Mi padre, un piadoso apostólico, católico y romano, solía decirnos, cuando el hogar se inundaba de tribulaciones: «hijos, esas son pruebas que nos manda el Señor». Hoy, décadas después de todo lo que ha acontecido en la Venezuela del siglo XXI, me pregunto cuánta más calamidad tiene que sufrir el pueblo venezolano para reconstruir el país que fue, el siglo pasado, un lugar sostenible y de vida digna.
Una mirada al pasado sísmico
Ante la tragedia del pasado miércoles 24 de junio, resulta conveniente un vistazo al retrovisor de nuestra historia para reconocer tragedias sísmicas similares: la más notoria, el terremoto de 1812, cuya intensidad alcanzó 7,7 en la escala de Richter; el terremoto de Caracas del 29 de julio de 1967, con una magnitud de 6,6, cuyo sismo, de una duración aproximada de entre 35 y 55 segundos, causó severos daños principalmente en las zonas de Altamira, Los Palos Grandes y el Litoral Central; y, finalmente, el reciente doblete sísmico de 2026, con magnitudes entre 7,2 y 7,5, el más extenso de los tres, pues afectó a Caracas, La Guaira y a los estados Aragua, Carabobo, Falcón y Yaracuy.
El pueblo, epicentro del dolor
Las cifras de fallecidos y desaparecidos, así como el número de viviendas perdidas que difunden los medios de comunicación, oprimen el corazón y encogen el alma de los venezolanos adentro y en cualquier parte del mundo donde se ubica la más amplia diáspora que haya conocido la historia moderna.
Cabe destacar, en contraste, la amplísima solidaridad internacional demostrada con el envío de rescatistas y equipos especiales para salvar vidas.
1967: la respuesta institucional
Ahora bien, la diferencia estriba en la respuesta que ha dado el Estado venezolano ante la magnitud de las más recientes tragedias sísmicas, en comparación con la asumida en 1967. Se señala que el Estado actuó con celeridad tras el terremoto del 29 de julio: las autoridades implementaron líneas de mando claras y movilizaron a la Fuerza Armada para apoyar rescates, remover escombros y estabilizar edificaciones.
Esta gestión institucional dejó un precedente de planificación urbana y de preparación ante desastres: fue uno de los despliegues de emergencia más rápidos, coordinados y eficaces que ejecutó el Estado venezolano en el siglo XX.
Según el análisis de Iñaki Anasagasti (29 de junio de 2026), la gestión estuvo liderada por el Dr. Sucre Figarella, quien asumió la conducción de la crisis con una mezcla de autoridad técnica, capacidad organizativa y sentido de urgencia que marcó la diferencia. Bajo su dirección se activaron, en cuestión de horas, cuadrillas de obreros, ingenieros, topógrafos, operadores de maquinaria pesada, equipos de demolición y brigadas de reconstrucción.
En ese contexto, no se limitó a administrar recursos, sino que articuló al Estado en pleno: coordinó ministerios, gobernaciones, concejos municipales, organismos civiles y unidades militares. Estableció prioridades, abrió vías colapsadas, organizó rescates, supervisó demoliciones controladas y puso en marcha un plan de emergencia que aún hoy se estudia como referencia de gestión pública.
Asimismo, integró a la Fuerza Armada en la estructura de protección civil de la época: esta fue parte activa de esa respuesta, pues apoyó los rescates, movilizó personal especializado y colaboró en la remoción de escombros y en la estabilización de estructuras comprometidas.
2026: el abandono del Estado
En realidad, no existe ninguna comparación con el desastre actual de la gestión de Rodrigato y Diosdado Cabello, pues han quedado en evidencia los efectos de veintisiete años de saqueo, mala administración y manipulación populista de las necesidades de la población.
En tan solo segundos, la naturaleza se manifestó, y una vez más las víctimas fueron aquellas que, en el caso de La Guaira, eligieron gobernadores oficialistas cuya oferta fue una frágil infraestructura de viviendas que se desplomaron como barajas el día de la tragedia.
Esta vez, la ausencia del Estado depredador y autocrático se reafirma en su práctica constante de manipulación de las cifras, en la falta de transparencia, en el bloqueo a la ayuda internacional y en el oscurantismo respecto a la cruda realidad del número de fallecidos, desaparecidos y de los millares que sobreviven a la intemperie.
Esto no es más que la prueba del estilo de gobierno que saqueó un país, prostituyó todas las instituciones y precarizó al extremo los servicios públicos en nombre de una revolución inexistente, que no fue más que una estafa erigida en estilo de gestión.
El pueblo que se levanta solo
Venezuela resurgirá de sus cenizas, como lo demuestran las centenas de hombres y mujeres que, con picos, palas y mandarrias, ante un Estado inexistente, han asumido el rescate de sus seres queridos y de sus vecinos, caídos en la peor desgracia sufrida en el presente siglo.
Venezuela entre los escombros, la memoria y la esperanza…
Es tiempo en que las ciudades creían haber domesticado su destino. Es tiempo en que los hombres confunden la rutina con la eternidad y el ruido de la vida cotidiana con la certeza de que nada podría interrumpirlo.
Es tiempo en que la anomia se apoderó de lo cotidiano y el hombre que jamás se acostumbra a la violencia, se habituó a ella subestimando a la madre naturaleza sin esperar nada de quién corresponde hacerlo. Pero la Tierra, que nunca olvida, tampoco avisa.
La tarde y la larga noche de la que no despertaron
Fue la tarde del miércoles 24 de Junio de 2026, cuando el Caribe apenas comenzó a apagarse con una luz pálida sobre La Guaira. El suelo decidió hablar. No lo hizo con palabras, sino con ese lenguaje antiguo que las montañas entienden y los pueblos temen reconocer: el lenguaje del estremecimiento. Primero fue un murmullo como si el mar hubiera inhalado demasiado profundo. Después un silencio extraño, suspendido, casi respetuoso.
Y luego el golpe. Un golpe que no venía del exterior, sino del corazón mismo del mundo. Las casas antiguas y cansadas, los edificios con base sedimentada, descuidados y en abandono, comenzaron a inclinarse como si saludaran su propio final. Las calles se quebraron con la delicadeza cruel de lo inevitable. El aire se llenó de polvo, de gritos, de nombres que nadie alcanzaba a responder.
La Guaira —esa ciudad suspendida entre la montaña y el mar, entre la belleza y la amenaza— no ha podido dormir, convertida en una herida abierta. Y muchos no despertaron. Caracas escuchó el estruendo. Pero no se quebró tanto como el suelo herido de costa agitada. Incluso en la ruina, la ciudad no perdió su alma. Porque las ciudades no son de piedra. Son de hombres. Y los hombres cuando todo se derrumba, revelan su verdad más profunda.
La ciudad de los hombres buenos y manos limpias
No son tiempos de ideologías. Desde hace mucho no caben las consignas. No hay tiempo para etiquetas. Solo queda el instinto más antiguo del ser humano: salvar al otro.
Un joven convirtió sus manos en herramientas. Una enfermera improvisó un hospital en el borde de una avenida rota. Un sacerdote sostuvo la fe cuando ya no quedaban paredes. Y un médico —sin importar su edad— con el cansancio acumulado de un país entero, siguió buscando vida donde ya no parecía posible. No eran héroes. Eran mujeres y hombres de manos limpias, sacudidas por décadas de ausencia y despojo.
Eran sobrevivientes de alma noble convertidos en rescatistas en medio de otra tragedia: el Estado ausente. La institucionalidad despachada por la indiferencia y la desidia, la autoridad embriagada de poder que no sale de su resaca de apariencia revolucionaria. Ya lo advirtió Juan Donoso Cortés en su discurso del 4 de enero de 1849: “Cuando la sociedad destruye su orden moral y político, no llega la libertad sino una elección que deja de ser redentora y suele ser el camino más directo hacia una violencia organizada”.
Hemos sido ciudadanos reducidos de nuestra esencia moral. Sin embargo, el pueblo venezolano —a pesar de la indolencia y la galbana— ha decidido organizarse en la resiliencia, no en la violencia [por ahora]. La tragedia nos ha quitado el ruido del mundo. Y en ese silencio reapareció lo esencial. Cada piedra levantada no era solo un gesto físico. Era una declaración ética. Cada vida salvada, en tierra arrasada, se ha convertido en una afirmación contra la omisión, orgullo como unidad grupal.
Porque hay momentos en los que la humanidad deja de ser concepto y se vuelve acto. Acto de presencia, acto de rebeldía, acto de amor contra el abandono, la pérdida y la destrucción. Acto de redención contra el odio y la apatía. Pero nadie subestime al pueblo sufrido y noble, hastiado de abandono. No es un terremoto natural. Es un terremoto cultural. Y las réplicas culturales suelen mover y terminar de tumbar los muros de las tiranías.
El primer rescate: la madre, el bebé entre el polvo
En una calle estrecha, una mujer fue escuchada golpeando una lámina metálica. No gritaba. Golpeaba. Era el único lenguaje posible bajo los escombros. Los rescatistas tardaron casi tres horas en llegar a ella. Cuando la encontraron, no pidió auxilio. Preguntó por su hijo. El niño estaba a pocos metros atrapado por el derrumbe. Lo sacaron después de excavar con las manos desnudas.
Uno de los rescatistas perdió sensibilidad en tres dedos durante noche. Nunca lo mencionó. Nadie lo registró. Pero el niño respiró. Y eso fue suficiente. Y llegó el segundo, el tercero y los demás rescates. Sin equipos, sin taladros, sin picos, ni agua, ni pala. Con sangre, sudor y lágrimas.
Un camión de bomberos llegó sin sistema hidráulico. No había presión. Pero había hombres. Uno de ellos utilizó una manguera como cuerda. Otro improvisó un sistema de palancas. Durante horas y días han trabajado sin descanso. Lograron sacar a un anciano. El bombero se sentó en el suelo y no pudo levantarse. No por cansancio físico. Sino por la conciencia de lo que había ocurrido: habían salvado una vida sin herramientas, pero con la fuerza del deber.
Todos aplaudían y celebraban la vida que sabían estuvo a segundos de la muerte. Entonces llegó un bebé entre los escombros. EL milagro. Un sonido. Débil. Persistente. Un llanto. Los rescatistas detuvieron todo. El aire. El movimiento. El tiempo. Allí, entre dos muros fracturados, apareció un recién nacido. Respirando. Cubierto de polvo. Desnudo. Sostenido por la fragilidad de lo imposible. Nadie habló. Porque la vida, en ciertos momentos, no necesita interpretación. Solo presencia.
Ese niño, hijo de una nación rota, hizo otro milagro: la gloria, la alegría de la vida, la bondad del bravo pueblo, que no solo le devolvió la vida sino la memoria eterna y la gratitud a una tierra que habla sobre manos desnudas, pero alma plena.
La otra ciudad: el Estado ausente
Pero toda ciudad tiene su sombra. Y Venezuela ha tenido que convivir con la suya. Lo impropio y perverso es que ha aprendido a cobijarse en medio de un reprochable y amargo desquite. Durante años, bajo la superficie de la vida cotidiana, se ha consolidado una segunda tragedia: la institucional. No la del terremoto. La del abandono. La del reemplazo silencioso de las prioridades del Estado.
Donde debía haber prevención, hubo improvisación. Donde debía haber planificación, solo discurso. En vez de haber hospitales modernos, lo que prevalece es desolación. En lugar de ambulancias, aparecieron vehículos blindados. Donde tenían que estar enfermeras, galenos, bomberos equipados y rescatistas, ha habido esbirros, cubanos, tortura y persecución.
Donde debía haber protección civil, hubo debilitamiento estructural. No fue un error. Fue un sistema. Una lógica de supervivencia política que desplazó la protección de la vida. Y se permutaron hospitales por tanquetas, medicamentos por balas, ambulancias por fusiles y herramientas por trajes antimotines. Un Estado que confundió gobernar con controlar, creó la violencia y la guerra por encima de la paz; maltrató a héroes de cartón y hojalata como enemigos; a jóvenes hambrientos de libertad y de alimentos con el sable de la tortura.
Es el derecho a la vida condicionado a una arenga: patria, socialismo o muerte. Y en ese proceso injusto e innoble, vivir se hizo exhausto y miserable. Porque no hay manera de explicar una Misión Vivienda con casas de espuma, anime, estructuras sin columnas y techos de cartón.
Cada carencia tiene una historia. Cada historia tiene una decisión excluyente, ideológica e inocultable. Y cada decisión tiene una consecuencia. El terremoto no creó la vulnerabilidad. La reveló y puso en evidencia que la pobreza y la piedad no le son propias a los que hablan de revolución, igualdad y justicia social. Es el Estado retórico, es el Estado rojo rojito, el Estado portátil, es el Estado ausente, de anime, espuma y cartón.
La ciudad de la compasión
Frente a esa realidad, surgió otra ciudad. No visible en mapas. No registrada en presupuestos. Pero absolutamente real. La ciudad de los que no tenían poder, pero sí humanidad. Rescatistas trabajando sin descanso. Médicos improvisando quirófanos. Vecinos organizando cadenas humanas. Madres compartiendo agua. Jóvenes cavando con uñas rotas. Y un país extendido fuera de sus fronteras.
La diáspora venezolana ha respondido sin cálculo. Sin distancia emocional. Respondió como responde la sangre. También llegó el mundo. No como geopolítica. Sino como humanidad. Equipos de rescate, médicos, voluntarios. Manos. Siempre manos. Manos desnudas, corazones enguatados de amor y de coraje, que no preguntaban de qué país es el dolor. Voces que se niegan hacer propaganda por respeto a su misión; pies que no se ajustan una bota represiva y uniformes que no obedecen la orden de bajar la guardia o allanarse frente el grito o el silencio que clama !ayuda!
La tierra habló, y aunque parezca lo contrario, nos aleccionó. Dejó de ser enemiga porque la tierra no es enemiga. El mar no es enemigo. Las montañas no son enemigas. El enemigo es la indiferencia. La negligencia acumulada. La pérdida de la cultura ciudadana. Incluso allí, entre ruinas, se mantuvo intacta la voluntad de un pueblo de no abandonar al otro. “Cuando falta gobierno sobra pueblo”, sentenció el justo, el noble, el redimido, el que antepone la furia de la nobleza sobre la furia de la naturaleza. Es la ciudad que, aun siendo devastada, conserva la luz del amor y la esperanza. Es la ciudad de la compasión.
La victoria silenciosa. Oremos…
Hoy corresponde orar por quienes perdieron familiares, por quienes permanecen bajo los escombros, por los rescatistas que arriesgan sus vidas y por tantas familias que enfrentan horas de incertidumbre. Corresponde igualmente agradecer toda mano solidaria que se extienda hacia Venezuela, venga de donde venga, sin prejuicios ni cálculos políticos. Porque el dolor humano no tiene fronteras. Al final, los terremotos terminan. Las réplicas cesan. Los edificios vuelven a levantarse. Las ciudades renacen. Lo verdaderamente decisivo es determinar qué clase de nación emerge tras la tragedia.
Ojalá esta sacudida nos impulse finalmente a comprender que el mayor desafío de Venezuela nunca ha sido encontrar “El Dorado”. Tampoco trepar el poder. Ha sido comprender que ningún país puede aspirar a ser verdaderamente próspero mientras tolere la corrupción, la impunidad y el desprecio por el bien común. La indignidad no paga.
Lo que ahora permanece es el niño que nació dos veces, la madre que sobrevivió al derrumbe, la memoria de los caídos, por quienes no vale la pena volver a morir, sino volver a nacer para reconstruir y apartar al malvado. Permanece el rescatista que no preguntó por colores y al que habrá que agradecer eternamente. El bombero sin agua. Permanece el médico sin descanso. Permanece el peregrino que ha dejó el pecho y el pellejo por salvar un niño, una madre, un alma atrapada en el cemento. Permanecen cada uno de nosotros para regresar a casa y reconstruir una nación fatigada de un Estado ausente.
Permanece la verdad más luminosa: Venezuela no está definida por sus ruinas, sino por sus manos. Y quizás, algún día, cuando la historia mire hacia este instante con la distancia del tiempo, no recordará únicamente el terremoto. Recordará algo más decisivo: que, en medio de la fractura de la Tierra, un pueblo decidió no fracturarse moralmente. Permanece la gratitud eterna al pueblo glorioso de Venezuela y los pueblos nobles hermanos, por poner su mano desnuda en su alma buena, por nosotros. Esa decisión —silenciosa, anónima, profundamente humana y gentil— ha sido la forma más elevada de victoria.
Un llanto que llama por luz, paz y alegría
Aunque algunos no escuchan el llanto del pueblo, otros se han elevado como ángeles y se han hecho cuerpo presente para traer aire, luz y pulmón a quienes le han despojado todo.
La historia demuestra que ningún pueblo permanece indefinidamente prisionero de sus tragedias cuando decide reencontrarse consigo mismo. Y ese reencuentro no es físico, sino profunda y sensiblemente ético y gentil. La unidad no basta en la mano amiga que te asiste debajo de los escombros. La unidad está en salir de los escombros del nihilismo, la anomia y la pasividad.
Venezuela decidió por el camino de la vida, de la humanidad. Es eso lo que viene: un sensible renacer histórico. Jamás olvidaremos el terremoto, no por lo que destruyó sino por lo que finalmente parió: el nuevo andar del bravo pueblo, que abraza y ama, que no odia y no rechaza.
Es hora del volver a casa. Un sonido débil, un llanto nos llama. Es el de ese recién nacido, el de los hijos de la patria rota que, volviendo a la vida, imploran otro futuro, otro país, otra oportunidad.
“Hay momentos en que la humanidad se mide no por lo que construye, sino por lo que es capaz de salvar cuando todo se derrumba. Porque en el instante en que la tierra se abre, el verdadero dilema no es sobrevivir, sino decidir si seguimos siendo humanos”, Albert Camus.
Reconstruyamos la patria nueva, buena y próspera.
@ovierablanco – vierablanco@gmail.com | Abogado / Exembajador en Canadá.
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Cuando Andreína Sarmiento se enteró del doble terremoto que azotó al estado La Guaira el pasado 24 de junio, intentó comunicarse —sin éxito— no menos de cien veces con su hermana, Ana Luz. Cada llamada sin respuesta le confirmaba su corazonada: “Algo le pasó”.
Andreína no esperó a tener información oficial. Su mal presentimiento era más fuerte que cualquier noticia. En menos de una hora organizó un morral con cosas esenciales y algo de dinero. Para ella, los 656 kilómetros que separan a Mérida de Caracas no fueron un obstáculo y sin importar la distancia, tomó el primer autobús que encontró con destino a la capital.
El viernes a las 5:00 de la mañana ya estaba en la Terminal La Bandera. Unos familiares la esperaban para juntos bajar a La Guaira. Con una mezcla extraña entre valor, miedo y esperanza, los familiares de Ana Luz bajaron a La Guaira dispuestos a encontrarla a ella, a su esposo y también a su hijo Kleiber Moran, de tan solo dos años.
Su instinto no la engañó. Estando en Caracas se enteró de que el edificio Los Corales Garden 1 se desplomó por completo tras los dos terremotos con magnitudes de 7,2 y 7,5, respectivamente, que dejaron más de 13 000 edificaciones destruidas, según cifras oficiales.
Una familia contra un siniestro
Andreína recuerda cada momento de la intensa búsqueda que emprendió para encontrar a su hermana, su cuñado y su sobrino. Cuando llegó al edificio encontró ruinas. Detalla que no había nadie: ni rescatistas, ni gente buscando entre los escombros, ni maquinaria. Solo ella y sus hermanos, aferrados a la esperanza de encontrar a los familiares que estaban debajo de un amasijo de escombros.
“Como pude, me metí por la parte de atrás del edificio. Me decían que no porque era muy peligroso, pero la que estaba ahí atrapada era mi hermana y a mí ella me duele”, dijo.
Andreína detalla que el edificio de siete pisos se hundió por una parte, pero otra quedó casi intacta. Escalando entre escombros y levantando restos de paredes, mesas, sillas y electrodomésticos pudo llegar al apartamento de su hermana. Sabía que estaba en el lugar correcto porque encontró cosas personales de ella y también heces humanas recientes. Sin embargo, fracasaron en ese primer intento. Ese día los agarró la noche y no siguieron buscando.
El día sábado, bajaron temprano a La Guaira para aprovechar al máximo la luz del sol, pero tampoco los hallaron. La desesperación se apoderó de ellos con el paso de las horas. Pero no se dieron por vencidos.
“El día sábado me metí otra vez a los escombros del edificio. Ya olía mal. Olía a algo podrido, pero yo no podía dejarlos enterrados ahí, yo sentía que tenía que encontrarlos, vivos o muertos”, narró Andreína.
La llamada que cambió la historia
Sarmiento relata que el día domingo volvieron a bajar para continuar con la tarea que emprendieron desde el 25 de junio: remover escombros. La diferencia es que ya ese día había rescatistas del extranjeron, que no hallaron señales de vida por ningún lado del Coral Garden 1.
Este lunes 29 de junio, también bajaron a La Guaira, pero regresaron a Caracas más temprano con la intención de volver al estado más afectado por los sismos el martes en horas de la mañana. Pero una llamada lo cambió todo. Pasadas las 12 de la medianoche de este martes 30 de junio, le anunciaron que se había concretado uno de los tan ansiados rescates por los que trabajaron arduamente días atrás.
“¡Andreína sacaron a Kleiber, sacaron a Kleiber. Ya va para el hospital!”, le dijeron. Ella no podía creerlo.
Kleiber Morán sobrevivió cinco días bajo los escombros. Cinco días solo, sin agua, sin luz, sin comida, sin el cuidado de sus padres. Cinco días respirando polvo en un mundo hostil que no se parecía en nada al cuarto de juguetes que tenía antes del doblete sísmico.
El operativo de rescate de Kleiber estuvo a cargo del equipo de rescatistas de Jordania, cuando las posibilidades de encontrar a alguien con vida en ese lugar eran casi nulas.
La tía del niño narra que lo encontraron arriba de una pipa —envase para contener agua— Andreína asegura que vio esa pipa todas las veces que se metió a los escombros, pero ahí no había nadie o él, por miedo, estaba muy bien escondido.
El nombre de Kleiber Moran es el primero en la lista de pacientes que llegó al Hospital Domingo Luciani de El Llanito proveniente del estado La Guaira, este martes.
“Yo vine a ver si era mi sobrino, aún me quedaban dudas, porque nosotros lo buscamos demasiado, pero al verlo él me miró y dijo: “La tía ella, la tía ella”, detalla Andreína, que era como el infante se refería a su pariente cada vez que hablaban.
Kleiber está bajo observación en la emergencia pediátrica de politraumatizados del Luciani. Aunque solo sufrió raspones, su condición es favorable.
Funcionarios de la Ley Orgánica de Protección al Niño, Niña y Adolescente (Lopnna) visitaron a Andreína para gestionar una custodia temporal
La tía del pequeño Kleiber explicó que, en algunos momentos, entra como en shock momentáneo: “De repente se pone a llorar. Yo lo logro calmar, me imagino que se acuerda de lo que pasó”.
Aunque pocas horas han pasado desde el rescate, Sarmiento reflexiona a futuro en la historia que debe contar a Kleiber. Considera que no debe ocultarle lo sucedido, porque el niño “tiene derecho a saber qué pasó con sus padres”.
Tanto Ana Luz como el padre de Kleiber aún no han aparecido. Los cuerpos de rescate y otros miembros de la familia los siguen buscando. La esperanza en otro milagro se mantiene firme.
“Si mi hermana se fue de este mundo, a su hijo no le faltará nada”, promete Andreína a su hermana Ana Luz, aunque sigue guardando la fe de que ella y su esposo aparezcan con vida y que todos juntos puedan reiniciar sus caminos en el estado Mérida.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
La articulación entre la Iglesia católica, fundaciones, voluntarios civiles y organizaciones humanitarias define el modelo de respuesta logística para atender a los afectados por los terremotos del pasado 24 de junio. Mediante alianzas estratégicas, estos equipos coordinan la recepción, clasificación y distribución de suministros básicos, garantizando que la asistencia llegue de forma directa a las comunidades afectadas por la contingencia.
Uno de estos puntos está en la Iglesia San Bernardino de Siena, en Caracas, la cual funciona como centro de acopio. Este centro está respaldado directamente por la organización religiosa Cáritas Venezuela y trabaja bajo la modalidad estricta de recepción de donativos materiales, por lo que el personal no gestiona ayudas económicas en el templo.
Los equipos de voluntarios reciben de la ciudadanía ropa, lencería, artículos de higiene persona, insumos médicos y alimentos no perecederos. Estos últimos registran la mayor rotación dentro del inventario, pues el centro de acopio los despacha de forma inmediata hacia las zonas afectadas para agilizar la asistencia alimentaria de los damnificados.
Coordinación inmediata y redes de distribución
La iglesia San Bernardino de Siena activó su centro desde el mismo día de la tragedia, tras la autorización del presbítero Numa Rivero. Liceth González, coordinadora de Cáritas Parroquial San Bernardino de Siena, explica que, ser la única parroquia operativa en la zona afectada, el equipo de Cáritas Parroquial estableció contacto directo con los residentes para levantar una data de quienes habitan cerca del templo y pernoctan afuera de los edificios por daños estructurales.
La operación logística funciona bajo una red de alianzas civiles e internacionales. La organización VIHvos y VIHsibles administra los donativos de insumos médicos, medicinas, tapabocas y guantes. Por su parte, la estructura de Cáritas Parroquial, liderada por 11 personas y un grupo de colaboradores, recibe, selecciona y empaqueta calzado, ropa y lencería, descartando lo deteriorado porque “sería perjudicial y además de eso contaminar”.
González indicó que la movilización de los suministros responde a la demanda inmediata. El centro despacha los alimentos no perecederos hacia los sectores afectados o puntos de acopio en La Guaira, El Junquito, Quinta Crespo, El Paraíso y Coche. Para el traslado, la parroquia emite un salvoconducto improvisado para tener control de a quién entregan los insumos y “garantizar que le llegue directamente a las víctimas”.
Cáritas Parroquial San Bernardino mantiene comunicación con el coordinador Gerardo Suárez para enlazar con Cáritas Caracas y Cáritas Venezuela. Esta conexión permite abastecer a otras sedes cuando presentan faltantes, aunque el centro de San Bernardino cuenta con inventario suficiente gracias a las donaciones de la comunidad.
El centro también provee alimentación a los funcionarios policiales de la zona y dotó de ropa a médicos locales.
Ante las solicitudes de aportes económicos, el personal redirecciona a los donantes hacia Cáritas Venezuela, ya que en la parroquia no reciben donativos monetarios, pues González aclara que “todo eso se gestiona a través de Cáritas Venezuela”.
El activismo y el gremio médico unidos al mismo propósito
El equipo médico y activistas por los DD. HH. también estructuran la respuesta logística dentro del templo. Diego Rosal, médico y oficial de Salud del proyecto VIHvos y VIHsibles de la organización PP Foundation, coordina la recolección e inventario de insumos médicos para su distribución en hospitales, centros de acopio y refugios del Área Metropolitana de Caracas, La Guaira y otros, enfocándose en las poblaciones afectadas e incomunicadas.
La recepción de donativos abarca una gama amplia de productos farmacológicos y quirúrgicos. Los pares educadores del proyecto –que incluye a médicos y activistas– clasifican el material clínico como catéteres, llaves de tres vías, adhesivos, gasas, alcohol, agua oxigenada, tubos de ensayo y kits de laparotomía para atender cualquier requerimiento de salud en el contexto de la emergencia.
La demanda de suministros experimenta variaciones conforme avanzan los días desde el evento sísmico. El oficial de salud explica que los primeros días exigieron insumos específicos para canalizar “síndromes de aplastamiento, fracturas múltiples, todo lo que es el contexto de tratamiento de politraumatizados”. Actualmente, la estrategia cambia y el equipo se aboca a la recaudación de antiinflamatorios y antibióticos, tanto para administración por vía oral como parenteral.
La planificación médica contempla un escenario de asistencia a mediano plazo que se extenderá entre tres y seis meses. Durante este período, la organización prioriza la recaudación de tratamientos para afecciones crónicas, incluyendo medicamentos tiroideos, hipoglucemiantes, antihipertensivos y “antiinflamatorios por cantidades industriales”.
Organización de kits de higiene y atención a sectores vulnerables
El voluntariado civil complementa la clasificación de los suministros dentro de la misma sede parroquial. Ninfa Noriega, voluntaria de la Fundación Caixa, coordina al equipo encargado de gestionar los donativos de artículos de limpieza e higiene personal.
El equipo de trabajo recopila y organiza toallas sanitarias, toallitas húmedas, papel higiénico, toallas de papel, jabones, crema dental e hisopos. Asimismo, los voluntarios clasifican pañales para niños y adultos mayores. Noriega detalla que los donativos de la fundación van destinados específicamente a Caraballeda, en La Guaira, debido a que este sector registra una menor atención y la ayuda no llega con la misma frecuencia que a otros puntos.
La preparación de insumos atiende también las necesidades de los nuevos centros de resguardo en la capital. El personal organiza artículos de higiene y limpieza para abastecer el refugio que se ha ido activando en las instalaciones del Hotel Ávila, a donde trasladan de forma progresiva a los afectados por los sismos.
La atención a la población infantil constituye una prioridad dentro de la cadena de clasificación, por lo que el equipo ensambla kits especiales para bebés con teteros y otros productos esenciales. Sin embargo, la coordinadora advierte sobre el desabastecimiento de ciertos rubros sensibles y señala que les “hace falta muchísimo lo que es alimentos para los neonatos, para los bebés, las fórmulas de niños”.
La estrategia de distribución del voluntariado evalúa constantemente las zonas que reciben asistencia para evitar la duplicación de esfuerzos logísticos. Tras constatar que espacios como el Parque del Oeste ya cuentan con un volumen importante de suministros, el equipo redirecciona los kits de limpieza e higiene hacia los sectores que permanecen desatendidos en la coyuntura actual.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
A seis días de los devastadores sismos que sacudieron el país el pasado 24 de junio, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, ofreció este martes un balance oficial que sitúa en 1943 las víctimas fatales y en 10 571 el número de heridos.
Durante su alocución cerca de las 2:00 de la tarde, el parlamentario destacó que la frecuencia y magnitud de las réplicas está disminuyendo progresivamente y que hasta el momento se contabilizan 689 movimientos secundarios (86 registrados el domingo y 30 el lunes).
La magnitud de la tragedia mantiene a 15 866 ciudadanos en situación de refugio y a un total de 28 380 personas afectadas entre campamentos y pacientes hospitalizados. El Estado reporta haber brindado asistencia a 80 870 grupos familiares.
En cuanto a la infraestructura, el impacto habitacional es crítico: 855 estructuras resultaron dañadas en todo el territorio nacional. De ellas, 189 sufrieron colapsos totales y 666 presentan daños parciales severos. El estado La Guaira concentra la mayor destrucción, pues registra 158 de los colapsos totales. Para atender la contingencia, se encuentran operativos 14 refugios en la costa guaireña y 55 distribuidos entre Caracas, Miranda y otras entidades afectadas.
El milagro entre los escombros y la ayuda internacional
En medio del despliegue de las operaciones de salvamento en las zonas críticas de Caraballeda y Catia La Mar —donde se estimaba la presencia de 30 000 personas al momento del doble sismo—, las autoridades informaron que 19 861 personas lograron salvarse. De ellas, entre 13 400 y 13.500 evacuaron por medios propios, mientras que 6.461 han sido extraídas de los escombros por los cuerpos de rescate.
El último hito de estas extenuantes jornadas ocurrió durante la madrugada de este martes, con el rescate milagroso de un bebé de 2 años de edad.
Por otra parte, el restablecimiento de los servicios públicos avanza de forma desigual: el sistema eléctrico en La Guaira se encuentra recuperado casi en su totalidad, pero las telecomunicaciones aún promedian entre un 24% y un 70% de operatividad, según la empresa prestadora de servicio.
La emergencia cuenta con el soporte de 51 delegaciones internacionales, que suman 3.660 rescatistas extranjeros, 148 unidades caninas y más de 707.000 toneladas de asistencia humanitaria. Asimismo, para mitigar el impacto psicológico de la población, se mantiene activa la línea telefónica 0800-AYUDA-01 (0800-29832-01) enfocada en atender trastornos de ansiedad y estrés postraumático derivados de la tragedia.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
El cuerpo de la sobrina de Julieta González fue rescatado del edificio Playa T en el sector de Playa Grande en La Guaira el pasado 25 de junio, un día después que dos terremotos superiores a magnitudes de 7.0 azotaran a Venezuela y dejaran cerca de 2.000 muertos, de acuerdo a cifras oficiales.
El cadáver de Melida Vanessa Marrero y el de su esposo Raymond Parra fueron rescatados e identificados, pero luego de seis días de la tragedia, González no sabe dónde se encuentran.
“A ellos los sacaron a las 6 de la tarde e incluso los llevaron a un sitio donde les emitieron un certificado de defunción, de ahí los pasaron al Hospital Naval y luego a los Silos del puerto de La Guaira, pero después de ahí no sabemos más nada”, dijo González desde la morgue de Bello Monte, donde bajo una carpa aguardaba por un respuesta coherente por parte de las autoridades.
La tía de la fallecida sostuvo que incluso los identificaron con los números 67 y 68.
“Supuestamente los iban a llevar a una funeraria en Sabana Grande, pero allí tampoco saben nada”, agregó.
González expresó que si alguien conoce del paradero de sus familiares pueden llamar al 04141315083.
“No queremos que los metan en una fosa común, queremos darle cristiana sepultura”, apuntó González.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país
La Federación Médica Venezolana (FMV) hizo un llamado urgente a la comunidad nacional e internacional para coordinar la recuperación de la red hospitalaria del país y salvaguardar la vida de los ciudadanos, tras sufrir dos devastadores terremotos el pasado 24 de junio.
Douglas León Natera, presidente de la FMV, alertó: “la situación humanitaria en Venezuela es crítica. Los sismos y sus réplicas colapsaron edificaciones residenciales, comerciales, hospitales, sanitarias y viviendas”.
El galeno dijo que la reconstrucción de la infraestructura y la restitución del sistema de salud —que abarca 302 hospitales y 7.500 ambulatorios— se estima en 180.000 millones de dólares.
Los reportes preliminares registran la destrucción total de al menos 100 edificios residenciales y daños severos en más de 350 estructuras, incluyendo hoteles, escuelas y recintos hospitalarios.
El balance humano proyecta entre 5.000 y 10.000 fallecidos, un número indeterminado de heridos y desaparecidos, y más de 100.000 damnificados que requieren atención inmediata.
Insumos médicos de extrema urgencia
Ante la magnitud de la catástrofe, León Natera destacó la necesidad inmediata de asistencia humanitaria para abastecer los centros de salud.
Inmunización: Vacunas infantiles y contra la influenza.
Material médico-quirúrgico y textil: Lencería clínica, uniformes, batas, tapabocas, gorros y botas.
Higiene y primera necesidad: Pañales, productos de aseo personal y material de limpieza.
Alta tecnología médica: Equipos quirúrgicos, sistemas de imagenología, radiología digital, tomógrafos, resonadores magnéticos nucleares y ecosonografía.
La institución gremial reiteró que la ayuda internacional es indispensable para evitar el colapso definitivo de la red asistencial y garantizar el derecho a la salud de las decenas de miles de afectados.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
La periodista Nadeska Noriega informó este martes 30 de junio que un contingente de respuesta de la Fuerza Aérea de Estados Unidos asumió la operación de la torre de control del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, luego de que la infraestructura resultara afectada por los terremotos registrados la semana pasada.
Durante una entrevista concedida al programa La Conversa con la Luz de la Alianza Rebelde Investiga, conducido por el director editorial de Runrun.es Luis Ernesto Blanco, Noriega afirmó que el contingente estadounidense que estaría encargado de forma temporal de las operaciones de la torre está integrado por miembros del Comando de Respuesta de Contingencia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, quienes también instalaron un centro de comando y un hospital de campaña dentro del aeropuerto.
Según la periodista, el hospital tendría capacidad para atender a unas 100 personas y serviría como apoyo ante la saturación de la red hospitalaria de La Guaira.
Centro de comando en la pista principal
“Los hospitales en Vargas no pueden atender la cantidad de casos que les llega”, afirmó Noriega, quien señaló que pacientes también están siendo trasladados a centros asistenciales de Caracas y Los Teques.
Asimismo, la periodista indicó que el contingente trabaja en la cabecera de la pista principal del aeropuerto, identificada como la 10-28, donde se instaló un puesto de comando para coordinar las operaciones. También explicó que la Torre de Control sufrió daños parciales tras el terremoto, especialmente en los sistemas de antenas y comunicaciones, lo que dejó inoperativa la infraestructura durante varias horas.
La última palabra la tienen EE. UU.
Durante la entrevista, Blanco mencionó declaraciones ofrecidas por Natalia Molano, vocera del Departamento de Estado de Estados Unidos, quien aseguró que la presencia del personal estadounidense corresponde a un apoyo operativo temporal y no implica que Washington haya asumido el control del aeropuerto.
Sin embargo, Noriegaafirmó que, según sus fuentes en Maiquetía, los militares estadounidenses tienen un rol determinante en las operaciones de la Torre de Control.
“Los funcionarios venezolanos terminan solicitándole permiso no al Instituto Nacional de Aeronáutica Civil, sino a los militares estadounidenses. La última palabra la tienen los militares estadounidenses”
Denuncia cierre del espacio aéreo venezolano
La periodista también se refirió a un NOTAM —aviso emitido por las autoridades aeronáuticas para informar sobre condiciones que afectan las operaciones de vuelo— publicado, según dijo, por el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC).
De acuerdo con Noriega, el documento establecía el cierre del FIR Maiquetía hasta el 2 de julio.Añadió que el FIR (Flight Information Region) de Maiquetía comprende el espacio aéreo venezolano y cuestionó la medida al considerar que supondría restringir las operaciones aéreas en todo el país.
Hasta el momento, las autoridades venezolanas no han ofrecido información detallada sobre el estado de la torre de control de Maiquetía ni sobre el alcance de la participación del contingente estadounidense en las operaciones aeroportuarias. Tampoco se ha emitido un pronunciamiento oficial en respuesta a las afirmaciones realizadas por Noriega durante la entrevista.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.