Armando Martini Pietri, autor en Runrun

Armando Martini Pietri

Castromadurismo y bases militares, por Armando Martini
Puede ser o no que estemos invadidos, pero la terrible, dolorosa e insólita realidad es que somos un ejemplo de reparto en pleno desarrollo

 

@ArmandoMartini

Hubo un tiempo, más largo del que tránsfugas políticos soñaron, más corto de lo que se necesitaba por culpa de conductores, durante el cual tuvimos una Venezuela que llamamos “suya”, “tuya” y siempre mía. El chavismo devenido en madurismo ha puesto en ejecución otro viejo concepto de cosechas pasadas, “Venezuela para todos”.

Ahora el Estado gobierna, comparte y maneja en sincronía. La isla de Margarita es cada día más musulmana fanática. Cubanos y rusos disfrutan cuarteles, se uniforman, oprimen, realizan labores de inteligencia, reciben honorarios y saborean amenidades. Chinos, turcos y otros intervienen en la importación de alimentos, finezas, exquisiteces, elegancias, comerciando cuanta vaina hay. Los narcoguerrilleros en el sur se roban los minerales, y, además abren camino al sucio e inmoral negocio del narcotráfico.

Se ha armado un zafarrancho, alboroto -decían las abuelas-, con declaraciones sobre la introducción de Venezuela en una travesura geopolítica de la cual no forma parte ni tiene arte. Los rusos, presionados por su afán ucraniano, conscientes de que son mucho pero no tanto como Estados Unidos, levantan banderas descoloridas. La despliegan al viento con argumentos que hacen creer que son capaces de enfrentarse, a pesar de su economía mediocre y un único anticuado portaaviones, a la primera y más rica potencia del mundo.

Rusia no quiere que se respalde ni con el pétalo de una rosa a una Ucrania que al mismo tiempo es poblacional parcial, frustración, y único argumento de amenazar con establecer bases militares en Cuba y Venezuela. La presencia rusa en la “isla de la felicidad” es de vieja data y en nada impresiona, aunque siempre vigilada. Y, su representación en Venezuela es cosa de añosos asesores, remanentes sobrevivientes del pensamiento de posguerra, que se reduce a la venta de equipos militares envejecidos y caducados, en buena parte aún no cancelados por el régimen.

Con una fuerza armada de última generación, alcance mundial y mejor dotada tecnológicamente, no cabe la menor duda de que USA es una potencia poderosa, definitiva. Ya pasaron aquellos tiempos de la paridad militar de la Guerra Fría. Estados Unidos puede acabar con Rusia, pero los rusos no con los estadounidenses. Hoy día, contundente realidad. Por eso los chinos se preparan pacientes e insistentes. Son potencia económica de primera magnitud, pero plagada de problemas internos. La estadounidense sufre la inflación después de mucho tiempo, pero deslumbra con el observatorio espacial James Webb; y China puede desmoronarse en cualquier momento. Pueden trabar al mundo con el coronavirus que la frena a ella misma.

Para Estados Unidos, América y en particular el mar Caribe, son mucho más que zona de influencia, es de expansión, soporte económico y certeza militar. Es lo que aterroriza al régimen cubano-venezolano. Cualquier base militar sería detectada de inmediato. Ensamblarla es pesado problema económico que solo puede hacerse mediante sucesivos pasos pequeños y enormes costos de instalación; y su mantenimiento es tan elevado que una economía de bajo nivel y poca monta no soportaría. Además, la avanzada realidad de tecnología en drones y satélites, olvidaron aquellos tiempos de los misiles rusos en Cuba.

Amenazar con instalarlas en Venezuela y Cuba es alarde de la arcaica guerra fría en busca de un compromiso estadounidense de no meter sus potentes -a veces torpes, hay que reconocerlo- narices en Ucrania. La realidad es que, semejante atrevimiento bélico, por demás estulto, es imposible de cumplir. Porque sin un solo soldado estadounidense en tierra venezolana, somos parte de las responsabilidades del Comando Sur, orgullo y prevención.

El régimen bolivariano es generoso en la distribución del territorio, el castromadurismo entiende que sería egoísta ser los únicos que aprovechen los cada vez menores recursos, y han abierto las puertas a bandidos nacionales y extranjeros, sinvergüenzas, bolichicos, enchufados, cómplices y cooperantes para que se enriquezcan, importándole un carajo Venezuela.

No se termina de entender el proyecto revolucionario. Estamos invadidos por el criminal comunismo, la afrenta del Foro de Sao Paulo, el ultraje del Grupo Puebla, la ofensa castrista y el insulto oficialista que reparte soberanía, confiando en que sigan su ejemplo Perú, Chile, Brasil, Colombia y otros países. Excepto la cínica Cuba que no se reparte, ellos son todo para adentro especialmente miseria y represión.

Puede ser o no que estemos invadidos, pero la terrible, dolorosa e insólita realidad es que somos un ejemplo de reparto en pleno desarrollo.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Perdieron Barinas, poco importa, por Armando Martini Pietri
El chavismo perdió Barinas, la cuna de quien confeccionó este régimen dictatorial y destruyó a Venezuela

 

@ArmandoMartini

Barinas es de poca importancia política e insignificancia electoral. Su relevancia proviene de ser estado natal del fundador del desastre, y residencia habitual de la estirpe familiar. Territorio de lindos atardeceres, afable gentilicio, música llanera, extensiones y llanuras, sol, zancudos, ganado, siembras y Sabaneta, que pasa a la historia por ser cuna de quien después destruiría con afán todo lo construido. Abrió las puertas de la corrupción y el poder a sus compañeros de armas, exigiendo completa sumisión.

Allí, un docente copeyano vio cómo uno de sus hijos se hacía comunista, y otro militar. El desvío primogénito hacia el castrismo es reflejo de aquella Venezuela que deliró por Fidel, se regocijó en sus criadillas, fue a morir en las guerrillas, heridos y presos a ser acumulados en la cárcel militar del cuartel San Carlos al norte de Caracas y por el cual se peleó a muerte cuando adecos y militares se alzaron contra el democrático Isaías Medina Angarita.

Los barineses obtuvieron una victoria, motivo de gozo y satisfacción. El júbilo es bueno y saludable, aunque después se derrumbe.

Brutal ha sido la derrota. Igual de bestial la primera declaración del novel gobernador. La abdicación reconociendo a la usurpación, es dura de tragar, constituye una estafa para los electores. El oficialismo tiene en teoría 19 de 23 gobernaciones, en la práctica todas. Ellos reconocieron al usurpador como legítimo. Derrotar al sistema socialista es cambiar al régimen, lo que no impide registrar la expresión ciudadana, aunque la alegría dure poco.

Se pensaría que por patria chica algo habrían hecho por aquellas extensiones. Ha sido lo contrario. El único logro es no hacer nada sino darle ventajas al linaje. Han gobernado por tres períodos, y no tienen gente ni siquiera para acompañar al candidato impuesto por el castrismo oficialista después de que el hermano gobernador se hartó y renunció.

El chavismo ha perdido pujanza con el madurismo. El castrismo está desgastado, ajado y desprestigiado. El heredero puede haberse fortalecido entre los castro-chavomaduristas, pero ha perdido fuerza popular.

El madurismo es el gran perdedor de la jornada. Puso a desfilar al mediocre, sin lucimiento, acompañado de colectivos y de Piedad Córdoba. La derrota por un adeco devoto a la corriente asaltada y residente en el Estado, casi dobló en resultados al aspirante psuvista, a pesar de la vergonzosa colaboración del Poder Electoral y Judicial. Un síntoma de que los venezolanos están hasta el tapete de la incompetencia y mentiras del chavismo comandado por el castrismo.

Pero más allá de trampitas y truculencias, declaraciones que nadie cree, el chavismo debería pensar que una oposición seria, coherente, responsable, legitimada, sin las estultas necedades del G4, es  posibilidad cierta para un electorado harto de carencias.

Es el agotamiento de un proyecto que alcanzó poder y popularidad, más allá de las fábulas de Fidel para engañar a un ambicioso militar, gris en los estudios, y derrotado en su intento golpista. Llegó al poder por decadencia de los partidos políticos, mostrando en sus primeros actos incapacidad para administrar la república.

Fue Adán quien adoctrinó, más que en el comunismo en el fidelismo, al infantil e imberbe que terminaría traicionando su juramento insurgiendo contra la democracia; acción en dos capítulos, ambos con la derrota de los alzados después de mucha sangre derramada. Síntoma de lo que vendría, pues el naciente chavismo militar fracasó y terminaron presos −años después carceleros y torturadores− en uno de los encarcelamientos más blandos y dóciles que recuerden los avatares políticos.

En mala hora fue liberado junto con sus cómplices por Caldera, líder ideológico de su padre, presionado por uno de esos enloquecidos clamores populares frecuentes en Latinoamérica que unió al populacho con la dirigencia empresarial y medios de comunicación. Lloriqueo y súplica del cual no mucho después se arrepentirían.

No importa quién resultó electo. El madurismo cívico-militar conserva el poder pero dilapida ciudadanía, fortalece la dictadura pero pierde la República. La tragedia continua y este país nunca será el que fue antes. No con la revolución castrochavista ni el regreso de los partidos opositores, sino con los venezolanos que idos vuelvan reformulados, quienes han nacido en estas últimas décadas y crecido sin ilusión política dedicados solo a realizar sus propios designios, lo cual llevará a un país a su medida.

Interpretaciones circulan. La más: una victoria pactada con el colaboracionismo; y el menos, que ocurrió lo inesperado. Independiente, insistirán en el discurso que comparten sectores cohabitantes. La ruta electoral, única para producir cambios, con el entendimiento y subvención entre el régimen y la “oposición cómplice”.

Sigue el referéndum revocatorio, que nunca lo permitirían, salvo que existiera una fuerza civil, militar, nacional e internacional que lo imponga. ¿Cómo el presidente interino plantea un revocatorio al presidente usurpador? Está más enredado que una estopa.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Una democracia con más de dos siglos de historia, por Armando Martini Pietri
La democracia y libertad son historia humana, la tiranía solo pequeños párrafos

 

@ArmandoMartini

Lo que estamos exigiendo los ciudadanos ahora no es una novedad en Venezuela. No la inventaron importantes dirigentes políticos ni intelectuales del siglo pasado, aunque sobre ella son demasiados dirigentes los que han mentido.

Para darle una fecha de inicio, podemos recurrir al 19 de abril de 1810, cuando los hombres principales primero, y la masa seguidamente, dijeron no al mandato del ordenado por la lejana monarquía absoluta española. Realeza en crisis, siendo un poder absoluto había caído en manos de dos imbéciles: el rey Carlos IV y su hijo heredero Fernando de Borbón. Y ambos, a su vez, en manos de un usurpador poderoso para entonces, Napoleón Bonaparte. Este, con un pasado de cónsul electo por la Asamblea General, a emperador absoluto por la gracia de sus armas.

Pero mientras los degenerados doblaban la cerviz ante el tirano invasor, el pueblo español defendía al mismo tiempo dos dignidades: la soberanía de España, y las nuevas normas de Cádiz. Estas exigían normas constitucionales de apertura y derechos para los españoles.

Eso fue lo que defendieron aquel Jueves Santo los nativos de la Gobernación de Caracas y un sacerdote chileno mezclado con ellos. No fue una rebelión contra España; fue defensa del país del cual formábamos parte, de los derechos ciudadanos que habían sido previamente impuesto en sus naciones los estadounidenses y franceses.

Lo que comenzó cuando echaron a los ingleses, y cortaron las cabezas a su monarquía y nobleza expoliadoras y perezosas, fue un movimiento mundial que en unos cuantos años estremeció a los poderes colonialistas y convirtió en repúblicas a sus países coloniales.

No contra el rey, sino a favor de la dignidad

Las mujeres y hombres de Venezuela, de todos los rincones, no se rebelaron contra sino a favor de su propio derecho a gobernarse a sí mismos, a ser soberanos. Y por defender ese derecho, ante la incomprensión de un rey torpe, que confundió defensa popular de la nación española con sumisión, los venezolanos fueron a la guerra. No contra España, sino en defensa de Venezuela.

Aquellos no eran simples rebeldes. Estaban formados, leídos, pendientes de un mundo que se rebelaba contra sumisiones de un pasado demasiado largo. Se erguían exigiendo los derechos del ciudadano, a ser responsables de su país, de darse sus leyes. Y de ejercer su democracia.

En Venezuela hemos caído en el error de estudiar y ver solo al Simón Bolívar militar. Y desconocemos que incluso en sus momentos de mayor mando, lo tenía y lo ejercía por designio del poder popular; no hay grados ni ascensos ni gestas del Libertador que no hubiesen sido previamente consultados u ordenados por un Congreso. Cuando era ya libertador de Venezuela y Colombia, cuando se lanzó al Perú para garantizar su gesta del norte de Sudamérica, triunfador en Junín y jefe militar más poderoso de Latinoamérica, exigió el mando del Congreso peruano. Y cuando, al frente de un ejército victorioso bajo su mando, el Congreso peruano lo relevó del mando sin explicación, Simón Bolívar de inmediato obedeció. Entonces entregó el mando a Antonio José de Sucre, quien comanda las tropas libertadoras y derrota al poderoso ejército colonialista español en Ayacucho.

La voluntad democrática venezolana

No es nueva la democracia venezolana. Sobreviviente por más de dos siglos a los avatares y errores cometidos por caudillos codiciosos que por tener las armas se sintieron dueños del país.

El país no cambió solo por petróleo y porque Gómez, en aras de tener el verdadero control de la nación, había acabado militar o políticamente con los caudillos grandes y pequeños. La Venezuela de la primera mitad del siglo XX giró hacia la democracia por encima de obstáculos y ambiciones, con la guía de una generación de jóvenes pensadores que pusieron al frente sus vidas e integridades para imponer la democracia.

El final de una época fue una dictadura militar con un extraordinario gabinete civil, que marcó un rumbo nuevo sobre dos rieles paralelos: el dinero petrolero destinado a transformar a Venezuela en un país moderno; y la feroz represión para que la democracia no profundizara en los pensamientos.

Pero no lo consiguió. Cuando el dictador huyó, había un entramado democrático que había soportado cárceles, torturas, exilios y salía fresco e innovador a reconducir al país no hacia el lejano pasado campesino y caudillista, sino hacia una democracia constitucional que, así como defendió los derechos de los ciudadanos, también defendió a la democracia contra la insurgencia militar de derechas e izquierdas.

La democracia envejeció, dejó desgastar su fuerza popular. Y dio apertura a un nuevo dictador que, es necesario señalarlo, accedió al poder con los votos de quienes creyeron que restablecería la democracia, derechos y bienestar.

Tiranía con fecha de caducidad

Hizo todo lo contrario. Engañó, restableció el control policial y militar, se murió y dejó a cargo a quien, sin prestigio militar, trajo la experticia cubana para irse adueñando de la seguridad del poder hablando de democracia, mientras encarcelaba a quienes reclamaban la auténtica.

La dictadura de Pérez Jiménez reprimió y transformó mientras hacía de la soberanía nacional una bandera; la nueva dictadura ha sostenido mentiras y la represión más feroz sin piedad. Pero fracasa diariamente en el desarrollo y sacrifica la soberanía en beneficio de la corrupción e intereses extranjeros que, por tener a esta Venezuela empobrecida como base contra la democracia y el poder estadounidenses, apoyan a la dictadura que les ha abierto las puertas arrugando señorío.

Así como Simón Bolívar y quienes le acompañaron en su gesta grandiosa fueron siempre respetuosos del poder civil y de las leyes, la democracia actual está estrujada contra la pared, convertida en embuste activo y en complicidad cívico-militar.

Pero el pensamiento no puede ser encarcelado. Las convicciones pueden ser temporalmente frenadas, pero la libertad, el respeto a los derechos es una convicción históricamente enraizada en la conciencia de los pueblos. Y regresará, más temprano que tarde.

Porque cada día está presente, fuerte, convincente, por encima de bayonetas, corrupción, malos gobernantes y deficientes opositores.

La democracia y libertad son historia humana, la tiranía solo pequeños párrafos.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Democracia, un derecho que compromete, por Armando Martini Pietri
La democracia obliga a que de manera enérgica se ejercite la deliberación, el respeto a la dignidad humana, la transparencia 

 

@ArmandoMartini

La democracia no es nueva, tiene su origen con la humanidad. Dios no le puso condiciones a Adán y Eva, los instaló en el Edén para que disfrutasen de lo que había puesto allí. Y solo dio una orden: no comer del fruto prohibido. “Creced y multiplicaos” no fue un mandato tiránico, sino la apertura del camino a seguir.

Fue el ser humano quien menoscabó las reglas. Desobediencia a una restricción sencilla y homicidio. La reserva del árbol a la voluntad de Dios fue, en realidad, la primera muestra de propiedad privada. Había tres pertenencias en el jardín celestial. Todo, para Adán, Eva y sus descendientes; respeto a la vida, que violó Caín, y no comer del árbol que era solo de Dios, porque de hacerlo sería el comienzo de la elección del bien y el mal. El pecado original.

Nació la democracia. Dios no hizo a Adán dueño ni jefe de Eva, los concibió equivalentes, creó en ellos la primera sociedad porque dos iguales compartían lo mismo, se complementaban. Su derecho era vivir y multiplicarse, su deber no matar ni comer del árbol prohibido.

A lo largo de la narración de los sucesos de la humanidad, los seres humanos han luchado por sus derechos, y solo han sido sometidos por la fuerza -o mentiras- de otros. La historia está llena de ejemplos de imposiciones de unos pocos fuertes a muchos más frágiles. Por eso las monarquías y mandatos absolutos, a lo largo del tiempo, fueron invento de recios para poner a su servicio a los débiles.

El primer requisito del endeble para servir y no ser servido, es la ignorancia, desconocimiento de sus derechos, ablandamiento del grupo social ante la imposición del tirano. Hubo democracia en Grecia, específicamente en Atenas, cuando otros pueblos eran sometidos por sus gobernantes. Por eso Roma comenzó como una monarquía hasta que se convirtió en república. Y solo derivó nuevamente hacia la tiranía de uno cuando se enredaron entre la astucia de Octavio, quien nunca se llamó a sí mismo emperador y hasta su muerte se mantuvo al menos teóricamente sometido al Senado que representaba al pueblo, y su heredero -por descarte tras la muerte de familiares y decisión del Senado- el feroz Tiberio, siempre teniendo el mando único, sometió sus decisiones.

Fue la corrupción la que llevó a los romanos a convertirse en súbditos de emperadores por herencia, decisión popular -que también las hubo- o cuestión de riqueza, se hicieron monarcas quienes garantizaron mejor el estatus de sus militares.

Cuando estalló la Revolución Francesa fue un alzamiento de frustración de necesitados famélicos que se cansaron de pagar con impuestos y hambre los caprichos de sus reyes. Fue un levantamiento por reacción contra el absolutismo que llevó a excesos antisociales y a un Napoleón, inicialmente nombrado cónsul por la Asamblea General para restablecer el orden y, armas en mano, terminó convirtiéndose en el emperador que llenó de cadáveres franceses los campos de Europa.

Ya existían ideas y pensamientos de democracia, ¿qué otra cosa sino democracia es aquel compromiso revolucionario de Liberté, égalité, fraternité (Libertad, igualdad y fraternidad)? No demasiados años después los europeos fueron siguiendo el ejemplo estadounidense que libró su guerra de independencia convirtiéndose en la primera república democrática del mundo.

Las decisiones de los estadounidenses para la defensa interna, ir a la guerra, crecer como nación, fueron discutidas, rechazadas, aprobadas -¡hasta las injusticias, como la segregación racial!- por el poder popular. Es decir, por el Congreso de Estados Unidos, que cometió errores y fue corrigiendo, que lleva a la ciudadanía, través de representantes y senadores, a compartir decisiones del país. De una nación basada en su propia democracia y una Constitución que nadie ha tocado en más de dos siglos. Se hacen ajustes, enmiendas, que se agregan a la carta magna. Pero no se la cambia de acuerdo a intereses y percepciones de cada nuevo presidente.

Los europeos, con excepciones, decidieron mantener sus monarquías convertidas en tradiciones unificadoras, protegieron y conservaron los honores a los reyes, pero los gobiernos terminaron en manos del poder popular, congresos y parlamentos.

Por todo, que tanto ha costado, la superación del pensamiento sobre costumbres deformadas que llevaron a jefaturas absolutas, la democracia se impone en el mundo. Y las excepciones son eso, distorsiones extendidas en el tiempo. Y los países que continúan siendo tiranías, desde gigantes hasta pequeños, están condenados a terminar con el poder en manos de sus ciudadanos, de la ciudadanía.

Los arbitrarios opresores quizás no se den cuenta. Creen que tienen el control, pero se equivocan. El pensamiento puede refrenarse un período, pero no para siempre. Los seres humanos, en sociedad, así lo sienten. Pueden equivocarse al seleccionar a sus líderes, ser engañados, pero más temprano que tarde lo advertirán. La libertad como derecho, y compromiso, termina imponiéndose.

La democracia ética obliga a que de manera enérgica y vigorosa se ejercite la deliberación, el respeto a la dignidad humana, transparencia e información confiable. Un sistema político que defiende la soberanía del pueblo, su derecho a elegir y controlar a sus gobernantes. Es un derecho con el cual se nace, y un deber de compromiso para hacernos más dignos de ser humanos.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La vida sigue, por Armando Martini Pietri
Las tiranías se desgastan por el esfuerzo constante de controlar y mantener el poder. Lo que sigue sin parar es la vida, ese es el problema de los dictadores

 

@ArmandoMartini

Tomando conceptos del poeta Jorge Manrique, un año que se va, ¡cuántos se han ido! La vida no depende de navidades ni años nuevos, estriba de sí misma. Nadie muere en la víspera, sino cuando se va a morir, ni un día antes ni uno después.

De nada valen los propósitos sin la voluntad de luchar por ellos y cumplirlos. No sirve recordar errores y triunfos pasados si no se está dispuesto a corregirlos y evitar repetirlos.

Muchos se han ido, no volverán, otros se nos vienen encima, dependen de nosotros para que sean mejores o peores. El destino no es cuestión de intenciones y sueños, sino de voluntad. Se es bueno porque se quiere serlo, se es malo porque se acepta serlo.

Desear feliz Navidad, más que buena educación y costumbre, es de solidaridad con rebote: deseamos a los demás lo que anhelamos para nosotros, y eso no depende del año que se va ni del que viene, sino de lo que estemos dispuestos a hacer por voluntad propia.

Decía alguien: el pueblo tiene el gobierno que se merece. Significa que se constituyen y permanecen porque los ciudadanos creyeron en los compatriotas que los plantaron en el poder.

Si disfrutamos democracia es porque estamos dispuestos a defenderla, si tenemos dictadura es porque la toleramos y soportamos.

No importa por quién votó cuando los partidos se agrietaron y la contienda quedó entre las promesas de un mediocre embustero y las expectativas de un presumido, soberbio pero instruido, competente profesional. A una mayoría de venezolanos, pobres y ricos, empleados y empresarios, les pareció que con un anodino podría hacer lo que el otro no les ofrecía.

Se equivocaron. Pudientes favorecidos, creídos dueños de verdades e intelectuales apasionados, interpretaron que un muchachón simpático e ignorante haría en el Gobierno lo que ellos le dijeran. Los menos favorecidos y excluidos pensaron que era un enviado de Dios para gobernar según a ellos les conviniera. Y juntos insistieron en creer que los militares, por serlo, hubiesen ganado o perdido batallas, tenían lo que había que tener para regir.

Pero aquel de Barinas nunca manifestó lo que realmente pensaba. Ofreció lo que cada oído quería escuchar y mantuvo oculto lo que verdaderamente eran sus intenciones. Incluso para sus compañeros de insurgencia inventándose la argucia del juramento alrededor de un árbol muerto, el Samán de Güere.

A empresarios les quitó -los robó, como le expresara en su presencia la valiente señora en la sede de la Asamblea Nacional ante la mirada incrédula de los parlamentarios- sus empresas con la excusa de darlas al pueblo soberano, para luego negárselas y manejarlas o dejarlas morir con sus indoctos leales y obedientes sumisos.

A los pobres les ofreció lo que casi todo político ofrece y pocas veces cumple, bienestar. Y la venganza de quitar la riqueza ajena para repartirla entre los indigentes. Lo que cumplió en parte, solo que los favorecidos menesterosos eran sus propios que ahora son millonarios como corresponde a la corrupción en un país abarrotado de riqueza y secuestrado por el comunismo socialista castrista.

Han pasado muchos años, y el comandante ahora es “eterno” sin voz ni voto pero sus pensamientos recónditos continúan. Mientras el hambre, frustración, falta de prosperidad y real justicia social han ido sacando, de las profundidades de todos, el pensamiento de que se equivocaron y es hora de cambiar.

Tarea cada vez más ardua y espinosa, porque mientras las masas se dedicaban a esperar nuevos desagravios, esta vez de dirigentes vacíos de conciencia, usurpadores e incoherentes pero rebosantes de palabras, el sistema que desarrolló el socialismo bolivariano del siglo XXI, sus cómplices y asociados se fortalecen.

Sin embargo, la vida no se suspende ni paraliza. Las tiranías se desgastan, y en consecuencia se debilitan por el esfuerzo constante de controlar y mantener el poder. Es más difícil, exige más brío fiscalizar que incentivar. Lo que sigue sin parar es la vida, y el control se aminora. Pasan los años, uno tras otro, y esa represión debe gastar más energía mientras la existencia continúa y el cansancio crece abonado por la reprimenda y el fracaso en otorgar algo tan simple en la vida moderna, a la vez complicada, como es la dicha, felicidad y bienandanza para los ciudadanos.

La vida sigue, ese es el problema de las tiranías.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Es dictadura, su afán es borrar el pensamiento libre, por Armando Martini Pietri
El significado de dictadura no es tan claro como parece. El concepto tiene zonas grises. Lo que está claro es que no admite el pensamiento libre

 

@ArmandoMartini

Hace un tiempo el informe Democracy Index (Índice de democracia), publicado por Economist Intelligence Unit (la Unidad de Inteligencia de The Economist) sorprendió al informar que más de 2000 millones de personas viven sometidas por un régimen autoritario. En más de 55 países, el ciudadano está imposibilitado de ejercer derechos, sujeto al poder de un partido, o a la voluntad única de una persona que dirige a capricho.

El significado de dictadura no es tan claro como parece. El concepto tiene matices y zonas grises. Lo que está claro es la negación de la democracia, el desgobierno y la anarquía. La supresión de derechos humanos y la subordinación ciudadana a la voluntad despótica e injusta. También la ausencia de separación de poderes y el control artero de los medios de comunicación.

Está la estructura militarista en el ejercicio del poder y el culto a la personalidad del líder. No hay dictadura sin dictador.

Por la historia dejaron impresa su huella autoritaria Julio César, Robespierre, Napoleón, Mussolini, Franco, Stalin, Hitler, Husein, Gadafi, entre muchos otros. Cada uno impuso su estilo de arbitrariedades, abusos, violaciones y atrocidades. En fin, de crímenes de lesa humanidad.

El ser humano es libre de pensar como quiera y parezca. Pero cuando ingresa a una sociedad que impone limitaciones a esa libertad, lo hace con pleno albedrío de renunciar voluntariamente a determinados derechos en función del objetivo superior de esa comunidad. Es el caso, por ejemplo, del que decide sacrificar su libertad de acción, como sucede con quienes integran instituciones que demandan obediencia jerárquica.

En las fuerzas militares la subordinación es clave para el cumplimiento de sus funciones en defensa de la colectividad. Mal funcionaría un ejército si cada oficial tuviera que convencer a subalternos sobre la observancia de cada orden. Por eso el nivel de responsabilidad al dar y cumplir órdenes, aumenta con cada rango. Un general no puede ordenar solo por serlo. Su experiencia, estudios, conocimientos le permiten tener una visión más amplia de aquellos a los que comanda, cada uno de los integrantes de la llamada “línea de mando”.

En la religión la obediencia no es parte de una estrategia de acción, sino un acto de humildad, de cesión personal del individuo que se dedica al servicio de Dios y, como muestra de su voluntad, acepta el mandato del superior.

Pero el pensamiento sigue siendo libre. El teniente puede estar en desacuerdo con la orden del mayor, así como el sacerdote con el mandato del obispo. No obstante, surge un problema cuando la discrepancia emerge de un mandato que va contra las convicciones del individuo.

Ser militar, sacerdote, policía, bombero no es acto de fuerza. Un padre no puede imponer el ingreso de su hijo en una orden religiosa o convento. El sacerdote que no ejerce a cabalidad su trabajo de guía moral, comete actos lascivos y pederastia, debe ser juzgado, sancionado y echado de la Iglesia. El militar desobediente debe ser retirado de la institución militar.

Más allá, ningún jefe puede ordenar eventos que vayan contra leyes y conciencias, ni tampoco tolerar violaciones a los derechos humanos por parte de sus superiores.

Cuando un subalterno acepta cumplir una orden inmoral e ilegal, no puede alegar obediencia a su favor. Se convierte en cómplice.

Quienes privan de libertad sin cumplimiento de los requisitos legales, torturan y asesinan, son culpables, encubridores de los que ordenaron delinquir, y, cometen delito que se agrava por proceder de un funcionario que jura cumplir y hacer cumplir la ley. Además, se instituye de inmediato una colaboración criminal.

En Venezuela de estos últimos años, son delitos que se cometen casi a diario; apuntan al cerebro reptil, despiadado, para convertir a jueces y fiscales en incondicionales que solo dicen sí al tirano. Y convierten las injusticias en sentencias o silencios criminales. Hoy más de 250 venezolanos son víctimas de quienes deben defender sus derechos.

Pensar libre y como quiera es libertad. La censura de medios, redes sociales, testimonios y pareceres, es delito anticonstitucional y antihumano. La dictadura, cualquiera sea su orientación, lo es porque no tolera la libertad de pensar. El absolutismo autoritario tiene lo que una democracia jamás se permitiría: presos y exiliados por sus ideas, torturados por pensar diferente, víctimas de la aplicación de la justicia a conveniencia.

Pero, hay factores que favorecen la dictadura. Obediencia y sumisión ciegas a una autoridad es posible únicamente cuando el ciudadano renuncia a la crítica, al libre pensamiento, a la independencia. Y, debilitado por el temor, inseguridad e impotencia, busca apoyo y salvación del mismo modo que un niño ingenuo confía en el padre y lo envuelve en un aura de mitología creyendo en sus promesas. La posición del dictador, en su borrachera de poder, sería inconcebible sin el apoyo de sus subordinados.

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¡Mi reino por un caballo!, por Armando Martini Pietri
Nuevos tiempos han visto a mujeres imponer sus derechos y hacerlo con empeño y lucimiento

 

@ArmandoMartini

Inmortalizado por William Shakespeare en su obra Ricardo III, rey de Inglaterra y señor de Irlanda, hasta su muerte en la batalla de Bosworth, en el último acto de la guerra de las Dos Rosas, conflicto que, durante tres decenios, enfrentó a los miembros y partidarios de la casa de Lancaster contra los de la de York.

Retrata la tragedia de su majestad, polémico soberano, enterrado 5 siglos después, cargado de odio, cruel verdugo, que no dudó en adueñarse del trono y hacer asesinar a sus dos sobrinos en la Torre de Londres. El que, muerto su caballo en plena batalla, desesperado y acorralado, grita ¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo! Grito similar al lanzado por dirigentes que se asumen nacionales en esta Venezuela desolada por la batalla entre la corrupción, ineficiencia, promesas vagas de bienestar, libertad y democracia.

Alarido de varios cuando esperábamos el rugido de una dirigencia unida hacia la conquista de una nación decorosa, digna, admirable, justa, próspera. Y solo escuchamos el llamado de auxilio para rogarle de rodillas al opresor la adjudicación de pequeños cargos, limosnas humillantes que permiten beneficio y privilegio de continuar señalando: no podemos resolver los graves problemas porque el responsable es otro que los traba e impide actuar. Legitimando lo ilegítimo, culpando a las sanciones y encubriendo la responsabilidad del único culpable; socialismo bolivariano del siglo XXI.

Sin embargo, no resultó el engaño y la respuesta a los perjuros fue clara, contundente, obvia. Por encima de palabras huecas, tan habituales y no cumplidas ya sin capacidad de ruido. Lo que ha resonado atronadoramente es la indiferencia ciudadana, el rechazo que deslegitimó a quienes pretendieron de nuevo burlarse. Para el régimen y partidos cooperantes de oposición oficialista lo de los porcentajes es importante; pero en realidad es el mensaje de apatía y desgano el que cuenta y evidenció la ciudadanía.

Generaciones actuales, que nacieron en plena decadencia por el desgaste y egoísmo de los grandes partidos que forjaron la democracia y después se esforzaron en perderla, han crecido, convertidos en hombres y mujeres que huyen despavoridos para ganarse la existencia y obtener mejor calidad vida para sus familias. El mejor ejemplo del espectacular, doloroso y vergonzoso fracaso tanto de una revolución que alardeó de cambios, ahogándose en corrupción, como de quienes proclamaron oponerse a contubernios jamás cumplidos convertidos en confabulación y errores.

Han fracasado, la Venezuela rodeada de tecnología, adelantos y poderíos enfrascados en sus propios enfrentamientos, es solo un desierto de prosperidad marchita, que jóvenes cruzan a su leal saber y entender convencidos de que solo cuentan con ellos mismos.

No sienten que valga la pena entregar caballos a los que alardean de triunfos futuros mientras chapotean en el charquero de sus fracasos. Esos venezolanos hartos, desilusionados por picardías, ni por equivocación echan un vistazo a dirigentes que se empequeñecen más cada vez que hablan. Solo se miran a sí mismos y al largo camino que les espera cruzando el desierto hacia la tierra prometida, tierra de gracia, que deberán sembrar y cuidar.

Los grandes del mundo lo saben, nos ven desde afuera. No se interesan en venir a un territorio desolado de esperanza y fe, que ni es de ellos ni les concierne, sólo esperan que logre crecer por sí mismo, y nos indican cuál es su Moisés, un muchacho que nada o poco logra convencer, irrelevante, carajeado por un G4 que lo traiciona reconociendo al régimen investigado por la Corte Penal Internacional por crímenes de Lesa humanidad, como legítimo, pero del cual nos dicen “¡es el enviado!” que ha demostrado, desconocer la magnitud de la misión que se le ha encomendado.

Nuevos tiempos han visto a mujeres imponer sus derechos y hacerlo con empeño, lucimiento, éxito. Llegó la hora en que sean los mismos ciudadanos los que, en acción profundamente democrática, decidan quiénes son los dirigentes en los cuales creer. Un reto formidable para la ciudadanía; una idea clara de quien se empeña en ser conciencia con todo lo que ello implica, que no cede a tentaciones, que tiene la honestidad y autoridad de dar la cara.

Ahora, como designio bíblico, aparece quien aplastará la cabeza de la serpiente infame y propone un desafío maravilloso a quienes van a cruzar el desierto; escojan sus guías, porque hace tiempo, los que teníamos, se quedaron sin caballos.

El desierto exige beduinos avezados, valientes, coherentes, de mirada larga para ser confiables y guiar adecuadamente. Los que cayeron de sus caballos deben ser abandonados, que busquen sus propios oasis, si los consiguen, recuerden que el desierto los secará hasta los huesos.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Otros venezolanos, por Armando Martini Pietri
Se impone redefinir la política, rehacer el país, poner fin a la camorra inútil y pendenciera

 

@ArmandoMartini

Concluye un período, tanto el chavismo como la oposición oficialista han trabajado con eficiencia para obtener los resultados que lograron. Cada quien será responsable de sus victorias y derrotas, incluyendo la de no participación, que evidencia la falta de interés en asuntos políticos. La mayoría decidió quedarse en casa, un mensaje escandaloso al estamento político. Se impone redefinir la política, rehacer el país, poner fin a la camorra inútil y pendenciera.

Quien pretende resucitar del engaño, cenizas y escombros, intuye que habrá una Venezuela diferente. La entiende como una oportunidad para escalar por encima del fracasado castro-chavismo y de una oposición mezclada entre repudiados cómplices, sobrevivientes colaboracionistas, infiltrados oportunistas y nuevas esperanzas.

Hasta el momento solo parece haber dos opciones: el régimen enmarañado en corrupción, incompetencia, sanciones, averiguación Corte Penal Internacional, pérdida de soberanía; y un interinato desmejorado, débil, irrelevante, tambaleante, solo respaldado por remotos poderes extranjeros.

El nuevo liderazgo cree es el momento para reanimarse, se presenta con picardía como mejor opción sin demostrar que lo es, sino señalando fallas ajenas. Aunque no lo parezca, Venezuela no está desprovista de líderes confiables, que no estén en lo tradicional no significa que no los tenga.

El nuevo liderazgo

María Corina Machado posee respetabilidad suficiente, prestigio de honestidad, frescura, autoridad por no doblegar principios y valores; confiabilidad por hablar con la verdad, sin ambigüedades ni miedo. Pero aún está sin lograr ponerse a la cabeza, ser una opción definitiva. Se mantiene en la nebulosa grata, pero sin efectividad en la vida real; es la opción de referencia y esperanza en acción. Y como siempre coherente, responsable, actuando como estadista, propone que sea la sociedad, el ciudadano, el elija a sus representantes. Propuesta seria, garante, comprometida y democrática, que incluye a todos. Los asustadizos interesados se opondrán, porque no conviene, temen y esconden.

Las regionales plagadas de prestigios y desprestigios conocidos, oscuros desconocidos, amanece nueva, en lo político, se ha estado alimentando con proteínas del fracaso politiquero que queda en ridículo, no se sabe si avergonzarse o preocuparse.

Hay otros, en una Venezuela que podría comenzar con conocidos y confiables dirigentes. Antonio Ledezma, que pudo ser excelente alcalde de Caracas, pateado por un régimen tiránico pero admirado y seguro de su fuerza. El experto petrolero Humberto Calderón Berti, a quien no se le ha podido demostrar perfidia y corrupción, aunque se intentó, y sigue siendo un caballero de la política nacional e internacional de un país hecho pedazos. Diego Arria, poco eficaz en el manejo de promesas e ilusiones, pero experto conocedor del desarrollo internacional de una Venezuela moderna. Enrique Aristeguieta, un político honorable, respetable, de invaluable conocimiento y experiencia.  

Y también, generaciones de relevo en los diversos partidos, tanto los aferrados al oficialismo como los que buscan salidas en la oposición desunida; proles actuales, mujeres y hombres actualizados, que nacieron cuando la democracia tradicional se tambaleaba, equivocándose creyendo que el militar golpista cambiaría y ellos serían los ejecutores, primeros beneficiarios de una revolución interpretada a conveniencia.

El relevo está listo para sustituir a los que han fracasado en el gobierno y oposición, cómplices, colaboradores o testigos incapaces de un país destruido. Hay reemplazo constituido por venezolanos arraigados, de nuevas perspectivas, formados en revolución pero no forjados por ella, y veteranos de vida ejemplar, experimentados en los duros y nada sencillos caminos del éxito. Con muchos, como decía aquel en momentos de inspiración, unos cuantos que en este momento están cruzando una calle.

La ciudadanía exige grandes tareas: la reconstrucción de la estructura política, el restablecimiento de una economía reactivando el aparato productivo y elevar la calidad de vida. Venezuela está extenuada. Ya no tolera la trifulca de los que fallaron. Debe iniciarse una agenda basada en la verdad política, rendición de cuentas y una economía viable y sustentable (que) debe ser la ‘nueva pasión’. Y para ello es fundamental la reconciliación legítima, auténtica.

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