Armando Martini Pietri, autor en Runrun

Armando Martini Pietri

Es la pregunta que se hacen los ciudadanos, en Venezuela y el resto del mundo. Si existe un país en el cual sobran razones y circunstancias que justifican la unión de voces opositoras a un régimen perverso, patibulario, violador de los Derechos Humanos y decadente, es sin duda Venezuela. Sin embargo, ese esfuerzo unitario detrás de la línea que la concentre y tenga fuerza para derrumbar lo que está corroído, no se logra por la infinidad de pequeñeces, por las cuales el interino dilapidó el capital libertario.

Para empezar, se ha hecho de la unidad un chantaje absurdo para beneficio de pocos, con alardes e hipocresías cacareadas que esconden los motivos reales, la inconsistencia entre aquello que se defiende y lo que realmente se hace, sin el menor propósito de enmienda ni contrición.

Quienes vociferan “¡unidad!”, acusan de divisionistas a quienes tienen un pensamiento profundo, comprometido con la realidad ciudadana, de “romperla”, lo hacen con interés egoísta de exigencia obligada, coaccionando el deseo mayoritario de una población angustiada, deseosa de cambio, que muere de hambre, padece problemas de salud, además de frustración, y en consecuencia la furia creciente, por la pobreza, miseria, y evidente indiferencia del régimen, ése sí “unido” en el desastre corrupto.

Con falsedades, estafadores lanzan mentiras y se enmarañan en ellas, obscurecen perspectivas y pierden el horizonte, mientras los estafados aprenden en carne propia a no creer en neblinas ni aromas que desprenden fragancias que atraen para envenenar.

 

Se busca entrampar a los ciudadanos con demandas de unidad mediante requerimientos que rayan en la coerción -de hecho, lo son- con el deleznable argumento de que “atacas a la oposición más que al régimen”. Son tramposos que justifican así su simpleza y, peor, se ocultan en la impunidad perversa en la que se cobijan, es decir, guardar silencio; lo que se convierte en complicidad de la porquería en que están inmersos políticos y no políticos que se favorecen, usufructúan y lucran del absolutismo que se busca imponer disfrazado de democracia, estrategia similar a la del régimen. Han hecho de la unidad una estafa continuada en la que algunos sucumben de buena fe. Esa defensa a ultranza, perniciosa de una unidad construida con dobleces, falsedades y disimulo es prueba irrefutable de que trabajan para mantener el estatus que precisa quien gobierna para sobrevivir y permanecer.

La convicción altanera de quienes se consideran descendientes de héroes libertadores, herederos y dueños del futuro, por tanto, libres de compromiso y cumplimiento de la palabra empeñada, en los acuerdos, en el Estatuto que Rige la Transición a la Democracia. Asimismo, existen personajes retorcidos, bolichicos titiriteros, que trazan fórmulas intermedias y posturas acomodaticias, que consisten en realizar algunos cambios para que en esencia todo siga igual, salvo para ellos que lograrían conformar, una aparente legítima, pero sumisa oposición. Dócil a la dictadura, no a la voluntad ciudadana.

La opción que no insista en el cese inmediato de la usurpación, no tendrá posibilidad de éxito ni sustentabilidad. Mientras no entiendan la catadura del régimen, su calibración de estado fallido, fracasarán. Y partiendo de esa base, convencidos de que en la unidad está la fuerza y tiempo, hoy, probablemente no dé para que exista otra oportunidad; de aceptar, lograr lo que la inmensa mayoría desea, cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, en ese orden. Solo cuando se logre será el momento histórico para Venezuela.

El Foro de Sao Paulo es un desecho fecal. El plan desestabilizador que se acordó, en el XXV encuentro en Caracas, apenas comienza, y se disponen ajustarlo con el nuevo encuentro de ese disfraz hediondo y pestilente llamado Grupo de Puebla.

 

Mientras el continente se alborota, cierta clase política venezolana evade la realidad e insiste terca en participar en elecciones fraudulentas sin el cese de la usurpación. Muchos afirman que usurpador e interino son, a simple vista, enemigos políticos, pero al observar en detalle la confrontación entre ellos, destaca un rasgo, hasta ahora clandestino: la convivencia, cohabitación, que han desarrollado a pesar de las inminencias de acabarse mutuamente, al menos en la visión tergiversada de quienes enarbolan la unidad como control y obediencia, no como voluntad de luchar.

En Venezuela no hubo rescate democrático, la posibilidad humanitaria fue discutida, estuvo sobre la mesa, pero fue la comitiva del gobierno interino quien la descartó por negligentes colaboracionistas y mal cálculo. La comitiva interina, con embustes y medias verdades, persuadió a los aliados con la teoría improbable de que Maduro saldría corriendo por la simple amenaza. Cometieron el error de creer semejante estulticia que sólo pueden proponer cohabitantes, cómplices y socios comerciales cooperantes. De allí, el fracaso del 30 abril y recelo de la Casa Blanca. Lo cierto es que, tras descubrir la estafa provisoria y su línea pro socialista, han decidido -por lo pronto- hacer mutis y vigilar. No se desvinculan, pero tampoco se comprometen. Con gente como esta hay que ser prudentes. No pueden quitarle el respaldo a Guaidó, sin admitir el fracaso dentro de la opinión pública de sus países; se limitan a manifestar preocupación. No arbitrarán mientras siga la mediocridad dirigiendo.

El discurso combativo alivió, no tendría lógica emplear recursos en salir de la dictadura castrista si quienes la sustituyen son chavistas light, y se agregan a la falsa transición funcionarios responsables de la ruina y destrucción. Pero ¡cuidado!, continuaran las sanciones, ningún culpable está libre de investigaciones, aunque sea parte del fracasado y disminuido interinazgo.

 

La tensa calma que vive Venezuela ocurre mientras el castrismo venezolano busca sobrevivir, continúan los desplazamientos y la calidad de vida se deteriora. Son pocos los días para la renovación de la Directiva en la Asamblea Nacional, para ello, deben cuadrar votos en subasta, activar la calle y reforzar el apoyo de los países aliados, hoy, incrédulos, engañados y decepcionados.

@ArmandoMartini

Se reunieron, en el altiplano donde también está la gran capital mexicana. Ambiente colonial, apacible, artesanía de cerámicas y variedad culinaria. Nadie habría podido imaginarse que, al alcance, pero lejos de las suspicacias de López Obrador, el Presidente que, tras, décadas de populismo y fantasías, eligieron finalmente los mexicanos sin pensar -los pueblos se emocionan mucho y piensan poco- que estaban poniendo al frente de su país a uno de los capitostes del izquierdismo modelado por el castrismo. 

El populismo manipula engañando, que se profundiza en la medida de los recursos para sostener el gasto social, la habladera de pendejadas e ilusiones imposibles. 

El régimen venezolano constituye la máxima expresión del populismo barato y sin sentido, sin embargo, puede añadirse sin sorpresa, militarismo y comunismo castrista. 

En Puebla se congregaron, dispuestos a refrescar, reactivar, un empeño que languidecía entre fracasos, economías arruinadas, presidentes perseguidos y enjuiciados por corrupción. Se apandillaron los comunistas que llevan años disfrazados de socialistas para frenar la caída de la izquierda embustera, farsante, represora, administrativamente deshonesta e incompetente en Latinoamérica.

 

Venezuela sufre hiperinflación, deterioro de los servicios públicos, atraso en la educación, inseguridad ciudadana, jurídica y ruina en la calidad de vida en la espera de un colapso inminente, en el ámbito político se mueven cohabitantes titiriteros en la negociación infructuosa y elecciones sin principios éticos y condiciones de transparencia. 

 

Ha resultado, para angustia de los extremistas de izquierda, que quienes lo están haciendo bien son los moderados, conservadores, trabajadores, y no los Lula, Chávez, Maduro, Ortega, Correa –aparte de los Castro, que son ya historia vieja-, que de ideólogos parlanchines se mostraron al frente de sus países como puentes de la normalidad con problemas, a la tragedia de la devastación, represión, censura y muerte.

Y algo había que hacer, por eso, Fernando Haddad, Ernesto Samper, Dilma Rousseff, Rafael Correa, el cuelga hábitos Fernando Lugo, aquél José Miguel Insulza que Chávez llamó “insulso” que puso a la OEA a disposición de la izquierda se reunieron en la ciudad de Puebla, de cara al Foro de Sao Paulo a punto de regocijarse en la Caracas solitaria, hambrienta, oscura, insegura y triste de Maduro. Ocurren los dos eventos y, qué casualidad, estallan violencias, pero claramente organizadas, en Ecuador, Chile y hasta arrestan a venezolanos no migrantes sino casuales visitantes, algunos incluso con carnets de cuerpos represivos, después que en territorio venezolano, pero con cara hacia Colombia, los narco guerrilleros anuncian que vuelven a la guerra, la delincuencia y desestabilización -del sur venezolano aunque eso no necesitaban anunciarlo, todo el mundo sabe que están asentados, a su aire y anchas por esa extensa y rica tierra.

 

Los izquierdistas venezolanos son parlanchines, echones, fantoches y el Presidente usurpador anunció a micrófono batiente que los narcoguerrilleros perseguidos en Colombia eran cordialmente recibidos; un cuestionable zurdo konducta difunde ardientes mensajes animando a los chilenos a destruir su país, reconociendo que está allí encapuchado y alentando a que el Presidente Piñera renuncie. Y Maduro completa el escándalo apoyando las subversiones.

 

Ha comenzado y aparece en el ojo ciudadano. Todo en sucesión, el Foro de Sao Paulo después de la reunión de Puebla, reconocimiento caluroso y amparo a narco subversivos colombianos que cobran en chantajes y oro venezolanos sus servicios, explosiones en Ecuador y Chile, ahora el colosal y descarado fraude electoral de Evo Morales en Bolivia y, con alta posibilidad, un incendio castro kirchnerista en Argentina. La estrategia en desarrollo de la reunión de Puebla, con la bendición y supervisión del hada madrina española para Latinoamérica, el también fracasado Presidente José Luis Rodríguez Zapatero, defensor y guía, junto con los poco bañados chicos de Unidas Podemos, de la creciente tragedia venezolana.

Se reunieron para definir estrategias y fortalecer voluntades para la reconquista de la región que por los errores de sus propios integrantes han estado perdiendo a Latinoamérica. Y sólo nos queda una salida, combatirlos con coraje, valentía frontal, y una esperanza: ellos siguen creyendo que sus errores no lo son.

 

@ArmandoMartini

Mirarse el ombligo no basta, por Armando Martini Pietri

SERÍA INJUSTO NEGAR QUE ALGUNOS en la oposición trabajan con intensidad y esmero en la búsqueda de la salida del régimen castro-madurista, cuyo éxito fue destruir el que era, cuando llegaron al poder, una fortaleza casi indestructible de libertad y democracia, alternabilidad política, oportunidades para el avance, desarrollo, bienestar y superación. Con problemas, desórdenes económicos, fallas en los servicios, pero un país que avanzaba, miraba a otras naciones, y apreciaba sus triunfos, pero con escasa conciencia del sufrimiento ajeno. Cuba, Haití, los países del África, estaban lejanos.

Entonces aparecieron unos militares cuyas acciones en 1992 fueron rotundos fracasos en la que se suponía su especialidad; estrategia y operación militar. Pero la gente, y no sólo el llamado pueblo llano, pata en el suelo, sino comunicadores, presentadores de radio y televisión, incluso dueños de medios de comunicación, empresarios y profesionales de éxito y, más patético, intelectuales, que interpretaron aquellos golpistas como hombres de valor, con popularidad real e inflada. Una escritora de reconocido quilate se entusiasmó y publicó un libro en el cual, en vez de llamarlos subversivos, traidores a su juramento, los calificó de “ángeles”, “La Rebelión de los Ángeles” -hoy, por cierto, exiliada junto con su esposo, también importante comunicador que igualmente, aunque quizás con menos osadía, los respaldó y habló a su favor.

Otros no los apoyaron tanto, pero se dedicaron al tema que habían puesto de moda, el que daba entrevistas y titulares. Criticar la democracia, pifias del gobierno y errores del sistema. Uno de ellos, de los fundadores de la democracia, se atrevió incluso a justificar a los sublevados expresando que el pueblo sufrido y olvidado no tenía motivos para defender su libertad, la democracia que se había construido a lo largo de cuarenta años; primer período de la historia venezolana sin alzamientos, caudillismos espada en mano, soldados en el poder derrocándose unos a otros.

Y por darle soporte moral a los insurrectos, con su propia y larga historia de co-padre fundador, él mismo llegó después a Presidente, sufrió la peor crisis bancaria y financiera del país, se le trancó el ejercicio y terminó bebiéndose la vergüenza de entregar la banda presidencial al mismo líder militar revolucionario, ya confeso admirador de Fidel Castro.

De la noche a la mañana, la democracia venezolana volvió a surgir como un sol mañanero en el horizonte. El Presidente rebelde y autoritario que una mayoría eligió convencido de que, con un nuevo caudillo joven, de voz gruesa, uniforme impecable, cantante mediocre y recitador de poemas llaneros, vendría inclusión, bienes, mejoría, justicia y felicidad para todos.

No fue así, al comandante Presidente se le fueron sumando militares que él mismo llamó porque lo castrense era lo único que entendía. Nunca se ocupó de analizar a Fidel Castro como pensador tiránico del comunismo cruel, criminal, del socialismo arbitrario, el populismo demagogo y embaucador, sino como un guerrero que había derrotado y mantenía alejados a los estadounidenses. Siguió, eso sí, la pérfida experiencia fidelista, de permitir a sus militares que se hicieran más ricos cada vez, convirtiéndolos en obedientes sumisos.

Así, entre uniformes y buenos negocios, el sol de la democracia subió mucho pero lejos; a la sombra las libertades y prosperidad de los venezolanos iban siendo disminuidas, propiedades y empresas estatizadas, el país entero gubernamizado

Al mismo tiempo, los políticos volvieron al ataque, de repente ya la democracia no tenía fallas sino brillo remoto y atractivo, deseable pero difícil de alcanzar. Como la tradicional política venezolana, andan siempre combinando lucimiento propio y seguimiento a un caudillo. Pavoneo reducido a promesas y verborragias frente a micrófonos.

Lluvias, nubarrones, granizo, eventos buenos y especialmente malos han pasado desde entonces. Con muy contadas excepciones, los opositores han marcado territorio -el chavismo dictatorial y corrupto allá, demócratas e incorruptibles acá- y han dedicado veinte años a tomar decisiones mirándose los ombligos unos a otros.

En la que es cada día más una isla, la cúpula castro/chavista, primero Chávez fracasó en mejorar al país y en hacer útil un río de dólares petroleros que soñaron infinito hasta que se secó; después los cubanos fracasaron en derrotar al cáncer, y sus herederos han frustrado hacer los arreglos que había y hay que realizar. Cierta oposición estropeó oportunidades, cómplice, cohabitante, unida y desunida como un acordeón malévolo, en sacar al ahora ya madurismo de un poder al cual no tienen más remedio que aferrarse con garras y dientes.

Hasta que amaneció 2019, cuando opositores decidieron unirse en el objetivo -muchos cabos quedaron sueltos- de sacar a Maduro y al madurismo del poder, hasta inventaron un poema rítmico que suena bien. ¡Cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres!

Sin embargo, políticos -politiqueros- irresponsables y demagogos, permitieron soñar inmediatismos imposibles que ellos mismos, distraídos entre marutos y palabreríos, también se creyeron, y que ahora, titiriteros convivientes pretenden modificar.

Han trascurrido 10 meses, soñando invasiones, engañando con espejismos, profesando que ellos y su contraparte madurista son las únicas preocupaciones de las naciones del mundo. Largos meses agotando a los ciudadanos, atrapados en la miseria y el hambre, entre la verborrea de cierta dirigencia opositora analista de cordones umbilicales y la monserga usurpadora.

No basta con mirarse al ombligo, hay líderes que se juegan la vida y el destino en las calles, dirigentes que el ciudadano respeta y confía por coherentes, auténticos, que no aceptan distraerse, hablan claro, con la verdad y plenos de coraje. Tendrán que actuar.

@ArmandoMartini

Diálogo, contra/diálogo, pro/diálogo, anti/diálogo, silencio, por Armando Martini Pietri

 

EN LA CONVERSACIÓN DIFUNDIDA de Martínez Mottola, por instantes tediosa, en parte contradictoria, entre medias verdades y embustes, conduce a la convicción que tenemos años siendo engañados en pláticas, diálogos pautados, realizados, olvidados. Y si añadimos las majaderías de Stalin González, sobre que la oposición seguirá luchando para garantizar elecciones libres, sin el cese de la usurpación ni gobierno de transición, sino la estolidez ridícula de un gobierno paritario. Y, por si fuera poco, algunos se refieren y tratan a los dañadores como demócratas comprometidos, gente de bien y honorabilidad a carta cabal. El caradurismo político es desvergonzado.

Eso que llaman G4, sin legitimidad y rechazo de la inmensa mayoría, ha dañado lo poco que subsistía de las instituciones, ahora dependientes y sometida a su interés. Son políticos de mente pequeña, enanos politiqueros, que no poseen empatía popular. La Unidad es utilizada por hipócritas embaucadores como chantaje. La verdadera Unidad es sin mafias, sin colaboración con violadores de los Derechos Humanos, sin corruptos ni cómplices, tampoco se puede disimular con una fachada democrática, y menos fundamentarse, en la impunidad por conveniencia 

El régimen castrista venezolano no culminará hablando sino a la fuerza. Ni noruegos, chinos, rusos o europeos, no han podido convencer de lo contrario. No se persigue beligerancia violenta, solo se reacciona a lo que el chavismo primero, y castro-madurismo después, nos han dado: guerra y violencia. Estamos obligados a elegir entre la firmeza y debilidad, libertad y cautiverio.

Cuando se produjeron en el siglo pasado las conversaciones entre coreanos, después vietnamitas, no intervinieron los noruegos de mediadores, y lo más que se pudo conseguir fue un armisticio, separando a una Corea que se zambulló en democracia, convirtiéndose en una de las grandes potencias industriales, exportadoras del mundo y la otra indigente, atrasada, que acaba de recibir con notoria indiferencia a Diosdado Cabello.

Entre israelitas y palestinos con diversos intermediarios se han producido conversaciones varias, y se siguen matando con historia similar; judíos en democracia, coraje, talento y empeño levantando industrias, transformando el desierto en tierra agrícola, aunque tengan siempre el fusil a la mano, y los palestinos vociferando idioteces de revoluciones populares, quejándose de ser víctimas.

Los noruegos, se prestaron para mediar entre la Colombia democrática y la narco-guerrillera tras medio siglo de guerra sin cuartel, firmaron una paz que a pocos convenció y entregó sillones en el Congreso colombiano a un sector, y la otra parte al final se expandió, con abierta complicidad del castrismo, sin rubor, narco trafican, secuestran, expolian a mineros y pasean a sus anchas por el sur venezolano, es decir, expandieron su refugio a límites hasta antes de los acuerdos de paz que dieron un Nobel al anti-uribista Juan Manuel Santos y hoy son más fuertes, criminales e irreverentes.

A cambio, cientos de miles deben cancelar peaje para cruzar la frontera en su escape de la miseria e infortunio castro-madurista, atiborrando países de la costa suramericana del Pacífico y a ellos, sus jefes de guerrillas que nunca dejaron de guerrillear, traficar ni cobrar, el castro-madurismo los invitó públicamente lo que ya hacían, entrar a gusto en Venezuela. Se impone una ruptura decisiva, terminante, sin ambigüedades contra el perverso continuismo y la despreciable cohabitación.

Se entiende que delegados del gobierno interino y castro-madurismo dialoguen todo lo que quieran, en Oslo, Barbados, Venezuela o donde les apetezca, se reúnan, se paren, se apoyen en la mesa o la pateen, para que corra el tiempo hacia lo que presumimos pasará. No hay forma de convivir con el mal. Un ejemplo de maldad, mientras el régimen engañaba a los ingenuos de siempre con su falso diálogo, en realidad, planificaban coordinados con el Foro de Sao Paulo, desestabilizar la región. La comunidad internacional debe comprender sin demora o protocolo diplomático, que el centro de operaciones del comunismo en Latinoamérica se ubica en Cuba. Mientras no lo entiendan, el caos reinará en la región.

Nunca existió ni tampoco existe voluntad para una negociación que ponga punto final a esta ignominia. Lo que se conversa es un simple diálogo estabilizador entre compañeros y socios. El objetivo para el usurpador es ganar tiempo, y el interino, utilizarlo para consolidar la candidatura presidencial.  

Una operación liberadora no es invasión. La liberación del comunismo, un país arruinado, destrozado no debe confundirse con ocupación, es una torpeza conceptual irresponsable. Que el régimen caerá por su propio peso, negocien por su cuenta si se van, cómo y a dónde, es candidez pensarlo. 

La Casa Blanca tiene menos paciencia, aplican el refrán que tanto le gusta a Diosdado, rogando y con el mazo dando. Por eso mantienen en alerta su pragmático Comando Sur, desarrollan programas de ayuda humanitaria entre militares, sobrevuelan territorio con frecuencia, vigilan con persistencia desde satélites que no se detienen y pasan por encima de Venezuela, grabando, fotografiando, y transmitiendo. Además, tienen el arma más poderosa: la incompetencia del régimen venezolano.

A los ciudadanos se les termina el tiempo de espera, la miseria abruma, castiga, pega duro, se agotó la paciencia, ya no se acepta la picardía politiquera.

 

@ArmandoMartini

 

Encargado y usurpador contra sus propias paredes, por Armando Martini Pietri

POCO IMPORTA SI SE QUIERE dialogar -ganar tiempo, intercambiar chismes, pasar un rato entre panas o contar chistes- lo que cuenta es con quien. ¿Cuántas veces el castro-madurismo ha pateado mesas de diálogo?, ahora se afirman dispuestos a platicar, se aseguran de diálogo, paz y respaldo al pueblo. Pero nadie les cree, existe desconfianza, desilusiones y demasiados engaños. Un acuerdo pretende reeditar el infame diálogo que solo sirve para otorgarse tiempo, en una perversa propuesta electoral que posterga la salida a la crisis, profundizando la gravedad de la emergencia humanitaria y sufrimiento del venezolano.

Quien usurpa, certifica a voz en cuello, lo que sus jefes Putin y Castro, ordenan; con medio mundo en contra, déjate de pendejadas e ilusiones y siéntate a conversar; así se entiende la gente y compruebas lo que aspira tu adversario. Se gana tiempo. Además, el miedo es libre y logrando un acuerdo destinado a obstaculizar el avance de la ruta de la fuerza, después del paso dado por los ciudadanos y aliados para reactivar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), es bueno, porque la cosa se pone color de hormiga. 

En lo que están unidos, interino y usurpador, es que ambos tienen las espaldas pegadas a sus propias paredes. 

La del encargado es lisa, resbaladiza, ofrece limitados puntos de agarre y por ahí va resbalándose poco a poco, superficie viscosa, desempeños oratorios, compromisos diluidos e incumplidos, cese de la usurpación, Gobierno de transición y elecciones libres, cualquier desviación en el orden de la ruta inicial propuesta, aceptada por las mayorías, se considera una traición a la ciudadanía, terminará con dolor y nalgas en el piso. 

La del ilegitimo no reconocido es más firme para aguantar espaldas y dureza de cara, pero como cola de iguana, si se acaricia contra su orientación natural, hiere la mano. Sucede, tanto si sólo recibe órdenes, como si las ocurrencias son de él, es que soba lagartos al revés. Tiene expertos para resolverle problemas y transformarlos en soluciones, pero se empeña en escoger la sumisión no a su pueblo sino a La Habana, lealtad como obediencia sin cuestionamientos, creer que un carnet o amistad con un jefazo puede hacer milagros. Poner “donde haiga” no es lealtad, es complicidad.

Con aliados leales siempre, traidores nunca, se aferra al país que se desmorona, descose como ropa vieja, creyendo y viendo ataques por doquier, pegándose cada vez más a una pared llena de escamas punzantes con deudas, violaciones a los derechos humanos, militares en plan de sin nosotros no puedes, inflación, hambre, desabastecimiento y carencias.

La oposición tradicional degastada, enredada en sociedades y complicidades, dividida en principios éticos, peleona pero incompetente, sin hacerle cosquillas al castrismo, continúa desacertada, desorientada, no da pie con bola. Se empeña obsesiva en negociar con el oficialismo que simula hacerlo, ganando tiempo, esperando que cambios políticos en Latinoamérica inclinen la balanza a su favor, izquierdas y Foro de São Paulo recuperen espacios. El reto ciudadano, es impedir que está chiflada sinvergüencería se consolide y la única manera es, diciendo la verdad de lo que ocurre, presionando duro para que se abandonen estultos caminos de negociación inútil y se retome la ruta del coraje.

Es difícil asegurar si la presión contra el castro/madurismo viene del interinato, partidos que lo sostienen, decisiones de la Casa Blanca, coraje ciudadano, o quizás de una explosiva combinación. La realidad, hay presión y de mucha fuerza, parece haber concluido el tiempo para que el castrismo envejecido y sin combustible pueda renovarle fuelle.

El oficialismo entre irse o arreglar el país, opta por decisiones, -como las tomadas desde la muerte de Fidel -Raúl nunca fue brillante, solo obediente y despiadado- chimbas y retorcidas, la de comprar una oposición obediente para no tener que aguantarse la que, sin concesiones, coraje y valentía no renuncia a principios, valores y se mantiene sin descanso diciendo verdades. 

Una simulada oposición, no creíble, adversarios de comiquita liderada por quienes llevan años fracasando, olvidados, colgados como bacalaos podridos de las espaldas de un castrismo que ya no puede ni consigo mismo.

El encargado presidencial esta contra la pared que él mismo levantó, debe deslastrarse de la bazofia que lo rodea, no caer en la tradición de hablar mucho vacío porque lo que tiene que hacer no puede realizarlo solo. Debería ponerse un cierre, amarrarse las manos, y mucho menos ejecutar acuerdos para afianzar la connivencia putrefacta y maligna que ningún beneficio le dará, por el contrario, erosionara lo más valioso que posee: esperanza y fe ciudadana. De no corregir el rumbo, fracasará y la masa no está para esos bollos. Enfrentar la tiranía más despiadada que haya conocido el continente, y a sus socios comerciales, con recursos, sin carencias, cuya única función es legitimar el régimen venezolano, es difícil, agota, pero debemos seguir luchando sin desmayar, ilusionados con un país decente y en libertad. 

Falacia inexcusable, ingenuidad necia e irresponsable, confiando se puede resolver el profundo trance haciendo acuerdos con corruptos comprometidos en el desastre ocasionado por el castrismo venezolano. Todos deben cambiados, derrotados y sometidos al imperio de la justicia. Y eso jamás sucederá a través de acuerdos ambiguos, indecorosos, elecciones falsas y junta de no sé qué vaina paritaria.

 

@ArmandoMartini

Divide y vencerás puede ser mucho dividir y poco vencer, por Armando Martini Pietri

CON INSISTENCIA SE COMENTA, que la oposición secuestrada en el G4/Guaidó, y el oficialismo obediente al castrismo/Maduro/Cabello, están divididos. Cada cual tiene grupos enfrentados, se pelean entre sí. El presidente encargado, no se representa ni se obedece a sí mismo sino más o menos dice algo después que logra poner de acuerdo a la marabunta que tiene dentro de la cueva. Maduro no manda, Cabello posee influencia y otros co-gobiernos internos tienen ascendientes. Sin olvidar a los militares en épocas de ascensos, promociones, relevos y contrataciones. La realidad es que el país está dividido, y parece costumbre venezolana.

Más de un prócer que se jugó fortuna, prosperidad y familia, se consideraba a sí mismo como jefe máximo y cuestionaba la autoridad de Simón Bolívar, especialmente caudillos venidos o forjados en las durezas de Oriente. José Antonio Páez fue jefe leal a Bolívar, incluso ni siquiera esperó a que muriera para impedir su entrada al país. Tras la larga, sangrienta, ruinosa y bastante caótica guerra de independencia, comenzaron algo más de 70 años de caudillos que inventaban sus propias revoluciones, algunos alcanzaron por más tiempo o por menos la jefatura del Estado, otros se quedaron en el camino, finalmente fueron convertidos por el puño y astucia de Juan Vicente Gómez en jefes civiles, sargentos y coroneles con haciendas.

Sin caer en cuentos de la historia, ni siquiera durante los casi 30 años de terror y control absoluto del benemérito, Venezuela supo lo que era unión. Mucho hablar y proclamarla, pero poco ejecutarla, en este país cada quien tira para su propia mochila.

Sin embargo, se han dado casos de abrazos convenientes. El Pacto de Punto fijo allá en las profundidades del siglo XX, cuando venezolanos inteligentes comprendieron que solos, cada uno por su lado, no podrían responsables gobernar una Venezuela seria; Acción Democrática, Copei y sus dirigentes decidieron continuar unidos cuando Jóvito Villalba no logró contener la borrachera revolucionaria del comunismo que Fidel Castro proclamaba en lo único que dio a su país hasta que murió, discursos, y URD tuvo minutos de euforia para después diluirse en el tiempo.

Décadas después la izquierda testaruda procastrista, envidiosa de ilusiones, fantasías y demasiadas veces apaleada por las masas populares venezolanas encontró un oportuno salvavidas que se fue convirtiendo en gigantesca balsa en la cual cabían los que estuviesen dispuestos a hacer lo que el comandante de la barcaza, y marineros de confianza -a su vez sumisos- decidieran. Era una embarcación en pleno desarrollo, como suele decir un periodista que quiso ser militar y aviador, pero le faltó estatura, aunque justo es reconocerlo le sobró conocimiento de lo internacional hasta que se montó en la almadía y encegueció. Es el problema de los que quieren ser más papistas que el Papa, más chavistas que Chávez. Y no decimos más maduristas que Maduro porque es cosa diferente, habría que decir más diazcanelista que Díaz-Canel, porque a los castristas más castristas que Castro hace tiempo escaparon o los fusilaron. 

Así como el Libertador murió llamando a la unión, hasta el himno nacional habla de unidos y todo eso, el caballito blanco ya no trota hacia la derecha sino a la izquierda, pero solo y por su propia cuenta. Los venezolanos no somos unidos ni siquiera en el exilio, porque para unirse hay que tener una mezcla de opinión similar y grandeza para compartirla, diferente a la generosidad para indicar una dirección o compartir media hallaca.

Para dar ejemplo de unión desuniendo, un grupo de fracasados muy prestigiosos se une a la parte fuerte del régimen -la que tiene armas y le queda algo de dinero- ya que, por lo visto, del otro lado de la gran oposición desunida en sus conceptos, soberbias, exclusiones, malacrianzas, prepotencias y procedimientos, pero al menos aparente y anudada para terminar de quitarse la ignominia castro-madurista, no les han hecho el más mínimo caso.

Lo que está sucediendo en la sede de las Naciones Unidas esta semana semifinal de septiembre es que una gran cantidad de gobiernos del mundo se han unido en la certeza de que el castro-madurismo ya ha hecho metástasis de riesgo continental y es necesario extirparlo, sacarlo por las buenas o por las menos buenas -por las malas es cosa de Estados Unidos-, sin que falte el grupito desunido con los de antes y unidos en defender al castro-madurismo. El cerco diplomático quedó escenificado en los márgenes de la Asamblea General de la ONU con reuniones e intervenciones; las cuales culminaron con el incremento de sanciones por parte de Estados Unidos y la condena general a la dictadura madurista.

Hay uniones que contaminan y matan, divisiones que elevan voluntades y encienden alarmas, monedas con dos caras que jamás logran mirarse la una con la otra, unirse es conveniencia, desunirse cada cual para marchar a su aire es realidad humana.

 

@ArmandoMartini

Peor que una traición es una estupidez, por Armando Martini Pietri

COMO EVADIRLO, IGNORARLO, prescindir de opinar y no hacerlo en términos contundentes. Los rumores se concretaron en la Casa Amarilla entre cotillones, serpentinas, bambalinas y promesas de 30 monedas de plata. Asombro que muere al nacer, no representa ni tiene legitimidad, no será reconocido, un circo inmoral para deleite de incautos y menguados infelices.

Son políticos venezolanos, ¿por qué negarlo? que tenían si no nuestra fe, sí nuestra expectativa, veteranos de la política que, si bien han venido cayendo en el olvido y pequeñez, llegaron a ocupar posiciones de cierta preponderancia en el liderazgo nacional. Tres de ellos, incluso, llegaron a donde pocos alcanzan, la candidatura presidencial. Han sido luchadores esforzados y captado el interés de numerosos venezolanos.

Opositores al caos ideológico y desvergüenza castrista que han vapuleado al país en los últimos veinte años; uno de ellos destacado estudiante en universidades del extranjero y luego profesor en Venezuela. Otro que mercantilizando la palabra del evangelio produjo negociados non santos. Y quien creció desde modestos niveles de sargento hasta posiciones destacadas de la dirigencia política y social del país.

Y ahora nos salen con el disparate que venden sus almas por una oportunidad en la Asamblea Nacional, caminando a contramarcha de toda la oposición, tanto de los muy cercanos a Juan Guaidó como de quienes lo respaldan, pero ejercen con pasión y razón su derecho irrenunciable a cuestionar actitudes y decisiones, que acompañan solidarios un gran movimiento que empuja para dar un cambio drástico, radical al desastre de parásitos castro-maduristas, heredero de la previa calamidad de inútiles castro-chavistas. 

Sin embargo, estos políticos profesionales, devenidos en politiqueros marginales, no marcan ruta propia, han renunciado a ese derecho y compromiso, transitando en la vía que señalan corruptos titiriteros, bolichicos, enchufados, violadores de los Derechos Humanos, opresores de la ciudadanía, que se apolillan y corroen mintiendo, trampeando, agarrándose con uñas y dientes a un poder fundamentado en el control, represión, hipocresía y bayonetas que el Presidente usurpador califica de bolivariana, pero no se atreve a ir, dar la cara, defender sus acciones y principios, en la cumbre mundial que es la Asamblea General de las Naciones Unidas, y envía a subalternos incapaces de producir más impacto, que algo de complicidad y mucha repugnancia.

Es a ese tan inseguro sentido del poder y responsabilidad real con los ciudadanos a quienes estos antes opositores ponen hombros y lomos a disposición. De la envidia, fracasos y frustraciones pueden surgir grandes hombres, pero también grandes canallas. Winston Churchill, soldado de poco lucimiento, se transformó en un gran hombre; Adolfo Hitler, militar de bajo rango, pintor mediocre, se transformó en un gran canalla.

Más que traicionar a una oposición que con exclusiones, prepotencias, azares, errores y fracasos lucha hacia un objetivo que los convertirá en párrafos destacados de la historia, cometen la bobería majadera de perder la fe en sí mismos, auto convencerse de que el camino seguido, y el que deben seguir, son menos importantes que la carretera al infierno, grata y tentadora hasta que se hace irreversible. Los niveles de servilismo y degradación ético/moral, causan repulsión ciudadana. 

No logran comprender que a quienes están traicionando, si no les seguían al menos los respetaban, es a sí mismos, sus trayectorias y propias posibilidades. Peor que traidores, diría ese extraordinario político que fue el Príncipe de Talleyrand, son estúpidos. Eso es lo más triste, y aún más cuando se den cuenta de que a nadie le importan, el régimen los utilizará sólo como un ardid adicional de su disfraz.

 

@ArmandoMartini

John está como Nicolás: Donald no los aguanta más, por Armando Martini Pietri

EL EMPRESARIO PRESIDENTE puede ser paciente, está formado en el manejo de capitales, inversiones, ganancias, errores y pérdidas; finalmente se indigestó con Bolton. Trump habla de guerra cuando hace estrategias de paz a diferencia de Maduro, que proclama paz mientras hace alardes de guerra.

La salida del Consejero de Seguridad Nacional, puede ser mala para el interino, buena para el coraje, embarazosa y complicada para el usurpador, desastrosa para comisionistas lobistas, costosa para bolichicos, financistas boliburgueses, y fatal para cohabitadores oposichoros que perciben su sueño desvanecerse. O una combinación, habrá decenas de causas, significados y consecuencias. No interesa mucho si fue por Afganistán, los talibanes, Corea del Norte o el Estrecho de Ormuz. Lo importante en este momento, es Venezuela.

Del angustioso pero esperanzador año 2019, quienes rodeaban y aun acompañan al diputado por Vargas, se oponían intransigentes, testarudos, aplicar el art. 233 de la Constitución, pero después de un inmenso esfuerzo, se juramentó Presidente interino; sin embargo, ya se vislumbraban las intenciones complacientes de la vergüenza conocida como G4 y la mutación guasona, fraudulenta MUD/Frente Amplio. Sin embargo, tal fue y aun es el deseo de más del casi 90% de los ciudadanos, de cambiar el régimen castrista comunista socialista, que sin darnos cuenta pasamos por alto la estafa que fraguan a escondidas en diálogos tramposos e inútiles.  

La política es ocupación que requiere sabiduría, cordura, capacidad de juicio, visión, habilidad de conjunto, madurez, intuición, sentido de la oportunidad, manejo eficaz del tiempo, capacidad de comunicación, coraje para tomar decisiones. El consejero renunció a ellas y ese fue su peor error. Confió sin reserva en la chorocracía enquistada, caza rentas y titiriteros, no se percató de la sociedad cómplice del establishment para mantener el statu quo, le prometieron lo que nunca lograrían, engañándolo sin piedad. Y por eso, cayó en la trampa defendiendo a capa y espada un supuesto quiebre para derrocar al castrismo, que nunca sucedió. Se obsesionó, subestimó y dejó de escuchar otras voces que lo alertaban, no advirtió la Venezuela real, sin compromisos, que no da concesiones a la delincuencia, no encuentra placer en la corrupción ni forma parte de organizaciones sin principios ni valores éticos que no respetan la palabra empeñada; se dejó convencer por la comodidad conviviente, que proponía modificaciones gatopardianas, cuando en realidad se requerían acciones contundentes, respuestas inmediatas, que permitieran un cambio profundo y de raíz. 

Ilusorias promesas, subjetivos informes, estrategias deformes, sin fundamento, a beneficio de intereses personales y partidistas, comisionados e infiltrados del interinato lograron convencerlo en una operación de lobby nunca vista, desvergonzada en despliegue y vulgar en costo, para contener procedimientos estudiados con esmero, persuadiéndolo de cambiarlos por sanciones diplomáticas y económicas, para levantarlas eventualmente. Lo que justifica sus reiteradas declaraciones de apoyo en todo lo que tantas veces fue ofrecido por una minoría opositora embustera y enchufada.

El empeño desafortunado en apostar inútilmente a una supuesta fractura militar, ficticio y en vano, fue suicida. Calibraron erróneos la Fuerza Armada y de allí, el estruendoso fracaso. Bolton cayó por inocente al igual que millones dentro y fuera de Venezuela, que no logran comprender ¿por qué no finaliza el castrismo comunista y madurista? Responsabilizan, que el adversario es de izquierda socialista y piensa primero en sus conveniencias. El presidente interino, no manda, sólo es el muñeco en manos del impresentable G4.

John Bolton fue engatusado y a su vez, embaucó a Donald Trump en la aventura estulta del madrugonazo 30 de abril, el Presidente se desayunó pensando en una Venezuela sin Maduro, con Guaidó y López. Algún día se sabrá la realidad; pero almorzó pollo del Coronel Sanders con Leopoldo buscando asilo diplomático, militares alzados y expuestos en televisión corriendo de un lado a otro en busca de un alzamiento que nunca se produjo. Y por su parte, el encargado tragando grueso a ver cómo hacía para salvar lo que se pudiera. ¿Fue Bolton quien convenció a la Casa Blanca y a Maduro a través de Elliott Abrams de que el Ministro de la Defensa y el presidente del Tribunal Supremo de Justicia estaban en la jugada? No se sabe, pero de eso se habla.

¿Cómo afecta ese patadón a Venezuela? Habrá que esperar y observar cuidadosos quién será escogido como relevo, pero en este caso es más fácil, el desmoronamiento del régimen puede que lo esté impulsado Washington, pero los maduristas se las ingenian día tras día para desbarrancarse ellos mismos.

Los aliados no han entendido la gravedad del consorcio societario de cómplices, parásitos del tesoro público, garrapatas financieras, contratistas delincuenciales inmisericordes con la miseria, hampones, bandidos sedientos de riqueza fácil. No comprenden la naturaleza y dimensión de nuestra tragedia. De allí los desencuentros sobre cómo despachar esta vergüenza innoble. Ofrecieron cese de usurpación, gobierno de transición, elecciones libres, no obstante, titiriteros financistas mafiosos quieren alterarla, imponen un diálogo de cohabitación para participar en elecciones engañosas de repartidera. Desafortunado Bolton creyó y ahora otros deben enderezar el entuerto y pasar por encima de los farsantes, en acomodaticias posiciones ambivalentes, una para el gobierno y otra para la revolución.

Donald Trump enfrenta una campaña despiadada e inclemente, la realidad electoral, indica a los republicanos que en los estados de influencia latina dónde prometió con rugidos hace años que acabaría con el socialismo en Latinoamérica, están desilusionados y propensos al cambio de opinión. El ofrecimiento no ha sido honrado. Y el colmo de la sandez, políticos, individualidades e intelectuales que se dicen del sector opositor, deseando fervorosos que un demócrata ocupe la Casa Blanca. Sufren de ausencia de facultades psíquicas, son idiotas y trabajan para el chavismo.

 

@ArmandoMartini