Laureano Márquez, autor en Runrun

Laureano Márquez P.

Sippenhaft criollo, por Laureano Márquez P.
El sippenhaft nazi también se practica hoy en Venezuela, tal como lo denuncia el informe de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU

 

@laureanomar

El término viene del alemán (bueno sippenhaft, porque el criollo es criollo). Aparece mencionado en el reciente informe del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre las violaciones a los derechos humanos en Venezuela. Se trata de un concepto jurídico usado en la Alemania nazi según el cual la responsabilidad por los llamados «delitos contra el Estado» se extendía a los familiares del acusado, quienes eran imputados y juzgados también y, en algunas oportunidades, hasta condenados a muerte.

La brillante idea se le ocurrió a Heinrich Himmler, lugarteniente de Hitler, constructor y supervisor de los campos de exterminio, entre otras aberraciones confiadas a su cargo. Al parecer, interesado desde muy temprana edad en el ocultismo y el misticismo, intentó desde este ámbito desarrollar un discurso en apoyo a la idea de la superioridad racial aria. Inspirado en los caballeros teutones de la Alemania medieval, Himmler desarrolló toda una filosofía y hasta una teología, organizando una «Iglesia de la orden teutónica» con la que pretendía sustituir a la Iglesia católica. Entre las cosas que rescató de ese supuesto esplendor ancestral, estaba la idea de que, ante un grave delito, la costumbre teutona era condenar a todo el clan familiar del acusado apelando al principio de la «corrupción de la sangre».

Este principio se aplicó en la Unión Soviética de Stalin, en la China de Mao, en la Cuba de Castro (entre otras tiranías) y se aplica en la Venezuela de hoy. En el informe de la comisión se relatan varios casos, tanto de prisión a familiares como amenazas de asesinar a parientes si el acusado no procede y declara inculpándose, conforme a los requerimientos del organismo del Estado que lo retiene, casi siempre de manera ilegal. En la mayor parte de los casos que en el informe de la comisión se detallan, las amenazas con ocasionar daño a los familiares están presentes. También el acoso cuando estos intentan ejercer los derechos que la constitución y las leyes otorgan para la protección de los procesados.

Hay un documental en Netflix sobre la formación de las tiranías (Cómo se convirtieron en tiranos), Venezuela reúne todos los requisitos que en él se detallan desde hace un par de décadas. Personajes siniestros que no se detienen ante ninguna norma jurídica o moral someten a una nación entera a su ambición ilimitada de poder.

Video: Cómo se convirtieron en tiranos Trailer Netflix | Isaac

Se trata de una forma de dominación que deja tras de sí una estela de destrucción y muerte que acaba empeorando todos los males en contra de los cuales supuestamente insurgieron sus protagonistas. Sin duda, la Venezuela anterior al régimen chavista tenía muchas dificultades, distorsiones y vicios, pero en las últimas dos décadas todos ellos han alcanzado dimensiones que en los años anteriores a 1998 nunca alcanzamos a imaginar ni siquiera en el escenario más apocalíptico.

Para mantenerse en el poder, el mejor recurso con el que cuentan las tiranías es el miedo. Hay que asustar a la población para que no se atreva a rebelarse. Para ello no solo hay que perseguir a quien intente hacerlo, sino disuadirlo amenazando a sus familiares: padres, pareja, hijos y parientes cercanos, para que entienda que sus acciones pueden dañar incluso a sus seres queridos, sin importar si son o no partícipes de ellas. Es el sippenhaft nazi, que también se practica hoy en Venezuela tal como lo denuncia el informe de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Microdiccionario de la extradición, por Laureano Márquez P.
Dado que la extradición ha pasado a ser el primer tema de interés nacional, tanto que algunos proponen que solo se dialogue entre extraditables, ofrecemos este microdiccionario que puede ser de utilidad en México

 

@laureanomar

Alegato: el gato de Alex en Cabo Verde. Se discute si debe ser extraditado con él a los Estados Unidos o si, por el contrario, debe permanecer libre en el archipiélago y formar parte de una mesa de maullidos.

Bienes: todos aquellos fondos o recursos con los que cuentan los corruptos para prolongar su defensa sine die. De hecho, cuando los jueces del imperio inquieren al supuesto presunto implicado preguntándole: «¿Bienes?», estos siempre responden: «no, no voy».

Clandestino: el destino del quien tienen que vivir en permanente fuga para evadir la justicia.

Cacareo: confrontación de testigos cuando la denuncia es contra el pollo.

Derecho de asilo: el derecho que tiene todo extraditable, una vez alcanzada la ancianidad posponiendo la extradición, de tener acceso a una residencia de mayores.

Enajenación: cuando los extraditables, fingiendo demencia, ponen sus bienes a nombres de terceros, tan hampones como ellos, los llamados «testaperros».

Fallo: cada vez que un juez decide favorablemente una extradición y esta no llega a realizarse.

Honoerario: dinero proveniente del robo al erario público con en que los corruptos pagan a sus abogados.

Impunidad diplomática: cuando te designan para un cargo diplomático luego de que te han apresado.

Justicia: perpetua y constante voluntad de dar a cada uno lo suyo (véase soborno).

Laguna del Derecho: laguna en la cual los extraditables navegan en sus lujosos yates.

Minoridad penal: término jurídico usado para designar el «trapito» al que aluden ciertas reinas de belleza. De momento nadie ha sido extraditado por ello.

Ordenamiento: conjunto de leyes de que al final se convierten en mentira porque nunca llegan a cumplirse.

Robolución: cambio violento de gobierno de uno que roba algo a otro que se lo roba todo.

Sapeo: lío que puede formarse cuando el extraditado comience a implicar a todos aquellos que tienen deudas pendientes con la justicia.

Soborno: «al cohecho, pecho». Frase favorita de los extraditables.

Tránsfuga: manera de escapar a la justicia pasándose al bando contrario, fingiendo detestar ahora todo lo que una vez se apoyó

Vitalvicio: dícese aquello en lo que puede acabar convirtiéndose un juicio para la extradición.

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El fin del mundo, por Laureano Márquez P.

«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá del hombro de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia». (Roy Batter, Blade Runner).

 

@laureanomar

Un documental sobre el fin del mundo nos hacía meditar sobre la futilidad de todo lo que a veces nos parece trascendente y la importancia de aquellas pequeñas cosas que diría Serrat. Todo cuanto nos agobia (Maduro incluido) y también cuanto nos da felicidad y esperanza (Serrat incluido), algún día será polvo cósmico flotando en el infinito. Todo el dinero del multimillonario de Cabo Verde y también los que han padecido hambre y pobreza a causa de sus negociados. Todos estaremos mezclados en la nada eterna. También la momia de Lenin y las moscas.

El fin del mundo ha estado siempre presente en nuestra cosmovisión del universo. La intuición de que todo esto algún día habrá de terminar nos acompaña desde que nos volvimos sapiens en las orillas del río Zambeze hace 200 000 años. Cuando uno lo piensa en profundidad, lo que resulta asombroso no es que volvamos a la nada; lo sorprendente, maravilloso e increíble que es que hayamos sido algo, que estemos aquí, en un planeta en el que se dieron todas las condiciones para la vida (hasta donde hemos podido rastrear no hay otro) y encima vida inteligente (aunque a veces tengamos dudas), capaz de pensar, de elaborar teorías, de rezar. A veces nos invade la sensación de que todo esto es un sueño. ¿Quién lo estará soñando? «Dios mueve al jugador y este la pieza», nos dirá Borges en este tablero eterno que jugamos de «negras noches y de blancos días».

Cuando miras las cosas sub specie aeternitatis, es decir, desde la óptica de la eternidad, que diría Spinoza, es inevitable pensar en la brevedad de todo, comenzando con nuestras propias vidas. Tiempo es lo único que tenemos y lo perdemos con demasiada frecuencia. Nos cuesta entender su efímera condicionen. San Agustín decía “Si nadie me pregunta qué es el tiempo, lo sé, pero si me lo preguntan y quiero explicarlo, ya no lo sé”. Eso que no podemos explicar nos desgasta y con facilidad caemos en cuenta de ello al contemplar una vieja fotografía nuestra.

Debemos tratar de que esa invisible partícula de polvo, «ese olvido que seremos» sea una partícula impregnada de amor y felicidad.

Es verdad que todo lo que hemos sido, somos y seremos es infinitamente pequeño frente a la dimensión del universo. Pero, por otra parte, también es inmenso. Decía Kant: «Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto: el cielo estrellado sobre mi cabeza y la ley moral en mi corazón». Dicho en otras palabras, somos también infinitos hacia el interior. Tenemos sensaciones, sentimientos y una ley moral que nos hace verdaderamente libres y humanos. Debemos brillar entonces, como una estrella fugaz.

En fin, cuando uno medita en todas estas cosas, irremediablemente surge Dios. En lo personal, tantas casualidades me resultan increíbles. Mantengo la fe en la trascendencia de nuestro espíritu, así que con Horacio digo «Non omnis moriar multaque pars mei vitabit Libitinam»: no moriré yo del todo y gran parte de mi escapará a Libitina (la muerte).

El fin del mundo será, sin duda, lo más democrático que nos sucederá. La única angustia que en verdad sobre este tema tan trascendente me surge, aturdiéndome, es que el final del mundo llegue y Maduro siga.

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Entre el dolor y la nada, por Laureano Márquez P.
«Entre el dolor y la nada, prefiero el dolor». Quizá esta frase de William Faulkner es la que mejor define la actual situación de la oposición venezolana

 

@laureanomar

El cambio de rumbo de la oposición venezolana, de toda ella, desde la que pedía una invasión inmediata de los marines norteamericanos, hasta la más cercana al régimen, denominada por algunos «colaboracionista», marcará la orientación de la nación venezolana en los próximos años. No es este un comentario hecho con la intención de malponerlos ni acusarles de debilidad o docilidad frente al régimen totalitario. Por el contrario, hemos visto a lo largo de estos 21 años muestras de valentía, compromiso y lucha que harán historia. Vidas arrebatadas con indolencia, especialmente entre nuestra juventud.

La oposición venezolana ha terminado tomando el derrotero que las circunstancias le permiten. «Nunca es dura la verdad, lo que no tiene es remedio». Entre proclamar una salida mágica y transitarla, como hemos visto, puede mediar un abismo. Si hubiese otro camino más expedito, ya lo habrían tomado, porque supone uno que a ningún opositor le resulta sencillo digerir la idea de la prolongación de esta tragedia, más allá incluso de la fecha que en habían profetizado su caducidad: el 2021. El régimen, pues, se ha anotado una victoria, se ufana de ella y humilla en su mejor estilo.

Por otro lado, lo que acabamos de ver en Afganistán muestra que el mundo democrático no está dispuesto a asumir los costos que implica llevar la democracia a aquellos países que no están preparados para ella. Las luchas de las naciones por su libertad será una lucha solitaria y lenta, sin mayor apoyo que la retórica hermosa de las proclamas desde los países de tradición democrática. Todas las dictaduras son atroces y las de izquierda lo son más, porque dan la impresión de venir –a diferencia de las otras– sin fecha de caducidad. A pesar de ello, también acaban y aunque uno no vaya a ver su final, debe seguir trabajando para alcanzarlo.

El destino de la oposición en los años venideros será el de operar bajo las reglas y limitaciones que el régimen político establezca. En condiciones desventajosas, de abuso de poder, inequidad y falta de transparencia. Podría suceder incluso que haya algún éxito electoral y puede también que el régimen lo acepte y hasta que lo respete si le parece que su desempeño se realiza bajo ciertos parámetros que le resulten convenientes.

La oposición trata de garantizar ahora solo su supervivencia en libertad (es decir, sin prisión) y sin duda de frenar lo más que le sea posible el proceso de destrucción del país.

Será una lucha larga y difícil. Puede que a muchos les parezca poca cosa o una traición inaceptable, pero las torturas que puedan ahorrarse, las masacres que puedan evitarse, las vidas de presos políticos que puedan salvarse, la población que pueda vacunarse. Cualquier acción que salve vidas será un avance, un magnífico avance.

«Entre el dolor y la nada, prefiero el dolor». Quizá esta frase de William Faulkner es la que mejor define la actual situación de la oposición venezolana.

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Álex Saab (entre paréntesis), por Laureano Márquez P.

Imagen: fotograma de la serie propagandística Alex Saab, agente antibloqueo.

El plazo para decidir la extradición de Saab llega a su límite. Esto tiene supremamente nervioso al régimen, por algo será. Veamos si esta vez la justicia se lleva a cabo (Verde)

 

@laureanomar

En el metro de Caracas, de precario funcionamiento como todo lo que depende de uno de los gobiernos más corruptos del planeta Tierra y sus alrededores, se colocan afiches con la fotografía del empresario Álex Saab para despertar el interés del pueblo venezolano sobre el abuso de poder que representa la detención en Cabo Verde, desde hace un año, de este empresario colombo-venezolano.

Según el régimen, desarrollaba tareas diplomáticas en distintos países, incluida la de ser embajador plenipotenciario en África (lo curioso es que la condición de funcionario diplomático que se esgrime para su inmediata liberación es posterior a su privación de libertad, detalles que al régimen venezolano poco importan porque para ellos también los reos pueden ser retroactivos). Saab volaba en un avión privado que partió de Maiquetía rumbo a Teherán, haciendo escala en el aeropuerto Amílcar Cabral de la Isla de Sal (mal presagio) para reabastecer combustible (obviamente no tomaron la previsión que deben tener los transportistas de Venezuela, que es llevar, junto a la carga, galones suficientes de combustible que garanticen el regreso al punto de origen).

El archipiélago de Cabo Verde es, por cierto, el último puerto que dejó Colón antes de cruzar el Atlántico en el viaje en que descubrió el territorio que bautizó como Tierra de Gracia y en el que aseguraba se encontraba el Paraíso Terrenal. Tierra de Gracia y Paraíso fue efectivamente Venezuela para el empresario con múltiples negocios vinculados al petróleo, al sistema cambiario, a la construcción, a la extracción de oro y particularmente todo lo relacionados con la importación de alimentos para los CLAP, entre otras inversiones (según el empresario, concilia florecientes negocios con una honda preocupación social). La historia comenzó en el 2011 con la construcción de viviendas prefabricadas importadas de Ecuador y desde entonces no ha hecho sino crecer y diversificarse.

Una serie: Alex Saab, agente antibloqueo, narra la versión del empresario. Se trata de un documental que desmiente lo que la justicia de Colombia, Reino Unido y Estados Unidos le atribuye y allí denuncia su detención como un «secuestro» en el que sufre «intensas torturas». Según la serie, la persecución de los Estados Unidos está motivada por el hecho de que la potencia capitalista del norte no tolera a los gobiernos que generan bienestar para sus pueblos, como los de Cuba, Venezuela o Nicaragua y persigue a quienes desarrollan labores humanitarias, como Alex Saab, a quien se considera «filántropo» y seguidor de la corriente de la filosofía estoica (no cínica) y un luchador por la felicidad del pueblo venezolano (el diputado Paparoni dice que «Alex Saab se robó 117.900.000 dólares en 2019», el gobierno americano ha congelado cuentas vinculadas al empresario por 700 millones de US$ y la plataforma Panam Post habla de una fortuna de 1000 millones con 89 empresas. También Reino Unido le impuso sanciones en el marco de su «programa global anticorrupción»).

Las denuncias de tortura y maltratos en prisión son reiteradas en la serie. De estas acusaciones se hace eco el régimen político venezolano, que en esa materia, no cabe duda, tiene larga experiencia (sin embargo, desde hace seis meses los abogados de Saab consiguieron que se le sometiera a arresto domiciliario. Dicha pena se cumple en el resort Vila Verde, en una de las zonas más turísticas de Isla de Sal, según revela la plataforma Armando Info). En todo caso, parece que pronto el máximo tribunal de Cabo Verde tendrá que tomar una decisión (hasta el momento los magistrados de un país pobre cuyo presupuesto es seguramente menor que el patrimonio de algunas empresas de Saab, se han mantenido insobornables). El abogado defensor del empresario es el exjuez español Baltasar Garzón (se dice que sus honorarios ascienden a cuatro millones de dólares).

El plazo para decidir la extradición llega a su límite. Esto tiene supremamente nervioso al régimen, por algo será. Veamos si esta vez la justicia se lleva a cabo (Verde).

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Homo ¿sapiens?, por Laureano Márquez P.
Quizá con un toque de humildad, deberíamos omitir el sapiens y llamarnos simplemente homo, aunque en algunos casos uno sienta que homínido es más que suficiente

 

@laureanomar

En estos días le da a uno por pensar en esa denominación que los paleoantropólogos usan para definir a ese primate evolucionado del que formamos parte los seres humanos modernos. Homo en latín es hombre y sapiens sabio, pues entre todos los animales que habitamos el planeta, nosotros somos los únicos que tenemos eso que se llama sabiduría. Dicho en otras palabras, amable lector, usted es el único animal capaz de leer y comprender este artículo escrito por otra bestia de su misma especie con unos dibujos que usted descifra y que le remiten a objetos y conceptos del mundo real.

El término sabiduría con el que se nos etiqueta es bastante complejo. Si apelamos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua, encontramos esta primera definición: «Conjunto de conocimientos amplios y profundos que se adquieren mediante el estudio o la experiencia». Desde este punto de vista, por ejemplo, un talibán es una persona sabia. Para comenzar, la palabra, de origen árabe (talib), significa «estudiante». Pero más allá de esto, alguien que organiza y gana una guerra sin duda tiene «un conjunto de conocimientos amplios y profundos…».

La cosa cambia un poco con la segunda acepción que nos ofrece el DRAE: «Facultad de las personas para actuar con sensatez, prudencia o acierto». Las desoladoras imágenes de las acciones de este grupo de milicias no son ejemplo de sensatez, prudencia o acierto, sino más bien de locura, desenfreno y aberración. En tal sentido, pese a ser sapiens sapiens (y encima supuestamente estudiantes), con lo que menos cuentan es con sabiduría. De hecho, son enemigos de todo aquello que usualmente se asocia a este concepto: arte, música, teatro, literatura. Son gente de alma fea que aman la fealdad y ocultan o destruyen la belleza.

Pero volviendo al resto de los sapiens, para no referirnos a un grupo en particular, tampoco es que las cosas estén marchando muy bien, no solo en el mundo tradicionalmente considerado como atrasado, sino también en el primer mundo. Nuestra amenaza a la estabilidad climática de nuestro planeta, la existencia de desigualdades extremas, de atroces dictaduras, la creciente y decepcionante aniquilación de ese rasgo tan propio de nuestra especie llamado «sentido común», al que Bergson denominaba «la facultad para orientarse en la vida práctica» que tiene mucho que ver, sin duda, con lo razonable. En fin, toda esta larga lista de cosas y las que faltan a veces nos hacen poner en duda la sabiduría de nuestra especie.

Nuestra evolución ha sido sorprendente en 200.000 años, ese primate que habitaba al sur del río Zambeze, comenzó a tener ideas y a conectarlas, a fabricar herramientas, a sobrevivir en condiciones adversas. De allí se expandió por el mundo como lo seguimos haciendo hoy, siempre huyendo de las adversidades para encontrar un lugar mejor en el que vivir.

De ese viaje de remoto inicio, surgió Mozart, Da Vinci, San Francisco, el Empire State, el Apolo 11 y también Adolfo Hitler, Stalin, los talibanes y –naturalmente– el susobicho.

Después de 200.000 años de tránsito, siente uno que nos falta mucho para alcanzar, como especie, la sabiduría que nos define. No obstante, no debe vencernos el desaliento, porque un soplo de sabiduría divina ha sido lanzado sobre nosotros. No debemos perder la esperanza, algún día logremos que se despliegue en su plenitud. Mientras tanto sigamos trabajando para ello elevando nuestro espíritu hacia el bien. Quizá con un toque de humildad, deberíamos omitir el sapiens y llamarnos simplemente homo, aunque en algunos casos uno sienta que homínido es más que suficiente.

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El concilio cadavérico, por Laureano Márquez P.

Representación del juicio de Esteban VI al papa Formoso. Óleo de Jean-Paul Laurens (1870). Wikimedia Commons

Cada día que se va al mercado y se padece la inflación galopante lo que hay que hacer es sentar en el banquillo de la conciencia al causante de tantos males

 

@laureanomar

Uno de los hechos más insólitos de la historia del papado es el juicio post mortem realizado al papa Formoso, pontífice entre los años 891 y 896. Lo peculiar de este proceso judicial es que se realizó de manera presencial, es decir, el cadáver del papa fue sacado de su sepultura, vestido con los ornamentos pontificios y sentado en un trono para que escuchara las acusaciones que se hacían en su contra. Al parecer guardó silencio durante todo el proceso, dando pie a que se le aplicara el principio de que “quien calla, otorga” y por tal razón fue condenado.

Formoso se había hecho parte –como otros papas de su tiempo– de las disputas que protagonizaban las familias nobles de Italia por imponer su primacía en la región. A su muerte, una de las facciones a las que él se había opuesto se hizo con el poder y el control de Roma. Esto propició que el papa Esteban VI, partidario del nuevo bando, accediera realizar tan extraño juicio.

Los relatos del hecho son grotescos: el cuerpo de Formoso, que llevaba nueve meses de fallecido y sepultado, fue llevado la Basílica Constantiniana donde se le amarró a una silla, no tanto por temor a la fuga, sino para mantenerle erguido. Luego de su condena por del sínodo, fue despojado de las sagradas vestiduras y se le amputaron los tres dedos con los que impartía las bendiciones. Su pontificado se anuló y consiguientemente todos sus actos como cabeza de la Iglesia. Su cadáver fue lanzado a la “fosa de los condenados y desconocidos” y finalmente a las aguas del Tiber, para que desapareciera para siempre.

Según la leyenda, su cuerpo fue a dar a las redes de un pescador que lo mantuvo oculto. Años más tarde los vientos de la política italiana volvieron a cambiar y Formoso fue restituido y volvió a San Pedro donde reposa aun hasta nueva disposición judicial. Como parte de su sentencia, Formoso fue sometido a la denominada damnatio memoriae, sanción propia del Derecho romano que consistía en borrar todo recuerdo del condenado. Esto incluía la demolición de monumentos, el retiro de inscripciones y en algunos casos, incluso, la prohibición de la mención de su nombre. Esta práctica del senado romano de la que Esteban VI echó mano para condenar a su antecesor, no era exclusiva de Roma; también había sido ejercida en el antiguo Egipto. Tampoco es privativa del mundo antiguo y de la temprana Edad Media. En tiempos mucho más recientes, dictadores como Stalin, el tipo de bigotes que es igualito al Esteban que conocemos, borró de la historia e incluso de las fotografías a los compañeros revolucionarios que se le opusieron. Ya se sabe que era un personaje de malas purgas.

Un cuadro del francés Jean-Paul Laurens muestra la escena del papa vivo acusando al difunto. Si más de mil años después, podemos hablar de Formoso es porque la damnatio memoriae de Esteban VI no fue tan exitosa. Quien esto escribe es enemigo del olvido. Ciertamente, no hay que llegar al extremo de desenterrar a ciertos personajes para sentarlos en el banquillo, más aun si uno no sabe exactamente dónde está el cadáver.

Lo que sí hay que hacer, cada día que se va al mercado y se padece la inflación galopante, o cuando en la estación de servicio del país con las mayores reservas petroleras del planeta no se puede poner gasolina, es sentar en el banquillo de la conciencia al causante de tantos males, no con el fin de borrar su memoria, sino, al contrario, para tenerle muy presente y condenarle con la finalidad de que nunca más algo así vuelva a sucedernos.

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Venezuela va al psicólogo, por Laureano Márquez P.
Me fui con ese nuevo caudillo militar, pero fue peor el remedio que la enfermedad, los países no tienen fondo. Él vino ofreciéndome más democracia y acabó con ella

 

@laureanomar

–Cuéntame, ¿qué te trae por aquí? –inicio el terapeuta.

–Uff, ¿por dónde comienzo? Bueno, lo primero que me gustaría decir es que mi vida está llena de contradicciones: lo tengo todo para ser feliz, pero estoy deprimida, triste, ansiosa. Tengo tierras fértiles para agricultura y ganadería, pero no hay ganado ni agricultura; tengo las reservas petroleras más grandes del planeta, pero vivo sin combustible; represas hidroeléctricas increíbles, pero no hay electricidad; tengo lugares espectaculares para el turismo, pero no viene ni un alma.

–¿Y por qué crees que te sucede todo eso que me cuentas?

–No lo sé. Creo que todo es producto de muchos desórdenes que se han acumulado a lo largo de años.

–Háblame un poco de tu infancia.

–Bueno los primeros 300 años los pase con mi madre, España.

–¿Cómo fue tu relación con ella?

–Una relación complicada de amor y odio. De ella heredé muchas cosas, algunas buenas, otras malas. Mi cultura, mi lengua, mi administración, mis instituciones, pero también recibí maltratos que me impedían desarrollarme con libertad, su providencialismo, su improvisación, su individualismo y su astucia, que yo transformé en viveza criolla. Por eso decidí separarme de ella y me fui a vivir independiente.

–¿Y te fue mejor cuando te separaste de tu mamá?

–Bueno, las cosas no sucedieron como las había soñado. Fue una separación traumática, violenta. Me casé con los militares para librarme de ella, pero después ya no era mi mamá, sino los militares los que me maltrataban y no había forma ni manera de sacármelos de encima. A cuenta de que yo no estaba preparada para ser libre, hicieron conmigo lo que quisieron. Cada vez que aparecía un caudillo, yo volvía a tener nuevas esperanzas, pero que va.

–¿No te fue bien con ninguno?

–Bueno, con alguno que otro mejoré un poco. Es verdad que poco a poco fui cambiando. Algunas cosas marcharon mejor, pero eso no justifica. Hasta que un día, cansada de tanto maltrato, me dije: “no aguanto más, aquí hay que poner orden y leyes”.

–¿Y eso cuándo fue?

–En 1958. Logré librarme de los militares y me dejé llevar por gente civil, algunos estudiantes, otros doctores. Gente que me conocía bien y quería para mí un destino mejor. Y lo tuve: mejoró mi sanidad, mi cultura, mi nivel de vida. Me volví moderna, me adueñé de mis riquezas, eduqué a mi gente, tuve nuevas ciudades, represas, siderúrgicas, líneas aéreas y mucha gente que venía de todos partes a vivir conmigo a progresar conmigo. Yo avancé y tuve un florecimiento como nunca en la historia.

–¿Y qué pasó entonces?

–Pues la relación se fue deteriorando, yo me fui cansando. Muchas cosas ya no funcionaban bien. Hubo falta de equidad, de justicia. Una mezcla de muchas cosas motivo ese cansancio: corrupción, irrespeto a las leyes, abusos, mala administración.

–Aja, ¿y qué hiciste?

–Bueno, tonta de mí, apareció un nuevo caudillo militar, de esos con los que tantos malos ratos había pasado, pero pensé que este era distinto: hablaba bonito, parecía tener buenas intenciones, preocupación por los más pobres y sin pensarlo dos veces, como pensé que estábamos tocando fondo, me fui con él.

–¿Qué tal te fue?

–Como decimos en criollo, fue peor el remedio que la enfermedad, los países no tienen fondo. Él vino ofreciéndome más democracia y acabó con ella.

Aseguró que traería justicia y la sometió a sus caprichos. Dijo que habría libertad progreso y honestidad y terminamos presos, arruinados y siendo una de las naciones corruptas del mundo. Bueno y aquí estoy, atrapada sin saber cómo librarme de esta situación. He acudido a varios especialistas, pero la verdad ninguna terapia me funciona. ¿Qué hago?

El psicólogo miró el reloj y dijo:

–Bueno, por hoy es suficiente, ya se nos terminó el tiempo. Seguimos en una próxima sesión.

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