Roberto Patiño, autor en Runrun

Roberto Patiño

Roberto Patiño Jul 27, 2021 | Actualizado hace 4 días
Por Caracas, por Roberto Patiño
La transformación se inicia con un paso a la vez y ahora hay la oportunidad de comenzar este camino en Caracas 

 

@RobertoPatino

El pasado jueves 22 de julio, y como antesala del aniversario de la ciudad de Caracas, tuvimos la oportunidad de participar en un encuentro popular con muchos de nuestros líderes y amigos, en la parroquia de La Candelaria, en Caracas.

Este evento forma parte de los recorridos que hemos venido realizando en los sectores populares de nuestra ciudad como parte de un esfuerzo de movilización por la lucha de la democracia y que ha contado con el apoyo de Primero Justicia, líderes y amigos, todos ellos actores fundamentales de un proceso de unión cívica que incluye a la gente en los procesos de tomas de decisiones; un cambio que está avanzando, desde hace muchos años, en Caracas.

El encuentro fue una oportunidad para poder movilizarnos, de manera pacífica, en el centro de Caracas, frente a la CTV; una evidencia de que se pueden rescatar espacios para la democracia con movilizaciones pacíficas.

 

No hay razones para temer a la activación de los ciudadanos cuando se ha trabajado con honestidad y dedicación, guiado por los valores de la solidaridad, el emprendimiento y la democracia. Sabemos la importancia de estar con la gente en la calle como una forma de activismo que fortalece el tejido social, que visibiliza los problemas de la gente y que contribuye a fortalecer los liderazgos.

Hoy más que nunca es necesario esta sinergia entre los líderes y las comunidades, el trabajo de construcción de soluciones a los ingentes problemas de una sociedad que supervive ante un régimen indolente que no desea ciudadanos activos y conscientes capaces de hacerse con su futuro.

Estamos pasando uno de los peores momentos como nación; reconocemos el desencanto y la tristeza que acompaña a algunos venezolanos, pero también estamos conscientes de la poderosa fuerza que anida en nuestros sectores populares y urbanizaciones, espacios donde hombres y mujeres salen todos los días para organizarse, emprender y luchar por el cambio que todos queremos.

No somos seguidores de caudillos, somos ciudadanos conscientes que sabemos que el cambio de Venezuela requiere el apoyo y la participación de todos los ciudadanos, líderes, partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil.

Las grandes transformaciones que Venezuela necesita pueden comenzar con pequeños cambios a nivel local y regional, donde se den soluciones a los problemas cotidianos de la gente; donde temas como el agua, la luz, el gas y la seguridad, así como la educación y las oportunidades de trabajo, sean el centro del esfuerzo. Asuntos que en Caracas y en todas partes del país son cada vez más críticos y que limitan las posibilidades de vivir digna y decentemente.

Los cabildos ciudadanos son los espacios políticos más cercanos a la gente, el proceso de independencia en Venezuela comenzó en un cabildo abierto a la población, una mañana de 1810. Estas instancias, tan cercanas a las necesidades de la población y tan próximas a los procesos de tomas de decisiones son espacios estratégicos para la recuperación de la democracia en Venezuela.

La transformación se inicia con un paso a la vez y ahora hay la oportunidad de comenzar este camino en Caracas. Nuestra ciudad capital puede volver a dar el ejemplo a toda Venezuela.

*Director de Alimenta La Solidaridad y Caracas Mi Convive

robertopatino.com

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Roberto Patiño Jul 15, 2021 | Actualizado hace 2 semanas
Desplazados, por Roberto Patiño
Una paz duradera, sin desplazados, necesita del trabajo constante, acompañando a los vecinos en sus proyectos. Además de empoderar a una población consciente de la necesidad del cambio

 

@RobertoPatino

Fue necesario que las bandas criminales que hacen vida en Caracas, expusieran sin pudor su poder, para que el régimen tomara nota de una situación que lleva décadas construyéndose; aprovechando el espacio cedido por un Estado incapaz de garantizar los más elementales compromisos con la sociedad: el monopolio legítimo de la violencia y el derecho a la paz de sus ciudadanos.

A pocas horas del cese de los enfrentamientos, al menos por ahora, el saldo de estos hechos ha sido la de al menos ocho ciudadanos inocentes asesinados por balas perdidas (una cifra por confirmar en las próximas horas), dos funcionarios policiales muertos en los enfrentamientos, un número indeterminado de presuntos delincuentes “neutralizados” por los cuerpos de seguridad y una población sometida al terror de la violencia: hombres, mujeres y niños que se han visto obligados a salir de sus casas.

A lo largo de los últimos días, hemos visto con tristeza, cómo en Caracas surgen los primeros grupos de “desplazados”, víctimas de un conflicto armado cuya raíz está en la incapacidad del régimen de garantizar la paz.

Muchas preguntas estarán presentes en los próximos días: ¿a razón de qué se dejó que estas bandas criminales se consolidaran?, ¿dónde estaban los organismos de seguridad en los años de expansión de estos grupos?, ¿quiénes proveyeron de armas de guerra a estas bandas?, ¿será una paz duradera?, ¿el régimen puede garantizar la convivencia de sus ciudadanos?

Durante las primeras horas del “armisticio”, los vecinos que siguen en sus hogares nos informan que están siendo castigados con la falta del servicio eléctrico. Y son amenazados por funcionarios que les acusan de brindar apoyo a las bandas criminales.

Estamos en un momento muy delicado, donde muchos venezolanos pueden sufrir ataques de un régimen débil para garantizar la convivencia y, al mismo tiempo, fuerte al momento de acosar a ciudadanos inocentes y desarmados.

Las organizaciones de la sociedad civil que hacemos vida en estas comunidades seguimos activadas, apoyando a nuestros vecinos, informando sobre lo que ocurre, denunciando estas agresiones y llevando un registro detallado de todo lo que pasa, para garantizar la vida de todos y el pleno respeto a sus derechos humanos.

Desde Alimenta la Solidaridad y Caracas Mi Convive, estamos convencidos, tras muchos años de trabajo en estos sectores de Caracas, de que la violencia no es el único componente que garantiza la paz; estamos conscientes de que una convivencia duradera requiere el apoyo de los proyectos que nacen en las comunidades: un trabajo constante de recuperación de espacios y del fortalecimiento de liderazgos de unos vecinos que no quieren seguir siendo secuestrados por bandas criminales, ni ser las víctimas de las arbitrariedades de los cuerpos de seguridad.

Una paz duradera, sin desplazados, necesita del trabajo constante, acompañando a los vecinos en sus proyectos, empoderando a una población consciente de la necesidad del cambio, apuntalando los nuevos liderazgos que suscriben los valores de la democracia, el emprendimiento y la solidaridad. Venezuela quiere la paz y esta se construye con la gente y no con las armas, fortaleciendo un tejido social que el régimen ha abandonado y que los grupos criminales pretenden secuestrar.

* Director de Alimenta La Solidaridad y Caracas Mi Convive

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Nos vemos en la cancha, por Roberto Patiño
Jhonder y Carlos son apenas dos nombres entre muchos líderes sociales que reconstruyen, desde las bases, el tejido social de un verdadero poder popular que lucha por la convivencia

 

@RobertoPatino

Durante todos estos años que hemos podido acompañar y apoyar el trabajo de las comunidades a través del esfuerzo de Alimenta la Solidaridad y Caracas Mi Convive, aprendimos que la violencia en los sectores populares es un proceso mucho más complejo que el reportado en las notas de sucesos. Es una situación donde los vecinos quedan a merced de pequeños grupos armados que secuestran la paz de los ciudadanos, empleándolos como escudos humanos ante un Estado incapaz de garantizar una mínima dosis de convivencia.

En comunidades pacíficas y trabajadoras, la acción de bandas criminales no solo enluta a las familias y les arrebata el derecho a la paz, sino que les va recortando espacios de convivencia, creando una nueva cartografía donde los vecinos son confinados por los códigos impuestos por la violencia.

Esta realidad nos ha llevado a desplegar, junto con nuestros vecinos, líderes y amigos, proyectos donde, a través de la recuperación de los espacios deportivos, se puedan reconstruir las relaciones de confianza en la comunidad ganando, de manera gradual, el pulso a las restricciones que impone la intimidación del crimen.

Ya son quince las canchas reconstruidas en Caracas, un esfuerzo que va más allá del cemento, la cabilla y la pintura. Se trata de  una iniciativa de articulación y organización de las comunidades, un proceso de estudio, trabajo, formación, que ha logrado colocar a la cancha en el rol que le corresponde: un lugar donde comienza la vida del barrio, donde nacen los proyectos comunitarios, donde debutan y crecen los nuevos liderazgos de una ciudad donde sus ciudadanos están convencidos de la necesidad del cambio y que creen en los valores de la democracia, el emprendimiento y la solidaridad.

Con esta experiencia forjada con la fuerza de una comunidad que insiste en recuperar su calidad de vida, se dio inicio a la Tercera Edición de la Copa Convive, un evento deportivo de baloncesto y futbol de sala, que ha logrado convocar a más de 400 jóvenes, entre los 9 y 21 años, que competirán en los espacios intervenidos y recuperados por Caracas Mi Convive.

Nos vemos en la cancha, por Roberto Patiño. Foto Roberto Patiño
La Copa Convive busca restaurar, desde las bases, el tejido social y empoderar a las comunidades. Foto @MiConvive

El objetivo, nos dice Jhonder, uno de los promotores de la Copa y líder involucrado en este proyecto, es visibilizar la organización de las comunidades, celebrar el esfuerzo de unos vecinos “que están demostrando que, cuando somos mejores ciudadanos, ganamos todos”. Es por eso, nos explica, que en esta edición no solo se premiarán las habilidades deportivas de los equipos, sino que habrá un reconocimiento especial a los “campeones de la convivencia”, un baremo, con criterios técnicos muy bien definidos, que medirá el espíritu deportivo de los atletas, el comportamiento de las barras deportivas y el apoyo de la comunidad a sus equipos; en definitiva, un premio a todos aquellos que se esfuerzan por ser mejores ciudadanos.

El deporte en los sectores populares es una de las vías, nos dice Carlos González, facilitador de los talleres de prevención de la violencia y líder social de El Valle, “para evitar que otros jóvenes sean seducidos por el poder que otorga el formar parte de una banda criminal; es un modo de incidir en la autoestima de los chamos y una forma de alcanzar a toda la familia”.

“Cuando un chamo está en la cancha”, nos dice, “hay una madre que no está preocupada por la vida de su hijo».

Tanto Jhonder como Carlos reconocen que el deporte no es la única forma para superar el cáncer de la delincuencia, pero no dudan en considerar que es una manera de luchar contra la violencia, “sin disparar un solo tiro”, acota Carlos, quien nos confiesa que ha quedado sorprendido por la acogida que ha tenido esta iniciativa en las comunidades. “Si ahora contamos con el apoyo de los muchachos, de entrenadores, de árbitros certificados, de líderes deportivos de 12 de las 22 parroquias que hay en Libertador, ¿tú te imaginas lo que podremos hacer el próximo año?”, se pregunta Jhonder a pocas horas de iniciarse el primer juego de la Copa.

Jhonder y Carlos son apenas dos nombres entre muchos otros líderes comunitarios, entrenadores, promotores deportivos, madres, padres y muchachos, que han emprendido un camino complejo, y quizás el menos llamativo, para hacer frente a la violencia, una vía que reconstruye, desde las bases, el tejido social de un verdadero poder popular que lucha por la convivencia pacífica. Este entusiasmo que sentimos a cada paso que nos lleva a la Copa Convive, nos confirma la vitalidad de una sociedad fuerte, organizada que, al luchar por el cambio, crea una energía que nos convierte a todos en ganadores antes de empezar el partido. 

#NosVemosEnLaCancha.

*Director de Alimenta La Solidaridad y Caracas Mi Convive

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Bendiciones a La Vega, por Roberto Patiño

@RobertoPatino

Con el mismo estruendo de la detonación de un arma larga, la situación de violencia en la parroquia La Vega vuelve a aparecer en la opinión pública nacional de manera recurrente. Un sonido de pólvora y fuego que viene acompañado de llanto y dolor de una comunidad atrapada, secuestrada y agredida por una violencia en la que no participa, ni apoya; una violencia de la que es víctima dentro un juego de poder donde los vecinos de La Vega son fichas de canje y escudo humano de una guerra urbana donde no hay héroes, sino solo víctimas.

Como lo explica en un audio el padre Alfredo Infante, párroco de San Alberto Hurtado de la parte alta de La Vega, a la agresión que se la propina a la comunidad por la ausencia de los más elementales servicios públicos, como lo son el agua y el gas, se le suma ahora la ocupación de los espacios por una violencia que le secuestra a los vecinos su derecho de vivir en paz, convirtiendo a sus habitantes en ciudadanos de segunda, según una inédita cartografía humana dictada por la inacción del Estado.

La Vega es más que una zona de Caracas o unas marcas en el mapa. Es una comunidad vibrante, luchadora, con un tejido social y comunitario activo, con unos líderes que se organizan y participan en la construcción de un proyecto comunitario. Esta parroquia es, en definitiva, un vivero de nuevos liderazgos.

Cuando la violencia sacude a La Vega, el luto se apodera de sus calles y la sangre mancha mucho más que la acera.

Hiere el alma de unos vecinos orgullosos, pacíficos y emprendedores que luchan constantemente por hacer de su barrio una verdadera comunidad.

Resulta asombroso que en medio de esta violencia que mantiene en vilo a un sector importante de la ciudad de Caracas, a pocos kilómetros del Palacio de Miraflores, sede del “poder” en Venezuela, el régimen exponga, como única explicación posible teorías conspirativas donde la oposición financiaría a estos grupos armados; un irresponsable e insólito alegato que pretende llevar al campo del estéril debate ideológico, algo tan esencial como el derecho que tienen los ciudadanos de vivir en una comunidad que no sea un escenario de guerra.

Con este mezquino argumento, el régimen abandona su responsabilidad y apuntala la creencia de que La Vega es una comunidad violenta, dispuesta a tarifar su paz a los mejores postores. Los venezolanos sabemos bien que nuestros vecinos de La Vega son las víctimas de las bandas criminales y de unos cuerpos de seguridad que abordan esta situación con una violencia mal planificada donde, por lo general, el inocente es víctima de violación de sus derechos humanos, como hemos podido confirmar a través del trabajo de Caracas Mi Convive y el Monitor de Víctimas.

Al igual que el padre Alfredo Infante, nos solidarizamos con las víctimas en La Vega y renovamos nuestro compromiso de apoyar esta comunidad en el trabajo que venimos realizando desde Alimenta la Solidaridad y Caracas mi Convive. Llevamos muchos años trabajando en esas calles y sabemos de primera mano, junto con nuestros líderes, amigos y vecinos, que La Vega es mucho más que la violencia, que existe una comunidad vibrante que lucha por la Venezuela que todos queremos, una fundada en los valores de la solidaridad, la democracia y el emprendimiento.

Junto con el padre Alfredo, pedimos que Dios bendiga a La Vega en una oración que sea a un mismo tiempo religiosa y laica, es decir, convocamos las bendiciones de Dios y el esfuerzo de todos los vecinos de esta parroquia, sabemos que juntos podremos lograr el cambio que se merece esta parroquia.

Seguiremos trabajando para que estas oraciones encuentren una comunidad organizada, empoderada y dispuesta a recuperar los espacios robados por la violencia y abandonados por el Estado. Sabemos que el cambio es posible.

Que Dios bendiga a La Vega.

* Roberto Patiño es director de Alimenta La Solidaridad y Caracas Mi Convive

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Aliados para el cambio, por Roberto Patiño

@RobertoPatino

A lo largo de estos años de trabajo en las comunidades, junto con nuestros líderes, vecinos y amigos, hemos aprendido que, para garantizar el crecimiento y continuidad de los proyectos, es necesario trascender las agendas personales y mirar por encima de la disyuntiva entre lo urgente y lo necesario.

Hemos transitado por un camino de crecimiento personal y colectivo que nos ha enseñado que el trabajo por la Venezuela que queremos exige compromiso y unidad de todos frente a los retos que tenemos por delante.

Apoyar en la búsqueda de soluciones tiene que ir más allá de los límites definidos en un proyecto, hasta lograr imbricarse plenamente con el tejido social, los nuevos liderazgos, las iniciativas populares. Solo así podemos tener una garantía de que estas iniciativas adquieran un vida propia y se fortalezcan con el paso del tiempo.

Por ejemplo, el plan de apoyo a la nutrición en niños, jóvenes y adultos mayores, que llevan adelante los 240 comedores de Alimenta la Solidaridad en 15 estados del país, sería imposible de llevar adelante sin la presencia y activismo de nuestros líderes; requiere de todo un sistema que refuerce el trabajo educativo con los niños, que acompañe y fortalezca el liderazgo femenino, que trabaje con los efectos de la violencia en las comunidades. Además tiene que contar con un sistema de trabajo en red, que ayude a fortalecer los lazos entre los comedores y la comunidad.

Lo que comienza siendo un primer paso para apoyar a las personas más vulnerables, crece hasta convertirse en un punto de encuentro de la comunidad, un espacio para el nacimiento de nuevos liderazgos, un momento para la reflexión del país que queremos y una vía para lograr el fortalecimiento de un poder popular que lucha por apropiarse de su entorno y su destino.

Frente a los retos que tiene nuestro país, tenemos que convertir estas experiencias en un aprendizaje vivo y consciente que nos confirme que existe un camino para el cambio; que hay elementos que nos unen como sociedad: el compromiso por la solidaridad y la lucha por un país que cree en los valores de la iniciativa, el esfuerzo y la democracia.

Teniendo presente todo lo que hemos aprendido, desde hace unas semanas nos hemos reunido con representantes del gremio de transportistas a fin de escucharlos y explorar propuestas de trabajo que ayuden a estos profesionales a estrechar sus vínculos con las comunidades y evaluar opciones para mejorar la calidad del servicio que prestan. Hemos ayudado, junto con nuestras comunidades organizadas, a desmontar algunas barreras que han separado a los vecinos de estos servidores públicos que también sufren la realidad que vivimos.

De igual forma, mantenemos el contacto con el personal sanitario que lucha contra la pandemia y hemos conocido de primera mano la tragedia humanitaria que vive el país. Junto con ellos, hemos alzado la voz para exigir mejores condiciones de trabajo y la llegada de las vacunas.

Para crecer como sociedad tenemos que apuntalar estas alianzas, restablecer los vasos comunicantes entre los ciudadanos y los gremios profesionales, el comerciante y el vecino, el empleado público y las personas a las que debe servir. Hay que lograr pactos, nuevos y mayores, para superar los límites que nos quiere imponer un régimen que aspira a dividirnos para debilitarnos.

El camino apenas comienza, y tenemos por delante un trabajo tan exigente como nuestro compromiso. En los últimos años, junto con nuestros líderes, hemos podido construir una experiencia de vida y de trabajo que quiere convertirse en un proyecto, una lucha por el cambio, un compromiso real, urgente y necesario por la ciudad y el país que queremos. Solo unidos podremos estar a la altura de nuestras aspiraciones como sociedad.

* Director de Alimenta La Solidaridad y Caracas Mi Convive

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Roberto Patiño May 17, 2021 | Actualizado hace 2 meses
Dar con gusto, por Roberto Patiño*

@RobertoPatino

Hay un hilo que conecta a todos los venezolanos que hay por el mundo y que va más allá de nuestro amor por la música, la sonrisa fácil, el acento caribeño incapaz de ocultarse detrás de otro idioma, o las bendiciones de nuestra gastronomía que compartimos por todos los rincones del planeta donde hay uno de nosotros, un vínculo que nos identifica en lo más genuino que somos como venezolanos: la solidaridad.

Inspirados en este sentimiento, desde el 9 de mayo se ha difundido por redes sociales un video para conmemorar los 5 años de Alimenta La Solidaridad (AS), producido por un grupo de talentosos músicos, cantantes y artistas, donde se versiona, al ritmo de la “jota carupanera”, la canción Dar es dar de Fito Páez, hasta convertirla en el himno de “Dar con gusto”, una invitación para que todos los venezolanos y ciudadanos del mundo, amigos de este pueblo.

La fecha escogida para el lanzamiento fue precisamente el Día de la Madre como un agradecimiento a las miles de mujeres que prestan su trabajo voluntario para esta labor y representan la fuerza de AS.

Con 240 comedores en 15 estados del país, Alimenta la Solidaridad ha atendido a 26.000 personas y repartido 10 millones de platos de comida. Todo un logro que se enmarca en un esfuerzo mayor y que incluye la formación de madres y niños, el acompañamiento en el trabajo en redes en las comunidades y, sobre todo, la formación y apuntalamiento de nuevos liderazgos comunitarios que ayudan a construir un camino para la superación y el cambio.

Hoy la crisis humanitaria generada por el régimen en nuestro país está en la agenda de las principales democracias del mundo y en la cabecera de muchos portales de noticias. Nos hemos convertido en un tema de preocupación para las personas, medios y líderes que miran más allá de sus intereses; somos una coordenada, un punto en el mapa, un rostro y una voz para todos aquellos que se preocupan honestamente por la crisis social que afrontamos, por las violaciones a los derechos humanos que padecemos y la pérdida de nuestras libertades civiles.

Es una agenda extensa, a veces agotadora, ¡lo reconocemos!, pero que los verdaderos demócratas del mundo, saben ponderar en su importancia, sin cálculos mezquinos o indiferencias burocráticas. 

“Dar con Gusto” es mucho más que una campaña para difundir la labor de Alimenta la Solidaridad.

También aspira a convertirse en un punto de encuentro de todos los venezolanos, un espacio para la reflexión, para ayudarnos a repensar nuestro trabajo y compartir las experiencias positivas, que día a día nos muestra un verdadero poder popular que se organiza y trabaja por su futuro, un esfuerzo vital que se despliega desde los valores de la solidaridad, la producción y la democracia.

Dar con Gusto nos convoca, desde nuestra realidad, a pensar en el país. Es una invitación a difundir en el mundo lo que ocurre en Venezuela, a convertir el caso venezolano en algo que supere el titular triste y la crónica oscura; a seguir siendo un tema de interés para quienes aman la democracia y la libertad. Somos un país con problemas muy graves generados desde el poder, pero también somos un pueblo que se define por su esfuerzo, su capacidad de trabajo, su alegría y, sobre todo, por su solidaridad, un valor que une a todos los venezolanos en el mundo que se sienten convocados a dar con gusto por su país.

* Director de Alimenta La Solidaridad y Caracas Mi Convive

robertopatino.com

Dar con gusto

La versión venezolana de la canción Dar es dar, del cantante argentino Fito Páez, fue producida por el músico cumanés y ganador del Grammy latino Jorge Glem. En esta versión se unieron más de 20 músicos venezolanos, entre los que se encuentran los también galardonados con el Grammy, Rodner Padilla, César Orozco y Diego Álvarez. Los acompañaron Cheo Pardo, Víctor Muñoz, Karina, Pedro Castillo, Betsayda Machado, Simón, Elisa Vegas, Claudia Lizardo, Alessandra Abate, Liana Malva, Luke Grande, Ricardo del Búfalo, Natasha Bravo, Reyes, Alberto Arcas y la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho.

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Roberto Patiño May 07, 2021 | Actualizado hace 3 meses
Derecho a la paz, por Roberto Patiño

@RobertoPatino

Para algunos la violencia de las bandas criminales son noticias que llenan la crónica negra de sucesos y que saturan, por espacio de algunas horas, las redes sociales. Lamentablemente para otros, estos hechos ocurren muy cerca de su entorno y las detonaciones se convierten en sangre y miedo para ellos, para los seres queridos, para los vecinos y amigos que tuvieron la mala suerte de quedar en medio de enfrentamientos tan inesperados como arbitrarios. Es un conflicto que no parece agotarse con el tiempo y que se suma a la pesada carga que implica la supervivencia en Venezuela.

Cuando estos sucesos ocurren y, cada día son más seguidos como por ejemplo en La Vega, nos ponemos inmediatamente en contacto con nuestros líderes que habitan en las zonas en donde se registran estos enfrentamientos, y sus palabras nos empujan a una realidad mucho más compleja que la descrita por los cronistas de sucesos. Ellos nos cuentan de vecinos atrapados; nos explican las previsiones que deben tomar en sus hogares, nos hablan de las víctimas: de dónde eran, a qué se dedicaban, dónde las conocían; la tragedia, para ellos, tiene un rostro propio, cercano, una tristeza con nombre y apellido.

En nuestras conversaciones nos dan detalles de la cadena de acción y reacción que se establece entre las bandas criminales y los cuerpos de seguridad. Nos describen, a veces solo con el tono de su voz, la indignación que hay ante una violencia absurda y desmedida que impone toques de queda y que los obliga a adaptarse constantemente, como si lo normal es tener que vivir bajo amenaza.

¿Esta es la sociedad que queremos?, ¿tenemos que aceptar esta normalidad de plomo y pólvora?

Por la vía de los hechos el Estado venezolano ha renunciado a su deber de garantizar unos estándares mínimos de convivencia. Esta incapacidad del régimen de garantizar el monopolio legítimo y constitucional de la fuerza es la consecuencia de años de malas políticas de seguridad, de planes caracterizados por su escaso arraigo con las comunidades, por la violencia exagerada sobre la población inocente en operativos improvisados y por la entrega de concesiones a bandas delictivas; un inventario de errores que han llevado a que el régimen fracase en su primera obligación: garantizar el derecho a la paz de los ciudadanos.

La seguridad de los ciudadanos exige un trabajo coordinado con las comunidades y un ejercicio racional de la violencia, garantizando siempre y en todo momento el pleno respeto a los Derechos Humanos de la población. Desde Caracas Mi Convive tenemos una amplia experiencia documentada, que demuestra que las políticas de seguridad, cuando se ejecutan sin control institucional, generan daños profundos en el tejido social.

No necesitamos “gatillos alegres” de bandas delictivas ni de funcionarios uniformados, requerimos políticas públicas que nos devuelvan el derecho de vivir en paz en nuestro país.

*Director de Alimenta La Solidaridad y Caracas Mi Convive

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La esperanza como reto, por Roberto Patiño

@RobertoPatino

Inmersos en una de las mayores crisis políticas, económicas, sociales y sanitarias que ha vivido Venezuela en los últimos años, desde hace algún tiempo hemos podido sentir que se instaló en nuestro entorno una sensación de angustia que se ancla en la idea de que la población está abandonada a su suerte. Una orfandad que ha invitado a muchos venezolanos a emprender la huida de una realidad que, por dura, parece insuperable.

Diariamente escuchamos historias de personas que han sido superadas por las dificultades, conflictos que los han llevado a recluirse en el aislamiento y la tristeza, en espera de mejores tiempos o de que mejore su estado de ánimo.

¿Cómo cuestionarlos?, somos humanos y todos en algún momento hemos sentido la tentación de salir del camino para recuperar el aliento y la esperanza.

¡Pero no es el momento de detenernos! Si algo hemos aprendido en todos estos años de trabajo en las comunidades, es que la esperanza no es una emoción que anida en nuestra alma, sino un proyecto en construcción que requiere disciplina permanente.

Frente al desamparo necesitamos el compromiso solidario, un esfuerzo que se funda en la certeza de que solo trabajando con el apoyo de todos, de manera coordinada y anclados en los valores de la solidaridad, se puede encarar la dura situación que atraviesa el país.

La esperanza, para ser duradera, no hay que esperarla, sino construirla y en nuestras circunstancias como nación, eso se logra generando espacios de participación ciudadana, donde el vecino, el amigo, el compañero, nuestras líderes, ¡hombres y mujeres de bien!, construyen soluciones reales de los problemas.

Para alejarnos de la tristeza, necesitamos entender que, con el esfuerzo de todos, seremos capaces de vencer las dificultades.

Nosotros, desde Caracas Mi Convive y Alimenta la Solidaridad hemos aprendido, durante más de 8 años, que gracias a la generación de espacios de participación ciudadana se ha podido romper con el aislamiento que invita a la tristeza, haciendo de la comunidad un actor político y social capaz de superar las dificultades, un sujeto colectivo con capacidad de construir su propio futuro.

Sigamos luchando para hacer frente a los problemas que atraviesa el país, insistamos en el esfuerzo por convertirnos en protagonistas de nuestra historia como ciudadanos, vecinos y comunidad. Comprendamos que, con la participación de todos, es posible dejar atrás la desesperanza y vencer las dificultades.

Frente a la tristeza participación, trabajo y compromiso.

Juntos saldremos adelante.

*Director de Alimenta La Solidaridad y Caracas Mi Convive

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