José Guerra, autor en Runrun

Jose A. Guerra

México: el peligro de la esperanza, por José Guerra
Nadie garantiza que la negociación de México será exitosa pero lo peor que podemos hacer es condenarla y obstaculizarla desde el inicio

 

@JoseAGuerra

Tenemos que salir del laberinto político en el cual nos encontramos. Un laberinto es un espacio donde uno se mete y después no puede salir. No sabe si tomar el camino del norte o del sur, del este o del oeste al no percibirse una salida evidente. En esta situación nos encontramos hoy. Todos son dilemas.

Gente respetable se niega a cualquier negociación con Maduro y su régimen a partir de su caracterización como una corporación criminal a la cual hay que sacar con una acción de fuerza. Aunque esta tesis puede lucir muy atractiva, resulta impráctica e inaplicable, toda vez que no se puede materializar. Estados Unidos saliendo apresurado de Afganistán, tras veinte años de permanecer allí, no se va a meter en una aventura en Venezuela, menos las fuerzas militares de países latinoamericanos, cada una con su propio drama.

Una fuerza expedicionaria armada está condenada a una derrota anticipada que consolidaría todavía más a Maduro en el poder, aparte de concitar el repudio mundial. La política de más sanciones no ha funcionado como muchos esperaban. Con las herramientas del comercio internacional y con muchas dificultades, las exportaciones petroleras se siguen realizando.

México ha abierto una rendija tras cuatro intentos fallidos para llegar a un acuerdo que permita la convivencia política y el respeto a la Constitución, que en última instancia es lo que se busca.

Una negociación implica el reconocimiento de las partes en conflicto y siempre la solución es intermedia, donde cada sector cede para facilitar el acuerdo. Después de un largo y complicado proceso de acercamiento, facilitado por el gobierno de Noruega, se ha llegado a un entendimiento inicial para una hoja de negociación mediante la cual se reconoce el control territorial que tiene Maduro y se abre un diálogo sobre las sanciones a cambio de una ruta electoral que implique elecciones transparentes, verificables y justas, el respeto a los derechos humanos y la atención inmediata a la emergencia humanitaria, que aqueja al pueblo venezolano. El caso de los presos políticos es un tema que no puede obviarse, lo mismo que el de las inhabilitaciones.

Nadie garantiza que la negociación de México será exitosa, pero lo peor que podemos hacer es condenarla y obstaculizarla desde el inicio. Será un proceso largo y hay que prepararse para sus altibajos, pero en esta coyuntura parece ser la única vía para que las fuerzas democráticas se oxigenen y vuelvan a la acción política con una opción clara de poder.

Lo otro es seguir soñando despierto, vivir de una ilusión y continuar siendo una fuerza testimonial de valentía y sacrificio pero sin ninguna opción real de ser gobierno, para a partir de allí iniciar el tortuoso camino de reconstruir la fibra fracturada de la nación venezolana y con ello devolverle la esperanza a un pueblo hoy arruinado por un régimen que desperdició y dilapidó los ingresos más grandes que haya tenido Venezuela en toda su historia

15 de agosto de 2021.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¿Es recuperable el bolívar?, por José Guerra
El bolívar no es recuperable. El daño que le ocasionó la política económica, especialmente entre 2007 y 2020 lo destruyó como moneda

 

@JoseAGuerra

La respuesta corta es que el bolívar no es recuperable. El daño que le ocasionó la política económica, especialmente entre 2007 y 2020 lo destruyó como moneda. Las monedas como las conocemos hoy se sustentan en la confianza del público; por lo menos aquellas que son reservas, es decir las que el mundo decide aceptar y mantener como un activo, como son los casos del dólar de los Estados Unidos, el euro, la libra esterlina, entre otras. En países inestables financieramente, la emisión de moneda local debe estar sustentada en reservas internacionales para que el público opte por mantener esa moneda.

La receta más expedita para destruir una moneda consiste en que el banco central del país respectivo use su capacidad de emisión para financiar al fisco, hecho popularmente conocido como la emisión inorgánica de dinero.

Esa ha sido la experiencia de todos los países que han sufrido hiperinflaciones. Algunos preguntarán  por qué ese no es el caso de Estados Unidos y la Unión Europea, donde los bancos centrales recientemente han financiado enormes déficits fiscales sin generar elevadas inflaciones. Porque  existe demanda suficiente tanto en Estados Unidos como Europa como en el mundo por el dólar y el euro. Y además debido al hecho que esas naciones jamás han incumplido con el pago de sus deudas y por ello el público confía en que el fisco honrará sus compromisos.

Cuando una moneda se deprecia o devalúa es porque el público no la quiera mantener como parte de sus activos y en consecuencia, cada vez que esa moneda llega a sus manos procura deshacerse de ella para adquirir bienes u otra moneda como el dólar, al cual ve como un activo para proteger su patrimonio. Técnicamente hablando, cae la demanda por dinero y por tanto se incrementa la velocidad de circulación; en consecuencia, la misma pieza monetaria cambia rápidamente de mano en mano y en cada transacción vale menos. Eso es lo que ha venido sucediendo con el bolívar.

Agotado el crédito externo de Venezuela desde 2010, el gobierno comenzó a recurrir cada vez con mayor frecuencia ante un BCV dócil para que financiara su déficit con lo cual se fueron creando las condiciones para la devaluación del bolívar y la aceleración de la inflación, la cual estuvo contenida por la política suicida de elevadas importaciones hasta 2012, lo que significó el agotamiento de las reservas internacionales.

Ya en 2008 y 2018 se hicieron dos reconversiones monetarias sin que las mismas estuviesen acompañadas de un plan económico más o menos bien diseñado. El resultado fue el esperado: siguió el déficit fiscal y su financiamiento con emisión monetaria y de la inflación elevada pasamos a la hiperinflación en noviembre de 2017.

Con ese historial, los venezolanos comenzaron a repudiar al bolívar. No quieren esa moneda, que ya ni para transacciones sirve, menos para ahorrar. Ya es inminente la tercera reconversión monetaria con la cual le quitarían seis ceros al cono monetario; pero ello no hará que los venezolanos prefieran al bolívar. La solución consiste en diseñar y aplicar un amplio programa de reformas económicas e institucionales con financiamiento externo, para evitar que el BCV enjugue el déficit de fiscal; derrotar la hiperinflación y eliminar el bolívar, creando otra moneda nacional con una relación fija con el dólar al inicio, mientras se recupera la economía, para luego avanzar a un sistema de flotación de la nueva moneda, ahora sobre fundamentos sólidos.

25 de julio de 2021

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La nueva reconversión monetaria, por José Guerra
Si agregamos los catorce ceros que le han eliminado al cono monetario (3 en 2008, 5 en 2018 y seis en 2021), la tasa de cambio se ubicaría en Bs/US$ 222.540.600.000.000.000.000, cifra literalmente impronunciable

 

@JoseAGuerra

En 2006 comenzaron los estudios en el BCV para llevar a cabo una reconversión monetaria en Venezuela, la cual se inició el primero de enero de 2008, tras una intensa campaña de promoción durante 2007 para implantar el nuevo cono monetario, cuyo lema fue “un país fuerte, una economía fuerte, un bolívar fuerte”. En esa ocasión a la familia de billetes y monedas existente le eliminaron tres ceros. Esa reconversión monetaria se presentó por parte de algunos voceros del gobierno del entonces presidente Hugo Chávez como una medida para contener la inflación.

Conviene recordar que ante la avalancha propagandística del BCV presentando esa reconversión como la panacea a la inflación, varios economistas levantamos nuestra voz diciendo que si bien era procedente realizar la reconversión debido a la desactualización del cono monetario como resultado de la inflación, era una irresponsabilidad decir que esa medida en sí misma contribuiría a detener el alza de los precios.

El esfuerzo en términos de divisas sacrificadas para sostener artificialmente la tasa de cambio durante 2010-2012 estaba reventando la economía y era cuestión de tiempo para que se hiciera visible el colapso del modelo económico. De manera que cuando muere el presidente Chávez, en marzo de 2013, la bomba de tiempo que era la economía venezolana en ese momento absolutamente desajustada, solo esperaba por un activador para que la inflación reprimida hiciera explosión. Eso comenzó a suceder a partir de 2014, cuando la economía entra en un ciclo del cual todavía no ha salido de alta inflación primero e hiperinflación después en medio de una contracción sin precedentes de la actividad económica.

Comenzó entonces un proceso paulatino de emisión de billetes de mayor valor nominal, pero no en las denominaciones requeridas debido el alza acelerada de los precios. De esta manera, ya en 2017 el billete de mayor denominación apenas representaba céntimos de dólar; lo que claramente exigía otra reconversión monetaria, en vista de la renuencia de Maduro a adoptar un programa económico con un mínimo de sensatez para detener la hiperinflación.

Así, en agosto de 2018 se aplica la segunda reconversión monetaria, consistente esta vez en la eliminación de cinco ceros al cono monetario. Como ya era evidente que el bolívar fuerte había sido una ficción, al nuevo bolívar se le agregó el adjetivo de soberano. Nos tocó señalar que esa reconversión hecha en el aire, sin ningún programa económico que lo respaldara, correría igual suerte que la 2008, pero en menos tiempo. La hiperinflación desatada a partir de 2017, pero con virulencia en 2018, pulverizó el nuevo cono monetario. Llegamos a julio de 2021 y apenas tres años después se anuncia la tercera reconversión monetaria ante el hecho evidente de que el bolívar se ha convertido en una moneda inservible.

En esta ocasión estaría planteado la eliminación de seis ceros al como monetario.

Para que se tenga una idea de lo inflado que está la economía, la tasa de cambio al 2 de julio de 2021 se situó en Bs/US$ 3.225.406. Si la reconversión monetaria se aplicase el lunes 5 de julio, la tasa de cambio sería Bs/US$ 3,23. Sin embargo, si agregamos los catorce ceros que le han eliminado al cono monetario (tres en 2008, cinco en 2018 y seis en 2021), la tasa de cambio se ubicaría en Bs/US$ 222.540.600.000.000.000.000, cifra esta literalmente impronunciable.

Para Venezuela el tema de fondo no es hacer otra reconversión monetaria sino la necesidad de implementar un programa económico, preferiblemente consensuado, para abatir  la hiperinflación y reanudar el crecimiento de la economía. En cualquier caso, la discusión pertinente tendría que ser si se termina adoptando el dólar como moneda de curso legal, con todo lo que ello implica, o si se diseña una nueva moneda nacional en el contexto de un amplio programa de reformas económicas.

4 de julio de 2021

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Dos visiones sobre cómo salir de la crisis, por José Guerra

@JoseAGuerra

El 80 % de los venezolanos considera que debe producirse un cambio en Venezuela y Maduro es el presidente más impopular que ha tenido el país. El tema grueso es cómo producir ese cambio, habiéndose ensayado distintas vías:

 Acción de fuerza

Hay una tesis que se puede resumir como sigue, a partir de lo esbozado por proponentes, quienes califican al régimen de Maduro como una narcodictadura.

Según sus voceros, se trata de hacer en Venezuela una acción de fuerza, preferible mediante una intervención de tropas militares extranjeras que remueva y extermine los factores actualmente en el poder, con el objeto de instaurar un nuevo régimen. En consecuencia, no creen en el voto como instrumento de cambio y, por tanto, no hacen un esfuerzo sistemático y sostenido para organizar social y políticamente al pueblo hoy descontento con Maduro. Mucho menos en una negociación con Maduro o sus representantes, sino en una rendición incondicional.

Aunque tal vez por el desespero que se vive en Venezuela, esa propuesta que puede tener cierto respaldo, pero es totalmente equivocada al no tomar en consideración la realidad política internacional, en particular lo que sucede en Estados Unidos, que de forma reiterada se ha negado a ejercer un acción militar en Venezuela, a pesar de la insistencia de algunos. Es más, Estados Unidos se está retirando de Afganistán después de años de presencia militar en ese país. La política del Gobierno de Biden se orienta a buscar una solución política a la crisis venezolana, al igual que Europa.

 Negociación política

La segunda tesis parte de un hecho y es que cualquier solución, para que sea estable y sostenible, debe partir de una realidad: el control territorial lo ejerce Maduro, tan simple como es el que paga la nómina pública y recauda los impuestos. Además cuenta con dos aliados nada despreciables, China y Rusia, más Cuba, Irán, Turquía, entre otros. Por tanto la solución a la crisis es fundamentalmente política, lo que implica que debe haber una negociación que permita que el pueblo se exprese mediante elecciones libres y verificables con observación internacional, la devolución de los partidos políticos a sus autoridades legítimas, cese de las inhabilitaciones y libertad de los presos políticos.

Esto se podría alcanzar mediante un proceso gradual e incremental, para lo cual los aliados internaciones del pueblo venezolano tales como Estados Unidos, la Unión Europea y países de América Latina, con la mediación de Noruega, jugarán un papel esencial.

Al fin y al cabo es a los venezolanos a quienes nos corresponde elegir nuestro destino porque nosotros no tenemos vocación ni mentalidad de colonia. Recordemos que Chávez y Maduro han permitido la presencia indebida de los gobiernos de Cuba y Rusia en los asuntos internos de Venezuela. En consecuencia, hay que luchar para que el pueblo se exprese libremente y podamos elegir a un gobierno que resuelva los problemas que hoy sufren los venezolanos.

16 de mayo de 2021

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Venezuela política y vacunas, por José Guerra

@JoseAGuerra

El 8 de abril de 2021, el Fondo Monetario Internacional dio a conocer las principales cifras de los países que conforman ese organismo, destacándose la estrepitosa caída del ingreso por habitante anual de Venezuela desde US$ 8900 en 2000 a US$ 1541 en 2021. Para vergüenza de los venezolanos, ese nivel se ubica por debajo del de Honduras, Haití y Nicaragua, los tres países más pobres de América.

El nivel de destrucción al cual el régimen chavista-madurista ha sometido a Venezuela es incuantificable y tardará tiempo la recuperación, pero será posible con políticas claras, que incentiven la inversión y la inclusión social, todo ello con un nuevo liderazgo político.

Entretanto, el régimen de Maduro sigue dando tumbos en materia de tratamiento de la pandemia de COVID-19.

La improvisación ha venido girando desde un tratamiento basado en suero de caballo, la ozonoterapia, la molécula DR10 y las gotas de Carvativir, en una secuencia de irresponsabilidad única entre los países que han sido afectados por el virus.

Como si eso fuese poco, Maduro anunció el 15 noviembre de 2020 que para el primer trimestre de 2021 llegarían a Venezuela diez millones de vacunas rusas y apenas llegaron 700.000, parte de las cuales han sido aplicadas a la nomenclatura política en el poder, varios de cuyos integrantes tuvieron el descaro de hacer de su vacunación un hecho noticioso, lo cual enardeció la conciencia de la gente decente del país.

Con la pandemia tomando fuerza a partir de febrero de 2021, la respuesta del régimen consistió en cerrar la economía, profundizando con ello la recesión y hacer politiquería ante la ausencia de vacunas. En ese contexto y por la presión social se fue materializando el acuerdo de COVAX con la facilitación de la Comisión Técnica y Juan Guaidó, para que Venezuela pueda acceder a las vacunas ante el aumento significativo de la cantidad de contagiados y fallecidos.

No se había secado la tinta con la cual se firmó el acuerdo cuando Delcy Rodríguez descalificó a la vacuna de AstraZenca, una de las que forma parte del mecanismo de COVAX, supuestamente por los efectos secundarios de la misma, sin reparar en el hecho de que la entidad europea encargada de la certificación de las vacunas había expresado días antes que la vacuna era segura.

Pero lo que más indignación causó fue el anuncio de la señora Rodríguez el 9 de abril de 2021 al referirse que en alianza con Cuba se administraría la vacuna Abdala en Venezuela y que se participaría en los estudios clínicos al tiempo que se construiría una planta para su fabricación.

Los datos científicos de dicha vacuna son absolutamente desconocidos y mantenidos en secreto, como todo lo que se hace en Cuba. Los venezolanos exigimos vacunas, sin distinciones de ideologías. Que haya un plan nacional conocido de vacunación y que se acabe el mercado negro de las vacunas.

11 de abril 2021.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Cifras contra las mentiras de Maduro, por José A. Guerra

@JoseAGuerra

El mensaje de los principales voceros del madurismo se ha simplificado al extremo. Su referentes comunicacionales parecen antiguos equipos de sonido que repiten una y otra vez lo que estaba grabado en la cinta magnetofónica. La narrativa del madurismo atribuye la escasez de la gasolina al sabotaje contra las refinerías. La ausencia de gas se debe a una acción desestabilizadora, lo mismo que la falta de agua. La hiperinflación se explica por una conspiración de los comerciantes y productores para subir los precios; y la falta de electricidad la asocian a la acción de un francotirador que con un rayo electromagnético destruyó el centro de control de la represa del Guri.

Alguien con raciocinio se pregunta si ellos mismos se creen estos cuentos. Yo creo que de tanto decirlo y repetirlo se los terminan creyendo. Ese método de echarles la culpa a otros de los errores propios es una lección aprendida de los cubanos.

La verdad acerca de la crisis que hoy vive Venezuela es que ella es el efecto acumulado del modelo que concibió Hugo Chávez y que ha seguido Maduro.

Este es un mero replicador de lo que heredó de Chávez. Conviene recordar que Hugo Chávez, por lo menos hasta 1998, tenía en la cabeza una especie de pasticho ideológico donde se expresaban las tendencias más retrógradas de la izquierda; las tesis fascistas de Norberto Ceresole, entre otras, cada una más contradictoria que la anterior.

Después de 2004 Chávez se decanta en favor del modelo cubano, el cual compró sin quitarle una coma. Ello lo inspiró para que avanzara en una política de expropiaciones de fincas y haciendas para afectar la tenencia de la tierra, como si estuviese en 1859, cuando comenzó la Guerra Federal.

Y luego, desde 2007, pasó a la estatización de empresas privadas en sectores fundamentales de la economía tales como el petrolero, agroalimentario, acero, cemento, telecomunicaciones, electricidad; al tiempo que creó empresas públicas de todo tipo y tamaño. Su deseo no conocía límites y tampoco su voracidad por el gasto. El resultado de todo esto fue que el ámbito empresarial del Estado aumentó, tanto que quebró al propio Estado y al país. Chávez pensaba que los ingresos del petróleo serían infinitos y por ello los mal administró regalando y donando una parte importante.

Tomemos como referencia 2017, antes de las sanciones impuestas por Donald Trump. Entre 1999 y 2017 Venezuela recibió por exportaciones petroleras la cantidad de US$ 948.988.000.000 (casi 950.000 millones de dólares, sin que hubiesen ahorrado un centavo), dinero este que bien gestionado hubiese sido suficiente para haber hecho de Venezuela una nación próspera.

Chávez y Maduro despilfarraron ese dinero y además la deuda externa total de Venezuela, que en 1998 era US$ 28.317 millones, en 2017 saltó a US$ 130.000 millones, con los mayores precios petroleros de la historia. En 1998 precio del petróleo fue US$ 9,4 por barril y en 2012 llegó a US$ 105 por barril para ubicarse en US$ 47 por barril en 2017.

Cuando Chávez decretó la emergencia eléctrica en 2009 la Asamblea Nacional le aprobó US$ 20.000 millones para que Venezuela tuviese electricidad, pero hoy el país está en las tinieblas y buena parte de esos recursos fue robado.

Chávez recibió el dólar a una tasa de cambio de Bs/US$ 573 y en 2017 la tasa de cambio se ubicó en Bs/US$ 80.000.000 (con los tres ceros que le quitaron al bolívar en 2008 para así poder comparar), significando esto la muerte del bolívar como moneda. Solamente entre 2007 y 2017 la inflación acumulada fue 84.870 %. Y aquí la obra magna del madurismo: haber convertido en pobres al 87 % de los hogares venezolanos en 2017.

8 de noviembre de 2020

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El séptimo círculo del infierno, por José Guerra

La playa de los violentos, séptimo círculo del infierno, canto XIV de la Divina comedia. Ilustración de Gustave Doré / wikipedia.org, dominio público.

@JoseAGuerra

Dante Alighieri en la Divina comedia, en el capítulo del Infierno habla del séptimo círculo, lugar reservado para los violentos, para quienes agreden al prójimo, para los que derramaron sangre de los inocentes, que ahora deben pernoctar allí hasta la Eternidad, en un río nauseabundo de sangre y lava.

La Misión Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela presentó un informe al Consejo de DD. HH. de la ONU el 17 de septiembre de 2020 sobre la violación de los derechos humanos y los consecuentes crímenes de lesa humanidad cometidos por la cúpula que detenta el poder en Venezuela; de acuerdo con cuatrocientos (400) casos documentados de ejecuciones extrajudiciales, torturas, tratos crueles y degradantes y persecución política. Por ello, se trata de un evento que debe ventilarse en la Corte Penal Internacional, tarde o temprano.

En ese texto se señalan claramente, con nombres y apellidos, a Nicolás Maduro, al general en jefe Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa, al mayor general Néstor Reverol, ministro del Interior y a Diosdado Cabello, entre tantos otros, como responsables de las violaciones a los derechos humanos.

Tras consultar a más de doscientas setenta y cuatro (274) personas entre víctimas y sus familiares de la represión, expolicías y especialistas, la citada misión determinó que en las cárceles políticas, específicamente en El Helicoide, la Tumba, sedes visibles del Sebin y en Boleíta, asiento oficial de la Dgcim, se tortura y se infligen tratos crueles e inhumanos a los detenidos. El capitán Rafael Acosta Arévalo y Fernando Albán testimoniaron con sus vidas esos episodios.

Pero también hay lugares clandestinos bajo administración de esos cuerpos policiales donde la tortura es la norma. El escalofriante número de víctimas indica que el asesinato y la tortura son una política de Estado y que no se trató de hechos aislados. El secuestro, el martirio a los presos y el crimen cometidos por los funcionarios policiales con el avenimiento de los jefes, hicieron descender a los ejecutores de tales hechos al sitial más bajo e inimaginable del alma humana.

Este informe no es una acusación contra la Fuerza Armada Nacional y las policías. Sino más bien contra personas determinadas, específicas, que denigraron del honor militar y policial con la comisión de actos reñidos con la ley. El doctor Julio César Strassera, el juez que llevó a la cárcel a los jefes militares argentinos, que se consideraban todopoderosos mientras mantuvieron el poder, afirmó que “El sadismo no es una ideología política ni una estrategia bélica sino una perversión moral”.

Para que la FAN se reivindique ante los venezolanos debe deslastrarse de esos sujetos, contumaces violadores de los derechos humanos, para así quienes la degradaron con su conducta sean excluidos de la institución. La justicia no es venganza como tipo penal específico. Es una forma de reparar el daño causado a otro, para que la pena infligida al condenado sirva para disuadir a potenciales infractores de la ley.

Dijo Dante sobre el séptimo círculo del infierno “Estos son los tiranos que vivieron de la sangre y la rapiña y aquí se lloran sus despiadadas faltas”.

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Venezuela: bloqueada no, quebrada sí, por José Guerra

@JoseAGuerra

El régimen madurista y sus propagandistas, siguiendo el libreto cubano, han lanzado una campaña según la cual todos los problemas que hoy sufre el pueblo venezolano obedecen a las sanciones impuestas por el Gobierno de Donald Trump. Según los laboratorios de propaganda al servicio de Maduro, Venezuela era una especie de paraíso terrenal hasta que aparecieron en la escena las medidas coercitivas aplicadas por Estados Unidos.

De acuerdo con el manual de estos sujetos, a cargo de la maquinaria publicitaria de la dictadura, la caída del precio del petróleo, la depreciación del bolívar, el aumento de los precios de los bienes de consumo, la decisión del Banco Central de imponer un encaje legal de 100 % para restringir el crédito bancario, las inundaciones y las fallas de las represas del Guri, entre tantos otros eventos, obedecen a una conspiración internacional; obviamente orquestada desde Washington.

El punto débil de este relato es que por chapucero, no es creíble. En realidad ese cuento va dirigido a ese 15 % que todavía cree en Maduro, para tratar de mantenerlo cohesionado.

El argumento del bloqueo es la pieza central de esta historia. Pero todo ello es una gran mentira.

La recesión de la economía venezolana comenzó en 2014 cuando no había sanciones y la hiperinflación, que se fue conformando en 2016, explotó en noviembre de 2017 sin que se hubiesen impuesto sanciones.

Fue Maduro quien desde 2016 decidió no presentar las leyes de Presupuesto y de Endeudamiento ante la Asamblea Nacional con lo cual terminó de cerrar el crédito internacional, a lo que se sumó la medida de noviembre de 2017 de declarar una moratoria unilateral de la deuda externa.

En lo que respecta al producción petrolera, cuando Chávez asumió en febrero de 1999, Venezuela producía 3.500.000 barriles y cuando murió en marzo de 2013 la producción estaba cerca de 2.900.000 barriles, lo que denotó una disminución de 600.000 barriles diarios, equivalente a una caída del 17 %; ello, a pesar de haber disfrutado de los mayores precios petroleros de la historia.

Venezuela no está bloqueada, Venezuela está quebrada, que es diferente; y esa quiebra se origina en la ruina de la industria petrolera, especialmente a partir de las acciones adoptadas por Chávez y seguidas por Maduro que significaron la estatización de las empresas de la Faja del Orinoco en 2009 y la expropiación masiva de las compañías de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo y de otras regiones que prestaban servicios a la industria. Sin dejar de mencionar el despido de más de 20.000 trabajadores calificados de PDVSA en 2003.

Allí reside buena parte del origen del derrumbe de la producción petrolera que se fue acumulando con los años, tal como se muestra en el gráfico.

Venezuela: bloqueada no, quebrada sí, por José Guerra
El descenso de la producción petrolera es previo a las sanciones económicas de EE. UU., como lo demuestra el gráfico.

Actualmente Venezuela extrae una cantidad de barriles de petróleo similar a la de 1947 y por ello es que ahora, aquel régimen prepotente que quiso humillar a las empresas petroleras internacionales en 2009, hoy pide cacao y trata desesperadamente de buscar al capital internacional que echaron del país.

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