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En la zona cero: crónica de un terremoto que no ha terminado

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30 días bajo los escombros

El suelo no avisa cuando decide tragarse la historia de una vida entera. A las 6:04 pm del 24 de junio, la tierra en La Guaira no solo tembló: rugió como un trueno subterráneo que reventó los cimientos del estado y dejó el tiempo suspendido en una nube de polvo blanco.

Mientras yo, sentado en la mesa de la sala en el cerro Las Lluvias, sentía que las paredes de la casa se volvían de gelatina y abrazaba a mi madre rezando para que el techo no nos sepultara, a kilómetros de distancia, en la carretera hacia Los Caracas, mis tíos Marciano y Flor sentían el golpe seco en el carro, creyendo que los cuatro cauchos se habían reventado a la vez, antes de ver cómo los árboles y la montaña entera se desprendían sobre la vía.

Fue el mismo momento en el que Jesús, mi hermano menor, se quedaba mudo y paralizado en la cocina de mi abuela -en la casa de abajo-, intentando entender un sismo que jamás había sentido. Fue el mismo momento en el que -al oeste, en el urbanismo Hugo Chávez- Osmerlys Pérez y sus hijos tomaban la decisión más desesperada de sus vidas: lanzarse al vacío desde un segundo piso mientras el edificio entero se desplomaba a sus espaldas.

Esa es la radiografía de un minuto trágico fragmentado en mil pedazos. Un rompecabezas de terror simultáneo donde cada quien vivió su propio apocalipsis a la misma hora.

En mi casa, ubicada en la parte media del cerro, el día había transcurrido pesado. Desde la madrugada llovía con furia, con truenos tan violentos que presagiaban algo oscuro. Yo pasé las horas trabajando «desde casa», escribiendo y editando entre la mesa y la ventana que da hacia el puerto. Tenía un mono gris puesto, estaba sin camisa y descalzo. A las 6:04 pm, el aire se detuvo antes del estruendo.

—Mamá, está temblando —alcancé a advertir. Ella, que revisaba el teléfono en la cama, intentó incorporarse pero cayó de golpe. Cuando logró salir a la sala, la tierra ya rugía con una violencia desmedida. Quedó paralizada, con los ojos abiertos por el pánico, y comenzó a orar con desesperación. La arrastré hasta el marco de la puerta del cuarto, bajo una columna, y nos abrazamos con tanta fuerza que los huesos dolían.

Mientras nosotros nos tambaleábamos y veíamos la casa de al lado mecerse como si fuera de papel, a kilómetros de allí, Marciano y Flor vivían su propia pesadilla sobre el asfalto. El carro se sacudió violentamente; ellos creían que era una falla mecánica, pero al rodar unos metros más y ver el retrovisor, entendieron el horror: la vegetación se venía abajo y la vía colapsaba. El pánico los obligó a dejar el vehículo abandonado en medio de la nada para correr hacia Caribe, sin saber que al llegar al edificio OPP 27 se encontrarían con un solar vacío. El lugar ya no existía.

En mi casa el evento se vivía en capas. El piso se movía de forma horizontal al principio para luego volverse un remolino circular que amenazaba con partir la estructura en dos. Yo pensaba en la casa de arriba y de atrás, temiendo que se viniera abajo sobre nosotros, o que nuestra placa cediera y cayéramos directo a la casa de mi abuela. A través de la ventana podía ver la vivienda de al lado: se mecía exactamente igual, como si fuera de papel.

Fue un momento eterno. No sé cuánto duró; conté cinco segundos, pero la desesperación disolvió la noción del tiempo. Mientras más fuerte sacudía el sismo, más aterrador era el sonido de la tierra desgarrándose. Tenía los ojos anegados en lágrimas, abrazado a mi madre, gritándole a papá —que dormía— que se levantara, mientras nuestra perra se escondía aterrorizada bajo un mueble.

En medio del caos, mi mamá comenzó a gritar el nombre de mi hermano menor. Minutos antes había bajado a la casa de abajo para llenar unos envases con el agua que apenas llegaba. Ella quería salir corriendo, pero el cuerpo no le respondía. Yo quería grabar el momento con el teléfono, pero era imposible: mis manos temblaban de puro pánico, sacudidas por la misma furia de la tierra.

Un pipote de agua recién llenado se cayó en la entrada y bloqueó la puerta, una prueba física de la potencia brutal del sismo. Con cautela, me acerqué, levanté el pipote como pude y eché un vistazo hacia el cerro. A las 6:10 pm escribí «terremoto» en los grupos de trabajo y pregunté «¿están bien?» en el chat familiar. Después de eso, el silencio: la luz se fue por más de 24 horas y la señal telefónica desapareció por tres días.

Me vestí rápido, tomé el celular y bajé a la casa de mi abuela. Mi hermano estaba bien; me contó que le pasó lo mismo, estupefacto en la entrada de la cocina. Él  jamás en su vida había sentido un temblor. Mi abuela, en cambio, lo vivió con otra perspectiva: ya había sobrevivido al devastador terremoto de 1967. Había replicado, sin saberlo, la imagen de mi mamá y de mí: mi tío la abrazó fortísimo. Estaba tranquila. Ella decía que no sintió el movimiento en sí, sino el estruendoso rugido del techo del anexo de la casa grande.

opp 26 y 27

Regresé a nuestra platabanda para mirar el horizonte. No entendía la magnitud, pero a lo lejos vi una densa nube de polvo levantándose sobre la ciudad.

Salimos a la calle. Me puse ropa negra y decidí caminar para ver qué había pasado. Llovía de nuevo. La gente se agolpaba en las vías, huyendo despavorida de las estructuras de concreto. Vi paredes derribadas, postes eléctricos caídos y la fachada de una iglesia destruida entre Pariata, 10 de Marzo y Maiquetía. En mi ingenuidad de centralista, creí que esos daños «no tan fatales» eran lo peor. No cabía en mi cabeza la devastación absoluta que en ese preciso instante arrasaba con el este y el oeste del estado.

Las horas pasaban con lentitud angustiosa. Nadie podía comunicarse. Se escuchaban algunas sirenas lejanas, totalmente insuficientes para el tamaño de la catástrofe que flotaba en el aire. A las 8:30 pm cayó la noche y, con ella, la llegada de «La negra», una de nuestras primas, que apareció con los ojos hinchados de tanto llorar. «Catia la Mar desapareció», soltó entre sollozos. La frase nos dejó secos, pensando en la enorme red de familiares que tenemos regada por toda esa zona. «Playa Grande se derrumbó», «Mare quedó destruido».

El miedo nos paralizó y tomamos una decisión urgente: dividirnos para buscar a los nuestros.

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Mientras Eladio caminaba hacia Súma cruzando la devastación y encontraba a la familia de Osmerlys entre los heridos del urbanismo Hugo Chávez, «La Negra» y yo caminábamos en simultáneo hacia Mare buscando a Osnerbis. Avanzábamos en absoluta oscuridad pasadas las 8:30 pm, saltando grietas gigantescas en la carretera costera que parecían abiertas por las garras de un monstruo. Llegamos a la zona habitada de Mare Abajo.

La oscuridad ocultaba parcialmente la escena dantesca: la escuela local colapsada hacia adentro, casas inclinadas y destruidas, y los edificios en pie pero con las fachadas vaciadas como si hubieran sido alcanzados por bombas. No había gente en las calles; el silencio era espeso. No los encontramos en sus hogares porque la comunidad se había trasladado al polideportivo buscando refugio, nos conseguimos tras horas de angustia ciega. El primer abrazo fue un bálsamo.

Mare abajo Terremoto

Casi al mismo tiempo, las noticias del este nos golpeaban con la misma fuerza. Una tía llegó en moto desde Mamo y nos soltó otra bofetada: «Caribe está destruido. Tu tío Marciano lo perdió todo, pero está bien». Se salvaron de milagro porque celebraban el Día de San Juan y habían llegado minutos después del sismo. Su esposa relató la odisea: iban llegando a Los Caracas cuando sintieron el golpe seco en los cauchos, vieron un árbol colapsar y la vegetación venirse abajo. Tardaron 40 minutos en recorrer el tramo entre Naiguatá y Tanaguarenas, bloqueados por humo y fuego, antes de dejar el carro abandonado en un bosque y correr hacia un Caribe que ya no existía.

Al día siguiente, el amanecer no trajo alivio, sino más caminos por andar.

Eladio, mi hermano Roger y yo volvimos a caminar hacia el oeste, a Catia La Mar para dar con el paradero de nuestra hermana Rohelyn. Por fortuna, la encontramos a salvo en el sector Santa Eduvigis. Yo intentaba reportear, tomar notas y hacer fotos con la mente partida, intentando mantener la objetividad periodística mientras el corazón me latía en la garganta buscando al resto de la familia. Con los días, el rompecabezas del horror sumó otra pieza dolorosa: nos enteramos de que otra tía, esposa de un tío, había quedado tapiada. Su cuerpo sin vida aparecería 11 días después bajo los escombros.

Hoy, a semanas de aquel 24 de junio, cuando recorro los refugios improvisados en el campo de golf de Caribe o las carpas de Mare Abajo y veo a la gente negándose a abandonar las ruinas, entiendo que nosotros tampoco nos hemos movido de ese día. El sismo duró solo unos segundos, pero el estruendo de la tierra sigue resonando en cada esquina de La Guaira, recordándonos que hay sismos que nunca terminan de sacudirnos por dentro.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Dinorah Figuera, la “wild card” de Washington

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Nunca he sido entusiasta de los juegos de cartas, ni de los juegos de azar en general. No obstante, hay una expresión anglosajona proveniente de ese mundo que se me ha venido mucho a la cabeza desde el mes pasado: wild card. Se trata de un naipe de la baraja que puede hacer las veces de cualquier otro. El que tiene esa facultad proteica por lo general es el comodín. Pero otras cartas también pueden tenerla, dependiendo de las reglas del juego. En fin, lo que ha hecho que la expresión se cuele en mis pensamientos es su uso metafórico en la lengua inglesa. Según tal acepción, la “carta salvaje” alude a un factor sobrevenido en un conjunto dado de factores (lo que Deleuze y Guattari llaman “agenciamiento”) y del que no se sabe qué esperar.

¿Y por qué se me viene todo eso a la cabeza? Pues porque pudiéramos decir que el nuevo factor dominante en la política venezolana, que no es otro que el gobierno de Estados Unidos, introdujo una wild card en el “nuevo momento político”. Toda carta debe tener una imagen. En esta aparece el rostro de Dinorah Figuera. La razón por la que Figuera es una wild card no es tanto que su colocación sobre esta mesa lúdica haya sido inesperada. Desde hace unos meses se podía sospechar que Washington se traía algo entre manos que la involucraba, luego de una reunión que ella sostuvo con Michael Kozak, alto funcionario del Departamento de Estado. No. Es una wild card porque, una vez en la mesa, no está muy claro qué papel va a desempeñar.

Para empezar, muy probablemente el nombre de Dinorah Figuera dice poco o nada a millones de venezolanos, incluyendo a la inmensa mayoría del país ávida de cambio político. No es una dirigente con ambiciones de liderazgo nacional. Nunca lo ha sido. Militante de Primero Justicia, el punto más alto de su trayectoria ha sido una curul en la Asamblea Nacional electa en 2015. Luego de que finalizara el período constitucional de la misma en enero de 2021, este organismo, alegando que no tenía otra opción por ser la última institución con legitimidad de origen en Venezuela, y que, además, era la custodia de activos de la República en el extranjero que gobiernos aliados de la oposición venezolana quitaron al control de Miraflores; por todo esto, digo, empezó a prolongar su vigencia durante un tiempo indefinido.

Entre la dispersión de muchos de sus integrantes por un exilio al que los forzó la persecución por la elite gobernante venezolana y el desinterés de otros en seguir siendo parte, eventualmente ese parlamento quedó reducido a una “comisión delegada” que ha tenido a Figuera como presidente por varios años ya. Mientras tanto, el ente, visto cada vez más como una entelequia inútil por las masas venezolanas, fue cayendo en el olvido. Quienes se acordaban de su existencia, por lo general lo hacían con sumo desdén por considerar que estaba administrando recursos públicos de forma opaca.

Tuve que echar todo este cuento largo, retorcido y tortuoso, reflejo de lo infernal que se volvió la política venezolana en la última década y media, para que se entienda por qué, cuando de pronto Washington decidió impulsar negociaciones de transición política entre Miraflores y la AN de 2015, con Figuera como rostro visible de la parte opositora, la reacción de tantos ciudadanos venezolanos comunes fue de sorpresa y confusión. Dado que Figuera no cuenta con representatividad entre las masas de la base opositora, lo que muchos se preguntaron, y se siguen preguntando, es cuál será su relación con aquella dirigencia que sí cuenta con tal representatividad. Es decir, con María Corina Machado y sus aliados.

Acá vale la pena detenerse un poco en las posiciones de Figuera durante el ascenso de Machado hasta el liderazgo opositor. Como militante de PJ, la respaldó luego de que ganara la primaria 2023. Siguió en el partido cuando se fracturó, precisamente porque una parte minoritaria, encabezada por Henrique Capriles, decidió romper con Machado y participar en las últimas “elecciones” parlamentarias, regionales y municipales. Cuando Machado ganó el Nobel de la Paz, Figuera lo celebró en sus redes sociales, refiriéndose a ella explícitamente como líder de la oposición. También estuvo presente en al menos una de las ceremonias por el galardón, codeándose con figuras tan cercanas a Machado como su asesora Magalli Meda.

A partir de todo esto, pudo alguien pensar, cuando Figuera regresó brevemente a Venezuela para entrevistarse con Jorge Rodríguez, que la presidente de la comisión delegada de la AN estaría fungiendo como representante de Machado. Pero hechos, omisiones e informaciones posteriores indican que no es así. En primer lugar, la propia Figuera no ha hecho nada por transmitir tal cosa, ni siquiera con equívocos. Que se sepa, no ha hablado con Machado desde entonces. En entrevistas, reafirmó su reconocimiento de Machado como líder de la oposición. Pero eso no implica que ambas mujeres estén en sintonía. Mi colega periodista Alejandro Hernández, desde el portal La Gran Aldea, ha reportado varias reuniones entre partidos de la Plataforma Unitaria para tratar de hacerse una idea compartida sobre las gestiones de Figuera y qué hacer al respecto. Las mismas han producido en general pocos avances.

Con quien Figuera sí parece estar perfectamente alineada es con el Departamento de Estado, que le ha expresado total apoyo en esta nueva misión. El propio Marco Rubio replicó uno de sus mensajes en la materia. Pero a estas alturas eso no brinda garantías a nadie, excepto a quienes depositan mayor fe ciega en el papel de Washington como garante de la transición en Venezuela. Porque el estatus actual de las relaciones entre Machado y el gobierno de Trump están bien lejos de ser claras.

Como se discutió en la última emisión de esta columna, varios reportes de prensa han expresado que, según fuentes del gobierno estadounidense, la relación de ha deteriorado porque Machado insiste en regresar a Venezuela de inmediato, pero la Casa Blanca preferiría que no lo hiciera, por considerar que ello podría desestabilizar sus planes gradualistas para nuestro país. El propio Trump luego reafirmó que siente afinidad por Machado, y funcionarios de su gobierno desmintieron que se hayan opuesto a su retorno. Pero, por otro lado, Washington no ha dado ninguna señal de que está dispuesto a echarle una mano con eso, lo cual no es una nimiedad. Si nos sinceramos, solo EE. UU. puede garantizar que Machado no sufrirá represalias en un hipotético regreso a Venezuela.

Entonces… ¿Qué se proponen los norteamericanos con la wild card Dinorah Figuera, en esta mesa de Blackjack? Tal vez lo que quieran es empezar el proceso de arquitectura institucional para la Venezuela futura, con un rostro que les permita decir que la oposición, además de la elite gobernante post Maduro, está participando. Si Figuera funge además como puente con el liderazgo de la oposición mayoritaria y busca su eventual incorporación a la mesa de diálogo forjador de instituciones, en el marco de un plan gradualista de Washington que lleve a la aceptación por la elite gobernante venezolana de Machado como líder legítima de la oposición y aspirante al poder por vías democráticas, pues ello sería lo más cercano al final feliz que las masas venezolanas desean. Si, por el contrario, la oposición mayoritaria es excluida del diálogo en el largo plazo y Figuera es solo una ficha para simular participación opositora en un proceso decidido exclusivamente por la Casa Blanca y Miraflores, muy a duras penas cabe esperar que el producto final deje a la mayoría de la población conforme. Hasta Capriles, quien como ya vimos se distanció de Machado, lo ha reconocido. La propia Figuera parece reconocerlo también, cuando identifica a Machado como líder de la oposición. Pero no olvidemos que, en un juego de cartas, a veces los jugadores quieren aparentar pensamientos que no son realmente los que tienen en la cabeza.

@AAAD25

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¿Por qué los suelos de La Guaira amplificaron la devastación de los terremotos de San Juan?

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30 días bajo los escombros

Horas después del doblete sísmico de San Juan, las imágenes aéreas de La Guaira daban cuenta de la ruina y la desolación. En tierra, se encaraba la tragedia con miles de personas excavando entre los escombros, intentando salvar a los suyos de la muerte apenas con sus manos desnudas. Pero debajo de los suelos, quizás, estaban algunas de las respuestas que tantos buscaban a la desgracia.

La tragedia hace que se busquen similitudes. Si se traza una línea por encima del Ávila entre Caraballeda, en La Guaira, y Los Palos Grandes, en Caracas, el resultado será una recta vertical. Ambos sectores, en diferentes estados, solo están separados por el gran cerro capitalino. Por eso, no es casual que los dos estén entre los lugares más afectados por los terremotos de San Juan del pasado 24 de junio. Comparten un suelo parecido.

“Son dos zonas con comportamiento sísmico muy similar porque tienen un gran espesor de sedimentos proveniente del mismo origen, es la misma montaña que descarga hacia el sur, hacia Caracas, o descarga hacia el norte, hacia Caraballeda y Macuto”, afirmó el ingeniero civil especializado en geotécnica, César Disilvestro

Como dijo el experto, los suelos de Los Palos Grandes y Caraballeda están constituidos por cientos de metros de sedimentos que se han acumulado durante siglos. El cerro Ávila, el coloso que custodia el norte de Caracas y el sur de La Guaira, ha provocado este fenómeno por la erosión. Mediciones geotécnicas apuntan que en Caraballeda hay más de 400 metros de sedimentos antes de llegar a la roca sólida. En Los Palos Grandes se calculan unos 300 metros de profundidad. Esa gran capa obliga a que las bases de las construcciones tengan algunas características distintas a las que se erigen en otras superficies.

“Con un espesor grande de sedimentos, en caso de un sismo, ese suelo actúa como un lente y amplifica la magnitud de la onda. Los efectos del sismo se sienten más en este tipo de suelo que sobre la roca. La roca más bien disminuye la amplitud y tiende a atenuar el movimiento”, indicó Disilvestro. 

Aunque los sismos del 24 de junio pasado hayan tenido la misma magnitud (7.2 y 7.5) y duración (39 segundos) en todo el país, se sintió diferente en sectores que estaban uno al lado del otro. En conversación con Runrun.es, el ingeniero recordó que una de las formas de medir un terremoto es la intensidad, que es la manera en la que se percibe el movimiento en distintos sitios. 

“La intensidad no es la misma para el mismo terremoto y depende de la distancia del epicentro o la característica del suelo en el sector a donde está llegando la onda sismo”, recalcó. Por eso, durante el doblete sísmico de San Juan, quienes estaban en Los Palos Grandes, Caraballeda y otras zonas de La Guaira sintieron más cómo se estremeció el terreno bajo las capas de sedimento que los soportaban.

Tierra de abanicos aluviales

La línea de costa entre Catia La Mar y Tanaguarena

En el mapa del estado La Guaira, entre Catia La Mar y Tanaguarena, cada uno de los asentamientos poblacionales de la franja costera está sobre costas redondeadas o, en palabras de José Luis López, profesor-investigador del Instituto de Mecánica de Fluidos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela (UCV) e individuo de número de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat, sobre “protuberancias”.

La forma de estos sitios se debe a que son zonas de deposición de sedimentos que desde hace miles de años la montaña descarga hacia el mar. La ciencia las define como conos o abanicos aluviales, por la manera en la que se abren al océano, explicó a Runrun.es el experto.

López señaló que, cuando la carga sólida de sedimentos –compuesta por arena, grava y hasta peñones– sale de la parte alta de la montaña y corre hacia abajo a través de torrentes y ríos, en ocasiones obstruye el cauce y abre otro más para poder seguir hasta llegar a la costa. 

El ingeniero hidráulico expuso que, cuando ocurrieron los deslaves de Vargas en 1999, se depositaron entre dos y tres metros de altura de sedimentos en estos abanicos. Miles de personas murieron enterradas bajo el barro, las piedras y las rocas enormes que se desprendieron del Ávila y arrasaron con viviendas, escuelas, centros de salud, vehículos, sitios patrimoniales y desdibujaron las postales del Litoral Central.

La cantidad de desaparecidos por la tragedia de Vargas aun es incierta. Foto: Web Costa de Venezuela

López apuntó que estos sedimentos fueron removidos “casi en su totalidad” cuando se hicieron las labores de recuperación. Aunque la tragedia cambió la línea de costa, no modificó sustancialmente el suelo de La Guaira. Eso, sin embargo, no es lo que ha sucedido con otros aludes torrenciales. 

“Los deslaves que han ocurrido en la Cordillera de La Costa han desplazado millones de metros cúbicos de suelos, rocas y material vegetal de las laderas de las montañas, pero solo una parte de ese volumen, transportado por los aludes torrenciales, debe haber alcanzado los abanicos aluviales y planicies donde se encuentran los asentamientos humanos”, detalló López en el documento “Aprendiendo del desastre de Vargas. Una visión crítica y constructiva sobre las medidas adoptadas para la mitigación del riesgo de aludes torrenciales”, publicado en mayo de 2020.

En este escrito también lanzó una advertencia que hoy cobra más sentido en medio de la vulnerabilidad. “Los asentamientos urbanos han usurpado el territorio del río ocupando las gargantas y abanicos aluviales de los cursos torrenciales que drenan el macizo Ávila. Las altas pendientes de la montaña y los efectos de la actividad sísmica, que resquebrajan las laderas de los cerros, aumentan la fragilidad de la región”, se lee en el documento. 

¿Cómo se componen los suelos de La Guaira?

Infografía sobre suelos sedimentarios en La Guaira

Un documento de Funvisis titulado “Caracterización de suelos con métodos geofísicos, estado Vargas (La Guaira, Macuto, Caraballeda y Tanaguarena)”, de Marcos Romero y otros autores, publicado en 2002, muestra un estudio de microzonificación de un área del Litoral Central en el que distintos tipos de mediciones evaluaron, luego de la tragedia de 1999, cómo era “la respuesta dinámica del suelo”, es decir, cómo el terreno se comporta, deforma y transmite energía cuando se somete a un terremoto. 

“Esto facilita al ingeniero estructural diseñar adecuadamente las edificaciones a fin de soportar satisfactoriamente un terremoto, así como implementar las normas convenientes y regulatorias del ejercicio profesional”, señaló el ingeniero civil Fernando Méndez, al ser consultado sobre este estudio.

Una de las informaciones clave derivadas del estudio es que, debajo de todas las capas de sedimentos, La Guaira tiene un “basamento rocoso” (roca sólida) que no es plano, sino que tiene una inclinación de entre 17 y 21 grados hacia el mar. Así se pudo saber que en el pueblo de La Guaira este basamento está a 180 metros de profundidad, mientras que en Macuto, específicamente en Punta El Cojo, está a 290 metros. Al este de Caraballeda, en cambio, está a 450 metros de profundidad.

No todos los sedimentos son iguales. El estudio determinó que estos se componen de tres capas distintas: una de sedimentos sueltos, otra de sedimentos más compactados (aluvión) y, finalmente, la roca sedimentaria, que es la que se encuentra antes de llegar a la roca sólida.

Pese a los sedimentos, los suelos son firmes. Los autores estudiaron su dureza y descubrieron que, aunque es muy húmeda por dentro, la tierra es bastante compacta y presenta características distintas en cada zona.

Por ejemplo, entre Macuto y Quebrada Seca, el suelo se define como duro o denso, es decir, bastante firme. Mientras, en el cono de Caraballeda y parte de Quebrada Seca, el suelo es muy duro o muy denso. Allí, la tierra está todavía más apretada y segura.

A lo largo de la franja costera, en dirección a la montaña, hay roca blanda, lo que significa que ya se empieza a tocar piedra sólida.

El suelo que se tragó edificios

Hay otros elementos que ayudan a comprender cómo estos suelos sedimentarios se comportan cuando la tierra se sacude con tanta fuerza. Y que son también los que explican por qué hay tantos edificios que se hundieron parcialmente, como si el terreno se hubiese tragado sus primeros niveles.  

Uno de estos factores es la cantidad de agua subterránea (nivel freático) de estos suelos. La investigación reveló que en La Guaira el agua está bastante cerca de la superficie, apenas a una profundidad de entre 5 y 10 metros, y esto se debe a la cercanía de la costa, pero también a la de las quebradas y torrentes que bajan de la montaña. Debajo de esto, el terreno se compone de “sedimentos saturados”: allí, la tierra está completamente empapada, como una esponja llena de agua.

El otro elemento que ayuda a comprender el fenómeno de los edificios hundidos es el “período fundamental de vibración”, que es el tiempo de oscilación del suelo cuando tiembla. 

Para explicar este factor, los expertos suelen citar el ejemplo de un plato de gelatina. Cuando este se sacude, la gelatina tarda un tiempo específico en ir y volver (oscilar). Los suelos también hacen esto cuando tiembla y, en algunos sectores de La Guaira este tiempo fue de casi dos segundos.

En Macuto, ese tiempo de oscilación va entre 0,9 y 1,5 segundos. En El Cojo, hacia los conos de Macuto y Camurí Chico, la medición registró entre 0,1 y 0,6 segundos. 

En Tanaguarena, ese período está entre 0,3 y 0,6 segundos, mientras que en su zona costera va entre 0,9 y 1,2 segundos.

En Caraballeda también se midieron dos sectores: entre Punta Caraballeda y Quebrada Seca, está entre 0,6–1,2 segundos. El tiempo es significativamente mayor en Punta Caribe, donde la oscilación está entre 1,5 y 1,8 segundos. 

Estas diferencias se deben a que la capa de tierra suelta, arena y sedimentos acumulados sobre la roca firme es sumamente gruesa. Esta es la muestra de que, cuando hay tanta tierra blanda acumulada encima de la roca, el suelo vibra de una manera que puede amplificar las ondas de un terremoto.

Cuando la vibración de la superficie se combina con sedimentos sueltos y un alto nivel freático se produce el fenómeno de licuefacción del suelo, el mismo que hizo posible que los terrenos arenosos y saturados de agua perdieran su firmeza, que se volvieran arenas movedizas y que decenas de edificios en La Guaira se hundieran, colapsaran y agravaran la devastación.

Lo que propone la ingeniería

Disilvestro comentó que, aunque para cada edificación se hace un estudio de suelo individual, el informe de 2002 es útil tanto para ingenieros geotécnicos (que trabajan directamente con el comportamiento de suelos y rocas) como estructurales (quienes calculan y diseñan el “esqueleto” de las construcciones).

Los geotécnicos trabajan, principalmente, con la información relacionada con los primeros 30 metros del subsuelo, ya que ese es el estrato donde se apoyan las estructuras que sirven de base a las edificaciones.  

Sin embargo, el experto detalló que la normativa que rige el diseño de estructuras sismorresistentes (Norma Venezolana para Construcciones Sismorresistentes Covenin 1756-1:2019) exige que todos los estudios geotécnicos contengan la caracterización del riesgo geológico, las propiedades de los terrenos de fundación y nivel freático, la clasificación del perfil geotécnico y el análisis potencial de licuación u otros factores que puedan afectar el desempeño sísmico de manera adversa. Pero casi todas las edificaciones son anteriores a esta actualización.

Para suelos con grandes capas de sedimentos como el de Caraballeda, Disilvestro dijo que podían usarse fundaciones profundas, es decir, pilotes con longitudes entre los 12 y 30 metros, y con un diámetro que varía entre los 80 centímetros y un metro, dependiendo de las características y niveles de la construcción. También se pueden implementar losas de fundación, apoyadas a profundidades promedio de dos metros, como las que se usaron para erigir las torres de Parque Central.

Aunque los expertos consultados coinciden en que los terremotos de San Juan fueron tan intensos, superficiales y largos que pudieron derribar cualquier buena construcción, queda en duda si todos los edificios que cayeron cumplieron con la norma Covenin vigente en su momento y tuvieron en cuenta todas las consideraciones que se deben tener con suelos como los de La Guaira.

Los nuevos riesgos

El doblete sísmico dejó en ruinas a buena parte de La Guaira, y lo peor es que el riesgo continúa. López recordó que después de los deslaves de 1999 se construyeron, montaña adentro, 63 presas de retención de sedimentos para evitar que las lluvias provocaran otro desastre en las zonas habitadas del estado. El problema es que, según el ingeniero hidráulico que durante años ha estudiado los efectos y soluciones de esa tragedia, estas no han recibido el mantenimiento debido.

“Con los terremotos, esos muros pueden haber sufrido daños y hay que inspeccionarlos”, indicó el académico. Además, subrayó que hay que averiguar cuál es el estado de sedimentación de las presas porque, de acuerdo con sus cálculos, ya deben estar al 70 % de su capacidad. 

Las lluvias actuales pueden ser una nueva alarma para La Guaira. “Si llega un alud torrencial, y están llenas de sedimentos, no van a cumplir su función de proteger a la población”, destacó.

En medio de ese panorama, Disilvestro comentó que, tras los sismos, se abre una etapa de estudio y análisis de las estructuras que colapsaron: diseño estructural, tipo de suelo, tipo de fundación, para tratar de establecer un patrón que permita identificar mejor cuáles fueron las vulnerabilidades de las edificaciones. Todo ello podrá conducir a criterios de zonificación segura para los sectores afectados y hablar de la posibilidad de reconstruir La Guaira.

A un mes del doblete sísmico, caraqueños denuncian lentitud en la atención institucional

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En vísperas de cumplirse un mes del doble terremoto del pasado 24 de junio, organizaciones comunitarias y vecinos afectados denuncian la lentitud en la respuesta institucional y la falta de un plan integral para la atención de las personas damnificadas.

Carlos Julio Rojas, periodista y coordinador del Frente Norte de Caracas, ofreció un balance de la situación desde la parroquia Altagracia, en el centro de Caracas. “Vivimos un terremoto que generó una destrucción no solamente en el estado La Guaira, con quienes somos solidarios y sentimos realmente una solidaridad”, expresó Rojas, y señaló que en el municipio Libertador “el nivel de destrucción y los estragos fueron brutales”.

El también dirigente vecinal afirmó que en un recorrido realizado por otras parroquias, como Altagracia, La Pastora, San Bernardino, Candelaria, San Martín y sectores de Catia, había constatado “un alto nivel de destrucción”, y señaló que “hubo una respuesta tardía por parte del gobierno de Delcy Rodríguez”.

“Tardaron 48 horas para que se instalaran los primeros refugios, y lo digo como afectado, porque mi apartamento quedó totalmente destruido”, relató Rojas. Indicó, además, que la inspección técnica de los inmuebles y la asignación de las etiquetas de habitabilidad (verde, amarilla o roja) comenzaron casi dos semanas después del evento, “luego de una presión ciudadana y del dolor de los vecinos”.

Citado en una nota de prensa, Rojas también cuestionó el manejo de las emergencias en los complejos de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV): “En las misiones vivienda no ha habido un proceso serio y eso hay que decirlo, tuvo que haber una presión ciudadana además”.

Rojas sostuvo que numerosos ciudadanos continúan pernoctando en las calles o en condiciones precarias, pese a la proximidad de sus viviendas con las sedes de los poderes públicos. “Aun estando cerca del poder, aun estando alrededor de Miraflores, aún estando al lado del Tribunal Supremo de Justicia o del Panteón Nacional o de la Fiscalía, la respuesta fue lenta”, afirmó.

El coordinador del Frente Norte de Caracas resaltó el papel primordial de la solidaridad entre los propios ciudadanos durante la contingencia: “Aquí quien ayudó fue el pueblo, aquí el pueblo es el que se ayudó con una manta, se ayudó con una arepa”.

*Con información de nota de prensa

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

“Flacos, canosos y dóciles”: el comentario de los asistentes a la audiencia de Maduro y Cilia Flores

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Casi siete meses después de su primera audiencia ante los tribunales de Estados Unidos, la apariencia física y la actitud de Nicolás Maduro y Cilia Flores causaron un gran impacto entre los asistentes a la más reciente comparecencia celebrada el 22 de julio en la Corte Federal de Nueva York. 

Testimonios de abogados, caricaturistas y activistas que presenciaron la sesión coincidieron en señalar una pérdida de peso severa, rostros demacrados, abundantes canas y una conducta dócil que se diferencia de sus primeras audiencias judiciales.

El abogado Nizar El Fakih, quien ha estado presente en todas las audiencias desde enero, calificó este encuentro como el más impactante en lo que va del proceso judicial y detalló que la pérdida de peso en ambos resultó evidente desde el primer minuto que ingresaron a la sala. Agregó que a pesar de vestir la braga de prisión, el desgaste físico en sus rostros y contextura fue mucho más pronunciado que el observado en enero y marzo.

La opinión de El Fakih fue respaldada por las representaciones gráficas del juicio realizadas por los ilustradores oficiales de la corte y encargados del registro visual de las audiencias anteriores. Según el abogado, al tratarse del mismo trabajo de profesionales con años de trayectoria en la corte, la ilustración permite evidenciar un cambio drástico en las facciones de los acusados.

Rostros grises y canas

Por su parte, el caricaturista Jorge Torrealba, quien estuvo presente para retratar a los presentes, describió el aspecto de la pareja como totalmente apagado. Torrealba afirmó que el cambio entre cómo se mostraban públicamente y la realidad actual es totalmente drástico, y llegó a referirse a ambos como “personajes en tonos grises”, debido a la palidez de sus pieles y la abundancia de canas.

El ilustrador detalló aspectos específicos del físico de Maduro: la presencia de canas en las cejas, el bigote y el cabello, así como una evidente flacidez en la piel como consecuencia de la brusca pérdida de peso. 

“Ya vi los efectos de la dieta de Maduro y no se ve nada bien. Y como ellos decían también que el que se mete con Venezuela se seca, hoy yo fui testigo de cómo estas personas estaban totalmente secas allí sentadas frente al juez”, relató Jorge Torralba.

Fragilidad ante el juez

De acuerdo con los relatos compartidos con los presentes, Cilia Flores lucía deprimida y completamente retraída. Durante la audiencia no mantuvo contacto visual con las personas del público ni con los reporteros; solo intercambió palabras y miradas con sus representantes legales.

El activista político César Calzadilla expresó que el estado de Flores generó múltiples reacciones en la sala, ya que parecía que presentaba dificultades para movilizarse por sí misma. Esta observación coincide con lo dicho por El Fakih, quien contó que ambos entraron con lentitud y por separado, aunque en el caso de Flores el aislamiento y la rigidez fueron más evidentes.

“Las condiciones de Cilia eran deprimentes. Incluso, cuando se retiró de la sala, la ayudaron un poco porque no podía caminar”, describió César Calzadilla. 

En cambio, Nicolás Maduro intentó interactuar con el tribunal e iniciar contacto visual con los presentes saludando a su equipo de defensa, y Calzadilla cuenta que por momentos se mostró “hasta sonriente, aunque muy demacrado y descuidado”.

Calendario judicial

Más allá del impacto visual que causó a los presentes, esta audiencia sirvió para consolidar los pasos siguientes del calendario que enfrenta la pareja en Estados Unidos. Los asistentes confirmaron que la próxima cita de la corte quedó programa para el 17 de noviembre, cuando se realizará una consulta clave relacionada con la petición de inmunidad presentada por la defensa. La fecha definitiva para el inicio formal del juicio quedó fijada para el 1 de junio de 2027, momento en que comenzará la fase definitiva del caso. 

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Doble sismo del 24 de junio causó daños por casi 20 000 millones de dólares, según el Banco Mundial

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Los daños directos provocados por el doble sismo del 24 de junio en Venezuela alcanzan aproximadamente los 19 500 millones de dólares, de acuerdo con una estimación atribuida al Banco Mundial, una cifra que evidencia la dimensión económica de una emergencia que dejó afectaciones en viviendas, infraestructura, servicios públicos y edificaciones esenciales.

La evaluación del organismo ubica la reconstrucción como uno de los mayores desafíos económicos recientes del país, debido a que el monto requerido supera ampliamente los fondos disponibles anunciados hasta ahora por el Estado venezolano y sus aliados internacionales.

La agencia AFP informó, citando cálculos del Banco Mundial, que los daños ocasionados por los movimientos telúricos rondan los 19 500 millones de dólares. Esta cifra contempla pérdidas materiales directas, pero no representa necesariamente el costo final de reconstrucción, que podría aumentar al incorporar la rehabilitación de servicios, nuevas obras de prevención sísmica y recuperación económica de las zonas afectadas.

La magnitud del impacto también ha sido advertida por otros organismos. Un reporte citado por BBC News Mundo, publicado el 8 de julio, señaló que las estimaciones varían según la metodología utilizada. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) calculó daños físicos directos por unos 6700 millones de dólares, mientras especialistas como el economista Asdrúbal Oliveros ubicaron el costo de reconstrucción entre 12 000 y 15 000 millones de dólares. Por su parte, Alejandro Grisanti, de Ecoanalítica, estimó que la cifra podría acercarse a los 20 000 millones de dólares.

Los estados de La Guaira, Miranda, Aragua, Carabobo, Yaracuy y Caracas concentran parte de las zonas más afectadas, donde cientos de edificaciones sufrieron daños y miles de personas quedaron sin vivienda.

Los recursos disponibles apenas cubren una parte de la emergencia

Frente a una factura que alcanza decenas de miles de millones de dólares, Venezuela cuenta inicialmente con recursos limitados para iniciar la recuperación.

El 17 de julio, Delcy Rodríguez anunció la liberación de 346 millones de dólares provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI). Según el reporte, estos recursos corresponden a fondos propios de Venezuela que permanecían en la institución financiera y serían destinados a vivienda, infraestructura y servicios públicos esenciales.

De ese monto, el Gobierno venezolano anunció la creación de un fondo inicial de 200 millones de dólares para atender las necesidades de reconstrucción, según información difundida por medios internacionales. Estos recursos están separados de los Derechos Especiales de Giro (DEG) asignados a Venezuela en el FMI y valorados en alrededor de 5000 millones de dólares, cuyo acceso sigue sujeto a las condiciones financieras y políticas de la relación del país con el organismo.

La ayuda internacional anunciada hasta ahora también representa una fracción frente al costo estimado. BBC News Mundo reseñó que Estados Unidos anunció más de 300 millones de dólares en asistencia humanitaria, China comprometió 17 millones de dólares y el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia de Naciones Unidas (CERF) liberó 15 millones de dólares para atender la situación en Venezuela.

Además, la Corporación Andina de Fomento (CAF) anunció la creación del Fondo de Recuperación y Reconstrucción de Venezuela, con un aporte inicial de un millón de dólares para activar un mecanismo destinado a recibir contribuciones públicas, privadas e internacionales. La institución señaló que el fondo buscará canalizar recursos hacia las prioridades de recuperación definidas para el país.

Venezuela busca ampliar financiamiento para una reconstrucción de largo plazo

La recuperación del país dependerá de la capacidad de Venezuela para acceder a nuevos mecanismos de financiamiento y cooperación internacional. El Gobierno venezolano ha planteado la posibilidad de recuperar recursos bloqueados en organismos multilaterales y avanzar en conversaciones con instituciones financieras internacionales como el FMI, el Banco Mundial, la CAF y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Sin embargo, especialistas citados por BBC News Mundo advierten que existen obstáculos financieros importantes. Entre ellos están la deuda externa venezolana, estimada en más de 170 000 millones de dólares, la falta de acceso regular a mercados internacionales y las restricciones derivadas de sanciones económicas, pero la reconstrucción no solo implica levantar edificios dañados. También requiere recuperar redes eléctricas, sistemas de agua, hospitales, carreteras, escuelas y desarrollar infraestructura con mayores estándares de resistencia ante futuros eventos sísmicos.

La CAF señaló que su fondo de reconstrucción funcionará como un mecanismo para concentrar aportes de gobiernos, organismos internacionales, empresas y otros actores, con procesos de seguimiento y auditoría para garantizar la trazabilidad de los recursos. Mientras avanzan las evaluaciones técnicas, Venezuela enfrenta una brecha entre el costo estimado del desastre y los fondos disponibles. El desafío será convertir los aportes iniciales en un plan de reconstrucción sostenible que permita atender las pérdidas inmediatas y reducir la vulnerabilidad ante nuevas emergencias.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

OVP: Otros dos presos murieron bajo custodia del Estado

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El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) denunció este jueves 23 de julio, que dos privados de libertad fallecieron bajo custodia del Estado en el Centro Penitenciario Fénix Lara.

De acuerdo con el OVP, el primer muerto fue identificado como José Antonio Rodríguez Ruiz, quien falleció a causa de tuberculosis (TBC), mientras que el segundo caso corresponde a Alfredo José Febres, quien murió tras presentar un cuadro de deshidratación y diarrea.

El observatorio señaló que la muerte de Ruiz y Febres desmonta el discurso oficial de un sistema penitenciario “humanista”.

La organización denunció que las cárceles en Venezuela continúan “marcadas por la escasez de agua potable, la mala alimentación, la falta de medicamentos, la ausencia de atención médica permanente y el incumplimiento de las Reglas Mandela“, que obligan a garantizar a las personas privadas de libertad un nivel de atención sanitaria equivalente al disponible para el resto de la población.

“Cada muerte bajo custodia constituye una grave violación de derechos humanos y compromete la responsabilidad internacional del Gobierno venezolano”, recalcó el OVP y sumó que mientras los privados de libertad sigan muriendo por enfermedades prevenibles o tratables, no podrá hablarse de un sistema penitenciario orientado a la rehabilitación.

Finalmente, el observatorio afirmó que continuarán documentando y enunciando cada caso ante los mecanismos nacionales e internacionales.

Hasta el momento, ya son 28 los fallecidos en custodia del Estado en lo que va de año.

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Ambientalistas ponen a disposición sus conocimientos para apoyar en la reconstrucción

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La reconstrucción posterior al doble terremoto del 24 de junio no debería limitarse a reparar la infraestructura afectada. ONG ambientalistas como Clima21 consideran que el proceso representa una oportunidad para corregir las condiciones que incrementaron el impacto del desastre y avanzar hacia un modelo de desarrollo más resiliente, democrático y sostenible, una visión compartida por activistas locales que exigen priorizar la restauración ecológica y el manejo seguro de los escombros.

A través de una publicación difundida este 23 de julio en Instagram, Clima21 afirma que el ambiente debe ocupar un lugar central en la planificación de la recuperación, al considerar que de él dependen la seguridad de las personas, la recuperación económica y el bienestar de las comunidades.

“La reconstrucción es una oportunidad para reducir las vulnerabilidades que incrementaron el impacto de los desastres socionaturales y así avanzar hacia un modelo de desarrollo resiliente, democrático y sostenible”, expresa.

Experiencia para reconstruir

En su comunicado, Clima21 recordó que el movimiento ambiental venezolano ha acumulado durante décadas conocimientos técnicos que pueden contribuir a la recuperación de las zonas afectadas.

Entre las áreas de experiencia menciona la gestión comunitaria del agua, la agricultura sostenible, la conservación de la biodiversidad, el manejo de residuos, la gestión del riesgo de desastres, la educación ambiental y la comunicación para la prevención. Asimismo, destaca el manejo de herramientas como las soluciones basadas en la naturaleza, la economía circular, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, la resiliencia climática, la justicia ambiental, los derechos humanos ambientales y la transición justa, enfoques que considera esenciales para disminuir riesgos futuros y fortalecer la capacidad de adaptación de las comunidades.

Capacidades para la recuperación

Clima21 sostiene que ese potencial solo podrá aprovecharse si existen condiciones que favorezcan el trabajo de la sociedad civil. En ese sentido, plantea eliminar las restricciones legales que limitan su actuación, garantizar el acceso a la información pública, ampliar las oportunidades de financiamiento nacional e internacional y promover mecanismos efectivos de participación ciudadana en las decisiones relacionadas con la reconstrucción. Además, resalta la capacidad del sector para desarrollar proyectos comunitarios, construir alianzas con organismos internacionales, empresas y organizaciones religiosas, así como incorporar nuevos conocimientos y metodologías sin perder su autonomía.

En Venezuela existen organizaciones ambientalistas de amplia trayectoria cuyas áreas de trabajo guardan relación con varios de los desafíos que plantea una reconstrucción sostenible. Provita desarrolla proyectos de conservación de la biodiversidad, restauración de ecosistemas y adaptación al cambio climático; Fundación Tierra Viva impulsa iniciativas de desarrollo sostenible, educación ambiental y fortalecimiento comunitario; Fudena concentra parte de su labor en la protección de ecosistemas, el manejo de recursos naturales y la conservación marino-costera; Vitalis elabora diagnósticos sobre la situación ambiental del país y promueve políticas públicas en materia de sostenibilidad, agua, residuos y biodiversidad; mientras que Azul Ambientalistas, con sede en Zulia, trabaja en educación ambiental, reciclaje, protección del Lago de Maracaibo y participación ciudadana.

Todas ellas cuentan con experiencia que podrían aportar a los procesos de recuperación y reducción del riesgo. Hasta ahora, Clima21 ha sido la única en fijar expresamente una posición pública sobre el papel que este sector puede desempeñar en la reconstrucción posterior al terremoto del 24 de junio. Una visión que plantea la recuperación no solo como la reposición de infraestructura, sino también como una oportunidad para disminuir las vulnerabilidades del país frente a futuros desastres.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.