Víctor Salmerón, autor en Runrun

Víctor Salmerón

Los bajos salarios evidencian la precariedad de la economía
La poca productividad, el mayor peso de sectores como el comercio de bienes importados que no agrega valor y mínima riqueza para repartir amenazan con una fase prolongada de remuneraciones exiguas

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La implosión de la economía dio paso a la estabilización en el foso y a una lenta recuperación, cargada de problemas estructurales, que amenazan con generar un largo período de trabajadores con salarios empobrecidos.

 Un estudio del Observatorio Venezolano de Finanzas precisa que en Caracas seis de cada diez personas que trabajan lo hacen en el área de comercio y servicios donde la remuneración promedio, que incluye salarios y bonos, apenas equivale a 116,7 dólares mensuales al cierre de abril.

  En la industria los salarios también son exiguos. Conindustria, el gremio que agrupa a la manufactura privada, precisa que en el primer trimestre de este año, la remuneración promedio de los obreros se ubicó en 130 dólares mensuales y en el caso de los profesionales en 339 dólares.

 Lo bajo de las remuneraciones coloca a los trabajadores venezolanos en el grupo de los peor pagados en Latinoamérica: el salario mínimo en Ecuador es de 425 dólares, en Colombia 272 dólares y en Perú 270 dólares.

 La demolición del salario se combina con precios que superan a los de otros países de la región porque la inflación, si bien ha perdido impulso, se mantiene en tres dígitos anuales.

  En Petare, una zona popular en Caracas, una cesta con dos docenas de huevos, harina de maíz precocida, queso blanco, carne, café, arroz, aceite y azúcar cuesta 36 dólares, en Bogotá 31 dólares, en Lima 31,5 y en Manabí (Ecuador) 30,7 dólares.

Capital humano

Tras el colapso de la economía socialista, Nicolás Maduro eliminó el control de cambio y el control de precios, permitió la libre circulación del dólar y concedió libertad para importar. Así, comenzó un lento avance focalizado en comercio, servicios como internet por fibra óptica y algunas ramas de la industria como alimentos y productos de cuidado personal.

 Pero la creación de riqueza es mínima y hay poco para repartir. Daniel Cadenas, economista y profesor de la Universidad Central de Venezuela, resume que “si la torta no crece no hay posibilidad de que los trabajadores reciban una mayor remuneración”.

 Recurre a un cálculo simple pero revelador. Si se toma el PIB, es decir, todo lo que los habitantes de Venezuela producen en un año y se utiliza la mitad para pagar salarios, porque la otra mitad recompensa al capital, la remuneración promedio mensual de los que trabajan sería de solo170 dólares.

 “Los bajos salarios son un incentivo para que siga migrando mano de obra calificada que es esencial para que la economía crezca a altas tasas por largo tiempo. Es una especie de trampa: como el PIB no crece se marcha el recurso humano que vas a necesitar para que crezca a altas tasas”, dice Daniel Cadenas.

 La productividad

Un aspecto clave es que el salario está relacionado a la productividad. Cuanto más produzca un trabajador en una hora, menores serán los costos y las empresas podrán aumentar las ventas y elevar las remuneraciones sin incrementar los precios.

 Aparte de la pérdida de capital humano en Venezuela, hay constantes fallas de energía eléctrica que obligan a paralizar las plantas continuamente, escasez de agua; déficit de combustibles y trabas para obtener financiamiento.

 “Sin electricidad no hay producción y en la mayoría de los procesos industriales necesitas agua. El servicio de internet es defectuoso, estas son cosas que nos hablan de las trabas para aumentar la producción y la productividad”, dice Daniel Cadenas.

 Luigi Pisella, presidente de Conindustria, explica que “incremento salarial es igual a producción y productividad. Si una empresa no produce difícilmente va a recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores y tampoco si no es eficiente”.

 Los problemas para producir y una demanda deprimida se traducen en que la industria privada venezolana solo está utilizando 27% de su capacidad instalada, mientras que en países como Brasil, Colombia y Argentina este indicador supera 60%.

 Luigi Pisella destaca que “cuando se trabaja con solo esta parte de la capacidad instalada, en mucho de los casos, las empresas producen a pérdida o lo poco que producen las hace descapitalizarse”.

 Tras el giro del gobierno una parte sustancial de la actividad económica se ha concentrado en el comercio, tiendas que surten sus anaqueles con productos importados que después de años de escasez crean la sensación de abundancia.

 “Antes de la crisis, los sectores dinamizadores eran manufactura, construcción y petróleo. Ahora, tenemos una economía donde destaca el comercio al detal con mercancía importada. Esto solo contribuye al crecimiento económico de los países donde se compra la mercancía. No hay agregación de valor”, dice Daniel Cadenas.

 “Ningún país ha logrado milagros económicos fundamentado en el comercio”, agrega.

Más desiguales

Si bien la economía apenas comienza a estabilizarse tras una catástrofe en la que el PIB se redujo 80% y los salarios de la mayoría son exiguos, hay capas de la población que sienten mejoría. Por ejemplo, la dolarización oxigenó el ingreso de profesionales como los médicos que ahora cobran en divisas.

 Además, las remesas ayudan al consumo de una parte de las familias y quienes laboran en empresas que están en sectores ganadores como alimentos y servicios de tecnología, obtienen remuneraciones sobre el promedio.

 El resultado es una recuperación incipiente y asimétrica. Mientras algunas capas de la sociedad sienten alguna mejoría en otras, sin acceso a dólares, donde se depende del Estado o se labora en el sector público con remuneraciones ínfimas que giran en torno a 40 dólares mensuales, no hay variación.

 La firma Anova analizó los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), cuya última edición tiene cifras a marzo de 2021 y el resultado es una sociedad más desigual, donde el año pasado se amplió la brecha entre ricos y pobres.

 Anova distribuyó a la población en diez grupos de igual tamaño, desde la capa más pobre hasta la más rica y al contrastar la Encovi 2021 con la de 2020 determinó que “el 30% más pobre de la población no mejoró sus ingresos” mientras que en el más rico aumentó 91%.

 En 2020, el 20% más rico de la población concentraba 54% del ingreso total del país y en 2021 esta proporción se elevó hasta 61%, indica Anova.

  Omar Zambrano, director de Anova explica que “no hay indicios de que esta tendencia donde mientras más pobre peor te ha ido haya cambiado. Tenemos un mercado laboral donde poca gente participa, el salario sigue siendo bajo, las remesas solo ayudan a una parte de los hogares y pocos tienen ahorros en dólares”, añade Omar Zambrano.

 María Gabriela Ponce, socióloga y miembro del equipo de investigadores que elabora la Encovi, indica que aún no hay datos de 2022, pero considera que “no han cambiado las condiciones estructurales que podrían generar mejoras en la desigualdad de ingresos”.

 “Lo que hemos visto es una pequeña recuperación en una economía que venía en descenso y es posible que se siga concentrando en aquellos sectores que tienen más herramientas para acceder a esa mejora, así ha venido siendo durante la crisis y eso es lo que explica los niveles de desigualdad”, dice María Gabriela Ponce.

  “Venezuela siempre ha tenido una desigualdad muy importante entre los grandes centros urbanos y el resto del país y no hay políticas para mejorar la situación de las personas que están en zonas rurales”, explica María Gabriela Ponce.

  En 2021, de acuerdo con la Encovi, el índice de Gini, un número que va de cero, la igualdad perfecta, a uno, la máxima desigualdad, se ubicó en 0,56 uno de los más elevados de la región junto a Brasil.

 

Maduro: cero transparencia y control total de los petrodólares
En un entorno de gran discrecionalidad comienza a despegar el gasto del gobierno. El diseño del presupuesto le arrebató recursos a las gobernaciones y alcaldías

Víctor Salmerón

Tras años de extrema penuria, Nicolás Maduro cuenta con una caja menos endeble gracias al creciente flujo de petrodólares. El salto de los precios del barril, el lento ascenso de la producción y la venta de crudo a China, al margen de las sanciones de Estados Unidos, elevan los recursos pero también la opacidad y el uso discrecional del dinero.

No hay cifras oficiales sobre el ingreso por las exportaciones petroleras, cuántos barriles se envían al exterior y a qué precio; pero proyecciones como la de la consultora Ecoanalítica indican que este año las ventas de petróleo aportarán 16.200 millones de dólares, un alza de 183% respecto a 2020.

Para asegurarse el control total de los petrodólares y una gran discrecionalidad en el gasto, el partido de gobierno aprobó en el parlamento un presupuesto que le quitó a las gobernaciones y alcaldías el derecho a administrar parte del ingreso petrolero.

De acuerdo con el artículo 167 de la Constitución, las gobernaciones y alcaldías deben recibir 20% de los ingresos ordinarios que son los que se obtienen cada año y no una sola vez como ocurre, por ejemplo, cuando se vende una empresa pública. A esta porción de 20% se le conoce como situado constitucional.

Pero el presupuesto aprobado contempla que todo el ingreso petrolero de este año será un ingreso extraordinario, por lo tanto, la partida del situado constitucional se achica.

La exposición de motivos del presupuesto reconoce que “los ingresos por concepto de situado constitucional representan una de las principales y más importantes fuentes de financiamiento de los presupuestos de las entidades regionales”.

Lo que falta

Al elaborar el presupuesto el gobierno previó ingresos petroleros por 38,06 millardos de bolívares, sin precisar el tipo de cambio promedio que prevé para este ejercicio.

José Guerra, exgerente del Banco Central y diputado en el parlamento elegido en 2015, indica que, asumiendo un tipo de cambio de cinco bolívares por dólar, el presupuesto le quitó a las gobernaciones y alcaldías ingresos por situado constitucional equivalentes a 1.500 millones de dólares.

“Se considera que todos los tributos basados en el petróleo son ingresos extraordinarios, esto para no entregarle a gobernaciones y alcaldías lo que legalmente les corresponde”, dice José Guerra.

Si se asume que el tipo de cambio promedio del año será de cinco bolívares por dólar, el ingreso petrolero previsto en el presupuesto equivale a unos 7.600 millones de dólares; pero todo indica que al menos será el doble de esta cantidad.

El gobierno podría entregar más dinero a las gobernaciones y alcaldías bajo la figura de créditos adicionales, que permiten aumentar el monto asignado en el presupuesto; pero se trata de un mecanismo discrecional bajo control de Nicolás Maduro que le resta autonomía a los gobernadores y alcaldes.

Recuperar la conexión

El colapso del socialismo obligó a Nicolás Maduro a alejarse del modelo heredado de Hugo Chávez y si bien no ha cambiado la telaraña legal, en la práctica, eliminó el control de cambio, el control de precios, permitió la libre circulación del dólar y concedió libertad para importar.

Gracias a este giro, el país salió de la hiperinflación y Latin Focus indica que en promedio el estimado de veinte consultoras y entidades financieras es que este año la economía, que cayó 80% entre 2014-2021, crecerá 9,4%.

El gobierno cambia los petrodólares a bolívares en el Banco Central o los utiliza directamente para una porción del gasto público que se está ejecutando en divisas, sobre todo en el pago a proveedores.

Los años del petroestado poderoso han quedado atrás: fuentes del gobierno admiten que es imposible volver al modelo de más Estado y menos sector privado, pero el aumento del ingreso petrolero y la mejoría en la recaudación de impuestos se sienten en el discurso.

“Venezuela va a la prosperidad, a la recuperación del estado de bienestar social del socialismo bolivariano” dijo Maduro la semana pasada en un acto donde anunció un bono equivalente a 2.200 dólares para quienes se jubilaron en el sector público entre 2018 y el primero de mayo de este año.

Además prometió que “cada centavito que entre extra irá directo, sin mucha bulla, pero sí como una cabuya, a las tablas salariales y al salario mínimo de los trabajadores”, que es el más bajo de Latinoamérica y equivale a 40 dólares mensuales.

Maduro complementó los anuncios con un fondo para financiar cooperativas, “un banco digital para apoyar a la clase obrera” y “un sistema nacional de recreación y turismo para todos los trabajadores”.

“Ustedes se imaginan en Los Roques, sacándose un selfie, o en Canaima, en el tepuy mayor tomándose un Tik Tok. Eso viene, porque con la recuperación de Venezuela viene lo mejor para los trabajadores”, prometió Maduro.

Cambio global

Estados Unidos, al igual que una larga lista de países, considera ilegítimas las elecciones de 2018 en las que Nicolás Maduro se reeligió como presidente. En 2019, Donald Trump bloqueó el comercio de petróleo con Venezuela y sancionó a las compañías extranjeras que transportan el crudo venezolano.

Las sanciones agravaron la crisis en una industria petrolera golpeada por corrupción rampante, falta de mantenimiento, mínima inversión y endeudamiento irresponsable al punto que la producción cayó a 392 mil barriles diarios en julio de 2020, el nivel más bajo desde 1934.

Gracias a la ayuda de Irán que provee diluyentes, a intermediarios que colocan el petróleo en Malasia y luego en China, así como a la banca rusa que procesa los pagos, la producción inició una lenta recuperación y en marzo de este año se ubicó en 728 mil barriles diarios.

Al mismo tiempo, el precio se ha disparado por el impacto de las sanciones a Rusia tras la invasión a Ucrania y una mayor demanda respecto a la fase crítica de la pandemia. El barril Brent se cotiza en 113 dólares, el nivel más alto en ocho años.

Rusia es el principal exportador de petróleo del mundo y bombea siete millones de barriles diarios que principalmente consumen países europeos; por lo tanto, Washington y la Unión Europea buscan nuevas fuentes de petróleo, algo que podría beneficiar a Venezuela.

Los escenarios

Francisco Monaldi, director del Programa de Energía para América Latina del Instituto Baker, explicó en un foro organizado por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) que, en el corto plazo, Venezuela no puede jugar un rol relevante como proveedor de petróleo, pero podría hacerlo en cuatro o cinco años.

En su opinión, esto genera un cambio de incentivos en la administración de Biden y podría impulsar una negociación sobre las sanciones. Maduro también tiene incentivos, agregó, “porque Rusia va a comenzar a competir con el petróleo venezolano en China y si Irán llega a un acuerdo con Estados Unidos podría disminuir su cooperación con Venezuela”.

“Pero Maduro no ha dado señales de querer negociar en lo político. No parece haber disposición y eso hace muy difícil en Estados Unidos avanzar en este tema mientras no haya la más mínima señal de que en Venezuela puede haber un restablecimiento de las libertades” dijo Monaldi.

Al analizar las perspectivas de la producción de petróleo afirmó que “la rentabilidad y el mayor flujo de caja pueden permitir que Pdvsa haga ciertas inversiones y la producción podría subir en 100-150 mil barriles hacia finales de 2023”.

En caso de que Washington flexibilice las sanciones y permita que empresas como Chevron extraigan petróleo en Venezuela “se podrían agregar otros 100 mil o 150 mil barriles pero eso requiere inversiones, credibilidad y cambios en el marco institucional”.

“Una recuperación verdadera y significativa requiere un cambio político e institucional mucho más profundo, gran credibilidad, apertura amplia al capital privado y levantamiento completo de las sanciones”, dijo Francisco Monaldi.

En un reciente estudio la consultora Wood Mackenzie indica que si Estados Unidos flexibiliza las sanciones la producción podría aumentar hasta 1,3 millones de barriles diarios en 2028 si se concretan inversiones anuales por cinco mil millones de dólares.

Igor Hernández, profesor del Centro de Energía y Ambiente del IESA, indicó en el foro de la UCAB que “la recuperación de la producción petrolera no es solo un tema de sanciones y de acceso al mercado de Estados Unidos sino del riesgo que se tiene al operar con Pdvsa, una empresa sujeta a varias investigaciones”.

“Hay una gran necesidad de financiamiento y cualquier esquema de reactivación tiene que pasar por el sector privado. Un aspecto fundamental tiene que ver con mejores prácticas y adquisición de nuevas tecnologías. La pregunta central es: ¿qué nos hace competitivos en el largo plazo?”, subrayó Igor Hernández.

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Bancos deberán aumentar el capital por órdenes de Sudeban
Los accionistas de las entidades financieras deberán inyectar dinero en efectivo para respaldar las operaciones. La medida hará viable una limitada expansión del crédito

@VSalmeron

 

El superintendente de bancos, Antonio Morales, emitió una resolución con la que obliga a los accionistas de las entidades financieras a inyectar dinero para incrementar el capital mínimo, una medida que busca fortalecer al sistema, sentar las bases para un aumento del crédito y que podría incentivar algunas fusiones.

El capital es el dinero que colocan los accionistas para respaldar las operaciones y proviene de aportes o ganancias que obtiene el banco. La Superintendencia señala que el aporte deberá ser con dinero en efectivo en un plazo no mayor de seis meses: 60% “con recursos propios de los accionistas” y el 40% con ganancias acumuladas.

¿Cuánto hay que aportar? La nueva norma obliga a que el capital mínimo en efectivo para operar equivalga a 3% del activo que, básicamente, representa lo que presta el banco mediante créditos y compra de bonos.

Tomando en cuenta la cifras de diciembre de 2021, que son las que utiliza la Superintendencia para el cálculo, Síntesis Financiera precisa que, en total, los de los bancos privados tendrán que aportar el equivalente a 60 millones de dólares y los bancos públicos 142 millones de dólares.

En el caso de la banca pública (Venezuela, Tesoro, Bicentenario, Fuerzas Armadas y Agrícola) el aporte es mayor porque en conjunto controla 70,6% del activo de todo el sistema financiero.

La banca privada se ha achicado notablemente y a pesar de que cuenta con 18 bancos solo controla 29,3% del activo del sistema. Once bancos, en conjunto, apenas poseen 3,3% de los activos.

Comenzar a exigir

La resolución de la Superintendencia indica que la exigencia de capital es necesaria porque los bancos, “al contar con un capital social suficiente para hacer frente a sus obligaciones generan una mayor confianza y seguridad jurídica en sus operaciones, protegiendo así los intereses de los usuarios”.

Aparte del capital mínimo en efectivo para operar, que ahora se establece en 3% del activo, los bancos tienen que contar con un capital que en total equivalga a 9% del activo. El capital en efectivo se esfumó y representa cero respecto al activo, pero actualmente los bancos cumplen con el requerimiento gracias a lo que denominan “ajustes al patrimonio”.

Los ajustes al patrimonio permiten tomar en cuenta para el capital cosas como la revalorización de los inmuebles que se utilizan como sede central.

Además, la Superintendencia disminuyó el activo que se toma en cuenta para el cálculo de la proporción del capital, excluyendo los bonos emitidos por Pdvsa y el Ministerio de Finanzas.

No obstante, la nueva resolución de la Superintendencia recuerda que “la adecuada capitalización de un banco se considera indispensable para su funcionamiento, vista la importancia que ello reviste en cuanto a la medición de la capacidad potencial de absorción de pérdidas”.

El crédito

Las exigencias de capital, entre otras cosas, buscan que los bancos mantengan una relación mínima entre los fondos propios y los riesgos que asumen al prestar el dinero de los ahorristas; por tanto, la inyección de capital aumentará la capacidad de los bancos para prestar.

Pero se trata de un efecto de poco alcance. Síntesis Financiera indica que “los nuevos requisitos de capital no resuelven la insuficiencia de crédito bancario” que ha hecho que las empresas tengan pocos recursos para operar.

El crédito se encuentra muy limitado porque, para evitar que las entidades financieras presten bolívares que puedan emplearse para comprar dólares, el Banco Central solo les permite otorgar créditos con 27% de los depósitos.

Además, el gobierno no permite que los bancos otorguen créditos en divisas y los depósitos en dólares ya representan la mitad de las captaciones.

“Para aliviar la escasez de crédito también es necesario reducir el encaje legal y permitir a la banca intermediar los fondos que capta en moneda extranjera”, dice el informe de Síntesis Financiera.

Sistema enano

La banca venezolana demostró capacidad para mantenerse a flote en medio de una economía devastada por la hiperinflación y ocho años continuos de recesión; no obstante, la crisis y las regulaciones la han convertido en una enana que gestiona un volumen insignificante de créditos.

El Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) indica en su reporte de febrero que el sistema bancario sigue afectado por el reducido nivel de actividad económica, las elevadas tasas de inflación, las restricciones y el acelerado proceso de dolarización.

En 2013, un año antes de que comenzara el deslave de la economía, el portafolio de préstamos de la banca equivalía a 45 mil millones de dólares y al cierre de 2021 se había encogido a tan solo 310 millones de dólares, una cifra insignificante en la región.

Basta con observar que el portafolio de créditos de la banca colombiana equivale a 143 mil millones de dólares, de acuerdo con datos del Sistema Automatizado de Información Financiera (SAIF) y el Banco Av Villas, décimo en el ranking colombiano, gestiona una cartera de 3 mil millones de dólares.

 El concentrado

Un aspecto relevante es que si bien el sistema financiero se ha encogido a niveles ínfimos, dentro del mismo hay una clara concentración del negocio. Cinco bancos, Venezuela, Provincial, Banesco, Nacional de Crédito y Mercantil, controlan 75% de los préstamos y 74% de los depósitos.

Los 18 bancos restantes se reparten lo poco queda del negocio y tienen una presencia mínima en un sistema financiero que ya es bastante pequeño.

El Banco de Venezuela, la principal entidad financiera del gobierno, tiene una clara posición de dominio: controla 19% de los créditos de todo el sistema, 35% de los depósitos y 61% de los activos.

“Se trata de un sistema donde el Banco de Venezuela, un banco público con vínculos muy estrechos con la autoridad fiscal y la monetaria, ejerce una clara posición de dominio en prácticamente todas las áreas relevantes de la banca”, dice el Instituto de Investigaciones Económicas de la UCAB.

¿Tiempo de fusiones?

Banqueros consultados están de acuerdo en que es necesario un aumento del capital, pero consideran que la medida los obliga a inyectar dinero propio en un negocio que actualmente está muy limitado y ofrece pocas perspectivas de rentabilidad.

“Esto obliga a decirle a los accionistas que se metan la mano en el bolsillo y coloquen dinero fresco en un negocio que se ha hecho muy poco rentable; es una forma de obligarlos a traer parte de los dólares que tienen en el exterior”, dice el presidente de un banco mediano.

“El aumento de capital debería hacerse progresivamente con las ganancias acumuladas”, agrega.

En este entorno, bancos pequeños con poca opción para mantener un nicho rentable en una economía pulverizada tras ocho años de crisis, comienzan a plantearse la posibilidad de fusionarse con otra entidad a fin de fortalecer el patrimonio y ampliar las perspectivas.

Las fusiones tienen un alto grado de intervención política porque las leyes obligan a que requieran la autorización del Directorio del Órgano Superior del Sistema Financiero Nacional, integrado por cinco funcionarios nombrados por el presidente de la República: el ministro de finanzas, el presidente del Banco Central y tres directores.

Banqueros señalan que el alto grado de intervención del gobierno hace que no sea fácil avanzar en un proceso de fusión, pero admiten que estratégicamente no queda otra opción.

Venezuela: la economía ante una lenta y frágil recuperación
Si el país es capaz de crecer al 10% de manera sostenida, algo que luce muy remoto, tomaría 17 años regresar a una economía del tamaño que había cuando Nicolás Maduro se instaló en el Palacio de Miraflores

@VSalmerón

Tras una debacle equiparable a una guerra, la economía venezolana tocó fondo y las proyecciones coinciden en que este año quedará atrás la recesión que comenzó en 2014; pero la recuperación será lenta y por ahora, concentrada en pocos nichos.

Latin Focus indica que en promedio el estimado de veinte consultoras y entidades financieras como UBS y Ecoanalítica es que este año la economía crecerá 9,4%, un dato que puede parecer relevante pero que, de concretarse, no será más que un ligero rebote.

Para eliminar el espejismo de los porcentajes es útil un ejemplo: La crisis redujo la economía en 80%, como si una persona de 100 kilos rebajara hasta 20 kilos. Si creciera 10%, un número muy similar al promedio de las proyecciones, comenzaría a pesar 22 kilos y si al año siguiente aumentase otro 10%, solo alcanzaría los 24,2 kilos.

Barclays precisa, que a un ritmo de crecimiento de 10% anual, una tasa gigantesca para cualquier país, a Venezuela le tomaría 17 años retornar a una economía del tamaño de 2013, el año en que Nicolás Maduro se instaló en el Palacio de Miraflores.

La historia demuestra que para Venezuela es muy difícil alcanzar el crecimiento alto y sostenido. “Desde los año 70 lo máximo que el país ha crecido antes de sufrir una caída es cinco años consecutivos”, dice Asdrúbal Oliveros director de Ecoanalítica.

El oxígeno

Con las manos vacías tras el colapso de la economía socialista, Nicolás Maduro eliminó en la práctica el control de cambio y el control de precios, permitió la libre circulación del dólar y concedió libertad para importar. Gracias a este giro, el país salió de la hiperinflación y se acabó la escasez de alimentos y medicinas.

Rápidamente la dolarización oxigenó el ingreso de una capa de la población, el consumo recibió el impulso de las remesas, el comercio despertó y revivió la exportación de ron, cacao y camarones.

Además la caja del gobierno aumentó por el alza en los precios del petróleo y la recaudación de impuestos.

Así comenzó un despertar de la economía focalizado en nichos como producción de alimentos básicos, venta de productos de cuidado personal y servicios como internet satelital o nuevos restaurantes para la pequeña capa con alto poder adquisitivo.

Pero se trata de un crecimiento limitado que excluye a la mayoría. Cinco millones de ancianos reciben una pensión de 30 dólares y los obreros mejor pagados una remuneración mensual de tan solo 138 dólares.

Daño estructural

Regresar a la Venezuela anterior a la crisis será complicado.

“Hay una narrativa de ser optimista, tener esperanza, de que haciendo las cosas bien la recuperación puede ser muy rápida y la evidencia dice que no, que son procesos complejos y la caída fue tan profunda y larga que hay daños estructurales y no coyunturales”, afirma Asdrúbal Oliveros.

Desde su punto de vista existen fallas que limitan el crecimiento potencial. Explica que el Estado colapsó y no provee servicios esenciales como seguridad, salud y educación. A esto se agrega una pérdida cuantiosa de capital humano, millones de venezolanos preparados que abandonaron al país y una infraestructura en la lona.

“Fallas eléctricas, vialidad deficiente, puertos y aeropuertos que colapsarían si se duplicaran las importaciones, pocas gandolas para trasportar mercancía. Son restricciones que limitan la capacidad de crecer”, dice Asdrúbal Oliveros.

Añade “poca competitividad, en la industria hubo una destrucción de cadenas de valor. ¿Cómo las recuperas y haces que sean competitivas? Y también está el tema institucional, un país funciona con leyes claras, con marcos que atraen inversión”.

Las leyes para controlar la economía siguen vigentes, solo se han derogado de facto. Macroconsultores señala que el crecimiento necesita de “instituciones fortalecidas que disminuyan la discrecionalidad gubernamental porque atenta contra la confianza, incrementa los costos de transacción y desalienta la inversión”.

“En especial, aquella inversión que requiere de tiempo para madurar, que suele ser la que más encadena el tejido de actividades económicas y favorece al empleo”, agrega el informe de Macroconsultores.

El costo político

Estados Unidos, al igual que una larga lista de países, considera ilegítimas las elecciones de 2018 en las que Nicolás Maduro se reeligió como presidente. En 2019, Donald Trump bloqueó el comercio de petróleo con Venezuela y sancionó a compañías extranjeras que transportan petróleo desde Venezuela a otros mercados.

Además, las sanciones impiden la reestructuración de la deuda externa y el manto de ilegitimidad del gobierno bloquea el acceso a préstamos de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional.

Entre 2004 y 2014 Venezuela disfrutó del boom petrolero más largo de su historia, pero Hugo Chávez, para ese entonces presidente de la República, hizo un manejo caótico de los recursos y en ese lapso quintuplicó la deuda en dólares con la emisión de bonos, créditos de países como China y expropió empresas que demandaron al país en el exterior.

La deuda venezolana, tomando en cuenta bonos, créditos de otros países y un estimado por los fallos del Centro de Arbitraje del Banco Mundial suma 140 mil millones de dólares.

Desde 2017, mucho antes de las sanciones de Estados Unidos, el país está en default y tiene atrasos por 40 mil millones de dólares en el pago de los bonos.

Macroconsultores indica que es necesario “gestionar acuerdos políticos que permitan al país insertarse en los flujos internacionales de financiamiento, restructurar la deuda externa, fomentar el crédito, para que se propicien las inversiones nacionales y extranjeras que apalanquen el crecimiento en el mediano y largo plazo”.

Un aspecto a tomar en cuenta es que la banca venezolana está descapitalizada y es incapaz de financiar una expansión de la economía, por lo que es muy probable que sea necesario un proceso de fusiones y aportes de capital para mejorar su capacidad.

Si bien Maduro ha dado un giro en lo económico que le ha ayudado a mantenerse en el poder, en el plano político luce lejana la posibilidad de un acuerdo que permita un ajuste de calidad para colocar a Venezuela en la senda del crecimiento sostenido.

Barclays indica en su último reporte, fechado el 18 de abril, que sin acuerdos para una elección presidencial libre y justa en 2024, hay bajas probabilidades de un cambio en la política de Estados Unidos y de la resolución de la crisis.

Factor petróleo

Tras la invasión a Ucrania Estados Unidos busca aislar a Rusia y para ello es fundamental que aumente la oferta de petróleo a fin de que Europa disminuya la compra de barriles al Kremlin.

En este entorno, el gobierno de Biden entabló conversaciones directas con Maduro y envió a Caracas una delegación oficial el pasado 5 de marzo.

Si bien desde entonces circulan rumores sobre una posible flexibilización de las sanciones a fin de que Venezuela eleve su producción de petróleo, que al cierre de marzo se ubicó en 728 mil barriles diarios, esta posibilidad luce comprometida.

Analistas coinciden que tras años de mínima inversión, corrupción rampante, la ausencia de taladros activos y la pérdida de capital humano, la producción petrolera a lo sumo podría aumentar hasta un millón de barriles diarios, una cantidad marginal en el mercado global donde Rusia inyecta siete millones de barriles al día.

Barclays considera que luce difícil que Estados Unidos sacrifique sus intentos por restablecer la democracia en Venezuela, el objetivo principal de las sanciones, por un aumento marginal en la oferta de petróleo.

Fuentes señalan que lo que está sobre la mesa es una flexibilización de las sanciones para que empresas como Chevron puedan extraer petróleo en Venezuela y venderlo en el exterior.

La inestabilidad

Tras ocho años de caída al fin ha habido un cambio en la tendencia; pero sin reformas de fondo que permitan altas tasas de crecimiento por largo tiempo, Venezuela corre el riesgo de permanecer décadas a ras de piso.

“Si hay una dinámica política que no se resuelve, con el gobierno actual haciendo lo poco que puede hacer, tu capacidad de recuperarte es extremadamente lenta, puedes estar cincuenta años con un economía en el foso”, dice Asdrúbal Oliveros.

Barclays advierte que, en un entorno en que la economía no crezca, la permanencia en el poder de Nicolás Maduro luce comprometida, porque podrían aflorar contradicciones a lo interno del régimen.

No duda en indicar que “para alcanzar una solución económica estable el régimen necesita abordar la cuestión principal: la mejora de las condiciones electorales, que ha sido la principal exigencia de la comunidad internacional para que se le conceda el alivio de las sanciones”.

El BCV toma medidas para reforzar el anclaje del dólar
El ajuste del gobierno entra en una nueva etapa e inicia un aumento del gasto público que obliga al Banco Central a ofertar bonos para absorber bolívares y tratar de contener la demanda de divisas

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Durante ocho meses el Banco Central ha logrado que la cotización del dólar se mantenga estable en un rango de entre 4 y 4,5 bolívares, pero la administración de Nicolás Maduro inició un giro que obliga a tomar medidas extra para mantener el anclaje.

El gobierno dejó atrás el recorte del gasto público y comenzó un ciclo de mayores egresos, por lo tanto, habrá más bolívares que podrán utilizarse para comprar dólares y el aumento en la demanda de dólares amenazará la estabilidad del tipo de cambio.

Para manejar la presión el Banco Central comenzó a vender bonos a fin de absorber parte de los bolívares que comienzan a fluir por la tubería del gobierno. Los bonos tienen condiciones distintas para las empresas, las personas y las entidades financieras.

En el caso de las empresas y los particulares, los bonos tienen el atractivo que mantienen su valor en caso de que el bolívar se devalúe y reportan un rendimiento anual de entre 3% y 3,25% sobre la variación del precio del dólar.

Para las entidades financieras el bono reporta un rendimiento de 1% sobre la variación del dólar. Las empresas y los particulares pueden comprar bonos a plazos de 28 y 56 días, en el caso de los bancos, solo a 56 días.

El Banco Central dijo en un comunicado que con los bonos “se intenta una mayor incidencia, tanto en la trayectoria de los agregados monetarios, como en el comportamiento del mercado cambiario, ya que ofrecen un rendimiento más alto a sus inversionistas con respecto a mantener coberturas en divisas”.

Nueva etapa

Tras el colapso de la economía socialista, Nicolás Maduro alargó la agonía con racionamiento de alimentos básicos y persecución al mercado negro, pero a partir de 2020 acabó con el control de precios, el control de cambio, permitió la libre circulación del dólar e implantó un severo recorte del gasto que pulverizó el salario y las pensiones.

Ahora en un entorno en que el aumento de la producción petrolera y el alza del precio del barril incrementan el ingreso y la mayor actividad del comercio eleva la recaudación de impuestos, el gobierno comienza a gastar más, principalmente mediante el aumento del salario de los trabajadores públicos y las pensiones.

Síntesis Financiera señala en su informe El Tesorero, que en el primer trimestre de este año el gasto del gobierno se ubicó en el equivalente a 1.670 millones de dólares, una cifra que representa un aumento de 19% respecto al cuarto trimestre de 2021.

Si bien siguen siendo insuficientes y no cubren las necesidades básicas las pensiones, por ejemplo, aumentaron desde 7 bolívares hasta 130 bolívares y en lo que va de año, señala Síntesis Financiera, cada pensionado ha recibido el equivalente a 53,6 dólares mientras que en el mismo lapso de 2021 apenas 9,4 dólares.

“El plan es utilizar el aumento del ingreso petrolero y en la recaudación de impuestos para mejorar la calidad de vida, sobre todo de cara a 2024 cuando habrá elecciones presidenciales”, dice un técnico del Banco Central.

De acuerdo con las proyecciones de Ecoanalítica este año el gobierno recibirá ingresos por la vía petrolera en el orden de 16.200 millones de dólares, un aumento de 183% respecto a 2020.

Anclaje presionado

El ajuste que aplica Nicolás Maduro tiene como principal componente la estabilidad del dólar para abaratar el costo de las importaciones y cambiar las expectativas con un signo de solidez, tras cuatro años en los que la hiperinflación dinamitó la confianza en el bolívar.

El anclaje del dólar es fundamental para explicar la desaceleración de la inflación que en los últimos siete meses se ha mantenido en variaciones de un dígito. En marzo de este año, según datos del Banco Central se ubicó en 1,4%, la menor tasa intermensual desde agosto de 2012.

Pero en empresas y entidades financieras crecen las dudas sobre la sostenibilidad de la estabilidad del tipo de cambio. Si bien los bonos del Banco Central pueden ayudar a contener la demanda de dólares hay una serie de elementos en juego.

Para mantener estable la cotización del dólar cada semana el Banco Central vende a través de las entidades financieras dólares que obtiene por la venta de petróleo en China y que recibe a través de la banca rusa. Esta triangulación, le permite al gobierno de Maduro evadir las sanciones de Estados Unidos.

Las sanciones a Rusia tras la invasión a Ucrania generan incertidumbre sobre si el esquema se verá afectado y bajará la oferta de dólares del Banco Central, algo que atentaría contra la estabilidad del tipo de cambio.

Otro factor a tomar en cuenta es que Rusia comenzó a venderle petróleo con descuento a China, el mercado donde Venezuela coloca 90% de sus exportaciones. La competencia de los barriles rusos podría restarle espacio a los de Pdvsa y disminuir el flujo de petrodólares que recibe el gobierno.

El tema fiscal también es relevante. Mientras la cotización del dólar se ha mantenido en torno a 4,30 bolívares la inflación, si bien se ha desacelerado, sigue siendo elevada al punto que las cifras oficiales indican que en los últimos doce meses acumula un salto de 284%.

Esto pone en marcha una cadena preocupante: Pdvsa recibe petrodólares que vende al Banco Central a la tasa de 4,30 bolívares. Luego, le entrega estos bolívares al gobierno para que gaste, pero la inflación hace que cada mes estos 4,30 bolívares tengan menos poder de compra.

José Guerra, exgerente de investigaciones económicas del Banco Central, explica que “si Pdvsa vende los dólares a 4,30 y la inflación es alta esos bolívares no rinden. En algún momento van a tener que corregir el tipo de cambio. La experiencia venezolana dice que mientras más se retrasa la corrección más fuerte es la devaluación”.

El informe de Latin Focus al cierre de marzo indica que el promedio de las proyecciones de sus panelistas que incluye a bancos y firmas como Oxford Economics, BancTrust y Moody’s Analytics, indica que este año el tipo de cambio cerrará en 12 bolívares por dólar.

La asfixia del crédito también puede hacerse insostenible. A fin de que no los bancos no otorguen créditos en bolívares que puedan ser utilizados para comprar dólares el Banco Central obliga a las entidades financieras a inmovilizar 73% de los depósitos.

La consecuencia es una economía con muy poco crédito donde las empresas y los emprendedores sufren una severa restricción de financiamiento que limita el crecimiento.

Dato polémico

Durante los cuatro años en que Venezuela estuvo sumergida en la hiperinflación el Banco Central ocultó las estadísticas. Esto propició que el Observatorio Venezolano de Finanzas comenzara a medir la variación de precios y se convirtiera en una referencia.

Su dato de inflación de marzo difiere por completo con el del Banco Central. De acuerdo con el Observatorio los precios registraron un alza de 10,5%, por el impacto del aumento en los servicios públicos y el anuncio del impuesto a las transacciones en dólares que el gobierno puso en marcha para incentivar un mayor uso del bolívar.

José Guerra, quien se desempeña como director del Observatorio, afirma que “la cifra de inflación de marzo del Banco Central es un absurdo. El Observatorio tiene los registros de cada producto del índice de precios, no es creíble”.

Daniel Cadenas, economista y profesor de la Universidad Central de Venezuela, considera que “la mayoría de los países están reportando una aceleración de la inflación en marzo, por el incremento en los precios de materias primas, energía y alimentos como consecuencia de la invasión a Ucrania. En un país que importa casi todo, está cifra de inflación no es creíble”.

Desde su punto de vista Venezuela sufre lo que denomina inflación importada, es decir, como los precios están aumentando en la mayoría de los países donde Venezuela adquiere productos de todo tipo esta inflación se traslada, por ejemplo, desde Estados Unidos a los supermercados de Caracas.

“La inflación anualizada en Estados Unidos se aproxima a 8% cuando lo normal es 2%. En un economía que depende en gran medida de la importación de bienes finales y donde lo poco que produce necesita un alto componente de materia prima importada, el mecanismo de transmisión de la inflación global es importante”, dice Daniel Cadenas.

*Puede leer también: El petróleo lubrica la geopolítica

Víctor Salmerón Mar 31, 2022 | Actualizado hace 2 meses
El petróleo lubrica la geopolítica
Estados Unidos toca la puerta de autocracias en busca de petróleo para aumentar el aislamiento de la Rusia de Putin. La postura de Arabia Saudita, hasta ahora alejada de la administración Biden es clave. Analistas proyectan un barril sobre los 200 dólares

@VSalmeron

 

La invasión de Rusia a Ucrania acabó con la amnesia sobre el rol estelar del petróleo como fuente de energía e inició un giro en la geopolítica. El impacto es evidente: Estados Unidos se acerca a gobiernos autocráticos, se acelera la negociación con Irán sobre armas atómicas y la OPEP recupera poder.

Estados Unidos y Europa castigaron a Rusia con severidad. Sus bancos están desconectados del sistema financiero global, la mitad de sus reservas internacionales permanecen congeladas, las multinacionales le suspendieron la venta de tecnología y la inversión extranjera desapareció, pero el corazón del Kremlin es el petróleo.

Rusia es el principal exportador de petróleo del mundo y bombea siete millones de barriles diarios que principalmente consumen países como Alemania, Polonia y Francia. Estados Unidos dejó de comprar petróleo a Rusia pero los barriles rusos solo representaban 3% de su consumo total mientras que en Europa son fundamentales.

Para golpear con mayor fuerza al gobierno del presidente ruso, Vladimir Putin, es fundamental que aumente la oferta de petróleo y Washington, en un movimiento similar al de los tiempos de la guerra fría cuando para aislar al comunismo tejió relaciones con dictaduras, se enfoca menos en los principios y privilegia la búsqueda de barriles.

Aparte de esta razón de fondo, en lo inmediato, hay un agujero en el mercado petrolero que dispara el precio del combustible e impacta el presupuesto de los estadounidenses: tras las sanciones a Rusia bancos suspendieron el financiamiento a la compra de barriles rusos y compañías petroleras dejaron de adquirirlos.

UBS afirma en su último reporte que dos millones de barriles diarios que Rusia colocaba en el mercado no están fluyendo y la interrupción es una de las causas que catapulta el precio del Brent, el barril marcador, por encima de los cien dólares.

Deutsche Bank estima que entre los países que podrían elevar la oferta de petróleo figuran Venezuela, capaz de duplicar su producción actual de 788 mil barriles diarios entre uno y dos años; Arabia Saudita, que podría elevar su producción en dos millones de barriles diarios en un mes; Emiratos Árabes Unidos con un millón de barriles en un mes e Irán con otro millón de barriles diarios entre tres y nueve meses.

Nueva agenda

Estados Unidos, junto a una larga lista de países, consideró ilegítima la reelección de Nicolás Maduro en 2018 y aplicó sanciones a Venezuela que incluyen el bloqueo a la compra de petróleo, pero el 5 de marzo una delegación de representantes de la administración de Joe Biden visitó Caracas.

La delegación, en la que estuvo Juan González, asesor para las Américas en el Consejo de Seguridad Nacional de Joe Biden, se reunió en el Palacio de Miraflores con Nicolás Maduro.

“Se le reconoció como presidente con esa reunión aunque los norteamericanos no lo digan abiertamente”, dice un ejecutivo de Pdvsa, la empresa petrolera venezolana.
Aparte de la liberación de estadounidenses presos en Venezuela, se negoció la posibilidad de aliviar las sanciones mediante licencias para que empresas como Chevron puedan extraer petróleo venezolano.

“Hemos acordado trabajar en una agenda hacia delante, temas de interés” dijo Nicolás Maduro tras el encuentro.

Analistas consideran que el cerco a Rusia y la guerra en Ucrania van a debilitar el soporte que el gobierno de Maduro recibe de Putin, como el uso del sistema financiero ruso para evadir sanciones de Estados Unidos.

Además, Rusia aumentó sus ventas de petróleo a China, el mercado donde Venezuela coloca 90% del poco petróleo que exporta y los barriles rusos, vendidos con un enorme descuento, pueden ser una competencia feroz.

En este entorno, Maduro tiene el incentivo de hacer concesiones en derechos humanos para obtener un alivio de las sanciones y vender petróleo a Estados Unidos en el mediano plazo, algo que lo reforzaría en el poder. Por su parte, en la nueva guerra fría, Washington se aseguraría de que Venezuela, progresivamente, inyecte más petróleo al mercado.

Ajedrez árabe

El deshielo de Washington dirige su mayor atención a Arabia Saudita, el petroestado que es capaz de elevar la producción en poco tiempo. Atrás queda el tiempo en que Biden desclasificó un informe de inteligencia que concluye que Mohamed Bin Salmán, el heredero al trono de Riad, es responsable del asesinato del periodista Jamal Khashoggi.

«Queremos más oferta de petróleo en el mundo«, dijo Daleep Singh, vice consejero de Seguridad Nacional de Biden para la economía internacional en el programa New Day de CNN el 9 de marzo, señalando explícitamente que Arabia Saudita es una fuente clave.

Pero, por ahora, pesan más otras acciones de la administración de Joe Biden, en especial, haberle quitarle el apoyo a la guerra de los sauditas contra los rebeldes Huthi respaldados por Irán en Yemen.

Antony Blinken, secretario de Estado, esgrimió razones humanitarias al levantarle la designación de terroristas a los rebeldes Houthi en febrero de 2021. Los Houthi devolvieron el favor lanzando misiles contra instalaciones petroleras de Arabia Saudita y ciudades de Emiratos Árabes Unidos, otro actor clave en el tablero petrolero.

Mientras tanto, Arabia Saudita ha establecido nexos con Rusia en cuanto a compra de armas y como socio de la OPEP para establecer acuerdos que limitan la producción de petróleo y refuerzan el precio del barril.

A pesar de los esfuerzos de Washington Arabia Saudita se ha mantenido firme en que la producción de petróleo de la OPEP y sus socios aumentará a un ritmo de 400 mil barriles diarios por mes, hasta recuperar lentamente el nivel previo al recorte de diez millones de barriles diarios de 2020, cuando la pandemia del Covid deprimió la demanda.

El 29 de marzo el ministro de energía saudita, el príncipe Abdulaziz bin Salmán, señaló que cuando la OPEP se reúne para discutir los niveles de producción “todo el mundo deja su política en la puerta”.

Bernard Haykel, director del Instituto de Estudios del Medio Oriente de la Universidad de Princeton, escribe en un análisis que “cuando los sauditas aumenten la producción, será porque les convenga. No se arriesgarán a distanciarse de Rusia poniéndose del lado de Estados Unidos, pero tampoco pondrán en juego su propio futuro económico”.

“Los líderes sauditas internalizaron las lecciones de la década de 1970, cuando los altos precios del petróleo llevaron a una reducción de su demanda. Lo último que quieren es motivar a Estados Unidos y sus aliados a acelerar la adopción de energías renovables. La única pregunta es cuál será el precio que los motivará a actuar”, añade Haykel.
Irán en el tablero

En 2015 el Plan de Acción Integral Conjunto alivió sanciones a Irán a cambio de restricciones estrictas a su programa nuclear para evitar que arme una bomba atómica. Pero el acuerdo, firmado entre Irán con Alemania, China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia se deshizo cuando Donald Trump se retiró en 2018.

Estados Unidos busca firmar un nuevo acuerdo que permitiría que el petróleo iraní retorne al mercado a cambio de que Irán desista de sus aspiraciones atómicas, pero por ahora no ha logrado superar los obstáculos a pesar de los esfuerzos diplomáticos.

Robert Malley, enviado especial de Estados Unidos para Irán, explicó el pasado 27 de marzo que Washington está interesado en cerrar el acuerdo con Irán “lo antes posible” pero un escollo es la petición de los iraníes de que de que Washington deje de clasificar a la Guardia Revolucionaria Islámica, su fuerza militar, como una organización terrorista.

Este paso, de darse, encendería las alarmas de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Israel. “No hemos decidido eliminar de la lista a la Guardia Revolucionaria Islámica. Creemos que nos interesa volver a un acuerdo y creemos que también a Irán, más fielmente podremos implementarlo”, añadió Malley.

Petróleo en las nubes

Mientras Estados Unidos busca aumentar la oferta de petróleo, por ahora sin mayor éxito, analistas consideran que es posible un barril sobre los 200 dólares. Desde esta óptica, el valor actual para el marcador Brent de 114 dólares es solo un punto de partida.

Doug King, director ejecutivo de RCMA Capital, dijo la semana pasada en un evento organizado por Financial Times que el precio del barril podría alcanzar 225 dólares este año porque todavía no se ha sentido todo el impacto de las sanciones a Rusia y el mercado se dirige hacia una reducción importante de la oferta.

“Tuvimos el shock del suministro de gas en 2021. Vamos a tener el shock del suministro de petróleo en 2022”, dijo Doug King.

Pierre Andurand, quien dirige uno de los más importantes fondos de cobertura, afirmó que el petróleo ruso, tras la invasión a Ucrania, va a dejar de fluir hacia Europa y cree probable que el barril alcance los 250 dólares.

Alok Sinha, director global de petróleo y gas de Standard Chartered, explicó que no cree que los inconvenientes en la oferta de petróleo “sea un problema temporal, es un problema a largo plazo” y por tanto es necesario encontrar fuentes alternativas.

Gracias a la extracción de crudo de esquisto Estados Unidos se convirtió en un importante productor de petróleo, pero cuellos de botella como escasez de arena y la prudencia de las empresas antes de iniciar un ciclo de expansión, indican que la respuesta no será inmediata.

Daniel House, ejecutivo de Socar, la división comercial con sede en Houston de la compañía petrolera nacional de Azerbaiyán, advirtió que es poco probable que los productores de petróleo de esquisto vengan al rescate.

“Incluso si quisieran acelerar, es un proceso de doce meses”, afirmó Daniel House, mientras que Doug King indicó que el petróleo tendría que aumentar significativamente en el mercado de futuros antes de que la industria del esquisto eleve la producción y provea los retornos que esperan los inversionistas.

Las reservas

En un intento por contener el precio del petróleo y enfriar el alza del precio del combustible, una variable que comenzó a golpear su popularidad, Joe Biden ordenó liberar un millón de barriles diarios de petróleo de las reservas de Estados Unidos.

 La liberación de las reservas comenzará en mayo, durará seis meses y es la mayor en la historia de Estados Unidos. La Casa Blanca caracterizó la medida como un puente hasta que aumente la producción de las empresas nacionales, pero analistas esperan un impacto limitado en el mercado.

 Bob McNally, analista en Rapidan Energy Group, dijo que los precios del petróleo continuarán al alza mientras permanezca el riesgo del suministro ruso y Dan Pickering, de Pickering Energy Partners, resaltó que la liberación de las reservas no va a solucionar el desbalance entre la oferta y la demanda.

Divorciarse de Rusia

Tras la invasión a Ucrania Europa considera estratégico dejar de depender del petróleo y el gas de Rusia. El canciller alemán, Olaf Scholz, sintetizó que “no es solo una cuestión ambiental o económica. Es, también, un asunto decisivo para nuestra seguridad”.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue más clara y afirmó que “no podemos confiar en un proveedor que nos amenaza» y agregó que “tenemos que actuar ahora para mitigar el impacto del aumento de los precios de la energía, diversificar nuestro suministro de gas para el próximo invierno y acelerar la transición a la energía limpia».

El plan que diseña la Comisión Europea contempla que los países de la Unión suspendan por completo las importaciones de energía rusa en 2027 gracias a nuevas fuentes de gas y petróleo pero también mediante una apuesta decidida por la energía eólica, solar, el hidrógeno procedente de fuentes no contaminantes y nuevos reactores atómicos.

Si este plan avanza, los petroestados como Venezuela, hoy beneficiados por la disparada en el precio del barril y la urgencia de Estados Unidos y Europa por disminuir la dependencia en la Rusia de Putin, podrían despertar en cinco o seis años en un mundo que aceleró el tránsito hacia las energías renovables y cada día los necesitará menos.

 

La onda expansiva de las sanciones a Rusia impacta a Venezuela
Turismo, canales financieros para el pago de importaciones, fertilizantes y potenciales inversiones entre las áreas afectadas. Moscú comienza a vender petróleo en China con grandes descuentos y se convierte en una dura competencia para Pdvsa

 

Cada semana, durante los últimos seis meses, aterrizó en Margarita un vuelo con turistas rusos. Gracias a este convenio la isla venezolana recibió un oxígeno que alivió la inactividad en la red de hoteles; pero tras la invasión de Rusia a Ucrania, el optimismo pierde impulso.

“Es una operación entre el gobierno, operadores de Margarita y operadores rusos. Hemos recibido alrededor de 11 mil turistas y el impacto ha sido muy positivo. La información que tenemos es que la compañía aérea rusa Pegas Fly ya no va a poder volar”, dice Jesús Irauskín, presidente de Fedecámaras Nueva Esparta.

“Se nos dijo que a partir de abril Conviasa (la línea aérea del gobierno venezolano que vuela a Rusia) se va a encargar de los vuelos a Margarita. Cada vuelo de Pegas Fly traía 440 pasajeros, los aviones de Conviasa tienen capacidad para 230”, dice Irauskín.

Las proyecciones contemplaban que el número de turistas rusos crecería durante este año y facilitara operaciones con otros países de Europa del Este como Polonia a fin de que Margarita, tras años de declive por el hundimiento de la economía venezolana y la caótica imagen del país, regresara al radar internacional.

Pero todo apunta a que las familias rusas van a disminuir el presupuesto para viajes.

Las severas sanciones a Rusia por parte de Estados Unidos y Europa, tras el bombardeo a las ciudades ucranianas, mueven el piso: el rublo se ha devaluado 13% y la Universidad de Yale indica que 417 empresas como Master Card, Microsoft y Volkswagen suspendieron o redujeron las operaciones en Rusia.

La Bolsa de Moscú permanece cerrada, las tasas de interés se duplicaron, la mitad de las reservas del Banco Central de Rusia están congeladas en el exterior y los precios de alimentos, electrodomésticos y medicinas aumentan a mayor velocidad. Calificadoras de riesgo como Scope proyectan que la economía rusa caerá 10% este año.

El presidente ruso, Vladimir Putin, reconoció que la economía “necesitará cambios estructurales profundos en estas nuevas realidades, y no lo ocultaré, no serán fáciles; conducirán a un aumento temporal de la inflación y el desempleo”.

Nuestro amigo Putin

El impacto en Venezuela de una Rusia debilitada por las sanciones no se reduce al turismo. El gobierno venezolano, desde los tiempos en que Hugo Chávez estaba al frente de la presidencia, ha buscado que las empresas rusas actúen como aliadas en distintos frentes como agricultura, transporte, infraestructura, petróleo y armamento.

Vendata indica que entre mayo de 2001 y abril de 2019 Venezuela firmó más de 170 acuerdos con Rusia, la mayoría en materia petrolera. 

Hasta que Estados Unidos, junto a una larga lista de países, consideró ilegítima la reelección de Nicolás Maduro en 2018 y aplicó sanciones económicas a Venezuela, las principales compañías petroleras rusas, Rosneft y Gazprom, otorgaron créditos a Pdvsa e invirtieron en distintos proyectos.

Tras las sanciones a la administración de Maduro, la presencia petrolera rusa se enfrió y tanto Rosneft como Gazprom transfirieron sus operaciones en Venezuela a una empresa controlada por el gobierno ruso, Roszarubezhneft, que hoy produce alrededor de 100 mil barriles diarios de petróleo.

Fuentes de Pdvsa explican que lograr que las empresas rusas aumenten su presencia en el negocio petrolero venezolano figura en las lista de objetivos estratégicos de la administración de Nicolás Maduro, pero hoy esto luce más complicado.

Rosneft, Gazprom y Lukoil, las tres grandes empresas energéticas rusas, perdieron el acceso al financiamiento de la banca internacional tras la invasión a Ucrania y entidades financieras contemplan que incumplan el pago de la deuda que tienen con bancos europeos.

El internacionalista Carlos Romero explica que “Venezuela había logrado con Rusia una relación especial y concentró en Rusia sus grandes negocios, la oficina comercial de Pdvsa en Europa fue mudada a Moscú y el sistema financiero ruso sirvió de colchón a las sanciones de Estados Unidos, principalmente las de naturaleza bancaria”.

Agrega que “muchas empresas de servicios de alimentación se han venido retirando de Rusia y esta presencia era utilizada por Venezuela para la compra de alimentos; entonces es una situación que trastoca la idea del gobierno de dibujar una normalización, no creo que vaya a haber una normalización con este cuadro que estamos describiendo”.

El sistema de pagos de Rusia, MIR, es un canal que utiliza el gobierno de Nicolás Maduro para evadir las sanciones de Estados Unidos y pagar importaciones o cobrar exportaciones. Ante la posibilidad de que las sanciones a Rusia entorpezcan esta ingeniería financiera, el gobierno venezolano fortalece los vínculos con bancos de Turquía y el Medio Oriente. 

Macronsultores indica en su último informe que “producto de las sanciones económicas impuestas a PDVSA y otros entes públicos venezolanos, se propició el uso de canales financieros rusos para realizar transacciones comerciales”.

“Los recursos que se mantienen en instituciones financieras rusas pueden quedar acorralados, restringiendo sus movimientos ante las medidas que adoptaron Estados Unidos y la Unión Europea que retiraron a varios bancos rusos del sistema SWIFT”, añade Macroconsultores.

Además la firma señala que “de acuerdo a la información que manejamos Pdvsa maneja sus fondos con Rusia a través del Gazprombank, sociedad financiera que no ha sido sancionada aún”.

En abril de 2019 un delegación del gobierno venezolano visitó Moscú y el ministro de Agricultura, Wilmar Castro Soteldo, explicó que Rusia sería un proveedor relevante de semillas y fertilizantes.

Al poco tiempo, la compañía rusa Phosagro se convirtió en un proveedor clave en el área de fertilizantes. Tras las sanciones a Rusia crecen las dudas sobre si estará en capacidad de seguir enviando sus productos a los agricultores venezolanos.

 Castro Soteldo además afirmó que empresas rusas se habían mostrado interesadas en invertir en distintos proyectos de agroindustria, pesca y materias primas así como brindar asistencia tecnológica.

Rivales en China

Por efecto de la guerra en Ucrania, Rusia y Venezuela compiten por el mercado petrolero chino, algo que amenaza con impactar los ingresos de la administración de Nicolás Maduro.

Las sanciones a Rusia por parte de Estados Unidos y Europa han propiciado que descienda la compra de petróleo ruso al punto que la Agencia Internacional de Energía contempla en su último reporte que las exportaciones rusas, que se ubican entre 7 y 8 millones de barriles diarios, se reduzcan en 2,5 millones de barriles diarios en abril.

En este escenario, Rusia ha comenzado a ofrecer petróleo a precios muy atractivos a China, el mercado al que Venezuela dirige el grueso del crudo que exporta.

“Rusia está colocando en China petróleo de mejor calidad que el venezolano con grandes descuentos, en un mercado que es el destino final del 90% de las exportaciones venezolanas”, dice un reporte de la firma Síntesis Financiera.

 Para evadir las sanciones de Estados Unidos el gobierno venezolano recurre a intermediarios que colocan los barriles de Pdvsa en China con un descuento importante. Para competir con el petróleo ruso, un crudo liviano denominado Ural, es probable que Pdvsa se vea forzada a ofrecer precios aún más bajos.

 Incluso fuentes de Pdvsa no descartan la posibilidad de que Venezuela tenga que disminuir los envíos de petróleo a China durante los próximos meses por la competencia rusa.

Conversando con Biden

El 5 de marzo una delegación de representantes del gobierno de Estados Unidos, en la que estuvo Juan González, asesor para las Américas en el Consejo de Seguridad Nacional de Joe Biden, sostuvo una reunión en Caracas con Nicolás Maduro.

Fuentes explican que aparte de la liberación de estadounidenses presos en Venezuela, se negoció la posibilidad de aliviar las sanciones mediante licencias que permitan a empresas como Chevron, Repsol y ENI extraer petróleo y venderlo para cobrar parte de la deuda que Pdvsa tiene con ellas.

Macronsultores señala que “Chevron tiene meses gestionando la posibilidad de una licencia que le permita volver a operar en país, a pesar de las sanciones”.

Se especuló la posibilidad de que Estados Unidos comience a comprar petróleo a Venezuela para compensar parte de los barriles que ya no le compra a Rusia pero la Casa Blanca ha dicho que “por ahora” esto no está planteado.

Estados Unidos dejó de comprarle a Rusia 600 mil barriles diarios de petróleo. La producción de Venezuela, tras años de un manejo caótico de Pdvsa y el impacto de las sanciones de Washington, es de 788 mil barriles diarios, la cuarta parte de lo que producía cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999.

El reporte de la Agencia Internacional de Energía contempla que Venezuela podría aumentar su producción entre 200 mil y 300 mil barriles diarios en tres o cuatro meses y eventualmente ayudar con esta modesta proporción a elevar la oferta de crudo.

¿Sacarlo de la órbita rusa?

La internacionalista Adriana Boersner explica que “debido al alejamiento global en el que se encuentra Rusia en este momento, se abre una oportunidad para que las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela mejoren”. 

“Esto teniendo en cuenta que Rusia ha sido un aliado geopolítico importante para Nicolás Maduro en crear un ‘frente’ antiestadounidense en Latinoamérica y un gran promotor de desinformación en Latinoamérica y otras regiones del mundo”, agrega.

Sobre las recientes conversaciones con Estados Unidos, indica que no se trata de algo que surgió de un día para otro porque “conversaciones de alto nivel como esta requieren de meses de preparación”.

“Está conversación se produjo como una continuación de las conversaciones que se han generado en un contexto de relaciones complicadas que existen entre Estados Unidos y Venezuela, al menos desde 2019”, dice Adriana Boersner.

Desde su punto de vista “lo que se está viendo es un giro en la relación en donde es difícil saber en este momento qué tan lejos llegará ese giro o cambio político y diplomático entre Estados Unidos y Venezuela, y cuán comprometidos van a estar (o pueden estar) ambas partes en continuar con estas conversaciones”.

Macronsultores explica que Estados Unidos “tiene entre sus objetivos, además de la liberación de ciudadanos estadounidenses presos en el país, minimizar el apoyo del gobierno venezolano a Rusia, restarle aliados incondicionales a Putin, y evitar que éste pueda ejercer acciones de presión en el continente americano utilizando a Venezuela como plataforma”.

Carlos Romero considera que, desde los tiempos de la administración de Donald Trump, Estados Unidos comenzó a aumentar su presencia en América Latina.

“Si observamos la conducta de la mayoría de los países en la OEA, en las relaciones bilaterales, en las sanciones económicas, en la imposición de visas y otros elementos comerciales vemos que Estados Unidos ya había recuperado posiciones en América Latina y el Caribe, inclusive a pesar del renacimiento de algunos gobiernos de tendencia izquierdistas”.

En su opinión, el objetivo principal de Estados Unidos, más que Rusia, es contestar al avance de China en la región. “La presencia rusa no es tan importante como la presencia de China, que en países como Brasil y Chile es el socio número uno en importaciones y exportaciones”.

Después de que Nicolás Maduro se reuniera con los representantes de Estados Unidos, la vicepresidenta Delcy Rodríguez tuvo un encuentro en Turquía con el canciller ruso, Sergey Lavrov. 

Rodríguez se limitó a señalar que “revisamos nuestras relaciones estratégicas bilaterales y el complejo escenario internacional”.

¿Cómo la guerra puede elevar el precio de los alimentos en Venezuela?
El ataque de Rusia a Ucrania amenaza con aterrizar en la mesa de los venezolanos a través del aumento en el costo del trigo, maíz y fertilizantes esenciales para la siembra. El tablero petrolero y diplomático abre oportunidades a la administración de Nicolás Maduro

Por: @VSalmeron

Los misiles que el ejército ruso lanza sobre las principales ciudades de Ucrania también estremecen el mercado de alimentos. Las fértiles tierras ucranianas, conocidas como el granero de Europa, juegan un rol estelar en la oferta de cereales.

Datos de la FAO indican que en 2020 el trigo de Ucrania representó 9% de las exportaciones globales y el maíz 15%. Difícilmente esto se mantenga en medio de la destrucción de infraestructura, el bloqueo de puertos, la huida de campesinos aterrorizados y los soldados rusos a kilómetros de Kiev.

Rusia, sancionada por Estados Unidos y Europa, con sus bancos desconectados de la economía internacional, también es un productor fundamental y provee 19% del trigo que se exporta anualmente en el mundo. La incertidumbre sobre la oferta dispara los precios.

Desde que Rusia inició el ataque a Ucrania el pasado 24 de febrero, el precio del principal contrato a futuro de trigo en la Bolsa de Chicago registra un alza de 54% hasta 13 dólares por bushel, una medida inglesa que equivale a 27 kilos y el maíz acumula un salto de 15%.

Impacto en Caracas

El aumento en el precio amenaza con darle un impulso extra a la inflación de alimentos en Venezuela. El país no produce trigo y el que emplean las empresas para elaborar pastas, galletas y harina para el pan, proviene del exterior.

Gerentes consultados explican que existen inventarios, pero todo apunta a que el alza en el precio del trigo se mantendrá y las importaciones que habrá que hacer entre abril y mayo tendrían que pagarse a un costo que, en alguna medida, será trasladado al consumidor. Principalmente Venezuela importa trigo de Estados Unidos y Canadá.

El mercado de pastas es ilustrativo: en 2021 los venezolanos consumieron en promedio 33 millones de kilos de pasta al mes. De esta cantidad, 42% se produjo en el país y el resto se compró en el exterior.

La mayoría de las importaciones provinieron de Turquía que, a través de marcas como OBA y Bellini, tiene un amplia presencia en los anaqueles de Venezuela.

De acuerdo con cifras del International Trade Centre Turquía compra en Rusia 70% de sus importaciones anuales de trigo pero es muy probable que la administración de Vladimir Putin, en medio de la guerra, restrinja las exportaciones para frenar el alza de precios en su país.

Este entorno apunta a un desequilibrio entre oferta y demanda que difícilmente podría solucionarse en el corto plazo y que mantendrá el precio del trigo en el mercado internacional a niveles elevados.

“El trigo es 70% de la estructura de costos de la pasta, luce inevitable un ajuste de precios”, dice el vicepresidente de una emblemática empresa venezolana.

Otro factor a tomar en cuenta es que las empresas venezolanas tienen poco acceso al financiamiento porque el gobierno restringe el crédito bancario prohibiendo los préstamos en dólares.

La harina de maíz

El maíz es fundamental en la dieta de los venezolanos. El maíz blanco principalmente se utiliza para elaborar la harina precocida para las arepas y el maíz amarillo se emplea en las mezclas de alimentos para animales como pollos y cerdos.

Cifras de la Asociación Venezolana de Industriales de Harina de Maíz, Venmaíz, indican que entre octubre de 2021 y enero de este año se cosecharon 502 mil toneladas de maíz blanco y para cubrir la demanda será necesario importar 696 mil toneladas.

La demanda de maíz amarillo se calcula en torno a un millón de toneladas y es necesario comprar en el mercado internacional a países como Brasil, Argentina o Estados Unidos alrededor de 700 mil adicionales.

Gerentes consultados calculan que, a finales de abril y principios de mayo, será necesario reponer inventarios, tanto de maíz blanco como amarillo, que tendrían que hacerse a nuevos precios que impactarán a los consumidores.

La inflación, si bien se ha desacelerado, sigue siendo elevada. Macroconsultores indica que el costo en dólares de una canasta de alimentos básicos compuesta de harina de maíz, harina de trigo, pasta, aceite, leche en polvo, arroz, atún enlatado, azúcar y granos aumentó 5,9% en los dos primeros meses del año.

Fertilizantes escasos

La disparada de los precios no se limita a las materias primas. Con Rusia aislada del resto del mundo, los agricultores se arriesgan a interrupciones en el suministro de un proveedor clave de fertilizantes.

El 4 de marzo el Ministerio de Industria y Comercio de Rusia dijo, en un comunicado citado por Interfax, que “debido al sabotaje de las entregas por parte de varias empresas de logística extranjeras, los agricultores de Europa y otros países no pueden recibir los volúmenes de fertilizantes contratados”.

El fertilizante que más se utiliza en los cultivos es una mezcla de nitrógeno, fósforo y potasio. Durante años Venezuela produjo sus fertilizantes, pero tras el colapso de la petroquímica, la empresa rusa Phosagro se convirtió en un proveedor relevante.

“No sabemos qué puede pasar con los fertilizantes, aparte de que ya hay un aumento muy importante en el precio”, dice el administrador de una finca en Portuguesa.

El índice de precios de los fertilizantes en Norteamérica que elabora Bloomberg aumentó 10% la semana pasada y se situó en el nivel más alto desde diciembre.

Venezuela produce urea, un material rico en nitrógeno, pero fuentes aseguran que actualmente carece del resto de los elementos para elaborar fertilizantes de calidad. No obstante, el 5 de marzo el presidente Nicolás Maduro afirmó que “Venezuela tiene ofertas para exportar fertilizantes”.

Agregó que “mañana voy a llamar a Bolsonaro para ofrecerle fertilizantes a Brasil, a México”, agregó Nicolás Maduro.

Ante la incertidumbre por el suministro de Rusia, el gobierno brasileño dijo en un comunicado que el 12 de marzo enviará una delegación a Canadá para negociar la compra de fertilizantes.

Canadá es el cuarto mayor proveedor de fertilizantes químicos de Brasil luego de Rusia, China y Marruecos.

El gobierno se prepara

Ante la amenaza que representa el incremento en el precio de las materias primas y los fertilizantes la vicepresidenta Delcy Rodríguez ha sostenido reuniones con las empresas que producen alimentos básicos para conocer con precisión cuánto necesitan importar.

Los empresarios han señalado que necesitan acceso al financiamiento. La mitad de los depósitos de la banca son dólares y el gobierno, en un intento por oxigenar al bolívar, impide los préstamos en divisas.

El 7 de marzo Nicolás Maduro adelantó que “ya estamos tomando las medidas para seguir nosotros en un proceso de control de la inflación y de estos fenómenos que pudieran presentarse, producto de la guerra”.

Los petrodólares

El margen de maniobra de la administración de Nicolás Maduro es limitado. Atrás quedó el tiempo del petroestado poderoso y ahora se trata de un gobierno sin ahorros, sin acceso al financiamiento y con pocos ingresos tras el colapso de la industria petrolera y las sanciones de Estados Unidos.

Pero la guerra en Ucrania mueve el tablero y ofrece oportunidades para algunas mejoras. Las exportaciones petroleras de Venezuela fluctúan entre 500 mil y 700 mil barriles diarios, una cifra enana que se coloca en Asia a través de intermediarios que exigen un descuento feroz por evadir las sanciones de Washington.

La guerra ya impulsó el precio del petróleo. El Brent se cotiza en 125 dólares el barril tras un alza de 60% en el año y aun tomando en cuenta los descuentos esto se traducirá en mayor flujo de caja para el gobierno.

Hermes Pérez, quien se desempeñó como analista del mercado petrolero en el Banco Central, proyecta que si el Brent se mantuviese en un nivel cercano al actual y las exportaciones venezolanas se estabilizan en 878 mil barriles diarios a un precio en torno a 85 dólares tras el descuento, el gobierno obtendría alrededor de 25 mil millones de dólares, el doble que en 2021.

“Un aspecto relevante es si el precio que estamos viendo ahora puede mantenerse, desde mi punto de vista hay que contemplar la posibilidad de que un precio tan elevado de la energía impacte la economía global y veamos una baja en la cotización del petróleo”, dice Pérez.

Pero aparte de la mejora en el precio, la administración de Nicolás Maduro gana terreno en el frente diplomático. Estados Unidos prohibió la importación de petróleo de Rusia y tiene como objetivo estratégico que aumente la oferta de crudo por parte de Irán y Venezuela.

Una delegación oficial de Estados Unidos inició conversaciones con el gobierno y se abre la posibilidad de que las exportaciones venezolanas, en vez de ir a Asia y con descuentos, vayan al mercado estadounidense.

En 2021, Estados Unidos importó diariamente 680 mil barriles de petróleo a Rusia, una magnitud que Venezuela podría suplir vendiendo el petróleo que actualmente coloca con grandes descuentos en Asia.

La producción de Venezuela se ubicó en enero en 755 mil barriles diarios. Hermes Pérez considera que “sin inversiones podría aumentar hasta un millón cien mil barriles diarios”.

Luego, las perspectivas dependerán del avance de las conversaciones con Estados Unidos y si el país es capaz de atraer inversiones que en el mediano plazo eleven la producción de manera sostenida.

Francisco Monaldi, director del Programa de Energía para América Latina del Instituto Baker precisó en su cuenta de Twitter que “en los más exitosos periodos de incremento de inversión y producción en la historia de Venezuela, apenas se llegó a un promedio sostenible de más de 200 mil barriles diarios de incremento anual”.

Pero Nicolás Maduro desborda optimismo. El fin de semana dijo que “Venezuela está preparada, una vez recuperada Pdvsa a nivel básico, estamos preparados para crecer uno, dos, tres millones de barriles si hiciera falta, para la estabilidad del mundo”.