Los lugares comunes cunden en el lenguaje local; especialmente las ideas que, en sentido positivo o negativo, aparecen invariablemente en las conversaciones y redes sociales sobre el carácter del venezolano.
Aunque lo que más ha resaltado en medio de la tragedia en que nos sumimos desde el 24 de junio ha sido la parte oscura, que se ha manifestado particularmente en acciones de algunos individuos y de integrantes de las fuerzas del orden y de seguridad (policías y FANB), las plataformas digitales también han registrado y difundido muestras de la parte luminosa del modo de ser del venezolano.
Lo han destacado algunos socorristas que vinieron del exterior a apoyar en las tareas de salvamento, rescate y atención de las víctimas. Delegaciones de España, El Salvador, México, Costa Rica, Colombia, República Dominicana y más de una docena de naciones se han topado con una realidad que les ha conmovido. Algunos han contado acerca de la arepa que se comieron o el cafecito que se tomaron, en medio de las labores que realizaban, porque los lugareños les ofrecían comida, bebida y apoyo, aun cuando ellos mismos estaban aturdidos por sus propias pérdidas.
Agradecimiento en medio de las ruinas
Un ejemplo de este espíritu lo vivió el rescatista salvadoreño José Alexander Reyes Portillo el miércoles 1 de julio. Al cumplir 49 años en plena jornada de trabajo, la comunidad sobreviviente y los voluntarios locales hicieron una pausa para sorprenderlo.
Las imágenes de Reyes Portillo, visiblemente conmovido frente a dos tortas improvisadas mientras le cantaban el cumpleaños en el Polideportivo Rafael Vidal de La Guaira, no tardaron en hacerse virales en las redes.
Un testimonio similar aportó Bruno Sarmiento, el jefe de la Brigada Canina de España. Los especialistas europeos llegaron con toda su logística y raciones listas para ser autosuficientes, pero sus insumos, aseguró, están prácticamente intactos porque la gente en la zona de Caraballeda les suplía con generosidad de todo lo necesario. En las redes sociales lo resumió con asombro:
“Sois buenos, buenos de verdad, de lo poco bueno que hay. Tenéis una solidaridad que os engrandece… Nuestro campamento se va a quedar entero para que cuando nos vayamos lo repartan por aquí”.
Rescatistas costarricenses también se refirieron a la bonhomía del venezolano. Tras el rescate de Hernán Gil en Catia La Mar, el director de la delegación, Wagner Leiva, destacó la entereza y la disposición de los vecinos de la zona para colaborar en las maniobras, a pesar de sus propias pérdidas.
En sintonía con su compatriota, Ricardo Arias dijo que lo más bonito de la gente venezolana es su solidaridad: “Aquí pasa repartiendo café, agua, fresco, arepas… a pesar del sufrimiento, del dolor, de la tristeza, de la calamidad humana, tienen ese amor, esa entrega, esa solidaridad”.
La nobleza ciudadana
Los mismos venezolanos saludaron la generosidad y colaboración de sus compatriotas en las zonas afectadas y desde todas partes del mundo, como ha quedado registrado en las redes sociales. El ejemplo más vivo se vio en esos mismos motorizados de los que tanto nos quejamos a diario en las colas y el tránsito, y que ante la emergencia se convirtieron en la primera avanzada de socorristas espontáneos que bajó a La Guaira a salvar vidas y llevar ayuda a los afectados.
El motorizado Manuel Calcines resumió lo que ha vivido en un testimonio para El Nacional: “Conocí al verdadero bravo pueblo”.
Al final, la tragedia ha mostrado que, como suele ocurrir en situaciones extremas, algunos salieron a escarbar entre las ruinas para apropiarse de lo ajeno, pero no todos. La mayoría mostró la otra cara, la parte noble del venezolano, ese cimiento civil que no se derrumbó.



