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Poder

Bolívar tiene razón, por Ángel Oropeza

UNO DE LOS CONCEPTOS MÁS ampliamente estudiados en la Ciencia Política es el de “gobernabilidad”, entendida esta de manera sintética como una propiedad de los sistemas políticos definida por su capacidad para satisfacer de manera eficiente y adecuada las demandas de la sociedad a quien sirve.

Desde el punto de vista psicosocial, la gobernabilidad se asocia con el grado de acatamiento o aceptación mayoritaria de las acciones gubernamentales por parte de los ciudadanos, y en este sentido tiene que ver con un concepto relacionado como lo es el de “legitimidad de reconocimiento”. Por otro lado, desde una perspectiva técnico-administrativa, la gobernabilidad se asocia con el grado de eficacia y eficiencia en el desempeño del equipo gubernamental, y con su control sobre los procesos políticos y económicos de un país.

Lo contrario a la gobernabilidad, por supuesto, es la ingobernabilidad. Y esta se define, en consecuencia, como la incapacidad de los gobernantes para satisfacer las demandas y expectativas de la población, y por la falta de control sobre los procesos económicos y políticos.

Una rápida mirada a la Venezuela de hoy nos habla a las claras de una situación típica e innegable de ingobernabilidad. Quienes ocupan el poder en el país no gobiernan, ni en el sentido estricto de satisfacer las necesidades básicas de la población ni desde la perspectiva del necesario control sobre los procesos sociales. Y para muestra hay más de un botón.

El régimen de Maduro no puede con la economía (somos hoy el único país del planeta con hiperinflación, con una recesión y decrecimiento ya crónicos, y con un porcentaje mayoritario de la población con severas limitaciones para acceder a la alimentación y a los servicios básicos de salud, luz, agua y educación), no controla la moneda (cada vez más devaluada y casi inexistente), no puede con el hampa (desde que las actuales personas que ocupan el poder lo hacen, somos el país más violento e inseguro del mundo), y ni siquiera controla el propio territorio nacional, hoy víctima de la presencia activa de paramilitares y delincuencia organizada.

Si la capacidad de gobernabilidad es la principal característica de un gobierno, y estamos en presencia indiscutible de una situación de ingobernabilidad estructural, entonces en Venezuela se puede afirmar con propiedad que no existe un gobierno sino unos individuos que ocupan el poder. En sentido estricto, el régimen de Maduro no gobierna, solo usa el poder.

¿Para qué existen los gobiernos? Existen para satisfacer las demandas y necesidades de la población, para administrar los recursos públicos de manera eficiente de cara a la satisfacción de esas necesidades, para garantizar la vida y el bienestar de la población, para asegurar la paz y la convivencia nacional, y para resolver a través de sus instituciones y acuerdos las diferencias inevitables entre personas y sectores distintos. Si ello no ocurre, el gobierno de que se trate no tiene sentido, justificación ni razón de existir.

Venezuela necesita con urgencia un gobierno. Los símbolos y espacios de poder están ocupados por personas que se refugian allí y utilizan el poder. Pero usar el poder y gobernar son dos cosas diferentes. Mientras el beneficiario de lo segundo son los ciudadanos y el país, los que practican lo primero lo hacen fundamentalmente en su propio beneficio.

En 1819, y como parte de su célebre Discurso de Angostura, el Libertador Bolívar afirmaba que el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política.

Coherente con este pensamiento, un régimen que condena a la población al hambre y la infelicidad, que le priva de siquiera las condiciones mínimas de seguridad social, y que al criminalizar y perseguir a quien no piense igual aleja toda posibilidad de paz y estabilidad política, se convierte de hecho –siguiendo a Bolívar– en el más imperfecto y perjudicial de los gobiernos. Tanto, que ni siquiera merece ese título.

 

@AngelOropeza182

Dos fundamentos que debemos rescatar, por Alejandro Armas

NO PUEDO OLVIDAR LA TENSIÓN que reinaba en el ambiente aquel día de enero de 2016. Los diputados opositores electos semanas antes llegaron para formar, por primera vez, una mayoría disidente del chavismo en la Asamblea Nacional desde que este cuerpo reemplazó al Congreso de la República. El aire estaba impregnado de rumores sobre un acto de fuerza por parte del régimen de Maduro que impediría la instalación de un poder público adverso. Aunque la jornada concluyó sin violencia en el Capitolio, pasó poco tiempo para comprobar que la elite chavista no estaba dispuesta a tolerar la pérdida del control absoluto del país. Un recuento de todo lo que ha hecho para anular la AN me tomaría la columna completa. Basta con señalar, como el último eslabón de esa cadena impresentable, la gravísima persecución a la que ha sido sometida un grupo de legisladores.

La AN está siendo desbaratada en cámara lenta. En vez de una disolución al estilo de Fujimori o, por volver con el ejemplo criollo, un asalto homicida como el que lanzaron las huestes de José Tadeo Monagas el 24 de enero 1848, los diputados están siendo separados de sus curules uno por uno y llevados a la clandestinidad, el exilio, la cárcel o, al momento de escribirse estas líneas, una siniestra falta de paradero conocido tras la detención. Las sesiones no han cesado, pero es innegable que el parlamentarismo venezolano se encuentra en la lista de especies en peligro de extinguirse. Semejante posibilidad es, sin consumarse, una aberración que atropella casi 400 años de progreso en la filosofía política. Aunque en esta columna siempre se comparan hechos del presente con los del pasado, hoy me voy limitar al terreno de la historia de las ideas para exponer el retroceso que Venezuela está experimentando.

Junto con la pintura de Rafael y la escultura de Miguel Ángel, entre tantas otras maravillas, el Estado moderno es uno de los hijos más destacados del Renacimiento. Teóricos como Tilly atribuyen su aparición al desarrollo de nueva tecnología bélica. Otros, como Spruyt, apuntan a una alianza entre monarcas y burgueses para socavar las bases del feudalismo. Como sea, el proceso se dio sin un ideario teleológico que lo impulsara. Fue entre los siglos XVI y XVII, luego de que la evolución desechara los modos de ordenación política medievales, que al Estado se le dio una razón de ser teórica. ¿Materialismo histórico? Quizá. Hablando de eso, fue Hobbes, un destacado materialista, quien hizo el mayor aporte filosófico al Estado como constructo social necesario. En resumen, el secretario de la familia Cavendish argumentó que, para que los seres humanos pudieran vivir en paz y prosperidad, era necesario entregar el monopolio de la violencia legítima a un ente que se encargara de protegerlos. Dicho ente es el Estado, que está encabezado por un individuo o asamblea investido con soberanía absoluta, intransferible y, léase bien, indivisible.

Desde luego, visto desde nuestra perspectiva del siglo XXI, el Estado hobbesiano luce espantosamente opresor. Afortunadamente, poco después de Hobbes hubo un Locke, quien advirtió que la soberanía absoluta equivale a tiranía y que, por ello, conviene ponerle límites. En su preclaro Segundo Tratado del Gobierno Civil, Locke planteó la necesidad de dividir el poder del Estado entre quienes diseñan las leyes y quienes las administran. Esos son, por supuesto, el poder legislativo y el poder ejecutivo. En rigor, Locke fue la cima de una corriente de pensamiento que se desarrolló en Inglaterra durante el tumultuoso siglo XVII, cuando el país se debatió, llegando a la guerra civil, entre la monarquía absoluta y el régimen parlamentario. Desde antes de que se desataran las hostilidades, juristas ingleses estaban alertando que las decisiones de los reyes Estuardo atentaban contra los derechos tradicionales que se remontaban a la Carta Magna. Hayek sostuvo que la corriente inglesa de separación de poderes tenía como fin último la preservación de la libertad individual. Con la Revolución Gloriosa, Inglaterra, que pronto se metamorfoseó en Gran Bretaña, pasó a ser uno de los pocos Estados europeos en los que el absolutismo no se arraigó.

En pleno Siglo de las Luces, Montesquieu dio un paso más y añadió a la dupla de Locke un tercer poder: el judicial, para interpretar las leyes y dirimir disputas legales entre los ciudadanos. Ese mismo siglo fue testigo de otra importantísima contribución al pensamiento político occidental. Me refiero al constitucionalismo. Esta vez la batuta la llevaron los progenitores de la primera república americana. Madison, Jefferson, Hamilton y otros concibieron una ley fundamental para el funcionamiento del Estado que garantizara la separación tripartita del poder y de esa forma protegiera la paz entre sus ciudadanos con el menor riesgo posible de coerción al individuo. Desde entonces, la Constitución estadounidense ha servido de modelo para incontables leyes fundamentales en los más diversos rincones del planeta. Sobre todo en Latinoamérica se han hecho intentos de emularla, a menudo sin éxito por razones que ameritan otra columna.

Sin embargo, de forma paralela a esta tradición liberal se han desarrollado otras formas de pensamiento político. Rousseau concibió una soberanía que, como la hobbesiana, es absoluta. Pero la atribuyó a la ciudadanía en pleno y no al ente representativo que Hobbes tenía en mente. Esta aproximación tiene sus luces y sombras. Por un lado, significó una contribución gigantesca a la idea de una república democrática, en la que el pueblo está permanentemente facultado para decidir. Por el otro, la soberanía democrática, al no tener límites, fácilmente degenera en tiranía de las mayorías presentada como voluntad general. No queda en este sistema ningún resguardo para el sujeto individual y la suerte de cada persona puede ser decidida por lo que el colectivo determine.

Por último, en Schmitt la noción de soberanía ilimitada alcanzó su expresión más peligrosa. Su soberano tiene la capacidad de decidir cuándo se debe instaurar un estado de excepción que le permita gobernar de forma dictatorial. Es como un presidente que puede darse a sí mismo una ley habilitante. Al igual que Rousseau, el jurista germano repudió el parlamentarismo representativo inglés por sus facciones y sus negociaciones, cuya conducción atribuyó a elites partidistas. Prefería una asamblea popular sin pluralidad y que estuviera en sintonía permanente con el líder. El tono populista y totalitario es bastante evidente, lo cual nos lleva de vuelta al chavismo y su visión del ejercicio del poder.

A la elite que gobierna Venezuela le desagradan la separación de poderes y el constitucionalismo precisamente porque, en términos coloquiales, le impiden hacer lo que le da la gana. Chávez simuló lo contrario mandando a redactar una Constitución que incluyera cinco en lugar de tres de poderes pero no tardó en demostrar que los quería todos sometidos a su persona. La quintaesencia de tal despropósito retrógrado la expuso la entonces presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Luisa Estela Morales, cuando espetó con desparpajo que la división de poderes atenta contra el funcionamiento óptimo del Estado. Agregue a eso, estimado lector, el abuso de leyes habilitantes para transferir la facultad legislativa a Chávez y a Maduro. También la pretensión de reemplazar gobernaciones y alcaldías con comunas que dependen ideológicamente del chavismo. Lo más grotesco ha sido la formación de un cuerpo colegiado hecho a la medida de los intereses de la elite gobernante, al que se le atribuye una “supraconstitucionalidad”, intento de legitimar el poder ilimitado.

Nunca hubo cabida para una AN plural en este esquema. Mucho menos si la controla la oposición. Por eso el régimen desde principios de 2016 se aseguró de confiscarle sus funciones. Ahora confisca sus integrantes. Los venezolanos no podemos acostumbrarnos a este regreso de la soberanía absoluta. Pido disculpas si la columna de hoy pecó de excesivo tono didáctico, pero creo que nunca está de más recordar estas nociones de teoría política. Rescatar la separación de poderes y el constitucionalismo es un deber urgente.

 

@AAAD25

Mambrú se fue a la guerra. ¡Qué dolor…! Por Orlando Viera-Blanco

“Estamos en pleno desarrollo de una ola popular y masiva (Dixit Elliott Abrahams), detonantes en sana paz la primavera venezolana…”

Está viviendo el momento político más importante y relevante que haya tenido la historia contemporánea de nuestro país. Sabemos que es la peor crisis humanitaria que haya registrado el hemisferio, por lo llegó  la hora de echar el resto sin derrotismos porque están dadas todas las condiciones para acabar con una crisis muy profunda y injusta, donde la solución no es paliar…

Nunca como hoy

Hemos llegado a un punto ideal. Un liderazgo político joven que conecta por primera vez con las masas  de abajo hacia arriba. Un pueblo extenuado pero despierto y dispuesto a llegar porque la necesidad no resiste indisciplina.

Tenemos una alianza internacional sólida, amalgamada, solidaria, decidida a ir donde decidimos llevarlo.  Un ex gobierno sin piso político interno ni externo dependiente de cuatro bayonetas y gatillos alegres con licencia para matar en motocicleta. Hay que decretar también el cese de la violencia y de “los colectivos”.

Un ex gobierno con una fragilidad financiera nacida de su ineficiencia, corrupción institucional.  Un Presidente (E) como Juan Guiadó con un liderazgo centrado en su capacidad de organización. Que decidió noble y valientemente jugársela, armando un mega movimiento social, político, gremial, ciudadano, humanitario y atención, NACIONALISTA, incontenible. Entonces  aquellos que tratan de minimizar o fragmentar el peso del momentum político que vive el país de la mano de Juan Guaidó denunciando maliciosamente “diálogos soterrados” (que no los hay) o enalteciendo argumentos aventurero e irresponsables, por irreales tipo marines llegando por Puerto Cabello o batallas en el Lago de Maracaibo, lo que hacen es desmerecer el enorme alcance político que se ha alcanzado y la magnitud de lo que hemos logrado de la mano de un liderazgo noble y un  pueblo que le secunda.

Quienes cuestionan “fotografías” y reducen la política a sumar followers están banalizando un momento de inmensas posibilidades de mutación de poder. Parafraseando a Jefferson que decía, “tiemplo por mi país cada vez que digo que pudiéramos tener los líderes que merecemos” porque tiemplo por Venezuela cada vez que veo a los detractores destruir del liderazgo que merecemos. ¿Acaso es justo demonizar un valor tan superior como la luz de la esperanza y la libertad encarada en un buen lidera por reducir el debate político al oficio ocioso e insincero del argumento de ¡Mambrú se fue a la guerra…! Lo único que vendrá de esa melodía será  ¡Qué dolor, qué dolor qué pena, […] Mambrú ha muerto, que dolor, que dolor, que entuerto!

Tiempo de edificar

Hay otros “franco tiradores” no precisamente del ex gobierno. Ese ataque sigiloso y artero que a fin de cuentas no suma sino resta y divide.

Lo que hemos logrado a nivel internacional es sumamente meritorio, aquilatado e importante, por inédito. Las relaciones entre naciones son sumamente complejas. Sin embargo-en la complejidad- hoy hemos logrado incomodar y acorralar al ex gobierno de una forma indoblegable. Esto es extraordinario.  Es la diferencia entre ganar o perder. Por eso la volatilidad sembrada desde espinales de quiebres en la disidencia ponen la ruta ácida, ausente  de abonos, mieles y semillas.  En 90 días contar con un representante en la OEA, dominio sobre Citgo, un representante en el BID, un cuerpo diplomático firme, el reconocimiento de 60 países del orbe como Gobierno Interino y de la emergencia humanitaria compleja, es una victoria titánica que recaracteriza al régimen.

¿Es suficiente la tesis intervencionista poner en riesgo la alianza y la eficiencia política que suponen estos avances? A lo interno Guaidó ha superado todas las expectativas de movilización [en un país hasta ayer en la lona]. Un armador nato ¿No es acaso la consolidación de un liderazgo que merecemos cuidar y seguir? Como dice el Eclesiastés: Tiempos de destruir y de construir. Ahora son tiempos de edificar…

La salida y la llegada…

A raíz de la reunión de Embajadores en la Ciudad  de Bogotá confirmo nuestra hipótesis: La salida no tiene marcha atrás. Estamos en pleno desarrollo de una ola popular y masiva (dixit Elliott Abrahams), detonante en sana paz la primavera Venezolana… Las circunstancias ni los tiempos son dóciles pero si determinables. Y el futuro como fue analizado en la Cumbre de Bogotá de cara al Plan País, espectacular y provisorio por realizable. No es una quimera: Venezuela en muy corto tiempo registrará el rebote más cimero que país alguno haya tenido en la historia de Latinoamérica. Aceptémoslo. El que tiene oídos que escuche…

La capacidad del Presidente Juan Guaidó de emplazar un gran movimiento ciudadano tiene como nutriente un retorno país sin precedentes.  La salida del ex gobierno y la llegada de la transición democrática viene.  Poco sirve al ex gobierno que repita mil veces “no nos vamos”. Irremediablemente sucederá y mucho más rápido de lo que “las mareas de fondo y silenciosas” son capaces verse.

No sólo vengo satisfecho de Bogotá. Vengo convencido que se cumplirán los objetivos asistidos además de un cuerpo diplomático excelente, de una agenda política muy elaborada, una comunidad internacional resteada y un liderazgo interno-popular y organizado-imbatible. ¡Vamos muy bien! Confiemos…

@ovierablanco

Evo Morales admitió que se acostumbró al poder y no quiere dejarlo

EVO MORALES, PRESIDENTE DE BOLIVIA, admitió que se ha acostumbrado al poder y no quiere dejarlo. La declaración fue realizada al recibir un doctorado honoris causa en la Universidad de San Carlos de Guatemala.

El presidente boliviano se encuentra en dicho país para asistir este viernes a la XXVI Cumbre Iberoamericana que se celebra en la ciudad de Antigua.

Recordó la lucha sindical y de los pueblos originarios que hace más de 12 años lo llevaron al poder, una posición a la que aseguró haberse acostumbrado y de la que no quiero salir. “Ese es el problema que tengo”, expresó.

El Consejo Superior Universitario de la institución le otorgó una distinción a Morales por su aporte “a la justicia y progreso de la humanidad”.

Antonio Ledezma dice que Maduro quiere una “ayudita a la dominicana” para continuar en el poder

EL EXALCALDE METROPOLITANO, ANTONIO LEDEZMA, considera que el gobernante venezolano, Nicolás Maduro, está buscando una “ayudita a la dominicana” para llegar al 10 de enero de 2019 y “cruzar la línea  roja que fue trazada por la comunidad internacional al reconocer  el fraude en la farsa electoral del pasado 20 de mayo”.

Así lo manifestó Ledezma el 9 de noviembre luego de reunirse con el secretario general de la OEA, Luis Almagro, a quien le manifestó su preocupación sobre aquellos sectores que podrían ser partícipes en un nuevo intento de una eventual negociación con el Ejecutivo.

“Ningún sector democrático de Venezuela comprometido con el rescate de nuestra libertad, debe prestarse a servirle la mesa a Maduro para que imponga de nuevo el tóxico menú de la trampa mediante el amañado diálogo”, expresó según una nota de prensa.

Hizo referencia a la “ayuda a la dominicana” al recordar las conversaciones que se llevaron a cabo en la sede de la Cancillería en Santo Domingo y las gestiones que adelantara el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero para llevar a cabo el proceso, el cual se extendió unos tres meses sin resultados.

“Mientras persista esa banda de delincuentes en el poder con un Consejo Nacional Electoral a su servicio, no se puede plantear la participación en elecciones.  Lo que está claramente definido es la salida de Maduro del poder lo antes posible, y en este sentido es necesaria la unidad de fuerzas”, señaló.

Aseveró que en la agenda del movimiento “Soy Venezuela” hay una única estrategia, que es la de continuar luchando hasta propiciar un cambio de Gobierno en el país, al tiempo que le dijo a Almagro que el pueblo venezolano “está satisfecho” con la iniciativa presentada por la OEA ante la Corte Penal Internacional en contra de Nicolás Maduro y que en la actualidad es respaldada por ocho naciones.

De la transición y el Estado disuelto, por Carlos Blanco

EL PROCESO DE TRANSICIÓN YA SE INICIADO DE UNA MANERA desordenada. El régimen experimenta un deslave en sus cuadros más importantes. Más de un camarada ha salido sin hacer ruido hacia otros derroteros. Por su parte, Maduro ofrece el oro y el moro a quien le quiera comprar su nuevo diálogo. La más reciente de las ofertas es una especie de CLAP con elecciones rapidito, cambios en el CNE, algunas liberaciones de presos políticos, a cambio de que lo dejen tranquilo para la mamarrachada de su nueva toma de posesión el 10 de enero. Como se sabe desde el inicio del régimen chavista, la táctica es invariable: cuando tienen el agua casi entrando por los huecos nasales, hacen una propuesta, con arrepentimiento si es necesario, y entonces sectores de la oposición comienzan a darle vueltas al asunto. La sola discusión alrededor de la apetitosa chupeta distiende los ánimos encrespados, algún pequeño espantajo sale del asunto, y el régimen gana tiempo y la oposición dialogante se declara en receso hasta una nueva pamplina.

Ante ese panorama, siempre hay algún erudito que afirma desde la altura del púlpito profesoral: esta vez es distinto; ya no pueden hacer trampa; ya no… ya no. Al final, cuando los ingenuos profesionales abren el grifo para que la cisterna se vacíe y le baje el agua y la angustia a Maduro, la pandilla saca otra receta para permanecer en el poder. Y para la marranada siempre habrá un Zapatero a la orden.

La transición ha comenzado no solo por ese deslave sino porque las fuerzas del cambio se preparan. Los que no compran los caramelos envenenados de Maduro han alcanzado un grado de comprensión de la situación venezolana profundo y nuevo.

El Estado como sistema de instituciones está disuelto. Obsérvese cualquiera de ellas: Pdvsa, el Banco Central, la Fuerza Armada y todo lo demás. Incluso, una institución de incuestionable legitimidad, la Asamblea Nacional, ha sido prácticamente disuelta, por la arremetida dictatorial contra sus atribuciones y miembros, así como por la falta de vigor de sus dirigentes. Con la guinda de ayer: evitar la censura a Zapatero.

Podría decirse que algunas instituciones no están disueltas, como el Sebin, la Digecim y los cuerpos más represivos de la Guardia Nacional y la Policía Nacional. Pero no existen tampoco; son instituciones corrompidas hasta la médula, capaces de dar garrotazos y matar, pero son cuerpos podridos. Cero “inteligencia” en contra del crimen porque forman parte de este. Cero capacidades para cumplir con sus finalidades institucionales.

El Estado no es que ha sido penetrado sino que el Estado disuelto fue sustituido por una mafia que controla el territorio nacional, y que comparte el poder con sus aliados como las FARC, el ELN, las mafias mineras, el narcotráfico, los “pranes” o jefes de las cárceles, agentes del terrorismo islámico y los colectivos que han sustituido a las antiguas y desaparecidas “fuerzas del orden público”.

La mafia del poder tiene carácter internacional. No es una dictadura “venezolana” sino que es una dictadura del bandidaje internacional que ha tomado posesión de Venezuela. De su naturaleza esencial dimana el carácter de la lucha: es también internacional. A los países democráticos les ha costado entender que esta no es una batalla de los venezolanos con la cual hay que solidarizarse; sino que es una batalla de los venezolanos, de los colombianos, brasileños, peruanos, bolivianos, norteamericanos, españoles y canarios, que luchan por la libertad.

Este carácter define la naturaleza del enfrentamiento y de sus actores. Del lado de allá, la mafia, el régimen cubano, Ortega y Evo, el terrorismo islámico, los dueños de las fortunas amasadas en el expolio de nuestro país. Del lado de acá los demócratas del planeta.

@carlosblancog

El Nacional 

El tiranodifunto y sus chavistas originarios, por José Domingo Blanco

CON MUCHO INTERÉS, HE VENIDO SIGUIENDO las actuaciones y comentarios de este “nuevo” apostolado –inmaculado- que se gestó en torno al legado de Chávez, el difunto intergaláctico. Ese grupo que, de pronto, decidió apretarse el botón de Reset para vaciar el archivo que contenía sus aportes a la miserable situación actual, eliminar los cargos de conciencia y erradicar las responsabilidades –que muchos las tienen- de que la situación de nuestro país haya llegado a los niveles caóticos en los que estamos.

Así, como cuando haces “borrón y cuenta nueva”, un grupo de Chavistas Originarios que, permítanme recordarles, alguna vez ocuparon altos cargos durante los años de tiranía del difunto, se han dado a la tarea de “limpiar” sus imágenes y “lavar” sus –ahora- inexistentes culpas, para defender al padre de la tragedia actual de Venezuela: ¡Hugo Chávez Frías! Y me cuesta aceptar este acto de contrición, no porque dude de la autenticidad del arrepentimiento, sino de las intenciones ocultas que subyacen en el acto. A ese grado de desconfianza me han llevado los chavistas… ¡y las dirigencias opositoras, también!

En mi caso, tanta desconfianza, está asentada en las declaraciones y actuaciones de quienes ahora, no sólo son inocentes, sino que se atreven a decir que ellos nunca, nunca, hicieron algo que fuese en contra de la libertad, la democracia, la probidad, la transparencia y las leyes. Desde hace años vengo insistiendo, y más aún cuando Chávez comenzó a dejar ver sus intenciones comunistas, que la politiquería es oscura y engañosa. Incluso, me atrevía a calificarla de retorcida. Truculenta. Porque, los intereses que la mueven, definitivamente, no son a favor de las mayorías. El poder enceguece a quienes lo ostentan, y despierta las ambiciones de quienes quieren alcanzarlo.

Y este axioma, cobra más fuerza en mis convicciones cuando, por ejemplo, oigo a Rafael “Niño Jesús” Ramírez, el zar petrolero en los años chavistas de más ingresos y más despilfarro, hablar como si jamás, durante su gestión, se hubiese perdido ni una grapa de la engrapadora de su oficina. O cuando, veo a Luisa Ortega Díaz, que cambió las abyectas mentiras que decía durante su gestión como Fiscal en los años de Chávez, por una imagen de paladina de la justicia, contra los desmadres que comete el régimen de Nicolás. Les juro que les creería, si no recordase cuánto daño, en su momento, le hicieron al país. Me convencerían si, después de recibir la iluminación divina y descubrir los horrores que ocurren en la Venezuela actual por culpa del modelo que aplica un otrora camarada de tolda, no descubriésemos las intenciones presidencialistas de cada uno de los execrados por el régimen dictatorial de Maduro.

Porque esos Chavistas Originarios de hoy, son los mismos que burdamente copiaron la estrategia comunicacional, dentro de la maquinaria criminal nazi, del nefasto Goebbels sazonándola con palabras como escuálido, golpista, guarimbero, apátrida, revolucionario, hegemonía, Patria, Socialismo o Muerte. Los que ponían “la rodilla en tierra” por ese comandante que está sembrado en el Cuartel de la Montaña y que abrió el camino de esta desgracia por la que transita el país.

Los Chavistas Originarios, los que no se cansaron nunca de “jalarle bolas” a Chávez, quieren sacar a Maduro para ponerse ellos y continuar con el legado, que es el mismo Plan de la Patria que diseñó el “tiranodifunto” y que, sin interrupciones, desde que el “tiranodifunto” lo asignó como su sucesor, viene aplicando Nicolás y su dictadura.  Entonces, ¿en dónde estaría el cambio? Por eso, inevitablemente, dudo de la intención de los Chavistas Originarios. No quieren cambiar el Plan sino, simplemente, a quien lo aplica. Y eso me suena, al mejor estilo de Cantinflas, a deseos de recobrar el poder que algún día tuvieron y del que hoy han sido desplazados por otros, que no son ellos; pero que son los que están mandando… ¡sin ellos! aun cuando son salidos de la misma corriente ideológica. Esas cosas adictivas del poder.

Tal vez, a los Chavistas Originarios podría, quizá, concederles el beneficio de la duda si, antes de querer aparecer como inocentes sin mácula, devolvieran lo que indebidamente sustrajeron y nos ofrecieran disculpas a todos los venezolanos que sufrimos los horrores que, con su aval, cometió Chávez. Porque, durante los años en los que ocuparon los Ministerios más importantes de la gestión del intergaláctico, acumularon créditos suficientes como para que mi incredulidad ante la autenticidad de sus intenciones, sea proporcional a los recuerdos que tengo de ellos ejerciendo sus cargos.

La politiquería se vale de sus artimañas y sus estrategias. Por eso, aún no digiero la santidad de Ramírez, Rodríguez Torres, Giordani, Ortega Díaz, Rodrigo Cabezas y todos los demás que me faltan por nombrar. Porque, detrás de ellos, hay alianzas y estrategias que los hacen creer que son la respuesta a esta gran incógnita que es hoy Venezuela. A todas estas, la dirigencia opositora que tenemos quiere que los Chavistas Originarios tumben a Nicolás, en vista de que ellos no han podido; supongo que con el propósito de dejarles la tarea sucia y después, esa dirigencia opositora –tan desprestigiada como los chavistas caídos en desgracia- encargarse de sacar del poder a los Chavistas Originarios cuando se monten. ¡Válgame Dios!

@mingo_1 

Oct 06, 2018 | Actualizado hace 1 año
De nuevo: votar o abstenerse, por Luis Fuenmayor Toro

EN LA POLÍTICA, ENTENDIDA COMO EL ARTE DE TOMAR EL PODER, existen infinidad de instrumentos utilizados a lo largo de la historia, para desplazar individuos, grupos, sectores o clases sociales, de sus posiciones de autoridad, dominio, poderío o mando de la sociedad humana en todos los confines de nuestro planeta. Los métodos pudieran clasificarse de diversas formas de acuerdo a sus características, los hay pacíficos y violentos, participativos y de pequeños grupos, legales e ilegales y hasta podríamos incorporar la dimensión ética en la calificación de los mismos, como recientemente leí en un artículo de opinión, en el que se decía que había que recurrir a todos los medios éticos posibles, para rechazar el proyecto de Constitución que pudiera proponer la Asamblea Nacional Constituyente.

La legitimidad de los distintos mecanismos para la toma del poder, aunque se la plantea como una condición previa inherente a cada proceso, en la realidad se establece luego de ocurrido el hecho y de conocidas sus consecuencias. Es más, un hecho considerado legítimo en un momento puede ser ilegitimado luego por las tropelías posteriores de sus autores, una vez establecidos en el poder. Y más adelante, cuando la política se hace historia, puede ser juzgado y calificado diferentemente también. Hoy, una parte de la oposición considera ilegítimo participar en elecciones con el actual CNE, pues suponen que no hay ninguna posibilidad de que el Gobierno pierda las mismas. Otros consideramos que a pesar del ventajismo y la tracalería gubernamentales hay que participar, pues no creemos que el oficialismo sea todo poderoso.

Pero surge en este momento un elemento, que puede ayudar a que la gente salga del barranco donde se lanzó al llamar a la abstención. En mi opinión, el Gobierno ha echado a rodar la especie de que se prepara para convocar el referendo aprobatorio del proyecto de Constitución elaborado por la ANC. Incluso, algunos han dejado correr la idea de que la consulta se podría realizar junto con las elecciones de concejales el 9 de diciembre próximo. Esto ha hecho que importantes voceros hasta ahora abstencionistas señalen que, de producirse esa consulta, habría que salir masivamente a votar para derrotar el proyecto constitucional señalado. Así se han expresado dirigentes como Ramón Guillermo Aveledo, Enrique Capriles, el padre Ugalde en forma tácita y Henry Ramos Allup en forma directa y argumentada. De paso señalo, que sus argumentos son idénticos a los esgrimidos por quienes apoyamos la candidatura de Henri Falcón.

Es más que claro que si se puede derrotar electoralmente el proyecto de Constitución de la ANC, votando masivamente en el referéndum que se convoque, a pesar de realizarse con el actual CNE, también era posible derrotar a Maduro en las elecciones presidenciales pasadas, si se hubiera salido a votar masivamente en su contra. Luego, la vía electoral no estuvo nunca cerrada, como estos dirigentes venían afirmando. Celebro la rectificación y en absoluto escribo como un reclamo. Pero agrego, que deberían también llamar a la gente a votar masivamente contra el Gobierno en las próximas elecciones de concejales. Hay claras posibilidades de que los votos de las distintas fuerzas opositoras superen los de un Polo Patriótico hoy fracturado. Sería una derrota gubernamental importantísima y que avizoraría un rechazo futuro de la propuesta constitucional, tal y como hoy la vienen trabajando.