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EEUU en alerta ante artefactos explosivos enviados a los Clinton, Obama y CNN

UNA SERIE DE EXPLOSIVOS enviados a las viviendas de Hillary Clinton, del ex presidente Barack Obama y a las oficinas en Nueva York del canal de noticias CNN fueron interceptados por las autoridades el miércoles, en un inusual intento de violencia contra figuras despreciadas por sectores de derecha.

El gobernador del estado de Nueva York Andrew Cuomo dijo que su despacho recibió un paquete similar, y el FBI dijo que la Deborah Wasserman Schultz, representante demócrata por Florida, también recibió uno aunque en ese caso parece ser que fue porque el responsable puso la dirección de ella como remitente y fue devuelto. El lunes se había descubierto un artefacto similar a la entrada de la vivienda del filántropo multimillonario George Soros.

No ocurrió explosión alguna y nadie resultó lastimado.

Los sucesos tienen lugar dos semanas antes de unas elecciones que servirán de referéndum sobre el gobierno de Donald Trump y en que la balanza del poder en el Congreso podría cambiar. Todo esto en medio de un ambiente político ya crispado en torno a temas candentes como inmigración, los jueces de la Corte Suprema y la violencia sexual contra las mujeres.

La Casa Blanca rápidamente condenó los envíos. El vicepresidente Mike Pence escribió en Twitter que ello “no tiene lugar en este país” y el presidente Donald Trump lo retuiteó con el comentario: “Estoy totalmente de acuerdo”.

Todos los artefactos parecen venir de la misma persona, dijo John Miller, director del departamento antiterrorista de la Policía de Nueva York.

Se pudo conocer que el dispositivo enviado a las oficinas de CNN en Manhattan está construido con un tubo y cables, y que parece ser el mismo tipo de dispositivo dirigido a los Obama y los Clinton.

CNN evacuó sus oficinas en Manhattan debido al hallazgo de un paquete sospechoso y una unidad de explosivos de la policía acudió al lugar.

Un funcionario informó a The Associated Press del hallazgo de un “artefacto explosivo funcional” en la casa de Hillary y Bill Clinton en Chappaqua, una localidad suburbana de Nueva York.

La fuente, que pidió permanecer anónima, dijo a la AP que los explosivos enviados a los Clinton parecía semejante a uno descubierto el lunes en la casa del filántropo Soros.

Se informó que el remitente de uno de los paquetes enviados era Wasserman Schultz, una referencia irónica a la ex presidenta del Comité Nacional Demócrata.

El Servicio Secreto dijo que el paquete dirigido a Obama fue interceptado el miércoles en Washington.

Ni Clinton ni Obama los recibieron ni estuvieron en riesgo de recibirlos debido a las medidas de seguridad que los protegen, dijo el Servicio Secreto en un comunicado.

La Casa Blanca condenó los “recientes intentos de ataques violentos al presidente Obama, el presidente Clinton, la secretaria (de Estado) Clinton y otras figuras públicas”

“Estos actos de terrorismo son despreciables y cualquiera que resulte responsable será procesado conforme a la ley”, dijo la secretaria de prensa Sarah Sanders en un comunicado en que aludió a los remitentes de los paquetes como “estos cobardes”.

Hillary Clinton no se encontraba en la casa familiar porque asistía a eventos de campaña demócratas en Florida el martes y miércoles. Estuvo en un acto con la ex secretaria de Salud Donna Shalala, candidata al Congreso por Florida.

Bill Clinton se encontraba en la casa en Chappaqua en momentos que se interceptó el paquete en instalaciones del condado de Westchester, dijo una persona familiarizada con sus horarios. La persona dijo que el artefacto fue examinado en esas instalaciones y nunca estuvo cerca de la casa de los Clinton.

Un funcionario policial dijo a la AP que el paquete hallado en la casa de Soros parecía ser una bomba de tipo caño y se encontraba en un paquete colocado en un buzón fuera de los portones de la finca. Un empleado de Soros lo abrió cerca del portón, dijo el funcionario.

 

*Con información de Associated Press

Más de 1.800 personas han sido asesinadas en Estados Unidos por violencia armada en 2018

tiroteoenflorida

El tiroteo de este miércoles en una escuela secundaria en Parkland (Florida), en el que murieron al menos 17 personas, es el último ejemplo de una retahíla de cifras escalofriantes. Las estadísticas son un duro golpe de realismo detrás de la epidemia de violencia armada que sacude sin fin Estados Unidos.

En el mes y medio que lleva 2018, han fallecido en EE. UU 1.816 personas por violencia armada, según los últimos datos del registro de la organización Gun Violence Archive. Eso equivale a una media de 40 muertos al día.

En escasas seis semanas, otras 3.125 personas han resultado heridas por disparos. Ha habido 30 tiroteos masivos, que reciben esa consideración cuando hay al menos cuatro muertos. La organización no incluye en sus estadísticas los fallecidos por suicidio. Dentro de esos parámetros, la entidad estima que 15.590 personas murieron por armas de fuego en 2017 en la primera potencia mundial.

La avalancha de muertos por violencia armada convierte a EE. UU en una anomalía en el mundo desarrollado. No hay una cifra exacta de cuántas armas de fuego hay en manos de civiles en el país, pero se calcula que son unas nueve por cada diez ciudadanos. Es la proporción más alta del planeta. El Servicio de Investigación del Congreso calculó, que hace tres años antes había unas 310 millones de armas. La población estadounidense es de 321 millones de habitantes.

La Constitución estadounidense ampara el uso de las armas de fuego, que muchos consideran parte del ADN nacional. Sus defensores recelan de cualquier cambio que dificulte la compraventa por una combinación de temor al intervencionismo del Gobierno y la creencia que las armas son necesarias para defenderse. El presidente Donald Trump y los republicanos defienden esa posición. Cada matanza acentúa la brecha con el colectivo que opina lo contrario: que para atajar la epidemia de violencia lo que hay que hacer es limitar el acceso a pistolas y rifles.

El ritual se repite tras cada matanza en los últimos años. Inicialmente, impulsado sobre todo por políticos demócratas y organizaciones sociales, se reabre el debate sobre un mayor control a las armas de fuego. Pero se tarda poco en que el debate decaiga por la falta de consenso entre los legisladores propiciado por el rechazo de muchos políticos conservadores y la presión del poderoso lobby de la Asociación Nacional del Rifle (NRA en sus siglas inglesas).

El último cambio legal significativo en todo EE. UU es de 2007, cuando se amplió la prohibición de venta a personas con trastornos y delincuentes.

En un primer momento, la muerte en 2012 de 20 niños y seis adultos en una escuela de Connecticut pareció un punto de inflexión. El entonces presidente, Barack Obama, propuso extender el control de antecedentes, prohibir los rifles de asalto y limitar el número de balas. Pero no logró los votos suficientes en el Congreso.

Tampoco cambió nada la muerte de 49 personas en 2016 en una discoteca de Orlando, en ese momento el peor tiroteo múltiple en EE. UU. Un simpatizante yihadista empuñó un rifle semiautomático. Resurgió el debate sobre la prohibición a la venta de esos fusiles, que se había levantado en 2004, pero superada la conmoción y varios votos fallidos, el impulso reformista decayó.

Y tampoco ha alterado suficientemente las conciencias de los legisladores nacionales la muerte de 58 personas el pasado mes de octubre en Las Vegas, el peor tiroteo de la historia del país. Un hombre abrió fuego desde la ventana de su hotel a los congregados en un festival de música country. Tenía una veintena de armas y trucó algunas de ellas para hacer que los rifles semiautomáticos dispararan con la potencia de un automático. En los días posteriores a la matanza, la cúpula republicana del Congreso e incluso la NRA apoyaron dificultar la venta del objeto utilizado para alterar los rifles, pero el debate se ha difuminado desde entonces.

Thomas Shannon: “La paciencia de la región con Venezuela tiene un límite”

 

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 Por: Jan Martínez Ahrens

 

Uno de los cerebros de la diplomacia estadounidense analizó para EL PAÍS  la situación en Venezuela, Cuba y México.

Thomas Shannon es el gran referente de Latinoamérica dentro del Departamento de Estado. Diplomático de carrera, embajador, subsecretario con George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump, su visión destila años de conocimiento directo del hemisferio. Con ese bagaje, habla con prudencia, pero sin titubeos sobre Venezuela, Cuba, el muro de México, los dreamers y el propio Trump. Es miércoles en Nueva York y Shannon acaba de participar en el Foro de Economía Global, organizado por la Cámara de Comercio España-EE UU y EL PAÍS.

Pregunta. El presidente Trump quiere construir un muro fronterizo con México y que lo paguen los mexicanos. En amplios sectores de México esto se percibe como una agresión.

Respuesta. El presidente no lo entiende como un acto de agresión sino como una manera de asegurar al pueblo americano que, después de décadas de inmigración ilegal, tenemos la capacidad de saber quién está entrando en los EE UU y por qué. No es un rechazo al migrante, sino que queremos tener capacidad de asegurar nuestras fronteras y que la migración sea ordenada, segura y predecible. Entiendo las sensibilidades y las respeto. El asunto, de hecho, tiene su controversia en el Congreso de EE UU.

P. Al Congreso le ha pedido el presidente que financie el muro con México a cambio de regularizar a los dreamers.

R. Hasta cierto punto todos somos dreamers. El propio presidente Trump ha mostrado su cariño y respeto hacia ellos. Pero insisto, necesitamos políticas sostenibles. Si no hay apoyo del Congreso, si estamos gobernando por decreto, todo lo que hace un Ejecutivo puede ser derribado por el próximo. Nuestro sistema empuja al acuerdo en las políticas más importantes. Si queremos tener una estrategia de migración, en este caso para los dreamers, es el Congreso el que debe buscar un pacto. El presidente está en el lugar correcto: está forzando al Congreso a tomar las medidas necesarias.

P. ¿Y en el caso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte? ¿Qué pasa si fracasa la negociación?

R. Después de décadas de Tratado se han formado unas impresionantes cadenas de valor que realmente conectan los mercados de Norteamérica. Deshacerlas sería obra de Hércules. Por eso los tres países tienen buenas razones para acercarse en la renegociación, y hacerlo con mucha seriedad y con el propósito de tener éxito.

P. Venezuela es el punto más caliente de Latinoamérica. ¿Después de las sanciones, cuál es el siguiente paso de EE UU?

R. Habrá que esperar a ver qué pasa con las elecciones regionales. Pueden representar otro empujón para sentar al Gobierno en la mesa y que busque con la oposición una salida pacífica y democrática a la crisis. Nuestra política y nuestras sanciones tratan de forzar un acuerdo. Dicho metafóricamente: cuando uno está fundiendo acero, necesita mucho calor en el crisol. Pero al final del día son los venezolanos quienes tienen que encontrar una solución. Fue el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero quien dijo que el problema de Venezuela es de convivencia. Y el mismo presidente de la Asamblea, Julio Borges, afirmó una vez que los venezolanos son los que deben decidir si quieren reconciliarse o pelear.

P. Pero el presidente de EE UU ha llegado a apelar a la opción militar.

R. El presidente mantuvo una serie de reuniones y llamadas telefónicas con todos los líderes del hemisferio y estos le comunicaron la importancia de la no intervención. Pero lo que el presidente está expresando es que la paciencia de la región tiene un límite. No se trata de una amenaza, sino de decir que Venezuela es un país demasiado importante para dejarlo a la deriva por años. Mire, el pueblo venezolano ha mostrado una resiliencia y una fuerza para superar la adversidad impresionantes, y eso ha permitido al país atravesar momentos de escasez que hubieran causado explosiones en otros lugares. Pero sería un error pensar que la paciencia y capacidad del pueblo venezolano representan la apatía. No es así. Es un país que requiere una solución a su crisis política.

P. ¿Hay peligro de golpe interno por parte de los militares?

R. Desde 1958, las fuerzas armadas venezolanas no se han metido en política doméstica. Y es muy importante que, con todos los problemas que les aquejan, incluidas las acusaciones de corrupción, mantengan una posición institucional y constitucional.

P. Cuba se ha vuelto otro foco de crisis. ¿Por qué han expulsado a diplomáticos cubanos por los ataques sónicos si no saben si fueron ellos los culpables?

R. Tuvimos que expulsar a diplomáticos cubanos para subrayar la importancia del problema. Hemos sufrido unos 50 ataques contra 21 cargos de nuestra embajada. Todo ello ha ocurrido en un país que controla el movimiento de nuestros diplomáticos. Es cierto que no hemos identificado al culpable, pero Cuba es el responsable del bienestar y la seguridad de los diplomáticos. En un Estado como el cubano y con unos servicios de seguridad como los que tiene y que controlan a nuestros cargos, ellos deben saber lo que está pasando. Es difícil que no lo sepan.

P. ¿Y quién podría ser?

R. No lo sabemos.

P. En febrero, Raúl Castro se retira. ¿Temen algún cambio en la relación con EE UU?

R. Si uno lee el último discurso del vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, fue de tono fidelista e indica que dentro del partido comunista hay tendencias. Cualquier persona que quiera sustituir a los Castro tendrá que sustituir a los Castro, es decir, a los dos. Pero este es un tema cubano, no tenemos mayor influencia.

P. ¿Cómo ven la situación de España y lo que está ocurriendo con Cataluña?

R. España es un gran aliado y amigo, un país con quien hemos establecido una relación de beneficio mutuo y nuestro interés es profundizarla, estrecharla. No es mi propósito entrar en temas internos. Pero España unida es más fuerte que una España desunida. Eso no quiere decir que no respetemos la diversidad política, lingüística e histórica. Al norte, nosotros tenemos a Quebec con las mismas ganas y la misma trayectoria. Pero Quebec es más fuerte dentro de Canadá. Y desde nuestro punto de vista, Cataluña también lo es.

“ESPAÑA UNIDA ES MÁS FUERTE QUE UNA ESPAÑA DESUNIDA”

P. ¿Cómo ven la situación de España y lo que está ocurriendo con Cataluña?

R. España es un gran aliado y amigo, un país con quien hemos establecido una relación de beneficio mutuo y nuestro interés es profundizarla, estrecharla. No es mi propósito entrar en temas internos. Pero España unida es más fuerte que una España desunida. Eso no quiere decir que no respetemos la diversidad política, lingüística e histórica. Al norte, nosotros tenemos a Quebec con las mismas ganas y la misma trayectoria. Pero Quebec es más fuerte dentro de Canadá. Y desde nuestro punto de vista, Cataluña también lo es.

Trump anula programa que protegía a los

dreamers

El secretario de Justicia Jeff Sessions anunció este martes en rueda de prensa que será anulado el programa conocido como DACA, que protegía a los “dreamers” o “soñadores” de la deportación. El futuro de 800 mil jóvenes queda en incertidumbre.

El programa de la era de Barack Obama protegía a los jóvenes inmigrantes que habían llegado a Estados Unidos como niños junto a sus padres.

“El programa es inconstitucional”, dijo Sessions en rueda de prensa, y añadió que el presidente Donald Trump estaba haciendo lo que prometió en campaña.

Patrick Duddy: Estados Unidos no necesita del petróleo venezolano como antes

PatrickDuddy

Patrick Duddy, último embajador estadounidense en Venezuela, sufrió el ataque verbal de Hugo Chávez en primera persona: “Tiene 72 horas, a partir de este momento, el embajador yanqui en Caracas para salir de Venezuela. ¡Váyanse al carajo, yanquis de mierda!”, dijo el ex presidente en un acto político en 2008. Por entonces, quien ejerció como diplomático en Caracas en representación de George Bush y de Barack Obama de 2007 a 2010 tuvo que salir del país durante nueve meses, y fue declarado persona no grata por el gobierno venezolano. Ahora, jubilado del servicio exterior, Duddy dirige el Centro de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte.

-¿Qué comparación hace entre la Venezuela de hoy y la de 2007, cuando Hugo Chávez estaba en el poder y usted era el embajador norteamericano?

-Chávez era presidente en otra época: Venezuela tenía muchísimos más ingresos petroleros. Nicolás Maduro ha tenido que tratar con las consecuencias, por un lado, de las políticas económicas del entonces presidente Chávez, cuyo modelo, aun cuando yo estaba ahí, estaba dando señales de que iba a fracasar. Además de la caída de los precios del petróleo, hubo siempre indicaciones de las tendencias totalitarias del chavismo: calificaban el movimiento como una revolución y amenazaban con la lucha para mantenerse en el poder.

-¿Era inevitable la crisis en Venezuela o empeoró aún más con Maduro?

-Parcialmente es debido a la caída de los precios del petróleo, pero también del modelo económico y social; porque no sé cuántas industrias y compañías fueron expropiadas y nacionalizadas, y prácticamente ninguna está funcionando. La economía privada de Venezuela es básicamente moribunda y eso es intencional. No hubo la inversión que se necesitaba hacer en el sector petrolero y el gobierno no logró mejorar el funcionamiento de otras industrias.

-¿Qué opina de las sanciones económicas que impuso Estados Unidos a los dirigentes chavistas?

-Estados Unidos ha tratado de evitar medidas que podrían hacer la situación para los ciudadanos venezolanos más difícil; no han querido castigar al pueblo mismo, sino castigar a los individuos que consideren responsables por lo que ha pasado.

-Sin embargo, el gobierno norteamericano ha amenazado también con un embargo económico al país. Cuando lo implementaron con Cuba, no funcionó como quisieron.

-Hay gente que hace ese argumento y a mí me parece que después de 50 años de sanciones económicas, difícilmente se puede argumentar que han tenido los resultados deseados. Igualmente, me parece que estamos hablando de otra cosa cuando se trata de Venezuela, por el hecho de que Estados Unidos todavía es su socio más importante en cuanto a petróleo, y no hay otra industria que le esté generando divisas. Además, Estados Unidos ya produce más petróleo que antes y tiene muchísimos socios. No necesitan del petróleo de Venezuela como en el pasado.

-¿Cómo podría afectar la sanción económica a Venezuela?

-Si fuera el caso que Estados Unidos dejara de comprar petróleo, me parecería una situación bastante complicada para Venezuela porque gran parte de lo que ellos producen tiene que ser refinado dentro de Estados Unidos, por el carácter de su producción. Hoy en día, hasta ellos necesitan importar petróleo liviano y dulce para mezclar con su producción. Allá en Venezuela las refinerías no están funcionado tal como deben, porque tampoco han sido cuidadas y no han hecho las inversiones necesarias para mantener esa industria.

-¿Cree que Rusia puede suplir la demanda?

-Rusia es un activo socio de Venezuela, pero es un productor de petróleo, no principalmente un mercado, y tampoco tiene la misma capacidad para refinar como Estados Unidos. China es otro socio importante para Venezuela, al cual se le exporta bastante. Pero China le ha prestado muchísimo dinero a Venezuela, entonces parte del petróleo venezolano ya no genera divisas porque es usado para pagar las deudas.

La visceralidad en la política no ayuda, por Luis Fuenmayor Toro

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Los políticos, los analistas y la gente común confunden muchas veces sus deseos con la realidad, razón por la cual sus conclusiones sobre los hechos no se ajustan, como deberían, a las realidades de las situaciones analizadas. Esto ocurre tanto en sectores de izquierda como en grupos de derecha y, las desviaciones analíticas son mucho más grandes en la medida que nos desplazamos hacia los extremos en cada caso. Las exageraciones, los deseos y las esperanzas, invalidan el análisis. Los medios electrónicos y físicos están plagados de este tipo de opiniones, que al carecer de fundamentación se constituye en un ruido a la hora de las interpretaciones. A estos grupos les ayudaría la lectura de trabajos escritos por estudiosos o conocedores del campo que analizan, sobre todo porque utilizan un método de investigación basado en hechos y datos objetivos, en documentos oficiales y en el establecimiento de similitudes con casos parecidos del pasado.

Las debilidades señaladas se dan en las opiniones sobre lo nacional e internacional y es más enrevesada cuando se trata de concatenar ambos escenarios, en un intento por establecer conexiones y relaciones causales. Un caso típico lo constituye la forma primitiva en que los opositores viscerales analizan las situaciones políticas, electorales o de otro tipo, que ocurren en los países del ALBA. Para ellos Correa, Morales y Ortega son iguales a Maduro, y todo lo que opinan de éste, lo cual tampoco es producto de un análisis serio, se lo aplican a aquellos gobernantes, sin detenerse en que son  países y realidades diferentes, historias desiguales y momentos distintos. Para estos alocados opinadores Temer es el Capriles de Brasil, Macri el Julio Borges de Argentina y Lasso el Leopoldo ecuatoriano, simplemente porque se enfrentaron a quienes son amigos de la Venezuela de Chávez.

Dilma Rousseff, para estos simplistas del pensamiento político, está bien destituida porque debe ser tan corrupta como ellos creen fue Chávez o es Maduro. No importa que esta consideración no tenga ninguna base, ni que el Presidente del Congreso de Brasil, del mismo partido político de Temer y principal acusador de Rousseff, sea quien hoy esté preso por delincuente luego de ser sacado del Congreso brasileño. En su odio a Maduro desean vehementemente que Trump invada Venezuela, y gritan alborozados ante cada declaración del Pentágono, sin percatarse que esto no va a ocurrir por innecesario y que realmente forma parte de la propaganda del Gobierno, para mantenerse hasta o más allá de febrero de 2019.

Pero el primitivismo se extiende a los igualmente fanáticos viscerales del Gobierno, fervientes creyentes de todos los disparates creados por la mente retorcida de quienes nos dirigen. Para ellos el actual Presidente de EEUU era, hasta hace poco, el camarada Trump, que les dejaba unos CLAP bastante baratos a Maduro, mientras el negro Obama, perdón, el afrodescendiente Obama, era el fascista proimperialista que había declarado a Venezuela “peligro inminente”. Sin duda, apreciaciones de un nivel muy elevado.

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Ministro Padrino López se reunió con la FANB para discutir posibles amenazas contra el país

PADRINOLOPEZ

 

Vladimir Padrino López, ministro para la Defensa, discute este lunes con los comandantes de la Regiones Estratégicas de Defensa Integral (REDI) sobre las “amenazas” contra el país. El titular explicó que evalúan la capacidad de “adiestramiento y dotación” de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) frente a las supuestas agresiones de otras naciones.

“Nosotros, desde la FANB, rechazamos ese decreto infame que declara a Venezuela como una amenaza extraordinaria e inusual”, se refirió el titular sobre el documento, difundido por el ex presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

Aseguró que también hay “factores” internos que buscan la intervención extranjera en el país.

“Si en tiempos de dificultades, que nos han impuesto para hacer sufrir al pueblo no nos unimos, entonces Venezuela está destinada a la violencia (…) Nuestra victoria es la paz, es nuestra lucha constante. Y rechazamos cualquier elemento de intervención extranjera, cualquiera que sea su instrumento”, acotó el ministro.

 

El chavismo, Donald Trump y la teoría del loco, por Alejandro Armas

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Desde que Donald Trump anunció que sería candidato a la presidencia de Estados Unidos, abundaron los comentarios de que, si tenía éxito en su nominación, todo el mundo tendría mucho que lamentar, excepto por Rusia y la ultraderecha europea, que vería en él un aliado, y el chavismo y afines en Latinoamérica, que tendrían en él el villano perfecto. Trump es un empresario multimillonario, por lo que su perfil es fácil de atacar para el discurso anticapitalista. Estrenó su candidatura con un discurso fuertemente denigrante hacia los inmigrantes mexicanos, así que cabía esperar una enérgica reacción entre los movimientos del Foro de Sao Paulo, dada su desbocada defensa del orgullo latinoamericano de cara a un país que caracterizan como irremediablemente racista.

Llega la votación y Trump gana. En los casi tres meses que pasaron hasta el día de su toma de posesión, varios especialistas plantearon que es razonable al menos dudar de que el candidato sea igual al Presidente, y que una vez en la Oficina Ovalada, Trump se vería obligado a moderarse. Además, si el chavismo por sorpresa descubría que aun con un mandatario norteamericano de ese talante era posible mantener relaciones positivas que beneficien a ambas naciones, podía esgrimir que los intereses venezolanos están por encima de cualquier consideración sobre cómo se lleve Washington con el resto del mundo. Por todo esto pudiera decirse que tuvo algo de coherencia la prudencia del oficialismo venezolano hacia Trump por aquellos días.

Pero si hubo esperanzas genuinas de que las cosas siguieran ese curso, rápidamente se han ido desmoronando.  Trump ha sido rápido en indicar que, tal como prometió, habrá cero tolerancia con los inmigrantes ilegales, incluso si ello da pie para cualquier cantidad de incidentes de discriminación racial. Y en cuanto a Venezuela, hay que reconocer que Mr. President ha abordado el tema bastantes veces para un lapso de solo mes y medio, y si bien nunca con lujo de detalle, tampoco de forma favorable para el chavismo. Ha manifestado su supuesta preocupación por la situación humanitaria en conversaciones telefónicas con cuatro presidentes latinoamericanos; recibió en su despacho a Lilian Tintori y pidió personalmente la liberación de Leopoldo López; y, a pesar de que la medida fue producto de una investigación realizada durante el gobierno de Obama, manifestó en boca de su secretario del Tesoro su apoyo a las sanciones contra el vicepresidente El Aissami y Samark López.

A pesar de todo esto, pareciera que en las altas esferas del Estado venezolano no hablar mal de Trump es una regla tan dorada como la que prohíbe criticar al finado “comandante”. Nicolás Maduro, Tareck El Aissami y muchos otros han insistido hasta el cansancio en que toda esta “arremetida imperial” es parte del “coletazo” dejado por Barack Obama en su salida de la Casa Blanca. Supuestamente el expresidente está tan “obsesionado” con Venezuela que le dejó a su sucesor listas unas cuantas bombitas antichavistas imposibles de desactivar. Pero a Trump, ¡ni con el pétalo de una rosa! Como mucho han asomado que este se ha dejado manipular por la oposición venezolana (¡ah, el sempiterno oxímoron de unos escuálidos súper poderosos; esto me recuerda por cierto, a esos groseros afiches de propaganda nazi en la que los líderes de Estados Unidos, Gran Bretaña y la URSS aparecían como marionetas de un rabino anónimo) y por la “ultraderecha yanqui, encarnada en Obama y Hillary Clinton” (¡¿?!).

Pero en Caracas reiteran, tras cada muestra de antipatía desde el otro lado, que ven una oportunidad de mejorar los vínculos con el “imperio”. La forma en que el chavismo trata de exculpar a Trump de lo que, según el punto de vista rojo rojito, serían sus desmanes, ya raya en la pusilanimidad. ¿Qué pasó con el discursito de antiimperialismo corajudo, que no baja la cabeza ante nadie? ¿Por qué de pronto se apaga?

Para responder a esta pregunta de la manera más conveniente debo volver a los días en que Trump apenas comenzaba su carrera en el mundo de negocios de Nueva York, y Maduro era un niño que vivía con sus padres en Los Chaguaramos. En la Casa Blanca estaba Richard Nixon, y uno de los aspectos clave de su política exterior fue lo que él mismo denominó madman theory o “teoría del loco”. Básicamente consistía en dar a entender a los líderes de países enemigos que Nixon era irracional, capaz de incluso oprimir el botón nuclear durante eventuales ataques de furia. La idea era intimidar de esta forma a contrarios y conseguir situaciones favorables a los intereses geopolíticos norteamericanos.

Ciertamente Nixon contaba con una trayectoria política que hacía hasta cierto punto creíble su actitud amenazante. De sus días como joven congresista, veinte años antes de la presidencia, es recordado por su retórica incendiaria contra cualquier tipo de izquierda y sus minuciosas investigaciones de supuestos infiltrados de los soviéticos en el Gobierno (era la época del macartismo). Como vicepresidente de Eisenhower, tuvo más responsabilidades de lo normal en política exterior, y fue uno de los principales impulsores de la noción de que más valía apoyar dictaduras sanguinarias con tal de que mantuvieran a raya los movimientos comunistas en sus respectivos países (algo que lo hizo pasar un rato amargo durante su visita a Caracas tras la huída de Pérez Jiménez).

Sin embargo, el Nixon presidente fue un hombre mucho más pragmático y flexible, influido por la Realpolitik de Kissinger y capaz de, por ejemplo, iniciar el establecimiento de relaciones con la China de Mao. Tal vez por eso la teoría del loco no dio resultado donde más le interesaba: Vietnam. Al final Estados Unidos retiró sus tropas del sureste asiático sin que estuviera garantizada la independencia del régimen pro Occidente, la “paz con honor” que Nixon muchas veces prometió. En efecto, las fuerzas comunistas tomaron todo el país apenas dos años más tarde.

No sé si el actual sucesor de Nixon busque con su conducta generar un efecto similar al pretendido por la teoría del loco y, de ser así, no creo que lo haga con Venezuela en mente. Sin embargo, es posible que el Gobierno venezolano se sienta ante Trump como Nixon quiso que Ho Chi Minh se sintiera ante él.

El cambio en Washington indica que el chavismo arremetía (y sigue arremetiendo) contra Obama porque sabía que, al contrario del cuento de la “obsesión”, el interés de este por Venezuela era sumamente marginal y que, en el peor de los casos, no pasaría de sancionar a uno que otro funcionario, como en efecto hizo. Pero entonces irrumpe Trump, un toro furioso e impredecible. El temor está basado en la ignorancia, en la incertidumbre, en no saber qué esperar de algo que se percibe como próximo. En resumen, el chavismo se ideó un enemigo mucho más poderoso que él, pero con la expectativa de nunca tener que enfrentarlo de forma peligrosa. Ahora no está tan seguro como antes de que no correrá ningún riesgo en tal lucha (si es que se puede concebir una lucha sin riesgos, pero ese es justamente el punto). Dicho de otro modo, es mejor bajarle dos, o cinco, o siete, o todo el volumen, al grito antiimperialista si no se sabe cómo reaccionará el imperio. ¡Cuánta valentía!

@AAAD25