“Las lágrimas de las madres no se secan nunca”, dijo con vehemencia Beatriz Salas de Marino, madre del submarinista y economista, Hugo Marino Salas, detenido en Caracas el 20 de abril de 2019 por supuestos funcionarios de la Dirección de Contrainteligencia Militar (Dgcim) luego de arribar al aeropuerto internacional de Maiquetía en el estado La Guaira.
Por costumbre, la sociedad se solidariza más con los presos políticos que con los familiares de estos porque quien sufre el encierro y la tortura en carne propia es este último. Sin embargo, algunos afectos de privados de libertad suelen padecer con igual intensidad.
Como la persona que cuida a un enfermo, los familiares de presos políticos tienden a desdibujarse física y emocionalmente.
Marino migró junto a su familia a Estados Unidos en 2016 y empresas lo contrataban para ubicar el paradero de aeronaves siniestradas en el mar Caribe.
Es director de la compañía de Servicios Electrónicos Acuáticos (SEA) y miembro de la empresa especializada en búsqueda submarina a profundidad Andi Latinoamérica.
En sus últimas apariciones en redes sociales, Marino había expresado apoyo al expresidente interino de Venezuela, Juan Guaidó.
Salas comentó que antes del suceso que implicó la desaparición de su hijo y la muerte de su esposo e hija, su vida en Venezuela era de beneplácito y unión familiar.
“Vivíamos entre Venezuela y Estados Unidos porque Hugo en 2014 decidió llevarse a su esposa e hijos del país por la situación política y económica, entonces pasábamos cuatro meses aquí (Miami) y cuatro en Venezuela, hasta que raíz de la detención de Hugo nos recomendaron quedarnos en suelo americano”, dijo Salas.
Para Beatriz Salas, la vida ha sido una especie de calvario desde hace siete años, cuando secuestraron y desaparecieron forzosamente a su hijo. Hoy en día vive con su nuera y nietos.
“La vida nos cambió a todos, mi nuera ahora tiene que trabajar por todos y los niños sufren la ausencia de su padre”, sentenció.
Con voz quebradiza, reconoce que se encuentra en un limbo y una de las cosas que la aferra a la vida es la esperanza de volver a abrazar a Hugo.
“Ellos se llevaron a una persona muy importante de esta casa”, sentenció Salas.
A juicio de Beatriz, cuando detienen a una persona es como si los encerraran a todos
“Destruyen a una familia cuando detienen a alguien, eso no tiene perdón de Dios. Yo soy católica, pero no les voy a perdonar que mis nietos hayan crecido sin su papá, no los voy a perdonar nunca, las lágrimas de esta casa han sido constantes”, dijo Salas.
La última vez que habló con Hugo
“Vieja, ya estoy en Caracas, te llamo en la noche”, fue lo último que escuchó la octogenaria de boca de su hijo, desde entonces no ha sabido más nada de él.
Luego de su aprehensión por motivos desconocidos, el caso de Marino quedó bajo la custodio del Tribunal 31 de Control del Área Metropolitana de Caracas
Tres días después de su arbitraria detención, la Procuraduría de Italia exigió al gobierno venezolano un hábeas corpus, asimismo la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Estados Americanos (OEA), a través de su ex secretario general Luis Almagro, ha demandado tener conocimiento del paradero de Marino y la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares al buzo, a quienes su allegados consideran un experto en el área de salvamento, análisis y rescate de accidentes aéreos
Salas, de 83 años y residenciada actualmente en Miami, sostuvo que se ha cansado de pedir una fe de vida de su hijo y lo único que ha obtenido es silencio de parte del gobierno.
“El régimen no nos quiere dar ningún tipo de información, Hugo simplemente se desapareció, no sé dónde lo dejaron, dónde lo metieron, él llegó a su oficina en Caracas de un viaje y después nos enteramos por alguien que estaba en el gobierno que conoce de la infancia a mi nuera, Elizabeth, que se lo habían llevado al Dgcim”, indicó Salas.
Salas aseguró que el primer día aceptaron la comida que se llevó al centro de reclusión y después no la recibieron más.
“El exfiscal general Tarek (Willian Saab) dijo que estaba haciendo unas investigaciones, pero después no dijo más nada, quisiera que alguien me ayudara, ya no sé a quien más decirle, no entiendo lo que pasa”, recordó.
Salas indicó que se ve reflejada en la pena de Carmen Navas, madre del preso político muerto bajo custodia del Estado, Víctor Hugo Quero Navas y quien a pocos días de conocer la noticia también falleció.
“Tuvo que pasar lo de la la señora Navas para que salieran muchas más madres a pedir explicación de sus hijos desaparecidos, tenemos que unirnos, no me voy a rendir”, puntualizó Salas.
Salas no ocultó sentir miedo por todo lo que ha visto en cuanto al trato que le da el Estado a los presos políticos en Venezuela, pero aún tiene esperanza de volver a ver a su hijo, quien también tiene nacionalidad italiana.
“La fe mueve montañas y es lo único que me ha hecho llegar hasta aquí, siento mucho miedo, pero ese mismo miedo me da la fuerza para no rendirme, si ellos piensan que por la edad que tengo me voy a quedar callada están equivocados, rendirse no es la solución”.
En vista del silencio que ha caracterizado el caso de Hugo Marino por parte del gobierno chavista, Salas pidió máxima cooperación internacional.
“Les pido, por favor, que me ayuden a buscar un poco de paz, porque tenemos siete años que la perdimos. Le solicito al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, que por favor me ayude, y no solo a mi, sino a todas las madres que atraviesa por mi situación”, concluyó.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país












