José Guerra, autor en Runrun

Jose A. Guerra

La nueva reconversión monetaria, por José Guerra
Si agregamos los catorce ceros que le han eliminado al cono monetario (3 en 2008, 5 en 2018 y seis en 2021), la tasa de cambio se ubicaría en Bs/US$ 222.540.600.000.000.000.000, cifra literalmente impronunciable

 

@JoseAGuerra

En 2006 comenzaron los estudios en el BCV para llevar a cabo una reconversión monetaria en Venezuela, la cual se inició el primero de enero de 2008, tras una intensa campaña de promoción durante 2007 para implantar el nuevo cono monetario, cuyo lema fue “un país fuerte, una economía fuerte, un bolívar fuerte”. En esa ocasión a la familia de billetes y monedas existente le eliminaron tres ceros. Esa reconversión monetaria se presentó por parte de algunos voceros del gobierno del entonces presidente Hugo Chávez como una medida para contener la inflación.

Conviene recordar que ante la avalancha propagandística del BCV presentando esa reconversión como la panacea a la inflación, varios economistas levantamos nuestra voz diciendo que si bien era procedente realizar la reconversión debido a la desactualización del cono monetario como resultado de la inflación, era una irresponsabilidad decir que esa medida en sí misma contribuiría a detener el alza de los precios.

El esfuerzo en términos de divisas sacrificadas para sostener artificialmente la tasa de cambio durante 2010-2012 estaba reventando la economía y era cuestión de tiempo para que se hiciera visible el colapso del modelo económico. De manera que cuando muere el presidente Chávez, en marzo de 2013, la bomba de tiempo que era la economía venezolana en ese momento absolutamente desajustada, solo esperaba por un activador para que la inflación reprimida hiciera explosión. Eso comenzó a suceder a partir de 2014, cuando la economía entra en un ciclo del cual todavía no ha salido de alta inflación primero e hiperinflación después en medio de una contracción sin precedentes de la actividad económica.

Comenzó entonces un proceso paulatino de emisión de billetes de mayor valor nominal, pero no en las denominaciones requeridas debido el alza acelerada de los precios. De esta manera, ya en 2017 el billete de mayor denominación apenas representaba céntimos de dólar; lo que claramente exigía otra reconversión monetaria, en vista de la renuencia de Maduro a adoptar un programa económico con un mínimo de sensatez para detener la hiperinflación.

Así, en agosto de 2018 se aplica la segunda reconversión monetaria, consistente esta vez en la eliminación de cinco ceros al cono monetario. Como ya era evidente que el bolívar fuerte había sido una ficción, al nuevo bolívar se le agregó el adjetivo de soberano. Nos tocó señalar que esa reconversión hecha en el aire, sin ningún programa económico que lo respaldara, correría igual suerte que la 2008, pero en menos tiempo. La hiperinflación desatada a partir de 2017, pero con virulencia en 2018, pulverizó el nuevo cono monetario. Llegamos a julio de 2021 y apenas tres años después se anuncia la tercera reconversión monetaria ante el hecho evidente de que el bolívar se ha convertido en una moneda inservible.

En esta ocasión estaría planteado la eliminación de seis ceros al como monetario.

Para que se tenga una idea de lo inflado que está la economía, la tasa de cambio al 2 de julio de 2021 se situó en Bs/US$ 3.225.406. Si la reconversión monetaria se aplicase el lunes 5 de julio, la tasa de cambio sería Bs/US$ 3,23. Sin embargo, si agregamos los catorce ceros que le han eliminado al cono monetario (tres en 2008, cinco en 2018 y seis en 2021), la tasa de cambio se ubicaría en Bs/US$ 222.540.600.000.000.000.000, cifra esta literalmente impronunciable.

Para Venezuela el tema de fondo no es hacer otra reconversión monetaria sino la necesidad de implementar un programa económico, preferiblemente consensuado, para abatir  la hiperinflación y reanudar el crecimiento de la economía. En cualquier caso, la discusión pertinente tendría que ser si se termina adoptando el dólar como moneda de curso legal, con todo lo que ello implica, o si se diseña una nueva moneda nacional en el contexto de un amplio programa de reformas económicas.

4 de julio de 2021

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Dos visiones sobre cómo salir de la crisis, por José Guerra

@JoseAGuerra

El 80 % de los venezolanos considera que debe producirse un cambio en Venezuela y Maduro es el presidente más impopular que ha tenido el país. El tema grueso es cómo producir ese cambio, habiéndose ensayado distintas vías:

 Acción de fuerza

Hay una tesis que se puede resumir como sigue, a partir de lo esbozado por proponentes, quienes califican al régimen de Maduro como una narcodictadura.

Según sus voceros, se trata de hacer en Venezuela una acción de fuerza, preferible mediante una intervención de tropas militares extranjeras que remueva y extermine los factores actualmente en el poder, con el objeto de instaurar un nuevo régimen. En consecuencia, no creen en el voto como instrumento de cambio y, por tanto, no hacen un esfuerzo sistemático y sostenido para organizar social y políticamente al pueblo hoy descontento con Maduro. Mucho menos en una negociación con Maduro o sus representantes, sino en una rendición incondicional.

Aunque tal vez por el desespero que se vive en Venezuela, esa propuesta que puede tener cierto respaldo, pero es totalmente equivocada al no tomar en consideración la realidad política internacional, en particular lo que sucede en Estados Unidos, que de forma reiterada se ha negado a ejercer un acción militar en Venezuela, a pesar de la insistencia de algunos. Es más, Estados Unidos se está retirando de Afganistán después de años de presencia militar en ese país. La política del Gobierno de Biden se orienta a buscar una solución política a la crisis venezolana, al igual que Europa.

 Negociación política

La segunda tesis parte de un hecho y es que cualquier solución, para que sea estable y sostenible, debe partir de una realidad: el control territorial lo ejerce Maduro, tan simple como es el que paga la nómina pública y recauda los impuestos. Además cuenta con dos aliados nada despreciables, China y Rusia, más Cuba, Irán, Turquía, entre otros. Por tanto la solución a la crisis es fundamentalmente política, lo que implica que debe haber una negociación que permita que el pueblo se exprese mediante elecciones libres y verificables con observación internacional, la devolución de los partidos políticos a sus autoridades legítimas, cese de las inhabilitaciones y libertad de los presos políticos.

Esto se podría alcanzar mediante un proceso gradual e incremental, para lo cual los aliados internaciones del pueblo venezolano tales como Estados Unidos, la Unión Europea y países de América Latina, con la mediación de Noruega, jugarán un papel esencial.

Al fin y al cabo es a los venezolanos a quienes nos corresponde elegir nuestro destino porque nosotros no tenemos vocación ni mentalidad de colonia. Recordemos que Chávez y Maduro han permitido la presencia indebida de los gobiernos de Cuba y Rusia en los asuntos internos de Venezuela. En consecuencia, hay que luchar para que el pueblo se exprese libremente y podamos elegir a un gobierno que resuelva los problemas que hoy sufren los venezolanos.

16 de mayo de 2021

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Venezuela política y vacunas, por José Guerra

@JoseAGuerra

El 8 de abril de 2021, el Fondo Monetario Internacional dio a conocer las principales cifras de los países que conforman ese organismo, destacándose la estrepitosa caída del ingreso por habitante anual de Venezuela desde US$ 8900 en 2000 a US$ 1541 en 2021. Para vergüenza de los venezolanos, ese nivel se ubica por debajo del de Honduras, Haití y Nicaragua, los tres países más pobres de América.

El nivel de destrucción al cual el régimen chavista-madurista ha sometido a Venezuela es incuantificable y tardará tiempo la recuperación, pero será posible con políticas claras, que incentiven la inversión y la inclusión social, todo ello con un nuevo liderazgo político.

Entretanto, el régimen de Maduro sigue dando tumbos en materia de tratamiento de la pandemia de COVID-19.

La improvisación ha venido girando desde un tratamiento basado en suero de caballo, la ozonoterapia, la molécula DR10 y las gotas de Carvativir, en una secuencia de irresponsabilidad única entre los países que han sido afectados por el virus.

Como si eso fuese poco, Maduro anunció el 15 noviembre de 2020 que para el primer trimestre de 2021 llegarían a Venezuela diez millones de vacunas rusas y apenas llegaron 700.000, parte de las cuales han sido aplicadas a la nomenclatura política en el poder, varios de cuyos integrantes tuvieron el descaro de hacer de su vacunación un hecho noticioso, lo cual enardeció la conciencia de la gente decente del país.

Con la pandemia tomando fuerza a partir de febrero de 2021, la respuesta del régimen consistió en cerrar la economía, profundizando con ello la recesión y hacer politiquería ante la ausencia de vacunas. En ese contexto y por la presión social se fue materializando el acuerdo de COVAX con la facilitación de la Comisión Técnica y Juan Guaidó, para que Venezuela pueda acceder a las vacunas ante el aumento significativo de la cantidad de contagiados y fallecidos.

No se había secado la tinta con la cual se firmó el acuerdo cuando Delcy Rodríguez descalificó a la vacuna de AstraZenca, una de las que forma parte del mecanismo de COVAX, supuestamente por los efectos secundarios de la misma, sin reparar en el hecho de que la entidad europea encargada de la certificación de las vacunas había expresado días antes que la vacuna era segura.

Pero lo que más indignación causó fue el anuncio de la señora Rodríguez el 9 de abril de 2021 al referirse que en alianza con Cuba se administraría la vacuna Abdala en Venezuela y que se participaría en los estudios clínicos al tiempo que se construiría una planta para su fabricación.

Los datos científicos de dicha vacuna son absolutamente desconocidos y mantenidos en secreto, como todo lo que se hace en Cuba. Los venezolanos exigimos vacunas, sin distinciones de ideologías. Que haya un plan nacional conocido de vacunación y que se acabe el mercado negro de las vacunas.

11 de abril 2021.

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Cifras contra las mentiras de Maduro, por José A. Guerra

@JoseAGuerra

El mensaje de los principales voceros del madurismo se ha simplificado al extremo. Su referentes comunicacionales parecen antiguos equipos de sonido que repiten una y otra vez lo que estaba grabado en la cinta magnetofónica. La narrativa del madurismo atribuye la escasez de la gasolina al sabotaje contra las refinerías. La ausencia de gas se debe a una acción desestabilizadora, lo mismo que la falta de agua. La hiperinflación se explica por una conspiración de los comerciantes y productores para subir los precios; y la falta de electricidad la asocian a la acción de un francotirador que con un rayo electromagnético destruyó el centro de control de la represa del Guri.

Alguien con raciocinio se pregunta si ellos mismos se creen estos cuentos. Yo creo que de tanto decirlo y repetirlo se los terminan creyendo. Ese método de echarles la culpa a otros de los errores propios es una lección aprendida de los cubanos.

La verdad acerca de la crisis que hoy vive Venezuela es que ella es el efecto acumulado del modelo que concibió Hugo Chávez y que ha seguido Maduro.

Este es un mero replicador de lo que heredó de Chávez. Conviene recordar que Hugo Chávez, por lo menos hasta 1998, tenía en la cabeza una especie de pasticho ideológico donde se expresaban las tendencias más retrógradas de la izquierda; las tesis fascistas de Norberto Ceresole, entre otras, cada una más contradictoria que la anterior.

Después de 2004 Chávez se decanta en favor del modelo cubano, el cual compró sin quitarle una coma. Ello lo inspiró para que avanzara en una política de expropiaciones de fincas y haciendas para afectar la tenencia de la tierra, como si estuviese en 1859, cuando comenzó la Guerra Federal.

Y luego, desde 2007, pasó a la estatización de empresas privadas en sectores fundamentales de la economía tales como el petrolero, agroalimentario, acero, cemento, telecomunicaciones, electricidad; al tiempo que creó empresas públicas de todo tipo y tamaño. Su deseo no conocía límites y tampoco su voracidad por el gasto. El resultado de todo esto fue que el ámbito empresarial del Estado aumentó, tanto que quebró al propio Estado y al país. Chávez pensaba que los ingresos del petróleo serían infinitos y por ello los mal administró regalando y donando una parte importante.

Tomemos como referencia 2017, antes de las sanciones impuestas por Donald Trump. Entre 1999 y 2017 Venezuela recibió por exportaciones petroleras la cantidad de US$ 948.988.000.000 (casi 950.000 millones de dólares, sin que hubiesen ahorrado un centavo), dinero este que bien gestionado hubiese sido suficiente para haber hecho de Venezuela una nación próspera.

Chávez y Maduro despilfarraron ese dinero y además la deuda externa total de Venezuela, que en 1998 era US$ 28.317 millones, en 2017 saltó a US$ 130.000 millones, con los mayores precios petroleros de la historia. En 1998 precio del petróleo fue US$ 9,4 por barril y en 2012 llegó a US$ 105 por barril para ubicarse en US$ 47 por barril en 2017.

Cuando Chávez decretó la emergencia eléctrica en 2009 la Asamblea Nacional le aprobó US$ 20.000 millones para que Venezuela tuviese electricidad, pero hoy el país está en las tinieblas y buena parte de esos recursos fue robado.

Chávez recibió el dólar a una tasa de cambio de Bs/US$ 573 y en 2017 la tasa de cambio se ubicó en Bs/US$ 80.000.000 (con los tres ceros que le quitaron al bolívar en 2008 para así poder comparar), significando esto la muerte del bolívar como moneda. Solamente entre 2007 y 2017 la inflación acumulada fue 84.870 %. Y aquí la obra magna del madurismo: haber convertido en pobres al 87 % de los hogares venezolanos en 2017.

8 de noviembre de 2020

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El séptimo círculo del infierno, por José Guerra

La playa de los violentos, séptimo círculo del infierno, canto XIV de la Divina comedia. Ilustración de Gustave Doré / wikipedia.org, dominio público.

@JoseAGuerra

Dante Alighieri en la Divina comedia, en el capítulo del Infierno habla del séptimo círculo, lugar reservado para los violentos, para quienes agreden al prójimo, para los que derramaron sangre de los inocentes, que ahora deben pernoctar allí hasta la Eternidad, en un río nauseabundo de sangre y lava.

La Misión Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela presentó un informe al Consejo de DD. HH. de la ONU el 17 de septiembre de 2020 sobre la violación de los derechos humanos y los consecuentes crímenes de lesa humanidad cometidos por la cúpula que detenta el poder en Venezuela; de acuerdo con cuatrocientos (400) casos documentados de ejecuciones extrajudiciales, torturas, tratos crueles y degradantes y persecución política. Por ello, se trata de un evento que debe ventilarse en la Corte Penal Internacional, tarde o temprano.

En ese texto se señalan claramente, con nombres y apellidos, a Nicolás Maduro, al general en jefe Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa, al mayor general Néstor Reverol, ministro del Interior y a Diosdado Cabello, entre tantos otros, como responsables de las violaciones a los derechos humanos.

Tras consultar a más de doscientas setenta y cuatro (274) personas entre víctimas y sus familiares de la represión, expolicías y especialistas, la citada misión determinó que en las cárceles políticas, específicamente en El Helicoide, la Tumba, sedes visibles del Sebin y en Boleíta, asiento oficial de la Dgcim, se tortura y se infligen tratos crueles e inhumanos a los detenidos. El capitán Rafael Acosta Arévalo y Fernando Albán testimoniaron con sus vidas esos episodios.

Pero también hay lugares clandestinos bajo administración de esos cuerpos policiales donde la tortura es la norma. El escalofriante número de víctimas indica que el asesinato y la tortura son una política de Estado y que no se trató de hechos aislados. El secuestro, el martirio a los presos y el crimen cometidos por los funcionarios policiales con el avenimiento de los jefes, hicieron descender a los ejecutores de tales hechos al sitial más bajo e inimaginable del alma humana.

Este informe no es una acusación contra la Fuerza Armada Nacional y las policías. Sino más bien contra personas determinadas, específicas, que denigraron del honor militar y policial con la comisión de actos reñidos con la ley. El doctor Julio César Strassera, el juez que llevó a la cárcel a los jefes militares argentinos, que se consideraban todopoderosos mientras mantuvieron el poder, afirmó que “El sadismo no es una ideología política ni una estrategia bélica sino una perversión moral”.

Para que la FAN se reivindique ante los venezolanos debe deslastrarse de esos sujetos, contumaces violadores de los derechos humanos, para así quienes la degradaron con su conducta sean excluidos de la institución. La justicia no es venganza como tipo penal específico. Es una forma de reparar el daño causado a otro, para que la pena infligida al condenado sirva para disuadir a potenciales infractores de la ley.

Dijo Dante sobre el séptimo círculo del infierno “Estos son los tiranos que vivieron de la sangre y la rapiña y aquí se lloran sus despiadadas faltas”.

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Venezuela: bloqueada no, quebrada sí, por José Guerra

@JoseAGuerra

El régimen madurista y sus propagandistas, siguiendo el libreto cubano, han lanzado una campaña según la cual todos los problemas que hoy sufre el pueblo venezolano obedecen a las sanciones impuestas por el Gobierno de Donald Trump. Según los laboratorios de propaganda al servicio de Maduro, Venezuela era una especie de paraíso terrenal hasta que aparecieron en la escena las medidas coercitivas aplicadas por Estados Unidos.

De acuerdo con el manual de estos sujetos, a cargo de la maquinaria publicitaria de la dictadura, la caída del precio del petróleo, la depreciación del bolívar, el aumento de los precios de los bienes de consumo, la decisión del Banco Central de imponer un encaje legal de 100 % para restringir el crédito bancario, las inundaciones y las fallas de las represas del Guri, entre tantos otros eventos, obedecen a una conspiración internacional; obviamente orquestada desde Washington.

El punto débil de este relato es que por chapucero, no es creíble. En realidad ese cuento va dirigido a ese 15 % que todavía cree en Maduro, para tratar de mantenerlo cohesionado.

El argumento del bloqueo es la pieza central de esta historia. Pero todo ello es una gran mentira.

La recesión de la economía venezolana comenzó en 2014 cuando no había sanciones y la hiperinflación, que se fue conformando en 2016, explotó en noviembre de 2017 sin que se hubiesen impuesto sanciones.

Fue Maduro quien desde 2016 decidió no presentar las leyes de Presupuesto y de Endeudamiento ante la Asamblea Nacional con lo cual terminó de cerrar el crédito internacional, a lo que se sumó la medida de noviembre de 2017 de declarar una moratoria unilateral de la deuda externa.

En lo que respecta al producción petrolera, cuando Chávez asumió en febrero de 1999, Venezuela producía 3.500.000 barriles y cuando murió en marzo de 2013 la producción estaba cerca de 2.900.000 barriles, lo que denotó una disminución de 600.000 barriles diarios, equivalente a una caída del 17 %; ello, a pesar de haber disfrutado de los mayores precios petroleros de la historia.

Venezuela no está bloqueada, Venezuela está quebrada, que es diferente; y esa quiebra se origina en la ruina de la industria petrolera, especialmente a partir de las acciones adoptadas por Chávez y seguidas por Maduro que significaron la estatización de las empresas de la Faja del Orinoco en 2009 y la expropiación masiva de las compañías de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo y de otras regiones que prestaban servicios a la industria. Sin dejar de mencionar el despido de más de 20.000 trabajadores calificados de PDVSA en 2003.

Allí reside buena parte del origen del derrumbe de la producción petrolera que se fue acumulando con los años, tal como se muestra en el gráfico.

Venezuela: bloqueada no, quebrada sí, por José Guerra
El descenso de la producción petrolera es previo a las sanciones económicas de EE. UU., como lo demuestra el gráfico.

Actualmente Venezuela extrae una cantidad de barriles de petróleo similar a la de 1947 y por ello es que ahora, aquel régimen prepotente que quiso humillar a las empresas petroleras internacionales en 2009, hoy pide cacao y trata desesperadamente de buscar al capital internacional que echaron del país.

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El fogón de mi tía Rosario, por José Guerra

@JoseAGuerra

Mi tía Rosario Brito fue una mujer que no pudo trabajar más porque los días solamente tienen veinticuatro horas. Ella era viuda con seis hijas hembras y cuando regresó de El Tigre, en el estado Anzoátegui, a Río Caribe a mediados de los años cincuenta, en su casa había un fogón donde dejó parte de su vida. Ese fogón era una construcción de cemento con una cavidad por donde introducían la leña, la cual se quemaba y luego de la otra cavidad brotaba el fuego con el cual se cocinaban los alimentos. Para avivar la candela, había que soplar las brasas incandescentes con un cartón. Y la persona que lo hacía recibía toda la descarga de calor.

Cocinar caramelo para hacer los capullos azucarados y el papelón para las melcochas, que luego se vendían a los muchachos, le proporcionaba su sustento diario. De lunes a lunes era la jornada laboral de mi tía Rosario; y en la noche dejaba la vista andar mientras tejía escarpines azules para niños y rosados para niñas.

La vida en esos años cincuenta y mediados de los sesenta era muy dura todavía aunque el país progresaba. Siempre la veía sudando para mantener viva la llama del fogón que era la cocina que le permitía trabajar dignamente para criar a sus hijas que le quedaban en Río Caribe; y también para complacer a sus sobrinos favoritos, uno de los cuales era yo. De carácter duro pero con un corazón del tamaño del cielo, todos los días había que buscar la leña para que el fogón de su vida se mantuviese activo y prendido. Y, con él, su sustento.

Mi tía, cuando gobernaba Pérez Jiménez, no se dejó intimidar por los esbirros de la Seguridad Nacional que regularmente allanaban la casa de mis padres buscando a mi tío Herman Brito, dirigente de la resistencia de Acción Democrática; finalmente fue capturado en Caracas, torturado hasta el límite, pero sin soltar una palabra delatora; y luego enviado a Guasina, uno de los campos de concentración de la dictadura. Hasta allá viajaban mi tía Rosario y mi tío Luis Brito para visitar a su hermano de 26 años, luego de soportar las humillaciones y el robo de las verduras y el pescado salado que le llevaban, por parte de los guardias nacionales que custodiaban la cárcel.

Con la democracia, desde 1959 se fue apagando el fogón y llegó la cocina de querosén y después de gas; y este no faltaba en Río Caribe porque el señor Jesús Rodríguez y su hijo Hernán (Nango), con su camión cargado de bombonas, garantizaban que en la casas no faltara el gas para cocinar.

Cincuenta años después, el socialismo chavista-madurista retrotrajo a Venezuela a la época del fogón y a cocinar con leña, en pleno siglo XXI; en medio de la era digital, de la información en tiempo real, donde todo se sabe en todas partes cuando los hechos suceden.

El cocinar con un fogón es la expresión de este momento aciago que hoy viven los venezolanos, en mala hora.

Pero así como se extinguió el fogón de mi tía Rosario, se extinguirá esta tragedia. Y vendrá un tiempo mejor, donde estos experimentos llamados socialistas queden como un mal recuerdo. 

 

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Jose A. Guerra Ago 02, 2020 | Actualizado hace 12 meses
Licencia para matar, por José Guerra

«Licencia para matar»… guardias nacionales con armas letales en una protesta de 2017. Foto Luis Florido en Elpolitico.com.

@JoseAGuerra

Quienes siempre hemos defendido el rol de una Fuerza Armada Nacional apegada a la Constitución y las leyes, quienes hemos apoyado en la tribuna y en la acción a los integrantes de la institución militar, hoy nos consideramos asidos del derecho a criticar de forma pública acciones de integrantes de la Guardia Nacional Bolivariana, en su rol de garantes del orden público.

Mi relación con esta institución se afianzó durante las protestas de 2017, cuando en medio de las refriegas callejeras, nos tocó mediar con oficiales a cargo de la represión, con resultados no siempre auspiciosos. Nunca olvidaré a un oficial que se tapaba el apellido tallado en su uniforme, una vez en una manifestación en el Crema Paraíso de Santa Mónica y estando Fernando Albán y un señor con muletas conmigo, tratando de que los guardias no arrojaran las bombas lacrimógenas, ese oficial impartió la orden para que nos rociaran en la cara los gases tóxicos.

Pero también viene a mi memoria un intento de llegar al BCV a entregar una carta, exigiendo que el ex instituto emisor publicara los datos; el general Fabio Zavarse, hombre incondicional al régimen, me llamó y me dijo que el único que podía pisar el BCV era yo y, a la vez, impidió que los colectivos nos agredieran. En la entrada de la Asamblea Nacional siempre compartíamos respetuosamente con los guardias que custodiaban la institución, inclusive con los más duros en materia represiva. Allí noté que el descontento estaba presente en los uniformados.

Por eso condeno las acciones de guardias nacionales en Isla de Toas, estado Zulia donde un muchacho de dieciocho (18) años, Joel Albornoz, de oficio pescador, fue asesinado por el proyectil de un guardia, ante su exigencia de gasolina para poder faenar y alimentar a su familia.

Y también el caso del señor Carlos Chaparro, en Aragua de Barcelona, que el 26 de julio de este año, fue muerto por un capitán de la Guardia Nacional por protestar ante el abuso en la distribución de la gasolina.

No puede dejar de mencionarse la agresión hace un par de semanas de guardias nacionales a personas indefensas de la tercera edad, que en la plaza del BCV exigían que le paguen una pensión decente.

Y antes el caso de Geraldine Moreno, a quien un guardia le vació en la cara un cartucho de perdigones y la asesinó. Estos no son hechos aislados.

Por ello, parece que como compensación por la labor represiva, a la Guardia Nacional le hubiesen conferido una especie de licencia para matar. El problema para la Fuerza Armada como un todo, hoy desprestigiada, es que el pueblo no distingue entre los distintos componentes y habla de los militares, para referirse a quien tiene más presencia en la calle. Y este rechazo se ha agravado con el mercado negro de la gasolina y el tráfico de influencias, que los guardias en custodia de las bombas han hecho una práctica rutinaria. Propugnamos por una institución armada profesional, con salarios dignos, con apresto adecuado, al servicio de la nación, pero estos hechos hay que evidenciarlos. Por el propio bien de la institución.

2 de agosto de 2020.

 

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