chávez archivos - Runrun

chávez

La nueva ola autoritaria: el rapazo, por Orlando Viera-Blanco*
La clase política no le perdonó a Pérez distanciarse de ella. Los Notables vieron un mar de fondo donde bucear un nuevo régimen. Y, entre magistrados y medianoche enjuiciaron, más política que jurídicamente, al hijo ilustre de Rubio.

@ovierablanco 

Samuel Huntington en su trabajo sobre las olas democratizadoras experimentadas globalmente (1991), nos ilustra el conjunto de transiciones de regímenes autoritarios a democráticos:

I. El reemplazo o proceso de cambio cuando la oposición política hace sucumbir al régimen autoritario;

II. La transformación, que es básicamente un acuerdo de élites, y  

III. El transplazo, combinación de transformación y reemplazo. Al decir de Herbert Koeneke (2010), “cuando el gobierno y la oposición han actuado conjuntamente para concretar el cambio”.

Pero también nos habla de procesos de reconversión de democracias a autocracias. Veamos…

Las olas democráticas y autoritarias

Vale destacar la simbiosis de “democracias autoritarias” y “democracias electorales”, en las cuales a pesar de existir libertades ciudadanas o elecciones populares, se recurren a medidas de control de Estado para “garantizar bienestar social”.

Tenemos en el caso de Singapur a Lee Kuan Yew, hombre fuerte de ese país que, entre 1981 y 1990, experimentó un crecimiento promedio de 6,3 % del PNB. Lee Kuan Yew justificó las restricciones a la libertad como un mecanismo indispensable para el rápido crecimiento económico.

Sin embargo, debió admitir (Lee Kuan), según comenta Koeneke en su trabajo sobre libertades políticas y ciudadanas (2010), “que una vez alcanzados ciertos niveles de industrialización, de educación y de urbanización, se debe permitir la participación ciudadana y la instauración de mecanismos de representación política”.

Hemos estado tres veces en Singapur desde el año 2003. Fuimos testigos de la evolución económica y el desarrollo integral de esta nación ubicada casi en el mismo paralelo (tropical) de Venezuela, por lo que desmitifica que en territorios cálidos no existe desarrollo sustentable. La modernidad, la educación, la seguridad ciudadana, la salud y la pulcritud de sus infraestructuras, todo enmarcado en una rigurosidad del respeto a la ley a ritmo de cadena perpetua en caso de corrupción, o penas capitales en caso de tráfico de drogas, han llevado a Singapur -una pequeña isla septentrional- a ser uno de los países con mayor ingreso per cápita. Un territorio que no posee riqueza alguna y “hasta el aire” tienen que arrendarlo para contrarrestar la calima.

Venezuela fue un caso inverso a las olas de Huntington. La coalición democrática fue reemplazada por la ola autoritaria con fachada electoral de Hugo Chávez. Una población hastiada llevó a que el golpe de Estado del 4F contra CAP en 1992, fuese “aplaudido” no solo por las masas sino por intelectuales y notables empresarios, curas y académicos. Se gestaba entonces una ola de “transplazo” en Venezuela.

La clase política no le perdonó a Pérez distanciarse de ella. Los Notables vieron un mar de fondo donde bucear un nuevo régimen. Y, entre magistrados y medianoche, enjuiciaron -más política que jurídicamente- al hijo ilustre de Rubio.

Comenzaba una ola retrógrada de desplazar una democracia ejemplar en la región a una revolución salvaje. Un fenómeno poco visto en el mundo e inédito en Latam que, parafraseando a Huntington, lo llamaríamos la cuarta ola: “el rapazo”, un nuevo modo de saqueo autoritario.

Entre 1890 y 1925 el mundo vivió la mutación de monarquías, gobiernos feudales e imperiales a 30 regímenes democráticos. Entre la década de los 40 a los 60, pasamos de gobiernos militares y fascistas a más de 30 democracias. Y de los 70 a los 90 (Brad Roberts 1990), hemos vivido más de 35 transformaciones democráticas tras la muerte de regímenes unipartidistas, militares y presidencialistas.

La Venezuela de Hugo Chávez fue el retorno a un autoritarismo electorero además muy peculiar: rentista, expropiador, centralizador de los medios de producción, militarista y ansiosamente populista (Cf. García Larralde, 2008; Krauze, 2008; Martín, 2005; Mires, 2007; Oppenheimer, 2005; Romero, 2009).

Nunca se había visto en Latam un régimen involutivo-gendarme que, de la mano de su sucesor, conduzca a un país a los niveles de pobreza, ingobernabilidad, violencia y miseria que ha vivido Venezuela en 4 lustros.

Singapour al revés

Decíamos que impedir el arrebato de la democracia, o lograr su restitución, depende de una convicción ciudadana que entiende que “en democracia se vive mejor”. ¿Hemos aprendido la lección? ¿Es el Estado de derecho la respuesta per se a una alternativa autoritaria? ¿Lo es el capitalismo liberal? ¿La democracia da de comer?

Terry Lynn Karl ha cuestionado la tesis de que la vigencia del Estado de derecho conduce automáticamente a la expansión de la participación ciudadana activa y al fortalecimiento democrático. Normalmente los reformistas privilegian sus posiciones y son las clases bajas las que sufren de las regulaciones o desregulaciones. Esa desigualdad estuvo presente en las reformas de la Venezuela de 1989 y el “Caracazo”.

Guillermo O´Donnell habla de un círculo virtuoso democrático que no ve con claridad “la virtud” de la igualdad. Y pronto nacen cuerpos regulatorios que favorecen a los “círculos virtuosos democráticos”, cunas profundas de peligrosas desigualdades (Karl, 2004). A partir de ahí los reemplazos, las transformaciones; los trasplazos o los rapazos, prosperan y el afán ciudadano termina siendo una ilusión.

Al decir de la quietud, aún deshojamos margaritas en el mar de fondo….

* Embajador de Venezuela en Canadá        

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Alejandro Armas Jun 12, 2020 | Actualizado hace 4 semanas
¡Exprópiese, che!, por Alejandro Armas

Mausoleo en el Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires, Argentina. Foto Herbert Brant en Pixabay.

@AAAD25 

Muy a pesar del inmenso cariño que le tengo a la patria de Sábato y Cerati, creo que no es exagerado afirmar que pocos países latinoamericanos han tenido una historia económica tan llena de frustraciones como Argentina. Ni los propios argentinos lo negarían, como se deduce del pesimismo detectado por Martín Caparrós en una crónica reciente sobre la vida en Buenos Aires.

Otrora considerada el granero del mundo y una promesa de desarrollo que rivalizaría con Estados Unidos, Argentina nunca ha vuelto a alcanzar las cumbres de crecimiento relativo (i.e. comparado con el resto del mundo) que ascendió antes de la Gran Depresión de los años 30.  Por supuesto que en casi un siglo le han sobrado oportunidades, pero por diversas razones fueron desperdiciadas.

Una de las más resaltantes es el populismo peronista, que se niega a morir y sigue haciendo estragos con políticas económicas desastrosas (aunque, en honor a la verdad, alternativas como las de Mauricio Macri no lo han hecho mucho mejor).

Casi cincuenta años tras la muerte de Perón, el populismo sigue volviendo al sur, como en el tango de Astor Piazzolla y Pino Solano, seduciendo a las masas y ocupando la Casa Rosada.

De su último regreso se está cumpliendo un semestre, con Alberto Fernández como líder, al menos en teoría. Digo “en teoría” porque el grado de influencia de su vicepresidente, la inmensamente más carismática Cristina Fernández, sigue siendo motivo de franca preocupación. El nuevo mandatario ciertamente ha tenido algunos gestos que lo distancian de los niveles arrolladores de populismo del matrimonio Kirchner. Solo haber interactuado cortésmente con el saliente Mauricio Macri durante la transición fue uno que no se puede pasar por alto (recordemos que CFK ni siquiera se dignó a presentarse en el acto de toma de posesión de Macri).

Empero, también hay señales de consternación. La más reciente fue el anuncio de la estatización del Grupo Vicentín, una de las mayores empresas dedicadas a la industria agroalimentaria en Argentina, que es a su vez uno de los mayores sectores económicos del país austral. No se trata, por tanto, de la toma de un quiosco de periódicos. Esta es una las decisiones más relevantes en materia económica tomadas por el gobierno de Fernández, y pudiera ser ilustrativa sobre lo que vendrá más adelante.

Cuando a los venezolanos nos hablan de estatizaciones, rápidamente pensamos en aquel momento infame cuando Hugo Chávez, en pleno despliegue de sus groseros instintos autoritarios, ordenó la expropiación de varios comercios, incluyendo las joyerías del emblemático edificio La Francia, en el centro de Caracas como si estuviera eligiendo dulces en una tienda de caramelos. No hay que abusar de los símiles ni asumir que la ocupación pública de Vicentín se está dando exactamente en las mismas circunstancias y que Fernández ahora es un Chávez rioplatense. Después de todo, Vicentín es un peso pesado en un ramo vital para la economía argentina, cuya quiebra por deudas millonarias podía tener un impacto negativo severo. Pero eso no quiere decir que una estatización era la respuesta adecuada.

El Estado puede manejar varios proyectos alimenticios y administrar distribuidores de alimentos para los más necesitados en caso de que estos se queden por fuera del mercado. Pero no debería reemplazar al sector privado como proveedor de comida en general. Cuando lo intenta, el resultado suele ser desastroso. Los venezolanos lo sabemos muy bien. Está el referido incidente de los “¡Expropiése!”, en el cual el propio acto fue más visible que las consecuencias. Pero hay más casos. Muchos más.

Chávez dio rienda suelta a sus impulsos de estatización a partir de 2007, demostrando así que su compromiso de respetar la propiedad privada, asumido en su primera candidatura, no fue más que una argucia para disimular su cercanía a la extrema izquierda. Sidor, Cantv, la Electricidad de Caracas, Cadafe y un largo etcétera. Hoy, las sucesoras todas esas empresas están en situación calamitosa, devastadas por la rapiña y la ineptitud.

Pero tal vez lo más grave es que Chávez decidiera meterse con la producción y distribución de alimentos. Varias empresas privadas del ramo fueron asimismo sumergidas por un tsunami rojo, más destructor que el que asoló las costas de Sumatra en 2004.

Lácteos Los Andes y la productora de aceite Industrias Diana fueron estatizadas en 2008. Un año después corrió la misma suerte la cafetalera Fama de América. Pues bien, según un informe de la organización no gubernamental Transparencia Venezuela, entre 2009 y 2015 Fama de América pasó de producir 18.600 toneladas de café a apenas 2.500. Igualmente, desde su estatización y hasta 2015, la producción de Diana se desplomó 55,48%. En cuanto a Lácteos Los Andes, Transparencia Venezuela registró que la productividad pasó de 92,8 toneladas por trabajador en 2010 a solo 38,5 toneladas un lustro más tarde. Combínelo todo y sabrá por qué se ha vuelto mucho más difícil para los venezolanos saborear un desayuno de empanadas y café marrón, lo cual es apenas una manifestación del hambre en la que millones de venezolanos cayeron en la segunda mitad de esta década.

Ah, y espero que no se hayan olvidado de Agroisleña, la legendaria proveedora de insumos agrícolas. En 2010, Chávez también le aplicó el “¡Exprópiese!”. De paso, como parte de su afán por cambiarle el nombre a todo e imponer una neolengua plagada de un nacionalismo excesivo y cursi, la rebautizó como “Agropatria”. En manos privadas, pudo satisfacer casi 80% de la demanda de químicos para el campo, según una nota del portal El Estímulo fechada en 2016. Un año antes, solo satisfizo 22 % de su meta de producción, lo cual contrajo 10 % la zafra criolla. Alrededor de 46.000 de las 207.000 toneladas prometidas.

Y así volvemos a Argentina y al caso Vicentín. Como ya dije, no hay que abusar de la comparación, pero si estuviera conversando con un porteño o un cordobés, lo exhortaría modestamente, junto con sus compatriotas, a mantenerse en guardia. En entrevista para el diario El País de Madrid, el ministro a cargo de la expropiación sentenció que se trata de un caso “excepcional” y que en el gobierno de Fernández “no consideran positivo que el Estado controle muchas empresas”.  Pero, como ya vimos, esos compromisos no siempre son honrados.

Preocupa que, al momento de anunciar la estatización, Fernández invocara como argumento la “soberanía alimentaria”. Precisamente la expresión predilecta del chavismo para designar sus desastrosas políticas alimenticias. El presidente se olió que por esto lo compararían con los amigos caribeños de CFK, por lo que salió al paso en pleno discurso para desestimar tales alegorías. Pero si Fernández no quiere que lo comparen con el chavismo, debería abstenerse de hablar como un chavista… Sobre todo con los gritos de “¡Exprópiese!”.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Futbolito, polarización y política, por Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar  

El lector seguramente recordará un partido de futbolito improvisado que tuvo lugar en las jornadas de grandes movilizaciones populares en el 2002, en plena autopista de Prados del Este en Caracas. El juego enfrentó a dos equipos, uno de los manifestantes de la oposición y otro de defensores del gobierno de Chávez. Por varias horas ambos, jugadores e hinchas, confraternizaron sobre el asfalto caliente de aquel caliente momento de la política nacional. Por cierto, nadie recuerda el score, todos recordamos que el partido tuvo lugar.

¿Recordaremos acaso también la reacción de Chávez? Yo sí, y claramente. Montó en cólera, sacó de su costal todos los improperios contra los ricos, los apátridas, los escuálidos. Identificó muy bien, para su gente, quiénes eran aquellos con los que jamás debían juntarse y ni siquiera ir a misa; mandó el mensaje de acuerdo con el cual confraternizar y sonreír con los explotadores era una traición.

A todos ellos les quedó claro que quien quería ver deporte que se fuera a la cancha del Círculo Militar a verlo lanzar su rabo e cochino. O que se pusiera en su barrio a jugar chapita, como jugaba él con el teniente Andrade antes de dejarlo tuerto.

¿Por qué esta reacción tan desmesurada frente a un inocente partido de fútbol de calle? Pues justamente porque el partido no era inocente, al menos no para sus planes. Porque para imponer el régimen que padecemos desde entonces hace falta mucha división, mucho odio y sobre todo meter muchas cuñas entre la unidad de los gobernados para que no puedan juntarse nunca.

Así se hizo la polarización política y social. Venezuela ya no era un solo país y los venezolanos no tendrían un solo proyecto para mejorar y avanzar, sino que la vida desde entonces se planteaba entre ricos y pobres; patriotas y apátridas; buenos y malos; chavistas y no chavistas.

Chávez creó su ring de boxeo, su zona de confort. Y acopió la leña que sería el combustible que avivaría, hasta el día de hoy, su hoguera de la manutención del poder.

¿Cuál es la lógica de la polarización? Pues, demostrar que el proyecto político que encarno no triunfará hasta que no derrotemos y aniquilemos definitivamente al adversario. A la victoria no se llega sino sobre las ruinas del adversario. Mientras tanto, todos los problemas, las miserias, los sinsabores, son parte de la larga marcha hasta la Tierra Prometida. Los pobres conquistarán el cielo como lo cantó Marx sobre los Comuneros de París de 1871 porque “el motor de la historia es la lucha de clases” y su “partera es la violencia”.

Todo esto ocurrió ante nuestros ojos. Este escenario fue concebido como  una trampa jaula con cuyo paral no hemos dejado de tropezar nunca. Hemos caído en el juego de la polarización para solaz de quienes lo inventaron para mantenerse en el poder.

Han sido pocas las ocasiones en las cuales hemos sorteado la trampa. Una de ellas fue en el 2015, cuando logramos la maravillosa victoria electoral de la Asamblea Nacional. Aquella campaña fue impecable. Era la época de las colas, del bachaqueo, del estallido de la megainflación y de la escasez.

Hubo muchas consignas, pero el fundamento de todas ellas era “Si no quieres esta vida de colas, de irrespeto, de escasez y de vida cara, vota contra Maduro en la AN”. Es decir, nos salimos del mensaje polarizador del ¡Maduro vete ya! para hablar a la gente de sus problemas. Lo cual, desde que el mundo es mundo, es la única manera de convencer a alguien para que haga el puente entre su vida cotidiana y la política.

Pero, como cuando el pobre lava llueve, enseguida regresamos a la zona de confort de Maduro. En lugar de convertir la Asamblea en el pivote de las luchas sociales y populares y la aspiraciones de los millones de compatriotas que nos llevaron allí, volvimos a caer en la trampa.

No se había secado la tinta del acta donde Tibisay proclamada la irreversibilidad de nuestra victoria, cuando le ofrecimos al país que en 6 meses sacaríamos a Maduro. Conclusión: Maduro nos dijo “vengan a Miraflores a sacarme” y nosotros le tomamos la palabra y cada vez que lo intentábamos, las ballenas no nos dejaban pasar de Chacaíto.

Mi cauchero chavista que votó por la oposición me dio una clase de política cuando aquello ocurrió. Me dijo: “Vistes, Julio, lo que querían era un quítate tú para ponerme yo…”.

Y como las desgracias nunca vienen solas, nos equivocamos en el fondo y también en la forma. Con esa política nos retiramos a los salones de los hoteles, a las redes sociales a realizar cuanto foro, seminario, taller y simposio, entre nosotros mismos (ahora hacemos tuitazos, webinars y sesiones de Zoom) para elucubrar sobre el sexo de los ángeles. Y dejamos a la gente entendiendo con sus problemas y viendo desde las gradas la pelea de boxeo entre Morochito Rodríguez y Muhammad Ali.

Venezuela ha visto agravar todos aquellos problemas y hay quien quiere vendernos la idea de que los venezolanos nos estamos adaptando a la situación como la ranita de la olla con agua tibia. Esta es solo una verdad a medias. Se trata de un mecanismo de defensa natural de toda persona que pone la sobrevivencia como punto central de su existencia. Gracias a ese instinto nos hemos preservado como especie.

Pero la lógica de hierro de la historia y de la lucha social nos enseña que los pueblos despiertan insospechadamente. A veces despiertan y los derrotan y a veces despiertan y logran victorias y avances.

La diferencia entre una y otra está en la clarividencia y capacidad de su dirección política. Es necesario reconstruir la credibilidad y la confianza. El 80 % de los venezolanos no quiere a Maduro y lo responsabiliza de la actual pesadilla.

Solo hay que regresar a estar con la gente y a organizarla. Poner una política creíble, transversal que interese a TODOS  y no a un grupito de iluminados. Y diseñar una agenda que destierre la polarización de las consignas puramente políticas; que ponga énfasis en los problemas que padecemos todos los venezolanos y diseñe el país bonito y distinto que también todos queremos.

Imaginemos por un rato que aquel partido de fútbol en Prados del Este llegue al medio tiempo y terminemos hablando de nuestros problemas comunes y que entonces nos pusiéramos de acuerdo para actuar. No habría ballenas pa’ tanta gente. El segundo tiempo lo jugaríamos en libertad.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El ejemplo de Simonovis, por Brian Fincheltub

De los presos políticos de la dictadura el comisario Simonovis era la joya de la corona. El preso político más antiguo del régimen, parte del verdadero “legado de Chávez” que recibió su heredero político con la  voluntad expresa de dejarlo preso hasta que se “pudriera en la cárcel”. A Simonovis le cobraron ser un funcionario competente, de esos cuya preparación era motivo de orgullo para sus instituciones. Chávez, quien era al final de cuentas un gran resentido, no pudo soportar que gracias a la intervención de Simonovis se evitara una masacre mayor el 11 de abril de 2002.

Cuando alguien pierde su libertad y es condenado a morir encerrado por sus secuestradores, ese alguien tendría muchas razones para rendirse, para no encontrar fuerzas para seguir adelante. Pero las razones de Simonovis para continuar eran mayores: su familia y recobrar su libertad. Es evidente que en la cárcel se tiene altos y bajos, más si no estamos hablando de cinco días. Eso sin contar que un preso político debe enfrentarse a la mayor de las condenas: el olvido. En fin, son un conjunto de situaciones que hacen más dura la tarea de mantener la moral intacta, sin agacharse a quienes no solo esperan verte derrotado, sino humillado. Pero gracias a su  perseverancia y el apoyo que siempre tuvo de su familia, Simonovis lo logró.

Venezuela también está secuestrada, son veinte largos años que parecieran eternos. Veinte años humillados por un grupito que se hace llamar gobierno y que no son más que nuestros captores. En este proceso ha habido días buenos y días malos, donde pareciera que no vemos ninguna salida a nuestro drama. Es precisamente en esos días donde debemos sacar voluntad para ponernos de pie, no porque sea bonito decirlo, sino porque de eso depende nuestra supervivencia. Venezuela volverá a ver la luz del sol, volverá a abrazar a sus hijos, a respirar aires de la libertad. Ese día llegará tarde o temprano, el momento en el que unidos rompamos los grilletes que nos atan al castrismo y sonemos las campanas de la libertad. Gracias Simonovis por servir de inspiración a todo un país, gracias por demostrar que el ser humano nació para ser libre. El bien siempre vence sobre el mal.

[email protected]

@Brianfincheltub

Humillación Bolivariana del siglo XXI, por Armando Martini Pietri

Cosas de la vida, fue la electricidad la que vino a demostrar claramente lo que sospechábamos los venezolanos, numerosos gobiernos internacionales y organismos multilaterales: que el usurpador que preside, heredado por el extraño vericueto del enamoramiento castrista de aquél Chávez quimioterapeado que ya moría, no sabe gobernar sin apoyarse en el retrato del fallecido comandante, y cualquier crisis sobrepasa su propia e infinita incompetencia.

Lo que acaba de ocurrir con el servicio de electricidad ni es cosa no sabida ni peligro no anunciado. Expertos advirtieron una y otra vez del incorrecto camino que se estaba siguiendo de mal o ningún mantenimiento, descuido generalizado y sustitución de especialistas meritorios, confiables por sus conocimientos y experticia, por incapaces, necios ignorantes sólo avalados por su afiliación al partido, fuese el rojo carnetizado, verde armado, o ambos -muchos son los casos de doble compromiso con privilegios, corrupción, participación integral en la calamidad y ruina en que se ha convertido el país-, al cual convirtieron de próspero, ingenuo, bochinchero, siempre afable y sonriente receptor de inmigrantes, en malhumorado, desesperado y amargado emisor de emigrantes. ¿Cuál es la razón para esperar a que este Régimen deje en ruinas y escombros a Venezuela?

El régimen castro/chavista/madurista ha conseguido mostrar lo peor del venezolano, como ciertos diputados que, para algunos, colaboracionistas a rabiar y beneficiarios privilegiados de bolichicos y enchufados, saboreando buena comida y bebiendo caña a placer en su tugurio regular, mientras venezolanos a quienes dicen representar mueren de hambre y falta de medicinas. Comerciantes especuladores y sinvergüenzas, ladrones aprovechadores de la necesidad humana, vendiendo en dólares y recibiéndolos a menor precio que en el mercado negro o dicom, violadores y asesinos de los Derechos Humanos básicos, abusadores, usureros, truhanes, pícaros y bandidos de la peor calaña; chulos de carencias de las minorías, desgracia de los pobres y menos favorecidos. Todos ellos son afrenta, insulto y agravio para el gentilicio venezolano, merecen la cárcel y desprecio ciudadano. Y ahora, para completar la viciosa filosofía del madurismo cívico-militar cubanizado y cubanizante, la nación está en manos de colectivos armados criminales, no tan nuevo, pero ahora nacionalmente desplegado poder. ¿Qué espera la Asamblea Nacional para aprobar el artículo 187 numeral 11 de la Constitución?

Miles de millones de dólares se han vaciado, dilapidado, y robado para destruir la estructura de una Edelca enorme, moderna, ejemplar generadora y distribuidora de electricidad a empresas públicas y privadas regionales, que venía mejorando progresivamente a lo largo del siglo XX, y a proveedores responsables de la electricidad en las zonas y sectores acordados.

Ese esfuerzo de décadas, formador de técnicos, profesionales y servicios de calidad cada día mejor, fue cambiado por un sistema de plantas termoeléctricas compradas por cubanos, cómplices pro-chavistas, bolichicos, enchufados, oportunistas y asociados infiltrados opositores, a precios de viejas y poco confiables, vendidas al gobierno revolucionario a valor de nuevas de paquete y avanzada tecnología. El atraco al tesoro público fue monumental. La complicidad de personeros de la dictadura, empleados oficialistas, presuntos empresarios y politiqueros fue asqueroso, vomitivo, repugnante, y que hoy, por esa misma connivencia están libres, impunes, disfrutando lo robado mientras el pueblo está en desgracia, padeciendo hambre y sed, privaciones de salud, falta de todo y muerte.

A la electricidad venezolana le pasó lo mismo que al petróleo. Se cambiaron los expertos por ineptos leales al comunismo castrista, ingenieros y técnicos por militares armados, sumisos y obedientes. La crisis que acaba de estallar en todo el país fue anunciada reiterada, claramente por quienes conocían y conocen del tema. La indignación ciudadana no tiene comparación, cuando el país incluso llegó a venderle electricidad a Colombia y Brasil, retrocedió a la oscuridad y limitación medievales. Hoy ambas industrias están arruinadas por falta de mantenimiento y exceso de corrupción.

Poco importa si fue como aseguran, un incendio rural que la tramoya eléctrica roja no supo manejar por su incompetencia, o que, por un imaginario ataque cibernético dirigido por el senador Marco Rubio, el pentágono desde Chicago y Houston, o Donald Trump, todo el país se quedó a oscuras mientras el régimen bailaba otra de sus rumbitas e inventaba una guerra eléctrica para sumarla a la económica ya desgastada de tanto manipularla como pretexto.

El país se quedó a oscuras, sin medios de comunicación, el Gobierno no logra producir gasolina de ningún octanaje, voltaje para alumbrar emergencias ni nada, no provee seguridad ni confianza, el país quedó en manos de los colectivos delincuentes desatados y desalmados, el régimen simplemente no supo qué hacer. La crisis política, social, económica, ética, de valores morales y ahora la eléctrica, evidencian la incompetencia que lo sobrepasó. Es una vergüenza que el general ministro no tenga los cojones de renunciar ante su reiterado fracaso. En lo de atrapar saboteadores, digo.

No hay duda que, en estos días de silencio y oscuridad, hemos vivido y visto la cara del verdadero castrismo madurista. A los responsables de la crisis del pueblo venezolano se les devolverá tanta crueldad. Pero ¿dónde están los cobardes que los apoyaron todos estos años? ¿Acogiéndose a la Ley de Amnistía buscando impunidad a sus delitos y crímenes? 

No interesa lo que piense el partido rojo rojito que se va esfumando día tras día y error tras error. Tampoco afecta lo que mastiquen politiqueros impulsados por personajes de dudosa reputación, desprestigiados que poco o nada representan. Importa, lo que cavile el partido verde institucional y decente, pero atención, nadie es indispensable.

Un cambio es obligación ciudadana, deber político serio y responsable, necesidad ética, moral y juramento religioso. ¡Cuidado con la furia de un pueblo tolerante!

 

@ArmandoMartini 

ACTO I

 

Cuando todo estaba perdido y los militares se disponían a entrar al Palacio de la Moneda; cuando quienes resistieron unas horas comenzaban a rendirse, Patricio de la Guardia ordenó a sus subalternos: “vamos a evacuar, según el plan trazado, espérenme que voy a acompañar al presidente”. Los hombres se reunieron en el lugar convenido para iniciar el escape de aquella batalla desigual y al cabo de un rato regresó De la Guardia: “El presidente está muerto, luchó como un valiente, vámonos …”

Este es el relato que dieron a sus colegas, los guardaespaldas cubanos del “Compañero Presidente” Salvador Allende, destacados allí por Fidel Castro y aceptados gustosamente por el presidente chileno. Todo veraz, aunque no incluía la escena correspondiente al encuentro entre Patricio de la Guardia y un desesperado Allende, quien según testigos se comportó muy valiente pero al ver todo perdido clamaba a esa hora por una tregua de cinco minutos, según algunos “para negociar la rendición”.

De la escena INT. DESPACHO PRESIDENCIAL – DIA dieron cuenta años después dos agentes cubanos que desertaron en Europa: Dariel Alarcón Ramírez (a) “Benigno” y Juan Vives, quienes se lo contaron al periodista francés Alain Ammar para el libro Cuba Nostra, Los Secretos de Estado de Fidel Castro. El propio De la Guardia se los habría narrado a ellos, a su regreso a La Habana luego de su bien planeado escape del Palacio Presidencial de Santiago de Chile.

Estos serían los hechos: Patricio De la Guardia entró al despacho de Allende, quien muy angustiado ordenaba solicitar la tregua para negociar la rendición, entonces él lo tomó por los hombros, lo hizo sentar en un sofá y le espetó: “Los presidentes revolucionarios no se rinden” y seguidamente le arrojó una ráfaga de su ametralladora. Luego colocó en manos del cadáver el fusil personal que le había obsequiado Fidel Castro, el mismo con el que aparece Allende en otras fotos del mismo día.

Las instrucciones del alevoso magnicidio le fueron dadas telefónicamente al militar por el propio Castro, en términos tales como: “Patricio, no podemos permitir que Allende se rinda o asile en una embajada, el presidente tiene que morir como un héroe… la revolución chilena necesita un final heroico”. En la lógica tanática de Fidel Castro, y en su arrogancia triunfalista que no admite fisuras en la infalibilidad comunista, un proceso político a cuya polarización él apostó tanto no debería tener el infeliz desenlace de una rendición.

Recordemos cómo el dictador cubano –a través de sus secuaces chilenos, de sus propios agentes infiltrados y de su presencia agitadora personal durante 23 días, insólita duración para una visita de Estado-trabajó activamente para profundizar el conflicto chileno y hacer imposible todo curso pacífico como el propuesto inicialmente por Allende y la mayoría de los partidos que lo apoyaban.

Castro no podía permitir que el proyecto socialista chileno naufragara en su propio fracaso. Una premisa de todos los totalitarismos –Hitler y Mussolini incluidos- es la negación a toda salida pacífica, y mucho menos electoral, de su poder. Porque una salida de ese tipo evidencia que la supuesta “revolución popular”, encabezada por el proletariado y apoyada por las “mayorías depauperadas”, ha sufrido el abandono por parte del pueblo debido a su imposibilidad esencial para cumplir con las promesas de redención que las llevaron al poder. En tal sentido, la revolución no fracasa, ella sólo finaliza como producto de la acción demoníaca del opresor imperialista y sus lacayos.

 

ACTO II

 

Cuando en julio de 2011 comienzan a aparecer los primeros síntomas de una dolencia física en el cuerpo del presidente Hugo Chávez, era automático que el primero en saberlo sería Fidel Castro, tal era el grado de control que ya había instalado ese maligno político sobre todos los aspectos del poder en Venezuela. Los médicos, guardaespaldas, asesores de mayor confianza y hasta ciertas amantes del líder respondían directamente al régimen cubano. Chávez fue examinado en Cuba a fines de ese verano y Castro conoció el diagnóstico primero que él: su gravedad, posibilidades de recuperación, posibles tratamientos, etc.

Así que Castro tuvo la oportunidad de evaluar opciones y escenarios, antes que el propio dueño del cuerpo en peligro. Pronto concluyó que estaba ante un dilema: o salvar la vida de Chávez o salvar el proceso revolucionario venezolano, que desde hacía 12 años fungía de única tabla de salvación para una isla hundida en la peor de las miserias por obra del siempre ruinoso socialismo más la corrupción e incompetencia de él y su corte. El dilema estaba fundado en la proximidad de las elecciones presidenciales de Venezuela, previstas para diciembre de 2012; de modo que, para someter  a Chávez a los tratamientos requeridos que efectivamente curasen, o al menos detuviesen por unos cuantos años el cáncer que crecía dentro de él, tendría que retirarse de la presidencia y de la política activa por al menos 18 meses. Y esos plazos no cuadraban con la participación de Chávez como candidato presidencial ante una oposición que se veía crecer unificada, mientras que en el campo chavista no existía una figura de reemplazo que, en tan poco tiempo, pudiera garantizar una victoria electoral.

Con la capacidad de seducción y manipulación que lo hizo famoso, Castro entró en acción. Y con el apoyo del cuerpo médico cubano, y hasta de santeros y paleros en los que Chávez tanto confiaba, logró convencerlo de que su mal no tenía remedio, que a él le correspondía librar su última batalla, perder la vida y ganar la eternidad, como el líder revolucionario que dio su vida por la felicidad de su pueblo. Sólo habría que adelantar las elecciones un par de meses, para garantizar que él llegara con fuerza hasta ese momento.

Chávez aceptó su destino y su misión; y vaya que la cumplió con creces, hay que reconocerlo. Baste no más recordar el acto de cierre de campaña, en octubre de 2012, cuando habló un buen rato con su energía habitual y bajo un aguacero, hasta caer desmayado en el vehículo donde prácticamente lo arrojaron luego de recorrer un buen tramo de la multitud. La historia siguiente la conocemos: Chávez ganó la elección de 2012 –la ganó, dejémonos de pendejadas- y le salvó la mesada a Fidel Castro por seis años más.

 

ACTO III

 

Los acontecimientos recientes permiten ahorrarnos el recuento y caer en el neto presente, sin mayores descripciones: la dictadura de Maduro se encuentra en una posición insostenible, todo el mundo sabe que el régimen no podrá librarse de este nuevo desafío y que es cuestión de días, a lo más semanas, para que sea echado del poder por el pueblo venezolano, su dirección política y una poderosa coalición internacional a la que estaremos históricamente agradecidos. Ante una situación que no admite dudas, las voces más sensatas del mundo le piden a Maduro que negocie ya su salida; existen diferencias sobre el tono, la forma y las condiciones de esa salida, pero no queda nadie que le pida mantenerse.

Salvo Cuba y su decreciente corte de gobiernos satélites y un puñado de mohicanos individuales. Para ellos resulta indispensable que la salida de Maduro y su pandilla ocurra por una vía violenta, lo más parecida que se pueda a una invasión imperialista con víctimas civiles, mejor si se presentan algunos bombardeos y toda la escenografía victimizada para la ocasión. Si eso ocurriese, no importan las condiciones en que sea provocado, quedaría salvado el tesoro más preciado de esta gentuza: El Relato, la posibilidad de mantener viva la salvaje mentira de que “el socialismo es la mejor vía para la felicidad de los pueblos”. Un sueño milenario que, cuando está a punto de fructificar es truncado por los malvados burgueses e imperialistas.

Hasta ahora la premisa de resistir como Numancia les ha funcionado. Aunque todo el mundo sensato sabe que el ensayo de un “socialismo electoral y pacífico” en Chile fracasó miserablemente, un sector del mundo -minoritario pero muy eficaz y ruidoso para la propaganda- mantiene la tesis del pueblo marchando unido hacia su felicidad, arrebatada por la diabólica “derecha”, representada por “la burguesía aliada con el Imperio”.

 

EPÍLOGO

 

Lo dicho, sumado a todo lo que hemos visto desde 1999 y particularmente en estos días, me lleva a pensar que Maduro y su corte más íntima resistirán hasta lo indecible, incluso poniendo su vida en ello. No tengo dudas de que Raúl Castro le ha pedido eso a Maduro y que ha ordenado las medidas para que un final como ese se produzca, aun cuando Maduro se eche para atrás a última hora.

Corresponde a nuestro pueblo, a su dirección política y a los gobiernos de la coalición aliada, hacer los mayores esfuerzos para que el designio del comunismo internacional no se produzca de nuevo en Venezuela. No regalarles fácilmente el relato. Tales esfuerzos se han hecho y se siguen haciendo, hay que reconocerlo.

Por supuesto, tampoco podemos regalarles por ello un tiempo más en el poder. Si el afán castro-chavista de que esto termine de un modo violento se hace muy difícil de sortear, y si por ello resulta muy costoso sacarlos por medios pacíficos, no dudo en aprobar que los complazcamos en su obsesión.

Que salgan entonces con las patas por delante.

 

@TUrgelles

Lo que cuenta es lo importante, las sorpresas de la vida, por Armando Martini Pietri

PASÓ LO QUE TENÍA QUE PASAR. Los venezolanos de principios éticos, valores morales y buenas costumbres ciudadanas, de trabajo, sin miedo, con valentía, coraje y voluntad, de diferentes edades, sectores sociales, culturales y económicos, salen a la calle para dejar claro, que deseamos un país a nuestro estilo y a cuyo desarrollo estamos dispuestos entregar nuestros mejores esfuerzos, y que, los decentes y honestos somos más del 90%.

Sin embargo, como sucede en este país de politiqueros y politicastros, no todo va como debería ir, y como en aquella canción, la vida te da sorpresas. 

Majaderos fracasados en la función política de organizar la convivencia, ocupándose de la actividad de una sociedad, compuesta por mujeres y hombres libres, que resuelvan los problemas que plantea la colectividad. Es un quehacer ordenado al bien común. Han sido exitosos en lo que no debería serlo ningún venezolano, en estropearlo todo, descuidando precisar detalles, mientras dedican lo principal de su atención a corruptelas y desfalco. Eso ha pasado en la nación de la cual se adueñaron con mentiras, difundiendo fantasías, falsos patriotismos, atiborrando bolsillos y carteras, saqueando reservas y dineros públicos. Sinvergüenzas adinerados compartiendo el botín producto del pillaje y raterismo con testaferros y cómplices; mientras la miseria no abandona y persiste en el pueblo. Los que vienen, aunque no lo sean del todo, es lo que han aprendido y están listos para sus propias oportunidades. Toda esa larga forma de actuar ha sido la primera sorpresa, el arduo aprender después de los sueños y distorsiones delirantes del no tan eterno comandante.

La segunda sorpresa fue para ellos, pues ni se preocuparon o supieron cómo mantener la capacidad de producción, reproducción de bienes en general y petróleo en particular, creyeron que era una especie de milagro automático, descubriendo que no es así, como que tampoco los gringos son tan lejanos ni pacientes como el fallecido barbudo y anciano cubano creía. ¡Los mitos también mueren!

Los embustes han flotado demasiado tiempo del lado opuesto a los politicastros, con politichicos que interpretan puestos de adversarios cobrando y ganando, se han convencido de que son parte -y en realidad lo han sido- del poder a cambio de conversaciones, diálogos ocultos, pactos secretos. Comprobando que se puede ser opositor sin caer en la pobreza asfixiante de las mayorías que dicen representar. Que han permanecido tiempo hablando pestes de Chávez, Maduro y sus tramoyas después que se dieron cuenta que el comandante eterno andaba en sus propios caminos, sólo se escucharía a sí mismo, quien creía reproducir, a Castro, y no lograrían sacarlo de Miraflores. Para cuando se convencieron, ya no podían saltar impunemente la talanquera -dos o tres se atrevieron- continuaron inventando heroísmos públicos y conversaciones acurrucadas para conservar algo de poder. No han viajado en la clase ejecutiva, pero en los traseros del avión se aguanta hasta llegar a cualquier ciudad del mundo, que es la idea.

Derrotados y desprestigiados por sus actuaciones, pero aferrados al mando, aunque sea en las bodegas, los panzudos politiqueros se habían repartido, las cómodas butacas de una Asamblea Nacional a la cual ya nadie hacía caso porque el policastrismo armado había dejado de lado. Desde sus asientos parecían sentirse poderosos y sacaban cuentas, hasta que le tocó el turno al más joven de ellos. Aceptaron a regaña dientes y resignados, la cuarta pata del pacto, entre bomberos no se pisan la manguera, cayendo en la trampa de su pedantería, la misma en la cual ya antes se habían rendido, los que fueron sus jefes por breve tiempo, empresarios, medios e infaltables intelectuales, cuando confiados que Chávez no era más que un militarote babieco dispuesto a ser dirigido por ellos.

Creyeron que, a falta de los cabecillas presos, inhabilitados o asilados, Juan Guaidó no era más que un joven de casualidad que vigilarían y controlarían mientras Maduro se iba destripando él solito. Juzgaron simplemente que era un fiel y esforzado muchachote de La Guaira útil para salir a patear calles y tragar gas, un modesto politiquillo, que sería otra de sus periqueras políticas de corta y poco impactante duración.

Quieren quedarse a como dé lugar y cualquier costo; sin alternativas ni poder para frenarlo le dieron la presidencia del poder legislativo creyendo sería simple alarde de un joven inexperto, sin cartera propia y dispuesto a seguir instrucciones. Pero la ciudadanía y otros anónimos -tema de otras entregas-, pensaron diferente, ratificaron e incluso ampliaron y dieron soporte al mandato popular, conscientes de que el cambio es exigente y complejo para conducir. Deshacerse de patibularios, hacer los ajustes necesarios, que no son pocos, enmarañados como la burocracia, industria petrolera y militares ¿qué se hace con un ejército contaminado de sangre, violencia, injusticia, centenares de generales y almirantes? Eso lleva mucho tiempo, esfuerzo y riesgo.

Lo que importa no son las palabrejas habituales ni los afanes de politiqueros financiados por bolichicos y deshonestos solicitados por la justicia internacional, que buscan desesperados conservar privilegios cuando aterrados, observan, como florecen moceríos y una renovadora clase dirigente. Mientras el momento se encarga y transcurre, menos tiempo y credibilidad le queda a esos envejecidos -aunque algunos sean o parezcan jóvenes- dirigentes, atosigados de mentiras y fracasos de años.

Ése es el cambio que de verdad se está produciendo, el que interesa. Porque, como en tiempos no tan lejanos exclamaban los argentinos, “¡que se vayan todos!” pero generalizar siempre es malo y se corre el riesgo de equivocarse, diríamos entonces, casi todos. ¡Vamos Venezuela!

 

@ArmandoMartini 

O somos demócratas, o somos bolivarianos por Asdrúbal Aguiar

NUESTRO PRIMER EXPERIMENTO CONSTITUCIONAL Y CIVIL: el de la llamada Primera República, en 1811, dura poco por una razón de fuerza.

Se soporta, no obstante, sobre la convicción compartida por los hombres de levita sentados en su Congreso, la mayoría egresados de la Real y Pontificia Universidad de Santa Rosa de Lima y Tomás de Aquino, en cuanto a que Venezuela es una realidad territorial y humana diversa. No por azar sus anclajes cotidianos los constituyen los cabildos.

De modo que, somos desde la modernidad y mirándonos en nuestras raíces más profundas una asociación entre gentes que comparten su rechazo al despotismo; anhelante de que todos los derechos valgan para todas las personas y que, éstos, como premisas, sujeten y subordinen a la organización política. Así nos forjamos en la génesis, como una república confederada, cuyo gobierno tiene prohibido ser reelecto al concluir su cuatrienio.

Esta perspectiva, obra de un nutrido debate entre los diputados de la época, redactada por varios de éstos, constante en la prensa y profusa, incluso pone de lado el proyecto unilateral de incanato elaborado años antes por el diputado vicepresidente, Francisco de Miranda.

Ese modelo liberal naciente es combatido en lo inmediato y con ardor por Simón Bolívar, quien acaso se forma bebiendo en las fuentes de la Escolástica que defienden el derecho divino de los reyes.

Al traicionar al mismo Precursor, desde Cartagena de Indias denuesta de civiles reunidos en Caracas. Los anatematiza como parteros de “repúblicas aéreas”. Arguye que los venezolanos no estamos preparados para el bien supremo de la libertad. Una cosa es, por ende, salir de Fernando VII, otra creer que en casa propia podemos hacer lo que nos venga en gana.

De allí que, como una suerte de monarca a la criolla, le abre compuertas, entre nosotros, al bonapartismo; ese que provoca la ruptura violenta de la historia francesa con su pasado y por obra de una revolución que pide a pie juntillas “un Estado único, una ley única, un único pueblo”, como lo recuerda Mignet.

Desde Angostura, en 1819, Bolívar, escribe “su” constitución. Propone un Senado vitalicio y hereditario, integrado por los hombres de armas, para que jamás olvidemos que a las armas debemos la libertad. Y en ese empeño igual, al darle a Bolivia “su” constitución, en 1826, tiene el cuidado de asignarle carácter vitalicio al presidente y derecho de sucesión al vicepresidente que éste designe. Lo de Nicolás Maduro, por lo visto, no sería inédito.

He allí una parte o las razones de los desencuentros de aquél durante la Gran Colombia. He allí las razones que abonan nuestra separación de esta y la forja de una república independiente. He allí el por qué, José Antonio Páez, incluso siendo militar, impone a los hombres de armas irse a sus haciendas y dejar que los civiles redibujen al país.

He allí lo que, al paso, contextualiza la advertencia final que a los colombianos hace el entonces presidente del Congreso de Valencia, Francisco Xavier Yanes, de origen cubano, sobre el peligro de Bolívar y sus teorías para el porvenir de ambas patrias.

El postulado básico de la Constitución de 1830, un segundo ensayo democrático todavía limitado, es demoledor en su objetivo: El pueblo no puede depositar el ejercicio de la soberanía en una sola persona.

Curarnos de ese mal endémico es, exactamente, lo que anima a las generaciones de 1928 y de 1936, parteros de la república de partidos nacida en 1959.

Volver a nuestras raíces, redescubrir a nuestro ser primigenio, es lo que se proponen así los suscriptores del Pacto de Puntofijo, cimiento de la experiencia democrática que finaliza en 1998.

Romper con el “cesarismo democrático” que, a inicios del siglo XX, apologiza Laureano Vallenilla Lanz para justificar el regreso a Bolívar durante la dictadura de J.V.Gómez, cultivar al hombre a caballo, al padre bueno y fuerte como fatalidad, es, por ende, el desiderátum de la Constitución de 1961; la que infama y declara moribunda Hugo Chávez al asumir el poder.

¿Por qué los comunistas, quienes participan en los debates del Pacto al concluir éstos no lo firman?

Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba son conscientes de la esencia de la democracia. Ha de ser plural y diversa, compatible con el ADN nacional y nuestro sentido de la libertad. De allí que a la idea del “unanimismo despótico” – como lo llama Rómulo – sugerido por la izquierda le opongan aquéllos la libertad de los partidos y la diversidad de cosmovisiones; que sólo ceden ante las amenazas de entregarle el poder a un predestinado.

No es casual que Fidel Castro, el 23 de enero de 1959, siembre cizaña desde la Plaza O’leary de Caracas, como antesala de los alzamientos guerrilleros que financia y de los golpes militares de izquierda que ocurren a lo largo del primer quinquenio democrático. “El sentimiento bolivariano está despierto en Venezuela”, son sus palabras premonitorias.

¿Será por desmemoriados, me pregunto hoy, que algunos de quienes se dicen opositores a la narco-dictadura que nos lega el soldado Chávez, administran Cuba y los militares a través de un mascarón de proa, Nicolás Maduro, reclamen escoger a un “líder único” a través de elecciones primarias?

O somos demócratas, o somos bolivarianos, lo digo sin ambages, con énfasis. Al Libertador, que descanse, y para siempre.

[email protected]