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Venezuela vuelve al trueque sin dinero ni acceso a productos básicos

“Cambio arroz por jabón en polvo o blanqueador o si tiene aceite le doy un kilo de pasta, la idea es que todos ganemos”, exclama Pablo, un vendedor informal quien deambula por las calles de Caracas.

El hombre, alto y delgado, camina por el oeste y centro de la cuidad ofreciendo canje. “Me va bien porque intercambio un kilo de arroz por kilo y medio de jabón en polvo y un kilo de azúcar por dos de caraotas (frijoles negros). Hago ofertas y la gente negocia conmigo”, dijo a Infobae.

Junto a su sobrino Anderson viaja todos los días desde los Valles del Tuy (suburbio popular) y llega a la capital, “que es donde están los reales (dinero) para poder hacer negocios y comer”.

Pablo asegura que tiene acceso a comida que distribuye el gobierno en su comunidad, con cierta regularidad. “Somos los más pobres de los Valles y nos cae platica y cajas de comida, ya no es tan frecuente como antes pero si tenemos. Comemos y hacemos cambios de mercancía seca por artículos de limpieza que son muy caros”, dijo a Infobae.

Anderson interviene y dice que “una profesor que me cambia cosas me dijo que esto se llama trueque y que es algo que se usaba hace muchos años. Con Maduro llegó el truque y el billete”, dice, entre risas, el pre adolescente de 11 años.

Los comerciantes informales dijeron a Infobae que los productos que más cambian son el litro de aceite, el arroz, las pastas, latas de atún y el azúcar. Todo en empaques de un kilo. Pablo señala que cuando necesita dinero revende el jabón en polvo o las cremas dentales: “Me dan unos 80.000 bolívares (4 dólares) por cada bolsa de kilo y medio de detergente”, eso está muy bueno.

Asegura que también negocia con dinero en efectivo, “cuando en Caracas me pagan algo con la combinación de productos y de billetes, yo vendo el efectivo. Si doy Bs. 10.000 (0.5 dólares) cobro 20.000 (1 dólar) mediante transferencia bancaria. En donde vivo hay pocos bancos y muy pocos billetes así que la gente me compra mi efectivo para pagar los gastos de los autobuses que van a Caracas. Hay otros que compran frutas o verduras que son más baratas si se pagan en efectivo. Todo es un negocio”.

En el mercado

No solo son los “truequeros”, como se definen los cambistas informales, los que hacen negocios con la comida. En varias ciudades venezolanas hay quien tiene puestos en donde se vende y se permuta mercancía.

“Esto era un negocio medio clandestino hasta hace unos meses pues funcionarios del gobierno decomisaban los productos que intercambiábamos si nos agarraban con las manos en la masa. Los productos de las cajas o bolsas Clap (comités locales de abastecimiento y producción) son importados en su mayoría y se identifican rápido: harina, pasta, arroz, aceite, atún, están empacados de forma distinta a los alimentos que se hacen en Venezuela, por eso teníamos que escondernos para hacer los cambios”.

Así lo informó Roberto (nombre ficticio) a Infobae, quien tiene varios puestos informales en donde anuncia y hace trueques en un mercado municipal de Caracas.

Advierte que “los que trabajamos con el truque teníamos que estar de bajo perfil. Para evadir a los policías, los colectivos que cuidan al mercado (grupos de choque chavistas) y a la Guardia Nacional. Ahora es diferente; armamos unas mesitas y ponemos la mercancía justo frente a la entrada principal del mercado. Si me traen bolívares o dólares también vendo los productos, también tengo punto de venta portátil. Mi idea es cambiar mercancía pero hay días de más billetes en la calle”.

Reconoce que ya no son tan perseguidos “porque el gobierno sabe que la gente hace negocios para poder comprar carne, pollo, cerdo o queso en este mercado en donde el abastecimiento es más o menos bueno pero hay que pagar mucho por un kilo de pollo por ejemplo, unos 41.000 bolívares (2 dólares)”.

Otro truequero dice que “la cuenta es sencillita. Yo cambio un cartón con 30 huevos por tres productos de los Clap: un kilo de arroz, otro de pasta y otro de azúcar. Al que me da un litro de aceite le paso medio cartón con 15 huevos. Ese producto está carísimo. El que se hace en Venezuela está en Bs. 51.000 (2,5 dólares) y el que trae Maduro de Turquía en Bs. 41.000 (2,1 dólares). Si me cae mercancía hecha en Venezuela, también la coloco, la gente quiere comer”.

Sus clientes le piden mucho café en polvo. “Está a precios imposibles y todas las semanas sube. Junto a los productos de limpieza son los más caros”, dice.

Finalmente, admite que “hay quien hace trueque o revende la comida que subsidia el gobierno por necesidad, son padres de familias muy numerosas que tienen que resolver como sea sus necesidades de alimentación”.

Otra vendedora del mercado, Norelia Camacho tiene un puesto de verduras y frutas. Asegura a este medio que accedió a trabajar por trueque “porque mis clientes me traían latas de sardinas y atún y aceite para que se los cambiara por zanahorias o cambures (plátanos). Y como las ventas están muy bajas, acepté esa idea”.

Norelia dice que para la temporada navideña aceptará trueque para colocar hojas de plátano “que son un ingrediente básico para hacer nuestro plato típico de navidad: las hallacas (tamales). Las hojas se necesitan para envolver los componentes de la hallaca. Negociaré por un kilo de hoja dos litros de aceite. Según respondan los clientes haré más ofertas”.

Negocio arcaico

El economista Jesús Casique comentó a Infobae que “el truque es una forma primitiva de hacer negocios que evidencia el fracaso de la política económica del gobierno de Maduro. Venezuela ya cumplió 23 meses en hiperinflación y va a superar a Moldavia nación que entre 1992 y 1993 estuvo 24 meses con ese fenómeno. Esto hace que la moneda nacional, el bolívar, cada día tenga menos valor. Sumado a esto, tenemos que el Banco Central de Venezuela no inyecta al mercado suficientes billetes en efectivo lo cual dificulta las transacciones entre los agentes económicos”.

Norelia Camacho hace trueque con hojas de plátano

Advierte en analista que en este contexto “el trueque surge como medio de pago muy arcaico. Este no es el problema, el tema de fondo es la hiperinflación y la depresión económica que ha destruido al país. Los venezolanos reaccionan ante las carencias y se producen fenómenos como el intercambio de mercancías”.

El analista comenta que hace un poco más de un año el gobierno de Maduro promovió una reforma monetaria, en donde se eliminaron cinco ceros a la moneda nacional. “Esta política fue un fracaso porque se ejecutó en pleno proceso hiperinflacionario y no respondió a la activación de un plan integral de recuperación de la macroeconomía”.

Casique señala que poder de compra del bolívar es muy bajo, “al punto que el billete de más alta denominación de Venezuela, el de Bs. 50.000, representa apenas 2,5 dólares. Es obvio que no hay confianza en el mercado venezolano ni en su moneda oficial”.

Cabello sugiere recurrir al trueque para fortalecer el bolívar

DIOSDADO CABELLO ASEGURÓ ESTE 27 DE agosto que, para “fortalecer al bolívar” frente al uso del dólar en las transacciones en el país, es necesario “obligar” al uso de la moneda nacional o recurrir al trueque.

“Va a comprar algo ahorita, no, eso vale, te lo dicen así, cinco dólares hoy, (…) la semana que viene vale ocho (…) ¿A cuenta de qué una inflación en el dólar?”, se preguntó en una rueda de prensa.

A su juicio, esta situación demuestra “la guerra que hay contra Venezuela” y acusó a la oposición de “quererle hacer daño al pueblo”.

“Lo que nosotros debemos hacer es fortalecer nuestro bolívar, obligar a que las transacciones sean en bolívares o trueque”, añadió Cabello.

Con información de EFE

¿Pescado por medicinas? El trueque es la moneda de cambio en una Venezuela en crisis

Bajo el sol del mediodía, decenas de delgados pescadores esperan descalzos a las orillas de una laguna en Río Chico, en la costa venezolana, para ser los primeros en cambiar su pesca del día por otros alimentos, en un trueque informal que crece en la aquejada nación petrolera.

El trueque se ha convertido en una de las vías que tienen los venezolanos para recibir pagos por la falta de billetes y escasez de productos, además algunos prefieren recibir comida, ya que el dinero no les alcanza para adquirirla y los precios varían dependiendo si el pago es en efectivo o con tarjeta de crédito o debito.

“Aquí no hay dinero en efectivo, solo trueque”, dijo Mileidy Lovera, de 30 años, caminando por la orilla de la laguna con una hielera llena de pescado que su esposo había atrapado temprano, esperando cambiarla por comida para alimentar a sus cuatro hijos o medicamentos para su hijo epiléptico.

En un país con una hiperinflación, donde los billetes son tan difíciles de encontrar como alimentos y medicinas, los venezolanos recurren cada vez más al trueque para realizar transacciones básicas.

“Es un sistema de pago bastante primitivo pero también es primitiva la falta de efectivo en el país “, dijo el economista Luis Vicente León de la consultora Datanálisis.

Según la encuesta Datanálisis de mayo pasado, 3,2 por ciento de la población reporta usar el trueque, cuando en el 2016 ese intercambio ni siquiera se mencionaba como forma de pago.

A diferencia de otros países en la región, el trueque en Venezuela no tiene ubicación ni reglas precisas y está mayormente dominado por el intercambio de comida en una nación en la que la pobreza alcanza a 87 por ciento y donde la población perdió un promedio de 11,4 kilos el año pasado, según un estudio realizado por tres grandes universidades del país.

El presidente Nicolás Maduro culpa de los crecientes precios y la escasez de alimentos y medicinas a la “guerra económica” liderada por la oposición y el gobierno de Estados Unidos.

Los economistas dicen que el banco central no imprime billetes lo suficientemente rápido para mantenerse al ritmo de la inflación que según la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, alcanzó casi el 25.000 por ciento anualizada a mayo.

“Prefiero que me paguen con comida”, dijo Julio Blanco, un mototaxista de 34 años mientras espera a los clientes en Catia, al oeste de Caracas. “Acepto transferencias, porque efectivo no se consigue. Hago servicios por comida para poder sobrevivir”.

En La Vega, otra barriada popular del oeste de Caracas, en un local azul claro con puertas de vidrio y un letrero que dice “Barbería Jayko”, trabaja Alfredo Silva, afeitando hombres por unos 30 centavos de dólar al cambio del mercado paralelo.

Silva, de 40 años, acepta transferencias, comida y de fallarle esas opciones, usa otra que revela las complejidades de una simple compra en esta nación petrolera.

El barbero va con su cliente a una carnicería cercana y el carnicero le despacha a Silva el equivalente del costo del corte de cabello en productos, que pueden ir desde carne hasta huevos y embutidos.

En Río Chico, Marvin Guaramato, de 32 años llega a la laguna con el asiento trasero de su auto lleno de productos para intercambiar. En su mano sostiene dos harinas utilizadas para hacer la típica arepa venezolana.

Los pescadores luchan por cambiar sus peces. Al final del día algunos deberán volver a casa con sus pescados y sin productos.

“Hay días que paso hasta 5 horas y no vendo nada, entonces regreso a la casa con el pescado”, dijo Reinaldo Armas, uno de los pescadores que apilaba paquetes de pasta, arroz y harina encima de su cava.

“El menú es pescado al mediodía, pescado en la mañana y pescado en la tarde”, dijo Armas al asegurar que tiene más de un año sin comer pollo por el alto costo de las proteínas.

El trueque de alimentos y medicinas por internet gana terreno en Venezuela

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Keila, un ama de casa venezolana que vive en Trujillo (oeste), resolvió la escasez de harina de maíz precocido en su hogar mediante un trueque que concretó vía internet y por el que ofreció a cambio una crema dental, un artículo cuyo precio es inferior al de la harina pero aún más escaso en el país.

Como Keila, miles de personas se han afiliado a grupos creados en la red social Facebook para conseguir, por compra o intercambio, los alimentos y las medicinas que escasean en la nación petrolera en medio de una severa crisis económica.

Estos grupos están segmentados por entidad política y hasta por ciudad con el fin de facilitar y acelerar los encuentros entre quienes participan en los trueques, operaciones que no se rigen por la relación entre el valor de venta de un artículo u otro sino por la necesidad del que oferta o demanda.

Así, Keila pudo cambiar uno de los 4 dentríficos que compró esta semana a un precio de 22 bolívares cada uno, equivalentes a 0,03 centavos de dólar, por dos paquetes de harina, cuyo valor total es 36 veces más caro que el de su aporte en el intercambio.

La escasez e intermitencia de medicinas y alimentos, muchos de ellos bajo el control de precios del Gobierno de Nicolás Maduro, ha hecho que los venezolanos pasen horas en cola a las afueras de farmacias y supermercados para cazar productos a bajos precios y que, aunque no los necesiten, puedan servir para trueques.

Efe pudo comprobar que existen decenas de grupos en Facebook destinados al intercambio de comida, productos de aseo e higiene personal y medicamentos, y que mientras más grandes sean las regiones del país donde estos grupos tienen cobertura mayor es el número de personas suscritas.

Por ejemplo, una de estas comunidades, que se titula “Compras, Ventas e Intercambios (Caracas exclusivo)”, cuenta con casi 150.000 miembros y supone una plataforma solo para quienes quieran comprar, vender o intercambiar artículos en la capital del país.

En esta página se registran cerca de un centenar de anuncios a diario, y al menos un tercio de ellos pertenece a usuarios que ofertan algún producto de precio regulado y generalmente escaso en el país a cambio de otro con las mismas características.

Mientras, Keila completa sus transacciones a través del grupo “Compra-Venta-Trueques-Valera-Trujillo” que tiene 12.000 suscriptores, una cifra de algún modo proporcional a la población de esta entidad que representa apenas un tercio de los casi dos millones y medio de personas que habitan en Caracas.

Otras comunidades digitales como “Trueques Sin Restricción Maracaibo (estado Zulia, oeste)” con 50.000 suscriptores o “Cambios y Trueques Bolívar (sur del país)” con 11.000 miembros registran a diario ofertas que seducen rápidamente a los ciudadanos que andan en búsqueda de comida y remedios.

Artículos como teléfonos celulares, zapatos, pañales o relojes también son sometidos a intercambios en estos grupos y sus anuncios compiten con el cada vez más popularizado trueque de alimentos y con la ya tradicional oferta de bienes escasos a un precio muy superior al establecido por el Gobierno.

En el caso de las medicinas, estas son canjeadas por otros fármacos, por comida o por casi cualquier cosa que necesite el que las ofrece, como Johana Bracho, una usuaria de Facebook que en un grupo de intercambio exhibió varios antídotos en una fotografía con un mensaje al pie: “Cambio por pañales, leche, o Colgate (crema dental)”.

En este mercado digital donde la necesidad es decisoria y el dinero no tiene cabida convergen también quienes publican anuncios en búsqueda de algún producto escaso sin ofrecer nada a cambio o quien oferta alimentos y medicinas que ya han sido consumidas en parte y, aunque parezca inverosímil, surgen interesados.

Mientras que las estimaciones más conservadoras ubican el índice de escasez alrededor del 30 por ciento, asociaciones de productores, economistas y partidos políticos que adversan al Gobierno aseguran que oscila entre 50 y 80 por ciento.

El presidente Maduro insiste en denunciar la puesta en marcha de una guerra económica, una tesis del chavismo que culpa a opositores y empresarios por la crisis, el desabastecimiento generalizado y hasta por la caída de los precios del crudo, la principal fuente de financiación del país.

¿Trueque o cambalache político? Por Eddie A. Ramírez

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El trueque es un mecanismo de intercambio válido pero primitivo. Como sabemos, acorde con su visión neandertalista, el régimen siempre ha predicado las bondades del trueque para la población en general, aunque  ellos prefieran los billetes verdes a veces  blanqueados  para depositarlos en Andorra. En una democracia no hace falta el trueque político. Sencillamente hay una Constitución y todos deben entrar por ese aro y hay planes que se discuten y son aprobados o rechazados. Como estamos frente a un régimen totalitario siglo XXI,  nos guste o no, debemos acudir al trueque. A pesar de que esto debería estar claro, es indudable que muchos venezolanos de buena fe se han opuesto. Cabe preguntar las razones de esta resistencia y velar porque el trueque no se convierta en cambalache.

El quid del asunto es que para participar en un truque político con unos tramposos que no están dispuestos a ceder en aspectos vitales para ellos, debemos tener claro tres cosas: 1- Contar con negociadores experimentados y confiables. 2- No ceder en asuntos de principios y 3- Tener sumo cuidado de cómo se comunica lo logrado y lo no logrado.

Si no contamos con expertos en negociaciones, el trueque puede convertirse en un simple cambalache en el que se intercambian cosas de poco valor. Además, nuestros negociadores deben contar con la confianza de los demócratas para que no haya dudas de que hicieron  su tarea y lograron lo más que pudieron. En Venezuela la alternativa democrática cuenta con varios especialistas en negociaciones, los cuales podrían estar al frente de las mismas con el respaldo y en constante comunicación con la dirigencia política.

Muchos nos preguntamos cuál fue el criterio de la MUD para seleccionar a Timoteo Zambrano, Carlos Ocariz, Henry Falcón y a Chuo Torrealba. Respeto a los tres últimos, son venezolanos valiosos que han estado en la lucha por la democracia. Sin embargo, ni el joven Ocariz, ni Falcón tienen la experiencia como negociadores. Chuo es lógico que esté presente como Secretario de la MUD. Del lado del gobierno sentaron a los más talibanes e inescrupulosos. Pensamos, con respeto, que para salvar el juego se requiere  cambiar a tres de los integrantes de  nuestra selección.  

El segundo punto es que no se debe ceder en asuntos esenciales. Si no se logran, los negociadores deben dejar constancia de que los totalitarios no aceptaron respetar la Constitución. En nuestro caso no debía  ser negociable suspender el revocatorio, aplazar las elecciones regionales, reconocimiento de diputados electos y de las atribuciones de la Asamblea Nacional.

Por último, nadie espera milagros. Era necesario aceptar dialogar e intentar el trueque político. Por ello los comunicados de los nuestros deben  contar con expertos en la materia. El 12 de noviembre perdimos la oportunidad, pero estamos a tiempo. Hasta el presente lo logrado ha sido poco. Por otro lado, sería suicida romper la unidad electoral, pero con un poco de amplitud pueden coexistir una MUD que dialogue y otra MUD que confronte. Cierto, como dice Chuo, que convocar a marchar a Miraflores era irracional, pero no es verdad que quienes no coinciden con algunas actuaciones de la MUD y la critican le están dando oxígeno al régimen. Ya no estamos en la época en que la gente seguía a un hombre a caballo. Hoy los dirigentes deben interpretar lo que desea  la gente y no ser tan tontos como para atender todas las peticiones, pero tampoco tan tontos como hacer caso omiso de algunas.  

Desde luego que nos alegramos que hayan puesto en libertad a algunos presos políticos rehenes del régimen, pero eso no era lo esencial.  Ninguno es culpable y todos saldrían en libertad después de un revocatorio. Lo demás son solo vagas promesas como ciertos muchachos mala conducta que  ofrecen enmendarse y al poco vuelven a las andadas. Dimos oro a cambio de espejitos. Para ellos fue un buen trueque, para nosotros un cambalache. El pueblo le entregó a la MUD las dos terceras partes de la Asamblea, pero la MUD entregó al régimen su principal activo. Sin embargo estamos a tiempo de corregir malos pasos. Algunos dirán  que, como en la fábula de La Fontaine, ante el  lobo  un cordero siempre lleva las de perder, pero no tenemos que seguir siendo  corderos, aunque no sea fácil.     

Como (había)en botica: Nuevamente saludamos al ya investido cardenal Baltazar Porras, quien junto con el cardenal Urosa son dos baluartes de la democracia. Es triste tener que alegrarse por la condena en Estados unidos de dos jóvenes venezolanos. Evidentemente no recibieron una buena educación, ni estuvieron rodeados de buenos ejemplos. Cilia y el presidente de facto no solo tienen responsabilidad por ello, sino por darles todas las facilidades para que delinquieran y no pueden aducir que no sabían que sus sobrinos llevaban un nivel de vida injustificable ¿Acaso pensaban que Haití y Honduras son lugares turísticos? Si Rafael Ramírez piensa que es inocente debería acudir a la Asamblea Nacional a defenderse. Rafael Arráiz  Lucas presentó su libro El petróleo en Venezuela: una historia global. Seguramente será un éxito. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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SOS Pañales: la angustiosa búsqueda de los padres con bebés en medio de la crisis de Venezuela

Pañales

Cuando Laurely se enteró de que iba a tener trillizos, un grupo de apoyo en WhatsApp le sirvió de terapia. Superada la depresión, ahora también es su principal herramienta para conseguir pañales y leche en Venezuela.

En la aplicación de mensajería, junto a amigos y familiares, Laurely revisa tres grupos varias veces al día. Uno se llama “SOS Pañales”. Otro “Trillizos y Más” y el tercero “Múltiples”.

En tiempo de crisis y desabastecimiento de productos básicos en Venezuela, la economía colaborativa y el trueque se han convertido en algo fundamental. Sobre todo para muchos padres.

“No nos conocemos entre nosotras”, le dice Laurely a BBC Mundo sobre el grupo“SOS Pañales”, compuesto por 172 personas.

Hace pocos días fue rápida al contactar a otra madre que ofrecía un paquete de 16 pañales. A cambio, entregará un bote de leche de fórmula que no toman ya Cristian, Ricardo y Victoria, los trillizos de casi dos años que junto a Ángel, de cinco, componen la familia numerosa.

“Que tengan diarrea es nuestra peor pesadilla”, comenta Jorge. No sólo lo dice por el problema médico, sino por el logístico, por el gasto de pañales que supone.

Encontrar arroz, azúcar o harina de maíz es casi imposible en los supermercados de Venezuela debido al desabastecimiento por el descenso de la producción y por una reducción de importaciones gubernamentales provocada, sobre todo, por la caída de los precios del petróleo.

El gobierno asegura que existe una “guerra económica” por parte del sector privado y los países extranjeros.

Pero la situación es especialmente grave para pañales o la leche de fórmula. Y es aún mayor fuera de Caracas.

El gobierno no respondió a la petición de BBC Mundo de hablar con los responsables de la Gran Misión de Abastecimiento Soberano, encargada de la distribución de productos básicos, ni con la Superintendencia de Precios Justos.

La búsqueda

Es lunes y es el día que a Jorge le toca comprar a precio regulado por su número de cédula. Son las 6:00 de la mañana y comienza una ruta por los supermercados de Caracas.

Si no hay fila, es señal de que no hay nada a precio regulado. El gobierno fija unos precios protegidos para productos básicos, pero la gran demanda y escasa oferta los vuelve artículos de lujo a los que es difícil acceder.

 

Vea la nota completa en BBC Mundo

 

 

 

El trueque crece en Venezuela: “Dos litros de aceite por un almuerzo”

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“Trueque, 2 lit. (litros) de aceite por un plato mixto”, se lee en una pequeña pizarra en el Tizoncito, un restaurante de comida mexicana del sureste de Caracas, cuyo dueño, José Antonio Vidal, apeló a esta práctica ancestral para conseguir uno de los muchos productos desaparecidos del mercado.

Mientras organiza la cocina para una nueva jornada, Vidal cuenta que ya lo hizo en el pasado con la harina de maíz, el azúcar y cuanto producto le hace falta para el menú.

Chávez “nos lo había dicho, que teníamos que empezar a hacer trueques para conseguir las cosas y beneficiar la economía”, rememora el hombre en tono irónico.

En marzo de 2007, seis años antes de su muerte, el mandatario socialista llamó a rescatar el canje como medio de intercambio de alimentos y otros bienes, y respaldó la creación de monedas comunitarias.

La propuesta surgía pese a que el precio del crudo empezaba a trepar hasta los 124 dólares por barril en julio de 2008. Lejos de esa danza de los millones, la cotización promedia hoy 38 dólares, en un país dependiente de las importaciones.

“He ahí un mercado que puede ser reactivado a partir del trueque y no de la moneda. ¡Vamos a romper esa maldición, ese es el capitalismo!”, instó Chávez en otra oportunidad junto a su homólogo boliviano, Evo Morales.

Vidal propone el canje por aceite desde hace dos meses para equilibrar sus finanzas. Si lo consiguiera subsidiado, el litro le costaría unos 1.000 bolívares (1,5 dólares a la tasa oficial más alta), pero como no está disponible debe comprárselo a los ‘bachaqueros’ (revendedores) cinco veces más caro.

“Yo no puedo hacer colas para conseguir el regulado (subsidiado) porque no me puedo levantar todos los días a las cuatro la mañana para hacer unas colas enormes (…), tengo que recurrir a los bachaqueros”, cuenta el hombre de 67 años, quien emigró de España hace 60.

 

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Jovial y de cabello blanco, el propietario admite sin embargo que las ofertas son pocas, pese a que a cambio el comensal recibe un plato con tostada, taco, enchilada, torta, quesadilla y frijol, que le costaría 5.500 bolívares (8,4 dólares a la tasa oficial más alta).

“Es difícil porque no toda la gente está dispuesta a sacrificar el aceite de su casa para comerse un plato mixto”, afirma.

Las escasez de alimentos y medicinas en Venezuela alcanza el 80%, según estudios privados, uno de los aspectos más dramáticos de la crisis, agravada por el desplome del petróleo.

Los venezolanos cargan además con la inflación más alta del mundo: 180,9% en 2015 y proyectada por el FMI en 720% para 2016. El presidente Nicolás Maduro atribuye la debacle a una “guerra no convencional” de la oposición, apoyada por Estados Unidos, para derrocarlo.

Empujados por la necesidad, muchos venezolanos intercambian productos y han creado grupos en redes sociales y plataformas digitales para publicar sus ofertas.

“Todo el mundo lo está haciendo. He cambiado harina por arroz o azúcar”, cuenta Juliana Godoy, una abogada de 38 años en cuya urbanización los vecinos crearon un grupo de Whatsapp para transar.

Tras siete horas de cola en un supermercado capitalino donde se venderá papel higiénico, la mujer relata que a menudo lleva lo que esté disponible, aun cuando no lo necesite. “Después lo puedo canjear”.

En la misma fila, María González, una secretaria de 47 años, dice que también ajusta su alacena con trueques, no siempre justos.

“Muchas veces uno compra un producto por un valor y tiene que cambiarlo por otro, o más caro o más barato”, comenta González en medio del caos del lugar, cuando la policía debe interrumpir sus esfuerzos para organizar a los furiosos compradores a fin de atrapar a un ladrón que acababa de arrebatar la cartera a una mujer.

 

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*Fotos e información de AFP