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Simonovis anuncia acciones con aliados internacionales para reducir grupos criminales

El comisionado especial para la Seguridad e Inteligencia, Iván Simonovis, informó que el gobierno de Juan Guaidó planifica acciones con los aliados internacionales para “identificar, ubicar y reducir” a los grupos criminales que operan en el territorio nacional.

Las declaraciones fueron difundidas mediante un video publicado en su Twitter, donde también se refirió al anuncio por parte del disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Iván Márquez,de retomarla lucha armada.

Simonovis será el enlace entre el gobierno de Guaidó y la DEA y CIA

El comisario y expreso político Iván Simonovis fue nombrado comisionado especial de Seguridad e Inteligencia del gobierno encargado de Juan Guaidó, durante un encuentro con la diáspora venezolana realizado en la ciudad de Washington.

Su trabajo será específicamente trabajar y coordinar esfuerzos con agencias de seguridad de Estados Unidos como la DEA y la CIA.

“Asumo responsablemente este cargo con el compromiso de rescatar el Estado de derecho, apegado a la Constitución y la ley, con un objetivo claro: acabar con el sufrimiento de nuestro pueblo. Lo haré con el corazón y la mente hasta rescatar la libertad de mi país”, dijo Simonovis.

Simonovis, el más longevo preso político venezolano, fue puesto tras las rejas por su supuesta participación en los suceso del 11 de abril de 2002, cuando fue momentáneamente derrocado el fallecido Hugo Chávez. Se fugó de su cautiverio domiciliario el pasado 16 de mayo, aprovechando un indulto concedido por el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó.

Por su parte, Carlos Vecchio, nombrado por la AN como representante de Juan Guaidó ante el gobierno de EEUU, detalló que el comisario Simonovis trabajará en conjunto en hacer frente a “las graves amenazas de seguridad que el régimen de Maduro ha instaurado contra nuestro pueblo, contra la región y contra toda la comunidad internacional e implementar soluciones para detener el sufrimiento de todos los venezolanos”.

Para Simonovis, uno de los temas más álgidos en Venezuela es la presencia de la guerrilla dentro del territorio nacional y y por lo tanto es una de las prioridades en quienes están trabajando en Plan País a nivel de seguridad.

En cuanto a la presencia de colectivos, aseguró que una vez cese la usurpación estos grupos irregulares dejarán de ser un problema. “Ellos ahora tienen una chapa que se las da el gobierno, pero cuando Maduro ya no esté muchos desertarán. Sobre esto ya nos estamos ocupando desde Plan País”.

El ejemplo de Simonovis, por Brian Fincheltub

De los presos políticos de la dictadura el comisario Simonovis era la joya de la corona. El preso político más antiguo del régimen, parte del verdadero “legado de Chávez” que recibió su heredero político con la  voluntad expresa de dejarlo preso hasta que se “pudriera en la cárcel”. A Simonovis le cobraron ser un funcionario competente, de esos cuya preparación era motivo de orgullo para sus instituciones. Chávez, quien era al final de cuentas un gran resentido, no pudo soportar que gracias a la intervención de Simonovis se evitara una masacre mayor el 11 de abril de 2002.

Cuando alguien pierde su libertad y es condenado a morir encerrado por sus secuestradores, ese alguien tendría muchas razones para rendirse, para no encontrar fuerzas para seguir adelante. Pero las razones de Simonovis para continuar eran mayores: su familia y recobrar su libertad. Es evidente que en la cárcel se tiene altos y bajos, más si no estamos hablando de cinco días. Eso sin contar que un preso político debe enfrentarse a la mayor de las condenas: el olvido. En fin, son un conjunto de situaciones que hacen más dura la tarea de mantener la moral intacta, sin agacharse a quienes no solo esperan verte derrotado, sino humillado. Pero gracias a su  perseverancia y el apoyo que siempre tuvo de su familia, Simonovis lo logró.

Venezuela también está secuestrada, son veinte largos años que parecieran eternos. Veinte años humillados por un grupito que se hace llamar gobierno y que no son más que nuestros captores. En este proceso ha habido días buenos y días malos, donde pareciera que no vemos ninguna salida a nuestro drama. Es precisamente en esos días donde debemos sacar voluntad para ponernos de pie, no porque sea bonito decirlo, sino porque de eso depende nuestra supervivencia. Venezuela volverá a ver la luz del sol, volverá a abrazar a sus hijos, a respirar aires de la libertad. Ese día llegará tarde o temprano, el momento en el que unidos rompamos los grilletes que nos atan al castrismo y sonemos las campanas de la libertad. Gracias Simonovis por servir de inspiración a todo un país, gracias por demostrar que el ser humano nació para ser libre. El bien siempre vence sobre el mal.

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@Brianfincheltub

Alejandro Armas Jun 28, 2019 | Actualizado hace 4 meses
Los fugitivos, por Alejandro Armas

 

“EL PRIMER DEBER DE UN PRESO POLÍTICO ES FUGARSE”. He intentando averiguar quién fue el autor de esta sentencia. Lo mejor que he conseguido es un conjunto de atribuciones, no muy seguras, a Teodoro Petkoff. Ese sí sabía. Lo hizo no una, sino dos veces. La primera fue en 1963. Estamos en el contexto de la insurrección armada del Partido Comunista de Venezuela y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria contra el gobierno de Rómulo Betancourt. Petkoff, un clandestino más, había sido detenido en marzo de ese año. En agosto, luego de ingerir medio litro de sangre humana para fingir una enfermedad, fue remitido al Hospital Militar Doctor Carlos Arvelo, desde donde se escapó descolgándose desde el séptimo piso. Esa es al menos la versión más conocida de los hechos.

 

Mucho más recordada, sin embargo, es la segunda fuga. Petkoff volvió a caer preso en 1964. Lo llevaron al Cuartel San Carlos, la fortaleza del siglo XVIII en el noroeste de Caracas. El cautiverio esta vez fue mucho más largo. Fueron casi tres años de confinamiento. Desde su celda, Petkoff y otros militantes de la extrema izquierda llegaron a la conclusión de que la subversión era un burdo intento de emular la campaña guerrillera exitosa de Fidel Castro y que lo mejor era ponerle fin, para buscar el poder por los medios regulares y constitucionales. Finalmente, en febrero de 1967 se produjo el gran escape. Petkoff no estuvo solo. También se dieron a la fuga Pompeyo Márquez y Guillermo García Ponce, otros dos dirigentes comunistas. Tuve el gusto de escuchar el relato, digno de la serie televisiva Prison Break, en boca del propio Pompeyo, como parte de una asignación universitaria que recuerdo con especial afecto por considerarla mi primera entrevista profesional.

 

La fuga del Cuartel San Carlos es tal vez la huida de presos más famosa en toda la historia venezolana. El recinto castrense fue escenario de un incidente similar en 1975, esta vez protagonizado por Gabriel Puerta Aponte y otros guerrilleros del grupo Bandera Roja. Pero la del 67 la vence por mucho en el arte de ocupar la memoria colectiva, tal vez por el peso histórico de los personajes involucrados. Sobre todo Teodoro Petkoff. Su estadía en el Cuartel San Carlos ha sido asociada con una falsa participación en el asalto al tren de El Encanto, apenas un mes luego del escape del Hospital Militar. Cuando murió a finales del año pasado, varios venezolanos que dicen identificarse con la “derecha dura” no perdieron tiempo en señalar a Petkoff por aquel suceso cruento. Como fue en su momento discutido en esta columna, el fundador de Tal Cual  no tuvo nada que ver con la tragedia del ferrocarril, lo cual ha sido confirmado por el ex guerrillero Luis Correa, uno de los verdaderos autores.

 

En fin, el Cuartel San Carlos, Luben Petkoff en una cárcel trujillana, Clodosbaldo Russián en la Isla del Burro… Parece que los años 60 son ricos en relatos de venezolanos puestos tras barrotes por razones relacionadas con la política y que logran evadirse. Ello se ha prestado para armar una narrativa de “héroes” que contribuye con la versión chavista de la historia nacional, si bien quienes luego renegaron de su militancia en la izquierda radical, como Petkoff, son relegados al rincón de los traidores. Está de más decir que las razones esgrimidas entonces para detener a los señalados son consideradas ilegítimas por el chavismo. Puede que en algunos casos (el de Pompeyo Márquez, por ejemplo), la respuesta de las autoridades haya sido excesiva e injusta. No obstante, a la hora de hacer un balance para el juicio histórico es imprescindible tener en cuenta que se trató de una situación de alzamiento armado y tácticamente respaldado por extranjeros con miras a derrocar gobiernos electos democráticamente.

 

Diría que no hay forma de equiparar el contexto del encarcelamiento de comunistas en los 60 con lo que ha pasado en Venezuela en los últimos 20 años, si no fuera porque ese no es el objetivo de los propagandistas nacionales internacionales del chavismo. Su propósito es mucho más perverso: invertir completamente los papeles. En otras palabras, caracterizar a los gobiernos venezolanos de aquel entonces como tiranías insufribles e identificar a la clase política actual como un grupo de demócratas que se apegan estrictamente al imperio de la ley. La credibilidad ante casi todo el mundo democrático, sin embargo, hace tiempo que la perdieron, razón por la cual sus contactos con ese cosmos, donde hay tanto negocio sabroso, han mermado enormemente. Obviando incidentes muy puntuales que no se tradujeron en rebeliones generalizadas, como los encabezados por Óscar Pérez y Juan Carlos Caguaripano, la oposición venezolana siempre ha estado desarmada y se ha expresado mediante sus derechos constitucionales al voto y la protesta, ambos confiscados por el régimen (se puede sufragar, pero solo bajo condiciones que garanticen la estadía de la élite chavista en el poder). Dicha disidencia a sido sistemáticamente criminalizada y perseguida por el régimen, con un saldo de cientos y quizá miles de presos políticos a lo largo de dos décadas.

 

Se dice que lo peor que le puede pasar a un preso político es caer en el olvido. Cuando son tantos, lamentablemente la memoria colectiva no puede retener todos los nombres. Algunos, sin embargo, se mantienen siempre presentes. Ese fue el caso de Iván Simonovis, el policía usado como chivo expiatorio por la violencia traumática aquel 11 de abril. A Simonovis lo arrestaron a finales de 2004. El juicio, que duró un lustro, fue ampliamente considerado una farsa por jurisperitos y defensores de Derechos Humanos. No obstante, terminó con una condena de pena máxima. Para un hombre que ya tenía medio siglo a cuestas, una sentencia de 30 años fácilmente puede implicar morir en prisión. En 2012, el ex magistrado Eladio Aponte Aponte confesó haber recibido órdenes del Ejecutivo para manipular el juicio contra Simonovis y los demás señalados. Por supuesto, ello no cambió la suerte de los hombres que ayudó a condenar, pues la elite chavista siempre reacciona a estas denuncias haciéndose la desentendida o desestimándolas como “campañas de mentiras”.

 

Dadas las condiciones deplorables de las cárceles venezolanas, a nadie sorprendió que la salud de Simonovis se deteriora considerablemente mientras estuvo detenido. En 2014 el régimen lo recluyó en su casa, más preocupado por cuestiones de imagen que por razones humanitarias. Recuerdo que ese día a millones de venezolanos los embargó la alegría agridulce que este tipo de prácticas del régimen produce, ya que el afectado puede disfrutar de la calidez de su hogar y ver a sus seres queridos en cualquier momento, pero su preciosa libertad sigue se restringida injustamente

 

Y entonces, un día tras quince años de detención, Simonovis se escapó de sus captores. Su huida fue una bofetada dura a los servicios de inteligencia del régimen, que han cultivado en torno suyo un mito de supuesta infalibilidad en la detección de planes contrarios a los intereses de la elite chavista. Sin duda, ha pasado a engrosar la lista de fugas históricas en Venezuela. Se logró en detrimento de quienes usan otras fugas para sus narraciones de propaganda.

 

Este texto no podía cerrar sin un recordatorio: cinco hombres siguen hoy tras las rejas por el mismo caso de Simonovis. Se trata de los policías Erasmo Bolívar, Marco Hurtado, Héctor Rovain, Arube Pérez y Luis Molina. Prohibido olvidarlos.

 

@AAAD25 

El sentido de la lucha, por Gonzalo Himiob Santomé

Detenidos2017

Los números no mienten, y reflejan con meridiana claridad lo duro que ha sido el camino recorrido en Venezuela hasta el día de hoy. Desde 2014, cuando comenzaron las protestas contra Maduro, hasta ahora, se han producido más de 10000 arrestos por motivos políticos. Desde 2014, 150 personas han fallecido en el contexto de las continuas manifestaciones que han tenido lugar en todo el país, y de este grupo, al menos 112 personas han sido directamente asesinadas por la acción de los cuerpos de seguridad del Estado o de los grupos paramilitares que actúan de la mano de la policía o de la GNB amparados en la más absoluta impunidad. Al día de hoy podemos calificar, sin duda alguna, a al menos 444 ciudadanos como presos políticos, esto es, como personas que están privadas de su libertad por una orden judicial injusta. Algunos de ellos, como los policías metropolitanos y el Comisario Simonovis, tienen ya más de 14 años presos, otros son más recientes y tienen solo unos días detenidos, pero a menos que el sistema político cambie, o lo que es lo mismo, a menos que caiga la dictadura, todos compartirán el mismo destino. A estos 444 presos políticos tenemos que sumarle otros, representados por los militares que han sido procesados y detenidos en esa caja negra, sin fondo ni límites, que es la justicia militar, por desconocer las órdenes que les han impartido de alzar sus armas contra su pueblo, que según los últimos registros ya son más de 130 en todo el país.

Los heridos en manifestaciones, por perdigonazos a quemarropa, por impacto directo y artero de lacrimógenas, o por el uso de éstas como armas ofensivas, que no disuasivas, o por golpes propinados por uniformados que solo muestran “valentía”, así entre comillas, ante ciudadanos desarmados, pero que no pueden ver ni de lejos a un criminal verdadero porque tiñen sus pantalones de marrón viscoso, se cuentan por millares, solo desde abril de 2017 hasta ahora. Ya son centenares los torturados y los sometidos a tratos crueles, inhumanos o degradantes, que hasta ahora esperan por una justicia que no llega. Mujeres y hombres detenidos sometidos además a toda suerte de amenazas y de agresiones sexuales, que van desde el continuo recurso a la intimidación, diciéndoles que serán trasladados a cárceles comunes para que se conviertan en “novias” de los criminales, pasando por los toqueteos, las insinuaciones, el ofrecimiento de dinero, o de libertad, a cambio de relaciones sexuales con sus captores, hasta la violación.

Desde el 1º de abril hasta el 19 de julio de 2017 479 civiles han sido procesados, violando con ello cualquier parámetro constitucional y hasta los criterios internacionales que hoy por hoy ya ni se discuten, por tribunales militares, y de este grupo de civiles, al menos 307, se mantienen privados de su libertad por órdenes de los tribunales militares en los que, además, la violación al derecho a la defensa y al acceso a la justicia es la regla.

Mientras todo esto pasa, de los más de 4000 arrestos de manifestantes que se han producido en Venezuela desde el 1º de abril de 2017 hasta ahora, un grupo de más de 1100 ciudadanos sigue detenido pese a que se supone que ya deberían estar libres, solo porque los tribunales sumisos (pasando incluso por encima de lo que pide el Ministerio Público, que de acuerdo a nuestra Carta Magna es el titular, léase el “dueño” de la acción penal, o lo que es lo mismo, el que dispone si una persona debe ser llevada a proceso penal o no) han decidido que el grueso de estas personas debe cumplir con el requisito de presentar unos “fiadores” (que nadie les solicita) que luego de manera deliberada tardan semanas, y a veces meses, en tramitar y aceptar.

Entre tanto, Maduro insiste en militarizar el control de la sociedad. Convoca al Consejo de Defensa y Seguridad Nacional como si Venezuela estuviese en una guerra, y lo hace de esta manera porque para él y sus cómplices los ciudadanos que lo quieren fuera de Miraflores no son personas con derecho a expresar su descontento, son enemigos, son criminales, son hasta “terroristas”. Y como tales nos trata. Por eso las bravuconadas en cadena  nacional de diferentes uniformados, especialmente de la GNB (ese cuerpo oprobioso que apenas cambien las cosas deberá desaparecer, previo el enjuiciamiento y castigo de todos los violadores de DDHH que han hecho su agosto en sus filas) y hasta la difusión de videos del Ministro de la Defensa dando pena (digo, gracias a Dios no estamos en una guerra real, porque el hombre jadeante no aguanta ni un trote medio), todo para presumir de lo que carecen que, como ya lo demostró la consulta popular, es fuerza, legitimidad, ciudadanía y pueblo.

El panorama es oscuro y desolador, pero siempre es así antes del amanecer. Cuando dudemos, y cuando pensemos en cuál es el sentido de la lucha no nos perdamos en mezquindades ni egoísmos. Luchamos por nuestra propia e individual supervivencia, es verdad, pero también por alcanzar una meta que nos trasciende, que va mucho más allá de nosotros mismos, y que será nuestro mejor legado para las próximas generaciones, a las que les debemos un país distinto y mejor. Cuando el ánimo flaquee, no olvidemos los números que encabezan este escrito y los que seguramente se irán sumando a este largo memorial de agravios. No perdamos de vista nuestro objetivo final, no olvidemos a los que lo dieron todo, incluso hasta su vida o su libertad, por traernos hasta acá. Cuando el poder no te deja más opción que la rebelión, pacífica, contundente y liberadora, es el gobierno el que demuestra que ya perdió la contienda. Es mucho lo que se ha logrado. Sigamos, que la aurora está cerca.

 @HimiobSantome

Catorce años de impunidad por Gonzalo Himiob Santomé

11Abr2002

 

Mañana se cumplen 14 años desde aquel día en el que la oscuridad represora mostró, por primera vez, esa cara feroz que luego tuvimos que ver tantas otras veces, y la única verdad hasta ahora es que 19 asesinados el 11 de abril de 2002 siguen esperando en sus tumbas por una justicia que no llega.

Las cifras no mienten, el olvido no es opción. Ante la CIDH, por el caso de abril de 2002, el gobierno venezolano reconoció que fueron 79 las investigaciones abiertas sobre las 19 muertes y los centenares de lesionados de esos días. De esas 79 causas, sólo 4 llegaron a juicio. Sólo en 2 de esos 4 juicios se produjo condena.

Esto no significa que se haya hecho justicia. La primera de las 2 únicas condenas sobre estos hechos fue contra unos GNB, que no eran los que todo el mundo vio en la esquina de Marcos Parra, en Caracas, disparando a mansalva contra los manifestantes que allí se encontraban. A estos “chivos expiatorios”, en todo caso, se les condenó por solo uno de los asesinados, y ya están en libertad. La otra causa en la que hubo “condena”, si así puede llamarse a ese adefesio judicial violatorio de todas y cada una de las garantías que deben respetarse para que el proceso sirva para esclarecer, como corresponde, la verdad por las vías jurídicas, es la que se siguió otro contra Forero, Vivas, Simonovis y los PM. Esta causa solo abarcó a otros 2 de los 19 asesinados.

Nótese que, incluso si aceptásemos lo inaceptable y dijésemos que esos juicios fueron válidos y que dichas condenas fueron “justas”, después de 14 años aún quedarían 16 muertes por esclarecer. La impunidad y la mentira siguen siendo la regla.

Al gobierno jamás le ha interesado que se sepa la verdad de lo que ocurrió en esas fechas. Tampoco quiere que se sepa la verdad de lo que ha ocurrido desde el 2014 hasta ahora. En ambos casos es que se ha tratado de consolidar una supuesta “verdad oficial” que, por mucho que se la adorne, hiede tanto a mentira que es absolutamente indefendible.

Antes era la “oposición golpista” la causante de las 19 muertes de abril de 2002. Incluso se afirmó que habían participado unos supuestos “francotiradores” que serían, según el gobierno, los responsables del grueso de esos asesinatos. Lo que nunca se ha dicho es por qué ninguna de las 79 investigaciones sobre estos sucesos tuvo que ver con esos “francotiradores”, ni por qué los únicos detenidos el 11A como tales fueron liberados apenas Chávez volvió a Miraflores.

Ahora es igual. De las 45 muertes, todas lamentables, que los órganos oficiales vinculan con las protestas recientes, solo 36 guardan relación con las manifestaciones. De éstas, 19 son producto directo de la acción de militares o policías o son atribuibles a grupos civiles violentos que actuaban bajo el amparo de la autoridad; 7 son asesinatos de funcionarios policiales o militares; otras 7 son producto de colisiones contra barricadas y las últimas 3 son de ciudadanos que fueron asesinados mientras removían los obstáculos de las vías. Las otras 9 no tienen relación con las protestas.

Pese a todo esto, de todas estas muertes se pretende responsabilizar, de nuevo, a la oposición, y se siguen usando, en defensa de la impunidad y la mentira, las mismas estratagemas. En 2002 se constituyó, promovido por el gobierno un “Comité de Víctimas del Golpe de Estado”. Ahora se constituye, también auspiciado por el gobierno, un “Comité de Víctimas de la Guarimba”. En ambos casos, la única finalidad de estos grupos es la de avalar y apuntalar la “versión oficial” de los hechos, nada más. Antes fue la “oposición golpista”, encarnada en los Comisarios y en los PM injustamente condenados, la “culpable” de los asesinatos de entonces. Ahora también es la oposición, encarnada en Leopoldo López, la supuesta “responsable” de las muertes recientes, y esto se cacarea a despecho de que a López no se le investigó, ni mucho menos se le condenó, en otro de estos juicios vergonzosos en los que la verdad y la ley terminaron siendo poco menos que papel higiénico, por asesinato.

Así están las cosas.

@HimiobSantome