No he podido dejar de pensar en la corta novela El reino de este mundo, del cubano Alejo Carpentier. Trata de la rebelión de los esclavos en Haití, de su pronta independencia de Francia (anterior a la de los hispanoamericanos), del único rey haitiano (suicidado el rey negro en su palacio y exilada su corte con reina y princesas en Europa), de la crueldad de los terratenientes blancos, del crimen de la esclavitud, de la destrucción, de los saqueos, de la locura sangrienta. Me ha venido a la cabeza una cita del prólogo a su novela que escribió el mismo Carpentier: “… a fuerza de querer suscitar lo maravilloso a todo trance, los taumaturgos se hacen burócratas…” Hay en la novela mucho vudú, mucha magia negra, mucho realismo maravilloso, y también mucho caos. La novela la concluyó en Caracas el 16 de marzo de 1948, como lo indica el autor en la última página.
No he podido dejar de pensar en la tragedia venezolana. En sus dimensiones política, física y espiritual. ¿Cómo se justifican tantas construcciones de la Misión Vivienda y edificios privados en terrenos donde jamás se han debido construir? Ya lo habían advertido expertos como Carlos Genatios y Marianela Lafuente en un conocido reporte de 2020 que pueden leer aquí.
¿Qué burócratas con vocación de taumaturgos aprobaron la construcción de estas tumbas de concreto después de las terribles experiencias del terremoto de 1967 y del deslave en Vargas en 1999?
¿Habrá algún responsable de tanta irresponsabilidad criminal? ¿Por qué los gobiernos chavistas ignoraron todas las alertas y recomendaciones que hicieron técnicos japoneses en 2005, técnicos que saben bien cómo construir en terrenos sísmicos y que tienen experiencia en gestión de desastres?
Ya asoman sus cabezas los burócratas justificadores: dicen que la mayoría de los derrumbes se produjeron en edificios de “vacaciones” privados (lo afirmó la taumaturga interina); aseguran que habrá que ver los cálculos de los ingenieros, pero que las alcaldías y municipios no se ocupan de supervisar esos cálculos ni lo apropiado de los terrenos, sino solo de los retiros y otros “detallitos” municipales (lo dijo quien preside una comisión presidencial que no servirá para nada); aseguran que van a construir rapidísimo, con la misma irresponsabilidad criminal de siempre (anuncian subvenciones para más tumbas de concreto).
Es en el Reino de este mundo donde todo es posible, asegura hacia el final de la novela uno de los personajes de Carpentier. Ha habido mucha maldad en estos 27 años de chavismo destructor (sí, maldad, para quienes pretenden desmoralizar asépticamente la política). Ellos hicieron su “entrada en sociedad” en diciembre de 1999 con el deslave en Vargas (siempre Vargas). Ese día fue más importante para el régimen naciente el referéndum aprobatorio de la asamblea constituyente que el rescate de las víctimas que se ahogaban debajo del barro. Casi tres décadas después se repite la misma desidia, la misma ineptitud. Esta vez multiplicadas por miles. Ya son demasiados años de taumaturgia corrupta. Demasiados.
Siempre hay destellos de bondad en el Reino de este mundo. A pesar de tantas sombras, hay luces que la gente enciende con su solidaridad, su devoción para salvar al prójimo. La gente se sobrepone a la miseria espiritual y material de quienes gobiernan. Se ha sobrepuesto a la apatía militar (sí, los militares salieron muy tarde a hacer nada). ¿Dónde estaban los cuerpos de ingenieros militares del ejército y de la armada para ayudar al rescate de los supervivientes? ¿Dónde estaban las carpas hospitales para atender a los heridos y las carpas militares para acoger a tanto damnificado? ¿Dónde están los militares, carajo?
Dice un analista aficionado a los asuntos marciales que la fuerza armada bolivariana quedó traumatizada después del 3 de enero, cuando los gringos entraron a Caracas como Pedro por su casa para llevarse a Maduro y a Flores. Este analista que hace la apología militar es un burócrata de la consultoría política. Cree que es mejor justificar la ineptitud militar porque uno nunca sabe de dónde le puede caer un contrato de asesoría.
Lo que ha sobrado en Venezuela en estos años de chavismo son taumaturgos convertidos en criminales. Constructores, por acción u omisión, de cementerios verticales.
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