Pedro Pablo Peñaloza, autor en Runrun

Pedro Pablo Peñalosa

Vaticano se reúne con Stalin González para conocer avances del proceso de Oslo

EL SECRETARIO DE ESTADO DEL VATICANO, Pietro Parolin, recibió este jueves en la Santa Sede al segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional, Stalin González, y al ingeniero Fernando Martínez Mottola, miembros de la delegación de la oposición que participa en el proceso de negociación de Oslo.

La reunión con González y Martínez Mottola se realizó por petición del propio Parolin, quien quería conocer los detalles del encuentro que se llevó a cabo en la capital de Noruega entre los delegados del presidente interino Juan Guaidó y los representantes del régimen chavista.

El cónclave en el Vaticano guarda relación con la conversación que la semana pasada sostuvieron Parolin y el enviado especial de Estados Unidos, Elliott Abrams, donde abordaron la crisis venezolana.

Parolin también habría tratado con González y Martínez Mottola el ingreso de la ayuda humanitaria al país, según un boletín publicado por el Centro de Comunicación Nacional.

 

Sobre el apagón rojo, por Pedro Pablo Peñaloza
1) CREO QUE ESTOS APAGONES HAN DEJADO EN EVIDENCIA que los venezolanos estamos absolutamente indefensos y desprotegidos. Ante esta realidad, aumenta el miedo y el desasosiego en la población.
 
2) Mientras millones de venezolanos sufrían el apagón y temían por sus familias, Jorge Rodríguez hablaba del teléfono de Roberto Marrero. Totalmente ajeno a las angustias de la población, Rodríguez se entretenía e ironizaba sobre los supuestos mensajes de un chat de WhatsApp.
 
3) El régimen parecía enviar este mensaje: el apagón no es prioridad. El apagón es algo normal, que la gente debe soportar con “paciencia”. Parte de la cotidianidad que debe ser aceptada como la hiperinflación y la escasez. Entonces, se enfocaron en lo importante: la propaganda.
 
4) En las radios oficiales -las únicas que se escuchaban con la excepción de 3 o 4 privadas que solo ponían música criolla- Adán Chávez ensalzaba a su hermano y Diosdado Cabello decía que le gustaba el carato de mango. El apagón no les arruinaba la fiesta.
 
5) Ningún vocero del régimen daba explicaciones u orientaba a la población, hasta que muy tarde -casi a la medianoche- reapareció Rodríguez para decir lo que todos esperábamos: el sistema eléctrico sufría el enésimo atentado terrorista por parte de la derecha.
 
6) Nicolás Maduro lo advirtió la vez pasada. Vendrán “ataques parciales”, avisó. En Venezuela el sistema eléctrico se ha declarado infalible. Ya no habrá más racionamiento. Comenzó la era de los “ataques parciales”. Muy similares a los cortes diarios aplicados en el interior.
 
7) La propaganda es el discurso oficial. La única respuesta que se ofrece a la ciudadanía en tinieblas. A falta de megavatios, se multiplican los eslóganes: no han podido ni podrán. El ataque artero de la derecha. Venceremos. Y para despedirse: reciban todos un gran abrazo.
 
8) El régimen parece que ya renunció a dar respuestas sobre el apagón. Se extinguieron las iguanas. Y ahora todo es culpa de un enemigo imposible de derrotar: el imperio. El mismo que promueve una “guerra económica” que jamás se ha podido ganar.
 
9) El mensaje es claro: así como la inflación y la escasez llevan años azotando al venezolano, prepárense ahora -sobre todo caraqueños- para hundirse en la oscuridad. El gobierno dará la batalla diaria, pero enfrenta a un enemigo poderoso. Entonces, paciencia. Resistencia. Lucha.
 
10) Así las cosas, que a nadie extrañe que la próxima caja Clap incluya 3 velas y 2 pilas AA “Made in China”. Las baterías en cuestión serán útiles para que las ponga en la radio y coma bastante propaganda. Recuerde: no solo de pan vive el hombre.
@pppenaloza 
El “efecto Guaidó” sacude el tablero político nacional y amenaza al chavismo

El jefe de la Asamblea Nacional, juramentado Presidente encargado de la República el pasado 23 de enero, ha levantado en cuestión de semanas un liderazgo que ha cohesionado a la oposición y movilizado a un país que parecía rendido

Pedro Pablo Peñaloza

Reconocido por decenas de países como Presidente legítimo de la República Bolivariana y aclamado por millones de venezolanos que luchan por el cambio en el país, Juan Guaidó era prácticamente un desconocido hasta hace unas semanas.

Guaidó no es un paracaidista de la política. Nacido el 28 de julio de 1983 en el estado Vargas, formó parte de la generación de jóvenes que en 2007 se levantó contra el difunto comandante Hugo Chávez por el cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV), y que luego le propinó su mayor derrota electoral en el referendo sobre la reforma de la Constitución que se celebró a finales de ese año.

Sin embargo, este ingeniero industrial egresado de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas no formaba parte del liderazgo juvenil más mediático y estuvo a la sombra de los Freddy Guevara, Stalin González, Yon Goicoechea, José Manuel Olivares y hasta Ricardo Sánchez, quien luego saltó la talanquera hacia el chavismo.

En Voluntad Popular (VP), partido fundado por Leopoldo López y en el cual milita desde 2009, tampoco ocupó puestos de vanguardia ante la opinión pública. Allí el protagonismo recaía sobre figuras como Carlos Vecchio y David Smolansky, hoy en el exilio, Luis Florido –separado de la organización en 2018- y el propio Guevara, quien permanece desde noviembre de 2017 refugiado en la residencia del embajador de Chile en Caracas.

Guaidó comenzó su ascenso a la cúspide de la Asamblea Nacional en 2017, cuando asumió la conducción de la Comisión de Contraloría. Al año siguiente ejerció la coordinación de la fracción de la Unidad y el 5 de enero de 2019 fue elegido por sus pares como jefe de la Cámara, respetando el acuerdo de gobernabilidad firmado por los partidos que reservaba ese cargo a VP para este periodo.

La historia de su vida y del país cambiaría el 23 de enero. Ese miércoles frente a miles de personas que marcharon por las calles de Caracas para exigir el retorno de la democracia, levantó su mano derecha y se juramentó como Presidente encargado de Venezuela. A partir de ese preciso instante, el casi ignoto dirigente se convirtió en el líder más importante de la oposición venezolana tanto dentro como fuera del país.

Sin excesos

Guaidó expresa dos realidades que atraviesan a la cúpula opositora. Por un lado está un intento complejo de renovación, atendiendo a la dinámica interna de los partidos, y por el otro, el resultado de la persecución desatada por el chavismo, que saca del juego a los actores tradicionales y obliga la irrupción del relevo.

“El ‘efecto Guaidó’ genera desconcierto generalizado entre la capa más alta del régimen que agobia al país todo. La exageración absurda inunda el discurso oficial por la inesperada aparición de una figura presidencial capaz de unir las voluntades para superar estos 20 años de atraso sectario y empobrecimiento generalizado”, observa Luis Bravo Jáuregui, investigador de la Universidad Central de Venezuela.

Bravo Jáuregui subraya que “Juan Guaidó trae la reconfortante esperanza de que es posible cambiar sin excesos innecesarios, de modo constitucional. Crea sanas expectativas para las mayorías”. El mandatario interino repite que actúa bajo el marco de la Carta Magna siguiendo una hoja de ruta clara: cese de la usurpación de Nicolás Maduro, instalación de un gobierno de transición y convocatoria a elecciones libres.

“Este es un fenómeno que sorprende a los no-iniciados: Guaidó era el jefe de la fracción unitaria y claramente era el político de mayor perfil de la menguada fracción de VP. Era una presidencia cantada. Pero aún así sorprende a los más entendidos porque, aunque seguramente media una preparación -y el fogaje político de 12 años de trayectoria que no es poca cosa en esta incubadora-, es abrumadora la reacción social que ha desatado”, apunta Guillermo Aveledo Coll, decano de Estudios Jurídicos y Políticos de la Universidad Metropolitana.

Aveledo Coll advierte que “eso puede cambiar rápidamente: del amor al odio hay sólo un paso, y es justamente lo que Miraflores desea. Crear un monstruo donde las multitudes no reconocen eso, demonizarlo. En cierto modo, es lo mismo que el status quo intentó con Hugo Chávez luego de 1994”.

Llenar el vacío

“La concentración de apoyo popular alrededor de Guaidó es impresionante e inédita. Y está basada en el deseo de cambio, que involucra chavismo y oposición tradicional. Es el perfil típico de un outsider, pese a provenir del sistema político”, escribió en su cuenta en Instagram el analista Luis Vicente León, director de la firma Datanálisis.

León enfatiza que “en poco más de un mes Guaidó logra llenar completamente el vacío de liderazgo que se observaba en diciembre pasado y articula a la oposición a su alrededor, no a través de acuerdos formales sino por la fuerza natural de su soporte popular”.

“El liderazgo de Guaidó nació de una estrategia circunstancial e interina, pero en este momento tiene vida propia y fuerza no endosable. Puede fortalecerse o debilitarse, pero difícilmente traspasarse. El riesgo más importante de Guaidó es el tiempo requerido para provocar cambios. Mucho tiempo sin éxito es más riesgo de frustración y debilitamiento. Pero en esta oportunidad el tiempo tampoco favorece a Maduro”, estima el profesor de la Universidad Católica Andrés Bello.

Basado en los conceptos del fallecido filósofo argentino Ernesto Laclau, el sociólogo Luis Gómez Calcaño opina que el Presidente encargado opera como la “‘superficie de inscripción’ de demandas heterogéneas y contradictorias que en un momento dado se concentran en una narrativa y una imagen, y las convierte en un mito movilizador”. “Para poder ser esto, mientras menos profundidad tenga y más ambiguo sea respecto a los problemas de fondo, mejor”, agrega el académico.

“Aunque a Guaidó nadie se atreve a llamarlo populista, su discurso lo es en la medida en que divide a la sociedad en dos polos irreconciliables. Claro, no es un populismo tan agresivo como el chavista. El fin compartido es la unidad del pueblo alrededor de la democracia como nueva meta y mito. No me parece mal, después de todo es el ‘revival’ del ‘Espíritu del 23 de enero de 1958’ que logró condensar las aspiraciones de grupos diversos en la dicotomía democracia versus dictadura”, finaliza Gómez Calcaño.

Stalin González: La ayuda humanitaria representa un “dilema” para la FAN
El segundo vicepresidente del Parlamento destaca que se registra un “cambio natural” en la dirección política opositora, señala que el régimen chavista ha perdido la iniciativa y define el camino que transita la Cámara para alcanzar la convocatoria a elecciones libres

@pppenaloza 

COMPARTIERON EN LAS AULAS UNIVERSITARIAS, marcharon en las calles y ahora tratan de cambiar el país. El segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional, Stalin González, forma parte de ese liderazgo joven que hoy protagoniza la lucha democrática en Venezuela encabezada por Juan Guaidó, jefe del Parlamento juramentado presidente encargado de la República el pasado 23 de enero.

Además de ocupar un puesto en la directiva de la Cámara, González coordina la comisión parlamentaria que debe allanar el camino hacia la última fase de la hoja de ruta que ha trazado Guaidó y la AN: la celebración de elecciones libres tras el cese de la usurpación y la instalación del gobierno de transición.

–          ¿El cambio generacional en el seno de la oposición se ha convertido en el catalizador de la transición política en Venezuela?

–          Creo que hay un cambio natural de la dirigencia de la alternativa democrática. Eso no quiere decir que exista una ruptura. Hay una serie de jóvenes que hemos ido asumiendo responsabilidades poco a poco y, evidentemente, nuestra relación personal genera mucha más confianza y hace que el trabajo salga un poco más rápido. Pero siempre hay una dirección política que se ha confirmado, donde están los más jóvenes y los jefes de los partidos. Se trata de una dirección compartida, pero evidentemente hay un cambio natural de la dirección política.

–          ¿Los dirigentes jóvenes tienen la capacidad y el liderazgo suficientes para asumir el desafío de impulsar la transición?

–          Capacidad claro que tenemos. Nos hemos formado en medio de la lucha durante todo este tiempo para poder llevar este proceso. Nos hemos ido preparando tanto para la conducción política como para dirigir el país, muestra de ello es lo que se ha llevado a cabo con el Plan País (plan de gobierno impulsado por la AN), como se ha ido coordinando ese equipo. No es nada más que estamos luchando por el cambio, sino que también sabemos como conducir el cambio.

–          ¿Qué puede esperarse para este sábado 23 de febrero, día en el que Guaidó aseguró que la ayuda humanitaria ingresará al país “sí o sí”?

–          Ese es un dilema que hoy tiene la Fuerza Armada Nacional y el poder. Esto es como el 10 de enero (fecha en la que Nicolás Maduro se juramentó ante el Tribunal Supremo de Justicia). El 10 de enero había una presión de algunos sectores de la oposición con respecto a la AN, se preguntaban qué iba a hacer la AN, y la AN ha tomado las decisiones correctas en los momentos correctos. Hoy ese dilema es para quienes usurpan el poder, lo que se está demostrando es que desde la AN se están dando propuestas para salir de la crisis, para ayudar al que más lo necesita, a quien hoy está sufriendo los embates de la crisis por las malas decisiones de quienes usurpan el poder. Ese es un dilema hoy para Maduro y su combo: se siguen aferrando al poder mientras la gente sufre momentos difíciles, o dejan que la gente pueda tener una pequeña ayuda en medio de la crisis.

–          ¿Cómo juzga la reacción del régimen de Maduro ante el 23 de febrero?

–          Veo dos cosas: una, la pérdida de la iniciativa. No tienen cómo responder y no hallan qué hacer, son las mismas respuestas, todos los días dicen lo mismo y no hay concreción. La otra lectura es el dilema en el seno de la FAN, que no está dispuesta a reprimir, a enfrentar al pueblo y creo que allí dentro hay discusiones.

–          ¿El discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre Venezuela ratifica que ya no hay vuelta atrás?

–          Hoy Donald Trump y Estados Unidos son aliados importantísimos para la democracia venezolana, así como la Unión Europea (UE), el Grupo de Lima y la gran mayoría de la Organización de Estados Americanos (OEA). Evidentemente, hay una determinación de ayudar al pueblo venezolano a conquistar elecciones libres y un futuro mejor.

–          Los venezolanos pueden sentir una mezcla de incertidumbre y ansiedad por todo lo que está ocurriendo. ¿Qué puede ofrecer la dirigencia para contrarrestar esos sentimientos y evitar que se caiga nuevamente en la desmovilización?

–          Creo que lo mejor que hemos dicho es que esto es un proceso, que tenemos un plan, que estamos tomando las decisiones correctas y que lo estamos desarrollando. Más allá de la ansiedad y de las incertidumbres, cuando ves que hay un norte, que hay un plan, baja la ansiedad y hemos ido trabajando y dando las señales suficientes de que este es un proceso y que estamos en el desarrollo de esas etapas.

–          La Asamblea Nacional se ha trazado una ruta de tres fases: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. ¿Qué puede hacer el Parlamento en este momento para ir despejando el camino hacia un proceso electoral transparente?

–          Nosotros hemos hablado de la ruta electoral para tener un voto libre hoy en Venezuela. Es imposible que en Venezuela tengamos unas elecciones libres con Maduro en el poder y con este mismo Consejo Nacional Electoral. Pensamos revisar el actual marco jurídico, porque deben hacerse algunas reformas para avanzar. Hemos hablado de hacer elecciones justas, libres y transparentes en el menor tiempo posible, entonces, hay que acortar los plazos. Estamos tratando de acortar los plazos que tiene la AN para tomar algunas decisiones. Acortarlos sin afectar el derecho que tienen los ciudadanos a participar en el proceso a través de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y las universidades.

También revisaremos el marco jurídico para adelantar el proceso de registro electoral sin asumir las competencias del Poder Electoral. ¿Qué puede hacer la AN desde ahora? Adelantar los acuerdos en materia de observación electoral con OEA y UE, y procurar la ayuda y el fortalecimiento de nuestro Registro Electoral (RE) en el exterior. Nuestros consulados no están preparados para abrir el RE. Vamos a pasar de 110 mil venezolanos que hoy votan en el exterior a 2 o 3 millones, nadie tiene esa cifra exacta, pero sí tenemos información sobre dónde hay una concentración importante de venezolanos. Allí queremos hacer el esfuerzo de ir adelantando los convenios necesarios para poder tener la asistencia técnica y abrir ese proceso de inscripción en el RE en esos países.

Igualmente, con nuestras universidades ir adelantando cómo serían esas auditorías que necesita el sistema, cómo sería ese software y hardware que se necesitan.  Al final, lo que queremos es que haya un voto libre, que los venezolanos podamos elegir nuestro destino pero sin coerción, en paz y tranquilidad, con seguridad para que los partidos políticos participen. Queremos un proceso donde participen todos los venezolanos, todos los actores políticos, y dar las garantías suficientes para ese proceso.

 

Maduro no puede cerrar la Asamblea Nacional porque ya la cerró, por Pedro Pablo Peñaloza

HENRY RAMOS ALLUP, diputado a la Asamblea Nacional, advirtió esta tarde sobre la posibilidad de una toma militar del palacio y que la Constituyente disuelva la AN y convoque las elecciones parlamentarias. Ante esto, hay diez cosas a considerar que tecnicamente impiden que Maduro elimine a la AN.

 

1) Maduro tiene un problema: no puede cerrar lo que ya cerró. La Asamblea Nacional ya fue cerrada -en la práctica- por el régimen, que primero la mutiló -caso Amazonas- y luego la declaró en “desacato” para que todos sus actos fueran nulos. Sin embargo, a pesar del “cierre”, la AN vive.

2) Luego, Maduro se inventó una asamblea nacional constituyente (ANC) que venía a rematar a la AN. Consciente de que en política son igual de importantes forma y fondo, la ANC invadió palacio para asaltar los símbolos del poder y disminuir aún más a la AN.

3) A pesar de sesionar en palacio y usurpar las funciones de la AN, la ANC sigue siendo considerada espuria y fraudulenta por el mundo. Al final, la ANC es un instrumento que solo sirve para reprimir internamente, pero que no resuelve el problema de legitimidad del régimen.

4) El TSJ ya ha dictado más de 70 sentencias contra la AN y la ANC también ataca constantemente al Parlamento, pero esas acciones solo dejan en evidencia la impotencia del régimen. Porque allí sigue la AN, contando con el reconocimiento del país y de las democracias del mundo.

5) ¿El régimen podría encarcelar a Guaidó y a todos los diputados? Claro. Allí está Requesens preso y tantos otros en el exilio. Eso ya no sería “cerrar” sino “encarcelar” al liderazgo opositor, así como ilegalizó a los partidos. Pero, ¿eso resolvería su problema de legitimidad?

6) A estas alturas creo que solo dos actores podrían “cerrar” la AN: 1) la comunidad internacional, si en un extraño giro la desconoce y apoya a Maduro. Y 2) la oposición, si rompe la unidad y pierde su línea de acción. Hasta la fecha, ambos apuntalan a la AN en su lucha.

7) En ese sentido, la amenaza de adelantar las elecciones parlamentarias es similar a decir: “voy a resolver la crisis provocada por una elección fraudulenta (20M) con otra elección fraudulenta”. ¿Qué puede surgir de allí? Pregúntele a la ANC, por esa razón desconocida.

8) Sospecho que la única Asamblea amenazada de cierre por Maduro es la Constituyente. Si completa la “renovación” de todos los poderes y retoma la AN, ¿para qué una ANC? Y, por cierto, dónde está y qué hace la plenipotenciaria en este momento tan complejo. ¿Al menos respira?

9) Maduro repite hoy la fórmula que ya aplicó y fracasó en 2017 antes de imponer la ANC: trata de forzar una “negociación” y se inventa una elección sin garantías. ¿Esto solucionó algo? ¿Blindó su estabilidad, superó la crisis económica? Los hechos hablan. Ese no es el camino.

10) Por último: La AN ni siquiera necesita del palacio. Mientras tenga el respaldo de la gente, de la comunidad internacional y de la unidad opositora, seguirá abierta y siendo el único poder legítimo y democrático de Venezuela. Y eso no se elimina de un plumazo autoritario.

¿Quién se autoproclamó Presidente de Venezuela: Juan Guaidó o Nicolás Maduro?

La situación de Venezuela es tan compleja como confusa. El chavismo –y su lobby internacional- tratan de imponer la matriz de la “autoproclamación” para desacreditar a Juan Guaidó, mientras la Asamblea Nacional responde que su juramentación como presidente interino de Venezuela se enmarca dentro de la Carta Magna. En paralelo al debate jurídico, la realidad política define el curso de una crisis que ya no deja indiferente a nadie en todo el planeta.

– ¿Puede considerarse a Nicolás Maduro como el Presidente legítimo y constitucional de Venezuela?

– El Parlamento venezolano y más de 50 países, encabezados por Estados Unidos, Canadá, los miembros de la Unión Europea y la mayoría de América Latina, califican como ilegítima e inconstitucional la permanencia en la Presidencia de la República de Maduro, quien el pasado 10 de enero comenzó un segundo mandato de seis años con el respaldo de la Fuerza Armada y países como Cuba, Rusia, China, Irán y Turquía.

– ¿Por qué el Parlamento y parte de la comunidad internacional desconocen la legitimidad de Maduro?

– Este segundo mandato de Maduro surge de las elecciones del 20 de mayo de 2018, catalogadas como fraudulentas por el Poder Legislativo y las democracias occidentales. En señal de protesta por la ausencia de garantías las principales fuerzas de la oposición no participaron en aquellos comicios, que terminaron registrando el mayor índice de abstención (48%) en la historia de las elecciones presidenciales en Venezuela, según los datos del Consejo Nacional Electoral dominado por el chavismo. El candidato opositor que compitió en la contienda, Henri Falcón, tampoco reconoció los resultados por las irregularidades que se presentaron durante la votación.

¿Por qué la elección del 20 de mayo se consideró inconstitucional?

– La elección del 20 de mayo de 2018 fue convocada por la Asamblea Nacional Constituyente, órgano integrado en su totalidad por militantes del chavismo que es considerado ilegítimo y fraudulento por el Parlamento venezolano y las democracias occidentales. Además de fijar la fecha de la votación pasando por encima del Consejo Nacional Electoral –también manejado por Maduro – y violentar los lapsos y procedimientos establecidos en la normativa electoral, la Constituyente ilegalizó a los principales partidos de la oposición. Estas desviaciones terminaron de vulnerar un sistema minado por el ventajismo del gobierno chavista, la inhabilitación de los líderes opositores, la censura en los medios de comunicación y el uso de mecanismos como el “carnet de la patria” para presionar a los ciudadanos.

– ¿Qué ha hecho el Parlamento para enfrentar la pretensión de Maduro de permanecer ejerciendo la Presidencia de la República?

– El Parlamento declaró “usurpador” del cargo de Presidente a Maduro y ha basado sus acciones en tres artículos de la Constitución: 233 –referido a las faltas absolutas del Presidente de la República– y 333 y 350, sobre la desobediencia civil y la propia defensa de la Carta Magna.

– ¿Qué dice el artículo 233 de la Constitución venezolana?

– El artículo 233 señala: “Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional”. Invocando esta disposición del texto fundamental, Juan Guaidó asumió de forma interina las competencias del Ejecutivo Nacional el pasado 23 de enero.

– ¿Es correcto decir que Guaidó se “autoproclamó” Presidente de Venezuela?

– “Guaidó no se ‘autoproclamó’ como Presidente. Por el contrario, en su declaración del 23 de enero ratificó el cumplimiento del deber que le impone el artículo 233 de la Constitución, a saber, encargarse de la Presidencia de la República, dado que no hay en Venezuela un Presidente electo. Para garantizar el ejercicio efectivo de la Presidencia, la Asamblea Nacional –como única autoridad electa en Venezuela– deberá dictar todas las medidas que aseguren el cese de la usurpación de la Presidencia”, argumentó en un artículo publicado en el portal Prodavinci el abogado José Ignacio Hernández, profesor de Derecho Administrativo y Constitucional.

– ¿Puede ser válida la juramentación de Guaidó aunque haya sido realizada en una concentración pública y no en el Palacio Federal Legislativo?

– El profesor Hernández responde que, según la Constitución venezolana, la autoridad del jefe del Parlamento “aplica de pleno Derecho, es decir, no es necesario cumplir ninguna formalidad, pues solo esto garantiza que, al menos en el plano jurídico, exista continuidad administrativa”. Por esa razón, el académico subraya que Guaidó “no se autoproclamó o se autojuramentó. En realidad, el presidente de la Asamblea Nacional ratificó expresamente su voluntad de cumplir lo que la Constitución de Venezuela le impone, a saber, asumir la titularidad del cargo de Presidente encargado, siempre de acuerdo con las decisiones que dicte la Asamblea Nacional para asegurar el cese de la usurpación”.

– ¿Qué busca Guaidó con su juramentación?

– Guaidó ha enfatizado que el Parlamento tiene una hoja de ruta con tres pasos: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

– ¿Maduro sí cumplió con la formalidad de la juramentación?

– No a cabalidad. Como ya se ha dicho, no se le considera un Presidente “electo”, pues su mandato emanaría de un proceso fraudulento. Pero, además, la Constitución establece que el Presidente electo debe prestar juramento ante el Parlamento y luego agrega: “Si por cualquier motivo sobrevenido el Presidente o Presidenta de la República no pudiese tomar posesión ante la Asamblea Nacional, lo hará ante el Tribunal Supremo de Justicia”. Maduro terminó acudiendo al Tribunal Supremo, manejado por el chavismo y que desde 2016 ha dictado más de 70 sentencias que han anulado todas las atribuciones y competencias del Legislativo.

– ¿Toda la crisis venezolana encuentra explicación en su Constitución?

– No. Para entender esta inédita situación hay que analizar el contexto político de Venezuela. Luego del arrollador triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015, que le permitió alcanzar la mayoría calificada (2/3) de la Cámara, Maduro tomó una serie de medidas para burlar la voluntad popular y minar la autoridad del Legislativo. Primero, modificó la composición del Tribunal Supremo para garantizarse su control. Luego, esos magistrados llamados “exprés” – por las irregularidades en el proceso de su designación- suspendieron la proclamación de tres diputados opositores, bloqueando así la mayoría de 2/3 conquistada por la oposición, la más poderosa que establece la Carta Magna. El golpe fulminante llegó a mediados de 2016, cuando el Tribunal Supremo declaró en “desacato” al Parlamento y señaló que todos sus actos eran “manifiestamente inconstitucionales y, por ende, absolutamente nulos y carentes de toda vigencia”.

– ¿Maduro liquidó al Parlamento?

– En la práctica, sí. Para ello se ha valido del Tribunal Supremo y desde agosto de 2017 de la Asamblea Nacional Constituyente, calificada como ilegítima y fraudulenta por el Parlamento y las democracias occidentales. Además de gobernar a fuerza de decretos, el régimen chavista ha eliminado de facto la inmunidad parlamentaria, lo que se ha traducido en legisladores detenidos, agredidos físicamente y obligados a marcharse al exilio. El diputado Juan Requesens está preso en la cárcel de la policía política desde agosto de 2018, acusado de participar en un supuesto intento de magnicidio contra Maduro. A pesar de estos ataques, el Parlamento continúa trabajando con el reconocimiento internacional.

– ¿Se ha intentado una salida política y electoral a la crisis?

– La oposición impulsó en 2016 un referendo revocatorio que fue bloqueado por el régimen de Maduro. El cierre de esta vía electoral y la ofensiva contra el Parlamento, provocó una ola de protestas en 2017 que concluyeron con unos 140 muertos y centenares de detenidos. Maduro cumplió su promesa de radicalizar la revolución e impuso la Constituyente, que removió a la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, quien se había separado del chavismo por la decisión del Tribunal Supremo de asumir las competencias del Parlamento. Utilizando el Poder Judicial, el Consejo Nacional Electoral, la Contraloría General y a la “plenipotenciaria” Asamblea Constituyente, el régimen chavista ha inhabilitado e ilegalizado a los principales líderes y partidos de la oposición.

– ¿Por qué gobierno y oposición no tratan de ponerse de acuerdo?

– Las partes adelantaron un proceso de negociación en República Dominicana que culminó en enero de 2018 con un estruendoso fracaso, que la oposición atribuyó a Maduro por su “negativa a permitir garantías necesarias para elecciones presidenciales justas”. Tras el descalabro de las conversaciones, que contaron con el respaldo de varios países de América Latina, el régimen chavista desató una persecución contra el jefe de la delegación opositora, diputado Julio Borges, quien se refugió en Colombia, y la Constituyente convocó a las elecciones de mayo.

– Entonces, ¿ahora Venezuela tiene dos presidentes?

– Al margen del debate constitucional, el hecho es que Maduro se mantiene en el palacio de Miraflores con el apoyo de la Fuerza Armada, las instituciones chavistas y países como Cuba, Rusia, China, Irán y Turquía. Por su parte, Guaidó se juramentó Presidente interino de Venezuela y cuenta con el respaldo del Parlamento, Estados Unidos, Canadá y varios gobiernos de América Latina y Europa. Cada jugador mueve sus fichas en un tablero político que ha alcanzado dimensiones globales en la lucha por el poder en Venezuela.

Guaidó le habla a los militares y sus familias para lograr la transición en Venezuela

 

 

Univisión

 

JUAN GUAIDÓ IMPULSA UNA LEY DE AMNISTÍA que busca socavar el último pilar que sostiene a Nicolás Maduro en el palacio de Miraflores: las Fuerzas Armadas de Venezuela. Mientras el líder del régimen chavista cuenta con tanques y bayonetas, el jefe del Parlamento juramentado presidente interino de Venezuela apela a la razón y el corazón para ganarse el apoyo de los militares y sus familias.

A falta de tropas a las que dictar órdenes, Guaidó solicitó a los ciudadanos imprimir la Ley de Amnistía, leerla y entregarla a los oficiales este domingo 27 de enero. “Esta es una acción civil no violenta sin precedentes. Se pueden reunir en pequeños grupos y acercarla (la ley) a la comandancia cercana, a la alcabala cercana a la casa, en pequeños grupos, no vayan a utilizar de excusa que estábamos haciendo una afrenta, no señor, estamos estrechando manos”, aclaró el dirigente opositor.

Aunque el Parlamento lo declaró usurpador del cargo de Presidente de la República y las democracias occidentales –encabezadas por Estados Unidos y la Unión Europea– consideran ilegítimo su gobierno, Maduro sigue en el poder por el respaldo de la Fuerza Armada. Para forzar una transición democrática, Guaidó se juramentó presidente interino este 23 de enero y ya ha sido reconocido por Washington y unos 50 países. Sin embargo, los militares, devenidos árbitros de la política venezolana, impiden el cambio al mantenerse leales al régimen chavista.

La alianza entre Maduro y la Fuerza Armada se ha puesto a prueba en las últimas horas. El lunes 21 de enero, un grupo de 27 efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana protagonizaron una sublevación que fue rápidamente sofocada en un destacamento de Caracas. Los voceros del chavismo relacionaron este hecho con la Ley de Amnistía, diciendo que la oposición “engañaba” a los soldados ofreciéndoles “villas y castillos”.

El acercamiento entre las partes no es fácil. En Petare, barrio popular del este de Caracas, un soldado de la Guardia Nacional Bolivariana quemó la Ley de Amnistía ante la atenta mirada de sus superiores. En La Casona, residencia oficial del Presidente de la República, tomaron el documento y lo rompieron en pedazos. En contraste, un comisionado de la Policía Nacional Bolivariana en La Carlota, urbanización del este de Caracas, se comprometió a leer el texto para formarse su propia opinión desde una perspectiva “institucional”.

Guaidó le habla a los militares y sus familias para lograr la transición en Venezuela

 

PERFIL Christian Zerpa, el amigo de Hugo Cabezas y El Aissami que ahora colabora con Trump

Destacado líder estudiantil de la ULA, el magistrado de la Sala Electoral que huyó hacia Estados Unidos ocupó puestos relevantes en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial

CHRISTIAN TYRONE ZERPA no tenía una sino las dos rodillas en tierra. Militante del extinto Movimiento Quinta República (MVR) y después del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el magistrado de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia que ahora huyó hacia “el imperio” siempre contó con la amistad y la confianza de los líderes de la revolución chavista.

Este trujillano de 44 años de edad destaca en su currículo que fue “miembro fundador del Movimiento Estudiantil UTOPIA 78 de la Universidad de Los Andes (ULA)”, donde coincidió con Tareck El Aissami (vicepresidente del Área Económica), José Javier Morales (superintendente de la Actividad Aseguradora), Hugo Cabezas (jefe de Smurfit Kappa Cartones de Venezuela en representación del Ministerio de Industrias) y Hugbel Roa (ministro de Educación Universitaria), entre otros.

Politólogo y abogado, entre 2002 y 2005 asumió distintas responsabilidades en la gobernación del estado Mérida, bajo la administración de Florencio Porras, teniente del Ejército que participó en el golpe de Estado del 4 de febrero de 1992. Al lado de Porras, llegó a ejercer como secretario ejecutivo del Consejo Estadal de Planificación.

Pronto comenzó su ascenso en la política nacional junto a sus compañeros de la ULA, en especial de su paisano de Boconó, Hugo Cabezas. Director de Relaciones Presidenciales Nacionales del Despacho del Presidente (2005-2006), director nacional adjunto de Identificación Civil en la extinta Oficina Nacional de Identificación y Extranjería (Onidex, 2006), y viceministro de Relaciones Presidenciales (2007-2008), formó parte del entorno del difunto comandante Hugo Chávez.

Zerpa se desempeñó como “líder” en la Gerencia de Seguimiento de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), donde entre 2008 y 2009 se encargó de supervisar las obras sociales desarrolladas por la industria. Luego daría el salto hacia la Dirección General de Proyectos Especiales del Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia, en la gestión de su condiscípulo El Aissami.

Votó por él mismo.

Arribó a la Asamblea Nacional en 2010 representando al estado Trujillo, gobernado en ese momento por Hugo Cabezas. Los tres diputados principales de la entidad por el chavismo en ese período fueron Zerpa, José Javier Morales y Hugbel Roa. Antes de sentarse en su curul, había sido responsable de política electoral en Trujillo de los comando de campaña de Chávez (2006) y de Cabezas (2008).

El cambio de mando en Trujillo, con el triunfo en la gobernación del general en jefe Henry Rangel Silva, significó en principio un varapalo para los camaradas de Utopía 78. Rangel Silva promovió a sus fichas para las elecciones parlamentarias de 2015 y solo se salvó Roa, dicen que por la intervención de El Aissami. Sin embargo, Morales y Zerpa salieron bien librados y tomaron puestos relevantes en la burocracia chavista.

Miembro de la Comisión de Política Exterior de la AN, se convirtió en magistrado exprés en diciembre de 2015 a pocas horas de que el chavismo perdiera la mayoría de la Cámara. Para echar más leña al fuego, en su condición de legislador activo votó por él mismo para vestir una toga en la cúpula del Poder Judicial venezolano.

Tras conocerse la noticia de que había volado a Estados Unidos para denunciar las supuestas desviaciones del TSJ, el presidente del máximo juzgado, Maikel Moreno, declaró que su colega estaba siendo investigado desde el 23 de noviembre pasado por “conductas indecorosas e inmorales en detrimento de un grupo de mujeres que hacían vida laboral en su despacho”.

Moreno dijo que el caso ya está en manos del Consejo Moral Republicano, conformado por el defensor del pueblo, Alfredo Ruiz, y dos antiguos compañeros de partido de Zerpa: el fiscal Tarek William Saab y el contralor Elvis Amoroso, todos impuestos por la cuestionada asamblea nacional constituyente. Con Amoroso, además, Zerpa compartió bancada en el periodo 2010-2015.

Conectado al poder aunque manteniendo un bajo perfil ante la opinión pública, Zerpa cambió la Utopía socialista por el sueño americano.