Julio Castillo Sagarzazu, autor en Runrun

Julio Castillo Sagarzazu

Los Sudetes, Ucrania y Venezuela, por Julio Castillo Sagarzazu
A los venezolanos nos interesa evaluar hasta dónde nos pueden servir estos juegos de tronos de la geopolítica mundial

 

@juliocasagar

Venezuela es un problema geopolítico mundial, por eso, en el título de esta nota aparece junto con Ucrania y los Sudetes checoeslovacos, en lo que aparentemente pareciera un batiburrillo o una sopa de letras sin relación alguna.

Síganos a los párrafos siguientes donde trataremos de explicar el por qué. Veamos:

La entrega a Hitler de los Sudetes checoeslovacos en el Tratado de Múnich, por parte de Chamberlain y Daladier, es la operación geopolítica más vergonzosa y terrible de la que se pueda dar cuenta en la historia moderna. Creyeron que, con ese “gesto” de humillación, calmarían al Führer y disiparían el horror de la guerra. Como les dijo Churchill, al final tuvieron “la humillación y la guerra”.

Ese territorio de la entonces Checoeslovaquia fue cedido sin siquiera participar a Benes, su presidente; o sin invitarlo a la conferencia donde se repartieron su territorio como los soldados romanos, la túnica de Cristo al pie de la cruz. Ese acto bochornoso fue, no obstante, la demostración de cómo un pequeño territorio, que formaba parte del tablero de los intereses geopolíticos de la época, podía llegar a jugar un papel determinante en el curso de los acontecimientos y de cómo, al final del día, “los países no tienen amigos sino intereses”.

Lo propio ocurrió en la crisis del 62 que se saldó con el quid pro quo del retiro de los misiles soviéticos de Cuba, a cambio del retiro de los norteamericanos de Turquía. Las grandes potencias siempre se despachan y se dan el vuelto cuando eso es lo que les conviene.

Hoy, en el marco de la resurrección del espíritu Gran Ruso, el Bonaparte del Kremlin, emulando a Catalina La Grande, se apresta a lanzar una apuesta y parece que pone casi toda la carne en ese asador. Luego de haberse anexado a Crimea, ante la mirada complaciente de Occidente, que pensaba que hasta allí llegaría (remember Sudetes) ahora lanza su baza concentrando en la frontera oriental de Ucrania una fuerza militar con capacidades de invadir el territorio.

Ya allí, alienta una sublevación de separatistas prorrusos (remember Sudetes). Y no es descartable una operación de “falsa bandera” (remember Polonia 38) que le diera excusas para aumentar la tensión.

Ya Putin ha logrado con todo esto (como Hitler) llamar la atención del mundo. Luego de ningunear a la Unión Europea (recordemos que hace meses ridiculizó a Borrel en vivo y directo) ha logrado que, en conversaciones directas, Biden se haga cargo del asunto.

Es en esta etapa que ha entrado en juego Venezuela en el tablero geopolítico del que hablamos. Una portavoz del Kremlin ha dicho que, si la OTAN mantiene su idea de incorporar a Ucrania, Rusia podría incrementar su presencia militar en Cuba y Venezuela. Y para muestra de lo que pueda hacer envía una fuerza especial a Kazajistán para ayudar a la dictadura de ese país a reprimir un levantamiento popular de gran amplitud.

¿Hasta dónde llegara todo esto? Nadie lo puede saber. En realidad, lo que nos interesa a los venezolanos es evaluar hasta dónde nos pueden servir estos juegos de tronos de la geopolítica mundial.

Veamos:

Es cierto que Venezuela interesa a Rusia por la capacidad de latirle en la cueva a los Estados Unidos, en su patio trasero. De allí, que el acuerdo de defensa firmado con Maduro contemple la provisión de armamento y asesores. Hace poco, por cierto, un oficial retirado hacía una larga relación de cuántos sistemas de armas ha provisto Putin a Maduro; y sacaba la conclusión de que le menospreciábamos al no tener tal dato en cuenta.

Hay que decir que, efectivamente, se trata de un dato relevante, pero que está muy lejos de convertirse en decisorio sobre el destino de nuestra democracia. Si los ejércitos armados hasta los dientes y la superioridad militar cancelaran la lucha por la libertad, no habría habido pueblos libres en el mundo. A este argumento habría que recordarle cómo, en el año 89, el ejército del mundo comunista mejor armado por Moscú y la mejor policía política del mundo (la STASI, métodos rusos con disciplina alemana) no pudieron hacer nada ante la caída del muro de Berlín.

Allí no fue que los rusos le regalaron Alemania del este a Occidente, como algunos dicen que Maduro regaló Barinas a la oposición. No. Allí ocurrió que una acción inesperada (cisnes negros, los llaman ahora) en medio de una situación geopolítica de extrema debilidad del mundo comunista, impidió que los tanques del Pacto de Varsovia entraran en Berlín como lo hicieron en Hungría en el 56 y en Praga en el 68.

¿Y todo esto, por qué nos interesa? Por muchas razones. Pero la más importante es que hoy las fuerzas democráticas venezolanas debaten entre varias opciones o vías estratégicas para continuar la lucha por recuperar la democracia y la libertad para el país.

Estas opciones más visibles son las del referendo revocatorio, las elecciones libres para presidente y la relegitimación del liderazgo. Un menú interesante para un banquete de comienzo de año.

Sin embargo, sin ánimo de aguar la fiesta, tenemos que decir que, independientemente de que abracemos cualquiera de las iniciativas, la realidad es que tenemos muy pocas posibilidades de cristalizar las dos primeras a partir de nuestras propias fuerzas.

Es así que, desde esta ventanita, se nos ocurre sugerir que las fuerzas democráticas del país se enfoquen en volver a presionar para que se reanuden las negociaciones en México.

No es realista, lo repetimos, creer que podremos imponer un RR o unas elecciones, si ello no forma parte de una negociación CON GARANTES (mayúsculas exprofeso). La presión, el debate, las iniciativas de calle son importantes, pero, como ha ocurrido en otras ocasiones, son limitadas si no convertimos la lucha en un issue de la geopolítica mundial.

De manera que allí pensamos que está la primera tarea. Y allí se deberían centrar nuestros mejores esfuerzos.

Queda pendiente, no obstante, un tema. A nuestro juico el más importante, aunque no sea el más visible y el que en realidad no depende de la realidad geopolítica del mundo: se trata de la legitimación de la dirección política opositora. Para esto no necesitamos ninguna crisis internacional. Solo es necesario ponernos de acuerdo entre nosotros. Sin una dirección política con autoridad ante el pueblo y legitimada por él, no será fácil adelantar exitosamente ninguna de las otras iniciativas.

Al final, al final, la segunda guerra mundial, la entrega de los Sudetes, el “Anschluss” austríaco y la invasión a Polonia ocurrieron porque a la cabeza de las democracias que debían evitarlo estaban Daladier y Chamberlain. Otro gallo habría cantado si en lugar de estos dos inefables sujetos, hubieran estado Churchill o De Gaulle.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La lección de Barinas que no se nombra, por Julio Castillo Sagarzazu
Barinas demostró lo absolutamente relativo que es la ausencia del dinero y de los recursos para acometer una iniciativa política

 

@juliocasagar

Llueven y lloverán interpretación y conclusiones forenses sobre la inmensa victoria de Barinas. En la política siempre ha sido más fácil ser forense que clínico. Al día siguiente de los acontecimientos todos somos especialistas.

Esta nota no pretende, entonces, llover sobre mojado sobre las evidentes y obvias lecciones políticas de Barinas, sobre el valor de haber actuado unidos, del valor del voto en regímenes como el nuestro etc. etc.

Trataremos sobre un tema que creemos ha pasado de soslayo: el de los recursos y el dinero para hacer política.

De un tiempo a esta parte, tener o no tener recursos se ha convertido en un tema decisorio sobre si se implementa o no una iniciativa. Casi todos los que estamos familiarizados con la política hemos escuchado la expresión: ¿“Y de dónde vamos a sacar la plata para hacer eso”? ¿Cómo vamos a ir a unas elecciones si estamos limpios”? ¿Cómo hacemos con el padrón electoral y cómo pagamos a los activistas”?

Pues Barinas ha demostrado lo absolutamente relativo que es la ausencia del dinero y de los recursos para acometer una iniciativa política.

Debemos aclarar que no vamos a decir la necedad que los recursos materiales no son necesarios para la política. Claro que lo son: creo que fue León Trotsky el que decía, en su jeringonza revolucionaria, que “el dinero es material del viejo mundo para construir el nuevo mundo”. Y razón no le faltaba. Nadie en su sano juicio puede creer que sin tener para pagar un volante se puede participar en elecciones o en política.

Lo importante del tema es analizar cómo la política se ido privatizando de una manera absolutamente inaceptable. Esto ha ocurrido en un gobierno llamado socialista que prohibió la financiación pública de los partidos para abrir las puertas al financiamiento opaco de privados e ilegal de parte del Estado.

Es cierto que durante toda la historia ha habido financistas privados de los partidos y que estos, de buen grado, aceptaban entregar cuotas de poder en retribución y canonjías y privilegios en el gobierno a quienes mejor se “bajaran de la mula”

Pero lo de hoy ha generado un clima absolutamente pernicioso y acabó con uno de los valores más importantes que tenía la política en todos los tiempos: la mística, el trabajo voluntario y el abrazar una causa, que eran más importante que los beneficios que te retribuía.

Aún quedamos muchos que hicimos los pinitos en esta actividad que, en lugar de pedir, cotizábamos al partido. Que hacíamos volantes en esténciles y multígrafo y afiches en silk screen para luego repartirlos y pegarlos sin más recompensa que la arepa en el Mayantigo al filo de las 4 de la mañana.

Muchos debemos recordar que el famoso padrón electoral era un inmenso rosario de voluntarios en cuyas casas se hacían los sánduches de desayuno y el arroz con pollo de almuerzo. Durante décadas jamás escuché que ningún militante cobrara para trabajar en una mesa. Y prácticamente todos sabían que el estipendio se limitaría a aquel arroz con pollo que llegaría frío y sería cada año motivo de quejas, y alguna que otra tarjeta para el celular del centro para trasmitir los resultados.

Creo que Rómulo Betancourt se lamentaba (si no me equivoco) en Venezuela, política y petróleo, cómo se había perdido la costumbre de hacer giras y quedarse en la casa de los compañeros del partido, para comenzar a llegar a hoteles 5 estrellas. Todos conocemos la ácida expresión de Rafael Poleo, que le secundo, diciendo: “Acción Democrática se jodió cuando las adecas conocieron a Louis Vuitton”

Pues bien, en Barinas se acaba de dar una lección de la que deberíamos tomar nota. Con las uñas, sin prácticamente propaganda, sin padrón pagado en dólares y sin más recursos que muchos pares de zapatos para patear las calles, se pudo lograr una victoria sin precedentes.

¿Esto además que nos enseña? Pues que para ganar una elección es más importante tener una política correcta que tener dinero. Y más importante incluso que tener una gran organización.

Una política correcta logra el milagro que todo político quiere alcanzar: enganchar con el sentimiento de las mayorías. Cuando se está entusiasmado, cuando la gente se enamora de una causa, demuestra que el amor, como Einstein decía, es la fuerza más poderosa de la humanidad.

El robo de las elecciones a Superlano despertó un coloso dormido. Emocionó a la gente, lo cual desde hace tiempo no ocurre en Venezuela. Ni en la oposición ni en el régimen. Ese espíritu de victoria que es capaz de mover montañas, el del 2015 o el de la juramentación de Juan Guaidó, apareció de nuevo en Barinas.

No importa cuán fuerte y cuán temible sea tu adversario. Como en las Queseras del Medio, se demuestra que el arrojo, la mística de una causa y un liderazgo decidido pueden derrotar al propio Morillo y a una fuerza de más de 1500 de las mejores tropas enviadas a sofocar la rebelión venezolana.

Solo queda al liderazgo venezolano volver a conseguir el hilo de la emoción popular. Barinas nos deja decenas de lecciones. Dependerá de nosotros aprovecharlas.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Una hipótesis sobre el 2022, por Julio Castillo Sagarzazu
Sin bozal de arepas, los trabajadores pierden el miedo y luchan por sus derechos. Pero claro, alguien tiene que proponerse organizar a la gente

 

@juliocasagar

La adivinación es un pasatiempo nacional. Ahora las redes sociales nos han hecho descubrir toda clase de profetas, arúspices y especialistas en generalidades que no solo saben lo que ha ocurrido y por qué ha ocurrido, sino también lo que va a ocurrir.

Para contribuir a este pasatiempo, nos lanzamos esta nota con una hipótesis sobre lo que nos puede deparar este año. Veamos:

Venezuela va a crecer este año

Lo dicen todos los economistas. Dicen igualmente que la hiperinflación será abatida y está a la vista que el desabastecimiento (fuera de las colas de gasolina) también es cosa del pasado. No cabe duda de que la burbuja de los enchufados ha percolado en el tejido social. Y algo de este festín de Baltazar ha caído en los bolsillos de los venezolanos. El ingreso per cápita seguramente aumentará, aunque las capitas afortunadas sean bien poquitas.

Este panorama quizás sea una mala noticia para quienes piensan que las mejoras que puedan ocurrir en el país alejan las posibilidades de un cambio de la situación política. La divisa de estas personas es “mientras peor, mejor” o “lo bueno que tiene la cosa, es lo mala que se está poniendo”. Quienes así discurren cometen un error. Precisamente, lo queremos poner de relieve en esta nota, es todo lo contrario: esta “mejora” relativa en las condiciones de vida de un sector de los venezolanos puede ser más bien una oportunidad para que los cambios puedan acercarse.

Nos explicamos: la precariedad, la pobreza extrema, suele envilecer el alma y hace menos libres a los ciudadanos; sobre todo si están pendientes de que alguna migaja caiga de la mesa de los opulentos y los poderosos.

Los mecanismos de control social, usados por Chávez y Maduro (las bolsas CLAP, los bonos de la patria y el trabajito en la administración pública), ya no tienen prácticamente ningún efecto. Su clientelismo se ha reducido. En las elecciones de Barinas hemos visto las largas colas de camiones cargados de electrodomésticos, porque una bolsa de arroz picado y lentejas con gorgojos ya no compra ninguna conciencia.

Lo que pretendemos afirmar es que mientras se tiene mejor calidad de vida, se tiene más libertad para decidir.

Es cierto que, en nuestra mente, ayudada por la prédica cristina de la redención de los pobres y los oprimidos y exponenciada por la del marxismo decimonónico que afirmaba que los proletarios “lo único que tienen que perder son sus cadenas”, se ha instalado la idea de que se necesita que las “masas” depauperadas estén en las calles para que se produzca un cambio social.

En realidad, en la historia tal cosa suele ocurrir de otra manera. La Revolución francesa, por ejemplo, no fue lograda por los “sans culottes” que tomaron La Bastilla y liberaron unos pocos presos. El verdadero poder había sido tomado, desde hacía tiempo, por los burgueses que no eran más que los antiguos siervos de la gleba que se hicieron artesanos, carpinteros, talabarteros y comenzaron a acumular tanta riqueza que terminaron prestando a los nobles haraganes y a los reyes que habían expoliado las arcas y las haciendas de sus reinos. Sin este periodo de acumulación nunca hubieran podido hacer masa crítica para la deposición de la monarquía. El proceso de urbanismo y la concentración de la intelectualidad propiciaron las ideas de la Ilustración, que fueron las que inspiraron el cambio social y político.

Ahora, nos permitiremos una temeraria referencia. Es más autóctona. Ocurrió durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Era la época del pleno empleo. A quien esto escribe, junto con un puñado de dirigentes estudiantiles, se nos metió en la cabeza construir una organización de trabajadores en la Zona Industrial (era parte de la épica del momento igualmente). Creíamos, como lo creyó estúpidamente Marx cuando vio la Comuna de París, que allí los obreros estaban “tomando el cielo por asalto”.

¿Qué paso en esos años? ¿Por qué a un grupo de chamos de la universidad se nos hizo tan fácil construir un movimiento sindical y obrero tan importante, con un periodiquito que llamamos LA CHISPA? La respuesta es menos compleja de lo que pensamos: el pleno empleo, las prestaciones sociales y la facilidad de montar un negocito con ellas y volver a conseguir trabajo, les quitó el miedo a los trabajadores de organizarse en sindicatos verdaderos. Y dieron la espalda a la burocracia sindical que ya no les representaba. En una palabra, se hicieron más libres.

Nuestra fuerza llegó a ser tan grande que teníamos ganadas las elecciones de Fetracarabobo. Nuestro candidato a presidirla era Aníbal Dose. Cuando la dirigencia sindical hizo el conteo de los sindicatos de los que disponíamos, inmediatamente suspendió la Convención y no la volvió a convocar por años. Sin bozal de arepas, los trabajadores –lo repetimos– perdieron el miedo y lucharon por sus derechos sin cortapisas.

Pero claro, la organización espontánea no existe en la política. Alguien tiene que proponerse la tarea de organizar a la gente. Por más libres que la gente se sienta, si no aparece alguien que le motive a luchar, pues no luchará.

Los bolsillos de los carpinteros, de los mecánicos, de los jardineros, de las domesticas, de los médicos y otros profesionales están mejor que antes. Eso no los ha hecho chavistas o partidarios de Maduro. Pero, lo decimos de nuevo, si el liderazgo político no sale en su búsqueda y les organiza, todo se volverá sal en el agua.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Navidad y política, por Julio Castillo Sagarzazu

Imagen: fotograma de la película Noche de paz ( Christian Carion, 2005). Interv. por Runrunes.

En Venezuela, esta Navidad nos toma (como ha venido ocurriendo los últimos años) en medio de las más variadas expectativas

 

@juliocasagar

Hace poco el papa Francisco se lamentaba de que en una directiva de la Unión Europea se hacía la “recomendación” de no señalar como Navidad, sino como días de receso, las fiestas que se aproximan. Como es natural, este señalamiento lo hacían en la creencia de que hoy lo “políticamente correcto” es respetar todas las creencias y que las administraciones no deben asumir como oficial lo que no es necesariamente compartido por todos los administrados.

Hasta aquí todo normal. Se trata de la concepción correcta de que Estado y religión, o iglesias, deben estar separados; y de que el laicismo es señal de avance cultural frente a los estados clericales y que hacen de la ley religiosa la ley del Estado; asunto este que, por cierto, hace siglos no ocurre con la religión cristiana, sino con otras confesiones. Ciertamente, esto nunca le hizo bien ni al Estado, ni a la iglesia. El propio Jesús, en su enseñanza profética, dijo con mucho tino “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, cuando un publicano, mandado por alguien o ingenuamente, “buscándole la caída” le pregunto si era lícito pagar los impuestos al régimen.

Todas estas iniciativas que, lo repetimos, van en la línea correcta de la separación de la Iglesia y el Estado, no han podido, sin embargo, evitar la apabullante realidad de que ha sido el nacimiento de Jesús el acontecimiento que partió en dos la historia de la humanidad. De hecho, la fulana directiva de la que hablamos debe estar fechada en el año 2021 después del nacimiento de Cristo.

Estas fechas tiene la inmensa capacidad de convocar emociones y sentimientos que suelen sernos extraños el resto del año.

Todos los que hemos visto la película Noche de paz en la que los soldados enemigos salen de sus trincheras en la Navidad del 2014, en plena Primera Guerra Mundial, para confraternizar y cantar juntos los mismos villancicos en diferentes idiomas, tenemos la constancia de ese sentimiento del que hablamos.

Video: NOCHE DE PAZ / JOYEUX NOËL (Christian Carion, 2005) | Canal en Youtube de Enrique Wid

En Venezuela, esta Navidad nos toma (como ha venido ocurriendo los últimos años) en medio de las más variadas expectativas. Este 2021, estamos conociendo quizás los últimos meses de la hiperinflación y prácticamente el final de desabastecimiento.

Casi todos especialistas coinciden en que igualmente el submarino de la economía sacará la nariz y se producirá un discreto crecimiento del PIB.

Todo esto ocurre, sin embargo, en el marco del aumento más atroz de la pobreza que haya conocido la vida republicana en el país. Esta paradoja de crecimiento y de burbujas ostentosas conviviendo con la precariedad de las amplias mayorías, ocurre en un régimen que se llama así mismo “socialista”.

Maduro terminará el año, de acuerdo con las encuestas más conocidas, con su average de aceptación más bajo. Los bodegones, los casinos, los Porshes y Ferraris en la calle, no lo benefician. No levanta.

Los resultados del 21N tampoco le son auspiciosos. La boutade de Barinas también le puede salir mal si los llaneros de ese estado se comportan como el 21 y como lo hicieron los de Apure, Guárico y Cojedes.

La oposición, de su lado, no tiene menores desafíos. Descifrar la unidad criptica; resolver el tema de la continuidad de Guaidó; relegitimar su dirección política y relanzar el proceso para lograr unas elecciones presidenciales libres, son temas ineludibles de su agenda.

Por lo pronto, nos queda hacer votos para que este cumpleaños del Niño Jesús nos tome con salud y con el ánimo recargado para enfrentar los desafíos del año que viene.

Que igualmente nos recuerde a los millones de compatriotas que sufren nuestra calamidad humanitaria. Los más excluidos, los menos visibles como nuestros colegas profesores universitarios que hacen cabriolas, no ya para comprar las hallacas, sino, como recientemente lo comentaba uno de ellos en un chat, que se debatía entre comer esa semana o reparar sus zapatos agujereados.

Tampoco debemos olvidar a los casi 300 compatriotas civiles y militares que no estarán con los suyos esta Navidad porque están enterrados en vida en una cárcel del régimen. La tradicional consigna de NAVIDAD SIN PRESOS POLÍTICOS que más de uno de los jerarcas del régimen ha debido pintar en alguna calle en sus años mozos, debería ser el pedimento de todos los hombres y mujeres de buena fe que queremos recuperar la democracia y reconstruir la fraternidad que animó a aquellos soldados a salir de sus trincheras para confraternizar con el enemigo de enfrente.

¡Feliz Navidad a todos!

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Barinas y el Alma llanera, por Julio Castillo Sagarzazu
El alma llanera o, mejor dicho, de los llaneros, pudiera estar cambiando. Y, con ello, indicando una vía a seguir para el resto de los venezolanos

 

@juliocasagar

Otro bongo remonta el Arauca… Es ahora el de la notable y particular conducta política y electoral de los estados llaneros de Venezuela. En efecto, el pasado 21 de noviembre, en el evento para elegir gobernadores y alcaldes, los estados Apure, Cojedes, Guárico y, en particular, Barinas revelaron una curiosa tendencia que podría explicar en mucho el devenir del futuro político venezolano. ¿Por qué? Síganos a los siguientes párrafos donde aventuraremos una hipótesis.

Venezuela es un país de numerosos ambientes naturales y geográficos. Tenemos Andes, pero no somos un país andino. Tenemos selvas, pero no somos un país amazónico. También tenemos llanos pero tampoco somos un país llanero. En realidad, somos un país caribe. El arquetipo del venezolano es definitivamente caribe. Con todo lo que ello implica: el mestizaje de los indígenas de esa tribu con el blanco peninsular y el negro venido de África. “Aquí el que no tira flecha, toca tambor”.

¿Entonces por qué “lo venezolano” ha sido relacionado con el llano? ¿Por qué nuestro segundo himno es el Alma llanera y nuestro baile nacional es el joropo?

La respuesta −temeraria, lo admito− tiene mucho que ver con la “antropología” política creada por Acción Democrática a comienzos de los años 40. Tuvo mucho que ver en ello Doña Bárbara y el liderazgo de Rómulo Gallegos. Aunque fue Rómulo Betancourt quien tuvo la habilidad de hacerse de la narrativa galleguiana para crear el modelo de Juan Bimba y hacer de lo llanero el arquetipo de lo venezolano, bebiendo de esa fabulosa historia en la que doña Bárbara, Santos Luzardo, Marisela, Mr. Danger, y el Mujiquita representaron un país que comenzaba su lucha de la civilización contra la barbarie.

En efecto, Acción Democrática fue el verdadero fundador de la sociedad civil venezolana. No de la que conocemos hoy, pletórica de organizaciones civiles que agrupan toda la diversidad de intereses que la cultura contemporánea ha creado; sino de la sociedad civil de las “masas populares”: la de los trabajadores con la CTV, la de los campesinos con la FCV y la de los maestros con la FVM. Con un relato fácil y comprensible, los adecos lograron llegar al alma venezolana. Así, el andino, el oriental y el habitante de las costas, quedaron engullidos en el prototipo del venezolano de los llanos. Un acierto de marketing político, sin duda alguna.

Como era natural, esta expresión del imaginario popular ancló con mayor fuerza en los estados llaneros, donde usaban el caballo y el bongo para recorrer sabanas y ríos para relacionarse. Estas entidades se convirtieron en plaza fuerte del partido blanco y (¡oh, sorpresa!) también del chavismo que reproducía, al calco, la influencia política adeca en estas regiones; ayudados, sin duda, de la épica de Maisanta, y del nacimiento del comandante en Sabaneta, estado Barinas.

Por ello, no deja de ser sugerente la idea de considerar este descenso de las fuerzas oficialistas en los estados llaneros como un signo auspicioso de los nuevos tiempos en el país.

En efecto, luego de lo acontecido en el estado llanero, Barinas tiene que ser analizado “fuera de la caja”. O, como dicen los estadísticos, como “un punto fuera de la curva”. La torpeza del régimen al desconocer la victoria de Freddy Superlano ha cambiado las variables de la ecuación que estuvieron planteadas el 21 de noviembre.

La primera consecuencia ha sido que el frente que apoyó a Superlano se ha nutrido de otras organizaciones que regional y nacionalmente participaron de otras opciones y ahora hacen causa con la candidatura de Garrido. Igualmente, las del oficialismo y las del colaboracionismo se han visto en la necesidad de salir del clóset y presentarse ante el país cumpliendo el verdadero rol que tienen. Este no es asunto menor.

Esto ha hecho que la elección de enero se haya convertido en un evento plebiscitario que ha tocado emocionalmente al opositor promedio, incluso al que no fue a votar el 21. Este es otro elemento importantísimo a considerar y que pone de manifiesto cómo un acontecimiento inesperado puede suscitar emociones que habían estado latentes. Se trata de un reto a la dirección política opositora que está en el deber de encauzar y no dejar languidecer.

La batalla de Barinas no será obviamente una batalla para ganar posiciones. Para la oposición, ganar la gobernación con Sergio Garrido es importante, pero también lo es el deterioro político, el desgaste y la desmoralización que puede lograr en las filas del oficialismo.

Se trata de una operación que puede asimilarse a los ataques de una columna guerrillera que solo busca hostigar y desmovilizar a su enemigo y a la que la conquista de territorio no les es necesariamente importante.

El alma llanera o, mejor dicho, de los llaneros pudiera estar cambiando y, con ello, indicando una vía a seguir para el resto de los venezolanos.

Se está poniendo bonito el caney. Hay que jugarse a Rosalinda. Vamos a ver si el 9 de enero los dados de la política nos devuelven los corotos.

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Hasta que duela, por Julio Castillo Sagarzazu
La oposición debe hacer un debate ‘hasta que duela’, como decía la madre Teresa de Calcuta

 

@juliocasagar

Decía la madre Teresa de Calcuta que para que la caridad fuera verdadera, había que dar “hasta que doliera”; que no bastaba dar lo que nos sobraba o lo que no nos hacía falta.

Lo mismo podría decirse de la actitud de la oposición venezolana a propósito de las propuestas de lo que debemos hacer a futuro. Todas deben ser bienvenidas y todas deben suscitar un debate, pero la condición sine qua non para que cualquier propuesta sea viable es que esté precedida de un balance descarnado sobre lo que hemos hecho TODOS (mayúsculas ex profeso) y que el debate lo hagamos “HASTA QUE DUELA”. Aquí no vale hacerse el policía de Valera o decir que mientras cometíamos los errores algunos no nos enteramos porque estábamos comprando querosén.

También es necesario que el balance no se salde con eufemismos, con tópicos genéricos o con lugares comunes, como sería decir: “todos somos responsables”; “hemos cometido errores, pero los enmendaremos”, etc.

Aquí vale la pena refrescar lo que el catecismo de la Iglesia católica establece sobre la buena confesión. Dice que son necesarios 5 pasos: 1. Examen de conciencia; 2. Dolor de corazón; 3. Propósito de la enmienda; 4. DECIR LOS PECADOS AL CONFESOR (de nuevo en mayúscula ex profeso) y 5: Cumplir la penitencia.

Cuando resaltamos lo de “decir los pecados al confesor” es porque justamente estamos en la obligación de llegar al fondo identificando los errores, llamando a cada cosa por su nombre y depurando responsabilidades.

Es cierto que los errores no son todos nuevos. La democracia venezolana los viene arrastrando desde hace mucho tiempo y fueron justamente, los polvos de esos errores, los que nos trajeron los lodos de Chávez y de esta pesadilla.

En efecto, tenemos que preguntarnos si la aparición del alacranato no es acaso el producto de muchos años de abandono de la formación política, doctrinaria y en valores en las filas de los partidos. En esa afición deplorable de formar las organizaciones como caimaneras de pelota sabanera, o grupos de serenata “vente tú”, en los que, sin importar de dónde venían ni quiénes eran, se metían en el equipo y en el conjunto, a veces solo porque eran los dueños del bate, la pelota o la guitara…

Y no es acaso esta perversión hija de aquella de entregar cuotas en las planchas de los partidos y en el gabinete a los medios de comunicación y grupos de presión económicos o sociales. O la de decidir líneas políticas en las casas de los “Amos del Valle”. Esos mismos que jugaron a la antipolítica con Irene Sáez y después, al ver que no cuajaba, saltaron a los predios de Hugo Chávez.

Por otra parte. ¿Es que no estamos en la obligación de decir los pecados y los pecadores sobre la dejación de responsabilidades? ¿Sobre las luchas subalternas? ¿Sobre el astracán que montamos con el manejo de los activos y, ahora, con la insólita renuncia de Borges?

Por supuesto que hay que avanzar. No podemos revolcarnos en los errores sino superarlos. Tampoco convertir ese debate en un torneo rocambolesco de intercambios de culpas del tipo “Songo le dio a Borondongo; Borondongo le dio a Bernabé…” o en sesiones de autoflagelación y colocación de cilicios. Pero de que hay que hacer un balance hay que hacerlo.

Finalmente, como las cosas que vamos a analizar se juzgan por sus resultados, también deberemos asignar los méritos a quienes lo han tenido y dejar constancia de lo duro que hemos batallado en un país donde no hay democracia ni escrúpulos para tratar a los opositores y que todo eso hace la tarea más difícil y compleja.

Viene el episodio de Barinas y tenemos una buena oportunidad de mascar chicle y caminar al mismo tiempo.

Podemos examinarnos y proponer una política inteligente que, incluso, puede convertirse en moralizadora si acertamos en los medios que tenemos que usar para avanzar y derrotar al régimen de manera concluyente, en un estado emblemático para la “revolución”.

Deberemos también recomponer las fuerzas y la dirección política. El evento del 21 dejó claro que nuestros aficionados no están contentos con la dirección del equipo. Cuando los estadios se vacían y los pocos espectadores pitan, es que el público está mandando el mensaje de que quieren que cambien, por lo menos, el line up o las estrategias.

Tendremos que buscar un rasero común que nos juzgue porque nadie podría tener la facultad de decir quién es el bueno y quién el malo. Solo los ciudadanos podrán indicarlo y por ello hay que analizar un mecanismo serio, democrático y confiable para averiguar la verdadera voluntad de la gente.

Culminamos, entonces, como empezamos: tenemos que ver hacia el futuro con esperanza y optimismo porque hay razones; pero para avanzar, dado que la especie humana es la única que tropieza dos veces con la misma piedra, TODOS debemos hacer un balance, profundo y acucioso y HASTA QUE DUELA. Si no es así, no avanzaremos, nos quedaremos en el mismo sitio.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Nuestro capital semilla, por Julio Castillo Sagarzazu
Esta nota da cuenta de un fenómeno que ya se ha producido: la estupenda movilización de cuadros políticos opositores que hibernaban en la inacción política

 

@juliocasagar

Luego del evento electoral del 21 de noviembre, se verterán ríos de tinta sobre sus efectos políticos. Será inevitable que cada quien defienda “su verdad” y, como es natural, halará la brasa para su sardina.

Ya vendrá el momento del balance. Por ahora, esta nota solo tiene el objetivo de dar cuenta de un fenómeno que ya se ha producido; que está en pleno desarrollo y que, como dicen ahora, es “público y comunicacional”. Se trata de la estupenda movilización de cuadros políticos opositores que estaban hibernando en las catacumbas de la inacción política. Cuando esta inacción ocurre, como “la ociosidad es la madre de todos los vicios”, pues se potencian las diferencias; cualquier cosa, como en las cárceles hacinadas, es motivo de una reyerta colectiva y por “quítame esta paja” se puede llegar a las peores batallas campales.

¡Ojo! No se trata de que las diferencias hayan desaparecido. ¡Para nada! Basta mirar a los torneos que tienen lugar entre las direcciones políticas nacionales y en aquellos sitios en los que no hubo sindéresis para lograr candidaturas únicas, para que veamos que estamos muy lejos de un ambiente como el de los cuadros de Rubens, llenos de angelitos agarrados de la mano. Desde este punto de vista, Caracas, donde tienen su asiento estos desaguisados, no es ciertamente “la capital del cielo”

Nos referimos, en este caso, a las realidades locales. Carabobo es uno de los casos, donde los principales factores pudieron ponerse de acuerdo y han resuelto participar juntos en la campaña.

Apenas se dio el pistoletazo de salida, los factores políticos que se liaban como perros y gatos pasaron a tener un objetivo común y pusieron las diferencias (que siempre habrá) en un segundo plano. El trabajo de la movilización, la organización y el activismo se puso en movimiento y se convirtió en una sola marea azul trabajando con un objetivo común.

En notas anteriores, hemos señalado que muchos de estos candidatos deberían asumir una narrativa que les acerque más al votante opositor que no está todavía convencido de participar y hemos dado algunas de pistas de como pudiera hacerse esto. Confesamos que no a todos les ha parecido correcto y siguen en sus campañas centrados solamente en la dimensión reivindicativa de la campaña. Ya veremos cuál será el efecto de esta situación. Aún hay tiempo para recalcular muchas cosas. Ojalá se hiciera porque, lo reiteramos, el verdadero adversario de la oposición es la abstención.

Muchos de estos candidatos serán electos. En sus manos estará convertir las posiciones que alcancen en un bastión, en un punto de apoyo para continuar la lucha para reconquistar la libertad y la democracia. No se puede abandonar al pueblo movilizado y organizado que les llevará a esos cargos. Ustedes y esa gente, junto con muchos otros líderes del país, serán el capital semilla para las jornadas que vienen.

Hay que seguir trabajando duro. Lo que están haciendo, con las uñas, sin recursos y a pulmón, es una de las pruebas de que un evento como el del 21 no podía ser ignorado. Si algo valdrá la pena luego de él es que, como decimos arriba, estas jornadas sean parte de la lucha por la libertad.

El 22 habrá que comenzar a trabajar para relegitimar al liderazgo opositor. Habrá que hacer profundas reformas. Esa será la responsabilidad en el corto plazo para todos.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¿Un nuevo ciclo?, por Julio Castillo Sagarzazu
El 22N se cerrará un ciclo para el país, pero básicamente se cerrará para las fuerzas opositoras al régimen de Maduro

 

@juliocasagar

Hay que rehuir de las frases hechas y solemnes, los lugares comunes y los tópicos para definir una realidad. Las muletillas sirven más para la tribuna y para el púlpito que para el análisis de las realidades. Sin embargo, no podemos evadir la tentación de afirmar que el 22 de noviembre Venezuela estará cerrando un ciclo importante. Se cerrará para el país, pero básicamente se cerrará para las fuerzas opositoras al régimen de Maduro. ¿Por qué? síganos a las próximas líneas donde trataremos de explicarlo:

La alianza opositora venezolana en su última versión de “Plataforma Unitaria” fue anunciada y presentada en sociedad. Ocurrió luego de intensos debates en Bogotá y de una “encerrona” en Caracas de varios días. Allí, básicamente, se trató de diseñar un mecanismo de mayorías que, en teoría, impediría hegemonías y daba peso a los partidos minoritarios en la AN. Al final, como la experiencia lo ha demostrado, después de tantos esfuerzos, “se parió un ratón”

¿Por qué?, pues porque existe un problema de base que no fue resuelto y que aún no lo ha sido. ¿Cuál es? Para responderlo debemos remontarnos a la aparición del gobierno interino y a la regulación de su funcionamiento por el Estatuto de la Transición (reformado recientemente).

¿Cuál es la base de esta norma regulatoria? Pues una muy confusa combinación de facultades de la Asamblea Nacional y el propio gobierno interino. En la práctica, fue adoptado un “original” modelo que mezclaba las formas de un gobierno parlamentario, con uno presidencialista, que difícilmente podía funcionar.

Sin embargo, admitamos que como experimento era interesante. Al fin y al cabo, estábamos en una situación inédita y con una gran repercusión mundial: las 60 democracias más importantes del mundo habían reconocido a Juan Guaidó como presidente de Venezuela. Un paso de gigante en la lucha por recuperar nuestra democracia.

El problema, no obstante, no residía en ese paso audaz. Todo lo contrario, esa audacia fue lo mejor de todo ese periodo. El verdadero problema es que el Estatuto de la Transición fue concebido como una camisa de fuerza de las fuerzas políticas mayoritarias de la AN a ese audaz experimento. De esa suerte, el gobierno interino comenzaba concibiéndose como una especie de Reino de Taifas y sin mayores capacidades de acción fuera de la mayoría parlamentaria de la que virtualmente era un rehén.

Como las desgracias nunca vienen solas, el eje de las preocupaciones de la dirigencia opositora se dirigió a tomar posiciones en el gobierno interino, más que a organizar la lucha contra el inquilino de Miraflores. De esa guisa, comenzó este espectáculo de vodevil que es hoy el debate sobre los activos de la nación y los últimos y deplorables eventos que se han producido en la Comisión Delegada que han dinamitado la alianza que le servía de sustento político.

Fue muy lamentable que aquella audacia que se puso en movimiento para provocar la inflexión política de los acontecimientos en el país, no haya sido usada posteriormente para salir de la paralización de meses que, provocada por la falta de acuerdos en la política y en los intereses, a la alianza parlamentaria de cuya estabilidad dependía el gobierno interino, de acuerdo al mentado Estatuto de la Transición.

Esa paralización rendía tributo al mantenimiento de la alianza opositora. Como muchas veces suele ocurrir, los medios se confundieron con el fin.

Es en ese ambiente que las fuerzas democráticas deciden participar en el proceso electoral regional. La manera como se resolvió hacerlo, así como la puesta en escena de su ejecución, no hizo más que revelar la profunda crisis por la que la alianza atravesaba. Los posteriores episodios de desencuentros; de dificultades para acordarse en circunscripciones claves y visibles para todo el país, lo confirmaron de la peor manera.

Lo que pareciera claro, entonces, es que las señales de agotamiento de las herramientas unitarias han aparecido. Lo que ocurre son los signos de que se está cerrando un ciclo y que debe abrirse otro.

Después del 21 habrá un nuevo mapa político del país. Será un mapa inestable porque la situación del país lo es y porque, concomitante con ello, asistiremos a los efectos que puede dejar el nuevo panorama geopolítico internacional con el juicio a Alex Saab; el del Pollo Carvajal y la enfermera de Chávez; el proceso de la CPI que entra en una nueva fase; la inconclusa negociación en México y la incógnita de los efectos del deterioro de las condiciones de vida de la gran mayoría de los venezolanos.

Para después de ese 21 el liderazgo opositor deberá dar las señales de que ese cierre de ciclo va a significar una oportunidad para abrir otro. Como lo ha dicho Juan Guaidó, la oposición democrática estará formada por gente que fue a votar y por gente que no lo hizo. Esa es una verdad irrebatible. Justamente, a esos dos términos de la ecuación, hay que ofrecer una vía creíble y lo suficientemente sólida y DIFERENTE para que se anime a engancharse de nuevo a la lucha por la democracia y la libertad.

Una nueva forma de dirección política tendrá que estar legitimada, no por “nuevos acuerdos” de “viejas fórmulas” (que sería poner vino nuevo en odre viejo), sino a través de un mecanismo en el que el país participe y se exprese.

Es cierto que, a priori, nadie tiene el derecho de decir quién sirve y quién no sirve. Es justamente por eso por lo que, en un proceso de amplia participación social, se debe dirimir la forma y el contenido de esa nueva dirección política. Se trata de un paso audaz, pero pensamos que solo algo muy audaz puede impactar positivamente al opositor venezolano que tanto ha luchado. Es, justamente, ese opositor quien debe percibir que, efectivamente, se ha cerrado un ciclo, pero que va a abrirse otro.

He aquí un gran desafío para nuestro liderazgo.

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