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Así reaccionaron políticos, organizaciones y sociedad civil al ingreso de Venezuela al Consejo de Derechos Humanos de la ONU

A PESAR DE LAS NUMEROSAS ACUSACIONES e informes emitidos sobre violación de Derechos Humanos en Venezuela, el régimen de Nicolás Maduro obtuvo un lugar en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Ante la noticia, diversas organizaciones, políticos y sociedad civil en general rechazaron que el país forme parte del grupo, pues en Venezuela se han cometido crímenes como torturas y ejecuciones extrajudiciales que quedaron registrados en el informe que presentó Michelle Bachelet en julio de este año. 

El Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos (Provea) publicó a través de su cuenta en Twitter que tanto en Venezuela como en Brasil (país que también fue electo) son dos Estados con serios cuestionamientos sobre su desempeño en DDHH. “Bolsonaro y Maduro son expresión del autoritarismo que sigue lesionando las garantías para los DDHH”, afirmó. 

El abogado y defensor de Derechos Humanos, Mariano de Alba afirmó que la Elección de Venezuela al Consejo de #DDHH de la ONU por una mayoría de la Asamblea General es un llamado de atención a los países de la región. La diplomacia hay que ejercerla, no bastan comunicados y lo mediático. La tardía candidatura de Costa Rica demuestra improvisación.

El exalcalde de Caracas, Antonio Ledezma afirmó que :”No me extrañaría que si en la ONU se designa un comité antidroga, incorporen a un representante del Cartel de Cali o de Sinaloa o del Cartel de los soles. Así está el mundo, al revés. Que patada le han dado a las tumbas de los asesinados por Maduro y su pandilla”. 

 

Otras de las reacciones de rechazo a través de Twitter fueron: 

 

 

 

La importancia prioritaria de lo social, por Roberto Patiño

LA TRAGEDIA QUE ESTAMOS VIVIENDO en el país ya afecta a todos los niveles de nuestra sociedad y nos impacta en lo individual y colectivo. Los graves problemas que padecemos se expresan en todos los resquicios de nuestra vida y nada de la terrible crisis que se sucede es ajeno a ninguno de nosotros.

Se produce una gran carga de desesperanza e impotencia, que son reacciones naturales ante la magnitud de la crisis. Pero estas reacciones no pueden mantenerse en el tiempo indefinidamente. Porque no solo tenemos que sobrevivir de cualquier forma a esto que nos pasa, debemos también superar la tragedia y lograr nuevas condiciones de vida, distintas a las actuales, positivas y de desarrollo.

Se produce así un proceso de resiliencia, en el que las dificultades, con su innegable costo de dolor y sufrimiento, dan paso a un proceso que supone el enfrentarlas haciéndonos mejores y más fuertes.

Este proceso exige de nosotros una gran reflexión. Tomar conciencia de nuestros aspectos más oscuros, pero también de los más luminosos. Reconocer errores, debilidades, ideas preconcebidas y falsas certezas, pero desarrollar nuevas capacidades, ampliar nuestra visión del mundo, reconocer valores que ignorábamos o a que llegamos incluso a menospreciar.

La crisis que atravesamos está precipitando este proceso, haciéndonos reflexionar sobre todos los aspectos de nuestra vida como personas, como sociedad, como país. Y una de las consecuencias de ello es la revisión que, desde distintos sectores, se está dando sobre nuestro sentido de lo social y de la importancia que debe tener para nosotros.

Ahora se vuelve evidente la necesidad del restablecimiento de mecanismos efectivos de convivencia, civiles, democráticos, inclusivos, de participación y vinculantes, ante la falta de alimentos y medicinas, el colapso de servicios, la debacle económica, la deriva dictatorial del Estado. Ahora el reconocimiento, la solidaridad y el encuentro de todos los sectores del país, son valores, herramientas, necesidades, todas vitales para la supervivencia y la superación.

A la par de las expresiones de tragedia que vivimos a diario, se producen igualmente otras expresiones de individuos y grupos que, desde este reconocimiento de la importancia de lo social, actúan sobre esa realidad dura y difícil, transformándola. Si nombramos a grupos como Provea, Fe y Alegría, o Foro Penal, o a personas como Susana Rafalli o Ana Rosario Contreras, tan sólo estaremos hablando de algunos de los múltiples ejemplos que se están produciendo en todo el país.

En nuestra experiencia particular, en el Movimiento Caracas Mi Convive y la organización Alimenta la Solidaridad, iniciativas en contra de la violencia y frente a la crisis alimentaria van sumando cada vez a más personas y sectores, para apoyarlas, participar en ellas y reproducirlas. El abordaje de estos proyectos no se da desde el oportunismo, la condescendencia o el asistencialismo, sino por el contrario, desde el respeto, el empoderamiento y el encuentro.

Hemos conocido casos de víctimas que han perdido hijos y padres por la violencia criminal o del Estado, que no solo se han superpuesto a la pérdida rehaciendo sus vidas y las de su familia, sino que también se han convertido en líderes influyendo positivamente en sus comunidades. Son un ejemplo para todos nosotros de cómo afrontar esto que estamos viviendo.

Quizá el sentido que debamos darle a esta terrible crisis que padecemos es el de que nos está dando la oportunidad de entender y asumir plenamente la importancia de lo social y el valor prioritario que debe tener en nuestras vidas y la de los demás. La crisis no puede servir para victimizarnos y ser doblegados, sino revalorizar lo mejor que hay que en todos nosotros y poder salir adelante.

 

@RobertoPatino

Ángel Oropeza Oct 18, 2018 | Actualizado hace 1 año
El último santo, por Ángel Oropeza

LO MILITAR TIENE QUE VER FUNDAMENTALMENTE con la defensa de la soberanía y la integridad territorial de un país. Esta es una función no solo importante para cualquier nación, sino merecedora de consideración y respeto. El militarismo, por el contrario, constituye una auténtica perversión social, generadora de repulsión y condena por sus efectos catastróficos sobre cualquier sociedad.

El militarismo es un fenómeno frecuente en países del Tercer Mundo y uno de los síntomas típicos del subdesarrollo. Y esto es así porque en las sociedades modernas, a diferencia de los países más primitivos, nadie discute que la fuerza militar tiene que estar subordinada al poder civil.

El militarismo tiene dos facetas principales. Por un lado, se entiende como la intrusión indebida de las fuerzas armadas en la conducción del Estado. Un país preso del militarismo es uno donde la población es convencida de que la fuerza armada tiene el derecho de tutelar el mundo civil y decidir sobre el destino de los demás.

La segunda faceta es igualmente perversa, porque supone la imposición a la sociedad de los códigos, lenguaje y formas de comportamiento castrenses, donde estos resultan no solo extraños sino inaplicables. En los cuarteles la vida está signada por necesarias relaciones jerárquicas de obediencia y mando. En el mundo civil la convivencia social está caracterizada –y no puede ser de otra manera– por la discrepancia de opiniones y por la heterogeneidad de criterios entre personas iguales. Imponerle entonces los códigos y maneras de actuar y pensar castrenses a esta complejidad social es tan contranatura que solo puede hacerse a través de la represión de unos y la sumisión de otros.

En América Latina el militarismo se ha expresado en gobiernos de distinto signo ideológico: Trujillo, Batista, Stroessner, Pérez Jiménez, Somoza, Perón, Duvalier, Castro, Pinochet son todos ejemplos de esta perversión militarista. Los últimos ejemplos que registra la literatura ocurren en nuestro país, con Chávez y Maduro como lamentables referencias.

El domingo 14 de octubre, el papa Francisco presidió en la Basílica de San Pedro la canonización de un valiente sacerdote, arzobispo de San Salvador, quien enfrentó con fuerza esta enfermedad del militarismo: Óscar Arnulfo Romero. A la edad de 62 años, y mientras oficiaba misa en el Hospital de la Divina Providencia, fue ejecutado por un francotirador al servicio de los violentos de su país. El día anterior a su asesinato, durante la homilía dominical en la Catedral de San Salvador, Romero había lanzado una hermosa y contundente proclama antimilitarista, que hoy resuena con contundente vigencia en esta Venezuela devenida en una inmensa cárcel cuartelaria:

“Quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles: hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: ‘No matar’. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado… En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”.

El régimen de Maduro, uno de los prototipos de la moderna represión militarista, o de lo que algunos denominan neogorilismo latinoamericano, emitió a propósito de la canonización de monseñor Romero un cínico comunicado de forzado júbilo. Lo que no dicen es que el último santo de la Iglesia llega a los altares justamente por haber enfrentado hasta con su vida el militarismo represor que ayer sometía a su pueblo y hoy oprime por igual a los venezolanos. Su voz sigue tronando en los cuarteles de quienes sostienen dictaduras: “Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla”…

@AngelOropeza182

El Nacional 

Los cómplices, por Elías Pino Iturrieta

COMO LA SOCIEDAD, DESDE HACE AÑOS, ha permitido los desmanes de la dictadura, pueden ocurrir hechos tenebrosos que no reciben sanción, y repetirse sin que los perpetradores pierdan el sueño. El crimen de Fernando Albán no solo se explica por la existencia de una tiranía despiadada, sino también porque la sociedad ha labrado el camino para la multiplicación de los delitos de los gobernantes. Solo así se puede entender cómo, ante la presencia de un delito abominable, ante el exterminio de un hombre justo, apenas nos presentemos los venezolanos como plañideras de turno que volveremos a nuestra rutina después de atender las formalidades de un duelo que no pasará del mes.

La desaparición de Fernando Albán es obra de un sistema perverso, de unos sujetos sin nexos con la justicia y la misericordia, pero también de quienes no hemos hecho mayor cosa para convertirlos en memoria de lo que realizamos para volverlos papilla. No podremos recordar lo que hicimos para librarnos de la compañía de los demonios porque la hemos consentido, quizá porque seguramente forme parte de nuestra identidad como pueblo, de una desvergüenza de la que no podemos desprendernos por falta de costumbre, porque nos hemos sentido a gusto con ella a través de las generaciones. Un pueblo que se ha refocilado en el anecdotario del gomecismo y en la evocación de Pérez Jiménez, un pueblo que mete debajo de la alfombra las falencias de la democracia representativa para disimular la basura que ayudó a acumular no está para proezas que lo hagan irreconocible cuando se ponga frente al espejo o cuando lo observen en otras latitudes.

Hay diversos grados de responsabilidad en la acogida que hemos brindado a la “revolución”, desde luego. No se pueden pesar en la misma balanza, en relación con la búsqueda del bien común, las obligaciones de una madre sin dinero que apenas puede mantener a sus hijos trabajando como esclava, si se comparan, por ejemplo, con lo que se puede exigir a una gente de clase media que pasa por informada o ilustrada, pero que se desentiende de sus compromisos colectivos. Es evidente que sea perentorio pedirles explicaciones a los políticos sobre lo que no han hecho o no han querido hacer para librarse de un régimen espantoso, mientras se deja en el banquillo del futuro a las personas que con todo derecho prefieren la tranquilidad de la vida privada. Pero, después de las apreciaciones relativas, después de aplicar el filtro, no queda más remedio que hacer un solo saco en cuyo seno quepa mucha gente. A esa gente le sobran merecimientos para estar en la misma busaca gigantesca.

El Sebin no libró ninguna batalla para entronizar su horror. Los esbirros no se escondieron de la ciudadanía para graduarse de torturadores y para practicar sus métodos de tormento. A Óscar Pérez lo mataron sin ocultamiento ni rubor. Los uniformados que han disparado con sus fusiles en las manifestaciones lo han hecho sin ningún tipo de traba. El alicate de Conatel se ha regocijado en sus faenas, como si solo se tratara de cortar un cable capaz de causar daño al prójimo. La libertad de viajar se ha convertido en una lotería lícita, sin la preocupación de los viajeros. Y así sucesivamente, en materia de tropelías que parecen indoloras y bienvenidas. Han contado y cuentan con la licencia de la sociedad, es decir, con la vista gorda y la conducta cómoda de las mayorías, que viene a ser lo mismo.

Quizá suenen y sean excesivas estas letras porque también muchos venezolanos se ha jugado el pellejo para acabar con la dictadura, entre ellos numerosos políticos conocidos y desconocidos para quienes no caben sino afirmaciones de respeto, pero las cuentas no dan para que la suma sea contundente e irrefutable. La debilidad de las cifras nos mete en la estadística de la pusilanimidad, en el inventario de una aplastante indiferencia, hecho que conviene remachar cuando ha ocurrido un crimen que no solo importa por lo que en sí significa, por lo que tiene de aberración inadmisible, sino porque una gran indiferencia cívica de nuestra parte permitió que ocurriera. Ojalá que el sentirnos como colaboradores de una monstruosidad nos obligue a ser otros, nos haga renegar de lo que hemos sido y permita el rescate de los valores que no se refirieron hoy porque no se trataba de hacer una fiesta, sino de sugerir la rectificación reclamada por la oscuridad de la época.

 

@eliaspino

El Nacional

“Ser”, “estar” o  poder hacer, por Antonio José Monagas

 

LA POLÍTICA SE MANEJA SEGÚN LAS CIRCUNSTANCIAS. Pero de lo que no escapa, es de aquellas consideraciones que determinan la esencia y conciencia que, como relación biunívoca, se establece al momento de hacer de la política la causa y efecto de lo que puede imprimirle sentido al discurrir de cualquier sociedad.

O se “es”, quien asume de modo frontal una postura de convicción dirigida a cuestionar o aportar ideas o concreciones de fulminante impacto en una situación de caótica realidad. O se “está” apostado a lo posible en medio de lo que está sucediéndose en un espacio específico, en un tiempo determinado, y ante un problema en particular. Pero con la fuerza necesaria para conmover o transformar una realidad.

Se “es” o se “está”. He ahí el problema de fondo que trastoca variables y que, al no estimar, considerar y evaluar la situación-problema en cuestión, y en función de la injerencia que se tiene ante un proceso político, se afecta lo económico tanto como lo social que circunda el contexto donde dicha situación-problema se moviliza. Es ahí cuando surge un especio de “congelamiento” o de “apagón” de los esfuerzos que combaten las causas y efectos que incitan toda crisis en su disposición y dilación.

No hay duda al reconocer que el ejercicio de la política, se apoya en un léxico bastante nutrido. Esto hace que haya palabras cuya sinonimia puede confundir la narrativa empleada frente a consideraciones que lleguen a tener alguna equivalencia. Al menos, en lo aparente. Pero en el fondo del asunto, no hay posibilidad real ni tampoco imaginaria. Entre ellas, se mantiene una disociación dialéctica y semántica que podría aparearlas o comprometerlas de cara a una situación en particular.

Siempre se establecen diferencias que, aunque sutiles, tienden a marcar una distancia que hace que su manejo sea categórico en cuanto a sus acepciones. Por ejemplo, el espacio que se da entre términos tan categóricos como “ser” y “estar”, invitan a una reflexión que si bien puede ir más allá de lo que permite la brevedad de esta disertación, pudiera servir de soporte a una primera indagación que permita trazar el momento para el cual la conjugación política de tales verbos sirvan para exaltar o exhortar consideraciones de primera línea.

Puede inferirse que “estar” en el peor momento de una crisis, como en efecto lo está Venezuela, no lo hace “ser” el peor país del mundo. Así como no fue puntal para que, luego de tantos años, Venezuela se mantuviera en el sitial que la distinguió del resto de países que, por aproximación, circundaban el terreno geopolítico donde su dinámica tenía cabida. Todo así, a pesar de haber sido aquel país que demostró el talento necesario y suficiente para situarse por encima de categorizaciones o clasificaciones que para entonces tenían un concepto claro de lo que era una país en franco desarrollo político, social y económico.

Tal condición, no hizo que Venezuela fuera mejor que ninguno. Y tener tino epistemológico y hermenéutico para darse cuenta de que haber alcanzado dicho punto de inflexión, no habría determinado otra cosa que no fuera la referencia necesaria para hacer que una comparación fuera la motivación exacta para surgir entre los oprobios y estolideces sugeridas por concepciones amañadas de “revolución bolivariana o de socialismo del siglo XXI”, es asunto de una realidad que no se alcanzó. Ni tampoco logró sembrarse como cultivo de desarrollo, progreso y de crecimiento.

De manera que no hay otro camino que aquel que invite a reconocer que Venezuela será lo que su gente se atreva “ser” para así “estar” en el lugar que pueda merecerse por el esfuerzo que su gente pueda “hacer”. Todo, en aras siempre de superar los escollos propios del tránsito por la vida política, económica y social del país. Es lo que el siguiente aforismo hace ver cuando se trata del manejo político de las realidades ante las cuales oscila toda circunstancia. O sea, “ser”, “estar” o poder hacer.

 

@ajmonagas

La mejor palabra es la que no se dice ... por Orlando Viera-Blanco

 

“Maduro caerá en silencio el día que dejemos de decir “Maduro dimite, Maduro renuncia o vete ya”. Todo acabará hablando menos, especulando menos, criticando menos…”

Es cierto. Una imagen vale más que mil palabras. Pero una palabra-bien dicha-vale más que mil imágenes mientras una mal dicha puede significar perderlo todo. En todo caso es la palabra la que termina definiendo una relación sea de amor, de trabajo, de amistad o de poder.

Decir que en Venezuela hubo un atentado contra del Sr. Nicolás Maduro es palabra seria. EL análisis no es sólo la intentona sino la cadena de desenlaces, versiones y reacciones sobre el hecho. La vulnerabilidad de casa militar. La estampida de pelotones en formación, normal en materia de cobertura, abrigo y encubrimiento, pero impropia como pelotón de resguardo presidencial. Ocho anillos de seguridad caricaturizados. Acusaciones en contra el ex presidente Santos que buscan un pronunciamiento de Duque por su cercanía a Trump, siendo que EEUU posee bases militares en la frontera con Venezuela a todo gañote. Se les ve el bojote de terror hacia Duque. Inculpan a los Diputados Julio Borges y Juan Requesens con verbo ligero, incauto e irresponsable. Lejos de asestar la verdad evidencian un tufillo a parapeto. Siembra de un guion de “testimonio anticipado” al estilo Giovanni Vásquez, aquél impostor que usó Isaías Rodríguez para incriminar a Patricia Poleo, Nelson Mezerhane  y los hermanos Rolando, Otoniel y Juan Guevara de la muerte de Danilo Baltasar Anderson. ¿Serán ahora los colombianos Juan Carlos Monasterio y Mauricio Jiménez los nuevos “testigos anticipados”? El ex Fiscal Hernando José Contreras Pérez denunció a Isaías en su momento. Y Chávez lo mandó de embajador…Así protegía el comandante a sus guasones…

Y FUERON POR REQUESENS

Alegando “flagrancia”–sic-otro concepto mal acuñado, el gobierno va por Requesens. Usan flagrancia para justificar captura sin defensa y debido proceso…Flagrancia es aquel delito que se ejecuta al tiempo y oportunidad que el perpetrador es descubierto-in fraganti– por la autoridad. El Diputado Juan Requesens no fue detenido con el Dron en la mano o cuando huía del lugar de los hechos. Incurre en una  muletilla artificiosa quien apela a la flagrancia para incriminarlo…Y después el infame video. Una imagen bochornosa que más evidencia la tortura y el cocido a que fue sometido Requesens que una confesión. Juegan nuevamente con el honor de los inocentes, su integridad física y con la dignidad de la opinión pública.

Estamos en presencia de pura y dura propaganda antillana para criminalizar y esconder la grave crisis que atraviesa el país. La palabra mal dicha por incierta, difamante y maniquea, coloca al gobierno en una vergonzosa fragilidad peor que mil drones estallándole en la cara. Luce cierto que hubo un atentado. Fidel Castro era experto en sacarle punta. Pero de allí a levantar una conjura televisada con “testigos anticipados” (Dixit Isaías Rodríguez) y burundanga, coloca a la cadena de mando a merced de una nueva afrenta de lesa humanidad igualmente televisada, confesa y sin potaje de por medio, que debe ser sancionada muy celosamente por la comunidad internacional. Tolerar atropellos de este calibre-que obligan la intervención inmediata de la justicia global-arguyendo formas, protocolos y tecnicismo procesales, también es delito por denegación de justicia. La mejor palabra es la que no se dice, la que se ve, la que se siente, la que se hace…Es la palabra hecha justicia.

El Punto de Quiebre…

Mucho se ha escrito y analizado sobre el final de esta era. Palabras al aire y al papel que no encuentran desenlace. Especulaciones de elevadísimas expectativas que rompen nuestra confianza grupal y espíritu de lucha. Hemos sido derrotados por el discurso engañoso del gobierno, y por sopas de letras de corte muy emocional de “analistas” opositores. Entre timos de un gobierno populista y una oposición embargada de criticismo por nosotros mismos, fuimos llevados a la lona de las frustraciones, la inmovilización, la desesperanza aprendida. Nos han hecho cosas más que seres pensantes. Nos han hecho leger al decir de Hannah Arendt. Gachas que orinamos. Despojos de todo orden ético convertidos en deshecho moral. Alma en pena que levita sin rumbo como los judíos en los campos de concentración. Fundamento predecesor del holocausto.  Y ahora Requesens. El que nos puede devolver el sentido crítico y consciente o derrotarnos más. Recuperar el sentido de perplejidad o evacuarlo. Pasar de la indiferencia y el egoísmo por sobrevivir yo a sobrevivir todos. De la habituación a la barbarie a la indignación. De lo que no podemos callar ni esperar a la acción. Es la palabra no dicha a la que se le da vida…racionalmente.

Maduro caerá en silencio el día que dejemos de decir “Maduro dimite, Maduro renuncia o vete ya”. Todo acabará hablando menos, criticando menos.  La impudicia, el sistema de subsidio selectivo de la gasolina, la escasez y la cacería de brujas serán bases de una nueva alianza con el pueblo. La indignación de una sociedad fatigada debería ser factor de catalización. El punto de quiebre y de salida. Piense un segundo que Requesens es su hijo. Vilipendiado, torturado, humillado. Asuma ese dolor como propio y hagamos lo que históricamente los pueblos hicieron por liberar su vergüenza: ¡rebelarse! Palabra dicha…

@ovierablanco

Ago 14, 2018 | Actualizado hace 1 año
Tener razón, por Alejandro Moreno

 

He escrito que no quiero tener la razón pero sí tener razón. Todo esto necesita una mayor explicación. Como ya escribí, tener la razón implica el encierro en un solo punto de vista, en un solo sistema de razones. Tener razón es otra cosa. Es pensar de manera organizada y sistemática pero abierta al cambio, al diálogo con otras razones, a la consideración, razonada, de otras posibilidades de pensamiento. Sobre todo cuando las consecuencias de los razonamientos y opiniones que se han defendido demuestran en los hechos ser  negativas para la persona y para para la sociedad.

Lo contrario, el empecinamiento, es caer en el capricho y tomarlo como guía inmodificable de conducta. El capricho es productor de caos. Y seguir el capricho como norma inmodificable, cuando esta afecta a todo un pueblo, es producir el caos general. El extremo de tener la razón es caer en la irracionalidad. El camino de la irracionalidad es asumir las palabras como realidades, las suposiciones como afirmaciones firmemente sostenidas, las fantasías como realidades dotadas de soportes imposibles de cambiar. Lo propio de tener la razón es asumir el pensamiento como una muralla medieval irrompible. Lo peor de todo es cuando no se puede, estrictamente no se puede, salir de esa cárcel mental. En esa noche no hay caminos. No queda otra salida sino barrer con todo falso camino que se nos ofrezca. Y falsos son todos los caminos que en esa espantosa llanura se ofrecen.

Aquí estamos hoy en Venezuela. En el caos de la locura. Por mucho que pensemos, por muchas vueltas que le demos al pensamiento, si no encontramos la vía que nos saque de esta irracionalidad caprichosa impuesta por el poder, solo tendremos el caos y al final la muerte del país, la destrucción de la sociedad como espacio posible de convivencia, la incapacidad de producir, desde una teoría totalmente fuera de razón, algo que se pueda llamar humano.

Es absolutamente necesario salir del marasmo y encontrar el camino de la racionalidad abierta, de la racionalidad dialogante, de la racionalidad comunicativa, de la racionalidad convivencial.

El régimen que nos oprime no lo entenderá nunca precisamente porque él mismo está oprimido por su propia irracionalidad.

Todavía podemos unirnos todos los que estamos fuera de él y formar un bloque compacto de libertad de imaginación, de razón y de acción convivida, comunitaria (no comunal), una unión de mentes y corazones para preservar toda la inmensa riqueza de venezolanidad que nos queda viva en medio de tanta promoción de muerte.

Todavía podemos tener razón.

[email protected]

El Nacional 

Los Runrunes de Bocaranda de hoy 22.05.2018: BAJO: Reflexión

Foto: EFE

BAJO
HAY QUE ASUMIRLO:

Copio un segmento del artículo que escribió ayer Inés Muños Aguirre, “Un Día para el Silencio y la Reflexión” pues suscribo sus palabras: “Hoy, este día de silencio, también debe ser de recogimiento y reflexión. Hoy, cuando nos quitemos así sea durante un rato nuestras máscaras debemos asumir que ya basta de buscar el líder fuera de cada uno de nosotros. Vamos a asumir con nuestros defectos y equivocaciones el paladín que nos habita. Vamos a invitar a los que tenemos cerca a qué nos acompañen. Elaboremos proyectos que nos activen y nos conecten. Empecemos ya una tarea de sumar aportes que nos articulen hacia lo que creemos que tenemos que ser como sociedad.  Empecemos la tarea de erradicar errores. Esta reflexión no es abstracta porque la recuperación de valores, de la convivencia y el desarrollo, se inicia desde pequeños detalles, lo que pasa es que tendemos a despreciarlos. Vamos a asumirlos, aún a pesar de todas las carencias, los venezolanos somos mucho más que lo que hemos perdido en el camino”.

GRACIAS: 

A quienes nos siguieron con las noticias en las transmisiones libres sin censura del pool que integramos runrun.es, VivoPlay.net,  El Pitazo,  TalCual,  Cronica.Uno,  Panas Digitales y Humano Derecho…