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Roberto Briceño Leon

Migrantes venezolanos violentos son pocos, pero producen gran impacto

LA NOTICIA DE DESCUARTIZAMIENTO de dos ciudadanos en Perú presuntamente a manos de venezolanos, entre ellos dos mujeres, ha ocupado buena parte de la prensa latinoamericana, no solo por lo cruel del crimen, sino porque actos como ese atizan el rechazo creciente hacia los cada vez más migrantes que huyen de la crisis de Venezuela.

La prensa peruana quiso profundizar e ir más allá del registro noticioso. Acudió entonces a unos de los investigadores más acuciosos y productivos en los estudios de violencia en América Latina, el sociólogo Roberto Briceño-León, director del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) y del Laboratorio de Ciencias Sociales (LACSO).

La entrevista giró en torno al incremento de crímenes de gran impacto en Perú, protagonizados muchos de ellos por ciudadanos venezolanos que han emigrado para ese país. El periodista quería saber cuál es el perfil del criminal venezolano, su nivel de crueldad y las actividades delictivas en las que están inmersos. Más aún, quería conocer a qué se enfrentan las autoridades peruanas.

Lea el reportaje en El Comercio, Perú

Fuera del interrogatorio periodístico quedó el comportamiento de millones de venezolanos que han emigrado a diversos países del mundo, entre ellos Perú. Comportamiento que, por correcto, normal, pasa desapercibido para los medios de comunicación.

egún la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la cifra de migrantes venezolanos llega a 4 millones, siendo Colombia, Perú, Chile y Ecuador, los países que más connacionales han recibido en sus territorios. De ellos una minúscula cantidad, casi imperceptible en porcentajes, pero escandalosamente activa, sacude la prensa internacional por estar involucrada en actos violentos.

¿Por qué ocurren los descuartizamientos?

-El descuartizamiento es fundamentalmente un mensaje enviado a otras personas. Por supuesto que puede haber algunos casos en los cuales hay un componente patológico de ensañamiento, crueldad o de sadismo individual. A nosotros nos parece que los descuartizamientos son una acción racional que procura enviar un mensaje a otros.

¿Quiénes son esos otros?

-Sus víctimas o sus potenciales víctimas o, de una manera muy marcada, los cuerpos policiales o las bandas rivales. El descuartizamiento es un acto simbólico, es un ritual de la violencia que tiene un propósito comunicacional de enviar un mensaje y que ese mensaje tenga como consecuencia un mayor poder, una mayor respetabilidad para el grupo que cometió el descuartizamiento.

¿Puede usarse para escalar?

-Sí, en algunos momentos se utiliza para escalar dentro de las organizaciones, eso ocurre sobre todo en las organizaciones de una jerarquía importante: se da un mensaje a sus otros pares, también a los otros miembros de las bandas si no lo hacen en conjunto, es decir, es mostrar las agallas, los dientes afilados, es demostrar insensibilidad, que busca tener un efecto práctico para quien lo ejecuta.

¿Cómo es el delincuente venezolano?

-El delincuente venezolano tiene tres rasgos fundamentales: es joven, en general pudiéramos decir que está entre los 15 y los 30 años, porque después de los 30 años o está muerto o cambia en su forma de ejercer el delito o deja el delito o se dedica a ser menos violentos o a dirigir desde más lejos la acción delictiva.

La segunda característica es que es hombre. Si bien puede haber algunas mujeres, y recientemente hay una incorporación de ellas más alla de ser compañeras, en general tienden a ser hombres los que actúan en las bandas.
Y en tercer lugar, es pobre. Si bien es cierto que el 99% de los venezolanos pobres y el 99% de los que emigraron de Venezuela y que deben estar en Perú es gente honesta, hay un 1% del cual derivan estos delincuentes violentos. El delincuente violento viene de los sectores pobres.

Estos tres rasgos: joven, hombre y pobre, son quizás los mismos rasgos que uno encuentra en las víctimas del homicidio en Venezuela y eso lo hemos ido trabajando y mostrando en nuestros estudios.

Pandilla y bandas, dos extemos en el delito organizado
¿Cómo se organiza el delincuente en Venezuela?

-Las bandas en Venezuela tienen diversas formas de organización. En el libro Delito Organizado, Mercados ilegales y Democracia en Venezuela (Editorial Alfa, 2015) hice una clasificación de los grupos hamponiles y de las diferentes formas de organización que tienen. Grosso modo hay dos tipos:
• La pandilla de barrio, de esquina, de favela o de pueblo joven, como llaman allá en Perú, que controla ese territorio y que ejerce dominio, que por lo regular no roba en su propio barrio sino en las zonas aledañas, tiene un ejercicio incontrolado de la violencia; son bandas pequeñas que pueden tener cuatro, seis miembros, no muchos más, y que viven fundamentalmente del delito depredador, del robo, del hurto.
• Las bandas de crimen organizado, algunas de ellas con conexión internacional. Esas han podido llegar a tener muchísimos miembros, en un cálculo que hicimos en aquel momento una de las mayores bandas podía llegar a tener 600 miembros; es decir, era una organización muy fuerte, muy poderosa, que fundamentalmente vivía captando rentas y extorsión, tenía fuentes de ingresos permanentes, que pueden cometer en algún momento dado un delito depredador como un robo, pero que por lo regular trabajan con secuestros de personas, secuestros de bienes, extorsión y se dedican paralelamente a eso, a la venta de seguridad personal, al estilo de la mafia.
Son dos organizaciones completamente distintas. El armamento de la pandilla es pequeño, armas cortas. La banda, en cambio, tiene una forma mucho más sofisticada; tiene armas cortas, pero tiene igualmente armas largas, fusiles de asalto, incluso recientemente ha hecho uso muy continuo de las granadas, es decir, tiene una capacidad de fuego mucho más grande y letal. Eso da una diferencia importante en la violencia porque la pandilla tiende a usar la violencia de una manera más emocional, más circunstancial, a tener un control menor, una administración menor de la violencia. La banda organizada puede tener crueldades extremas, pero hay una racionalidad en el ejercicio de la violencia, es decir, tiene una mayor capacidad de administrar la violencia.

Yo tengo la impresión que muchos de los grupos que han emigrado y que generan esos fuertes enfrentamientos están actuando como las pandillas pequeñas, que usan la violencia de una manera fuerte e inmediata para intentar imponerse en un territorio, intentar generar un control del delito en una determinada área y, por lo tanto, tienen que demostrar mucha fuerza, mucha crueldad, es decir, mucho poderío.

¿Por qué muestran esos niveles tan altos de crueldad, como el descuartizamiento?

-Cuando yo comencé a hacer estudios sistemáticos en violencia para la Organización Panamericana de la Salud (OPS), hace 25 años, yo hacía la misma pregunta en relación a Colombia. Venezuela no era un país particularmente violento, aunque ya estaba en unos niveles altos de homicidios, pero nada que ver con la situación actual; en cambio, Colombia tenía una situación de muchísima más violencia histórica para aquel momento. Ahora la situación ha cambiado, Colombia no tiene el nivel de violencia que tiene Venezuela.

Pero me hiciste recordar porque era la misma pregunta que uno se hacía. Hoy puedo decir que hay diferencias sustantivas. En aquel momento, hace un cuarto de siglo, entrevisté a un colombiano al que le debían un dinero y él me dijo “ese fulano, ese paisano se salva porque estamos en Venezuela, si estuviéramos en Colombia ya yo le hubiera mandado alguien, ya yo lo hubiera mandado a matar”. Él entendía que el contexto social de Venezuela era distinto al de Colombia en ese momento.

Lo que ha cambiado en Venezuela esencialmente es el contexto social y político, una situación dramática de impunidad y de elogio a la violencia y a los violentos en los últimos veinte años.

¿Qué es lo que ha pasado en el país? Que estos jóvenes que hoy tienen veinte años y asesinan y descuartizan, tienen dos décadas viendo un crecimiento sostenido de la violencia, observándola, familiarizándose con ella, familiarizándose con la crueldad de una manera inmediata y continua, es cercana a ellos y eso les ha dado un rasgo fundamental que es cercanía, no extrañeza frente a la violencia, una suerte de normalización y de insensibilidad ante el dolor de la víctima.

Hay un segundo elemento que le ha dado este período a los individuos: el acostumbramiento a la violencia les permite un muy fácil y muy rápido pasaje al acto -así lo llamamos científicamente- es decir, el momento en el cual el deseo de hacerle daño a otra persona deja de ser una intencionalidad, una rabia, un odio y se convierte en una acción. Normalmente en otras sociedades esos deseos son mediados y limitados por un conjunto de ideas, nociones, valores, ética, temor de castigo. En Venezuela, esas mediaciones sociales se cayeron, se derrumbaron, por ello el pasaje al acto es muy cercano, muy pronto.

Un tercer elemento que explica el incremento de la crueldad en Venezuela es la impunidad. Los delincuentes sienten que no les va a pasar nada. En Venezuela la impunidad es gigantesca. Los cálculos que publicamos en un libro hace unos tres, cuatro años, era que de cada 100 homicidios que se cometían en el país, se detenían entre 8 y 9 personas, es decir, que en el 91 o 92% de los casos no había ni siquiera una detención. Esta situación no solo no ha cambiado, sino que probablemente puede haber aumentado.

Aunado a la impunidad, se encuentra otro factor: no hay discriminación en el castigo, es decir, para el delincuente robar o matar implica una pena más o menos similar en el país, no formalmente, no lo que establece la ley, sino lo que ocurre en la práctica. Entonces el delincuente no tiene ningún motivo para contenerse de asesinar. En otros lugares del mundo, en otras sociedades, el delincuente sí se cuida porque sabe que por un robo puede tener una pena, pero por un homicidio tendrá una pena muy superior y, por lo tanto, prefiere no pasar al acto y no llegar a cometer el homicidio.

Lo que no se ve

Briceño-León calcula que solo 1% de los migrantes venezolanos son delincuentes. Unos 40 mil individuos si tomamos en cuenta los 4 millones de venezolanos -estimados por los organismos internacionales- que han buscado un nuevo futuro fuera de su frontera natal.
“Entre esos delincuentes que han huido del país hacia otros destinos son pocos los que realmente son violentos. Pero esos pocos hacen escándalo. Como lo hacen también los venezolanos que piden en las calles extranjeras, una minoría, la más pobre, la última en escapar del país y que está todavía en la búsqueda de un acomodo, esa es la que se ve. La que no se ve, la que no se nota, la silenciosa, es la mayoría de la diáspora que está integrada y trabajando, aportando al bienestar de esos países con su educación y trabajo honesto; son médicos, ingenieros, técnicos. Hacen allá lo que no pudieron seguir haciendo en Venezuela”.

Aumentan muertes violentas de niños en Venezuela, mientras se agrava crisis humanitaria

LA CRISIS HUMANITARIA EN VENEZUELA tiene numerosas y lamentables aristas. Desde cualquier ángulo que se le mire, el régimen de Nicolás Maduro ha incurrido en numerosas violaciones de Derechos Humanos por acción u omisión. La violencia ha sido una constante en el país.

Desde el Gobierno chavista se ha querido acusar a agentes externos y conspirativos por la crisis, sin embargo, esta obedece a un deterioro del Estado de derecho que viene gestándose desde hace 20 años, con políticas erradas y una debacle nacional que ha generado sufrimiento y muerte en la población.

Entre las víctimas de la emergencia nacional se encuentran los niños, niñas y adolescentes, quienes han visto cómo sus derechos y condiciones de vida han sido vulnerados y violados por el Estado venezolano.

Uno de los principales y más preocupantes apartados en la violencia en Venezuela, es el agravamiento de las muertes de niños, niñas y adolescentes.

1.484 niños asesinados en 2018

El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) presentó un informe en donde se revela la dramática situación que viven los jóvenes venezolanos a través de las muertes violentas ocurridas en el año 2018.

En Venezuela, 81,4 personas por cada 100.000 habitantes fallecieron de manera violenta en el 2018, dejando 23.034 fallecidos en tan solo un año, colocando al país suramericano en el primer lugar en el mundo en cuanto a muertes violentas se trata.

De esas 23.034 personas asesinadas, 1.484 fueron niños, niñas y adolescentes. A su vez, esa cifra se divide en 174 de niños muertos y 1.310 adolescentes asesinados, es decir, unas cuatro por día.

Negligencia y brutalidad policial

Uno de los aspectos mas preocupantes del informe, es el de las muertes catalogadas como de “resistencia a la autoridad”. En el 2018, esta cifra -dentro de los 1.484 asesinados- se ubicó en 287 asesinatos por resistencia policial, duplicando la del año 2017, que fue de 108 casos.

De esta manera, es evidente que la actuación policial desmedida contra niños, niñas y adolescentes ha aumentado de manera exponencial. En el país existe la Ley de Actuación Policial, que controla la actuación de las autoridades contra menores de edad. Los agentes de seguridad parecen ignorarlas.

Dentro de este renglón, 256 víctimas del total de 287 fueron varones, mientras que 30 fueron niñas. Roberto Briceño León, director del OVV, afirma que “las víctimas por resistencia a la autoridad se incrementaron en un 267% en niños, niñas y adolescentes”. Una de cada tres víctimas se produjeron por acción policial.

“La actuación policial en contra de menores ha sido deliberada y violenta por parte de las autoridades”, agregó Briceño León.

Violencia como política del Estado venezolano

Además, dentro de estas cifras destacan también muertes de menores de edad durante las protestas sociales y políticas que se han llevado a cabo por la crisis.

Durante el 2018, por lo menos cinco menores de edad fueron asesinados durante manifestaciones por falta de agua, gas y comida, todos por balas de fuego. En el 2019, durante las protestas en contra del Gobierno fueron asesinados tres adolescentes en distintas ciudades de Venezuela.

Por otra parte, el Gobierno intenta maquillar las cifras de las ONG adjudicando las muertes como “resistencia a la autoridad”, utilizando frases como “dados de baja”.

Briceño León deja la pregunta al aire: “¿Cómo niños y niñas pueden representar un peligro enorme a funcionarios equipados y entrenados con armas largas y equipos de protección especial?”.

Crisis humanitaria como catalizador de la violencia

El contexto crítico de Venezuela incide directa y dramáticamente en la situación violenta contra niños, niñas y adolescentes. La violencia estructural ejercida por el régimen madurista ha provocado numerosos fenómenos que atentan contra los derechos humanos de todos los venezolanos, pero principalmente en contra de la población más vulnerable.

Una gran cantidad de jóvenes venezolanos se han quedado solos porque sus padres se han visto obligados a emigrar para conseguir algo de dinero en el exterior. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) la cifra de migrantes venezolanos se elevaba a 3,4 millones a principios de año. La Organización Internacional para las Migraciones, por su parte, calcula que 5.000 venezolanos huyen del país a diario.

Muchos de estos niños, que viven desamparados o con vecinos y otros familiares, dejan de asistir a la escuela y quedan a merced de bandas criminales que los adoptan a cambio de comida y otros bienes de primera necesidad.

 

Cambio 16

OVV presentó libro

“VENEZUELA NO ERA UNA SOCIEDAD VIOLENTA, los violentos eran otros. Ahora Venezuela es otra. A veces cuesta reconocerla. Venezuela se volvió una sociedad violenta y hambrienta”.

Con estas afirmaciones desgarradoras comienza el prólogo del libro Los nuevos rostros de la violencia. Empobrecimiento y letalidad policial, una recopilación de investigaciones y artículos, producidos en ocho universidades venezolanas bajo la coordinación del sociólogo Roberto Briceño-León, máxima cabeza del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) y director del Laboratorio de Ciencias Sociales (LACSO). Acompañan a Briceño-León en esta laboriosa tarea los especialistas Alberto Camardiel –estadístico- y Gloria Perdomo –educadora-, director de Análisis de Datos del OVV-LACSO y coordinadora nacional del OVV, respectivamente.

En el mismo prólogo se describe someramente cuáles son esos nuevos rostros de la violencia, los cuales ya intuimos con los datos duros dados a conocer por el OVV -en su Informe Anual de Violencia- los diciembres de cada año, y que colocan a Venezuela entre los países más violentos del mundo. “El generalizado proceso de empobrecimiento ha llevado a la aparición de formas inéditas de violencia por hambre. La acción policial, desbordada por el delito y marcada por una concepción militar y bélica de la seguridad, ha incrementado sus acciones de exterminio de los delincuentes, mostrando unos niveles de violencia ilegal del Estado como nunca antes había tenido el país. Y finalmente ha aparecido una violencia política que reprime con un uso desproporcionado e ilegítimo de la fuerza pública las manifestaciones de disidencia política, causando muertes de adultos y menores de edad”.

El libro inicia enmarcando el problema de la violencia en América Latina, luego de lo cual se desgrana en tres partes, que aluden específicamente al caso venezolano, a lo largo de 14 capítulos redactados por 24 especialistas.

La primera sección habla de los Procesos sociales y allí se abordan temas como El impacto de la Violencia en la Cohesión Social; La presencia de Niños y Adolescentes en las bandas armadas; Actores y procesos de la violencia en las protestas políticas; El impacto de los homicidios en la composición por edad y sexo de la población de Venezuela; Impacto en seguridad de una intervención en el transporte público; y La Ciudad Víctima del Miedo: 2014-2018. La segunda parte describe la fisionomía de la violencia regional: La situación de violencia e inseguridad ciudadana (Mérida); Sensibles ante lo insensible de la violencia (Bolívar); La violencia como privación de las capacidades humanas (Lara); Inseguridad por mar y tierra (Sucre); Territorio de oportunidad para la violencia (Caracas); Frontera insegura (Táchira); y Privatización y abandono del espacio público (Maracaibo). Finalmente, la tercera y última sección detalla y analiza las Nuevas Realidades: Los nuevos rostros de la violencia.

“Hay nuevos rostros de la violencia que este libro quiere documentar: describir, analizar y criticar, con la esperanza de un día poder superarlos. Son procesos sociales y políticos que nos acercan y separan de lo que acontece en el resto de América Latina. Venezuela fue por décadas una excepción de paz y acuerdo social, y hoy es una excepción de violencia y conflictividad”.

Los nuevos rostros de la violencia. Empobrecimiento y letalidad policial, publicado en abril de 2019 por Editorial Alfa, constituye una obra que muestra la cara más cruda de la Venezuela actual y pone en el tapete cifras y hechos reales para que sirvan de base para las discusiones y formulación de políticas públicas necesarias para construir la Venezuela de paz que pide a gritos la sociedad.

El libro fue presentado la tarde del jueves 23 de mayo en la librería El Buscón del centro comercial Paseo Las Mercedes, en el marco de un conversatorio entre el periodista Javier Ignacio Mayorca y el sociólogo Roberto Briceño-León.

Fuerzas de seguridad del Estado asesinaron a 287 menores de edad en 2018

EN 2018 SE REGISTRARON 287 muertes por resistencia a la autoridad, 187 casos más en comparación con el mismo período del año anterior, de acuerdo con el informe presentado este viernes por Cecodap y el Observatorio Venezolano de la Violencia, luego de un monitoreo en la prensa nacional.

El informe reveló que en 2018 estas muertes ocurrieron por la actuación de funcionarios y cuerpos de seguridad del Estado. De las 287 muertes, 267 fueron adolescentes: 256 hombres, 30 mujeres y 20 niños y niñas.

Mientras, en 2017 Cecodap y el OVV reseñaron 109 muertes a manos de policías y militares, con un total de 109 casos, 106 de los cuales las víctimas fueron adolescentes de entre 15 y 17 años de edad, un caso entre 10 y 14 años y otro que involucró a un menor de 5 a 9 años de edad.

“Los casos ocurrieron durante presuntos enfrentamientos policiales. La cifra de muertes por agentes de seguridad en 2018, pretende justificar el abuso policial como uso legítimo de la fuerza. En sus minutas policiales los tratan con los términos dada de baja, enemigo que se resistió, como política belicista y violatoria de los derechos humanos”, indicó Roberto Briceño-León, director del OVV.

Destacó que el informe recabó los casos de muertes por la represión contra protestas sociales “por la actuación excesiva, innecesaria y violatoria de la ley por parte de los funcionarios que asumen el control de las manifestaciones públicas”.

Homicidios

Briceño-León señaló que en  2018 se contabilizaron 1.484 homicidios de niños, niñas y adolescentes. La cifra refleja la sumatoria de 174 niños y niñas asesinados y 1.310 adolescentes.

“Son 1.484 muertes en solo 1 año, 4 niños o adolescentes muertos cada día de ese año, 120 niños, niñas y adolescentes muertos cada mes, el equivalente a 4 salones de clase asignados cada mes del año. Son estimaciones que deberían estremecer la conciencia de la sociedad”, afirmó Briceño-León.

Las entidades con mayor número de casos fueron Miranda, Carabobo, Aragua, Distrito Capital, Bolívar y Zulia.

En 2017, el informe de la OVV indicó que se cometieron 1.134 homicidios.

OVV: Venezuela tiene la tasa de suicidios más alta del continente

VENEZUELA OCUPA EL PRIMER LUGAR  entre los países con más suicidios en el continente, aseguró el sociólogo Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de la Violencia, OVV.

Precisó que antes de la llegada de Hugo Chávez al poder la tasa de suicidios en el país era de entre 4 y 5 personas por cada 100.000 habitantes, y dijo que esa cifra se cuadruplicó.

“Antes del chavismo, el suicidio representaba entre 4 y 5 personas por cada 100.000 habitantes. Pese a la bonanza petrolera aumentó entre 8 y 9 suicidios, pero a partir del año 2015 los suicidios se dispararon a una media de 19 personas; es decir, la tasa se cuadriplicó en los últimos 15 años convirtiéndose en un fenómeno social”, afirmó Briceño León en una entrevista con el portal ABC de España.

Señaló que Venezuela presenta cifras similares, en cantidad de suicidios, al continente asiático, donde en promedio se registran 28 casos por cada 100.000 habitantes.

“En América Latina hay muy pocos suicidios, pero Venezuela ocupa el primer lugar de suicidios en el continente americano. Estamos en el nivel de Asia, donde hay países que llegan hasta 28 suicidios por cada 100.000 habitantes, como Sri Lanka”, dijo.

Con información de ABC de España

OVV asegura que aumentó el uso de colectivos para amedrentar

ROBERTO BRICEÑO LEÓN, director del Observatorio Venezolano de Violencia, OVV, ofreció detalles sobre la actuación de las fuerzas de orden público respecto a las recientes protestas registradas en el país.

“Pareciera que algunos oficiales han decidido no actuar más de forma violenta frente a las movilizaciones ciudadanas y eso ha llevado a que usen más a los grupos de civiles armados”, explicó Briceño en una entrevista.

También agregó que, pese a que la gente pueda sentir miedo, la molestia y la desesperación han generado un “proceso de desobediencia continua”.

“Hay una situación de ingobernabilidad que se puede notar claramente”, finalizó.

Observatorio Venezolano de Violencia: Hay estados donde la policía mata más que la delincuencia

El OBSERVATORIO VENEZOLANO DE VIOLENCIA presentó su informe anual sobre criminalidad en el país. La ONG califica la situación nacional como una “epidemia de violencia”.

El informe precisa que hubo 10.422 homicidios, 7.523 muertes calificadas como “resistencia a la autoridad” (32,6%), y otras 5.102 muertes en averiguación para un total de 23.047 personas fallecidas por causas violentas durante el año. El número equivale a una tasa de 81,4 por cada cien mil habitantes.

En la lista de los estados más violentos figura Aragua como el primero, con una tasa de 168, seguido de Miranda (124), Bolívar (107), Distrito capital (100) y Sucre (97).

“La violencia presenta nuevos rostros, el empobrecimiento y la letalidad policial, marcadas por las acciones extrajudiciales. Además, surge con fuerza el delito en las zonas rurales, allí donde hay comida”, explicó el director del OVV, Roberto Briceño León. Los números posicionan a Venezuela como el país más violento del mundo en 2018., con una tasa de homicidios muy por encima de Honduras y El Salvador, con los cuales ha disputado el tope de las listas desde hace un lustro.

Cuando la ONG afirma que la violencia ha mutado y que tiene nuevos actores, no solo se refiere a la accción policial sino al crimen organizado. En los cinco estados con mayor cantidad de muertes hay megabandas. Aragua, por ejemplo, está controlado por grupos delictivos que controlan vías de acceso, actividades económicas y hasta espacios públicos. “Han logrado sustituir las funciones del Estado”, apuntó Briceño.

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¿Es real la supuesta reducción de los homicidios en Caracas?

UN RECIENTE ANUNCIO GUBERNAMENTAL sobre la supuesta reducción de los homicidios en la capital de Venezuela genera dudas en la transparencia en el manejo de las cifras oficiales y oculta el incremento de las muertes a manos de la fuerza pública.

El ministro de Relaciones Interiores, Néstor Reverol, anunció el 11 de octubre que los homicidios en Caracas tuvieron “una reducción importante de 35,4%” en 2017, sin dar más detalles, según reportó El Universal.

El sociólogo y director del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), Roberto Briceño León, que cada año registra los homicidios que ocurren en Venezuela, analizó algunos factores que ponen en duda la versión oficial sobre la reducción de homicidios en Caracas, considerada la capital más violenta del mundo según la ONG mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública, Justicia y Paz.

1. Los policías matan más
La supuesta reducción de los homicidios en la capital de Venezuela, segunda en el ranking de las ciudades más violentas en 2017, es poco probable sin la implementación de una política de seguridad articulada desde el gobierno, justamente cuando este país atraviesa una severa crisis social y económica.

“Lo que ha variado es la composición interna de los homicidios. Han disminuido los homicidios. Pero han aumentado los casos de resistencia a la autoridad en algunas entidades (estados)”, aseguró Roberto Briceño León a InSight Crime.

Briceño León advierte que en la data recogida por el OVV se observa un incremento en los casos de resistencia a la autoridad (homicidios a manos de fuerza pública) y ejecuciones extrajudiciales, aunque no tiene cifras consolidadas aún. “Hay regiones donde la policía ha matado a más personas que los mismos criminales”, dijo el experto.

Datos de Monitor de Víctimas (un observatorio que lleva un registro de las víctimas de homicidios ingresadas a las morgues de Caracas) apuntan en la misma dirección: entre mayo (cuando se creó el observatorio) y diciembre de 2017 hubo 374 casos de resistencia a la autoridad, equivalente a 30 por ciento del total de homicidios registrados en Caracas en el lapso de nueve meses (1.242); mientras que en los nueve meses transcurridos entre enero y septiembre de 2018 habían contabilizado 481 casos de resistencia a la autoridad, con un incremento de 13 por ciento, lo que significa que la fuerza pública es responsable de 43 por ciento de los homicidios ocurridos en Caracas. Pero además esta cifra llegó a 57 por ciento durante los últimos cinco meses, reveló Juan Mejía, uno de los coordinadores del observatorio. En pocas palabras: los policías y militares están matando más que los criminales.

2. Datos no confiables
Desde 2012 el gobierno de Venezuela no ofrece información oficial sobre los delitos que ocurren el país. Algunas filtraciones de estadísticas del Ministerio de Relaciones Interiores muestran que desde el primero de enero hasta el 14 de octubre de 2017 se registraron 982 homicidios en Caracas, mientras que en el mismo período de 2018 la cifra fue 635, lo que da como resultado una reducción similar a la anunciada por Reverol.

Sin embargo, Briceño León advierte que estos números deben ser revisados con detenimiento.

“Tomemos con mucho cuidado esos datos. Por ejemplo, en el estado Lara (un departamento en la región centroccidental del país) nuestros registros de prensa son superiores a los datos que están en la filtración del ministerio. Es decir no tenemos confianza en esos datos, aunque esa es la data oficial que ellos están manejando, Debemos verla con cuidado”, aseguró el experto a InSight Crime.

3. El espejismo de la migración
Con la migración masiva de venezolanos, que sobrepasa los 2,3 millones de personas según la Organización Internacional de Migrantes, el número de habitantes del país ha disminuido y esto puede reflejarse en una supuesta reducción de los homicidios.

Sin embargo, debido a que no se tienen datos precisos de esa migración por estado es posible que esa supuesta reducción de los homicidios no sea real. “Puede que haya bajado el número de homicidios, pero no la tasa. Con la migración los homicidios pueden ser menos en términos absolutos, pero no en comparación con la tasa. La disminución de la población implica un ajuste en la tasa de homicidios”, explicó Briceño León.

Según el OVV, en 2017 Caracas tuvo una tasa de 109 homicidios por cada 100.000 habitantes, muy por encima del promedio de 21 homicidios por cada 100.000 habitantes que tiene la región, mientras que Venezuela cerró 2017 como el país con la tasa de homicidios más alta del mundo.

4. Más morgues, menos víctimas
Desde el segundo semestre de 2017 el gobierno abrió cuatro nuevas morgues en hospitales de Caracas, con el supuesto objetivo de descongestionar la morgue de Bello Monte, que era la única medicatura forense que había en la ciudad.

Sin embargo, esta medida necesaria impide llevar un registro preciso de los homicidios que ocurren en la capital. “Nos hemos percatado que hay un subregistro importante de homicidios, pues no todos los asesinatos se están registrando”, precisó Briceño León.

A los reporteros de la fuente policial se les impide el acceso a estas morgues y a los familiares de las víctimas se les impide dar declaraciones a la prensa.

5. Desplazamiento del delito
El director del OVV sostiene que el auge delictivo en Venezuela ha implicado una especie de toque de queda voluntario. En ciudades como Caracas muchos evitan estar fuera de sus casas después de las 6:00 pm por temor a los delincuentes y por las dificultades de movilidad que tiene la ciudad.

“Esto ha hecho que los delitos se desplacen hacia otros lugares y oportunidades”, explicó Briceño León, quien agregó que “en los últimos meses se han registrado asesinatos en lugares que antes eran impensables, como zonas de playa y de esparcimiento”.

El experto concluyó: “Aunque el gobierno asegura que han bajado las cifras de homicidios, los indicadores que tenemos de este 2018 demuestran que los homicidios no han disminuido”.