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Tierra

Es el título en español de una serie documental de “National Geographic” (“One strange rock”, en inglés), cuyo anfitrión es celebérrimo actor Will Smith. No podía ser de otra manera, si alguien tiene experiencia en esto de ver la Tierra en el contexto de las galaxias que la circundan es Mr. Smith, que ha perseguido desde hace tiempo a esos extraterrestres malandros, que son unas despreciables cucarachas (el mundo de los insectos se encuentra siempre desprotegido de nuestros afectos y es quizá son los únicos seres vivos que pueden ser humillados sin consecuencias, sin que nadie se indigne. No hay, que uno sepa, un “comité de defensa de las cucarachas”. Muy por el contrario, en el supermercado, compramos gustosos venenos en spray para su exterminio).

En la serie, ocho astronautas nos cuentan cómo vieron a la Tierra desde el espacio y a partir de allí se construye un increíble relato de la manera como se formó nuestro planeta y la vida en él. Al parecer no fue fácil, una serie de coincidencias afortunadas se dieron en esta misteriosa roca que es la Tierra, para que la vida fuese en ella posible: la existencia de agua, por ejemplo, ese “vital liquido” que uno usa, a veces, sin mucha conciencia del tesoro que representa; la configuración de una capa de atmósfera que envuelve el planeta y le protege de agresiones, repleta del oxígeno indispensable para la vida; el impacto de agentes exógenos (como meteoritos) y endógenos (como fabulosas erupciones volcánicas) que cambiaron nuestro destino. En fin la Tierra, esta Tierra que destruimos hoy, es fruto de la paciencia de siglos. Aunque nosotros vivamos acelerados, el planeta se tomó su tiempo, tiene sus maneras. Sobre él un tipo particular de ser vivo apareció: el “homo sapiens”, que curiosamente significa “hombre sabio”.

 

Es decir un ser pensante, capaz de aprender y de comunicarse, consciente de su existencia y con una capacidad inventar “homo faber”, que  transformó al planeta y a sí mismo, para bien y para mal.

 

Trae uno esto a colación, porque vista desde el espacio, la Tierra es la casa de todos, así la percibieron los astronautas. Desde arriba no se distinguen religiones, ni pulsiones políticas, el millonario y el pobre lucen del mismo microscópico tamaño e igual de efímeros. Visto desde fuera, nuestro planeta, puede ser contemplado en un sentido distinto, “sub specie aeternitatis”, que diría Baruch de Spinoza. Creo que esto es lo que nos hace falta a los seres humanos de este tiempo, darnos una miradita desde el punto de vista de la eternidad, para evitar las infinitas pequeñeces  que nos destruyen de múltiples maneras. Al humilde entender de quien esto escribe, que no es físico ni astrónomo, algunas formas de destrucción son inevitables: tenemos que bañarnos y es aconsejable que sea diariamente y con cambio -al menos- de ropa interior, vehículos, transporte, casa cómoda, calefacción, comunicaciones modernas, etc., son necesarias e indispensables, parte de nuestro avance es haberlas conquistado, porque tampoco es que, para salvar el planeta nos vamos a dejar morir. Esta extraña roca existe porque está en la cabeza de los seres humanos y si los seres humanos se acaban, ya no habrá planeta. Por eso, tenemos que tenerlo claro: a la hora de salvar algo, lo primero que tenemos que salvar es a los seres humanos.

El planeta tiene una destrucción de uso, por nuestra existencia como animales sabios, sin embargo, la vamos atenuando con energías alternativas y racionalización de la vida, pero la que si no se atenúa y crece exponencialmente convirtiéndose en la más inquietante y dañina de las destrucciones, es la que hacemos en función de nuestra ambición de poder económico y político: dos guerras mundiales, bombas atómicas, exterminio masivo de otros homos tan sapiens como los exterminadores, legítimas protestas que por el aumento del precio del transporte que terminan destruyendo el servicio de transporte que pretendían abaratar, nacionalismos separatistas que incendian lo que quieren salvar, diversas formas de terrorismo,  dan cuenta de ello.

 

Hay muchas razones para pensar que el “homo sapiens” se está convirtiendo en los últimos tiempos (hablo especialmente de los últimos cien años) en un “homo imbecilis”. Nosotros los venezolanos podemos hablar con propiedad de ello, llevamos al “homo imbecilis” al poder y le entregamos un “kit destructivo de naciones” marca “ACME”.

 

Huir del planeta no está fácil. No tenemos otra opción que salvarlo (es decir salvarnos, salvar la vida toda) mientras algún meteorito, cuya trayectoria aún desconocemos, prepara nuestro final desde el fondo del espacio. Para salvar a la humanidad toda de los múltiples meteoritos en que nosotros mismos nos hemos convertido, hay un solo camino: hacer honor al título de “homo sapiens” con que nos hemos autonombrado. Así que, ¡a estudiar filosofía todo el mundo!, que los libros no muerden.

 

@laureanomar

Tierra extraña, por Marianella Salazar

 

Ahora sí, acaba de entrar en escena un hombre tan poderoso y hábil como el papa Francisco, que combina un inmenso poder espiritual con un considerable conocimiento geopolítico y desde la solemnidad de la misa del Domingo de Resurrección en la plaza San Pedro del Vaticano pidió una solución a la crisis que estamos sufriendo los venezolanos.

Por primera vez después de su rotundo fracaso como mediador en el conflicto entre la oposición y el gobierno venezolano y de forma absolutamente contundente, sin dejar espacio a cualquier duda, Bergolio, para asombro de quienes lo leen desde los más variados abecedarios, de los que lo ven identificado con la izquierda y resaltan sus simpatías hacia los regímenes socialistas, dio un espaldarazo por la calle del medio –urbi et orbi– a los obispos venezolanos por sus críticas al gobierno dictatorial y represivo presidido por Nicolás Maduro.

Desde la logia central de la basílica el papa Francisco dijo: “Suplicamos el fruto del consuelo para el pueblo venezolano, el cual –como han escrito sus pastores– vive en una especie de “tierra extranjera” en su propio país, para que, por la fuerza de la resurrección del Señor Jesús, encuentre la vía justa, pacífica y humana para salir cuanto antes de la crisis política y humanitaria que lo oprime, y no falten la acogida y asistencia a cuantos entre sus hijos están obligados a abandonar su patria”. Fue una alocución estudiada y sin ambigüedades la del mensaje pascual.

El Papa valoró el mensaje de la CEV, publicado el pasado 19 de marzo, en el que fustigan el Plan de la Patria, al que tildan de nefasto. Allí los obispos no se ahorran calificativos para desnudar al desnaturalizado régimen que nos oprime: “En los últimos tiempos Venezuela se ha convertido en una especie de ‘tierra extraña’ para todos. Con inmensas riquezas y potencialidades, la nación se ha venido a menos, debido a la intención de implantar un sistema totalitario, injusto, ineficiente, manipulador, donde el juego de mantenerse en el poder a toda costa del sufrimiento del pueblo es la consigna. Junto a esto, además de ir eliminando las capacidades de producción de bienes y servicios, ha aumentado la pobreza, la indefensión y la desesperanza de los ciudadanos”.

El Vaticano y los pastores venezolanos trabajan para que el bloqueo impuesto por el gobierno que nos condujo a vivir o huir de un país en ruinas, desorganizado y herido, pueda avanzar sin más traumas hacia un verdadero cambio, pacífico, gradual y democrático. No creo que el Papa, por sí o en sí, logre cambiar demasiadas cosas en Venezuela, pero sus palabras, refrendando los documentos emitidos por la Conferencia Episcopal, sí refuerzan el espacio que hoy por hoy se ha ganado la Iglesia en el corazón de esos venezolanos desesperanzados y coléricos, afligidos y desesperados, decepcionados y pesimistas, de aquellos que no comen ni duermen, de quienes se olvidaron de reír y no le encuentran sentido a una vida tan miserable y terrible como la que padecemos aquí.

La religión también nos ofrece un espacio para la resistencia política, en la que se cultiva todo lo que el régimen devastador ha pervertido en casi veinte años: la historia, la verdad, la ética y la solidaridad. La visión geopolítica de Francisco está fijada tanto en el presente como en los sucesos que inexorablemente vendrán después del esperado cambio; se producen cuando se avecina un quiebre vertiginoso del sistema; quiere lograr que Venezuela avance hacia una mayor libertad y alejarla decididamente de cualquier transición violenta, para alcanzar una tierra más justa y unida y no esta “tierra extraña” que con tanto acierto han denunciado los obispos.

Tierra de hombres, barro de pacatos, por Armando Martini Pietri

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La democracia venezolana del siglo XX fue forjada por hombres y mujeres encendidos en dignidad, conocimiento, inteligencia, voluntad y coraje. En aquel país, confinado por dictaduras, los jóvenes salieron a las calles para enfrentar al más feroz e implacable tirano a pecho abierto, desarmados y en el corazón la Patria con mayúsculas y orgullo. Fueron encarcelados, torturados, exiliados, asesinados, pero no cambiaron un ápice su pensamiento y atrevimiento de transformar esa nación alicaída en una democracia justa, legal y moderna.

 

Apostaron al país sin ambigüedades, no al provecho partidista ni ventajas personales, tenían estrategia, método, planes, no improvisaron ni eran habladores de estulticias y sandeces, estaban atiborrados de acción, esperanza y muchas ganas, jamás recularon en el exilio, clandestinidad, prisiones y mazmorras. ¿Alguien puede imaginarse a Rómulo Betancourt dejándose ningunear por un patán gubernativo? Jóvito Villalba cometió errores políticos, pero en ningún tiempo dejó de lado la valentía de enfrentarse a déspotas opresores y sus mandaderos malandros del abuso y muerte. Gustavo y Eduardo Machado persistieron en su marxismo por encima de persecuciones, destierros, cárceles y presión social, de ningún modo transigieron, hoy serían, sin duda, adversarios del madurismo. Para sólo recordar unos pocos, sin olvidar a los partidos COPEI, AD, URD, sus militantes, ciudadanos anónimos arrestados, atormentados, difuntos, organizaciones sociales, jóvenes estudiantes de la UCV y UCAB que se declararon en huelga convocada de manera clandestina por la Junta Patriótica y el Frente Universitario, que rápidamente se extendió, en fin, una Venezuela que se puso al servicio de la libertad y la democracia sin considerar las consecuencias, solo se entregaron en el objetivo de un mejor futuro y oportunidades para sus hijos.

 

La gran verdad -hoy motivo de vergüenza para los nuevos politicastros- es que todos ellos fueron venezolanos que vivieron y murieron con la frente, espíritu y conciencia en alto. Pusieron la cara en sus virtudes y equivocaciones, no se escondieron, ni ocultaron intenciones. Lo que negociaron, lo anunciaron y después dieron las batallas, una y otra vez, para cumplir lo que trataron, pactaron y divulgaron. Ninguno de ellos se esfumó ni murió en el escándalo, sonrojo o aturdimiento teniendo que bajar la mirada frente a los ciudadanos. Por el contrario, los libros de historia, sus acérrimos adversarios y enemigos, hoy los reconocen, como lo que fueron, dignos, honorables y decorosos venezolanos.

 

Fueron ciudadanos a los cuales, ni siquiera los crueles esbirros, pudieron faltar el respeto. Cuando hubo que jugarse la vida, lo hicieron sin vacilaciones ni titubeos, cuando por sanidad y coherencia política asumieron permitir la división de sus partidos, dejaron sin parpadear que fuera así, por eso mismo sus organizaciones siguieron siendo poderosas y emblemáticas, mientras confusos, imprecisos doble discursos y temerosos fueron cayendo en el olvido e intrascendencia.

 

Fundadores de democracias y forjadores de demócratas.

 

Con ciudadanos como aquellos, ni el oficialismo extraviado, trastornado, delirante y humillante, ni la oposición contradictoria, incoherente, de liviandad intolerable de hoy, hubieran existido. Los tiranos de aquellos tiempos los barrerían sin esfuerzo como minusválidos políticos. Los demócratas que se les enfrentaron y los derrotaron no hubieran cobijado a necios e inmorales como los de estos tiempos de carnavales de papelillo sin música.

 

Era otra Venezuela, aquella que decidió sin inmutarse ni tembleques, desconocer diplomáticamente las dictaduras militares. La que obligó orgullosa sin aquiescencias solicitar la expulsión de Cuba en la OEA por sus violaciones flagrantes e insolencias a la soberanía nacional. Intentaron invadir el suelo patrio por Machurucuto al este del Estado Miranda ¿se acuerdan? El castro-comunismo siempre injerencista con dinero, armas y conspiraciones, lo mismo de lo cual se quejan amargamente los castro-maduristas cada vez que algún jefe de Estado dice la verdad, algo que no gusta y duele. Aquella Venezuela fue la que nacionalizó la industria petrolera sin que se perdiera un barril de crudo, la que derrotó con fuerza, decisión e ideas al perverso y nocivo comunismo que ya entonces era doctrina para gafos y tontos.

Seamos realistas, no tenemos esa Venezuela, no existe, pero hay que recuperarla. Ya no somos el punto de referencia del continente, sin embargo, tenemos que volver a serlo. Tampoco refugio de perseguidos, sino emisores de decepcionados, engañados y acosados, pronto les daremos la bienvenida a nuestros exiliados políticos. Somos un país en caída libre nos lanzaron por un abismo que no parece tener fondo. Los que concibieron la libertad y democracia del siglo pasado no han tenido herederos meritorios y apropiados, como tampoco los tuvo Simón Bolívar ni quienes le acompañaron en la lucha por la soberanía de América.

 

Nos hemos convertido en un país de secretos pícaros y secretismos desvergonzados, mentiras chocantes, negociaciones despreciables, infectados de populismo exacerbado y vetusto; peor, más doloroso, dirigentes indignos de dirigir. Pero no hay que amilanarse, desmayar ni acongojarse, los ciudadanos venezolanos de buenas costumbres y principios éticos morales, son la gran mayoría y tienen la fuerza y condiciones para derrotar a los sinvergüenzas, bandidos y corruptos de cuello blanco, hampones, bandoleros y cuatreros bolichicos, testaferros mugrientos y cooperantes sin escrúpulos ni recato, para que Venezuela regrese a la gloria, respeto, suficiencia y orgullo de ser venezolano.

 

@ArmandoMartini 

 

NASA descubre un sistema solar con siete planetas como la Tierra

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Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto un nuevo sistema solarcon siete planetas del tamaño de la Tierra. Está a unos 40 años luz de nosotros, en torno a una estrella tenue y fría de un tipo conocido como “enanas rojas”. En la Vía Láctea, esta clase de astros son mucho más abundantes que las estrellas como el Sol y, recientemente, se han convertido en el lugar predilecto para buscar gemelos terrestres que podrían albergar vida, según explicaron los investigadores y responsables de la NASA en rueda de prensa. “La cuestión ahora no es si encontraremos un planeta como la Tierra, sino cuándo”, han asegurado.

El nuevo sistema solar orbita en torno a Trappist-1, un astro del tamaño de Júpiter ubicado en la constelación de Acuario. El año pasado, un equipo internacional de astrónomos halló tres planetas orbitando en torno a este astro, con tan solo un 8% de la masa del Sol. En un nuevo estudio publicado hoy en la revista Nature, el mismo equipo confirma la existencia de esos tres mundos y anuncia otros cuatro. Todos tienen un tamaño similar a la Tierra, pero están mucho más cerca de su débil estrella, lo que les permitiría albergar agua líquida, condición esencial para la vida. Se trata del sistema solar con más planetas del tamaño de la Tierra y que podrían contener agua que se ha hallado hasta la fecha, según un comunicado del Observatorio Europeo Austral (ESO).

En febrero y marzo de 2016, los astrónomos usaron el telescopio espacial Spitzer de la NASA para captar las minúsculas fluctuaciones en la luz del astro que se producen cuando los planetas pasan frente a su estrella. Telescopios terrestres en Chile, Sudáfrica, Marruecos, EE UU y la isla de La Palma, en Canarias, dirigieron también sus lentes hacia Trappist-1 entre mayo y septiembre. Las observaciones confirman la existencia de seis planetas, Trappist-1 b, c, d, e, f y g, según su proximidad decreciente al astro, y sugieren la existencia de un séptimo, h, aún no confirmado. Los seis planetas confirmados parecen ser rocosos, como la Tierra, Marte, Venus y Mercurio, aunque algunos podrían ser mucho menos densos. Trappist-1 y sus mundos se parecen mucho a Júpiter y sus lunas heladas Io, Europa, Ganímedes y Calisto, algunas también candidatas a albergar vida.

“Es un sistema planetario alucinante, no solo porque haya tantos sino porque su tamaño es sorprendentemente similar al de la Tierra”, dice Michaël Gillon, investigador de la Universidad de Lieja (Bélgica) y autor principal del estudio. “La pregunta de si estamos solos en el universo se resolverá en las próximas décadas”, ha dicho Thomas Zurbuchen, investigador de la NASA, durante la rueda de prensa. No será viajando, o al menos por ahora: para llegar allí con la tecnología actual, necesitaríamos unos 300.000 años.

El planeta más cercano a su sol tarda un día en completar una órbita y el más alejado, 12. Los tres primeros están demasiado cerca de la estrella, con lo que probablemente tienen climas demasiado abrasadores como para que el agua no se evapore de su superficie, según los modelos climáticos usados por los astrónomos. Es probable que h, con un tamaño más parecido al de Venus o Marte, sea un mundo helado por su lejanía a la estrella. Los tres planetas restantes están dentro de la llamada “zona habitable” y pueden albergar océanos, según el ESO.

Lo más importante de este descubrimiento es que puede permitir observar por primera vez la atmósfera de uno de estos planetas, explica Guillem Anglada-Escudé, astrónomo barcelonés que trabaja en la Universidad Queen Mary de Londres. Se trata de un logro científico que bien vale un Nobel y uno de los pasos previos fundamentales en la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar. El año pasado, Anglada-Escudé descubrió el exoplaneta del tamaño terrestre más cercano a la Tierra, a cuatro años luz.

Observar la atmósfera

Este mundo también orbita en torno a una enana roja, Próxima Centauri, y puede estar cubierto por un gran océano. Aún está por ver si tiene atmósfera, una condición casi esencial para la vida, y si esta es observable desde la Tierra. En los planetas de Trappist-1 “es posible que el telescopio espacial Hubble pueda analizar si hay atmósfera en alguno de estos planetas y es bastante probable que el Telescopio Espacial James Webb, que se lanzará el próximo año, lo pueda confirmar”, explica el astrónomo.

Su situación les permitiría albergar agua, condición indispensable para la vida

Aunque no se pueden ver a simple vista desde la Tierra, tres de cada cuatro estrellas en nuestra galaxia son enanas rojas, así que es posible que descubrimientos como el de hoy se conviertan en la norma. El nombre de la estrella responde al acrónimo de Telescopio Pequeño para Planetas en Tránsito y Planetesimales (Trappist), un sistema de dos observatorios robóticos de la Universidad de Lieja (Bélgica) que está rastreando las 60 estrellas enanas frías más cercanas a la Tierra en busca del tránsito de planetas habitables. Se calcula que por cada planeta que se consigue detectar con este método “hay entre 20 y 100 veces más planetas” que no lo hacen, explica Ignas Snellen, de la Universidad de Leiden (Holanda), en un comentario al artículo original que se publica en Nature.

Por eso este hallazgo debe ser un recordatorio a los terrícolas de que no hay razones objetivas para sentirse especiales. “Encontrar siete planetas en una muestra [de estrellas analizadas] tan pequeña sugiere que el Sistema Solar con sus cuatro planetas rocosos puede que no sea nada fuera de lo normal”, escribe el investigador en un comentario al artículo original en Nature. ¿Pueden estos planetas alojar vida? Imposible saberlo por ahora, dice Snellen, pero “una cosa es segura: en unos cuantos miles de millones de años, cuando el Sol haya agotado su combustible y el Sistema Solar deje de existir, Trappist-1 seguirá siendo una estrella en su infancia. Consume hidrógeno tan despacio que seguirá viva unos 10 billones de años, 700 veces más que la edad total del Universo y, posiblemente, es tiempo suficiente como para que la vida evolucione”, concluye.

Recuperación de nuestra agricultura, por Eddie A. Ramírez S.

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La agricultura es la cenicienta de nuestra economía. Hasta 1925 las exportaciones agrícolas, básicamente café y cacao, fueron nuestra principal fuente de divisas. Antes de esa fecha,  la información técnica sobre prácticas agronómicas era escasa. Por ello la producción por unidad de superficie era muy baja. Ya bien entrado el siglo XX, gracias a la investigación se produjeron grandes avances a nivel mundial, pero nuestra agricultura sigue siendo la cenicienta en busca de políticas agrícolas de largo plazo que permitan aumentar la producción, la productividad y mejorar la calidad de vida en el medio rural.

Hemos tenido buenos agricultores y ganaderos y excelentes profesionales del agro. Nuestros  centros de enseñanza e investigación han generado valiosa información. Ocasionalmente se han logrado importantes avances de la producción y de la productividad, pero con fluctuaciones que han impedido un desarrollo sustentable. Algunos atribuyen al petróleo  la causa de que la agricultura no progrese o la haga con altibajos. Ello no es cierto y las estadísticas al respecto son claras.  Sin embargo, es notorio que la sobrevaluación de nuestra moneda, a causa del ingreso petrolero, favorece las importaciones.

El problema básicamente  radica en que el hombre de la ciudad no entiende la complejidad y los riesgos del negocio agrícola y ello se refleja en la falta de apoyo sostenido al sector. Algunos alegarán  que la agricultura ha tenido  subsidios al crédito, a insumos como los fertilizantes, políticas de contingentar  mediante las cuales solo se permitía importar rubros cuando estaba garantizada la colocación de la cosecha nacional, y precios por encima de los vigentes en el mercado mundial. Ello es cierto, pero en forma indiscriminada, esporádica, a veces contraproducente,  a destiempo y sin un plan coherente.

Desde que están los rojos en el poder, con la excepción del ministro JJ. Montilla, la cartera de Agricultura ha sido ocupada por ineptos. Invasión de fincas en producción, inseguridad jurídica y personal, escasez de insumos, infraestructura rural deteriorada, fijación de precios por debajo del costo de producción, debilitamiento de la enseñanza y la investigación por falta de presupuesto adecuado, desaparición de la asistencia técnica inciden en el deterioro del sector, con avances en solo unos pocos rubros y gracias al esfuerzo de los agricultores.

Al respecto recomendamos la lectura del libro del distinguido colega Pedro Raúl Solórzano, titulado ¨Recuperación de la agricultura venezolana post socialismo del siglo XXI¨, disponible en Amazon. Con la autoridad de su gran experiencia, Solórzano plantea no solo los problemas, sino que realiza valiosos aportes para la recuperación de nuestra agricultura vegetal.

Este autor  narra la problemática actual y posibles soluciones  en cuanto a inseguridad, disponibilidad de suelos y aguas, infraestructura rural, maquinarias y equipos, insumos para la producción, educación, investigación, extensión y asistencia técnica. Además aborda la producción de arroz, maíz, sorgo, girasol, soya y caña de azúcar.

Es importante mencionar que en el pasado el sector privado realizó importantes aportes al desarrollo de algunos rubros. En el caso del sorgo, Solórzano destaca los  logros de Protinal en  la investigación de  híbridos.

De mi parte añado que los estados llaneros están en deuda con don Eugenio Mendoza, ya que gracias a ese cultivo la ganadería pasó de trashumante a sedentaria. En soya hay que tener presente el impulso dado por la Fundación Polar,  ahora Fundación Danac del mismo grupo. En maíz por Foremaíz y en cítricos y uva por las asociaciones de productores.  En cuanto a investigación aplicada a nivel de finca y asistencia técnica, me permito recordar al Servicio Shell Para el Agricultor, devenido en Fusagri, que dio un aporte fundamental a la producción de hortalizas y control de malezas, plagas y enfermedades. Palmaven, filial de Pdvsa, también realizó aportes al agro conjuntamente con el sector privado.

Felicitamos a Pedro Raúl e instamos al sector político a leer su libro, del cual pueden extraer información para el Plan que deben elaborar para recuperar nuestra economía.

Como (había) en botica: Con gran pesadumbre recibí la noticia del fallecimiento del ingeniero agrónomo JJ. Cabrera Malo. Profesional de primera y gran venezolano que logró la titánica tarea de poblar de pinos las sabanas de Uverito en Monagas, que constituyen la siembra forestal más extensa del mundo, unas 500.000 hectáreas, de las cuales los rojos han permitido que se queme un 10%, según información recogida por Bocaranda. Además, el Dr, Cabrera era un caballero a carta cabal y llegó a ser ministro del Ambiente. La Sala Inconstitucional actuó como de costumbre. Repudiamos la agresión de un efectivo de la Guardia Nacional a Antonieta Mendoza de López.  A Yulimar Rojas, medalla de plata, se sumaron con bronce  Stefany Hernández en BMX  y  Yoel Finol en boxeo. Felicitaciones a los tres. ¡ A marchar  este 1 de setiembre para exigir revocatorio y elecciones regionales este año! ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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Ago 07, 2016 | Actualizado hace 3 años
¡Que vivan los burros! por Carlos Dorado

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¡Les confieso que siempre he sentido un gran cariño  por los burros! Quizás por el hecho de que mi infancia estuvo marcada por estos nobles animales, pues eran el medio de transporte, de carga y de diversión más popular en mi pueblo.

A lo mejor, no son tan elegantes y vistosos como los caballos; pero tienen otras muchas cualidades que los hacen muy especiales. Primero, son más longevos. Segundo, sus rebuznos los emiten a un volumen tan alto que les permite mantenerse en contacto a distancias de hasta tres kilómetros. Esto explicaría, por qué en mi pueblo tenían una especie de comunicación secreta entre ellos. También sus largas orejas son motivo de burla, recordándome a Don Delio (el maestro de mi escuela), quien hizo en papel unas orejas de burro, que nos las ponía cada vez que no respondíamos correctamente, dejándonos de pie en un rincón y mirando hacia la pared. Pero las orejas le sirven al burro para percibir mejor los sonidos, y poder disipar más su calor corporal.

Inclusive, los burros tienen un sistema digestivo muy resistente, y menos propenso a los cólicos que los caballos, lo que les permite consumir mayor variedad de plantas y extraer agua del alimento de forma muy eficiente, necesitando menor cantidad de alimento que los caballos de tamaño y peso equivalentes. También pueden vivir en zonas inhóspitas e inaccesibles; y aunque no son tan rápidos y fuertes como los caballos; el mantenerlos cuesta menos, tienen gran resistencia, y son más ágiles en terrenos abruptos e irregulares.

Hasta en muchos cuentos que solía contarme mi madre, este noble y bello animal estaba como figura principal. Recuerdo especialmente éste: “Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino no sabía qué hacer. Finalmente, decidió que el burro ya estaba viejo, y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; así que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo. Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a echarle tierra al pozo.
El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró desconsoladamente. Luego; para sorpresa de todos, se aquietó después de unas cuantas paladas de tierra.
El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio. Con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: Se sacudía la tierra, y daba un paso por encima de ella. Muy pronto todo el mundo vio sorprendido cómo el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando.
Carlos (me decía entonces mi madre), la vida siempre va a echarte tierra; todo tipo de tierra. El truco para salir del pozo es sacudírsela y usarla para dar un paso hacia arriba”

También los burros tienen mala reputación por su terquedad; pero esto es una equivocada interpretación de algunas personas, pues poseen un instinto de conservación altamente desarrollado. Es difícil forzar a un burro a hacer algo que contradiga sus propios intereses. Son animales inteligentes, cautelosos, amistosos, juguetones e interesados en aprender. Una vez que uno se gana su confianza, pueden ser muy buenos compañeros en el trabajo, y en la vida.

Cada vez que regreso a mi pueblo, veo menos burros, y los extraño con nostalgia, por haber sido esos compañeros solidarios en momentos tan difíciles. Unos animales tan nobles con la humanidad y tan maltratados por la historia. ¡Que vivan los burros!

 

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ElPais.ES Feb 29, 2016 | Actualizado hace 4 años
Año bisiesto ¿Qué es y por qué existe?

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Si queremos entender por qué existen los años bisiestos debemos fijarnos en el movimiento de la Tierra alrededor del Sol: nuestro planeta rota 365,24219 veces durante una órbita completa alrededor del astro, por tanto un año dura 365 días, 5 horas, 48 minutos y 56 segundos, no 365.

Al emperador Julio César se le ocurrió crear el año bisiesto. Si cada año nosotros contamos esos 365 días, perdemos esas 5 horas que deberemos recuperar. Durante tres años contamos esos 365 y al cuarto recuperamos el día que falta, los 29 días que tiene febrero, el año bisiesto.

¿Qué pasaría si no añadimos ese día?

El año bisiesto tiene una buena explicación. Si no añadiéramos un día completo cada cuatro años, las estaciones acabarían descompasadas del calendario, de tal manera que después de unos 700 años, en el hemisferio norte la Navidad caería en mitad del verano. Al revés, en el hemisferio sur.

Fue en el año 44 antes de Cristo, al adaptarse al calendario juliano —basado en el movimiento del Sol—, cuando los años pasaron a tener 365 días, divididos en doce meses de 30 o 31 días salvo febrero, con 28. Siendo conscientes los romanos de que los 365 días no eran un cálculo exacto, cada cuatro años añadían un día más al calendario. Posteriormente, en el año 1582, el calendario gregoriano (promovido por el papa Gregorio XIII) sustituyó al juliano y ajustó un poco más el desfase que todavía existía con el calendario juliano añadiendo excepciones a los años bisiestos: no lo serán los años múltiplos de 100, salvo si son también divisibles por 400. Por este motivo, el año 1900, que debería haber sido año bisiesto, no lo fue (es múltiplo de 100 y no es divisible por 400). Y el año 2000, que es múltiplo de 100, pero también es divisible por 400, sí que lo fue. Del mismo modo, los años 2100 y 2200 no serán años bisiestos.

Los años actualmente tienen 365 días, 5 horas, 49 minutos y 12 segundos. Pese a este ajuste todavía se acumula un desfase de unos segundos, con lo que para que se acumule un día de error tendrán que pasar más de 3.200 años.

Homenaje en Internet

Este 2016 es un año bisiesto y Google dedica un doodle especial a esta búsqueda. Curiosidades, mitos, y anécdotas salen a la luz para hablar de esta singular jornada que ocurre cada cuatro años. Un ciclo que afecta a aquellos que nacieron un 29 de febrero, y que con la llegada del año bisiesto pueden celebrar su cumpleaños.

 

Nos tocará a Marte por Laureano Márquez

Marte

 

  Marte, el planeta floreciente que fue destruido por el capitalismo salvaje, según se dijo en algún momento de nuestra historia contemporánea, ha vuelto a ponerse de moda. Hay agua -que es mucho más de lo que puede decirse de nuestros supermercados- y a cada momento se encuentran nuevas evidencias de que sin duda ese planeta será la tabla de salvación para que la civilización terrícola encuentre un nuevo hogar. Parece que es mucho más fácil -y hasta barato- habilitar un nuevo planeta que arreglar este. Con una emigración al planeta rojo controlada y selectiva, quizá el ser humano encuentre un lugar seguro de paz, sin guerras ni terrorismo, sin crímenes ni hambrunas.

     Qué misterio el de la humanidad. Cuentan los astronautas que cuando observaban a La Tierra desde el espacio, toda ella era su casa, independientemente de si habían nacido en Ohio o contentos. Somos los terrícolas, salimos de las cavernas, construimos civilizaciones y mientras más inteligencia alcanzamos, contradictoriamente, más peligra nuestro destino. Por eso exploramos otros mundos, somos inquietos buscadores. Conquistaremos el universo, sin duda. No es descabellado imaginar el final de nuestro planeta, no como consecuencia de la explosión del sol o algún inoportuno asteroide, seguramente seremos nosotros mismos los autores del desastre y al final una nave de la NASA al estilo de  la serie “Viaje a las estrellas”  abandonado el planeta  con una selección de humanos previamente entrenados que se dedicarán a viajar por el espacio infinito en búsqueda de nuevas fronteras. En ese tiempo seguramente Marte ya será una colonia.

    La tierra será entonces una hecatombe de fundamentalísimos, terrorismo y narcotráfico, las grandes  fuerzas emergentes de este tiempo.  Bombas nucleares en poder de fanáticos irán explotando hasta contaminar la atmósfera terrestre y no quede nada. Vientos huracanados borraran todo rastro de civilización hasta que algún día otro planeta estudie nuestro suelo y observe con asombro que quedan rastros de agua y que algunos microbios sobrevivieron y que quien quita que alguna vez haya habido vida en ese misterioso planeta oscuro. Para ese entonces,  los que se fueron tendrán un vago recuerdo de aquel maravilloso lugar del que salieron. La reprogramación dirigida de sus mentes para adaptarlos a la vida espacial y al claustro de los viajes interéstelares, habrá borrado de su cerebro todo recuerdo de que una vez habitaron un planeta azul. Quien quita que un gen venezolano vaya en esa nave. Compatriotas nuestros que son auténticos genios ya trabajan en la NASA.

     Particularmente creo que los venezolanos de este tiempo, sin saberlo, ya estamos entrenando para este viaje que dura alrededor de tres años. Por estos lares, la gente sale de su casa lo menos posible, como consecuencia de la inseguridad y eso nos está ayudando a acostumbrarnos a vivir en ambientes cerrados. Las fallas en el suministro de agua enseñan a bañarte con totuma (¡sabrooooso!) con el menor gasto del vital líquido. El entrenamiento en la ausencia de papel de baño, también nos ayuda a sobrevivir en este viaje tan largo donde toda la higiene íntima funciona por aspiración. En un vuelo a Marte hay que olvidarse del champú del desodorante aerosol y del jabón. No creo que ningún otro terrícola este tan preparado como los nosotros. Estamos capacitados para sobrevivir a las mayores adversidades e incluso a sacar provecho de aquello que acabaría con otros seres humanos.

      El lector se preguntará: ¿y qué tiene que ver todo esto con el grave momento que vive el país?

Respuesta: ahhh, mucho, y es que si no votamos el 6 de diciembre y tratamos de evitar el desastre en  el pedacito de planeta que nos toca, quizá en verdad tengamos que irnos  a Marte, pero no en el Enterprice en un futuro lejano, sino el año que viene…y en bicicleta.

      

@laureanomar