José Guerra, autor en Runrun

Jose A. Guerra

Ya Putin perdió la guerra, por José Guerra

En la gráfica, la artista ucraniana Dariya Marchenko hace un retrato de Putin con 5000 casquillos de bala recogidos en la frontera este de Ucrania en julio pasado. La obra se llama El rostro de la guerra.

En la vertiente política de la guerra, la derrota de Putin es visible. Occidente está más unido que nunca

 

@JoseAGuerra

La invasión de Putin a Ucrania ha resultado un verdadero fiasco para Rusia. Lo que se pensó como una guerra relámpago para tomar Ucrania en varios días, se ha prolongado más de la cuenta para el Ejército ruso que ahora acusa el desgaste en las zonas de combate, con pérdidas humanas y de equipos fundamentales y además con el total repudio del pueblo ucraniano.

El famoso antiguo Ejército Rojo ha encontrado una resistencia inesperada en Ucrania que pone de relieve sus debilidades; y lo que le queda es aplicar lo que hizo en Grozny (Chechenia) y Alepo (Siria), ciudades que literalmente despobló y redujo a escombros con los bombardeos.

En la vertiente política de la guerra, la derrota de Putin es visible. Occidente está más unido que nunca. Estados Unidos recuperó el liderazgo mundial, Alemania se va a rearmar, posiblemente Corea del Sur desarrolle sus propias armas atómicas para defenderse de Corea del Norte y las pacíficas Finlandia y Suecia ahora quieren ingresar a la OTAN.

Desde el punto de vista económico, las sanciones y la congelación de los fondos rusos en el exterior están causando estragos. Se calcula conservadoramente una caída del PIB para 2022 de más de 10 %. Empresas extranjeras fundamentales han salido de Rusia y el desempleo aumenta a la par de la caída del rublo, que hoy es una moneda inservible. El petróleo ruso se vende con grandes descuentos, lo que merma la caja del Kremlin en una economía más dependiente del petróleo y el gas de lo que pensamos.

En lo referente a la geopolítica, Putin está aislado. Lo acompañan en su soledad Eritrea, Corea del Norte, Siria, Cuba, Venezuela y Nicaragua.

China ha guardado una sigilosa y aparente neutralidad, sin que se haya comprometido a ayudar a Moscú con armas y recursos. El mundo está contra Putin.

Ahora, si en el desespero Putin ordena atacar a Polonia o usa armas atómicas, las consecuencias para la humanidad serían devastadoras. Y de Rusia probablemente quede poco ante la capacidad atómica de los Estados Unidos, Francia e Inglaterra, desde las bases de la OTAN en Europa y los propios Estados Unidos. Un evento de ese tipo sería una tragedia para el planeta con consecuencias impredecibles.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Jose A. Guerra Feb 07, 2022 | Actualizado hace 5 meses
Por salarios dignos, por José Guerra
Un eje esencial de la política en Venezuela se resume en la consigna: “Por un salario digno”, según la definición de la OIT

 

@JoseAGuerra

La política económica de Venezuela contenida en el Plan Rivera, elaborado por Patricio Rivera, exministro de Finanzas de Rafael Correa en Ecuador, ha tenido como una de sus premisas la reducción del salario real de los trabajadores venezolanos hasta el límite de la inhumanidad. Los datos son irrebatibles: en 2021 la tasa de inflación oficial fue de 686 %; en tanto que los salarios nominales se ajustaron en menos de 100 %. Ello ha determinado que los trabajadores del sector público, activos y jubilados, sean las principales víctimas de este plan de ajuste macroeconómico draconiano implementado por Nicolás Maduro.

Los datos que ha levantado el Observatorio Venezolano de Finanzas con el objeto de develar el oscurantismo estadístico que aplica el gobierno, indican que hay una brecha abismal entre las remuneraciones que devengan los trabajadores del sector privado y los del sector público. Así, en 2021 la remuneración promedio de un trabajador del mayor empleador privado de Venezuela, el sector comercio y servicio, alcanzó a US$ 89 mensuales. Dentro de ese promedio un gerente devengó US$ 201, un empleado profesionalizado obtuvo US$ 155 y un obrero US$ 80. La remuneración promedio permitió cubrir apenas el 24 % del valor de la canasta alimentaria. Es decir, al trabajador del sector privado su remuneración, que incluye salario y bonos, no le alcanza para comer.

La situación de los empleados públicos es dramática. Un docente de educación básica y media con veinte años de servicios y cursos de postgrado, en 2021 obtuvo una remuneración de US$ 52 mensuales; mientras que un docente que está entrando en la carrera académica ganó US$ 25 mensuales. Un obrero de la salud recibió US$ 7 mensuales y un policía US$ 14 mensuales. El caso de los profesores universitarios se cuenta y no se cree. Un profesor titular con doctorado, a dedicación exclusiva en las universidades devenga la miseria de US$ 10,19 mensuales. Esto parece increíble, pero es cierto.

Toda esta situación que ha generado Maduro destruye la carrera pública en Venezuela. Y de esto tampoco se salvan los militares honestos, cuyos salarios son una vergüenza.

Por lo anteriormente expuesto, un eje esencial de la política en Venezuela se resume en la consigna: “Por un salario digno”, según la definición de la Organización Internacional del Trabajo. Esto debe concretarse en la lucha por un salario básico para el menor escalafón salarial de la Administración Pública de US$ 50 mensuales; y luego ir subiendo conforme se asciende en la escala según la experiencia y la capacitación del trabajador. Esos US$ 50 son insuficientes para que un trabajador se alimente de forma adecuada, pero es el primer el paso de una lucha para llevar la remuneración básica hasta cubrir el costo de la canasta alimentaria. Un gobierno que dice que produjo 1.000.000 de barriles diarios de petróleo en 2021 y que plantea llevar la extracción hasta 2.000.000 de barriles diarios en 2022, se supone que tiene ingresos para pagar mejor a sus maltratados trabajadores.

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El 4F de 1992: génesis de una tragedia, por José Guerra
Luego de 30 años de la sedición del 4F y 23 en el poder, la situación de la Venezuela que han gobernado Chávez y Maduro es infinitamente peor que aquella de febrero de 1992

 

@JoseAGuerra

Quienes dirigieron el sangriento intento de golpe de Estado el 4 de febrero de 1992 lo hicieron bajo dos argumentos fundamentales: que el gobierno de CAP era corrupto y que la situación social del pueblo era insoportable. Después de girar en torno al fascismo de Norberto Ceresole, adoptaron el socialismo, en su versión marxista-leninista-estalinista, y plantearon que ese sistema era el que había que seguir en Venezuela, al estilo de lo hecho en Cuba. Fueron liberados tras pocos meses en la cárcel y, con todas las garantías electorales, conformaron y legalizaron un partido político y en buena lid ganaron las elecciones en diciembre de 1998. Las mismas garantías que ellos ahora en el poder le niegan a la oposición.

De la mano de Hugo Chávez comenzaron a gobernar el 2 de febrero de 1999 y hasta 2012 disfrutaron del mayor auge de los precios petroleros que haya conocido Venezuela en toda su historia; y además con un apoyo político y social extraordinario. Luego de treinta (30) años de la sedición del 4 de febrero y veinte y tres (23) en el poder, la situación de la Venezuela que han gobernado Chávez y Maduro es infinitamente peor que aquella de febrero de 1992.

El chavismo-madurismo en el poder acabó con lo bueno que había y exacerbó lo malo de aquella Venezuela.

Como resulta inútil discutir con gente fanatizada y enceguecida por una ideología, que más que ideología es una religión, acá van datos sobre lo que han hecho quienes han gobernado desde 1999. La base de comparación es 1998, el año previo al ascenso al poder, que no fue de los mejores que tuvo Venezuela.

Entre 1999 y 2021 recibieron más de un billón de dólares por ingresos petroleros, cifra astronómica que hubiese sido suficiente para resolver el drama social que padecían los venezolanos, si se hubieran administrado bien. Pero no fue así. En 1998 Venezuela produjo 3.288.000 barriles de petróleo diarios; y en 2021 la producción alcanzó a 638.000 barriles diarios, una caída acumulada del 80 %.

Pero para que no digan que eso fue por las sanciones, tomemos la producción de 2012. La misma alcanzó a 2.359.000 barriles diarios, en este caso la caída fue del 28 %. El chavismo destruyó la industria petrolera, hasta el punto de que hay que importar gasolina. Caldera dejó el gobierno con US$ 14.849 millones en reservas en el BCV. Al cierre de 2021 esas reservas se ubicaron en la exigua cifra de US$ 5.914 millones. La deuda externa que en 1998 se situó en 32.800 millones, para 2021 saltó a aproximadamente US$120.000. Se tragaron la renta petrolera presente e hipotecaron la renta futura.

El bolívar como moneda fue destruido por la inflación. El aumento promedio anual de los precios entre 1999 y 2021 fue 204 % y de esta manera el tipo de cambio del bolívar respecto al dólar pasó en 1998 de Bs/US$ 510 a Bs/US$ 49.000.000.000.000 en 2021, al agregarle los catorce ceros (14) de las tres reconversiones monetarias.

La economía cayó 3,8 % promedio anual durante ese período. Como consecuencia de todo ello, el ingreso por habitante declinó desde US$ 3930 por persona en 1998 hasta US$ 1100 por persona en 2021; y la pobreza que en 1998 era de 31,3 % según el método de la línea de pobreza, en 2021 se situó en 90 %. Por último, el salario mínimo mensual se desplomó desde US$ 337 en 1998 a US$ 2,40 mensuales en 2021.

En materia de corrupción, Venezuela ocupa un lugar deshonrosamente prominente entre las naciones más afectadas por ese flagelo, para no mencionar al narcotráfico. El chavismo, como modelo político y económico, fracasó rotundamente. Aunque siendo minoría, por ahora, se mantenga en el poder.

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México: el peligro de la esperanza, por José Guerra
Nadie garantiza que la negociación de México será exitosa pero lo peor que podemos hacer es condenarla y obstaculizarla desde el inicio

 

@JoseAGuerra

Tenemos que salir del laberinto político en el cual nos encontramos. Un laberinto es un espacio donde uno se mete y después no puede salir. No sabe si tomar el camino del norte o del sur, del este o del oeste al no percibirse una salida evidente. En esta situación nos encontramos hoy. Todos son dilemas.

Gente respetable se niega a cualquier negociación con Maduro y su régimen a partir de su caracterización como una corporación criminal a la cual hay que sacar con una acción de fuerza. Aunque esta tesis puede lucir muy atractiva, resulta impráctica e inaplicable, toda vez que no se puede materializar. Estados Unidos saliendo apresurado de Afganistán, tras veinte años de permanecer allí, no se va a meter en una aventura en Venezuela, menos las fuerzas militares de países latinoamericanos, cada una con su propio drama.

Una fuerza expedicionaria armada está condenada a una derrota anticipada que consolidaría todavía más a Maduro en el poder, aparte de concitar el repudio mundial. La política de más sanciones no ha funcionado como muchos esperaban. Con las herramientas del comercio internacional y con muchas dificultades, las exportaciones petroleras se siguen realizando.

México ha abierto una rendija tras cuatro intentos fallidos para llegar a un acuerdo que permita la convivencia política y el respeto a la Constitución, que en última instancia es lo que se busca.

Una negociación implica el reconocimiento de las partes en conflicto y siempre la solución es intermedia, donde cada sector cede para facilitar el acuerdo. Después de un largo y complicado proceso de acercamiento, facilitado por el gobierno de Noruega, se ha llegado a un entendimiento inicial para una hoja de negociación mediante la cual se reconoce el control territorial que tiene Maduro y se abre un diálogo sobre las sanciones a cambio de una ruta electoral que implique elecciones transparentes, verificables y justas, el respeto a los derechos humanos y la atención inmediata a la emergencia humanitaria, que aqueja al pueblo venezolano. El caso de los presos políticos es un tema que no puede obviarse, lo mismo que el de las inhabilitaciones.

Nadie garantiza que la negociación de México será exitosa, pero lo peor que podemos hacer es condenarla y obstaculizarla desde el inicio. Será un proceso largo y hay que prepararse para sus altibajos, pero en esta coyuntura parece ser la única vía para que las fuerzas democráticas se oxigenen y vuelvan a la acción política con una opción clara de poder.

Lo otro es seguir soñando despierto, vivir de una ilusión y continuar siendo una fuerza testimonial de valentía y sacrificio pero sin ninguna opción real de ser gobierno, para a partir de allí iniciar el tortuoso camino de reconstruir la fibra fracturada de la nación venezolana y con ello devolverle la esperanza a un pueblo hoy arruinado por un régimen que desperdició y dilapidó los ingresos más grandes que haya tenido Venezuela en toda su historia

15 de agosto de 2021.

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¿Es recuperable el bolívar?, por José Guerra
El bolívar no es recuperable. El daño que le ocasionó la política económica, especialmente entre 2007 y 2020 lo destruyó como moneda

 

@JoseAGuerra

La respuesta corta es que el bolívar no es recuperable. El daño que le ocasionó la política económica, especialmente entre 2007 y 2020 lo destruyó como moneda. Las monedas como las conocemos hoy se sustentan en la confianza del público; por lo menos aquellas que son reservas, es decir las que el mundo decide aceptar y mantener como un activo, como son los casos del dólar de los Estados Unidos, el euro, la libra esterlina, entre otras. En países inestables financieramente, la emisión de moneda local debe estar sustentada en reservas internacionales para que el público opte por mantener esa moneda.

La receta más expedita para destruir una moneda consiste en que el banco central del país respectivo use su capacidad de emisión para financiar al fisco, hecho popularmente conocido como la emisión inorgánica de dinero.

Esa ha sido la experiencia de todos los países que han sufrido hiperinflaciones. Algunos preguntarán  por qué ese no es el caso de Estados Unidos y la Unión Europea, donde los bancos centrales recientemente han financiado enormes déficits fiscales sin generar elevadas inflaciones. Porque  existe demanda suficiente tanto en Estados Unidos como Europa como en el mundo por el dólar y el euro. Y además debido al hecho que esas naciones jamás han incumplido con el pago de sus deudas y por ello el público confía en que el fisco honrará sus compromisos.

Cuando una moneda se deprecia o devalúa es porque el público no la quiera mantener como parte de sus activos y en consecuencia, cada vez que esa moneda llega a sus manos procura deshacerse de ella para adquirir bienes u otra moneda como el dólar, al cual ve como un activo para proteger su patrimonio. Técnicamente hablando, cae la demanda por dinero y por tanto se incrementa la velocidad de circulación; en consecuencia, la misma pieza monetaria cambia rápidamente de mano en mano y en cada transacción vale menos. Eso es lo que ha venido sucediendo con el bolívar.

Agotado el crédito externo de Venezuela desde 2010, el gobierno comenzó a recurrir cada vez con mayor frecuencia ante un BCV dócil para que financiara su déficit con lo cual se fueron creando las condiciones para la devaluación del bolívar y la aceleración de la inflación, la cual estuvo contenida por la política suicida de elevadas importaciones hasta 2012, lo que significó el agotamiento de las reservas internacionales.

Ya en 2008 y 2018 se hicieron dos reconversiones monetarias sin que las mismas estuviesen acompañadas de un plan económico más o menos bien diseñado. El resultado fue el esperado: siguió el déficit fiscal y su financiamiento con emisión monetaria y de la inflación elevada pasamos a la hiperinflación en noviembre de 2017.

Con ese historial, los venezolanos comenzaron a repudiar al bolívar. No quieren esa moneda, que ya ni para transacciones sirve, menos para ahorrar. Ya es inminente la tercera reconversión monetaria con la cual le quitarían seis ceros al cono monetario; pero ello no hará que los venezolanos prefieran al bolívar. La solución consiste en diseñar y aplicar un amplio programa de reformas económicas e institucionales con financiamiento externo, para evitar que el BCV enjugue el déficit de fiscal; derrotar la hiperinflación y eliminar el bolívar, creando otra moneda nacional con una relación fija con el dólar al inicio, mientras se recupera la economía, para luego avanzar a un sistema de flotación de la nueva moneda, ahora sobre fundamentos sólidos.

25 de julio de 2021

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La nueva reconversión monetaria, por José Guerra
Si agregamos los catorce ceros que le han eliminado al cono monetario (3 en 2008, 5 en 2018 y seis en 2021), la tasa de cambio se ubicaría en Bs/US$ 222.540.600.000.000.000.000, cifra literalmente impronunciable

 

@JoseAGuerra

En 2006 comenzaron los estudios en el BCV para llevar a cabo una reconversión monetaria en Venezuela, la cual se inició el primero de enero de 2008, tras una intensa campaña de promoción durante 2007 para implantar el nuevo cono monetario, cuyo lema fue “un país fuerte, una economía fuerte, un bolívar fuerte”. En esa ocasión a la familia de billetes y monedas existente le eliminaron tres ceros. Esa reconversión monetaria se presentó por parte de algunos voceros del gobierno del entonces presidente Hugo Chávez como una medida para contener la inflación.

Conviene recordar que ante la avalancha propagandística del BCV presentando esa reconversión como la panacea a la inflación, varios economistas levantamos nuestra voz diciendo que si bien era procedente realizar la reconversión debido a la desactualización del cono monetario como resultado de la inflación, era una irresponsabilidad decir que esa medida en sí misma contribuiría a detener el alza de los precios.

El esfuerzo en términos de divisas sacrificadas para sostener artificialmente la tasa de cambio durante 2010-2012 estaba reventando la economía y era cuestión de tiempo para que se hiciera visible el colapso del modelo económico. De manera que cuando muere el presidente Chávez, en marzo de 2013, la bomba de tiempo que era la economía venezolana en ese momento absolutamente desajustada, solo esperaba por un activador para que la inflación reprimida hiciera explosión. Eso comenzó a suceder a partir de 2014, cuando la economía entra en un ciclo del cual todavía no ha salido de alta inflación primero e hiperinflación después en medio de una contracción sin precedentes de la actividad económica.

Comenzó entonces un proceso paulatino de emisión de billetes de mayor valor nominal, pero no en las denominaciones requeridas debido el alza acelerada de los precios. De esta manera, ya en 2017 el billete de mayor denominación apenas representaba céntimos de dólar; lo que claramente exigía otra reconversión monetaria, en vista de la renuencia de Maduro a adoptar un programa económico con un mínimo de sensatez para detener la hiperinflación.

Así, en agosto de 2018 se aplica la segunda reconversión monetaria, consistente esta vez en la eliminación de cinco ceros al cono monetario. Como ya era evidente que el bolívar fuerte había sido una ficción, al nuevo bolívar se le agregó el adjetivo de soberano. Nos tocó señalar que esa reconversión hecha en el aire, sin ningún programa económico que lo respaldara, correría igual suerte que la 2008, pero en menos tiempo. La hiperinflación desatada a partir de 2017, pero con virulencia en 2018, pulverizó el nuevo cono monetario. Llegamos a julio de 2021 y apenas tres años después se anuncia la tercera reconversión monetaria ante el hecho evidente de que el bolívar se ha convertido en una moneda inservible.

En esta ocasión estaría planteado la eliminación de seis ceros al como monetario.

Para que se tenga una idea de lo inflado que está la economía, la tasa de cambio al 2 de julio de 2021 se situó en Bs/US$ 3.225.406. Si la reconversión monetaria se aplicase el lunes 5 de julio, la tasa de cambio sería Bs/US$ 3,23. Sin embargo, si agregamos los catorce ceros que le han eliminado al cono monetario (tres en 2008, cinco en 2018 y seis en 2021), la tasa de cambio se ubicaría en Bs/US$ 222.540.600.000.000.000.000, cifra esta literalmente impronunciable.

Para Venezuela el tema de fondo no es hacer otra reconversión monetaria sino la necesidad de implementar un programa económico, preferiblemente consensuado, para abatir  la hiperinflación y reanudar el crecimiento de la economía. En cualquier caso, la discusión pertinente tendría que ser si se termina adoptando el dólar como moneda de curso legal, con todo lo que ello implica, o si se diseña una nueva moneda nacional en el contexto de un amplio programa de reformas económicas.

4 de julio de 2021

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Dos visiones sobre cómo salir de la crisis, por José Guerra

@JoseAGuerra

El 80 % de los venezolanos considera que debe producirse un cambio en Venezuela y Maduro es el presidente más impopular que ha tenido el país. El tema grueso es cómo producir ese cambio, habiéndose ensayado distintas vías:

 Acción de fuerza

Hay una tesis que se puede resumir como sigue, a partir de lo esbozado por proponentes, quienes califican al régimen de Maduro como una narcodictadura.

Según sus voceros, se trata de hacer en Venezuela una acción de fuerza, preferible mediante una intervención de tropas militares extranjeras que remueva y extermine los factores actualmente en el poder, con el objeto de instaurar un nuevo régimen. En consecuencia, no creen en el voto como instrumento de cambio y, por tanto, no hacen un esfuerzo sistemático y sostenido para organizar social y políticamente al pueblo hoy descontento con Maduro. Mucho menos en una negociación con Maduro o sus representantes, sino en una rendición incondicional.

Aunque tal vez por el desespero que se vive en Venezuela, esa propuesta que puede tener cierto respaldo, pero es totalmente equivocada al no tomar en consideración la realidad política internacional, en particular lo que sucede en Estados Unidos, que de forma reiterada se ha negado a ejercer un acción militar en Venezuela, a pesar de la insistencia de algunos. Es más, Estados Unidos se está retirando de Afganistán después de años de presencia militar en ese país. La política del Gobierno de Biden se orienta a buscar una solución política a la crisis venezolana, al igual que Europa.

 Negociación política

La segunda tesis parte de un hecho y es que cualquier solución, para que sea estable y sostenible, debe partir de una realidad: el control territorial lo ejerce Maduro, tan simple como es el que paga la nómina pública y recauda los impuestos. Además cuenta con dos aliados nada despreciables, China y Rusia, más Cuba, Irán, Turquía, entre otros. Por tanto la solución a la crisis es fundamentalmente política, lo que implica que debe haber una negociación que permita que el pueblo se exprese mediante elecciones libres y verificables con observación internacional, la devolución de los partidos políticos a sus autoridades legítimas, cese de las inhabilitaciones y libertad de los presos políticos.

Esto se podría alcanzar mediante un proceso gradual e incremental, para lo cual los aliados internaciones del pueblo venezolano tales como Estados Unidos, la Unión Europea y países de América Latina, con la mediación de Noruega, jugarán un papel esencial.

Al fin y al cabo es a los venezolanos a quienes nos corresponde elegir nuestro destino porque nosotros no tenemos vocación ni mentalidad de colonia. Recordemos que Chávez y Maduro han permitido la presencia indebida de los gobiernos de Cuba y Rusia en los asuntos internos de Venezuela. En consecuencia, hay que luchar para que el pueblo se exprese libremente y podamos elegir a un gobierno que resuelva los problemas que hoy sufren los venezolanos.

16 de mayo de 2021

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Venezuela política y vacunas, por José Guerra

@JoseAGuerra

El 8 de abril de 2021, el Fondo Monetario Internacional dio a conocer las principales cifras de los países que conforman ese organismo, destacándose la estrepitosa caída del ingreso por habitante anual de Venezuela desde US$ 8900 en 2000 a US$ 1541 en 2021. Para vergüenza de los venezolanos, ese nivel se ubica por debajo del de Honduras, Haití y Nicaragua, los tres países más pobres de América.

El nivel de destrucción al cual el régimen chavista-madurista ha sometido a Venezuela es incuantificable y tardará tiempo la recuperación, pero será posible con políticas claras, que incentiven la inversión y la inclusión social, todo ello con un nuevo liderazgo político.

Entretanto, el régimen de Maduro sigue dando tumbos en materia de tratamiento de la pandemia de COVID-19.

La improvisación ha venido girando desde un tratamiento basado en suero de caballo, la ozonoterapia, la molécula DR10 y las gotas de Carvativir, en una secuencia de irresponsabilidad única entre los países que han sido afectados por el virus.

Como si eso fuese poco, Maduro anunció el 15 noviembre de 2020 que para el primer trimestre de 2021 llegarían a Venezuela diez millones de vacunas rusas y apenas llegaron 700.000, parte de las cuales han sido aplicadas a la nomenclatura política en el poder, varios de cuyos integrantes tuvieron el descaro de hacer de su vacunación un hecho noticioso, lo cual enardeció la conciencia de la gente decente del país.

Con la pandemia tomando fuerza a partir de febrero de 2021, la respuesta del régimen consistió en cerrar la economía, profundizando con ello la recesión y hacer politiquería ante la ausencia de vacunas. En ese contexto y por la presión social se fue materializando el acuerdo de COVAX con la facilitación de la Comisión Técnica y Juan Guaidó, para que Venezuela pueda acceder a las vacunas ante el aumento significativo de la cantidad de contagiados y fallecidos.

No se había secado la tinta con la cual se firmó el acuerdo cuando Delcy Rodríguez descalificó a la vacuna de AstraZenca, una de las que forma parte del mecanismo de COVAX, supuestamente por los efectos secundarios de la misma, sin reparar en el hecho de que la entidad europea encargada de la certificación de las vacunas había expresado días antes que la vacuna era segura.

Pero lo que más indignación causó fue el anuncio de la señora Rodríguez el 9 de abril de 2021 al referirse que en alianza con Cuba se administraría la vacuna Abdala en Venezuela y que se participaría en los estudios clínicos al tiempo que se construiría una planta para su fabricación.

Los datos científicos de dicha vacuna son absolutamente desconocidos y mantenidos en secreto, como todo lo que se hace en Cuba. Los venezolanos exigimos vacunas, sin distinciones de ideologías. Que haya un plan nacional conocido de vacunación y que se acabe el mercado negro de las vacunas.

11 de abril 2021.

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