Armando Martini Pietri, autor en Runrun

Armando Martini Pietri

La descomposición castro-venezolana, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

De las prohibiciones para los ciudadanos de a pie y actividades privilegiadas reservadas al infame Estado castrista, solo quedan torpes y delincuentes manos oficiales. La dictadura cubana, tras meterse en mundo ajeno, naufraga en patio propio. Hoy, sin el discurso tedioso e interminable de Fidel, se encuentra dependiendo económicamente de lo que envían sus discípulos venezolanos, cuya industria petrolera demolieron.

Agotado por la ancianidad, la malhadada economía se mantenía por la pura y simple opresión política, policial y militar. El octogenario charlatán y sus longevos camaradas de confianza, incondicionales e integrantes del Partido Comunista Cubano, se resquebrajan por sequedad y desecación para jamás ser recordados por agradecimiento, bienestar, buenos sentimientos y el dolor de la ausencia.

No fueron las payasadas de Obama, la devoción servil e ignorante de Chávez, ni el petróleo y dólares puestos a disposición sin rendición de cuentas, preguntas o reclamos; tampoco la cara amarrada de Trump ni las expectativas de Biden anciano y compasivo, que terminará por negociar con chinos y rusos, como si La Habana no existiera.

Son excompañeros y examigos los que denuncian andanzas y trapos sucios oficialistas, críticos de la actitud y comportamiento que tienen con la ciudadanía, ya que, parece, pretenden acabar con ella. Lo único que importa es seguir instalado como sea y al costo que sea en el gobierno.

El verdadero problema ha sido el mismo. Las organizaciones mafiosas y sus socios políticos no se apoyan, se vigilan y espían con sigilo arcano; cuando alguno se descarrila, intenta abandonar o quiere imponerse, lo consideran traición y se paga caro. La sociedad nociva, perniciosa lleva tiempo haciendo alianzas -Foro de Sao Paulo, Grupo Puebla- para acabar con colectividades libres, sanas e independientes. Y muchas lamentablemente terminan doblegadas a su capricho delictivo.

De allí, la injustificada prepotencia de los Castro y delirios demenciales fidelistas para convertirse en líder mundial; ambición transmitida y estimulada con maldad al bananero venezolano. Obviando la incapacidad comunista en dar de comer a sus ciudadanos, y el destino castrista de ser un chulo de oficio con sucursales internacionales.

La humanidad avanza con alzas y bajas, choques y acuerdos, pero siempre hacia adelante; sin embargo, la mafia transita -casi a placer- adquiriendo conciencias políticas que retroceden el progreso y desconocen el significado de principio moral, ética y dignidad; unos cuantos dólares son suficientes para venderse, sin importar las consecuencias. El mundo hoy no espera autorizaciones sino pasos diarios de desarrollo, con tan avanzado y potente poderío militar que la isla caribeña y sus colonias son más que un escollo para dejar de lado.

Chinos y estadounidenses compiten por la supremacía económica y comercial del mundo. Rusos gruñen como osos solitarios, porque conscientes saben es lo único que pueden hacer como potencia petrolera de mediana economía, demasiado lejana y escasa de dinero como para seguir proporcionando a Cuba.

Los castro-cubanos, contra la pared, deciden empezar a hacer lo que debieron hace sesenta años: que los ciudadanos se las ingenien y crezcan por sí mismos. El régimen castro-venezolano, que se balancea hacendoso y camaleónico, se adapta, hace metamorfosis según el entorno.

Muy similar a sectores opositores que mutan de acuerdo a conveniencia y beneficio. La diversidad de provechos en los absolutismos dificulta cualquier salida negociada. No hay nadie que pueda librar por todos.

Cuba empieza a transformarse de feroz tiranía represora, comunista y chulos de pendejos, en un país de cuentapropistas. Porque estos, con apenas un pequeño espacio que el Partido Comunista y Raúl Castro les dejaron después de que finalmente sepultaron a Fidel, marcaron un cambio importante en la economía y destino de la isla.

La Cuba castrista no ha tenido más remedio que seguir avanzando. Mientras en su colonia Venezuela la voracidad fiscal de la administración pública, una producción petrolera devastada y veinte años de fracaso, indican que, guste o no, hay que permitir la libre circulación de la moneda imperialista.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La estupidez se congrega, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Hay que machacar hasta la saciedad que la politiquería oportunista, tracalera, de trueque y cambalache, de indisimulado servilismo negociador no logrará una transición, al contrario, es el colmo de la estulticia y la estupidez.

Que se diga al empresariado que en Venezuela los esperan con los brazos abiertos, es indicio de que el oficialismo anda sumido en la desesperación por necesidad de socorro. Ignora lo que es trabajar en y con una empresa seria, responsable, además de cómo funcionan las naciones libres que prosperan. 

Quizás encontraron ánimo en la súplica importadora. Lo que en realidad pretenden es la búsqueda de aliados patrocinadores contra las sanciones que asfixian a un régimen al cual casi ni habría que sancionarlo, dada la torpeza que destruyó la que fuera una nación de primera categoría. ¿Creen que vendrán empresas para generar recursos a quien los sustrae, habituado a manipular y mentir?

Lo que anhelan es premiar a corruptos, atiborrados de dinero mal habido que no pueden disfrutar en lejanías, dándoles oportunidad de colocar el patrimonio robado en bienes y empresas que el sistema arrebató y quebró. El pranato no tiene alternativa. Mejor en la patria, que investigado, buscado y congelado afuera.

¿Puertas abiertas de quien ha combatido feroz la iniciativa privada, repleto de leyes controladoras y represivas? De un régimen que, con todo a su favor permitió que el país se convierta en zona franca de corrupciones, traficantes, fanáticos, extremistas, cuatreros de lo que caiga, que ha hecho de la falsedad y simulados compromisos, su política.

El que deambule por las redes sociales se dará cuenta, fácilmente, de cómo está el panorama. A pesar de una minoría de cabezas huecas que todavía confían en el castrismo. Pero existe una descomunal mayoría de críticos que denuncian incumplimientos y aberraciones que se comenten.

Muchos salieron a protestar contra el despotismo exigiendo cambio, porque se hizo un llamado. En Venezuela no existe sociedad civil que se movilice por iniciativa propia para proteger derechos, futuro y vida. Por desgracia el régimen lo sabe y se aprovecha. Afortunadamente, está cambiando.

Que el régimen llegara a extremos dictatoriales es su pecado. Pasado el tiempo, la culpa de lo que pasa ya no la tiene el absolutismo miserable, la tenemos los ciudadanos que le permitimos hacer su voluntad. El mayor drama de Venezuela no es el gobierno -que lo es- y las injusticias que comete -que lo son-, la tragedia es la sociedad, que, a pesar de todo, sigue inmóvil, paralizada. ¿Estamos a tiempo para despertar? Sí, pero de seguir, cuando despertemos será una Venezuela castro-soviética.

Lo importante no es la desunión sino la voluntad. Se habla con crítica, indignación y frustración de que la oposición está desunida e incapaz de enfrentar a un oficialismo unido por conveniencias e intereses. No son pocos los que señalan el castro-madurismo está desavenido, en grupos que se dan dentelladas discretas, pero dolorosas.

La desunión, en el caso opositor es característica democrática. La diferencia en la desunión chavista es que las diferencias son cuotas de poder, manejos turbios y supervivencia. Muy pocos criticaron la injerencia castro-cubana. Eran otros tiempos, fáciles de pontificar sin conocimiento, estatizar sin condiciones, derrochar a placer, se disponía de extraordinarios recursos. Sobró el dinero, pero faltó conciencia. No es que el madurismo no haya tenido culpas, nació parido del castro-chavismo y los que formaron parte son responsables. Ninguno puede dar lecciones de ética, ni quitarse responsabilidades.

El interino, es irrelevante. No quiso, no pudo, no lo dejaron cumplir lo prometido, pero lo reconoce el mundo libre y democrático. Levantó la fuerza de la esperanza para luego malversarla con errores, engaños, burla y desacato de ambas consultas populares y pactos inconsultos.

No todos se han ido, aunque hayan sido y sigan siendo demasiados los que inquieren futuro. Quedan los que continúan luchando, plantando cara a la injusticia y estupidez. Ganándose la vida, peleando derechos y deberes. Sobre ellos se sostiene la Venezuela que no termina de bajar la cabeza, que, al contrario, batalla con su alrededor y mantiene alta la mirada. Porque la patria se fortalece con la voluntad de quienes creen en ella como propia y destino.

Lo embarazoso en Venezuela es la monumental corrosión de la moral, ética y orgullo venezolano; la propagación de la corrupción, chantaje y soborno como costumbre, desgaste de la honorabilidad, ruina de la economía, es todo eso y mucho más.

La construcción de un país pasa por el esmero en el emprendimiento, cumplimiento del deber, ablución purificante de la realidad venezolana de pícaros, nocivos, negociadores y demás indignidades.

No hay un solo rasgo de la venezolanidad que no haya sido humillado por esta revolución bolivariana socialista del siglo XXI. El rescate será colosal, de largo desarrollo e implacable carácter para el cumplimiento de un plan para frenar el mal, salvamento y reconstrucción del espíritu de forjar bienestar y honor.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Poder comunal y desmoronamiento castrista, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Se ha dicho que no pueden gobernar quienes ni siquiera aprendieron administrar una cantina militar -en la cual no hay que reponer, con pedir basta. No falta razón, a la vista los resultados de una gestión de fracasados militares en afanes político partidistas y difusión ideológica.

Ni las comunas ni otras trampas ideológicas son idea propia. Imitación de tradiciones comunistas que vienen angustiando e importunando al mundo desde mediados del siglo XIX. Lo que hizo el sinvergüenza de Marx fue dejar de atender necesidades de su familia y ponerlas bajo responsabilidad de Federico Engels.

Lenin trabajó con empeño en países política y socialmente oscuros y atrasados; Stalin apagó las luces y dejó las rojas después de que el patriotismo e inmensidad rusa derrotaron la soberbia nazi, matando a sus campesinos a cuenta del comunismo, del poder comunal. Mao, en China, desató una guerra civil contra el derechista pro-estadounidense Chiang Kai Shek y transformó una masa de campesinos miserables y esclavizados en una de agrarios oprimidos por el Partido Comunista. El mismo que tras la muerte del líder cambió de posición respecto a la economía, pero se mantuvo aferrado al poder político.

Castrismo sin originalidad

La Unión Soviética terminó derrumbándose porque sus jefes jamás supieron manejar la economía, comprometiéndose en una carrera armamentista, controladora y sustentadora de autócratas tiranos como Castro; mientras competía con Estados Unidos en la persecución del espacio. Hoy la mayoría de los países de la URSS, otrora sumisos, prosperan libre por su cuenta. Y Rusia crece lenta, arrastrando el peso de su geopolítica empecinada.

En otros comunismos borrados, las comunas se han transformado en empresas y cooperativas privadas consagradas a la prosperidad de sus integrantes, libres de órdenes arcaicas, engorrosas y deficientes; mientras en Venezuela el castro-chavismo, que se sabe fracasado en la popularidad, quiere rescatarlas y usarlas como formas de control social.

Después de todo, las distribuciones comunales no son incentivos sino conveniencias de vigilancia, incluyendo tapas para la corrupción, e incompetencia, características del castro-madurismo.

Este saca cuentas primero para los bolsillos afectos y, después, si sobra, para el país. Lo hemos visto y seguimos viendo en cada detalle de la gestión “revolucionaria”, como está pasando con las vacunas.

Y aunque tengamos a perseverantes que siguen peleando por sus vidas, el país se sigue hundiendo con todo y comunas.

De prohibiciones para los de a pie, actividades reservadas para el fracasado Estado castrista, ahora quedan en las torpes y delincuentes manos oficiales. El régimen cubano, tras entrometerse en lejanías mientras fracasaba en su patio, para tranquilidad mental ciudadana se encuentra sin los aburridos discursos, latosos e interminables de Fidel; dependiendo de lo que le envían los discípulos castro-venezolanos cuya producción petrolera contribuyeron a hundir. Agotados por la ancianidad de tiranos, derrota socioeconómica de puro y simple avasallamiento político policial.

El ya octogenario hermano sin carisma ni originalidad, obediente ejecutor, y sus también íntimos longevos camaradas del Partido Comunista se resquebrajan por sequedad, víctimas del estruendoso fracaso, para ser contrastados por recuerdos de bienestar, agradecimiento, buenos sentimientos y dolor de la ausencia.

El derrotado modelo estatista

No fue la payasada de Obama, ni la devoción dócil e ignorante de Chávez, ni el petróleo y dólares puestos a disposición sin preguntas, reclamos, o rendición de cuentas.

El problema ha sido siempre el mismo, la sobrada prepotencia de los Castro, delirios de Fidel para ser líder mundial, incapacidad del socialismo comunista en dar de comer a sus ciudadanos; el destino castrista de ser el chulo del mundo.

La humanidad avanza con alzas y bajas, choques y acuerdos, pero siempre hacia adelante; en electrónica que no espera autorizaciones sino pasos diarios de desarrollo con tan avanzado y potente poderío militar para el que la isla caribeña es un escollo a dejar de lado.

Chinos y estadounidenses compiten por supremacía económica y comercial; los rusos gruñen como osos solitarios mientras se saben débiles, demasiado lejanos y escasos de dinero como para continuar regalando migajas. Ahora los castro-cubanos, arrumados contra la pared, se deciden a empezar lo que debieron haber hecho hace sesenta años: dejar que los ciudadanos se las ingenien y crezcan por sí mismos.

Cuba empieza a transformar su feroz tiranía represora comunista, económicamente dependiente, chula de pendejos. Finalmente pudieron sepultar a Fidel para que se pudriera en una roca, lo que marcó un cambio importante en la economía y destino de la isla. La Cuba castrista no ha tenido más remedio que seguir avanzando en el camino de la apertura; mientras en Venezuela, agobiada, devastada, con veinte años de fracasos, los castrocomunistas tienen que permitir la libre circulación de la moneda imperialista. Les guste o no.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La neblina mental del G4 y el dilema ciudadano, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

No es un dilema, son varios. El oficialismo exiguo pero intenso, armado, apunta a conductores para abrir senda. El interinato en terapia intensiva y espiritual se debate entre legitimidad e ilegitimidad. Bolichicos, enchufados empresariales, cómplices y oportunistas con sus códigos cleptómanos. Diplomacia desconcertada y blandengue, organizaciones internacionales confusas, ambiguas. Y lo único que se le ocurre al G4 es convocar marcha para el 12 de febrero, emplazando a los ciudadanos agotados de jugarse la vida y libertad por una oposición dividida en mendrugos que no honran la palabra empeñada, se burlan y desconocen el mandato ciudadano.

Próxima estafa: morder o no el anzuelo de las elecciones regionales sin cese de la usurpación con Asamblea Nacional espuria, no reconocida. Lo que resulta un deleite placentero, casi orgásmico, para el dos veces perdedor, que busca renovados aires para surgir de la inopia y concluir imponiendo autoridades electorales de acatamiento al castro-madurismo. Y partidos contrarios que no se ponen de acuerdo e incapaces de unirse en un objetivo; por ello son impotentes para definir una voz representativa unitaria. Ilusorio interés de avenencia entre facciones “enfrentadas”.

Solo existe una estéril e infecunda coincidiendo en soberbias, regodeándose en pedanterías, concordando en vanidades, atiborrados de guisos financieros y comerciales.

De allí, partidos opositores deseosos de participar en elecciones con el estulto, viejo, desgastado argumento de “conservar espacios” y los que rechazan con valentía competir en las actuales circunstancias. Alrededor de ellos, el poder castro-madurista, y una mayoría abrumadora de ciudadanos, incrédula en vacunas del régimen como tampoco en tratamientos de una oposición que, más allá de una economía destruida -mérito indiscutido chavista-, sobrevivir al coronavirus, destrucción del sistema de salud, pobreza y miseria, observa con temor, escepticismo y repugnancia al régimen y a la oposición, con la excepción de quienes jamás han vacilado, nunca dado su brazo a torcer, negados a renunciar o negociar, principios éticos y morales que bien merecen los venezolanos.

La Unión Europea, sus timideces, poquedades, adeudos y compromisos. Estados Unidos con la embarazosa complicación de una democracia en crisis. Rusia demuestra intolerancia flagrante ante su propia oposición que pone nervioso al Kremlin. China recompensado en su esfuerzo de ayuda al fraude electoral, espera una Casa Blanca menos intensa y provocadora. Irán negociando acuerdos que le permitan crecer como potencia nuclear; ven lejano a un encargado que ha perdido toda esperanza ciudadana, al cual ya varios países no reconocen como “presidente interino” sino “interlocutor privilegiado”, mientras el castrismo con astucia rescata a un buen aliado, que no es tonto como para desaprovechar la oportunidad de protección y proyección.

Venezuela enferma de coronavirus, hambre, desesperanza y escepticismo, allí el corazón de la tragedia, la frustración de haber cambiado una democracia imperfecta por una tiranía que ofrece construir horizontes solo después que algún estólido mequetrefe, termine de destruir lo que encontró funcionando, por cambiar parlanchines controlados por una Constitución no tan vieja por majaderos bulliciosos que no saben poner nada en funcionamiento y culpan al mundo de su torpeza mientras roban y arrasan.

Con un panorama desolador, mórbido y famélico, la oposición no parece comprender qué sucede; hala cada uno para su lado y el único ruido que se escucha es del intercambio de balas bandidas, cuyas patotas parecen ser lo único que progresa en Venezuela; mientras solo atina a discutir si sufragan para “disfrutar” las escasas gobernaciones y alcaldías que le sean asignadas, las limosnas llamadas “espacios” que el régimen obsequie para distraerlos mientras el socialismo se las arregla para continuar desbarrando en el poder.

Noruegos aterrizan en Venezuela a ver si entienden algo, y algunos en el mundo advierten que al dejar de ser presidente de la Asamblea Nacional tampoco es presidente interino, mientras la nación se hunde y deprime en su triste tragedia. Y por fallar, el arribo demócrata deja claro, no irá frontal contra la fechoría, y, aunque parezca dispuesto ablandar sanciones, precisa las mantendrá y su interlocutor es el encargado sin control territorial.

¿Votar para legitimar, mantener la usurpación y “opositores” en pequeños espacios controlados, o resignarnos a seguir viendo el hundimiento de Venezuela? es el dilema que, con tapabocas y goticas milagrosas ofreció el oficialismo.

La “oposición” sucumbió de ilusión por oportunista y errática. El chavismo es producto obligado de la desdicha venezolana, conjuntamente con dominantes confundidos, enmarañados, de ayer y de hoy, que no logran escapar de su saco de gatos; mientras ciudadanos, los más perjudicados, engañados, en éxodo y sin esperanzas, perecen sin remedio.

¿Será que no aprendimos la lección y seguimos inmersos en la neblina mental del G4?

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Sin confianza y con secretismo, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Algunos políticos y todos los politiqueros maniáticos insisten en guardar secretos. Se creen con autoritario derecho de pactar, negociar, no rendir cuenta ni contar lo discutido a los ciudadanos. Farsantes, embusteros, aquejados del secretismo obsesivo. Por lo cual ya no son estimados ni apreciados, han traicionado la confianza; y los reclamos quejumbrosos de hipócritas caen en saco roto. No atinan a comprender que no gozan de representación legítima, la perdieron. ¡La confianza es una actitud mutua!

Ocultadores profesionales con maestría y doctorado no advierten el secreto que aprecian y porfiados practican.

Hacen sospechar negocios pestilentes, sucios, indecentes y deshonestos que no van en beneficio de los intereses nacionales y colectivos, sino en provecho individual partidista. Guste o no, es la percepción de la mayoría, con sobradas razones. ¿Cómo confiar en quien dice no estar haciendo algo, que se presume -o se sabe- sí lo está realizando?

El secretismo es la tendencia en mantener secreto los asuntos de confidencia. La práctica de compartir información entre un grupo restringido -cómplices del secreto-, mientras se esconde a otros, la mayoría; lo cual es injusto y arbitrario para una sociedad que directa o indirectamente será afectada y sufrirá las consecuencias de lo que discutan, rechacen o acuerden en la penumbra.

En cuestiones de Gobierno y política, ocultamientos hay demasiados. Algunos incluso legales, otros de conveniencia y excesivos de simple desprecio por el ciudadano común.

Es tradicional el secreto militar, legal, sumarial en procesos judiciales e investigaciones policiales. Así como la desinformación estratégica en actividades diplomáticas, gubernamentales. Aunque es de señalar que en los países serios tienen normas que regulan el uso de la confidencialidad. Hay los secretos en destrezas y medidas empresariales. Está, también, el pesado e intrincado manto del secreto criminal, que puede llegar a ser asfixiante y perverso.

Pero cuando un gobierno, la oposición política y elementos vinculados dialogan, conversan, debaten o como quieran llamarlo, sobre asuntos que conciernen y perturban a la ciudadanía, una cosa es la prudencia comprensible, otra el ocultamiento insultante.

La gente se hartó. Imposible creerle al oficialismo que, descarado, describe un país maravilloso, el mismo que llevan 20 años ofreciendo, pero está cada día peor; y un sector opositor que proclama la rebelión para conquistar un país diferente, decente, de principios y buenas costumbres, para aceptar de seguidas formar parte plena de lo de siempre.

El problema es que ciertos políticos electos por decisión popular para responsabilidades esenciales, con la misma pasión con la cual piden el voto, una vez electos se sienten canonizados y no obligados a rendir cuentas. Se equivocan, el ciudadano reclama y exige.

Y los que a su vez son nombrados ejecutivamente por los elegidos, creen que solo deben cuentas a quienes los nombraron y no al pueblo. Otro error. En Venezuela llevamos demasiado tiempo con esa distorsión inconstitucional e inmoral.

La grandeza del sistema democrático está en la consulta permanente a la ciudadanía. La democracia se supone sin secretos. Falla de ciertos países que se anuncian democráticos, y en Venezuela la carencia es hábito. Es conocido que cuando un político afirma estar haciendo, proponiendo o defendiendo en beneficio del pueblo, lo casi seguro es que esa acción propuesta sea en beneficio propio, de sus allegados o cómplices del partido o Gobierno, en ese orden.

Oficialismo y oposición llevan años dialogando, presumen conocerse, ponerse de acuerdo en puntos básicos, contratan costosos mediadores, pero ni consultan a los ciudadanos ni ponen en la mesa de discusiones lo que el país quiere y piensa. En consecuencia, la ciudadanía no ha obtenido chance de expresar pareceres, y si logra -por una suerte de milagro- articular opinión, no la toman en cuenta, la desprecian, se burlan -16J/2017, 12D/2020. Solo se limitan a las concertadas en sus cúpulas, en las cuales genialidades e inteligencia suprema se ponen de acuerdo para disponer el futuro del país. Despliegue absurdo de soberbia y prepotencia chocante.

No es solo qué se decide sino cómo se hace. Disposiciones unilaterales que violentan el principio básico de asociación y lo evidencian cuando el régimen castrista se ahoga en estulticias y es socorrido. En consecuencia, los ciudadanos inconsultos, menospreciados e ignorados son los únicos exentos de cancelar las equivocaciones cogolléricas. La democracia venezolana es acuerdo de cómplices y socios entre sí.

Por eso y mucho más, estamos en un trance de confianza, crisis de representatividad y desprestigio de la dirigencia que se extiende como niebla viscosa sobre lo económico, ético, moral, social y político. Se ha llegado al extremo, al borde del barranco, cuando la nación y su comunidad ya no profesan ni confían en sus dirigentes. El daño ha sido y es inconmensurable.

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La dignidad de irse a tiempo, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

La dignidad es definida como cualidad de ser responsable, tener respeto hacia uno mismo y los demás, no permitiendo que otros nos degraden. Esta virtud moral nos lleva a reflexiones sobre la naturaleza humana, límites de la libertad y amistad. A lo largo de la historia, muchos escritores y pensadores han tratado este concepto. ¡La dignidad no consiste en tener honores, sino en merecerlos! Aristóteles.

Dejan la carrera dos grandes líderes, dos enormes estadistas: el uruguayo José “Pepe” Mujica y la alemana Ángela Merkel. Lo hacen tras una inmensa y dilatada carrera de confrontación en defensa, cuido, guarda y custodia de la democracia.

Pepe Mujica, el izquierdista honesto

Persecución y cárcel para “Pepe” Mujica. Héroe de la política civil contra la represión militar, se ganó el respeto ciudadano tras hacer un Gobierno de escasas audacias, pero reconfortante ante las tiranías sudamericanas, heredero de la furia montonera y brutal respuesta que a finales del siglo XX arremetió en el cono sur.

Presidente peculiar, diferente a los estilos de privilegios y fortuna injustificada, habituales en Latinoamérica. Residente en su pequeña granja de la cual estaba orgulloso, defensor de su tradicional Volkswagen azul que conducía él mism, adecuado a su baja estatura. Fue el más demócrata y respetuoso de los mandatarios izquierdistas en la región si lo comparamos con Chávez como el extremo izquierdo, Lula Da Silva el gran equilibrista y el colombiano Santos traidor a sus orígenes y aprovechador del cansancio de la narcoguerrilla, hoy pretendiente de la silla en la OEA que ocupa otro uruguayo.

Pepe y su simpático característico dialogar, en sus palabras de despedida del Senado uruguayo, no pudo evitar destacar las torturas que sufrió como las que sobrellevan los demócratas en las tiranías, y su perseverancia en defensa de sus principios. Con todos sus defectos, en su momento regañó a Chávez cuando el jalabolismo y la adulación estaban de moda.

Innegablemente ha escrito una historia personal llena de dignidad, decencia y decoro. Se puede no estar de acuerdo, pero hay que admirar su constancia, coraje, sobriedad y empeño en sostener sus motivaciones.

Se retira como llegó, con modestia y pragmatismo, reconociendo que la pandemia le impide ejercer la política donde debe practicarse: en la calle, cara a cara con la gente. Lo saca del camino el virus implacable, pero, sobre todo, las medidas impuestas para controlar la pandemia, que no han podido evitar millones de contagiados y cientos de miles de muertos en el mundo. Por cierto, cuando las vacunas empiezan a explorar soluciones -sin tomar en cuenta milagros que se le atribuyen a un remedio que ya fracasó en otros países-, otros insignificantes ponen a José Gregorio Hernández como bandera para aprovechar su popularidad y beatificación.

José “Pepe” Mujica, ejemplo vivo de que la izquierda tiene rarísimas excepciones que no son tiranía, represión y torpeza que con terquedad obsesiva defienden e imponen la apolillada Cuba castrista, el incompetente y embustero madurismo, que pierden popularidad y respeto justo donde Pepe recuerda debe ejercerse la política: en las calles y con la gente.

Merkel, la gigante de Europa

Sucedió en la lejana Alemania. La mujer más poderosa del mundo, según la revista Forbes, es vecina de un apartamento como cualquier ciudadano común, en el que vive antes de ser elegida canciller. No es propietaria de una villa, sirvientes, piscinas y jardines; no compró bienes raíces, autos, yates o aviones. Deja su puesto después de 18 años y no se cambió la ropa vieja. Como nota curiosa, le preguntaron alguna vez: notamos que su traje se repite, ¿no tiene otro? Y ella respondió con sencillez y buena costumbre: “Soy empleada del gobierno, no una modelo”.

Durante su periodo público de liderazgo y autoridad, no se registraron transgresiones en su contra. Nunca afirmó ser hacedora de glorias. No dijo tonterías, menos pendejadas. Se aferró rigurosa a la verdad. Y jamás doblegó sus principios. 

En Alemania, país de Europa occidental con dos milenios de historia y sitios históricos relacionados con la Segunda Guerra Mundial, deja su posición de Merkel en medio de una reacción ciudadana inédita en la historia. La ciudadanía espontáneamente se asomó a los balcones de sus hogares para vitorearla y elogiarla durante largos minutos continuos de entusiastas aplausos. La República Federal de Alemania, Bundesrepublik Deutschland, se mantuvo como un solo cuerpo despidiéndose de la líder, de la estadista. De una física química que no se dejó tentar por el laurel y la gloria del poder. Esta fue la canciller de la mayor economía de Europa.

Ángela Merkel, elegida para gobernar y dirigir, lo hizo dignamente, con auctoritas durante casi dos décadas, atiborrada de respeto, reconocimiento, coherencia, habilidad, dedicación, competencia y sinceridad.

Apodada “La Dama del Mundo”, entrega con extensa conformidad, demostrando ser una líder auténtica, natural, franca, sin aspavientos, capaz de reconocer errores y rectificar. Invalorable ejemplo para el mundo.

En Venezuela demasiados vociferan presentándose como grandes dirigentes, grandiosos líderes y hasta tienen la osadía de creerse estadistas. Cuando, en realidad, son bufones politiqueros que ni siquiera poseen la dignidad de irse.

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Para hacer Gobierno no basta tenerlo, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Gobernar con burocracia oportunista, serviles poderes públicos, parientes y amigos, compinches, secuaces, cómplices y sinvergüenzas es teóricamente fácil, sin embargo, hay que controlarlos. Lo han hecho autócratas, tiranos, opresores y arbitrarios.

Hay diferentes regímenes autoritarios. Algunos con logros en desarrollo urbano o económico, otros con descomunales sufrimientos, derramamiento de sangre, presos y exiliados políticos, violaciones a los derechos humanos, torturas, muertos y desaparecidos. En esto coinciden con el régimen castromadurista en Venezuela. Sin embargo hay una diferencia importante: este no ha construido nada. El castrochavismo lo destruye todo, causando la caída total de obras de gran ingenio y riqueza, como el gigantesco complejo hidroeléctrico de Guayana, la industria petrolera y el intenso movimiento emprendedor de la iniciativa privada.

Para ello, han sido muy competentes en contratar y respaldar a los menos eficientes. El resultado está a la vista. Hoy Venezuela no solo es la nación más pobre del continente americano, sino que lleva años acogotada por la peor y más prolongada hiperinflación del mundo. Somos un país que pasó, en veinte años, de la tranquilidad con problemas a las dificultades aplastantes en un régimen que ha hecho de la represión y el embuste sus dos grandes líneas de acción.

Estamos agobiados por una deuda que tardaremos generaciones en honrar, limitados por servicios públicos colapsados, inmersos en el infortunio y la desnutrición, administrados por patrañeros que cínicos arrinconan la verdad y a quienes la expresan. Y, por si fuera poco, subyugados por una clase política que saquea sin miramientos y se niega tenazmente a rendir cuentas.

El mundo, con afrentosas excepciones, rechaza al régimen y sus poderes públicos, convertidos en complicados obstáculos para cualquier solución y en cambio, para vergüenza venezolana, reconoce formalmente a un interino designado por la oposición. ¿Qué garantía tendrán los inversionistas si sus países no reconocen al Poder Legislativo, cuyo respaldo requieren constitucionalmente?

No importa lo que termine de pasar en la mayor potencia del mundo, con un presidente que están echando con acciones vergonzosas de parte y parte, y un nuevo mandatario que comienza su período con plomo en el ala y una gran desconfianza popular. No incumbe lo que pase en Europa, con diferentes tendencias que coinciden en rechazar al régimen venezolano. Poco afecta lo que suceda en China, Rusia e Irán, países preocupados por sí mismos, lejanos, sin capacidad o interés real en lo pasa aquí. Son respaldos circunstanciales y por conveniencia.

El castrismo venezolano tiene control territorial atornillado con armas militares y policiales. Pero carece de legitimidad, prestigio, señorío y autoridad para ejercer un Gobierno respetado y éticamente obedecido.

Por eso, como se dice popularmente, “o corren o se encaraman”. Porque la incompetencia aliada con la ilegitimidad es un corrosivo veneno político. Y si creen que el nuevo inquilino de la Casa Blanca les va a componer la situación, deberían analizar con cuidado eso que llaman “seguridad de Estados Unidos”; estructuras oficiales que siguen considerando al narcotráfico, las alianzas con países de dudosa reputación y antiestadounidenses como amenazas. Amén de la intolerancia estadounidense a determinados delitos.

Los políticos tienen no ya la obligación, sino la responsabilidad histórica de constituir un cese de la usurpación y gobierno de transición estable, que represente a una amplia mayoría en condiciones de gobernar. Venezuela se encuentra ante una grave situación ética, política, económica, moral y social, que los repetidos fraudes electorales no han hecho sino consolidar.

Esta crisis general tiene dimensiones que se retroalimentan. Es profundo el aprieto de legitimidad política del régimen. También de los políticos a quienes compete resolver los problemas de la sociedad, pero que con su egoísmo, desconexión y estupideces de adolescentes, han devenido en problema. Es inminente dar un paso al frente, convocar la participación de los ciudadanos y fomentar la deliberación. Así como la transparencia, responsabilidad política y rendición de cuentas.

Gobernar no es pronunciar discursos pulcros y agraciados; ni difundir ideas falsas cuya mentira se comprueba sin esfuerzo. Gobernar es ejercer el arte de representar y administrar sin tener que inhabilitar, torturar, encarcelar y exiliar a quienes se oponen. Es imperativo recuperar la independencia de los poderes públicos. Ello, sumado al cumplimiento de la Constitución y leyes, es básico para generar confianza en la población. Pero de esto tan elemental es de lo que no dispone el régimen venezolano.

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La Asamblea solitaria, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Así van a estar presididos por el que sirve para todo: psiquiatra, todero de oficios aprendidos a golpe de vivencias y no por sus estudios. Veterano de elecciones y sistemas electorales fraudulentos, vicepresidencias complacientes y serviciales, ministerios abúlicos y ahora líder de un parlamento despoblado, en soledad y rechazo casi universal. Acompañado de la vigilante atenta e intransigente vicepresidencia de especialidad carcelaria, conocedora en detalle y profundidad del submundo de los pranes y la delincuencia organizada.

Debatirán con obediencia y pocas posiciones encontradas en lo que el capricho castromadurista llama “Asamblea Nacional”. Oasis solitario de la perversión bribona, reconocido por una insignificante minoría, nacido de un proceso electoral sin participación, desértico, con la coincidencia de la aversión y antipatía mundial.

Te conozco, mascarita

Muy pocos fueron a ejercer el derecho a votar. Y el vacío de los ciudadanos demostró contrariedad, desacuerdo, rechazo a esta mentira que el castrismo venezolano organizó en busca de una legitimidad imposible. Y de voces que aprobaran, sumisos, sin discusiones, leyes que consideran necesarias para seguir con su fuga hacia adelante bajo un ajado disfraz revolucionario que ya no disfraza. Ya todos les dicen, ¡hasta Joe Biden!, “no me inventes historias que te conozco, mascarita”.

La ciudadanía, sólidamente unida como nunca en varios años, pero con el estorbo de los sordos selectivos y ciegos convenientes que continúan por su cuenta, conversando, comprobando fallas, testigos vivos del derrumbe devastador. Pero, con la pendeja tontería de dialogar convenios y pactos. Sin duda los habrá, es el estilo clásico del cohabitador encubierto buscando condiciones de la boca para afuera, cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres, para ir paulatinamente traicionando, desconociendo y mutando sin pudor ni rubor.

Que se vaya Maduro siempre fue beneficio interesado. Que los castro-maduristas con sanciones por delitos de lesa humanidad enfrenten la justicia y se mantengan sancionados, una incógnita que solo el tiempo esclarecerá. Y otros, disfrutando delicatessen, glorias y delicias del exilio bien pagado, lo han dicho públicamente. Lo que se está discutiendo -guste o no- es la transición con ellos, el 30A es un buen ejemplo, pero no la permanencia revolucionaria -historieta para bobos- con más de un chavista tentado, sea por evitar la cárcel, los problemas, el desprecio social y lo más importante, la pérdida del dinero robado. Absueltos por la parodia de la amnistía.

La revolución que apesta

En el mar la vida es más sabrosa, pero no en soledad y aun menos apabullados por el descrédito. Ante el mundo ya no son la “revolución bonita” que alardes de histerismo populista proclamaban; ahora son los rechazados, negados, apestados. Malos tiempos hasta para un psiquiatra irónico, hiriente, vengador, sancionado y negado por los venezolanos, como emblema de simulación y ruina.

2021 comenzó pareciendo, pero no será una prolongación del nefasto 2020; será un año de controversias, reacciones, decisiones. Ya estallan violencias y protestas en todo el país, solo que el régimen todavía controla, presiona, atemoriza, cierra medios -el último VPI- con acciones que a pesar de los flamantes autos nuevos nadie toma en serio, aunque sí con indignación.

El presidente usurpador vuelve a anunciar que este año será el de la recuperación. Para lo cual, de paso, reconoció que el Bolívar no solo vale cada día menos, sino que se ha convertido en un elemento etéreo que solo puede manejarse a través de la electrónica. Agoniza en una “nube” sin que podamos siguiera verle la cara y tocarlo.

Aunque parezca espejismo, la moneda nacional real, en transacciones informáticas y operaciones mano a mano en el comercio, es la divisa estadounidense, el odiado dólar; otra vergüenza de una revolución que nació muerta y se dice bolivariana del siglo XXI. Que ha sido siempre pura paja, embuste y palabrería, símbolo de fracaso, hambre y miseria.

Una muerta que no descansa en paz.

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