¡Buenos días! Aquí te servimos El Mañanero de este lunes, 4 de mayo, ese rapidito de noticias que entra suave, pero despierta de golpe. El menú incluye “El primer sorbo”, una dosis fuerte de información para abrir los ojos, esa noticia que marca la agenda; “Recién salido del horno”, un resumen de los temas más importantes de las últimas horas; La “perla” del día, esa frase altisonante que te hará espabilar; “Lo que rompe en redes”, para que arranques la jornada a tono con los temas virales o tendencia en X, Instagram o TikTok; “Azuquita pa’l café”, un contenido curioso o inspirador para endulzar la mañana y “La ñapa”, con recomendaciones culturales, de información general o entretenimiento para que tu día tenga buen sabor hasta el próximo café.
El primer sorbo
Bajo la figura de “ausencia forzada” que no se encuentra contemplada en la Constitución, la presidenta encargada con el aval del gobierno estadounidense de Donald Trump, Delcy Rodríguez, sigue prometiendo mejoras económicas y estabilidad para el pueblo, mientras, la figura de Nicolás Maduro comienza a esfumarse.
En este reportaje te contamos en forma cronológica y de claves, los momentos más destacados y polémicos de estos cuatro meses de Rodríguez en el poder con el apoyo de Trump. Primero se juramentó y luego comenzó a mover sus fichas.
El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (Sntp) aceptó en España el Premio Victoria Prego que la Asociación de la Prensa de Madrid les otorgó junto al Colegio Nacional de Periodista. “El aislamiento es una de las formas más eficaces de silenciar y la solidaridad una de las más poderosas para resistir. Por eso, este reconocimiento importa. Es una señal concreta de acompañamiento a quienes hoy ejercen el periodismo en Venezuela en condiciones que siguen siendo adversas”, escribió en un discurso el secretario general del Sntp, Marco Ruiz.
La ñapa (recomendamos…)
La comunicadora social y activista ambiental Valentina Quintero entrevistó a reconocidos venezolanos que hoy viven fuera del país. Les preguntó qué extrañan de su tierra y si consideran volver a Venezuela ante la expectativa de una transición a la democracia.
Nicolás Maduro Guerra, más conocido como Nicolacito, ofreció detalles de cómo vivió el 3 de enero cuando fuerzas estadounidenses capturaron a su padre Nicolás Maduro tras bombardear Caracas. “Todos pensábamos que ese día iba a morir”, dijo en una entrevista a El País de España.
El diputado de la Asamblea Nacional y presidente de la Comisión de Política Interior contó cómo intentó comunicarse insistentemente con su padre durante esa madrugada. También mencionó que Maduro alcanzó a enviarle un audio donde parecía que se despedía. “Él pensaba que ese día moría”, expresó.
Negó que Maduro y Cilia Flores intentaran esconderse en una “cámara acorazada” y que más bien se trataba de un closet de madera. Dijo que la casa donde se encontraban no tenía ni vidrios blindados.
En la conversación Maduro Guerra relató cómo pudo hablar con su padre por primera vez un mes y dos días después de su captura, cuando recibió una llamada desde el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, Nueva York, donde permanece encerrado.
¿Cómo vive Nicolás Maduro en prisión?
El parlamentario de 35 años narró cómo parte de cómo transcurren los días del depuesto presidente de Venezuela en la prisión. Dijo que los primeros días estuvo en aislamiento, en una cama estrecha, pero que desde Semana Santa pasó a convivir con otros privados de libertad, con los que ve televisión.
Expresó que su padre “se aprendió” la Biblia y que constantemente le recita versículos. También que se la pasa leyendo libros como las obras completas de Simón Bolívar o Doña Bárbara. Algunos se los ha enviado él e incluso los intercambia con otros reclusos. Añadió que le mandó el Código Penal de Nueva York a su madrastra, Cilia Flores, quien se encuentra en el ala femenina de la misma cárcel.
Maduro Guerra expresó en la entrevista que “el 3 de enero fue una suma. De agresión, de sanciones, de errores. De intereses. De todo” y confiesa que se ha preguntado qué pudo hacer o no hacer para evitar que esos hechos ocurrieran.
“Tenemos fe en que pueda volver”, expresó el diputado e insistió “Mi papá no tiene dinero, no tiene cuentas, no tiene testaferros, no tiene nada”. Lea la entrevista completa haciendo clic aquí.
La Defensoría del Pueblo conoció este domingo, 3 de mayo, el caso de Carmen Teresa Navas, de 82 años de edad, quien desde hace casi tres meses ha denunciado públicamente y ante instituciones del Estado que desconoce el paradero de su hijo, Víctor Quero.
“Ha hecho muchas diligencias, ha ido a diferentes centros de reclusión y manifiesta que no tiene respuestas”, dijo la defensora del Pueblo, Egleé González Lobato en un video en el que aparece sentada junto a Navas y que fue difundido en redes sociales por el medio Aberto News.
La abogada señaló que recibieron el caso y que activarán los mecanismos “para que haya una respuesta verificable, para que el Estado la atienda para que su incertidumbre disminuya, para que su calidad de vida no se deteriore, porque todo esto la afecta”.
Un caso conocido
Carmen Teresa Navas hizo su primera denuncia pública ante los medios de comunicación sobre su caso a mediados de febrero. Explicó que a su hijo se lo llevaron detenido en enero de 2025 y que desde entonces nunca había podido verlo, que no sabía dónde estaba recluido. Aparentemente lo acusaron de traición a la patria y terrorismo.
Contó que era su hijo quien la ayudaba a mantenerse, que tenía meses sin pagar el condominio de su apartamento y que se alimentaba con lo poco que venía en la bolsa de comida que repartía el consejo comunal. “Le pido al padre celestial que me dé fuerzas, fortaleza, para poder seguir adelante”, expresó durante una protesta de familiares de presos políticos a la que asistió.
La mujer ha acudido en varias ocasiones al Rodeo I para preguntar si ahí está su hijo. También denunció formalmente su desaparición forzada ante el Ministerio Público. El 5 de marzo pasado Navas fue ante la Comisión Parlamentaria de la Asamblea que atiende la Ley de Amnistía. Allí llenó una planilla formal para pedir que su caso sea atendido con urgencia.
Distintas organizaciones defensoras de derechos humanos en Venezuela condenan que su caso evidencia la política de opacidad del Estado y la denegación de justicia.
ÚLTIMA HORA | Defensoría del Pueblo activa mecanismos para esclarecer el caso de Víctor Hugo Quero.
Un policía amenazó a Faustino Hermoso García por un problema personal. Días después, el 30 de abril, funcionarios del Comando Nacional de Antiextorsión y Secuestro (Conas) de la Guardia Nacional Bolivariana lo detuvieron en Santa Teresa del Tuy.
Su familia, sin conocer su paradero, acudió a la Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional Bolivariana, pero en ambos casos negaron que mantuvieran al joven detenido.
El abogado y ex preso político, Eduardo Torres, denunció que la situación no solo fue una detención arbitraria sino que las condiciones también constituyen una desaparición forzada.
Las irregularidades continuaron. Este sábado 2 de mayo cuando Torres intentó introducir un recurso dehabeas corpus—procedimiento judicial rápido que protege la libertad individual contra detenciones ilegales por parte de autoridades— los tribunales del área metropolitana de Caracas se negaron a recibirlo.
“Este no es un caso político. Es un caso doméstico de un joven trabajador que estuvo involucrado con un funcionario policial y que lamentablemente lo amenazó y le dijo: ‘donde te vea te voy a reventar’”, contó el abogado.
Recalcó que esa amenaza del policía es un delito y llevaría el caso a instancias internacionales. “Es una vulneración del Estado venezolano porque no permite que ese delito del funcionario policial sea subsanado al no permitir el habeas corpus”, explicó.
Carlos Hermoso, secretario general adjunto de Bandera Roja y tío de Faustino, detalló por su parte: “No sabemos por qué razón no reciben el recurso que es un instrumento universal”. Denunció que este hecho pone en riesgo a su sobrino.
Dos cuestiones ocuparon nuestra reciente moderación del diálogo sostenido con la expresidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, y el exsecretario de la OEA, Luis Almagro, tras inaugurar, bajo la égida del Miami Dade College y el respaldo del Grupo IDEA y del Instituto Atlántico de Gobierno de Madrid, el Institute for Freedom of The Americas.
Veintiún (21) líderes de la generación intermedia, provenientes de la región, fueron nuestros testigos e interpelantes. Una de dichas cuestiones fue la circunstancia bizarra de Venezuela, centro de referencia global de ese experimento que un muy estimado amigo alemán, Sebastián Grundberger, de la Fundación Konrad Adenauer (KAS), calificase como La galaxia rosa (2024), hoy bajo tutela norteamericana. La otra, la emergencia en paralelo o como efecto del quiebre epocal ocurrido a partir de 1989, de un poder emergente y muy potente, con pretensiones de verse normalizado y transformado en actor internacional beligerante: la criminalidad trasnacional y estructurada del narcotráfico y el lavado global de los dineros de sangre.
Sería este el último fenómeno –cuando se ve amenazado reclama para los suyos de justicia transicional benigna– la expresión posmoderna del mal absoluto conocido por el siglo XX; ese que buscó justificarse en el derecho político al control de los grandes espacios (grossraumordnung) bajo los regímenes de la mentira –la alemana e italiana durante el fascismo– que legalizaban las ilegalidades como fisiología del poder. Esta vez se blinda tras la soberanía de los Estados y los poderes constituidos que coopta y dispone bajo su égida y a su servicio, transando intereses con las potencias globales.
Lo relevante, tal como lo está demostrando la experiencia, no es solo que dicho fenómeno insurge dentro de un contexto de debilitamiento y de pérdida de eficacia de las organizaciones multilaterales forjadas a partir de 1945, con el final de la Segunda Gran Guerra, sino que, sobrevenida la incapacidad normativa del derecho internacional contemporáneo para subsumir a esa realidad disolvente de lo social y de lo político para poder conjurarla, la lógica de los hechos y la de la relación amigo/enemigo, tal como la visualizó en su momento Carl Schmitt, hacia 1939, vuelve por sus fueros e impera. La acción unilateral se hace regla ante el retraimiento y la insuficiencia normativa, o ante el temor o la misma colusión de los Estados integrantes del sistema multilateral, v.gr. el de Naciones Unidas en su franca declinación.
Mientras las sociedades nacionales se pulverizan y dispersan en identidades transnacionalmente transversales, se fortalece el fenómeno universal de las migraciones, y los leviatanes modernos –los llamados Estados nación– resultan pesados para controlar sus propias coyunturas, que no sea mediante la abrogación del Estado de derecho y el ejercicio de la represión. Todavía menos tienen poder real como para pretender darle un curso distinto a la dinámica global en avance y que los aplasta. Sobre todo, por cuando esta, a la vez de favorecer la deconstrucción cultural, promover el mundo de los sentidos y de anestesiar a la razón humana con sus algoritmos, disuelve los espacios con su virtualidad mientras hace desaparecer el sentido y el valor socialmente integrador del tiempo social, imponiendo la cultura de lo instantáneo.
Y como de lo que se trata no es de llover sobre lo mojado, sino de arbitrar explicaciones y diagnósticos que ofrezcan una clave o un astrolabio a fin de que el género humano, en el marco de la incertidumbre que le atenaza encuentre los equilibrios que le devuelvan la autoridad sobre su destino, resulta de imperativo que nos preguntemos, otra vez y como lo hicieran los antiguos, sobre la utopía de la libertad.
Se la practique o no, todos los actores políticos coinciden en que el único valor o principio que produce consensos es el de la libertad. Pero se hace presente, no obstante, una suerte de liberalismo sin ataduras –lo afirma Victoria Camps– que no acepta contenidos ni programas y que reduce la práctica política y democrática conocida a meras reglas de procedimiento. Lo cree la Casa Blanca como el gobierno chino.
En 1998, durante la Cumbre Iberoamericana de Margarita, su eje central fue proclamar los valores éticos de la democracia. Lo hizo en vísperas de que, justamente, se formulase en América Latina, con apoyo del PNUD, la tesis del desencanto con la democracia.
Pues bien, si la ética es la insatisfacción y la crítica constante, desde los ideales, acerca de realidades que no llegan a ser como deberían ser ¿cabe desechar toda utopía en la experiencia contemporánea de la libertad? ¿Es esta solo un hacer y a voluntad, negada a la civilización del ser, a la idea de unidad de la libertad con la conciencia del deber?
Se estima que vivimos una suerte de tercera guerra, ahora global, virtual o de nueva generación. Ocurren y se expanden, al punto de estimárselas como irrelevantes, las violaciones generalizadas y sistemáticas de derechos humanos. La ONU ha constatado la ejecución de crímenes de lesa humanidad en Venezuela a lo largo de las últimas dos décadas, a manos de sus actuales autoridades, mientras permanecen abúlicas la Fiscalía y la Corte Penal Internacional.
Junto a la pregunta anterior que habremos de resolver cada uno y en colectivo, cabría la otra, ¿a cuenta de qué la Justicia –en el curso de las primeras décadas del siglo XXI– no alcanza a los victimarios? ¿Es que no existen más ni las víctimas ni los victimarios, es este instante de quiebre en el derecho internacional?
¿Han colapsado finalmente las enseñanzas que le dejó a la humanidad el Holocausto y la actuación de los Tribunales de Nuremberg? ¿Acaso tiene esto que ver con el proceso de deconstrucción en Occidente de las tradiciones judeocristianas y el advenimiento de un ecosistema que privilegia los sentidos, las impresiones volitivas, mientras se adormece a la razón de lo humano, como antes lo hemos señalado?
Somos convencidos de que erramos cuando se toleran, creyéndose resolver el entuerto, los regímenes autoritarios como una solución necesaria y de transición. Mas la pugna que sí sobrevive, es que mientras los que dicen ser de izquierdas acaban con la democracia en nombre de los derechos humanos, los endosantes de la derecha global acaban con el Estado de derecho para procurar, lo dicen sin rubor, el bienestar económico de sus pueblos.
Si observamos el conjunto iberoamericano, la democracia se ha debilitado mientras se han incrementado las experiencias electorales, por habérsela reducido a una cuestión meramente instrumenta. El Estado de derecho, ha cedido mediante la judicialización de la política –la práctica expansiva del llamadolawfare– y al cooptar los gobiernos al estamento judicial para que sus sentencias purifiquen las ilegalidades del poder y de sus asociados, prosternando todas las formas de control y de sostenimiento de los equilibrios.
Y en cuanto a los derechos humanos, que forman la tríada, hemos de repetir que en la misma medida en que las naciones, bajo procesos de deconstrucción cultural han multiplicado a la par de la inflación de las identidades y en proporción las categorías de los derechos fundamentales, estos han perdido toda posibilidad de tutela inmediata y efectiva. La insatisfacción y la indignación de suyo se han expandido, cuando menos a la generalidad de Occidente.
Esa crisis de la tríada, «democracia-estado de derecho-derechos humanos», volvamos a las preguntas, ¿acaso no se debe a que hemos olvidado la esencia y el sentido mismo de la utopía de la libertad, como experiencia liminar de vida personal y social, en progresión, previa a nuestra politización bajo arbitrio de una república?
En fin, en el curso de las décadas transcurridas desde 1989, cuando llega a su final el socialismo real y toman beligerancia las grandes revoluciones de la técnica, la digital y la de la inteligencia artificial, tanto como la realidad de la Aldea Humana, cuando se le abren compuertas generosas al fácil desplazamiento del crimen organizado transnacional –lo hemos indicado– coinciden los analistas en que dicho quiebre epocal también desprendió el fenómeno del revisionismo constitucional y el de la «dictadura judicial» que legisla a través de sus dictados.
Los movimientos constituyentes siguen a la orden, sobre todo para asegurar la permanencia en el poder de los salvadores de sus pueblos. Los modelos son distintos y he aquí la cuestión: ante el desajuste de las repúblicas y la pérdida de poder soberano por los Estados –incapaces de resolver por sí solos los desafíos inéditos del siglo corriente– y al pulverizarse las naciones, de modo natural la gente ha regresado de vuelta a sus comportamientos naturales, incluso primitivos, para la comprensión de lo social y lo político. De modo que, por sobre los ejercicios de revisión o de reforma constitucional impulsados por los albaceas de las organizaciones políticas y de la república moderna conocidas, vueltas cascarones o franquicias, se olvida que dado el sistema global dominante y el efecto de regresión social mencionado, ante la incertidumbre y el predominio del gobierno de las redes, son los instintos los que deforman a los ideales políticos.
Entre la seguridad y la confianza
Pierre Rosanvallon (Les institutions invisibles, 2024), intelectual de la izquierda democrática francesa, considera, apropiadamente, que los preocupados por el destino que hoy cerca a los viejos Estados y más empeñados en reconstruirlos, se han olvidado de las instituciones que llama invisibles, tan reales como el viento y la respiración, sin las cuales aquellos se pierden en el océano.
Considera que se han destruido y cabe restablecer, antes que todo y de cualquier intento constituyente o reconstituyente, como elementos o principios ordenadores el de la confianza y el afecto, claves para la viabilidad de toda asociación humana y extrañas al criterio económico de la seguridad o el aseguramiento de los riesgos; el del rescate de las auctoritas o de las referencias morales orientadoras de toda sociedad, pues concitan identidad y no la refracción de la autoridad formal o legal, la del poder constituido o la de los oficiantes de la política electoral; finalmente, la de la legitimidad, que se ha perdido por falta de una visión compartida y de futuro, la de la gente, no las de las élites representativas y hasta confiscatorias de la participación ciudadana que afirman promover.
Así, sugiere Rosanvallon –lo hemos adelantado en otra columna y nos repetimos ahora– el superar los modelos democráticos representativos y participativos por otro democrático deliberativo; capaz de formar denominadores comunes y que no se contente con elegir una opinión, siempre coyuntural, para imponerla mediante mayorías y transformarla en voluntad general o soberana.
Cerramos estas breves consideraciones con otra aproximación pertinente al conjunto de las cuestiones esbozadas, dibujadas con líneas gruesas, que tomamos de la obra reciente de Pascal Boyer, intitulada La democracia imposible (2026). Aclara, expresamente, que su aproximación antropológica y desde la biología a la cuestión democrática y política nada tiene que ver con las perversiones del comunismo y del nazismo; pues aquel desconoce la dignidad de la persona humana y la considera casi como un celular deslocalizado o de un radio receptor de señales externas; y este, por su parte, niega la igual condición racional del hombre, varón y mujer, segregándole por etnias o por razas.
El autor, observando la dinámica política y democrática, y la experiencia de la libertad en el presente que nos atormenta, a saber que, más allá de la diversidad de los sistemas políticos y constitucionales, el ser humano, desde su prehistoria ha venido evolucionando sobre la base de sus comportamientos e impulsos naturales; que hace selecciones –que otros autores ven como la obra de sus egoísmos, también naturales o inherentes– para crear espacios de cooperación; y que al término, esta es la buena noticia, le llevan, constituyendo grupos, a aceptar la conveniencia de los sacrificios personales en favor del bien común.
Dice, sin decirlo pues es nuestra exégesis tras la lectura de su texto, que si la tesis del hombre como lobo del hombre hubiese sido la real y verdadera como lo predicasen Thomas Hobbes (1588-1679) y Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), padres del Estado moderno y el contrato social, las generaciones no hubiesen podido abandonar su estadio rudimentario y forjar las grandes civilizaciones que, tal como lo creyó y predicó Samuel P. Huntington (1927-2008), se encuentran en un abierto choque.
En un instante en el que la institucionalidad formal hace crisis, cuando menos en Occidente, que si vive y medra en su propio choque civilizatorio y hacia adentro (puritanismo calvinista y quehacer económico vs. catolicidad o libertad de peregrinación, en procura del ser y la verdad), analizar el comportamiento humano racional del hombre y el de los pueblos parece ser algo necesario, como cabe repetirlo. Ha de ser preliminar y anticipatorio.
El otro dato de nuestra contemporaneidad que se está imponiendo: las grandes revoluciones tecnológicas, que acaban con la idea o la importancia de los espacios, a fin de privilegiar lo virtual y lo imaginario, y que desdibujan el valor y el sentido del tiempo social, pues todo pasa a ser instantáneo, antagonizan con las instituciones invisibles. La confianza, el liderazgo moral, y la legitimidad, como esencias de la libertad y de su utopía, por su naturaleza tienden a la localización y al desarrollo de procesos, que son la obra del tiempo y siempre perfectibles.
Entonces, cabe preguntarse, en conclusión, ¿cómo podremos ejercer y ejercitar la experiencia de la libertad fuera de los espacios, sin considerar al tiempo, que es indispensable para que la libertad alcance sus cometidos? No son otros que el desarrollo libre de la personalidad; la interacción con los otros para crear certidumbres y vínculos no fugaces; poder racionalizar las impresiones y las ideas de nuestro entorno, para forjar criterios y expresarlos, hasta alcanzar acuerdos que puedan ser validados por el afecto y por la buena fe. Acabar con la saña cainita, en síntesis.
Las y los venezolanos regados por el mundo respondieron a la convocatoria que hizo la líder opositora y ganadora del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, para concentrarse en distintas ciudades y alzar la voz por los presos políticos en Venezuela.
Este domingo, 3 de mayo, la diáspora sacó sus banderas tricolor, banderas de los países donde hoy viven, pancartas y fotos de los presos políticos civiles y militares que aún permanecen tras las rejas en Venezuela. Entre las consignas incluyeron frases como “que sean todos” o “nos faltan 500”.
Las manifestaciones se realizaron en países de América Latina y el Caribe como Barbados, Brasil, Costa Rica, México y República Dominicana. Desde Buenos Aires, en Argentina, familiares del preso político argentino Germán Giuliani, detenido en Caracas, pidieron por su libertad.
Se registraron otras concentraciones en ciudades de Barbados, Brasil, Costa Rica, México y República Dominicana. También salieron a las calles en zonas de Canadá y Estados Unidos.
Los connacionales a favor de los privados de libertad por motivos políticos se encontraron además en países europeos como Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Hungría, Italia, Irlanda, Lituania, Portugal, Reino Unido y Suiza.
“Cuando liberen a mi papá, y a los otros más de 500 presos políticos es que vamos a conseguir nuestra democracia”, expresó la hija del preso político Juan Rodriguez desde la ciudad de Funchal en Portugal.
De acuerdo con la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) cerca de 7,9 millones de personas han salido de Venezuela en los últimos años buscando protección y una vida mejor.
Se han cumplido cuatro meses de la presidencia encargada de Delcy Rodríguez, este “nuevo momento político”, posterior al arresto de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Un periodo que apenas se insinúa. Se ha puesto en desarrollo una apertura política, y se han adelantado unas concesiones al gobierno de los Estados Unidos y a la oposición, en un proceso a partir de las cuales el oficialismo deconstruye sus objetivos y consignas para poder sobrevivir.
Rodríguez, junto a su hermano Jorge, con la anuencia de Diosdado Cabello, y la compañía del resto de la dirección de su partido, ejecutan un repliegue de carácter impuesto para gobernar en medio de la adversidad. Se hace un esfuerzo casi desesperado por reconectarse emocionalmente con las mayorías. Ha regresado el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Se hacen las paces con los capitales internacionales. Es una dolorosa medicina con recursos doctrinarios de la democracia burguesa y el capitalismo, en el cual viene enfundada una maniobra de alguna complejidad para obtener recursos y esperar que cambien las circunstancias internacionales mientras se retiene el poder.
En cuatro meses, Rodríguez adelanta una serie de cambios administrativos e institucionales procurando privilegiar las credenciales tecnocráticas de los funcionarios, pero siempre con el criterio fijo de no entregar o quebrantar los principios de la revolución bolivariana. Se cocinan modificaciones importantes en el Banco Central de Venezuela y el Tribunal Supremo de Justicia. La presencia estadounidense en el país es creciente. El volumen de inversiones que puede estar planteado en sectores clave podría tener, incluso, más consecuencias políticas perniciosas para el chavismo.
Las leves mejoras registradas en el terreno político y económico se insinúan luego del prolongado período de oscuridad que ha comprendido el gobierno de Nicolás Maduro, lapso de la historia nacional que será juzgado de manera implacable en el futuro, y que se diferencia con claridad del momento actual.
El personal estadounidense calificado se abre campo en determinados sectores de la economía, generando un enorme entusiasmo en el capital nacional. La Ley de Amnistía ha tenido un resultado cuestionado e incompleto, pero su aplicación sirve para orientar con claridad sobre hasta dónde está dispuesto a llegar el chavismo en materia de concesiones, y hasta dónde no.
Miraflores va a intentar navegar la ola de las mejoras en la economía, que debería tomar aliento en el segundo semestre del año. Procurará hacer pasar como conquistas y prueba de palabra cumplida, haberes que, en caso de concretarse, son la consecuencia de un efecto inercial posterior a todo estado de ruina. Para capitalizarlo, el color que se usa es el azul y se adoptan los modales del reformismo burgués. Delcy Rodríguez quiere cumplirle a los Estados Unidos, y espera reciprocidad.
El desarrollo de este proceso, sin embargo, ha desatado también malestares internos, calambres en las estructuras del chavismo. El repliegue que analizamos tiene para algunas voces límites intolerables y un sabor a capitulación. Mario Silva ha criticado con dureza algunas decisiones de Rodríguez, a quién acusa de “arrodillarse” a los Estados Unidos, y trabajar para “borrar la memoria del Comandante (Hugo Chávez)”. Y en una carta pública a Diosdado Cabello, el más radical de los chavistas, le comenta que “las concesiones hechas hasta ahora amenazan con un punto de no retorno donde la indefensión terminará por convertirse en irreversible.” Y agrega: “La revolución no puede retroceder, y el imperialismo no puede avanzar, porque de lo contrario, el pueblo, por pura necesidad obligada, terminará por levantarse contra quienes están en el poder”.
Mientras tanto, María Corina Machado sigue jugando sus cartas en la escena internacional, a la espera de un momento adecuado para regresar a Venezuela. El premio Nobel de la Paz le otorga autoridad moral, campo para la maniobra y una conexión permanente con sus seguidores, que son muchísimos. La sola mención de su nombre es un incordio para el chavismo. Estados Unidos ha pedido a Machado esperar, y ha demorado algunas conversaciones y acuerdos ulteriores, aguardando a su vez por los resultados con Delcy Rodríguez.
En el orden interno, la oposición agrupada en la Plataforma Unitaria, recién asoma la cabeza luego del duro castigo represivo chavista, retomando el contacto con su militancia y organizando sus primeras giras nacionales. Todavía hay mucho trabajo para dotar de contenido y sujeto cualquier expresión política que demande la llegada de la democracia de aquí en adelante. El reclamo que está en la calle es el de las mejoras salariales. Machado puede convertirse en la expresión general del anhelo de cambio, pero no necesariamente de un factor que esté involucrado en acuerdos de transición.
El país ha cambiado mucho desde el 3 de enero, y en general ha sido para bien. Es importante no confundirse: el “Rodrigato” es el comienzo de un nuevo ciclo dentro de la lógica de dominio de la revolución bolivariana. La apertura de juego, que es forzada, pone a algunas personas a soñar con la posibilidad de una transición a la democracia, aunque este supuesto nadie lo ha prometido, ni viene en una póliza de seguros. El rodrigato hará todo lo necesario por “doblarse sin partirse” para seguir al mando, como alguna vez dijera Henri Ramos Allup. Las fuerzas democráticas deberán seguir trabajando para abrir la puerta al estado de derecho y la legitimidad.
Cabrá tener presentes estas reflexiones de Pedro Benítez, historiador y analista político de la UCV: “estamos en la mitad de un proceso con unas implicaciones y un contenido que no conocemos del todo. No sabemos si estamos surcando una transición: eso lo sabremos cuando este período concluya. Antes de llegar, antes de que se acabe, es imposible saberlo”.
Una realidad compleja en el Día Mundial de la Libertad de Prensa. El periodismo en Venezuela persiste en condiciones que “lo obligan a retraerse, a medirse constantemente”. Los periodistas ya no firman, permanecen en espacios donde no quieren estar y aprendieron a moverse “dentro de ciertos márgenes” para seguir informando.
Así lo advierte el Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela (Ipys Venezuela), en un reporte publicado en su sitio web este sábado 3 de mayo. Insistieron en que “la forma de hacer periodismo” en el país está atravesada “por el cálculo, la precaución y una incertidumbre que no se disipa”.
Durante el año 2025, la organización documentó 111 casos que agruparon 139 violaciones a la libertad de expresión. Reportaron, además, que hubo 25 detenciones arbitrarias y cinco desapariciones forzadas que marcaron un punto de quiebre. “El impacto dejó de ser individual y comenzó a extenderse sobre todo el ecosistema, reconfigurando decisiones cotidianas, agendas de cobertura y límites editoriales”, dijeron.
Señalaron que ocho de cada diez periodistas reconocieron haber modificado su manera de trabajar como respuesta a un entorno que impone límites. Esto se traduce en que “la cobertura se volvió más distante, la presencia en el terreno más excepcional. Lo que antes podía entenderse como una práctica de bajo perfil terminó convirtiéndose en una condición para seguir ejerciendo”.
Periodistas excarcelados, pero no libres
Ipys Venezuela planteó que en 2026 este patrón continúa y durante los primeros meses del año identificaron 36 violaciones a la libertad de expresión “en un escenario donde persisten los mecanismos de control que combinan acciones directas y discrecionalidad estatal”. Explicaron que los hechos del 3 de enero marcaron un punto de inflexión coyuntural y expusieron el estado real del país en materia informativa.
Consideraron que las excarcelaciones ocurridas a mediados de enero y febrero, aunque relevantes, no implicaron una restitución de garantías. “Se produjeron bajo criterios poco transparentes y coexistieron con la continuidad de procesos judiciales abiertos con cargos desproporcionados, impedimentos para el ejercicio de la defensa privada y restricciones de acceso a los expedientes judiciales”, precisaron
En este contexto, añadieron “la libertad no opera como un derecho plenamente restituido, más bien funciona como una concesión parcial y reversible. Lo que se configura no es el cierre de un ciclo de persecución, sino su reacomodo bajo nuevas lógicas, donde la amenaza no desaparece y se administra de forma selectiva”.
La organización concluyó que la reconstrucción democrática será posible cuando cese de la persecución judicial y se ejecute la liberación plena de quienes han sido detenidos por expresarse, y se desmonten los mecanismos que sostienen la censura estructural: incluyendo el desbloqueo de medios, la restitución de concesiones, el acceso efectivo a la información pública y el fin de la vigilancia e intimidación sobre periodistas y ciudadanos.