Armando Martini Pietri, autor en Runrun

Armando Martini Pietri

Alacranes y bigamia política, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Una pareja es una pareja. En política, no siempre es lo mismo. La fábula del alacrán que pica a quien generoso lo cruza por el río que el pequeño letal animal no puede cruzar porque incapaz de nadar o flotar se ahogaría, aun así, es su naturaleza.

Son parte del complejo y demasiadas veces poco confiable sistema o, mejor dicho, del guirigay político venezolano. Surgen de la vida privada en la cual, por años, han estado casados con una religión, comprometidos en una labor profesional, con el noble, aunque esforzado magisterio; y de repente aparecen como garrapatas casándose con un partido político cercano al gobierno, con algún nivel de poder, para lamer posibilidades, chupar privilegios, mamar disfrute y tragar acumulación de dinero robado. Son parásitos vividores y oportunistas.

Como algunos políticos, politiqueros, que no cambian de camisa por calor o frío, ni saltan talanqueras por atletas. Ellos son así. Es su perversa naturaleza. Más que codicia, o apetencia de oportunidades y poder, lo hacen porque llevan la ambición como vicio, depravación similar al heroinómano, que conoce lo nocivo, pero igual se inyecta.

Para esos politiqueros con sangre y espíritu de tránsfugas no hay pasado que mostrar ni futuro que prever. Siempre están en movimiento como tiburones en el mar y víboras en las charcas. Buscan ulterior lo que ellos mismos estropean, destino que modifican por unas cuantas monedas. Judas es pendejo al lado de estos sinvergüenzas.

Los que, sobreexcitados y ambiciosos, se inscriben en una agrupación política y más temprano que tarde se divorcian para casarse con otro; y más de uno lleva una retahíla de casorios y separaciones, lo que habla mal sobre su capacidad de compromiso. Adúlteros depravados, viciosos patológicos.

Pero no son solo desleales a los partidos a los cuales van de salto en salto; más infieles aun lo son a los electores ingenuos, que se dejan engañar por promesas siempre falsas, y sobre cuyas espaldas fueron a degustar bazofia, desperdigar malos olores en concejos municipales, cuerpos legislativos estadales, nacionales y apestarlos, donde se instalan lo transforman en depósito de desechos. Roedores de albañal.

A unos los llaman alacranes, a otros no; pero todos lo son, polígamos de la política, adúlteros de la fidelidad, basureros de ambiciones bajas e intereses ocultos.

Mujeres y hombres incompletos, de miradas huidizas y manos sucias, inmundas, siempre escondidas, agazapadas; pozos sépticos que acumulan excremento por falta de tesón, de la indignidad como uniforme, de la sonrisa dibujada como las rojas falsas que usan payasos de baja estofa y falta de originalidad para esconder tedios y malestares de sus almas.

Más recientes, los que insisten se oponen al régimen castro-madurista, pero al mismo le prestan servicios que cobran, y el régimen alimenta con minucias, limosnas, que no demasiado cuestan. Son bígamos baratos, de prostíbulo, útiles están ahí, comiendo de la mano poderosa como la mula del bozal que le pone el amo. Y después levantan la cabeza para relinchar críticas que nadie cree.

Sufren de bigamia política, moneda de falsedad para un lado y cobro de contrato por el otro, capaces de corromper, dividir decisiones tomadas, otorgar esto y aquello, en espera de instrucciones para acciones que, esperan, serán definitivas.

No hay mal que por bien no venga, asegura esperanzador el viejo refrán; todo mal viene con más mal porque el mal es alimento, interpretan estos peligrosos guasones de la política arrastrando sus bolsas de basura; lo único que tienen, san nicolases de la podredumbre.

Pero existen, se renuevan. Mutan como el virus. Se confunden en el ambiente y mimetizan en el entorno; no hay manera de quitárselos de encima y, lo que es de prever, de temer es cuándo picarán en medio de cuál riachuelo enfurecido al oficialista u opositor que esté ayudándolos a cruzar el caudal envenenado de sus vergonzosas vidas.

Revisemos la historia y comprobaremos cuántos traidores a la venezolanidad han empedrado el camino de la dignidad, decencia y decoro. Por ahí se van quedando. Son desechables, preservativos de una puesta, porque quienes pagan por la traición saben bien que el que traiciona una vez traiciona dos, y tres también. Y cuatro.

No tardarán estultos en su vergonzosa complicidad de cooperantes internos e internacionales, en aprovechar hipócritas el informe de la ONU sobre la violación de DDHH en Venezuela, y así, justificar su ignominiosa participación en la estafa parlamentaria, con la excusa de combatir la afrenta de los crímenes de lesa humanidad.

Confesiones de intimidad, secretos de amistad y juramento de no divulgarlos, son imprescriptibles. Su traición es una vileza.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Realismo mágico… ¿o no tanto?, por Armando Martini Pietri

Aquí no parece haber realismo mágico, sino “magia negra”. Caraqueños buscando agua en un manantial tributario del contaminado río Guaire, Caracas. Foto Carlos García Rawlins / Reuters.

@ArmandoMartini

El régimen castrista busca con desesperación legitimidad. Calcula que una estafa parlamentaria le traerá al regazo dos pájaros al mismo tiempo. Por una parte, la legalidad y licitud que ha perdido con torpeza; por la otra, una fuerza legislativa capaz de restituirle poder en la Asamblea Nacional.

La unidad hipócrita intentada como chantaje no ha funcionado. Los agrios enfrentamientos son insignificancia, comparados con la perturbadora contumacia de no reconocer el continuo fracaso con voluntad de arrepentimiento, constricción y necesidad de cambio. Se ha impuesto el statu quo, a los titiriteros solo les inquieta el acomodo interesado, conveniente, manipulando para decir lo mismo.

Promover una consulta en una sociedad secuestrada, cuando deshonraron inmisericordes el mandato ciudadano del 16J, es obsceno; un montaje de un supuesto éxito incomprendido, confiados en el apoyo internacional, ignorando su paciencia y límite.

En la danza de incompetencia generalizada, el coronavirus se ha ido de las manos por un sistema de salud que no funciona. Y estanca aun más al país con servicios públicos cada día peores, creciente incredulidad de una ciudadanía atosigada, crisis laboral, desplome apabullante en la capacidad de compra, falta de gasolina, inseguridad, fastidio uniformado que vigila sin vigilar y entorpece sin salvaguardar.

Dentro de todo ese enrevesado realismo de magia negra que es la Venezuela actual se aparece de nuevo, resucita, Henrique Capriles. No estaba jubilado ni de parranda, sino agazapado tras haber sido un dirigente de la oposición.

Reaparece y encuentran libertad decenas de presos políticos. Al día siguiente se coloca la túnica deshilachada de negociador con el régimen usurpador y motor de liberaciones. Aprovechando errores de ambas partes, como reza el refranero popular “agarrar, aunque sea fallo”; “a falta de pan, buenas son tortas”, el régimen busca animar las elecciones que necesita para las cuales no bastan opositores con nombre, pero sin prestigio. Capriles, al menos, tiene tiempo y capacidad de ser el “peor es nada”. Los países que rechazan a Maduro, pero mantienen sus relaciones diplomáticas, parecen aceptar elecciones parlamentarias siempre y cuando tengan creíble ejecución.

Los subestimados impostores no pierden tiempo e invitan a la Unión Europea y Naciones Unidas para que envíen supervisores y veedores. Y sean testigos de la pureza electoral. No es casualidad que el número de asambleístas haya sido aumentado en cien curules, lo cual permite una confiable mayoría castro-madurista junto con un denso grupo de complacientes supuestos opositores, que se harán notar con gritos y bullicios.

Washington no está convencido, pero los antiestadounidenses y cómodos europeos socialistas se sienten atraídos y con ambigüedades asienten. Embajadores como el del dictador turco Erdoğan muestran satisfacción y el defraudador a la familia, amigos, elogiado por medios cubanos, resurge de las cenizas como nuevo dialogante opositor aceptado por europeos, Noruega, la cúpula madurista y La Habana.

La mutación de MUD/Frente Amplio a Pacto Unitario, es patética, cantinflérica. Pero hace su trabajo. Son parte directa o indirecta del régimen, falsos opositores y cómplices por omisión. No existe cambio sustancial ni rectificación; solo reiteración de las mismas pendejadas. El encargado propuso una ruta y su única tarea era conducirnos al cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, en ese orden. Sin embargo, prefirió la deslealtad e infidelidad, dialogando a escondidas y cometiendo la estulticia imperdonable del 30 de abril. Pero muchos se preguntan, ¿será un falso positivo como cuando aquel le sacó la gallina al difunto y luego se abrazaban?

Habrá elecciones parlamentarias. Qué pase después es una de tantas incógnitas del realismo mágico con o sin coronavirus y el incondicional respaldo habanero. Los tenaces, recios e indoblegables, que no negocian ni dan sus brazos a torcer, no participarán en la estrategia a la medida de los mediocres. Y en contraste con esa visión de la política, errónea y cómplice no se amedrentaran con las críticas, porque se preocupan por acciones y resultados. Los reproches colisionan. Se estrellan con la forma de comunicarse de politiqueros solo preocupados por la convivencia, privilegios y lucros.

No son tiempos para simpatías, cordialidades o agrados, debilidades que desembocaban en cesión y renuncia de principios. Es la verdad que debe imponerse, actos auténticos, palabras sinceras que apunten en una clara estrategia y determinado objetivo para la liberación. Quienes los compartan deben estar convencidos de que el discurso es auténtico, franco y digno de confianza ciudadana.

Como dijo una vez aquél, amanecerá y veremos. Aunque en realismo mágico los amaneceres como atardeceres pueden ser distintivos y muy peculiares.

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La democracia es lo más difícil, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Los tiranos son básicamente demagogos y charlatanes. Embaucadores que se han ganado el favor del pueblo a partir de la calumnia. Cualquiera puede ser déspota y opresor con algo de elocuencia y la complicidad de las bayonetas.

Muchos han sido reflejados en la historia de la humanidad con sus múltiples matices, orígenes sociales y perversiones. Arbitrarios e injustos desde los emperadores romanos -Tiberio se engrandeció en la guerra y envileció en el poder-, hasta los tiempos de la decadencia absoluta, cuando el mando imperial se entregaba a quien pagaba más a los soldados.

Autocracia, forma de gobierno en la que el gobernante tiene un poder total o absoluto, no limitado por leyes; especialmente cuando se obtiene por medios ilícitos. Los reyes españoles y franceses lo fueron hasta avanzado el siglo XIX, porque a Luis XVI, a quien le cortaron la cabeza en París, fue sustituido por la tiranía de los revolucionarios.

Hasta que el fastidio francés y las sangrientas glorias militares establecieron el peor régimen político: la degradación de la monarquía que resulta de una mezcla de vicios oligarcas y argucias. Como fueron tiranos despiadados los zares rusos hasta que los comunistas cambiaron la realeza represora y esclavizante por el capricho absolutista, grosero e incivil de Josef Stalin y su controlado Partido Comunista de la Unión Soviética.

En África y Medio Oriente, en pleno siglo XXI, hay países donde la religión es ley. Y existen monarquías tan absolutas como en la Edad Media, reconociendo que asesinos brutales como el ugandés Idi Amín Dadá cada vez viven menos.

En América Latina los tiranos han sido parte integral de nuestra historia. Continente de militares argentinos derrotados por la economía, torpeza en el mando y una mujer soberbiamente demócrata en Inglaterra, o los feroces bombardeos del Palacio de la Moneda en Santiago, casi todo el continente de la esperanza ha sufrido largos años de persecuciones, cárceles, torturas, asesinatos y violaciones de todo tipo de derechos humanos. Hasta Simón Bolívar tuvo su momento, con la salvedad de que lo fue en duros períodos de guerra y siempre bajo mandato del Congreso.

La tiranía puede ser sinónimo de dictadura, autocracia, despotismo, autoritarismo o totalitarismo. Los tiranos pueden acceder al poder bien por vías legales, mediante la victoria en unas elecciones democráticas, o por la fuerza a través de golpes de Estado. Suelen ser populistas y astutos; mandan a voluntad, sin respeto por las leyes, incurriendo en violación de las libertades individuales. De allí que sea común que el concepto de tiranía se atribuya a gobiernos que se caracterizan por ser fuertemente demagógicos y arbitrarios.

La tiranía no es más que la renuncia ciudadana al compromiso de defender sus derechos y cumplir cabalmente sus deberes. Los pueblos aceptan a los tiranos confiando, liviana e irresponsable, en que se resolverán sus problemas… desde el orden ciudadano y de las calles y hasta las infidelidades conyugales.

La democracia es compleja, complicada, difícil porque depende del compromiso ciudadano.

Elegir es el primer paso, después viene la perseverancia, el diario cumplir tanto como el permanente vigilar, controlar no solo que se cumpla o se rindan cuentas, sino que cada ciudadano cumpla sus obligaciones y el gobierno con todos. La democracia no es votar y que el elegido de la forma que sea hable y arregle -si es eficiente y honesto-, o prometa falsamente semana tras semana si es incompetente y deshonesto.

La democracia es un ideal reconocido mundialmente, uno de los valores básicos y principios de las Naciones Unidas. Suministra un medio para la protección y ejercicio efectivo de los derechos humanos. Valores que se han incorporado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y han sido afinados en el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos que consagra una multitud de derechos políticos y libertades civiles en los que se basan las democracias significativas.

Un sistema que empieza por la convicción de que mi derecho termina donde comienza el del otro, así como en la conducta de cumplir deberes, para que el gobierno haga su trabajo de ofrecer al ciudadano oportunidades, futuro, bienestar, servicios públicos, seguridad, etc. Los impuestos e ingresos del Estado no son para recompensar a los funcionarios gubernamentales, sino para darles el financiamiento necesario con el que que cumplan sus obligaciones.

La democracia no es fácil porque es la suma de deberes y derechos de acuerdo al pacto nacional que es la Constitución. La misma que pocos escriben y menos leen con atención. Y que demasiados ignoran; excepto cuando, por cualquier causa, real o alegada, se sienten perjudicados.

Que haya políticos y partidos es muestra, pero no certeza ni convicción activa de democracia. Porque la democracia, dígase lo que se diga, no se delega.

 

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El rey desnudo y la estupidez del káiser, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Recordando la fábula del rey pedante, imbécil que se dejó convencer por dos charlatanes que se decían sastres y tejedores. Afirmaban ser capaces de elaborar magníficos bordados, con hilos de oro y prendas pomposas para una vestimenta espectacular que ojos humanos pudieran haber visto. Resaltando que solo los nobles del reino podrían ver tales vestiduras. El presumido y vanidoso monarca otorgó a los gárrulos su confianza.

Los pícaros simulan laborar afanados en su quehacer. El día de la festividad, su excelsitud se vistió y, montado en su caballo, salió en procesión por las calles de la villa. Era vitoreado, enaltecido. Los súbditos conocedores de la extraña cualidad de la vestimenta callaban y veían pasar a su honorable excelencia, convencido de que miraban una indumentaria esplendorosa, digna de su majestad. Y no la vergonzosa desnudez del jactancioso.

Un niño exclamó “el rey va desnudo”. Removió conciencias de aquellos que presenciaban el desfile. Primero con murmullos, luego en voz alta comenzaron a chismorrear “el rey va desnudo”; los cortesanos se dieron cuenta de la añagaza. Buscaron a los pillos en el castillo, pero desaparecieron con el dinero, joyas, oro y plata. El engaño había surtido efecto y el rey iba desnudo, advertido por la inocencia de los niños que, como se suele decir, siempre dicen la verdad.

No porque una mentira sea aceptada por muchos, tiene que ser cierta.

El estallido de la Primera Guerra Mundial desató fuerzas que marcarían de manera cruenta el siglo XX. No existía razón para que imperios como el otomano, ruso, alemán o austro-húngaro se enzarzaran en una matanza terrible de años.

El engreimiento del káiser y los enrevesados sistemas de alianzas en Europa se desequilibraron. Alemania no fue la culpable del estallido, pero la estupidez de su emperador contribuyó en mucho para preparar el escenario. Desde el siglo XIX, la diplomacia alemana siguió la regla de oro de mantener amistad con Rusia y evitar una guerra en dos frentes. Sin embargo, el acomplejado káiser, por tener un brazo más corto que otro, se dejó llenar la cabeza de grandezas por encima de su propia mediocridad. Y terminó arruinando a una Alemania regida por el necio que era, apartada por su estulticia de las alianzas pacientemente negociadas. Y como siempre ha sucedido en términos históricos, lo pagó muy caro: con una aplastante derrota en una guerra que atrincheró desvergüenza e incompetencia.

El problema de algunos, independiente del sector socio-económico y variadas formaciones políticas, es que llegan al poder y se deslumbran fascinados por la adulancia. Que los llamen, “mi comandante en jefe”, “jefe supremo”, “líder”, cualquier pendejera y alabanza interesada; aman creer que son obedecidos a voz de mando cuando en la práctica sus órdenes son inducidas por quienes las aplicarán a conveniencia, rodeados de serviles alabadores que practican el culto del cuento infantil Blanca Nieves del “espejo, espejito ¿quién es el más bonito?

El ego es confundir lo que realmente se es con lo que se quisiera ser; convencerse a sí mismo de que se ha llegado a ser sin trabajar para serlo. El exceso de valoración es lo que hace al tramposo y ladrón creer que se parece por su dinero al que se lo ha ganado con talento, trabajo duro, empeño, constancia, venciendo retos y obstáculos. Que ambos puedan comprar el mismo auto, o ser vecinos, no significa que sean iguales; uno viste lo que adquirió con esfuerzo y sudor, el otro con lo robado; y el de los ladrones, sea comprado en Caracas, Roma o París, es un traje que solo ve quien lo lleva puesto, los demás ven la piel rugosa y los interiores sucios.

La desvergüenza del incumplimiento, insolencia de no honrar la palabra empeñada, desfachatez del engaño, la soberbia constante sin reconocer errores, el insistente empeño enfermizo de los mismos coristas que rechazados direccionan culpas a terceros, la exigencia de la asociación incondicional, y el desechar ideas diferentes, sugiere que el objetivo oculto es distraer para prolongar el tiempo.

Pero, no toda la culpa es del ego. En el ser humano con talento, aptitud, principios y valores, competitividad, voluntad incansable del trabajo honesto, es un motor de poderoso, de potente caballaje. En cambio, en el charlatán, patrañero, embustero, creído, cleptómano es solo un espejo distorsionador, la fotografía de un disfraz que alguna vez tendrá que quitarse. O que le arrancarán.

Lecciones que deben recordarse a cien y más años de distancia.

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Frustraciones, acomodos y reacomodos, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Pronto a cumplirse dos años de la ascensión a la gloria del interino presidente, los venezolanos seguimos en el purgatorio. O en el infierno, si ha sido un soñador convertido en exiliado o preso político. Los nombrados “más de 60 países”, con pocas excepciones, siguen teniendo y atendiendo a los embajadores del heredero usurpador que, devoto, obedece creyente a La Habana, practicante de su perversa experiencia que paga en petróleo y sacrificio.

Disciplinado ante Cuba, aunque en el desarrollo del país y bienestar ciudadano no puedan enseñarle nada. Son adecuada frustración. El oficialismo castrista reproduce al pie de la letra el aferramiento al poder, lo plagia en miseria y copia el entrenamiento a represores y torturadores. Todo lo demás es puro hablar. No estamos en guerra, pero sí sufriendo las consecuencias de ella.

Quienes valoran de antipolíticos a los ciudadanos que muestran molestia, actitud de condena y rechazo, no son reflexivos. Utilizan argumentos interesados, empleados a conveniencia. Preocupa que versados en política califiquen como antipolítico el irrenunciable consagrado derecho ciudadano a discrepar e intervenir en asuntos públicos de interés colectivo e individual con opiniones contrarias.

A 18 meses de las expectativas por libertad, democracia y recuperación tantas veces ofrecidas, solo han quedado el silencio y falta de acción. Juan Guaidó pareció ser un líder, pero lamentablemente demostró lo contrario. El régimen ha logrado negociaciones, tiempo, oxígeno y ahora reconducir la atención a una estafa electoral parlamentaria, que no certificará su apetencia por legitimidad. 

El entorno del presidente encargado, diputados sin respaldo popular, estrategas que lo asesoran como enemigos oportunistas, hablan y hablan, pero perciben que ya el interinato no da más. Y ellos tampoco. Fue una casualidad frívola que ha quedado en otra frustración. Lo designaron para liderar el cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. No quiso, no pudo, es que no lo dejan, está secuestrado, justifican algunos; o sea, trabado por ineptos e incompetentes, en un excesivo esperar. En política el sentido de la oportunidad es clave para triunfar, algunos lo utilizaron en actividades económicas.

Demasiado hacen los que fijan posiciones sin disponer de micrófonos y espacios de una Asamblea Nacional a la cual ya pocos hacen caso. Ignoraron y malversaron aquella maravillosa oportunidad del 2015 y el indiscutible mandato del 2017. Prefirieron doblarse para no quebrarse.

Es necesario calibrar correctamente al adversario para conseguir la libertad ciudadana. Comprender la personalidad de quienes secuestraron a Venezuela es vital.

Ninguna institución esta excepta de ser infiltrada por trastornados antisociales de conductas amorales, sin principios ni valores. Embusteros compulsivos, que manipulan, desvirtúan la verdad, que se les hace cómodo mimetizarse en los círculos de poder político-social. Arrogantes, cuyas apetencias de poder se convierten en perversión.

Son valiosas e innumerables las individualidades en la sociedad civil, militar y sectores socioeconómicos que empiezan a vislumbrar posibilidades. El chavismo incluso puede darse el lujo de acudir con su partido férreamente controlado aunque no tenga mayoría. Y, como estrategia legitimadora, integrar un poder legislativo entre lo que sería la mayor minoría sumando propuestas, rechazos y aprobaciones de minifracciones prooficialistas, opositores comprados y los que solo piensan en ellos. Entonces continuar en 2021 con posibilidades de fraudes para las regionales.

Es decir, toda una componenda, acomodo sinvergüenza para quienes el futuro de la nación y de las nuevas generaciones no interesa. Lo que importa es su patético presente.

De eso es lo que vale la pena conversar, analizar el futuro. Y si alguien sigue pensando en interinatos, deberá poner de acuerdo a muchas más variedades que solo cuatro partidos irresponsables, desgastados en el fracaso permanente; en la generación de más expectativas que realidades.

En ese nuevo escenario, la base chavista que confió, hoy arrepentida, y la verdadera oposición observan alternativas sin negociados ocultos ni entrega de principios. Todos tienen mucho que decir, exigir, proponer e intercambiar. Recuperar, mantener la libertad y democracia implica grandes sacrificios ciudadanos. Confrontar al régimen y a la falsa oposición que cohabita para después reconstruir al país.

La Venezuela opositora interina deberá devolver, tras muy poco hacer, el 5 de enero 2021-a pesar de la pretensión insostenible de prorrogarse al infinito. Solo tendrá como novedad el coronavirus que el castro-madurismo tampoco ha podido controlar más allá de las palabras. Después, un arreglo o reacomodo decente luce posible, en especial, cuando la ciudadanía mezcla desesperanza con desestimulo y falta de perspectivas.

 

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El coronavirus de telonero, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Telonero es un artista o banda que actúa antes de la atracción principal de un concierto o actuación, ​​con el propósito de preparar a la audiencia para ser más receptiva al artista importante. También se refiere a la persona que sube y baja el telón en un escenario.

En los teatros tradicionales hay un encargado de subir, bajar o correr el telón, sean los pesados y enormes cortinajes de anticuados escenarios, o los más pequeños de los recientes y modernos. A veces no hay cortinas sino luces, que el responsable apaga justo cuando la obra llega a su final. El comisionado está pendiente especialmente desde que se llega a la mitad del acto final o determinada frase de uno de los personajes, tomada como signo de que falta poco y hay que estar preparado para hacer descender rápidamente el telón o se apaguen las luminarias de la escena.

Después el mismo director de escena levanta o abre nuevamente el cortinón. Y enciende las luces para que actores y coristas reciban aplausos -y de vez en cuando algún abucheo.

Pero la reapertura no es indicativa de que la obra continúa, sino que llegó a su final. Y los histriones deberán borrarse maquillajes que los han ayudado a caracterizarse y el público abandonará la fantasía para regresar a sus respectivas realidades, a ese todos los días que podrá ser cómodo o incómodo, pero que siempre anochece con temores y amanece con esperanzas.

Como le está pasando al país con el coronavirus. Anunciado, desperdigado mundialmente desde el primer trimestre de este año, reconocido por el oficialismo tiempo después. Toman medidas diferentes cada día, que conducen a lo mismo; nadie les cree las cifras de contagios o de muertes, tampoco la seriedad y efectividad de las precauciones.

La covid-19 es para la Venezuela hambrienta, violada en sus derechos humanos básicos, castrista y socialista el acto final, después de que los chinos dejaron escapar el virus. Una pandemia que el usurpador intentó vana e infructuosamente hacer ver como perversión estadounidense y estímulo para que los países integrantes de ese inútil y caribeño invento chavista, se unieran para crear su propia vacuna revolucionaria y popular. Ni siquiera lo han intentado, bastante tienen con perder la ineficiente batalla contra la miseria, sostener el sueño que se les deshace entre las manos, manteniéndose entre los pueblos más empobrecidos y desolados del mundo. Lo que absurdamente los enorgullece.

Salimos a la calle con tapaboca ajustado a pesar de su incomodidad, para encontrarnos día tras día con el mismo escenario de teatro abandonado, con telaraña y en ruinas.

Vehículos viejos -excepto los de militares, enchufados cómplices y funcionarios oficiales, rostros ceñudos, malhumorados, a los cuales tampoco puede vérseles la sonrisa por las mascarillas. Pero basta observar las miradas secas, hartas, desesperanzadas. Hasta policías y guardias que más vigilar entorpecen, muestran expresiones de fastidio, de hasta cuándo, de aquella frase, “ya está bueno ya”.

El coronavirus crece como la certeza de que la función llegó a su final. Aunque se escuchen aplausos de compromiso, la tragedia está bajando el telón. El ciudadano que cede a la coacción, que no critica por temor de ser acusado de antipolítico, o porque “tenemos que estar unidos” (chantaje característico), les presta un servicio invaluable a los mercenarios políticos: les permite continuar en paz con sus corruptelas, componendas y latrocinios.

Como se observa, la falacia teatral y manipulación de luces es de gran utilidad, tanto para ciertos políticos como sus lacayos intelectuales.

Lo malo es que en la sátira de al lado, la llamada “oposición”, algunos actores siguen confundiendo sus papeles. Son contradictorios, sin firmeza en el mensaje, no tienen estrategia ni dirección creíble y confiable. Los cambios se consiguen diciendo la verdad, demostrando valor, coraje, practicando la constancia y perseverancia.

La pregunta al final de la función socarrona, irónicamente hipócrita que debe hacerse el público asistente y en general cualquier ciudadano, es si van a permitir ser manipulados en un teatro vetusto y anacrónico, o van asumir su individualidad, unicidad y capacidad de raciocinio para defender sus derechos, protegerse de esos enemigos que quieren mantener el monopolio del poder en nombre de la sagrada política, como si se tratara de una caprichosa deidad que revela sus secretos solo a los iniciados.

 

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“Castrismus incultus y stupidus”, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Cuando se sufre un fastidioso dolor de muela, incapaz de aliviar, la noche puede ser eterna, el terror de nunca acabar. Tal y como sucede con la prolongada miseria que nos ha traído, como estrategia destructora, el castrismo-chavista-comunista. Han levantado su torre no de Babel, sino de bobos con los individuos más incompetentes e inútiles.

El comunismo es el máximo grado de evolución del socialismo. Venezuela está destruida, se aprecia un paisaje oscuro, en ruina y desolación. Años de errores como política del “castrismus incultus”, o, dependiendo del cristal, “castrismus stupidus” -disculpen el latín-.

Es la epidemia que en el año 20 del siglo XXI se nos encaramó con un rosario de mentiras y alarde de un sistema desvencijado.

El régimen, sus compañeros de ideologías y cómplices, no gozan de credibilidad, nadie les cree -excepto los fanáticos asalariados, uniformados obedientes que dan soporte a la furia perversa socialista del siglo XXI. Los problemas empezaron cuando no hubo quien creyera, por observarlas remotas, que tradición de siglos de hambre y represión consumen casi todo. Se atragantan de dictadura y fatalmente de comunismo. Basta pasearse por la literatura espesa, sórdida, de sinvergüenzas como Mao, Fidel, Marx, Stalin, Che Guevara, Hitler, Mussolini, Idi Amin, Jean Bedel Bokassa, Obiang Nguema, entre otros sanguinarios verdugos.  

Se visualizó como lejanía, no se actuó con la aconsejable sobriedad y espíritu de veamos qué pasa en realidad. Es hora de perder el miedo, enfrenar al castrismo, rechazar la izquierda, tener coraje, identificar dudas, alejarnos de la resistencia de los escépticos. La transparencia es vital, la rendición de cuentas clave, el apego a principios y valores serán la sostenibilidad y harán viable un cambio.

Comenzó la habladera de ataques biológicos imperialistas, atrapados en alguna cocina pueblerina. Advirtieron los integrantes de la Alianza Bolivariana para nuestros pobres pueblos que se pondrían a trabajar, uniendo esfuerzos científicos y económicos para elaborar una vacuna que no termina de aparecer. Otro alarde etéreo, peor que una ilusión politiquera, una necedad socialista que generó burlas e ironías. Al final no se prepararon para lo que la realidad mundial anunciaba. Progresaba una epidemia, se expandía apresurada, llegaría a la patria bolivariana militarizada y castro-comunizada.

Venezuela lleva 21 años de dolorosa y atormentante noche que los cubanos han padecido por 6 décadas; que los rusos sufrieron bañados en sangre de ciudadanos presos, torturados, asesinados o sepultados en los extensos y gélidos gulags de Siberia. La misma angustia, terror y sufrimiento de la clase media y campesina china mientras vivió Mao que laceró a quien no le obedeciera, mientras satisfacía su depravación sexual con niñas escogidas. Ansiedad que llevó a los rumanos a derribar a pecho descubierto la tiranía brutal de Nicolae Ceaușescu y su mujer, o a los polacos seguir la rebelión democrática de los obreros del sindicato Solidaridad.

Ejecutores de ineptitudes, insisten en el anticuado error leninista; destruir para comenzarlo de nuevo. Semejante estupidez costó décadas de hambruna, consternación e infortunio. Igual pasará con los cubanos presididos por un viejo rezongón y un mediocre fiel. Se creyeron inmunes, y sus playas, hoteles, prostitutas del hambre seguían abiertos para el que tuviera el dislate de visitarlos.

Se percibe cómo las estructuras del colectivismo han venido derrumbándose.

Donde han existido manejos marxistas la caída se ha producido, muchas veces tras un derramamiento de sangre. Hay que comprometerse en la lucha para vencer a los roedores portadores de la peste.

Se anuncian contagiados, se regocijan, además de charlatanes, son revolucionarios, socialistas, “leales siempre, traidores nunca”, humanos como cualquiera, dispuestos a mantenerse rodilla en tierra, enfrentando “el acoso del imperialismo y la guerra económica en defensa del pueblo”. Es frecuente escucharles juicios idealistas pensando que ellos son la solución. Pero los jefes con barrigas y bolsillos llenos se enferman. El virus no entiende de niveles ni responsabilidades, igual afecta al pueblo con sus estómagos y faltriqueras vacías. La covid-19 es igualadora social.

Revolución en marcha, en arenas movedizas del castrismo, culpando a los demás de sus mamarrachadas con su narrativa vetusta y populista.

La verdadera contrariedad de esta ignominia desfachatada es que los síntomas presentados no son de la temible covid-19, ni del aterrador ébola sino del exterminador socialismo, que va destruyendo con voracidad porciones del contagiado hasta que termina destripándolo entre dolencias y demencia.

 

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En todas partes se cuecen habas, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini  

Si es de los que sigue creyendo que Venezuela es un paisito botado y olvidado en el Caribe, se equivoca. La verdad es un enorme problema, detalle llamativo, asunto perenne a tratar si no de solución inmediata, de constante análisis y discusión.

Estados Unidos

Washington, entre elecciones presidenciales donde Donald Trump se juega el tipo y la gloria, discusiones económicas con los chinos, presiones al mandatario mexicano López Obrador para que cierre el paso a miles de migrantes en busca del cacareado y no siempre real milagro americano; tejes y manejes con el camarada capitalista arruinado ruso Vladimir Putin; sospechas, vigilancia y castigos a los fanáticos iraníes que malinterpretan el Corán -libro sagrado del islam. Amapuches cariñosos e interesados a los sauditas y la siempre cordial pero firme atención a los afanes israelíes, la Casa Blanca abre su agenda diaria con un ligero vistazo a la castrista Venezuela, sus gritos maduristas, revolucionarios y antiimperialistas.

China

Con su paciencia milenaria, ensartados hasta el cuello por miles de millones de dólares que les deben y van pagando barril a barril de petróleo. Preocupados porque los pone nerviosos la epidemia creada por ellos mismos; inquietos por los errores, cabezazos, sandeces y majaderías que el castro-madurismo suelta a diestra y siniestra en la que podría ser tierra de alta rentabilidad y por los momentos es solo dominio arrasado, los camaradas que manejan China tratan de entender cada mañana en Pekín qué pasa y cómo resolverán su atasco venezolano.

Rusia

En medio del abrumador calor de agosto y el frío asesino de sus inviernos, los rusos se toman la molestia de sonreírles a los que hasta sus propios rosnefteros han abandonado y discuten qué diablos pueden hacer con este estorbo mal formado; no todo en geopolítica es molestar y hacerle ver a los estadounidenses que ellos están en todas partes, incluyendo Venezuela. Y les gustaría no solo estar aquí, que cada día están menos, sino cobrar con intereses el montón de plata que el castro-chavismo les debe y, la verdad sea dicha, día que pasa, sus reservas y posibilidades de cancelar disminuyen.

Irán

En Teherán los ayatolás rezan varias veces al día con cara hacia la Meca y, entre oraciones protocolares reconociendo que solo Alá es Dios y Mahoma su profeta, piden los amparen contra drones y precisos misiles, para que sus esfuerzos en esta lejana tierra llena de libaneses y sirios atornillados al régimen les resulten rentables y provechosos. Que sus terroristas amigos no sean finalmente desmantelados no tanto por el poderío del gran enemigo gringo, sino por la abrumadora deficiente y lerda gestión de quienes ingenuamente les han abierto puertas y campamentos a sus matones fanáticos y, ahora lo sabe el mundo, además de los satélites.

Cuba

En La Habana el gruñón anciano al mando y su enguayaberizado segundo le están rezando a la Virgen de la Caridad del Cobre para que la ubre venezolana no termine de secarse entre errores, sandeces y necedades para que en la isla el pueblo, necesitado de lo más básico y elemental desde hace algo más de sesenta años, perseguido y aun así animoso, pueda seguir recibiendo algo de petróleo. Dólares para comer miseria. Y que el hambre, desasosiego y la desesperanza no lleguen finalmente al hundimiento total.

América Latina zurda

Por si no fuera suficiente, el perverso Foro de Sao Paulo, donde conviven movimientos revolucionarios, progresistas, populistas, embusteros y otras alimañas izquierdosas, prentende erigirse como la gran fuerza democratizadora y de avanzada en América Latina y el Caribe. Es que la izquierda del mundo -la venezolana especialmente- persiste terca en no renovarse. Como un montón de carajitos malcriados pegan alaridos, chillando fastidiosos las mismas arengas bobas, vacías y fatuas de todas las épocas. Se creyeron con la verdad absoluta, enriqueciéndose sin graduarse, a pesar de que los tiempos cambiaron.

Venezuela

Es que la revolución socialista, chavista y comunista, de brutalidad institucionalizada, presente en todas partes, sin buscar aliados, se echa encima a medio mundo. Aunque sus propios líderes empiecen a enfermarse del maldito coronavirus sobre el cual han ocultado tanto inútilmente. Porque no se puede apreciar ni respetar, menos temer, lo que nació mal y se desarrolla peor.

Mientras todo ocurre, los venezolanos seguimos resistiendo, soportando infortunios, sobrellevando carestía y penurias inmerecidas. Y el interinato a punto de concluir sin gloria y con mucha pena, víctima de su propia torpeza, golpeado por la dura realidad. Que siempre se impone, inmisericorde.

 

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