Laureano Márquez, autor en Runrun

Laureano Márquez

Laureano Márquez Ene 08, 2020 | Actualizado hace 2 semanas

Un millón de dólares es burda de plata. Es mucho más de lo que una persona con un excelente trabajo decente puede ahorrar en toda su vida. Un millón de dólares puede resolverle la vida a cualquiera e incluso, si hay prudencia, hasta al hijo y al nieto de cualquiera.

Puedes alquilar un lujoso apartamento en Sunny Isles Blvd. de Miami durante los próximos 20 años. También puedes abrir un depósito de plazo fijo en un banco y obtener 1666,66 dolares al 2% de interés, lo que le permite vivir y siempre tener tu real y medio. Con un millón de dólares puedes gastar 3000 dólares mensuales durante 30 años. Para la gente que sabe invertir, con un millón de dólares puede comprar acciones de empresas que produzcan rentas, comprar inmuebles y ponerlos a producir alquilándolos por Air B and B. También puedes comprarte un yate Quincy C de 27 metros de eslora de tres camarotes con capacidad para seis personas. Una villa en el lago de Como, en la exclusiva zona residencial de Mezzegra, a solo 600 metros del Lago. Un reloj Greubel Forsey Art Piece 1, con una hermosa cubierta de esfera azul y la parte trasera de la caja en zafiro, un reloj que es una obra de arte del británico Willard Wigan. En fin, la lista de lo que puede hacerse con un millon de dolares es tan larga como quiera uno hacerla en función de sus gustos, pasiones y preferencias.

La compra de conciencias y de voluntades políticas no es nueva. De ella se ha dicho mucho, como por ejemplo que cada uno de nosotros tiene un precio y que aquel que lo encuentra puede adueñarse de nuestra voluntad. La compra de conciencias tiene muchos modos y maneras de producirse, la mayor parte de ellas son sutiles, porque a la conciencia le resulta muy feo eso de sentir que se está vendiendo, puesto que su naturaleza es ser coherente con los principios a toda costa. Por ello, los entendidos en este tipo de negociaciones la realizan con la mayor delicadeza, tratando de que la susodicha no se entere de que tiene precio y ha sido vendida por su dueño.

En Venezuela no nos andamos con miramientos: los compradores de conciencias tienen hasta tarifas cambiantes en función de la dimensión de los principios que haya que negociar. Asumen como principio de vida el viejo refrán de que “cree el ladrón que todos son de su condición”, dejan a un lado las sutilezas y te lo dicen abiertamente: “te compro tu conciencia”, dando por descontado que todo el mundo anda en lo mismo. La conciencia de un diputado, por ejemplo, para el régimen tiene el valor de un millón de dólares.

Que las conciencias resistan, siempre nos produce confianza y esperanza en el alma humana. Es de esas actitudes que se esperan de la gente, pero cuya constatación emociona igualmente y nos estimula a emular la entereza y la dignidad. Ahora bien cuando a una conciencia se le pide que escoja entre un millon de dolares, por un lado y cárcel, tortura, persecución, maltrato, por otro y escoge lo segundo, muestra con ello una dignidad de espíritu que merece nuestro profundo respeto y admiración. Son este tipo de conciencias la que a lo largo de la historia han salvado a la humanidad. Nos recuerdan que Sócrates no ha muerto y que tomar el camino de la justicia y los principios, hacer lo correcto aun a riesgo de la propia seguridad es también un camino de santidad.

Una de las definiciones que el diccionario de la Real Academia ofrece de “gracia” es: “En la doctrina católica, favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de la salvación”

A esas conciencias que resisten en estas duras circunstancias, un millón de gracias.

Laureano Márquez Dic 31, 2019 | Actualizado hace 3 semanas
2+0+2+0 = 4, por Laureano Márquez

Esta noche comenzamos un año curioso numéricamente, el 2020. Ideal porque con los dos ceros se pueden hacer las esferas de los lentes para partir el año. Las del 2002 fueron las mejores. El próximo año que tendremos con dos ceros y dos doses es el 2200. Da una sensación de vértigo la fecha. Es bastante probable que para entonces, Maduro ya esté fuera del poder y esa personalidad que aturde nuestras vidas sea solo un lejano y triste recuerdo. Para esa fecha estarán los tataranietos de nuestros hijos, con suerte, porque al ritmo que llevamos el planeta imagino que cuando ese año nos alcance habrá ya migraciones interplanetarias, colonias en Marte y en La Luna. Naves que, como el Enterprise, surcarán el espacio infinito en un viaje sin retorno.

¿Cómo será Venezuela en el 2200? ¿Estará recuperada de la tragedia o nuevas tragedias le sucederán a la presente? ¿Hallaremos inteligencia para usar los múltiples dones que se nos han dado o seguiremos siendo feudo de corruptos destructores de posibilidades y sueños? Un día como hoy uno se asoma a la inmensidad del tiempo. Hace 100 años en 1920, por ejemplo, Venezuela estaba sometida a la dictadura -que quiere Dios siga siendo la más larga de nuestra historia- de Juan Vicente Gómez-. Había presos políticos y tortura, el petróleo se regalaba, el suministro eléctrico era precario. Asombran tantas similitudes un siglo después. Tiempo, país, progreso, libertad, justicia, gobierno, democracia. La Venezuela de la que somos hijos se construyó con altibajos en la segunda mitad del siglo XX. En Venezuela los nuevos siglos no llegan hasta que no desaparecen las dictaduras.

Comienza el año 2020 con fuerza reiterativa nos recuerda que avanza el siglo XXI para el mundo, menos para nosotros, que llevamos dos décadas perdidas. Sin embargo -y no es por dar esperanza vacía- la numerología del 2020 nos alienta. Es un año regido por el número 4, que además de ser nuestro instrumento musical por excelencia, nos recuerda según los especialistas que, en su conexión con Urano, el 4 representa la extinción de lo viejo para que se abra camino lo nuevo. Cuatro son las estaciones, los puntos cardinales, los jinetes del Apocalipsis, las fases de la luna y cuatro las letras del nombre de Dios, a quien en un día tan señalado invocamos para que vengan bendiciones sobre nuestra tierra, sobre la Tierra y el terruño, para que el cambio que Venezuela anhela cobre forma y nos entusiasme (al fin y al cabo, entusiasmo, etimológicamente, es “llenarse de Dios”).

Desde este medio les deseamos un feliz año, que la conciencia nuestra no se adormezca ni se deje amilanar por las duras circunstancias. Recordamos especialmente hoy a quienes alejados de sus familia padecen injusta prisión, tortura y persecución. A tantos cuyo corazón, desde la lejanía del hogar, vuela hoy a Venezuela para estar presente en el cálido recuerdo de sus familiares. Reiteramos nuestra fe inquebrantable en el amor, la bondad, la justicia, la democracia y la libertad, como única vía para una felicidad perdurable y compartida. Agradecemos a tantos que se han ocupado de la solidaridad y de la justicia, de hacer el bien y ayudar al prójimo. A los que esta noche estarán lejos de su casa para salvar la vida de otros, a los que construyen ese país silencioso honesto y bueno al que no podrá nunca opacar la perversa maldad reinante.

A todos, Feliz año 2020.

Laureano Márquez Dic 24, 2019 | Actualizado hace 4 semanas
Feliz Navidad, por Laureano Márquez

Estamos en Navidad, viaja la memoria a la más temprana infancia. Las Navidades nuestras eran siempre tiempo de dicha, de esperanza personal y colectiva. Al menos en los tiempos de mi niñez, a uno le parecía que había futuro, que había gobiernos buenos y malos, pero dentro de unos parámetros que no se sobrepasaban. Eran tiempos en los que mi padre escuchando a Caldera en “Habla el presidente”, decía invariablemente: “es que este hombre es demasiado presidente para éste país” y mi madre, con unas pocas monedas, me mandaba a comprar al abasto y me decía en la puerta: “¡ten cuidado, no vayas a perder las perras!” y el transeúnte desavisado que escuchaba se me quedaban mirando confundido, ante la ausencia de la aludida animala (antes no había que decir animal y animala), ignorante de que mi madre, siguiendo la costumbre española, llamaba “perras” a la plata (en España existía una moneda de 10 céntimos, que llamaban “la perra gorda” porque tenía un león, que a los españoles les parecía una perra gorda y por eso el nombre genérico del dinero allá).

En aquellos tiempos los padres le creían más a los maestros que a uno, porque nos conocían bien y sabían de qué éramos capaces y les autorizaban a darnos un coscorronazo. Nos tomábamos en serio todo el colegio, la tarea. Uno vivía y jugaba en grupo, para pasarla bien de verdad era indispensable el otro, el amigo. La condición de “mejor amigo” era sagrada y se corría el riesgo de perderla con facilidad, lo cual acarreaba no poco dolor, por ello uno aprendió a honrar la amistad.

Nuestra diversión era, fundamentalmente, el cine. Todavía algunos temas musicales me devuelven a ese momento ansioso de la espera del comienzo de esa otra vida que nos era dado contemplar en la pantalla y que por dos horas nos alejaba de la nuestra. En la mañana de los domingos iba a misa en catedral. La misa de 9 la oficiaba siempre Monseñor Feliciano González. Si en la tarde pedía permiso (había siempre que pedir permiso para todo) para ir al cine, mi padre decía: “yo no te entiendo, lo que ganas en la iglesia lo pierdes en el cine”.

Eran los tiempos del pan de a locha y yo creía en mi inocencia que eso era algo que no cambiaría nunca, como el precio de los fósforos.

El mundo ha cambiado y el país más. Si nuestros padres que ya no están supieran que un pan cuesta muchos millones, no lo entenderían. Hace mucho tiempo que no tenemos navidades enteramente felices sin que una ausencia, un dolor, una muerte arbitraria, un inocente preso nos las entristezcan.

Anhelamos un cambio que no viene, padecemos una maldad de la que durante mucho tiempo solo tuvimos referencias históricas. Pensábamos que la ergástula y la tortura eran cosas del pasado.

Creíamos que un razonable progreso era esperable, que uno estudiaba, se graduaba, buscaba trabajo, se casaba, compraba apartamento, tenía hijos y eso se llamaba felicidad. Una extraña sensación de vértigo se apodera de nosotros, como si nos faltasen coordenadas de navegación vital que antes teníamos: familia, religión, escuela.

En fin, perdonen la “divagancia” de este paseo por las calles de la nostalgia, era solo para decirles –amables lectores– que les aprecio y deseo para todos lo mejor en esta Navidad: que encontremos razones para vivir una vida más espiritual, menos agobiada, más contemplativa, amable y bondadosa, a pesar de la maldad reinante.

Que recordemos que todo lo que somos, nuestros valores e ideas, nuestra manera de pensar, nuestro sentido del bien y la justicia, del amor comenzó en una noche como la de hoy, en un humilde pesebre de Belén.

 

@laureanomar

Anatomía del mal, por Laureano Márquez

El Dr Michael Stone, psiquiatra forense y profesor en la Universidad de Columbia, es toda una autoridad en el estudio de la «anatomía del mal». Él desarrolló una escala de la maldad y menos mal que no se le ocurrió inventar un aparato para medirla, porque en Venezuela se le revienta.

Stone desarrolló una escala de 22 niveles de maldad, comenzando por el nivel del que causa en mal en defensa propia, lo cual no sería en estricto sentido maldad, hasta los últimos niveles en los que se ubican los asesinos en serie y autores de crímenes de lesa humanidad. Hablamos, en los últimos niveles de gente incapaz de sentir ningún remordimiento.

Ser malo también requiere de ingenio, destruir tampoco es tarea fácil. Para eliminar -entre otros a seis millones de judíos- los nazis se trazaron un plan impecable desde el punto de vista técnico. Hay que ver la organización que se requiere para asesinar sin prácticamente dejar rastro a más de seis millones de personas: construir los campos de concentración o ampliar los existentes, redirigir las vías ferroviarias (en medio de una guerra) para hacerlas llegar directamente al lugar de exterminio, la disposición de las cámaras de gas, el suministro del Zyklon B, la desaparición de los cuerpos sin dejar rastro. En fin, la completa organización para el mal.

La pregunta es: ¿el malo se sabrá malo o se miente a sí mismo autoengañando, haciéndose creer que lo que hace es correcto? Tiene que haber algo de esto último. Y el autoengaño se ubica en las premisas de las que se parte, por ello, un componente esencial del exterminio nazi tuvo que ver con la deshumanización del otro: si no se trata de seres humanos, entonces ya ha desaparecido parte esencial del problema ético. Chávez era un especialista en materia de deshumanización, siguiendo el ejemplo de Fidel, que catalogaba de “gusano” a todo aquel que se le oponía, el comandante era poseedor de un don especial para la degradación de sus aopositores.

Hagan memoria: “escuálidos”, “cúpulas podridas”, “podredumbre”, “majunche”, “oposición putrefacta”. Que uno recuerde, nunca Chávez se refirió a algún adversario llamándolo por su nombre.

 

El nombre propio es lo que nos distingue a cada uno como ser humano especial y único, es lo que nos da identidad ciudadana civil como sujeto de deberes y derechos. Aquel que no tiene nombre, en cierto sentido no existe, de allí a lanzarle de un décimo piso, matarle con tiros de gracia o torturarle solo hay un paso. De aquellas lluvias vienen estos deslaves.

Las mentalidades tipo Fidel, Ortega, Evo, Chávez, Maduro, por solo nombrar a los de este atribulado continente, no pueden aceptar la alternabilidad en el desempeño del poder, porque no aceptan la existencia del otro. Al considerar que con ellos sus respectivas sociedades han alcanzado el máximo nivel de elevación política, cualquier perversión, cualquier maldad que les ayude a mantenerse en el poder, encuentra justificación. Es así como se produce la circunstancia de que ellos, que se oponían a dictaduras, regímenes criminales y sistemas corruptos, terminan siendo los protagonistas de las más criminales y corruptas dictaduras. ( Con razón decía el Nietzsche: «Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti»). Para llevar a cabo sus fines se aprovechan de la circunstancia inexplicable de que la humanidad es mucho más indulgente -por no decir cómplice- con las dictaduras de izquierda que con las de derecha.

Los especialistas han detectado algunos rasgos propios de la maldad, entre los cuales están: egoísmo, ausencia de ética y sentido moral, narcisismo, derecho psicológico (las personas que creen tener más derechos que los demás), psicopatía, sadismo, etc.

 

La liberación de Venezuela no es sencilla porque es la lucha entre gente malvada cuya mente psicopática no conoce límites y otra gente que sí los tiene. Cualquier psiquiatra sabe que estos últimos están en terrible desventaja… y también en grave riesgo…

Quien con monstruos lucha…

@laureanomar

Memorias de La Rotumba, por Laureano Márquez

Cuando se habla de crueldad y de torturas en Venezuela, siempre se suele uno remitir a la dictadura dolorosas –como todas– de Juan Vicente Gómez. El llamado “Benemérito” tenía como uno de los lugares más tenebrosos y temidos de reclusión, la cárcel de La Rotunda, así llamada porque tenía forma circular, con el sistema llamado “panóptico”, palabra creada por el inventor del sistema, el inglés Jeremy Bentham, usando dos raíces griegas: “pan” que quiere decir todo (por ejemplo la carretera panamericana es la que conecta o debería conectar a toda América) y “óptico” nos remite la capacidad de visión (por eso uno va a la óptica a hacerse unos lentes).

Era un tipo de sistema carcelario en el cual se ahorraba mucho en vigilancia, pues siendo la cárcel circular y con todas las puertas de las celdas orientadas hacia el centro del círculo, un solo vigilante podía, desde allí, controlar toda la prisión.

 

La cárcel estaba ubicada en lo que es hoy la plaza de La Concordia, en la Parroquia de Santa Teresa, cerca de donde está la cuadra de Bolívar. La comenzó a construir Soublette por allá por 1844 y la demolió el general en jefe Eleazar López Contreras en 1936, como emblema de concordia –de allí su nombre– entre los venezolanos en un lugar de tanto sufrimiento. Efectivamente cosas horribles sucedían allí, buena parte de las almas más nobles del país no lograron salir vivas. Las formas de torturas más comunes en La Rotunda eran, además de los conocidos grillos (una bola o barra de hierro que dificulta el desplazamiento del preso), el cepo de campaña, las colgadas, el tórtol, el acial y el apersogamiento. Naturalmente no entraré en la descripción de en qué consistían por no dar más ideas a la infinita creatividad para el mal que nos rotunda.

La Rotunda albergó a las más ilustres inteligencias del país, entre ellos los humoristas Leoncio Martínez (Leo) y Francisco Pimentel (Job Pim). Ambos escribieron en la cárcel algunos de sus versos más brillantes en algún trozo de papel que colaba una esposa, una madre, una novia o una hermana.

Leo escribió su “Balada del preso insomne”:

Estoy pensando en exiliarme
en irme lejos de aquí
a tierra extraña donde goce
las libertades de vivir:
sobre los fueros: hombre-humano
los derechos hombre-civil.
Por adorar mis libertades
esclavo en cadenas caí.

Y Pimentel en “Hierro dulce” nos dice:

Amo los pesados grillos
que me dieron por tormento:
son recios como mi aliento,
como mis versos sencillos.
(…)
Y si su acción permanente
callos formó en mis tobillos,
tengo, gracias a mis grillos,
limpia de callos la frente.

Pero no sé por qué me dio a mi hoy por hablar de La Rotunda. Creo que por un par de titulares que me agobiaban: “Humberto Prado: Acosta Arévalo se murió frente al juez” y “Gonzalo Himiob: este ha sido el año en que más represión hemos tenido”. Me agobiaron especialmente, además, porque acababa de ver la cuña de Navidad oficial, repleta de niños inocentes cantando aguinaldos, con el “gran hermano” en el centro, hablando de amor y de paz, mientras, quizá, en ese mismo instante, en La Rotumba, algún atribulado preso político, rumiaba su esperanza recordando las palabras de Andrés Eloy Blanco –expresidiario de la tristemente célebre prisión gomecista– cuando se lanzaron al mar los grillos de Puerto Cabello y se enterraron los de La Rotunda, en un tiempo en que Venezuela apostaba a la libertad, a la justicia y a la esperanza: “Hemos echado al mar los grillos de los pies.

Ahora, vayamos a la escuela a quitarle a nuestro pueblo los grillos de la cabeza, porque la ignorancia es el camino de la tiranía. Hemos echado al mar los grillos en nombre de la Patria. Y enterraremos los de la Rotunda. Será un gozo de anclaje en el puerto de la esperanza. Hemos echado al mar los grillos. Y maldito sea el hombre que intente fabricarlos de nuevo y poner una argolla de hierro en la carne de un hijo de Venezuela”.

 

@laureanomar

Ante los acontecimientos de los últimos días, que involucran al sector opositor, a mí ya no me cabe duda: lo nuestro tiene que ser una vaina relacionada con los astros, esto es: una determinación astrológica, una mala estrella, una confabulación de la bóveda celeste, un Mercurio retrógrado que se nos instaló en el destino nacional per secula seculorum, porque de otra manera uno no se explica nuestra insistencia acabar con nosotros mismos. Vaya -para decirlo en cubano-, que esto es obra de Plutón, asere y de la confluencia interestelar del intergaláctico con Aries en Saturno aquel 4 de febrero, porque no se puede entender que un país que cuenta con las mayores reservas petroleras del planeta, con oro, hierro, coltán, ríos caudalosos, tierras fértiles para la agricultura y la ganadería, lugares paradisíacos para el turismo, clima de eterna primavera, esté entre los peores del planeta en todas las mediciones de progreso.

Es como si fuese un castigo de la constelación de Cáncer, nuestro signo regente: tendrás todas las riquezas, pero solo podrás disfrutarlas cuando tu rumbo sea guiado por la inteligencia, mientras tanto, cada nueva bendición que se descubra será una contribución a tu ruina (Simón Bolívar). Es decir, pa’tras como el cangrejo.

 

Esto ya no es un asunto de políticos, ni de sesudos analistas, sino de astrólogos. Claro que la primera complicación al determinar la carta astral del país, es la de establecer la fecha exacta de nuestro nacimiento: ¿fue el 19 de abril de 1810?, ¿fue el 5 de julio de 1811? En ambos casos el lugar de nacimiento es Caracas. Pero si somos más acuciosos y atendemos a la fecha de nuestra separación de la llamada Gran Colombia, tanto la fecha de nacimiento, como el lugar cambian. Este último se traslada a Valencia y dependiendo del criterio, la fecha de nacimiento podría ser el 6 de mayo de 1830, cuando se instala el Congreso constituyente o el 22 de septiembre del mismo año cuando se aprobó la nueva constitución y Páez asume la presidencia. Como puede verse, realizar la carta astral de Venezuela es más difícil que hacérsela a Maduro, que le gana al país en lugares y fechas de nacimiento.

Que Mercurio esté causando estragos no es nada nuevo, el frágil equilibrio del ecosistema del sur, da cuenta de ello con su participación en la criminal extracción del oro. En nuestra carta astral, Urano aparece en cuadratura con el Sol. Esta deshonesta conjunción del astro y el planeta determina que el enchufamiento intergaláctico sea parte de nuestras determinaciones.

La Luna, astro regente de Cáncer con Acuario, le ha dado un perfil lunático a algunos dirigentes, mientras otros se mueven con habilidad, como peces en el agua. ¿Y qué decir de Leo como signo regente? a quienes muchos atribuyen la culpa de todo lo que sucede. Mientras, el Sol se aparece a decirle a algunos líderes “no aclares que oscureces”, especialmente en el hemiciclo estelar, donde ya no quieren a Marte, sino odiarte.

Por su lado, siempre actúa Saturno, el viejo Cronos, que devora a sus hijos sin piedad. Desde el otro extremo del planeta, tampoco se puede negar que Rusia y China, son emblema de la presencia de Géminis arrebatando por igual, como si de un hueco negro en la galaxia –que nos devora– se tratase. Gracias a ellos, el gobernante usurpador continúa su agresión, pero de la que puede salir victorioso porque recibe un trígono de Júpiter desde Escorpio. No es culpa suya, es su sino, diga usted si no.

Dicho más claramente: si la oposición astral a la hegemonía solar no se pone las pilas, esta debacle va a continuar hasta que el sol se convierta en una supernova y el big bang, cansado de expandirse, inicie su retroceso a la pelotita primigenia.

 

@laureanomar

Leo un tuit del periodista Luis Carlos Díaz (@LuisCarlos) en el que comenta una frase que califica de horrorosa: “teníamos que pasar por esto para aprender”. El comunicador responde lo siguiente: “Hemos visto gente morir y partir por diseño estatal. Nadie debería pasar por eso jamás. Es más: no hay garantía de aprendizaje. De trauma seguro que sí. No hay mérito en el sufrimiento”.

Interesante tema para la reflexión: ¿realmente hemos aprendido algo en las últimas dos décadas o hemos olvidado a causa del envilecimiento político al que ha sido sometida la sociedad venezolana? La travesía del pueblo de Israel por el desierto duró mucho más de lo previsto, porque se suponía que el viaje era una lección para un pueblo que había osado adorar a un becerro de oro en lugar de a Dios, que les había liberado de la esclavitud. ¿Qué lección hemos sacado nosotros en este largo transitar por el desierto de la destrucción institucional y económica de la nación? Teme uno que no mucho.

Algunos, los peores, los que nos someten a la barbarie, aprendieron cosas horribles, que pensábamos que ya estaban en el olvido en Venezuela: a matar sin remordimiento, a usar la justicia para su provecho personal, aprendieron a robar de una manera que ha producido una insuperable marca mundial de corrupción. El gran aprendizaje de este régimen es que la democracia puede ser desmontada con los votos, que el cinismo es una extraordinaria herramienta de sometimiento, que el miedo y la ignorancia son las mejores formas de arremeter contra un pueblo para tiranizarlo, que el uso estratégico del hambre puede arrodillar a una nación entera, que el “divide et impera” es una antigua verdad que está más vigente que nunca.

Ciertamente, este régimen nos dejará con muchas cosas que aprender para edificar el país que merecemos. Por ello el papel de la educación, en todos sus niveles, ha de ser la protagonista de la Venezuela que ha de venir. La elevación cultural de nuestro pueblo para que no caiga en las garras de los demagogos, ni en la abulia ni la barbarie, que eran, según Picón Salas, males que pesaban por igual en nuestra “argamasa étnica”. Ya decía Andrés Eloy Blanco en su discurso de lanzamiento al mar de los grillos del castillo de Puerto Cabello: “hemos lanzado al mar los grillos de los pies, vayamos ahora a la escuela a quitarle a nuestro pueblo los grillos de la cabeza, porque la ignorancia es el camino de tiranía”.

 

Tenemos, sí, cosas por aprender:

– Que la civilidad es el único camino para el avance y que la experiencia histórica lo demuestra.

– Que los militares no deben tener injerencia en la política y deben ser un cuerpo profesional obediente al poder civil.

– Que no somos un país rico, a menos que haya riqueza en nuestros cerebros para aprovechar con sensatez la que tenemos en el subsuelo, que solo el trabajo y el esfuerzo son el camino del progreso.

– Que la justicia debe ser profesional, independiente, en manos de gente proba y no de criminales.

– Que, como decía Bolívar, no hay nada peor que una persona eternizada en el poder, que el caudillismo es una de nuestras grandes catástrofes históricas.

– Que cuando recuperemos un sistema electoral transparente, no debemos dejar de votar en ningún caso.

– Que el país que anhelamos nace, a fin de cuentas, en cada uno de nosotros; que un país decente es la sumatoria de muchas decencias individuales, de un compromiso con la convivencia cívica. Entre muchas otras cosas.

Estos veinte años no han sido una enseñanza, han sido una catástrofe que nos deja política, económica y moralmente devastados. Solo se puede aprender algo en libertad y cuando ella retorne nos tocará, entonces sí, aprender como evitar que una tragedia política como la padecida vuelva a repetirse.

@laureanomar

“En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa” Antonio Machado (poeta español)

Realmente España es un país de difícil comprensión, incluso para nosotros los hispanoamericanos. Sánchez es el presidente de un gobierno denominado  “en funciones”, porque no ha podido, desde que sacaron a su antecesor, ser presidente con todas las de la ley (aunque algunos prefieren llamarlo “en defunciones”, por aquello de que, de momento, su único logro ha sido desenterrar a Franco). Negado rotundamente (“no es no”) en los meses precedentes a formar gobierno con el partido de Pablo Iglesias, tras múltiples  negociaciones sin acuerdo, convocó a unas nuevas elecciones, para ver si, en una de esas, no necesitaba el apoyo de nadie.

Resulta que en las elecciones que acaban de hacer, a pesar de que tanto el partido Socialista como Unidas Podemos, redujeron su votación, lograron en menos de 48 horas el acuerdo -que en meses no habían alcanzado- para formar gobierno y con Iglesias -nada menos- que de vicepresidente.

 

Para Venezuela esto es una mala noticia. Pablo Iglesias apuntala incondicionalmente todas las dictaduras Iberoamericanas, apoyó y asesoró el chavismo en nuestro país y -a su vez- fue financiado por él para torcer el rumbo de España (otro logro post mortem del comandante eterno). Suponemos que la política de España hacia Venezuela cambiará para pasar de la alcahuetería actual, al abierto respaldo. De hecho, no es casual que el primer mensaje haya sido para nosotros la tocata y fuga del Pollo Carvajal, cuya extradición solicitaba los Estados Unidos.

Parece que  todos en la madre patria se asombraron de que Carvajal supiese de la sentencia de la Audiencia Nacional, encargada de tramitar su extradición, antes que nadie. Risible asombro, a los venezolanos ya nada nos sorprende, menos de alguien de la calaña del personaje, portador de pasaportes falsos, especialista en contrainteligencia militar (que en nuestros países quiere decir brutalidad contra civiles) y en todo tipo de ilegalidades. Curiosamente, en vísperas de tan trascendente decisión, el gallinero de Carvajal en Madrid, permanecía sin vigilancia y ahora que se ha fugado han puesto un riguroso control policial en su casa, (je,je,je) será para evitar que regrese, dice uno.

Eso de que nadie aprende en cabeza ajena es una gran verdad. Los españoles consiguieron luego de la muerte de Franco, un gran acuerdo para la construcción de una de las naciones de mayor avance, progreso y bienestar del mundo, orgullosa de su diversidad cultural. En estos tiempos todos los bandos políticos, aunque a veces incluso lo ignoren, se han puesto de acuerdo para destruirla. Sánchez necesita, además de el de Iglesias, el apoyo de los separatistas. Algo muy propio de la contradicción del alma española: “para formar un gobierno en España, se requiere del apoyo de los que no creen en ella”. Si yo fuese independentista catalán consideraría que no hay mejor momento que este para mis (des)própositos.

La  diáspora venezolana no sale de un susto, en Argentina vuelven la Kirchner, Chile se desestabiliza, en Perú y Ecuador nuestra presencia no es del todo grata, México asusta, Trump pone restricciones a los asilos, que supone uno España comenzará a negar. Para un venezolano, emigrar se está convirtiendo en casi lo mismo que “cambiar de camarote en el Titanic”.

No está fácil, nos va quedando Islandia, Groenlandia y los países escandinavos. Ese cuento de que “España no es Venezuela” con el cual los españoles evalúan lo que les sucede, no consuela a ningún venezolano. Nosotros, que dijimos al comienzo de esta pesadilla nuestra con mucha seguridad y no poca vanagloria: “Venezuela no es Cuba”, mira ya por dónde vamos.

 

Es curioso comparando a España y América podríamos decir que tanto la pobreza como la abundancia extrema, producen monstruosidades políticas. En América se es de izquierda por estar mal y en España por estar bien.  Devolver la política al terreno del pensamiento visionario y lúcido, sustentado en ideas y principios, para arrebatárselo a la embestida oportunista del populismo demagógico, parece ser la tarea más urgente de la democracia actual para evitar que ésta se convierta -nuevamente- en Caballo de Troya de peligrosos totalitarismos. 

@laureanomar