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Solidaridad

La revolución de los balcones, por Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar 

A diferencia de la Revolución de los Claveles en la Lisboa de 1974 o la de los paraguas en Hong Kong en los últimos años, las cuales produjeron o están produciendo cambios en la superestructura política de las naciones donde tuvieron lugar, en estos momentos tiene lugar en la Europa occidental, básicamente en España e Italia, una revolución protagonizada por la gente, sin liderazgo conocido, de destino abierto, pero ¡oh paradoja! que está produciendo un cambio actitudinal más profundo que lo que las revoluciones que buscan el poder político han logrado tras décadas de detentarlo.

Esta revolución es más profunda y será más duradera que la de “los indignados” que produjo liderazgos como los de Pablo Iglesias y Podemos. Liderazgos que se hicieron viejos en pocos meses y que duraron tanto como duró el tránsito de Iglesias de Vallecas hasta su chalet con piscina y casa de huéspedes de Galapagar y desde la carpa en Puerta del Sol hasta el Salón de los Pasos Perdidos en el Congreso de los Diputados.

¿Y cómo sabemos que durara más, o al menos que tendrá consecuencias más trascendentes? Pues muy sencillo. Esta revolución no está montada sobre la dialéctica infernal de la lucha de los pobres contra los ricos, ni de los patriotas contra los vende patria, ni esta instigada por el odio social o el de clase. Esta revolución está montada sobre la solidaridad y el reconocimiento del otro. Empatía, la llaman ahora y es producto de una reflexión y un acto voluntario interno que no ha sido inspirado por ninguna ley u obligado por ninguna institución.

Los héroes no son soldados, generales inmortalizados en estatuas ecuestres, ni personajes con capas combatiendo por la libertad y la justicia, con los calzoncillos por fuera, sino millones de servidores públicos, de médicos, enfermeras, policías, barrenderos, cajeros de supermercado, gente de a pie, viandantes de todos los días.

Su vanguardia no se da cita no en el café de la Rive Gauche, ni en el bar de La Gran Vía en Madrid o de la Vía Véneto de Roma, donde desde hace décadas la “gauche divine” se reúne para cambiar el mundo y, cuando se acuerdan de nosotros los latinoamericanos, para discutir de nuestras venas abiertas y cantar la épica de unas luchas en las que nosotros ponemos siempre los muertos y ellos escriben las novelas o hacen las películas.

La vanguardia de esta revolución se ha dado cita en los balcones de las grandes ciudades en los que se han concentrado para aplaudir, para  cacerolear, para intercambiar con sus vecinos y para hacerse la promesa de que, independientemente de lo que los gobiernos y los líderes piensen, se resguardarán con sus familias para preservarse y para salir a dar la batalla de reconstruir sus países.

Estas jornadas han demostrado que aunque es verdad que fue un acto de demostración de fuerza y de reconfirmación de la propiedad o dominio sobre un territorio lo que nos hizo descubrir que éramos seres para la organización y para las normas. Fue realmente cuando tendimos la mano a uno del grupo que se caía o flaqueaba, cuando atendimos a uno de los enfermos, cuando detuvimos la marcha para esperar a los más débiles cuando nos graduamos de seres humanos y nos diferenciamos de las manadas de animales que también acuerdan al más fuerte y arrojado el derecho de ser el jefe.

Las revoluciones pueden trasformar las estructuras políticas, pero solo perseveran cuando trasforman paradigmas y formas de ver el mundo. No obstante, como solemos afirmar en estas cuartillas que garabateamos, para que una trasformación o un proyecto se consolide, es necesario que sea asumido por gente de carne y hueso y que haga de la voluntad una fuerza, no solo efectiva, sino eficiente. Ese milagro solo se logra cuando la voluntad se organiza.

Cuando se logra que miles de hombres y mujeres hagan sus ideas carne, huesos y sangre. Ese es el gran reto. Eso lo entendió Jesús, el hijo del carpintero, que no se limitó a predicar su doctrina del amor, sino que consciente de que su tarea debían trascender le dijo a Pedro “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”. Esa decisión es lo que explica el misterio de su existencia por más de 2000 años.

Los venezolanos conoceremos inexorablemente la peor cara de la pandemia que asola el mundo. Sera así, porque aquí se cruzarán, en algún momento, las curvas del desarrollo de la enfermedad con el de la tragedia humanitaria que ya lleva años y que se agravará por la carencia de combustibles, agua y alimentos y medicinas.

Estos momentos serán el escenario donde veremos el ensayo general de la actuación del nuevo mundo y país que conoceremos y que, oigámoslo bien, no tendrá nada que ver con el que hemos conocido hasta ahora.

Luego de esto, nadie ni nada serán como antes.

Nos vienen horas duras, pero también horas de esperanza.

Escribo con angustia, melancolía y fe, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini  

Lamentando los fallecidos en Venezuela y el mundo, rogando por la recuperación de los contagiados, con la esperanza de estar bien, entre seres queridos, así estamos en cuarentena y preocupación. Deseando superar la convulsión individual, turbulencia colectiva y desafío global sin precedentes con integridad, fuerza y resistencia. En eso debemos ocuparnos con decisión, pues el desespero no es un lujo permitido, y la sacudida aterradora no puede ni debe frenarnos mucho menos paralizarnos.

Nos recuperaremos, no tengan la menor duda. Por eso mismo la importancia de la misión de cada quien, en su ámbito y actividad, no ha disminuido. Por el contrario, se ha vuelto más urgente.

Se sabe lo duro y amargo que pueden ser la incertidumbre y el miedo. Tienen una forma malvada de avivar fanatismos, teorías de conspiración, resentimientos, odios y bajezas. La humanidad sigue comprometida en luchar contra estos males, defendiendo principios y valores que apreciamos; es la lucha eterna del bien contra el mal, de la bondad y honestidad contra la perversión e inmoralidad. Cualidades y defectos humanos hoy presentes como nunca antes.

En semanas de aislamiento social hemos hecho sacrificios que olvidábamos podíamos ejecutar, movilizados hacia la solidaridad con el prójimo sin perder el ritmo responsable de la rutina laboral, educativa, profesional, cultural, aunque lo hagamos vía electrónica aprovechando las herramientas que nos otorga la modernidad tecnológica, necesaria para mantenernos informados de aconteceres familiares, de amigos e interés particular.

Por cierto, quizás esta y tal vez la próxima generación no lleguen a verlo del todo, pero hacia allá vamos, a la comunicación e intercambio humano a través de redes tecnológicas especializadas. Aunque es asunto de especulación y análisis científicos, la ciencia y la tecnología ya están desplazando a la propia ciencia ficción.

Estamos en este hoy que quienes reprimen a Venezuela tratan de encadenar al pasado. Ellos no previeron nunca -ni se prepararon- para una pandemia que nos está cambiando, ubicando en una realidad que imaginábamos, quizá, pero no habíamos experimentado como en estos sorprendentes últimos días.

El mundo y nosotros jamás volveremos a ser los mismos, el coronavirus nos cambió. No sabemos si para bien o mal. Imposible predecirlo, menos aun concebirlo.

Más allá de la estadística de fallecidos, infectados, recuperados, está latente el desastre financiero, cercana una depresión económica como ninguna en la historia. Y en Venezuela una crisis sanitaria desbordada, descontrolada y con claras consecuencias políticas de cuantía.

La peste desnuda a líderes y sistemas políticos que cometieron errores y que no van a mejorar; persisten tercos y obtusos, lo que los llevará -nos está llevando- a una distorsionadora situación ética, social, económica y psicológica.

El distanciamiento social nos mantiene separados del contacto físico, pero no alejados del cariño, aprecio y comunicación; aún estamos unidos en los temas que importan y en los que no, también. Con acceso a videos, mensajes educativos, musicales y culturales, sesiones informativas, segmentos de audio, análisis y oportunidades desde cada computadora, tableta o teléfono inteligente. El sentido de la vida y la muerte es cada día más diferente y complejo de vislumbrar.

Mientras enfrentamos tiempos oscuros y hasta de hostilidad espiritual, inspira celebrar los innumerables esfuerzos dignos de alentar, exaltar, destacando actos de bondad y decencia durante la calamidad viral. Son tantas las personas de todos los orígenes que se están ayudando entre sí en el mundo, que merecen notoriedad y ser compartidas sus historias de humanidad, compasión y coraje.

La humanidad -como siempre- descubrirá formas innovadoras para sobrevivir, avanzar, de acuerdo a la realidad actual y futura. Sin embargo, en su permanencia y persistencia, recomendamos mantenerse seguros, siguiendo las pautas de salud pública. 

Estamos en tiempos de rigor científico y emergencia epidémica, pero también de solidaridad, prevención y sensatez, escudos para enfrentar el mal que nos acecha y toca a la puerta. El nuevo virulento, y el viejo político. El próximo depende de nosotros, y de cómo actuemos tras este período de transformación.

Solidaridad frente a la pandemia, por Roberto Patiño

@RobertoPatino 

 

La llegada del coronavirus a Venezuela encuentra al país en las peores condiciones para enfrentar una emergencia de estas magnitudes y características. El régimen actual violenta los derechos humanos, ha hecho colapsar los servicios públicos, y sumido a la nación en una crisis económica, social y política sin precedentes.

Es en este contexto adverso en el que debemos enfrentarnos a la pandemia del coronavirus. Desde el Movimiento Caracas Mi Convive, hemos insistido desde un principio en la importancia de los liderazgos locales y la organización de base para lograr cambios en la sociedad.

Hoy, más que nunca, estos liderazgos y esta organización deben servirnos para encarar esta emergencia sanitaria, aunque sabemos que, aunque contribuye, no puede resolverla.

Nuestros comedores se mantienen activos para continuar atendiendo a los más de 14 000 niños en nuestra red nacional de Alimenta La Solidaridad. Las madres y voluntarios encargados están tomando las medidas de prevención de acuerdo a los protocolos emitidos por la Organización Mundial de la Salud. En este sentido, se está trabajando con guantes y tapabocas, manteniendo la distancia interpersonal de dos metros y limpiando con jabón instalaciones, equipos y utensilios. De igual forma se han modificado horarios de trabajo para mantener un máximo de 8 niños por comedor e impedir que se produzcan aglomeraciones. Continuamos asesorándonos con expertos en la materia para extender, profundizar y mejorar estas medidas.

La solidaridad en estos momentos está enfocada en no convertirnos en transmisores de la enfermedad y proteger a los grupos vulnerables de la tercera edad y los enfermos crónicos. Debemos difundir información veraz y confirmada, así como escuchar las indicaciones de los expertos médicos.

De igual forma, la solidaridad implica que debemos ayudar y apoyar a las comunidades que han sido más afectadas por la crisis: recordemos las dificultades que tiene gran parte de nuestra población para el acceso a medicamentos, agua, electricidad y transporte, lo que genera una gran dificultad para poder implementar las recomendaciones necesarias para frenar la extensión de la pandemia.

El ejercicio de una solidaridad responsable nos ayudará a combatir esta pandemia. El liderazgo debe informar, educar y dar el ejemplo y las redes de apoyo deben cohesionarse y extenderse en la promoción y difusión de  las medidas. Nuestro mensaje es de resiliencia y esperanza: de manera organizada e inteligente, podemos superar a la enfermedad.

Este momento debe servirnos para encontrarnos en la ayuda y el trabajo conjunto, y no en el oportunismo y los afanes egoístas. Solo juntos saldremos adelante.

 

robertopatino.com

Solidaridad y articulación: nuestras fuerzas de cambio, por Roberto Patiño

EL RÉGIMEN ARRECIA la violación masiva de derechos humanos en medio de la situación de colapso y caos que ha generado.

En este espacio ya hemos denunciado la participación de cuerpos de seguridad y grupos paramilitares en la persecución y asesinato de líderes y residentes de las comunidades del Municipio Libertador.

Un terrorismo de Estado que se replica en diferentes puntos del país. En los estados fronterizos como Táchira y Bolívar, continúa la represión oficial y las acciones de grupos violentos sobre distintos objetivos civiles; incluso se ha denunciado la persecución a grupos étnicos específicos como la población pemón.

De igual forma, la persecución a periodistas y médicos ha escalado de manera aguda. Son de dominio público el hostigamiento a profesionales como el doctor Ronni Villasmil, la detención ilegal del doctor Keyner Celis, la desaparición forzada desde hace más de cinco días del periodista Rafael Gonzales y el asesinato del periodista Alí Domínguez.

Esta exacerbación de la violencia desde el Estado, secuestrado por el grupo alrededor de Nicolás Maduro, se da en respuesta a la inmensa exigencia de cambio de todo el país. Una exigencia que no solo se ha demostrado en masivas movilizaciones sino sobre todo en la gran articulación, cada día más inmediata y urgente, que viene dándose entre todos los niveles de la sociedad.

El agravamiento de los desmanes de un régimen acorralado se da en un contexto de proliferación de esfuerzos conjuntos. Por ejemplo, en la Red de Voluntarios de Venezuela, logramos articular a más de un millón de venezolanos en menos de dos semanas. Las redes de ayuda, información y apoyo se están reforzando y ampliando. Trabajan en un contexto adverso sumando a más personas.

No olvidemos la importancia que estas redes han tenido en casos como la liberación del activista digital Luis Carlos Diaz, o incluso a nivel local, durante el apagón nacional. Gracias a estas redes comedores de Alimenta la Solidaridad han recibido agua para continuar cocinado las comidas de más de 4000 niños pertenecientes al programa, quienes representan una fracción del total de niños afectados.

A la enorme energía de cambio que recorre al país, se suma otro imperativo vital: el de vincularnos entre nosotros para poder enfrentar efectivamente la emergencia y lograr condiciones de democracia y bienestar.

Un imperativo de ejercicio de la solidaridad y construcción de una nueva convivencia. Una fuerza definitoria en nuestra ruta hacia la transición.

Con su negativa a abandonar el poder y la intención de agudizar su modelo criminal y violatorio de los derechos humanos, Maduro arrastra al país a un contexto en el que agudizará la situación de emergencia humanitaria y estado fallido que él mismo ha producido.  

Contra la violencia desbocada del régimen, debemos continuar creciendo dirigidos a los objetivos comunes de enfrentar la crisis y lograr la transición. Seguir en la ruta señalada por el presidente Juan Guaidó y la Asamblea Nacional que permita la posibilidad de construcción de una nueva Venezuela.

Vivimos días de emergencia. Debemos reconocer la fuerza con la que los hemos enfrentado desde el encuentro real y la vinculación activa. Una fuerza que no para de crecer y con la que podemos lograr el cambio.

 

@RobertoPatino

Venezolanos indocumentados podrán trabajar legalmente en Colombia

LA MINISTRA DEL TRABAJO EN COLOMBIA, Alicia Arango, informó que los venezolanos indocumentados podrán trabajar en ese país de manera legal.

En este sentido, agregó que también podrán recibir prestaciones, por lo que pretenden ingresar a los venezolanos que quieran trabajar en el Registro Único de Trabajadores Extranjeros en Colombia (Rutec).

“Es un tema de solidaridad; cuando nosotros necesitamos de los venezolanos, ellos estuvieron allí”, dijo Arango en declaraciones a El Espectador.
La ministra colombiana explicó que a pesar de darle prioridad de empleo a los colombianos, la medida permitirá que los venezolanos puedan trabajar en áreas que se necesitan, como por ejemplo, la agricultura.
“Cada vez que la gente joven viene del campo hay menos recolectores de café y cosechas. Eso es un trabajo en el que ellos podrían ayudarnos”, dijo.
El presidente colombiano, Iván Duque, dijo recientemente que la política migratoria hacia los venezolanos es “de brazos abiertos” y que quiere hacer una “normalización migratoria seria” y “prestar asistencia humanitaria”, apunta que la situación representa “una presión fiscal para Colombia”.
Cardenal Urosa pide ayuda y solidaridad por la crisis en Venezuela

 

El cardenal venezolano Jorge Urosa Savino solicitó este jueves a la comunidad internacional “benevolencia” con sus compatriotas emigrados, difundir “la realidad” de su país y el envío de víveres ante “la situación de crisis integral” que atraviesa.

El también arzobispo de Caracas intervino telefónicamente en la presentación de una campaña solidaria en Roma y describió “la situación muy grave y de crisis integral, política, social y económica” que vive el país.

Urosa Savino criticó que el Gobierno del presidente Nicolás Maduro “ha querido imponer un sistema totalitario y marxista que ha arruinado Venezuela” y que ha hecho que “la ruina política haya degradado todos los aspectos de la vida” del país.

Además, consideró que las elecciones del pasado 20 de mayo, en las que Maduro fue reelegido presidente y que han sido puestas en entredicho por parte importante de la comunidad internacional, “han sido totalmente inválidas”.

 

Superar el modelo destructivo del régimen tiránico de Nicolás Maduro será posible mediante una transformación social que provenga de la reflexión devenida acción. Puede ocurrir en tres niveles. El primero, mediante la organización de las propias comunidades. El segundo, por decisiones de representantes electos que lleven adelante políticas públicas para lograr cambios desde el Estado. Y el tercero, a través de organizaciones con fines de lucro.

Nosotros creemos que el cambio es posible a través del empoderamiento de las comunidades, para que luego estas sean capaces de actuar en su sector y elegir a representantes políticos comprometidos con la organización comunitaria y la resolución de los problemas más importantes (como la violencia) y urgentes (como la alimentación) de forma sostenible.

Por eso, desde Mi Convive y Alimenta la solidaridad, seguimos trabajando en el municipio Libertador, tejiendo redes de confianza, organizando a las comunidades y aplicando medidas de contención a los problemas de la violencia y el hambre. Seguimos comprometidos con los caraqueños para construir la Caracas en la que nos gustaría vivir.

El pasado 18 de abril, realizamos el Encuentro 2018, en la Quinta Anauco, para mostrar todo el trabajo que venimos haciendo y dar la oportunidad a seis de nuestros líderes comunitarios de que contaran sus historias y cómo estas se relacionan con los valores que promovemos.

Casi todos nuestros líderes han padecido la violencia y sus consecuencias en su más cruenta expresión. O han tenido contacto con tragedias cotidianas que ocurren en sectores populares: situaciones de dolor y desamparo. Es por eso que todos nuestros líderes cultivan la empatía junto a nosotros.

La empatía es la posibilidad de sentir con el otro, de ponernos en sus zapatos: de hacer un puente hacia sus vivencias. Un valor que se ve reflejado, por ejemplo, en la historia de Yasiri Paredes, quien tuvo el valor de compartirla con todos nosotros –y desde la tarima– en el Encuentro 2018. Ella, en la infancia, tuvo que abandonar la conflictiva casa de sus padres para mudarse a una casa hogar, en la que se formó: se alimentó en cuerpo y mente. Muchos años después, Yasiri es una de las madres colaboradoras que atiende el Comedor de Alimenta la Solidaridad en la parte alta de La Vega, un espacio en el que ha podido verse identificada en los ojos de cada uno de los 110 niños que esperan con ansias, tal como hiciera ella muchos años atrás, que una mano amiga le dé un plato de comida.

Ahí evidenciamos que la empatía es solo el primer paso, pues cuando te conectas con el sufrimiento del otro y decides intervenir llegas a la solidaridad, que no es otra cosa que la empatía llevada a la acción. Es esa mujer que ve el hambre de los niños, se conecta con ese dolor y se dispone a ayudarlos.

Todo eso es posible, incluso, en comunidades con altos índices de violencia. En las que algunos vecinos se agreden entre sí, siguiendo el modelo fomentado por el régimen. Comunidades en las que hace falta destacar el valor de la convivencia: el poder vivir cerca de otros que no necesariamente compartan nuestras ideas o nuestra forma de pensar. El aceptar las diferencias y la pluralidad, para encontrar puntos en común y poder construir una convivencia real que haga florecer lo mejor de nosotros.

Una convivencia que nos permita organizarnos, no de una forma vertical: con un líder mesiánico que ofrezca todas las respuesta y tome todas las decisiones; sino de forma horizontal, como lo hacemos en Mi Convive y Alimenta la Solidaridad, espacios en los que promovemos que cada líder tenga su criterio e impulse sus propias acciones.

Creemos en el empoderamiento social. Por ejemplo, estamos convencidos de que las madres pueden ser las responsables del día a día de los comedores. Sabemos y entendemos que nada debe suceder sin que la comunidad sea la protagonista. De esta forma, mediante la organización, logramos que el empoderamiento social dé paso también el empoderamiento económico y que lo complemente: no queremos que nuestros programas dependan solo de las donaciones de otros, queremos que se sustenten con sus propios pies y sean sostenibles en el tiempo.

Un ejemplo de esto es el que nos mostró Luisangela Rivas, otra de las líderes que contó su historia en el evento. Luisangela viene de un hogar cargado de violencia y padeció el asesinato de sus dos hermanos, para luego agravar su situación de vulnerabilidad al convertirse en madre soltera de forma prematura. Ella ahora forma parte de nuestro equipo y de un proyecto para que podamos pasar a vender almuerzos a los profesionales de Caracas que deseen comprarlos. Este trabajo, que realizarán madres de los comedores que están siendo formadas en el quehacer en las cocinas profesionales, va a generar los recursos para alimentar a los niños de los comedores. Así, con un plato de comida comerán tres personas: el profesional que la compra, la chef que recibe un salario por su trabajo y un niño de la comunidad.

No es suficiente con tener una visión y un proyecto. No basta solo con ideas. Si no nos movilizamos, los cambios que queremos nunca van a suceder. Es fundamental llevar a la acción todos los planes, hacer que las cosas sucedan y no esperar que otros las hagan por nosotros. Tanto en Mi Convive como en Alimenta la Solidaridad, estamos convencidos de que todos podemos organizarnos para movilizarnos en beneficio de los cambios que queremos.

El Encuentro 2018 lo celebramos un día antes del 19 de abril, fecha en la que, durante el año 1810, inició en Caracas la emancipación de Venezuela. Hoy, al igual que hace 208 años, los venezolanos buscamos la salida a un régimen popular y tiránico que ha fomentado una devastadora crisis, instalando una situación de caos, hambre e inseguridad que día tras día se cobra la vida de más venezolanos.

Pocas veces se alude a esto, pero la Guerra de la Independencia tuvo un altísimo costo entre la población. No solo por las vidas humanas que se perdieron, sino porque específicamente Caracas quedó absolutamente destruida.

Los estragos de la guerra generaron conflictos sociales de todo tipo, ante los cuales los ciudadanos tuvieron que organizarse para hacerles frente. La reconstrucción de Caracas fue posible gracias al tremendo esfuerzo que hicieron los propios caraqueños en beneficio de recuperar la ciudad.

Del mismo modo, ahora es urgente que nos unamos y organicemos. Para nosotros es fundamental que juntos podamos construir una Venezuela solidaria, productiva: que superemos los esquemas rentistas y dependientes, que podamos pararnos con nuestros propios pies. Y que también seamos capaces de movilizarnos en favor de lograr las metas que anhelamos, en favor de recuperar la democracia y superar la crisis.

 

@RobertoPatino

Desde la solidaridad, por Roberto Patiño

 

El modelo del régimen, más allá de lo ideológico, plantea que los intereses del grupo en el poder se sobreponen por encima de los del país y sus habitantes. Las privaciones y penurias que sufre la población están ligadas a esta visión de las cosas. Una visión de relaciones que se establecen desde lo clientelar, la imposición violenta, la dependencia y el sometimiento. Los padecimientos de la mayoría pueden incluso aprovecharse inescrupulosamente, a través de planes como los CLAP y el Carnet de la Patria.

Los derechos humanos y constitucionales son violentados y se supeditan a las necesidades y designios del régimen. El Estado no puede prestar servicios básicos, ni las instituciones públicas cumplir con sus funciones, coaptados por un régimen que prioriza su sostenimiento por encima de todo lo demás.  

Esto se expresa a todo nivel: en las emergencias alimentarias y de medicamentos, en el colapso de servicios básicos de agua, electricidad o gas, en la crisis de educación o de seguridad, en las condiciones fraudulentas en las que se encuentra el sistema electoral.

Se genera así un país fragmentado, de sectores enfrentados entre sí, violento, y hostil, en el que se imposibilita la coexistencia en un marco de equilibrio y bienestar. Por el contrario, se establece un régimen de opresión injusto, en el que el otro debe ser sometido o anulado desde el poder.

Un país de víctimas y victimarios.

Esto se ha vuelto evidente para Venezuela y el mundo. La VIII Cumbre de las Américas que acaba de realizarse, ha finalizado con un contundente pronunciamiento de los países convocados, que alerta acerca de las enormes dimensiones de nuestra crisis y hace un llamado al régimen de Nicolás Maduro a reconocer la emergencia humanitaria y atenderla.

Para liderazgo político y social venezolano romper con este modelo y contrarrestar el proceso de colapso y caos que produce, es nuestra tarea fundamental. Es también el reto más importante de nuestra sociedad, en orden de poder generar condiciones que permitan su desarrollo y bienestar.

La base para este cambio reside en las personas, en la gente. Las personas son el capital político y social más importante. Son, a la vez, la fuente y el destinatario de las energías del cambio.  

La articulación conjunta de los diferentes actores sociales y el encuentro de los diversos sectores del país alrededor de necesidades y aspiraciones comunes, son los primeros objetivos que deben alcanzarse para enfrentar, no solo al régimen y su modelo, sino para también acometer el proceso urgente de rescate del país.

Contraponerse al modelo de miseria, sometimiento y violencia del grupo en el poder, significa pensar y ejecutar lo político y social desde la solidaridad, el reconocimiento y la convivencia.

En Alimenta la Solidaridad, estos valores se materializan en un promedio mensual de 20.60 almuerzos que alimentan a 1.030 niños en 10 comedores distribuidos en el municipio Libertador y comunidades en Caracas.  Pero, tan importante como lograr un esfuerzo de alivio a la terrible emergencia del hambre, es también el producir el encuentro de comunidades, voluntarios, grupos particulares y benefactores.

Encontrarnos, reconocernos y superar las más grandes dificultades desde la solidaridad.

Avanzamos en un momento crucial de nuestra vida como país. Debemos enfrentar a un régimen antidemocrático y los embates de la mayor crisis de nuestra historia. Vivimos y viviremos, momentos dolorosos, complejos y difíciles.

Es nuestra creencia que la guía y el motor que deben impulsarnos en esos momentos está en la gente. No como objeto de caridad o de oportunismo egoísta, sino como apoyo, como vínculo, como fuente de fuerza y aliento.

No importarán la escala de los problemas que encontremos o los golpes que podamos sufrir en el camino, porque por sobre ellos podremos imponernos desde el encuentro y la solidaridad. Allí están las bases reales de nuestra esperanza de cambio.

 

@RobertoPatino