Armando Martini Pietri, autor en Runrun

Armando Martini Pietri

Escribo con angustia, melancolía y fe, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini  

Lamentando los fallecidos en Venezuela y el mundo, rogando por la recuperación de los contagiados, con la esperanza de estar bien, entre seres queridos, así estamos en cuarentena y preocupación. Deseando superar la convulsión individual, turbulencia colectiva y desafío global sin precedentes con integridad, fuerza y resistencia. En eso debemos ocuparnos con decisión, pues el desespero no es un lujo permitido, y la sacudida aterradora no puede ni debe frenarnos mucho menos paralizarnos.

Nos recuperaremos, no tengan la menor duda. Por eso mismo la importancia de la misión de cada quien, en su ámbito y actividad, no ha disminuido. Por el contrario, se ha vuelto más urgente.

Se sabe lo duro y amargo que pueden ser la incertidumbre y el miedo. Tienen una forma malvada de avivar fanatismos, teorías de conspiración, resentimientos, odios y bajezas. La humanidad sigue comprometida en luchar contra estos males, defendiendo principios y valores que apreciamos; es la lucha eterna del bien contra el mal, de la bondad y honestidad contra la perversión e inmoralidad. Cualidades y defectos humanos hoy presentes como nunca antes.

En semanas de aislamiento social hemos hecho sacrificios que olvidábamos podíamos ejecutar, movilizados hacia la solidaridad con el prójimo sin perder el ritmo responsable de la rutina laboral, educativa, profesional, cultural, aunque lo hagamos vía electrónica aprovechando las herramientas que nos otorga la modernidad tecnológica, necesaria para mantenernos informados de aconteceres familiares, de amigos e interés particular.

Por cierto, quizás esta y tal vez la próxima generación no lleguen a verlo del todo, pero hacia allá vamos, a la comunicación e intercambio humano a través de redes tecnológicas especializadas. Aunque es asunto de especulación y análisis científicos, la ciencia y la tecnología ya están desplazando a la propia ciencia ficción.

Estamos en este hoy que quienes reprimen a Venezuela tratan de encadenar al pasado. Ellos no previeron nunca -ni se prepararon- para una pandemia que nos está cambiando, ubicando en una realidad que imaginábamos, quizá, pero no habíamos experimentado como en estos sorprendentes últimos días.

El mundo y nosotros jamás volveremos a ser los mismos, el coronavirus nos cambió. No sabemos si para bien o mal. Imposible predecirlo, menos aun concebirlo.

Más allá de la estadística de fallecidos, infectados, recuperados, está latente el desastre financiero, cercana una depresión económica como ninguna en la historia. Y en Venezuela una crisis sanitaria desbordada, descontrolada y con claras consecuencias políticas de cuantía.

La peste desnuda a líderes y sistemas políticos que cometieron errores y que no van a mejorar; persisten tercos y obtusos, lo que los llevará -nos está llevando- a una distorsionadora situación ética, social, económica y psicológica.

El distanciamiento social nos mantiene separados del contacto físico, pero no alejados del cariño, aprecio y comunicación; aún estamos unidos en los temas que importan y en los que no, también. Con acceso a videos, mensajes educativos, musicales y culturales, sesiones informativas, segmentos de audio, análisis y oportunidades desde cada computadora, tableta o teléfono inteligente. El sentido de la vida y la muerte es cada día más diferente y complejo de vislumbrar.

Mientras enfrentamos tiempos oscuros y hasta de hostilidad espiritual, inspira celebrar los innumerables esfuerzos dignos de alentar, exaltar, destacando actos de bondad y decencia durante la calamidad viral. Son tantas las personas de todos los orígenes que se están ayudando entre sí en el mundo, que merecen notoriedad y ser compartidas sus historias de humanidad, compasión y coraje.

La humanidad -como siempre- descubrirá formas innovadoras para sobrevivir, avanzar, de acuerdo a la realidad actual y futura. Sin embargo, en su permanencia y persistencia, recomendamos mantenerse seguros, siguiendo las pautas de salud pública. 

Estamos en tiempos de rigor científico y emergencia epidémica, pero también de solidaridad, prevención y sensatez, escudos para enfrentar el mal que nos acecha y toca a la puerta. El nuevo virulento, y el viejo político. El próximo depende de nosotros, y de cómo actuemos tras este período de transformación.

In rigor revolucionaris, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini 

Algunos colectivos y ciertos funcionarios dejan a la gente in rigor mortis, pero el régimen, entre hipocresías, falsedades y expectativas nos tienen in rigor revolucionaris (a la Conferencia Episcopal disculpas por el tosco latín, son vainas revolucionarias), suspendidos en nuestras casas y poca calle. Obligados a la vida familiar queramos o no. La pandemia es la causa fundamental, sin duda más peligrosa y letal que las perniciosas gansadas, corrupción pestilente, bandidaje constante y decidido, que a lo largo de 20 años ha aplicado el socialismo-castrista-criollo-militarista venezolano, nacido para desgracia entre oscuras ingenuidades castrenses y apetencias de civiles políticamente relegados.

Una sumatoria de complejos y acomplejados que destartalaron una democracia que, cargada de fallos, era mucho más consciente, digna y eficiente que estos supervivientes quienes cada mañana desenchufan sus conciencias y suben el volumen a la tiranía.

La plaga del coronavirus y la cuarentena nos obligan a reflexionar, a pasar el tiempo inventando qué hacer, poniendo a prueba la creatividad. La parte buena, reencuentros, intercambios personales y familiares, reparar cosas del hogar largamente olvidadas o dejadas para después. Lo malo es que, a lo largo de los días, uno tras otro, esos tiempos se agotan rápidamente, nos llega el aburrimiento a las rodillas primero, al pecho, rápidamente al cuello y amenaza con asfixiarnos, ahogarnos. Esa perspectiva agiliza el pensamiento; puede ser positivo para planificar, o negativo para reclamar; echarle culpas al régimen castrista, opresor; a la oposición codiciosa, interesada, oportunista, cohabitante, corredores de arrugas que ya han desgastado sábanas que no por bien lavadas están más fuertes.

Quizás la autocracia reflexione y comprenda que nadie le cree, si dice 70 contagiados -chavistas incluidos- la gente especula que hay al menos 100; si ofrece pastillas contra la malaria las personas piensan que son basura cubana y, en el mejor de los casos, solo alcanza para unos pocos. Tenemos un régimen que reprime y manda, pero no es respetado ni apreciado, aislado, sin reconocimiento, censurado por naciones democráticas y libres, con media población huyendo despavorida, primer infecto por su propia peste que no es de virus sino de talento corto y perversión larga.

Pero también debe reflexionar la oposición, son demasiados años ofreciendo cambios que nunca alcanzan ni ejecutan, esgrimiendo disculpas reiterativas, comprometiendo la palabra sin voluntad de honrarla, reyes de las protestas que cambian de ruta y destino cada vez; manifestaciones que nunca llegan donde ofrecieron. Y últimamente explorando acomodos de avenencia con la excusa de contrarrestar el coronavirus. A ellos, cada vez menos, la ciudadanía los ve con ilusión y esperanza, pero sin fe. Los ciudadanos, una minoría, acuden al llamado de calles como el enamorado que en tiempos pretéritos caminaba frente a la casa de la joven que lo hacía suspirar, y se pasaba años en eso, sin esperanza, la figura aquella de tangos y boleros con los suspirantes sin posibilidades.

La perversa enfermedad venezolana es el crecimiento de la expectativa y pérdida de confianza. Un pueblo en cuarentena de ilusiones, ¡problema que ningún brebaje, pastilla ni vacuna puede sanar! Quien sabe, en Miraflores y ministerios cargados de burocracia e incompetencia cambiarán, quienes los sustituyan nos alegrarán las expectativas, pero la realidad, la verdad de todos los días, esa tendremos que cambiarla a mano limpia y hombro empeñoso cada uno de nosotros. Los ciudadanos.

Solo entonces tendremos el país, la nación que merecemos, la que sepamos construir y ganarnos.

¿Tregua al mal?, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini 

La tregua es para los venezolanos de bien, principios éticos, valores morales y buenas costumbres, es decir, la inmensa mayoría. Sin embargo, da escalofrío e indignación observar cómo interesados cohabitadores, bolichicos, socios, cómplices del oficialismo, convenientes sinvergüenzas e inmorales voluntarios plantean sin sonrojo ni recato “darle una tregua” al régimen a cuenta del coronavirus que tardó en enfrentar, enmascarado en sus embustes habituales como la reciente del Interferón que atribuyen a Cuba. No es un invento cubano sino un reforzador del sistema inmunológico descubierto en Suiza hace 50 años. La característica politiquera es negar, ocultar, mentir, tergiversar, minimizar lo que finalmente saldrá a la luz. No conocen el compromiso inexcusable de rendir cuentas, y menos el significado de exponer la verdad.

Mucho antes de la aparición del coronavirus, el país sufría el colapso de los servicios públicos, inseguridad, hiperinflación, precariedad de sueldos, escasez, falta de medicinas y hambruna.

Quien merece una pausa es Venezuela y sus ciudadanos, hace tiempo enfermos de hambre, abandono, injusticias, erosión de la esperanza. La más reciente y perniciosa mentira del régimen fue no tomar medidas de prevención y tratamiento del coronavirus, cuando el resto del mundo -excepto Cuba- lo hacía.

Irresponsables, insensatos, que solo reaccionan cuando están contra la pared, por idealizar al castrismo comunista incompetente o simplemente mirar hacia otro lado, como la ignominia cubana que solo quiere los ingresos de los turistas. Puede que los cubanos lo tomen con resignación por hábito, conformismo, más de sesenta años de tiranía despiadada, mientras empiezan a enfermar y morir en las narices de Díaz-Canel, encubridor compinche formado por el castrismo de Raúl, demás vejestorios y sumisos de la afrenta habanera. Afortunadamente, los venezolanos -salvo las imbéciles excepciones- seguimos siendo cada día menos así.

Se impone la solidaridad entre ciudadanos para arrimarnos el hombro, auxiliarnos, resguardarnos, y enfrentar con éxito la pandemia. Todos tenemos miedo y no nos falta razón. El miedo es libre, dice el refranero popular. Sin embargo, debemos sumar esfuerzos en una labor educativa de prevención, acompañamiento y coordinación de esfuerzos cada uno en su nivel, de acuerdo a sus posibilidades.

Embustes y descaro sembrados por el chavismo, que no respeta ni siquiera la figura inmensa de Simón Bolívar, ha generado en ciudadanos hartos de falsedades e incompetencias, una convicción: no se le puede creer nada al oficialismo que habla mucho y nada cumple.

Un régimen que premia a sinvergüenzas desfachatados, castiga a quienes respetan derechos y deberes, que da rienda suelta al malandraje delincuencial y alimenta mal o peor a los mismos que lo sostienen. Ciego y sordo, solo ve la ficticia felicidad cubana y propias apariencias hipócritas, hace que el ciudadano entienda que Cuba no es feliz, ni las mentiras en Venezuela han sido nunca, ni podrán jamás ser verdades.

No hay cara suficientemente dura para vociferar sobre un sistema de salud ayudado por médicos cubanos cuyo trabajo se paga en dólares a La Habana; formados a la carrera, sin cubrir las mínimas exigencias de la profesión médica venezolana que ha mantenido siempre la alta calidad profesional que hoy se demuestra en los países donde nuestros cirujanos han tenido que emigrar. Los que aquí permanecen solo tienen estructuras vacías e insalubres, sin dotación de insumos tan elementales como mascarillas y guantes, sin electricidad confiable ni agua para que galenos, enfermeras y desesperanzados pacientes, puedan lavarse las manos.

Disparatado e imposible confiar en quienes lo han destruido todo, midas tropicales de la imbecilidad que arruinaron la industria petrolera, venden a precios absurdos el oro reservado para cuidar el bienestar de los venezolanos, y en esas manos irresponsables de patibularios se usa solo para saciar sus propios intereses egoístas, rastreros como la mafia de bandidos, descarados inmisericordes sin piedad a los que ya nadie cree.

Tomará tiempo, pero pasará el coronavirus. Nunca sabremos cuántos venezolanos fueron infectados ni cuantos murieron, ¿cómo distinguir entre los que sucumben por el maligno, cruel virus y quienes mueren enfermos sin tratamiento, por hambre, delincuencia o cuerpos policiales?

Venezuela está urgida de ayuda internacional. Está comprobado. Es más que evidente. Guste o no, hay que asumirlo con arrojo y valentía, exigirla con responsabilidad y obtenerla para bienestar del país. Es una lucha que no admite tregua hasta derrotar a los culpables de tanta desidia, corrupción, indolencia y muerte. Deben enfrentar la justicia y pagar sus deudas con la sociedad.

Somos nosotros, venezolanos, los que necesitamos una tregua.

El miserable modelo populista e invasor castrista, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Venezolanos de principios éticos y valores morales, buenas costumbres ciudadanas, no cooperantes ni socios cómplices de esta ignominia, estamos inexcusablemente obligados a enfrentar la invasión fidelista. Durante años, algunos expresan con seguridad, pero sin fundamento, que se avecinan grandes cambios en Cuba, a pesar de ser una cárcel y su carcelero llegando a la etapa terminal de su existencia física. Lo afirmaron de Fidel y ahora con Raúl. Sin embargo, más que una realidad sustentada en hechos, es un inmenso deseo de esperanza y fe.

Chávez y Fidel fueron símbolos, expresiones populistas basadas en manipular a la población, que se profundizan en la medida de las posibilidades para sostener un creciente gasto social. Desde esa perspectiva, el régimen chavista constituye en un sentido lo máximo del populismo. Y, por si fuera poco, crearon en su prostitución política jineteras para defender su bugarrón. Incluso a muchos los uniformaron.

Acusar sin pruebas es irresponsable. Opinar responsablemente es un derecho. Considerar que Chávez, y ahora Maduro, son posibles perjuros, no es pecado ni delito. Abrieron posibilidades y espacios para que una nación extranjera controlara a Venezuela. Son evidencias contundentes los registros públicos y jurídicos, notarías, mecanismos de seguridad, Fuerzas Armadas, policía política y un largo etcétera. Lo insólito, inmoral, pecaminoso, es la premeditación, consentimiento y alevosía. Un país grande llama al pequeño para que lo invada. El chavismo-madurismo ha propiciado una travesura estúpida, aventura extremadamente peligrosa y altamente cuestionable.

La situación internacional varía para la estrategia chavista. El régimen destruye la democracia y sus fundaciones, aumentando el interés en la exigencia mundial para que explique sus vinculaciones con la mafia internacional del narcotráfico, lavado de dinero, legitimación de capitales, robo al tesoro público y un sinfín de infracciones e ilegalidades.

Washington continúa su política invariable, firme. Los factores que la marcan, el respeto a las salidas democráticas en el plano político, no consiente, tolera ni apoya elecciones con el usurpador en el poder y el sistema castrista en el sumiso dominio de los poderes públicos; se apega dogmáticamente a sus principios, equilibrio de poderes y legitimidad de origen, a la vez evita que el continente pueda convertirse en asiento de operaciones contra sus intereses estratégicos y tratados hemisféricos de libre comercio. También está el poderoso argumento sobre las bases militares, para la lucha contra el narcotráfico, terrorismo y guerrilla, que no en territorio venezolano, pero desde las cuales el régimen castrista se siente amenazado.

Cuba siempre es motivo de interés, no solamente por su vinculaciones comprometidas con el mundo delincuencial, sino a raíz de la condena constante que ha sufrido por la violación de los derechos humanos, saliendo a flote la situación dantesca en lo económico y social que vive; ahora que su colonia -Venezuela- está destruida, en ruinas y carestía por la mala administración, el cuatrerismo y bandidaje insolente, descarado e impune que los ladrones bolichicos, sinvergüenzas boliburgeses, socios cómplices cohabitadores quieren atribuirle a las sanciones establecidas por el mundo libre y democrático

El castrismo cubano en su actuar equivocado sacrifica una relación a largo plazo por una a corto término y sin futuro, cada día más cuestionada, con la Venezuela madurista inviable e insostenible. No obstante, le proporciona un último aliento antinorteamericano. Raúl Castro está consciente, lo sabe, y ante el dilema terrible porque le conviene una negociación con Estados Unidos para restaurar una vida decente -los acuerdos con Obama lo certifican-. La situación atormenta porque la Cuba de hoy lo que produce es compasión y tristeza.

Venezuela, aun con las inmensas limitaciones, comparado con la Cuba castrista es un país rico y próspero. La alianza Venezuela-Cuba es grave; aun peor e inexplicable, es la cobarde actitud de sectores de la dirigencia política opositora que no hace mayor hincapié en este punto, no lo focaliza para concienciar al venezolano que aún no ha tomado en cuenta la magnitud de la intervención castrista; que la asume como de naturaleza social. Ejemplo, entrenadores deportivos, médicos de Barrio Adentro, al mismo tiempo informantes de La Habana y espías de su entorno venezolano. Podemos darnos cuenta desde una perspectiva la peligrosidad que tiene esta humillante invasión.

Chávez y Maduro más que populismo, son militarismo, comunismo, control castrista. Y demasiados venezolanos que por ingenuidad, convicción e interés bajan las cabezas y se hacen los locos desentendidos.

El tema populismo contiene aspectos como: la dependencia de la sociedad con respecto a un recurso que produce poco trabajo como la riqueza petrolera, lo cual conduce a la ruptura del vínculo entre el trabajo y bienestar. Otro, el que se observa con un estilo político demagógico, mentiroso, embustero, que acarrea darle al pueblo lo que desea y quiere, sin exigir responsabilidades ni cumplimiento de leyes.

Hay que modificar, cambiar de raíz, no existe alternativa para asumir con energía, empeño, honestidad y eficiencia los retos de este siglo XXI que empezamos tarde, pero en el cual debemos cabalgar con entusiasmo.

Hablando de paz, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

La paz es palabra permanente del usurpador y los seguidores del régimen castrista, como si fuera solo una orden y no el resultado de una conducta. Pueden ordenarle, como en el sector militar, que no se mueva, que sea una estatua que respira. También que no piense, pero es más difícil: para no pensar hay que desactivar el cerebro, además de hacer sumiso al espíritu.

La paz no es deseo ni mandato ejecutivo. Es voluntad de ser y actuar. Hasta en un deporte por esencia violento, como el boxeo, se puede pelear con la paz en la mente.

Se golpea al adversario con una técnica estudiada que no es para matar sino para sumar puntos debilitando al contrario, golpeando y esquivando mejor que él. Cuando el instinto de dañar se sobrepone al de la técnica, se mata al contrario.

La paz no es dictamen ni resolución, no es la voluntad del gobernante, es la actitud de los ciudadanos con sus familias, vecinos, compatriotas. Una forma de ser, de sentir la vida y la participación en ella. Es intercambio de respetos y consideraciones, no imposición. Cuando los violentos hablan de paz, hay que alertar las defensas porque no ofrecen armonía ni concordia como participación, sino como método de sometimiento.

Hace muchos años los venezolanos éramos pacíficos, un pueblo en el cual prevalecía la sonrisa, el buen humor, el chiste que no era irrespeto sino cordialidad. En aquella Venezuela los jóvenes cedían sus asientos a los ancianos, y los hombres siempre a las mujeres, no porque fueran bonitas sino por ser damas. Se les daba paso para que adelantaran, se las cuidaba.

Hasta las groserías o malas palabras eran de confianza, no ofensas. En las vecindades se conocían unos a otros, todos los venezolanos daban los buenos días a quien se les cruzaba en la calle, las buenas tardes, y buenas noches según el momento.

Unos más respetuosos en el trato, con uso constante del “usted” incluso entre padres e hijos como en los estados andinos, otros más confianzudos, “tuteadores”, como orientales y zulianos. Los llaneros tuteaban al compañero de cabalgatas y habilidades, “ustedaban” al superior jerárquico, fuese el dueño de la hacienda, capataz, veterinario, médico o párroco para los espíritus. En aquella Venezuela de no hace demasiado tiempo a ningún estudiante se le hubiera ocurrido ni en sus más descarados sueños tutear al maestro o profesor, ni estos a sus alumnos.

En las calles los conductores solían cruzarse cornetazos y algún que otro insulto ante el abuso o estupidez, pero eran para llamar la atención; y los agravios, más para descargar uno mismo que para llegarle al otro, con el ruido de la corneta bastaba.

Radio Rochela popularizó imitaciones, incluso crueles, del hablar y gesticular de los políticos, era comedia sana que divertía y, además, ejercicio de libertad de expresión; imitadores y actores en general, incluyendo los presentadores e interrogadores de programas de radio y televisión criticaban, informaban, pero nunca irrespetaban.

El padre, la madre, tíos, padrinos, eran personajes de confianza, parte de nuestro entorno, intimaban con confianza y naturalidad en casi todas partes -excepto en los Andes, siempre más respetuosos. Eran familia, amigos, cercanos. Y para aquellas personas que uno se encontraba y con las cuales se debía conversar por alguna u otra razón, existían las palabras como “doña”, “doñita”, “misia”, “doctor”, “don”, “jefe”, “maestro”, “señor”, “señora” para dirigirse a ellos.

Esa Venezuela se ha venido perdiendo, lo primero que el castro-chavismo atacó y erosionó fue el respeto. Y lo que no ha sido desgarrado por órdenes de actuación, lo ha sido porque el mismo país se viene abajo, el hambre y la angustia del no poder, no lograr, crecen en el país. Se pierde el sentido de respeto y consideración cuando se tiene que preocupar por sobrevivir entre ruinas.

Y por la creciente certeza de que los niveles no los establecen las leyes, normas o justicia, sino las alturas de poder. Se admira menos al rico que antes se asumía como exitoso constructor de empresas, digno de admiración; porque los nuevos ricos -bolichicos, enchufados, cómplices, sinvergüenzas- no han trabajado, sino robado sus fortunas, y ese es un trabajo que se acepta, pero se desprecia, detesta, atemoriza.

Hoy somos un país de teléfonos caros, redes sociales ágiles, pero recargado de irrespeto, descaro, odio. No somos ya una nación de paz, sino de frustraciones. Nos hemos convertido en el boxeador que pelea para matar y no solo como deporte para ganar.

@ArmandoMartini

 

Nos viene a la mente con sólo darle un vistazo a las noticias, prestar atención a la mímica oficialista, conversar con personas de diferentes niveles y sectores, comprobar situaciones disparejas que se producen. Pero no es la aprehensión convulsa habitual entre venezolanos frente a la inseguridad generalizada y violación de los derechos ante la arbitrariedad abusiva de cualquier prepotente dirigente o alcabala policial-militar. Es miedo en el oficialismo. Culillo en el castro-madurismo. Terror, pánico, consternación y sobresalto, en sus cercanías.

El miedo, emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o amenaza. Su origen se encuentra en el sistema límbico, donde residen las emociones. Obedece a un mecanismo hormonal que se desencadena en la amígdala central; está presente, es libre y se percibe. 

En cualquier ambiente de la vida nacional, se observa el culillo por las sanciones que hará correr como locos a politiqueros, cómplices cooperantes, cohabitadores, bolichicos, socios corruptos y todo aquel que se preste a las vagabunderías de la dictadura. Ya no lo pueden disimular ni esconder; les brota por los poros. 

¿Había visto alguna vez al usurpador con atuendo militar más allá de una gorra verde de cortesía? Pues ya lo tiene, con simbología de ramas y soles en las hombreras al estilo cubano, enorme ¿camisa? ¿guayabera? que cubre su inmensa -cada día más gruesa fisonomía- en Miraflores y Fuerte Tiuna se degusta mejor, y en abundancia sin límite que, el resto del país no disfruta. Chávez en sus tiempos cambió los tradicionales uniformes beige y verdes del Ejército por cortados a la medida rusa, hoy su heredero, como nunca ha sido militar, se hace un equivalente de Comandante en Jefe, quizás por vaivenes y desconciertos, para que no exista duda de quién manda.

Fíjense el alboroto montado por el diosdadismo-madurismo en Maiquetía para convertir al interino Presidente de regreso de una gira que turba y desasosiega a más de un rojo rojito nervioso, en víctima que escapa vencedor de las garras y agresiones de aquella señora que, junto con chillones vocingleros aeroportuarios, molestaban más que un pthirus pubis.

El lío que armó la Vicepresidenta sancionada al viajar a los Emiratos Árabes Unidos con el pretexto de ir a Turquía, haciendo escala ilegal e indebida en Madrid, violando el espacio aéreo europeo el cual le está prohibido ingresar; y se pregunta si todo el riesgo, que ha embarrado al Gobierno de Pedro Sánchez, El coleta Iglesias y el cid campeador chimbo, nada creíble de José Luis Rodríguez Zapatero, sólo superado en su nefasto gobierno por el actual populista, torpe y embustero.

Saque números y trate de sumar la avalancha de dólares cuya circulación libre y uso a voluntad son ilícitos, sobre los cuales el régimen, que ha destruido la economía y anda negociando en yuanes, rublos, euros y un invento llamado petro que busca difundir y nadie quiere, echa la mirada a un lado, se hace el loco y hasta servicios bancarios por la libre está permitiendo. Con miedo y enculillado, permite operaciones, pero no elimina leyes que las controlan, y en cualquier momento el castrismo liado y cleptómano expropia; además vende en escondrijos clandestinos el oro que le dejan pranes, garimpeiros, maltratadores y asesinos del medio ambiente. Las divisas escasean y se acaban, han dejado vacías las arcas del Banco Central de Venezuela.

No perder de vista del transporte público popular, para darse cuenta de la desconfianza de los resignados usuarios a empezar sus traslados en un vagón del Metro atiborrado, para terminar, caminando a oscuras en los tenebrosos túneles, se accidenta o se va la luz, como sucede con cada vez mayor frecuencia; caerse de cualquier “perrera” donde viajan muchos agarrados como pueden entre saltos por el pavimento roto, curvas y frenazos de conductores desconsiderados e imprudentes.

Pregúntese cómo llega usted a su casa, sea un elegante apartamento, cajón de la Misión Vivienda o modesto rancho, sin saber si tendrá agua para bañarse, gas para cocinar la escasa comida, electricidad para saber por dónde camina o ver algo de televisión -sin contar las aburridas cadenas obligatorias de radio y televisión repletas de embustes, donde desfachatados prometen cualquier cosa y obras que nunca llegarán.

Eso para no escribir de lo que no es miedo sino certeza. No importa cuánto gane en su empleo, si lo tiene, hace años y por años más no podrá comprar completo ni gastar en nada que no sea el pequeño máximo que le alcance.

El miedo es libre, amenaza sin actuar hasta que revienta. Con el ultimátum del mundo occidental de no elecciones sin el cese de la usurpación, las sanciones a personas, bienes muebles e inmuebles, cuentas bancarias, organizaciones y un sinfín de etcéteras. Camaradas, es cosa seria, el miedo es como un volcán, que mucho alardea y nada pasa hasta que un día estalla. 

No hay reventón que por miedo no venga.

 

Parece obvio que el régimen castro madurista no estaba preparado para el regreso del Presidente (E) Juan Guaidó. Con entonación despectiva, de forma displicente aseguraron que era nada, “la nada”, y después apurados, a la carrera atiborraron el aeropuerto internacional Simón Bolívar con una pequeña porción de lerdos que sólo supieron vociferar pendejeras, chillaron ¡Fuera! ¡Vende Patria!, agredieron como hienas sedientas de sangre, luciendo cuchillos cual forajidos, similares a las garras de un dragón ciego y derrotado antes de poder siquiera lanzar una llamarada. Obstruyeron tosca y rabaneramente la autopista, despojaron de la cédula de identidad a un ciudadano que venía investido y documentado por los principales dirigentes del mundo.

Despliegue burdo y antipático de la delincuencia del odio, realizada por colectivos, castristas y trabajadores chavistas que lo repudiaron e increparon por pedir más sanciones, solicitando su encarcelación. Alharaca venenosa, tóxica, desordenada e incompetente que sólo sirvió para mostrar como conquista el zapato que le quitaron -robaron- a un profesional que, hacia su trabajo, un periodista, previa golpiza mal intencionada, pero no suficientes para frenar al interino Presidente que llegó a su casa, para después pronunciar un discurso ante quienes lo esperaban.

Los verdaderos dirigentes recibieron con afecto y respeto al viajero que, en vez de entrar sigiloso, a escondidas, sin previo aviso, lo hizo erguido, dando la cara, de frente, y fue convertido en víctima que superó los necios obstáculos de una muchedumbre que sólo sabe gritar y arremeter, pero no pensar.

 

El castromadurismo no entiende -quizás por eso lo hace una y otra vez- que cada vez que produce una víctima pare un héroe, símbolo vivo que alienta el rechazo y la rebelión contra la tiranía asesina e inútil, perseverante en la destrucción y el fracaso.

Fue mucho lío, mucho ruido, para nada. Juan Guaidó regresó y el régimen madurista sólo atinó a desatar lo mismo que tanto daño les hace a sus propias promesas, la violencia, su única salida, sin sentido ni justificación, para intimidar y generar miedo; el berrear sin objetivo porque son voces que sólo hacen ruidoso el criterio de una política de seguridad social en la cual fracasan con empeño digno de mejor causa.

¿Qué puede decirle el régimen que fracasa en todo lo que plantea a los venezolanos que ya no esperan nada, sino que se termine de ir? ¿Qué logra explicar a los pocos que arrastra por la fuerza a eventos que una vez fueron masivos y ahora se muestran en fotos cerradas falsificando multitudes? El problema no es tanto el regreso de un venezolano que retorna de un viaje contundente, que dará mucho de qué hablar, sino de quien se supone debería ser el guía del país no es más que un fracasado pertinaz en el error, la mentira y derrota.

Y que además está solo, encapsulado en búnkers, rodeado de quienes no confía, ni siquiera capaces de conservar espacios relevantes en una Asamblea Nacional que perdieron incluso con la siempre dudosa participación de un Consejo Nacional Electoral que hasta en la trampa falla.

 

Gran parte de los venezolanos incluyendo carnetizados por conveniencia, interés y necesidad está en la calle, pero no defendiendo al régimen castrista campeón de fiascos, frustraciones y desengaños, sino pidiéndole que termine de irse, reclaman seguridad, medicina, comida, mejor calidad de vida, servicios públicos confiables, desean un cambio, no solo de presidente sino de sistema, dicen ¡no! rotundo al comunismo castrista y socialista venezolano; para que de una vez por todas dejen campo libre para que políticos comprometidos, serios, coherentes, valientes, que cumplan y honren la palabra empeñada, plenos de coraje, estadistas conductores y guías, empresarios responsables, dirigentes eficaces, ciudadanos de principios éticos, valores morales y buenas costumbres ciudadanas, puedan iniciar la reconstrucción del país, abrir compuertas a la democracia plena, sin restricciones, libre desarrollo y libertad.

¡Eso sí! sin cómplices ni corruptos, convivientes, ladrones del tesoro público, sin las inmoralidades, indecencias, deshonestidades, que dieron pie a esta ignominia y aun, los mantienen, aunque precariamente. Necesario despedir y someter a la justicia, a los bandidos de la dignidad venezolana y cuatreros de la venezolanidad.

Este nuevo fracaso en Maiquetía fue costoso en lo político, ridículo y considerable en el empeño para mostrar un zapato robado como triunfo.

@ArmandoMartini

En Venezuela no hay dolarización creerlo es una tontería, lo que hay es un caos monetario, aunque por breve momento genere ilusión de normalización, que más temprano que tarde se disipará. ¡No hay petro que valga cuando el desastre es una realidad castro-madurista! Un desbarajuste cruel que poco a poco se desarrolla y hace recordar la experiencia cubana del periodo especial, cuando en los años 90 se derrumbó la Unión Soviética y Cuba perdió sustento económico, la isla sufrió una crisis económica, y se planeó un sistema dual que devino en la circulación del peso cubano no convertible -controlado por el socialismo, para uso del Estado- y el peso cubano convertible equivalente a más o menos un dólar destinado a las empresas extranjeras o mixtas, turistas y privilegiados, es decir, ladrones bolichicos, sinvergüenzas enchufados, bandidos boliburgueses, miserables redomados y cohabitantes en la sociedad cubana de entonces.

La mezcla monetaria desplegada por el régimen usurpador, en la que conviven bolívares, dólares, euros y petros empeorará la situación de los empleados públicos y quienes dependan del Estado, al obligarlos recibir ingresos en criptopatraña, aislándolos a cambio de control político y social. A los demás ese nivel de peor hace tiempo llegó.

 

La circulación de disímiles monedas es locura desatada. Un país serio tiene un signo monetario respetable, que se base en la confianza y cuando se dilapida pierde seguridad. Como ha pasado con los bolívares venezolanos entrampados en el desorden e incompetencia castrista, y empieza a pasar incluso con los dólares. Y pasa con el petroestafa, esa ficción sin base confiable con la cual el castro-madurismo pretende evadir los hachazos de las sanciones y, sobre todo, su propia incapacidad para producir nada. Como el castrismo cubano, parásito vividor perseverante de las riquezas ajenas.

¿Cuánto compra un petro? En realidad, la respuesta es imposible porque es una aparatosa falsa realidad, “fake new” con logotipo, alarde inútil; las economías maltrechas no se arreglan con habladeras de pendejadas sino con hechos, y las aventuras venezolanas socialistamente impuestas nada cambian. Lo que hoy cueste un décimo de petromiseria, mañana costará más. Pasado mucho más. Así hasta el infinito.

La tragedia es que los salarios mínimos, crecientes, altos, cualquiera, no crecen en la misma proporción que se desmoronan los servicios públicos, actividades de salud, infraestructura pública y privada, en fin, la vida general del país, y mucho menos en relación al aumento indetenible de los precios. Anarquía total. El petro entelequia cubana.

Algunos castro-maduristas alardean con millones de mujeres, hombres, jóvenes, ancianos, honrados confundidos, malvivientes, mescolanza de todo bicho de uña dispuestos a morir por ellos -que se autodenominan patria pero no puede ser patria esta ruina que enferma y mata. La verdadera patria es una emoción que se lleva en el alma y tradición, convicción de orgullo y compromiso, no la obediencia a una potencia extranjera que no sólo es más pequeña que nuestra nación colonizada a la fuerza, seducidos por leyendas que caducaron al menos hace medio siglo, sino que es la muestra permanente de un fracaso, un fiasco socioeconómico con sesenta años de crueldad, injusticia y desgonzamiento de un pueblo que, de ser a comienzos de la segunda mitad del siglo XX uno de los primeros cinco de América, hoy es un oscuro mercado de esclavos y abusos a los Derechos Humanos.

Es lo que esconden o, aún peor, no ven, cabecillas castristas venezolanos que nos llevan a la humillación, miseria e ignominia, amenazados con milicianos y colectivos, algunos fanáticos por ignorancia y estupidez, otros por conveniencia de cobradores.

 

Los que no entienden demasiadas cosas, pero menos de economía, inventan una criptomoneda, comienzan a comercializarlas, vender y cobrar en monedas exóticas; los dólares que pretenden o han escondido, están congelados. Disimilan o tratan de disimular su fracaso con una cosa que pocos conocen y en la cual nadie tiene confianza porque está “respaldada” por una economía en caída libre diseñada y ejecutada por ignorantes.

Los rudimentarios cuentistas inventores de la criptofalacia están buscando la manera de vender al mejor postor instalaciones petroleras arruinadas por ellos mismos, actividades de extracción y comercialización, no para generar nueva riqueza, sino para poder cancelar la miseria, desdicha e infortunio que su incompetencia, errores mentales, complejos e insolvencias produjeron. Pero el sistema tiene efectos negativos en la distribución del ingreso. Quienes no tienen acceso a dólares y trabajan en la economía castrista socialista se perjudican y reciben ingresos mínimos. En cambio, quienes ganan o reciben dólares, están en mejores condiciones. Pero son, infortunadamente, una minoría vergonzante.

Por eso un petro no compra nada excepto, quizás, fantasía frustrada, capítulo final de una tiranía avergonzada porque nada deja excepto hambre, enfermedades, carencias, destrucción, mendicidad, vendedores ambulantes, prostitución o semi-prostitución, delincuencia en gran escala, y miles de uniformados desalentados.

Una tragedia real que no puede arreglarse con criptofantasías.

@ArmandoMartini