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Como un ciudadano más, sin ser portavoz de grupo alguno,  siento la obligación de expresar mis inquietudes con la intención de contribuir a que usted,   presidente (e) Juan Guaidó, y demás compatriotas de buena voluntad contribuyan a un devenir que sea mejor que el pasado, evitando se repita el anacronismo de la presente dictadura totalitaria. 

Presidente (e) Guaidó, usted heredó un país destrozado tanto moral, como materialmente. Este pasivo es de vieja data y el régimen actual terminó de colocarlo en bancarrota. Los gobiernos entre 1958 y 1999 hicieron importantes contribuciones al crecimiento y desarrollo del país, hubo ascenso social y cierta “bonanza”, de la cual nos beneficiamos unos pocos. Los más siguieron relegados y las instituciones fueron generalmente  manejadas a capricho por quienes detentaban el poder. Se formaron buenos profesionales, pero no buenos ciudadanos. Fuimos derrochadores, hubo corrupción, nuestra supuesta riqueza fue un mito, la democracia fue chucuta y no fuimos capaces de sembrar el petróleo.  

Todo ello se ha podido corregir en una democracia que era perfectible, pero preferimos elegir a un populista que, en vez de enderezar  entuertos, destruyó casi todo y el resto lo aniquiló su sucesor, hoy usurpador del poder. Ahora usted tiene la responsabilidad histórica de sentar las bases para iniciar la lenta y penosa   recuperación. Para ello cuenta con un equipo de gente valiosa, aunque otras no tanto. Ojalá permita el concurso de más personas con méritos profesionales, experiencia y que practiquen principios y valores. Entiendo  que por no haber sido electo por el pueblo, usted requiere atender las peticiones de los diferentes grupos políticos, pero por su juventud está en posición de dar la batalla por lo que es correcto, importante y urgente. Si cede a las presiones pasará a la historia como un ciudadano bien intencionado, pero que dejó pasar la oportunidad de enderezar el rumbo. Y eso usted no lo merece, ni es lo que deseamos los venezolanos. 

 

En los últimos tiempos algunos insensatos han tratado de descalificarlo al no lograr  que entrara la ayuda humanitaria, por los hechos del 30 de abril en La Carlota y porque Maduro sigue en Miraflores. También debido a  la elección del régimen en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Eso no debe afectarlo, ya que provienen de muchos que no están bien informados, de otros que no están conscientes de las herramientas de que dispone el régimen y de unos pocos malintencionados. 

 

Como usted sabe, la industria petrolera que es nuestra única fuente de divisas está en el suelo, igualmente las  del hierro, acero y aluminio. La recuperación de las mismas será tarea titánica y requerirá inversiones enormes que tendrían que venir de nuevos préstamos o de retirar los aportes a la salud, educación e infraestructura. Entendemos que todavía muchos compatriotas consideran que privatizar es un delito y que  el sector político se muestra mayoritariamente estatista. Un político joven como usted podría contribuir a que cambie esta percepción, ya que la realidad obligará más temprano que tarde a que el Estado deje de ser empresario.  

Desde luego que este cambio no puede realizarse de un día para otro y para lograrlo se requiere que esas empresas puedan ser saneadas parcialmente. Un requisito necesario,  aunque no suficiente, es que al frente de las mismas se designe personal con conocimiento del negocio, honestos y con suficiente ecuanimidad para reducir gradualmente el personal excesivo,   respetando sus derechos laborales. 

Debido a  las circunstancias, hasta ahora  usted solo ha podido designar algunos embajadores y directivos en empresas que están en el exterior, como Citgo y Monómeros Colombo- Venezolanos, así como en Pdvsa y Corporación Venezolana de Petróleo que no son operativas. Muchos  nombramientos han sido acertados. Otros, principalmente en esta última, no reúnen las condiciones de mérito o de trayectoria transparente. Es entendible y deseable que una nueva generación asuma responsabilidades, siempre que sus miembros califiquen y, ojalá, que escuchen consejos.  Evalúe usted los candidatos y no permita que los impongan de acuerdo a cuotas políticas. 

Por otra parte, dele usted el mayor apoyo posible a la agricultura y ganadería, que pueden ser reactivadas en relativo corto tiempo, generan empleo y una mayor producción evitaría costosas  importaciones. Es preferible otorgar más créditos e inclusive algunos subsidios directos al sector agrícola y dejar que las empresas industriales sean recuperadas por el sector privado. 

 

Señor  Presidente (e), asuma usted el reto ahora que cuenta con un apoyo mayoritario del pueblo venezolano. 

 

Como (había) en botica: En Chile y  Ecuador los actos de vandalismo los practican los rojos que están en la oposición. En México el cartel de la droga. En Venezuela las fechorías las practican quienes están en el poder. El vil asesinato del concejal Eduardo Rada apunta hacia Miraflores, donde coinciden los rojos con el negocio de las drogas ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados! 

 

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Fake News, ¿Atentan contra la democracia?, por Asdrúbal Aguiar

LA ASAMBLEA DE LA SIP, en Salta, adoptó el pasado año una declaración complementaria de su Declaración de Chapultepec, fijando los Principios de la Libertad de Expresión en la Era digital. Allí leo lo siguiente: “El ecosistema digital ha generado nuevos espacios que empoderan a los usuarios para crear, difundir y compartir información. Todo ello contribuye a alcanzar las aspiraciones de la Declaración Universal de los Derechos Humanos para que la libertad de expresión se ejerza sin limitación de fronteras y exenta de amenazas y violencia”.

Dicho documento, a renglón seguido advierte que: “La diseminación maliciosa o deliberada de desinformación por parte de actores estatales o privados puede afectar la confianza pública. La desinformación no se debe combatir con mecanismos de censura ni sanciones penales, sino con la adopción de políticas de alfabetización noticiosa y digital. Los intermediarios tecnológicos deben adoptar medidas de autorregulación para prevenir la diseminación deliberada de desinformación”.

Durante la reciente Asamblea del órgano del periodismo hemisférico, en Coral Gables, junto a los expresidentes Laura Chinchilla, de Costa Rica, y Jamil Mahuad Witt, de Ecuador, debatimos sobre la incidencia de las redes sociales en la experiencia de la democracia. A finales del mes, en el IV Diálogo Presidencial de IDEA, habremos de responder a una pregunta tautológica: Fake News, ¿atentan contra la democracia?

La Carta Democrática Interamericana prescribe la transparencia, es decir, la realidad públicamente ventilada sobre las cuestiones que interesan a todos y forman a la cosa pública, como uno de sus estándares. La mentira, de suyo conspira contra toda elección informada y competitiva.

El nazismo y el fascismo, durante la Segunda Gran Guerra, se afirman sobre el régimen de la mentira. Un prestigioso profesor italiano, Piero Calamandrei, lo describe como “corrupción y degeneración en los regímenes políticos”. La mentira es el instrumento normal y fisiológico del gobierno, al punto que la legalidad se simula, y ocurre su adulteración, “el engaño legalmente organizado de la legalidad”.

El asunto es más acuciante ahora, a la luz de dos neologismos que se abren espacio generoso sobre las autopistas digitales: la posdemocracia y la posverdad.

Sobre la primera tengo presente lo que señala en 2000 la literatura británica y, antes, en 1995, le plantea Norberto Ceresole al exgolpista y gobernante venezolano fallecido, Hugo Chávez Frías. En mi libro sobre la Calidad de la democracia (MDC, 2018), prologado por la presidenta Chinchilla, refiero que la posdemocracia es “un anti-modelo o modelo de corte neofascista que diluye el entramado institucional y lo pone al servicio de hombres o líderes providenciales, quienes establecen una relación directa y paternal con el pueblo auxiliados por el mismo tejido mediático de la globalización”.

Ahora sabemos, hasta la saciedad, que los gobernantes del siglo XXI, como lo fuera hasta hace poco Silvio Berlusconi, en Italia, gobiernan más como periodistas, una vez como logran reducir o someter a los medios de comunicación social para imponer sus “verdades”, lejos de todo debate o escrutinio colectivo.

Sobre la posverdad, como concepto que se cruza y retroalimenta con el anterior, ocurre algo más insidioso. Plantea lo que con pertinencia destaca Henrique Salas Römer en El futuro tiene su historia (2019), a saber, la guerra entre narrativas.

No se trata, efecto, de la confrontación sana de opiniones sobre la realidad o su encuadre conceptual antes de trasladarla a conocimiento del público o en cuanto a las formas distintas de presentarla, como es propio de la prensa libre. Se trata, antes bien, de la narrativa que falsifica la realidad con fines aviesos o de competencia por el poder, apelando a los símbolos o sensaciones mineralizadas en la gente; y que al multiplicársela a través de las redes deriva en dogma de fe, asumido no por pocos sino por centenares de miles de internautas feligreses. En otras palabras, la mentira muta o muda en “verdad” o realidad virtual desde que recibe su santificación por la ciudadanía digital. Y quien así lo logra obtiene la victoria, incluso fugaz.

Vayamos al ejemplo.

En las Américas hay coincidencia en que el régimen de Venezuela medra bajo secuestro de estructuras criminales coludidas con el narcotráfico y el terrorismo, a la manera de un holding, gestionado desde Cuba, que organiza sus negocios tras los bastidores de la política y para influir en toda la región devastando a sus democracias. Mientras tanto, los países europeos, con sus excepciones, insisten en que allí ocurre otra cosa, una controversia entre políticos por deficiencias democráticas que han de resolverse electoralmente, con asistencia internacional.

¿Dónde se encuentra, entonces, el umbral que separa lo veraz de lo mendaz, el cinismo de la vergüenza?

La noticia engañosa siempre ha existido, como la apelación a las emociones antes que la objetividad, nutrientes de los populismos de toda laya. Mas hoy estamos en presencia de un “círculo vicioso de desinformación”, obra de un periodismo silvestre, sin editores. Quienes reciben la información, la producen y circulan expandiendo, es verdad, la participación democrática, desafiando al poder arbitrario. Otros, a través de Bots, promueven con mayor éxito “fake news”, y destruyen a la confianza, el tejido social, las alternativas políticas.

¿Será posible afirmar el derecho a la verdad, por encima del manido derecho a la diferencia?

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Paraguay pide en la ONU unir fuerzas para restaurar la democracia en Venezuela

EL CANCILLER DE PARAGUAY, Antonio Rivas, pidió este viernes ante la Asamblea General de la ONU unir fuerzas en pro de la restauración democrática en Venezuela. Consideró que se debe atender la situación porque no solo afecta al país, sino que se ha convertido también en una crisis regional.

Rivas recordó en su discurso, las posiciones adoptadas por Paraguay ante la tragedia que vive Venezuela. El pasado enero, el presidente paraguayo, Mario Abdo Benítez, anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con el régimen de Nicolás Maduro.

Paraguay acusó a Maduro de ser un régimen que se burla abiertamente de los derechos humanos y de la democracia.

«Todo aquel que expulsa a sus connacionales a través del hambre, la miseria o la opresión, propaga el sufrimiento y el malestar, se transforma en verdugo de los pobres, enfermos y hambrientos. Niega derechos y arranca toda oportunidad de un mañana mejor», expresó el canciller durante su intervención ante la Asamblea General.

Rivas aludió a la crisis migratoria venezolana, que supera la barrera de los 4 millones de venezolanos, según los datos de la Organización Internacional para las Migraciones y la Agencia de la ONU para los Refugiados, y pidió al resto de los países a dar una respuesta global.

Paraguay también reiteró su compromiso con la no proliferación de armas y el desarme, así como su oposición a la guerra. Defendió el diálogo y la diplomacia como vías para solucionar conflictos de manera pacífica.

Rivas aprovechó la ocasión para manifestar el interés del país suramericano en participar en Operaciones de Mantenimiento de Paz. Acciones en las que Paraguay confía en volver a asistir con bandera propia.

Abogó por la reforma del Consejo de Seguridad para transformarlo en un órgano más inclusivo, transparente y apto.

Trabajo conjunto

Rivas insistió en su discurso en la importancia de una acción conjunta. Desde la condena al régimen de Maduro, pasando por el combate a la crisis climática o las cuestiones económicas.

En este punto, el canciller defendió el multilateralismo y la integración regional como formas de contribuir al desarrollo y el progreso, sobre todo para países como Paraguay, que no cuentan con salida al mar.

En concreto, se detuvo en el acuerdo entre el Mercosur con la Unión Europea, alcanzado a finales de junio, después de 20 años, y en el que el bloque suramericano cerró con Asociación Europea de Libre Comercio, a finales de agosto.

«Desde estas plataformas, busca contribuir a la paz y la prosperidad interna e internacional, con un enfoque proactivo, participativo y dinámico», detalló.

*Con información de: El Nacional. 

La trampa que faltaba… Por Antonio José Monagas

TUVIERON RAZÓN QUIENES fustigaron la política cuando demostraron la futilidad que, casi siempre, acompaña sus ejecutorias. Sobre todo, en momentos en que sus operadores presumen de la fuerza de su gestión para rebasar las discreciones propias de las formalidades que se configuran bajo la praxis de la economía y del devenir del desarrollo social y cultural. Incluso, muchas veces, las pachotadas de individuos de tan reducida condición política, imponen sus intereses. Aunque algunas veces, a través de negociaciones, que bajo conveniencia forzada, imperan en contextos donde la palabra poco o nada se acata y respeta. Particularmente, cuando las mismas se trazan en terrenos de poder político donde se acostumbra a conceder espacio a la violencia. Ya sea por la fuerza, la amenaza o por la siembra del miedo.

Desde hace décadas, el populismo devenido en abierta demagogia viene aprovechando oportunidades para hacerse del mayor número de condiciones posibles con las cuales articular mecanismos de usurpación y falsificación política. En ese fragor, su praxis ha pervertido la moral pública tanto como ha trastornado situaciones propias de la funcionalidad administrativa y de la dinámica del poder político. En el curso de esas determinaciones, entra la sumisión en el sucio juego que su desenfreno bien sabe animar.

Es ahí cuando emergen circunstancias que incitan confusiones a instancia de oscuros intereses manipulados desde los mismos cenáculos del poder político. Sobre todo, en coyunturas en que los intríngulis del poder quedan al descubierto o desenmascarados dada la ristra de traiciones, detracciones, complicidades y transgresiones cometidas en desacuerdo con leyes públicas o acuerdos instituidos o reconocidos.

Es el problema que ocurre en ambientes que simulan el ejercicio de la política. Pero de una política disfrazada a duras penas de “democracia”. Es justamente el problema que se suscita cuando se juega equivocadamente con las libertades y los derechos consumados éstos con la impudicia que puede concebirse desde el sarcasmo, el revanchismo y el resentimiento. Es el problema que acompaña toda realidad política dictatorial.

Es, nada más y nada menos, lo que describió la farsa que acababa de jugarle el régimen usurpador venezolano al proceso de negociación que venía asintiendo el gobierno de Noruega en pos de conciliar criterios que, supuestamente, buscaban dirimir la grave crisis política venezolana. Sin embargo, lo que recién se advirtió con la reunión de los presuntos negociadores del régimen y advenedizos en nombre de la oposición venezolana, reveló lo que se venía venir. Y fue que más pudo la avaricia del régimen dictatorial, que lo que pesa bajo su supuesta administración de gobierno. Es decir, el soterrado y abultado caos que vive la salud, los servicios públicos, la alimentación y la calidad de vida del venezolano.  

Tan obscena trastada, puso de relieve no sólo la grosera avaricia del régimen por seguir obscenamente enquistado al poder. Sino también, la descarnada voracidad  de una oposición minoritaria que mejor pareció ser la representación más indigna de adláteres del oficialismo en situación de pesadumbre. O de quienes por padecer la distancia de las apetecidas y tentadoras mieles del poder, se atrevieron a saltar con el mayor  descaro la barrera del pudor político (talanquera), trasponiendo los límites de la vergüenza.

Es lo que dio cuenta el desarrollo de los hechos que vivió el país político el pasado 16-S cuando la desfachatez retrató a reconocidos personajes en abierto perjurio. O mejor dicho, en el curso exacto de una traición no más a la patria, que a los valores de la democracia y a las esperanzas de una población acontecida por la soberbia de un régimen represivo, traidor, corrompido y abusivo. Lo que quedó evidenciado del encuentro dado en la Casa Amarilla, entre facciones de la politiquería rastrera, fue un acto de inmoralidad propio del más mezquino oportunismo.

Pero igualmente, propio de cual montaje de teatro sacado de una novela manchada de sangre. Propio de algún juego deshonesto, viciado y contaminado de un fraudulento poder. Propio de un absurdo obligado a ser convertido en desastrosa realidad. Propio de cual iniciativa desviada por el carácter despreciable que inmediatamente alcanzó. Fue, infelizmente, la trampa que faltaba… 

 

@ajmonagas

Chile y su transición a la democracia

EL PASADO VIERNES 6 Y SÁBADO  7 de septiembre, estuvo en Caracas el chileno Claudio Orrego, como parte de una iniciativa que Reacin (Red de Activismo e Investigación por la Convivencia), en conjunto con Diálogo Social, propicia a favor de espacios para el debate y la búsqueda de soluciones concertadas.

Orrego, dirigente estudiantil durante la dictadura de Pinochet, y quien fue, además, dos veces Alcalde del Municipio Peñalolén y Gobernador de la Región Metropolitana de Santiago, compartió su testimonio frente a estudiantes, grupos de diálogo y demás integrantes de la sociedad civil. 

El relato de Orrego no fue en aras de pretender que la salida de la dictadura, en el caso venezolano, debe ser una copia al carbón de lo que fue el panorama chileno. Por el contrario, entiende las diferencias de las realidades, pero enfatiza que la reconstrucción del tejido social, tal y como fue vital en la conquista de la democracia de su país, lo es también para Venezuela.

Afirmó, por otra parte, que la extrema vulnerabilidad política, social y económica, hace que la gente se reconecte. Por lo cual considera este un momento idóneo para promover escenarios que permitan escucharse y atender los problemas que, en medio de una crisis severa, no escatiman en ideologías políticas.

La visita de Orrego forma parte de un movimiento que Reacin ha venido articulando a fin de promover una salida no violenta para Venezuela. Este año, en la misma línea, Hassine Abassi, tunecino y Premio Nobel de la Paz, visitó el país de la mano de la organización. Y el año pasado, fue José Luiz Ratton, sociólogo y experto en seguridad pública, quien desde Brasil vino a Venezuela a compartir sus experiencias entorno a la violencia. 

 

Ni dictadura, ni violencia

Cuando tenía 7 años, su papá político opositor al entonces gobierno de Salvador Allende, fue amenazado de muerte. Y años después, en 1978, después de que su papa publicara un libro del asesinato del ex canciller del fallecido presidente, nuevamente su familia fue víctima de un atentado incendiario en su casa, esta vez a manos de la dictadura de Pinochet. 

Así, despertó en Orrego una conciencia política que se combinó, en poco tiempo, con el pleno entendimiento de que el respeto a los derechos humanos y la democracia eran las cláusulas no negociables del contrato. No en balde, afirma, ha dedicado gran parte de su vida al servicio público.

Fue hasta 1983,  año álgido para Chile en lo que a movilizaciones sociales se refiere, que Orrego manifestó una clara postura de no violencia, incorporándose al Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo, grupo de personas que en medio de fuertes represiones por parte de cuerpos de seguridad de la dictadura, respondían de manera pacífica a través de proclamación de consignas en defensa de los derechos humanos, cantos y oraciones. 

 

El encuentro en una necesidad común

 A finales del año 1973, la Iglesia Católica en Chile, lidera un movimiento que defiende los derechos humanos de los perseguidos, muchos de los cuales eran tajantes opositores a la propia iglesia. 

A partir de allí, se comienzan a documentar casos que ponen a Chile en ojo de la comunidad internacional, dando los primeros pasos hacia la salida del régimen autoritario.

En el año 1982 comienzan las protestas masivas encabezadas por los trabajadores. Y tras esto, un primer acuerdo político llamado Movimiento Democrático Popular (MDP), conformado por sectores de la oposición —Partido Comunista de ChilePS-Almeyda y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), más unas facciones de la Izquierda Cristiana y el MAPU—.

Tras el paro nacional de 1986 y un atentado militar en contra de Pinochet que no prosperó, un acuerdo nacional —auspiciado por la iglesia — es firmado  en 1987 por gran parte de la oposición y el sector de derecha más liberal. Estos últimos, siendo partidarios de Pinochet, suman su voluntad hacia una transición a la democracia.

Si bien este acuerdo no tenía ningún poder vinculante, era una clara declaración de propósito de una clase política que se negaba a cruzarse de brazos.

 

El plebiscito: un nuevo desafío

La discusión en torno al plebiscito dictaminado por Pinochet, tocó las entrañas de la oposición.  

Sin registros electorales, sin libertad de prensa y con los partidos políticos proscritos, el escepticismo y la desesperanza pretendían ganar terreno.

Sin embargo, salvo el Partido Comunista, que siempre mantuvo una lógica de insurrección militar, todos estuvieron de acuerdo con participar. 

Fue entonces cuando empezó una voraz campaña para activar a la gente a inscribirse en el registro electoral. Y los resultados, exitosos, arrojaron que un 98% de la población en edad de votar, se inscribió. La reserva democrática, en palabras de Orrego, permanecía latente.

Fue el año de la disolución del MDP, y la creación de la Concertación de Partidos Políticos por el No, conformado por 16 partidos. Era el antecedente de la Concertación de Partidos Políticos por la Democracia.

 

La alegría ya viene

La campaña, tras la victoria de la movilización social al registro electoral, no podía erigirse sobre las tragedias moldeadas por el régimen. No podía despertarse el miedo, ni mucho menos la desesperanza. La alegría ya viene, fue el entonces nombre de la campaña que gritaba un “no” rotundo a la dictadura.

Con un gran despliegue de trabajadores en las mesas electorales, y en medio de la incertidumbre por saber si Pinochet iba o no a reconocer los resultados, a las 5:30 de la tarde la oposición da un primer boletín con tendencia irreversible a su favor.

Pero no fue sino hasta alrededor de la media noche que el entonces Jefe de la Fuerza Aérea, Fernando Matthei, anuncia oficialmente el triunfo del no, previo a entrar a una convocatoria de emergencia de la Junta de Gobierno.

 

La transición  apenas comenzaba

Tras el plebiscito de Pinochet, el demócrata cristiano Patricio Aylwin, la cabeza de la Concertación de Partidos Políticos por la Democracia, fue elegido presidente. Fue, con ese triunfo, que empezaba la transición.

Aylwin, según lo expresado por Orrego, tuvo que sentar su liderazgo sobre reflexiones que nadie quería escuchar, entendiendo que solo sentándose con todos los representantes de los sectores políticos, era posible una verdadera democracia.

Para Orrego, se trató de una cadena de desafíos de la sociedad civil y la clase política. No hubo ningún esfuerzo aislado, todo en sinergia, terminó por permitir el derrocamiento de la dictadura.

 

El verdadero reto del día después, por Armando Martini Pietri

LAS INMENSAS POSIBILIDADES pronosticadas sobre la Venezuela que comenzará después del cese la usurpación, pueden ser ciertas, siempre y cuando se extinga la cohabitación con quienes demolieron y arrasaron la nación. Lo más importante no será la reconstrucción de obras, agilización de la economía, redimensionamiento de escalas salariales, relanzamiento de servicios públicos con acento en los suministros de electricidad, agua y gas. Las telecomunicaciones para sacarlas del ruinoso y vergonzoso atraso, rescate a fondo de la industria petrolera, reorganización de las relaciones internacionales, re-institucionalidad de instituciones, devolver la independencia a los poderes, todo al mismo tiempo, porque todo, es prioritario y nada tiene tiempo que perder. Labor colosal, para gigantes, habrá que hacerla, incluso la delicada y comprometedora tarea del refinanciamiento de la indescriptible y no auditable deuda externa e interna que tiene lo que el castro-madurismo llama Estado, más bien, vergonzosa catástrofe, para no comentar la compleja labor de coordinar el regreso de millones de ciudadanos, de todas las edades, oficios, experiencias y necesidades que se han ido a otras latitudes en busca de vida, quienes no pueden regresar a pasar trabajo, hambre y carencia, hay que prepararles una patria digna a la cual valga la pena retornar para reconstruirla.

Pero hay dos condiciones que deberemos poner en práctica.

Una de las ventajas fundamentales de la democracia es que todos estamos en el deber de meter el hombro, aunque pensemos diferente. Para levantar una gran nación no importa cómo se delibere si empujamos, y sumamos esfuerzos para estimular, influir y provocar una patria libre, democrática, satisfecha, plena de oportunidades. Así creció la Venezuela que tuvimos, criticamos, amamos hasta hace veinte años. Partidos políticos con ideologías diferentes, líderes que tenían interpretaciones y propuestas, buscando respaldo popular, unas veces en el poder, otras en oposición. Para todos, la patria era una, el propósito central el sostenimiento de la democracia y desarrollo del bienestar. Fue así como Rómulo Betancourt, por ejemplo, derrotó conspiraciones civiles y militares, creadas en el país, e importadas de la Cuba castrista y República Dominicana del dictador Rafael Leónidas Trujillo.

La otra actitud, y así, “actitud”, es la educación.

No es ir a los planteles, a estudiar gramática, historia, geografía, matemáticas, química, física y demás exigencias, guías y bases necesarias, ni es sólo ir a la escuela primero, al liceo después y luego a institutos, academias, universidades porque necesitamos médicos, ingenieros, abogados, economistas, periodistas, científicos, biólogos, informáticos y el amplio etcétera profesional moderno.

Es todo eso y la formación personal, entrenar nuestras mentes, pensar, razonar para tener principios, objetivos, analizar y no dejarnos convencer por palabreríos insulsos, demagogia barata, charlatanes embusteros sino por razonamientos, convicciones, hechos.

Con una ciudadanía así educada, que cruce calles por donde se debe hacerlo, que no expectore en el piso, no bote desechos en cualquier lugar, sienta y cultive la convicción de la limpieza no sólo personal sino de su entorno, vecindario, ciudad, país. Que ceda el paso a menores, damas, y ancianos, cuando vaya a ingresar al vagón del Metro, entre en un ascensor. Ciudadanos que sepan racionalizar la paciencia y el orden en una cola; empleados públicos y privados que entiendan que no son amos del tiempo de las personas en fila. 

Ciudadanos con convicción de servir bien y adecuadamente, que tengan a orgullo esmerarse en sus obligaciones, entiendan el concepto real de “servidor público”, que no es bajar la cabeza sino levantar la dignidad y el mérito de servir.

Ésa es la labor que comienza en el primer segundo de la nueva Venezuela. La violación a los Derechos Humanos y usurpación deben cesar y llevarse con ella ese concepto perverso de “pájaro bravo” que tanto daño nos ha hecho. No podemos seguir siendo el país del Tío Conejo astuto, tramposo y aprovechador, sino el del Tío Tigre fuerte, trabajador, empeñoso. Ciudadanos que entiendan, razonen la necesidad y justicia. 

No se trata de ser ricos o pobres, se trata de ser, de verdad, buenos ciudadanos capaces de votar, elegir con inteligencia, no con emociones rudimentarias, que analicen propuestas y personalidades de los diferentes candidatos, porque en política y elecciones se mezclan emociones con razones igual que en la vida.

El trabajo más importante desde que se inicia el día después no es celebrarlo -y lo celebraremos, es un derecho que nos hemos ganado-, sino asumir la decisión de no volver a ser jamás sólo el país rico con mujeres bellas, desorden y picardía, sino el país de las buenas costumbres ciudadanas, de principios y valores, de mujeres y hombres educados para serlo.

Se agota el tiempo, las bases en las que se sustenta Venezuela se derrumban a punto de colapsar. El presidente interino caduca y no puede darse el lujo derrochando oportunidades, por el bien de la nación, debe deslastrarse de individuos inconvenientes. Comienzan a flaquear los apoyos, hay descontento, más grave, desconfianza en su entorno, por cierto, algunos bajo investigación. 

 

@ArmandoMartini

Entre holgazanes, arrogantes y fanfarrones, por Antonio José Monagas

PRETENDER UNA “REVOLUCIÓN”, no es asunto de agazapados, arrogantes o bravucones. Es un proceso que compromete la intelectualidad sobre la cual se yerguen valores de moralidad, justicia y verdad. Es un proceso que, dada su esencia y nivel de subsistencia, traspasa las fronteras de la economía, de la política y de la sociedad donde circunscribe sus acciones. Por eso cuando se habla de “revolución”, debe hacerse con la observancia que su acaecer merece.

De ahí que la historia, aún cuando no siempre ha sabido discernir entre revoluciones folkloristas y de seria envergadura, contempla casos de revoluciones de importancia. Así se tiene, por ejemplo, el caso de la revolución cultural forjada a partir de las tradiciones que hicieron de China, el símbolo de la cultura asiática. O de otras revoluciones que indistintamente del carácter que contuvieran, marcaron hitos que trascendieron los tiempos y acontecimientos.

Pero de eso, a lo que vulgarmente se ha pretendido en Venezuela llamando “revolución”, la brecha luce casi indeterminada. Precisamente, por la desproporción que hay entre una situación engrosada por una narrativa sin contenido, preparada para que sirva de cebo a ilusos, incultos, corruptos, violentos y furibundos, y otra situación concebida en la perspectiva de una realidad definida por libertades, deberes y derechos que encausen la igualdad, la tolerancia y la solidaridad. En un todo con los principios que fundamentan la vida en correspondencia con los estamentos que cimientan el andamiaje de la democracia.

Por eso, para la historia nacional venezolana, termina siendo un acontecimiento de insólita referencia, considerar la “revolución” que ha presumido el manido “socialismo del siglo XXI”, infortunadamente instalada en Venezuela, como el camino expedito, que a decir del discurso político de rojo trazado, ha buscado refundar una República en el contexto de una “(…) sociedad democrática, participativa y protagónica”. Así lo anunciaba la Constitución Nacional la cual para diciembre de 1999, le apostaba al replanteamiento de una Venezuela soportada en un “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia” (Del artículo 2).

Sólo que luego de veinte años, los susodichos preceptos constitucionales cayeron en la desidia provocada por el descaro de un gobierno que desperdició groseramente inmensas oportunidades dispensadas por el fabuloso ingreso del mercado petrolero. Así, el país fue convirtiéndose en el terreno apto para el cultivo de las maledicencias, la corrupción, el delito, la venganza, el chantaje, el crimen y el ultraje político. Realidades éstas, animadas por el resentimiento, el odio, las apetencias y la soberbia de sus gobernantes cívico-militares.

Fueron estos los elementos fácticos que estructuraron la política gubernamental. Al extremo, que apagaron buena parte de las libertades, garantías y necesidades que le impregnan sentido a la vida del venezolano. Y además, tales actitudes fijaron el modo de accionar medidas de las cuales se ha valido el régimen para usurpar cualquier función de gobierno posible que conduzca a ganar el mayor espacio político o algún ápice de autoridad que le garantice enquistarse en el poder. A desdén, de las consecuencias que sus torcidas ejecutorias acarrearían y devinieron en trágicas realidades.

De forma que en esta retahíla de incorrecciones y trivialidades, degeneró la política revolucionaria, mal llamada “socialismo del siglo XXI” Razón por la cual, se han valido de aquella parte de la población que, desafortunadamente, cayó en el engaño de la “antipolítica”. Pues así lograron hacerse del poder las huestes que fantasearon en momentos en que la inercia de una historia buchona y bullanguera,  hizo de Venezuela el escenario para deparar sobre sus fauces el mejor espectáculo que en la desidia podía montarse.

Fue así también, como estos funcionarios de mala calaña, se aprovecharon de la gestión gubernamental convirtiéndola en el medio expedito para actuar con la demagogia que el tiempo de la política requirió para afianzar sus atrevimientos.

De esa manera,  el régimen diseñó la estrategia política necesaria para urdir cuantas posibilidades le ha permitido el aprovechamiento de situaciones en beneficio propio. Por tanto, puede inferirse que para haber escalado en su maraña de complicidades, el régimen se valió de una fuerza popular que, sin méritos, se ha prestado para validar  las condiciones necesarias para que el régimen se haya enquistado en el poder. Por eso exalta sin fundamento la presencia de un “pueblo”. Pero no “pueblo” en el sentido antropológico, ni sociológico. Menos, demográfico. Apenas ese tal “pueblo”, ha sido un grupo de vividores de oficio, apertrechados políticamente, carroñeros de camino, preparados para aupar y embrollarse entre quienes han sabido usurpar posturas y posiciones de gobierno. O sea, entre holgazanes, arrogantes y fanfarrones.

 

@ajmonagas

En defensa de la UCV, por Laureano Márquez

COMO EGRESADO DE LA Universidad Central de Venezuela, no puede uno permanecer impávido e indiferente ante este nuevo atropello a nuestra alma mater

La democracia es el mejor sistema de gobierno que se ha podido dar el ser humano a lo largo de la historia, es el que iguala a los ciudadanos, confiriendo a cada uno el mismo derecho a opinar sobre los asuntos que a todos nos conciernen en un complejo equilibrio entre justicia y equidad. Así como es el mejor sistema de gobierno, es también el más débil, si no hay tras él una visión ética de la política y un proceso de preparación creciente y sistemático de la población para la exigente tarea del ejercicio de la ciudadanía. 

La mayor debilidad que la democracia presenta es que democráticamente se puede optar por la extinción de la democracia al escoger una opción cuyos postulados sean la negación de la misma. Sucedió en la Italia fascista, en la Alemania nazi, también en la Venezuela chavista. Los caudillos no democráticos, lo primero que hacen al llegar al poder es desnaturalizar la democracia, convenciendo a la población -y a ellos mismos- de que la  aclamación popular sustituye a la democracia, de que al encarnar ellos la auténtica voluntad del pueblo, las votaciones son intrascendentes, por ello, cuando se hacen -si se hacen- deben blindarse los sistemas electorales para que no permitan que triunfe una opción diferente.

La existencia de la democracia no significa que todo deba ser sometido al voto popular. Por ejemplo, se cuestiona mucho en los últimos tiempos que se convocara, en el Reino Unido, a un referéndum para decidir la salida de la Unión Europea. Someter un tema de tal trascendencia a las pasiones del momento no fue una buena idea. Terminó ganando una opción que dividió al país y complicó las cosas para todos, incluido el propio Reino Unido. El liderazgo democrático debe implicar también un ejercicio de formación ciudadana. La enemiga principal  de la democracia es la demagogia. 

Hay temas e instituciones que requieren de una ponderación que también es democrática.  ¿Se imaginan los lectores -por ejemplo- qué consecuencias tendría para la justicia que los jueces fuesen electos con campañas electorales? Aunque los jueces sean electos, se busca para ellos un sistema de elección que pondere su capacidad académica, jurídica y profesional para el cargo. Se busca -en teoría- que lleguen los más capaces y justos y no los más populares. Ideal sería una democracia en la que el pueblo eligiese también a sus mejores jueces, pero en la realidad no es usualmente así.

Algo similar sucede con las instituciones académicas. Su democracia es de una naturaleza diferente porque se intenta que en la elección de sus autoridades, la preparación, la capacidad, la trayectoria académica tenga un peso específico en función de la propia esencia de la institución. Por eso, en las elecciones universitarias se da mayor peso en la votación al académico e investigador de larga trayectoria que al estudiante recién inscrito. Tiene lógica, se supone en teoría, que el primero debería tener un mayor conocimiento de los requerimientos y necesidades de la universidad. Dicho en otras palabras: en ciertas instituciones es más democrático (para su existencia y supervivencia) que haya algo menos de democracia, aunque suene contradictorio.

Los togados que se hacen pasar por Tribunal Supremo de Justicia, consideran que en las elecciones de la Universidad Central de Venezuela debe haber voto igualitario. Es su último desesperado intento  de destruirlo todo, se pretende también acabar con nuestra universidad. Las instituciones académicas de Venezuela, con la UCV a la cabeza no se han doblegado ante el régimen, han sido por el contrario centros de resistencia, casualmente en defensa del sistema democrático.

Es comprensible que la universidad represente el principal enemigo para un régimen que en su esencia y existencia es contrario a la razón.

 

@laureanomar