La marcha del deslinde, por Elías Pino Iturrieta - Runrun
La marcha del deslinde, por Elías Pino Iturrieta

@eliaspino

Habitualmente el éxito de las marchas de la oposición se ha calculado por el número de personas que congregan y por el entusiasmo que muestran, pero la más reciente es susceptible de un comentario distinto. Puede pensarse que evitar la cuenta de los manifestantes trata de evadir el hecho de que no fuera realmente multitudinaria, pero la objeción no funciona porque asistió un número considerable de ciudadanos; o que dejar de lado las referencias al fervor que suscitó es salirse por la tangente, pero justo es ese el rasgo que la singulariza e invita a reflexionar con seriedad.

A diferencia de la mayoría de las anteriores concentraciones, fue esta una marcha silenciosa a través de la cual se patentizó una adustez concordante con los signos del tiempo político que se vive.

Pero una marcha silenciosa que nació de la espontaneidad, porque nadie la pensó de tal manera. No se escuchó ninguna consigna, ni los gritos de costumbre. Nadie insultó a la madre de Maduro, ni pateó la memoria del “comandante eterno”. Las bailoterapias brillaron por su ausencia, así como también los megáfonos de los partidos a través de los cuales brotaba de pronto el sonido de uno de sus voceros convocando a la cruzada definitiva. No fue un desfile de personalidades, porque nadie las estaba buscando, sino solo una congregación de pares. La mayoría de los diputados actuó sin espavientos, por fortuna o por el ejemplo de los reunidos. Se vieron muchas señales, insignias y colores de las diferentes banderías, pero sin el afán de singularizarse sino solo con la modesta orientación de ofrecer su compañía. Pocos carteles de protesta, para completar el desusado paisaje, quizá porque la discreción de cada manifestante era un desgarrado anuncio de reprobación.

Pero, además, fue una manifestación sin el dinamismo de la juventud, sin el calor que los muchachos le imprimen a su tránsito por los senderos de la lucha. Éramos gente madura, en la abrumadora mayoría de los casos. Personas cuarentonas, cincuentonas y muchísimos de los que ya vamos para viejos. ¿Por qué? Porque somos los que quedamos y quisimos representar a los hijos y a los nietos del exilio, ocupar y guardar su lugar para el futuro. Porque los estudiantes, seguramente sin pensarlo de veras y mostrando una discreta presencia, quisieron que les hiciéramos el turno mientras se preparan para nuevos desafíos. O porque fue así, simplemente, sin que nadie lo calculara de antemano, de lo cual se deduce la existencia de una singularidad capaz de llamar la atención de los líderes para que, ante la contundente evidencia, maduren como los dirigidos y cambien el rumbo de sus planes. Entre otras cosas porque aquello no fue una muestra colectiva de cansancio, ni un nuevo testimonio de desengaño, ni un adiós colectivo, sino la manifestación de un temple diverso, seguramente más acerado, de un compromiso distinto después de aprender las lecciones recientes de la realidad y de mostrar lo aprendido a través de pasos austeros y serenos.

Huelga decir que están leyendo una versión subjetiva, a la cual se agrega lo que viene. De cómo el mensaje no tuvo tiempo de llegar a la dirigencia, o de cómo una resistente miopía no lo pudo percibir, sobran las pruebas en las palabras que clausuraron el acto de la oposición en la Plaza Alfredo Sadel. La retórica de siempre, como si las escenas anteriores no clamaran por una rectificación, por lo menos en el campo de los discursos. La influencia de las prisas, tal vez, la costumbre de lidiar con conductas predecibles, la dificultad de descubrir hechos de importancia cuando se te echan encima, el valladar que significa el hallazgo de una caminata que parece común y se hace insólita. Una multitud acababa de proclamar su crecimiento, su entrada en la ciudadanía, algo difícil de digerir en medio del calor de una reacción inesperada. Todos los líderes y el más importante de ellos, Juan Guaidó, tienen ahora tiempo para averiguar lo que sucedió de veras durante la marcha del 10 de marzo y para actuar en consecuencia. No deben olvidar que buscamos cobijo en su guía todos los que, sin ensayo previo, sin un libreto propuesto por cabeza ajena, ostentamos la templanza que ha sido objeto del presente texto.