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Venezuela: una bomba social, por Antonio José Monagas

LA POBREZA SE VOLVIÓ UN ENIGMA. Es así. Aunque distintas son sus causas. Algunas, quizás, más capciosas y letales que otras. Pero de algún modo, cualquiera de ellas, bien sea por razones de deuda nacional, por especulación alimentaria, por falta de soberanía alimentaria, por modelos económicos retrógrados, por la erradas prácticas de grandes corporaciones multinacionales y transnacionales o por la campante corrupción, ponen al descubierto o desnudan -inmisericordemente-  una realidad llamada “pobreza”. 

Desgraciadamente es el problema que azotó a Venezuela. Particularmente, luego que las prédicas electorales pronunciadas por furibundos militantes del militarismo reaccionario que había pintado de sangre el espectro político en diciembre de 1998, aun que con mayor odio en febrero de 1992, unos seis años atrás, estigmatizaron las calles del país. De esa manera, jugándole unos pasos adelante a la muerte convirtiéndose en criterio de gobierno, la pobreza se apoderó de una población de la cual no se apiadó el sarcasmo de un régimen que prometió lo imposible al decretar que el Estado venezolano actuaría en “defensa y desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad”. Tal como fue suscrito por la Constitución sancionada en Diciembre de 1999, luego de la mofa política que permitió el arribo al poder de un militar de segunda categoría, quien apostó todo su mando a desplazar al Libertador Simón Bolívar del sitial que la historia le brindara. 

El mal llamado “socialismo del siglo XXI”, bien supo lograr que la pobreza se impusiera cual lúgubre realidad. La gestión militarista de quien mucho presumió de lo que careció, dejó una pobreza como su efectivo legado, que nadie se habría imaginado de su dimensión, proporción y secuela. Fue tal la crisis que su incidencia desató apenas iniciándose la gestión de gobierno, arrancando el siglo XXI, que de nada valieron los esfuerzos de una economía que se vio oscilante frente a los desmanes que el desbarajuste gubernamental incitó. 

El régimen no atendió ni tampoco entendió la esencia del problema que siempre configuró la pobreza. Ya entrado el nuevo siglo, la tasa de desocupación o desempleo, comenzó a hacer estragos. La pobreza de larga duración se enquistó, mientras se compenetraba con un discurso político para el cual el proselitismo de inmediato impacto era el elemento central de una estrategia que buscaba empobrecer al venezolano. Para eso, el régimen estimó de inmediato un accionamiento político que vapuleaba sus propios compromisos políticos. Para ello, se recreó desfigurando y desvirtuando la institucionalidad económica del sistema político venezolano mediante el establecimiento de ley-decretos que dieron al traste el relativo crecimiento económico que venía forjándose. Aún cuando el mismo, se mostraba todavía incipiente, es indiscutible que su determinación hacía de él una ruta de decidido raigambre sociopolítico y socioeconómico.

Como prueba del fiasco que signaba la supuesta revolución, se intentó expandir la economía de trueque. De hecho, llegó a creerse que de esta forma, que el venezolano podría sobrevivir, entregar servicios o producción casera a cambio de otros similares. Pero todo ello fue un craso fracaso. 

La realidad demostraba así el carácter contradictorio de tan equivocadas medidas que sólo identificaban la soberbia de quienes buscaban acabar con la Venezuela que se había distinguido, pocos años atrás, en virtud de indicadores que reflejaban el avance de una economía soberana, propio de políticas públicas con sentido de crecimiento y desarrollo. 

Mientras las economías colaterales emergieron de manera saludable, la economía que se instaba en Venezuela acentuaba horriblemente la pobreza. Peor aún era lo que sucedía en su entorno toda vez que las corporaciones académicas hacían notar su desempeño en pos de contrariar la tendencia que se imponía. Al mismo tiempo, elevaron su voz de protesta contra la inercia de una revolución que asfixió el desarrollo alcanzado, Incluso, comparativamente, décadas atrás. 

Hoy la pobreza se apoderó del país al invertir drásticamente el eje político y así cambiar su sentido social y económico. El Estado de Bienestar del cual se sirvieron países vecinos, que la misma historia política destaca, en Venezuela no fue comprendido como referente de significación. Ni en tiempo, ni en calidad de efecto. Casi todos los derechos sociales y económicos conquistados, progresivamente fueron consumidos por la pobreza que arrasaba la tierra, las instituciones y la familia venezolana. 

Sólo queda, sin duda alguna, el enardecimiento de la población. Pero no para fijar pautas de socarrona gracia para buscar condolerse de la situación mediante algún jocosidad de baja calaña. Es hora de abstraerse de todo aquello que desvíe la atención hacia orillas de impúdica condición. 

Con la suerte que Venezuela merece luego de vivir tantas tragedias juntas en veinte años de sumisión y espanto político, no se juega. Menos, se traiciona, se vende o se permuta. Más, tratándose de que el país está al borde de su definitivo hundimiento de seguirse con el actual modelo de contubernio político-económico que el régimen anima grosera e impunemente. Más, porque con todo esto detrás, el país está reaccionando. Y cuidado si no es de modo peligroso ya que ahora es, innegablemente, Venezuela: una bomba social. 

Encovi: Crecimiento de la pobreza en hogares alcanza 51%

LA ENCUESTA NACIONAL DE CONDICIONES DE VIDA (ENCOVI) presentó con los resultados de 2018 este miércoles en la Universidad Católica Andrés Bello. El estudio indicó que 51% de los hogares del país viven en una situación de pobreza. El índice aumentó 3% en relación al 48% registrado 2017.

El evento estuvo encabezado por el rector, Francisco José Virtuoso; el diputado, Juan Andrés Mejía; la coordinadora de la ENCOVI, Anitza Freitez; y el sociólogo e investigador, Luis Pedro España.

“Queremos brindar desde los datos y aprendizajes de ENCOVI aquellos elementos estructurales que nos permitan enfocar adecuadamente los esfuerzos de la ayuda humanitaria, los programas de protección social y los lineamientos de política social a largo plazo”, afirmó el rector de la UCAB.
De 51% de los hogares que atraviesan un grado de pobreza, 43% tiene un estándar de vida. 14% cuenta con protección social y un empleo. Solo 10% de ellos tiene acceso a la educación, 18% a servicios y 15% a viviendas.

“En los últimos tres años la pobreza multidimensional creció 10 puntos y en 2018 alcanzó a la mitad de los hogares (51%), mientras 80% de los hogares presenta riesgo de inseguridad alimentaria, debido a que 90% de la población no tiene ingresos suficientes para comprar alimentos”, señaló la directora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB y coordinadora de la ENCOVI, Anitza Freitez-

El informe reflaja que la pobreza se estaría haciendo más amplia y severa dependiendo de la región del país. En la Gran Caracas el 33,8% de la población es pobre (399 mil hogares) en ciudades pequeñas esta situación alcanza al 75% de los habitantes (más de 1 millón de hogares).
Por otro lado, Encovi destacó el deterioro de los servicios de electricidad, agua y saneamiento. En el informe se indicó que 25% de los hogares se ven afectados por interrupción del servicio eléctrico durante varias horas diariamente. El estudio aseguró que la carencia de fuentes de agua mejorada es de 23% y la ausencia de un servicio de saneamiento mejorado es 13%.

Además, la encuestadora nacional indicó en su informe que la mortalidad al comienzo de la vida, es decir, en neonatos, ha aumentado y a su vez los años de esperanza de vida ha disminuido.

El estudio estima que desde que entre 2017 y 2019 el volumen de muertes infantiles a causa de la crisis alcanzará 20.000 fallecimientos en menores de un año. Venezuela también perdió 3,5 años en la esperanza de vida al nacer-
Desde 2017, 70% de los hogares se encuentran en inseguridad alimentaria. En 2017, fue el 89% de los hogares venezolanos los que se vieron afectados por no contar con los ingresos suficientes para la compra de alimentos.

Seguidamente de estas cifras, se presentó el Plan País. Esta estrategia planea identificar los hogares que están expuestos a condiciones más vulnerables. El Plan País se divide en cuatro dimensiones: Demográfica, Salud y Nutrición, Educativa y Laboral. A su vez cuenta con tres fases: Fase de emergencia, fase de estabilización y fase de reforma.

Investigadores de la UCAB propusieron un programa de acción cuya primera fase, llamada de emergencia, que está concebida para desarrollarse durante nueve meses a un año y dirigida specialmente a los sectores más vulnerables.
Luis Pedro España explicó que el plan contempla un subsidio monetario directo a 51% de la población durante tres meses para garantizar su acceso a alimentos y medicinas. La ayuda estaría focalizada geográficamente: 75% de los hogares de las ciudades pequeñas, 46,3% de los hogares de las ciudades medianas y 40,6% de los hogares de las ciudades medianas.

Sep 18, 2018 | Actualizado hace 1 año
Morral de ausentismo escolar, por Edward Rodríguez

@edwardr74

LLEVO VARIOS MESES TRATANDO DE ESCRIBIR sobre los populares “morrales tricolor” que regaló el gobierno a niños, niñas y jóvenes de la patria en condición escolar; uno va por la calle y de pronto ve que una madre carga en su espalda el morral, un obrero lo lleva para guardar su muda de ropa, un indigente lo carga para guardar lo que recoge de la calle, un vigilante lo usa para guardar su uniforme; en fin, una gran parte de la población venezolana carga a cuestas el morral que almacena la pobreza que se refleja en los rostros de sus usuarios.

Uno que otro alumno aún conserva el bolso, pues seguramente sus padres lo tomaron prestado por tiempo indefinido, pero quienes sí se beneficiaron del “morral tricolor” fueron el importador o fabricante de los millones de piezas esparcidas en todo el territorio nacional y hasta internacional, porque también los hemos visto cruzar las fronteras en la diáspora.

Este lunes 17 de septiembre inició el año escolar 2108-2019, los grandes ausentes fueron los niños y los morrales “bussines”. A diario me encuentro  con más padres y representantes que me comentan que aún no han inscrito a sus hijos por falta de dinero, que no les han comprado los útiles ni mucho menos un par de zapatos. Ir a clases era alegría para los niños, pues ese primer día estrenarían pantalón (o falda), camisa, zapato, morral y útiles;  eso quedó en la historia y en el recuerdo hasta el período de Chávez y toda la Cuarta república.

La miseria de un gobierno como el venezolano cuyo mandatario, de regreso de su visita a China se dio un banquete en uno de los restaurantes de alta categoría mundial en Turquía como el de Nusr- Et Sandel Bedesteni, quedará para la posteridad. Eso es lo que muchos llamarían “pornografía del poder”: buenos restaurantes, buen reloj, disfrute de un habano; esto es como la tos: no se puede ocultar.

Señor Nicolás, tome nota, por citar unas cifras serias le doy estas que ofreció Gualberto Mas y Rubi, aguerrido defensor de los derechos de los maestros, secretario general de Fetramagisterio y del Sindicato Único del Magisterio, en 153 planteles en el Zulia sólo asistieron 232 alumnos, o sea, 97% de ausentismo escolar; y esto es sólo una muestra de un estudio realizado el mismo día de regreso a clases.

¿La razón? Infinitas: los padres no tienen cómo comprarles el uniforme a los muchachos, mucho menos los útiles escolares, tampoco tienen para darles la merienda, los maestros no tienen efectivo para el pasaje, tampoco tienen para un bocado de comida, y a los dependientes de la Gobernación del Zulia por ejemplo, no les han pagado desde el 8 de septiembre cuando les depositaron la última quincena de agosto.

Según el recién nombrado, por segunda vez, ministro de Educación, Aristóbulo Isturiz, la matrícula de prescolar y primaria es de siete millones y medio de estudiantes; en Zulia sería de 450 mil, pero si sólo asistieron 232 alumnos a 153 escuelas, algo grave está pasando.

A estas cifras que alarman, hay que sumarle las ofrecidas por Susana Raffalli  en un tuit, la cual refleja que 4.444 alumnos (Fe y Alegría), han visto partir a sus padres, 3.500 maestros han renunciado (AVEC), 400 escuelas privadas cerrarán sus puertas (ANDIEP) en el 2018; y en las escuelas de Fe y Alegría menos del 50% de la matrícula escolar del 2017 se han inscritos.

En resumen, podemos concluir que vivimos un ausentismo escolar histórico y sin precedentes. En Venezuela la educación que fue de primera y competitiva de la que gocé y me formé, hoy está a punto de fallecer, el modelo socialista implantado ha fracasado y de no revertirse se llevará por delante dos generaciones de venezolanos que no serán los que hoy salen en manada emigrando a otros países con un título bajo el brazo.

El morral del ausentismo escolar tiene un origen, el “hombre nuevo” ha llegado para quedarse sin estudios, sin alimentos y sin oportunidades.

 

 

Codevida: 61% de la población venezolana vive en pobreza extrema

 

El 87 % de la población venezolana vive en la pobreza y el 61 % en pobreza extrema, según afirmó este jueves el director de la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y a la Vida (Codevida), Francisco Valencia.

“La crisis que sufre Venezuela tiene consecuencias devastadoras para el bienestar de la población y en el disfrute de sus derechos”, enfatizó Valencia tras denunciar la dramática situación junto a otros representantes de la ONG venezolana y del Centro de Derechos Humanos (CDH) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), ante la ONU.
“Los niveles de inseguridad alimentarios son altísimos. El 55% de los niños menores de cinco años sufren malnutrición”, agregó el activista citando datos gubernamentales de Cáritas y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Por su parte, el integrante de la CDH de la UCAB, Eduardo Trujillo, aseguró que “más de 8 millones de venezolanos solo comen dos veces por día o menos, y lo que ingieren no es nutritivo. De media, los venezolanos perdieron 11 kilos de peso solo en 2017”.
El acto en el que participaron los activistas fue organizado por la ONG defensora de las libertades fundamentales Human Rights Watch y llevado a cabo en paralelo a la trigésimo novena sesión regular del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
Ambos activistas intentaron explicar a la audiencia cómo es vivir “sin una distribución regular de agua potable y de electricidad y con una inflación del 233%”, en palabras de Valencia.
El representante de Codevida explicó que ante esta desesperada situación era entendible que 2,3 millones de personas hayan abandonado el país, “entre ellos, el 50% del personal sanitario de los hospitales públicos”.
“Una sola enfermera tiene que ocuparse de 80 pacientes en un día”, explicó Valencia, y denunció que “16.000 enfermos renales tienen su vida amenazada porque se han clausurado los centros de diálisis; 5.000 pacientes hemofílicos no reciben tratamiento de coagulación; 33.000 enfermos de párkinson no obtienen medicinas, y 80.000 seropositivos no perciben tratamientos antiretrovirales desde 2017″.
Agregó que en los últimos años el número de muertos a causa del sida o enfermedades relacionadas aumentó de 1.600 al año hasta los 5.000, según reseñó Efe.
Además sostuvo que 55.000 personas enfermas de cáncer no obtienen quimioterapia o las medicinas necesarias y que la mayoría de los centros de tratamiento del cáncer han clausurado.
Valencia expresó que se estaban presentando brotes de enfermedades que ya habían sido controladas en el país, como el sarampión (más de 4.000 casos) o la malaria (500.000), y que las cifras de infectados sigue aumentando.
Trujillo, por su parte, hizo énfasis en la urgencia de solicitar a la comunidad internacional y a la ONU que se defina a los que huyen del país como “refugiados o emigrantes forzosos”, porque abandonan su tierra natal forzados por la crisis.
“Es por ello que necesitan protección internacional”, afirmó y dijo que según datos recogidos en Perú y Brasil por la Organización Internacional de la Migración, los venezolanos que huyen lo hacen por cuatro razones: falta de alimentos, falta de medicamentos, por la inseguridad y por la situación económica.

 

Querido Jim:

Te admiro mucho, pero a veces parece que la incapacidad de las estrellas de Hollywood para entender la política es directamente proporcional a su talento escénico. Reagan siempre fue un actor de muy poco talento, gracias a Dios. Leí que te invitaron al programa “Real Time with Bill Maher” de HBO- donde dijiste: “Tenemos que decir sí al socialismo, a la palabra y todo”. Quizá para ti, como para la humanidad entera, la palabra “socialismo” es una palabra que suena bonito. Todo el mundo quiere definirse como socialista, hasta los de derecha: a Rajoy lo tildan de “socialdemócrata” y seguramente lo es.

Socialismo es entendido en términos cotidianos como antítesis de egoísmo, sinónimo de preocupación por los demás, de distribución equitativa de la riqueza, de apoyo a los más débiles y sus necesidades, de procurar salud y educación para todos, etc. Y eso es bueno, eso lo quiere hasta la derecha primermundista. Parece que esa tradicional división entre derecha e izquierda en términos ideológicos ha ido mutando, ya lo que más inquieta a la gente es que sus gobiernos sean eficientes, honestos, que cumplan con sus obligaciones constitucionales y casi todas las constituciones contemplan un profundo contenido social.

Así pues, al menos en los países desarrollados, lo que hay son socialismos, con matices de izquierda o de derecha. Uno supone que es a eso a lo que te referías cuando señalas: “tenemos que decirle sí al socialismo” y pones como ejemplo a esa magnífica nación que es Canadá. En tal sentido, no habré de caerte encima como si hubieses grabado una cuña para el Saime.

Sin embargo, menester es decirte, que bajo el nombre de “socialismo” se ocultan hoy profundas amenazas, curiosamente, en contra de lo que suele considerarse como socialismo, escondiendo un autoritarismo intolerante puro y duro, cuando no una abierta dictadura. No es casual, Jim, que el neofascismo esté floreciendo justo en la Alemania que era socialista.

Si evaluamos el caso que más cercano tenemos nosotros, el de Venezuela, lo que encontramos es justamente eso: nuestro régimen no es -válgame Dios- la antítesis del egoísmo. Muy por el contrario, no hay nada más egoísta que apropiarse de lo que es de todos, desde el poder, hasta los dineros públicos, en esa forma de gobierno que padecemos y que, desde que pasó el gran cometa Haley, ha dado en llamarse “cleptocracia”.

En Venezuela, querido Jim, -por lo que te acabo de contar- no hay distribución equitativa de la riqueza, ésta se ha concentrado, como pocas veces en nuestra historia en muy contadas manos.

Los más débiles en Venezuela están a la buena de Dios, huyendo del país como pueden, sin salud, sin medicamentos y sin alimentos, tragedia a la que se le suma la negación de un régimen que afirma que nunca la población había estado tan bien y que incluso habría que cobrarle al gobierno colombiano el bienestar del que disfrutan sus ciudadanos acá. O sea. En Venezuela, querido Jim, los niños están dejando de ir al colegio, bien porque tienen que buscar cómo sobrevivir y ayudar a sus familias o porque no tienen fuerzas para ir al colegio por falta de alimento.

En Venezuela Jim, le hemos agarrado tirria a la palabra socialismo, representa la opresión contra un pueblo, la destrucción de una nación floreciente y la desesperación de sus ciudadanos.

 

@laureanomar

Frente Amplio Venezuela Libre advierte que aumento salarial traerá más pobreza y desempleo

El opositor Frente Amplio Venezuela Libre (FAVL) advirtió hoy que el aumento salarial decretado por el Ejecutivo, que multiplicó por 35 los ingresos mínimos de los trabajadores, traerá más pobreza y desempleo en el país, sumido ya en una severa crisis económica.

“Este aumento es un acto populista, irresponsable y demagógico que empobrecerá más a los trabajadores y aumentará el desempleo y el cierre de empresas y de puestos de trabajo”, señala un comunicado del Frente, que agrupa a partidos opositores y organizaciones de variada índole.

El incremento salarial fue anunciado el viernes pasado por el jefe de Estado, Nicolás Maduro, junto a otros ajustes fiscales y financieros que se enmarcan en el llamado plan de recuperación y expansión económica con el que el Gobierno busca salir de la crisis.

El Frente critica esta medida pues, explica, carece de respaldos como un aumento de la producción, por lo que los nuevos salarios “agudizarán la hiperinflación” que, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, cerrará el año en 1.000.000 %.

Los detractores de Maduro desestiman asimismo el compromiso del Ejecutivo de asumir durante 90 días el diferencial en las nóminas de empleados de todo el sector privado “porque para realizarlo deberán emitir dinero inorgánico que se traduce en mayor inflación y por ende en mayor pobreza”.

“Quienes laboran en el campo, los trabajadores por cuenta propia, los desempleados, amas de casa, etc. quedarán fuera de ese subsidio propuesto, pero serán afectados por el incremento escandaloso pero inevitable que ocurrirá en los precios”, prosigue el escrito.

El Frente también condena que el chavismo gobernante “ha decidido amenazar y encarcelar a empresarios y trabajadores de comercios, quienes también son víctimas de las medidas del Gobierno” y se solidariza con ellos.

Este pronunciamiento se produce el mismo día que el Gobierno fijó precios en 25 productos de consumo masivo y desplegó miles de funcionarios en todo el país para hacer cumplir estos controles y sancionar a quienes no los acaten.

Según datos oficiales, esta semana se han recibido unas 36.000 denuncias ciudadanas por supuesta especulación en comercios por lo que al menos un par de tiendas ya han sido sancionadas y cuatro empleados detenidos.

El Banco Central (BCV) devaluó ayer la moneda en 95,8 % al pasar la tasa oficial Dicom de 2,49 a 60 bolívares soberanos, un aumento del 2.311 % en el precio de la divisa estadounidense que ubica el nuevo salario mínimo en 30 dólares mensuales.

El carnet de la patria, por Eduardo Semtei

 

En nuestro programa de gobierno, ese que ofrecimos como salida a la inmensa crisis económica, social y política de Venezuela, presentado por Henri Falcón y respaldado por varios partidos políticos, organizaciones sociales y académicas, y por respetables personalidades, ofrecimos la emisión y distribución entre todos los venezolanos de un sistema de subsidio directo que llamamos “la Tarjeta Solidaria”

Era un auxilio monetario que estaba destinado a cubrir las deficiencias en los sistemas salariales. Su propósito fundamental era garantizar una buena alimentación a los venezolanos y, de manera complementaria, que nuestros niños asistieran con regularidad al colegio, dado que la matrícula ha ido cayendo estrepitosamente por razones de pobreza extrema: no tienen dinero para el transporte ni para la merienda, tampoco para los útiles escolares ni para los uniformes, en fin, una pobreza galopante. Esa tarjeta la estimábamos en unos 30 dólares, que al cambio de hoy 6 de agosto de 2018 y según las informaciones de @MonitorDolarVE a 3,7 millones de bolívares fuertes representa unos 111 millones de nuestra moneda nacional.

El llamado carnet de la patria con todos sus bonos, que son unos 12 millones de bolívares mensuales, sumado al precio de mercado de la caja CLAP de aproximadamente 30 millones, representa menos de la mitad del subsidio que nosotros habíamos estimado. Mucho más, Falcón y todo su equipo de gobierno ofreció la dolarización del salario, única mercancía –diría un marxista auténtico– que no se ha  estimado en la moneda yanqui. El sueldo mínimo que ofrecimos de comienzo eran 75 dólares, es decir 275 millones de los llamados bolívares fuertes, ¡Dios! el salario actual mínimo es de 8 millones incluyendo todo, frente a un ofrecimiento de 275.

Creo que la derrota de Falcón, que fue la negación de la dolarización del salario, no fue precisamente un resultado ni medianamente bueno de la “victoria abstencionista”.  Vaya un resultado adverso y desgraciado. De lo que se trata este artículo es de describir aunque fuera someramente la terrible crisis alimenticia, sanitaria, educativa de las grandes mayorías. De que quienes estuvimos con Falcón en la campaña reconocimos y evidenciamos en nuestros recorridos por la geografía nacional lo que un criollo vernáculo llamaría “el hambre pendeja”.

Así que para un venezolano en un recóndito lugar con una pensión o un salario mínimo de 3 millones que reciba una caja CLAP de 30 millones es un auxilio importante, es un auxilio pequeño, pero vital para las mayorías. Oponerse a que los más humildes y desprotegidos de esta tierra venezolana reciban comida argumentando que es un “acto colaboracionista y cómplice” no es sino una acusación destemplada y hasta inhumana y quién sabe si racista contra los venezolanos de a pie que llevan sobre sus hombros el peor de los castigos: sin comida y sin esperanzas.

El subsidio alimentario mediante las cajas CLAP y los magros bonos del carnet de la patria es una obligación, no es un regalo, es un derecho del ciudadano, no un bono del PSUV. 85% de los venezolanos que están sometidos a una salvaje situación hiperinflacionaria, es decir, 25 millones de compatriotas, tienen todo el derecho de reclamar un subsidio alimenticio de emergencia, una asignación proveniente del petróleo de todos los venezolanos, un sistema de seguridad social valedero.

Si Maduro informa  que han emitido 16 millones de esos documentos, todavía le faltan 9 más para que todos quienes tienen todo el derecho del mundo de reclamar una compensación para paliar el desastre económico lo reciban con derecho y justicia,  este es un gobierno enemigo de los bolsillos y estómagos de nuestra gente.

Yo le pido desde mi más profundo convencimiento que quienes se sientan con derecho de recibir un subsidio monetario o alimenticio, es decir, un subsidio directo o indirecto, no tiemblen  a la hora de exigir su cumplimiento, sea por intermedio de un carnet especial o de la cédula de identidad o del censo nacional o del sistema bancario.

Y en cuanto al uso del fulano carnet de la patria para la compra de gasolina, pienso de igual manera. No renuncie a su derecho de gozar de un subsidio en la compra de combustible; pagarlo a precios internacionales, como si usted ganara sueldos internacionales, es una actitud de orgullo  sin fundamento, es una posición de rebeldía sin causa. Usted tiene derecho como venezolano de comprar la gasolina subsidiada a los precios que se le ofrece y vende al gobierno cubano.  Si todos los venezolanos tenemos el mencionado carnet ya no podrá ser utilizado para discriminar o para comprar voluntades. Por último, inscribir el carro en el programa Patria no es ningún acto de entrega o traición. ¿Acaso ya usted no lo tiene inscrito y registrado en el INTT? Si no quiere llenar otro formulario, entonces quítele la placa y límele los seriales y será libre para siempre de cualquier registro del gobierno.

 

@eduardo_semtei

El Nacional

Jul 28, 2018 | Actualizado hace 1 año
Sector Universitario pide unión a partidos políticos

 

Por causa de las erradas políticas del gobierno el estado de la economía del país es tal que las capas medias profesionales han sido conducidas a la pobreza, los pobres a la mendicidad y la industria petrolera al colapso técnico, como se evidencia en la reducción de su producción a la mitad de la existente hace un lustro. El aparato productivo privado ha sido demolido deliberadamente y la hiperinflación convirtió la moneda nacional en una ficción inútil con los previsibles efectos en la destrucción de sueldos, salarios y ahorros de los trabajadores, así como en la alimentación, la salud, el transporte, el agua, la educación y los demás servicios públicos básicos para la población. Solo la élite política gobernante y pequeños grupos enriquecidos obscenamente al amparo de la corrupción gubernamental escapan a este funesto cuadro.

Beneficiarios únicos de la “revolución que vino para quedarse”, según le gustaba proclamar a Chávez, el régimen y sus cómplices siempre han estado resueltos a perpetuarse en el poder. Al favor de las circunstancias y de hábiles maniobras dominaron el escenario electoral hasta la derrota aplastante que sufrieron en 2015, cuando la oposición ganó la mayoría de la Asamblea Nacional. A partir de entonces el gobierno se propuso no celebrar elecciones sino para ganarlas, acentuando su verdadera naturaleza autoritaria y haciendo de la represión y la violación de los derechos humanos de los opositores política de Estado.

Si se examina el funcionamiento institucional de la República encontraremos que la Constitución de 1999 ha sido violada de todas las maneras posibles y su articulado sustituido por las órdenes del presidente, los fallos del Tribunal Supremo de Justicia y las decisiones de una Asamblea Nacional Constituyente convocada y elegida anticonstitucionalmente y contra toda lógica jurídica. Una institucionalidad paralela, a la medida de las conveniencias del gobierno, ha sido puesta en pie.

Es razonable suponer que las diferentes fuerzas democráticas concordarán en lo esencial con la caracterización precedente. Si esto es así se impone la conclusión de que el éxito de la lucha, tanto política como social, depende de que aquellas puedan construir una gran fuerza nacional que incluya a los partidos pero también a las organizaciones de la sociedad civil con base en la convicción de que no habrá solución para el país si no se cambia el gobierno actual.

La tarea de construir esa fuerza debe partir del reconocimiento de que el objetivo común admite diversas estrategias. Así, por ejemplo, en lugar de contraponer las opciones electoral y no electoral, se trataría de aprovecharlas según las circunstancias habida cuenta de que el creciente aislamiento internacional forzará al gobierno a tratar de legitimarse electoralmente. Participar o no en los comicios en vez de ser pura cuestión de principios debe resultar además de una evaluación de las situaciones políticas. Por otro lado, la participación no consiste necesariamente en presentar candidatos sino en no obstinarse en ignorar el escenario electoral y procurar rentabilizarlo incluso mediante la denuncia de su ilegitimidad. En todo caso, para las organizaciones políticas y sociales que estén dispuestas al esfuerzo unitario proveerse de estrategias claras susceptibles de combinarse eficazmente en función de las circunstancias constituye un desafío ineludible.

Y entre las que estén dispuestas al entendimiento y aquellas que opten por actuar en forma independiente las relaciones han de ser respetuosas, no renunciando a la crítica pero sí a la descalificación, como exige el hecho de tener un adversario común de cuya sed de poder no cabe esperar diferencias de trato, tantas han sido las pruebas que ha dado de intolerancia para la convivencia con los que piensan de otro modo.   En una perspectiva de futuro no lejano, todas las fuerzas democráticas tendrán que tomar parte conjuntamente en la reconstrucción del país. Manejar las divergencias actuales con sabiduría y ecuanimidad contribuirá al éxito del venidero esfuerzo común. No obra en cambio a su favor la pretensión de obtener rédito grupal o personal a expensas de los demás mediante el usufructo de ventajas coyunturales, como ha sido deplorable tradición, y que los acontecimientos de estos días parecen confirmar. Esta conducta es aún más desafortunada en el cuadro de resurgimiento de la protesta social de las últimas semanas en casi todo el país, esfuerzo generoso cuya suerte está en no escasa medida asociada a la disposición unitaria de que deberían dar prueba creíble las organizaciones políticas.

Desde el sector universitario pensamos que las líneas básicas para un programa mínimo de acción concertada entre las fuerzas y factores democráticos políticos y sociales de cara a la recuperación institucional, económica, política y social del país pudieran ser las siguientes:

  1. Consolidar una vasta unidad nacional que cierre filas frente a los enemigos de la democracia y de la libertad.
  2. Diseñar una estrategia general basada en la visión integral de la situación del país que dé sentido a las acciones concretas y ofrezca a la población un horizonte de objetivos claros que haga renacer la esperanza de futuro real y la confianza en las propias fuerzas para alcanzarlo.
  3. Definir las etapas principales del itinerario del cambio: primero, participar en los escenarios políticos que, con el complemento fundamental de una activa movilización ciudadana, fuercen la salida del gobierno; segundo, período de transición con un gobierno de unidad nacional que adopte las medidas urgentes en los ámbitos más sensibles de la vida de la población y en el orden institucional; tercero, debate nacional sobre las reformas del sistema político para asegurar la probidad de las instituciones jurídica y electoral a fin de prevenir regresiones autoritarias; y cuarto, celebración de elecciones generales para el advenimiento de una nueva era democrática.

Caracas 23 de julio de 2018