Julio Castillo Sagarzazu, autor en Runrun

Julio Castillo Sagarzazu

¿Consenso vs primarias?, por Julio Castillo Sagarzazu
Aunque las primarias son un mecanismo más complicado que el consenso, más caro y que demanda un consenso previo para cristalizarlas, es un método concreto

 

@juliocasagar

¿Estamos en presencia de un verdadero o de un falso dilema en este tema de las primarias y el consenso?

Veamos: este es un tema que no puede analizarse prescindiendo de quiénes son los que hacen las propuestas para cada una de los dos caminos planteados para participar un eventual desafío electoral.

En efecto, es más o menos evidente que quienes se decantan por uno u otro camino lo hacen dependiendo de la capacidad con la que se ven para ganar una eventual candidatura.

¡Ojo! Esta afirmación no tiene nada que ver con matar al mensajero y tampoco con negar el legítimo interés de querer colocarse en la posición más favorable y escoger el terreno en el que se sienten más cómodos. Eso es lo que hacen los capitanes de los equipos de futbol cuando eligen el suyo. Se sabe también que jugar de home club es mejor que jugar de visitante. Todos tienen derecho de escoger y nadie puede obligarse a pelear enchiquerado

Lo otro que es necesario dejar sentado es que las fuerzas y las personas involucradas en este debate son disímiles y en algunos casos están enfrentadas por distintos asuntos de la lucha política cotidiana en el país. De manera que es entonces lógico que esas diferencias se trasladen al debate sobre la estrategia electoral y política.

A los efectos, entonces, de centrarnos en el tema del método, convendría obviar este debate que, aunque importante, debe ser materia de otra discusión.

Lo que, en realidad debe ser importante es determinar cuál de los dos caminos tiene más posibilidades de concretarse, independientemente de quienes lo propongan o que intenciones tengan en ello.

Veamos:

En la Venezuela contemporánea ha habido consensos importantes, la Junta Patriótica para luchar contra la dictadura de Pérez Jiménez; el Pacto de Puntofijo para gobernar y luego, posteriormente, otro pacto no escrito que reunió a AD, Copei, Fedecámaras y la CTV, como cuatro patas de una mesa que funcionó durante varias décadas.

Todos estos acuerdos cumplieron una misión en el país que los vio nacer y desarrollarse, pero también morir.

Una de las cosas que los hizo posible era la auctoritas de los cabeza de fila de las organizaciones que los suscribieron y, obviamente, la justeza del bien político que tutelaban que era el desarrollo y cuido de las instituciones democráticas que se estrenaban después de la dictadura.

No viene al caso analizar las razones por las cuales esos acuerdos dejaron de tener vigencia, pero sí rescatar que, en la Venezuela de hoy en día, no tenemos el liderazgo que sea capaz de lograr hitos de esa naturaleza.

¡Atención! Esto no quiere decir que no tenemos líderes, que los tenemos y con grandes virtudes. Lo que no tenemos son las circunstancias que los hagan tener el peso que tuvieron aquellos padres fundadores de la democracia y que les permitió hacer la masa crítica que llevó a los acuerdos que hemos comentado.

Este es, entonces, uno de los primeros problemas para llegar a un consenso alrededor de algún nombre para una eventual candidatura presidencial. ¿Es imposible? Por supuesto que no, pero debería ocurrir un hecho extraordinario que aún no ha ocurrido o aparecer un nombre que milagrosamente nos pusiera de acuerdo. Una suerte de Pentecostés, en la que el Espíritu Santo descendiera como lenguas de fuego sobre la cabeza de nuestros líderes y se operara el milagro.

Hace poco, y en esa búsqueda, un grupo de venezolanos, cuyo vocero fue nuestro respetado amigo Rafael Simón Jiménez, hizo público un documento en el que insisten en la tesis del consenso.

En este documento, sin embargo, echamos de menos aunque fuera alguna aproximación sobre los mecanismos que deberían usarse para llegar a ese consenso. En este particular, no basta con llamados a la conciencia, ni con convocatorias a la responsabilidad. Descartado el método del Pentecostés, por razones obvias, es necesaria una propuesta concreta sobre ese punto. Diógenes salía a diario a buscar el hombre justo con una linterna en las plazas de Atenas. Nunca lo encontró, pero tenía un método para hacerlo.

Esta es una dimensión del problema que hace falta en el debate para poder aterrizar y ponerlo en modo realidad. Los otros elementos sobre el programa, los objetivos de un nuevo gobierno, etc., son esenciales e importantes, pero sobre eso hay muchísimo material andado, incluyendo el Plan País, que sigue teniendo una vigencia notable y que puede revisarse a raíz de las nuevas realidades. Dicho de otra manera, sobre las fórmulas algebraicas seguramente estaremos de acuerdo. Ahora hay que despejar las incógnitas y darles valor aritmético.

Ahora bien, para comentar la otra propuesta hay que decir que ciertamente las primarias, que son un mecanismo más complicado que el consenso, más caro y que demanda igualmente un consenso previo para cristalizarlas, tienen empero a su favor que es un método concreto, que tiene andado un camino importante; que ha logrado importantes incorporaciones y que, si se organizan bien, de manera inclusiva, transparente y democrática, pueden enlazarse con ese sentimiento de ganas de participar que se nota en todos los estudios de opinión.

Además, aunque se ha demostrado que no necesariamente “la voz del pueblo sea la voz de Dios”, una candidatura y un liderazgo legitimado por una mayoría ciudadana arrancaría con el buen pie que estamos necesitando después de tantos tropiezos.

Es un debate abierto, pero para el que no tenemos mucho tiempo. La Comisión Nacional de Primaria debe acelerar sus trabajos y si, en el camino, aparece una milagrosa opción, pues bienvenida sea y continuamos adelante.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El doctor Pangloss y las primarias, por Julio Castillo Sagarzazu
Hay un optimismo patológico como el del doctor Pangloss, aquel tutor de Cándido, el personaje de Voltaire a quien todo le parecía chévere. Hay otro optimismo, como el de Winston Churchill

 

@juliocasagar

Hay un optimismo patológico como el del doctor Pangloss, aquel tutor de Cándido, el personaje de Voltaire a quien todo le parecía chévere y que las cosas que ocurrían eran la consecuencia del obrar correcto de la providencia. Con ese predicamento, llegó a convencer a su discípulo a no lanzarse a salvar a su amigo Martin que había caído por la borda del barco, con el argumento de que Dios había construido la bahía de Lisboa, con el expreso fin de que el amigo se ahogara en ella, por lo cual era inútil tratar de rescatarlo.

Hay otro optimismo, como el de Winston Churchill, cuando asediado por los bombardeos alemanes, luego de la estruendosa retirada de Dunkerque y mientras los primos americanos volteaban para otro lado, se hacían los que habían ido a comprar querosén y no se enteraban de nada, respondía a un periodista: “Soy optimista, no veo muy útil ser otra cosa”.

Hoy día en Venezuela, luego de las piezas de vodevil que hemos presenciado, en la que los dirigentes opositores se tiran los trastos a la cabeza, como en una pelea de botiquín, tampoco es muy útil ser pesimista pensando que a eso se reduce la lucha política del país o usar esto como pretexto para declararnos oficialmente hastiados, bajar los brazos y pedirle a la esquina que tire la toalla.

Esa no es la “big picture” de la realidad nacional, al menos no es la totalidad de ella.

Contemporáneamente, a esta “hora loca” de la política, se desarrolla una poderosa y espontánea respuesta de los venezolanos en protesta por el descenso de la calidad de vida, los salarios de hambre y el abandono de los servicios públicos oficiales. Muchos opinamos que esta realidad puede ser una gran oportunidad para construir una alternativa nacional que pueda recuperar la democracia y la libertad en el país.

Es aquí donde regresamos al tema del voluntarismo y el panglossianismo como vicios de la política.

Ningún proceso político logra cumplir sus fines sin tener una dirección que apunte en la dirección correcta. Al menos, hasta ahora, la historia de los cambios sociales nos lo ha indicado así.

Las direcciones políticas, empero, no se hacen de la noche a la mañana, tampoco se pueden encargar “llave en mano”, no se compran pret a porter, ni se contratan outsourcing. Las direcciones políticas, pueden surgir de acontecimientos inesperados, pero necesitan pericia, know how y, sobre todo, una estrategia de cambio en las alforjas, para que puedan cumplir exitosamente su tarea. Necesitan igualmente tejer alianzas nacionales e internacionales; diseñar un modelo de país y también y, sobre todo, estar legitimados por su historia, su comportamiento y la decisión que hayan mostrado en los momentos claves de la lucha por los cambios.

En Venezuela, está visto, que esa dirección política está por construir. Es probable que los materiales de esa obra estén regados hoy por aquí y por allá.

Seguramente algunas caras conocidas serán necesarias y otras aún las desconocemos. Pero hay que proponerse una estrategia para construirla y para que pueda durar el tiempo que sea necesario.

Lo ideal es que esa dirección de gente de carne y hueso pudieran surgir de un inmenso acuerdo nacional, como ha ocurrido otras veces en Venezuela y en otros lugares del mundo (una Junta Patriótica; un pacto de Puntofijo). Pero hablando honestamente, pareciera que no hay condiciones para que tal acuerdo se realice, al menos no en el corto plazo.

Los disensos, las reyertas, el clima de tensión, los desencuentros y la crispación última, pareciera que no abonan en ese camino.

Es aquí que el tema de las primarias se convierte en una herramienta posible para lograr los niveles de acuerdo snecesarios y construir una dirección legitimada por la participación popular de su elección. Un candidato de cara al eventual proceso electoral podría convertirse en el eje de esa nueva dirección política.

Si el reto de las primarias se asume con responsabilidad. Si estas son inclusivas, transparentes, si votan los venezolanos en el exterior y se logra una movilización de gran envergadura, se puede volver a entusiasmar al pueblo opositor. Y, con él, al conjunto de nuestros compatriotas.

Así, podríamos rescatar el valor del voto y que se manifieste ese casi 80 % de los venezolanos que quiere un cambio.

Es útil ser optimista.

Al terminar de redactar esta nota, conocemos que la casa del dirigente gremial Julio García está sitiada por el Sebin. Es inaceptable que esto ocurra, la persecución debe cesar.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Recalculando…, por Julio Castillo Sagarzazu
Las fuerzas democráticas venezolanas deben recalcular su estrategia para enfrentar al oficialismo, una vez que se ha metido por meandros que ha debido evitar. No leímos bien el GPS

 

@juliocasagar

Cuando el conductor se equivoca y toma una vía distinta a la que indica el GPS, el dispositivo suele alertarlo y se escucha la frase: “Recalculando…”. Es señal de que vendrán nuevas señales para retomar la vía.

Las fuerzas democráticas venezolanas deben recalcular su estrategia para enfrentar al oficialismo, una vez que se ha metido por meandros que ha debido evitar. No leímos bien el GPS.

Este “recalculo” debería llevar un desplazamiento del eje de la política que se ha desarrollado en los últimos meses. Pareciera importante y más útil, igualmente, encontrar esa ruta mirando más por el parabrisas, que perdiendo el tiempo haciéndolo por el retrovisor.

Hay dos elementos nuevos que deberían considerarse: por una parte, está el parteaguas de las fuerzas opositoras que ha supuesto la eliminación del gobierno interino; y, por la otra, la irrupción notable de una nueva oleada masiva de protestas y de presencia en la calle, que no se veía desde los días de entusiasmo que siguieron a la proclamación de Guaidó.

Sobre la primera no hay mucho que decir. Ha quedado patente que la oposición que venía actuando en conjunto en la llamada plataforma unitaria, ya no lo está formalmente. De esa experiencia queda únicamente la Comisión de Primaria. Esta se constituye, de facto, en la única instancia que conecta a estas fuerzas y que tendrá la delicada misión de mantenerlas unidas. Al menos, para concretar la realización de ese proceso tan importante para mantener una cierta homogeneidad de fuerza frente al gobierno de Maduro.

Sobre la segunda, sí pareciera necesario detenerse a tratar de desentrañar la naturaleza y los rasgos novedosos de esta oleada de movilizaciones que han sacudido al país en estos últimos días.

A ese respecto, no deja de ser paradójico que se recupere esta capacidad de movilización, justamente, en el momento de esta profunda crisis de la elite opositora. Lo que pareciera sugerir este hecho es que el contagio no se ha producido porque entre la dirigencia social y gremial y la política hay la suficiente “distancia social” para no haberse contaminado. En cualquier caso, lo que se debe deducir de esto es que esa falencia debe ser superada, porque este divorcio solo hará más compleja la salida de la crisis y el cambio político en el país.

¿Por qué es necesario resolver este problema? Pues porque como bien lo señalaba el manual leninista, el ¿Qué hacer?: “El movimiento obrero dejado en su expresión espontánea solo genera ‘tradeunionismo’”. En latín vulgar, lo que esto quiere decir es que el movimiento social, dejado a su libre albedrío, lo tiene demasiado difícil para lograr un cambio político.

Este desafío es de capital importancia. Sin manipular las movilizaciones, sin instrumentalizarlas y sin pretender usurpar su dirección natural, las fuerzas democráticas deben encontrar el mecanismo para darles profundidad, estrategia y direccionalidad a las reacciones espontáneas y a las que están siendo conducidas por los líderes naturales de gremios, sindicatos y comunidades.

Para ello es indispensable regresar a cultivar la relación con la gente de carne y hueso; hacer una labor de caza talentos, para identificar a los mejores dirigentes y para organizar esta vanguardia detrás de un plan político y social claro que apunte al cambio. Dicho de otra manera: hay que apartarse un poco del WhatsApp y del Instagram y sumergirse, barrio y gremio adentro, al encuentro de la gente.

Es, en este momento, en el que hay que regresar al tema de las primarias y volver a señalar que este proceso debe conseguir un punto de encuentro con la movilización social. Un viraje audaz, junto con una generosidad, humildad y capacidad de comprender que hay liderazgos surgiendo, es una iniciativa necesaria hoy en día. De esa sinergia dependerá mucho el futuro democrático de Venezuela.

Hay que recalcular la ruta. Es la única manera de avanzar.

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Hacer una elite, por Julio Castillo Sagarzazu
El proceso de formación de esta elite sigue avanzando, tiene en la consigna, “esto se arregló” su principal estandarte

 

@juliocasagar

Cuando los primeros seres humanos se asentaron y aprendieron a labrar la tierra y a domesticar animales, el tema del liderazgo conoció un cambio dramático. A los agrupamientos nómadas y trashumantes se les daba bien aceptar las órdenes del más fuerte, del más dotado y el que podía, gracias a esa fuerza, imponer su voluntad al resto del grupo.

Pero el asentamiento hizo aparecer otras necesidades para mantener el liderazgo grupal. Empezó a ser necesario crear instituciones de cierta permanencia. Ya no solo la fuerza era suficiente para mantener el poder de aquellas sociedades incipientes. Hacía falta también el conocimiento y controlar el desarrollo de la tecnología, por más rudimentaria que esta fuera.

Fue en ese momento que los detentadores de aquel elemental poder comienzan a usar parte de su acumulación primitiva de recursos en la formación y la educación de las familias y, en particular, de los hijos. La esperanza era que aquello les daría ventaja sobre el resto de la población y haría más sustentable el ejercicio del mando de sus comunidades.

Desde entonces, la formación de un elite ilustrada y formada ha sido preocupación constante de todas las clases gobernantes.

En la Edad Media occidental, la Iglesia asume la tarea de la formación de las elites, fundado universidades y haciendo de sus conventos verdaderos centros de la transmisión de la cultura y hasta de la ciencia. Las poderosas familias de la época hacen del mecenazgo una manera de tener bajo su cobijo a los mejores artistas e intelectuales. Italia es una muestra fascinante de ello. Los palacios y propiedades de los Sforza en Milán, los Medici en Florencia, los Farnesio en Parma se convirtieron en centros del arte y la formación de sus descendientes para el manejo del gobierno y el poder cultural o ideológico.

Posteriormente, llega el ascenso social y económico de la burguesía, la Revolución Francesa y la Ilustración. Se democratiza la educación, pero las familias y grupos de poder siguen invirtiendo en la formación de sus descendientes.

Las grandes universidades y los centros de formación pasan a ser subvencionados oficialmente y por fundaciones de familias poderosas, como ocurre todavía en los Estados Unidos y en Inglaterra.

En Venezuela, la trilogía de Francisco de Miranda, Simón Bolívar y Andrés Bello es una buena muestra de los esfuerzos de sus familias para que se formaran. Bello obtuvo una educación de primera en la propia Caracas y luego, por su conocimiento del inglés, fue enviado junto con López Méndez y Bolívar en la primera misión diplomática a Londres, a encontrarse con Miranda. Este último y Bolívar fueron enviados, por sus familias, a las mejores academias militares de la metrópoli. Bello, por su parte, culmina su carrera como ministro de Educación de Chile.

Con la llegada del petróleo y el posterior advenimiento de la democracia, esta prioridad no fue descuidada. Al contrario, el Estado se unió al esfuerzo de las familias, sembrando de escuelas todo el país. Reforzó la universidad pública e, incluso, promovió extraordinarios programas de formación, como el de las becas Gran Mariscal de Ayacucho, que llevó a miles de nuestros jóvenes a las mejores universidades del mundo entero.

La llegada de Chávez al poder implicó un frenazo a todo este proceso. Con su propósito “refundacional de una V República”, era lógico que necesitara promover una nueva escala de valores morales y sociales para apuntalar su proyecto.

Comenzó su tarea con la ideologización de los libros de texto y la continuó con expresiones muy bien pensadas. Un día, en plena plaza pública, manifestó: “si mi hija tuviera hambre, yo también robara”.

En la frase estaba contenido todo un programa moral y político de una batalla cultural necesaria para formar una nueva elite del poder.

Los valores del estudio, el trabajo, el esfuerzo quedan apartados de la ideología oficial para dar paso a los de si necesitas algo: “ven a mí que tengo flor”.

Fue una forma de iniciar el capitalismo de panas y la hegemonía estatal de la economía: existirá solo lo que yo no expropie y lo manejarán los que se acerquen a mí.

La economía de puertos, la minería ilegal, la vista gorda ante grupos irregulares, el uso de colectivos para sustituir la fuerza pública, las zonas económicas especiales, la ley antibloqueo… todos son instrumentos de esa batalla cultural y moral.

Pero hay un elemento en el que hay que poner especial interés. Se trata del desmantelamiento de la educación pública y de la universitaria.

El carro de guerra desplegado para humillar a las universidades, a la protección social de sus empleados y docentes; la confiscación de los presupuestos, el abandono de sus plantas físicas son todos intentos de someter a un sector que aún tiene reservas para la formación moral, intelectual y para impartir conocimiento, tal como quedó demostrado en esa ventanita abierta de las elecciones de representantes profesorales al cogobierno de la UCV.

La elite que necesitan, para mantenerse en el poder, no es la de los profesionales desarrollando al país, sino la de los enchufados, con guayas de oro en el pescuezo, camionetotas que pueblan la noche caraqueña y venezolana en restaurantes suspendidos y haciendo “piques” en Ferraris.

El proceso de formación de esta elite sigue avanzando, tiene en la consigna, “esto se arregló” su principal estandarte. Desgraciadamente, muchos compatriotas, deslumbrados por los destellos de esa realidad de farol y por las lentejuelas de las rumbas, se han dejado seducir.

Una “nueva moral”, basada en el dinero, trata de demostrar (como siempre) que la falta de democracia, la violación de los derechos humanos y la corrupción son problemas de los políticos y no de ellos.

Esta es la batalla cultural que el régimen necesita ganar y esta es justamente la ofensiva que los demócratas debemos resistir.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

A la búsqueda del centro perdido, por Julio Castillo Sagarzazu
Romper la polarización, desplazarse hacia el sentimiento de las grandes mayorías con una oferta creíble, sin concesiones de principios, pareciera ser el desafío de hoy

 

@juliocasagar

Pareciera útil parodiar el nombre de la novela de Marcel Proust para adentrarse un poco en la realidad política y social de Venezuela. En la obra de Proust, el narrador da un bocado a una magdalena (ese ponquecito tan típico para desayunar en Europa) y el sabor le hace evocar su niñez y los pasajes que sirven de columna vertebral al relato.

Las elecciones de medio término en los Estados Unidos, pero también las que han ocurrido en el entorno de Venezuela en los últimos meses, son una suerte de magdalena que podría permitirnos evocar algunas de las falencias de la oposición venezolana. Y aportar pistas sobre cómo podrían superarse.

Veamos:

En los Estados Unidos, todas las encuestas vaticinaban una marea roja republicana que dejaría en serios aprietos a los demócratas en el Congreso, el Senado y varias de las gobernaciones de estados importantes, para encarar la próxima elección presidencial. Ya todos sabemos que no ocurrió. Biden, el presidente de más baja popularidad en la historia norteamericana que ha enfrentado estas elecciones, ha sido el menos castigado en ellas.

Estos fenómenos tienen causas plurales, pero en el caso que nos ocupa no es descabellado señalar uno como el más importante: se trata de la entrada en escena de Donald Trump. ¿Por qué? Pues porque Trump es una figura polarizante. No hay duda de que su actitud y su discurso sacaron de su poltrona tanto al votante demócrata promedio, decepcionado de Biden, como al republicano más liberal y los movilizó para ir a votar en su contra. Su imagen particular, la evocación del asalto al Congreso y el clima crispado de los días de la elección, tuvieron la suficiente fuerza en el inconsciente colectivo norteamericano para transformarse en fuerza electoral.

En el caso de Brasil, fue igualmente evidente que Lula no tenía la fuerza electoral por sí mismo para derrotar a Bolsonaro. Fue su desplazamiento hacia el centro, e incluso hacia la centroderecha, lo que logró es 1 % definitivo para que pudiera imponerse a su rival, igualmente, un personaje polarizador.

Mutatis mutandi, fue lo mismo que hizo Petro en la segunda vuelta colombiana y Macron en Francia para vencer a Le Pen.

Esta reciente evidencia pareciera indicar que los candidatos obviamente deben partir de sus propias posiciones, sus visiones, sus cualidades y sus liderazgos labrados a pulso, pero que, para conquistar victorias electorales, deben desplazarse hacia el centro para poder crecer.

Es igualmente obvio que esto no ha sido siempre así. Ha habido momentos en los que los pueblos se van detrás de líderes extremistas, mesiánicos y populistas. Pero lo que pareciera estar operando en la conciencia política y electoral de los pueblos es una reacción ante las disrupciones de opinión publica que han constituido la pandemia, la guerra de Ucrania, la recesión mundial y sus consecuencias que tienden a alejarlos de las zonas de conflicto, a buscar seguridad, evitar la confrontación y las salidas violentas.

En Venezuela, la polarización ha sido la zona de confort del chavismo. El enfrentamiento entre pobres y ricos, patriotas y apátridas, escuálidos y revolucionarios, ha sido la trampa en la que ha caído, no pocas veces, la oposición democrática. Los problemas de la gente, el planteamiento “transversal” de las necesidades sociales se ha dejado en un segundo plano. Como siempre ha ocurrido en la historia de las transformaciones sociales, los pueblos llegan a conclusiones políticas cuando entienden que sus problemas concretos y cotidianos no se resolverán sin un cambio en la dirección del país.

Ello no implica, en modo alguno, caer en el pedestre ofrecimiento de que la oposición tapara todos los huecos de las calles y limpiara todas las alcantarillas, como si Venezuela fuera un “país normal” porque no lo es. Lo que pareciera un deber de la dirección política opositora es justamente hacer ese link entre situación social y necesidad del cambio político.

Romper la polarización, desplazarse hacia el sentimiento de las grandes mayorías con una oferta creíble, responsable, sin concesiones de principios y de la ética, pareciera ser el desafío de hoy.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

No todas las comisiones diseñan un camello, por Julio Castillo Sagarzazu
Hay una importante oportunidad de que la designación de la comisión para las primarias se convierta en un acelerador del sentimiento de volver a luchar

 

@juliocasagar

Nos dice una expresión proverbial que “Un camello es un caballo diseñado por una comisión”. Es una manera decir que cuando no se quiere resolver un problema o cuando da lo mismo que se resuelva de cualquier manera, el asunto “se pasa a una comisión”.

Este, por cierto, no ha sido el caso de la comisión que recientemente ha designado la Plataforma Unitaria de la oposición, para ejercer la rectoría de las primarias.

En efecto, las primeras reacciones del mundo opositor han sido favorables, dada la calidad de las personas que se han escogido.

La decisión ha tenido igualmente el mérito de hacer que muchos que se manifestaban, o siguen manifestándose en contra del método de primarias, hayan morigerado su posición. No han faltado, entre estos quienes se han unido a la felicitación y al reconocimiento de los designados. Como decía Víctor Hugo: “Nada tiene más fuerza que una idea a la que llegó su momento”. Quizás es el momento de esta idea; quizás esta propuesta ha llenado un vacío y quizás esta es la razón por la cual ha generado estas reacciones.

El nombramiento de la comisión ha producido también la sensación de que el proceso se dinamiza. Ello se convierte en un poderoso atractor de simpatías y verlo como algo posible y lograble. Todo esto sube el costo político del saboteo del proceso a todos aquellos que, diciendo que están de acuerdo con las primarias, cruzan los dedos para que no se realicen.

Es justamente sobre este último punto sobre el cual se debería llamar la atención. En la política siempre es bueno escuchar a los abogados del diablo y no dar por hecho lo que aún no está hecho.

¿Por qué?

Pues sencillamente porque los voceros del chavismo han anunciado, en numerosas ocasiones, que podrían adelantar las elecciones y porque, si se produce este adelanto, el argumento de que “no hay tiempo para las primarias” permitiría a muchos desecharla y proponer decantarse por un acuerdo de cúpulas para resolver un problema tan importante.

De allí que una de las principales obligaciones de la comisión es aprovechar el aliento y el empuje inicial para dinamizar el proceso y acelerarlo.

Habría que crear las condiciones para que las primarias prendieran en el ánimo y en el espíritu del mundo opositor venezolano. En esta vía sería positivo que, al interior de la plataforma opositora, se formasen coaliciones y acuerdos cuya base sea la defensa irrestricta del respeto a los acuerdos de realizar el proceso. Así, todo venezolano que se ha identificado con esta iniciativa sabrá que hay factores apoyándola y dispuestos a no permitir que se burle su conclusión.

Hay una importante oportunidad de que este paso de designación de la comisión se convierta en un revulsivo, un catalizador y acelerador del sentimiento de volver a luchar de nuestros compatriotas. Los hombres y mujeres que han sido encargados de esta responsabilidad, todos venezolanos de bien, tienen un compromiso grande. No podemos darnos el lujo de fallar.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

En política, lo que parece... es, por Julio Castillo Sagarzazu
Si es verdad que en la política “lo que parece, es”, entonces estamos atrasados con las presidenciales

 

@juliocasagar

Diosdado Cabello, medio en serio, medio en broma, pareciera haber cantado lo que el chavismo está pensando sobre el proceso electoral: en primer lugar, que es muy probable que la fecha de las elecciones sea una que sirva para descolocar a las fuerzas que han resuelto convocar unas primarias para dirimir la candidatura presidencial. Consumar un adelanto del proceso no solo agarra a la oposición sin pañuelo para el catarro, sino que acentúa las condiciones para sea más complejo constituir un frente competidor frente al 25 % del oficialismo.

¿Por qué esto es así? Pues porque si no hay tiempo para realizar las primarias, se estaría llevando agua al molino de quienes han sugerido que, en esa eventualidad, habría que decantarse por un consenso de partidos. Con la actual desafección de los venezolanos hacia las organizaciones políticas no es difícil imaginar el inmenso peso del plomo en el ala con el que se partiría a la contienda electoral.

No es descartable que esta política pudiera conseguir afectos en el frente opositor. Como anillo al dedo les vendría a aquellos que no están de acuerdo con las primarias porque se ven un chance limitado, pero también a otros que se darían por bien servidos, apostando por la prolongación del status quo actual, del que han tirado no pocos beneficios.

La papeleta es todo un desafío y planteará la necesidad de un plan de emergencia, si esta especie llegara a confirmarse: Así las cosas, la oposición tendría frente a si varios retos: definir cuanto antes las cuestiones cruciales del voto en el exterior; la designación del Comité Rector de las primarias y un mecanismo para reevaluar la fecha en caso de que efectivamente se adelanten.

Paralelamente a ello, porque en la política, el arte de mascar chicle y caminar debe ser dominado a la perfección, las organizaciones y eventuales candidatos estrían compelidos a activarse inmediatamente.

No hay duda que una asignatura pendiente es volver a conectar emocionalmente con los millones de venezolanos que acompañaron la protesta y la lucha por recuperar la democracia.

Conectar igualmente, como ocurrió el 2015, con los millones de compatriotas que usaron el voto para protestar por el deterioro de las condiciones de vida. Es evidente que una campaña electoral, sea esta de primarias o directamente las presidenciales, tiene que conjugar sabiamente estos dos elementos.

De la misma manera, habría que evaluar que las elecciones que se convoquen no sean solamente para la presidencia de la República. Es altamente probable que Maduro no quiera ir solo a este proceso. Una manera de asegurar que todo el activo del chavismo participe es involucrando, al menos a los gobernadores, para ponerlos a todos a trabajar en la misma dirección.

Esto va a obligar a que los factores democráticos comiencen, desde ahora, a plantearse alianzas y reagrupamientos. Si hay elecciones regionales, habrá que incorporar a las negociaciones a decenas de factores sociales, organizaciones independientes y liderazgos locales con peso específico en sus regiones. Esto podría ser una gran oportunidad para alargar las fronteras de la oposición, más allá de los partidos.

Unas primarias pueden igualmente convertirse en una excelente ocasión para volver a entusiasmar al activismo local y poder presentar opciones competitivas. Esto es esencial. El resultado de una consulta popular (por más compromiso que haya de que los vencidos apoyen al vencedor) donde los ganadores lo hagan con un pequeño porcentaje, no abona en el terreno de presentar a ese candidato como competitivo.

De allí que sería importante que las alianzas se perfilasen desde ahora. Hay alternativas afines que podrían reagruparse y establecer el compromiso de que los mejores colocados en la opinión pública recibirían el apoyo de los menos favorecidos. Lo repetimos, si hay elecciones regionales, hay un amplio espacio para negociaciones y para conformar frentes y acuerdos. Que las primarias se hagan entre alternativas que se han ido decantando y reagrupando sería una buena noticia para tener opciones fuertes y creíbles.

Si es verdad que en la política “lo que parece, es”, entonces estamos atrasados.

Había que comenzar ayer a trabajar en todos estos complejos, pero fascinantes desafíos.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Una ayudita por el amor de Dios, por Julio Castillo Sagarzazu
La ayudita que hoy aceptan los cubanos de la USAID es, mutatis mutandi, un aviso de que el régimen venezolano se puede estar preparando también para aceptar algunas concesiones

 

@juliocasagar

Las autoridades cubanas han confirmado que aceptaron un donativo de la USAID por dos millones de dólares para atender las emergencias humanitarias de la isla. El dinero será ejecutado por la Cruz Roja, pero su origen son los fondos gubernamentales del “imperio mesmo”.

Se trata de una suma irrisoria, pero su solicitud y aceptación nos develan un mundo de realidades que van más allá de lo simbólico y la normal cooperación diplomática en casos de calamidades naturales.

Están lejos los días en los que Chávez se daba el lujo de devolver la ayuda norteamericana, en medio de la vaguada de Vargas y en los que Fidel hacia acopio de orgullo revolucionario para proclamar que no necesitaban a los gringos. Las cosas no están para escupir hacia arriba.

La pandemia y la salvaje aventura de Putin en Ucrania están produciendo cambios geopolíticos que se acompasan con los del cambio climático y que sincronizan sus velocidades.

Es en este contexto de nuevas realidades como hay que ver la aceptación por parte de Diaz Canel (contrariando la doctrina castrista) de esta ayuda del vecino del norte.

Si, como parece previsible, Putin pierde la guerra, Rusia quedará acotada por unas nuevas fronteras de la OTAN porque Suecia y Finlandia (que ya han celebrado tratados de mutua defensa con varios países) entrarían en la alianza atlántica. Europa se habrá desvinculado de su dependencia energética y la economía rusa se encontrará postrada ante China, que le comprará, a precios de extorsión, los combustibles que necesite.

Si Putin sobrevive en el Kremlin, lo hará al alto precio de endurecer la represión y la pérdida de influencia sobre sus satélites, cuyos líderes ya se dan el lujo de regañarlo en público; y quienes tratarán de salvarse individualmente, si el barco se viene a pique.

Si esto ocurre con sus satélites fronterizos, ocurrirá con más fuerza en los que, como Venezuela, están más distantes.

La ayudita que hoy aceptan los cubanos es, mutatis mutandi, un aviso de que el régimen venezolano se puede estar preparando también para aceptar algunas concesiones.

Es, en este contexto, que hay que mirar su acercamiento con los Estados Unidos para una eventual negociación directa de sus relaciones, que están en suspenso desde hace muchos años.

Esta negociación es bien particular porque no solamente involucra las eventuales relaciones entre los dos países, sino que está amarrada, por razones de política interna y electoral norteamericana, a la actitud de Maduro sobre permitir una apertura para que se realicen elecciones libres en Venezuela. Cualquier negociación, entonces, está obligada a “pagar este peaje”.

Por supuesto que, para alinear y llevar ese barco a puerto seguro, hay que superar el nada despreciable escollo de reconstruir los consensos y acuerdos perdidos al interior de la oposición venezolana. Las reuniones de Panamá y las de Washington de estos últimos días, sugieren tener ese objetivo.

Resulta obvio que para los Estados Unidos, y para el mundo democrático, es un objetivo apetecible sacar a Maduro de la esfera de Putin y seguirán trabajando en ello. Solo que, lo repetimos, sería demasiado costoso hacerlo al precio de desentenderse de la lucha por la recuperación de la democracia venezolana, luego de que se ha andado tanto tiempo comprometido con ese proceso. La oposición venezolana, como se está viendo, también tendrá que prepararse para pagar el precio de reformular todo, mucho o poco, la estrategia desarrollada desde el gobierno interino.

Para la oposición venezolana hay también una oportunidad de avanzar, luego de tantos meses de atasco y diferencias. Los acuerdos logrados recientemente sobre las primarias, en la Plataforma Unitaria, son una muestra de que las diferencias pueden minimizarse y que los intereses contrapuestos podrían lograr un área común de coincidencias.

Todavía es pronto para lanzar el sombrero al aire, porque el chavismo seguirá jugando a exacerbar esas diferencias y aún tiene recursos para hacerlo.

Todavía no le crecen todos los enanos del circo, pero mucha preocupación debe de tener observando que el movimiento hacia las primarias se ha robustecido con el anuncio de participación de importantes sectores. Así como con el debilitamiento de los “antiparticipacionistas” en las últimas semanas.

La oportunidad de las fuerzas democráticas está consiguiendo una rendija importante al día de hoy. Esta en sus manos aprovecharla y convertir estas coincidencias (así sean a juro y obligados) en una oportunidad para avanzar.

Maduro aún no está en la situación de pedir una ayudita a la USAID. Pero que lo esté Diaz Canel, es una buena noticia.

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