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Jorge Rodríguez: “No tenemos cabeza para preocuparnos por el TSJ y el CNE ahorita”

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El presidente de la Asamblea Nacional (AN), Jorge Rodríguez, afirmó que actualmente “no tiene cabeza” para pensar en unas eventuales elecciones presidenciales en el país.

En rueda de prensa, Rodríguez aseguró que por el momento no participará en reuniones para tratar asuntos políticos, al tiempo que consideró como una “ofensa” que dirigentes políticos se sienten a discutir temas relacionados con el Consejo Nacional Electoral (CNE).

“Nosotros no estamos en condición de parar ningún proceso que esté avanzando actualmente. Nosotros lo que no tenemos es cabeza para estarnos preocupando por el TSJ en estos momentos. Ahorita lo que nos preocupa son las personas que están sufriendo lo indecible. Es un irrespeto, es una grosería, es que políticos se reúnan para decidir quién va al TSJ o al CNE”, dijo.

Añadió que cualquier reunión en la que participe deberá estar enfocada exclusivamente en la reconstrucción de viviendas, la atención de los afectados y otros asuntos vinculados con la tragedia que enfrenta el país.

“La Ley de Alquileres es regresiva”

El presidente de la AN informó que trabajarán en una reforma para Ley de Alquileres porque es “muy regresiva”.

Afirmó que esa ley debe ser modificada para que la gente se sienta más segura al momento de alquilar su vivienda.

“Hay un número de hasta 200 000 viviendas que no están siendo alquiladas pues la gente las resguarda porque la ley es muy regresiva. Tenemos que reformarla para brindar seguridad”, dijo Rodríguez.

¿Qué ordena la Ley de Alquileres?

La reflexión sobre la Ley de Alquileres llega 17 días después del doblete sísmico que afectó a la región central del país y que causó la destrucción total de centenares de edificios, principalmente en La Guiara y Caracas.

El 12 de noviembre de 2011, el exmandatario Hugo Chávez promulgó la Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda con la finalidad de dar “estabilidad jurídica” a las familias vulnerables, frenar la especulación inmobiliaria y evitar que la vivienda fuera vista como un negocio.

Esta ley impide que propietarios e inquilinos puedan negociar libremente el precio del alquiler, obliga también a fijar y pagar los alquileres estrictamente en bolívares.

La Ley de Alquileres también prohíbe expulsar a un inquilino de una vivienda sin antes pasar por un proceso burocrático ante la Sunavi, seguido de un juicio penal. Además, si un propietario tenía un inmueble alquilado por 20 años o más (catalogados como “multiabonos”), la ley lo obligaba a ofrecerlo en venta obligatoria a su inquilino.

Las principales críticas y consecuencias de la implementación de esta Ley de Alquileres fue el exterminio del mercado de alquileres, el incentivo a la ocupación ilegal, la destrucción del patrimonio familiar, el deterioro de la infraestructura urbana y la inseguridad jurídica.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Más de 1200 afectados y Estado ausente: El Junquito está esperando respuestas tangibles

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Texto y fotografías: Luna Perdomo

Más de 15 días después del doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudió al país el pasado 24 de junio, más de 1.200 personas, afectadas directa o indirectamente, siguen esperando respuestas concretas del Estado en El Junquito. Gran parte de las heridas de este pueblo siguen abiertas: no son solo fisuras que atraviesan viviendas, escuelas y comercios, sino la incertidumbre que transita a los habitantes.

El día que la Alianza Rebelde Investiga (ARI) realizó un segundo recorrido por esta parroquia, llegaron distintas autoridades para realizar inspecciones, era el día 15 de la tragedia; pese a que ellos afirmaron que ya se habían presentado en la zona, los habitantes aseguraron que era la primera vez que se acudía oficialmente a evaluar los daños.

Aunque Protección Civil revisó algunos locales comerciales y viviendas del casco central del pueblo de El Junquito —las etiquetas amarillas, rojas y verdes lo confirmaron—, vecinos del barrio La Toma, ubicado en la parte posterior de la zona turística, sostienen que sus casas siguen sin chequeo.

Fotografía: Luna Perdomo (TalCual)

Una de las lugareñas lleva el registro en un cuaderno: contabilizó 180 familias afectadas y detalló que son cerca de 600 personas que «abandonaron sus casas por miedo a que las estructuras de arriba terminen de colapsar y nos caigan encima». Estas personas desistieron de ir a un refugio y buscaron espacio en casas de familiares, amigos o vecinos.

En un terreno escampado sobreviven, en carpas, 89 personas, 37 son niños y adolescentes de entre cero y 17 años. Estas son familias doblemente damnificadas: antes de los terremotos vivían en las instalaciones del antiguo Gran Hotel porque llevaban 16 años esperando una vivienda de manos del Estado, que jamás llegó.

En este campamento permanecen 22 familias que vivían en el hotel y se sumaron otras cuatro del sector La Toma tras afectaciones a sus viviendas.

Fotografía: Luna Perdomo

Desamparo gubernamental

Uno de los afectados, apodado como «negro» y que prefierió no dar su nombre, que permanece en una carpa con sus tres niños (15, 9 y 5 años de edad) y su esposa, contó que la alcaldesa Carmen Meléndez visitó El Junquito tras los primeros días del sismo, pero insistió en que no han regresado: «Ninguna autoridad ha venido a decir: ‘Sí, los vamos a ayudar’».

Agregó que a diario han ido representantes de iglesias católicas, cristianas evangélicas, del Sistema de Orquestas y de Cáritas y les ofrecen comida, cobijas y actividades recreativas para los infantes.

«Nosotros lo único que necesitamos es material porque nosotros construimos. Los dueños de este terreno nos dijeron que lo podían regalar para que nos hagan nuestras casas», explicó el habitante de la zona.

Fotografía: Luna Perdomo (TalCual)

A 19 kilómetros de la zona turística de El Junquito, específicamente en el km 4, otras 170 familias atraviesan una situación similar: son 509 personas en total; de las cuales, 178 son menores de edad, 35 adultos mayores, 10 personas con alguna discapacidad, cuatro embarazadas y dos que dieron a luz el mismo 24 de junio como consecuencia de los fuertes sismos; desde hace más de una década ocupan una antigua fábrica de colchones mientras esperan una solución habitacional.

Tras el terremoto dejaron de dormir dentro del edificio de cuatro niveles porque «en piso tres y cuatro hubo pérdida total porque se cayeron las paredes». En piso dos también colapsaron muros y «hay varias casas agrietadas, las escaleras se separaron de las paredes», describió Jessica Montilla, habitante del espacio. Todas estas familias pasan el día y la noche en el patio, bajo carpas donadas por particulares.

«Aquí vino Protección Civil a inspeccionar y permanecemos aquí a ver qué pasa. No ha venido nadie de la Alcaldía (de Caracas). No hemos recibido ayuda de ningún gobierno, pero sí de todos los venezolanos y organizaciones internacionales que salieron a la calle y trajeron comida y ropa», agregó.

En este espacio cuentan con un solo baño apto para las más de 500 personas. Tampoco tienen dónde cocinar y se organizan por grupos: «Yo me arriesgo, me meto a mi casa, cocino para mi cuadrilla y así vamos haciendo», contó Montilla.

Los residentes del km 4 denunciaron que, pese a ser una comunidad ampliamente conocida por las autoridades, «usada» en busca de votos y promesas de reubicación, hasta la fecha de publicación de este texto ningún organismo público se había presentado a ofrecerles una mano amiga. Indicaron que solo se llegaron funcionarios de Protección Civil y de los bomberos para evaluar la estructura y que les dijeron que no va a colapsar, pero que no deben habitar.

Fotografía: Luna Perdomo

Casas desplomadas y familias esperando

Las consecuencias del doblete sísmico también son visibles en otras urbanizaciones y barrios de El Junquito, donde las viviendas se desplomaron por completo o penden de un hilo para terminar de caer.

En la urbanización Monte Alto, ubicada en el kilómetro 14, una casa de tres niveles colapsó en el mismo instante del terremoto: la familia de cuatro miembros, dos adultos y dos niñas, de 12 y 8 años de edad, habían salido 20 minutos antes del sismo. La estructura cayó hacia el lado izquierdo y arrastró consigo la casa contigua, donde residían tres mujeres, entre ellas una adulta mayor de más de 90 años de edad que está en silla de ruedas, todas lograron salir durante el movimiento telúrico.

Fotografía: Luna Perdomo

Protección Civil, Gobierno de Caracas y los bomberos inspeccionaron el lugar al día siguiente del terremoto y recomendaron realizar una demolición controlada; desde entonces, según Lori Rodríguez, vecina de esta estructura, ningún organismo ha regresado.

«La sensación es de miedo y que siga moviéndose la tierra y esto termine de ceder y caiga hacia mi casa. Estoy consciente de que siguen sacando gente en La Guaira, pero pienso que hay personas que estamos afectadas y se puede evitar otra tragedia», expuso Rodríguez.

Afirmó que la vivienda sigue cayendo al pasar de los días y tras las continúas réplicas. Allí permanece una camioneta suspendida entre los escombros, mientras debajo existe otra vivienda habitada por dos adultos mayores.

Fotografía: Luna Perdomo

Precisó que uno de los afectados «tiene un buen cargo en el Seniat» y que «la otra muchacha trabaja con un diputado oficialista». Consideró «injusto que ni trabajando con el Estado les den respuestas. ¿Qué queda para el resto?», interrogó.

Una situación similar ocurre en la urbanización Iberoamericano, donde dos casas cayeron completamente. En ninguna hubo víctimas porque no estaban en sus hogares durante el temblor: en una de las casas se observan dos vehículos aplastados por el concreto que se compactó al caer.

Una vecina de esta vivienda contó que ingenieros contratados por las familias concluyeron que las edificaciones no pueden volver a ser habitadas; sin embargo, aseguró que ningún organismo oficial ha realizado evaluaciones técnicas ni ofrecido alternativas de alojamiento.

Sin cifras sobre los daños

En la urbanización Los Molinos, kilómetro 13, «hay varias viviendas afectadas», afirmó en conversación con este medio Carolina Ferreira, quien desconoce la cantidad exacta de casas con daños, pero destacó que en su calle «todas las casas se inclinaron, vistas de frente, hacia la derecha».

«Mi casa se hundió, posiblemente por una falla de terreno, encajó y partió. En mi calle hay por lo menos cuatro casas afectadas y en la parte de abajo de la urbanización hay casas y muros con otros daños», relató.

En este caso eran dos apartamentos, de dos familias diferentes, y Ferreira lamentó que hasta la fecha «no se ha apersonado ningún tipo de autoridad, ni nada que se le parezca. Ni Protección Civil ni los bomberos. Ni el consejo comunal ha pedido información y allí no se puede vivir», destacó.

Vivienda de Carolina Ferreira. Fotografías: Luna Perdomo

En Los Molinos «hay unas casas en el aire», describió Carolina Ferreira, quien quedó damnificada y está consciente de que su vivienda debe ser domolida.

«Tengo una sensación como de una montaña rusa. En 39 segundos nos cambió la vida, nos quedamos en la calle (con su hija) y en el aire. Perdimos los recuerdos y la esperanza. Siento que es misión imposible volver a tener un techo propio en este país por la inflación. Me siento desorientada y desemparada», confesó.

En el kilóemtro 11 también hubo daños en viviendas que fueron desalojadas por sus habitantes. Los afectados de estas zonas de El Junquito se trasladaron a casas de otros parientes.

Escuelas y empleos también esperan respuestas

La incertidumbre y falta de respuesta también alcanza a la infraestructura escolar. Los habitantes del pueblo de El Junquito exigieron al viceministro de Prevención, Seguridad Ciudadana y Cuadrantes de Paz, Endes Palencia, quien visitó la zona el pasado 9 de julio, examinar el liceo Augusto Pi Suñer, el más grande de la parroquia y donde están inscritos 1.200 alumnos.

Fotografía: Luna Perdomo

Las autoridades prometieron que a la zona enviarían a un grupo de ingenieros «para hacer una revisión profunda» de la edificación de cuatro pisos y enfatizaron que «las actividades educativas se mantienen suspendidas». Uno de los representantes gubernamentales indicó que la información sería enviada al Ministro de Educación, Héctor Rodríguez.

En la zona turística el impacto económico no fue menor, luego del colapso de una panadería, varios restaurantes y otros comercios, «alrededor de 500 personas quedaron sin empleo», de acuerdo con estimaciones de comerciantes y vecinos.

Más de 15 días después del terremoto y la combinación de viviendas inhabitables, pérdida de empleos e infraestructuras sin evaluar, los afectados de esta zona sobreviven gracias al apoyo de familiares y donaciones de ONG y particulares.

Con base en el recorrido realizado por la ARI y los censos que llevan los locales, al menos 1.200 personas permanecen afectadas, directa o indirectamente, y pudiesen ser más, en distintos sectores de El Junquito sin haber sido atendidos por el Estado.

Aunque los habitantes de El Junquito reconocen que en La Guaira hubo mayores daños, insistieron en que no deben dejar que lo ocurrido en esta zona pase a ser una tragedia olvidada. La demanda es la misma desde el primer día: que las autoridades inspeccionen las edificaciones, determinen realmente cuáles pueden seguir siendo habitables y cuáles deben ser demolidas, y que ofrezcan respuestas a quienes, dos semanas después del desastre, siguen viviendo entre grietas, carpas y falsas promesas.

Fotografía: Luna Perdomo

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Refugios para damnificados operan bajo custodia de Sebin y Dgcim

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Fotos y reportería: Luna Perdomo (TalCual)

Las puertas de los refugios habilitados tras el doble terremoto que afectó el país el pasado 24 de junio, y que golpeó gravemente a La Guaira, están fuertemente custodiados por diversos grupos policiales. Algunas de las escuelas acondicionadas para recibir a familias afectadas están rodeadas por funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), Guardia Nacional (GN) y otros cuerpos como la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y PoliSucre, que son quienes controlan los accesos, restringen el paso, en especial a la prensa, y limitan el contacto con quienes perdieron sus viviendas.

Durante un recorrido realizado por TalCual por varios refugios, llamados por las autoridades «campamentos transitorios», en distintas zonas de Caracas, solo fue posible ingresar a la Escuela Gran Colombia, ubicada en El Cementerio, uno de los principales centros de atención tras la emergencia. En el resto, la respuesta siempre fue la misma: no está permitido el ingreso de periodistas ni se pueden tomar fotografías.

En el campamento ubicado en El Coliseo de La Urbina, un funcionario de PoliSucre informó que en el lugar habían recibido a 110 personas afectadas y dijo que a ese espacio llevaban casos considerados de emergencia, pero no ofreció detalles de cuáles serían. Ante la solicitud de ingresar, respondió que la orden era impedir el acceso a cualquier medio: «Ni VTV pasa», afirmó.

Coliseo de La Urbina, uno de los refugios designados por la administración pública venezolana. Foto: Luna Perdomo (TalCual)

Custodio hermético

El Sebin también custodia las inmediaciones de la Escuela Mariano Picón Salas, en Petare. El día que TalCual visitó el lugar, a la institución ingresaban recreadores para niños, terapeutas, equipos de trabajo de altos funcionarios como ministros, de Delcy Rodríguez y del diputado Jorge Rodríguez: ese día habría una actividad gubernamental.

La escena se repetía en la Escuela Técnica Industrial Leonardo Infante, ubicada en Campo Rico: funcionarios del Sebin y de la Dgcim custodiaban las inmediaciones y tampoco permitieron el ingreso de la prensa, ni siquiera se pudo fotografiar carteles pegados en las paredes con personas desaparecidas puestos cerca del refugio. Tras la reja principal apenas se alcanzaba a ver un punto de atención médica.

La presencia de organismos de seguridad no se limita a los refugios o sus inmediaciones. El equipo periodístico de TalCual pudo constatar que por toda la ciudad han desplegado nuevos puntos de control del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional y de la Dirección General de Contrainteligencia Militar, lo que se traduce en un despliegue policial más visible previo al doble terremoto, con funcionarios armados y, en algunos casos, encapuchados.

La Plaza Francia de Altamira es uno de los puntos con presencia de la Dgcim y el Sebin. En los primeros días después de los seísmos del 24 de junio de 2026, la plaza era un refugio improvisado por las víctimas. Fotografía: Luna Perdomo (TalCual)

«Aquí nadie está preso»

El único refugio al que TalCual pudo ingresar fue el instalado en la Escuela Gran Colombia, resguardado por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana y de la Guardia Nacional.

Este plantel que se activó inmediatamente tras el doblete sísmico como centro de acopio para recibir donaciones, alberga actualmente a 860 personas que quedaron sin vivienda en La Guaira, 83 de estas pertenecen a la etnia Wayúu que vivían en Los Corales. Su capacidad es para 1.200. Siete edificaciones conforman el complejo educativo y cuatro de estos están acondicionados con refugiados.

Este centro está bien abastecido y una de las coordinadoras llamada Yinet Madrid afirmó que desde allí envían insumos a otros centros.

Fotografía: Luna Perdomo (TalCual)

Madrid defendió las restricciones a los refugios y explica que a los damnificados no se le permiten las visitas para «evitar el desorden y proteger a los niños y adultos». Añade que tampoco se autorizan fotografías por el riesgo que supone que después circulen en redes sociales.

Madrid defendió las restricciones a los refugios y explica que a los damnificados no se le permiten las visitas para «evitar el desorden y proteger a los niños y adultos». Añade que tampoco se autorizan fotografías por el riesgo que supone que después circulen en redes sociales.

«Aquí nadie está preso, pero aquí hay normas», aseveró.

La coordinadora sostuvo que los refugiados pueden salir a trabajar y dijo que deben regresar al espacio en los horarios establecidos: «No se puede permitir que lleguen tarde porque estaban parrandeando», manifestó.

Dentro de esta institución, buscan que la rutina de los afectados se parezca a la normalidad: en la cancha, adultos y niños jugaban baloncesto, mientras otros conversaban sentados en el piso y otros leían. Algunos adultos cargaba bolsas con ropa o cajas de un lado a otro.

En la Gran Colombia, los salones están acondicionados con literas, ventiladores, sábanas y almohadas. Madrid explicó que tratan de mantener los grupos familiares unidos y que una de ellas, formada por 45 personas, fue ubicada en salones contiguos.

Una mujer alojada en la Escuela Mariano Picón Salas, damnificada de La Guaira, describió una dinámica similar. Dijo que les dan desayuno, almuerzo y cena y que a los infantes les organizan actividades recreativas, contó que les entregaron pelotas y otros juguetes.

Fotografía: Luna Perdomo (TalCual)

Esta afectada admitió que en su refugio el suministro de agua representa una dificultad y detalló que en un espacio común instalaron un gran televisor, especialmente para ver los partidos del Mundial de Fútbol. También contó que en el espacio «hay muchas cámaras (de seguridad)».

Convivir con el duelo

Mientras los damnificados se adaptan a sus nuevas condiciones de vida, voluntarios organizan los espacios, el Ministerio de la Cultura desarrolla actividades recreativas, el Ministerio de la Juventud distribuye alimentos preparados, se avanza en la instalación de un hospital de campaña colombiano en un lateral del colegio.

Yinet Madrid agradece, en nombre de los afectados, la solidaridad de los venezolanos y de extranjeros: «Mis hermanos de La Guaira nos necesitan. Todo lo que la gente ha donado lo ha hecho con amor. La receptividad del pueblo ha sido muy bonita», afirmó.

Sin embargo, cuando habla de los desaparecidos la voz se le quiebra y los ojos se inundan de lágrimas: «Es muy doloroso ver tanto dolor y no poder hacer nada. Tengo una compañera de trabajo que no aparece: Es como que se la tragó la tierra», dijo.

El llamado de Madrid a los venezolanos es dejar la política fuera de la catástrofe: «Pido sacar la política de esta tragedia. Estamos para ser hermanos. Nos debemos unir más. No podemos seguir peleando».

Fotografía: Luna Perdomo (TalCual)

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Solo el trabajo nos reconstruirá

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El despedazamiento de Venezuela ―sobreviviendo nosotros, los venezolanos, quienes en buena lid deberíamos agenciar nuestro renacimiento― parece avanzar hacia caminos distintos, esencialmente dinerarios y especulativos. Las élites ven a la democracia de postergable, les incomoda, como si acaso la confianza social, es decir, el asunto de la legitimidad popular no fuese necesaria para el rehacer de lo institucional.

Factores de potencia, animados por la lógica del poder ―idéntica a la tesis hitleriana de los grandes espacios y los amigos vs. los enemigos― se empeñan en lo que llaman la reconstrucción y estabilización económica, como primer y largo paso. Se olvida que esa tesis, que quiso imponérsele a Europa tras la Segunda Gran Guerra, encontró de frente a hombres que la instantaneidad y la virtualidad dominantes, desmemoriadas, han borrado de las redes. De Gasperi, Adenauer, Schumann, De Gaulle, Churchill acordaron sobre las bondades de la economía abierta para reconstruir; eso sí, sujeta a su legitimidad democrática. Se hicieron elecciones sobre los escombros en Francia, el Reino Unido, en Italia, y hasta en Alemania, más tarde, en 1949.

Y como las realidades son tercas, cabe entonces prevenir. Y como la lógica que muestra su rostro en Venezuela es la del petróleo y la de los bonistas ―el dinero no tiene alma, lo saben los banqueros― no la de las víctimas y sus familiares, miradas como las débiles de la ecuación, siempre subestimadas, siempre tuteladas; y siendo que, lo que sí sabemos hacer los venezolanos es trabajar, acaso sea útil recordarle a las élites tener presente el cuadro que hubo de atender la Iglesia católica para enfrentar al binomio del capital y el marxismo a inicios del pasado siglo. Puso su mirada sobre el trabajo, como astrolabio del desarrollo. Es este, cuando no se lo valora, en justicia, similar a la fuerza destructiva de un terremoto.

La cuestión del trabajo como derecho de la persona, que proyecta su dignidad inmanente, que le es existencial e inherente, ocupó la atención de León XIII en su encíclica Rerum novarum o de las Cosas nuevas (1891).  Tanto como lo hizo la Quadragésimo anno de Pío XI, celebratoria de la anterior, al punto que ahora Magnífica humanitas de León XIV, innovando, la ratifica. Señala que “el trabajo es la clave de la cuestión social y expresa a la dignidad humana”.

El tiempo es otro, ciertamente. También las cosas son otras pues media hoy la gobernanza digital global que, junto a la inteligencia artificial (IA) y el mundo de las finanzas, ejerce su influencia modeladora sobre el conjunto de las gentes y sus comportamientos en el plano de lo laboral. Privilegian lo sensorial, adormecen a la razón, hacen mutar la naturaleza del mismo trabajo cosificándolo, y propician una ruptura antropológica; por lo que cabe insistir, desde la idea de la centralidad de la persona humana, que el acceso al trabajo para todos es el criterio a partir del que habrá de evaluarse todo “modelo de desarrollo” al que se aspire, todavía más en Venezuela.

Toda persona humana, desde su nacimiento hasta su muerte, encuentra en el trabajo el sentido de su cotidianidad, la base para su existencia, no solo la biológica sino la espiritual. Es “camino de desarrollo”, de relación con los otros y para la perfectibilidad de lo propio, pues “la persona es fin y no medio”, según la más reciente encíclica. Todo proyecto de vida, de ordinario encuentra sentido en el trabajo que todo hombre ―varón o mujer― realiza dentro de la colmena humana. Cada uno, sin embargo y probablemente, le asignará un valor y significado distinto. Una mayoría, la más carenciada, acaso lo limite a la dicha condición de medio para sobrevivir, asumiéndolo como una carga inevitable.

Sobre esta convicción racional muestra León XIII la realidad que domina en su tiempo y la describe para advertir lo que sí resultaba de negativo en la relación del capital con el trabajo. “Que lo que verdaderamente es vergonzoso e inhumano es abusar de los hombres, como si no fuesen más que cosas, para sacar provecho de ellos, y no estimarlos en más de lo que dan de sí sus músculos y sus fuerzas”, afirmaba.

Adelantándose a los tiempos ―Eduardo Frei Montalva y en Rafael Caldera, que beben de esas fuentes más tarde, hacia 1933, adoptada la Quadragesimo annus dos años antes y para animar la fundación de sindicatos y partidos católicos en América― pienso en Luis Calderón Vega (1911-1989), que da cuenta desde México de la realidad presente hacia 1906, cuando el pueblo, “uno de los más eminentemente cristianos de la tierra”, tenía “una clara visión de la injusticia social” imperante. “Si el obrero fue liberado del capataz inhumano, hoy sufre la indignante sumisión al sindicalismo oficializado” de izquierdas, hace constar en su seminal ensayo Los 40 años de revolución mexicana (1910-1950)”.

La perspectiva de León XIV es otra, sosteniendo sus fuentes originales. “La tecnología está transformando profundamente el trabajo”. Y apunta los riesgos, como la deshumanización del trabajador, su reducción a tareas repetitivas, la cuestión de la vigilancia automatizada, y la pérdida consiguiente de creatividad y autonomía. Se busca que el trabajador se adapte a la máquina, en lugar de que la tecnología sirva a la persona, lo que resulta inadmisible. “La tecnología debe estar centrada en la persona, no solo en el rendimiento”, ya que el trabajo es además “contribución al bien común”, son las palabras de papa Prevost.

A la luz de los desafíos digital y de la IA propone “reinterpretar la historia”, pues si bien las iniciativas surgidas en el siglo XX ―asociaciones, sindicatos, cooperativas, obras de asistencia social― “han contribuido de manera decisiva a mejorar la legislación laboral”, hoy tales instrumentos sirven, pero ya no bastan. El ecosistema emergente “rara vez se preocupa por la sostenibilidad social”. Observa que vivimos una “transición” pendiente de que se la gestione, proactivamente, en modo de que puedan establecerse “criterios sociales para la innovación”.

La automatización, así, “debería ir acompañada de medidas verificables de protección del empleo, de recualificación, y de participación de los trabajadores” para que la tecnología se oriente a liberar tiempo y capacidades humanas, no a generar exclusión o precariedad laboral, tal como lo precisa Magnifica humanitas.

El nuevo humanismo

La encíclica hace presente dos ideas de arraigo invariable, la de la justicia social y la del desarrollo. En cuanto a la primera, es máxima de la experiencia que, así como ha crecido la riqueza tras el quiebre epocal y tecnológico, se encuentra más concentrada y aún más dependiente del dominio de la variable financiera, que no de la productiva. El funcionamiento actual de la intermediación financiera no solo es la causante directa de las crisis sistémicas que se advierten en el mundo ―pensemos otra vez en las crisis de Venezuela y en las alcabalas que se le oponen a su democratización― pues se encuentra desvinculada en su “funcionamiento… de los fundamentos antropológicos y morales apropiados”. Al punto que, lo dice León XIV, “la renta del capital corre el riesgo de sustituir a los ingresos del trabajo” y hasta de comprometer sus soportes democráticos.

Superar, entonces, la medición clásica del desarrollo como idea segunda y con base en el PIB o Producto Interno Bruto es algo imperativo, a la luz de las nuevas cosas o realidades; realidades que han de ponderar las variables que concilien, pues no se excluyen, sino que se justifica la una en la otra, la libertad en el plano de lo económico con el sustrato o fundamento de esta, la dignidad humana. Confianza social, desigualdades, medio ambiente, entre otras, habrán de integrarse como baremos del desarrollo durante el siglo corriente.

En orden a lo anterior y al papel que al respecto han de jugar los Estados y la comunidad internacional, dado que el primero tiene responsabilidad “en garantizar empleos y condiciones dignas” y “promover políticas activas de formación y protección laboral”, y mientras que aquélla ha de incidir con sus mecanismos de cooperación sobre las “dinámicas económicas globales”, Magnifica humanitas entiende que la lógica del poder es distinta en su corriente deconstrucción. Señala que la iniciativa empresarial debe incluir la creación de empleo digno.

De suyo se necesitarán de “políticas laborales estables”, “equilibrio entre trabajo y vida”, “acceso a formación”, “apoyo a las redes sociales y educativas” que permitan un enfoque integral e innovador y eviten la “exclusión, la inseguridad y la fragmentación social”.

Desde esta perspectiva, según León XIV, “no hay que considerar la búsqueda de la justicia social como un tema separado y posterior a la producción de riqueza, como si la economía debiera limitarse a crear valor y la política interviniera solo después para distribuirlo”. “La justicia afecta a todas las fases de la actividad económica”, argumenta.

Eso sí, pone las realidades en su justo medio, al observar que “en la era de la IA y de la robótica, ya no es posible confiar únicamente en la «mano invisible» del mercado”, y al orientar la política las dinámicas económico-tecnológicas hacia el bien común, el papa llama al conjunto de los Estados a “superar el asistencialismo” y el intervencionismo.

No por azar, en cuestión que previamente aborda Magnifica humanitas apunta otra vez a la reivindicación del principio de la subsidiariedad, que alienta a superar toda forma de gestión paternalista o asistencialista de la vida social promoviendo un estilo de corresponsabilidad: “un Estado que valora la iniciativa de los ciudadanos y una sociedad civil capaz de generar vínculos y activar energías al servicio del bien común”, es la propuesta. El asistencialismo no promueve la responsabilidad, precisa León XIV.

La consideración de la familia, como asunto primero y último, ingresa a la cuestión del trabajo y de la subsidiariedad como bien social primario que reactualiza la Doctrina Social de la Iglesia en tiempos de discernimiento sobre lo digital y la IA. Es “la primera sociedad natural, dotada de derechos originales, es la célula fundamental e insustituible de toda organización comunitaria”, y la más frágil, como lo recuerda la encíclica. Lo que al cabo muestra, de forma palmaria, que al afectarse directamente a la familia con el desempleo y la precariedad y la falta de desarrollo social; siendo aquella, como lo apuntase Juan Pablo II, “el cimiento de una verdadera democracia”, al no ser preservada todo el edificio social y científico que sostiene implosionará en su totalidad.

En su Exhortación apostólica familiaris consortio (1981), Juan Pablo II ya se plantea y se lo plantea a la Iglesia asumir “el deber de una reflexión y de un compromiso profundos para que la nueva cultura que está emergiendo reconozca los verdaderos valores, se defiendan los derechos del hombre y de la mujer, y se promueva la justicia en las estructuras mismas de la sociedad. De este modo el «nuevo humanismo» no apartará a los hombres de su relación con Dios, sino que los conducirá a ella de manera más plena”.

Añade que, “en la construcción de tal humanismo, la ciencia y sus aplicaciones técnicas ofrecen nuevas e inmensas posibilidades. Sin embargo, la ciencia, como consecuencia de las opciones políticas que deciden su dirección de investigación y sus aplicaciones, se usa a menudo contra su significado original, la promoción de la persona humana”. De consiguiente, “una renovada «teología del trabajo» ha de iluminar y profundizar el significado de este y del vínculo fundamental que existe entre el trabajo y la familia”.

Magnifica humanitas, en línea con el mismo camino trazado por el papa polaco, cierra su argumentación sosteniendo que “la afirmación del vínculo entre la dignidad del trabajo, la solidaridad entre los pueblos, la evaluación crítica de la democracia, y la economía de mercado, sigue ofreciendo criterios para juzgar las nuevas formas de explotación, exclusión y crisis de la representación política” en un contexto global dominado por la cuarta revolución industrial. Venezuela es, otra vez, el laboratorio.

correoaustral@gmail.com | @asdrubalaguiar

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Sismos del 24J no sepultaron la aspiración democrática

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El doble terremoto del 24 de junio ha evidenciado las falencias del Estado nacional en su contrato con los ciudadanos y ha ahondado la sensación de orfandad de la población.

El informe “El Estado abdicó su deber de proteger” elaborado por la ONG Justicia, Encuentro y Perdón devela cómo la inoperancia institucional, la burocracia y la censura no solo vulneraron derechos fundamentales, sino que sometieron a orfandad estatal a miles de ciudadanos.

Es una circunstancia que ya existía, pero que se ha agravado aún más. El movimiento telúrico que vivió la nación se ha presentado como el indeseado corolario de una crisis política que no se acaba nunca, en parte porque quienes conducen el país no quieren que se acabe. Una crisis que tiene casi la misma duración que la propia revolución bolivariana.

En este contexto, la disruptiva muerte de familias enteras y la proliferación de daños colaterales por todos los rincones terminan configurando un acumulador de irritación ciudadana. Todavía no podemos apreciarlo del todo, pero el terremoto del 24 de junio termina siendo un antes y un después en el vínculo que tiene la ciudadanía venezolana con el Estado. En el chavismo está muy fundamentado el hábito de restarle importancia a esta peligrosa circunstancia. Y aunque la impopularidad no hace sino crecer, siguen mandando.

La lenta respuesta del Estado

Durante demasiados años, el oficialismo chavista ha renegado muchas veces de las potencialidades del sector privado y del alcance de la ayuda internacional, sobre todo si no se trata de naciones amigas. Siempre reivindicando su competencia sobre todas las áreas de la gestión del país. El terremoto ha tomado un nuevo retrato: la tragedia colectiva ha encontrado una respuesta lenta y poco satisfactoria de aquellos que constitucionalmente tienen la obligación de actuar con diligencia y sentido de la oportunidad en las operaciones de socorro. El Estado venezolano es más inoperante y flácido en la misma medida en la cual quiere asumir más atribuciones.

El documento de JEP resalta cómo décadas de desfinanciamiento técnico y politización de los cuerpos de rescate obligaron a que la propia sociedad civil, vecinos y voluntariado local tuvieran que sostener “con sus propias manos el paso primario de la emergencia” ante la inacción inicial de las autoridades.

Por lo demás, al desencadenarse la tragedia natural, la controvertida presencia estadounidense en el país parece arraigarse y volverse habitual entre nosotros. La circunstancia plantea nuevas interrogantes a la muy popular aspiración de unas elecciones presidenciales y la definitiva reconquista de la democracia. Las esperadas elecciones generales que restauren la soberanía popular, le otorguen un mandato legítimo al poder nacional y contribuya a normalizar definitivamente las cosas en Venezuela.

El tutor y el tutelado

La actual administración estadounidense consolida sus relaciones con Delcy Rodríguez, la presidenta encargada, galvanizando con el oficialismo chavista un nuevo e inesperado status quo. Ahora los representantes diplomáticos de Washington expresan su beneplácito por los términos de la colaboración institucional con Caracas y se muestran conformes con las relaciones de trabajo entre ambos países.

Entretanto, el liderazgo de la oposición venezolana sigue teniendo una incomprensible dificultad para plantearle a la Casa Blanca las urgencias del país en materia de democratización y crisis humanitaria. La ausencia de un eje para que la estrategia opositora pueda aumentar su volumen de juego en el marco actual, contribuye a ahondar en la desesperanza y la sensación de ruina.

Tampoco ayuda la retórica estadounidense. Incluso el exembajador norteamericano James Story, entrevistado por los directores de ARI en La conversa criticaba la falta de una política clara en la administración actual, que no exige condiciones necesarias para la restauración democrática, como la liberación de presos políticos o cambios institucionales y en ocasiones se limita solamente a la firma de memorandos de entendimiento económicos. 

María Corina Machado ―teóricamente, una líder que puede encontrar muchas simetrías con el liderazgo de republicano actual― ha recibido un veto para regresar al país, y, al parecer, poco puede hacer al respecto, salvo esperar a que cambie la dirección del viento. Sus vínculos personales con el volátil e impredecible Donald Trump tienen rato en una zona de estancamiento. 

¿La democracia tendrá que esperar?

El liderazgo actual en Washington ―Trump; pero también Marco Rubio, Vance, Hegseth y compañía― ni siquiera emplea el vocablo “democracia” cuando se tiene que referir a lo que ocurre en Venezuela. No parece que fuera un tema de interés. Proliferan versiones informativas en torno al presunto disgusto del magnate estadounidense ante la insistencia de Machado en regresar o, en todo caso, en adelantar estrategias por su cuenta que le arruinen el modelo de negocios que pretende instaurar en el país.

La gran mayoría de la población quiere unas elecciones libres, el regreso de la democracia y el Estado de derecho. Pero, aunque parezca mentira, aunque cueste creerlo, el regateo ante la urgencia no es solo un ardid de la revolución: también se puede palpar con facilidad en los gobernantes actuales estadounidenses. La nación de Washington, Jefferson, Jackson y Lincoln.

Un siniestro e inexplicable contubernio, adelantado en los dos extremos del tablero político ―la extrema izquierda populista y sus pares en la extrema derecha anglosajona―, se cierne sobre los venezolanos, clausurando en lo inmediato sus posibilidades de futuro, la aspiración a tomar decisiones para conducir su destino. El aliado del chavismo ahora está en la Casa Blanca. Es la hora de los negocios. Tenemos que esperar.

Donald Trump centra su atención en la gestión de leyes económicas para sus propios intereses, y, entretanto, nos pide a todos paciencia. Paciencia, luego del terremoto.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Familiares de presos políticos denuncian golpizas, heridos y desaparecidos en Rodeo I

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El Comité por la Libertad de los Presos políticos (Clippve) denunció este 10 de julio de 2026 la desaparición de al menos 7 presos políticos venezolanos recluidos en la cárcel Rodeo I —ubicado en la ciudad de Guatire, estado Miranda— y reportes de tratos crueles e inhumanos a los privados le bi golpeados, heridos con perdigones y asfixiados con gas lacrimógeno el pasado 5 de julio.

“Según los testimonios recibidos por las familias, funcionarios del centro de reclusión y cuerpos de seguridad ingresaron al área donde se encuentran los detenidos, los golpearon, les dispararon perdigones, les sustrajeron pertenencias y paquetería y los obligaron a permanecer en las celdas pese al temor por las condiciones estructurales del penal tras los recientes sismos”, denunció el Comité en redes sociales.

Entre los siete desaparecidos que reportó Clippve se encuentran José Ángel Barreno Cordones —detenido por el régimen venezolano en su presunto caso llamado Operación Gedeón“—y Ramir Pocaterra Cruz. La ONG también denunció que los presos políticos tuvieron contacto con sus familiares el 5 de julio bajo los efectos de algún sedante.

Alertaron que muchos detenidos presentan síntomas graves como diarrea, vómitos, sangre en heces y vómito con sangre sin atención médica oportuna.

Rodeo I tras los terremotos

Clippve advirtió que la cárcel Rodeo I ha sufrido daños estructurales luego de los seísmos del pasado 24 de junio. Aseguró que las columnas del recinto penitenciario están resquebrajadas, la institución no ha tenido una inspección para validar la vulnerabilidad de la estructura y temen por la vida de los detenidos ante las constantes réplicas que se están registrando.

“También denuncian que, pese al riesgo, los detenidos son devueltos a las celdas y castigados cuando piden ser evacuados o permanecer fuera de espacios que consideran inseguros“, agregó la ONG.

Los familiares de los presos políticos llevan desde el 8 de enero de 2026 durmiendo en las afueras de los centros penitenciarios a la espera de la liberación de los más de 372 privados de libertad de forma arbitraria, según organizaciones de la sociedad civil como Foro Penal. Clippve solicitó a la administración pública una fe de vida de los siete presos políticos y la liberación de todos sus familiares.

Doble terremoto. ¿Doble abandono?

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A lo largo de la historia, las catástrofes naturales han producido conmociones filosóficas profundas. El inconmensurable daño físico se extiende a la reflexión existencial. Sistemas de pensamiento enteros ven colapsar sus cimientos, o estos terminan cuanto menos considerablemente socavados. El terremoto que destruyó buena parte de Lisboa en 1755 tuvo un impacto inmenso en aquellos cenáculos intelectuales europeos que justamente estaban experimentando el Siglo de las Luces. Voltaire escribió por la fatal ocasión un poema que es una crítica mordaz al pensamiento de Leibniz sobre la vida en “el mejor de los mundos posibles”.

A nadie debe sorprender, entonces, que el terremoto doble que azotó a Venezuela, vaya cruel ironía, justo en la más sagrada de sus efemérides patrias, haya desatado un profundo malestar ontológico en los habitantes del país. Si los sismos y demás calamidades naturales, con toda la pérdida humana y material injusta, siempre producen en la psiquis colectiva de quienes las padecen cuestionamientos sobre un orden metafísico universal supuestamente virtuoso, imaginen ese mismo efecto en un país que lleva casi tres décadas de sufrimiento acumulado por un sistema político que arrasó con todo y que lo dejó pésimamente preparado para un terremoto, y ni hablar de dos.

Venezuela es un país bastante espiritual. No me opongo de ninguna manera a que millones de venezolanos busquen consuelo a esta nueva desgracia en sus respectivos cultos. Yo, sin embargo, no puedo acompañarlos en eso. Lo que tengo ante mí es el absurdo existencial camusiano. La impresión de que no hay ninguna entidad trascendente dando un justo sentido al universo. Que estamos solos.

“Estamos solos”. Oración de dos palabras que he escuchado y leído mucho por estos días. No solo por el abandono en el que las víctimas de la cólera de Gaya se sienten por la respuesta en que el Estado venezolano atendió la crisis. Eso era algo que a todas luces la población esperaba, de darse una desgracia así. Resulta que, además, muchos venezolanos se sienten abandonados por quien veían como un nuevo aliado que los llevaría de su mano a un futuro brillante: Estados Unidos. Más específicamente, el gobierno del coloso septentrional. Más específicamente aun, en algunos casos, el señor Donald Trump.

Obedece todo esto a la expectativa, forjada a partir de enero de este año, de que Washington impulsaría una transición democrática en Venezuela. De hecho, esa transición fue enmarcada como la última de tres etapas en un plan que las autoridades norteamericanas presentaron formalmente. Siempre hubo inquietud entre los venezolanos sobre la imprecisión en cuanto al momento en que el tercer paso fuera emprendido. Pero los terremotos la han llevado al extremo. Ha habido una pérdida masiva de paciencia con el plan. El clamor colectivo es que comience inmediatamente la fase de transición, pues el país no puede seguir en manos de quienes respondieron a los sismos como en efecto se hizo aquí.

Pero en Washington no parece haber interés en salirse del guion. Y lo que pudo ser una señal inequívoca de que la transición es indetenible, aunque no avance al paso que las masas quisieran, el regreso de la líder opositora María Corina Machado fue impedido por el mismísimo gobierno estadounidense, según reportó la prensa de aquel país. Para los venezolanos más urgidos de cambio político inmediato, esta información fue interpretada como señal de que el plan de tres etapas es una ficción y de que en realidad Trump y compañía lo que quieren es dejar a la elite de Miraflores en su lugar por quién sabe cuánto tiempo, sin permitir a la ciudadanía procurarse el cambio deseado por la vía democrática. Los gestos de decepción y desesperación estuvieron a la orden del día hasta…

Hasta la noche anterior en que me senté a escribir estas líneas. Porque Trump en persona negó que hubiera bloqueado el regreso de Machado a Venezuela. Volvió a elogiarla. Y aunque no dijo expresamente que su gobierno velará por un retorno seguro de Machado, esas declaraciones renovaron las expectativas sobre el plan estadounidense.

Volvamos no obstante a la depresión colectiva que antecedió a este último pronunciamiento de Trump sobre nuestro país. Hay lecciones que aprender de ella. En primer lugar, que no hay certezas sobre las intenciones de Washington para con Venezuela. Tal vez hay un interés genuino desde el norte en propiciar una transición democrática aquí, pero no necesariamente. Es posible que los yanquis sean sinceros cuando dijeron a los medios que sí quieren que Machado eventualmente retorne a su patria, pero que no lo creen conveniente justo ahora (incluso si se equivocan al concluir que no es conveniente justo ahora). O no. Lamentablemente en esta extraña situación en la que Venezuela está desde enero todos los actores determinantes tienen incentivos para reservarse sus aspiraciones. Los ciudadanos comunes solo podemos barajar distintas posibilidades. Ser consciente sobre los límites de mi conocimiento al respecto es lo que impidió que no me uniera al reciente coro fatalista. No podía decepcionarme que lo que se veía como seguro no se estuviera dando, si nunca lo consideré seguro en primer lugar.

La segunda lección es que los intereses de Estados Unidos no tienen por qué coincidir con los de los venezolanos. Tal vez coincidan o tal vez no (otra vez los límites al conocimiento, ya ven). La sociedad venezolana tiene que entender que, mientras siga delegando a EE. UU. el impulso de los cambios que ella quiere ver, va a estar en una constante dependencia de intereses ajenos. Esto es algo que se debió entender desde un principio, cosa que a todas luces no ocurrió. La delegación es consecuencia del miedo a represalias que históricamente ha conllevado el impulso de cambios desde adentro de la propia Venezuela. Un miedo comprensible, pero que no elimina la desventaja de la delegación. No podemos pretender que los cambios que queremos se den en los lapsos que queremos, o que se den siquiera, si dejamos a otros todo el esfuerzo. Así no funciona el mundo. Negarlo es malcriadez pueril.

Si al final del día sí hay transición de la mano de Washington, pues muy bien. Pero si no la hay, los venezolanos ávidos de cambio tendrán que escoger una vez más entre buscarlo por cuenta propia o resignarse al statu quo. Lo que aplica al plano geopolítico aplica también al plano metafísico. Volviendo a Camus, si no hay un orden divino justo que al final será nuestro redentor, nos toca a nosotros y solo a nosotros la tarea, sin importar cuán “cruel” sea la naturaleza.

Como ya dije, no me opongo de ninguna manera a que venezolanos crean que sí hay un ente sobrenatural que nos ayudará o ya nos está ayudando. Es más, si esa creencia los inspira a que pongan de su parte como, si se quiere, instrumentos de la divinidad, bienvenida sea. Pero para aquellos que no encuentran respuestas satisfactorias en lo espiritual y se sienten confundidos sobre su papel como venezolanos en el cosmos; que se preguntan si vale la pena trabajar por un mejor país a pesar del absurdo existencial; a todos estos les digo que sí vale la pena. Si en el fondo no lo creyéramos, no hubiéramos visto los incontables gestos conmovedores de heroísmo y solidaridad de quienes se pusieron a escarbar entre escombros con sus propias manos o se presentaron en los centros de acopio como voluntarios. Eso es lo que hace quien no se siente a sí mismo en el mejor de los mundos posibles, pero que de todas maneras trata de mejorarlo con su sudor.

@AAAD25

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Chichiriviche de la Costa intenta levantarse sin turistas ni ayuda oficial

Por el Día de San Juan la mayoría de los habitantes de Chichiriviche de la Costa estaban celebrando en la calle, la tarde del 24 de junio, cuando los dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 en Venezuela hicieron crujir la montaña que abraza a ese acogedor pueblo costero de La Guaira. 

Lisbeth Oropeza recuerda que mientras tembló hubo una miniestampida humana que tumbó a varias personas, incluida su cuñada, con 38 semanas de embarazo. Por fortuna, nadie resultó herido. Poco después, la comunidad se concentró en la plaza del pueblo. En ese momento no tenían electricidad, señal telefónica ni acceso a Internet. 

A las 9:00 p. m., alguien prestó una planta eléctrica y activó una red Wi-Fi. “Cuando encendimos los celulares, que vimos las redes sociales, wao. Nos enteramos de lo que ya sabemos, del gran desastre allá en la ciudad”, relata Lisbeth. Esa noche, por temor a una réplica, su familia decidió dormir en la plaza, pero cuando fueron a buscar colchonetas y cobijas, se percataron de que su casa se había derrumbado parcialmente. Esta se encontraba en una zona de riesgo que no desalojaron antes porque no tenían otro lugar a dónde ir.  

En total, siete viviendas sufrieron afectaciones graves a causa de los sismos en Chichiriviche de la Costa: dos en el sector El Pueblo y cinco en Los Tres Palos, precisa Jeanfranco Mayora, jefe de la Unidad Bolívar-Chávez (UBCh), una estructura de base del Partido Socialista Unido de Venezuela. En la población de mil habitantes no hubo fallecidos debido a los sismos.

El 9 de julio, integrantes de la comunidad dijeron a RunRun.es que aún no habían ido especialistas a inspeccionar las infraestructuras y confirmar que era seguro habitarlas. El ambulatorio del pueblo, que funciona en una antigua casa colonial, sufrió fisuras en algunas de las paredes.

Mayora menciona que iniciará un censo de las afectaciones y pasará la información a un comando en el pueblo de Carayaca.  

Las necesidades de un pueblo que se sostiene con el turismo

En la posada Casa de Madera, Edixon Parica y otras 3 personas organizaban bolsas de comida para entregar a los residentes de Chichiriviche y para 37 familias de un pueblo agrícola cercano llamado San Miguel, en la vía hacia Puerto Cruz. 

“Nuestra principal preocupación es el tema de los alimentos y las medicinas”, dice el joven trabajador del lugar. Explica que, como el pueblo vive del turismo, la agricultura y la pesca, en este momento de la emergencia están limitados: “Hay gente preguntando cómo está la vía, cómo está la posada, pero por ahora estamos parados”. 

Frente a su casa, en la orilla de la playa, Carmen Viloria cuenta que ella recibe donaciones de comida para perros y gatos, y procura tener medicinas para la gripe y el dolor de cabeza para quien lo necesite. Comenta que en el pueblo muchos adultos mayores sufren de hipertensión. Insiste en la angustia sobre el impacto económico tras los terremotos. 

“Los quioscos son los que venden la comida, la gente del pueblo vende sus tortas, vende sus conservas… ¿A quién se lo van a vender, si un sábado y un domingo son igualitos a como estamos ahorita? Los pescadores no tienen a quién venderle el pescado, porque los quioscos están todos cerrados; entonces, tienen que salir a ver dónde lo pueden vender”, detalla. 

Los entrevistados afirman que no han visto en la zona a ningún representante de la Gobernación o de la Alcaldía para brindar ayuda. Señalan que la mayoría de los donativos se articularon gracias a la guía turística Giuliana Romano y al submarinista Williams Álvarez, que son parte de la comunidad. A través de las redes sociales, ellos han buscado apoyo para reunir insumos médicos y comida, también para Puerto Maya, donde alertan de que al menos 16 familias habrían quedado sin hogar. 

Admiten que a Chichiriviche de la Costa sí han llegado helicópteros con funcionarios extranjeros. “Tengo entendido que son gringos”, dice Edixon. “Tienen uniforme militar que no es de aquí”, agrega Carmen. Han llevado comida en bolsas herméticas diseñadas para soldados o para situaciones de desastre, hechas para durar sin refrigeración. Incluyen frutos secos, carne seca y pudines sellados. También han donado agua embotellada. 

La crisis estructural que se agrieta tras los sismos

Cuatro días después de los terremotos, el 28 de junio, la cuñada de Lisbeth entró en trabajo de parto cuando aún estaban durmiendo a la intemperie. 

“Aquí no hay un ambulatorio equipado para atender un parto, no tienen cómo hacer una transfusión de sangre si fuera necesario; ahí no tienen cómo practicar una cesárea en caso de una emergencia. Entonces, la tarea era buscar sacar a mi cuñada de acá”, cuenta Lisbeth. Lo lograron porque alguien donó gasolina a la ambulancia de la comunidad y pudieron trasladar a la joven a un hospital en Carayaca, a una hora y cincuenta minutos de distancia en carro. 

La familia de —ahora— once integrantes se encuentra temporalmente en la planta baja de una vivienda, un antiguo local comercial de un solo ambiente. El jefe de la UBCh les dio artículos de aseo personal y un colchón que habían solicitado para la nueva madre. A través de redes sociales, también les han hecho llegar regalos y una cuna para la bebé. El resto de las personas están durmiendo en colchonetas. Se mantienen a la expectativa sobre si recibirán algún tipo de ayuda para obtener una nueva vivienda o si podrán trasladarlos a un espacio más amplio mientras ellos lo resuelven. 

Cerca de la iglesia, Antero Ulloa, quien se identificó como jefe de la comunidad, advierte que en el pueblo ya había ocho familias damnificadas por las lluvias de 2022 y que ahora están preocupadas por que esta situación siga posponiendo una respuesta.

Mientras, Carmen Viloria destaca que antes y después de los sismos un problema serio en el pueblo es que la luz se va seguido. “En estos días, antes del terremoto, habían pescado muchísimo y se nos fue la luz seis días. ¿Qué nevera, qué freezer aguanta seis días?”, se pregunta. 

Este jueves, 9 de julio, algunas niñas, niños y adolescentes jugaban en la cancha deportiva. Un par de hombres caminaban hacia el pueblo llevando pescado, incluso un pez león. En la playa vacía, unas cuantas lanchas flotaban sobre el mar, en un destino que es cuna del buceo.

Edixon Parica se mantiene a la espera de que el personal de Hidrocapital continúe los trabajos que iniciaron esta semana, porque la tubería matriz tuvo fisuras en varios puntos debido a los sismos. Ellos ya dijeron que iban a volver. Carmen comenta que, desde aquel 24 de junio, ningún niño se ha vuelto a bañar en la playa. “De verdad que fue una bendición para Chichiriviche que no nos pasara nada”, agrega.