Armando Martini Pietri, autor en Runrun

Armando Martini Pietri

Con tramposos ni a la esquina, este país ya no es sólo de ciegos, por Armando Martini Pietri

El que arma tramoyas e intrigas con gente dada y abierta a las trampas, termina evacuando en la jaula, ruego perdonen la expresión. Sólo sirven para intimidar, amenazar y atemorizar a indefensos ciudadanos cuando reclaman elementales derechos humanos, servicios públicos de mínima calidad, mediana seguridad, y otras increíbles carencias revolucionarias en la Venezuela -al estilo cubano-.

Terminamos de presenciar este pasado 5 de enero cuando el régimen castrista, cual gago cerebral, perdió -quizás- la última oportunidad de presentar una fachada democrática a la comunidad internacional, a la ciudadanía. Por el contrario, quedó como los sujetos que compró, insatisfechos patanes codiciosos que ni tienen ni sienten vergüenza, remordimiento por violar la Ley, pisotear la Constitución, que se burlan de todo y de todos. Tanto esfuerzo, enredo, conspiración, para terminar, limpiando pasillos de la oposición y proyectando hacia arriba, por encima de las rejas, a un interino que venía cayendo y ahora resurge como dirigente de una oposición que se siente parte de una gran misión, que ha recorrido el desierto, cruzando entre pueblo y militares, y que en apariencia tiene ahora a la vista la tierra prometida. ¡El que la hace la paga!

Vacilantes e inseguros vociferan incoherencias sin dar muestras de nada positivo, sólo gritan. Pero no se engañan y tampoco a los demás, saben que no es fácil, perciben que les queda menos camino por recorrer, no obstante, al régimen sólo se le ocurre firmar un libro de condolencias clamando hipócritamente y de carrerita venganza por la muerte de un genocida ajeno, lejano, cuya idiosincrasia nada tiene que ver con este lado del mundo.

Para la oposición estadounidense los roces con Irán son temas electorales, para el pueblo norteamericano es asunto de preocupación a la vez que de orgullo. Lean bien las palabras de Donald Trump, ¿por qué creen que propone conversaciones y paz después de mostrar mundialmente la avanzada, letal y eficiente tecnología militar?

Al castro-madurismo, sus militares se le sienten incómodos y los países amigos no lo rechazan, pero tampoco se solidarizan con el empeño de antes, el ataque a la Asamblea Nacional, a la institucionalidad, y el aparatoso fracaso son difíciles de tragar hasta en la gélida Rusia.

El escenario se le arruga al castrismo venezolano, la iglesia reclama con severidad, no sonríen, casi siempre amargados, paranoicos, detectando enemigos por todos lados, se desconoce si internamente divididos o no -aunque las sospechas están allí, y solo parecen deseos, no lo son-, no tienen figuras capaces de captar el afecto público por sí mismos y no por el terror. Esas siluetas no son Cabello ni Maduro, ¿y quién más hay aparte de ellos? En el castro-madurismo no hay un Guaidó, mucho menos una María Corina, quizás por eso Diosdado piensa que los obispos son adecos.

Venezuela luce extraviada, perdida, pasiva, entregada, sin dolientes ni interesados, una nación que deja en mano ajena lo que le corresponde como ciudadanía, defender la nación, familia y futuras generaciones. Una percepción quizá errónea, no impedirá que continuemos intentándolo, a pesar de las bolsas que se preparan para elecciones parlamentarias sin condiciones. Venezuela está hecha por sangre de héroes que aún no logran emerger del todo, pero están ahí, sus espíritus existen activos y presentes.

Conversar, no implica perder los propios posicionamientos. Pero el mensaje verdadero y profundo al país es que, todos y cada uno desde su perspectiva, están en sintonía y beneficio de los venezolanos sin distingo, y gane quien gane la Presidencia, formarán parte líder de la recuperación del país, su economía, bienestar, orgullo y satisfacción de ser venezolanos de bien, de principios éticos, valores morales y buenas costumbres ciudadanas.

Peliagudo distinguir lo que sucede con el chavismo castrista madurista -PSUV- que deambula merodeando catacumbas, expiración y ruina; que no conoce el significado de construir y por eso solo destruye; que ni lava ni presta la batea, integrado por venezolanos sumisos, idiotizados, que no levantan la voz ni se atreven a acudir solidariamente cuando otros suben el tono de protesta ante la injusticia, negligencia, dejadez, corrupción, complicidad e inexplicable incompetencia.

La exigua asistencia a los cabildos y cualquier otra manifestación convocada por el interino demuestra la falta de conexión, la pérdida de confianza de la ciudadanía. Ya no le interesa. Por eso, lo que se decidida para desalojar la ignominia solo será efectiva mientras impere la coherencia y cohesión; por supuesto, sin la participación de socios, cómplices, corruptos y cohabitadores colaboracionistas.

El 30A es un magnífico ejemplo de estulticia. Esperemos ello ocurra más temprano que tarde, pero por ahora la realidad es que la crisis parlamentaria se acelera, Diosdado la bloquea y anuncia el uso permanente del Palacio Federal Legislativo por la constituyente cubana.

Desde el momento en el cual la Asamblea Nacional aceptó con aplausos, mensajes de bienvenida, y regocijo bullicioso de alegría, era evidente que el regreso, sin cumplimiento del reglamento, de los diputados del PSUV era una trampa, un timo, una estafa que se alertó de mil maneras. Hoy se está viviendo el resultado de la candidez y bobería. Hay dos directivas.  

¿Y el país no se perturba? ¿Qué sucede? 

Son venezolanos que se están quedando sin nada, ciudadanos inocentes presos, torturados, exiliados, que mueren de hambre, escasez de medicinas, insumos médicos y tratamientos adecuados; sin embargo, mudos ante la crisis, cegados y contagiados por la tóxica contaminación castrista. 

 

@ArmandoMartini

Es lo último que se pierde, indica el refrán. Se puede señalar, es lo único que nos queda. El régimen prolonga la nefasta trayectoria de perversidades, crueldades y errores, dando tumbos entre torpezas, insolvencias y lucros. Sectores opositores dan bandazos, penetrada por intereses sinvergüenzas y mezquinos, oportunismo cohabitante y corrupción desaforada; dividida entre sí porque, habiendo excepciones, piensan primero como operadores políticos que como venezolanos dirigentes.

La esperanza es lo último que se pierde y entre indignaciones, decepciones de un oficialismo farsante, abusivo, mentiroso, y adversarios parlanchines sin tener al país como prioridad incluso por delante de sus aspiraciones personales, es lo que va quedando.

La popularidad, es una emoción, un sentir, euforia optimista, puede ser generosa “¡estoy contigo, estás conmigo!”, o egoísta, “me das, te apoyo”; puede crecer como la espuma, o desplomarse como un castillo de arena.

Muchas veces, la popularidad, fama, notoriedad nace del contraste, que la persona -artista, político, cantante, por ejemplo- se presenta ante el público o es interpretado por las mayorías como contrapuesto a lo que no gusta, a lo que ha desilusionado o aburrido. Un ritmo sustituye a otro, como un caudillo asciende como respuesta al anterior ahora rechazado.

No podemos limitarnos a sólo tener esperanzas, porque a lo largo de veinte años de distorsiones, falsedades, grandezas ilusas e incompetencias, solo se han logrado fracasos, presos, torturados, exiliados, muertos. Debemos rescatarnos a nosotros mismos con la fe y disposición personal de cada mujer, hombre, joven, sea lo que sea haga, trabajador, especialista, profesional o todero, con la decisión personalísima de salvar y cambiar a un país que fue bueno, aunque empecemos a olvidarlo, y que muchos de los jóvenes que protestan sólo lo conozcan por referencias, debemos engalanarnos de la confianza en cada uno, porque es responsabilidad ciudadana reconstruir la patria de principios éticos, valores morales y buenas costumbres.

Poco podemos reclamar a los políticos si no ponemos la convicción y voluntad de rehacer la dignidad ciudadana de pueblo, orgullo de país, y compromiso de nación.

Los activistas políticos no son seres autónomos venidos de otra dimensión, son venezolanos iguales a nosotros, la diferencia es que asumieron una carrera cuyo objetivo y mérito fundamental es, como la medicina sanar personas, evitarles la muerte, como los ingenieros construir edificios, abogados defender a quienes los necesitan para que se apliquen las leyes, en el caso de los políticos es establecer las bases legales, y vigilar que se cumplan, para el bienestar de cada ciudadano. Y por supuesto como todo en la vida, rendir cuentas.

Chávez fracasó como estratega militar, pero representó el contraste, enfrentado a políticos y partidos que habían decepcionado. Juan Guaidó, desconocido, con escasa oratoria, esmirriado de presencia, se presentó ante las mayorías como el dirigente que llevaría al cambio anhelado, deseado y ambicionado que los venezolanos, defraudados, hambrientos, cansados, exigían a gritos con desesperación angustiante.

Maduro no levanta polvaredas, no tiene ni el carisma ni las circunstancias que tuvieron Chávez y Guaidó en sus momentos. Se sostiene sobre el ya remoto recuerdo de un dicharachero, popular, vinculado en forma de expresarse y físicamente al tradicional mestizaje venezolano, pero sin entender, cada vez que lo menciona, y afirma cumplir “el legado”, Maduro queda peor; la gente recuerda al jefe simpático y regañón de una época que llena de errores tuvo la suerte de contar con enormes recursos, víctima de un cáncer que lo llevó a la tumba y que, según algunos, enfrentó con sonrisas y valentía; en consecuencia, al mencionar al “comandante”, la comparación es instantánea, refresca el recuerdo, y disminuye la estatura del heredero, ahora usurpador.

El régimen obtuso no comprende que exilios políticos, arrestos, torturas, prisiones de diputados y opositores no generan emoción, tampoco provocan alegría ni lealtad sincera, atemorizan, asustan, ponen suspicacias en las personas. No conciben entusiasmo, siembran miedo. El entusiasmo lleva a prolongar situaciones, a mantenerlas, el desasosiego puede que arrincone, pegue contra la pared, pero es como un resorte, la reacción contraria está ahí, acumula fuerza, si tiende a permanecer, el miedo es motor de estallidos. Tanto como el hambre, la frustración, y aún más.

El abuso, ejercicio de la fuerza, crea héroes, cubre de fama a quien antes de la arbitrariedad era desconocido, transforma a quienes nadie conoce en conocidos. Creen ganar fuerza arrestando y forzando a esconderse, huir a quienes reclaman libertad y democracia, el régimen está llenando de héroes y mártires a sus adversarios, mientras el castrismo y cómplices complacientes cohabitantes se debilitan, y se van quedando solos.

Se convierten en incómodos ellos mismos para todos.

Ésa es la esperanza que no podemos jamás perder, la fe y el compromiso personal, decidido, firme, de cada ciudadano. Una esperanza que es convicción sin fechas, permanente, sin días laborables y/o festivos, de día, de noche, en la calle, en el oficio, en la casa y los hogares. ¡Ésa es la esperanza real, sólida, confiable!

@ArmandoMartini

Existe un libro, llamado los juristas del horror. La justicia de Hitler: pasado que Alemania no puede dejar atrás. Escrito por Ingo Müller doctor en Derecho y Filosofía. Se trata de un crudo y descarnado acto de mea culpa, de actitudes, sentencias de aquellos vergonzosos y brutales magistrados, traidores a sus principios como juristas y lealtades para con la ciudadanía, fueron cómplices y avaladores de aquella ignominia, que relata un profesional del Derecho sobre la justicia germana en los años del nazismo.

Sorprende la sinceridad y honradez ética con la que el profesor Müller, nacido en 1942, desnuda intrigas y manejos de los que se valió el régimen de Hitler para perpetrar sus crímenes. Una terrible conclusión, sostiene que los atropellos, prisiones, torturas y aún el exterminio en masa se realizaron de manera legal y apegada a la norma. Las leyes de Alemania y del Reich fueron modificadas de acuerdo a los preceptos de la justicia de entonces, por lo que, para los tribunales alemanes, no se cometía delito al perseguir y eliminar sistemáticamente a los judíos.

 

Más asombroso aún, descubrir que muchos abogados y jurisconsultos que trabajaron para los nazis, intelectuales y académicos, lograron reinsertarse al sistema judicial una vez concluida la guerra.

 

Quien tiene dudas, de que fueron arrestados, violados sus derechos humanos, vigilados y perseguidos, sepultados en campos de concentración o directamente fusilados, mujeres y hombres en Alemania que trataron de oponerse a la ferocidad nazi, pero tampoco puede el pueblo alemán evadir la realidad histórica y obviar el hecho de que fueron alemanes los integrantes de las fuerzas militares, cuerpos policiales, técnicos, científicos, empresarios, capataces, obreros, que participaron activos en la inconmensurable carnicería que provocó aquella guerra inexplicable, avasalladora, asesina, que llevó a millones de europeos, luego a estadounidenses, a morir; que en represión, sólo en el caso de los judíos llevó a la persecución más dura y sin descanso, al cautiverio más humillante, con peores condiciones, muerte de millones, sin contar gitanos, homosexuales, polacos, rusos, centro-europeos, todos por no ser alemanes de la absurda e inexistente raza aria.

Encarcelamientos en indescriptibles crueles campos de concentración, y asesinatos programados por fusilamiento los más generosos, disparos en la nuca y gas venenoso, fueron judicializados, analizados, sentenciados por jueces formados en las mejores universidades alemanas, las mismas en las cuales se formaron intelectuales, analistas, filósofos de la rica historia cultural alemana. Nación culta, bien formada, de larga tradición política e histórica, de la cual siempre pudo esperarse disciplina, empeño, cultivo del espíritu, pero nunca la abyecta y cruel complicidad con un régimen de asesinos implacables, sedientos de sangre, feroces en un sentimiento profundamente inhumano y superado ya para esos tiempos, el de las diferencias raciales.

Pero no fueron sólo ciudadanos y jueces. La barbaridad nacionalsocialista fue entusiastamente respaldada y practicada en otros países de Europa, hubo fuertes y activas simpatías pro nazis en Austria, Hungría, Rumania e incluso Bulgaria, y hasta destellos importantes en Inglaterra y Francia, sólo apagados, desprestigiados, por el embate guerrero, destructor del militarismo alemán. Para no hablar del fascismo italiano y del nacionalcatolicismo franquista en España.

En todos esos países, cultos y de largas tradiciones, hubo numerosos abogados, jueces y fiscales que no sólo participaron activos en los planteamientos nazis y tiránicos, sino que avalaron con sus conocimientos de las prácticas procesales y leyes, los crímenes nazis/fascistas.

 

Todos ellos se constituyeron en vergüenza del derecho y justicia europea; igual que la actual Fiscal de la Corte Penal Internacional anterior Fiscal General de un brutal tirano en su país de nacimiento, aprendizaje y práctica.

 

Por expertos en leyes, ética jurada para defensa de la justicia, jueces cómplices de tiranías, que malinterpretan legislaciones, tergiversan, cambian y adaptan son traidores, canallas a la fe de sus pueblos, optaron por una vocación, se formaron en su estudio, para protección de la justicia, porque su juramento profesional se refiere al amparo y defensa del más débil, garantes del cumplimiento de los códigos naturales y constitucionales en salvaguarda de los ciudadanos.

En algunos países, jueces, fiscales, jefes policiales son electos por los ciudadanos de sus comunidades, son elegidos para defender y velar por el cumplimiento de las leyes, defender al inocente, castigar al culpable, es decir, a quien viola los reglamentos, no a quien se opone al sistema de gobierno.

 

Cuando, por el contrario, son nombrados arbitrariamente por los poderes ejecutivos, que los mantiene, asciende y después paga sus pensiones de jubilación, el contacto, la responsabilidad directa con la ciudadanía se rompe, y deja de existir.

 

@ArmandoMartini

Asamblea, un juego de trampas y los muertos del 17/12, por Armando Martini Pietri

Hasta no hace mucho, la Asamblea Nacional era patio alegre, variopinto, símbolo de una oposición integrada. Discutía leyes que no se cumplían por falta de poder para aplicarlas, pero quedaban allí, consagradas, un auditorio pendiente de las palabras de Juan Guaidó; tribuna compartida donde se exponían ideas a la ciudadanía.

De repente, un berenjenal, bofetones asambleístas, opositores que se acusan unos a otros de corrupción, y, para más confusión, los que habían despreciado a la Asamblea Nacional como un trapo viejo, rancio e inútil, se reincorporan con emoción y aplausos de bienvenida, hablan de leyes, exigen investigaciones y, alborotan como si no tuviesen un pasado de dar la espalda con delirios constituyentistas. 

El régimen descubre que hay Asamblea Nacional -sin darse cuenta, que con su existencia y participación de la minoría obediente al castro-madurismo, ratifican como superflua, dispendiosa e ilegítima la Constituyente a la cubana que mantienen pared con pared, aunque sólo sea para que algunos tengan tribuna- y no solo se lanzan a integrarse, hacer presencia y ruido, sino a realizar lo posible por conseguir una mayoría no lograda por el voto popular.

La constituyente, que no ha logrado reescribir ni un artículo de la Constitución 1999 -aprobada entre lluvias inclementes y deslaves mortales-, obedecen instrucciones, suspenden inmunidades y añaden no se necesitan de los previstos antejuicios de mérito, o sea, deben ir presos los opositores que suman mayoría, pasar de inmediato a la cárcel y juicios penales, en lo cual los apoya el dócil máximo tribunal.

No hay investigaciones y enjuiciamientos políticos, directos y esposados a los tenebrosos corredores donde se pudren olvidados, torturados, centenares de civiles y militares reales o presuntos culpables de no estar de acuerdo y en sintonía con el régimen; criminales por ejercer derechos democráticos y constitucionales, con alguna que otra excepción.

El Palacio Legislativo se ha convertido en una ensalada de sabores agrestes, desagradables, infectada de amibas, que, en vez de brindar salud, indigesta y enferma. Con más agitación del lado opositor de mayoría constitucional, y tranquilidad disciplinada oficialista donde no hay debate, sino obediencia.

Algunos se dejaron tentar por el régimen y sus bandidos dedicados a comprar voluntades, y elegir de mutuo acuerdo y amancebamiento, a un nuevo presidente de la Asamblea y al diputado Guaidó como Presidente interino del país, o sea, el contra-presidente de Maduro y su grupo.

El país no sólo va de mal en peor en manos castro-maduristas, sino que la AN va de peor a desastre a escasos días de tener que votar una decisión trascendental.

Mal está quedando el régimen castrista, también la Asamblea Nacional de mayoría opositora. ¿Quién saldrá con la cara limpia el 5 de enero 2020? No ellos, sin duda, el país sí. Ya son cerca de 30 diputados sacados de contexto, y de los que quedan, algunos son corruptos complacientes, cohabitantes con el régimen y están investigados, Guaidó conserva fuerza, pero se le reclaman errores y omisiones, queda en la mitad de la popularidad que logró cuando sonó trompetas de libertad a comienzos de 2019, ahora oxidadas y abolladas.

Los ciudadanos tienen todas las razones para perder la fe y confianza. Pero el régimen insiste en fiestas navideñas y lo único que se le ocurre es ponerle luces a la cloaca principal de Caracas.

Mientras tanto, ¿se conmemora? la muerte, en 1830, del Libertador Simón Bolívar, y en 1935, de Juan Vicente Gómez. Dos generales, uno creador de grandeza y libertad, pero derrotado por ellas, que por libertario y sabio se hizo insoportable para sus propios conciudadanos, el otro creador de progreso a la fuerza, cárceles y torturas, carreteras construidas con sangre y humillación, cadenas que no por haber sido echadas al mar deben ser olvidadas, el tirano mantuvo el pulso firme y guardadas en su bolsillo las llaves de la esclavitud de su pueblo.

Bolívar puso cara, pecho, seguridad y fortuna al servicio de un ideal de libertad y soberanía para los pueblos de América; Gómez los encadenó para tener la seguridad del poder. Dos venezolanos, con batallas y victorias, uno liberando pueblos, el otro encadenándolos.

Simón Bolívar no tuvo petróleo ni país con riquezas, Gómez sí. El Libertador enfrentó pobreza y empeño de libertad. El Benemérito no tuvo gloria, pero disfrutó de poder y mando aceptado por sumisos. Ambos murieron un 17 de diciembre; el caraqueño glorioso, olvidado e incluso rechazado en cama ajena; el tachirense limítrofe, temido, en lecho propio, cuidado, derrotado por la vejez y un riñón.

189 años del fallecimiento del Libertador y 84 años del mayor carcelero de la historia venezolana, aunque el castro-madurismo se empeña en establecer nuevo récord- el 17 de diciembre pasó con la vergüenza del desmadre parlamentario y la tiranía de un madurismo obediente del cubano, el preocupante conformismo y resignación por los CLAP, perniles y ayuda económica miserable que no logran siquiera disimular la ruina de una economía que, con sus problemas y vicios, llegó a ser próspera. Señal clara de la corrupción desaforada e insólita incompetencia de quienes llegaron a recibir en pocos años, más ingresos que en toda la historia del país.

Los destructores de la Venezuela del siglo XXI afirman gobernar con el ideario de Simón Bolívar, que detestó la dictadura incluso cuando no le quedó más remedio que ejercerla por autorización expresa del Congreso, pero ejercen el poder y se aferran a él aplicando el cruel y sin piedad estilo de Gómez, con sangre, prisiones tenebrosas e interminables, desarrollando miedo y desasosiego en la ciudadanía.

 

@ArmandoMartini

En el célebre, popular y clásico cuento infantil, a Pinocho le crecía la nariz por mentir, en la realidad política a los mentirosos se les sale la fechoría charlatana por los poros, sudan perversión, huelen mal y apestan. Bolichicos, burócratas corrompidos, sinvergüenzas y politiqueros de pantaletas bajas que han cohabitado, mantenido al régimen -con retribución a la autorización del bandidaje-, están conscientes que los montones de dinero robados se pueden perder si el castrismo madurismo continua como va; seguirá equivocándose, perdiendo la simpatía ciudadana, al punto de que unas elecciones bien hechas, sin tribunales electorales desacreditados y pre-pagados, le resultarán desastrosas, no hay ni siquiera chispazos de esperanza en el rojo y desfigurado panorama.

De allí que el colaboracionismo cohabitante insiste en votaciones sin el cese de la usurpación ni condiciones, es decir, con Maduro en el poder, acompañado de su banda de verdugos, cleptómanos y desequilibrados que vienen ejecutando la invasión del país para sus patronos cubanos. Difícil de creer, sin embargo, la verdad siempre se impone. El “establishment” rojo rojito patibulario ha estado claro. De no ser ellos los que sustituyan al chavismo, éste puede continuar; no se admiten outsiders, y si aparecen, hay que demolerlos sin compasión.

La dictadura, aconsejada por la fría desfachatez castrista, empuja a los cómplices corrompidos y traficantes a comprar su propia red de difusión, contratan voceros sólidamente financiados, para afirmar en un acto de magia macabro que los antagonistas complacientes son desordenados, embusteros e incompetentes, elaboran lo que suele llamarse una “matriz de opinión” para sembrar dudas y angustias tanto en la población como en los dirigentes, al mismo tiempo que construyen con riqueza sucia, favores y micrófonos dispuestos, un estorbo pequeño, demacrado, que en realidad es su servil empleado, afirmando que los formales adversarios son ellos, que dialogan exitosos con una tiranía dispuesta a cogobernar para felicidad de todos. ¡Patéticos, pero dañinos!

Al mismo tiempo, dan rueda libre, liberan a sus tétricas y tenebrosas fieras disfrazadas, ofrecen fortuna a los enclenques mentales, sin artritis y poco solidos diputados que aparecen lealmente de oposición para abrirles las agallas de ambición, codicia y necesidad, atestar sus cuentas, prometiendo liderazgo parlamentario si logran que Guaidó pierda la elección en la directiva de la Asamblea Nacional el 5 de enero de 2020, para que la presidencia la ocupe uno de ellos rodeado con gasas de gloria y poder, comprometiendo vanidades de una inaceptable posición en la prolongación de la tiranía.

Lo que se inició con energía, esperanza e ilusión, se desgastó convirtiéndose en un remedo, incoloro y difuso. El Gobierno interino se ha desdibujado inexplicable, dramático, con una incomprensible y absurda tendencia autodestructiva. Ahora, en plena agonía, ofrecen que el cese de la usurpación no será ahora sino el año que viene.

 

Rechazan con furia a la verdadera oposición que no transige, valiente, sin ambigüedades, coherente, que sólo acepta plena libertad y democracia, eficiente y dedicada a la reconstrucción del país, que no dialoga con criminales, encubridores ni corruptos. Pero el amancebamiento mórbido, conveniente, asustadizo, con aparentes temblequeos; soñadores y fantasiosos de bienestares personales, egoísmos malsanos y egocentrismos orgásmicos que los hacen caer en tentaciones indebidas, sólo tratan de simular para que los opositores verdaderos, honestos, ciudadanos de principios éticos, valores morales y buenas costumbres, crean que son defensas de espacio, toma de posiciones, y no de billetes con groseros privilegios y mugrientas prebendas.

Pero las mentiras y fallas se pagan. El interinato las cancela con pérdida de la confianza popular. Sus indecisiones, debilidad con las malas compañías, peligrosamente rodeado de lo peor, mientras parlamentarios embozados no logran ocultar por completo su traición y terminan expuestos al público por rumores primero, un periodista que exhibe nombres y detalles después. La verdad persistentemente sale a la luz. Aunque sea débil, es un bombillo que nunca se apaga.

Los de las pompas de jabón, viajaron para ser recibidos por conserjes, sacarse fotos en las puertas de los establecimientos que se proponían visitar, y de cuyas porterías no pasaron, siguen en lo suyo, esclavos de su miseria y nulo impacto.

 

Las mentiras, felonías, indignidades, traiciones se pagan, y no sólo con narices más largas.

@ArmandoMartini

Por si fueran pocas las angustias y problemas que amargan las navidades de la población y de Juan Guaidó, estallan líos putrefactos de indecencia pervertida. Para empezar, sigue siendo el dirigente no por exceso de acción sino por falta de competencia. Entre la dureza armada, bien entrenada del régimen y blanduras desarmadas, desordenadas de sucesivos dirigentes opositores cohabitadores, se ha quedado sin nombres, ni popularidades, y sólo por ausencia el presidente interino disfruta de poco más del 35 % de popularidad.

Se hace abstracción de María Corina Machado, porque ella es cosa aparte, es la Jerusalén fortificada que nadie puede tomar, la fortalece que esta tan lejana como cercana donde se encuentra, todos lo saben, lo intuyen, la verdadera esperanza, más temprano que tarde, saldrá a fertilizar nuevamente este desierto, atiborrado de sinvergüenzas que cometen ilícitos a placer.

Esta tierra arrasada donde compiten con alarde, ostentación, mentira, falsedad, desilusión y desengaño, una tiranía a la cual sólo le quedan los candados de la línea de mando y nudos de corrupción, y una oposición que pareció regresar de la tumba en enero de 2019, generó inmensas expectativas en la sociedad, los ciudadanos, esperaban una forma diferente de hacer política, la ética, rendición de cuentas, transparencia de gestión, sin idolatría ni sectarismo o reparto de cargos por razones de obligaciones partidistas y desaparición de la corrupción. Y en meses ha perdido peso con una alarmante anemia de logros.

Un gobierno que se proclamó y juramentó ante la ciudadanía en ejercicio de previsiones constitucionales, que mucho prometió e ilusionó, pero por lo logrado poco planificó más allá de la trilogía, cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. La ética en la institucionalidad en momentos de oscuridad e inseguridad, es un valor que justifica el máximo y jamás debe sacrificarse por apetencias partidistas e intereses individuales.

No concibieron adecuadamente, creyeron que el espectáculo del ingreso de ayuda humanitaria sería un gran festival de emociones y triunfo; en la tarde era obvio que el régimen castrista tenía respuestas frontales, violentas y planificadas. La ayuda se incendió o se quedó en Colombia, pusieron en una posición difícil y vergonzosa al novel presidente que debió regresar en silencio a Caracas y el usurpador cenó tranquilo esa noche.

 

Meses después esa oposición liderada por Juan Guaidó, que confiaba en él, salió a las calles suponiendo que Maduro y sus cómplices se estaban montando en aviones para escapar, y sólo encontraron a un Leopoldo López callejero y desconcertado, un presidente encargado que como pajarito en grama, miraba a todas partes sin encontrar nada; militares que salieron a ponerse a la orden y sólo consiguieron perder sus carreras, huyendo los afortunados, presos con perspectiva de tortura los menos perspicaces. López terminó en una embajada, Guaidó en su casa, el jefe del cuerpo de torturas libre y sin pecados que pagar en Miami. El régimen no tuvo que moverse, sólo mandar a sus basureros uniformados leales siempre a recoger las ruinas y un puñado de cambures olvidados.

Después la estulta pifia de ir a unos diálogos a los cuales, pensantes le recomendaron no asistieran, para terminar en lo mismo, nada para los ciudadanos, más tiempo para el régimen que, no avanza en la electricidad, servicios públicos ni en la economía, pero sí en la ilusoria comunicación.

Ahora le revienta en la cara un escándalo anunciado, que iba de un lado a otro en las redes sociales, pero que no estalló y llenó de porquería a casi todos los políticos y decepcionó a la ciudadanía, hasta que periodistas serios, de investigación y su medio de comunicación digital informaron detalles.

Aunque Guaidó y los partidos de su entorno reaccionaron con rapidez, echándolos por la corrupción señalada, abriendo investigaciones, nadie olvida que esas señales venían desde hace tiempo, que la Fiscalía colombiana investigaba, el Embajador de Venezuela en Colombia había advertido sobre la investigación, riesgos y condenas del diálogo mentiroso.

Once meses lleva la esperanza venezolana avanzando, estirándose y, por tanto, estirar sin alimento, perdiendo fuerza. Porque ya nadie habla si Guaidó tiene o no el vigor para derrotar al régimen y emprender el duro camino hacia la reconstrucción; la interrogante obvia, es el hombre indicado para fundar un país nuevo si no tuvo la astucia, discernimiento y firmeza para descabezar a los políticos que echaron su ética a la basura. Igual para Leopoldo López, a quien Guaidó parece obedecer ciegamente. La pregunta es para ambos, ¿cómo reconstruirán un país si no sólo no logran desmontar al que la mayoría detesta, sino que ni siquiera pueden vigilar y controlar la ética, decoro, honestidad de menos de 200 hombres y mujeres que se supone son de su confianza?

 

Juan Guaidó fue designado presidente encargado para una gestión que debía romper con un pasado de inmoralidades, desenfreno y libertinaje. No cumplió, traiciono el mandato conferido y esa gestión, es la que está en cuestionamiento y escrutinio ciudadano. Desde su Jerusalén poderosa, creciente y vibrante, María Corina Machado observa con interés. Y con mucha amargura, como la ética ha sido desmantelada.

@ArmandoMartini

En cualquier página de la historia venezolana encontrará numerosos héroes, son los pilares. Unos más conocidos, otros menos. Pero todos con una personalidad que los une: dar la cara, formar parte de la acción, el liderazgo nace y crece con la gente, en la guerra y la política, no es más que una manera civilizada de combatir, de guerrear. No es “síganme” ni “vayan”: es ¡vamos!

Las personas no persiguen a quien los llame, sino porque les llama la atención. Todo ser vivo actúa de la misma manera. Observa, da vueltas mirando, oliendo, percibiendo, finalmente su instinto, su alma toman la decisión de alejarse y olvidarse, o de atacar para alimentarse, integrarse al grupo para formar parte, protegerse, ser más. Es la intuición de la manada, donde todos siguen a un líder que demuestra superioridad y, en consecuencia, es digno de ser seguido, obedecido, cuida a los otros, guía a los mejores prados o áreas de caza para alimentarse. Los próceres salen a cara y pecho a la calle.

El auténtico líder nace dentro de la manada, crece, se forma en ella, se destaca por lo que aprende. Ésa es la tragedia de las monarquías hereditarias, su maldición, salvo excepciones los herederos no superan a sus padres, crecen rodeados de poder, pero no saben qué es conquistarlo y conservarlo; es la ventaja de monarquías y mandatos parlamentarios, convierten al monarca en bandera, símbolo de la nación, pero no en ejecutores de un Gobierno que, desde tiempos de los griegos de Atenas y Corinto, nace del pueblo por decisión de la mayoría y no por disposición de un privilegiado.

El líder es el mejor de la manada -perspicaz, inteligente, mejor cazador, fiero protector y confiable-, hasta que aparezca otro mejor -por edad, confiarse demasiado, perdiendo facultades- y se la arrebate. La manada, animal o humana, es un conjunto de personalidades concretas que se funde en una sola más vaga e instintiva, y esta personalidad masiva se enamora del líder, lo escucha y sigue. El que no lo haga se reindividualiza para bien o para mal y queda fuera. Será un fantasma solitario o, si lleva el espíritu y condiciones de líder, formará su propia manada. Algunos lo han logrado, son muchos los casos en la historia.

Pero ningún líder, si quiere seguir siéndolo, no pierde relación con la manada, ni deja de tener a la vista otras. Debe conocerlas tan bien como a la suya propia. Cuando ese contacto se debilita, se encierra en oficinas, enreda en secretos, pierde ese poder que no es obligatorio, sino voluntario. Sin la activada comprensión de las manadas, grupos sociales, el líder se debilita. Y ese conocimiento no se fortalece sólo de efluvios de una multitud que forma parte de una emoción, de una expectativa generalizada.

 

Ciertamente el líder político tiene que atender reuniones, escuchar, dialogar con los cercanos de su confianza, pero jamás perder el sabor, olor y contacto diario con la gente. Tiene dirigentes de su mayor o menos confidencia, más leales o menos, que son a su vez líderes de grupos menores, regionales, municipales, parroquiales. Son ellos los que manejan eso que han dado en llamar “maquinaria partidista”.

Y tienen cualidades separadas o mezcladas, dependiendo de cada quien. La primera suele estar en las calles que, en el partido, tienen accesibilidad, presencia personal, conversaciones, oídos atentos -no tener oreja fina en política es lo mismo que estar sordo, no tener mirada astuta apta para ver tanto el panorama como cada detalle es estar ciego; la ceguera y la sordera acaban con los políticos-saber qué está pasando de verdad. Y si no lo interpretan bien, caen, se esfuman. Puede que continúen en la pirámide organizativa del partido, pero no en el interés, confianza o conveniencia de sus vecinos. Y si no los conoce bien y encarna a plenitud, no los representa.

La segunda es la inteligencia y capacidad de análisis -no todos tenemos esas cualidades mentales y culturales- de su entorno integral, global, cómo encajan los ciudadanos en ese ambiente, qué y hasta dónde pueden aspirar.

La tercera es la lealtad, entender por qué está el líder arriba y el resto es parte de esa manada; qué puede esperar y qué espera éste. Entender hasta qué punto el líder sigue conociendo o no a la manada, y cómo debe -más que puede- ayudarlo a enriquecer y mantener activo ese conocimiento, que además pasa a través de ellos mismo.

Ni el líder ni sus hombres y mujeres de confianza pueden mantenerse, aturdirse dentro de sedes y oficinas más de lo estrictamente necesario. La política de verdad, del éxito, se hace en la calle, en medio de la gente. No se lideriza en la cabeza, se lidera en el corazón, en el alma.

 

@ArmandoMartini

Los integrantes de la connivente mesita-casa-amarilla enmascarados de oposición, sin querencia ciudadana, desconectados de la realidad país, no aguantaron dos pedidas y aparecieron sonrientes en Miraflores, con su cara lavada, estrechando la mano ensangrentada del usurpador, condimentada a la salida con una menguada, blandengue declaración sobre la lucha contra el régimen, restaurar la democracia y la apreciación inverosímil que existen condiciones para renovar el CNE. Por supuesto, con voluntad pacífica e interesada convicción electorera. Mientras otro grupo que también se califica de oposición -con más fuerza, hay que reconocerlo-, de sentimiento muerto, intimidante con la unidad como chantaje, se lanza hipócrita con un pacifista mensaje de rebelión sin salsa ni explicación, sin causa razonable y con la pausa del vamos a ver qué pasa. Oposición no es mentiras bonitas sino verdades.

El país está dividido en dos minorías sin empatía ni conexión con el pueblo, que componen el status quo, con poder mediático y económico, pero sin legitimidad y muy poca credibilidad; la que languidece, se desvanece, pero aun con soporte, la otra que contrariamente se fortalece; y en el medio la sociedad mayoritaria que clama coherencia, rendición de cuentas, respeto, decoro, dignidad y soluciones. Una mescolanza opositora que carece de sabor.

 

La primera pregunta que hacerse ¿cuál es el sentido de esta declaración de un sector opositor? Allí no están todos los que adversan al régimen. La segunda interrogante, ¿cuántos palos, violaciones a los Derechos Humanos, bombas lacrimógenas, muertos, exiliados, presos políticos, embustes, burlas, encarcelados, torturados, negociaciones y diálogos falsos necesitan para entender que, aunque no se llame a la violencia, hablar tánto de protestas pacíficas y florecitas no parece ser el lenguaje que entiende la dictadura castrista? Que le gusta, sí, que comprenda ni mucho menos le atemorice, no. Una tercera cuestión, ¿cómo pueden hablar de pacifismo y sobriedad democrática dirigentes metidos hasta los tuétanos en el ejercicio del Gobierno paralelo que, para bien o mal, conduce el grupo colegiado que rodea al presidente encargado? ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar?

Y entonces la cuarta duda, si es un acuerdo de toda la oposición ¿por qué no aparecen en esa declaración Vente Venezuela y otros? Es decir, ahora tenemos tres oposiciones. La servicial, encubridora, solícita con el régimen al punto de ser socia comercial, con acumulación de dirigentes olvidados y de bajo impacto; una segunda, opositora de espíritu colaboracionista, negociadora en oscuridades y boreales nórdicos, los del legado, encargados de crear la narrativa de que Chávez hizo algo bueno, presuntamente -porque quienes lo aconsejan parecen sus enemigos- alrededor de Juan Guaidó al punto de formar parte de su equipo de Gobierno. Y una tercera que ninguno se atreve a nombrar porque le temen a la verdad, sinceridad, autenticidad, coraje y coherencia.

Y ahora traten de explicarse cómo puede formarse una organización opositora sin la participación de Vente Venezuela, partido político fortalecido alrededor de María Corina Machado, estadista y líder que ha venido sostenida incrementando con fuerza su prestigio, credibilidad, respetabilidad y admiración entre los venezolanos debido a su coraje y, especialmente, porque no ha cambiado su mensaje; lo que planteó originalmente lo mantiene inflexible sin concesiones ni diálogos para discutir cohabitación, abstracciones o conveniencias específicas, porque no es una populista que sólo busca complacer oídos toscos, sino una venezolana que piensa, analiza, concluye. No hace pactos con el demonio ni adoradores, donde la estulticia de percibir positiva la falsa normalidad de una nación destrozada, económicamente en ruinas, descompuesta como sociedad en una inconfesable degradación moral, sin libertades ni derechos, es la verdadera patria en la cual se lucha por reivindicaciones sin exclusión.

Eso no significa, como algunos acusan, que María Corina y Vente son radicales, tercos. Representa los que no engañan, dicen la verdad, no ceden ante presiones, tienen posiciones definidas, claras, públicamente conocidas, principios éticos, valores morales, buenas costumbres ciudadanas, no disimulan ni dialogan su posición contraria al desastre, malversación, errores y corrupción que a lo largo de los veinte años vienen postrando y lacerando cada vez más a Venezuela.

 

Machado y Vente Venezuela no son radicales intransigentes, enfrentan con valentía al castrismo, comunismo, socialismo, Foro de Sao Paulo y Grupo de Puebla -por cierto, deberían ser catalogados como organizaciones terroristas, y sus miembros juzgados por el delito de intento de arruinar un continente-; son ciudadanos de palabra, que la honran y cumplen, ése es su valor, que van adelante y cada día ganan más el respeto. Por eso, no aparecen en el patético mensaje de cambio con complacencia y cohabitación, ni en la Casa Amarilla ni en la Asamblea Nacional.

Pero sí están en las pesadillas del régimen y en la esperanza de la ciudadanía, que es donde debe estar una oposición verdadera. La izquierda castrista chavista, comunista, socialista y demás hierbas aromáticas, lucen nerviosos, tartamudean, les incomoda María Corina Machado y Vente Venezuela. Es comprensible, no están acostumbrados a tener delante a un partido valiente con coraje que desmonte la funesta doctrina totalitaria denunciando abusos y excesos. Es lógico y normal que quieran amedrentarlos para silenciarnos. Para ser oposición hay que tenerlas bien puestas, y el ciudadano, ante la evidencia, está consciente de la falsa oposición, y comienza a no seguir más sus lineamientos.

@ArmandoMartini