Laureano Márquez, autor en Runrun

Laureano Márquez

Ante los acontecimientos de los últimos días, que involucran al sector opositor, a mí ya no me cabe duda: lo nuestro tiene que ser una vaina relacionada con los astros, esto es: una determinación astrológica, una mala estrella, una confabulación de la bóveda celeste, un Mercurio retrógrado que se nos instaló en el destino nacional per secula seculorum, porque de otra manera uno no se explica nuestra insistencia acabar con nosotros mismos. Vaya -para decirlo en cubano-, que esto es obra de Plutón, asere y de la confluencia interestelar del intergaláctico con Aries en Saturno aquel 4 de febrero, porque no se puede entender que un país que cuenta con las mayores reservas petroleras del planeta, con oro, hierro, coltán, ríos caudalosos, tierras fértiles para la agricultura y la ganadería, lugares paradisíacos para el turismo, clima de eterna primavera, esté entre los peores del planeta en todas las mediciones de progreso.

Es como si fuese un castigo de la constelación de Cáncer, nuestro signo regente: tendrás todas las riquezas, pero solo podrás disfrutarlas cuando tu rumbo sea guiado por la inteligencia, mientras tanto, cada nueva bendición que se descubra será una contribución a tu ruina (Simón Bolívar). Es decir, pa’tras como el cangrejo.

 

Esto ya no es un asunto de políticos, ni de sesudos analistas, sino de astrólogos. Claro que la primera complicación al determinar la carta astral del país, es la de establecer la fecha exacta de nuestro nacimiento: ¿fue el 19 de abril de 1810?, ¿fue el 5 de julio de 1811? En ambos casos el lugar de nacimiento es Caracas. Pero si somos más acuciosos y atendemos a la fecha de nuestra separación de la llamada Gran Colombia, tanto la fecha de nacimiento, como el lugar cambian. Este último se traslada a Valencia y dependiendo del criterio, la fecha de nacimiento podría ser el 6 de mayo de 1830, cuando se instala el Congreso constituyente o el 22 de septiembre del mismo año cuando se aprobó la nueva constitución y Páez asume la presidencia. Como puede verse, realizar la carta astral de Venezuela es más difícil que hacérsela a Maduro, que le gana al país en lugares y fechas de nacimiento.

Que Mercurio esté causando estragos no es nada nuevo, el frágil equilibrio del ecosistema del sur, da cuenta de ello con su participación en la criminal extracción del oro. En nuestra carta astral, Urano aparece en cuadratura con el Sol. Esta deshonesta conjunción del astro y el planeta determina que el enchufamiento intergaláctico sea parte de nuestras determinaciones.

La Luna, astro regente de Cáncer con Acuario, le ha dado un perfil lunático a algunos dirigentes, mientras otros se mueven con habilidad, como peces en el agua. ¿Y qué decir de Leo como signo regente? a quienes muchos atribuyen la culpa de todo lo que sucede. Mientras, el Sol se aparece a decirle a algunos líderes “no aclares que oscureces”, especialmente en el hemiciclo estelar, donde ya no quieren a Marte, sino odiarte.

Por su lado, siempre actúa Saturno, el viejo Cronos, que devora a sus hijos sin piedad. Desde el otro extremo del planeta, tampoco se puede negar que Rusia y China, son emblema de la presencia de Géminis arrebatando por igual, como si de un hueco negro en la galaxia –que nos devora– se tratase. Gracias a ellos, el gobernante usurpador continúa su agresión, pero de la que puede salir victorioso porque recibe un trígono de Júpiter desde Escorpio. No es culpa suya, es su sino, diga usted si no.

Dicho más claramente: si la oposición astral a la hegemonía solar no se pone las pilas, esta debacle va a continuar hasta que el sol se convierta en una supernova y el big bang, cansado de expandirse, inicie su retroceso a la pelotita primigenia.

 

@laureanomar

Leo un tuit del periodista Luis Carlos Díaz (@LuisCarlos) en el que comenta una frase que califica de horrorosa: “teníamos que pasar por esto para aprender”. El comunicador responde lo siguiente: “Hemos visto gente morir y partir por diseño estatal. Nadie debería pasar por eso jamás. Es más: no hay garantía de aprendizaje. De trauma seguro que sí. No hay mérito en el sufrimiento”.

Interesante tema para la reflexión: ¿realmente hemos aprendido algo en las últimas dos décadas o hemos olvidado a causa del envilecimiento político al que ha sido sometida la sociedad venezolana? La travesía del pueblo de Israel por el desierto duró mucho más de lo previsto, porque se suponía que el viaje era una lección para un pueblo que había osado adorar a un becerro de oro en lugar de a Dios, que les había liberado de la esclavitud. ¿Qué lección hemos sacado nosotros en este largo transitar por el desierto de la destrucción institucional y económica de la nación? Teme uno que no mucho.

Algunos, los peores, los que nos someten a la barbarie, aprendieron cosas horribles, que pensábamos que ya estaban en el olvido en Venezuela: a matar sin remordimiento, a usar la justicia para su provecho personal, aprendieron a robar de una manera que ha producido una insuperable marca mundial de corrupción. El gran aprendizaje de este régimen es que la democracia puede ser desmontada con los votos, que el cinismo es una extraordinaria herramienta de sometimiento, que el miedo y la ignorancia son las mejores formas de arremeter contra un pueblo para tiranizarlo, que el uso estratégico del hambre puede arrodillar a una nación entera, que el “divide et impera” es una antigua verdad que está más vigente que nunca.

Ciertamente, este régimen nos dejará con muchas cosas que aprender para edificar el país que merecemos. Por ello el papel de la educación, en todos sus niveles, ha de ser la protagonista de la Venezuela que ha de venir. La elevación cultural de nuestro pueblo para que no caiga en las garras de los demagogos, ni en la abulia ni la barbarie, que eran, según Picón Salas, males que pesaban por igual en nuestra “argamasa étnica”. Ya decía Andrés Eloy Blanco en su discurso de lanzamiento al mar de los grillos del castillo de Puerto Cabello: “hemos lanzado al mar los grillos de los pies, vayamos ahora a la escuela a quitarle a nuestro pueblo los grillos de la cabeza, porque la ignorancia es el camino de tiranía”.

 

Tenemos, sí, cosas por aprender:

– Que la civilidad es el único camino para el avance y que la experiencia histórica lo demuestra.

– Que los militares no deben tener injerencia en la política y deben ser un cuerpo profesional obediente al poder civil.

– Que no somos un país rico, a menos que haya riqueza en nuestros cerebros para aprovechar con sensatez la que tenemos en el subsuelo, que solo el trabajo y el esfuerzo son el camino del progreso.

– Que la justicia debe ser profesional, independiente, en manos de gente proba y no de criminales.

– Que, como decía Bolívar, no hay nada peor que una persona eternizada en el poder, que el caudillismo es una de nuestras grandes catástrofes históricas.

– Que cuando recuperemos un sistema electoral transparente, no debemos dejar de votar en ningún caso.

– Que el país que anhelamos nace, a fin de cuentas, en cada uno de nosotros; que un país decente es la sumatoria de muchas decencias individuales, de un compromiso con la convivencia cívica. Entre muchas otras cosas.

Estos veinte años no han sido una enseñanza, han sido una catástrofe que nos deja política, económica y moralmente devastados. Solo se puede aprender algo en libertad y cuando ella retorne nos tocará, entonces sí, aprender como evitar que una tragedia política como la padecida vuelva a repetirse.

@laureanomar

“En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa” Antonio Machado (poeta español)

Realmente España es un país de difícil comprensión, incluso para nosotros los hispanoamericanos. Sánchez es el presidente de un gobierno denominado  “en funciones”, porque no ha podido, desde que sacaron a su antecesor, ser presidente con todas las de la ley (aunque algunos prefieren llamarlo “en defunciones”, por aquello de que, de momento, su único logro ha sido desenterrar a Franco). Negado rotundamente (“no es no”) en los meses precedentes a formar gobierno con el partido de Pablo Iglesias, tras múltiples  negociaciones sin acuerdo, convocó a unas nuevas elecciones, para ver si, en una de esas, no necesitaba el apoyo de nadie.

Resulta que en las elecciones que acaban de hacer, a pesar de que tanto el partido Socialista como Unidas Podemos, redujeron su votación, lograron en menos de 48 horas el acuerdo -que en meses no habían alcanzado- para formar gobierno y con Iglesias -nada menos- que de vicepresidente.

 

Para Venezuela esto es una mala noticia. Pablo Iglesias apuntala incondicionalmente todas las dictaduras Iberoamericanas, apoyó y asesoró el chavismo en nuestro país y -a su vez- fue financiado por él para torcer el rumbo de España (otro logro post mortem del comandante eterno). Suponemos que la política de España hacia Venezuela cambiará para pasar de la alcahuetería actual, al abierto respaldo. De hecho, no es casual que el primer mensaje haya sido para nosotros la tocata y fuga del Pollo Carvajal, cuya extradición solicitaba los Estados Unidos.

Parece que  todos en la madre patria se asombraron de que Carvajal supiese de la sentencia de la Audiencia Nacional, encargada de tramitar su extradición, antes que nadie. Risible asombro, a los venezolanos ya nada nos sorprende, menos de alguien de la calaña del personaje, portador de pasaportes falsos, especialista en contrainteligencia militar (que en nuestros países quiere decir brutalidad contra civiles) y en todo tipo de ilegalidades. Curiosamente, en vísperas de tan trascendente decisión, el gallinero de Carvajal en Madrid, permanecía sin vigilancia y ahora que se ha fugado han puesto un riguroso control policial en su casa, (je,je,je) será para evitar que regrese, dice uno.

Eso de que nadie aprende en cabeza ajena es una gran verdad. Los españoles consiguieron luego de la muerte de Franco, un gran acuerdo para la construcción de una de las naciones de mayor avance, progreso y bienestar del mundo, orgullosa de su diversidad cultural. En estos tiempos todos los bandos políticos, aunque a veces incluso lo ignoren, se han puesto de acuerdo para destruirla. Sánchez necesita, además de el de Iglesias, el apoyo de los separatistas. Algo muy propio de la contradicción del alma española: “para formar un gobierno en España, se requiere del apoyo de los que no creen en ella”. Si yo fuese independentista catalán consideraría que no hay mejor momento que este para mis (des)própositos.

La  diáspora venezolana no sale de un susto, en Argentina vuelven la Kirchner, Chile se desestabiliza, en Perú y Ecuador nuestra presencia no es del todo grata, México asusta, Trump pone restricciones a los asilos, que supone uno España comenzará a negar. Para un venezolano, emigrar se está convirtiendo en casi lo mismo que “cambiar de camarote en el Titanic”.

No está fácil, nos va quedando Islandia, Groenlandia y los países escandinavos. Ese cuento de que “España no es Venezuela” con el cual los españoles evalúan lo que les sucede, no consuela a ningún venezolano. Nosotros, que dijimos al comienzo de esta pesadilla nuestra con mucha seguridad y no poca vanagloria: “Venezuela no es Cuba”, mira ya por dónde vamos.

 

Es curioso comparando a España y América podríamos decir que tanto la pobreza como la abundancia extrema, producen monstruosidades políticas. En América se es de izquierda por estar mal y en España por estar bien.  Devolver la política al terreno del pensamiento visionario y lúcido, sustentado en ideas y principios, para arrebatárselo a la embestida oportunista del populismo demagógico, parece ser la tarea más urgente de la democracia actual para evitar que ésta se convierta -nuevamente- en Caballo de Troya de peligrosos totalitarismos. 

@laureanomar

El sentido de la vida, por Laureano Márquez

Se cumple un año de la muerte de Teodoro. La muerte es cosa necesaria para los seres humanos porque le da sentido a la vida, nos completa, remata nuestra obra. Sin la muerte somos siempre seres inconclusos, por ello en la película Los inmortales (Highlander,1986), la recompensa final para el vencedor es poder vivir una vida con la certeza de la muerte, en la que cada cosa cobra significado.

Según Viktor Frankl el sentido de la vida consiste en hallar un propósito personal, que conlleva una responsabilidad para con nosotros mismos y con el resto de los seres humanos. Creo que Teodoro perteneció a esa clase de venezolanos que tenían al país como norte como propósito, que hallaban en la búsqueda de la felicidad colectiva, la felicidad propia.

 

Eran personas capaces de rectificar el rumbo –porque de eso se trata a veces vivir– y lo hacían con honestidad. Tenían el coraje de decir “me equivoqué” y asumir los costos de ello, que a veces fue muy alto. Los venezolanos hace tiempo que no sabemos de rectificación, de cambio de rumbo cuando un propósito se muestra inútil o inadecuado. Se prefiere insistir en el error y justificarlo. Venezuela conoció la democracia porque mucha gente estuvo de acuerdo en enmendar yerros del pasado, que todos los sectores políticos los tuvieron en mayor y en menor medida. Las transiciones son producto de la rectificación de todos, del deseo de paz y avance compartido por encima de aspiraciones sectarias y ambiciones personales.

Otra cosa que tenía esa gente de antes a la que pertenecía Teodoro: la honestidad por encima de todas las cosas. Personas que entendían la función pública como actividad de servicio, no como vía de enriquecimiento.

 

Ciertamente la corrupción ha sido un mal presente en la historia nacional desde el nacimiento mismo del país, pero hemos contado con ejemplos de honestidad intachables en muchos de nuestros más destacados dirigentes.

Teodoro perteneció también a esa generación de políticos con pensamiento sólido y profundo producto de una brillante formación que se realizaba, casi siempre, en las universidades nacionales porque la propia dinámica de la actividad pública les impedía a los dirigentes irse al extranjero, salvo que fuese por causa del exilio provocado por las dictaduras.

Teodoro representó para el país el sueño de una izquierda democrática, fue pionero mundial en introducir en el debate de la izquierda de su momento, sectaria, sometida a la Unión Soviética y a Fidel, la irrenunciable obligación de los principios de la democracia y la libertad. Lamentablemente, en nuestro continente las experiencias de izquierda han fracasado por su escaso o nulo compromiso con tales valores.

Por ello se han convertido en frustración para los pueblos que nunca alcanzan la anhelada justicia y equidad –incluso retroceden en ese terreno–, además de padecer dictaduras que son tanto e incluso, a veces, más deleznables y criminales que las de derecha. Seguramente por ello Teodoro se opuso con tanta fuerza a lo que Chávez representaba en su momento, porque intuía que era una farsa que terminaría conduciéndonos a la terrible y criminal dictadura destructiva, que padecemos.

Teodoro encontró sentido a su vida desarrollando pensamiento propio, como hacen los auténticos intelectuales que no se dejan atar por dogmas, que trazan nuevos rumbos, que exploran caminos políticos inéditos. Los que le conocimos personalmente desde este periódico podemos dar fe de que cada conversación con él nos dejaba una enseñanza, que su vida fue de auténtico testimonio de la sencillez y honestidad que predicaba.

Sus compañeros de TalCual, le recordamos con admiración y afecto. Su trayectoria nos compromete a tratar de seguir su ejemplo, encontrando en lo que hacemos el sentido de la vida que él encontró en la suya.

No te vayas a poner bravo por ello, Teodoro, pero se te recuerda con cariño y se te extraña…
Y dijo Teodoro desde el más allá: “¡ya está bueno, ya, puej de tanta jaladera, chico!, seguro son vainas tuyas, Gloria”

 

@laureanomar

Es el título en español de una serie documental de “National Geographic” (“One strange rock”, en inglés), cuyo anfitrión es celebérrimo actor Will Smith. No podía ser de otra manera, si alguien tiene experiencia en esto de ver la Tierra en el contexto de las galaxias que la circundan es Mr. Smith, que ha perseguido desde hace tiempo a esos extraterrestres malandros, que son unas despreciables cucarachas (el mundo de los insectos se encuentra siempre desprotegido de nuestros afectos y es quizá son los únicos seres vivos que pueden ser humillados sin consecuencias, sin que nadie se indigne. No hay, que uno sepa, un “comité de defensa de las cucarachas”. Muy por el contrario, en el supermercado, compramos gustosos venenos en spray para su exterminio).

En la serie, ocho astronautas nos cuentan cómo vieron a la Tierra desde el espacio y a partir de allí se construye un increíble relato de la manera como se formó nuestro planeta y la vida en él. Al parecer no fue fácil, una serie de coincidencias afortunadas se dieron en esta misteriosa roca que es la Tierra, para que la vida fuese en ella posible: la existencia de agua, por ejemplo, ese “vital liquido” que uno usa, a veces, sin mucha conciencia del tesoro que representa; la configuración de una capa de atmósfera que envuelve el planeta y le protege de agresiones, repleta del oxígeno indispensable para la vida; el impacto de agentes exógenos (como meteoritos) y endógenos (como fabulosas erupciones volcánicas) que cambiaron nuestro destino. En fin la Tierra, esta Tierra que destruimos hoy, es fruto de la paciencia de siglos. Aunque nosotros vivamos acelerados, el planeta se tomó su tiempo, tiene sus maneras. Sobre él un tipo particular de ser vivo apareció: el “homo sapiens”, que curiosamente significa “hombre sabio”.

 

Es decir un ser pensante, capaz de aprender y de comunicarse, consciente de su existencia y con una capacidad inventar “homo faber”, que  transformó al planeta y a sí mismo, para bien y para mal.

 

Trae uno esto a colación, porque vista desde el espacio, la Tierra es la casa de todos, así la percibieron los astronautas. Desde arriba no se distinguen religiones, ni pulsiones políticas, el millonario y el pobre lucen del mismo microscópico tamaño e igual de efímeros. Visto desde fuera, nuestro planeta, puede ser contemplado en un sentido distinto, “sub specie aeternitatis”, que diría Baruch de Spinoza. Creo que esto es lo que nos hace falta a los seres humanos de este tiempo, darnos una miradita desde el punto de vista de la eternidad, para evitar las infinitas pequeñeces  que nos destruyen de múltiples maneras. Al humilde entender de quien esto escribe, que no es físico ni astrónomo, algunas formas de destrucción son inevitables: tenemos que bañarnos y es aconsejable que sea diariamente y con cambio -al menos- de ropa interior, vehículos, transporte, casa cómoda, calefacción, comunicaciones modernas, etc., son necesarias e indispensables, parte de nuestro avance es haberlas conquistado, porque tampoco es que, para salvar el planeta nos vamos a dejar morir. Esta extraña roca existe porque está en la cabeza de los seres humanos y si los seres humanos se acaban, ya no habrá planeta. Por eso, tenemos que tenerlo claro: a la hora de salvar algo, lo primero que tenemos que salvar es a los seres humanos.

El planeta tiene una destrucción de uso, por nuestra existencia como animales sabios, sin embargo, la vamos atenuando con energías alternativas y racionalización de la vida, pero la que si no se atenúa y crece exponencialmente convirtiéndose en la más inquietante y dañina de las destrucciones, es la que hacemos en función de nuestra ambición de poder económico y político: dos guerras mundiales, bombas atómicas, exterminio masivo de otros homos tan sapiens como los exterminadores, legítimas protestas que por el aumento del precio del transporte que terminan destruyendo el servicio de transporte que pretendían abaratar, nacionalismos separatistas que incendian lo que quieren salvar, diversas formas de terrorismo,  dan cuenta de ello.

 

Hay muchas razones para pensar que el “homo sapiens” se está convirtiendo en los últimos tiempos (hablo especialmente de los últimos cien años) en un “homo imbecilis”. Nosotros los venezolanos podemos hablar con propiedad de ello, llevamos al “homo imbecilis” al poder y le entregamos un “kit destructivo de naciones” marca “ACME”.

 

Huir del planeta no está fácil. No tenemos otra opción que salvarlo (es decir salvarnos, salvar la vida toda) mientras algún meteorito, cuya trayectoria aún desconocemos, prepara nuestro final desde el fondo del espacio. Para salvar a la humanidad toda de los múltiples meteoritos en que nosotros mismos nos hemos convertido, hay un solo camino: hacer honor al título de “homo sapiens” con que nos hemos autonombrado. Así que, ¡a estudiar filosofía todo el mundo!, que los libros no muerden.

 

@laureanomar

La fase de pre prosperidad, por Laureano Márquez

EL AHORA AUTOPROCLAMADO “Super Bigote”, con su habitual “ingeniosidad” señaló hace unos días que Venezuela se encuentra en una “fase de pre prosperidad”. Esto lo dice en un país en el que, en la capital del estado emblemático de la producción petrolera, la gente tarda semanas en llenar de gasolina el tanque de su vehículo. Lo dice en una nación que tiene a una cifra cercana al 20% de su población fuera del país, huyendo de la catástrofe que el régimen ha ocasionado en 20 años de destrucción, en el país con la mayor inflación del mundo, con los servicios públicos colapsados, sin electricidad ni agua (siendo uno de los países con el mayor potencial hidrográfico del planeta), con la salud en terapia intensiva, con la población muriendo de inanición y comiendo de los basureros.

Ante tamaño despropósito le invade a uno las dudas: ¿se ríe de nosotros o es tan brutal su desconexión con la realidad del país?, ¿se mofa de la miseria que él mismo genera o realmente cree lo que dice?, ¿es crueldad, indolencia o simplemente calculado cinismo? Sea cual fuere la respuesta, es muy grave, extremadamente grave. Venezuela no está en una fase de pre prosperidad, sino en estado de pre extinción, sometida al dominio de naciones extranjeras, con su sistema productivo paralizado, con una economía colapsada, con su territorio devastado y su gente sometida a inenarrables calamidades.

Pensar que a esto se le puede llamar pre prosperidad reclama tratamiento psiquiátrico urgente, cuando menos, por disociación continuada. Este régimen se ha vuelto enteramente orwelliano: la enfermedad es salud, la muerte es vida, la corrupción honestidad, en definitiva, dos más dos es igual a lo que al gran hermano se le antoje que sea.

La prosperidad es siempre el anhelo de los pueblos, tratando de propiciarla se libró nuestra guerra de Independencia, en la creencia de que separados de España podríamos nosotros progresar. Prosperidad, Super Bigote, son universidades florecientes, acceso a una alimentación balanceada, incrementó en la esperanza de vida de la gente, niños escolarizados, espacios abundantes para la cultura, bibliotecas, museos de arte, salud, seguridad, bienestar, trabajo. Donde quiera que uno ve estas cosas, que en nuestra tierra brillan por su ausencia, identifica claramente la prosperidad, que para nosotros está en este momento más lejana que nunca. La prosperidad podría resumirse, en definitiva, por esa sensación que invade a los padres de que sus hijos tendrán una vida algo mejor que la que ellos conocieron. Venezuela tuvo esta sensación, especialmente durante el siglo XX, con el avance de la civilidad y la democracia en el país y la conocerá  de nuevo cuando esta pesadilla haya pasado.

Es inevitable volver a recordar -por su elocuente pertinencia- aquella anécdota del presidente Carlos Soublette cuando enterado de que se le satirizaba en una obra de humor, citó al humorista a palacio y le pidió que le leyera la obra. Mientras el humorista leía con cierto nerviosismo, Soublette reía de buena gana. Terminada la lectura le dijo al comediante lo siguiente: “ joven vaya y monte su obra. Veo que usted se burla de mí, pero francamente esperaba más. Vaya y monte su obra que Venezuela no se ha perdido ni se perderá porque el pueblo se ría de su presidente, Venezuela podrá perderse cuando el presidente se ría de su pueblo”.

No cabe la menor duda, se ríen de nosotros y es que hay gente que uno no sabe si es puramente perversa o vive ya en una fase de post perversidad.

 

@laureanomar

Jurunga muertos, por Laureano Márquez

ESO DE DESTAPAR TUMBAS se ha venido poniendo de moda de cierto tiempo a esta parte. Uno de los pioneros fue -como en tantas cosas inexplicables- el intergaláctico, aunque cuentan que lo suyo fue más bien un acto de nigromancia. Sobre ello se ha especulado mucho dada la notable influencia de Cuba sobre el personaje en cuestión.

Entre las diversas prácticas religiosas existentes en la isla caribeña, hay una (el palo mayombe, Congo o simplemente paleros) que usa los huesos de los difuntos célebres para extraer de ellos su supuesta fuerza y energía.

No es descabellado pensar que, dada la profunda admiración del “Eterno” por El Libertador, quisiera extraer de sus huesos su “potencia”. Eso explicaría el extraño ritual ceremonial utilizado en una exhumación que tenía –supuestamente– carácter meramente científico: se llevó a cabo al filo de la medianoche (ya decía el profanado en vida “A la sombra del misterio no trabaja sino el crimen”), los profanadores con vestimentas blancas, con los rostros cubiertos, con el himno nacional sonado de fondo, etc.

La protección de la dignidad de los cadáveres está contemplada en todas las legislaciones. El habitual “descanse en paz” implica que no debe ser interrumpido el descanso eterno de los sepulcros, salvo para cumplir últimas voluntades o por indagaciones de tipo judicial. En el caso de Bolívar se argumentó esto último. Se señaló que, casi con seguridad, había sido asesinado por envenenamiento con arsénico y si se lograba probar el crimen, habría razones para encarcelar a sus autores, colocando una reja alrededor de sus tumbas.

En Venezuela hemos sido siempre respetuosos con el descanso eterno de la gente. Seremos desorganizados en muchas cosas, pero a los muertos se les respetaba, al menos antes de la cubanización del país. Uno iba al Cementerio General del Sur y contemplaba intactas las tumbas artísticamente muy valiosas -dicho sea de paso- de gente importante de nuestro pasado. Nunca se ha desenterrado a nadie por retaliación política. Hasta Boves tiene su sepulcro en Urica, incluso con epitafio: “gloria para las heroicas lanzas llaneras”. El general Juan Vicente Gómez permanece sepultado en el mausoleo de estilo morisco que Antonio Malausena construyó para él en la calle Mariño de Maracay, que sigue todavía en pie, sin que a nadie se le haya ocurrido que debe ser sacado de allí, ni demolido.

En España, por ejemplo, es muy diferente: las rabietas españolas trascienden la muerte. El presidente de allá Pedro Sánchez, ha convertido el traslado de los restos del dictador Franco en un punto de honor, en una de las promesas centrales de su acción de gobierno. Con esa forma de hablar tan castiza que tienen los españoles, el intelectual Pérez-Reverte señaló sobre este desentierro lo siguiente: “El problema de España son los hijos de puta vivos, no los muertos”. Quién sabe si Sánchez quiere también hacerse un anillo con un hueso del dictador para prolongar su mandato por 40 años, que ganas por lo que parece es lo que le sobran.

Lo que sí es casi indiscutible, desde los tiempos del descubrimiento de la tumba de Tutankamón, es que la profanación de tumbas trae mala suerte.

El intergaláctico y su entorno también son testimonio de ello, claro está que todo es según como se mire: la mala suerte de unos puede ser la buena suerte de otros, aunque en nuestro caso la buena ha tardado demasiado en llegar.

 

@laureanomar

La rendición de Breda, por Laureano Márquez

“¿Hablamos como caballeros o hablamos como lo que somos?”

Mario Moreno Cantinflas 

SIN DUDA, RENDIRSE ES también una opción. El diccionario de la Locademia da varias definiciones del vocablo: “Hacer con ciertas cosas actos de sumisión y respeto”, “Vencer, sujetar, obligar a las tropas, plazas, embarcaciones enemigas a que se entreguen”, “someter algo al dominio de alguien” y -curiosamente- también “vomitar”. Y es que rendirse ante el mal es siempre una opción que tiene un carácter irremediablemente vomitivo.

Cuando Hitler invadió Francia, el país galo se dividió en dos: la Francia ocupada por los nazis y un “Estado” francés, cuya capital estaba en Vichy, de allí el nombre de “el régimen de Vichy”. Esta Francia “independiente” estaba sometida por entero al control alemán, aunque se le permitían ciertas acciones “autónomas” como para dar la ligera impresión de que era un país. Se le permitió, por ejemplo, tener relaciones diplomáticas y un pequeño ejército de soldados armados con chinas. Se le autorizaba a Pétain llamarse presidente e incluso, si le apetecía, colocar sobre su humanidad una banda con los colores de la bandera francesa.

Claro que la Francia de Vichy compartía los postulados de su invasor: perseguía y deportaba judíos, encarcelaba, detenía, torturaba y asesinaba a sus paisanos. Ese era el precio. Lo gracioso es que Pétain se declaraba “neutral” frente al conflicto entre los aliados y fascistas (Oui, comme vous l’écoute).

Finalizada la guerra, porque las guerras finalizan, Pétain se hizo acreedor del desprecio unánime de los franceses, fue acusado de traición, encarcelado y degradado. El  régimen de Vichy quedó como una vergonzosa mancha, la nación francesa rendida a los fascistas, frente a la Francia digna de la resistencia, perseguida, torturada y fusilada. ¿no sé si me explico?

Rendirse sin duda es una opción, pero es la peor de todas. Tan humillante que hay gente que prefiere morir antes de hacerlo. El cuadro de Velázquez inmortalizó la rendición de Breda. Los españoles siempre les tuvieron ganas a los países bajos e intentaron conquistarlos y someterlos. Los llamados “tercios de Flandes” no son unas cervezas Heineken que se tomaron los españoles en Holanda, sino un ejército destinado para su conquista. En Breda se libra una batalla entre los españoles comandados por Spínola y el “bajista” Justino de Nassau. Este último es retratado por el pintor con las llaves de Breda en sus manos entregándolas en gesto de rendición, mientras, Spínola en un acto de nobleza española (¡que los había!) le sostiene para impedirle arrodillarse en señal de sumisión.

Hay rendiciones dignas y otras humillantes. Esta no es la de Breda, sin duda. Algunos prefieren ser Petain y otros De Gaulle. Y es que Nicolás se parece más al Führer que a Spinola

@laureanomar