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Nicolás Maduro

Venezuela está en la ONU, por Asdrúbal Aguiar

Los Estados permanecen, no así los gobiernos, menos los usurpadores. Estos pasan. Llegan a su término, si bien la realidad global también disminuye a los primeros – incluyendo a los organismos internacionales que forman – como suertes de cascarones, incompatibles con el deslave humano y la liquidez espacial que fijan la globalización y el Homo Twitter.

De modo que, si nos atenemos a los cánones del Sistema de Naciones Unidas, en una votación secreta, en plena era de la transparencia, se acaba de elegir al Estado de Venezuela como miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Cosa diferente es la pregunta obligada: ¿Quién ocupará la silla, representando a los venezolanos?

Eso dependerá del cese de la usurpación de Nicolás Maduro, antes de los dos años que dura el mandato que recibe Venezuela en el Consejo. Y, como lo he repetido hasta la saciedad, eso igualmente depende de la misma comunidad internacional que la ha elegido.

Cabe decir que mal pueden los venezolanos, por sí mismos, librarse del secuestro al que se encuentran sometidos. Una organización transnacional del crimen y terrorista controla los hilos restantes de ese Estado fantasma o en agonía que es Venezuela. Su población migra para sobrevivir, su territorio ha sido canibalizado, carece de un verdadero gobierno.

Lo aberrante a todas estas, es que, la ONU, ahora le permita al régimen usurpador de Maduro acreditarse para ejercer una representación que no tiene. Admitirla constituiría fraude al orden público internacional consagrado por la Carta de San Francisco, que se adopta sobre una tragedia de hondo calado histórico, el Holocausto.

Los alemanes, quienes sí saben de lo que hablo, no por azar y como reflejo del estatuto “onusiano”, al dictar su Constitución en 1949 la encabezan con una norma que amarra a todas las demás, sean las relativas a los derechos, sean las concernientes a la organización de su Estado federal, a saber, la del respeto a la dignidad de la persona humana, por todo y por todos.

Todavía hoy, en las escuelas de Alemania se enseña sobre los asesinatos en masa de judíos y los campos de concentración. Hasta allí, rutinariamente, son llevados los alumnos, a esos altares del mal absoluto, transformados en museos de la memoria, para recordarles el ¡nunca más!

Lo insólito y vergonzante es que algunos socialistas europeos y los gobiernos dentro de los que se mimetizan – afectados por el mito de Xión y de Tántalo, epígonos de la ingratitud – aún no les perdonen a los judíos ser el espejo de la perversión de los gobernantes de aquellos; haber quedado sujetos sus pueblos por las redes del nazi-fascismo, por un sino de su historia. Menos superan que los Estados Unidos les hayan salvado de la tragedia que se los engulle hasta 1945.

Sólo la traición, la deslealtad, la ingratitud para con sus propias raíces culturales, las occidentales y cristianas, explican esta vez el tsunami musulmán que se posa sobre suelo europeo con acendrada vocación fundamentalista, en medio de locales que muestran vergüenza con su identidad común.

Rezan los clásicos que la ingratitud, la ruptura del vínculo que atara a Zión y Tántalo con Zeus, quien los sienta en la mesa de los dioses y les llena de privilegios, la pagan sus descendientes, plagados de enormes infortunios, condenados a la asocialidad, entre un mundo animal que no los acoge y un mundo humano y de humanidad que los rechaza.

Pero, en suma, más allá de las abstracciones jurídicas o las citas de los clásicos que provoca el caso de la elección de Venezuela o permitírsele a Maduro asumir dicha representación en el Consejo de Derechos Humanos del mundo – que escandaliza a la decencia – lo más grave es que sustituye en su puesto a la Cuba de los Castro. Todo cambia para que nada cambie.

¿Reaccionó esa opinión pública contra dicha Isla como lo hace contra la elección de Venezuela, siendo que aquella reúne sesenta años de muy graves atentados a los derechos humanos y cuyo gobierno, a la sazón, firma papeles dentro de la ONU con la sangre de sus degollados?

Cabe preguntarse, aquí sí, en dónde se encontraba a todas éstas y en la hora de la elección que trastorna, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres. Era y es su deber, derivado de las competencias implícitas de su cargo, cuidar de los activos principistas del sistema universal construido sobre las ruinas de la Segunda Gran Guerra del siglo XX. Mal puede argüir que se trata de una decisión de los Estados miembros, cuando ha de saber que su condición no depende de éstos una vez como fuera elegido, ni es el cagatintas de los gobiernos, a la manera como lo fue, en su instante y en la OEA, José Miguel Insulza.

Jacques Maritain, representante de Francia en el evento fundacional de la UNESCO, en Londres, el 16 de noviembre de 1945, describe con locuacidad su momento, ese que Guterres, socialista portugués, da por enterrado y borra de los libros: “Nos reunimos en un momento particularmente grave de la historia del mundo [..] La angustia de los pueblos cae sobre todas las orillas [… ] Lo que se pide a la inteligencia humana es tomar conciencia de que hemos entrado en una era crucial de nuestra historia, en la que —bajo pena de muerte— los gigantescos medios de potencia procurados por el dominio científico de la materia deberían someterse a la razón”. 

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El sindicato de dictadores de la ONU, por Brian Fincheltub

Sin duda que esta semana la diplomacia mundial vivió un nuevo episodio de deshonra. Pero no solo la diplomacia, sino también la causa global de los Derechos Humanos. Que el régimen de Maduro haya obtenido una silla en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas es tan contradictorio como si el Departamento de Justicia de los Estados Unidos decidiera nombrar director de la DEA al “Chapo” Guzmán. Si no estuvieran en medio miles de víctimas, esto sería un muy mal chiste, pero no es el caso, por eso esta decisión ha causado indignación generalizada tanto en Venezuela como a nivel internacional.

Sin embargo, aunque la decisión indigna, no es sorpresa para nadie. Nicolás Maduro no es el primer sátrapa en ganar una silla en dicho consejo, antes de él ya otros sanguinarios lo habían logrado. Quizás el número de muertes, presos políticos y ciudadanos torturados sea lo que tomen en cuenta los Estados al momento de votar. Decimos “Estados” porque eso es básicamente lo que es la ONU, una organización de Estados, donde son los gobiernos de turno los que votan y no sus pueblos. Pero además de eso, es necesario saber que, entre los 193 miembros de las Naciones Unidas, las democracias son una minoría. Si esa mayoría antidemocrática debe entonces elegir a los integrantes de un órgano encargado de impulsar investigaciones contra violadores de los DDHH, lo más lógico es que elijan a uno de los suyos y la Venezuela de Maduro lo es, como también lo son Libia, Mauritania, Sudán y Cuba, que también son miembros del sindicato de matones y asesinos en la ONU. Perdonen, del Consejo de los DDHH. 

Aunque la burocracia de las Naciones Unidas pueda tener las mejores intenciones, los mecanismos internos de esta organización siguen permitiendo que este tipo de situaciones contradictorias se produzcan. De allí que los Estados Unidos haya tomado recientemente la decisión de abandonar su silla en el Consejo de DDHH, su justificación más que contundente: no es posible compartir espacio con Cuba en un foro que pretende defender los DDHH. Lo peor que le pudiera pasar a la ONU es que aunado a su ya grave crisis financiera producto de la morosidad de un gran número de naciones, entre ellas Venezuela, su proceso de deslegitimación se siga profundizando. Que la gente deje de creer que las instituciones multilaterales funcionan tendría un impacto en los países democráticos, donde la opinión de la mayoría si cuenta. Los ciudadanos comenzarían a cuestionar que sus gobiernos financien una organización contraria a los intereses de la democracia y la estabilidad mundial y eso sería aun más grave para las ya menguadas cuentas de la ONU. 

Si la ONU invirtiera toda la energía que ha invertido en los últimos años contra el gobierno de Israel en condenar regímenes totalitarios como el venezolano, otra sería la historia. Pero es el mundo que tenemos y con el tenemos que aprender a convivir. Esperando que las cosas cambien solo nos queda denunciar, algún día nuestro pueblo se hará escuchar y con fuerza.

@Brianfincheltub

En 10

NICOLÁS MADURO ENCABEZÓ ESTE 18 DE octubre un encuentro con los Consejos Productivos de Trabajadoras y Trabajadores en Guayana.

Con estas 10 “perlas” resumimos su alocución, transmitida en cadena nacional de radio y televisión:

1.- Maduro ordenó a Tareck El Aissami revisar “junto con la clase obrera” el funcionamiento de presidencias de Empresas Básicas de Guayana.

2.- “Yo quiero darle el poder a los trabajadores de base y a los trabajadores productivos. El presidente de las empresas que no hable con sus trabajadores debe entregarme la renuncia, no quiero presidentes burócratas y burgueses, porque yo quiero solo presidentes obreros, no más burocracia ni más burócratas”.

3.- “Debemos entregarle al país grandes fuentes de riqueza y garantizar trabajo al pueblo”.

4.- “Debe haber milicias obreras ante cualquier agresión por el sur de Venezuela, debemos estar preparados con la creación de cuerpos combatientes para la seguridad integral de las empresas básicas de Guayana”.

5.- “Quiero avanzar con el petro para defender a los trabajadores”.

6.- “Voy para la final de las grandes ligas. Así lo anuncio, Donald Trump, Superbigotes va para la final de la MLB”.

7.- “Yo no pude ir a las semifinales de la MLB pero mandé a Stalin González, que pagó 12.000 dólares. Eso no es nada para él. 12.000 dólares la de él, Gustavo Marcano, y dos más que andaban con él: cuatro entradas a 12.000 dólares cada una, ¿pero qué es eso para el guaidocismo? ¿Qué es eso para el ladrón y rastrojo de Guaidó?”.

8.- “En el Metro de Caracas, Pdvsa, Cantv, Corpoelec, tenemos que seguir avanzando en los contratos colectivos, que les garantice estabilidad, trabajo, salud, salario… Un nuevo contrato colectivo de letra grande porque en la pequeña es donde le echan vaina a uno”.

9.- “Denuncio que hay un plan terrorista de sabotaje contra las empresas estratégicas de la nación y, ante ello, solo la clase obrera puede garantizar la seguridad (…) Cuidado, neoliberalismo, cuidado FMI, que Superbigotes va por ustedes. ¡Pronto superbigotes!”.

10.- “Como estamos ensayando distintas formas del despliegue del petro, yo creo que es extraordinario empezar con las empresas básicas estratégicas de Guayana y las prestaciones sociales estén depositadas en petro para todos los trabajadores y trabajadoras”.

Grupo de Lima repudia ingreso del régimen de Maduro al Consejo de DDHH de la ONU

EL GRUPO DE LIMA repudió este viernes 18 de octubre la inclusión del régimen de Nicolás Maduro al Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En un comunicado difundido por la coalición, manifiesta que los países integrantes del grupo “renuevan su firme decisión de realizar los mayores esfuerzos para que se continúe, en dicho Consejo, la investigación de las violaciones sistemáticas de los derechos humanos en Venezuela”.

A continuación el comunicado íntegro:

Los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía y Venezuela, países miembros del Grupo de Lima, deploran profundamente que el régimen ilegítimo y dictatorial de Nicolás Maduro, responsable de muy graves violaciones a los derechos humanos, haya sido elegido al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para el período 2020-2022.

Nuestros países renuevan su firme decisión de realizar los mayores esfuerzos para que se continúe, en dicho Consejo, la investigación de las violaciones sistemáticas de los derechos humanos en Venezuela, para que los responsables de estos actos criminales no queden impunes.

Lea también: Venezuela entra en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas

Finalmente, reiteran su permanente compromiso de continuar promoviendo, junto con la comunidad internacional, la recuperación de la democracia y el Estado de derecho en Venezuela.

Bogotá, 18 de octubre de 2019

Alejandro Armas Oct 18, 2019 | Actualizado hace 22 horas
Quijotadas andinas, por Alejandro Armas

LAS RELACIONES ENTRE VENEZUELA y Colombia han sido en líneas generales bastante negativas en dos décadas de autoproclamada “revolución bolivariana”. De todos los mandatarios americanos, Álvaro Uribe fue el segundo blanco más común de los dardos verbales de Hugo Chávez, solo superado por George Bush hijo. Nicolás Maduro continuó la tendencia, al punto de que la retórica chavista hiciera de Colombia una de las mayores causantes de los problemas incontables que asolan al venezolano, desde la pulverización del bolívar (“mafias cambiarias de Cúcuta”) hasta la violencia criminal desatada (“paramilitares”). Ahora, con las acusaciones del presidente Iván Duque sobre la presencia de componentes rearmados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en territorio venezolano, el trato entre vecinos se ha enfriado hasta llegar al cero absoluto diplomático. Es una situación incluso peor que la provocación de la corbeta Caldas en 1987.

La cuestión medular es que dos Estados se acusan mutuamente de alojar a grupos de personas que buscan acabar con ellos de forma violenta. Aunque es la primera vez que tal cosa ocurre en un muy largo tiempo, no es algo sin precedentes. “En este clima de acusaciones mutuas, sobre el escalamiento militar entre Colombia y Venezuela, debemos recordar que el uso del territorio vecino por parte de facciones políticas, para lograr sus objetivos es parte de nuestra tradición política bilateral”, expresó recientemente la politóloga Marisela Betancourt en la red social Twitter. En efecto, durante el siglo XIX y principios del XX, cuando Colombia y Venezuela estaban a menudo en conflictos intestinos (condición que lamentablemente se prolongó hasta nuestros días en el caso neogranadino), a veces el bando insurrecto se resguardaba en tierras al otro lado de la frontera para tramar ofensivas y evitar la persecución del enemigo. En ocasiones, contaban con el apoyo del gobierno vecino, si este no tenía una buena relación con el gobierno contra el cual los insurrectos tomaron armas. Un ejemplo muy rudimentario de la noción schmittiana de la política como relación entre amigos y enemigos.

Como nos recuerda Betancourt, la Revolución Restauradora que dio comienzo a más de medio siglo de hegemonía andina casi ininterrumpida en la política venezolana partió de Colombia rumbo a Caracas. De hecho, el fenómeno descrito en el párrafo anterior tuvo sus ejemplos más elocuentes durante el gobierno de Cipriano Castro. Colombia estaba sumida en una de las peores guerras civiles de su historia, la Guerra de los Mil Días. Uno de tantos conflictos entre los bandos conservador y liberal. En Bogotá mandaba el presidente conservador José Manuel Marroquín, cuyas relaciones con Castro al otro lado de la Cordillera Oriental de los Andes se habían deteriorado, ya que los liberales se refugiaban en suelo venezolano con el beneplácito de Caracas.

Por lo tanto, a Marroquín le convenía deshacerse del “Cabito”. Pero recorrer la distancia enorme que separa la frontera oriental y la Sultana de los Andes, sede del poder nacional venezolano, era una empresa imposible para quien ya estaba ocupado con rebeldes en su propia casa. Así que Marroquín se buscó a alguien que le hiciera el favor. Lo encontró en la figura del tachirense Carlos Rangel Garbiras, un ex compañero de armas de Castro contra los gobiernos del “liberalismo amarillo” tardío y seguidor de la causa de José Manuel “el Mocho” Hernández. Exiliado con Castro en Colombia, ignoro por qué Rangel Garbiras no se sumó a la Revolución Restauradora y se distanció de Castro al punto de encabezar una invasión de Venezuela con el apoyo de Marroquín. La operación se realizó entre el 28 y el 29 de julio de 1901. Rangel Garbiras fue derrotado en la Batalla de San Cristóbal por fuerzas leales a Castro, comandadas por los venezolanos Celestino Castro Ruiz, y Román Moreno… Y el notable general liberal colombiano Rafael Uribe Uribe. Fíjense bien: un venezolano entró a Venezuela para derrocar su gobierno con apoyo de Bogotá y fue frenado por un colombiano aliado de Caracas. El intento de Rangel Garbiras no pasó de esa batalla.

Un par de meses más tarde se intercambiaron los papeles. Desde el Zulia, un grupo de soldados neogranadinos invadió la Guajira colombiana con apoyo venezolano, pero fue derrotado en la Batalla de Carazúa. La Guerra de los Mil Días terminó con un resultado favorable a los conservadores colombianos en 1903. Uribe Uribe retomó su carrera política y fungió como senador y embajador de Colombia en varios Estados latinoamericanos. Fue asesinado en 1914. Rangel Garbiras estuvo exiliado hasta que Juan Vicente Gómez desplazó a Castro. “El Bagre” le dio un puesto en su gobierno, pero Rangel Garbiras falleció a los pocos meses.

Desde aquellos días, el vínculo entre Venezuela y Colombia ha sido mucho menos tumultuoso, obviando incidentes como el del referido barco militar en los 80. Hasta que apareció el chavismo. “Y el uribismo”, dirían algunos, sugiriendo que el deterioro se debió al surgimiento de gobiernos de derecha dura, en Colombia, e izquierda dura, en Venezuela, cada uno con igual carga de culpas. Me parece un juicio equivocado. Aunque no soy de ninguna manera admirador del Centro Democrático ni de Álvaro Uribe, ver a la derecha colombiana como un ente tan problemático como el chavismo es un despropósito. Cualquier Estado que comparta una frontera extensa y dinámica, como la que hay entre Venezuela y Colombia, con un régimen que tenga la naturaleza del chavismo tiene toda la razón de sentirse alarmado.

Las aventuras de personajes como Rangel Garbiras hoy nos parecen ridículas y hasta quijotescas por lo mucho que han evolucionado los Estados, las relaciones entre ellos y los movimientos subversivos en estos casi 120 años. Lo que había en ese entonces en buena parte de Latinoamérica era un conjunto de Estados rudimentarios, en los que caudillos de (por lo general) escasa formación ideológica, como Cipriano Castro, competían por el poder tal como mafiosos se pelean por controlar barrios, objetivo para el cual no veían problema en asociarse con delincuentes del cerro contiguo. A duras penas podía pensarse en entes con el monopolio de la violencia legítima, pues los caudillos veían el territorio bajo su control con ojo de hacendado, y no estadista.

No es lo que sucede hoy, al menos del lado colombiano de la frontera. A pesar de todos los problemas asociados con el uribismo (vínculos entre parte de la elite política y paramilitares, violación de DD.HH., etc.), Colombia sigue siendo una democracia enfrentada con grupos terroristas bien vistos por el chavismo. Al margen de las denuncias de la Casa de Nariño, la presencia del Ejército de Liberación Nacional en buena parte del Venezuela ha sido confirmada ampliamente por medios independientes venezolanos y la red internacional de periodistas InSight Crime. En cuanto al componente rearmado de las FARC, su ubicación en Venezuela fue reportada por la prestigiosa revista Semana. En cambio, el régimen chavista es considerado un Estado forajido, antidemocrático y sin ningún respeto por las leyes nacionales e internacionales. Los venezolanos que se le oponen y que han buscado refugio en Colombia son civiles o militares desertores desarmados, cuya presencia no es nada que las autoridades consideren inconfesable.

El contraste no termina aquí. Cuando Duque denunció que los comandantes de las FARC rearmadas estaban en Venezuela, algunos pensaron que esa sería la justificación de Colombia para intervenir directamente en territorio vecino. Mes y medio después, el gobierno de Duque sigue insistiendo en que no planea tal cosa. Y es que las operaciones militares en suelo extranjero hoy pueden ser mucho más costosas para quien las ejecuta. No era muy difícil armar una montonera arcaica en los Andes a principios del siglo XX y poner al frente a un “general chopo ‘e piedra” (así los llamó el historiador Manuel Caballero) cualquiera. Hoy, en cambio, con las nuevas tecnologías bélicas, la historia es otra. Recordemos que el régimen chavista se ha apertrechado con utensilios castrenses rusos y chinos que, si bien no necesariamente están en la vanguardia de las vanguardias, sí pueden suponer un desafío para cualquiera que las ponga a prueba sin ser una potencia militar, como es el caso de Colombia. Por otro lado, como Colombia lleva décadas en un estado de conflagración permanente, ver a jerarcas chavistas amenazando arrasarla resulta cuanto menos risible. Estos no son tiempos para un Amadís de Gaula tachirense. Ni siquiera para un caricaturesco Alonso Quijano caribeño, por más que a algunos en la elite chavista les guste fanfarronear.

@AAAD25

Maduro sobre entrada de Venezuela en la ONU:

NICOLÁS MADURO CONSIDERÓ QUE EL asiento que Venezuela logró en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas es “una victoria” contra la “campaña de presión” liderada por Estados Unidos.

“Tremenda victoria de Venezuela, enfrentando el complot, la conspiración, la campaña brutal del Gobierno de EE.UU. de Donald Trump, una campaña de presión, de persecución contra los países del mundo, (…) a la cual se sumó el FMI, el Banco Mundial”, dijo Maduro.

En cadena nacional, Maduro dijo que en la votación celebrada este 17 de octubre en la ONU “no pudieron ni con amenazas, ni con chantajes, ni con campañas mundiales, no pudo el Gobierno de EEUU con Venezuela, no pudo el imperialismo, ni el Grupo de Lima”.

 Con información de EFE

Venezuela entra en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas

EL CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS de las Naciones Unidas eligió este jueves 17 de octubre a Venezuela para integrar este grupo que monitorea las violaciones a los derechos humanos en todo el mundo.

Más de 190 países miembros de la ONU  votaron para elegir a los 47 integrantes del Consejo de Derechos Humanos, de los cuales dos correspondían a América Latina, y Venezuela era uno de los candidatos.

La elección se realizó en momentos de fuerte tensión por la presión internacional que aumenta contra el régimen de Nicolás Maduro, tanto que incluso Costa Rica ofreció su candidatura para evitar que Venezuela fuera elegida.

Según datos de la votación, 153 votos fueron emitidos a favor de Brasil, 105 votos a favor de Venezuela y 96 votos a favor de Costa Rica, la cual quedó por fuera de la elección.

Louis Charbonneau, director de la ONU en Human Rights Watch, opinó al respecto: “Con el asiento, Venezuela intentará socavar el escrutinio de sus abusos y los abusos de sus aliados”.

“Las misiones de investigación y las comisiones de investigación del consejo han realizado un trabajo excepcional. Los votos sobre algunos temas pueden ser cerrados, por lo que no necesitamos países como Venezuela que intenten socavar el buen trabajo”, añadió Charbonneau.

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Por su parte, el abogado venezolano Mariano de Alba, predijo que Maduro usará la victoria de Venezuela en el Consejo de DDHH para mostrar que su gobierno “todavía tiene apoyo y es reconocido por la mayoría del mundo”.

“Es una pena (…) Pero en la práctica, no es el fin del mundo para la oposición”, añadió de Alba.

*Con información de Washington Post

Mirarse el ombligo no basta, por Armando Martini Pietri

SERÍA INJUSTO NEGAR QUE ALGUNOS en la oposición trabajan con intensidad y esmero en la búsqueda de la salida del régimen castro-madurista, cuyo éxito fue destruir el que era, cuando llegaron al poder, una fortaleza casi indestructible de libertad y democracia, alternabilidad política, oportunidades para el avance, desarrollo, bienestar y superación. Con problemas, desórdenes económicos, fallas en los servicios, pero un país que avanzaba, miraba a otras naciones, y apreciaba sus triunfos, pero con escasa conciencia del sufrimiento ajeno. Cuba, Haití, los países del África, estaban lejanos.

Entonces aparecieron unos militares cuyas acciones en 1992 fueron rotundos fracasos en la que se suponía su especialidad; estrategia y operación militar. Pero la gente, y no sólo el llamado pueblo llano, pata en el suelo, sino comunicadores, presentadores de radio y televisión, incluso dueños de medios de comunicación, empresarios y profesionales de éxito y, más patético, intelectuales, que interpretaron aquellos golpistas como hombres de valor, con popularidad real e inflada. Una escritora de reconocido quilate se entusiasmó y publicó un libro en el cual, en vez de llamarlos subversivos, traidores a su juramento, los calificó de “ángeles”, “La Rebelión de los Ángeles” -hoy, por cierto, exiliada junto con su esposo, también importante comunicador que igualmente, aunque quizás con menos osadía, los respaldó y habló a su favor.

Otros no los apoyaron tanto, pero se dedicaron al tema que habían puesto de moda, el que daba entrevistas y titulares. Criticar la democracia, pifias del gobierno y errores del sistema. Uno de ellos, de los fundadores de la democracia, se atrevió incluso a justificar a los sublevados expresando que el pueblo sufrido y olvidado no tenía motivos para defender su libertad, la democracia que se había construido a lo largo de cuarenta años; primer período de la historia venezolana sin alzamientos, caudillismos espada en mano, soldados en el poder derrocándose unos a otros.

Y por darle soporte moral a los insurrectos, con su propia y larga historia de co-padre fundador, él mismo llegó después a Presidente, sufrió la peor crisis bancaria y financiera del país, se le trancó el ejercicio y terminó bebiéndose la vergüenza de entregar la banda presidencial al mismo líder militar revolucionario, ya confeso admirador de Fidel Castro.

De la noche a la mañana, la democracia venezolana volvió a surgir como un sol mañanero en el horizonte. El Presidente rebelde y autoritario que una mayoría eligió convencido de que, con un nuevo caudillo joven, de voz gruesa, uniforme impecable, cantante mediocre y recitador de poemas llaneros, vendría inclusión, bienes, mejoría, justicia y felicidad para todos.

No fue así, al comandante Presidente se le fueron sumando militares que él mismo llamó porque lo castrense era lo único que entendía. Nunca se ocupó de analizar a Fidel Castro como pensador tiránico del comunismo cruel, criminal, del socialismo arbitrario, el populismo demagogo y embaucador, sino como un guerrero que había derrotado y mantenía alejados a los estadounidenses. Siguió, eso sí, la pérfida experiencia fidelista, de permitir a sus militares que se hicieran más ricos cada vez, convirtiéndolos en obedientes sumisos.

Así, entre uniformes y buenos negocios, el sol de la democracia subió mucho pero lejos; a la sombra las libertades y prosperidad de los venezolanos iban siendo disminuidas, propiedades y empresas estatizadas, el país entero gubernamizado

Al mismo tiempo, los políticos volvieron al ataque, de repente ya la democracia no tenía fallas sino brillo remoto y atractivo, deseable pero difícil de alcanzar. Como la tradicional política venezolana, andan siempre combinando lucimiento propio y seguimiento a un caudillo. Pavoneo reducido a promesas y verborragias frente a micrófonos.

Lluvias, nubarrones, granizo, eventos buenos y especialmente malos han pasado desde entonces. Con muy contadas excepciones, los opositores han marcado territorio -el chavismo dictatorial y corrupto allá, demócratas e incorruptibles acá- y han dedicado veinte años a tomar decisiones mirándose los ombligos unos a otros.

En la que es cada día más una isla, la cúpula castro/chavista, primero Chávez fracasó en mejorar al país y en hacer útil un río de dólares petroleros que soñaron infinito hasta que se secó; después los cubanos fracasaron en derrotar al cáncer, y sus herederos han frustrado hacer los arreglos que había y hay que realizar. Cierta oposición estropeó oportunidades, cómplice, cohabitante, unida y desunida como un acordeón malévolo, en sacar al ahora ya madurismo de un poder al cual no tienen más remedio que aferrarse con garras y dientes.

Hasta que amaneció 2019, cuando opositores decidieron unirse en el objetivo -muchos cabos quedaron sueltos- de sacar a Maduro y al madurismo del poder, hasta inventaron un poema rítmico que suena bien. ¡Cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres!

Sin embargo, políticos -politiqueros- irresponsables y demagogos, permitieron soñar inmediatismos imposibles que ellos mismos, distraídos entre marutos y palabreríos, también se creyeron, y que ahora, titiriteros convivientes pretenden modificar.

Han trascurrido 10 meses, soñando invasiones, engañando con espejismos, profesando que ellos y su contraparte madurista son las únicas preocupaciones de las naciones del mundo. Largos meses agotando a los ciudadanos, atrapados en la miseria y el hambre, entre la verborrea de cierta dirigencia opositora analista de cordones umbilicales y la monserga usurpadora.

No basta con mirarse al ombligo, hay líderes que se juegan la vida y el destino en las calles, dirigentes que el ciudadano respeta y confía por coherentes, auténticos, que no aceptan distraerse, hablan claro, con la verdad y plenos de coraje. Tendrán que actuar.

@ArmandoMartini