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Política

La física y la política, por Julio Castillo Sagarzazu

Hace algunas semanas, nuestro estimado amigo Víctor Reyes Lanza, ex decano de la facultad de Ingeniería de la Universidad de Carabobo, nos obsequió un brillante artículo en el que hacia la analogía de los postulados de la tercera ley de Newton con el discurrir de la política.

Como sabemos desde tercer año de bachillerato, la tercera Ley de Newton, conocida también como la de Acción y Reacción, nos enseña que, si un cuerpo A ejerce una acción sobre otro cuerpo B, este realiza una acción igual y de sentido contrario contra A.

Extrapolando a la política, quiere decir que en el campo nunca se juega solo, que “los rusos también juegan” y que en ocasiones es menester saber (si lo combinamos con las enseñanzas de Sun Tsu) que bien vale la pena medir las fuerzas del contrario y su capacidad de reacción para saber si podemos ganarle enfrentándole directamente y en el centro del ring a lo Mano e´ piedra Duran o dándole vueltas y “jabeandolo” como Mohamad Ali.

Siempre hemos pensado que el escenario de la polarización política es el que mejor le cuadra al régimen, pues es allí donde tiene un relato que le permite volver a agrupar a los suyos (cada vez menos, es verdad) replanteando los enfrentamientos y su mantra de ricos contra pobres, patriotas contra vende patrias, gobierno y oposición, etc.

Por el contrario, donde el gobierno es más débil es cuando le confrontamos en el terreno de lo social y del nivel de vida tenebroso en el que nos han hecho vivir. Ahora los politólogos llaman a eso “transversalizar” la política. Dicho en latín vulgar, se trata de acompañar a la gente en la lucha contra la vida cara, contra el caos de los servicios, la inseguridad etc, es decir, los problemas que sufren y son comunes a los afectos al régimen y los que no lo somos. Ese es el terreno en el que son débiles y en el que menos capacidad de reacción tienen.

Pero, en fin, esto será algo que deberemos seguir debatiendo hasta que sea necesario o hasta que el fruto se caiga de maduro, cumpliendo, por cierto, con la Primera Ley de Newton que es la de la Gravedad.
El propósito de esta nota, empero, tiene que ver con otro principio de la física. Mucho más antiguo que las reflexiones de Newton, pero no por ello menos valido. Se trata del principio de la impenetrabilidad de los sólidos. Ese que preceptúa que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo.

¿Y esto qué tiene que ver con la política? Pues mucho y, ciertamente es relativamente fácil de explicar. En realidad, en la física y en la política no se toleran los vacíos. Cuando hay un vacío, la tendencia de las cosas es que ese vacío sea llenado.

Es tan sencillo como esto: Si en la política no participan los buenos, pues ese espacio va a ser llenado por los malos. Chávez ha sido un ejemplo palpable del pecado de omisión de muchos en la política. La anti política comenzó a crecer en Venezuela con una frivolidad impresionante. Irene Sáez estuvo a punto de ser presidenta y luego de que esta se desinfló, los promotores de esta esta banalidad, inflaron al golpista del 4F, ante la mirada complaciente de la mayoría de los ciudadanos buenos que pensaban que eso no era su problema y que, después de todo, un escarmiento a los políticos, no estaba del todo mal.

Si aquello fue un error, ahora es inconcebible que nos estemos tropezando de nuevo con la misma piedra. Hoy día, una nueva versión de aquella frivolidad se abre paso en muchos sectores de la sociedad, amplificada y exponenciada con el megáfono de las redes sociales.

En efecto, pululan los grupos de opinadores en los que, de nuevo, las viejas y desteñidas consejas contra la política vuelven a sentar reales. Desde los púlpitos de la sabiduría intelectual o simplemente desde el sillón de la ociosidad infértil, mucha gente blande de nuevo el argumento generalizador de que todos los políticos son iguales y por lo tanto no vale la pena ocuparse de lo público.

Muchos de estos opinadores incluso actúan como los mirones de un partido de bolas criollas que cada rato importunan al jugador diciendo “eso es boche, eso es arrime” y cuando el jugador le tiende la bola para que lance el tiro, se va corriendo sin asumir el compromiso.

¿Qué va a ocurrir entonces si quienes tienen algo que decir se van corriendo como el mirón del patio de bolas? Pues, como ya dijimos, la política se llenará de malos si los buenos se abstienen.
Pero igualmente amigo lector hay otra dimensión de la omisión y esta ocurre generalmente en el terreno de las ideas políticas y doctrinarias.

Hoy día hay un debate reforzado por el fracaso de experimentos políticos de izquierda en el mundo y al auge de liderazgos populistas de derecha, a considerar cualquier postura “liberal” en el terreno económico, social y políticos, como hediondo a fo de socialismo o comunismo.

Así, todo aquel que luche por la defensa del ambiente y ose hablar del calentamiento global, es un radical extremista de izquierda, también quien se manifieste a favor de la tolerancia para reconocer las diferencias religiosas, sexuales, o raciales, es igualmente un agente del progresismo Sao Paulista; quien ose decir que hay que evitar que se menoscaben los derechos laborales o que hay que tener sensibilidad social, es tachado de estatista impenitente.

¿Qué va a ocurrir en el mundo dentro de poco? Pues que, si los demócratas desertamos estas trincheras, estas van a ser ocupadas por los populistas, por las momias del comunismo que podrían renacer, por los podemitas de Iglesias o, lo que es aún peor, por un híbrido monstruoso, un Frankenstein de la política que está tomando forma en Europa en ese experimento de sopa de letras que son Los Chalecos Amarillos de Francia, cuyos principales dirigentes se declaran admiradores, a la vez de Mélechon y de Le Pen.

Hoy vivimos un renacimiento del ánimo con la consecuente posición de nuestros 100 diputados que no se dejaron comprar y con el reconocimiento de Juan Guaido por todas las democracias decentes del mundo. Maduro está hoy más aislado y solo que ayer. No le regalemos otra ración de inhibición, de comodidad del teclado u otro vacío para que vuelva a ser llenado por los malos.

Recordemos a Gandhi. “los más atroz de las cosas malas de la gente mala es la abstención de la gente buena”.

 

@juliocasagar

Toda crisis tiene la fuerza necesaria y suficiente para desnudar situaciones que evidencian cuantas carencias, equivocaciones, injusticias y desperfectos pueden merodear las realidades hasta hacerlas reventar. Bien porque los hechos se den por omisión o por actuación. 

Cualquier crisis posible, sea política, económica, social, emocional o existencial, incurre en condenas. Y aún cuando puedan lucir como oportunidades para superar los escollos padecidos, son igualmente dificultades que enrarecen y devastan toda resistencia y fuente donde persiste vida, tanto en fase de crecimiento como de desarrollo. 

Sin embargo, las crisis no dejan de ser perversas en cuanto a que ostentan capacidades que por radicarse en ámbitos muy recónditos, sorprenden toda vez que se convierten en canales de perversión moral, ética y espiritual, como nadie lo imagina. De hecho, nada ilustra mejor tan patéticas situaciones, bastantes propias del mundo político particularmente, que -en lo aparente- no se encuentra forma precisa de hallar salidas lo más rápido posible. Y asimismo, se atoran a la hora de desenmascarar la desvergüenza que penetra hacia todos lados y por todas partes. 

En el fragor de tan rollizo problema generado por la desvergüenza que sus manifestaciones inducen, las razones de las crisis saltan por doquier. Pero sin que sea posible asumirse una postura política de sana indiferencia capaz de salvar alguna parte de lo que puede dirimirse en el centro de la situación en cuestión. Todo es un caos que termina haciendo quebradiza cualquier realidad que se halle en el curso de su dirección. Las realidades se tornan en arreglos fractales al convertirse en combinaciones de estructuras fragmentadas„ quebradas o fracturadas lo que dificulta y aplaza el ordenamiento de las realidades en todo sentido. 

Lo que recién vivió el país político, en el devenir de la profunda crisis política que ha arrasado con distintos preceptos que provee la Constitución de la República, en cuanto a libertades, derechos, deberes y garantías propias de ser exhortadas a través del engranaje de sus poderes públicos, fue un absurdo desde toda perspectiva bajo la cual se analicen los hechos. Por consiguiente, hechos éstos profundamente cuestionables. Así como contradictorios en toda la amplitud del concepto de “democracia”.

Sobre todo, cuando el evento desmerece de las implicaciones de valores morales y políticos de tanta significación y trascendencia, como la “vergüenza”. Y es que no hay otra virtud  tan juzgada como la “vergüenza” bajo la cual se exalte la conciencia considerada como el cimiento donde se implantan la dignidad, la decencia, el respeto, la justicia, la verdad, la constancia y el compromiso.

Es así que cuando falla la “vergüenza”, fallan también sentimientos que sólo pueden expresarse cuando el alma se hace piel y la piel, vida. Por eso la jerga popular asintió que “la vergüenza una vez perdida, se pierde para toda la vida”. Y esto no resulta del infundio de circunstancias, pues la vida sabe bien que quien mejor puede soportar sobre sí el peso de sus esfuerzos y abnegaciones, mejor le resulta luchar la batalla más dura por cuanto de ella saldrá doblemente vencedor.

Cuando hay vergüenza a conciencia, se tiene el poder para evitar que la corrupción del alma invada los sentidos del cuerpo. Y al mismo tiempo, que las tentaciones que aviven los placeres. Es ahí cuando la conciencia puede advertir los peligros que implica estar a las puertas de la traición. Aunque el disimulo actúe cual cómplice de mal agüero. Por eso, la pérdida de la vergüenza arrastra, del otro lado, la pérdida del respeto. Y en consecuencia, el menoscabo de valores que sirven a la “vergüenza” para asirla como mástil de banderas que ondean el pabellón de la integridad. 

En buena media, este problema se suscita cuando la cultura política se ve dominada por la inmediatez y el pragmatismo vulgar. Porque es ahí, como explicaba Carlos Matus, “(…) donde se vuelcan los intereses hacia problemas intermedios del sistema político y se abandonan los problemas terminales del sistema social”. Porque también es ahí, donde se extravían los valores que deben fundamentar el ejercicio de la política. 

No hay duda que la “vergüenza” es un sentimiento que pocos saben vivir. Y peor aún, ni siquiera alcanzan a comprenderla. Ni en su más sucinta acepción. Pero sucede que el ejercicio de la política, tiende a justificar su rebote cuando sus heridas condenan las palabras que dieron carácter y forma a cualquier discurso pronunciado en aras de conquistar los espacios que apetece la voracidad política en momentos de demagógico proselitismo. 

O sea, es cuando la vergüenza se echa a un lado. Pero con dinero que no entiende de la vida. Particularmente cuando por razones de corrompidas ideologías, llega a sostenerse que la vergüenza funge como estribo de la vanidad al considerársele un signo de debilidad. Lejos queda tan equivocada y burda creencia, de considerar la “vergüenza” condición clara de humildad, claridad, compromiso y fortaleza.

Posiblemente sea ésta una razón, entre tantas, para que dentro del juego iracundo y fustigante de la política mal concebida, se haya permitido que en el desenvolvimiento apresurado, indolente y malicioso de muchos politiqueros de oficio, se haga público el momento cuando la vergüenza se perdió.

Lo bueno  y lo repudiable del 2019, por Eddie A. Ramírez S.

Lo  bueno: En este año que finaliza ocurrieron muchas cosas buenas que no deben olvidarse y que  dan pie para que en el 2020 quizá pueda  concretarse   que  Maduro y su pandilla agarren   las de Villadiego. El reconocimiento  de Guaidó  como presidente encargado  por parte de 58 países es algo inédito, quizá con el solo antecedente de un Papa en  Roma y otro en Aviñón, en la Edad Media. Ese hecho y su destacada posición en las encuestas amerita que toda la oposición lo apoye. Entendamos que no tiene poderes mágicos,  pero es la mejor opción  para que cese la usurpación.

Las sanciones a personeros del régimen incursos en violaciones a los derechos humanos y en corrupción, impuestas por el Grupo de Lima, los Estados Unidos, Suiza  y la Unión Europea , así como algunas sanciones económicas, fue otro logro de este año. La aceptación de embajadores designados por la Asamblea Nacional fue otro  éxito . La autorización de Estados Unidos de tomar posesión de Citgo y su sistema de refinación fue un triunfo, así como las designaciones de la directiva ad hoc de Pdvsa en el exterior; también, con algunos bemoles, los nombramientos en la Corporación Venezolana de Petróleo y en Monómeros Colombo Venezolanos. El Informe de  Bachelet, Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU fue demoledor para la dictadura. Criticarlo por algunas omisiones  no es procedente.

 La iniciativas del presidente (e) Guaidó de forzar la entrada por Cúcuta de la ayuda humanitaria no ha sido bien evaluada. Esa acción tenía dos desenlaces: 1- Si  lograba entrar era porque los militares desconocían a Maduro y 2- Caso contrario el régimen quedaba expuesto  por impedir lo  requerido por la población. La ayuda fue interceptada  y  varios cientos de uniformados pasaron a Colombia, lo cual evidenció el descontento en las filas castrenses,  Maduro quedó como un verdugo de su pueblo y Guaidó demostró  iniciativas diferentes a la electoral.  El caso de La Carlota el 30 de abril no está claro si fue una trampa o que los militares comprometidos no respondieron. En todo caso extraña que sea criticado por algunos opositores que predican el uso de la fuerza. Es mejor fracasar en una acción que permanecer pasivos.   Los alzamientos ocurridos en el Destacamento de la Guardia Nacional en Cotiza y el reciente en el Fuerte Escamoto indican que Padrino López solo tiene un control precario sobre la Fuerza Armada.

 Los millones de venezolanos de la diáspora realizan cualquier tipo de trabajo con dignidad y tesón. Nuestros profesionales tienen éxito. Los músicos se han organizado. Fundaciones como Código Venezuela realizan una gran labor. En la mayoría de los casos los venezolanos han sido bien recibidos. El rechazo ha sido la excepción  y, a veces, por culpa nuestra.

 

Lo repudiable: Del lado de la oposición lo más repudiable es que no se haya unido, sea por ineptitud o por intereses personales o de grupo. En segundo lugar  está   el soborno del régimen a un grupo de diputados teóricamente nuestros. Los partidos deben ser más cuidadosos al postular candidatos. También es repudiable el caso de corrupción de parte del dinero destinado a apoyar a militares que pasaron a Colombia. Guaidó y su equipo debieron separar a los señalados  inmediatamente que hubo indicios.   

El otro caso  repudiable es el de Claudio Fermín, Timoteo Zambrano, Felipe Mujica, Rafael  Marín  y Henry Falcón, quienes se prestaron a integrar una Mesa de Negociación espuria para seguirle el juego al régimen.

Del lado de la narcodictadura  numerosos hechos deben ser repudiados. Según el Observatorio Venezolano de la Violencia, en el 2019 se produjeron 16.506 muertes violentas, es decir 60,3 por cada cien mil habitantes; de este monto, 6.530 homicidios fueron cometidos por el hampa común, 5.282 fue la aterradora cifra de homicidios por supuesta resistencia a la autoridad y  4.632 sin aclarar el origen; en 175 municipios hubo más muertos por la policía que por delincuentes. De acuerdo a Provea, entre enero y septiembre hubo 554 víctimas de torturas por cuerpos de seguridad, de ellas   124 militares y 22 civiles  acusados de acciones en contra del régimen, y 408  a presos comunes.  Por su parte el Foro Penal Venezolano informó que hay  388 secuestrados políticos, de ellos  120 militares y 18 mujeres. El capitán Rafael Acosta Arévalo fue torturado hasta causarle la muerte. El concejal Rada fue asesinado aparentemente por motivos políticos. Veintisiete diputados tuvieron que exiliarse y dos están secuestrados.

La destrucción del ecosistema en el Arco MInero, la corrupción  y los asesinatos de ciudadanos de la etnia pemón y de mineros merecen el repudio de todos.  La hiperinflación  alcanzó la cifra de 10.000  por ciento. Hay escasez de medicinas y  las interrupciones del servicio eléctrico y de agua por la corrupción en la adquisición de equipos y por falta de mantenimiento afectó a millones de ciudadanos.El promedio de la  producción de petróleo enero-noviembre fue de 760.400  barriles por día (b/d), en comparación con los  1.354.000  b/d producidos en el 2018 y  2.830.000 b/d en el 2001. Las refinerías están en el suelo, hay escasez de combustibles   e importamos gasolina y diesel.  La irresponsabilidad de Chávez-Maduro de expropiar empresas pone en peligro los activos de Venezuela en el exterior.

Como había en botica: Aunque la oposición cometió errores, la narcodictadura se sostiene fundamentalmente por el apoyo de la Fuerza Armada y del TSJ. Trabajemos para que el 2020 sea el de la libertad ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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Dic 21, 2019 | Actualizado hace 4 semanas

Es interesante contrastar las acciones de la oposición extremista venezolana y sus seguidores con las del gobierno dizque socialista y revolucionario y sus seguidores, para darnos cuenta de la falta de sentido común en ambos bandos, de lo prejuiciados que son y de lo que el fanatismo político puede llegar a hacerle al cerebro humano. El pensamiento lógico desaparece, la percepción de la realidad se entorpece, el conocimiento y las experiencias parecen borrarse y la disociación se abre paso a través de conductas violentas, indolentes y preñadas de un gran cinismo. Los bandos en lucha, casi igualados en su poder de combate, amenazan con destruirse y arrastrar al resto de la nación en su demencia fratricida.

Vemos con qué facilidad se glorifica la acción insurgente de Oscar Pérez, que nunca representó ningún peligro para el régimen de Maduro, mientras se condena las acciones insurgentes del pasado “cuartorrepublicano”, expresada en los años sesenta con las acciones guerrilleras del PCV y del MIR, las cuales tampoco significaron un peligro real a la estabilidad democrática instalada en 1958. Se habla de la masacre criminal de Oscar Pérez y su grupo en El Junquito, realizada por cuerpos élites de seguridad del Estado y con armas de gran potencia, que excedían notoriamente el poder de fuego de los insurgentes, quienes además habían manifestado su intención de rendirse para preservar sus vidas. Una masacre sin lugar a dudas.

Sin embargo, esas mismos personas callan, voltean la cara, se hacen los locos o incluso aplauden las masacres de Cantaura (1982) y de Yumare (1986), realizadas contra jóvenes que no estaban en ese momento combatiendo, que carecían de poder de fuego alguno y que eran restos de una actividad insurgente guerrillera, que había sido derrotada 20 años atrás. Dos claras masacres sin lugar a dudas. Son críticos acérrimos del golpe de Estado de 1992 dado por Hugo Chávez, pero festejan el golpe de abril de 2002 e incluso la payasada de Guaidó y López este año, también en abril. Y, lo que es inaudito, han hecho de los llamados a la FANB a que dé un golpe de Estado una política permanente, de varios años de duración y aún vigente.

Los líderes y seguidores chavecos no se han quedado atrás en este tipo de contradicciones demenciales. Acusan a los golpistas opositores de traidores a la patria, no simplemente de golpistas que sería lo lógico, y al mismo tiempo conmemoran el golpe frustrado de Hugo Chávez, como si se tratara de una fiesta patria, y tratan de transformarlo en algo que nunca fue: una insurgencia de carácter cívico militar. El pueblo en absoluto participó en el golpe del 4 de febrero de 1992, fue algo exclusivamente militar. Ni siquiera salió a apoyarlo posteriormente. Los golpistas eran unos desconocidos, que sólo se manifestaron públicamente a través de la alocución que se le permitió a Chávez realizar, en la cual dijo que había fracasado.

Para estos otros desquiciados, el bombardeo que la aviación venezolana hizo de la sede policial del Helicoide, el 27 de noviembre de 1992, fue un acto heroico, mientras las bombas de humo lanzadas por Oscar Pérez sobre el TSJ fueron obra de un terrorista siniestro, sin importar en esta calificación que Oscar Pérez en sus acciones no haya matado a nadie, mientras el golpe de Chávez generó 30 víctimas. Coinciden entonces, estos dos protagonistas antagónicos de la política venezolana, en que los golpes son buenos si los dan los míos y son condenables si los dan los otros. Igualmente, son masacres las que llevan a cabo los adversarios, pero si son propias se convierten en actos de justicia.

No son nada diferentes estos dos adversarios, tienen muchas similitudes, aunque sus seguidores parecieran no darse cuenta.

@LFuenmayorToro

La política está atiborrada de aforismos que se tornan en frases obligadas de discursos que no por colmados de exaltaciones y promesas, lucen tan vacíos como cualquier contenedor con ausencia de todo. Discursos que al final no dicen nada pues no comprometen nada que pueda definir algo. Aunque en alguna medida.

La retórica es el terreno dialéctico donde multiplicar algo por nada no da todo. Escasamente, el producto termina tan reducido de tal forma que desaparece ante cualquier asomo de análisis. 

Cualquier tratado de Teoría Política, Filosofía Política, Axiología, Sociología Política o Ética, refiere consideraciones que exalten la justicia, la libertad y la verdad, como fundamentos políticos alrededor de los cuales giran los valores superiores que toda sociedad medianamente organizada se plantea para conquistar sus objetivos. Siempre y cuando esté supeditada a alguna normativa que busque ser tan justa y equilibrada como sea posible. 

Fue así como Aristóteles adujo que “el único Estado estable es aquel en el que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”. Sin embargo, hay una profunda distancia entre lo que puede contener el papel, y lo que las realidades pueden abiertamente develar. A primera vista puede inferirse que poco o nada importa que la igualdad sea un derecho pues según Honoré de Balzac, “no hay poder humano que alcance jamás a convertirla en hecho”.

El problema que de tan cruda situación deviene, complica no sólo condiciones que afectan la justicia distributiva toda vez que ésta cumple un papel para alcanzar una sociedad libre de dominación. Sino que además, dificulta la declaración de actuar con meridiana claridad ante lo que implica la equidad como praxis social, indispensable para lo que el ejercicio de la política señala como “participación equitativa de todos en el disfrute de la riqueza, según los principios de la justicia social (…)”.

Esto se explica cuando se entiende que “la primera igualdad es la equidad” (Víctor Hugo) No obstante, la brecha que la dinámica política genera de sus desavenencias, embates y contradicciones, dan cuenta de que en política lo que no es posible, es falso. Tal cual lo infirió Antonio Canovas del Castillo, político e historiador español, cuando buscó una explicación que redimiera la política de sus carencias. Lo cual no consiguió.

La política sabe cómo encubrir o disfrazar promesas que, en el camino de los hechos, se vuelven intangibles. Más, cuando detentan la condición de “ilusorias”. Esto ocurre desde un principio. Esto hace ver que la política se bandea entre desaciertos, tal como refirió Benjamín Disraeli, político británico quien fuera dos veces primer ministro del Reino Unido, al decir que “el ejercicio de la política puede definirse en una palabra: disimulo”. De manera que no tiene mayor razón cualquier doctrina, proyecto ideológico o tesis política, al exponer propuestas que comprometen valores políticos como sustentos o fundamentos del ordenamiento político que seguiría en caso de conquistar el poder político.

Ejemplo de tan ovacionada consideración, es el expuesto por el artículo 2° de la Constitución Nacional de Venezuela cuando señala valores tan determinantes para la consagración del Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, como la vida, la libertad, la justicia, la solidaridad, la democracia la responsabilidad social y, particularmente, la igualdad. Más aún, su preámbulo, propone “establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica (…)” a través de acciones que consoliden valores cuya aplicación “(…) asegure el derecho a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna (…)”. 

De esa forma, una serie de preceptos de tan cardinal Carta Política, igual alude a derechos, libertades y garantías que exaltan la igualdad como pivote de decisiones sin que, al momento de actuar las instancias del Estado venezolano, evidencien algún respeto al texto constitucional. Sobre todo, cuando el mismo revela un contenido basado en eventos que buscan afianzar valores republicanos. Y en primer nivel, destaca la “igualdad”. Pero hasta ahí llega todo, pues las realidades testifican lo contrario.

Así que realzar relaciones equitativas e igualitarias, se convierte en un problema de justicia que sigue todavía sin resolverse. Despejar la incógnita de tan difícil ecuación política, hace el planteamiento inexpugnable. Tan mayúsculo problema, termina no sólo afectando las relaciones sobre las cuales se basa el bienestar social: Igualmente, el desarrollo de los individuos y comunidades.  

Y precisamente es acá dondedespunta la desigualdad. O sea, cuando unas pocas personas, aprovechándose del poder que las circunstancias le confieren o permiten, acaban oprimiendo a otras. Y mientras no pueda solucionarse tan grueso dilema que hace ver la “sumisión” como la variable principal de la ecuación llamada “desigualdad”, rápidamente florece una situación en la que la “sumisión” termina prescribiendo una relación nada equitativa, nada igualitaria, entre individuos que configuran una sociedad. 

Es esa la idea que se contrapone al concepto “igualdad”. Pero que en el caso de sociedades oscurecidas por la “dominación”, sobre todo cuando están regidas por algún modelo de gobierno totalitario, autoritario, dictatorial o tiránico, donde cabe el servilismo, la reverencia, el engrandecimiento, la prepotencia, la adulación, la soberbia o el odio como recursos de relacionamiento sociopolítico, se abre  paso franco la “desigualdad”. Y al mismo tiempo, concede lugar preponderante a la “inequidad”. O sea, aquella “cualidad que consiste en dar a cada uno lo que se merece en función de sus méritos o condiciones”. 

Entonces, por qué tanto alarde al declarar la “igualdad” como objetivo político gubernamental si al final los hechos políticos demuestran que tan significativo valor ni es entendido. Ni tampoco atendido. A su alrededor, se enquista una especie de inapetencia de su comprensión que se ve sustituida por la “desigualdad” como razón de ejercicio político. 

El socialismo real y el pronunciado igualitarismo, actuaron en discordancia con lo que implicaba la “igualdad”. Por eso, quedó atrapada en los intríngulis de la retórica política. Hoy día, invocar a la “igualdad” como razón de ejercicio social o político, no tiene asidero que respalde su valoración como criterio de gobierno. Peor aún, desde que las revoluciones políticas manosearon con grosera sugestión el valor “igualdad”, era porque sus estamentos operativos no tenían ya nada que dar. Fue entonces cuando, las realidades permitieron la “desigualdad” como instrumento de subordinación necesaria para imponer criterios utilitarios de gobierno. La reivindicación del individuo y sus libertades, fueron excusas para validar decisiones que contuvieran la “desigualdad” como razón de gobierno. Así se degradó tanto la política asumida en nombre del socialismo, que aunque suene contradictorio o absurdo, se prefirió convenir, contrario a la razón política y social, la “desigualdad” un valor (socialista).

Dic 10, 2019 | Actualizado hace 1 mes

Las redes sociales se han convertido en la comidilla de la buena fe o inocencia de muchos, atrapados en los boots del gobierno, con más de 5000 cuentas falsas y pagadas”.

 

El estudio reciente del Centro de Estudios de Política y de Gobierno de la UCAB (CEPYG/UCAB/Félix Seijas), refleja registros que es menester analizar para colocar la realidad política venezolana en una justa dimensión. 

Podemos adelantar varias conclusiones que analizaremos en el cuerpo de este ensayo. 1.- Se mantiene la percepción que el responsable de la crisis del país es el Gobierno Nacional y Nicolás Maduro [70%]. 2.- La desesperanza se apodera del país pero paradójicamente se mantiene la confianza que Guaidó logrará el cese de la usurpación 3.- El venezolano quiere votar [78%] condicionando cambio de CNE y salida de Maduro como candidato.  4.- Un 35% de la oposición cree que la protesta debe ir a mayores riesgos [radicalización de la oposición] y más un 30% sigue dispuesta a salir y luchar. 5. Gobierno Interino de Juan Guaidó mantiene más de un 50% de confianza ponderada [después de la iglesia Católica, Estudiantes, Universidades, Empresarios, Organizaciones ciudadanas y AN] Vs. un 20% ponderado, los críticos a la oposición [últimos en la lista de 25 instituciones evaluadas] 

 

Entre mitos, leyendas y realidades urbanas

No cabe duda que la realidad del país es insuflada y distorsionada inmensamente por las ansiedades de posicionamiento de matrices del branding digital. Las redes sociales se han convertido en la comidilla de la buena fe o inocencia de muchos, atrapados en los boots del gobierno, con más de 5000 cuentas falsas y pagadas para confundir, calumniar y falsear, más otro pelotón de radicales de oposición. 

Pero como nos decía Manuel Vincent, “quien busca la verdad corre el riesgo de encontrarla”. Y así como existe una verdad tórrida del lado oscuro de la oposición-escandalizada por radicales y avatares anónimos-también existe un otra elocuente realidad: El pueblo Venezolano de los targets más bajos [C,D y E que representa el 94% de la muestra], respalda mayoritariamente sus instituciones como la Iglesia católica, los empresarios, los estudiantes, las universidades, la AN y el Gobierno interino de Guaidó; siendo que por el contrario, rechaza las salidas, posturas y críticas radicales.  

La política desde las gradas y no desde la arena “del león” nunca ha pegado con las preferencias de las masas. El líder debe bajar al terreno de la contienda y demostrar sus fortalezas y su disposición a dar la pelea con el más felino enemigo. Las conjuras detrás de las columnas o de los teclados siempre han existido, pero no tienen rostro de vencedores. Y aun llegando al poder, se hace efímero.  

Otro dato interesante del CEPYG/UCAB/Seijas es que la gente aun desesperanzada está dispuesta mayoritariamente protestar [subiendo el nivel de riesgo] y votar [bajo ciertas condiciones]. En otras palabras, la intervención armada internacional-que nunca ha sido un planteamiento plausible ni en lo político ni en lo jurídico-se reduce a un 5% de respaldo de la población, contra un 48% que está dispuesta  a luchar con [18%] o sin armas [31%]. 

Pero quizás la leyenda urbana que queda más en evidencia es creer que la gente piensa mayoritariamente que “Maduro sólo sale a golpe y porrazo, que aquí no hay nada que hacer y lo mejor es quedarme en casa y esperar” […] 

La expectativa de un golpe de estado es respalda por un 5% de la población. Creer que esto se lo llevó quien lo trajo y no hay nada que hacer sino irse a una rebelión armada, cuenta con un rango de 1% al 18%, siendo que quienes piensa que lo mejor es quedarse en casa, no llegan a un 20%.

En conclusión la inmovilización que vive el país es producto de una desesperanza innegable, pero también por la exacerbación de manipulaciones y narrativas “notables”, que afortunadamente gozan de un muro de resistencia superior a la tergiversación de los hechos y la hiper-escandalización de la realidad.  La conciencia y la sensatez de una mayoría de amplia base popular aun en su fatiga y su miseria es más notable que la de los intelectuales apocalípticos. El Presidente Juan Guaidó mantiene una amplia aprobación del pueblo quien sigue apostando al voto como herramienta de cambio y la protesta como método de lucha no violenta, por una razón muy profunda: le ven como reflejo de un interés propio y humilde. Y desde ese mismo reflejo humilde y pero lúcido, mantienen intacta el rechazo a Maduro [85%] por ser responsable de la crisis.  Que cosas que los “más educados” que se auto califican opositores no lo ven así.

 

El 2020. Todo o Nada

Una combinación de factores, internos y externos, impiden que la ecuación protestas más negociación, quiebre militar  y presiones internacionales, conduzcan al desenlace. La tarea pasa por revisar la descentralización real de las protestas, su masividad eficiente, la prolongación del diálogo, la brecha del discurso civilista y militar, y la alineación de las presiones internacionales.  

El 2020 demanda tres elementos esenciales: 1.- Radicalización de la narrativa del liderazgo, 2.- Reestructuración de la disciplina militante y estrategia de calle y 3.-Realineación de la comunidad internacional.  

No pierdo para nada la convicción que lograremos el objetivo de restauración democrática y rescate país. Pero buscamos la verdad en la arena con los leones, no en las gradas [en los teclados],  con los emperadores…

 

@ovierablanco

Nicolás Maduro aseguró la tarde de este domingo que se “sobrecumplió” la meta de sumar efectivos a la milicia boliviariana y sumar el 8 de diciembre un número de 3.300.000, cuando se había planteado llegar a los tres millones de uniformados en ese cuerpo armado.

En cadena obligatoria de radio y televisión, Maduro aseguró que estos “milicianos” están “organizados, entrenados, armados y dispuestos a defender la patria”, mientras que felicitó al Estado Mayor de la Fuerza Armada Nacional por haber alcanzado las metas establecidas.

Maduro, durante un acto de juramentación de las milicias en el estado Vargas, puso una “nueva meta” a los comandantes del cuerpo al querer aumentar a 4 millones de uniformados adscrito en ese componente para 2020 en todo el país. Resaltó que hay milicianos en 1.141 parroquias del país; 14.383 bases populares de defensa integral, que están situadas en escuelas y liceos del país, desde donde se coordinan las unidades populares de defensa integral que hasta el momento suman 63.890.

 

El incremento del número de milicianos obedece a la intención de fortalecer el Sistema de Organización Territorial de las Unidades Populares de Defensa Integral (SOTU), que comprende, además del adiestramiento para la defensa ante una agresión extranjera, labores en los mecanismos de producción y distribución de alimentos.

 

Las cifras dadas por el Ejecutivo aseguran además que estas organizaciones hacen tener presencia a la milicia en 163.967 calles “cada uno con un comandante”, siendo similar a la estructura de los CLAP respecto a los “jefes de calle”.

Aseveró que el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, tiene listo el proyecto de convertir la Ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional en la “Ley constitucional de la FAN”, que permitiría la incorporación de las funciones de la milicia como “cuerpo combatiente” y que ese articulado debe ser discutido en la cuestionada asamblea constituyente.

Destacó la necesidad de seguir avanzando en un sistema de armas “para que cada miliciano tenga su fusil y su misil”, al tiempo que afirmó que con la llegada de la milicia al sistema de alimentación de los CLAP la misma empezó a funcionar “con honestidad”. Los instó además a participar en el Censo Nacional de Población y Vivienda -proceso que ha sido cuestionado por la supuesta ubicación de viviendas desocupadas de aquellos que se fueron del país para ser “expropiadas”- y en los planes productivos, que incluye el sembradío de conucos en todo el país.

Praxis política de “manchada ralea”, por Antonio José Monagas

En política, no “todos los caminos llevan  a Roma”. Si bien las circunstancias de la vida, resultan ser consustanciales con necesidades que pueden convertirse en realidades, pero en la medida que se tracen objetivos contentivos de estrategias comunes, en materia política no luce posible que distintas ideas terminen convergiendo en un mismo lugar. Sobre todo, si el dicho terreno está ocupado. O su espacio se ha consignado a nombre de ideales diversos.

En el ejercicio de la política, aunque hay sus excepciones, no siempre cada problema planteado apunta según una dirección preestablecida. Más, cuando ésta se expone apelando a la diversidad de condiciones posibles. Aunque las mismas apunten a una única solución. Por inmejorable, excelente o magnífica que pueda ser.

La historia política de los pueblos, está colmada de casos que demuestran el carácter demoledor de aspiraciones contentivas de tantas promesas como puedan servir al juego de premeditadas argucias políticas. Acá, las necesidades de desarrollo de incontables sociedades se han viso truncadas por presunciones que sencillamente atascan los caminos sin que alguno pueda llevar al punto o meta esperada o trazada. 

Pero ese no es todo el problema. La política, además de verse estorbada por la sombra que ella misma crea en su desenvolvimiento, muchas veces torpe, los caminos a ser transitados, aunque semejen los de una travesía de frescos aires y entre parajes de esplendoroso verdor, son de escabroso suelo y abrupto nivel. 

Sin  embargo, quienes en política determinan el rumbo a seguir a instancia de las decisiones que toman en el transcurso de los acontecimientos en desarrollo, obvian, omiten o desconocen las implicaciones o riesgos en ciernes. En consecuencia, el proceso de elaboración y toma de decisiones lo hacen a tientas. Si acaso.  Y de no ser así,  no consideran la existencia de instrumentos que aporta la ciencia política, o la teoría de gobierno. 

Es cuando el gobernante, activista u operador político, incurre en problemas cuyo análisis no logra llevar a cabo. Mucho menos, comprender sus implicaciones desde la correspondiente complejidad. Particularmente, cuando condicionantes y variables de distinto tenor aparecen en escena buscando desvirtuar la naturaleza de los problemas en cuestión. Esto, al lado de un crudo conjunto de amenazas y presiones propias de dificultades sistémicas que envuelven los espacios que alojan la política, sus ejecutores e interventores terminan revirtiendo cualquier esfuerzo de articulación entre democracia y desarrollo. 

A todas estas, no es difícil inferir que detrás de complicaciones de tan grueso calibre, se tiene otros problemas cuyas ímpetus superan los escollos imaginados. En Venezuela, la sola idea de escapar de los desastres a que ha llevado al país político, económico y social las presunciones revolucionarias, sobrepasa cualquier contingencia registrada en los anales de la historia política contemporánea. 

Los dirigentes políticos venezolanos de la oposición democrática comprometidos con tan arduo compromiso, se hallan actualmente en la más enconada y apretada de las situaciones. Así ha sucedido desde que importantes secretos saltaron a la palestra para hacerse públicos, notorios y comunicacionales. 

La suspicacia minó el pensamiento y esperanzas de venezolanos que habían depositado su confianza en hombres dispuestos a rescatar al país de las manos ensangrentadas que hoy se arrogan ilegítima, ilegal e inconstitucionalmente, facultades (falsamente) jurídicas y políticas. Pero impuestas bajo represión, a costa de balas asesinas, bayoneta calada y gases asfixiantes y opresivos, para de esa forma arremeter contra quienes profesan valores de libertad, justicia y dignidad. Que son igualmente, quienes se resisten a ser sometidos por las tribulaciones de un régimen pusilánime, desesperado y sediento de poder por poder. 

El país ha devenido en un vergonzoso zigzagueo que parece no llevar a ninguna parte. Por lo contrario, tiende a vararlo entre militantes de la desidia mutiladora del pensamiento crítico. O sea, entre acosadores, envalentonados, soberbios, furibundos, arrogantes, matones, ilusos, resignados, insolentes, ignorantes, orilleros. Y todas aquellas especies de individuos comulgantes del odio y del resentimiento. 

Quizás, buscando otras bases y otros valores que fundamenten una acción política de nueva resolución o una ideología fundamentada en la solidaridad, el pluralismo político y el respeto a la disidencia y consideración a la desconformidad de la cual se sostiene la diversidad política serán partes de las realidades en curso. Entonces será posible y viable encontrar la ruta de escape que ansiosamente se persigue. 

El país pareciera estar dejando ver en medio de las confusiones que se han armado, además sin justificación mayor que la de agraviar derechos y garantías democráticas, la mediática pero también consistente configuración de una tiranía aguantada sobre indecentes excusas. Porque lo que está observándose, sin duda, es una praxis política de “manchada ralea”.