Yakary Prado, autor en Runrun

Yakary Prado

Rusia aspira a producir una vacuna contra la COVID-19 sin compartir datos suficientes
Los investigadores concluyeron que es segura para su uso e induce una respuesta inmunológica, pero no hay un documento científico de libre revisión que respalde la contundencia de esta afirmación
Lo que se promete como una luz en medio del oscuro túnel de la pandemia parece venir intervenido por la presión política del Kremlin

 

@mrs_yaky

 

Rusia ha sorprendido al mundo al anunciar que planea registrar una vacuna para el nuevo coronavirus antes del 15 de agosto, con la intención de producirla de forma masiva a partir del mes de septiembre.

“Los ensayos clínicos de una vacuna contra el coronavirus desarrollada por el centro de Gamaleya terminaron, se está preparando el papeleo para el registro de la vacuna”, dijo a periodistas el pasado 1 de agosto el ministro de Salud de ese país, Mikhail Murashko.

De esta forma, buscan quedar en la historia como el primer país en el mundo en registrar una vacuna contra la enfermedad pandémica que se ha cobrado la vida de 692.000 personas hasta el 4 de agosto. 

“Es un momento como el de Sputnik”, dijo el funcionario ruso Kirill Dmitriev a CNN ,en alusión al lanzamiento de la Unión Soviética, en 1957, del primer satélite exitoso del mundo en el marco de la Guerra Fría. “Los estadounidenses se sorprendieron cuando escucharon los pitidos del Sputnik. Es lo mismo con esta vacuna. Rusia habrá llegado primero”, remarcó el jefe del fondo soberano de Rusia.

Pero la “victoria científica” que estaría a punto de anotarse Rusia está rodeada de incertidumbres. Lo que se promete como una luz en medio del oscuro túnel de la pandemia parece venir intervenido por la presión política del Kremlin para promover a Rusia como una fuerza científica global, aunque el procedimiento para el desarrollo de la vacuna no haya sido del todo transparente.

A continuación, lo que hasta ahora se conoce sobre el desarrollo de la vacuna rusa y las razones de la preocupación científica que ha despertado el anuncio de su inminente aprobación en pocas semanas.

¿De qué está hecha la vacuna rusa “Gam-COVID-Vac” ?

Es una vacuna de tipo vectorial. Los componentes de vacunas ensayados (dos)  fueron realizados con vectores de adenovirus humanos -causantes del resfriado común- que fueron atenuados o debilitados para que no se repliquen en el organismo de la persona sana. Contienen el gen de una proteína del nuevo coronavirus (SARS-CoV-). La intención es estimular la respuesta inmune del individuo sano. La vacuna sería de dos dosis, la segunda sería administrada tres semanas después de la primera. 

El Instituyo Gamaleya dijo que trabajaba con dos vectores para garantizar que la respuesta del sistema inmunológico fuese “fuerte”, con el fin de que se genere una inmunidad duradera. 

OMS la registra como un prospecto en evaluación en Fase I 

En su última actualización del 27 de julio, la Organización Mundial de la Salud registra el prospecto ruso entre las 25 candidatas a vacunas que están en fase de evaluación clínica (prueba en humanos).

Según los datos almacenados por el máximo ente de salud del mundo y disponibles para consulta en este enlace, la vacuna desarrollada por el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología (Gamaleya) estaba siendo probada clínicamente en Fase I. Lo que describen en el documento anexo son las características de los estudios que realizaron y los tipos de vacuna que probarían, pero no los resultados.

Como se sabe, en esta etapa del desarrollo de las vacunas (Fase I), el potencial candidato es probado de forma limitada en humanos (entre 20 a 100 personas). Se evalúa si es segura, sus efectos biológicos y secundarios y las dosis adecuadas. La OMS no registra aún que Rusia esté trabajando en la fase III, la etapa de “oro” para determinar la eficacia de una vacuna. 

El primer ensayo de la vacuna en humanos, una prueba de un mes de duración en 38 personas, terminó en la semana del 16 de julio, según el gobierno de Rusia. Los investigadores concluyeron que es segura para su uso e induce una respuesta inmunológica, pero no hay un documento científico de libre revisión que respalde la contundencia de esta afirmación.

 

 

Resultados de pruebas clínicas no han sido abiertamente compartidos

El primer viceministro de Defensa ruso, Ruslan Tsalikov, anunció a finales de julio que los ensayos en Fase II habían sido completados y que se daría inicio a los ensayos en Fase III, refleja la agencia estatal de noticias rusa RIA. 

Pero hasta la fecha en ningún repositorio científico de prestigio han sido abiertamente compartidos los datos para que otros científicos evalúen los métodos utilizados y los resultados obtenidos.

La fase III, que incluiría a miles de personas en Rusia, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, podría iniciar a finales de agosto, y la distribución de la vacuna podría comenzar a principios de septiembre.

La propia viceprimera ministra rusa, Tatiana Golikova, informó que el ensayo clínico mayor se ejecutaría después del registro de la vacuna y no antes.

“En agosto de 2020, se planea probarla bajo otras condiciones, es decir, después del registro se planea otro ensayo clínico para 1.600 personas. Se espera el lanzamiento a la producción industrial en septiembre de 2020″, dijo.

Las autoridades rusas han dicho que sus datos científicos se están recopilando actualmente y que esperan hacerlos disponibles para su revisión por pares y publicación durante agosto. Hasta entonces, el escepticismo científico es el denominador común respecto a estos estudios y su avance. 

Carrera frenética para complacer al poder ruso

El pasado mes de mayo, causó polémica en el mundo la revelación de que los propios científicos que trabajan en la vacuna Gamaleya hubiesen dado el muy inusual paso de inyectársela, en un aparente intento por acelerar los ensayos en humanos. 

Los mayores datos que aportó el director de dicho centro, Alexander Gintsburg, fue que la vacuna parecía funcionar. Dijo que todos estaban “sanos, salvos y felices” y que no la estaban usando como prueba, sino de una vez para “protegerse”.

El funcionario no reveló en esa ocasión cuántos se habían vacunado, ni los efectos secundarios reportados. Solo refirió que se trataba de una amplia gama de empleados del centro: desarrolladores, organizadores de ensayos preclínicos y especialistas en productos.

Esta controversial decisión de los científicos del Gamaleya provocó que la Asociación de Organizaciones de Investigación Clínica de Rusia emitiera una declaración,  en la que condenaron las acciones de los investigadores, a las que calificaron como una “violación grave de los fundamentos de la investigación clínica, la ley rusa y las regulaciones internacionales universalmente aceptadas”.

El grupo independiente acusó a las autoridades rusas de apresurar a los investigadores para terminar los ensayos clínicos de las vacunas COVID-19 y consideraron que la barrera impuesta era “inalcanzable”: “Muchos científicos entienden eso, pero se involucraron en la carrera loca, con la esperanza de complacer a los que están en el poder”, se lee en el documento de la asociación, reproducido por la agencia AP.

El pasado 18 de junio, el Departamento de Defensa de Rusia recibió la autorización para llevar a cabo la primera fase de ensayos clínicos en 86 militares que fueron puestos durante dos semanas en cuarentena. A finales de ese mes, el Ministerio de la Defensa reportó la finalización “exitosa” de las pruebas en voluntarios en el hospital militar Burdenko, pero nuevamente, sin publicar ningún dato científico como soporte.

“Todos los voluntarios, sin excepción, que recibieron inmunidad al coronavirus se sintieron bien. Por lo tanto, la primera vacuna doméstica contra la nueva infección por coronavirus está lista”, dijo en esa ocasión el primer viceministro de Defensa, Ruslan Tsalikov.

La decisión de aplicarla en militares planteó también dudas éticas sobre el consentimiento. El Ministerio de Defensa aseguró, por su parte, que todos los militares que participaron en el estudio lo hicieron como “voluntarios”.

El gobierno ruso también ha dicho que aplicará la candidata de vacuna a los profesionales de salud antes de completar los ensayos clínicos, así lo afirmó el ministro de Salud, Mikhail Murashko, en una entrevista con la televisión estatal.

El registro condicional en agosto implica más pruebas

Aún si la vacuna de Gamaleya obtiene un registro condicional a mediados de agosto, deberá realizar ensayos con otras 1.600 personas, aseguró la viceministra Tatyana Golikova el pasado 30 de julio. Aunque los tiempos lucen ajustados, también reveló que mantienen su intención de iniciar la producción masiva de la vacuna  en septiembre.

Vacunación gratuita en Rusia a partir de octubre

El Ministerio de Salud ruso ha dicho que, después de registrar la vacuna e iniciar su producción masiva, aspiran comenzar a vacunar en octubre de forma gratuita.

Los grupos especiales de la población que serían inicialmente vacunados son los médicos, maestros y aquellos profesionales o que desempeñan un oficio que implica contacto con grandes grupos de personas.

¿Cuántas vacunas aspiran producir en los próximos meses?

Rusia aspira producir hasta 30 millones de vacunas solo para su país en lo que resta de 2020, así como otras 170 millones para el mundo. 

En entrevista con The National, funcionarios de Moscú revelaron que se estarían asociando con productores de América Latina, África, Medio Oriente y Asia para garantizar la producción de esta vacuna. 

Voces del mundo en contra y a favor

El viernes 31 de julio, durante audiencia en el Congreso de Estados Unidos, el doctor Anthony Fauci, principal experto en enfermedades infecciosas de ese país, asomó sus dudas sobre la rapidez y métodos utilizados en Rusia y China para probar sus vacunas

“Nosotros también podríamos tener una vacuna mañana. No sería segura o efectiva, pero podríamos tener una vacuna mañana”, dijo, en alusión a la premura rusa por aprobar su vacuna.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud le puso un “freno” discursivo este 3 de agosto a la competida carrera por la aprobación de una vacuna contra la COVID-19. Aunque confirmaron que sí existen diversas candidatas en fase final de pruebas, alertaron que la efectividad de las candidatas estaba por ser demostrada.

“Varias vacunas se encuentran ahora en ensayos clínicos de fase tres, y todos esperamos tener varias efectivas que puedan ayudar a prevenir la infección de las personas. Sin embargo, no hay una solución inmediata en este momento y puede que nunca la haya, dijo el director de la organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

El pasado 16 de julio, la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, así como los gobiernos británico y canadiense, denunciaron que supuestos piratas informáticos rusos estaban “intentando robar” la investigación de la vacuna contra el coronavirus.

Según las denuncias, el grupo de pirateo habría estado implicado en los hackeos de 2016 a los servidores del Partido Demócrata y habría tratado de robar información sobre vacunas de universidades, empresas y otras organizaciones de atención médica. La intención, según denunció EEUU en esa ocasión, habría sido robar investigaciones para desarrollar su propia vacuna más rápidamente, no para sabotear los esfuerzos de otros países.

Por otra parte, expertos en Virología del Reino Unido confían en que el resultado final pueda ser “seguro”, si es que Rusia aspira lograr obtener la licencia de distribución de su vacuna en otros países.

“Esto viene del instituto Gamaleya, un instituto de investigación bastante grande en Moscú. Se asegurarán de que las pruebas cumplan con los estándares internacionales para que puedan tener una licencia cruzada en el extranjero y en Rusia”, dijo John Oxford, coautor del libro Human Virology a The National.

Ian Jones, profesor de virología en la Universidad de Reading en el Reino Unido, también considera que el hecho de que la vacuna rusa se haya basado en una tecnología antes probada podría dar cierta confianza de que sea segura.

“Debido a todo el trabajo realizado en los vectores [de adenovirus], creo que probablemente sea seguro“, dijo. “No veo por qué no debería funcionar”, declaró también a The National.

Seis vacunas contra el nuevo coronavirus ya entraron a fase final de investigación
Los mejores prospectos hasta la fecha son las vacunas de la universidad de Oxford, la que se desarrolla en Estados Unidos y la que se adelanta en Alemania
China tiene a 2 de sus vacunas en fase III

 

@mrs_yaky

 

La semana final de julio reseña prometedoras noticias para el mundo. Cinco de las vacunas que se están probando contra el coronavirus surgido en China a finales de 2019, están en fase III o de “eficacia” para medir en miles de personas si generan un efecto protector o no contra el virus pandémico. 

Hasta la semana del 20 de julio, la Organización Mundial de la Salud destacaba que 25 vacunas contra el SARS-CoV-2, que se ha cobrado la vida de unas 654.000 personas, estaban en fase clínica de evaluación. 

Las vacunas que están en fase más avanzada han demostrado, por lo pronto, una respuesta inmunológica aceptable y un adecuado perfil de seguridad, con efectos secundarios leves (fiebres, ligeros dolores musculares y reacciones locales en el sitio de la aplicación han sido los más comunes descritos). 

En condiciones habituales, el desarrollo de una vacuna puede tardar, como mínimo, dos años. De hecho, el tiempo promedio entre la primera fase de testeo y su llegada al mercado podría ser hasta de 10 años. Pero la emergencia internacional por la COVID-19 ha presionado la aceleración de ciertos pasos: Los ensayos en fase I/II han durado semanas y no meses, como solía ocurrir en anteriores ocasiones. 

Para el tercer trimestre de 2020 se espera contar con los resultados ampliados de los ensayos en fase III o de eficacia de las principales vacunas candidatas.

 

Las etapas para la creación de una vacuna

 

 

Las vacunas que están en fase III

 

Vacuna AZD1222, de la Universidad de Oxford (Inglaterra) en alianza con Astrazeneca

¿De qué está hecha la vacuna? Fue elaborada combinando un segmento del virus del resfriado (adenovirus) de los chimpancés, al que se le insertaron segmentos del nuevo coronavirus. Se le comparó con una vacuna contra la meningitis.

¿En quiénes se probó en la fase I/II? Unas 1.077 personas entre 18 a 55 años sin antecedentes de infección por COVID-19 (confirmado por laboratorio) recibieron una dosis de la vacuna. A otros diez voluntarios les fueron aplicadas dos dosis.

Resultados: En una publicación en la prestigiosa revista The Lancet afirman que 90% de los voluntarios que recibió una sola dosis de la vacuna desarrolló anticuerpos neutralizantes -que interfiere en la capacidad del virus de infectar la célula.  Los 10 voluntarios que recibieron dos dosis desarrollaron anticuerpos a largo plazo. 

Esta vacuna logró estimular los dos tipos de inmunidad descritas: Anticuerpos a los 28 días de aplicada y  “células de memoria” a los 14 días. En una declaración, Andrew Pollard, autor principal del estudio, comentó que la vacuna tiene la intención de inducir ambos tipos de respuestas. “Esperamos que esto signifique que el sistema inmunitario recordará el virus, por lo que nuestra vacuna protegerá a las personas durante un período prolongado”, dijo. 

Efectos secundarios reportados: Dolor en el lugar de la inyección, fatiga y dolor de cabeza y fiebre en 70% de los voluntarios, aunque fueron mayores que los reportados en la vacuna contra la meningitis, que se usó como factor control. 

Ventajas de la vacuna: El adenovirus utilizado no infecta a humanos, por lo que no tenemos anticuerpos previos contra él. Lo que permite que este virus portador del antígeno vacunal se pueda replicar en nuestro cuerpo y producir el antígeno viral para poder inmunizarnos, explicó la virólogo venezolano Flor Pujol. 

Forma de aplicación: Intramuscular, una dosis (aunque podría elevarse a dos dosis).

¿En quiénes se probará en fase III?: Será confrontada con un placebo en más de 10.000 personas en Reino Unido, 30.000 en EEUU, 2.000 en Sudáfrica y 5.000 en Brasil.

Precio tentativo de la vacuna: Han dicho que la comercializarán a “precio de costo”, inicialmente se habla de unos 2,5 euros la unidad.

Expectativas de producción masiva de la vacuna: Finales 2020, principios de 2021.

Vacuna ARNm-1273 del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) desarrollada por la empresa de biotecnología Moderna Inc. (Estados Unidos)

¿De qué está hecha la vacuna? Está basada en ARN mensajero, una molécula que entra en las células humanas con  instrucciones para producir la proteína S del SARS-CoV-2. Esta es la proteína que el coronavirus usa para “engancharse” en las células humanas y comenzar el proceso de infección. La vacuna permite que el sistema inmune reconozca esa proteína y genere inmunidad contra ella, en caso de que el virus entre en el organismo.

¿En quiénes se probó en la fase I/II?  En fase I evaluaron a 45 participantes con edades comprendidas 18 y 55 años tras aplicar varias dosis de distinto volumen. El ensayo se amplió luego a 120 participantes. 

Resultados: El ensayo clínico de fase I encontró que la vacuna fue bien tolerada segura y capaz de inducir anticuerpos con altos niveles de actividad neutralizadora de virus. Dos dosis de la vacuna provocaron altos niveles de anticuerpos neutralizantes por encima de los valores promedio observados en sueros obtenidos de personas con enfermedad confirmada por COVID-19.

Efectos secundarios reportados: Leves: Fatiga, escalofríos, dolor de cabeza, dolor muscular, dolor en el lugar de la inyección.

Ventajas de la vacuna: Es una vacuna de tipo ARN, bastante novedosa, sería la primera de su tipo. En vez de inocular el virus completo, se inocula un fragmento sintético (producido en laboratorio) del ARN del virus a un grupo reducido de células. 

Ese fragmento del ARN del virus tiene las instrucciones para producir la proteína S del SARS-CoV-2, es decir, la proteína con la que el nuevo coronavirus se engancha a la célula. La idea es que, al inyectarnos ese ARN sintético, nuestras propias células fabriquen dicha proteína, que hará de antígeno. El sistema inmunitario reaccionará y generará anticuerpos necesarios para neutralizarla. Así, si el verdadero virus llega a infectar a un organismo vacunado, sus defensas reconocerán la proteína S y eliminarán al invasor. Es decir, la vacuna enseña al sistema inmunitario a reconocer y neutralizar el coronavirus, imitando su superficie.

Forma de aplicación y dosis: Intramuscular, dos dosis. La segunda se coloca a los 28 días de colocada la primera.

¿En quiénes se probará en fase III?  30.000 voluntarios sanos, que no hayan presentado infección por COVID-19 y mayores de 18 años. Los participantes serán asignados aleatoriamente, unos recibirán la vacuna y otros (el grupo placebo) una solución salina. La primera persona en recibir la vacuna en fase III fue una presentadora de noticias de Georgia.

Video: https://twitter.com/EdwinPitti/status/1287739784962678784?s=20 

Precio tentativo de la vacuna: Una fuente de Moderna INC reveló a Financial Times que cada dosis podría costar 25$ a 30$.

Expectativas de producción masiva de la vacuna:  Antes de noviembre esperan anunciar resultados de fase III, para así iniciar proceso de aprobación y comercialización.

Vacunas chinas:  Sinovac, Vacuna de Sinopharm (Institutos de Productos Biológicos y de Virología de Wuhan y Academia China de Ciencias) y vacuna de CanSino Biologics

China está detrás de ocho de las 25 candidatas a vacunas con pruebas en humanos. 3 de ellas están en fase III y otra en fase II avanzada según reseña la Organización Mundial de la Salud” y poner: 2 están en fase III y una en fase II avanzada. 

¿De qué están hechas las vacunas? La vacuna de Sinovac (Coronavac) está conformada por una versión inactivada del SARS-CoV-2 (este proceso se hace a través del calor por métodos físico-químicos que aseguran que no sea infeccioso).  Las vacunas que adelanta Sinopharm también fueron diseñadas bajo el mismo mecanismo. 

En el caso de la vacuna de CanSino, la unidad de investigación del Ejército chino desempeñó un papel clave y trabajó con un método que utiliza un adenovirus (virus de resfriado humano) al que se le insertó el gen que produce la espiga del coronavirus. 

¿En quiénes se probó en la fase I/II?: Coronav (Sinovac) fue aplicada en 743 voluntarios, mayores de 18 años: 600 en la fase II y 143 en la fase I, ambos controladas con placebo, en la provincia china de Jiangsu. Mientras que el Instituto de Productos Biológicos Wuhan comenzó los ensayos clínicos en abril en 1.120 voluntarios, con edades desde los 18 a los 59 años. Los voluntarios fueron trabajadores de Sinopharm. 

En el seno de la comunidad científica causó polémica que Sinopharm aplicara su prospecto experimental de vacuna a empleados de la empresa china antes de que se aprobara su uso en seres humanos. 

La vacuna de CanSino, por su parte, fue aplicada en fase I a 108 personas de la provincia de Wuhan (de la que emergió el coronavirus) que tenían entre 18 a 65 años.

Resultados: En el caso de Sinovac, en estudios de fase I/II, más de 90% de los vacunados desarrollaron anticuerpos neutralizantes a los catorce días tras la recepción de la segunda dosis de vacuna. 

En lo que respecta a la vacuna de CanSino, los resultados del ensayo de fase I revelados en mayo en The Lancet indicaron que solo 59% de los vacunados con la dosis alta de la vacuna produjeron anticuerpos neutralizantes que impidieron la entrada del virus a las células, quizá porque mucha gente ya ha cursado una infección por el adenovirus utilizado, presenta anticuerpos contra la vacuna y no se produce la suficiente cantidad de antígeno para poder inmunizar. Los hallazgos sugirieron que la vacuna justifica una mayor investigación. 

Por su parte, los vacunados con los productos experimentales de Sinopharm, en un intervalo de 28 días, desarrollaron anticuerpos en un 100% de los casos, según asegura la farmaceútica china. 

Efectos secundarios reportados: No se reportaron efectos secundarios severos en fase I/II en ninguno de los casos. Fiebre, dolor en el sitio de la inyección y fatiga fueron los más reportados.

Ventajas de la vacuna: La vacuna CoronaVac de Sinovac utiliza una versión inactivada del nuevo coronavirus. La compañía empleó la misma tecnología para elaborar vacunas aprobadas para la hepatitis A y B; la gripe porcina y gripe aviar. Las vacunas de Sinopharm se basan también en este principio. 

Forma de aplicación y dosis: La vacuna de Sinovac se aplica en dos dosis cada 14 días. Las vacunas de Sinopharm se aplican en dos dosis cada 28 días. La de CanSino se aplica en una sola dosis.

¿En quiénes se probará en fase 3?. La vacuna de Sinovac se prueba en  Brasil en 9.000 voluntarios del sector médico. Los participantes serán seguidos a lo largo de 12 meses o hasta alcanzar el número objetivo de 150 casos. Mientras que las vacunas de Sinopharm se aplicarán a 15.000 participantes en Emiratos Árabes Unidos

Precio tentativo de la vacuna: No se ha determinado. China ofreció abrir una línea de crédito de 1.000 millones de dólares para financiar la vacuna a países de Latinoamérica.

Expectativa de producción masiva de la vacuna: Finales de 2020.

 Vacuna BNT162b2 de Pfizer y la Alemana BioNTech

¿De qué está hecha la vacuna? Utiliza el mismo mecanismo de ARN mensajero que la vacuna estadounidense. La vacuna codifica una glicoproteína de punta completa (S) optimizada del SARS-CoV-2, que es el objetivo de los anticuerpos neutralizadores del virus.

¿En quiénes se probó en la fase I?: 120 pacientes entre 18 y 55 años según informó en un comunicado Pfizer.

Resultados: Los resultados en fase I aún no han sido publicados en repositorios científicos, Pfizer se comprometió a hacerlo próximamente. Según los datos preliminares, los pacientes vacunados mostraron una tolerancia “favorable” a las dosis. La vacuna produjo un número de anticuerpos superiores al de los pacientes que habían superado la COVID-19. Los vacunados también mostraron indicios de producir células T, que neutralizan a las células infectadas con el virus. 

Efectos secundarios reportados: Leves, como fiebre, fatigas y escalofríos. 

Ventajas de la vacuna: Tecnología novedosa, aún no aplicada en humanos (similar a la de la vacuna estadounidense):  ARN mensajero, que lleva instrucciones de ADN para que las células del cuerpo humano generen ciertas proteínas protectoras.

Forma de aplicación y dosis: Intramuscular, dos dosis.

¿En quiénes se probará en fase 3?  El estudio de fase 2/3 de hasta 30.000 participantes de entre 18 y 85 años comenzó en Estados Unidos este 28 de julio. Y se espera que incluya aproximadamente 120 sitios en todo el mundo (Argentina, Brasil, Alemania) en áreas con una transmisión significativa esperada, para evaluar si la vacuna es eficaz para prevenir la COVID-19.

Precio tentativo de la vacuna: Portavoz de Pfizer reveló a Bloomberg que cada dosis podría costar unos 20$.

Expectativa de producción masiva de la vacuna: Aspiran obtener autorización de uso de emergencia o alguna forma de aprobación regulatoria para octubre de 2020.

 

Erección durante cuatro horas: El raro síntoma de un paciente con COVID-19
La infección por el nuevo coronavirus puede alterar los procesos de coagulación sanguínea y causar coágulos en distintos órganos del cuerpo, incluido el pene
En Francia, a un hombre de 62 años le extrajeron coágulos de sangre oscura de su órgano urinario y sexual

 

@mrs_yaky

 

La COVID-19 es una enfermedad multisistémica que puede atacar a diferentes órganos del cuerpo y generar un proceso inflamatorio muy intenso, que predispone a la formación de coágulos en el organismo de algunos de los pacientes afectados.  erección

Estos coágulos, una vez formados, pueden afectar a distintos sistemas del organismo. Las complicaciones tromboembólicas relacionadas con la infección por SARS-CoV-2 se han informado ampliamente e incluyen condiciones como la trombosis venosa profunda, embolia pulmonar, accidente cerebrovascular isquémico y síndrome coronario agudo, entre otros.  

La trombosis del pene no se había informado como una complicación trombótica de la infección por SARS-CoV-2. Pero el pasado 17 de junio, especialistas franceses reportaron en una publicación difundida en The American Journal of Emergency Medicine el caso de un paciente de 62 años diagnosticado con COVID-19 que presentó una erección sostenida por más de 4 horas.

Al hombre, que estaba sedado e intubado por presentar una neumonía, le aplicaron medidas corporales, como una bolsa de hielo, para intentar disminuir la erección. Como esta acción no surgió efecto, el equipo médico procedió a hacer un aspirado con una aguja y le extrajeron coágulos de sangre oscura del pene, lo que sugirió a los doctores que podría tratarse de un caso de priapismo de bajo flujo. 

El priapismo se define como una erección del pene que persiste más de cuatro horas y que no está relacionada con el interés o la estimulación sexual, describen los médicos en su artículo. En el caso del paciente estudiado, la sangre quedó atrapada en las cámaras de erección del pene, a diferencia del priapismo de alto flujo, causado por una lesión.

 

En la conclusión del caso clínico reportado, los médicos franceses indican que el priapismo puede estar relacionado con la infección por SARS-CoV-2 y sugieren que esta emergencia médica sea reconocida por los profesionales de la salud y tratada con prontitud para prevenir complicaciones funcionales inmediatas y crónicas.

«Las presentaciones clínicas y de laboratorio en nuestro paciente reflejan una fuerte relación entre priapismo y la infección de SARS-Cov-2», explicaron. 

 

El doctor Elmer Huerta, especialista en oncología y medicina interna, afirmó en su podcast: “Realidad vs ficción” que la causa más común de priapismo en pacientes sanos es el 

tratamiento farmacológico de la disfunción eréctil, especialmente, la terapia de inyección. Otras causas menos frecuentes son el uso recreativo de drogas, traumatismos genitales o en la ingle y problemas de la médula. Pero en 1 de cada 3 casos no se describe una causa específica de esta irregularidad. En el caso descrito en Francia, los médicos no encontraron otra causa probable al priapismo, más que la coagulación inducida por la COVID-19.

Un reciente estudio liderado por científicos del Instituto Oswaldo Cruz y de la Universidad Federal de Juiz de Fora, en Brasil, determinó que la infección por el nuevo coronavirus puede alterar los procesos de coagulación sanguínea en los casos más graves de la enfermedad, provocando trombosis, infartos o una embolia pulmonar.

Los científicos analizaron muestras de sangre de personas graves con COVID-19 y las compararon con las de personas con manifestaciones leves y asintomáticos, así como también con la de personas sanas.

En los pacientes graves con COVID-19 hubo un aumento en la activación de las plaquetas y se observó una fuerte agregación entre plaquetas y monocitos (células que actúan en defensa contra infecciones). Esto no ocurrió en las muestras de los pacientes con manifestaciones ligeras o en los casos asintomáticos.

 

El paciente francés que presentó el priapismo como síntoma duró 14 días intubado y en UCI, pero logró vencer la infección. No corrió con la misma suerte el actor Nick Cordero, quien presentó un coágulo en su miembro inferior tras contagiarse con COVID-19. 

A Cordero tuvieron que amputarle la pierna derecha y estuvo 95 días luchando contra los graves efectos del COVID-19 en su organismo: dos mini derrames cerebrales, sepsis, hongos en los pulmones y fallas cardíacas que implicaron la colocación de un marcapasos fueron algunas de las complicaciones con las que tuvo que lidiar. El canadiense falleció el pasado 5 de julio después de una ardua batalla. 

Investigadores británicos identifican 6 tipos de COVID-19 según sus síntomas
Investigadores del King’s College London analizaron datos de una aplicación de rastreo de síntomas con un algoritmo de aprendizaje automático, con la intención de agruparlos e identificar seis tipos distintos de manifestaciones clínicas de la enfermedad
El estudio aún no ha sido revisado por pares de la comunidad científica, por lo cual, se necesitan mayores investigaciones para validar sus conclusiones

 @mrs_yaky

Investigadores del King’s College London identificaron seis tipos distintos de COVID-19, enfermedad causada por el coronavirus que surgió en China a finales de 2019. Cada uno de estos grupos clasificados presenta una lista particular de síntomas más o menos graves.

El equipo descubrió que estos tipos diferían en la gravedad de la enfermedad e, incluso, en la necesidad de asistencia respiratoria durante la hospitalización si el paciente llegaba a requerirla. La premisa con la que partió el estudio es que la agrupación longitudinal de síntomas puede predecir la necesidad de soporte respiratorio en COVID-19 grave.

La agrupación de síntomas se realizó sobre la base de los datos recopilados en la aplicación COVID Symptom Study Smartphone. Para averiguar si los síntomas tienden a aparecer juntos y cómo se relacionan con la progresión de la enfermedad, el equipo de investigación utilizó un algoritmo de aprendizaje automático para analizar los datos de un subconjunto de alrededor de 1.600 usuarios en el Reino Unido y los Estados Unidos, todos pacientes con COVID-19 confirmado.

Posteriormente, el algoritmo se probó ejecutándolo en un segundo conjunto de datos independientes de 1.000 usuarios en el Reino Unido, Estados Unidos y Suecia, que habían registrado sus síntomas durante mayo. Estos segundos datos se recolectaron entre el 1 de mayo y el 28 de mayo de 2020.

 

Esta investigación recalca lo que ya ha descrito la literatura científica sobre COVID-19: Los síntomas clave de la enfermedad en los últimos meses han sido la tos continua, la fiebre y pérdida del olfato (anosmia). Pero los pacientes y usuarios de la aplicación que participaron en el estudio experimentaron una amplia gama de síntomas diferentes, incluidos dolores de cabeza, dolores musculares, fatiga, diarrea, confusión, pérdida de apetito, falta de aliento y más.

La progresión y los resultados también varían significativamente entre las personas, desde síntomas leves parecidos a la gripe o una erupción cutánea simple, hasta una enfermedad grave o mortal.

El estudio, titulado”Agrupaciones de síntomas en Covid19: una herramienta potencial de predicción clínica de la aplicación de estudio COVID Symptom (2020)” es una preimpresión que fue alojada en el repositorio científico MedRxi y aún no ha sido revisado por pares.

 

Según esta clasificación, los grupos 4, 5 y 6 incluyeron participantes que informaron una presentación de COVID-19 más grave.

El estudio también concluyó que, a los cinco días del inicio de la enfermedad, el dolor de cabeza era el síntoma más informado en todos los grupos, mientras que la fatiga severa apareció en aquellos grupos con mayor riesgo de requerir asistencia médica.

De igual forma, la duración de la confusión fue más prolongada en grupos más severos, mientras que la pérdida de olfato o sabor se informó durante un período más prolongado en grupos con manifestaciones más leves.

La investigación determinó que las personas que experimentaron síntomas más graves del COVID-19 (clasificadas dentro de los grupos 4, 5 ó 6) tendían a ser mayores y más débiles. La mayoría tenía más probabilidades de tener sobrepeso y afecciones preexistentes, como diabetes o enfermedad pulmonar que aquellas que manifestaron síntomas clasificados dentro de los grupos 1,2 o 3.

Los investigadores desarrollaron también un modelo que combinó información sobre la edad, el sexo, el índice de masa corporal y las condiciones preexistentes junto con los síntomas recopilados en los primeros cinco días desde el inicio de la enfermedad. Esto fue capaz de predecir en qué grupo caía un paciente y su riesgo de requerir hospitalización y soporte respiratorio. Aseguran que tuvo una mayor probabilidad de éxito que un modelo de riesgo basado únicamente en los aspectos antes descritos, sin considerar los síntomas.

La investigadora principal, la doctora Carole Sudre, del King’s College de Londres, declaró que el estudio ilustra la importancia de controlar los síntomas a lo largo del tiempo para hacer que las predicciones sobre el riesgo individual y los resultados sean más sofisticados y precisos.

“Este enfoque nos está ayudando a comprender la historia que se desarrolla de esta enfermedad en cada paciente para que puedan obtener la mejor atención”, explicó, en declaraciones difundidas en el sitio web del Kings College London.

 

Otro de los autores principales, el profesor de ingeniería de atención médica, Sebastien Ourselin, consideró que este tipo de investigaciones tienen un “profundo impacto” en la comprensión del alcance y el impacto de COVID-19 en la salud humana.

Un mismo virus

El equipo comentó que los hallazgos preliminares de este estudio podrían dar a los proveedores de atención médica una advertencia anticipada de varios días sobre la demanda de atención hospitalaria y asistencia respiratoria de un paciente en particular.

También, podrían ayudar a identificar a los pacientes en riesgo de enfermarse gravemente y orientar el apoyo en el hogar, con herramientas como un medidor de oxígeno o visitas médicas o de enfermeras, dado que los pacientes evaluados llegaron al hospital, en promedio, en el día 13 de los síntomas.

Es importante recalcar que, como toda preimpresión alojada en repositorios, este estudio aún no ha sido revisado por pares de la comunidad científica, por lo cual, se necesitan mayores investigaciones para validar sus conclusiones y corregir potenciales errores. Los resultados aún no deben usarse para guiar la práctica clínica, sino como orientación para el debate y elaboración de otros estudios que profundicen en sus hallazgos.

La jefa del Laboratorio de Virología Molecular del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), Flor Pujol, recordó también que COVID-19 es la designación que le dio la Organización Mundial de la Salud a la enfermedad causada por el SARS-CoV-2 y que las clasificaciones del estudio se refieren a cinco tipos de manifestaciones clínicas de dicha patología basadas en condiciones previas de salud o, incluso, en factores genéticos.

“Pero el virus es el mismo. Lo que hay es manifestaciones clínicas distintas y, en ese sentido, puede ser interesante el artículo. Pero está claro que es el mismo virus que puede causar esas manifestaciones distintas y dependerá más de la edad del individuo, de factores quizá genéticos y comorbilidades como la hipertensión, diabetes, hasta el grupo sanguíneo, tener grupo sanguíneo A te hace más susceptible a la infección. Todo eso juega un papel más importante que, en sí, el tipo de virus”, explicó la virólogo.

Julio Castro: El nuevo coronavirus se queda hasta 2021
El presidente de la Comisión de Expertos de la Salud de la AN alerta que habrá que esperar al menos unos ocho meses más para tener una vacuna segura y exitosa

 

@mrsyaky

 

El infectólogo venezolano Julio Castro, quien preside la Comisión de Expertos de la Salud de la Asamblea Nacional para hacer frente a la emergencia por COVID-19, explicó en un webinar celebrado este 23 de junio cuáles son los dos escenarios que podrían significar el fin de la pandemia.

En el evento virtual, organizado por la Sociedad Médica de la Policlínica Metropolitana, el experto apuntó que las epidemias llegan a su fin cuando ocurre alguno de los siguientes eventos, o cuando se combinan ambos.

“Las epidemias se acaban cuando la mayor parte de la población se contagia, o cuando aparece la vacuna”, sentenció. 

 

Sobre el primer escenario, explicó que si 60% de la población llega a contagiarse, se produciría el esperado efecto de “inmunidad de rebaño”, y la epidemia comenzaría a extinguirse. 

Esa “inmunidad de rebaño” alude a la fracción de la población que debe volverse inmune para que la propagación del virus se ralentice o se detenga, incluso, aunque se levanten todas las medidas de control y distanciamiento social. 

Tomando como base una población mundial de 6.000 millones de personas, unas 3.600 millones de deberían infectarse con el nuevo coronavirus para lograr la inmunidad de rebaño. Hasta el 24 de junio, según el conteo de la Universidad de Medicina John Hopkins, se han registrado 9.295.365 contagios en el planeta.

El mundo aún está muy lejos de acercarse a la cifra requerida. Castro refiere lo sucedido en ciudades de Estados Unidos e Italia, países fuertemente golpeados por el nuevo coronavirus.

“Hasta ahora, los datos de zonas con alto porcentaje de infección dicen que en esos entornos (Nueva York, Milán) solo 20% de las personas se contagió y tiene anticuerpos”, informó.

 

El infectólogo dice que el camino para que se presente ese primer escenario parece muy largo. “Quizá, debamos esperar más de un año para llegar a la brecha de 60% de contagiados”, concluyó.

 

La apresurada carrera por una vacuna

El segundo escenario científico que pondría fin a la pandemia es el desarrollo de una vacuna que inmunice a la población que no tiene anticuerpos contra la enfermedad. Pero el camino para el desarrollo de otras vacunas ha sido espinoso siempre, recuerda Castro.

“Una vacuna, en términos generales, tarda de 10 a 15 años en producirse”, indica el especialista. La emergencia mundial por COVID-19 ha presionado el desarrollo de vacunas en tiempo récord, pero aun así, habrá que esperar unos 8 meses más para tener una vacuna segura y exitosa.

La estimación es que las primeras vacunas estén listas para febrero de 2021. Pero eso no significa que se produzca inmediatamente una vacunación masiva, ni que en ese mismo mes se logren alcanzar cifras de inmunización que limiten la propagación del virus.

“Después, viene todo un problema logístico: Quiénes serán los primeros en vacunarse, cómo vacunas a 6.000 millones de personas, quién las paga”, acotó el médico infectólogo.

En la actualidad, se trabaja en todo el mundo en más de 300 posibles vacunas contra COVID-19. 3 de ellas entrarán en fase final de pruebas en humanos en Estados Unidos, Reino Unido y China. Son desarrolladas por  la Universidad de Oxford (Reino Unido),  la compañía Moderna Therapeutics (EEUU) y por China.

El mayor reto ahora, según la agencia de salud de la ONU, es que los países se unan para garantizar que las inmunizaciones lleguen primero a los más vulnerables en todo el mundo, y que no se conviertan en un negocio donde solo aquellos países que puedan pagarlas tengan acceso.

Soumya Swaminathan, jefe científica de la OMS. dijo en una conferencia telemática celebrada el pasado 19 de junio que, con suerte, para finales de 2020 habrá 2 o 3 posibles vacunas “exitosas”.

“Tengo esperanza, soy optimista. Pero el desarrollo de una vacuna es una tarea compleja, viene con mucha incertidumbre. Lo bueno de esto es que tenemos muchas vacunas y plataformas para que, incluso si la primera falla, o si la segunda falla, no perdamos la esperanza, no nos vamos a rendir”, afirmó la científica.

 

La meta de la OMS es que para 2021 se produzcan unas 2.000 millones de vacunas, que alcanzarían para un poco menos de la mitad de la población mundial. 

Lo que sí es una certeza irrefutable por los momentos, tanto en el mundo como en Venezuela,  es que habrá coronavirus “para rato”,  según advierte el asesor de salud de la AN.“Tenemos que acostumbrarnos, como mínimo, a 6 ó 7 meses más con el coronavirus en nuestra vida (…) A esto le queda mucho tiempo, estamos en medio de la exponencia de la epidemia de COVID-19″, concluye el médico.

¿Qué debemos esperar? Los 6 escenarios probables en la pandemia por COVID-19
El concepto de “normalidad” que conocíamos antes de la pandemia parece todavía muy distante. El mundo aguarda por varios elementos clave para decidir cómo y cuándo podría reactivarse paulatinamente

@mrsyaky

 

Desde el pasado 11 de marzo -un poco tarde, para el gusto de muchos científicos- la Organización Mundial de la Salud calificó como pandemia la enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2 detectado por vez primera en la ciudad china de Wuhan a finales de 2019.

Más de 2 millones y medio de personas han sido infectadas por este nuevo coronavirus, mientras que los decesos se situaban en 171.718 para el 21 de abril de 2020.

El mundo transita la pandemia entre las presiones económicas generadas por el confinamiento, la caída abrupta de los precios del petróleo y una carrera contrarreloj para encontrar vacunas o tratamientos que hagan menos nocivo el curso de la enfermedad, lo que sería un aliciente para levantar gradualmente y en términos relativamente seguros la cuarentena decretada en decenas de países.

¿Cuáles son los escenarios probables en el mundo en los próximos meses en el marco de la pandemia? Acá una descripción de lo que podría ocurrir y esperamos que ocurra.

El fin no está cerca, pero el confinamiento ayuda

“Esconderse”, aislarse y recluirse ha sido una forma histórica de ganar tiempo antes de que sea posible superar una pandemia. El diario El País refleja en un artículo que en un pueblo de la provincia de Burgos durante la gripe de 1918, un pastor de cabras al que llamaban Sansané se llevó a sus cinco hijos al monte para que permaneciesen ocultos de un mal que estaba diezmando su pueblo.

Sin directrices mundiales o nacionales para la época, aquel hombre de campo aplicó una estricta política de confinamiento que sigue siendo la principal herramienta contra la gran pandemia un siglo después.

Esos niños sobrevivieron escondiéndose porque, como ha ocurrido en gran parte de las epidemias en la historia de la humanidad, el distanciamiento social reduce los contagios por un sencillo mecanismo: Cuando una cierta cantidad de personas ha superado la enfermedad y es inmune a ella, el contagio se dificulta y la enfermedad se desvanece.

“A veces ocurre eso”, explicaba a dicho medio José Prieto, catedrático de microbiología de la Universidad Complutense de Madrid. En conclusión, la cuarentena preventiva lo que logra es “ganar tiempo” para evitar contagios masivos que saturen los servicios de salud y mientras en paralelo se puede avanzar en vacunas o tratamientos efectivos.

50% de la población mundial o más podría infectarse

El pasado 24 de marzo, el virólogo español Adolfo García Sastre advertía que podría haber hasta tres olas de infección de COVID-19 y que en el próximo año, hasta la mitad de la población mundial podría haberse infectado. Esto, por otra parte, dará lugar al que virus frene su propagación.

Estas cifras variarán también en cada país, según alerta, ya que cuanta más gente se contagie en la primera menos se contagiaría en la segunda ola, o por el contrario, si en la primera ola hubo pocos contagios, es de prever que en las siguientes sean más los casos.

Flor Pujol, virólogo molecular del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, resalta que el confinamiento es fundamental para reducir o contener la epidemia. “Quizá con estas medidas de contención que serán liberadas gradualmente logremos que no sea tan grande el número de infectados pero sí lo suficiente para que el virus no se transmita tan fácil. Estamos esperando que las personas que se infecten desarrollen inmunidad por al menos dos años (como ocurrió con los anteriores coronavirus) y, de esta forma, se podría contener naturalmente la epidemia”, declaró.

Añade que, a medida que más gente se infecta, el virus tendrá a menos personas a quien atacar y la epidemia se irá “apagando”. Y mientras no haya vacuna, el escenario más probable es que mucha gente se va a infectar.

“Y lo que hay que evitar es que se infecten nuestras personas a riesgo. Que los jóvenes se vayan infectando poco a poco para adquirir inmunidad y postergar los casos para que no todos ocurran al mismo tiempo. Esto significa ‘prolongar la epidemia’, pero con pocos casos, para no saturar los sistemas de salud. Es un poco la estrategia. Quizá dando chance de que tengamos una mejor forma de atender nuestros casos”, abundó.

El virus se va atenuando y se volvería menos peligroso

Por un mecanismo conocido como “patogenicidad balanceada”, es frecuente que los virus evolucionen hacia una cepa más atenuada o menos peligrosa, ya que eso permite su sobrevida dentro de más hospederos.

Se ha visto que los virus pueden evolucionar para atenuarse y causar un menor daño a su hospedero de forma tal de poder replicarse sin “eliminar” a dicho hospedero y así garantizar su propia supervivencia. Pero Pujol aclara que esto no ocurre en las primeras fases de las epidemias, sino al cabo de un tiempo.

“Con respecto a la virulencia, a menudo, durante las epidemias, eventualmente se puede hacer más virulento el virus. El virus que más ataque, que sea más transmisor, tendrá una ventaja selectiva, le ganará a los más débiles, eso se ha visto en fases epidémicas. Pero también se ha visto, porque los virus evolucionan muy rápido y las generaciones son muy cortas, que ocurre el mecanismo de patogenicidad balanceada. Van evolucionando porque requieren a su hospedero. De alguna forma, no les conviene causar tantos daños al hospedero, es una ventaja evolutiva para así tener varios hospederos y mantenerse en la población”, explica la experta.

Luis Enjuanes, virólogo español y director del laboratorio de coronavirus del CNB-CSIC, explicó al periodista Jordi Évole que el coronavirus que circule dentro de tres meses será mucho más benigno que el que circula ahora. “En virología la experiencia que se tiene es que, conforme va transmitiéndose un virus, este se atenúa con el tiempo”.

Por su parte, Juan José Tellería, doctor en Medicina Genética y experto en enfermedades respiratorias de la Universidad de Valladolid, añadió en entrevista al HuffingtonPost que los virus tienden a dar patología grave cuando saltan de especie, pero luego normalmente “van cambiando hacia formas menos letales”.

El genetista indicó que esto debe ser explicado desde un “darwinismo básico”. “Cuanto menos mata el virus, más eficaz es. Si el virus mata a su huésped, está mordiendo la mano que le da de comer”, ilustra. “Porque él no se puede reproducir solo, necesita a un ser vivo para ello, así que le conviene mantener vivo a ese humano”.

En pocas palabras, el virus -que no es un organismo viviente per sé- tendrá más probabilidades de triunfo o de mantenerse circulando mientras menos “mate” a su huésped, por ello, evolucionan a formas menos letales, pero no porque “elijan” hacerlo, sino porque las variantes más graves que son capaces de matar al huésped dejan de reproducirse y otras formas menos dañinas son las que continúan transmitiéndose.

¿La inmunidad derrotará al virus? Una incógnita

En Chile prometieron hace una semana que emitirían “certificados de inmunidad” a las personas que hubiesen superado la infección por el SARS-CoV-2 y la Organización Mundial de la Salud levantó el grito al cielo.

La OMS reconoció que no hay evidencias de que los supervivientes de coronavirus generen inmunidad” y que solo un porcentaje bajo de la población llega a inmunizarse.

La doctora Maria Van Kerkhove, jefa de la unidad de enfermedades emergentes de la OMS, aseguró que las pruebas de anticuerpos podrán medir el nivel de presencia serológica, pero aclaró que eso no significa que alguien con anticuerpos sea inmune. “No tenemos evidencia que las pruebas serológicas puedan demostrar que una persona es inmune o está protegido”, apuntó.

El director ejecutivo del Programa de Emergencias de la OMS, Mike Ryan, también fue muy cauteloso al respecto: “Hay una expectativa de que la inmunidad colectiva se ha alcanzado y que la mayoría de la sociedad ya ha desarrollado los anticuerpos, pero la evidencia general indica lo contrario”, aclaró.

Algunos individuos que se exponen a estos coronavirus no logran desarrollar una inmunidad y deshacerse rápidamente de la infección y, por el contrario, desarrollan una respuesta exacerbada intentando controlarla.

Con este nuevo coronavirus surgido en China, ha pasado que personas que dieron negativo en los test de control tras haber superado la enfermedad vuelven a dar positivo, aunque se desconoce si se trata de una reinfección. En todo caso, al haber estado expuesto el sistema inmune a una infección por coronavirus y superarla, cualquier otra exposición -en teoría-debería generar una enfermedad con síntomas más débiles que los iniciales.

La virológo venezolano Flor Pujol resalta que los virus influenza, por ejemplo, mutan y pueden volver a infectar, pero como ya nuestro sistema inmune se ha enfrentado a varios del mismo tipo, no cursamos esas enfermedades con síntomas tan fuertes. Respecto a los coronavirus, explica que la inmunidad es un asunto más peculiar.

“Si por ejemplo, usted se infecta con sarampión y hepatitis A, no le vuelve a dar ese virus. Pero si se infecta por coronavirus, con los que se conocían hasta ahora, la inmunidad dura de dos o tres años. Después, los niveles de inmunidad bajan, pero hay memoria inmunológica, y aunque tuviéramos que volver a enfrentarlos, como la respuesta inmunitaria se monta rápidamente, sería más efectiva y se controla la infección”, afirma.

El presidente de la Sociedad Española de Virología, Albert Bosh, comentó al diario 20minutos.es que el coronavirus del resfriado (OC43), por ejemplo, genera una respuesta inmune de corta duración (tres meses), pero esto es después de una larga coevolución con nosotros. “El SARS-CoV-2 acaba de aparecer, por lo que todavía no conocemos estos detalles”, enfatiza.

Otro experto entrevistado por el mismo medio, el doctor en Inmunología Javier Yanes, agrega que la inmunidad no es un concepto binario. “No es como estar embarazada, que es sí o no. La inmunidad frente al nuevo coronavirus puede ser parcial, temporal, mayor o menor en cada persona (…) Unas personas serán más inmunes que otras, a unas les durará más tiempo que a otras, en algunas posiblemente no genere nada de inmunidad. Depende de factores que todavía no se conocen bien”, explicó.

Vacunas y tratamientos: ¿Una esperanza posible?

La esperanza de un retorno medianamente seguro a la “normalidad” y a la convivencia social pende de dos hilos: El desarrollo de una vacuna que prevenga la infección o de un tratamiento que haga que la enfermedad causada por el nuevo coronavirus sea menos peligrosa y letal.

“No antes de un año, o año medio”. Ese es el tiempo que debemos esperar para tener una vacuna efectiva y segura contra el coronavirus, a juicio de la virólogo venezolana Flor Pujol.

Explica que, para cumplir con todos los estándares requeridos, la elaboración de una vacuna debe pasar por la fase 1 ( inocuidad), fase 2 ( inmunogenicidad) y fase 3, eficiencia. Después, debe ser registrada, aprobada y producida en gran escala.

Agregó que sería muy interesante que dentro de los prototipos de vacuna que se están intentando se desarrolle una que proteja contra varios tipos de coronavirus SARS. “Tenemos ese peligro de varios SARS. SI hubiera una vacuna que nos protegiera de los distintos tipos de SARS, sería ideal. No es fácil, pero tampoco imposible que se logre”, manifestó.

Hasta la fecha, hay al menos unas 70 vacunas en desarrollo. La Universidad de Oxford (Reino Unido) desarrolla una cuyas pruebas clínicas podrían terminar en agosto. Han prometido, incluso, que podrían tenerla lista para uso público en septiembre.

Sobre los tratamientos, hasta la fecha no hay uno específico contra la COVID-19. En distintas partes del mundo están probando medicamentos usados contra otras enfermedades, pero todavía no se sabe si funcionarán a carta cabal y cuál es el margen de seguridad de uso.

Uno de ellos es el interferón, proteína naturalmente producida por el cuerpo y que es la primera barrera contra una infección viral. Los hay de diferentes tipos, pero contra el coronavirus se está usando la “Alfa”, que se usaba contra la hepatitis C y que ha mostrado efectos en algunos virus.

También, se ha recurrido a la cloroquina, o a la hidroxicloroquina -un derivado menos tóxico- un medicamento antimalárico que no es un antiviral, pero que tiene un efecto sobre la célula que recibe al virus. Lo que se busca con este medicamento es atacar al virus a través de “blancos celulares”.

“Es decir, en lugar de atacar al virus, ataco a las células, sin matarlas, para prevenir que el virus se pueda replicar cómodamente dentro de la célula. Al evitar que se replique dentro de la célula, evito de alguna forma que se reproduzca masivamente, que es lo que ocurre en los casos en los que no se controla la infección “, explica la doctora Pujol.

En el caso de la hidroxicloroquina, desde Suecia, Brasil y Francia han advertido sobre los problemas cardíacos que puede generar su uso. Docenas de estudios clínicos se realizan actualmente en el mundo para comprobar si tiene o no efectividad y cuán seguro es su uso. Para junio y julio se esperan los primeros resultados.

Otro medicamento evaluado es el remdesivir, un tratamiento experimental que fue diseñado contra el ébola. Tanto en EEUU como en el mundo se adelantan varios ensayos.

Por su parte, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los EE.UU. (FDA por sus siglas en inglés) hizo un llamado el pasado 16 de abril a los pacientes recuperados para que donen su plasma para iniciar un tratamiento conocido como plasma convaleciente.

Este producto rico en anticuerpos elaborado de la sangre donada personas que se han recuperado de la enfermedad causada por el virus podría ser útil para ayudar a la recuperación de los infectados.

“Nuestra experiencia previa con virus respiratorios y los escasos datos que hemos recibido de China sugieren que el plasma convaleciente tiene el potencial de reducir la severidad o acortar la duración de la enfermedad causada por el COVID-19. Es importante que evaluemos esta posible terapia en el contexto de estudios clínicos, mediante acceso ampliado, así como también facilitar el acceso urgente para pacientes individualmente, según sea apropiado”, explican en su sitio web.

Otros países como Argentina, Cuba, Uruguay, España, Bielorrusia y Panamá han anunciado también que probarán este mecanismo de “inmunización pasiva” a través del plasma de pacientes recuperados para evitar complicaciones en los recientemente infectados o, incluso, que otros que hayan sido expuestos -como los trabajadores de salud- desarrollen la enfermedad. La multinacional Grifols también anunció recientemente que en el mes de julio podrá disponer de las primeras dosis de plasma de pacientes curados de Covid-19 para EEUU y España.

Cabe destacar que el uso de plasma convaleciente no tuvo éxito contra virus como el ébola.

Por otra parte, algunos países han probado medicación anticoagulante contra las complicaciones del COVID-19. Panamá, por ejemplo, ha reportado estabilización en pacientes en cuidados intensivos que fueron tratados con un anticoagulante llamado “heparina” en combinación con esteroides. Mientras que la Agencia Italiana de Medicamentos (AIFA) ordenó el inicio de un estudio multicéntrico y autorizó administrar heparina a 300 pacientes con cuadros moderados a graves de la enfermedad.

En todo caso, los anticoagulantes y su uso experimental servirían para enfrentar una de las complicaciones que podría desencadenar la infección viral (la formación de microtrombos) y no para controlar la infección en sí; mientras que los esteroides ayudarían a disminuir la inflamación causada por COVID-19.

Hasta que no se llegue a acuerdo científico sobre un esquema de tratamiento eficaz y seguro que permita reducir hospitalizaciones y complicaciones, las medidas de distanciamiento social podrían seguir presentes en el mundo.

Confinamiento “por etapas” y probablemente por un par de años

Aunque cada país tiene una realidad distinta, en algo coinciden los epidemiólogos de todo el mundo: La “normalidad” como la conocíamos estará un buen tiempo suspendida y el confinamiento preventivo, en distintos niveles, será una condición que estará presente en nuestra cotidianidad por un buen rato.

David Nabarro, profesor de salud global del Imperial College de Londres y representante de la Organización Mundial de la Salud para la Covid-19 advirtió el pasado 19 de abril que la humanidad va a tener que adaptarse a vivir con la amenaza del coronavirus.

A juicio del experto, por tiempo indefinido, la nueva “normalidad” del mundo consistirá en aislar a los que muestran signos de la enfermedad y también a sus contactos, proteger a los mayores y asegurar la capacidad hospitalaria para tratar los casos.

De hecho, científicos de la Universidad de Harvard advirtieron que una sola y generalizada cuarentena sería insuficiente para detener la propagación masiva del virus y reducir los contagios y las muertes. Por ello, sugieren períodos repetidos de distanciamiento social hasta el 2022.

Los datos de la referida investigación reseñada por Science Magazine apuntan a que la covid-19 se volverá estacional, como los coronavirus anteriores que causan el resfriado común con tasas de transmisión en los meses más fríos.

Los autores del estudio insisten en que aún se desconoce mucho sobre el nuevo coronavirus, com el nivel de inmunidad adquirido por una infección previa y cuánto tiempo dura.

En razón de ello, y ante la ausencia de vacunas y tratamientos efectivos, los períodos intermitentes de distanciamiento social reducirán los contagios y salvarán vidas.

De todas formas, advierten, se requerirá de pruebas virales generalizadas para que cada país determine cuándo se han cruzado los umbrales para reactivar el distanciamiento en un momento dado. Singapur y Hong Kong han estado aplicando este esquema de aliviar las medidas de confinamiento cuando sea posible y aplicarlas de nuevo cuando las infecciones vuelven a subir.

“Queda por ver si ese enfoque puede lograr el equilibrio adecuado entre mantener el virus a raya y aliviar el descontento y el daño económico”, advierte Science Magazine.

Problemas en la piel, sensación de ardor y trombos: Pacientes narran otros síntomas de COVID-19
La infección por el nuevo coronavirus puede causar manifestaciones cutáneas y sensaciones en el cuerpo que han sido narradas a través de las redes sociales por los afectados. Los expertos explican la causa

@mrsyaky

Alejandro Díez, un periodista y community mánager español, hizo visible al mundo a través del Twitter su testimonio como paciente con COVID-19. Su caso no pasó desapercibido entre los cientos de miles que hay en el mundo.Y fue por una peculiaridad: No está conectado a un respirador y reporta apenas un aumento discreto en su temperatura corporal. Aún así, las imágenes que describen su peregrinar personal impactaron a la comunidad tuitera.

Su tránsito por inexplorados síntomas de la enfermedad pandémica empezaron el domingo de resurrección, cuando comenzó a notar unas lesiones en sus pies que atribuyó a sus zapatos para hacer ejercicios. Con el paso de las horas, las lesiones se fueron tornando moradas, dolorosas y le impedían caminar normalmente.

 

 

Llegó a su centro de salud más cercano y enseguida le cambiaron la rudimentaria mascarilla que llevaba por una clínica. Las enfermeras que lo atendieron sospecharon de inmediato que podía ser una manifestación del COVID-19, aunque el síntoma que presentaba no estaba entre los más comunes (fiebre, dificultad respiratoria o tos, dolor muscular y de garganta)

El 13 de abril le descartaron que tuviese neumonía, pero lo confirmaron como paciente con coronavirus. “Ahora toca empezar a cuidarse esos trombos y pelear contra este maldito virus. Como decía Preciado: “Mañana saldrá el sol”; comentó en un mensaje en la red social del pájaro azul. 

El tratamiento domiciliario consistirá en medicamentos para los trombos, analgésicos para los dolores de cabeza y pies y vitamina C “ayudar a proteger a los pulmones de posibles infecciones”, según comenta, aunque en las radiologías sus pulmones lucen en buen estado. 

Ante la avalancha de comentarios de personas que se interesaron por su caso, el joven afirmó que es deportista, maratonista y que no tiene condiciones de salud previas, como la diabetes, que pudiesen explicar la expresión de unos síntomas como estos. 

“Muchos me preguntáis si soy diabético: no, no lo soy. Tampoco tengo problemas de azúcar o una vida sedentaria. Practico deporte varios días a la semana y ando una media de 9km, en condiciones normales, cada día”, ripostó ante el debate digital que abrió su caso.

Alteraciones en la piel, comunes en infecciones virales

Un doctor venezolano, el internista Oscar Noguera, director de Ancora Humanitas, se sumó a los comentarios del hilo que publicó el paciente en Twitter para explicar por qué infecciones virales como la causada por el coronavirus que surgió en China en noviembre de 2019 podrían generar síntomas como los que describe Alejandro.

“Tua lesiones son características de vasculitis. Se conoce que las vasculitis pueden ser desencadenadas por infecciones virales diversas y este parece ser uno de esos casos”, explicó en un breve mención al joven afectado. 

La experiencia de Alejandro al parecer no es exclusiva. El pasado 9 de abril, también en su cuenta en Twitter, el médico español Fernando Baquero Artigao, coordinador de enfermedades infecciosas pediátricas del Hospital  La Paz, en Madrid, advertía que estaban viendo con frecuencia esta manifestación de COVID-19 en ciertos grupos etáreos.

“Interesante manifestación clínica del COVID en niños mayores, adolescentes y jóvenes, eritema en dorso o lateral de dedos de manos y pies, molesto pero no muy doloroso, que simula eritema pernio (sabañón), ¿vasculitis?, estad atentos, ¡lo estamos viendo!”, destacaba en su breve mensaje. 

También, compartió una aproximación científica hecha en Italia en plena efervescencia de los casos del coronavirus. La primera evaluación que consideró la parte dermatológica indicaba que 20,4% de 88 pacientes pacientes con COVID-19 evaluados reportaba manifestaciones cutáneas.

A pesar de las limitaciones debido a la emergencia, intentaron entender cuáles son las manifestaciones de la piel en pacientes que no habían tomado ninguna droga en los 15 días anteriores. Las más comunes fueron erupción eritematosa, urticaria y exantema variceliforme.

 El artículo, publicado el 26 de marzo en la Revista de la Academia Europea de Dermatología y Venearología, también señala que en 8 casos, las manifestaciones cutáneas aparecieron al inicio, mientras que en 10 casos surgieron durante la hospitalización. 

“Estos datos no son sorprendentes porque la erupción eritematosa y la urticaria no son infrecuentes en otras infecciones virales”, se lee en el artículo, cuyo autor de correspondencia fue el doctor Sebastiano Recalcati, del Departamento de Dermatología del Hospital Alessandro Manzoni, Lecco, Italia.

Desde ese momento advertían que las lesiones ocurren principalmente “en niños y adolescentes con buena salud” y afectan, fundamentalmente, los pies y, a veces, las manos; o los dedos de los pies y las manos.

“Inicialmente, tienen un color púrpura rojizo o azulado; pueden volverse costras negruzcas y están presentes en la evolución posterior; generalmente son dolorosas y evolucionan en 2 semanas”, reseñaban.

Cabe destacar también que durante el brote viral de SARS en 2002 y 2003 (virus que es considerado un “primo lejano” del nuevo coronavirus por algunas características semejantes) también se describieron casos de inflamación en pequeños vasos sanguíneos, así que los nuevos reportes no son hechos aislados. 

El pasado 10 de abril, dermatólogos de distintos centros sanitarios de España anunciaron que lideran el estudio “COVID-Piel”  para conocer y categorizar las manifestaciones cutáneas vinculadas a la infección por el nuevo coronavirus en pacientes de cualquier edad.

Reseñó Europa Press que los especialistas coinciden en que definitivamente hay alteraciones dermatológicas en cualquier zona de la piel coincidentes con infección por COVID-19 que suelen ir desde erupciones tipo rash (principalmente en el tronco), erupciones urticarianas o vesículosas similares a varicela o púrpura.  

“En los dedos de manos y pies también se están observando lesiones acro-cianóticas parcheadas, generalmente de pequeño tamaño, a veces confluentes y en ocasiones con ampollas”, explicaban.

El doctor Beuy Joob, del Centro Académico Médico de Saneamiento de Bangkok, y su equipo, basaron su estudio sobre el tema en el primer caso confirmado de COVID-19 fuera de China. Al paciente tailandés primero se le diagnosticó falsamente la fiebre del dengue. Y todo esto porque presentaba un sarpullido en la piel que recordaba fuertemente a la “fiebre rompehuesos”.

“Muchos se han preguntado si COVID-19 presenta algún cambio particular en la piel. La respuesta es sí”, informó Jacobs.  “COVID-19 puede presentar signos de oclusión de los pequeños vasos sanguíneos. Pueden ser petequias o pequeños moretones o lesiones púrpuras dolorosas”, destacó el médico. 

Jacobs también indicó que las erupciones de la piel son causadas por el cierre de pequeños vasos sanguíneos. Esto puede ser inducido por una afectación del sistema nervioso, por los efectos microtrombóticos o por la actuación del sistema inmunológico contra el virus. 

“Descargas eléctricas” y ardores en la piel

La convalecencia por coronavirus ha sido narrada en primera persona a través de las redes sociales. De esta forma se ha podido conocer de primera mano la experiencia de miles de pacientes en todo el mundo.

En Estados Unidos la red social Twitter ha sido un canal para exponer otros peculiares síntomas del coronavirus. Algunos afectados describen que han sentido una especie de “zumbido” o “descarga eléctrica” en el cuerpo. Otros refieren a una sensación de ardor en la piel, tal y como si tuviesen una quemadura solar. 

Una de las afectadas, que se identifica en Twitter como @miafia, refirió dicha sensación desde el primer día de sus síntomas. “Tengo esa sensación de zumbido muy rara. Lo tuve desde el día 1. Ahora en el día 20. Es como una sensación eléctrica en mi piel. Mi hija también lo tenía. Hoy es mi primer día de respirar mejor”, narraba en un mensaje publicado en Twitter el pasado 30 de marzo.

Por otra parte, Tarana Burke, conocida como la fundadora del movimiento #MeToo, reveló que su pareja, diagnosticada con la enfermedad, también manifestó una sensación de ardor bastante severa en su piel.

“Junto con la fiebre, tenía algo sobre lo que no habíamos leído: piel sensible. Sentía que le ardía la piel, incluso cuando apenas tenía fiebre de más de 99 grados (37,5º centígrados). Literalmente usamos gel de aloe para las quemaduras solares para calmarlo. El doctor más tarde nos dijo que había escuchado a otros decir eso también”, escribió Burke,

Ali Baurman, reportera de CBSNew York, comentó que mientras estuvo convaleciente por el coronavirus sentía una especie de ruido sibilante o “efervescencia”. “Sentía como si un diapasón estaba en mi cabeza”, reveló en Twitter. 

Al respecto, varios especialistas consultados por NY Post admitieron que son sensaciones que se han identificado en varios pacientes, pero no pueden asegurar aún cuán extendidos están estos síntomas.

Daniel Griffin, jefe de enfermedades infecciosas de ProHealth Care Associates, atiende a unos 50 pacientes de coronavirus por día y afirma que efectivamente ha escuchado mencionar este tipo de síntomas.

Para él y otros expertos, la sensación de “descarga eléctrica, zumbido o ardor” puede ser el resultado de la lucha contra la enfermedad, porque hay anticuerpos que interfieren con la forma en la que funcionan los nervios.

Aún así, los neurólogos todavía no están seguros de si las sensaciones se producen como respuesta de nuestro cuerpo al virus o si es el virus mismo el que causa dicha sensación.

Otro médico entrevistado por el mismo diario comenta que las sensaciones antes referidas pueden estar vinculadas a la fiebre.

“Si las personas no están acostumbradas a tener fiebre, tal vez su piel realmente sienta como una sensación eléctrica”, dice el Dr Vipul Shah, director Clínico del servicio de telesalud de NY Pack Health.

Griffin también sospecha que la reacción, u otras reacciones cognitivas como esta, pueden ser parte de un síntoma de estrés postraumático después de que los pacientes se recuperan de estar en la UCI o con respiradores.

Para los pacientes que experimentan la sensación, el médico recomienda dejar que el cuerpo se recupere por sí solo. “Es molesto, pero benigno”, recalca.

OMS: Transmisión asintomática de Covid-19 no está documentada
OMS reiteró su postura este 2 de abril, aunque el debate sigue abierto en la comunidad científica y gobiernos

 

Por @mrsyaky

En el informe técnico sobre Covid-19 publicado este 2 de abril de 2020, la OMS reiteró, a partir de las evidencias científicas acumuladas en los cuatro primeros meses del año, cuáles son las rutas de transmisión del nuevo coronavirus.

Por lo pronto, la OMS sigue afirmando que los datos de estudios epidemiológicos y virológicos publicados proporcionan evidencia de que Covid-19 se transmite principalmente desde personas sintomáticas a otras personas que están en contacto cercano con ellas a través de gotitas respiratorias, por contacto directo con personas infectadas, o por contacto con objetos y superficies contaminadas.

Un caso sintómatico se refiere a aquellas personas que han desarrollado signos y síntomas compatibles con la infección.

Datos de estudios clínicos y virológicos que han recogido muestras biológicas de pacientes confirmados han suministrado evidencia de que la eliminación del virus es más alta en el tracto respiratorio superior (nariz y garganta) y muy temprano en el curso de la enfermedad, es decir, 3 días desde el inicio de los síntomas.

“Los datos preliminares sugieren que las personas pueden ser más contagiosas en el momento del inicio de los síntomas que más adelante, cuando avanza la enfermedad”, se expresa en el documento.

Transmisión antes de comenzar los síntomas

El hecho de que la mayor parte de las transmisiones se presenten al inicio de la enfermedad no exime a quienes están incubando el virus de contagiar a otras personas.

Según la OMS, el período de incubación de Covid-19 (que es el tiempo entre la exposición al virus o infección al inicio de los síntomas) es, en promedio, de 5 a 6 días, pero puede ser de hasta 14 días.

Durante este período, también conocido como el período “presintomático”, algunas personas infectadas pueden ser contagiosas. Por lo tanto, la transmisión de un caso pre-sintomático puede ocurrir antes del inicio de los síntomas.

“En un pequeño número de informes de casos y estudios, la transmisión presintomática se ha documentado a través del contacto. Esto está respaldado por datos que sugieren que algunas personas pueden dar positivo para COVID-19 de 1 a 3 días antes de desarrollar síntomas. Por lo tanto, es posible que las personas infectadas con COVID-19 podrían transmitir el virus antes de que se desarrollen síntomas significativos”, indica la OMS.

Destacan un elemento muy importante: La transmisión presintomática también implica que el virus se propague a través de gotitas infecciosas o a través de tocar superficies contaminadas.

Un debate abierto

Aunque en investigaciones independientes en el mundo se sigue haciendo énfasis en el papel de los infectados con coronavirus que son asintomáticos en la masificación del virus, la OMS sigue siendo cautelosa respecto a esta ruta de contagio.

“Un caso asintomático confirmado por laboratorio es una persona infectada con COVID-19 que no desarrolla síntomas. La transmisión asintomática se refiere a la transmisión del virus de una persona que no desarrolla síntomas. Hay pocos informes de casos confirmados por laboratorio que sean verdaderamente asintomáticos, y hasta la fecha, no ha habido transmisión asintomática documentada. Esto no excluye la posibilidad de que pueda ocurrir”, advierten.

Al respecto, otros centros de salud e investigación del mundo tienen opiniones diversas.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Atlanta publicaron un estudio en el que evaluaron a los pasajeros de tres cruceros que, en el lapso del último mes, registraron casos de coronavirus.

En el Diamond Princess, por ejemplo, hubo 17,9% pacientes de los contagiados con el nuevo coronavirus que nunca desarrollaron síntomas.

El director de los CDC, Robert Redfield, declaró el pasado 31 de marzo a una estación local que un número significativo de personas infectadas permanecen asintomáticas.

“Eso puede ser hasta un 25%. Eso es importante, porque ahora tienes individuos que pueden no tener ningún síntoma pero pueden contribuir a la transmisión, y hemos aprendido que, de hecho, sí contribuyen a la transmisión”, comentó, sin precisar de dónde proviene el porcentaje empleado en la declaración.

A juicio de Redfield, esto ayudaría a explicar lo rápido que este virus continúa propagándose por todo Estados Unidos: “Esto es porque tenemos transmisores asintomáticos y tenemos individuos que transmiten 48 horas antes de que se vuelvan sintomáticos”, sumó.

El experto también comentó que, en la actualidad, el nuevo coronavirus tiene la capacidad de transmitirse mucho más fácilmente que la gripe. “Probablemente, ahora sea aproximadamente tres veces más infeccioso que la gripe”.

Otros datos recientes que abonan a la duda sobre si la transmisión asintomática ha sido apropiadamente investigada surgen de Islandia.

En ese país, el sistema de salud realizó 4.197 pruebas en laboratorios, de las cuales 425 salieron positivas para coronavirus. Posteriormente, las autoridades se aliaron con deCode Genetics, empresa de biotecnología, en búsqueda de una detección ampliada.

En 8 días, la empresa analizó 5.571 pruebas y detectó 48 casos adicionales de Covid-19.

Hasta el 21 de marzo, ese país confirmaba un total de 473 infectados. De estos, la mitad era asintomática, según aseguró Thorolfur Guðnason, jefe de Epidemiología de Islandia, a Buzfeed News.

“Los primeros resultados de deCode Genetics indican que una baja proporción de la población general ha contraído el virus y que aproximadamente la mitad de los que dieron positivo no son sintomáticos”, dijo Guðnason. “La otra mitad muestra síntomas muy moderados similares al resfriado”.

China también reportó recientemente que ha detectado más de 1.500 infectados por el nuevo coronavirus que no presentaron síntomas.

El Comité Estatal de Higiene y Salud del país asiático advirtió que las personas con enfermedad asintomática “pueden infectar a ciudadanos sanos”.

Según la clasificación de ese país, las personas asintomáticas son quienes no tienen síntomas clínicos relevantes, como fiebre, tos, dolor de garganta y otros síntomas y signos autoperceptibles o clínicamente identificables.

A efectos científicos, dividen los casos de infección asintomática en dos grupos: Una en la que una persona infectada tiene una prueba de ácido nucleico positiva, y después de 14 días del período de incubación, no registra síntomas o signos que puedan percibirse o reconocerse clínicamente y siempre son asintomáticos.

En el otro grupo están quienes tuvieron una prueba de ácido positiva y que no manifestaban síntomas y signos autoperceptibles o clínicamente identificables de coronavirus al momento de tomada la muestra, pero luego tuvieron alguna manifestación clínica.
A estas se les conoce como personas en estado de “infección asintomática” en el período de incubación.

Y, aunque cada vez se pone más en duda la credibilidad de los datos oficiales de las autoridades chinas sobre el tema, sus reportes suman a otras evidencias que mantiene abierto el debate sobre la transmisión asintomática pero que, hasta el momento, la OMS no ha considerado sólidas.

Como ocurre en todo camino de comprensión de una enfermedad emergente, y también por la propia característica del conocimiento científico (es provisional y no se puede considerar como algo inmutable o inmodificable) es probable que en el futuro cercano nuevos estudios puedan modificar la comprensión actual sobre el tema de la transmisión asintomática y otros vinculados con la enfermedad pandémica.

En esta misma línea, la OMS dice que aún falta mucho por conocer: “A medida que el brote de COVID-19 continúa evolucionando, estamos aprendiendo más sobre este nuevo virus”, reflejan en el informe técnico del 2 de abril.

La mejor muestra de lo antes planteado es que la propia OMS aseguraba, en un tuit publicado el 14 de enero y basados en los reportes de China, que no había evidencia de transmisión entre humanos del nuevo coronavirus. Información que, con el avance de la evidencia científica, debió actualizar luego del 21 de enero, cuando China oficialmente al mundo que el virus sí se transmitía de persona a persona.