 2015, el régimen de Maduro optó por la política de eliminar de facto el voto como instrumento de cambio, en una clara deriva dictatorial.

No se había todavía asimilado la victoria, cuando una maniobra de Jorge Rodríguez a finales de diciembre de 2015, usando a la magistrada del TSJ Indira Alfonzo y hoy presidenta ilegítima del CNE, con una medida cautelar que se ha extendido por cuatro años, desconoció a tres diputados indígenas y del estado Amazonas. Con esta confabulación nos quitaron la mayoría calificada de tres cuartas partes del parlamento que ganamos con votos

Luego, la también magistrada y presidenta entonces del TSJ, Gladys Gutiérrez, actualmente también miembro del CNE, dictó en enero de 2016 una sentencia absurdamente increíble, mediante la cual se dictaminó que la Asamblea Nacional estaba en desacato y que por tanto todos sus actos serían nulos.

En 2016, cuando se podía invocar la activación del referendo revocatorio contra Maduro, la misma magistrada Indira Alfonzo, usando una sentencia, liquidó ese proceso. Todo ello constituía una política para ir secando el voto como expresión popular y llevarnos a tomar derroteros no electorales.

Otra figura muy usada por Chávez y Maduro es la de los protectores. Cada vez que perdían una elección de gobernador, seguidamente colocaban a un títere suyo con más poder y recursos que el gobernador electo. Posteriormente, llamaron a una Asamblea Nacional Constituyente en mayo de 2017, violando las reglas elementales previstas en la Constitución.

El objetivo era terminar de anular a la Asamblea Nacional y ayudar a Maduro a gobernar de facto, pero con apariencia de legalidad.

Las dictaduras de este tiempo no son las mismas que las del pasado, pero son dictaduras igualmente y eso es lo que rige en Venezuela.

El de Maduro, es un régimen donde confluyen los elementos más atrasados y prehistóricos de la izquierda venezolana, con una derecha de vocación militarista y totalitaria para conformar una indigesta formación política pocas veces vista en el mundo.

La manera más eficaz de luchar contra ella es apelando a la voluntad del pueblo y haciendo todo el esfuerzo por rescatar el derecho al voto y que este permita elegir. Intentos de golpes lo que hacen y han hecho es fortalecer a la crápula en el poder y darle los argumentos para que repriman.

Por ello, en esta coyuntura dramática que vive Venezuela, la política correcta es levantar un movimiento nacional fuerte, con apoyo internacional por el rescate de la soberanía popular usurpada, para que el pueblo pueda votar libremente. Sin embargo, cualquier medio para restituir el orden constitucional y esa soberanía popular es moralmente válido.

5 de julio de 2020.

 

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Jose A. Guerra Oct 13, 2019 | Actualizado hace 1 año
El salario y el Petro, por José Guerra
COMO RESULTADO DE LA política económica del régimen, el salario de los trabajadores venezolanos ha sido pulverizado por la hiperinflación. En realidad no hay salario que aguante el empuje de unos precios desbocados con lo cual trabajadores activos, pensionados y jubilados hoy están arruinados. Hace una semana, en medio de esos anuncios como el que realizó hace más de seis meses cuando pidió a todos los ministros poner sus cargos a la orden y todavía éstos permanecen en esos cargos, Maduro planteó que adoptaría medidas supuestamente para proteger el salario que él mismo ha destruido con sus política y con su modelo.  Lo trágico del caso es que en esas ocurrencias dijo que se pretendía vincular el salario con el petro.
 
Los datos son contundentes. El salario mínimo que devengan los trabajadores activos y jubilados y que abarca algo más del 50% de quienes trabajan o trabajaron en el sector público  venezolano es US$ 2 mensuales mientras que para adquirir la canasta alimentaria hace falta por lo menos veinte salarios mínimos. Ello sugiere el estado de precariedad en la cual se encuentran los venezolanos. Se trata de más de cuatro millones de pensionados del Seguro Social y otros dos millones que devengan ese salario mínimo miserable. La idea de vincular el salario al petro es un disparate mayúsculo debido a que el Petro no es una referencia válida que sirva como ancla para establecer los salarios. Ello debido al hecho que quien determina el valor del petro es su emisor que el régimen madurista. Cuando un país fija el salario con respecto el dólar o al euro, por ejemplo, es claro  que ninguna de estas dos monedas puede ser manipulada por el gobierno y por esta razón se asegura el mantenimiento del poder de compra de los salarios. Contrariamente, el valor del petro no obedece a ningún criterio económico porque el mismo no es objeto de transacciones en el mercado y por ello su valor es el producto de un acto burocrático. Pero más allá de esto, el hecho es que para todos los fines prácticos el Petro es inexistente y por por esa razón atar los salarios al petro carece de cualquier sentido conceptual o práctico. No se puede fijar el salario a algo inexistente.
 
Por estas razones lo mejor que pueden hacer los trabajadores venezolanos es exigir que sus salarios, pensiones y jubilaciones se determinen sobre la base de unos de los siguientes criterios. Por una parte, una canasta de bienes y servicios calculada por un ente con credibilidad técnica o por la otra, con base en el dólar en el entendido que se trata de un cierto monto de esa moneda que sirva para adquirir el valor monetario de esa canasta. Es inaceptable que a quienes trabajan y viven de su trabajo se les quiera imponer el pago en petros.
 
 
 
@JoseAGuerra
 
Informe Bachelet y la FAN, por José Guerra

LA ALTA COMISIONADA para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, doctora Michelle Bachelet, presentó su actualización del informe sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela en el cual, no solamente ratificó en contenido del primero presentado meses atrás, sino que abundó sobre nuevas violaciones a los derechos fundamentales de los venezolanos.

En este informe llama la atención el rol que viene desempeñando elementos de la FAN que le sirven de soporte al régimen de Maduro, mediante el uso de la represión y la coacción. Citemos el informe de Bachelet textualmente: “Mi Oficina documentó casos de tortura y malos tratos, tanto físicos como psicológicos, de personas arbitrariamente privadas de su libertad, en particular de militares. Las condiciones de detención no cumplen con los estándares internacionales básicos y las personas detenidas no tienen acceso a atención médica adecuada.

Solicito a las autoridades tomar acción para corregir estas prácticas, permitir acceso médico e investigar violaciones a los derechos humanos”. En relación con el asesinato del capitán Acosta, afirma que “La autopsia del Capitán Acosta Arévalo, quien falleció bajo custodia el 29 de junio, reveló que había sufrido múltiples golpes, contusiones, excoriaciones y quemaduras en varias partes del cuerpo. Sufrió fracturas en 16 costillas, el tabique nasal y el pie derecho. Las autoridades reportaron que dos oficiales de la DGCIM habían sido detenidos y acusados de homicidio preterintencional, pero no de haber cometido actos de tortura. Aliento a las autoridades a que investiguen las denuncias de tortura, castiguen a los responsables, reparen a las víctimas y adopten medidas para evitar su repetición”. Esto es demasiado grave para que las actuales autoridades militares sigan guardando silencio sobre un hecho abominable como este.

Todavía más, afirma la doctora Bachelet que “preocupa el aumento de la presencia de militares en el territorio del pueblo indígena Pemón”. Y luego explica que “la muerte de un líder indígena de Curripaco en Amazonas cometido supuestamente por miembros de la Guardia nacional Bolivariana”. Pero no se queda aquí el informe al criticar severamente el uso de la justicia militar para condenar al dirigente sindical Rubén González a cinco años de prisión, por el solo hecho de ejercer su derecho como líder de los trabajadores de la Ferrominera del Orinoco.

El dilema para los integrantes de la FAN, en todos sus estamentos es el siguiente: seguir apoyando a una dictadura encabezada por Maduro que ha arruinado a Venezuela y los ha depauperado a ellos también, o ponerse al lado del pueblo y exigir una solución a esta crisis terminal que hoy sufre el país y que se realicen unas elecciones presidenciales competitivas y transparentes, para que el pueblo sea quien decidida quien conduce sus destinos. Hay quienes dicen que la FAN no actúa porque está corrompida e involucrada en todo tipos de negocios. Yo no creo eso. Puede haber individualidades corrompidas y partícipes de hechos ilícitos, más no es la institución como tal. Es hora de restituir la vigencia de la Constitución compañeros de uniforme.

José Guerra