Por ahí se llega al Infierno..., por Carolina Jaimes Branger - Runrun
Por ahí se llega al Infierno…, por Carolina Jaimes Branger
¡No me vengan a decir que la pobreza hay que celebrarla! Mucho menos que la celebre uno de los estados más ricos del mundo, como lo es el Vaticano

 

@cjaimesb

El próximo 14 de noviembre “celebrarán”, una vez más, la Jornada Mundial de los Pobres, como si la pobreza fuera algo digno de celebrar. Quienes “celebran”, seguramente estarán de nuevo encabezados por el papa Francisco: “Los pobres nos facilitan el acceso al Cielo. Ya desde ahora son el tesoro de la Iglesia. Nos muestran la riqueza que no se devalúa nunca, la que une la Tierra y el Cielo y por la que verdaderamente vale la pena vivir: el amor”. ¡La pobreza hay que erradicarla! Y eso no es una utopía. Hay países en el mundo donde no hay pobres.

Según el papa, los pobres son “la riqueza que no se devalúa nunca”. Los pobres no son riqueza, su Santidad. Todo lo contrario. Que existan pobres en el mundo es una calamidad. Y más calamidad es que lo celebre usted, que es la cabeza de una de las instituciones más ricas de la tierra. Su prédica es la misma de los comunistas: hipócrita, contradictoria, farsante.

Y hablando de esa prédica, el domingo 24 de octubre la simpatía abierta que el papa ha demostrado por el comunismo volvió por sus fueros, cuando la policía vaticana rodeó a un joven peregrino cubano quien, de rodillas, oraba por la libertad de su pueblo y le quitó la bandera, según denunció Félix Llerena, un activista cubano, por su cuenta @FelixLlerenaCUB.

Video, por cierto, que se volvió viral en pocas horas. El joven era parte de una delegación que venía a pedirle a Francisco que intercediera por las crecientes violaciones a los derechos humanos en Cuba. A sus compañeros no les quedó más remedio que enrollarse en las banderas cubanas y acostarse en plena vía della Conciliazione, una de las que llega a la plaza San Pedro.

La Iglesia católica ha pifiado con ese discurso de apología de la pobreza. Y encima, la malinterpretación (me imagino que adrede) de los llamados libros sagrados, donde repiten como un mantra las mismas estupideces desde hace dos mil años: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos (Mateo 19,20-30)”. “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos (Mateo 5, 1-3)”. “Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que posees y da a los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven y sígueme (Marcos, 10:20)”. “Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo” (Lucas, 14:33).

La historia del camello pasando por el ojo de una aguja ha sido ilustrada con agujas de coser, cuando se sabe que el ojo de la aguja al que se refirió Jesucristo es un tipo de puerta estrecha que todavía hay en Jerusalén, donde un camello pasa, pero con dificultad. Lo de la bienaventuranza es peor, porque si la pobreza es mala, los pobres de espíritu son aun peores.

Encima, ahora con Francisco a la cabeza, no solo es la apología de la pobreza sino la conchupancia con los comunistas.

Luis Alberto Machado, que era un católico devoto, repetía que “los pobres son pobres porque no han aprendido a dejar de ser pobres”. Pero los pobres de espíritu son responsables de su estado. ¿Por qué Jesús no habrá dicho más bien “bienaventurados los ricos de espíritu?”.

A la Iglesia católica –exceptuando la ortodoxia– le cuesta admitir que el dinero que proviene del trabajo honesto no solo es bueno, sino deseable. La desvalorización del trabajo es un arma muy peligrosa, utilizada por los populistas a lo largo y ancho del mundo. Verbigracia, el discurso chavista: “Somos un país rico, no tienes que trabajar porque el gobierno te dará todo. Lo que tú no tienes, es porque otro te lo quitó”.

Todos tenemos que trabajar –o deberíamos– para erradicar la pobreza en el mundo. Una persona que está sobreviviendo no puede ni siquiera soñar. Los sueños le están vedados por la pobreza. ¡No me vengan a decir que la pobreza hay que celebrarla! Mucho menos que la celebre uno de los estados más ricos del mundo, como lo es el Vaticano.

La idea de que haya que tener millones de pobres en el mundo para que “nos faciliten el camino al cielo” es una de las cosas más espantosas que he leído últimamente. Entonces, ¿qué o quiénes facilitan el camino al cielo a los pobres? ¡Serán sus sufrimientos, sus carencias y sus necesidades no resueltas!… Y no me vengan a decir que no importa una vida de sufrimiento si luego habrá una eternidad de felicidad, porque eso habla de otra terrible injusticia: la certeza de que hay seres más importantes que otros, más privilegiados que otros, o como decía Orwell en su Rebelión en la granja: unos más iguales que otros. Entre ellos, la nomenklatura cubana por quien Francisco se derrite.

Yo paso, su Santidad. No tengo nada que celebrar el Día de los Pobres y me siento indignada por la actuación de su policía, tan hipócrita como usted. Prefiero seguir educando para cambiar paradigmas y enseñar a mis alumnos a que sean trabajadores, honestos e independientes. Si el Cielo existe, estoy segura de que el mío es un camino mucho más idóneo que el suyo. Y si su camino es mandarle la policía a quitarle la bandera de su país a un peregrino que ora por la libertad, apoyando abiertamente a un régimen comunista asesino, creo que se equivocó de ruta: por ahí se llega al Infierno.

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