Nicolás Maduro propuso el pasado 25 de mayo una reforma electoral que plantearía una “reingeniería completa” del sistema de votación en Venezuela. El cambio incluiría, según explicó, la incorporación de “circuitos electorales comunales” como parte de un nuevo esquema de consulta permanente.
Maduro justificó la medida asegurando que el país necesita modernizar su modelo electoral y adaptarlo a una “nueva realidad”. Aunque no dio detalles específicos, insistió en que se revisarán “todas las leyes electorales”, lo que ha despertado inquietudes en distintos sectores.
La propuesta de reforma electoral retoma una iniciativa impulsada en 2024 por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, tras las protestas por los resultados de las elecciones presidenciales de julio de ese año. En ese momento, se creó una comisión parlamentaria que planteó medidas como la revisión del Registro Electoral, eliminar el voto lista, establecer sanciones a delitos electorales y permitir el financiamiento público de los partidos.
En paralelo, el oficialismo ha promovido consultas comunales con apoyo del CNE. Se realizaron tres en 2024 y se espera una cada trimestre en 2025, incluida una especial el 27 de julio.

Expertos y dirigentes de oposición han advertido que esta reforma electoral podría implicar un giro hacia un modelo similar al de Cuba. La magistrada emérita Blanca Rosa Mármol señaló que se estaría desmantelando el voto directo y universal, mientras que Henrique Capriles alertó sobre un posible desmontaje de las alcaldías para dar paso a “gobiernos comunales”.
En el modelo cubano, las elecciones se basan en asambleas municipales que eligen a sus representantes, quienes luego seleccionan al resto de las autoridades, todo dentro de un sistema controlado por el Partido Comunista. En ese contexto, la reforma electoral propuesta por Maduro despierta temores de una pérdida progresiva del voto directo en Venezuela.
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