Armando Martini Pietri, autor en Runrun

Armando Martini Pietri

Mancomunidad de la sinvergüenzura, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Nadie cometa la infamia o atrevimiento de calumniar que existe predilección en la mancomunidad de la sinvergüenzura. Ni osen mencionar o insinúen imaginarios e inexistentes tráfico de influencias, negocios turbios, asociaciones sombrías, conversaciones ilícitas; menos aun, pensar en vilipendio sobre bigamia y adulterio político, para mancillar el nombre de cualquiera de los integrantes de la benemérita sociedad. Cuidado -so pena de cárcel, exilio y persecución- con afirmar que allí pulula un pensionadero de vagos obedientes, bribones redomados y vagabundos ladinos.

Mucho menos razón asiste a quienes sospechan que las decisiones se toman -desinteresadamente- a la medida de haberes pícaros, beneficios alcahuetes y bribones, en libertinajes promiscuos de exuberancias.

¿Recuerdan el patético manifiesto de bienvenida a Fidel Castro en 1989? ¿Conocen si alguno de quienes lo suscribieron ha hecho acto de contrición por realizar alabanzas al sinvergüenza que tiranizaba a los cubanos, y que luego, gracias a sus aduladores fieles, parasita y tiene invadida a Venezuela?

Cuando pierdes la vergüenza y pundonor, todo es posible. En el instante en que dejas de ruborizarte por las pendejadas que realizas, y con impúdica desfachatez niegas tus errores afirmándote en ellos; cuando la sangre no quema la cara, es señal que tu ser está descompuesto, pútrido. Alcanzando el punto en el cual la sinvergüenzura ya no tiene término ni límite.

La ciudadanía no debe dejarse seducir por el martirio electoral impuesto y obligado, basado en negociaciones clandestinas, falsas, engañosas enfocadas en dispersar, dividir, confrontar, creando una sociedad sin voluntad, dejadez de responsabilidad cívica, servil y aterrorizada; parapléjica sin posibilidad para defender los derechos humanos.

Inducida para fomentar anarquía económica, social permitiéndole al continuismo ridiculizar, manipular para mantenerse mediante el clientelismo, ofertas engañosas, compra de conciencias, corrupción, chantaje a los participacioncitas, colaboracionistas y cohabitantes.

Prácticas que propician para quedarse hasta que a la silla le salgan callosidades. Son una estupidez que solo en tiempos de este cambio hacia atrás podía darse. Lo insólito es que pretenden movilizar voluntaria u obligada a los ciudadanos para que los apoyemos en su prevaricación. Un insulto y despropósito.

Los llamados a reverenciar la Constitución han resuelto violarla -ladrones libres, honestos en prisiones-, y buscan desesperados que la venezolanidad digna sea su cómplice cuando convocan elecciones fraudulentas, sin reconocimiento ni legitimidad; y una consulta irrelevante, de mentira, que finalmente irrespetarán, burlándose inmisericordes. Y cuando el sentido común solicita acatamiento, cumplimiento de lo prometido, lo califican de apátridas, traidores, vende patrias y, algunos idiotas, de racistas porque no se quiere continúe la afrenta y el oprobio.

La mancomunidad de la sinvergüenzura pareciera constituir la forma de presentarse en la sociedad y servir a los peores intereses egoístas.

Capaz de acusar y condenar un inocente por el delito de revelar sus objetivos de negociar beneficios ilegítimos, planificar atracos al erario público, arruinando a quien obstaculice sus indignos propósitos. Criminales, que junto al ejercicio del poder sirve como brazo ilegal, que se adhiere para ejecutar depravados quehaceres en nombre del Estado, pero para beneficio de quienes de él se sirven. Contrario a la transparencia y equidad que pretende justicia hasta para los sinvergüenzas, a quienes no les conviene un sistema imparcial, probo, ecuánime. Y que en su avaricia lo ignoran o abanican como utopía.

Muchos son los criaderos de esta forma inmoral de ser y permanecer. Miserables que anteponen intereses del partido o personales a cualquier provecho social o de justicia; ha sido la peor forma de tornarse sinvergüenza, manchar el alma por la insaciable ambición y codicia.

El intento para defenestrar la ignominia fracasó, pero es fuente de enriquecimiento para algunos de sus integrantes. Perdió apoyo, credibilidad y confianza. No cumplió con lo ofrecido, y se encuentra en los estertores de un histórico fracaso.

La sandez de los cogollos que pensaron, peor aun, se convencieron de que los ciudadanos con hambre, sin empleo seguirían creyendo sus embustes y componendas. Pero no. Se perdió un tiempo valioso, lastimosamente no se recuperará. Sin embargo, libertad y cambio son anhelos del alma, esta vez el agravio cogollérico y su ofensa de tramposa mutación no tienen fuerza ni respaldo para volver a desviarlos. Nada hicieron por un país que solicitó, rogó llorando a gritos democracia y libertad. Lo traicionaron y su sordera la pagan con desprecio ciudadano. Quieren engañarnos, otra vez, pero son muy pocos quienes los acompañarán. Será un fracaso el intento legitimador. Como el circo al que se le cayó la carpa y sus payasos ya no entretienen.

¡Se acabó la era vil de la mancomunidad de la sinvergüenzura! La ciudadanía no se rinde y continuará luchando para recuperar dignidad, libertad y democracia!

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Al imperio se le enreda el papagayo, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Por qué tanto se comenta sobre el orden estadounidense, de su firme y libérrimo ejercicio de la democracia. Fíjense el tremendo lío que se armó con lo de las elecciones el 3 de noviembre pasado. Para empezar, no tienen, como la Venezuela castrista y ejemplar, un Consejo Nacional Electoral nombrado por el régimen conjuntamente con la parte colaboradora, democráticamente cooperadora de la oposición, para que evite discusiones, señale dudas, suspicacias o pleitos de las decisiones correctas del pueblo libre, comunista, democrático y socialista. Y alardean de ser la primera potencia del mundo, incluso por encima de naciones históricas de cultura legendaria como Rusia y China.

Los estadounidenses son pragmáticos y cómodos. Dejan en mano de los tribunales las diferencias, lo cual hace felices a los abogados que proliferan incluso más que en los países de tradición hispánica. Y, por si fuera poco, usan el correo para enviar sufragios. Cualquiera sabe que el correo no es de confiar, y en Venezuela ni siquiera si es electrónico, no funciona el internet ni la electricidad.  

Hoy en USA no tienen el pretexto del racismo blanco, ambos candidatos son de raza blanca. Pero uno de ellos, no se olvide, fue vicepresidente leal y obediente del único, hasta ahora, presidente negro -afrodescendiente- en más de 200 años de independencia del imperialismo inglés. Un país venido a menos con un rubio bromista y atolondrado que no entiende la importancia de la revolución venezolana; la misma que descubrió que nuestro Libertador no se parecía físicamente a los Bolívar ni a los Palacios, sino a una mezcla entre Chávez, Fidel y un caletero de La Guaira.

Todavía están en entredicho muchas interrogantes: que si mandaron los votos a última hora, que si fulano estaba inscrito en un Estado, pero votó en otro a horas de vuelo de distancia; que si en el tribunal nos vemos; verás por dónde te metemos tus trampas, que si el software tal cosa, la marca de agua en la planillas, que si los muertos asistieron… en fin. Pero en esta controversia surge una pregunta interesante: ¿Qué sentido tiene ganar el día de las elecciones y perder por correo?

El orden yanqui parece solo funcionar cuando botas un papelito, no pones la luz de cruce o expectoras en la calle; de inmediato la policía te regaña y hasta impone multa, pero no en las grandes decisiones como elegir el presidente.

Porque en ese proceso parece que las trampas valen y los abogados enredan, apelan y dejan en el aire a CNN, ABC, NBC o Fox News, mientras el mundo, especialmente los gobiernos que se han sentido maltratados por quien no es político, no se comporta según la tradición, dice las cosas como las siente y no es hipócrita, reta inmisericorde al establishment y se enfrenta sin piedad al statu quo.

Están ligando, como Caldera en Venezuela antes de entregarle el poder a Chávez, si llega a la Casa Blanca el casi octogenario Joe Biden acompañado de la Kamala Harris y arreglan esto. Aunque, de que los viejos siempre saben más, depende del viejo. Algunos nunca aprenden.

El empresario ejerció el cargo de presidente desafiando a los poderosos cabilderos, manipuladores mediáticos, intermediarios financieros, estrategas económicos, sinvergüenzas mercaderes de armas, la delincuencia narcotraficante y, muy especial, contra la ignominia y el deshonor castrista, la organización criminal comunista y la perversa degradación socialista; declarando a los cuatro vientos su animadversión, antipatía y enemistad a los regímenes castro-chavistas de América Latina.

Sin importar el protocolo diplomático molestó a rusos, chinos e iraníes. Y, su gran logro, incorporó a Israel al Medio Oriente. Abrió tantos frentes que consiguió lo impensable, unir a sus enemigos; logró que el frente mundial anti-Trump tomara fuerza y deseara la revancha como fuera sin importar el costo; quienes incansables trabajaron y continúan con el único objetivo, desalojarlo de la Casa Blanca.

La disputa electoral llevará tiempo, tendremos sin duda un resultado final. Los Estados Unidos es una nación con historia suficientemente comprobada en defensa de su cultura democrática; por esa razón, la ciudadanía y la justicia harán prevalecer la verdad.

Sin embargo, cualquiera sea la conclusión de la histórica querella, tendrá repercusiones a nivel mundial.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Silentium populi, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Vox populi, vox Dei, -en latín, “la voz del pueblo, es la voz de Dios”- dice el viejo y desgastado refrán, que significa “la opinión popular de la gente revela la voluntad de Dios y debe obedecerse”; aunque son muchas más las veces que el pueblo se equivoca que los errores de Dios.

Imposible ignorar la importancia que tiene la libertad de expresión para una sociedad democrática. Prueba de ello, es que lo primero que hace cualquier sistema dictatorial es impedir a los ciudadanos expresar sus opiniones libremente. La historia lejana y reciente arroja demasiados ejemplos que lo corroboran.

En los países democráticos la gente suele hablar de alguna manera, pero en tiranías son siempre voces en silencio.

Basta el ejemplo de la Cuba aherrojada y brutalmente deteriorada por la afrenta castrista; un pueblo que fue de los líderes latinoamericanos en producción agrícola, comunicaciones, música popular e iniciativa y que la tiranía comunista, al estilo vergonzoso de los hermanos Castro y sus cómplices, han reducido al silencio, indigencia, precariedad y miseria.

Si quieren conocer de qué son capaces los cubanos, no miren dentro de Cuba a los honestos y trabajadores. Más bien analicen lo que la comunidad ha hecho en Estados Unidos donde han pasado de ser refugiados a convertirse en una ciudadanía activa, empeñosa, cargada con realizaciones, sin olvidar la patria encarcelada de la cual se vieron obligados a huir. No se escondieron, se transformaron en grandes motores.

Dentro de Cuba, soportando la violación a los derechos humanos, el peso de la represión, pocos pueden verlos y oírlos; pero allí están aguantando con firmeza, coraje y sobreviviendo con dignidad. Aunque haya un enorme y brutal intento de amordazarlos, como mínimo murmuran. El concepto de gobierno es inseparable del de opinión pública en la medida en que la supervivencia depende críticamente de la conformidad. La vulnerabilidad de las dictaduras ante la opinión pública les lleva a adoptar medidas para defenderse, combinando actuaciones represivas que inhiben a la población de expresar sus preferencias auténticas. En un régimen de opinión pública cerrada no puede emerger una sociedad civil capaz de desafiar al poder.

En Venezuela el pueblo confió a militares y civiles que prometieron justicia, libertad y prosperidad para ser en cambio ejecutores, opresores, abusadores y empobrecedores por su desconcertante, descarada voluntad a las órdenes de la dictadura absolutista más estancada y represora del continente. Son muchos los que alzan la voz, protestan, sufren persecución, acoso, cárceles, torturas y muerte, pero da la impresión de que esa masa humana que llamamos pueblo aguanta en silencio hambre, miseria inconsolable, economía destrozada, enferma, adolorida y desesperanzas con tapabocas.

No sirven las alertas, reclamos e incluso amenazas de las democracias del mundo; de nada sirven los dirigentes obligados a escapar para salvaguardar sus vidas, si los ciudadanos sufren el desastre en silencio. ¿Años escuchando alardes, promesas de uniformados revolucionarios con disfraz socialista y esperanzas que nunca se dan?

No valen los nerviosismos e indecisiones de dirigentes que se refugian en liderazgos de solo hablar, pero no triunfar; de nada sirven quienes escapan a proclamar democracia y libertad donde les respetan el derecho a hacerlo, pero no aquí, en el verdadero campo de la batalla cívica. Es una lucha difícil, una batalla contra represores armados y sin la menor piedad, se comprende y a veces fugarse es la única opción.

Sin embargo, cuesta entender el cambio de la libertad de acción y emprendimiento por un abyecto carné, bolsa de comida, o mensaje presidencial que, con formas diferentes, dice lo mismo: estamos en camino a lo mejor, una vía repleta de piedras en el cual llevamos veintiún años.

Las dictaduras de Estado son enemigas de la opinión libre. Pero también las pequeñas con las que convivimos. Imponen una única línea de pensamiento e impiden manifestar su sentir; no porque la cárcel lo espere o ser juzgado en un tribunal imparcial, sino porque será señalado con el dedo inquisidor de lo políticamente correcto. Y cuando eres objetivo de esa falange perversa tu vida social, personal y laboral corre peligro.

En Venezuela Dios parece estar callado, como un observador silencioso. Dice el viejo refrán “ayúdate que Dios te ayudará”, porque como el Creador Dios nos dio libertad y, al menos hasta ahora cuando el desempleo, desesperanza y apetencia crecen tanto como la corrupción e incompetencia, pareciera que la libertad de demasiados venezolanos es solo para soportar y acatar.

Y es que, en las dictaduras, son muchos los silentium populi que se convierten en cómplices al mirar para otro lado.

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General de una estrella y una constelación de dignidad, por Armando Martini Pietri

El general De Gaulle con el general Leclerc y otros oficiales franceses en la estación de tren de Montparnasse en París, 1944. Foto en Wikimedia Commons.

@ArmandoMartini

Generales, almirantes, comandantes y demás rangos castrenses latinoamericanos, con muy pocas excepciones y demasiados ejemplos, identifican la gloria y carrera militar por el deleite de cuadros repletos de medallas, medallitas, méritos, cursos, promociones, abrazos complacientes; convenientes del presidente de turno y cualquier justificación servicial para bajar la cabeza, ensanchar el pecho y lucir una condecoración que “simboliza” virtud y decoro, cuando en realidad significa corrupta obediencia y subordinación violatoria de los derechos humanos.

Charles André Joseph Marie de Gaulle, general, estadista, líder de la Francia libre, creador de la Quinta República, dirigió la resistencia francesa contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial y presidió el gobierno provisional de la República Francesa de 1944 a 1946 para restablecer la democracia. Es solo una muestra de un destacado oficial profesional en la Francia de los tres primeros cuartos del siglo XX, que llegó a ser presidente.

Protagonista de la historia europea, participante activo en la Primera Guerra Mundial, experto analista militar que anunció veinte años antes el cambio drástico en las estrategias bélicas con el crecimiento exponencial de la fuerza blindada, en lo cual sus compañeros no solo no creyeron e ignoraron sino que no le hicieron caso. Como tampoco a los alemanes Erwin Johannes Eugen Rommel, general apodado El Zorro del Desierto; y Heinz Wilhelm Guderian, coronel general de la Wehrmacht, jefe del Estado Mayor General del Ejército, impulsor del concepto de la moderna guerra relámpago y artífice de la mecanización del arma de caballería blindada alemana. Estos sorprendieron, doblegaron y humillaron a los militares europeos con tanques, los poderosos “panzer” (forma abreviada de panzerkampfwagen, palabra alemana que significa “vehículo de combate blindado) que cruzaron Europa de punta a punta sin problemas en lo que se llamó “Blitzkrieg”, la guerra relámpago.

El creído ejército francés fue devastado y Francia derrotada. Avergonzada, llorando de vergüenza y humillación, un mariscal que fuera glorioso en la I Guerra Mundial encabezó la Francia ocupada, obedeciendo cobarde y sin cuestionamiento a los nazis. Porque también, como había predicho De Gaulle sin que le hicieran caso, los alemanes ignoraron la costosísima, superarmada Línea Maginot (muralla fortificada de defensa construida por Francia a lo largo de su frontera con Alemania e Italia, después del fin de la Primera Guerra Mundial); y guiados por tanques, sentados sobre sus camiones le pasaron por un lado. ¿Quién va a cruzar lo que puede bordear y dejar aislado lo que se convirtió en días en territorio ocupado por los alemanes? Llegaron a París, dándose el lujo de desfilar marcialmente, con paso firme de oca, a tambor batiente, por el centro de París y el Arco del Triunfo.

Antes de la guerra ni políticos ni militares hicieron caso a Charles De Gaulle, se burlaron de aquél oficial de gran nariz y un metro noventa de estatura que siempre habló mirando hacia adelante con talento, coraje, firmeza, coherencia y amor por su patria. Se convirtió en el abanderado de la resistencia y del regreso; no dejó en paz a los jefes de las tropas aliadas que planificaban la invasión a Europa, pensando que ya no contaban con Francia.

Charles De Gaulle, general de una estrella y talento estelar, no solo impidió que los poderosos estadounidenses dejaran de lado a Francia, sino que se aseguró de que las primeras tropas de liberación que entraran a París fueran francesas.

Rescató a Francia de la derrota, imprevisión y abandono, repudió la tergiversación histórica hoy planteada sobre la mayor coalición de países desde la Segunda Guerra Mundial. Y no utilizó frase ajena como “we will come back”; puso de lado a los incapaces figurantes cargados de galardones y pedantería que irrespetaron a Winston Leonard Spencer Churchill héroe, político, estadista, historiador y escritor británico.

Convirtió a Francia en una de las cuatro potencias victoriosas, la puso nuevamente en la ruta del éxito. Y engranó con Konrad Hermann Joseph Adenauer, primer canciller de la República Federal de Alemania y uno de los padres fundadores de la Unión Europea junto con Jean-Baptiste Nicolas Robert Schuman, político francés de origen germano-luxemburgués; Jean Omer Marie Gabriel Monnet, hombre de negocios, banquero de inversiones francés; y Alcide De Gasperi político italiano, quienes contribuyeron decisivamente en la creación de las Comunidades Europeas, lo que hoy llamamos Unión Europea. Y jamás recibió una segunda estrella militar, nunca vio nadie su pecho relumbrante de medallones y distinciones inmerecidas.

Charles De Gaulle fue mucho más que un militar de desfiles. Fue un gran hombre, un estadista que tenía claro que la salvación pasaba por salir del nazismo y falsos opositores que interesados cohabitan: Arthur Neville Chamberlain, Philippe Pétain. Y eso es lo que cuenta para la historia.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¡Vamos a consultar otra vez!, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

A sectores de la oposición el ciudadano le cree tan poco como al palabrerío del régimen que se hace llamar “gobierno”. Preocupa la insistencia de unos cuantos proponiendo ¡otra vez!, una consulta popular. ¿Qué será lo que quieren saber? Porque si aspiran a conocer si queremos que Maduro siga en la desmadejada regencia, la respuesta es “No”. Y si la interrogante es ¿creen en la oposición G4? la contestación es la misma: “No”.

Una propuesta inconveniente por inoportuna y destiempo. La genuina, legítima consulta del 16J-2017 está aún vigente. Aprobada por unanimidad en la Asamblea Nacional, traicionada esa misma noche por la mayoría de los proponentes, que ahora de nuevo proyectan desconocerla, en un plagio que solo contribuirá a oxigenar al castrismo. Iniciativa interesada, conveniente, avalada únicamente por el cohabitacionismo colaboracionista del G4.

Si quieren estar al tanto de qué espera la inmensa mayoría, tanto chavistas, castro-iraníes y opositores, la respuesta sería la frase “¡que se vayan todos!”, como pedían los argentinos amontonados y desesperados frente a la Casa Rosada.

A estas alturas, poca duda puede haber de los culpables. Invasiones abusadoras, ladronas de cubano-castristas y fanáticos iraníes. Desconcierto e indiferencia del mundo diplomático, y la habladera europea que nunca ha sido generosa ni solidaria; desde tiempos de las incursiones de ellos mismos, siempre discutiendo sobre lo que están de acuerdo.

Los primeros responsables, venezolanos con derecho al sufragio, nos equivocamos y elegimos como representantes a los que piensan menos, prometen más o, aun peor, creemos se parecen al pueblo; viciosos del “salto atrás” que caminan en retroceso y de espaldas a la realidad:

1. Militares con el cuento de disciplinas, líneas de mando y demás violaciones potenciales, protegen al que paga o hace regalos.

2. La élite venezolana, empresarios, profesionales, políticos, comunicadores e intelectuales que se volcaron a defender al ya preso Hugo Chávez, convirtiendo al soldadesco derrotado y mediocre pelotero en esperanza popular.

3. Finalmente, al populismo socialista como el sonriente Obama, que con misteriosa ingenuidad actuando en la televisión cubana, creyó ponía a los Castro contra la pared.

Con el apoyo castrense jugando con trastos obsoletos que vendió la Rusia de Putin, con apariencia de líder industrial incapaz de fabricar un pequeño portaaviones; la complicidad de serviles y la delincuencia desperdigada, el castro-chavismo ha dominado por años prometiendo democracia, libertad y bienestar. Pero el chavismo es ya un cascarón vacío y nada representa.

El descaro de ciertos diputados jactándose, presumiendo de representantes del pueblo, ostentosos lo vociferan cuando conviene a sus intereses políticos, partidistas y propios, pero cuando toca escurrir el bulto, hacerse los locos, encubrir errores y fracasadas acciones, se resguardan en el siempre beneficioso pretexto de que la soberanía reside en el pueblo. Característica de la viveza politiquera criolla.

Se glorifica a la Asamblea Nacional por haber atendido el planteamiento de la Consulta popular. Un sinsentido adular a perjuros que irrespetaron la voluntad de más de 7 millones de ciudadanos el 16J. Expresan sin rubor que la consulta no es receta mágica, no es el final de una lucha que se nos ha hecho larga, es una herramienta ciudadana poderosa. Tienen años diciendo lo mismo, engañando. Lo peor, es que preparan el terreno para culpar al ciudadano de su inminente fracaso.

La subrayan como último recurso pacífico, democrático, electoral que queda en la Constitución. Y, aseguran, la comunidad internacional exige el cumplimento de este mecanismo cívico; añadiendo que “no podemos solos”. Verdades y mentiras a medias, manipuladas a conveniencia, tratan de justificar la ineptitud o culillo parlamentario al negarse en su momento a activar el TIAR, R2P. Y y se niegan en aprobar el 187.11, la excusa: es el pueblo quien decide.

Destacan el resultado como fundamental para solucionar la desdicha y malaventura que padece y vive Venezuela. Embuste, no crean cantos de sirena; lo mismo decían el 16J. Y ratifican que consultar al pueblo no puede generar en ningún momento duda ni oposición, que sería como negar la Constitución y los procesos democráticos. Pero no mencionan ni explican que traicionarla es desleal, impúdico y criminal.

La ciudadanía se ha expresado en múltiples oportunidades. Anhela una conducción determinante, coherente, decidida; un estadista que asuma con valentía, lealtad, coraje y responsabilidad el reto de enfrentar el castrismo. Sin hacerle concesiones. La consulta banaliza la tragedia ciudadana, lacerada por la represión, el hambre y la miseria.

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Aburrimiento y consulta popular, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Si a Simón Bolívar siglos de dominio le parecieron suficientes, a los venezolanos de hoy les parecen tanto dos décadas castro-chavistas que ya no solo protestan hastiados por la escasez de los servicios públicos, es que la comunidad despertó para reclamar libertad, democracia y respeto a los derechos humanos. Por supuesto, no faltan imbéciles que hacen proselitismo oportunista hasta el aburrimiento.

La ciudadanía está hasta los tequeteques, se observan capítulos finitos del desastre socialista bolivariano.

La usurpación es la consecuencia de muchos. Animada por “intelectuales” de poco seso que, encandilados por Chávez, se empeñaron en inyectar en la influenciable opinión pública la estafa de las bondades castro-socialistas. Todo, para que el entorno chavista de mediocres y militares de tercera y cuarta categoría sea hoy una casta de millonarios a costa de la ruina del país.

El pelotero frustrado mintió descarado, calificó al de los hermanos Castro como régimen de tiranía y después se dejó seducir por los sedientos del petróleo y riquezas venezolanas; le rindieron honores de jefe de Estado, lo enaltecieron y aclamaron en una universidad de larga tradición, exiguos méritos y pleno control del que efectivamente era un sistema de tiranos implacables.

Los cubanos llevan décadas de resignación después de que John F. Kennedy, católico y afable, los dejara en la estacada; luego el amo Nikita Kruschov, aterrado con pantalones soviéticos orinados y defecados, ordenó el regreso de sus barcos cargados de misiles sin pedirle opinión a Fidel.

Los venezolanos llevamos años envueltos en discursos atiborrados de embustes y fantasía, habilidades histriónicas del fallecido presidente, ironías del mazo e incapacidad oratoria del heredero. Y una oposición que lleva aun más tiempo -¿cómo podrán los partidos explicar no tener responsabilidad en el desastre que fue el ascenso del chavismo?- repitiendo los mismos errores. Con pavoneos y ostentaciones que terminan una cuadra antes o por ruta diferente a la señalada; y por si fuera poco, observando con recelo y suspicacia a la única líder que habla con la verdad, auténtica, coherente, valiente y precisa.

Entre chavismos necios y habituales equivocados, la pandemia nos tiene en cuarentena. El país ya no va de mal en peor, simplemente se aburre sobreviviendo en lo peor. El chavismo fue un grave error, triunfante solo en la destrucción; el madurismo no es más que su agonía, que no significa que esté muriendo. Hay agonías que duran demasiado, como las de enfermedades que hasta nombrándolas son pavosas.

Venezuela perdió la soberanía, es un país invadido por fuerzas y grupos irregulares.

La consulta es promovida por los mismos que traicionaron la del 16J. Es impropia, será burla. Una bofetada al ciudadano que padeció exilio, prisión, torturas, vejaciones y violaciones a los derechos humanos. Y que utilizará el régimen a su favor como fachada democrática. 

Dejen de embromar al ciudadano esperanzado. La comunidad internacional debe comprender que el régimen tiránico se ha mantenido en el poder gracias a la falsa oposición, que lo ha vestido de democracia. El país observa aturdido. La ciudadanía está siendo víctima de dos grandes fraudes: a la razón y al sentido común. Es un acto vergonzoso, sin lógica e inoportuno; no tiene estrategia tampoco intención de acabar el contubernio.

Hay que dejar de lado la retórica pusilánime. El acto de juramentación del Comité Organizador fue intrascendente, banal, irrelevante, patético. Así programado, porque el deseo orgásmico del G4, la ilusión, el sueño húmedo de sectores ligados al régimen y gobierno interino, es la cohabitación apechugada; convivencia ilimitada que les permita continuar usufructuando cuotas de poder y, para algunos, negocios ilícitos.

Esa es la jugada, la gran apuesta. Y la consulta popular será el instrumento para lograrlo.

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“Carraplanavirus” y traiciones, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

“Carraplanavirus”

El coronavirus es una plaga, con duros efectos incluso en las naciones más desarrolladas del mundo. Pero el régimen chavomadurista que nos azota aquí es aun más temible. En Venezuela la covid-19 es un trágico pretexto para ocultar el fracaso gubernamental.

El castrismo socialista es negación de la producción, criminalización del bienestar y destrucción de ciudadanía. En muchos países, incluso en los que alardean de socialismo -vaga promesa, pero lejana al desastre castrista y fanatismo islámico- los hospitales están atiborrados de pacientes, unos ya contaminados y otros que temen estarlo; el exceso de pacientes supera cualquier capacidad.

En Venezuela reina, además del temor a la covid-19, la angustia y frustración, porque el sistema de salud es otra de las mentiras del régimen. Equipos viejos y deteriorados, sin medicamentos ni insumos; con doctores y enfermeras que se contaminan y mueren no porque falten mascarillas y equipos protectores, sino porque ni agua tienen para lavarse las manos. “Médicos” cubanos graduados a la carrera en un esquema de semiesclavitud, con sueldos que van a La Habana: y nuestros galenos expuestos y desasistidos en la primera línea de la pandemia por un salario de hambre.

Una pandemia pavorosa que nos llega con un régimen que no se preparó para manejarla, a pesar de experiencias mundiales, empezando por los chinos que desataron el problema. Se limita a dictaminar semanas de cierta libertad de movimiento y semanas restringidas. En ambas, los mismos horarios, cierres, problemas, y policías desconcertados armando trancas de tráfico para preguntarle a los conductores a dónde van y dejarlos pasar. Miran por encima las autorizaciones de circulación, en oportunidades falsas, o reteniendo a algunos que luego, previo pago, les dejan seguir su camino.

El país está en cuarentena y en parte paralizado no solo por la epidemia que en vez de reducir crece, sino porque lo que ya venía mal con la paralización sin alternativas se ha puesto peor.

El régimen sigue actuando como si no fuera con él. Aplicando la opacidad de siempre, con cifras que pocos creen; pero ni por equivocación muestran una salida, alguna alternativa como ya están ofreciendo otros países más pudientes -hoy cualquiera es más rico que Venezuela, si hacemos excepción de los chavistas- y más pobres, que alguno hay.

Según los voceros de siempre han llegado equipos, ayuda médica y farmacológica de todas partes, ¡hasta de Cuba, donde por tener, los cubanos no tienen ni dónde caerse muertos!, pero nadie sabe en qué consisten ni dónde están. Aparecen en pantalla sin tapabocas para que sus embustes lleguen sin disimulos ni distorsiones a decir que no es por culpa de ellos, que el país está como un enfermo agonizante por el tan cacareado “bloqueo económico”.

Las traiciones

¡Y esta sangre que no se quita!, clamaba enloquecida de remordimiento y vergüenza Lady MacBeth después de que su marido, por instigación suya y delirios canallas de poder, matara a puñaladas al rey Duncan. Tras asesinarlo, se las ingeniaron para responsabilizar a inocentes, ejecutados injustamente por la mentira de quienes se suponían abanderados de la verdad, lealtad y, ante el sueño del poder, se llenaron las manos con la sangre y dinero sucio.

Como los criminales, buitres de la dignidad muerta en la tragedia de William Shakespeare, son muchos los jefes políticos que alardean defender al pueblo, de luchas por la democracia y oponerse a la tiranía, pero tienen sus conciencias atestas de muerte, tortura, presos y exiliados políticos, enfermos y fallecidos por un coronavirus no debidamente previsto en un sistema de salud devastado.

Aquí, con la política llena de alacranes pican, es su naturaleza. Para esos politiqueros con sangre y espíritu de tránsfugas no hay pasado que mostrar ni futuro que prever. Polígamos de la política, adúlteros propiciando pactos indecentes y desenfrenadas negociaciones indebidas. Evidenciados en videos comprando lujos, contando con deleite y gozo dinero mal habido; basureros de ambiciones bajas e intereses ocultos, hombres y mujeres incompletos, de miradas huidizas, manos sucias siempre escondidas, pozos que acumulan la inmundicia por la falta de tesón, de la indignidad como uniforme, sonrisa dibujada y falta de originalidad para esconder malestares del alma.

El que la hace no siempre la paga; en este país unos han hecho lo peor y quienes pagan son los que no tienen dinero suficiente ni servicios públicos medianamente operativos. Es la carraplana castrista aumentada ad infinitum por la pandemia sin cura ni esperanzas, el llegadero de la desilusión.

El socialismo castrista es carcelero de la libertad y democracia.

Son traidores por naturaleza al punto de que se traicionan a sí mismos. La mediación OEA de Gaviria, Centro Cárter, Vaticano, República Dominicana, Zapatero, Noruega/Barbados, Borrell, fueron y siguen siendo una estafa continuada con premeditación y alevosía. Se robaron, asaltaron la confianza ciudadana. Y aun no conformes, plantean una consulta interesada y conveniente que, de nuevo, será traicionada como la del 16J.   

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La vida es cosa seria, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Si se contemplara con fundamento, seriedad y certeza que los estadounidenses están resueltos a incursionar en Venezuela, habría que concluir que Chávez antes y durante su enfermedad y Maduro -iluminado por un pajarito intelectual- tenían razón al mantener en estado de alerta a las fuerzas militares; además de redoblar el intenso programa de adiestramiento para los corpulentos milicianos, enclenques reservistas y comuneros fanáticos del PSUV.

La invasión más vitoreada y celebrada fue la del ejército aliado en la Segunda Guerra Mundial bajo el comando del general Dwight -Ike- Eisenhower, que organizó y coordinó la mayor incursión en la historia hasta ese momento (1944), en la costa francesa de Normandía. Una vez concluido el desembarque, empezó el lento pero sangriento camino hacia la frontera alemana primero, y a Berlín como final de la jornada.

Otro modelo fue el que acompañó al anterior, pero al revés, el de los rusos desde su extensa nación hasta los límites germanos con destino finito a Berlín. La diferencia fue por tierra, a pata de infantería, ruedas de tanques, camiones de artillería y transporte logístico. Arrasaron Europa para que al final Alemania quedara bajo la influencia de ambos.

En el siglo XXI si Rusia fuera potencia fuerte y economía sólida, en el más optimista escenario sería equiparable a la España castrista de Podemos; buena si la comparamos con lo que va quedando de la venezolana chavista, pero poca cosa en contraste con la del resto de Europa.

Potencial ejemplo para los colombianos, aliados de la Casa Blanca y del Departamento de Estado, sin conocer -aunque no descartable- Brasil, que ingresaría por el sur; aunque ese ya sería problema de la narcoguerrilla más que de militares, decrépitos milicianos y colectivos defensores de la patria.  

La otra posibilidad sería una irrupción terrestre más de nuestros tiempos, como cuando el fenecido en tiranía, Sadam Hussein, liberado de pulgas, ahorcado y enterrado, ofreció “la madre de todas las batallas” y se autoinvadió con tanques desplegados por todo el inmenso desierto, Kuwait incluido.

Catorce años necesitó Simón Bolívar, murió con camisa prestada, para liberar el norte y la costa pacífica de Sudamérica, fundar cinco naciones soberanas y entrar con mérito propio, sin un centavo en el bolsillo, en la gloria e historia universal. Y eso para nombrarlo solo a él, que supo ser centro y comandante, guía e inspirador de esa extraordinaria generación que luchó con él padeciendo persecución, cárceles, angustias y batallas para lograr su propósito libertario.

Estos y otros escenarios con seguridad están siendo intensamente analizados tanto en la sede del Comando Sur “imperialista”, en Miami, como en los reforzados salones de Fuerte Tiuna en Caracas. En tales casos es importante advertir que los tiempos cambian. Es época moderna, cuando la tecnología permite aeronave que burlan a los radares, a diferencia del dron que hace meses mandaron al corazón de Irán.

En diciembre del 1957 Marcos Pérez Jiménez celebró con serpentinas y confetis el triunfo del plebiscito fraudulento. A las pocas semanas el general dictador comprendió que ¡pescuezo no retoña! y huía aterrado, dejando independiente a Venezuela para que floreciera la libertad.

Recuperar la democracia depende de los venezolanos, pero no es cobardía, sino responsabilidad, reconocer que solos no podemos.

El auxilio internacional humanitario es necesario, no una invasión. Juntos encontrarán las mejores formas para librarnos de la ignominia castrista que sofoca, oprime. Sin embargo, supuestos opositores de pacotilla, socios colaboradores y titiriteros harán lo posible para impedirlo. Sus engaños y complicidades emergerán, y se podrá entender por qué no dio resultado el descomunal esfuerzo de una sociedad valiente, decente, que puso muertos, torturados y exiliados para salir del chavismo.

La pobreza, nula actividad productiva, quiebra empresarial, ruina de comercios, salario miserable, servicios públicos deficientes, infame calidad de vida, falta de probidad, dignidad e integridad se agravan por la persecución, el exilio, la prisión y la tortura como política de Estado. Es burlesco, perverso e imposible continuar el ardid, seguir con el embuste. Hay que reconocer y afrontar la realidad; es lo correcto, juicioso. Los ciudadanos debemos detener esta afrenta ruinosa, con apoyo internacional necesario para la reconstrucción.

La vida es responsabilidad, adeudo y compromiso, en fin, cosa seria. Una invasión también. Hay que analizarla con cuidado y aquello de la cultura militar, conocimiento de la realidad y entorno, además del pragmatismo castrense.

Los venezolanos exigen una mejor Venezuela y la tendrán, la merecen las futuras generaciones.

 

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