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Venezuela está en el puesto 140 de los 167 países analizados por el Índice de Democracia

 

En una escala de puntos que va del 1 al 10, Venezuela alcanzó 2.88 puntos durante 2019 en el Índice de Democracia mundial, lo que califica al país como un régimen autoritario.

El estudio de Índice de Democracia, elaborado anualmente por The Economist, ubicó a Venezuela entre las 54 naciones menos democráticas del mundo.

Dicho informe toma en cuenta al menos 9 aspectos para calificar a los 167 países que cada año figuran en la lista.

Estos abarcan cinco categorías principales: procesos electorales y pluralismo; libertades civiles; funcionamiento del gobierno;participación política y cultura política.

Una vez agrupados por la calificación en estas categorías, el Índice de Democracia ubica a los países por subcategorías que se rigen por democracias plenas, democracias defectuosas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios.

Desde 2006, Venezuela ingresó a la categoría de regímenes híbridos. Sin embargo, la radicalización política y el autoritarismo por parte del gobierno de Hugo Chávez hicieron que el país cayera varios puestos con el pasar de los años.

En 2017, con el régimen de Nicolás Maduro en el poder, Venezuela entró por primera vez en la subcategoría de regímenes autoritarios con 3.87 puntos en la escala. En 2018 esta puntuación bajó hasta 3.16 puntos y en 2019 cayó a 2.88 puntos.

Lo que hace que Venezuela esté en el puesto 140 de los 167 países analizados por el Índice de Democracia.

Esta lista la lidera Noruega, con 9.87 puntos de los 10 necesarios para encajar como una democracia plena en su totalidad; le siguen Islandia, Suecia, Nueva Zelanda y Finlandia.

Entre las 15 primeras democracias plenas del mundo, solo figuran dos países de la región: Uruguay, con 8.38 puntos, y Costa Rica, con 8.17 puntos.

Potencias mundiales

En cuanto a las potencias mundiales, ninguna figura en la categoría de democracias plenas.

Estados Unidos se ubicó entre las democracias defectuosas, con 7.96 puntos, al igual que Japón, con 7.99 puntos, e India, con 6.90 puntos. Rusia y China calificaron entre regímenes híbridos y autoritarios, con 3.11 y 2.26 puntos, respectivamente.

El país menos democrático del mundo, de acuerdo con el estudio, es Corea del Norte.

Presidente de Haití instó a Maduro a celebrar elecciones legítimas
Jovenel Moise indicó que retiró su apoyo al régimen de Maduro porque los comicios no fueron legítimas

El presidente de Haití, Jovenel Moise, instó a Nicolás Maduro a celebrar elecciones legítimas como condición para volver a apoyarlo. Hasta hace muy poco tiempo ambos gobiernos mantuvieron estrechas relaciones.

En una entrevista con Efe en el Palacio Nacional de Haití, Moise explicó que decidió retirar su apoyo al régimen de Maduro porque las elecciones de 2018 no fueron legítimas.

«No fueron elecciones legítimas. Fueron elecciones contestadas. Si el presidente Maduro hace unas elecciones mañana por la mañana, él participa, la comunidad internacional acepta que ha actuado correctamente y es elegido, yo seré el primero en felicitar al señor Maduro de nuevo. Mi decisión es una decisión de un jefe de Estado responsable», dijo.

Explicó que tomó la decisión teniendo en cuenta que su país es miembro de la OEA y ese organismo, que fue observador en los comicios de 2018, indicó que las elecciones no eran creíbles.

«Dije que apoyo al pueblo venezolano. Pero estoy eliminando mi apoyo al régimen del presidente Maduro», reiteró el gobernante haitiano. El mandatario enfrenta desde septiembre una oleada de protestas exigiendo su dimisión.

Reconoce a Guaidó

Desde enero, Haití reconoce al presidente interino Juan Guaidó. También se ha sumado activamente al TIAR.

Haití destacó hasta el año pasado como un estrecho aliado de Venezuela. Asimismo era uno de los países beneficiarios del programa Petrocaribe, por medio del cual Caracas suministraba petróleo en condiciones ventajosas a las naciones de las Antillas.

El ex presidente René Preval, de izquierda, introdujo a Haití en el Petrocaribe en 2006. Pero los problemas de Venezuela para exportar crudo han llevado a Haití a importar petróleo de Estados Unidos.

Fuente: Efe. 

Praxis política de “manchada ralea”, por Antonio José Monagas

En política, no “todos los caminos llevan  a Roma”. Si bien las circunstancias de la vida, resultan ser consustanciales con necesidades que pueden convertirse en realidades, pero en la medida que se tracen objetivos contentivos de estrategias comunes, en materia política no luce posible que distintas ideas terminen convergiendo en un mismo lugar. Sobre todo, si el dicho terreno está ocupado. O su espacio se ha consignado a nombre de ideales diversos.

En el ejercicio de la política, aunque hay sus excepciones, no siempre cada problema planteado apunta según una dirección preestablecida. Más, cuando ésta se expone apelando a la diversidad de condiciones posibles. Aunque las mismas apunten a una única solución. Por inmejorable, excelente o magnífica que pueda ser.

La historia política de los pueblos, está colmada de casos que demuestran el carácter demoledor de aspiraciones contentivas de tantas promesas como puedan servir al juego de premeditadas argucias políticas. Acá, las necesidades de desarrollo de incontables sociedades se han viso truncadas por presunciones que sencillamente atascan los caminos sin que alguno pueda llevar al punto o meta esperada o trazada. 

Pero ese no es todo el problema. La política, además de verse estorbada por la sombra que ella misma crea en su desenvolvimiento, muchas veces torpe, los caminos a ser transitados, aunque semejen los de una travesía de frescos aires y entre parajes de esplendoroso verdor, son de escabroso suelo y abrupto nivel. 

Sin  embargo, quienes en política determinan el rumbo a seguir a instancia de las decisiones que toman en el transcurso de los acontecimientos en desarrollo, obvian, omiten o desconocen las implicaciones o riesgos en ciernes. En consecuencia, el proceso de elaboración y toma de decisiones lo hacen a tientas. Si acaso.  Y de no ser así,  no consideran la existencia de instrumentos que aporta la ciencia política, o la teoría de gobierno. 

Es cuando el gobernante, activista u operador político, incurre en problemas cuyo análisis no logra llevar a cabo. Mucho menos, comprender sus implicaciones desde la correspondiente complejidad. Particularmente, cuando condicionantes y variables de distinto tenor aparecen en escena buscando desvirtuar la naturaleza de los problemas en cuestión. Esto, al lado de un crudo conjunto de amenazas y presiones propias de dificultades sistémicas que envuelven los espacios que alojan la política, sus ejecutores e interventores terminan revirtiendo cualquier esfuerzo de articulación entre democracia y desarrollo. 

A todas estas, no es difícil inferir que detrás de complicaciones de tan grueso calibre, se tiene otros problemas cuyas ímpetus superan los escollos imaginados. En Venezuela, la sola idea de escapar de los desastres a que ha llevado al país político, económico y social las presunciones revolucionarias, sobrepasa cualquier contingencia registrada en los anales de la historia política contemporánea. 

Los dirigentes políticos venezolanos de la oposición democrática comprometidos con tan arduo compromiso, se hallan actualmente en la más enconada y apretada de las situaciones. Así ha sucedido desde que importantes secretos saltaron a la palestra para hacerse públicos, notorios y comunicacionales. 

La suspicacia minó el pensamiento y esperanzas de venezolanos que habían depositado su confianza en hombres dispuestos a rescatar al país de las manos ensangrentadas que hoy se arrogan ilegítima, ilegal e inconstitucionalmente, facultades (falsamente) jurídicas y políticas. Pero impuestas bajo represión, a costa de balas asesinas, bayoneta calada y gases asfixiantes y opresivos, para de esa forma arremeter contra quienes profesan valores de libertad, justicia y dignidad. Que son igualmente, quienes se resisten a ser sometidos por las tribulaciones de un régimen pusilánime, desesperado y sediento de poder por poder. 

El país ha devenido en un vergonzoso zigzagueo que parece no llevar a ninguna parte. Por lo contrario, tiende a vararlo entre militantes de la desidia mutiladora del pensamiento crítico. O sea, entre acosadores, envalentonados, soberbios, furibundos, arrogantes, matones, ilusos, resignados, insolentes, ignorantes, orilleros. Y todas aquellas especies de individuos comulgantes del odio y del resentimiento. 

Quizás, buscando otras bases y otros valores que fundamenten una acción política de nueva resolución o una ideología fundamentada en la solidaridad, el pluralismo político y el respeto a la disidencia y consideración a la desconformidad de la cual se sostiene la diversidad política serán partes de las realidades en curso. Entonces será posible y viable encontrar la ruta de escape que ansiosamente se persigue. 

El país pareciera estar dejando ver en medio de las confusiones que se han armado, además sin justificación mayor que la de agraviar derechos y garantías democráticas, la mediática pero también consistente configuración de una tiranía aguantada sobre indecentes excusas. Porque lo que está observándose, sin duda, es una praxis política de “manchada ralea”.

Ser venezolano hoy, por Brian Fincheltub

Esta semana viendo lo que pasa en la región confirmaba lo difícil que es ser venezolano. Difícil para quienes están dentro, pero también para quienes sufren nuestro gentilicio afuera. Aclaro que no es un tema de sentirse menos o más orgullosos de donde venimos, se trata de la pesada carga que significa haber nacido o crecido Venezuela en plena era socialista. Si, la carga económica es pesada, pero me atrevería a decir que la emocional lo es en mayor medida. Si algo nos ha robado el socialismo es la tranquilidad y es que estés donde estés nunca escapas a la situación país. Si lograste escapar del drama nacional buscando nuevos horizontes fuera, tu cabeza sigue junto a tu familia y si has tenido la suerte de lograr salir con tu familia, tus recuerdos siguen donde naciste.

Es cierto que en épocas de inestabilidad interna el estado de ansiedad aumenta, sobre todo para quienes estamos lejos. Nos preocupamos por los nuestros, por su integridad. Pero en el fondo de todo el caos, nos da esperanza ver a la gente luchando, nos da seguridad ver a la gente de pie porque sabemos en la medida que siga siendo así no lograrán imponerse. Otro sentimiento es el que al menos a mi me producen situaciones como la actual. No hay estado que me desespere más que ese donde una una calma se apodera del país. Digo que no es calma porque tal cosa no existe en Venezuela. Lo que se ha impuesto es la paz de fusiles, la gente no ha normalizado necesariamente la tragedia que vive pero frente al alto costo de protestar y la ausencia de resultados inmediatos, quienes están dentro se refugian en su vida privada, una estrategia de supervivencia frente a un entorno donde ciertamente sobrevivir es la prioridad.

En el exterior vemos la situación con pesar, sobre todo porque muchos aspiramos a volver a Venezuela una vez la libertad y la democracia sean reconquistadas. No se trata de una posición cómoda, muchos no hemos tenido otra opción. Nuestra promesa es ayudar a reconstruir el país y así pagar nuestra deuda con quienes adentro no dejaron de luchar. Desde afuera muchos no hemos dejado de luchar, de trabajar y prepararnos  pensando en el momento en el que nos toque regresar. Siempre teniendo en mente que todo lo aprendido y vivido fuera de nuestras fronteras nos va a ayudar a poder servirle más y mejor a Venezuela. Para lograr que se acabe esta pesadilla y todos pronto podamos volver es clave la presión nacional e internacional.

Mientras esta espera se hace interminable, en muchos países de la región nuestros connacionales sufren las consecuencias de las migraciones masivas. Nunca antes fue tan difícil ser venezolano dentro y fuera del país, esto lo han comprobado sobre todo quienes han sido  víctimas de discriminación y xenofobia, en países donde se ha instalado un discurso que culpa a nuestro gentilicio de todos los males habidos y por haber.

Como millones más que esperan volver, solo espero que esto termine pronto. Que no haya inocentes que teman decir de dónde vienen y que nacer en un determinado lugar no te condene para siempre a la miseria. Para que esto se acabe, todos tenemos que trabajar, sin descanso, por más agotador que parezca y aunque los resultados no sean evidentes. Es la sola opción que tenemos, la otra es rendirnos.

@BrianFincheltub

Asdrúbal Aguiar Nov 18, 2019 | Actualizado hace 9 meses
Venezuela 2030, por Asdrúbal Aguiar

EL TÍTULO DE ESTA COLUMNA identifica el encuentro que sostuvimos con los estudiantes de SciencesPo, en Paris, auspiciado por Plan País, el originario, nacido en USA hace una década. Les manifiesto que los venezolanos hicimos entrada al siglo XIX en 1830 y al siglo XX, pasadas sus primeras tres décadas. Y que, en 1989, casualmente, se cierra el ciclo de nuestra república democrática formal inaugurada 30 años antes, en 1959; construida en los 30 años previos, a partir de 1928, por su generación universitaria. 

En 1989, mientras cae el Muro de Berlín todos celebramos la muerte de las ideologías y la victoria del capitalismo liberal. No nos ocupamos, empero, de los síntomas más gravosos y desafiantes que acompañan a dicha caída. Emerge entre nosotros la logia bolivariana, que fractura nuestra identidad histórica alrededor de los cuarteles y después en los partidos. Y en Alemania, distante de La Habana, toma cuerpo, paralelamente, otra logia, la de los verdes ecologistas, feministas, defensores de las minorías sexuales, que renuncian a la corbata y acuden al parlamento con pantalones vaqueros y zapatos deportivos.

Mientras en Venezuela ocurre El Caracazo y la violencia se traga a un millar de compatriotas, en la Plaza de Tiananmén es masacrado otro millar. Y ambas manifestaciones se hacen de narrativas unitarias: Aquélla, la de la lucha contra la corrupción, ésta, por las libertades.

Pues bien, 30 años después, en 2019, el fundamentalismo de las localidades humanas sobrevenidas se hace violencia en Hong Kong, en Barcelona, en Santiago de Chile, en Ecuador, pero es colcha de retazos, unida sólo por la indignación, por cualquier cosa.

¿A qué viene todo esto?

En 1989, agotada república civil, Carlos Andrés Pérez entiende que, dada la gran ruptura en marcha, ha lugar al Gran Viraje. Rafael Caldera se empeña en pegar el rompecabezas social. Y Hugo Chávez opta, como solución, por devolvernos hasta Génesis republicano. Todos entienden, no obstante, que algo ha pasado y rompe los cánones.

Pasados 30 años, los venezolanos aún no reparamos sobre esta compleja cuestión de fondo. Sus consecuencias se las atribuimos a la anti-política, a una malhadada conjura de las izquierdas, que las hay, o a un fallo de las políticas.

Hasta el cierre de este ciclo treintañero, en 2019, lo cierto es que Venezuela ha sido objeto de todas las terapéuticas posibles. Ninguna logra repararla.

Se apuesta a la resurrección del cesarismo, en 1999. En 2002 se apela a la Fuerza Armada. En 2004 se acude a las urnas referendarias. Diez años más tarde se ejercita La Salida, con sus consecuencias de muertos y encarcelados. Antes, en 2005, después, en 2018, se renuncia al voto. Se apelamos a la comunidad internacional, a Carter, a Gaviria, a Zapatero, a Samper, y nada. El desafío de los escuderos de calle es legendario, superior al boliviano.

 

Se copian los modelos de concertación a la chilena – con la Coordinadora Democrática, la Mesa de la Unidad, el Frente Amplio, y se regresa a las urnas. Gana la mayoría parlamentaria en 2015 la oposición, y ahora busca convencerse, en otra jornada electoral, que sí es mayoría. Se copia, para unir partes, el mantra “cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres”. Es la estrategia textual que la OEA le fija a Nicaragua en 1979, hace 40 años.

Hoy, eso sí, somos “virtualidad”, en Miraflores y en la Asamblea. Y he aquí la clave, la que desvela el asunto que pasamos por alto en 1989, a saber, el ingreso del mundo a la Era de la Inteligencia Artificial, destructoria de espacios y geografías políticas. A la ciudadanía fronteriza la sustituye la ciudadanía de redes, el valor del tiempo y su vértigo, la imaginación o realidad virtual, la de las verdades relativas.

A la democracia formal se le sobrepone la de usa y tire, la de descarte. A la sociedad de la confianza le sobreviene la de la desconfianza total. A la sociedad de masas con cultura que armoniza se la cambia por la individualización colectiva de los ánimos, que hace de las intimidades y el enojo un hecho público, mientras se rechazan las ideas abstractas de bien común o interés general.

Quienes con empeño y sacrificio trabajan para aliviarnos de penalidades, desde adentro y desde afuera, o se miran en el Homo Sapiens y viven atados a la racionalidad normativa de la política y la democracia, o prefieren comportarse como el Homo Videns sartoriano: hijos de la televisión, atrapados por el impacto de las imágenes, y apenas mascullan.

Esta vez domina el Homo Twitter cansiniano, que combina a los dos mundos anteriores con 140 caracteres y el Instagram. Sufre de narcisismo digital, de entropía, y construye realidades a cuotas a partir de sus sensaciones, de sus emociones inmediatas. Esa es su naturaleza. Vino para quedarse, enfrentado a los poderes declinantes.

En este un cosmos inédito donde se brega con neologismos: posdemocracia, posverdad, posliberalismo, pospolitica, posmodernidad. El contacto es instantáneo con las audiencias y segmentado, sin partidos ni parlamentos. Se hace la guerra, pero con narrativas apropiadas a la Era de la Inteligencia Artificial, sin ejércitos ni tribunales ideológicos.

Lo revelador, a todas estas, es que el Socialismo del siglo XXI, perspicaz, al ponderar su experiencia de 30 años, en 2019 cambia de vestido y se hace progresista, para seguir simulando. Entretanto, los demás miramos al retrovisor de la democracia formal, y aquél se hace de una Tecnología de Eliminación, un TEC a la manera del sistema UBER o el de AMAZON. No le interesa competir, como a estos no les interesa hacerlo con taxistas o retails, sino acabarlos.

La enseñanza no se hace esperar.

Perderemos el Tren de la Historia si no somos capaces de crear una Tecnología de la Libertad (TDL), y un soporte teórico que la apoye con narrativas distintas, más propias del siglo en avance. Se trata de instituir, antes que maquillar instituciones o políticas públicas. Chile anuncia ser el próximo laboratorio constitucional, luego de la tragedia venezolana.

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Como un ciudadano más, sin ser portavoz de grupo alguno,  siento la obligación de expresar mis inquietudes con la intención de contribuir a que usted,   presidente (e) Juan Guaidó, y demás compatriotas de buena voluntad contribuyan a un devenir que sea mejor que el pasado, evitando se repita el anacronismo de la presente dictadura totalitaria. 

Presidente (e) Guaidó, usted heredó un país destrozado tanto moral, como materialmente. Este pasivo es de vieja data y el régimen actual terminó de colocarlo en bancarrota. Los gobiernos entre 1958 y 1999 hicieron importantes contribuciones al crecimiento y desarrollo del país, hubo ascenso social y cierta “bonanza”, de la cual nos beneficiamos unos pocos. Los más siguieron relegados y las instituciones fueron generalmente  manejadas a capricho por quienes detentaban el poder. Se formaron buenos profesionales, pero no buenos ciudadanos. Fuimos derrochadores, hubo corrupción, nuestra supuesta riqueza fue un mito, la democracia fue chucuta y no fuimos capaces de sembrar el petróleo.  

Todo ello se ha podido corregir en una democracia que era perfectible, pero preferimos elegir a un populista que, en vez de enderezar  entuertos, destruyó casi todo y el resto lo aniquiló su sucesor, hoy usurpador del poder. Ahora usted tiene la responsabilidad histórica de sentar las bases para iniciar la lenta y penosa   recuperación. Para ello cuenta con un equipo de gente valiosa, aunque otras no tanto. Ojalá permita el concurso de más personas con méritos profesionales, experiencia y que practiquen principios y valores. Entiendo  que por no haber sido electo por el pueblo, usted requiere atender las peticiones de los diferentes grupos políticos, pero por su juventud está en posición de dar la batalla por lo que es correcto, importante y urgente. Si cede a las presiones pasará a la historia como un ciudadano bien intencionado, pero que dejó pasar la oportunidad de enderezar el rumbo. Y eso usted no lo merece, ni es lo que deseamos los venezolanos. 

 

En los últimos tiempos algunos insensatos han tratado de descalificarlo al no lograr  que entrara la ayuda humanitaria, por los hechos del 30 de abril en La Carlota y porque Maduro sigue en Miraflores. También debido a  la elección del régimen en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Eso no debe afectarlo, ya que provienen de muchos que no están bien informados, de otros que no están conscientes de las herramientas de que dispone el régimen y de unos pocos malintencionados. 

 

Como usted sabe, la industria petrolera que es nuestra única fuente de divisas está en el suelo, igualmente las  del hierro, acero y aluminio. La recuperación de las mismas será tarea titánica y requerirá inversiones enormes que tendrían que venir de nuevos préstamos o de retirar los aportes a la salud, educación e infraestructura. Entendemos que todavía muchos compatriotas consideran que privatizar es un delito y que  el sector político se muestra mayoritariamente estatista. Un político joven como usted podría contribuir a que cambie esta percepción, ya que la realidad obligará más temprano que tarde a que el Estado deje de ser empresario.  

Desde luego que este cambio no puede realizarse de un día para otro y para lograrlo se requiere que esas empresas puedan ser saneadas parcialmente. Un requisito necesario,  aunque no suficiente, es que al frente de las mismas se designe personal con conocimiento del negocio, honestos y con suficiente ecuanimidad para reducir gradualmente el personal excesivo,   respetando sus derechos laborales. 

Debido a  las circunstancias, hasta ahora  usted solo ha podido designar algunos embajadores y directivos en empresas que están en el exterior, como Citgo y Monómeros Colombo- Venezolanos, así como en Pdvsa y Corporación Venezolana de Petróleo que no son operativas. Muchos  nombramientos han sido acertados. Otros, principalmente en esta última, no reúnen las condiciones de mérito o de trayectoria transparente. Es entendible y deseable que una nueva generación asuma responsabilidades, siempre que sus miembros califiquen y, ojalá, que escuchen consejos.  Evalúe usted los candidatos y no permita que los impongan de acuerdo a cuotas políticas. 

Por otra parte, dele usted el mayor apoyo posible a la agricultura y ganadería, que pueden ser reactivadas en relativo corto tiempo, generan empleo y una mayor producción evitaría costosas  importaciones. Es preferible otorgar más créditos e inclusive algunos subsidios directos al sector agrícola y dejar que las empresas industriales sean recuperadas por el sector privado. 

 

Señor  Presidente (e), asuma usted el reto ahora que cuenta con un apoyo mayoritario del pueblo venezolano. 

 

Como (había) en botica: En Chile y  Ecuador los actos de vandalismo los practican los rojos que están en la oposición. En México el cartel de la droga. En Venezuela las fechorías las practican quienes están en el poder. El vil asesinato del concejal Eduardo Rada apunta hacia Miraflores, donde coinciden los rojos con el negocio de las drogas ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados! 

 

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Fake News, ¿Atentan contra la democracia?, por Asdrúbal Aguiar

LA ASAMBLEA DE LA SIP, en Salta, adoptó el pasado año una declaración complementaria de su Declaración de Chapultepec, fijando los Principios de la Libertad de Expresión en la Era digital. Allí leo lo siguiente: “El ecosistema digital ha generado nuevos espacios que empoderan a los usuarios para crear, difundir y compartir información. Todo ello contribuye a alcanzar las aspiraciones de la Declaración Universal de los Derechos Humanos para que la libertad de expresión se ejerza sin limitación de fronteras y exenta de amenazas y violencia”.

Dicho documento, a renglón seguido advierte que: “La diseminación maliciosa o deliberada de desinformación por parte de actores estatales o privados puede afectar la confianza pública. La desinformación no se debe combatir con mecanismos de censura ni sanciones penales, sino con la adopción de políticas de alfabetización noticiosa y digital. Los intermediarios tecnológicos deben adoptar medidas de autorregulación para prevenir la diseminación deliberada de desinformación”.

Durante la reciente Asamblea del órgano del periodismo hemisférico, en Coral Gables, junto a los expresidentes Laura Chinchilla, de Costa Rica, y Jamil Mahuad Witt, de Ecuador, debatimos sobre la incidencia de las redes sociales en la experiencia de la democracia. A finales del mes, en el IV Diálogo Presidencial de IDEA, habremos de responder a una pregunta tautológica: Fake News, ¿atentan contra la democracia?

La Carta Democrática Interamericana prescribe la transparencia, es decir, la realidad públicamente ventilada sobre las cuestiones que interesan a todos y forman a la cosa pública, como uno de sus estándares. La mentira, de suyo conspira contra toda elección informada y competitiva.

El nazismo y el fascismo, durante la Segunda Gran Guerra, se afirman sobre el régimen de la mentira. Un prestigioso profesor italiano, Piero Calamandrei, lo describe como “corrupción y degeneración en los regímenes políticos”. La mentira es el instrumento normal y fisiológico del gobierno, al punto que la legalidad se simula, y ocurre su adulteración, “el engaño legalmente organizado de la legalidad”.

El asunto es más acuciante ahora, a la luz de dos neologismos que se abren espacio generoso sobre las autopistas digitales: la posdemocracia y la posverdad.

Sobre la primera tengo presente lo que señala en 2000 la literatura británica y, antes, en 1995, le plantea Norberto Ceresole al exgolpista y gobernante venezolano fallecido, Hugo Chávez Frías. En mi libro sobre la Calidad de la democracia (MDC, 2018), prologado por la presidenta Chinchilla, refiero que la posdemocracia es “un anti-modelo o modelo de corte neofascista que diluye el entramado institucional y lo pone al servicio de hombres o líderes providenciales, quienes establecen una relación directa y paternal con el pueblo auxiliados por el mismo tejido mediático de la globalización”.

Ahora sabemos, hasta la saciedad, que los gobernantes del siglo XXI, como lo fuera hasta hace poco Silvio Berlusconi, en Italia, gobiernan más como periodistas, una vez como logran reducir o someter a los medios de comunicación social para imponer sus “verdades”, lejos de todo debate o escrutinio colectivo.

Sobre la posverdad, como concepto que se cruza y retroalimenta con el anterior, ocurre algo más insidioso. Plantea lo que con pertinencia destaca Henrique Salas Römer en El futuro tiene su historia (2019), a saber, la guerra entre narrativas.

No se trata, efecto, de la confrontación sana de opiniones sobre la realidad o su encuadre conceptual antes de trasladarla a conocimiento del público o en cuanto a las formas distintas de presentarla, como es propio de la prensa libre. Se trata, antes bien, de la narrativa que falsifica la realidad con fines aviesos o de competencia por el poder, apelando a los símbolos o sensaciones mineralizadas en la gente; y que al multiplicársela a través de las redes deriva en dogma de fe, asumido no por pocos sino por centenares de miles de internautas feligreses. En otras palabras, la mentira muta o muda en “verdad” o realidad virtual desde que recibe su santificación por la ciudadanía digital. Y quien así lo logra obtiene la victoria, incluso fugaz.

Vayamos al ejemplo.

En las Américas hay coincidencia en que el régimen de Venezuela medra bajo secuestro de estructuras criminales coludidas con el narcotráfico y el terrorismo, a la manera de un holding, gestionado desde Cuba, que organiza sus negocios tras los bastidores de la política y para influir en toda la región devastando a sus democracias. Mientras tanto, los países europeos, con sus excepciones, insisten en que allí ocurre otra cosa, una controversia entre políticos por deficiencias democráticas que han de resolverse electoralmente, con asistencia internacional.

¿Dónde se encuentra, entonces, el umbral que separa lo veraz de lo mendaz, el cinismo de la vergüenza?

La noticia engañosa siempre ha existido, como la apelación a las emociones antes que la objetividad, nutrientes de los populismos de toda laya. Mas hoy estamos en presencia de un “círculo vicioso de desinformación”, obra de un periodismo silvestre, sin editores. Quienes reciben la información, la producen y circulan expandiendo, es verdad, la participación democrática, desafiando al poder arbitrario. Otros, a través de Bots, promueven con mayor éxito “fake news”, y destruyen a la confianza, el tejido social, las alternativas políticas.

¿Será posible afirmar el derecho a la verdad, por encima del manido derecho a la diferencia?

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Paraguay pide en la ONU unir fuerzas para restaurar la democracia en Venezuela

EL CANCILLER DE PARAGUAY, Antonio Rivas, pidió este viernes ante la Asamblea General de la ONU unir fuerzas en pro de la restauración democrática en Venezuela. Consideró que se debe atender la situación porque no solo afecta al país, sino que se ha convertido también en una crisis regional.

Rivas recordó en su discurso, las posiciones adoptadas por Paraguay ante la tragedia que vive Venezuela. El pasado enero, el presidente paraguayo, Mario Abdo Benítez, anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con el régimen de Nicolás Maduro.

Paraguay acusó a Maduro de ser un régimen que se burla abiertamente de los derechos humanos y de la democracia.

«Todo aquel que expulsa a sus connacionales a través del hambre, la miseria o la opresión, propaga el sufrimiento y el malestar, se transforma en verdugo de los pobres, enfermos y hambrientos. Niega derechos y arranca toda oportunidad de un mañana mejor», expresó el canciller durante su intervención ante la Asamblea General.

Rivas aludió a la crisis migratoria venezolana, que supera la barrera de los 4 millones de venezolanos, según los datos de la Organización Internacional para las Migraciones y la Agencia de la ONU para los Refugiados, y pidió al resto de los países a dar una respuesta global.

Paraguay también reiteró su compromiso con la no proliferación de armas y el desarme, así como su oposición a la guerra. Defendió el diálogo y la diplomacia como vías para solucionar conflictos de manera pacífica.

Rivas aprovechó la ocasión para manifestar el interés del país suramericano en participar en Operaciones de Mantenimiento de Paz. Acciones en las que Paraguay confía en volver a asistir con bandera propia.

Abogó por la reforma del Consejo de Seguridad para transformarlo en un órgano más inclusivo, transparente y apto.

Trabajo conjunto

Rivas insistió en su discurso en la importancia de una acción conjunta. Desde la condena al régimen de Maduro, pasando por el combate a la crisis climática o las cuestiones económicas.

En este punto, el canciller defendió el multilateralismo y la integración regional como formas de contribuir al desarrollo y el progreso, sobre todo para países como Paraguay, que no cuentan con salida al mar.

En concreto, se detuvo en el acuerdo entre el Mercosur con la Unión Europea, alcanzado a finales de junio, después de 20 años, y en el que el bloque suramericano cerró con Asociación Europea de Libre Comercio, a finales de agosto.

«Desde estas plataformas, busca contribuir a la paz y la prosperidad interna e internacional, con un enfoque proactivo, participativo y dinámico», detalló.

*Con información de: El Nacional.