Gitanjali Wolfermann, autor en Runrun

Gitanjali Wolfermann

Enfermeras de Aragua temen más al hambre que al COVID-19
Yessica Vidal, presidenta del Colegio de Profesionales de Enfermería del estado Aragua, denunció que el personal de salud de la entidad carece de los equipos básicos de protección para COVID-19 y tampoco tienen un salario que les permita mantener a sus familias

 

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“Hoy día no nos va a matar solamente el COVID-19, hoy también nos mata el hambre”, denunció la licenciada Vidal. “Quiero hacer un llamado a las autoridades de salud competentes en el estado Aragua para que garanticen los equipos de protección para todo el personal de enfermería que labora en cada centro de salud del estado, tanto en ambulatorios como en hospitales”, dijo. 

Destacó que el gremio al que representa, integrado por 9500 profesionales, está en primera línea de contagio y se expone diariamente al nuevo coronavirus en el cumplimiento de su labor profesional. La ONG Médicos Unidos Venezuela informó que desde que comenzó la pandemia en el país, han muerto 195 profesionales de la salud, de los cuales 9 son de Aragua: 6 médicos y 3 enfermeras. Entre las razones están la falta de material de protección para el personal, así como las carencias crónicas de los centros de salud. 

“No conforme con esto, hoy vemos cómo se terminó de pulverizar el poder adquisitivo de todos los que hacemos vida en este país cuando el dólar se ubica en 410 Bs, lo que hace que nuestro salario sea de 0,98 centavos de dólar. ¿Cómo sobrevivimos así, cómo alimentamos a nuestros hijos cuando el salario mínimo se terminó de extinguir? Hoy llegamos a la pobreza extrema”, dijo Vidal. 

A propósito de las numerosas violaciones a los derechos humanos enumeradas en el informe de la Misión independiente de la ONU, la licenciada señaló que “el peor crimen de lesa humanidad que comete el régimen es matarnos de hambre”. 

Vidal aseguró que “con mucha tristeza, vemos que no podemos seguir subsistiendo con las migajas de un régimen al que no le importa para nada que el pueblo se esté muriendo de hambre”. 

Maduro es señalado por crímenes de lesa humanidad ¿y ahora qué?
La Corte Penal Internacional tiene desde 2018 un expediente consignado por seis países miembros del Grupo de Lima sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas por el gobierno venezolano durante las protestas de 2014 y 2017. Expertos estiman que el reciente informe de la Misión independiente de las Naciones Unidas podría servir para fortalecer dicho expediente y acelerar los tiempos de respuesta del organismo, así como también para que terceros países juzguen a los señalados con base en el principio de jurisdicción universal

 

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A Nicolás Maduro le están siguiendo los pasos. Eso queda claro al leer las casi 500 páginas del informe de la Misión internacional independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela publicado en septiembre de 2020. En ese documento se detallan prácticas sistemáticas como desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, torturas y otros delitos que constituyen crímenes de lesa humanidad. 

Maduro es el primer presidente en ejercicio de la región en ser señalado de cometer crímenes de lesa humanidad, mas no está solo. En el informe identifican a 45 funcionarios que en alguna medida también son responsables personales de los delitos descritos. El énfasis, no obstante, recae sobre tres personas: el presidente de la República, el  ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz; y el ministro de la Defensa. 

“Este es un informe que determina patrones de conductas, responsabilidades, cadenas de mando y que deja muy en claro la vinculación de Nicolás Maduro, Vladimir Padrino López y Néstor Reverol en la violación de derechos humanos, bien sea por acción o por omisión”, dice el informe de la Misión cuyo mandato expreso era describir las violaciones contra los derechos humanos y determinar quién o quiénes eran los responsables de esos hechos. 

El texto afirmó que la Misión tiene fundamentos razonables para creer que tanto el Presidente de Venezuela como los ministros del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, y Defensa, ordenaron o contribuyeron a la comisión de los delitos documentados. Acto seguido explican que: “Los autores directos de los delitos documentados en este informe son responsables de sus actos y deben ser debidamente investigados”. 

“El carácter de Presidente o de alto funcionario no le quita la responsabilidad individual por los crímenes de lesa humanidad que perpetró. El propio Estatuto de Roma prevé que no se puede oponer el cargo de un funcionario público para evitar que responda por estos crímenes internacionales”, explicó la directora de la ONG Cepaz, Beatriz Borges

Marino Alvarado, abogado y miembro de Amnistía Internacional sección Venezuela, destacó dos aspectos clave que atañe a los 45 funcionarios identificados: que los crímenes de lesa humanidad no prescriben y que cualquier país, amparado en el principio de jurisdicción universal, puede activar un juicio en contra de las personas señaladas. 

El grupo de los infames

 

Si bien no se trata de una acusación formal, el señalamiento de la Misión ubica a Maduro entre un grupo de mandatarios y funcionarios que han sido identificados y están siendo investigados por violaciones masivas a los derechos humanos. 

“Es particularmente grave pensar que ahora el régimen de Maduro entra en el selecto grupo de jefes de Estado y altos funcionarios que están individualizados por perpetrar crímenes de lesa humanidad, no por opinión de distintos factores de la sociedad civil, sino como resultado de una investigación exhaustiva realizada por un mecanismo independiente”, argumentó Borges. 

Ese grupo al que se unen Maduro, Padrino y Reverol tiene al actual presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, investigado por la Corte Penal Internacional (CPI) por los crímenes cometidos desde 2006 en el marco de su guerra contra las drogas. También está Omar Al Bashir, quien era presidente de Sudán cuando recibió la acusación formal de la CPI por los crímenes perpetrados en Darfur desde 2003. 

Filipinas era un país signatario del Estatuto de Roma, razón por la cual la CPI tenía jurisdicción para juzgar los delitos, sin embargo, tras recibir el señalamiento en su contra Duterte tramitó la salida del país de la vigilancia de la Corte, situación que se materializó en 2019. Al Bashir ha sido prófugo de la justicia internacional por más de 10 años, en parte porque Sudán nunca ratificó el Estatuto de Roma y también gracias al apoyo de otras naciones africanas que le permiten el libre tránsito por sus fronteras. 

Kim Jong-il presidió Corea del Norte desde 1994 y también fue señalado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU por violaciones masivas a los derechos fundamentales. Falleció antes de que la investigación terminara. Saddam Hussein, quien presidió Irak desde 1979, también fue señalado por crímenes de lesa humanidad y fue juzgado y sentenciado a muerte por un tribunal en su propio país. Muammar Gaddafi, mandatario de Libia desde 1979, fue acusado formalmente de crímenes de lesa humanidad en 2011 y falleció de manera violenta un mes después a manos de una turba. 

La CPI tiene actualmente 28 casos abiertos contra individuos acusados de cometer crímenes de lesa humanidad y ha emitido 25 órdenes de captura internacional para llevarlos a juicio. Hay otros 10 países, entre ellos Colombia, Bolivia y Venezuela, que tienen expedientes abiertos en fase de investigación preliminar. 

Al más puro estilo de las marchas y contramarchas que ha obligado de manera recurrente a opositores y oficialistas a ejercer el derecho a la protesta de manera paralela, Venezuela tiene dos investigaciones abiertas en la CPI, ambas en la misma fase preliminar. 

La primera se denomina “Venezuela I” y se refiere a la acción que realizaron en septiembre de 2018 seis Estados signatarios del Estatuto de Roma, a saber, Argentina, Canadá, Colombia, Chile, Paraguay y Perú, para que se investigaran los crímenes cometidos por el Estado venezolano entre 2014 y 2017. El segundo es “Venezuela II” y fue introducido por el propio Estado venezolano en febrero de 2020 para pedir una investigación por los supuestos delitos de lesa humanidad que “han resultado de la aplicación de medidas ilegales y coercitivas adoptadas por el gobierno de los Estados Unidos hacia Venezuela desde 2014”. 

 

 

Borges explicó que Venezuela II es la forma “del gobierno de Nicolás Maduro de enviar un contramensaje de manipulación sobre cuáles son los crímenes de lesa humanidad que se están cometiendo. Lo vemos como una forma de tratar de desviar la atención sobre la verdadera responsabilidad. Sin embargo, eso está siendo tramitado por separado y por lo que sabemos no va a tener influencia en el avance del examen I”. 

¿Qué puede pasarle a los 45 funcionarios identificados?

 

El informe de la Misión de la ONU establece que la primera responsabilidad para investigar y sancionar los crímenes la tienen las instituciones venezolanas. Alvarado destacó que si bien es poco probable que la administración de Maduro vaya a investigar crímenes que los incriminan a ellos de manera directa, no es descartable que la investigación se abra si hay un cambio de gobierno. “Si no muestran interés en hacerlo le da más fundamento a la Corte Penal Internacional para avanzar en su investigación porque uno de los elementos clave en la Corte es la complementariedad, lo cual implica que ellos actúan si consideran que en un Estado no hay voluntad o posibilidad de hacer justicia”, explicó el activista de derechos humanos. 

Borges puntualizó que “uno de los aspectos que comenzó a valorar el informe es que es posible que los crímenes de lesa humanidad identificados hayan sido tolerados por los fiscales y jueces de la República como parte del patrón de comisión de estos delitos. La conclusión evidente es que no se puede contar con la justicia venezolana. Se abre así no solo la puerta de la Corte Penal Internacional, sino la posibilidad de que otros Estados juzguen a estos responsables. Se restringe así la libertad de todas las personas nombradas en el informe como responsables pues no podrán circular libremente por el mundo sin el temor de que en cualquier espacio pudieran ser apresados para ser juzgados”. 

La directora de CEPAZ explicó que “la calificación de hechos como delitos de lesa humanidad abre una cantidad amplia de posibilidades para la determinación de responsabilidades. La Misión de Determinación de Hechos expresamente hace un llamado no sólo a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional, sino también llama a los poderes judiciales de los Estados para que identifiquen a los responsables y los juzguen bajo las leyes de sus propios países, similar a lo que hizo el juez Baltazar Garzón respecto a Pinochet”. 

Las declaraciones del presidente de Colombia, Iván Duque, a pocos días de la publicación del informe de la Misión independiente de la ONU, podría ser un indicio de la intención de avanzar en el camino de la jurisdicción universal. “Las constantes violaciones a los derechos humanos por parte de la dictadura [de Maduro], las que denunciamos en nuestro país y en distintos foros internacionales, incluyendo la Corte Penal Internacional, han sido confirmadas recientemente por la Organización de las Naciones Unidas (…). Lo que se busca en Venezuela con los crímenes de lesa humanidad es perpetuar la tiranía y todos en la comunidad internacional tenemos que rechazar esa situación”, dijo el mandatario.

 

Borges consideró que debido a que la Fiscalía de la CPI ya lleva una investigación bastante avanzada sobre el caso venezolano, el informe de la Misión debería impulsar a ese organismo a presentar la acusación en contra de las autoridades identificadas en el informe en los próximos meses. 

Otra posibilidad que se abre es prorrogar el mandato de la Misión de Determinación de Hechos a fin de que siga investigando los delitos, como los cometidos en el marco del proyecto Arco Minero,  y amplíe el listado de presuntos responsables. “Hay una solicitud de varios países para que se prorrogue el mandato por uno o dos años”, afirmó Alvarado. 

Mientras tanto, Maduro sigue en Miraflores

 

“Lo que percibo es que el informe no solo eleva ad infinitum los costos de salida, sino que hace tóxico e imposible cualquier tipo de negociación. Quizás haya para quien tal panorama sea motivo de alegría. En lo personal, difiero. Más veo a Siria y Sudán que a Chile o Bielorrusia (…). Sudán en el sentido de que luego de la acusación de la CPI, Al Bashir se mantuvo por otros 10 años y lo tumbó un golpe cuyo desenlace aún está en veremos, mientras que parte de su oposición -para esos momentos- se independizó en Sudán del Sur para luego caer en guerra civil entre ellos”, argumentó en su cuenta de Twitter el historiador y profesor asistente de la Universidad de Nueva York, Alejandro Velasco. 

En una entrevista con Runrunes, Velasco se apoyó en un tweet del también historiador y autor Fernando Mires para ahondar en la preocupación que ronda la mente de muchos venezolanos: “Que después de digerir los horrores del reporte, lo que queda por digerir es el horror de que nada ha cambiado en el ámbito real. Para mí esa es la cuestión, ¿cómo cambia este informe el panorama político para poder lograr un cambio?”, dijo. 

Velasco argumentó que si bien el informe representa un hito, también complica cualquier escenario de transición. “Lo digo pues Venezuela, al ser signataria del Estatuto de Roma, está bajo la jurisdicción de la Corte Penal Internacional y eso implica que si la Corte procede hacia una acusación formal a Maduro y los demás mencionados, dificultará cualquier proceso de salida justamente porque los crímenes no prescriben. Es en ese sentido específico que comparé el caso de Venezuela con el de Sudán, pues para Al Bashir significó que ya no había salida posible y se atornilló en el poder. Atrapados ellos, mantienen atrapados a todo un pueblo”, argumentó el historiador.  

Los miembros del Grupo Internacional de Contacto (ICG) que lidera la Unión Europea, publicaron un comunicado conjunto un día después de la presentación del informe de la Misión de la ONU. En el documento reconocieron la gravedad de los señalamientos y reiteraron que “la única solución sostenible a la crisis venezolana será una política inclusiva, pacífica y democrática, a través de elecciones legislativas y presidenciales libres, creíbles, transparentes y justas”. 

Tal vez la cara más visible de que aún existe la esperanza de alcanzar una solución negociada en Venezuela, pese al informe de la ONU o justamente debido a su gravedad, es la de Joseph Borrell, Alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, quien difundió el comunicado del ICG a través de un tweet y agregó que los ministros del grupo seguirán trabajando “por una salida política negociada a la crisis de Venezuela”.

No obstante, el profesor universitario se apoyó en los desenlaces de las acusaciones a Hussein y Gaddafi para apuntar que, sin caer en analogías simplistas, hay pocas garantías de transiciones democráticas pacíficas y duraderas tras señalamientos de delitos de lesa humanidad. “Por mi formación profesional tiendo a ver patrones y ciclos recurrentes. Hay voces a lo interno del chavismo que quizás vean la transición como una salida, no obstante, las movidas de Maduro hasta ahora nunca han apuntado hacia algún tipo de negociación sino más bien cada oportunidad ha servido para aferrarse más al poder. Si siguen los patrones, dudo que haya algún cambio en el mediano plazo”, dijo.  

Que el informe haya dejado en blanco y negro las violaciones a los derechos humanos cometidas por altos funcionarios del gobierno venezolano no disipa necesariamente la incertidumbre política. “Escucho a gente diciendo que tras el informe no hay negociación posible con quienes cometen crímenes de lesa humanidad, y si eso fuera así entonces qué hacemos, en qué nos deja esto, cómo este informe cambia la realidad que denuncia. Lo que digo no significa que el informe no ayude o que no debería haber sido publicado sino más bien que hay que pensar en función de qué hacer para impulsar un cambio a partir de este documento”, concluyó Velasco. 

COVID-19 pone a prueba fortaleza emocional de los venezolanos
En los últimos seis meses los venezolanos han pasado por diversos sistemas de confinamiento: de la cuarentena estricta al modelo 5 x 10 y luego al 7 x 7, con sus tres bemoles de flexibilización según decida el gobierno. En el interín, han sorteado además la escasez de gasolina y gas doméstico, la escalada de los precios y el deterioro de los servicios públicos

 

Expertos en salud mental afirman que quienes mejor han sorteado la crudeza del confinamiento han sido aquellos que han encontrado dentro de sí, las herramientas emocionales para adaptarse a la nueva realidad y han transformado su casa en un espacio para el autocuidado y la reinvención

 

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Se dice rápido, pero ya han pasado seis meses desde que se anunció la llegada del COVID-19 al país y comenzó un confinamiento forzado que alteró completamente la rutina laboral, académica, social y la dinámica familiar de gran parte de los venezolanos. 

Durante estos 180 días de cuarentena son varias las emociones que se han sucedido: el pánico inicial que llevó a muchos a abastecerse de alimentos, a hacer colas para llenar el tanque de gasolina, a buscar medicamentos en la farmacia, le dio paso a la duda e incredulidad pues en marzo el virus aún parecía una amenaza irreal y lejana que quizás ni siquiera se iba a materializar en Venezuela debido a la limitada oferta de vuelos hacia el país. 

“Esto ha sido como un terremoto emocional con réplicas grandes y pequeñas. En lo personal, siento que el apagón del año pasado nos preparó de alguna forma para esto y nos hizo anticipar todos los escenarios posibles y terribles de lo que podía pasar. Creo que eso nos hizo más fuertes para asumir el tema de la pandemia. En marzo, cuando se veía venir que nos iban a colocar en un estado de receso, tratamos de prepararnos lo mejor posible tanto emocional como materialmente. Esos primeros tres meses fueron de mucho resguardo y protección, como cuando te sientes frágil y todavía no te das cuenta de la magnitud de todo”, cuenta Karla Pérez Poleo, consultora comunicacional y profesora universitaria. 

“Al ver que no pasaba nada uno sentía que el coco estaba lejos y que estábamos presos porque a esta gente le convenía tenernos así. Ahí me sentí hasta molesta, como burlada. Cuando empezaron a conocerse los casos pensé que el coco estaba a mitad de camino y que en cualquier momento podría llegar. Ya a estas alturas es evidente por vecinos, conocidos y casos cercanos de personas que han muerto que vamos a empezar a ver el verdadero drama. Incluso pareciera que quieren abrir las puertas y yo siento pánico. Tuve pánico particularmente con el tema de las clases porque no quería mandar a mi hija pues los niños pequeños son foco de contagio. Ahora me siento frustrada. Creo que la gente va a necesitar activarse sí o sí asumiendo el riesgo de la enfermedad, aunque eso no implica que no tengan miedo sino que ya no pueden seguir esperando. Ya me ha tocado salir a trabajar más activamente en la calle y dejar a mi niña en la guardería. Tratas de tomar todas las medidas de protección pero es emocionalmente agotador”, continuó Pérez Poleo. 

Sube y baja emocional

 

La fluctuación de las emociones ha ido de la mano con los vaivenes de las decisiones gubernamentales para el control de la pandemia. Entre marzo y septiembre el gobierno ha impuesto tres modelos distintos de cuarentena -en mayo fue 10 x 5, en junio pasó a 7 x 7 y en julio introdujeron tres tipos de flexibilización- los cuales no parecen obedecer a ninguna lógica epidemiológica pues si bien los casos aumentan de manera sostenida, la cifra de  decesos que anuncian se mantiene invariable. 

La consultora comunicacional describió sus emociones tras estos seis meses: “Hoy siento que estamos en un punto extraño, como con tanta energía por las cosas que queremos hacer porque la cosa está difícil y la vida continúa, pero al salir a la calle ves los casos y sientes miedo. Creo que el venezolano es capaz de transformar ese miedo, vivirlo y volver a empezar, como una especie de reseteo continuo que hemos tenido que hacer para llevar una vida normal”.

“Hoy no somos los mismos de hace seis meses. Noto ahora más miedos porque sentimos que el COVID-19 está cerca. Pasamos del pánico colectivo a una fase de incredulidad porque no conocíamos a nadie al que le hubiera dado COVID-19. La etapa en la que estamos ahora es de miedo intenso porque nos estamos dando cuenta de que es cierto, ya todos tenemos una referencia de alguien que está contagiado o que murió. La realidad del COVID-19 entró en nuestras vidas y eso intensifica un miedo que puede volverse patológico”, dijo la psicóloga clínico y social Yorelis Acosta, jefa del área sociopolítica del Cendes de la Universidad Central de Venezuela.

Independientemente del país y del contexto puntual de cada nación, desde principios de año cada persona ha tenido que lidiar, a su manera, con el miedo al contagio, a la muerte, al colapso de los servicios de salud, a perder el trabajo y no poder hacer frente a los gastos diarios, con la incertidumbre de no saber hasta cuándo va a durar el confinamiento, y con la ansiedad por haber perdido la rutina y la conexión física con familiares y amigos. 

Ya la Organización Mundial de la Salud había advertido en mayo que la pandemia también iba a desencadenar trastornos emocionales debido a lo prolongado del aislamiento social, al miedo al contagio y al temor a perder el trabajo. Acosta agregó a esta lista la aparición de la hipocondría. “Es muy normal en estos días, sobre todo después de exponerse a una situación de riesgo como ir a un supermercado o estar cerca de alguien que tose. Hay quienes llegan a su casa a bañarse, a lavar toda la ropa y al rato sienten como que tienen fiebre o dolor de garganta. Eso es normal”, dijo la experta en salud mental. 

Acosta se esforzó por dejar claro que hay una afectación psicológica normal derivada del contexto de esta pandemia que todos vamos a experimentar. “En el plano psicológico, toda la población está afectada por COVID-19. El cambio de rutina laboral, de las dinámicas en el hogar, del encierro, de perder el contacto con la familia y los amigos. Todo eso hace que aparezcan unos miedos que en algunas personas pueden llegar a ser muy intensos”, dijo.   

El reto en este punto está en encontrar el equilibrio entre el miedo, que es una reacción básica normal cuando nos enfrentamos a una amenaza, y el pánico que es una emoción paralizante, explicó Acosta. 

“Por favor, necesito ayuda”

 

Después de 180 días de confinamiento las secuelas comienzan a hacerse evidentes. “El aislamiento nos va a pasar una factura psicológica pues no estamos hechos para hacer la vida desde casa. Estar encerrados en la casa puede llevar a episodios depresivos leves, crisis nerviosas, alteraciones del estado de ánimo y pensamientos irracionales que cuesta controlar”, explicó la psicóloga. 

“A mí el coronavirus me devolvió a la psicología clínica porque yo estaba dedicada a la investigación en el campo de la psicología social. Es tanta la gente que me empezó a consultar que me tocó atenderlos a mí”, confesó Acosta. 

¿Qué está viendo en su diván virtual? “Muchas fobias y preocupaciones excesivas: a la muerte, a la suciedad, a las multitudes, a la soledad, al contacto físico, e incluso miedo a quedarse soltero en este año pues las probabilidades de conseguir pareja en un contexto de aislamiento y distancia social son menores”, explicó la psicóloga. 

A través de su consulta, Acosta ha notado que tras seis meses de encierro, el hogar pasó a ser un sitio insoportable para muchas personas. “Es necesario establecer nuevas normas de convivencia familiar. Hay que distribuir los espacios en la casa, incluso si el sitio es pequeño y hay varias personas teletrabajando. Muevan los muebles y que cada uno tenga aunque sea un rincón. Busque una silla de trabajo, no trabaje en la silla de la cocina. Si hay niños, déjales un espacio para que jueguen sin que afecten a los que trabajan. Otra clave, empezar a negociar tiempos y silencio”, describió Acosta. 

Una oportunidad para la reinvención

 

El teléfono de María Fernanda De Castro, psicóloga clínico y psicoterapeuta con más de 50 años de experiencia, también comenzó a sonar más de lo habitual tan pronto como a los quince días de comenzar la cuarentena. Eran pacientes que ya habían cerrado su ciclo de terapia y también personas que la contactaron por primera vez. 

“Me llamaban porque la cuarentena nos quitó el baluarte más importante que tenemos los seres humanos: la libertad. Al estar confinados nos sentimos presos y esa sensación en Venezuela es aún más acuciante por todo el entorno. Ese es el primer punto que yo veo con mis pacientes”, dijo De Castro. 

El segundo motivo de consulta es la ansiedad por la pérdida de la rutina. “¿Y ahora qué hago? me preguntan. Claro que hay quien te dice que trabaja desde la casa sin problema pero hay muchos que no tienen la opción de teletrabajar y han perdido la capacidad de desarrollar su parte laboral, lo cual les genera muchísima ansiedad”, explicó De Castro.

Otro motivo de consulta que refirió la psicoterapeuta es la ansiedad derivada de la proximidad con los demás integrantes de la familia. “Vivir puertas adentro implica estar en contacto con nosotros mismos. Mira cómo yo lo veo: ¿Qué ha significado el confinamiento en la casa? Nuestra casa es el mundo interno, es la imagen de lo que llevamos dentro. Normalmente no estamos acostumbrados a estar en contacto con nosotros mismos sino a estar afuera: ir al trabajo, vernos con los amigos en un café, todo es hacia afuera pero esta situación nos ha obligado a venir adentro y es ahí cuando nos encontramos con nosotros mismos. Y cuando te encuentras contigo, ¿qué haces, cómo lo manejas? Salen las ansiedades de una manera más evidente”, dijo.  

De Castro usa esta imagen para explicarle a sus pacientes por qué el confinamiento en el hogar les genera tanta ansiedad: “Este mundo que nos rodea, esta estructura social funciona hacia afuera: es el poder, los logros, la imagen. ¿Qué pasa con eso? Que a veces esa estructura está hueca. Tenemos títulos universitarios, propiedades y vida social pero no hay un mundo interno desarrollado todavía porque nadie nos enseñó a conocernos, a preguntarnos cómo nos sentimos y por qué nos sentimos así. En la medida en que no me conozco no puedo responder a una pregunta básica: ¿Qué es lo que me pasa? Uno llega a tener 40, 50, 60 años y no saber qué te pasa genera una gran ansiedad”. 

Justamente por la obligatoriedad del encierro, De Castro opinó que la cuarentena también puede ser una oportunidad: “Yo veo esto como un regalo que la vida nos está haciendo porque es la oportunidad para entrar en contacto con uno mismo. Esta situación de confinamiento mundial también es la oportunidad que la vida nos da para encontrarnos con nosotros mismos. A unos les parecerá una locura pero así lo veo yo y tengo muchos pacientes que me han dicho lo mismo. Lo que estamos enfrentando es muy duro y en esas situaciones la gente se reinventa. Dentro de cada uno están todas las herramientas para salir adelante”, argumentó.  

Si ese contacto con nuestro mundo interno genera turbulencias, hay que tomar en cuenta que todos los integrantes de la familia están experimentando, a su manera, un proceso similar, de allí que los conflictos que antes eran nimios se han tornado más intensos durante estos seis meses de cuarentena. 

Si para muchos la ansiedad ha derivado de un hogar que se siente más como un ring de boxeo, para otros ha sido consecuencia de haber pasado los últimos 180 días en una isla desierta. De Castro dedicó especial atención a la doble amenaza del COVID-19 que enfrentan muchos adultos mayores: contagio con un pronóstico más delicado y los efectos de la soledad prolongada. 

“El que vive solo tiene un riesgo emocional más alto. En este momento hace falta el afecto, el apoyo y la compañía. Hay mucha gente sola, en especial adultos mayores. Ahí es sumamente importante que los hijos y nietos que están fuera del país o viven en otra ciudad se pongan en contacto con sus familiares. Los vecinos también pueden hacerse presentes. La gente sola es la que necesita más apoyo pues la base de nuestra vida es la emocionalidad y cuando esa vida se deprime, o entra en un estado de estrés profundo, bajan nuestros mecanismos de defensa. Todos necesitamos saber que tenemos a alguien con quien contar, porque seguimos siendo seres sociales aún en medio de esta pandemia”, dijo la psicoterapeuta. 

A la incertidumbre natural de una pandemia global, hay que sumar la ansiedad que deriva del manejo de la información que ha hecho el gobierno. Las cifras oficiales tanto del número de contagios como de los decesos contrastan con las estimaciones del segundo informe sobre el estado actual de la epidemia publicado el 9 de septiembre por la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales. Dicha institución advirtió que los contagios de COVID-19 seguirán su trayectoria ascendente hasta finales de 2020. En franco contraste con la confianza que busca transmitir la gestión de Maduro, los científicos calcularon que para finales de agosto, unas 7.000 personas al día se habrían infectado con el nuevo coronavirus, cifra que difiere de los 1.281 casos reportados de manera oficial para la misma fecha.  

16 ginecoobstetras han muerto por COVID-19 hasta el 07 de septiembre
De acuerdo con la ONG Médicos Unidos Venezuela, entre el 16 de junio y el 07 de septiembre de 2020 fallecieron 16 especialistas en ginecología y obstetricia en el país: 5 en el estado Zulia, 4 en Bolívar, 3 en el Distrito Capital, 1 en Trujillo, 1 en Apure, 1 en Anzoátegui y 1 en Nueva Esparta. Con 15,69%, representan la especialidad médica con mayor número de decesos a causa de COVID-19

 

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De los 102 médicos fallecidos por COVID-19 en Venezuela entre el 16 de junio y el 07 de septiembre de 2020, 16 eran especialistas en ginecología y obstetricia. La ONG Médicos Unidos Venezuela asumió la tarea de revisar cada caso y de llevar la estadística no oficial del personal de salud fallecido en el país durante la pandemia del SARS-CoV-2 y la enfermedad que produce, COVID-19. 

 

“La base de datos que manejamos la procesa un equipo de médicos especialistas en Salud Pública y Epidemiología. Es un equipo que trabaja a nivel nacional y realiza revisiones de primera y segunda línea. Con relación a cuál es el criterio que seguimos para evaluar cada caso, tenemos una rigurosidad científica específica y clara: todo fallecido que entra en esa lista es posterior a una revisión exhaustiva del caso; si las circunstancias del fallecimiento no están claras, se mantiene en evaluación hasta tener precisión”, explica  Jaime Lorenzo, médico especialista en Cirugía General y en Salud Pública, y es actualmente el director de Médicos Unidos Venezuela. 

¿Quiénes son los 16 ginecoobstetras fallecidos?

 

Fecha del deceso
Especialistas en ginecoobstetricia
Estado del país donde trabajaba
24/06/2020 Manuel Romero Zulia
28/06/2020 Jorge Leal Zulia
13/07/2020 María Consuelo González Distrito Capital
10/07/2020 Jesús Romero Zulia
22/07/2020 Ana Henríquez Distrito Capital
31/07/2020 Alcira Peracha Bolívar
04/08/2020 Jesús Peña Peña Zulia
17/08/2020 Ángel Alzurutt Bolívar
20/08/2020 Jesús García Distrito Capital
24/08/2020 Junny Macabril Bolívar
24/08/2020 Franklin Urdaneta Zulia
28/08/2020 Julia Morales Trujillo
30/08/2020 Andrés del Orbe Apure
30/08/2020 Pedro Luis Cedeño Tarache Anzoátegui
03/09/2020 Manuela Fernández Lanz Bolívar
07/09/2020 Elio José Margiotta Figueroa Nueva Esparta

 

Para conocer más detalles acerca de cada miembro del personal de salud venezolano que ha perdido su vida en el ejercicio profesional durante esta pandemia, visite este trabajo especial de Runrunes

¿Por qué los ginecoobstetras han sido más vulnerables?

 

Al tratar de entender las posibles razones detrás de la prevalencia de ginecoobstetras entre los fallecidos por COVID-19 en Venezuela,  Pedro Martínez Poyer, especialista en Ginecología y Obstetricia del Hospital de Clínicas Caracas, explicó que todo pasa por un análisis multifactorial y que el primer aspecto a considerar es el gran volumen de pacientes que atienden, lo cual los lleva a pasar más horas en sus centros de trabajo. “Venezuela tiene una gran proporción de población joven y en edad fértil. A las pacientes embarazadas siempre hay que verlas, más si existen factores de riesgo en el embarazo. Aquí no se estila la telemedicina, vemos a las pacientes de manera presencial pues carecemos de la infraestructura técnica”, explicó Martínez Poyer. 

Solamente ese factor, el tiempo que pasan en sus centros de trabajo, incrementa significativamente el riesgo para el personal sanitario. Un estudio realizado en Wuhan -epicentro en China de la epidemia de coronavirus- encontró que “el riesgo de infección aumenta de forma significativa y progresiva con el número de horas trabajadas diariamente. Según el análisis de los autores, todo el personal que trabaja en departamentos de alto riesgo estaría infectado si trabajara 15 horas al día”. 

Otro factor de riesgo es la exposición a pacientes que en apariencia están sanas pero que podrían ser casos asintomáticos de COVID-19. “Nosotros vemos a pacientes que por lo general son jóvenes y saludables y eso le da a los médicos cierta confianza, con lo cual disminuye el tenor de la protección que normalmente deberíamos tener tanto en las consultas como durante el trabajo de parto cuando nos exponemos a la aspersión de aire. La recomendación es que no escatimen esfuerzos en protección, en lavarse las manos a cada momento y en colocarse el equipo correctamente. Lo más prudente es considerar que todos los pacientes son COVID-19 positivos hasta que se demuestre lo contrario”, argumentó el ginecoobstetra. 

La edad promedio de los médicos que suelen tener mayor una mayor demanda de pacientes también es un factor de riesgo que destaca Martínez Poyer. “Los obstetras que manejan más pacientes son los que tienen más experiencia y eso está atado a la edad; la máxima experiencia en nuestra especialidad la obtienes entre los 55 y 65 años y ya eso es un factor de riesgo para el COVID-19”, argumentó. 

Como último factor que explicaría que los ginecoobstetras encabecen la lista de especialidades con más galenos fallecidos en Venezuela, Martínez Poyer mencionó la idiosincrasia del obstetra criollo. “En Venezuela, los obstetras hemos sido los médicos de la familia, nos consultan por todos los miembros de la casa y eso ha sido así de manera espontánea. Es parte de la idiosincrasia del venezolano que los obstetras se vuelvan parte de la familia, nos invitan a los bautizos y primeras comuniones, siempre ha sido así en Venezuela. Eso aumenta las oportunidades de contacto y contagio”. 

Especial | En memoria del personal de salud venezolano fallecido por COVID-19
Con 30,31%, Venezuela es el país del continente que más muertes registra del personal de salud en función del total de fallecidos: de las 386 muertes que reconocía la gestión de Nicolás Maduro para el 31 de agosto de 2020, la ONG Médicos Unidos Venezuela registraba 117 fallecimientos con clínica sugestiva de COVID-19

@GitiW, @Monkda92 y @MayerPerdomo

 

Una investigación de la Alianza Rebelde  llegó a una conclusión que hoy se ve confirmada: “La crisis del COVID-19 rebasará la ya reducida capacidad de un gobierno que no construyó más centros asistenciales en los últimos 12 años”. 

Runrunes busca honrar a cada miembro del personal de salud venezolano que ha perdido su vida en el ejercicio profesional durante la pandemia de SARS-CoV-2 y la enfermedad que produce, COVID-19. 

A diferencia del anonimato al que la gestión de Nicolás Maduro ha relegado a este personal, pues en sus informes diarios rara vez se mencionan y ni siquiera se suman a las estadísticas oficiales, Runrunes presenta en este especial sus nombres, fotos, profesión y una breve biografía. 

Las personas incluidas han sido reportadas por Médicos Unidos Venezuela, organización conformada por médicos epidemiólogos y expertos en salud pública encargados de verificar que los fallecimientos sean atribuibles al COVID-19. 

Más que héroes, como tantas veces han reiterado desde el gremio médico, de enfermería y obrero, eran trabajadores que de haber contado con la asistencia debida del Estado venezolano para dotar los hospitales de insumos de limpieza, de medicamentos para un tratamiento eficaz, de equipos de bioseguridad suficientes y de entrenamiento para su uso correcto, quizás hoy seguirían con vida pues habrían mitigado el riesgo de contagio. 

Si usted tiene información sobre un trabajador del área de la salud fallecido en Venezuela por COVID-19, que aún no esté en nuestro registro, envíe sus datos a través de este formulario.

Bielorrusia mantiene viva la esperanza de cambio que se perdió en Venezuela
Ambas naciones llevan más de veinte años bajo el yugo de regímenes autocráticos, con un amplio récord de violaciones de derechos humanos y sanciones internacionales
Las denuncias de fraude electoral llevaron al país ex soviético a experimentar un nuevo ciclo de protestas bajo la conducción de un liderazgo fresco y creíble que aspira a lograr, por primera vez en su historia, el cambio presidencial a través del voto
Venezuela, con su propio historial de elecciones amañadas e incontables olas de manifestaciones de calle, aún espera que se construya una vía real de cambio que rescate la democracia que disfrutó por cuarenta años 

 

@GitiW

 

Antes de la llegada del chavismo al poder, hace ya veintiún años, nadie hubiese buscado trazar paralelismos entre la situación política bielorrusa y la venezolana. Aunque imperfecta, la democracia criolla llevaba cuarenta años permitiendo cambios presidenciales y regionales por medio de la votación universal, secreta y directa. En contraste, la nación ex soviética sólo ha tenido una elección libre en la que resultó ganador Alexander Lukashenko, quien rige el país desde hace 26 años. De no parecerse en nada, ambas naciones pasaron a ostentar en 2019 el mismo puntaje con el que la organización Freedom House evalúa las libertades políticas y civiles: 19 sobre 100. 

 

 

 

Tal es ahora la cercanía con Bielorrusia que el canciller venezolano, Jorge Arreaza, condecoró al embajador de ese país en Venezuela, Oleg Páferov, con la Orden Francisco de Miranda en su primera clase. La distinción fue conferida a dos semanas de realizarse la elección en la que Lukashenko se proclamó victorioso por sexta vez consecutiva, lo que generó una masiva manifestación en rechazo y la subsecuente represión violenta por parte del Estado que dejó, en una sola noche, un fallecido, decenas de heridos y 3000 arrestados.

 

 

La líder de la coalición opositora, Svetlana Tikhanovskaya, desconoció el resultado oficial que le otorgó 9,9% de los votos frente a 80,2% de Lukashenko. Temiendo por su integridad, salió del país rumbo a Lituania desde donde intenta organizar su regreso a Bielorrusia así como liderar las protestas masivas cuyo foco es la renuncia de Lukashenko. “Nosotros hemos cambiado, nuestra mente ha cambiado, nuestra gente no va a aceptar más a este presidente”, aseguró Tikhanovskaya en una entrevista concedida un día antes del tercer domingo consecutivo de protestas que llenó las calles de Minsk

A tres semanas de la votación, gran parte de la comunidad internacional ha reconocido la ilegitimidad del proceso electoral, aunque de momento se limitan a observar cómo se desarrolla el conflicto. Tan evidente es el paralelismo con la elección presidencial venezolana de mayo de 2018, desconocida por más de 60 países, que Josep Borrell, Alto Representante Europeo para Asuntos Exteriores, declaró que “Lukashenko es como Maduro, no le reconocemos pero hay que tratarle”. 

 

Bielorrusia y Venezuela en seis similitudes y diferencias 

 

Desde hace tres semanas, las redes sociales en Venezuela han visto multiplicarse los mensajes que comparan la realidad política de ambas naciones. Muchos mensajes hacen énfasis en la necesidad de votar como prerrequisito para denunciar el fraude electoral y generar protestas masivas. Otros celebran el coraje y determinación de los bielorrusos pues al salir masivamente le plantan cara al régimen y superando el temor a la represión. 

En Runrunes consultamos tres voces expertas para analizar qué tan acertadas son tales comparaciones: María Teresa Urreiztieta, profesora titular de la Universidad Simón Bolívar, doctora en Psicología Social, experta en procesos de democratización, movimientos sociales y protestas; Georg Eickhoff, doctor en Historia Moderna y Filología Española por la Universidad Técnica de Berlín, actualmente es relator y analista político para Ucrania de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa; y Sven Gerst, secretario general de la Federación Internacional de Juventudes Liberales.

Los tres analistas coinciden en que toda comparación de casos sociopolíticos requiere de una comprensión detallada de los contextos históricos, políticos, sociales y coyunturales que son propios de cada sociedad. Esto no niega que haya similitudes y coincidencias entre el proceso bielorruso y el proceso venezolano, afirmó Urreiztieta, al tiempo que insistió en la necesidad de valorar las diferencias que derivan de las particularidades en cada caso.   

 

Similitud #1: Tipo de régimen

 

Ambos países han sido gobernados por regímenes autocráticos que han ejercido un control hegemónico de la sociedad. Desde 1994 no se ha dado un cambio del Poder Ejecutivo en Bielorrusia, del mismo modo que desde 1999 el chavismo ha mantenido el control de Miraflores. En 2019 se realizaron elecciones parlamentarias en Bielorrusia y los candidatos leales a Lukashenko ganaron todos los escaños de la cámara baja (110), mientras que en Venezuela desde 2015 han coartado la independencia de la Asamblea Nacional y desde 2017 existe una Asamblea Nacional Constituyente que responde a los intereses de Maduro. “Tanto Bielorrusia como Venezuela tienen contextos de violaciones sistemáticas a los derechos humanos, de persecución política que ha llevado a dirigentes a la cárcel y al exilio, de brutalidad en la represión del Estado a manifestaciones pacíficas, de control de los medios de comunicación y de control del acceso a Internet”, enumeró Urreiztieta. 

 

Diferencia #1: Tradición comunista versus cultura democrática

 

“No son idénticas las situaciones y una gran diferencia es que Venezuela durante décadas fue un ejemplo de democracia, inclusive muchos llegaron a pensar que el chavismo iba a manejarse dentro del estado de derecho. La población de Bielorrusia ha sufrido lo más feroz de las dos grandes dictaduras del siglo XX, el fascismo y el comunismo, pocas poblaciones en el planeta han sufrido tanto como los bielorrusos y nunca han conocido un despliegue pleno de la democracia. Sólo ha conocido una vez en su historia una elección libre -la primera vez que fue electo Lukashenko en 1994-, y terminó así”, explicó Eickhoff. Ser una república ex soviética conforma una impronta muy importante, agregó Urreiztieta. “La tradición comunista es muy diferente a la tradición democrática de 40 años venezolana. Esto imprime un carácter muy particular a la duración de las protestas y a las posibilidades de diálogo y negociación política. Lukashenko no se ha planteado negociar. En la tradición democrática venezolana impera la necesidad de la convivencia pacífica y representa una gran diferencia en la forma de ejercer el poder y el liderazgo”, dijo la profesora de la USB.

 

Similitud #2: La protesta masiva como instrumento de participación ciudadana

 

No es la primera vez que los bielorrusos protestan en contra de Lukashenko. “Hemos protestado en todas las elecciones desde que Lukashenko fue electo en 1994, también lo hicimos tras el referéndum inconstitucional en el cual cambiaron la bandera y el escudo de armas en 1995”, contó Gerst. “En las recientes jornadas de protestas en Bielorrusia, como en las protestas de 2017 en Venezuela, destaca el carácter masivo, plural e intergeneracional, con predominio de un movimiento cívico y pacífico de resistencia activa”, dijo Urreiztieta. La profesora explicó que en ambos países la protesta ha sido reivindicada como la caja de resonancia de los malestares y como un instrumento de expresión política y social. 

 

Diferencia #2: Renuncia del presidente versus el restablecimiento del estado de derecho

 

Gerst puntualizó que las protestas actuales son puramente anti-Lukashenko sin muchos reclamos políticos adicionales. “Es más una lucha por derechos políticos y cívicos, lo cual también es muy frágil porque una lucha por derechos políticos se puede combatir fácilmente porque la gente se repliega. La mentalidad por muchos años en los países de la ex Unión Soviética es estar felices si tienen qué comer, un techo y calefacción en el invierno. Se preguntan si vale la pena arriesgar por conquistar derechos políticos. Esa es la fragilidad de esta lucha que estamos viendo ahorita”, argumentó Eickhoff. Que la aspiración actual sea la renuncia de Lukashenko y no un cambio de la estructura del Estado se debe al desgaste y autoritarismo del presidente y a la poca experiencia democrática de los bielorrusos, explicó Urreiztieta, quien advirtió que “la salida de Lukashenko sería un primer paso, pero un cambio cosmético no es un cambio real ni profundo, ni obedece a un proceso democratizador”. En contraste, los venezolanos saben que un cambio de presidente es insuficiente y la demanda es restablecer la separación de los poderes públicos y el estado de derecho. 

 

Similitud #3: Represión violenta a manifestaciones pacíficas

 

Desde Minsk, el secretario general de la Federación Internacional de Juventudes Liberales dijo que “hemos visto represión contra las protestas en el pasado, pero la violencia que hemos visto esta vez no tiene precedentes”. También en Venezuela la represión violenta a las manifestaciones opositoras fue creciendo de manera gradual. El último ciclo de protestas en Venezuela (2017) dejó un balance de 158 muertos. “En ambos casos ha predominado la violencia oficial y la impunidad”, confirmó Urreiztieta aunque destacó un dato: en Venezuela, en todo el ciclo de protestas de 2017 hubo alrededor de 5000 arrestados según el Foro Penal Venezolano, mientras que en Bielorrusia en los primeros 10 días hubo unos 7000 arrestos y al menos 4 muertos. 

 

Diferencia #3: Un liderazgo opositor fresco y creíble versus uno fracturado y agotado

 

Uno de los aspectos más llamativos del proceso bielorruso es que está liderado por un triunvirato de mujeres, esposas de políticos encarcelados. “Es un liderazgo innovador e inédito que aporta ética y estéticas diferentes; este liderazgo femenino ha aportado una mezcla de credibilidad y sencillez y eso logró convocar a la gente. En Venezuela, si bien vimos un cambio generacional en la conducción de las protestas de 2017, el liderazgo político opositor a Maduro siguió siendo predominantemente masculino”, explicó Urreiztieta. En cuanto a la credibilidad, Eickhoff apuntó que incluso el presidente interino, Juan Guaidó, ha sufrido un enorme desgaste en corto tiempo. “Quedan muy pocas instituciones creíbles; el mensaje de los obispos confundió a mucha gente porque quedan pocas referencias éticas en la sociedad. Esta es una diferencia clara con el liderazgo bielorruso porque los líderes allá son tan nuevos que todavía son hojas en blanco que permiten que la sociedad proyecte sus esperanzas. En Venezuela, el gobierno ha dedicado mucho esfuerzo y ha tenido éxito en el proceso de mermar la credibilidad del liderazgo democrático, nadie confía en nadie, todos piensan que de una forma u otra todos están recibiendo dinero del gobierno, como no hay duda de que algunos están haciendo”, sostuvo el historiador. 

 

Similitud #4: Crisis de legitimidad

 

En el caso de Bielorrusia, la crisis de legitimidad deriva del fraude electoral presidencial que  detonó la reciente ola de protestas, mientras que en Venezuela lo fueron las dos sentencias del Tribunal Supremo de Justicia dictadas en 2017 en contra de la Asamblea Nacional para despojarla de sus funciones y otorgar más poderes a la presidencia. “El pico cumbre de la ilegitimidad del gobierno venezolano está en la reelección de Maduro en mayo de 2018 que desembocó en la formación de una presidencia interina y en el reconocimiento del fraude por buena parte de la comunidad internacional”, dijo la profesora de la USB. 

 

Diferencia #4: Estar entre los países más pobres de Europa versus a los más pobres y violentos del mundo

 

En el ranking de calidad de vida medido por el PIB per cápita, Bielorrusia ocupa la posición 94 de 196 países, con lo cual está más cerca de Colombia -que ocupa el puesto 91- que de Venezuela que está en el 126. “Aunque Bielorrusia está entre los países más pobres de Europa, Venezuela está en peores condiciones; con esto quiero decir que el plan cubano puesto en marcha por el gobierno chavista funcionó, el cual era romper la espina dorsal de la sociedad venezolana”, dijo Eickhoff. La profesora de la USB confirmó la apreciación: “Aquí estamos en contexto de sobrevivencia, de emergencia humanitaria compleja, con mermadas condiciones de vida y el advenimiento de la pandemia terminó por alterar la dinámica social en torno a las movilizaciones”. Otra diferencia crucial es la violencia criminal, que en Bielorrusia es muy baja mientras que en Venezuela, con una tasa de 60,3 homicidios por cada cien mil habitantes, es la más alta del mundo.

 

Similitud #5: Uso de símbolos históricos

 

En las manifestaciones anti-Lukashenko han ondeado miles de banderas blanca y roja, en uso oficial hasta 1995 cuando fue reemplazada por la bandera actual de inspiración soviética. “La bandera blanca-roja-blanca ha estado asociada con la oposición y en todas las grandes manifestaciones anti-régimen ha sido ondeada por la gente. Para muchos bielorrusos esa ha sido, desde siempre, la bandera nacional”, explicó en un hilo de Twitter el historiador Janek Lasocki. También en Venezuela el régimen chavista cambió la bandera nacional y el escudo en 2006 y el uso de los símbolos patrios originales ha sido parte de los recursos visuales de los manifestantes opositores desde entonces. 

 

Diferencia #5: Frecuencia y duración de las protestas

 

Tras la cuestionada reelección de Lukashenko, la oposición ha llenado las calles de Minsk y de otras ciudades del país por tres fines de semanas consecutivos. En Venezuela, el ciclo de protesta de 2017 duró cuatro meses y tuvo convocatorias casi interdiarias. “La protesta política -salir a la calle y exponerse a la represión-, es una actividad que se ejerce en paralelo a la vida misma; lo que hemos visto en este breve ciclo de protestas en Bielorrusia es que las grandes manifestaciones son los fines de semana porque la gente tiene una vida y tiene que trabajar; ahora bien, si los trabajadores de las fábricas van a huelga pueden jugar un factor muy importante. Bielorrusia es un país muy conservador hacia los valores de la Unión Soviética y si ellos van a huelga será un factor decisivo”, explicó Eickhoff. 

 

Similitud #6: Juego geopolítico

 

“El juego geopolítico de superpotencias conforma una variable muy importante para lo que suceda en Venezuela. El apoyo de los Estados Unidos y de la Unión Europea también se ha visto en ambos casos. Asimismo, la presión de los países más próximos juega un papel clave en lo que ocurra fronteras adentro”, dijo Urreiztieta. El historiador Georg Eickhoff también ve en este punto una similitud entre ambos casos: “Parece que hay un equilibrio frágil entre Rusia y la Unión Europea y que van a hacer las cosas diferente a lo que hicieron en Ucrania. En esto sí se podría ver una similitud con Venezuela ya que cuando las grandes potencias dejan solos a los países, los gobiernos autoritarios tiene el espacio para aplastar a la oposición como lo han hecho en Venezuela. Lo que queda es una oposición de decoración”. 

 

Diferencia #6: Despertar democrático versus el desvanecimiento de la esperanza

 

“¿Cuál es la diferencia fundamental? Que en Bielorrusia existe una esperanza real de cambio y eso es fundamental en psicología política. Las movilizaciones en Venezuela no se darán ni sostendrán si no se construye una esperanza creíble y real de cambio. Los venezolanos han sacrificado muchísimo a lo largo de estos 21 años, la gente lo que pide es respeto, honestidad, coherencia y la construcción de un vía real de cambio. En Venezuela, la esperanza real de cambio se ha ido desvaneciendo poco a poco”, argumentó Urreiztieta.  

Por su parte, Eickhoff dijo que “en Bielorrusia estamos viendo el inicio de un despertar democrático y en Venezuela vemos un final, un fracaso, una merma; un país y una oposición quebradas. El problema de los venezolanos es que se acuerdan de cómo era su democracia, que si bien estaba lejos de ser perfecta estaba allí; era un país muy próspero, con una vida feliz, muchos recuerdos buenos de la juventud, de viajes, de tener plata, de ser respetados en el mundo y eso ha creado la expectativa de que debería ser fácil regresar a eso pero no lo es. Lean nuevamente el Plan de la Patria de 2006, allí está el mapa de cómo destruir a Venezuela y a más de una década y media hay que decir que han sido exitosos en esa destrucción pero no en la construcción del modelo socialista no porque eso no existe, nunca ha existido”. 

Ginecoobstetras encabezan la lista de los médicos fallecidos por Covid-19 en Venezuela
Entre el 24 de junio y el 04 de agosto de 2020, la ONG Médicos Unidos de Venezuela reportó la muerte por Covid-19 de siete especialistas en ginecología y obstetricia en el país: 4 en el estado Zulia, 2 en Distrito Capital y 1 en el estado Bolívar. Con 13%, representan la especialidad con mayor número de decesos a causa del coronavirus

 

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Manuel Romero, de 54 años, es el primer ginecoobstetra venezolano en las estadísticas de fallecimientos por Covid-19 que lleva la ONG Médicos Unidos de Venezuela. Trabajó durante 30 años en un centro médico privado marabino. Jorge Leal, 56 años, fue coordinador de la Comisión de Vigilancia Materna del Sistema Regional de Salud del estado Zulia. Jesús Romero, de 54 años, laboraba en una clínica privada del municipio Rosario de Perijá. Ana Henríquez, 52 años, trabajó en la Unidad de Ginecología y Obstetricia de la Clínica Santiago de León en Caracas por más de 20 años. Alcira Peracha, 52 años, trabajaba en la clínica Neverí en San Félix y también en el Hospital Raúl Leoni de Guaiparo. María Consuelo González, médico jubilada, falleció el 13 de julio en el Hospital de Coche. Jesús Peña Peña, de 67 años, trabajaba en el Hospital de Santa Bárbara y en una clínica privada. 

De los 52 médicos fallecidos por Covid-19 en Venezuela hasta el 13 de agosto, sólo cuatro han sido incluidos por la gestión de Nicolás Maduro en la estadística oficial que lleva la Comisión Presidencial para la Prevención, Atención y Control del Coronavirus. También reportaron otros cuatro fallecidos del área de la salud (empleado administrativo, enfermería y obrero) cuyas identidades son desconocidas para los gremios a los que supuestamente pertenecieron. 

“La base de datos que manejamos la procesa un equipo de médicos especialistas en Salud Pública y Epidemiología. Es un equipo que trabaja a nivel nacional y realiza revisiones de primera y segunda línea. Con relación a cuál es el criterio que seguimos para evaluar cada caso, tenemos una rigurosidad científica específica y clara: todo fallecido que entra en esa lista es posterior a una revisión exhaustiva del caso; si las circunstancias del fallecimiento no están claras, se mantiene en evaluación hasta tener precisión”, explica  Jaime Lorenzo, médico especialista en Cirugía General y en Salud Pública, y es actualmente el director de Médicos Unidos de Venezuela. 

Oficialmente hay 259 fallecidos por Covid-19 en Venezuela hasta el 13 de agosto de 2020. La realidad es que son muchos más los casos que no entran en la estadística oficial pues carecen de la prueba PCR que confirma la presencia del virus. Ante esa deficiencia, Lorenzo explicó que los médicos tienen varias herramientas para hacer un diagnóstico, la primera es el epidemiológico que se basa en una serie de premisas sobre el paciente sospechoso (dónde ha estado, con quién se ha reunido, etc.); luego hacen el diagnóstico clínico que tiene que ver con los signos y síntomas propios del paciente. A eso le sigue el examen físico, los exámenes de laboratorio y radiología. 

“Se tiene la percepción de que hay que tener el prueba PCR para hacer el diagnóstico de la enfermedad y ciertamente ese es el requisito para que Covid-19 sea la causa de muerte en el certificado de defunción; ahora bien, también hay que decir que internacionalmente, el diagnóstico clínico y epidemiológico están por encima de las pruebas de laboratorio porque las mismas tienen la probabilidad de dar falsos negativos y positivos”, argumentó Lorenzo. 

El director de Médicos Unidos de Venezuela ofrece un dato en línea con su argumentación: “Un buen número de casos [de los médicos fallecidos] dieron negativo a la primera y segunda prueba rápida, luego las pruebas post-mortem llegaron positivas. Por eso reitero, en las condiciones en las que está Venezuela deben imperar el diagnóstico epidemiológico y clínico, máxime cuando tienes deficiencias para poder comprobar la enfermedad”.  

Hasta el 13 de agosto, 67 miembros del personal sanitario venezolano han sido incluidos en la base de datos de Médicos Unidos de Venezuela: 52 médicos, 11 enfermeros, 4 técnicos y administrativos. Hay 43 hombres (64%) y 24 mujeres (35%); 32 fallecidos en el estado Zulia (47%); 10 en el Distrito Capital (14%); 6 en el estado Bolívar (8%); más del 50% laboraba en el sector público y el promedio de edad es de 57 años (estos dos últimos cálculos pueden variar pues se hacen sobre la base en los datos confirmados ya que aún falta información sobre varios fallecidos). 

Las 3 especialidades médicas que encabezan la lista son: Ginecología y Obstetricia (7); Traumatología (4) y Pediatría (4). Sobre la presencia de siete ginecoobstetras, lo que representa 13% de los médicos fallecidos, Lorenzo explicó que la muestra es muy pequeña para que sea un dato estadísticamente significativo, sin embargo, sí observa con atención una tendencia hacia las especialidades vinculadas a las áreas quirúrgicas. “Estos primeros análisis nos están sirviendo de alerta a nosotros y se está manejando internamente. Hacemos un llamado a todos los especialistas de las áreas quirúrgicas para que no bajen la guardia y se cuiden. Entendemos que los obstetras manejan un gran volumen de pacientes que hay que atender a horas que nadie prevé y eso aumenta su exposición”. 

De acuerdo con lo datos de los médicos que trabajaron dentro del área metropolitana de la ciudad de Nueva York entre marzo y abril, los residentes de anestesiología, medicina de emergencia y oftalmología fueron los que presentaron mayor riesgo de contraer Covid-19.

A más pacientes, mayor es el riesgo de contagio

 

Al tratar de entender las posibles razones detrás de la prevalencia de ginecoobstetras entre los fallecidos por Covid-19 en el país,  Pedro Martínez Poyer, especialista en Ginecología y Obstetricia del Hospital de Clínicas Caracas, explicó que todo pasa por un análisis multifactorial y que el primer aspecto a considerar es el gran volumen de pacientes que atienden, lo cual los lleva a pasar más horas en sus centros de trabajo. “Venezuela tiene una gran proporción de población joven y en edad fértil. A las pacientes embarazadas siempre hay que verlas, más si existen factores de riesgo en el embarazo. Aquí no se estila la telemedicina, vemos a las pacientes de manera presencial pues carecemos de la infraestructura técnica”, explicó Martínez Poyer. 

Solamente ese factor, el tiempo que pasan en sus centros de trabajo, incrementa significativamente el riesgo para el personal sanitario. Un estudio realizado en Wuhan -epicentro en China de la epidemia de coronavirus- encontró que “el riesgo de infección aumenta de forma significativa y progresiva con el número de horas trabajadas diariamente. Según el análisis de los autores, todo el personal que trabaja en departamentos de alto riesgo estaría infectado si trabajara 15 horas al día”. 

Otro factor de riesgo es la exposición a pacientes que en apariencia están sanas pero que podrían ser casos asintomáticos de Covid-19. “Nosotros vemos a pacientes que por lo general son jóvenes y saludables y eso le da a los médicos cierta confianza, con lo cual disminuye el tenor de la protección que normalmente deberíamos tener tanto en las consultas como durante el trabajo de parto cuando nos exponemos a la aspersión de aire. La recomendación es que no escatimen esfuerzos en protección, en lavarse las manos a cada momento y en colocarse el equipo correctamente. Lo más prudente es considerar que todos los pacientes son Covid-19 positivos hasta que se demuestre lo contrario”, argumentó el ginecoobstetra. 

La edad promedio de los médicos que suelen tener mayor una mayor demanda de pacientes también es un factor de riesgo que destaca Martínez Poyer. “Los obstetras que manejan más pacientes son los que tienen más experiencia y eso está atado a la edad; la máxima experiencia en nuestra especialidad la obtienes entre los 55 y 65 años y ya eso es un factor de riesgo para el Covid-19”, argumentó. 

Como último factor que explicaría que los ginecoobstetras encabecen la lista de especialidades con más galenos fallecidos en Venezuela, Martínez Poyer mencionó la idiosincrasia del obstetra criollo. “En Venezuela, los obstetras hemos sido los médicos de la familia, nos consultan por todos los miembros de la casa y eso ha sido así de manera espontánea. Es parte de la idiosincrasia del venezolano que los obstetras se vuelvan parte de la familia, nos invitan a los bautizos y primeras comuniones, siempre ha sido así en Venezuela. Eso aumenta las oportunidades de contacto y contagio”. 

¿Qué hacer si un enfermo con Covid-19 muere en casa?
Siguiendo los lineamientos de un médico forense, la Organización Mundial de la Salud y el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades, Runrunes elaboró una guía para que familiares a cargo de enfermos con síntomas de Covid-19 sepan cómo actuar en caso de que ocurra la muerte en el hogar

 

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Con el incremento de los casos de Covid-19 en Venezuela, han aumentado también los reportes de pacientes con sintomatología del coronavirus, quienes al ser rechazados en hospitales y clínicas por encontrarse colapsados no han tenido otra opción que volver a sus hogares y enfrentar por su cuenta las consecuencias de la enfermedad. 

Además de la falta de asistencia médica, los enfermos de Covid-19 en Venezuela deben lidiar con el estigma y la criminalización oficial. Desde principios de junio, Nicolás Maduro señaló a los migrantes retornados al país como “irresponsables” y pidió que sus familiares y vecinos los reportaran por supuestamente estar contagiados. Esta denuncia conlleva el traslado forzado a sitios bajo vigilancia estricta del Estado, muchos de los cuales carecen de las condiciones mínimas como el acceso al aseo personal y la alimentación, a fin de garantizar la recuperación de los enfermos. 

 

 

Maduro afirmó que los migrantes estaban “contaminando a importantes sectores de todo el país”. También los tildó de “armas biológicas”. Al respecto, la organización Human Rights Watch dijo que: “Esta estigmatización e intimidación de una población que ya se encuentra en situación de vulnerabilidad menoscaba la posibilidad de realizar pruebas de detección”.

Recientemente, la nutricionista especializada en gestión de la seguridad alimentaria, emergencias humanitarias y riesgo de desastres, Susana Raffalli, empleó el término “emergencia funeraria” para advertir el colapso que podría generar el aumento de las muertes por Covid 19 en Venezuela. “En los próximos meses veo que esto puede ser una catástrofe a gran escala. Ojalá se estén preparando para la emergencia funeraria”, dijo. 

La expresión “emergencia funeraria” remite de inmediato a la situación vivida en Ecuador en abril de 2020, cuando la gran cantidad de fallecidos por el coronavirus, sumados a las muertes por otras enfermedades, provocaron que los forenses y la policía no se dieran abasto en el retiro de los cadáveres y debieran sumar al Ejército en las labores de traslado de los cuerpos. 

Runrunes confirmó con un médico forense, quien por laborar en el sector público pidió el resguardo de su nombre, que los decesos de ciudadanos con sospecha de Covid-19 en sitios distintos a hospitales y clínicas ya es una realidad. 

“Eso ya está sucediendo, ya está muriendo bastante gente en los CDI, en dispensarios y en ambulatorios, que si bien son recintos sanitarios no están acondicionados para atender a pacientes de este tipo. También están muriendo en sus casas. Lo ideal es que la gente fuera atendida en hospitales pero ya están abarrotados. La cantidad de personas que está muriendo por causa del Covid-19 en Venezuela es más alta que la reportada por el Gobierno”, afirmó el médico forense. 

El testimonio de la doctora Yanitza Quintero, compartido a través de su cuenta de Twitter, muestra cómo tras un ruleteo por varios centros de salud en Caracas, no le quedó otra alternativa que devolverse a casa con un familiar que presentaba los síntomas del coronavirus. 

 

Ecuador, con una población de 17,5 millones de habitantes, experimentó el desbordamiento de su servicio forense. Quizás por ese antecedente, Raffalli sugirió que las autoridades de Venezuela, país de 30 millones de habitantes que sufre los rigores de una emergencia humanitaria compleja, deberían prepararse para el aumento de los casos de Covid 19 y, en consecuencia, de las muertes. 

 

¿Cuántas muertes diarias colapsarían el servicio forense en Venezuela? “En una ciudad como Caracas, con 20 ó 25 muertos en un día se pondría caótica la situación para buscarlos y trasladarlos”, estimó el médico forense consultado por Runrunes. Un retraso en la búsqueda de los cadáveres implicará que muchas familias tendrán que permanecer con el cuerpo por un período de tiempo mayor al promedio, incrementando el riesgo de contagio en esa comunidad.  

Protocolo básico mientras llega el personal forense

Siguiendo los lineamientos del médico forense, de la Organización Mundial de la Salud y del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades, Runrunes elaboró una guía para familiares a cargo de enfermos con síntomas de Covid 19 en caso de que ocurra la muerte en el hogar. Se trata de un protocolo básico para minimizar el riesgo de contagio de la familia y de la comunidad, mientras se espera la llegada de los organismos competentes que retirarán el cuerpo. 

Dato clave: los fluidos que emanan del cuerpo de un fallecido por Covid 19 representan un riesgo de contagio para los miembros de la familia y la comunidad. Todas las personas que atendieron al enfermo y manipularon el cuerpo deben acudir a un centro de salud para realizarse una prueba de Covid 19.

Llamar al número de emergencia de su municipio o gobernación

Las autoridades municipales o estadales son las encargadas en gestionar la búsqueda del cuerpo. Notifique que se trata de un paciente que presentó síntomas de Covid-19 para que el personal forense lleve el material de protección necesario. 

Usar medidas de protección como tapaboca y guantes

Sabemos que la disponibilidad del material de bioseguridad es muy limitada pero es indispensable contar con ellos para manipular el cuerpo de un fallecido por Covid 19 por tratarse de una enfermedad altamente contagiosa. Como mínimo, se debe contar con tapaboca y guantes. Luego, todo ese material debe ser desechado por el personal de la medicatura forense que vaya a retirar el cuerpo. No debe ser desechado en las papeleras de la casa ya que se trata de un desecho biomédico. Deben meter todo ese material en una bolsa plástica y cerrarla lo más herméticamente posible. Se recomienda que ese material sea incinerado por el personal forense. 

Procurar que un número reducido de personas manipulen el cuerpo 

En la idiosincrasia del venezolano se acostumbra a despedir al difunto con muestras físicas de afecto. La OMS explica que no se debe besar ni acariciar el cuerpo. Los familiares deben limitar el número de personas que estén en contacto con el cuerpo. El médico forense hace énfasis en alejar a los niños menores de 5 años ya que si bien ellos son menos susceptibles a presentar síntomas severos, sí son capaces de concentrar cargas virales altas a nivel de la mucosa nasal y la garganta y propagar así el virus a terceros. 

Envolver el cadáver de la manera más hermética posible

Se puede usar la sábana de la cama donde yace el cuerpo y anudar los extremos de manera que el cuerpo quede “sellado”. Cuando llegue el personal forense con su equipo completo de bioseguridad, procederán a destapar el cuerpo para identificarlo y a los familiares se les pedirá reconocerlo. Este momento debe ser usado también para despedirse ya que los familiares no podrán organizar velorios. 

Lavarse las manos luego de cualquier contacto con el cuerpo y los objetos que usó la persona

El riesgo de contagio por superficie puede limitarse con un lavado de manos con agua y jabón por espacio de 20 segundos. Para el aseo de la habitación y casa pueden usarse desinfectantes de uso común. 

Desechar sábanas, fundas, cobijas y demás objetos que usó la persona contagiada

Todo este material se considera como altamente contaminante y debe ser desechado por el personal forense.