Julio Castillo Sagarzazu, autor en Runrun

Julio Castillo Sagarzazu

Con este mismo título publica Voltaire un pequeño libelo en el que narra “el asesinato de Jean Calas, cometido en Toulouse con la espada de la justicia el 9 de marzo de 1762”. Como sabía que en algún lugar de la biblioteca dormía el sueño de los libros leídos, hurgué en ella hasta encontrarlo y desempolvarlo. No me arrepiento. Cuadró efectivamente con lo que queríamos escribir en la Venezuela polarizada y enferma de fanatismo de nuestros días.

Calas tenía 57 años y era un pequeño comerciante de la ciudad. Era protestante, “hugonote”, como se le conocían entonces. Su hijo, perturbado, se suicidó una noche y corrió, en la intolerante y fanatizada Toulouse, la “fake news” de acuerdo con la cual su mismo padre le había asesinado cuando este le manifestó su deseo de convertirse al catolicismo. A Jean Calas le salvan de un linchamiento solo para ser, al cabo de pocos meses, “asesinado por la espada de la justicia” en un proceso sumario plagado de vicios y realizado para tirar carne a los leones del fanatismo de aquel país que se entregó imperturbable a la matanza de la noche de San Bartolomé unos pocos días después.

No cabe duda de que, en el ADN del ser humano, duerme escondido el gen de la guerra, la violencia y el fanatismo, razón por la cual las atrocidades que como especie hemos cometido, no se han borrado y seguramente no se borrarán de la faz de la tierra.

No obstante, también es cierto que tales atrocidades han ido descendiendo estadísticamente con el progreso cultural y educativo de las sociedades. Ahora, por ejemplo, no quemamos a las mujeres con epilepsia porque sabemos que no son brujas, sino que están enfermas.

También podemos afirmar que las normas de los estados modernos y la democratización de las sociedades han puesto un vallado (no siempre eficaz) a la reedición de guerras de los 100 años y a pogromos y matanzas que ha registrado la historia. Por ello, muchas sociedades desarrolladas han promulgados leyes contra el odio para vacunarse contra epidemias de violencia.

Pero, aun así y a pesar de estas vallas levantadas por la razón, el fanatismo y el odio consiguen colarse por entre las rendijas del atraso cultural, las supersticiones y las miserias humanas.

Si alguien quería ejemplos vivos, allí están los sucesos de Chile y Bolivia, en los que bandas de desalmados saquean y queman viviendas y bienes públicos como salvajes. ¿Qué todo esto está dirigido? Pues claro que sí. Lo notable es que encuentre eco en las bajas pasiones humanas y, aún más sorprendente, que los espectadores justifiquen unos comportamientos y condenen otros, dependiendo si los ejecuta alguien con quien siente afinidad política o ideológica.

 

El fanatismo de las ideas es tan viejo como las piedras. Quizás la frase más acabada es la que los cronistas cuentan que escuchó el Señor de Beauffort, enviado militar del papa Inocencio III, en el sitio de Béziers adonde habían ido a buscar a los cataros refugiados. Al haber sido estos protegidos por los habitantes católicos de la ciudad, en un ejemplo civilizado de tolerancia, este eleva la consulta a sus superiores sobre lo que debía hacer ante tal circunstancia y recibe como orden: “No importa, mátenlos a todos, Dios sabrá reconocer a los suyos…”

Así, como el 1948, “el fantasma del comunismo recorría Europa”, hoy día en el continente de nuestros abuelos se incuba de nuevo el odio y la demencia política que siempre consigue montar una quincalla ideológica. Hoy asistimos a la insólita elaboración teórica de muchos “pensadores” que ven pertinente una alianza entre los ultras de lado y lado. Un tal Alexander Duguin, por ejemplo, ha llegado a sugerir en Francia que los chavistas de Melechon apoyen a Marine Le Pen pues, al fin y al cabo, ambos tienen ideas similares contra el capitalismo liberal y la Unión Europea. Ya los chalecos amarillos que se dedican a hacer picnics los sábados con lo que han saqueado en Champs Elysees se han constituido en un movimiento común, alentado por los dos personajes mencionados.

En la Venezuela peligrosamente polarizada de nuestros días alguna de estas tragedias podría ocurrir si no es que logramos desarmar el dispositivo del odio que con toda intencionalidad montó Chávez al acceder al poder. Hoy, mucho antichavista ha hecho suyas las consignas de freír las cabezas del adversario, como única salida a la crisis. Con la misma frivolidad con las que muchos resolvieron votar por Chávez porque Salas Römer les caía antipático, con esa misma desaprensión lanzan al aire invocaciones a la guerra civil y a los pogromos.

Maduro se va a ir. Ojalá no se vaya como Evo Morales quien se vestirá de cordero degollado y paseara su impudicia por el mundo como víctima del malvado Tío Sam y las oligarquías latinoamericanas y los ricos insensibles que no quieren a los indios, a los negros y a los pobres.

 

Ojalá que aquí los sepultemos con millones de votos de ese pueblo desengañado y que no lo quiere. Claro (para que no me linchen a quienes el voto causa piquiña) en unas elecciones LIBRES que quiere decir con otro CNE, sin inhabilitados, sin presos políticos, con participación garantizada de la diáspora, con depuración del REP, sin el tinglado corrupto del régimen vigilándola, con observación internacional creíble, etc, etc. Pero un proceso en el que no queden dudas de que los venezolanos no los queremos y que los vamos a apartar para poder avanzar nosotros hacia una Venezuela diferente.

En ese nuevo país habrá que hacer justicia, habrá que conocer la verdad sobre quienes se beneficiaron de este régimen. Habrá que aclarar quiénes fueron los que hicieron negocios y se lucraron con nuestra miseria y nuestro dolor. Muchos de los cuales, por cierto, se disfrazan de opositores y hasta marchan y denostan contra Maduro. Tendremos que saber quiénes nos reprimieron, quiénes dieron las órdenes. Pero, y si queremos ser diferentes a ellos, deberemos entregarlos a jueces independientes para que se haga justicia y no venganza.

La clave para la reconstrucción del país estará, sin duda, no solo en las buenas decisiones en materia económica y social que tomemos, sino en esta capital necesidad de abordar el futuro como una tarea de reunificación de los espíritus y de destierro de las bajas pasiones y las miserias humanas que nos trajeron hasta aquí.

@juliocasagar

El imperialismo es un tigre de papel, por Julio Castillo Sagarzazu

ESTA FRASE DE LA PROPAGANDA Maoísta de mediados del siglo pasado, fue estandarte de miles de organizaciones de la izquierda bochinchera y sesentosa, la mayoría de cuyos integrantes había chocado contra el imperialismo solo en los debates de cafetín universitario y en los foros que se realizaban en Sala E de la UCV, adonde concurría todo bicho con uña que se respetara como militante de esa fauna.

A decir verdad, tampoco Mao, se enfrentó nunca directamente contra el imperialismo yankee, sino contra el expansionismo japonés para lo cual contó con el apoyo del más grande partido nacionalista chino, el Kuomintang, dirigido por un señor respetable, el Dr. Sun Yat Tse, a quien, como suelen hacer los comunistas con todos “los compañeros de ruta”, despacho cuando ya se sintió fuerte para tomar el poder y les obligo a refugiarse en Formosa, ahora conocida como Taiwán.

Esta estupenda operación propagandística, anido en las mentes y corazones, como ya dijimos, de militantes de la izquierda del mundo entero, al punto que sentó una suerte de doctrina de la época.

¿Pero es esto cierto? Como todas las preguntas de caracterizaciones históricas y políticas, debemos responderla con un “depende”. Si, con un “depende” de ¿en cuál momento? ¿en cuales casos?

Por ejemplo, la guerra de Vietnam suele citarse como un hito en la derrota del imperialismo norteamericano y es cierto, los gringos tuvieron que salir guindados de las patas de los helicópteros, cuando el Vietcong, se hallaba a pocas cuadras de la embajada norteamericana. Ahora bien, ¿sería justa la afirmación de acuerdo con la cual, señalamos que los Estados Unidos perdieron esa guerra “on the ground”? Radicalmente, la respuesta es, ¡no! Esa guerra no la perdieron en los arrozales vietnamitas, ni en las maravillosas extensiones del delta del Mekong, esa guerra la perdieron en las calles de Washington, de Nueva York, de Paris, de Tokio e incluso de Caracas. La perdieron en las portadas de los diarios y con las horripilantes imágenes que retrataron el horror de una guerra (de todas las guerras) en un mundo donde ya las pantallas de televisión te hacían pensar que las bombas estallaban en la sala de la casa y que los niños quemados por el napalm, eran tus vecinos o tus hijos.

Los vietnamitas sabían eso y por ello dilataron las conversaciones de paz en Paris, con necedades como la forma de la mesa de discusiones y los puestos de los negociadores. Por eso lanzaron la ofensiva del Tet y obligaron a Nixon a bombardear Hanoi. Sabían que, mientras pasaba el tiempo, la guerra se hacía más impopular y sus muchachones en el mundo harían el trabajo que sus soldados y guerrilleros nunca habrían podido hacer. Con esa política derrotaron al tigre de papel.

Por cierto, los norteamericanos perdieron la guerra, pero ganaron la paz. La imagen casi surrealista de la caravana presidencial de Trump por Hanói, pasando frente un Mac Donald, nos hace preguntarnos, si las hamburguesas no son más potentes para ganarse una sociedad que el napalm y las bombas. En fin, ese es otro debate.

Lo que ciertamente nos demuestra el ejemplo de Vietnam y para lo cual es válido en el caso venezolano, es que el imperialismo no es un tigre de papel y que puede ser malo y feroz cuando quiere, pero que puede ser derrotado cuando no la juega bien.

Hoy, cuando de manera inexplicable, un sector de la dirigencia política democrática venezolana se enzarza en una discusión sobre si Guaidó o la AN deben invocar la aplicación del artículo 187 de la Constitución, valdría la pena recordar la trillada afirmación de uno de los más brillantes estrategas militares de toda la historia, el barón Von Clausewitz, quien nos decía que “La guerra no es más que la continuación de la política por otros medios”. Hay que aclarar que, como dice el evangelio, “no se enciende un candil para ponerlo debajo de la mesa, sino para que alumbre para todos”, es decir, que no se va a invocar la presencia de una coalición militar extranjera para que no venga, sino para que comience una guerra.

¿Nos hemos hecho la pregunta, o hemos leído, más bien, las declaraciones del gobierno de Colombia, de Bolsonaro, del Grupo de Lima, de la Unión Europea y hasta de Elliot Abrahams, el supuesto halcón americano, sobre la voluntad de iniciar una guerra en Venezuela? ¿Dígannos, por favor, donde piden que Guaidó invoque el 187 para ellos venir a actuar? Es probable que lo hayan dicho y nos haya agarrado un apagón y no nos enteramos.

En realidad, son temas muy serios, para andar debatiéndolos en los cafetines, como la izquierda sesentosa en torneos que no tendrán ninguna relevancia para los actores reales de un tal evento. Cada cosa en la política y la diplomacia tiene su momento. Si Guaidó debe tomar una iniciativa en este terreno seguramente lo hará, pero será en el Areópago, porque estas cosas de Areópago no son.

La política y la diplomacia tienen sus tiempos, también los tiene los pueblos que sufren como el nuestro. Nuestro papel, es hacer que coincidan, que la desesperación no nos lleve a un pandemónium social, antes que se produzcan los eventos que la comunidad internacional, con su ciertamente endemoniada parsimonia, pone en obra para salir de Maduro.

No comamos casquillo con los rusos y sus aviones. Rusia es una potencia de tercera categoría cuya economía es más pequeña que la de Texas y Venezuela no es Ucrania donde, lanzando piedras pueden alcanzar el palacio presidencial y los chinos no comen restaurantes chinos y menos con uniforme militar.

Como suelo decir a los lectores, no emborronamos cuartillas buscando popularidad ni simpatía, por eso, concluyo con una anécdota que me conto el Padre Rivolta, ese hombre polémico y fantástico, que partió hace unos años. Me decía que el feminismo le había ayudado mucho en su trabajo pastoral, porque cuando estaba recién ordenado e iba una señora a consultarle qué debía hacer con un marido irresponsable que le hacía pasar trabajo y la maltrataba, el respondía, “hija, esa es la cruz que Dios te mando, tienes que aceptarla…” Ahora, si digo eso, me pegan la cruz por la cabeza.

Pues bien, corriendo el riesgo de que me peguen este articulo por la cabeza, concluyo en que esta cruz en la que nos metimos por que una mayoría de venezolanos voto por Chávez, debemos cargarla con inteligencia, pero que esta no es una cruz en la que moriremos clavados. Que Maduro no tiene ningún chance de salirse de este hoyo. Que los grandes poderes fácticos del mundo y las democracias decentes, decidieron no calárselo más y están trabajando para ello.

Que a nosotros nos toca, como nos dijo Guaidó, “armar nuestro, peo” que, de resto, la boa sigue apretando donde hay que apretar, que deseo no empreña y que no por mucho madrugar amanece más temprano.

Y finalmente, que “todo cuanto hay bajo el sol tiene su hora.”

 

@juliocasagar

La chichera y el banquero, por Julio Castillo Sagarzazu

ASÍ COMO UN ARTÍCULO ANTERIOR, intitulado LA BOA Y EL HALCÓN no tenía nada que ver con una fábula de La Fontaine, este tampoco tiene que ver con un cuento infantil de los hermanos Grimm.

Este trata de un leyenda urbana de la Caracas de mediados del siglo pasado que refiere que, ante la insistencia de un amigo de la chichera que tenía su puesto a las puertas de la sede principal Banco Nacional de Descuento en que le prestara cien bolos, esta respondió que no podía porque ella había hecho un pacto con uno de sus asiduos clientes, el Dr. González Gorrondona, dueño del banco. El pacto consistía en que el no vendía chicha y ella no prestaba dinero.

O sea, cada quien en lo suyo. Este ha sido uno de los principios básicos de la evolución de la humanidad. La organización social del trabajo. Para que una empresa de cualquier naturaleza sea exitosa, es imperioso que cada quien haga lo que le toca, que lo haga bien y obviamente, sin entorpecer a los demás.

La sabiduría popular ha acuñado en la lengua de Cervantes y seguramente también en la Shakespeare, en la de Goethe, en la de Dante, en la de Pessoa y en la de Moliere, numerosos ejemplos sobre la necesidad de respetar este principio universal de éxito de cualquier tarea importante. Por aquí decimos que muchas manos en la olla ponen el caldo morado; zapatero a sus zapatos; entre bomberos no se pisan las mangueras y así hasta decenas de proverbios populares que nos reafirman la idea.

En relación con lo que acontece en nuestro país, valdría le pena repasar que está haciendo cada quien y a quién es mejor dejarle lo que está haciendo sin interferir mucho, para no poner el caldo morado o no pisarnos las mangueras.

Veamos, estamos en un país en el que conviven, por un lado, una dictadura sin respaldo popular, reconocida internacionalmente solo por un reducido número de países gobernados igualmente por dictaduras o por socios en negocios oscuros, sostenida internamente por la presencia de una fuerza de ocupación extranjera integrada por funcionaros militares cubanos que controlan una Fuerza Armada, casi en disolución y por una fuerza irregular de paramilitares armados e integrada por presidiarios y colectivos ideologizados que son los que asumen directamente las tareas de represión y, por el otro, el gobierno de Juan Guaido, presidente interino de acuerdo con la Constitución, reconocido por el mundo democrático mundial y básicamente por la comunidad latinoamericana de naciones y por los Estados Unidos y Canadá.

Se trata de una ecuación compleja y preñada de consecuencias. Maduro ha perdido el control de las finanzas internacionales. No tiene ya dinero ni para pagar las nóminas del estado, como no sea “inventando” dinero electrónico y de mentira que se deposita en las cuentas de empleados y los pocos proveedores que aún le quedan al régimen.

Cada día que pasa, la Comunidad Internacional cierra el cerco sobre la dictadura y lo hace cada vez más insufrible para él y para su entorno. Ya han comenzado incluso a deportar y cerrar cuentas a familiares y testaferros del régimen, lo cual representa el cierre de la puertas a quienes creían que podían hacerse los locos porque la platica estaba segura en Miami o en Europa, en manos de otros.

Es esta situación, verdaderamente paradójica, la que sirve de marco de vida a los millones de venezolanos de a pie que cada día nos enfrentamos al reto de sobrevivir y sobrellevar esta pesadilla, usando las mismas técnicas de Roberto Benigni, el protagonista de LA VIDA ES BELLA, es decir, ocultando a los más vulnerables de la familia, los horrores del campo de concentración en el que vivimos.

Este desconcierto entre las condiciones de vida que nos toca llevar, la indignación frente a los zarpazos del régimen, de los cuales el secuestro de Roberto Marrero y el montaje de la olla podrida y burda que han hecho, es la última y patética expresión y, de otra parte, el apuro que tenemos porque esto se resuelva, nos ha llevado, no pocas veces a interferir (casi siempre de la mejor buena fe) en los procesos que tienen su propio tiempo y sus propios ritmos, creyendo que si lo hacemos, con ello apuraríamos en la resolución de los problemas que vivimos.

Esta buena intención señalada arriba suele ser el primer obstáculo con el que tienen que bregar los responsables de la Protección Civil cuando ocurre un desastre natural. Hay tantos, voluntarios, tanta gente que opina como hay que rescatar a los atrapados, tanta gente a la que hay que alimentar, gestionar y alojar, que los “ayudadores” terminan convirtiéndose, pese a sus buenos deseos, en un problema tan grande como la tragedia misma.

Entendemos que nuestra tragedia invita a opinar, que nos sugiere a diario decir lo que pensamos y, ahora con la explosión de las redes sociales, a hacerlo público y ponerlo a circular. Los momentos de grandes cambios sociales son propicios para ello. La opinión pública se sensibiliza y todos tenemos la tendencia a dar nuestro punto de vista.

Pero querido lector, ¿qué diríamos sin en el medio de una operación, entramos todos al quirófano a opinar lo que el cirujano debe hacer; o que no dejáramos trabajar al mecánico opinando sobre las fallas del automóvil?.

Cuando las cosas son de especialistas, bien vale dejar a los especialistas trabajar. Hemos visto estos días a “especialistas” insólitos. A gente dándole consejos bélicos a quienes han ganado dos guerras mundiales y son la primera potencia militar del mundo. Hemos tenido que leer a “expertos” de inteligencia diciendo lo que los rusos y los cubanos están haciendo en el país y diciendo que todo el mundo, menos ellos, está equivocado. Hace días vi un tuit increpando a Guaido por lo que él consideraba era dejadez de su parte, no invocar el 187 de la Constitución. El fulano se presenta en su perfil como especialista en marketing político, tiene 4 años en Twitter y 14 seguidores. Ustedes me dirán…

Si no constituyera una violación a un derecho humano tan importante como el de opinión, casi que estaríamos de acuerdo en que se dé el valor a la gente que opina de acuerdo al compromiso que cada quien tiene en la lucha contra la dictadura. Hombre, que es muy fácil ser mánager de tribuna para decir cómo se le batea a un pitcher que lanza 90 millas y no tiene escrúpulos para escupir y arañar la pelota. Que también es muy fácil pasarse todo el día pendiente de las cosas personales y llegar a casa, prender el computador y dedicarse por horas a despotricar de quienes están trabajando y exponiendo el pellejo.

Que vamos bien amigo lector, aunque no vayamos a la velocidad que todos queremos.

Que, como dice el Eclesiastés, “todo cuanto hay bajo el sol tiene su hora” y que si la chichera vende chicha y no presta real como el banquero, a todos nos ira mejor.

Que la boa sigue apretando y apretando donde es.

 

@juliocasagar

Vísteme despacio que tengo prisa, por Julio Castillo

BENITO PÉREZ GALDÓS, ATRIBUYE A Fernando VII esta frase, con la que se intitula el artículo, dirigida a un ayudante de cámara, mientras se alistaba a salir a un importante encuentro al que estaba retrasado.

Estamos consciente que argumentar esto en Venezuela, hoy día, a propósito de las soluciones a nuestros problemas, no debe tener buena audiencia. Es, por decir lo menos, “políticamente incorrecto”. Todos estamos desesperados por salir de esta pesadilla porque, ciertamente, cada día que pasa lo contamos en más dolor, más crueldad de la dictadura, más muertos, más represión y, hay que decirlo, más incertidumbre. No pretendemos ganar concursos de popularidad emborronando estas cuartillas. En realidad, lo hacemos para decir las cosas como creemos que son.

Veamos. Hace unos días escribíamos desde esta misma ventanita de papel, un artículo intitulado “La boa y el halcón”. Allí explicábamos que estábamos convencidos de que la Comunidad Internacional había escogido el método de caza de la boa y no el del halcón. Es decir, que estaba apostando a apretar progresivamente al régimen, hasta quebrar sus huesos para después engullirlo.

Pues bien, seguimos pensando lo mismo. Entonces cabría preguntarse ¿Están realmente apretando? ¿Está dando resultados esa presión? ¿Van en la vía correcta? La respuesta es clara y sin atenuantes. ¡SI!

Para ilustrarlo, no haremos una relación de los logros de Juan Guaidó en materia de ir cercando las posibilidades económicas y financieras del régimen, que son bastantes y significativas y que están publicitadas en todos los medios del mundo, baste sólo con señalar que mantienen decenas de tanqueros fondeados almacenando petróleo porque nadie se los quiere recibir. Ni más ni menos.

Vamos a analizar, o a tratar de hacerlo, ya que la tarea es más propia de un semiólogo, los discursos y actitudes de las partes contendientes para que nos podamos formar una idea de quién está a la ofensiva y quién a la defensiva en estos momentos y para que podamos deducir quien va ganando el partido y quien se perfila como vencedor.

Veamos. Este fin de semana Guaidó anuncia que emprenderá una gira alrededor del país y la comienza en Carabobo donde convoco dos actos por redes sociales, con apenas dos horas de antelación y los dos sitios estuvieron a reventar. Su visita al mercado periférico municipal fue un verdadero acto de conmoción social para los presentes.

Mientras eso ocurre, Maduro anuncia a los suyos que se preparan para la resistencia. Hace un llamado a los colectivos a que cierren filas y salgan a la calle a amedrentarnos (no se lo dice a la FAN) y a defenderlo a él. Es decir, anuncia que se atrinchera

Mientras Guaidó anuncia el plan libertad y nos dice que será la fase definitiva del proceso de liberación, Maduro cambia el gabinete y pone allí a sus curruñas y familiares. Como Hitler, en sus últimos días, se encierra en un búnker con los más leales y a quienes más confianza tiene.

Mientras Guaidó toma posesión de embajadas y recibe nuevos reconocimientos, Maduro es nuevamente cuestionado por la comunidad internacional. Los rusos medio hablan y los chinos no dicen ni siquiera esta boca es mía.

Guaidó ofrece soluciones a la crisis eléctrica y obtiene el respaldo de varios países para mandar expertos. Maduro dice a los venezolanos que compren radios de batería y velas porque lo que viene es eneas.

Ricardo Haussman es reconocido como gobernador del banco Interamericano de Desarrollo con lo que se abren puertas para el financiamiento de proyectos para Venezuela, al finalizar la transición y Maduro es pillado sacando de contrabando el oro para Nigeria para ver si puede pagar la quincena y las pensiones.

Maduro monta el show de la Comisión de Bachelet y trata de secuestrar sus miembros para que no tomen contacto con la realidad del país. Las víctimas de violaciones a los derechos humanos, los pacientes y funcionarios públicos se salen con la suya y logran hacerles ver la realidad.

¿Hay alguna duda de quién tiene la ofensiva y quien se atrinchera sin iniciativas? ¿Hay alguna duda sobre quien avanza y quien retrocede? Es obvio que no.

¿Hay algún síntoma de que la Comunidad Internacional ha cambiado su política de presionar a Maduro para que se vaya y haga elecciones libres? Es obvio que no.

Si lo que usted ha leído más arriba amigo lector son realidades, entonces no queda más que concluir que la boa está apretando, que no ha aflojado nunca y que solo lo hará cuando crujan todos los huesos.

¿Que todos queremos ver a estos sátrapas abandonando el poder cuanto antes? Por supuesto que sí, por eso, porque tenemos prisa es que tenemos que vestir a Fernando VII despacio y con cuidado.

Por lo pronto, a tomar nota de la Operación Libertad. Nosotros a hacer nuestra parte. Movilizados y organizados. Ya Guaido ha planteado que entramos en la fase más importante. Cada quien en lo suyo. Lo que tiene que llegar llegará.

 

@juliocasagar

La boa y el halcón, por Julio Castillo Sagarzazu

AUNQUE PARECIERA SUGERIRLO, el título del artículo, no trata de la glosa de ninguna fábula de La Fontaine, bien que al final cada quien podrá sacar la moraleja que le parezca.

Hablaremos de la boa y del halcón como depredadores y del método que tienen para cazar a sus presas. El halcón suele divisarla desde lo alto, se lanza en picada y lanza un golpe certero y fulminante que difícilmente termina bien para su objetivo. La boa, por el contrario, se acerca sigilosa a la suya, le hace inspirar confianza y cuando esta menos lo piensa se lanza sobre ella y la va apretando lentamente hasta fracturar todos sus huesos y es entonces cuando la engulle.

Es más, o menos evidente que, a estas alturas del partido, la Comunidad Internacional y las fuerzas democráticas venezolanas han optado por el método de la boa para engullir a Maduro.

Es también evidente que, aunque el gobierno norteamericano, repita el mantra de acuerdo con el cual “todas las cartas están sobre la mesa” (lo cual es verdad) que hoy agotan la vía de aumentar la presión a los huesos de la dictadura venezolana.

Todos, absolutamente todos en el mundo están de acuerdo de que Venezuela sufre el secuestro de una satrapía sin escrúpulos que nos ahoga. Todos estamos convencidos de que los venezolanos hemos puesto todo de nuestra parte para liberarnos. Sencillamente, no pudimos convencer a nuestros secuestradores de que nos dejaran libres, agotamos nuestra fuerza, nuestras posibilidades de planear un escape y tuvimos que llamar a la policía para que viniera en nuestra ayuda.

Ahora bien, cuando la policía se presenta a un secuestro no llega irrumpiendo con sus escuadrones SWAT disparando a diestra y siniestra. Normalmente, hacen primero su aparición negociadores profesionales. Gente que trata de disuadir a los secuestradores. Les hacen ofrecimientos, averiguan si tienen mama y la llevan para que hablen con ellos, les hacen ver que es mejor entregarse que morir en el sitio, a ratos los amenazan con la fuerza y les piden que miren por un agujerito para que vean a los comandos preparados para actuar. En pocas palabras, siempre hay un protocolo de actuación que se aplica con la mira puesta en que la situación se resuelva del mejor modo y al menor costo posibles.

Hoy día esa es la etapa en la que está la Comunidad Internacional en relación con la dictadura venezolana. Las presiones (léase, el abrazo de la boa) aún tienen mucho que dar de sí.

Y cuando hablamos de presiones no solo hablamos del cierre de cuentas de los capitostes del régimen y la cancelación de las visas de ellos y sus familiares (cosa que les duele muchísimo, pues los cobritos de los ahorros están básicamente en el imperio del norte) sino también de las negociaciones que se adelantan con allegados a Maduro y a su entorno. ¡Si! Leyó bien y, además, esto no es un secreto. Hace algunas semanas el senador Marcos Rubio declaro abiertamente: “para la libertad de Venezuela estamos hablando con gente a la que quisiéramos ver presos.” El propio Elliot Abrahams lo ha dicho igualmente. En materia de presiones ésta es la más importante de todas. Es la que ha puesto a Maduro a dormir con un ojo abierto y el otro también. Él sabe que su primer anillo de poder es una colcha de retazos de intereses y que casi todos están con él para defender el feudo que le ha correspondido en el reparto. Como el general Obregón, Maduro sabe que no tiene “general que aguante un cañonazo de 50.000 pesos”

Es natural suponer que los negociadores están tocando esas peligrosas teclas para la dictadura. Es además evidente que esas negociaciones están produciendo efectos. Es lógico suponer que tienen fundadas razones para pensar que los ofrecimientos que hacen al entorno de Maduro están aflojando tuercas y que se pueden ahorrar los miles de inconvenientes políticos y financieros que una aventura violenta supondría. El solo hecho que esa línea de acción continúe, lejos de ser una mala noticia, es más bien una muy buena. La cosa está funcionando.

Habrá siempre algunos impacientes que regresen con el mantra que cada día que pasa hay que contarlo en sufrimiento y desgracias para nuestro pueblo y nadie podrá decir lo contrario. Habrá otros que, demasiados aficionados a las películas de James Bond, piensen que un buen Martini, una chica Bond y una operación comando, pueden resolver el asunto. Pero la realidad suele ser siempre más complicada y menos cinematográfica.

La boa sigue trabajando sigilosamente, aprieta y siente como los huesos crujen. La presa no tiene escapatoria. Incluso, si en un movimiento hábil lograra escaparse, malherida como está, no llegará muy lejos del halcón que sobrevuela.

 

@juliocasagar

¿Qué paso el #23Feb en Venezuela?, por Julio Castillo Sagarzazu

 

 

LOS MÁS IMPORTANTE QUE PASO ESTE 23 DE FEBRERO EN VENEZUELA, ocurrió en la Habana, donde cientos de manifestantes, por primera vez en toda la historia post revolucionaria, salieron a las calles a protestar contra el proyecto de Constitución que la dictadura pretende presentar a consideración del pueblo cubano.

¿Y cómo es eso? Pues simple, desde que Chávez entrego el destino político de Venezuela a Fidel Castro, ningún análisis de nuestra realidad nacional está completo o es correcto sin tomar en cuenta la “variable cubana” de nuestra vida.

En una situación clásica de lucha contra una dictadura nacional. La definición de la conducta de las Fuerzas Armadas (que se ha convertido en la piedra angular de la solución de nuestro problema nacional) se podría manejar con las categorías nacionales de reivindicación del honor militar mancillado o con el discurso de la inclusión de los uniformados en un bello proyecto de país que tenemos por delante.

En Venezuela esto no funciona. Y no funciona porque la fuerza de ocupación cubana es la garantía de que ningún movimiento de reivindicación de los valores democráticos pueda conseguir articularse y sostenerse en el tiempo. El G2 cubano, que es el gran operador para que esto no ocurra, fue formado básicamente por la Stasi que fue, de lejos, mejor policía que la KGB soviética. Su ejército es el único ejercito latinoamericano que ha incursionado en operaciones armadas fuera de su país con resultados militares favorables. Solo el ejército colombiano en toda América Latina, tiene el “know how” del combate exitoso. Todo los demás, están por probarse.

De manera entonces, que la definitiva solución de nuestra tragedia nacional, pasa por las horcas caudinas del juego de la geopolítica mundial.

Hoy, el régimen venezolano (en este marco que estamos hablando) ha hecho una jugada en falso para su sobrevivencia. El sábado 23, no dejó pasar la ayuda humanitaria (lo cual estaba virtualmente cantado) sino que cometió el error de incendiar los camiones que lograron pasar y organizaron una operación cruel y criminal de represión saldada con la muerte de varios indígenas pemones y pobladores de las zonas fronterizas.

Dicho en otras palabras, no paso la ayuda, pero paso el argumento que la comunidad internacional necesitaba para escalar en su proyecto de sacar a Maduro del poder.

Y lo más grave para él es que todo ocurre el día en que Raúl Castro tiene que poner sus barbas (o sus bardas) en remojo porque se le acaba de alzar el gallinero en su propio patio.

Lo de este sábano no pasara desapercibido para el mundo. Ha quedado demostrado que la tesis de Obama de convencer á los cubanos ofreciéndoles relaciones para que soltaran a Venezuela, ya le pasó su momento. Nunca sabremos si había resultado o no, porque Trump ganó las elecciones, pero lo que sí sabemos es que ahora mismo ya no tiene destino.

Raúl Castro tendrá ahora que lidiar con su propia realidad y además con la de Venezuela y, visto como está el panorama, pronto tendrá que escoger con cuál de las dos presidencias se va a quedar.

Los venezolanos ya hemos hecho casi todo lo que podemos hacer, lo hemos hecho con episodios de heroísmo y sacrificio que la historia y las escuelas que estudien nuestro caso, nos van a reconocer sin duda. Es muy probable que nos queden más sacrificios y un trecho aun que recorrer. Nuestra persistencia y nuestro coraje se seguirá poniendo a prueba. No será la primera vez que atravesemos Los Andes descalzos para conseguir la libertad. Estoy seguro que lo haremos tantas veces como sea necesario y como la historia nos lo demande.

No obstante, lo claro, lo definitivo, es que, con el paso dado por la dictadura este sábado, la solución de nuestra pesadilla se graduó de problema geopolítico mundial de manera irreversible, como diría Tibisay.

No veo a Maduro con ningún número ganador en esta rifa que compró. Ahora TODOS los argumentos para “convencerlo” si están de verdad sobre la mesa.

 

@juliocasagar

¿Por que no se quiebra la FAN?, por Julio Castillo Sagarzazu

 

LA RESPUESTA AL TÍTULO DE ESTE ARTÍCULO ES SENCILLA. Solo los tejidos óseos se quiebran, no así los cartilaginosos y la FAN no es una estructura ósea, sino cartilaginosa. ¿Desde cuándo? Pues desde que Chávez comprendió que debía destruirla para mantenerse en el poder. En efecto, la espina dorsal de todo régimen es su aparato armado, el que garantiza el monopolio de la fuerza y la coerción. No se puede construir un nuevo régimen sin dinamitar su estructura armada y eso fue lo que hizo Chávez.

En primer lugar, debilito los resortes morales del ejercito comenzando con el Plan Bolívar 2.000 que fue la entrega ingente y sin control de dinero en efectivo a las guarniciones para que los manejaran sin cortapisa alguna y sin rendir cuentas. Luego destruyo el apresto militar sacando a centenares de oficiales de los cuarteles para convertirlos en funcionarios públicos. Destruyó la cadena de mando incorporando como oficiales al personal subalterno. Acabo con la sumisión del poder militar al civil amputando al parlamento las facultades de la autorización de ascensos. Incorporó a la milicia como fuerza orgánica de la FAN y finalmente lleno la institución de oficiales cubanos para espiar a los venezolanos.

De manera que, aclarando que no somos especialistas en la materia, se puede decir que hay razones para afirmar que la FAN en Venezuela no se quebrara como se quiebra una institución en los procesos clásicos de derrumbe de una dictadura.

¿Quiere entonces decir esto que la FAN acompañara a Maduro hasta el final? La respuesta a esta pregunta implica fabular o especular un poco como será el final del régimen y obviamente responder también si es factible que ese final este próximo.

Veamos, el viejo Marx, decía que un régimen (una clase decía él) no abandona el escenario de la historia hasta que no ha desarrollado todas las fuerzas productivas que es capaz de desarrollar. En venezolano esto significa que si Maduro aun tuviera la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas del país y promover el progreso de sus ciudadanos, aun tendría pertinencia su gobierno.

Es claro que esto no es así. Maduro ha hundido, con su modelo de ineficiencia, piratería y corrupción, al país más rico de la América Latina y que durante décadas encabezo al continente en ingreso per cápita y calidad de vida. Es igualmente obvio que no solo nunca quiso rectificar, sino que ya perdió la oportunidad de hacerlo.

Es también del dominio público que la inmensa mayoría de la población venezolana quiere que Maduro se vaya. Es decir, que aquello de “contigo pan y cebolla” ya no funciona en Venezuela. Esa misma inmensa mayoría dice igualmente que él es el responsable de las penurias del país, o sea, que el cuento de la guerra económica, el bloqueo y otras leyendas del mismo tenor, no tienen mercado ya.

Como las desgracias nunca vienen solas, Maduro ahora enfrenta una crisis de legitimidad institucional que ha llevado a todo el mundo civilizado a desconocer las elecciones donde se “eligió” y a reconocer a Juan Guaido como presidente interino de la nación.

Y hablando de Juan Guaido y como faltaba el elemento de ponerle cara a un liderazgo alternativo, esto también lo han logrado los venezolanos con la figura fresca, sencilla y aglutinadora del nuevo presidente encargado.

¿Oportunidades de resarcirse de esta situación? Casi ninguna. El cerco a las finanzas internacionales del país, las sanciones individuales a los personeros del régimen, hacen que cada vez más tenga menos margen de maniobra o mejorar su situación.

¿Y la FAN que pito toca? Pues que, con muy poco fuelle institucional, con muy poca capacidad de reacción y con un nulo apresto operativo, por las razones que hemos señalad, no les quedara más que ver, desde las gradas, el crecimiento exponencial de la protesta social y popular.

Esta vez la protesta es como un catarro que los agarra sin pañuelo. Tienen más de 300 oficiales presos; han vivido decenas de episodios de insubordinación; tienen más de 4.000 deserciones y lo que es más grave, la tropa y la oficialidad media y sus familiares ya no son una casta privilegiada, sino un segmento más de los venezolanos que pasan hambre y necesidades.

Todo esto que hemos dicho, amigo lector, es lo que vemos y lo que sabemos. Pero luego de haber leído aquellas declaraciones de Marcos Rubio diciendo que “para resolver los problemas de Venezuela, estamos hablando con gente a la que quisiéramos ver presos” no podemos menos que concluir que decenas de Pepes Grillos están en las orejas de los capitostes del régimen, civiles y militares, recordándoles cual es el lado correcto de la historia en estos momentos. Esto último tiene que ser un verdadero dolor de cabeza para Maduro hoy.

La llegada de la ayuda humanitaria va a ser un escenario de ensayo general del nivel de las fuerzas en Venezuela. Un verdadero desafío para el régimen. Para ellos es un partido que no pueden ganar. Si no la dejan entrar y reprimen cualquier cosa puede pasar, si la dejan entrar y se la roban, cualquier cosa puede pasar, si la dejan entrar y Guaido la distribuye, cualquier cosa puede pasar. El drama de la dictadura es que ninguna de esas cosas que puede pasar es bueno para ella. Cualquiera de esas cosas va a mover el tablero de los próximos días u horas y a dejar al régimen con menos jugadas disponibles y menos fichas que mover.

Así las cosas y mientras pasa el tiempo, Maduro, sin ninguna posibilidad de mejorar en ninguno de los ítems que hemos hablado, va a tener que resignarse a voltear a la tribuna donde vera a una FAN observando el descalabro y sin poder hacer mucho para revertirlo. Es por esa tesis por la que me atrevo a apostar en estos momentos. Una Revolución de los claveles (sin claveles porque aquí no hay) del 74 en Portugal. Una autodisolución de la dictadura semejante a la ocurrida en España después de la muerte de Franco.

Falta saber si una vaca sagrada surcara de nuevo los cielos de Caracas en una noche calurosa como las que estamos teniendo. Eso sería lo deseable y, por ahora, me parece lo probable.

 

@juliocasagar

Rusos y chinos se hace los suecos, por Julio Castillo

 

 

 

SI YO FUERA NICOLÁS MADURO, ANTES DE FANFARRONEAR CON EL APOYO DE LOS RUSOS, me leería el texto del acuerdo firmado entre Nikita Krushev y John F. Kennedy para terminar con la crisis de los misiles en Cuba y con el cual, los rusos dejaron a los cubanos y a Fidel Castro guindados de la brocha, a pesar de que este último los alentaba a que pulsaran el botón rojo y desencadenaran el Armagedón nuclear.

No hay que ser internacionalista para darse cuenta de que los rusos cambiaron a los cubanos por unos cohetes que los gringos los dejaron instalar en Turquía. Una verdadera lección de Real Politik y de confirmación del apotegma aquel según el cual, “los países no tienen amigos sino intereses”.

Los rusos, a decir verdad, nunca han sido un pueblo ni guerrero ni conquistador. El general invierno les salvo de las dos más peligrosas amenazas a las que se enfrentaron como gran nación. La primera vez, derrotando a Napoleón y la segunda, a la operación Barbarroja, lanzada por Hitler. Esta última, ayudada por las bombas Molotov contra los panzer, cuando ya se habían quedado sin municiones.

Catalina la Grande conquisto a Crimea y Putin la acaba de ocupar porque se trata de un sitio neurálgico para su flota del Bósforo que es su verdadero mar estratégico. En el Báltico solo hay arenques y países fríos, pero en Crimea tienen salida al Mediterráneo a través de Turquía. Por eso es que también están en Siria, pues el puerto de Tartu, cedido por el padre del Al Asad, es estratégicamente necesario para el reavituallamiento de sus navíos. Pero hasta allí les llega su aventurerismo guerrero. La última guerra empeñada por Rusia fue la de Afganistán y salieron apaleados por los Talibanes, en mala hora soportados por Washington.

Rusia, además, a pesar de la fanfarronería de Putin, es un país pobre y con limitaciones logísticas para llegar más allá de sus fronteras y sobre todo a Venezuela, requiere recursos financieros y materiales con los que no cuenta. Intereses económicos si tiene y sobre todo los tienen las panas de Putin, los nuevos oligarcas rusos que han metido plata en nuestro país en negocios petroleros y en los más sucios de la extracción salvaje del oro y el coltan en el arco minero de Guayana. Esos son los que Putin tratara de poner a salvo. El pellejo de Nicolás le importa tanto como la protección de las guacamayas de Caracas.

Los chinos, por otra parte, son mucho menos agresivos e interesados en la guerra que los rusos. Lo de ellos más bien han sido siempre los negocios y que los dejen vivir en paz. La Muralla China, es la mejor prueba de ello. La otra prueba es que fueron los que inventaron la Ruta de la Seda, con la que llegaron a Samarcanda y también al Mediterráneo, pero no para conquistar, sino para hacer negocios. Los chinos son expansionistas, pero con sus Chinatowns, con sus lumpias y su arroz frito. Un pueblo sabio por mil títulos y que planifican, no como nosotros, para la semana que viene, sino para cien años. Proteger sus intereses económicos, será igualmente lo más importante para ellos.

Nicolás Maduro, dirige una revolución sin épica, sin más héroes que Robert Sierra y Eliezer Otaiza. Su rito iniciático fue una derrota militar que llevo a su líder a refugiarse en el Museo Militar. Es una de las pocas efemérides que celebra una derrota y no una victoria. Es como si los franceses celebrasen Waterloo, o los españoles la Batalla de Carabobo. Pero bueno, es así. Esa es la razón por la que la fanfarronería militar termina siendo patética, sus carreritas televisadas, una versión de Mambrú se fue a la guerra y sus llamados a zafarrancho de combate, silbidos en la oscuridad para sentirse acompañado.

Nadie quiere una guerra para Venezuela. Ni siquiera y, mucho menos, quienes queremos que se vaya. Entonces tenemos que concluir que toda su parafernalia es para aparentar que esta fuerte, cuando en realidad está muy débil.

Él y Chávez, son los verdaderos responsables de haber convertido el problema de Venezuela en un problema geopolítico mundial. Su manía estúpida de hacer el país un santuario de bandas narcoterroristas como las FARC y el ELN. Haber repartidos pasaportes venezolanos a diestra y siniestra a militantes del Hezbollah. Haber llenado el mundo de dinero sucio de la corrupción en proporciones nunca vistas en la historia de la humanidad. Haber convertido al país en una pesadilla de donde han debido emigrar más de 4 millones de compatriotas creando gravísimos problemas a nuestros vecinos. Todo eso es obra de este régimen. ¿Ahora de que se quejan de que el mundo entero, democrático, civilizado y decente los quiera echar?

Sigan el consejo y acojan la mano tendida de Juan Guaidó. Acójanse a la amnistía que con generosidad está ofreciendo. No sigan causando daño. Háganse a un lado para que podamos construir una transición que nos lleva a unas elecciones libres para regresar al concierto de las naciones democráticas del mundo, donde una vez fuimos un faro y un ejemplo.

Nadie va a venir a defenderlos ¡Váyanse en paz!

 

@juliocasagar