Julio Castillo Sagarzazu, autor en Runrun

Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar

 

En las últimas horas se han producido tres importantes declaraciones que nos permitiremos resaltar. Las han emitido tres importantes personalidades que han mantenido, desde hace un tiempo, una actitud de distancia critica frente a Juan Guaidó y su desempeño en esta dura e inédita aventura de la presidencia interina.

Se trata de Carlos Blanco, Antonio Ledezma y Diego Arria. La sola mención de sus nombres nos evoca la de tres personajes de una amplia experiencia política y un background de responsabilidades públicas de primera línea en el país.

Sus tres tomas de posición han tenido un sustrato común de correcta apreciación sobre el éxito de la gira de Guaidó, que aún no culmina y además (algo digno de resaltar) dejan entrever un razonable sentimiento, sobrio y comedido, pero importante de emoción venezolana al expresarlas.

Esto no es un hecho menor. Se trata de una situación que nos abre la puerta para recomponer el frente interno de las Fuerzas Democráticas del país. En una nota anterior aludíamos (estábamos en el comienzo dela gira de Guaidó) que esta iniciativa nos estaba dando la oportunidad de volver a congregar a los elementos no colaboracionistas con el régimen en una plataforma de lucha común contra la dictadura.

Pues bien, bienvenidos sean estos hechos que confirman esa posibilidad y ese desafío del cual hablamos.

Veamos, regresemos a un intento de analizar el tema. Las tres declaraciones tienen un elemento común importantísimo: Se trata del reconocimiento del liderazgo de Guaidó y su capacidad para haber concitado a su alrededor el apoyo internacional que nuestra causa tiene en estos momentos. Este es un hecho de primera importancia porque la oposición venezolana está llena de liderazgos buenos que con toda legitimidad y derecho pueden postularse para asumir cualquier responsabilidad. De manera que el reconocimiento del papel que Juan Guaidó juega en este momento es clave para sentar las bases de este relanzamiento de la opción unitaria. Se trata en efecto, del reconocimiento de que estamos en el momento de Guaidó y que es ahora el porta estandarte de esta gesta.

El otro elemento común de las tres declaraciones es el de volver a poner la esperanza como elemento central de nuestra lucha, echando un balde de agua fría a los aguafiestas que solo ven el vaso medio vacío y por ello se niegan a participar y el tercero, pero no menos importante, es el reconocimiento de que efectivamente estamos en otra etapa, una más elevada, de la lucha por nuestra libertad y por recuperar la democracia.

Estas tres declaraciones, tienen además otro mérito, han separado la paja del trigo y han dejado en la cuneta de la ridiculez a quienes aún se alinean con los argumentos palurdos de la descalificación de Guaidó, de la grosería ramplona y de la desesperanza cómplice de la dictadura.

Igualmente refuerzan el sector que ha denunciado a los tránsfugas de la oposición, a las fracciones CLAP, a los mordidos por la Operación Alacrán, a los gorreros de los financistas del gobierno y a los aspirantes a Mariscal Pétain que aún sobreviven en este lado del charco.

¿Qué quedan otros agazapados? ¿Qué aún hay problemas y diferencias?

Seguramente habría que responder con un sí. Pero no es lo mismo avanzar recomponiendo nuestro frente que arrastrarnos padeciendo la hemiplejía de antes de la gira de Guaidó.

Estamos frente a un gran momento. Maduro mas solo y errático que nunca, mareado después de este knock down y sin saber dónde está la esquina y nosotros con un segundo aliento.
¡No lo desaprovechemos!

La política es el arte de lo posible, por Julio Castillo Sagarzazu

Aquella consigna sesentosa que nos decía: “Seamos realistas pidamos lo imposible” estaba muy bien para los muros del Barrio Latino del Paris del 68, también para infundirnos animo en la soledad del camino como Florentino cuando silbaba para sentirse acompañado. Igualmente, para animarnos en el medio de una marcha o para arengar masas en un mitin cualquiera.

En estricto sentido, tomar nuestros deseos por realidades y creer que, porque deseemos algo y luchemos por ello, va a materializarse el deseo, es un viejo vicio de la política llamado “voluntarismo”. Un ejemplo evidente de que “deseo no empreña” fue la derrota política y militar del castrismo en América Latina cuando, con la famosa consigna del Che en la Tricontinental, creyeron que, creando “dos, tres, muchos Vietnam”, los pueblos iban a salir apoyar a unos muchachos alzados en las montañas. Regis Debray le dio rango de doctrina a esa política y la llamo el foquismo. Se resumía en una idea. “Si las condiciones para el seguimiento popular de la lucha armada no están creadas, el foco guerrillero puede crearlas”. ¡Pamplinas!

Una buena ración de “Realpolitik” hemos recibido los venezolanos en medio de la gira de Guaidó por Europa y que continua por Norteamérica con su llegada a Canadá. Veamos, cuales son a nuestro juicio esas lecciones.

Primero. Se confirma el carácter de problema geopolítico mundial la situación de nuestro país. Esto nos diferencia de los problemas internos de otros países de la región y del mundo, cuya solución depende en mayor proporción de los factores internos en juego. Desde ese punto de vista, nuestra situación es más parecida a la del medio Oriente que la de Bolivia, por ejemplo. La culpa de esto fue de Chávez con sus amistades peligrosas y el contubernio con organizaciones calificadas de terroristas o delictuales por la comunidad internacional. El dinero sucio de Venezuela ha entrado en el circuito internacional y ha encendido todas las alarmas. Nuestra Diáspora igualmente ha comenzado a ser un elemento de desestabilización importante en la región.

De manera entonces que, siendo Venezuela un problema geopolítico de esta magnitud, tendrá una solución acorde a esa naturaleza. Serán los intereses particulares de todas las naciones involucradas las que terminarán gravitando sobre nuestro país para provocar las condiciones para una salida que convenga a todos los involucrados.

Segundo. El presidente Guaidó Ha hablado de la salida a nuestra situación con la mayoría de nuestros aliados importantes. En estricto sentido sus conversaciones han sido con los verdaderos “dueños de las cajas de los machetes”. De manera que viene con una idea clara de cuáles serán los mecanismos de cooperación que estos aliados están dispuestos a poner en obra para ayudarnos a salir de la pesadilla. Ojalá que esto zanje el debate sobre lo que Guaidó debe pedir o no pedir a la comunidad internacional. La cantinela tuitera inspirada en la conseja popular “pida mijo que uno no sabe si le van a dar” debería finalizar cuando tengamos una idea clara de la ruta que se ha acordado. Ojalá también que nadie se ponga más papista que el Papa y se sienta más enterado que el propio Guaidó de las verdaderas intenciones de los mandatarios. La lista de lavandería que todos los días le mandan a decir a Guaidó que les pida, debería cesar entonces.

Tercero. No hay duda de que una nueva etapa se está abriendo y ello no puede tener consecuencias solo el nuevo relato y las caracterizaciones que debemos hacer de la situación y que están descritas en los dos apartados anteriores. También, y sobre todo, deben tener un correlato en la reformulación de la plataforma unitaria que hemos venido construyendo.
En notas anteriores hemos dicho que la unidad no es un fin en sí mismo sino una herramienta para lograr objetivos concretos. Desde ese punto de vista no deben asombrarnos ni las rupturas, ni la falta de unidad total. Al final la misma naturaleza nos da el ejemplo de cómo la dialéctica de los enfrentamientos produce síntesis inevitables. Las mismas células experimentan el fenómeno de la división celular para mantener los tejidos y las excretas son una prueba de que los organismos están vivos. Ahora bien, existe una división y multiplicación celular que es anómala y que es la que origina los tumores cancerígenos. Esta es la que debemos evitar.

Las últimas semanas nos han dado una buena muestra de cómo nos podemos regenerar separando elementos indeseables. La fracción Clap y la operación Alacrán nos han ayudado de deslindar campos. ¿Quedaran otros más agazapados? Es probable, el dinero sucio de los financistas del gobierno se ha propuesto también financiar a la parte más débil en valores de la oposición. El único remedio para evitar la infección es manteniendo nuestras defensas en un buen nivel.

Para que eso ocurra es menester recomponer el marco organizativo de las fuerzas democráticas. Es indispensable generar una plataforma común con la ruta que Guaidó ha discutido con el liderazgo internacional. Esa ruta debe generar una agenda común. Obviamente debatida y acordada con los partidos, pero igualmente con la sociedad civil que aspira un cambio. Una vez acordada dicha ruta con su agenda, debería convertirse en el instrumento común de todos, independientemente de que no estemos de acuerdo en posiciones doctrinarias o en visiones de cómo debe ser Venezuela luego de la pesadilla.

La única línea roja entre nosotros debería ser la de la ética y los valores democráticos. La diversidad normal debe ser respetada. Lo que debemos evitar, como dijimos, es la división anómala que produce el cáncer y luego las metástasis.

Esta sí es nuestra responsabilidad aunque ciertamente seamos un problema geopolítico. No nos espantemos con las diferencias que siempre han existido en todo proceso histórico de calado y que la mayoría de los grandes líderes ha sufrido y enfrentado. Convenzámonos de que es posible lograr objetivos a pesar de esas diferencias. No desperdiciemos esta oportunidad. No nos ofusquemos en lograr cosas más allá de lo que esa agenda concertada puede lograr. La política es el arte de lo posible.

Terminemos esta nota, como ejemplo de ello, con una frase de Benjamín Franklin quien tuvo que lidiar con el mismo problema: “O ACTUAMOS JUNTOS, O NOS COLGARAN POR SEPARADO..”

La física y la política, por Julio Castillo Sagarzazu

Hace algunas semanas, nuestro estimado amigo Víctor Reyes Lanza, ex decano de la facultad de Ingeniería de la Universidad de Carabobo, nos obsequió un brillante artículo en el que hacia la analogía de los postulados de la tercera ley de Newton con el discurrir de la política.

Como sabemos desde tercer año de bachillerato, la tercera Ley de Newton, conocida también como la de Acción y Reacción, nos enseña que, si un cuerpo A ejerce una acción sobre otro cuerpo B, este realiza una acción igual y de sentido contrario contra A.

Extrapolando a la política, quiere decir que en el campo nunca se juega solo, que “los rusos también juegan” y que en ocasiones es menester saber (si lo combinamos con las enseñanzas de Sun Tsu) que bien vale la pena medir las fuerzas del contrario y su capacidad de reacción para saber si podemos ganarle enfrentándole directamente y en el centro del ring a lo Mano e´ piedra Duran o dándole vueltas y “jabeandolo” como Mohamad Ali.

Siempre hemos pensado que el escenario de la polarización política es el que mejor le cuadra al régimen, pues es allí donde tiene un relato que le permite volver a agrupar a los suyos (cada vez menos, es verdad) replanteando los enfrentamientos y su mantra de ricos contra pobres, patriotas contra vende patrias, gobierno y oposición, etc.

Por el contrario, donde el gobierno es más débil es cuando le confrontamos en el terreno de lo social y del nivel de vida tenebroso en el que nos han hecho vivir. Ahora los politólogos llaman a eso “transversalizar” la política. Dicho en latín vulgar, se trata de acompañar a la gente en la lucha contra la vida cara, contra el caos de los servicios, la inseguridad etc, es decir, los problemas que sufren y son comunes a los afectos al régimen y los que no lo somos. Ese es el terreno en el que son débiles y en el que menos capacidad de reacción tienen.

Pero, en fin, esto será algo que deberemos seguir debatiendo hasta que sea necesario o hasta que el fruto se caiga de maduro, cumpliendo, por cierto, con la Primera Ley de Newton que es la de la Gravedad.
El propósito de esta nota, empero, tiene que ver con otro principio de la física. Mucho más antiguo que las reflexiones de Newton, pero no por ello menos valido. Se trata del principio de la impenetrabilidad de los sólidos. Ese que preceptúa que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo.

¿Y esto qué tiene que ver con la política? Pues mucho y, ciertamente es relativamente fácil de explicar. En realidad, en la física y en la política no se toleran los vacíos. Cuando hay un vacío, la tendencia de las cosas es que ese vacío sea llenado.

Es tan sencillo como esto: Si en la política no participan los buenos, pues ese espacio va a ser llenado por los malos. Chávez ha sido un ejemplo palpable del pecado de omisión de muchos en la política. La anti política comenzó a crecer en Venezuela con una frivolidad impresionante. Irene Sáez estuvo a punto de ser presidenta y luego de que esta se desinfló, los promotores de esta esta banalidad, inflaron al golpista del 4F, ante la mirada complaciente de la mayoría de los ciudadanos buenos que pensaban que eso no era su problema y que, después de todo, un escarmiento a los políticos, no estaba del todo mal.

Si aquello fue un error, ahora es inconcebible que nos estemos tropezando de nuevo con la misma piedra. Hoy día, una nueva versión de aquella frivolidad se abre paso en muchos sectores de la sociedad, amplificada y exponenciada con el megáfono de las redes sociales.

En efecto, pululan los grupos de opinadores en los que, de nuevo, las viejas y desteñidas consejas contra la política vuelven a sentar reales. Desde los púlpitos de la sabiduría intelectual o simplemente desde el sillón de la ociosidad infértil, mucha gente blande de nuevo el argumento generalizador de que todos los políticos son iguales y por lo tanto no vale la pena ocuparse de lo público.

Muchos de estos opinadores incluso actúan como los mirones de un partido de bolas criollas que cada rato importunan al jugador diciendo “eso es boche, eso es arrime” y cuando el jugador le tiende la bola para que lance el tiro, se va corriendo sin asumir el compromiso.

¿Qué va a ocurrir entonces si quienes tienen algo que decir se van corriendo como el mirón del patio de bolas? Pues, como ya dijimos, la política se llenará de malos si los buenos se abstienen.
Pero igualmente amigo lector hay otra dimensión de la omisión y esta ocurre generalmente en el terreno de las ideas políticas y doctrinarias.

Hoy día hay un debate reforzado por el fracaso de experimentos políticos de izquierda en el mundo y al auge de liderazgos populistas de derecha, a considerar cualquier postura “liberal” en el terreno económico, social y políticos, como hediondo a fo de socialismo o comunismo.

Así, todo aquel que luche por la defensa del ambiente y ose hablar del calentamiento global, es un radical extremista de izquierda, también quien se manifieste a favor de la tolerancia para reconocer las diferencias religiosas, sexuales, o raciales, es igualmente un agente del progresismo Sao Paulista; quien ose decir que hay que evitar que se menoscaben los derechos laborales o que hay que tener sensibilidad social, es tachado de estatista impenitente.

¿Qué va a ocurrir en el mundo dentro de poco? Pues que, si los demócratas desertamos estas trincheras, estas van a ser ocupadas por los populistas, por las momias del comunismo que podrían renacer, por los podemitas de Iglesias o, lo que es aún peor, por un híbrido monstruoso, un Frankenstein de la política que está tomando forma en Europa en ese experimento de sopa de letras que son Los Chalecos Amarillos de Francia, cuyos principales dirigentes se declaran admiradores, a la vez de Mélechon y de Le Pen.

Hoy vivimos un renacimiento del ánimo con la consecuente posición de nuestros 100 diputados que no se dejaron comprar y con el reconocimiento de Juan Guaido por todas las democracias decentes del mundo. Maduro está hoy más aislado y solo que ayer. No le regalemos otra ración de inhibición, de comodidad del teclado u otro vacío para que vuelva a ser llenado por los malos.

Recordemos a Gandhi. “los más atroz de las cosas malas de la gente mala es la abstención de la gente buena”.

 

@juliocasagar

La importancia de saltar una verja

@juliocasagar

 
Sabrán disculpar los estimados lectores el tono de anécdota personal con el que comienzo esta nota, pero lo considero necesario para poner en valor la importancia que tiene en la política tomar una decisión inesperada en el momento y en el lugar correcto.

Corría el año 1999. En una hora aciaga para la justicia del país, la Corte Suprema de Justicia había dado la razón a Hugo Chávez para emprender un proceso constituyente sin tomar en cuenta los mecanismos de reforma o enmienda previstos en la Constitución. Todo esto desemboca, luego del referéndum, en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente con un mecanismo electoral fraudulento (el famoso Kino de Nelson Merentes) que otorgó una mayoría abusiva al oficialismo, apartándose también de las reglas constitucionales de la proporcionalidad y la representación de las minorías.

El Congreso acababa de ser electo en el mismo proceso que hizo a Chávez presidente y era un abanico proporcionado de las fuerzas políticas del país. Me desempeñaba como Primer Vicepresidente de la Cámara de Diputados que presidia un jovencísimo Henrique Capriles Radonski, quien hacia su primera incursión en la política con tamaña responsabilidad. El coronel Luis Alfonso Dávila presidia el Senado, perteneciendo al MVR.

Entre la directiva del Congreso y la de la Asamblea Constituyente, se llega a un acuerdo de funcionamiento de ambos órganos en el Palacio Federal Legislativo e igualmente sobre los roles que nos tocarían jugar en materia de legislación y tramites de créditos adicionales y demás funciones legislativas. Se trató de un “modus vivendi” civilizado que pensábamos seria acatado por el oficialismo.

Pero como la cabra siempre tira para el monte, resulta que un día llegamos a sesionar y nos encontramos que se nos niega el acceso, exactamente como ocurrió el pasado 5 de enero. Nos dirigimos a la Alcaldía Metropolitana donde Antonio Ledezma nos cede sus espacios para sesionar. Me toco presidir aquella sesión conjunta y nuestra resolución fue dirigirnos de nuevo al palacio a tomar posesión del Hemiciclo donde habíamos estado funcionando.

Las puertas seguían cerradas. La Guardia Nacional ya había desplegado un cordón de seguridad y los colectivos armados nos rodeaban y amenazaban. De pronto, así como fue San Pablo derribado por un rayo en algún lugar del camino a Damasco, un rayo de pensamiento nos dice que había que dar el paso, mejor dicho, el salto a la verja para ir a recuperar lo que se nos estaba arrebatando.

Lo hice en primer lugar y un grupo de diputadas y diputados hicieron lo propio. Al otro lado los guardias nacionales se nos abalanzaron y nos rociaron con gas pimienta a la par de que nos golpeaban salvajemente. Recuerdo a Carlos Melo, fajándose con un “robocop” que nos golpeaba.

Por algunos minutos perdí el sentido y solo lo recuperé en el despacho de Luis Miquilena, que presidia la Constituyente, adonde habían llegado unos paramédicos para atendernos. Permítaseme de nuevo el abuso de la anécdota para reseñar que, al volver en mí, lo primero que vi fue la cara de Aristóbulo Isturiz, vicepresidente de la Constituyente (se imaginaran el susto, yo pensé que había muerto y estaba en el infierno). Todos trataban de quitarle hierro al asunto y Aristóbulo se me acercó para decirme: “Okey, Julio, este round nos lo ganaron”.

En efecto, para ese momento, aquellas imágenes habían dado la vuelta al mundo y hasta Chávez se puso al teléfono y aunque no se disculpó quiso saber cuál era mi estado de salud. Por primera vez y, gracias a aquel gesto, el talante dictatorial del régimen se ponía de manifiesto. Eso les hizo recular. Nos fue permitido el acceso y el Congreso siguió trabajando hasta que se aprobó la nueva Constitución en referéndum.

Algo parecido mutatis mutandi ha ocurrido este 5E en Venezuela: la imagen de Juan Guaidó saltando la verja ante la oposición de los esbirros, le ha salido cara al régimen. De un solo golpe se ganó la reprimenda de tres de sus más importantes aliados en América Latina: México, Argentina y Uruguay que demuestran así que no seguirán cualquier disparate de Maduro. Logró, además, que las fuerzas opositoras se reagruparan de nuevo en torno a la figura de Guaidó; hizo que hasta el partido de Timoteo Zambrano no pudiera acompañarlos en la patraña; la fracción 16J, que debatía su abstención frente a la reelección, votara a favor y que la inmensa mayoría de aliados de la AN a nivel internacional se pronunciara de manera concluyente contra el abuso.

Entonces, los rounds del 5 y del 7 se ganaron ampliamente. La pelea sigue. En una ocasión, un entrenador de boxeo me dijo que a los peleadores se les entrena para que aguanten todos los rounds del combate para que ganen por decisión y que, si sale el KO, pues bienvenido sea.}

Vienen más asaltos. De la inteligencia y buena estrategia de las fuerzas democráticas dependerá que ganemos la pelea por puntos o por un recto a la mandíbula del que Maduro no pueda pararse.

Por ahora, hemos enderezado la pelea y ganado estos eventos cruciales.

La política es analógica, no digital, por Juli Castillo S.

La Revolución Industrial creó grandes conglomerados urbanos. El mundo deja de tener su eje principal en la producción rural y se concentra en las ciudades. Las condiciones de vida de los trabajadores y de las grandes masas que se desplazan del campo a las ciudades plantean la cuestión social que está descrita admirablemente en las novelas de Dickens y Víctor Hugo.

Hasta ese entonces, lo más parecido a los partidos políticos eran los clubes de discusión de donde nacieron las ideas de la Ilustración. Se trataba de élites cultas que escribían y difundían su pensamiento, como quien siembra “al voleo” la semilla en el campo.

La nueva realidad social generada por las grandes concentraciones de personas y trabajadores en los centros urbanos que no estaban preparados para recibir esta trashumancia humana, son el caldo de cultivo para la aparición de las primeras agrupaciones gremiales poderosamente influenciadas por las ideas de pensadores anarquistas, socialistas y comunistas.

No obstante, a diferencia de las ideas que informaron a la Ilustración y que estuvieron en el origen de la Revolución Francesa, estas no están dirigidas a minorías cultas de la naciente burguesía como aquellas, sino a grandes contingentes de personas que apenas sabían leer y escribir.

Apareció así la idea leninista de construir “una correa de transmisión” y un “Estado Mayor” de esas ideas para llegarle a las grandes mayorías y nacieron entonces los partidos de masas.

Desde entonces, no importa la doctrina que los haya inspirado, TODOS los partidos que se construyen desde aquella época hasta hoy, lo hacen bajo el modelo leninista del CENTRALISMO DEMOCRÁTICO, cuyas tres reglas principales son: 1. La minoría se somete a lo que decida la mayoría, 2. Los organismos inferiores se someten a los organismos superiores y 3. Son los congresos, convenciones o asambleas periódicas, los que designan las autoridades y la política a seguir.

Ahora bien, dado el desarrollo precario de los medios de comunicación de la época y la no menos precaria ilustración de los miembros de las organizaciones, se convierte en una necesidad vital para el crecimiento de estos partidos que los organismos de base funcionen regularmente. Así, la célula, el comité de base, el núcleo de afiliados y militantes, cobran una importancia fundamental. Los partidos se vertebran piramidalmente y controlar el “aparato partidista” se convierte en la máxima aspiración de quienes aspiran a servirse de la organización para sus fines.

Dicho esto, y en el entendido de que también en Venezuela todos los partidos siguieron el esquema leninista de la organización política, creemos necesario señalar que, a pesar de los vicios que estos partidos engendraron, amén de su carencia de visión para renovarse, en el origen de los partidos políticos hay dos cosas que deben ser rescatadas. No en balde, la sabiduría popular nos aconseja que no es prudente “botar al muchacho cuando botamos el agua sucia de la bañera”.

Una, es la noción misma de la necesidad de la organización. En efecto, es imposible acometer con éxito ninguna empresa humana sin una organización que dirija su desarrollo que evalúe la marcha de las políticas que se han diseñado y que se dote de un “estado mayor” que la dirija. La iglesia católica, con sus dos mil años de existencia, es un buen ejemplo de esto. Jesús no se limitó a enseñar y dar testimonio de su doctrina, sino que dijo a Pedro “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi iglesia”. Dicho en otras palabras, no solo les dijo “id y predicad la buena nueva”, sino que les prescribió que esa buena nueva debía contar con una organización, cuyo primer líder fue Pedro, para que la mantuviera en el tiempo.

La organización es el espacio en el que se junta la teoría y la práctica y donde se diseña y evalúa la política. Esto, hasta ahora, no tiene sustituto. Un grupo de WhatsApp es un excelente instrumento quizás para auxiliar en la comunicación de las ideas a la célula o al comité de base, pero nunca podrá sustituir a la organización como tal.

La segunda cosa que la organización política tradicional dejó sentada, y es lo que más se ha abandonado hoy en día, es el principio que establece que solo hay política eficaz si es presencial e interpersonal.

Antes de la aparición de las redes sociales, los partidos cometieron el error de sustituir este maravilloso principio por la propaganda y la cuña en los medios de comunicación. Ahora, lo han sustituido por los mensajes en las redes sociales.

Esto ha llevado a la perversión de hacer verdaderos “políticos fakes”: son aquellos que abandonan el contacto personal con sus bases y sus potenciales representados y los sustituyen por “selfies” tomados con ellos y textos en los que dan la impresión de que están cerca de la gente cuando en realidad solo se fotografían con ella y luego desaparecen. El contacto personal es insustituible en la política. Las decisiones políticas de las mayorías no son –desgraciadamente- racionales, sino emocionales y la emoción difícilmente se mueve sin el contacto personal de quien queremos emocionar.

Dicen algunos investigadores que la oxitocina, que es la hormona segregada por el cerebro cuando hay satisfacción sensorial, sensual o sexual, provoca pequeñas descargas eléctricas en el corazón que son las que provocan el enamoramiento. Hay experimentos que revelan que cuando se administra esa hormona a las personas, aumenta en ellos la predisposición a enamorarse, pero lo que la hormona no puede hacer es conseguir novio o novia a quien se la inoculan.

Eso mismo pasa en la política: puedes tener una buena política, una buena oferta electoral, pero si no buscas mover el corazón de la gente no podrás hacer mucho. Y ese corazón se mueve con mayor seguridad e intensidad cuando logras un vínculo personal con la gente, cuando la gente siente que le interesas y estas preocupado por sus problemas.

Muy difícil generar ese enamoramiento que se convierta en adhesión en Twitter, Instagram o Facebook. La política no es definitivamente una página web de citas.

La otra confusión que la “política digital” trae aparejada es la tendencia a confundir el mundo real con el mundo virtual de las redes sociales. Los dirigentes políticos que han perdido el calor humano del contacto con la gente llegan a pensar que el universo es la pequeña burbuja que los algoritmos que la gobiernan, le muestran en sus pantallas.

Olvidan que esos algoritmos nos unen cada vez más a gente parecida a nosotros. Los amigos y los seguidores son gente con pensamientos y gustos afines. Internet conoce nuestros hábitos, lo que vemos, lo que compramos y a dónde vamos. Dicho de otra manera, esa red de redes maravillosa para la comunicación tiene la limitación de que normalmente nos “acerca” a los iguales y no a los que piensan y actúan de manera diferente y eso es un gran hándicap que concede un dirigente político.

Aquella imagen “analógica” de Churchill yendo al metro a preguntar directamente a la gente si Inglaterra, martirizada por los bombardeos nazis, aislada y sin apoyos en el mundo, debía o no rendirse, es una buena imagen de como un dirigente político debe encarar su relación con la gente de carne y hueso. De esa constatación directa nació su memorable discurso al que la historia a titulado “NO NOS RENDIREMOS NUNCA”.

Este 2020 demanda muchas rectificaciones políticas de las fuerzas democráticas en Venezuela. Debemos revisar críticamente nuestro discurso, nuestra política unitaria, nuestra estrategia para aligerar la inevitable salida de Maduro, pero también y con mayor razón, abrir un debate sobre la imperiosa necesidad de regresar a la perdida costumbre de construir las organizaciones con gente de carne y hueso y así volver a conquistar los corazones de las grandes mayorías del país.

 

@juliocasagar 

Eso que los chavistas del Siglo XX, llamaban Socialismo del Siglo XXI y que Ceresole (el fascista peronista argentino) ideólogo favorito del heredero de Maisanta, convirtió en una Alianza de Caudillo-Ejercito-Pueblo, han sido dinamitados por Maduro.

De toda aquella quincalla ideológica socialista, de todo aquel astracán de vodevil de los “exprópiese”, solo queda un vago recuerdo. Las franelas rojas que aun usan algunos de sus partidarios, están tan desteñidas y roídas, como la política que las inspiraron.

Maduro se ha pasado, por donde mejor le ha parecido, eso que llaman el Legado de Chávez. La dolarización salvaje y perversa, la liberación de precios, la apertura inaudita de las aduanas, la eliminación de los controles de divisas es, por ahora, historia patria.

Maduro ha cambiado (obligado por la testaruda realidad y/o por los nuevos amos de la economía) las líneas maestras de su relato económico.

Chávez siempre pensó que a la burguesía había que quitarle poder económico para que no tuviera musculo que pensaba usarían para derrocarlo. Sus boliburgueses los escogió, primero entre los panas que Miquilena le presento y luego, cuando adquirió velocidad de crucero, los que él eligió de su entorno, sus compañeros de armas, sus enfermeras y su círculo cercano.

Sus dos principales instrumentos de creación de esa nueva casta fueron el control de cambios y los negocios petroleros.

En efecto, cuando Aristóbulo decía “si quitamos el control de cambio nos tumban” lo que estaba era confirmando que ese era un negocio para jugar cuadro cerrado con los allegados y, mientras tanto, Rafael Ramírez se encargaba del oro negro para nutrir las arcas paralelas.

Pasó mucha agua debajo del puente, la errática política económica arruinó el país y llenó los bolsillos de dinero mal habido de unos pocos que ayudan a financiar causas oscuras en todo el mundo. Vino el engolosinamiento con el poder y su mal uso y Maduro se mal pone con el mundo civilizado, Llega el quiebre con su derrota parlamentaria el 2015 y luego aparece Guaidó. Llegaron las sanciones, los boliburgueses se sienten perseguidos y muchos regresan al único sitio que tienen seguro. Esta tierra de gracia de 912.050 Km2. Y es entonces cuando comienza una partida nueva.

¿Ahora bien, esta partida es buena para el país o es peor que la anterior? Ya veremos que ocurre y esta nota tiene por objeto especular sobre ese asunto. Lo que sí podemos decir con propiedad es que es un juego nuevo.

Vayamos por partes. Analicemos el marco político de este viraje. En este particular Maduro no se puede equivocar porque nunca ha tenido fuerza política propia. Él es el albacea del capital político de Chávez y no puede dar un salto en el vacío porque su única fuerza si decidiera una ruptura con el chavismo originario (que no son dos conchas de ajo) es la FAN. Si esa ruptura fuera brusca, como hicieron los chinos con la Banda de los cuatro, encabezadas por la esposa de Mao, se le vendría el mundo encima. Quedaría guindado de la brocha y se le abriría el flanco interno del chavismo de base al que tendría que reprimir entonces al igual que ha hecho con la oposición nacional. Para el, eso es aún cuesta arriba.

Tiene que seguir rindiendo culto al sepulcro del Cuartel de La Montaña y dejar que poco a poco, así como se destiñen las franelas rojas, se vaya destiñendo el recuerdo de Chávez, hasta que sea un dios menor y se le consagre, como al mismo Mao, un retrato con buen Photoshop, a la entrada de La Ciudad prohibida en la Plaza de Tiananmen.

De Chávez obviamente (y con eso no romperá nunca) también le sirve la institucionalidad chimba de la Constituyente y el Estado policial y represivo. Esa es una de sus fortalezas, como ya dijimos. Usará su poder para perseguir opositores y también como instrumento de coerción de empresarios sobrevivientes.

¿Pero, por qué entonces afirmamos al inicio que el esquema Ceresole también ha sido dinamitado por Maduro?

En primer lugar, porque Maduro no es un caudillo, su carisma no es el de Chávez y está muy lejos de concitar el fervor popular de aquel; en segundo lugar, porque su nueva política económica necesita de aliados de esa nueva oligarquía de la burbuja dolarizada con quienes debe compartir el poder y, en tercer lugar, porque al interior del propio gobierno, hay roscas de intereses muy poderosos a los que tiene también que llamar al banquete y a la repartición. Esta colcha de retazos pegada “con saliva de loro” será clave en la administración del poder de su régimen y, a este respecto, siempre hay que recordar, como decía la filósofa de la salsa, que suele “no haber cama pa tanta gente” y que, si no maneja bien esta sopa de letra de intereses, se le puede ir el “rolincito” del poder entre las piernas.

En consecuencia de lo dicho, Maduro, en el campo político, tiene que mantener la apariencia de chavista por un largo tiempo más.

Ahora bien, en el terreno del viraje económico para Maduro los caminos tampoco están exentos de riesgos. Puede optar por la vía China, es decir, capitalismo salvaje sin democracia, sin sindicatos, sin partidos, sin medios de comunicación y con una producción de supermillonarios vinculados a su partido. Puede optar por la vía rusa, capitalismo abierto, desplazamiento de las fortunas a las manos de los allegados (en el caso de Rusia son ex camaradas del KGB de Putin) democracia restringida y negocios con Europa para aguantar los tira y encoge que su política expansionista suele generar o la vía Vietnam (una variante de la China) pero donde la casta pertenece a los viejos oficiales del Vietcong y el ejército del Norte. Allí también los retratos de Ho Chi Min se destiñen en los edificios públicos.

Todos estos modelos necesitan una alta dosis de corrupción, de falta de institucionalidad y concentración del poder para que funcionen.

Si analizamos estos primeros pasos y esta nueva realidad (hace unas semanas la describíamos en una nota titulada “BURBUZUELA”) lo que estamos observando es que Maduro se decanta por la ampliación de la burbuja dolarizada. Abre las aduanas; mantiene la producción nacional castigada para que no se desarrolle un aparato productivo con ínfulas de poder; privilegia y estimula la aparición de una oligarquía vinculada a los dólares dudosos (los repatriados y los provenientes del Arco Minero y negocios ilícitos) y a la que tiene amarrada cortica porque su dinero proviene del laissez faire, laisser passer, del cual él tiene la llave. Como se observará, hay una casta que ha desplazado la de CADIVI (quizás algunos sean los mismos) y a la de los negocios de Ramírez en PDVSA. Esa es otra muestra de la ruptura con las elites originales de Chávez.
¿Tendrá éxito Maduro? ¿Dicho en otras palabras, le servirá este viraje para mantenerse en el poder?

Como siempre en la política hay que responder: DEPENDE.

¿Depende de qué? Pues de que logre amansar a sectores económicos con el espejismo de su dolarización. Que consiga gente que le parezca chévere hacer negocios, prestar los nombres o lavar dinero para los nuevos amos del poder. Que la “oposición” que está fabricando logre crecer y le ayude a apoderarse de la AN y lavarle la cara ante el mundo. Que los escarceos de los Black Waters y los financistas gringos que consiguen licencias con Trump para venir a hacer negocios aumente. Que pueda mantener la colcha de retazos que lo mantiene en el poder sin que se le rompa. Que la oposición real pierda fuerza y la gente se acostumbre a no ganar la libertad sino un pedacito de sobrevivencia. Que no se le acaben los dólares para hacer creer que está dolarizando la economía y a algunos les parezca un signo positivo.

Muchas de estas cosas no dependen de Maduro para que funcionen como él quisiera. Como se verá, no está tampoco para lanzar el sombrero al aire, son demasiados acontecimientos que no tiene bajo control completamente y hay sobre todo uno que es su talón de Aquiles: Su régimen es infinitamente minoritario en la aceptación de los venezolanos. Eso lo saben los gringos, los europeos, los rusos y los chinos. Todos sabemos que no es bueno hacer negocio con alguien a quien han diagnosticado un cáncer terminal y tiene 25 herederos que no se pondrán de acuerdo para honrar sus deudas. Es decir, de la noche a la mañana, la burbujita que vemos puede estallar.

Mientras tanto la boa sigue apretando, los de a pie tenemos que seguir haciendo nuestro trabajo. Las apuestas estarán más contra Nicolás, si todos vamos a comprar boletos.

¡FELIZ NAVIDAD!!

 

@juliocasagar

El título de esta nota es el mismo de una canción “sesentosa” de Silvio Rodríguez que era parte del sound track de nuestra generación de dirigentes estudiantiles. Esa década de grandes cambios políticos en el planeta, tuvo en el año 1968 uno de sus icónicos momentos.

La década de los 60 fue la de la rebelión juvenil en todo el planeta. Fue la de la aparición de los Beatles, la del festival de Woodstock, la guerra de Vietnam y las manifestaciones mundiales contra ella, la del aggiornamento de la Iglesia católica y el Concilio Vaticano II, la de la visita del hombre a la luna y el año 1968, como ya dijimos, fue el culmen de las novedades de esa era.

¿Qué aconteció ese año que puede catalogarse de singular? Pues dos acontecimientos que nunca antes habían ocurrido. El mayo francés y la rebelión Checoeslovaca contra el régimen comunista, aplastada por las tropas del Pacto de Varsovia.

Ambos eventos tuvieron en su vanguardia a las juventudes de ambos países y pusieron de manifiesto, por primera vez, que naciones bajo formas de administración política y económica diferentes, podían unirse por el tejido invisible de la protesta juvenil.

En el Barrio Latino de París, que alberga la Universidad de La Sorbona, los jóvenes franceses decidieron, como los comuneros de 1871, “tomar el cielo por asalto” y con su consigna PROHIBIDO PROHIBIR, no solo pusieron en jaque al gobierno, sino que provocaron nada menos que la caída del ultimo héroe francés de la historia, el mismísimo General De Gaulle, derrotado en un referéndum por un país para el cual ya seguramente la liberación de Francia de los alemanes, era un efímero recuerdo.

En Praga, Alexander Dubcek, llega al poder en la entonces Checoeslovaquia, e intenta con un tímido proceso de reformas, construir Un socialismo con rostro humano y con ello concitar el apoyo de la mayoría de su pueblo en torno a sus propuestas. Gesto inconcebible e intolerable para la URSS que aplasta la rebelión en pocos días, pero que puso en evidencia ante el mundo que había posibilidades de movilización contra las dictaduras comunistas. Fueron también los jóvenes la vanguardia de aquella resistencia y la inmolación de Ian Palach en la Plaza de San Wenceslao, se convirtió en un símbolo de la revuelta juvenil junto con la imagen de Daniel Cohn Bendit alias Dany el rojo, el “judío alemán” que lidero a los estudiantes franceses, hoy flamante eurodiputado por el partido verde.

Fue tal la conmoción de aquella primavera de 1968 que los intelectuales europeos con Marcuse a la cabeza, liderando a la famosa Escuela de Frankfurt, elaboraron la teoría de las “Nuevas Vanguardias” en la que – y dicho de manera simplificada- decretaron el “aburguesamiento de la clase obrera” e hicieron descansar en la juventud y otras minorías activas, el papel de clases revolucionarias, en un evidente y notable sacrilegio respecto de lo postulado por marxismo oficial de la época.

Llovieron las excomuniones en el movimiento comunista internacional. Teodoro Petkoff fue llevado a la hoguera del Congreso del Partido Comunista Soviético por escribir “Checoeslovaquia: El Socialismo como problema” y los estructuralistas y los chamos de la Escuela de Frankfurt terminaron siendo señalados como “enemigos de clase” y proscritas sus ideas y lecturas.

Lo cierto del caso es que estas nuevas ideas fueron semillas en campo fértil para que la juventud se sintiera actora de los procesos de cambio y precursoras de eventos como la caída del Muro de Berlín, los sucesos de Tiannamen y la crisis de los partidos tradicionales en las democracias occidentales.

Aquellas generaciones jugaron su papel y muchos de sus integrantes lograron ocupar importantes posiciones de dirección en sus países. Pero, como dice la corrido mejicano de Pancho López “lo que tenía que pasar paso..” y, henos aquí 40 años después, observando de nuevo a la juventud insurgiendo en el mundo y buscando respuestas que se perdieron en el camino. Es el péndulo que va de un lado a otro y que, como las mareas en el mar, es la evidencia de que está vivo y juega un papel en el ambiente en el que se encuentra.

Esta irrupción de movilización social y juvenil en el mundo es un fenómeno que marcara los próximos años de nuestra era. Las primaveras árabes la precedieron y hoy países, cuyos gobiernos son de los más variados signos, conocen esta ola de protesta y reacomodo social y político.

Una leyenda urbana, particularmente en América Latina, atribuye las protestas en Chile y Colombia a la influencia comunistas del Foro de Sao Paulo. A su vez las de Venezuela y la Bolivia de Evo eran atribuidas al imperio y su injerencia. No hay duda que los adversarios se aprovechan y les dan contenido a las movilizaciones y las usan para sus propios intereses, pero lo que es cierto es que las mismas tienen objetivamente su génesis en el descontento por el deterioro de las condiciones de vida de las grandes mayorías.

Chile, por ejemplo, ha demostrado que el desarrollo y el crecimiento económico no son garantía de bienestar, porque la inequidad y la brecha, entre los que más tienen y los que menos tienen, se ha abierto a niveles dramáticos.

Este es quizás el llamado de alerta más importante del momento. El desarrollo capitalista de una sociedad tiene, sin dudas, más posibilidades de alcanzar mejores niveles de vida que todas las experiencias socialistas reales fallidas y conocidas. Pero tiene todavía muchas asignaturas pendientes y más nos vale a todos que se implementen medidas para que esa brecha de desigualdad se cierre y para que elementos del llamado Estado de Bienestar, estén presentes para aliviar las cargas en las sociedades problematizadas por la falta de acceso a los bienes y servicios por parte de los más vulnerables.

Conviene entonces tomarse con filosofía lo que ocurre en el mundo. A nuestro juicio no se trata de ningún Armagedón que pondrá fin a nuestra civilización, se parece más bien a los pequeños terremotos que nos alertan de los mayores y que sirve además para aliviar la tensión de las placas tectónicas para que los grandes no sean más catastróficos.

Para los venezolanos la lección es más importante probablemente, pues aquí luchamos para desembarazarnos de un régimen autoritario y antidemocrático que ha logrado congregar a más del 80% de la población en su contra, pero que aún se mantiene porque en la acera de enfrente aun no logramos concitar la confianza plena de los ciudadanos.

No parecernos a ellos, pareciera una de las claves para que esa confianza renazca, para que se nos vea como algo nuevo y opuesto y para que asistamos al parto de un nuevo corazón en esta era convulsa y apasionante.

Como casi todos los países en crisis extremas, en Venezuela ha aparecido una burbuja, Se trata de la que cubre a una estrecha franja de compatriotas que tienen acceso a divisas. Lo mismo ocurre en Cuba, donde los cubanos con familiares en Miami y que reciban remesas o que forman parte de la NOMENKLATURA oficial, tienen acceso a las  Diplotiendas, donde se consigue más o menos lo mismo que en Macys, si tienes los dólares para comprarlo.

El país, ahora mismo se ha convertido en un gran Bodegón. En las aduanas, la administración ha mirado para otro lado y ahora entran al país miles de ítems que anteriormente debían pasar las horcas caudinas de la mordida y la corrupción. Como no hay producción nacional, el régimen permite que entre ahora casi todo lo que vemos en los anaqueles.

Pero hace falta mercado, hace falta quien compre lo que está entrando para surtir el gran bodegón nacional.

Pues lo que ha hecho Maduro y su gente es darles la bienvenida a todos los depósitos de las cuentas bloqueadas por las sanciones de USA y Europa. Los vuelos a Turquía van con oro y regresan con divisas en efectivo. Las minas de oro se explotan en comodato con bandas guerrilleras y de paramilitares, en clara simbiosis, y de allí salen nuestros minerales que luego se pagan en divisas, la mayor parte de los cuales regresa, para alimentar el circuito de la burbuja.

Todo ello ha contribuido a darle el puntillazo al moribundo bolívar y a hacer aparecer una “dolarización” perversa y salvaje. (Nada que ver con la que serios economistas plantean como alternativa post pesadilla) Tanto es así que el propio Maduro la ha destacado como un milagro y le da gracias a Dios para que sobreviva. De una sola cachetada, la “mano invisible del mercado” deshizo todos los motores, los planes de la patria y demás regorgayas de la quincalla sobre la economía y la sociedad que el chavismo había acuñado por años.

Pues bien, dicho esto, pasamos a buscarle una arista, una dimensión particularmente curiosa de este proceso de formación de esta burbuja que hemos descrito. Se trata del fenómeno de espectacular nacimiento de decenas de miles de nuevos emprendimientos de gente, sobre todo de gente joven, que se ha quedado en el país y está apostando a que le suene la flauta en un nuevo y original negocio.

Es obvio que el proceso de selección natural de todos los mercados, podrá eventualmente acabar, como lo planteaba Darwin, con los menos aptos, pero no cabe duda que algunos sobrevivirán, los que tengan mejores planes de negocio, los que introduzcan mas innovaciones, los que mejor se preparen para cuando reviente la burbuja.

Da gusto ver cómo, al lado de empresas cerradas y santamamarias bajadas, nacen brotes verdes como los que aparecen en los bosques después de los incendios que han arrasado todo.

De alguna manera y, aunque la afirmación pueda parecer que extrapolamos situaciones, se está abriendo camino otra forma de resistencia diferente y no contradictoria con la del asfalto y la organización social para enfrentar al régimen.

No, no se trata de una exageración. Si analizamos la historia, vemos que los grandes cambios, aunque tengan momentos épicos y cisnes negros que los precipitan, siempre han estado precedidos por procesos sostenidos de nuevas realidades económicas y sociales que en algún momento logran provocar masas críticas para esos momentos cruciales.

Muchos creen que, por ejemplo, la independencia venezolana, fue el resultado del arrojo de nuestros próceres y el fuego libertario que llevaban en el pecho. Es cierto, que ese arrojo y la voluntad de luchar fue indispensable para conquistar la libertad, pero detrás había un proceso largo de constitución de una elite criolla vinculada a la agricultura y la ganadería que ya se sentía con los pantalones largos para acceder al mercado internacional, sin la intermediación de la Compañía Guipuzcoana que mantenía el monopolio de comercio exterior en el país. Y esta fue, sin duda, la verdadera base social de apoyo del movimiento independentista.

La Revolución franceses de 1789, fue la culminación de un proceso de acumulación originaria de la burguesía de las ciudades cuyo poder económico y social fue creciendo hasta superar el de la aristocracia y el de los señores feudales.

Ambos cambios se hicieron para desatar nudos gordianos que impedían el progreso. El crecimiento de las fuerzas productivas se había estancado porque las vetustas relaciones sociales de producción impedían el desarrollo de mercados y que se resolvieran problemas sociales que eran diques para el crecimiento, dándole poder de compra y producción a sectores marginalizados.

Liberte, Egalite et Fraternite, eran más que bonitos lemas humanistas, concentraban también la necesidad de tener una sociedad en la que el naciente capitalismo pudiera desplegar todas sus fuerzas juveniles y, relegara para siempre el feudalismo al desván de los corotos viejos. Así avanzo la historia.

Repetimos, no pretendemos “teorizar” extrapolando situaciones, pero este fenómeno, nacido de una perversidad (como el monopolio de la Guipuzcoana y el vasallaje feudal) puede ser un punto de partida para la creación de una generación emprendedora y, no solo eso, puede igualmente convertirse en una referencia social de un sector de la sociedad que está desarrollando iniciativas y resolviendo necesidades de espaldas al populismo y al paternalismo oficial de la caja CLAP y los bonos de hambre que Maduro reparte cada vez que le llega el agua al cuello.

En el camino, como siempre, habrá que separar la paja del trigo y apostar por los mejores, por los que emprenden con ética y buen hacer sus negocios.

Habrá que dejarlos hacer, son muchos, son un brote verde, como dijimos. Una esperanza para superar este relajo del Socialismo del Siglo XXI.