Brian Fincheltub, autor en Runrun

Brian Fincheltub

La Primavera Cubana, por Brian Fincheltub
Celebrar la Primavera Cubana es celebrar el despertar de un pueblo que durante 62 años ha vivido sometido a la opresión y a la mentira

 

@BrianFincheltub

Para millones de venezolanos que hemos visto desaparecer nuestra democracia a manos del comunismo, la libertad es más que un valor universal, es una causa común que nos une con quienes luchan por ser libres. Con el pueblo cubano nos une mucho más que un ideal de libertad, nuestro devenir democrático como nación está atado al futuro de Cuba y no por voluntad nuestra, sino porque el chavismo así lo quiso cuando nos convirtieron en una colonia cubana.

Aunque un eventual cambio de régimen en Cuba no signifique necesariamente nuestra liberación inmediata, desde el propio momento que la dictadura castrista deje de existir, desde ese instante la estructura de vigilancia, persecución, tortura y control social del chavismo también se vendría abajo. 

Celebrar la Primavera Cubana es celebrar el despertar de un pueblo que durante 62 años ha vivido sometido a la opresión y a la mentira. Es también la prueba más fehaciente de que los países no se resignan a vivir esclavizados, humillados y con miedo. Cuando se pierde todo llega un momento en el que también se pierde el miedo y a los cubanos les han quitado tanto que el pasado 11 de julio, tal como dijo una mujer cubana en medio de las protestas, decidieron quitarse el ropaje del silencio. Una carga muy pesada que es imposible de soportar en dictadura.

Las protestas en Cuba también nos muestran cómo no hace falta haber vivido en democracia para defenderla.

Que miles de cubanos hayan salido a las calles gritando libertad, incluso sin conocerla, debe llenarnos de esperanza como venezolanos.

Personalmente, en Venezuela mi preocupación siempre ha sido que las nuevas generaciones, nacidas durante los últimos 22 años y que han crecido sin posibilidad de ver otra cosa, piensen que es posible llevar una vida “normal” con el chavismo; cuando no hay normalidad posible sin democracia ni libertad y mucho menos prosperidad bajo un sistema que trafica con el hambre y la miseria.

Aunque los regímenes castrista y chavista pretendan desaparecer toda forma de resistencia con cárcel, represión y muerte, no impedirán que llegue la primavera. Los cubanos y los venezolanos volveremos a ser libres y con nosotros el resto de Latinoamérica, ¡que finalmente podrá librarse de las conspiraciones de Cuba y Venezuela contra las democracias de la región!

¡¡¡¡Patria y vida!!!!

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Aparentar justicia y fracasar en el intento, por Brian Fincheltub
La hora de la justicia parece finalmente aproximarse y la prueba más fehaciente de ello es la necesidad del chavismo de volver a sus inicios, volver a las apariencias

 

@BrianFincheltub

El régimen chavista ha pasado por diferentes etapas desde su llegada al poder. En sus inicios, procuraron mostrarse como un proyecto “profundamente democrático y popular”. En esta etapa, las apariencias importaban, pues había preocupación por la manera como se les percibía nacional e internacionalmente. Pero la realización periódica de elecciones semicompetitivas no pudo ocultar la verdadera naturaleza del chavismo por mucho tiempo. Como todo proyecto totalitario y hegemónico, una vez consolidado el control interno, pronto las elecciones dejaron de ser útiles y la opinión de la comunidad internacional, simplemente irrelevante, intrascendente.

A la dictadura nada parecía importarle y la presión internacional, tan efectiva en el pasado para lograr que el régimen reculara en ciertos aspectos, funcionaba cada vez menos. Aunado a ello, la ausencia de mecanismos coercitivos en instancias internacionales se traducía en el total irrespeto de las decisiones condenatorias del Estado venezolano.

Venezuela se convertiría de manera vertiginosa en un Estado forajido, aislado completamente del mundo y con millones de venezolanos como rehenes.

El poder absoluto garantiza absoluta impunidad. Eso fue lo que debió haber pensado la camarilla al mando cuando persiguió, torturó, encarceló y asesinó a miles de venezolanos y obligó a otros más de cinco millones a huir del país. Es posible que la inoperancia y los tiempos tan largos de la justicia internacional hayan contribuido a alimentar esta percepción. Lo hemos dicho en otras ocasiones, lamentablemente los tiempos de la justicia internacional no son los  tiempos de las víctimas ni de quienes sufren. Pero la hora de la justicia parece finalmente aproximarse y la prueba más fehaciente de ello es la necesidad del chavismo de volver a sus inicios, volver a las apariencias.

Las conclusiones del informe preliminar de la Corte Penal Internacional (CPI) deben conocerse pronto y esta vez el reloj no los acompaña. El mismo tiempo que una vez los ayudó, hoy los condena, pues resulta supremamente difícil, por no decir imposible, aparentar justicia cuando durante años se la negaron a quienes clamaban castigo para los culpables. Y cuando hablamos de culpables no nos referimos solamente a quienes torturaron o dispararon, sino a quienes dieron la orden. Todo lo demás no será más que otro intento fallido de aparentar, afortunadamente, cada vez son menos los incautos.

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¿Cuándo se fregó Latinoamérica?, por Brian Fincheltub

Los extintos Fidel Castro y Hugo Chávez. Foto en elojodigital.com

@BrianFincheltub

Nuestra tragedia no tiene más dolientes que nosotros, los propios venezolanos. Para los demás, lo nuestro no es más que una carga, un problema sin resolver, un relato cansón que les toca escuchar una y otra vez de boca de cada uno de los millones de venezolanos que estamos regados por el mundo entero, particularmente en Latinoamérica. Es probable que algunos hasta piensen que somos seis millones de exagerados, que sencillamente salimos del país en plan de turismo y que quienes lo hicieron caminando, solo querían admirar mejor el paisaje.

Frente a las pocas lecciones que parece haber dejado la destrucción de Venezuela en nuestra región, no veo otra explicación: no nos creen o simplemente Latinoamérica tiene vocación suicida. El caso de Perú, el segundo país del mundo con mayor número de migrantes venezolanos, es fiel reflejo de ello. Aproximadamente un millón de connacionales viven allí.

Con ellos también migraron sus historias, retratos de un país que antes de la llegada del chavismo al poder era receptor de migrantes y productor de petróleo y que hoy, veintidós años después, los exporta por millones y solo produce miseria.

¿Puede existir un testimonio más poderoso que ese? Personalmente, no lo creo. Aun así, los peruanos decidieron que la mejor solución para resolver los problemas de su país era votar por un comunista. Y no, esta vez no se trata nuevamente del cuento del coco, un recurso del cual se ha usado y abusado de campaña en campaña electoral. Pedro Castillo y su agrupación política son marxistas leninistas y no lo digo yo, lo dice el propio programa ideológico de Perú Libre cuando afirman textualmente que “decirse de izquierda cuando no nos reconocernos marxistas, leninistas o mariateguistas, es simplemente obrar en favor de la derecha con decoro de la más alta hipocresía”.

La inminente caída en desgracia del Perú la vivo con mucha tristeza, no solo por los miles venezolanos que deben sentirse de nuevo viviendo la misma pesadilla, sino por los millones de peruanos que serán las únicas víctimas de su venganza contra la clase política, las instituciones republicanas y en definitiva, contra la democracia peruana.

Paradójicamente, para quienes apostaron al comunismo para castigar a los ricos, los acomodados serán quienes menos sufran la destrucción de Perú, pues mientras los empresarios y las clases pudientes serán las primeras en trasladar sus capitales y bienes a otro país cuando el Perú se vuelva invivible, el peruano promedio vivirá la tragedia adentro; al menos que decida huir caminando a Colombia, Chile, Brasil o Ecuador.

Perú es también la nación que recibió a mis abuelos maternos cuando escapaban de otro sistema totalitario, el nazismo, así que este artículo está lejos de representar un acto de soberbia propio del “se los dije”. A los venezolanos también nos ganó la arrogancia y el resentimiento, cuando en 1998 la mayoría del país decidió ignorar a quienes siempre vieron en Hugo Chávez un títere de Fidel Castro y lo llevaron en hombros a Miraflores. Ese día se fregó Venezuela y con nosotros, aun sin saberlo, el resto de Latinoamérica.

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Argentina ¿del “Nunca más” al “siempre cómplices”?, por Brian Fincheltub

Foto de la represión madurista: Miguel Gutiérrez / EFE.

@BrianFincheltub

Argentina fue, hasta hace poco, uno de los países de mayor tradición en materia de promoción y defensa de los DD. HH. en el hemisferio. Desde el regreso de la democracia hace 40 años, los DD. HH. no solo pasaron a ser un tema prioritario en la agenda interna, sino también un pilar fundamental de la política exterior argentina. Una política exterior que, sin importar la ideología del gobierno de turno, se mantenía a grandes rasgos invariable en el tiempo. Lamentablemente, dicha tradición viene de ser sepultada por la administración del presidente Alberto Fernández y su omnipresente vicepresidenta, Cristina Fernández, viuda de Kirchner.

Al ordenar el retiro del apoyo a la demanda frente a la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad en Venezuela, el presidente Fernández se alinea con los violadores de DD. HH. y le da a la espalda a la víctimas y a los millones de venezolanos que tuvieron que huir de su país, como una vez lo hicieron miles de argentinos que escapaban de la dictadura militar.

Nunca antes Argentina asumió una posición tan contradictoria a su sistema democrático y republicano. Ni siquiera durante el paso del matrimonio Kirchner por el poder, cuyos lazos con Chávez representaron fundamentalmente una ocasión para hacer negocios, más que una oportunidad para afianzar una alianza política real. Los Kirchner, como la mayoría de los presidentes latinoamericanos hace una década, supieron aprovechar el uso “generoso” que hizo Chávez de los recursos de todos los venezolanos; mientras sus excesos, no es que no eran condenados por Argentina, sino por prácticamente ningún país del mundo.

Hoy Latinoamérica es otra. En Venezuela las elecciones son cosa del pasado, como también lo es la bonanza petrolera. Sin legitimidad de origen y sin dólares, la dictadura quedó desnuda. Los crímenes del chavismo, otrora ignorados y minimizados, han sido documentados por la Organización de Naciones Unidas y su alta comisionada para los DD. HH., Michelle Bachelet. Los casos de detenciones arbitrarias, tortura, desapariciones forzosas y ejecuciones extrajudiciales se cuentan por miles; detrás de cada número hay más que una cifra, hay personas, hay sueños truncados, vidas destruidas, familias separadas y un dolor que no desaparecerá nunca, pero que encontrará consuelo cuando los culpables sean castigados por la justicia internacional.

Las violaciones a los DD. HH. y las cicatrices que estas dejan en sus víctimas no desaparecen jamás, aunque el presidente Alberto Fernández quiera dar a entender lo contrario.

Mientras haya un venezolano dentro y fuera del país dispuesto a contar la verdad, los crímenes del chavismo, los ya ejecutados y lo que se siguen cometiendo todos los días, no desaparecerán jamás de nuestra memoria colectiva. Los venezolanos también vamos a decir un día “NUNCA MÁS”, como lo dijeron aquellos argentinos que sufrieron el horror de la dictadura y que deben sentir vergüenza viendo cómo un presidente que se decía “moderado” ha convertido el Estado argentino en cómplice de unos de los más sangrientos regímenes de la historia de Latinoamérica.

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Cuatro mitos sobre el conflicto en Medio Oriente, por Brian Fincheltub
Decidí elegir tan solo cuatro de muchos de los mitos que he leído en los últimos días sobre Israel y lo hago porque si algo sabe el pueblo judío es que las mentiras también matan y deben ser respondidas

 

@BrianFincheltub

Una vez alguien dijo que la primera víctima de una guerra era la verdad. Aunque esta frase fue pronunciada hace más de cien años, se aplica a la perfección a la reciente escalada de violencia en Medio Oriente. En los más de diez años que tiene mi columna de opinión, siempre he evitado escribir sobre temas que pongan de relieve mis creencias religiosas, no porque me avergüence de mi fe, porque por el contrario es algo de lo que más me siento orgulloso, sino porque viviendo en Venezuela, no quería darles a los intolerantes en el poder, la oportunidad de recurrir al insulto fácil.

En esta ocasión es diferente. Hoy escribo como judío, pero sobre todo como ciudadano libre que tiene un espacio que otros quizás no tengan para responder a la manipulación y sesgo que inunda actualmente las redes sociales y, tristemente, la mayoría de las agencias de “noticias” internacionales. Decidí elegir tan solo cuatro de muchos de los mitos que he leído en los últimos días sobre Israel y lo hago porque si algo sabe el pueblo judío es que las mentiras también matan y deben ser respondidas:

 Mito 1: “Se trata de un conflicto entre Israel y Palestina”

La primera de esta serie de manipulaciones pretende convencernos de que esto es un conflicto entre dos pueblos. Hoy la realidad es otra, se trata de un conflicto entre el Estado de Israel y una organización terrorista, así calificada por la comunidad internacional. Mientras el conflicto de Israel no es contra el pueblo palestino, la guerra de Hamás es contra Israel entero, contra el Estado judío que han jurado “desaparecer del mapa”, tal como lo expresan en su propia carta fundacional. Pero la guerra de esta organización terrorista es también contra todo aquel que no profese el islamismo radical, como lo demostraron con sus acciones en 2007, cuando, tras tomar el poder violentamente, asesinaron a más de 600 palestinos que se opusieron a su objetivo de convertir Gaza en un cuartel terrorista.

Importante destacar que al menos 700 de los más de 4000 misiles que han sido disparados por HAMAS en contra de Israel, han caído en el propio territorio palestino, asesinando hasta ahora a al menos 16 civiles.

 Mito 2: “Israel ataca”

Otra de las mentiras que busca presentar a Israel como el factor detonante de la violencia en la Franja de Gaza. Frente a esto es necesario reafirmar que Israel no ataca, Israel se defiende. Cada escalada bélica ha sido la respuesta de Israel a un ataque de Hamás no solo contra los judíos, sino el 20 % de su población árabe y demás minorías que también hacen vida en Israel. Sin embargo, uno se topa con muchas voces críticas que, sin conocer a profundidad el tema, desde Europa o los Estados Unidos critican las acciones emprendidas por el Estado israelí, a esas personas yo le preguntaría ¿qué pasaría si en la madrugada u otra hora del día el ruido de una sirena les advierte que su zona, su edificio, que la casa donde han vivido durante años es objetivo de un ataque con cohetes y pudiera desaparecer en solo minutos?

Mis familiares y amigos en Israel deben escucharlas hasta 40 veces por día y viven para contarlo gracias a la “Cúpula de Hierro” que se encarga de interceptar en el aire los misiles lanzados por Hamás. Ningún país del mundo toleraría que una organización terrorista lance contra sus centros residenciales más de 4000 misiles en apenas unos días sin consecuencias. Lo único que Israel hace es defender a su población y en el ejercicio de su derecho a la defensa se encarga que el menor número de civiles se encuentren en el blanco del ataque. Para que tengan una idea, ningún otro ejército en el mundo pone en alerta a los terroristas antes de atacar, Israel lo hace porque su objetivo no es matar civiles, sino neutralizar las amenazas que se ciernen contra su territorio.

 Mito 3: “Israel es expansionista”

Podemos leer una y otra vez que Israel se expande negando el derecho al pueblo palestino de existir. Esto es absolutamente falso. Fue precisamente Israel quien se retiró unilateralmente de la Franja de Gaza en 2005 teniendo como proyecto para la paz en la región la convivencia entre dos formas de organización política. Basta con ver el proyecto que tenía Israel pensado para la franja para ayudar a convertirlo en una zona de progreso.

Lamentablemente, ese no es el objetivo de Hamás ni de los enemigos de Israel. El territorio israelí representa MENOS del 1 % del Medio Oriente, pese a ello, sus vecinos, en su mayoría países hostiles y con sistemas claramente incompatibles con los valores democráticos, ven a Israel como una amenaza. Entre esos vecinos hostiles se encuentra Irán, quienes comparten con Hamás el objetivo de borrar Israel del mapa. Pese a que normalmente el régimen iraní no entra directamente en confrontación con Israel, su rol es de financiar a todas las organizaciones terroristas que atacan Israel.

 Mito 4: “La respuesta de Israel no es proporcional”

Es recurrente la pregunta ¿por qué muere más gente en la Franja de Gaza que en Israel? Porque Israel invirtió en sistemas de defensas mientras que Hamás invirtió en armas y cohetes. Israel protege a su población, Hamás la usa como escudo humano. La guerra de Hamás también es propagandística, cuando hay un número de mayor de bajas en territorio palestino, Hamás tiene más argumentos para justificar su agenda de violencia. Es absolutamente descarnado, pero lamentablemente así usa el conflicto Hamás. Para Israel cada vida cuenta, no se trata de elegir qué pueblo sufre más, sino de ver quiénes están interesados en proteger a su población y a quienes solo le interesa ponerla en riesgo.

Solo un ejemplo, alrededor de 700 de esos más de 4000 misiles disparados por Hamás en los últimos días han caído dentro de la propia Franja de Gaza y han matado a al menos a 16 civiles palestinos. Estos misiles son lanzados desde zonas densamente pobladas. En el derecho internacional humanitario, el uso de civiles como escudos humanos es un crimen de guerra.

Usted verá en los títulos de las grandes agencias de noticias “Israel bombardeó edificio en la Franja de Gaza donde se alojaban corresponsables extranjeros”, pero nunca leerá que en ese edificio funcionaba un cuartel de inteligencia al servicio de Hamás, desde donde se dirigían ataques hacia la población civil.

Es oportuno destacar una frase que dijo el embajador de Israel ante la ONU, Gilar Erdan, que ilustra una gran verdad: “Mientras Israel lamenta cada persona fallecida en esta guerra, Hamás celebra cada fallecido; si es Israelí celebra porque era su objetivo y si es palestino celebran porque lo usan para ganar compasión y apoyo internacional”.

Mientras escribía este artículo el cese al fuego fue acordado por las partes en conflicto luego de más de 11 días de violencia. Israelíes y palestinos merecen vivir en paz, una paz duradera, sin odios, sin el miedo ni el terror infundido por Hamás.

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Terrorismo de Estado, por Brian Fincheltub

@BrianFincheltub

En un país de instituciones democráticas destruidas, la organización ciudadana pudiera representar la única garantía de reconstrucción de la fibra social y política arrasada por la aplanadora totalitaria del Estado. En estos veinte años, el chavismo se encargó de destruir los gremios, los sindicatos, las asociaciones de vecinos, los partidos políticos y ahora va por las Organizaciones No Gubernamentales (ONG). De acuerdo con la Providencia Administrativa número 001-2021, a partir del 1.° de mayo del 2021, las ONG venezolanas tendrán la obligación de inscribirse en un registro único de la “Oficina Nacional contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo”; ello, con la finalidad de informar a la dictadura la lista de miembros, listas de donantes, movimientos económicos y lista de beneficiarios.

Bajo la presunción de que todas las organizaciones son “terroristas” hasta que demuestren lo contrario, la dictadura se propone desaparecer a las ONG bajo amenaza de encarcelar a quienes no se sometan a sus reglas.

Aunque causa indignación, la verdad es que mucho habían tardado. Es totalmente incompatible con el proyecto hegemónico chavista toda forma de organización que ayude a la emancipación del individuo del sometimiento criminal implantado por régimen en cada rincón de Venezuela, que tiene como expresión más acabada el llamado “Sistema Patria”. Y cuando hablamos de emancipación ni siquiera le damos un significado político a la palabra, más allá del que pudiera tener intrínsecamente el hecho de que una persona para sobrevivir no dependa más de la estructura de control social del chavismo.

Ciertamente, se trata de un asunto de supervivencia. Cientos de ONG venezolanas cumplen una labor fundamental que va mucho más allá de la defensa de los valores democráticos; causa de extrema importancia en un país bajo un régimen militar, pero que no dejan de lado otras causas extremadamente urgentes como son la alimentación y la salud en una nación con crisis humanitaria compleja causada por el modelo hambreador socialista.

Para que tengan una idea, si la mafia en el poder avanza en sus pretensiones, cientos de pacientes con enfermedades crónicas perderían el acceso a su tratamiento. Y el derecho a la alimentación de miles de ancianos y niños se vería gravemente comprometido.

Paradójico que una persecución, que claramente califica como terrorismo de Estado, tenga precisamente como excusa la “lucha contra el terrorismo y la delincuencia organizada”. Por cierto, delincuencia organizada abunda en toda Venezuela y no vemos a la dictadura obligando a las bandas criminales a registrarse en un censo para preguntarles cómo se financian. Y, sobre todo, cómo consiguen armamento que, en teoría, debería estar en manos de las Fuerzas Armadas.

Misterios sin respuestas. Pero como dijera un día ese famoso sanguinario conocido como el Che Guevara: “en socialismo, lo extraordinario se hace cotidiano”.

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La inmunidad de los impunes, por Brian Fincheltub

Maduro sí tiene inmunidad, o «inmunología», como dijo. Foto Jhonander Gamavia REUTERS en El Mundo.es (Interv. por N. Silva / Runrunes).

@BrianFincheltub

Durante el último año desde los órganos de propaganda del régimen no cesaron de repetir hasta el cansancio que la dictadura había logrado “contener” la pandemia en Venezuela. Una mentira que tuvo tanto eco que hasta en algunos medios de comunicación internacionales llegaron al extremo de hablar la “fórmula venezolana” frente a la COVID-19. Una fórmula “exitosa” si nos fiábamos de las cifras de contagios, fallecidos y el número récord de “recuperados” anunciados diariamente en transmisiones de radio y televisión. Todo era extraño. Pese a que la mayoría dudaba de las cifras oficiales, era la primera vez en años que veíamos a voceros de la dictadura ofrecer balances. Una señal que, viniendo de donde venía, lejos de generar tranquilidad inmediatamente generó suspicacia.

La pregunta que se hacía mucha gente era: ¿a cuenta de qué la dictadura quería dar señales de transparencia? Total, si así lo hubieran querido, con adoptar la política de opacidad total de Corea del Norte tenían. Nada ni nadie se los hubiese impedido. La estrategia elegida fue otra: optaron por hacerle creer al mundo, pues poco les importa la opinión interna, que manejarían la crisis sanitaria con responsabilidad y diligencia. Todo, con el único objetivo de ganar legitimidad internacional que les permitía recuperar el acceso a los fondos del Estado resguardados en la banca europea. La prueba de ello es que no habían pasado dos meses de la declaración de los primeros casos en el país y ya los cabecillas de la dictadura pedían el levantamiento de las llamadas “sanciones”.

La verdad es que no habían contenido nada. Venezuela, como ningún otro país de la región, tuvo condiciones propicias para controlar la pandemia. Y es que ningún otro país latinoamericano tiene el nivel de aislamiento interno y externo que vive Venezuela hoy. Con una escasa conexión aérea internacional y una movilidad interna sensiblemente reducida producto de la escasez de gasolina, nuestro país tuvo el cerco sanitario perfecto para contener el número de casos importados y evitar la propagación de los casos comunitarios. Pero sin ninguna sorpresa, no fue así y las consecuencias están a la vista de todos.

La explosión del número de contagios y muertes en el país es el resultado de la inacción de una élite que jamás le ha interesado la vida de los venezolanos.

Hablo de inacción y no de incapacidad porque no tengo dudas de que se trate de un plan deliberado de exterminio de la población venezolana. Mientras todos los gobiernos del continente negociaban para conseguir vacunas para sus poblaciones, en Venezuela Nicolás Maduro presentaba las llamadas “gotitas milagrosas”.

Mientras en todo el mundo iniciaban sendas campañas de vacunación, aquí nos enterábamos de que toda la banda criminal se había vacunado en pleno antes que el personal médico y sanitario.

Cuesta creer que la misma dictadura que dice contar con el apoyo incondicional y la amistad de China y Rusia, haya recibido apenas 250.000 dosis de la vacuna Sputnik V. Lo que quiere decir que Rusia ha enviado más fusiles que vacunas al país y no precisamente por culpa de las sanciones, porque al menos que yo sepa, ni Rusia ni China han sancionado a Venezuela. Tampoco se trata de un problema de liquidez, porque así como Venezuela paga la cooperación militar con estos dos países con nuestro petróleo y oro, bien pudiera pagar las millones de vacunas que se necesitan para proteger la vida de los venezolanos.

El plan es otro. Lo muestra también la intención criminal de bloquear a toda costa el ingreso al país de las más las más de dos millones de vacunas obtenidas bajo al acuerdo de cooperación COVAX, para lo cual la legítima Asamblea Nacional ya desembolsó los recursos, pero que la dictadura se ha encargado de boicotear.

Mientras tanto, las redes sociales están inundadas de campañas de recaudación de fondos; venezolanos que piden desesperados altas sumas en dólares para salvarles la vida a los suyos recurriendo a la medicina privada, en un país donde ir a un hospital es prácticamente una condena a muerte. Y no precisamente por el valiente personal médico que expone sus vidas para salvar las de otros, sino porque toda la infraestructura hospitalaria está desmantelada.

Hoy, como nunca antes, exigir la vacunación masiva es asunto de vida o muerte.

No es posible que la vida de millones esté en manos de secuestradores sin ningún tipo de escrúpulo y ningún sentido de humanidad. La solución no es encerrar de nuevo a millones en sus casas. Sin vacunación masiva no habrá confinamiento ni cuarentena radical que evite lo inevitable: que miles de venezolanos pasen a engrosar la lista de víctimas.

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La dictadura y las FARC le declararon la guerra a los venezolanos, por Brian Fincheltub

Imágenes sup.: izq. familia del estado Apure, cuyos 5 miembros fueron asesinados por presuntos efectivos de las Faes; centro: FANB en la zona; der. comunidad 5 de Julio, de Apure; inferior: venezolanos desplazados en un refugio de Arauquita, Colombia.

@BrianFincheltub

Venezuela tuvo una vez una Fuerza Armada Nacional cuya principal misión fue la defensa de la soberanía. Cuando hablamos de soberanía nos referimos esencialmente al resguardo de nuestras fronteras marítimas y terrestres, con el objetivo de neutralizar cualquier tipo de intrusión al territorio nacional por parte de factores externos que pudiesen amenazar nuestros recursos naturales y/o vulnerar nuestra sagrada integridad territorial.

Aunque el chavismo manoseó el término soberanía como ningún otro gobierno en nuestra historia republicana, la realidad muestra que hoy Venezuela dista mucho de encajar en la definición clásica de lo que significa ser un país soberano. Nunca antes en nuestra historia fuimos tan dependientes, nunca antes nuestras fronteras estuvieron tan vulneradas, nunca antes el pillaje de nuestros recursos naturales, patrimonio de todos los venezolanos, fue tan descarado. Ni hablar de la integridad territorial.

Fragmentaron el territorio venezolano para entregárselo a mafias criminales y al narcotráfico, con la absoluta complicidad de la cúpula política y militar.

Nuestros enemigos históricos hoy son los aliados de la dictadura. Grupos criminales, terroristas de toda índole y calaña hacen vida en toda Venezuela, repartiéndose el territorio venezolano y los recursos con los que la naturaleza bendijo nuestro suelo como si se tratase de un botín de guerra.

En el medio, millones de venezolanos, especies de rehenes de un conflicto que nunca buscaron y en el que fueron metidos por un régimen entreguista y criminal capaz de todo para sobrevivir. Lo hemos visto esta semana, arrasan a una población entera del estado Apure para que su facción aliada de las FARC opere sin inconvenientes y siga llenando de terror a Colombia.

Desde la óptica del derecho internacional, este ataque contra población civil, que incluye niños y mujeres embarazadas, califica como un crimen de guerra. Un crimen que debería engrosar el expediente del régimen madurista ante la justicia internacional. Desde el punto de vista interno, el abominable hecho de aliarse con los enemigos históricos de nuestro país para atacar nacionales, es un acto de alta traición que deshonra aun más la institución militar venezolana. Esa institución dirigida por quienes, mientras se montaban en una tarima a lanzar cuatro arengas con el “imperialismo”, dejaban nuestras fronteras, por acción u omisión, a la merced de las FARC, el ELN, el Hizbulá y hasta el cártel de Sinaloa.

La comunidad internacional debe voltear su mirada hacia Venezuela, la protección de los miles de desplazados que han huido a territorio colombiano es urgente. Para muchos de ellos no hay posibilidad de regresar, de sus hogares no quedan más que cenizas, el recuerdo de los bombardeos sigue como llama viva en sus memorias, memorias de una guerra que les declaró su propio país. El país que secuestró hace más de dos décadas el chavismo.

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