En un comunicado difundido el 25 de julio de 2026, la Oficina del Portavoz del Departamento de Estado aseguró que Estados Unidos “acoge con beneplácito” la decisión de Delcy Rodríguez y del Gobierno venezolano de abandonar la CPI. Además, instó a otros países miembros del Estatuto de Roma, tratado fundacional del tribunal, a retirarse también.
La decisión abre un nuevo capítulo en la relación de Venezuela con una institución internacional que investiga denuncias contra funcionarios estatales por posibles violaciones graves de derechos humanos, mientras aumenta la disputa política entre Washington y la Corte Penal Internacional.
Una corte creada para juzgar los crímenes más graves
La Corte Penal Internacional es un tribunal permanente creado en 2002 a partir del Estatuto de Roma, un tratado adoptado en 1998. Su función es investigar y juzgar a personas, no a Estados, acusadas de cometer los crímenes internacionales más graves: genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y crimen de agresión.
La CPI opera bajo el principio de complementariedad, lo que significa que los Estados tienen la responsabilidad principal de investigar y sancionar estos delitos. La Corte interviene cuando considera que un país no tiene la capacidad o la voluntad de realizar investigaciones genuinas, independientes e imparciales. Venezuela ratificó el Estatuto de Roma en el año 2000, por lo que quedó bajo la jurisdicción del tribunal para hechos ocurridos dentro del marco temporal establecido por la Corte.
La disputa entre Estados Unidos y la CPI
La reacción estadounidense contra la CPI forma parte de una confrontación que Washington mantiene desde hace años con el tribunal. Estados Unidos no es miembro del Estatuto de Roma y ha rechazado que la Corte tenga jurisdicción sobre ciudadanos estadounidenses en determinadas circunstancias.
Durante la administración de Donald Trump, las tensiones aumentaron luego de que el Gobierno estadounidense impusiera sanciones contra funcionarios vinculados con investigaciones de la CPI relacionadas con Afganistán. Washington ha acusado al organismo de actuar con “sesgo político” y de exceder sus competencias.
La CPI, en cambio, sostiene que su mandato busca evitar la impunidad frente a crímenes internacionales cuando los sistemas nacionales no ofrecen respuestas adecuadas a las víctimas.
Venezuela quedó bajo investigación desde 2018
Venezuela es el único país de América Latina con una investigación formal abierta ante la CPI. El proceso comenzó en febrero de 2018, cuando la entonces fiscal del tribunal, Fatou Bensouda, anunció un examen preliminar sobre denuncias de posibles crímenes cometidos desde abril de 2017.
La revisión inicial tomó en cuenta señalamientos sobre uso excesivo de la fuerza durante protestas, detenciones arbitrarias y torturas atribuidas a funcionarios estatales. En septiembre de ese año, seis países miembros del Estatuto de Roma —Argentina, Canadá, Colombia, Chile, Paraguay y Perú— remitieron la situación venezolana a la Fiscalía de la CPI para investigar presuntos crímenes de lesa humanidad cometidos desde 2014.
En diciembre de 2020, la Fiscalía concluyó que existían bases razonables para considerar que en Venezuela pudieron haberse cometido delitos bajo competencia de la Corte, entre ellos persecución política, privación grave de libertad, tortura y violencia sexual, pero no fue hasta el 3 de noviembre de 2021 cuando el fiscal Karim Khan anunció la apertura formal de la investigación conocida como Venezuela I.
El Gobierno venezolano solicitó a la CPI detener la investigación bajo el argumento de que las autoridades nacionales ya estaban desarrollando procesos judiciales sobre estos hechos. Caracas sostuvo que el sistema de justicia venezolano tenía la capacidad de investigar y sancionar las denuncias.
Sin embargo, la Sala de Cuestiones Preliminares de la CPI autorizó la continuación del proceso al considerar que las investigaciones internas no abordaban de manera suficiente la dimensión de las denuncias ni la posible responsabilidad de altos funcionarios dentro de las estructuras de mando.
Retirarse de la CPI no significa cerrar la investigación
Uno de los principales puntos tras el anuncio venezolano es que abandonar el Estatuto de Roma no implica automáticamente el cierre de la investigación sobre hechos ocurridos cuando el país era miembro del tribunal.
La salida de un Estado de la CPI produce efectos en el futuro, pero la Corte mantiene competencia sobre situaciones ocurridas durante el período en el que ese país estuvo vinculado al tratado. Por ello, la investigación sobre Venezuela puede continuar aunque el retiro se haga efectivo.
La decisión de Caracas ocurre en medio de una disputa internacional sobre el papel de la CPI. Mientras Estados Unidos y el Gobierno venezolano cuestionan la actuación del tribunal, organizaciones defensoras de derechos humanos sostienen que la investigación representa un mecanismo para esclarecer denuncias de crímenes graves y garantizar justicia para las víctimas.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
Edmundo González Urrutia, dirigente opositor y excandidato presidencial, dirigió un mensaje este martes, 28 de julio, a propósito de cumplirse dos años de los comicios presidenciales en los que, según las actas difundidas por el Comando ConVzla, él resultó ganador pero el Consejo Nacional Electoral le dio el triunfo a Nicolás Maduro.
A través de sus redes sociales, González Urrutia señaló que hace dos años “millones de ciudadanos acudieron a las urnas para cambiar el rumbo de Venezuela” y que aquel día, “un pueblo mayoritario y decidido ejerció plenamente su derecho a elegir su destino”. Además, dijo que ese derecho “pertenece a toda una nación que demostró que su aspiración de vivir en libertad era más fuerte que el miedo”.
“Toda vida tiene su tiempo de crecimiento, también la vida de las naciones. Estos dos años forman parte de ese camino, no han sido años fáciles, hemos conocido la cárcel, el exilio, la persecución y el dolor. Ninguna familia venezolana debería haber tenido que soportar tanto”, añadió el opositor.
Por otro lado, manifestó haber visto crecer una “sociedad consciente de su fuerza, y después del doble terremoto quedó demostrado”. González Urrutia se refirió “a la gente ayudando a la gente” y que “en ello se ha sostenido el país”.
“Estoy convencido de que el 28 de julio será recordado como el momento en que Venezuela recuperó la certeza de que podía construir un futuro distinto. Esa certeza sigue viva y hoy nos vuelve a pedir confianza en nuestras propias capacidades”, agregó.
Ratificó su compromiso de dedicar todas sus “fuerzas” a que la “voluntad de cambio expresada el 28 de julio encuentre su plena realización en una Venezuela democrática, libre y reconciliada”. Esa voluntad, dijo, “nunca prescribe, permanece madura, encuentra su camino y termina transformando la historia, porque ningún país vuelve a ser el mismo cuando los ciudadanos descubren que también son responsables de su destino”.
Estoy convencido de que el 28 de julio será recordado como el momento en que Venezuela recuperó la certeza de que podía construir un futuro distinto. Esa certeza sigue viva. Y hoy nos vuelve a pedir confianza en nuestras propias capacidades. pic.twitter.com/KFPNypX186
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
La industria petroquímica transforma el petróleo y el gas en más de 70 000 productos de uso diario. Aunque el negocio petrolero es más grande en volumen e ingresos, el petroquímico produce mayor valor agregado y en muchos productos genera mejores márgenes de rentabilidad. China, Estados Unidos, Arabia Saudita son los principales productores. También Alemania, Japón y Corea del Sur, que no disponen de petróleo, ni de gas, pero tienen alta tecnología. Venezuela tiene grandes reservas de estos hidrocarburos, pero está muy rezagada. En Iberoamérica el líder es Brasil.
Inicio de nuestra petroquímica
El Instituto Venezolano de Petroquímica fue creado en 1956 y en 1958 se iniciaron las operaciones en Morón. Gradualmente, el clientelismo político fue aumentando la nómina y decayendo la calidad de la gerencia. En consecuencia, la empresa dio pérdida todos los años.
Recuperación de la empresa
En 1977 el gobierno nacional encargó a PDVSA transformar una empresa quebrada en una rentable. Héctor Riquezes, en su libro La forja de un gerente petrolero, escribió que PDVSA designó un equipo que determinó que antes de esa fecha las plantas petroquímicas estaban en muy mal estado y que su capacidad de producción había sido diseñada solo para satisfacer al mercado venezolano. En la misma laboraban 3500 trabajadores, pero 1500 no cumplían con los requisitos exigidos, por lo que se prescindió de sus servicios respetándoles sus derechos laborales.
En 1978 se constituyó la nueva empresa Pequiven, filial de PDVSA, y tres años después, por primera vez la empresa tuvo ganancias. Pequiven constituyó la empresa Servifértil que prestó un excelente apoyo técnico a nuestros agricultores y la Asociación Civil Palmichal, que recuperó la cuenca del río Morón.
Otra vez en rojo
A partir del 2003 empezó el deterioro de Pequiven, perdiéndose el progreso logrado. El despido de un 25 por ciento de sus mejores trabajadores, la designación de una directiva politizada e incompetente, la escasez de personal gerencial y supervisor capacitado determinaron que, a la fecha, la mayoría de las plantas estén paradas y la empresa volvió a estar en rojo. En el 2005, Pequiven fue separada de PDVSA, pasando a depender del ministerio de Petróleo y Energía.
Parálisis casi total
Las instalaciones más antiguas del Complejo Morón producían amoníaco, urea, fertilizante NPK (nitrógeno, fósforo y potasio), sulfato de amonio, ácidos sulfúrico y fosfórico. Además, hay una planta nueva para producir amoníaco y urea, cuyo costo fue de 4700 millones de dólares. Todas están paradas por falta de mantenimiento o por escasez de gas y de azufre. El terremoto derribó parte de los almacenes.
Las del Complejo Ana María Campos (El Tablazo, en el Zulia) producían olefinas, resinas plásticas, vinilos y fertilizantes nitrogenados (amoníaco y urea) que están paralizadas por falta de gas. Solo opera a capacidad reducida la planta de cloro soda.
En el Complejo José Antonio Anzoátegui (Jose, estado Anzoátegui), operan a menor capacidad las empresas mixtas Supermetanol, creada en 1991, en la que Ecofuel (grupo italiano ENI) tiene el 34,5 % y el resto PDVSA; y Metor, creada en 1992, en la que Mitsubishi tiene 47,5 % de las acciones, Polar el 10 % y el resto Pequiven. Fertinitro, ahora es cien por ciento de PDVSA, tiene dos plantas que producen urea y amoníaco, una de ellas parada por falta de gas. La empresa Monómeros Colombo Venezolanos, con sede en Barranquilla, depende de Pequiven. Su situación amerita otro artículo por conocedores del caso.
Nuevo presidente de Pequiven
Delcy Rodríguez declaró que José David Cabello “asume la responsabilidad de seguir fortaleciendo la empresa estratégica para el desarrollo petroquímico”. Cabello seguirá deteriorando una empresa quebrada. Como autoridad máxima del SENIAT, el ente encargado de la recaudación de impuestos y del control aduanero en Venezuela, destacó por la persecución a empresas y a personas relacionadas con la oposición. Recomendamos el programa de El Pitazo, Pequiven, ¿un destino sin poder o un activo estratégico?, donde Jorge Batiz desnuda la actuación de Cabello en el SENIAT y evalúa su poder en el nuevo cargo.
La elección presidencial lo antes posible es lo que ofrece esperanzas a la mayoría de los venezolanos que padecen penurias y lo que incentivaría importantes inversiones. Debemos aferrarnos a la Constitución y no inventar una junta de gobierno que no daría confianza porque esos cogobiernos se limitan a surfear los problemas.
Lamentamos los fallecimientos de Douglas Chirinos y de Clemente Oliveros, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol.
¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!
eddiearamirez@hotmail.com
Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es
En paráfrasis constructiva, a propósito de la muy enojosa y humillante circunstancia en la que hoy nos encontramos los venezolanos, ajenos a la soberbia e indiferencia narcisista de los empleados de la república y sus aspirantes, apelo a Vaclav Havel para de su mano hacer una relectura de lo nuestro. Tres cuestiones fundamentales están sobre la mesa.
Las tres se entrecruzan bajo riesgo de comprometer severamente nuestras aspiraciones para rehacernos como nación, ya no solo de volver a ocupar el Hogar Común del que se nos expulsara a todos, pues todos somos migrantes hacia afuera y hacia adentro. Estamos amenazados de perder nuestra identidad genuina como hijos de la Pequeña Venecia.
Pues bien, Castro afirmaba, en 1989, delirante ante la realidad del desmoronamiento comunista que “les puedo asegurar, camagüeyanos, que aquí, en los alrededores de esta ciudad se está construyendo el más grande centro lechero del mundo. Quisiera saber si en Estados Unidos, por ejemplo, hay alguna unidad que se semeje a esta; quisiera saber si en Europa, si en Francia, si en Holanda hay un tipo de organización integral de la producción de magnitud que se semeje a esta…”. Nada distinto de esos delirios han sido los anuncios del quinteto destructor de Venezuela: Chávez, Maduro, Cabello, Jorge y Delcy Rodríguez; como aquel Plan Ferroviario de 13 665 kilómetros, un monumento de escombros inconcluso. Y entretanto, el monje Jorge Giordani, el economista del régimen, reconocía ante Reuters, llegado el año de 2016, la malversación de 300.000 millones de dólares desde los inicios del régimen chavista. A los que pueden sumarse los 23.000 millones de la megacorrupción en el caso Venezuela Cripto.
Pues bien, la reconstrucción, solo la física, tras los terremotos del pasado 24 de junio requerirá, lo ha dicho Naciones Unidas, una cifra próxima a los 37.000 millones de dólares. Y entre tanto, el protectorado sucesor o causahabiente, el norteamericano, ofrece un aporte de 300 millones de dólares para la emergencia, mientras controla la riqueza petrolera y minera nacional.
Havel diría, como lo hizo ante sus conciudadanos un día primero de enero, en 1990, al asumir la presidencia de Checoslovaquia para dirigir su transición hacia la democracia, que “durante cuarenta años escuchasteis de mis predecesores … cómo prosperaba nuestro país” bajo el comunismo. “Supongo que no me propusiste para este cargo para que yo también te mintiera…”. “… Durante décadas nuestros líderes políticos no miraron o no quisieron mirar por las ventanas de sus aviones”, confesaba. Y no puedo, por lo mismo, dejar de pensar en la razón por la que se impide el regreso a Venezuela de María Corina Machado y de Edmundo González Urrutia.
La palabra modeladora de Havel no iba dirigida a la burocracia del régimen, tampoco a sus áulicos, a los beneficiarios de sus franquicias, sino a la gente común. Es admonición que se hace corriente en esta hora de quiebre de la confianza ante la ausencia de empatía por aquélla y por estos en el caso de Venezuela: “No permitamos que el deseo de servirse a uno mismo florezca de nuevo bajo la elegante apariencia del deseo de servir al bien común”.
Mas no olvidemos, lo afirma crudamente el líder espiritual de los checos, que “vivimos en un entorno moral contaminado. Nos enfermamos moralmente porque nos acostumbramos a decir algo diferente de lo que pensábamos. Aprendimos a no creer en nada, a ignorarnos unos a otros, a preocuparnos sólo por nosotros mismos”.
El final desdoroso de los militares
La cuestión segunda es que una revolución como la bolivariana, que nació tremolando las banderas del Padre de la Patria, cuyas acciones épicas regaron nuestro suelo con sangre fratricida para darnos la independencia de España, mudó en abierto protectorado cubano, el señalado, a partir de 2012. Nuestra patria, que se hizo independiente sin obtener la libertad durante la gesta de la década sangrienta, entre 1813 y 1823, también a inicios de la democracia cuando intentase invadirla Cuba con las armas, dejó de ser soberana. Se nos arrebató la libertad conquistada bajo el espíritu del 23 de enero, en 1958 o, mejor aún, renunciamos a ella tras adherir como pueblo a otro tráfico de ilusiones, a partir de 1999.
La república y su Constitución se desmaterializaron, tanto como el Ejercito del Libertador, sustento histórico de aquella, quedó transformado en mordaz caricatura. Su espasmo silencioso a lo largo del 3 de enero último, mientras el Ejército norteamericano extraía a Maduro, se repite tras la tragedia que enluta a los varguenses y al conjunto de la nación. Sensiblemente, los militares del presente, salvo los encarcelados y torturados, se han vuelto una carga lacerante que avergüenza a nuestro gentilicio.
Después de bajar la cerviz ante Castro ―¿olvidamos la desdorosa imagen del general Padrino López, en La Habana, el 5 de septiembre de 2015? ― han cedido su poder histórico y rendido sus armas, por inútiles, ante Estados Unidos, para que les sacase las castañas del fuego.
En igual orden, regresar sobre sus palabras no causa rubor alguno a la trifecta Rodríguez-Cabello, presas de mitomanía y pseudología fantástica; que así califican los clínicos a los mentirosos patológicos.
Hace dos décadas, mientras Jorge Rodríguez conduce al Poder Electoral y falsifica los resultados del referéndum revocatorio de Hugo Chávez, en 2004, anuncia este su “estrategia de divulgación e información hacia los EE. UU. para neutralizar elementos de acción imperial contra Venezuela”. Eso, cuando menos, rezaba “La nueva etapa”.
Así que, junto al rescate de nuestra libertad, que enhorabuena hace su despertar entre las víctimas del litoral guaireño que desafían sin miedo y expresan su desprecio ante régimen de los Rodríguez, una vez como se le derrumba su tinglado teatral, ahora tendremos el ingente desafío de devolver las páginas de nuestra historia.
Sera necesario, si aspiramos los venezolanos a saborear el genuino sentido de una nación soberana y rescatar nuestra hollada dignidad. Pues, así como la patria ―lo decía uno de nuestros padres fundadores civiles― es saber ser libres como debemos serlo, sobre la tierra regada con la sangre de nuestras víctimas queda su memoria que nos obliga a defenderla sin descanso.
“No debemos olvidar a ninguno de los que pagaron por nuestra libertad de una u otra forma… porque todo sufrimiento humano concierne a cualquier otro ser humano”, observaba Havel.
“En todo el mundo la gente se pregunta dónde encontraron esos ciudadanos checoslovacos, humillados, escépticos y aparentemente cínicos, la maravillosa fuerza para sacudirse el yugo totalitario”, comentaba Havel durante su estreno. Y agregaba como pregunta más acuciante: “¿de dónde sacaron los jóvenes que nunca conocieron otro sistema [sino el comunista] su deseo de verdad, de amor por el pensamiento libre, sus ideas políticas, su coraje y su prudencia cívicos?”. Y es que sus ciudadanos, los de Havel, lograron recobrar lo que en nosotros se ha vuelto volcán desde las elecciones primarias de 2023 y las presidenciales de 28 de julio de 2024, y que encuentra su mejor altivez en las víctimas de La Guaira, en sus familias y cada venezolano que fue sensible y solidario, en la hora de la tragedia.
Me refiero, lo dice mejor el dramaturgo checo del que hacemos paráfrasis, a la importancia de “restaurar nuestro respeto propio y nuestro respeto mutuo”. Él lo explica con claridad, sin medias tintas, sin imposturas.
“Este momento guarda en sí mismo la esperanza de que en el futuro ya no sufriremos el complejo de quienes siempre deben expresar su gratitud a alguien” reza su discurso. La confianza en uno mismo ni es orgullo, ni ingratitud debida, en efecto. Los venezolanos estaremos agradecidos con la empatía de los rescatistas venidos desde otros países, sin por ello abdicar nuestra condición soberana, por maltratada o hipotecada que se encuentre.
Agradecidos, pero soberanos
Las palabras de Vaclav Havel enseñan y amonestan. Todo lo que recibían sus naciones, la checa y la eslovaca, que era la nada y la opresión, el mendrugo, tenían que agradecerlo a sus victimarios, o a los soviéticos que ejercían su protectorado. De donde advierte que “solo una persona o una nación que tiene confianza en sí misma, en el mejor sentido de la palabra, es capaz de escuchar a los demás, aceptarlos como iguales, perdonar a sus enemigos y [con humilde valentía] lamentar su propia culpa”.
Mas, antes que señalar a quienes les habían hollado sus dignidades como pueblo ―“muchos ciudadanos perecieron en las cárceles, muchos fueron ejecutados, miles de vidas humanas fueron destruidas, cientos de miles de personas talentosas fueron obligadas a abandonar el país”― el presidente de la transición checoslovaca habló a los suyos con verdad:
“Cuando hablo de la atmósfera moral contaminada… hablo de todos nosotros. Todos nos habíamos acostumbrado al sistema… y lo aceptábamos como un hecho inmutable, ayudando así a perpetuarlo… Ninguno de nosotros es solo su víctima. Todos somos también sus cocreadores”.
La enseñanza que trasladaba a los suyos era crucial de cara a unas elecciones y al gobierno provisorio que él encabezaba, como si acaso estas pudiesen resolver mágicamente lo vertebral que los aquejó. Por lo que, he aquí la tercera cuestión que debe preocuparnos a los venezolanos, a saber, la de romper nuestras propias cadenas ―las del tutelaje secular que se nos instalara, falseando nuestra génesis libertaria desde el instante inaugural de nuestra república, a partir de 1830.
Se trata de la pesada losa que nos ha llevado a depender y sujetar nuestros proyectos de vida, por ser la vía más cómoda, al arbitrio del mandamás de turno, el de uniforme o el de levita, salido de los cuarteles o emergido dentro de la trama interpartidaria. Ello ha provocado entre nosotros una desviación existencial corregible, y lo demuestran el pueblo que nada ya espera de los “empleados” de la política.
Havel decía bien sobre “nuestro principal enemigo”: “nuestros propios rasgos negativos, la indiferencia hacia el bien común, la vanidad, la ambición personal, el egoísmo y la rivalidad”, es decir, la creencia de que todo nos lo debe el titular del poder. Y si este no satisface esos rasgos lo linchamosipso facto, sin miramientos, guiados por los hígados, haciendo dormir la voluntad sana que solo se construye en las hornillas de la razón, las que nos humanizan.
“Sería muy irrazonable entender el triste legado de los últimos cuarenta años como algo ajeno que algún pariente lejano nos legó. Al contrario, tenemos que aceptar este legado como un pecado que cometimos contra nosotros mismos”, señala el Premio Ghandi de la Paz, que lideró a su nación, que tuvo que hablar con sus represores, sí, pero con el único propósito de que abandonasen en paz y sin sangre el poder criminal que habían detentado durante décadas.
Lo más importante que hemos de aprender de este peregrino del humanismo, entonces, en su lección para que ajustemos nuestros comportamientos a la moral democrática, a sus valores éticos, sirviendo siempre a la verdad: “La política no puede ser simplemente el arte de lo posible, especialmente si esto implica el arte de la especulación, el cálculo, la intriga, los acuerdos secretos y las maniobras pragmáticas, sino que también puede ser el arte de lo imposible, como el arte de mejorarnos a nosotros mismos y al mundo”.
Resulta paradójico que, en una era tan digitalizada como la actual, todavía nos cueste tanto entender el significado de la inclusión laboral en toda su esencia.
Tener dentro de la plantilla de una empresa a una persona con cualidades distintas, específicamente a una persona usuaria de silla de ruedas, genera una transformación que va mucho más allá de cumplir una ley o de proyectar una imagen de empresa inclusiva. Incorporar a una persona con discapacidad permite conocer un punto de vista completamente diferente sobre cualquier situación o problema organizacional. La diversidad no solo enriquece las conversaciones, también transforma la forma en la que una organización piensa y toma decisiones.
Vivimos en un mundo donde la digitalización de los procesos organizacionales pareciera estar prescindiendo poco a poco del talento humano. La aparición de la inteligencia artificial ha llevado a muchos a creer que podrá sustituir a las personas en numerosos procesos. Sin embargo, contar con una persona en silla de ruedas dentro de la organización no solo nos acerca nuevamente a lo humano, sino que nos recuerda que la tecnología ayuda, pero nunca podrá sustituir las conexiones reales que se generan entre las personas.
Tener personas con cualidades distintas dentro de un equipo hace que ese departamento descubra potencialidades que muchas veces permanecían ocultas. No hablo únicamente de capacidades profesionales, sino también de crecimiento humano. Se aprende el significado del agradecimiento, del por qué estoy aquí, del por qué no debo asumir una posición de víctima frente a la realidad y de cómo, aun con las dificultades, siempre es posible aportar valor y ayudar a otros. En un momento donde la sensibilidad humana pareciera estar perdiéndose, ese quizás sea el llamado más urgente que debemos hacer como sociedad.
Resulta inconcebible que todavía sea necesario impulsar leyes para promover la contratación de personas con discapacidad. En países como Colombia continúan apareciendo mecanismos legales que ofrecen beneficios tributarios a las empresas que realizan estas contrataciones. Sin restarle importancia a estos incentivos, me pregunto si realmente las organizaciones han entendido que el mayor beneficio no está en una exoneración fiscal, sino en contar con personas profundamente comprometidas, agradecidas por la oportunidad y convencidas de aportar al crecimiento de la empresa.
Vivimos en un momento donde el mundo pareciera no saber muy bien hacia dónde va. La falta de compromiso, de solidaridad y de sentido de pertenencia hace que muchas veces valoremos todo como algo temporal. Precisamente allí es donde la inclusión puede convertirse en un elemento diferenciador dentro de la cultura organizacional.
Nunca he criticado las mejoras que una empresa puede realizar para mantenerse competitiva. Tampoco cuestiono la necesidad de adaptar los modelos de negocio a las nuevas exigencias del mercado. Lo que sí considero necesario preguntarnos es cuál será el lugar que ocuparemos las personas con cualidades distintas dentro de esa transformación. ¿Cómo participaremos en ese nuevo modelo de empresa? ¿Cuál será nuestro aporte dentro de organizaciones que hablan constantemente de innovación y de cambio?
El verdadero modelo de negocio de las empresas actuales debería estar profundamente conectado con la humanización de las organizaciones. Porque, aunque hoy hablemos de automatización, inteligencia artificial y transformación digital, no olvidemos que las empresas siguen estando conformadas por seres humanos.
Y si hablamos de humanización, también debemos incorporar la inclusión como parte del modelo de negocio y no como una acción aislada de responsabilidad social. Debemos preguntarnos cómo esa humanización puede transformar verdaderamente a la empresa y convertirla en una organización más cercana, más consciente y más preparada para los desafíos del presente.
Hablar de transformación empresarial no pasa únicamente por adaptarse a los nuevos tiempos. También exige cambiar la óptica con la que observamos a las personas y reconocer que la diversidad es una fortaleza estratégica. El dónde queremos llevar nuestra empresa y el cómo queremos hacerlo dependerá de cada uno de nosotros, de nuestros objetivos, de nuestros sueños y de nuestra visión como líderes.
Pero ese camino solo tendrá sentido cuando entendamos que la inclusión no nace de la misericordia ni de la obligación legal, sino del convencimiento de que todos podemos aportar desde nuestras capacidades para construir organizaciones más humanas y trabajar, juntos, por el bien común.
“Las murallas de una ciudad pueden resistir durante siglos. Lo que rara vez resiste es una puerta que se ha abierto desde adentro”. Arnold J. Toynbee
Siempre que tengo dudas o inquietudes acerca de algún evento en desarrollo, usualmente busco las respuestas en la historia. Ustedes se preguntarán por qué, y les digo que tengo meridianamente claro que la historia se repite. Como dicen, “no hay nada nuevo bajo el sol”. En ella encontramos las respuestas que buscamos, como lecciones incómodas que, por lo incómodas, muchas veces preferimos ignorar.
Estuve releyendo sobre las traiciones y la respuesta reiterada es que las grandes caídas rara vez vienen únicamente de la fuerza del enemigo. Más bien, todo lo contrario: con frecuencia nacen en el lugar donde menos se esperan: en el círculo de confianza.
Julio César no cayó ante un ejército extranjero. Cayó en el corazón mismo de Roma, rodeado de hombres que compartían el poder con él, entre ellos Marco Junio Bruto, a quien César consideraba uno de sus colaboradores más cercanos y en quien había depositado su confianza. Incluso, hay sospechas entre varios autores de que pudo haber sido hijo natural suyo, aunque no hay pruebas. Pues bien, cuando llegó el momento de la conspiración, la herida más profunda que recibió César no fue la del puñal: fue descubrir que Bruto sostenía uno.
Algunos historiadores insisten que sus últimas palabras antes de morir fueron en griego: “Kai su, teknon?” (“¿También tú, hijo mío?”. Y lo cierto es que con el devenir del tiempo se han convertido en el paradigma universal de la traición.
A Jesús no lo entregaron quienes lo perseguían, sino uno de los doce que caminaban con él, que escuchó sus palabras y compartió su mesa. Judas Iscariote pasó a la historia como el símbolo de una traición que no llegó con una espada, sino con un gesto de afecto: un beso. Detrás de ese beso, treinta monedas de plata.
Y en las Termópilas, a los espartanos de Leónidas no los venció únicamente la superioridad persa. Fue Efialtes, un pastor griego de las montañas cercanas a las Termópilas, quien ―por una recompensa que jamás le fue pagada― reveló a Jerjes, el rey persa, el paso oculto que permitió al enemigo rodearlos. El camino hacia la derrota fue mostrado por alguien que conocía la tierra y sus secretos. Y si uno se pone a buscar los casos de traición, en su abrumadora mayoría fueron protagonizados por personas muy cercanas, no por desconocidos.
Tres momentos, tres lugares, tres épocas distintas. Y una misma constante: el enemigo más peligroso no siempre es quien está enfrente, sino quien conoce desde dentro nuestras fortalezas, nuestras debilidades y nuestros caminos.
Quizás por eso, cuando las naciones atraviesan momentos decisivos, es conveniente recurrir a la historia, porque esta invita a mirar más allá de las fronteras y de los adversarios visibles. Los grandes giros de los pueblos suelen gestarse en silencio, dentro de los propios espacios de poder, allí donde se toman las decisiones y donde la lealtad adquiere su verdadero significado.
Venezuela también vive un tiempo en el que muchos esperan respuestas y cambios. La historia no permite anticipar quiénes escribirán las próximas páginas, pero sí deja una advertencia que atraviesa los siglos: los desenlaces inesperados rara vez llegan solo desde afuera. La mayoría de las veces, la llave de una puerta decisiva está en manos de quienes ya se encuentran dentro.
El Comité de Familiares de las Víctimas de los Sucesos de Febrero-Marzo de 1989 (Cofavic) manifestó su preocupación ante los procesos de recuperación e identificación masiva de los restos humanos después del doble terremoto. La organización advirtió sobre la necesidad de que estas labores se realicen cumpliendo los estándares internacionales de derechos humanos y de las ciencias forenses para evitar procedimientos apresurados o administrativos.
La declaración de la organización se respalda en su trayectoria y experiencia acumulada en el litigio nacional e internacional de tres casos emblemáticos en la historia venezolana. Estas causas abarcaron exhumaciones, desapariciones e inhumaciones masivas: los sucesos del Caracazo de 1989, la masacre del Retén de Catia en 1992 y el deslave de Vargas en 1999.
Cofavic enfatizó que la gestión de cadáveres luego de una tragedia nacional no representa un trámite, sino un deber del Estado vinculado a la transparencia, la justicia, la reparación integral y la no repetición para las víctimas y sus allegados.
Pautas y justicia
Para poder respaldar el tratamiento ético y técnico de los fallecidos, la ONG recordó que la actuación institucional debe regirse por normas universales como el Protocolo de Minnesota sobre la Investigación de Muertes Potencialmente Ilícitas, la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas y los precedentes fijados por la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Cofavic también se refirió al protocolo de Identificación de Víctimas de Catástrofes (IVC) de la Interpol y a la Guía Práctica para la Gestión de Cadáveres en Situaciones de Desastre, diseñada por el Comité Internacional de la Cruz Roja, la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja para situaciones en las cuales los servicios forenses se ven saturados.
El comunicado menciona el criterio de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, según el cual mantener la incertidumbre sobre el paradero de una víctima constituye una forma de sufrimiento para sus familiares. Por este motivo, Cofavic recuerda que los entes del Estado tienen el deber de extender las operaciones de búsqueda hasta lograr una aclaración de lo sucedido o la entrega digna de los restos a las familias.
Recuperación e identificación
Con el objetivo de proteger las labores forenses, Cofavic exhortó a las autoridades a constituir equipos multidisciplinarios que integren antropólogos forenses, arqueólogos, médicos, odontólogos, genetistas, criminalistas, fotógrafos forenses, expertos en custodia y psicólogos.
La organización también enfatizó que toda labor en esta situación debe seguir un plan formal que incluya autorización judicial, evaluación de riesgos, cartografía, aseguramiento de la zona, documentación detallada con coordenadas GPS, descripciones anatómicas y registro fotográfico.
Plan Nacional de Exhumaciones
Frente a la contingencia provocada por los terremotos, la organización planteó al Estado la creación urgente de un “Plan Nacional de Exhumaciones e Identificación”, el cual disponga estructurar un registro de las personas desaparecidas, además de establecer un banco de perfiles genéticos para poder cumplir con las exigencias forenses y los derechos humanos.
La institución concluyó reafirmando que las familias poseen el derecho de conocer la verdad de lo ocurrido, recibir los restos de sus seres queridos, tomar parte en los momentos decisivos del proceso y disponer de acompañamiento psicosocial especializado. Todo esto mediante la transparencia, la supervisión y el respeto a la dignidad humana, lo que permitirá que se restablezca la confianza ciudadana.
Con información de Nota de Prensa.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
Un estudio realizado por el equipo de Cotejo.info concluyó que las declaraciones del presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, sobre el manejo de los escombros generados por los recientes terremotos en el estado La Guaira, corresponden a una “media verdad”. La investigación del medio analizó el discurso público del funcionario después del cuestionamiento ciudadano y ambiental alrededor de la disposición de estos residuos.
Durante una rueda de prensa realizada el 11 de julio, Rodríguez rechazó las denuncias hechas por diversos sectores que señalaban la presencia de escombros en las playas. En su intervención, dijo que estas observaciones le parecían una especie de “matriz desinformativa” y aseguró que los residuos no serían lanzados al mar.
Rodríguez explicó que los materiales que han sido recuperados tras los colapsos de las edificaciones serán procesados para su reutilización en obras de infraestructura pública, donde se destacan proyectos como la ampliación de la pista del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía.
El impacto ambiental en la costa
Cotejo.info constató que es cierto que no existe evidencia formal o registro documental que demuestre una orden gubernamental de lanzar los escombros directamente al mar. Según el equipo, al contrastar con investigaciones y reportes periodísticos sobre la zona se determinó que una cantidad importante de estos residuos fueron trasladados y depositados en zonas costeras.
Los especialistas del área ambiental consultados en la investigación de Cotejo advirtieron que la llegada de estos desechos al agua puede traer consigo grandes riesgos como la contaminación química de los componentes, la afectación directa a la biodiversidad marina local y la generación de impactos ambientales a largo plazo.
Vacíos legales
El informe incorporó el criterio técnico de Miguel Ángel Morales, ingeniero geólogo, geotecnista y exdirector de Gestión de Riesgos de Protección Civil Miranda, ofrecido en entrevista para Efecto Cocuyo. El profesional detalló que Venezuela carece de una legislación específica y actualizada que dirija la gestión de los desechos luego de un desastre de gran magnitud.
Finalmente, el análisis le recuerda al país que mantiene compromisos internacionales vigentes en materia de conservación y protección del medio marino. Morales enfatizó que los principios consolidados como el Convenio de Cartagena y el Convenio de Londres deben operar como parámetros obligatorios para garantizar un tratamiento ambiental seguro de los escombros provocados por el doblete sísmico.
Con información de Nota de Prensa.
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