chávez archivos - Runrun

chávez

De los dineros del Estado venezolano se ha enriquecido casi toda la llamada clase política venezolana. Ha hecho lo mismo que la casi todos los grandes empresarios venezolanos, quienes se desarrollaron a partir de los grandes negocios con el Estado. No es extraño que así haya ocurrido, pues en Venezuela la riqueza, luego del advenimiento del petróleo, ha sido casi exclusivamente estatal.

Si analizamos desde 1958, en los dos momentos de gran acumulación ocurridos se han fortalecido los capitales existentes y se dio paso a nuevos grupos burgueses: los identificados con Carlos Andrés Pérez y recientemente los generados alrededor de Hugo Chávez Frías y sus herederos. Nada nuevo sobre la tierra.

En el caso de la corrupción, que involucra la dilapidación y sustracción de recursos públicos por parte de los funcionarios, con participación privada, los mecanismos instrumentados en este largo período fueron alrededor del control (¿descontrol?) de cambios y de los contratos de importación con el gobierno. Nada diferencia a las administraciones adeco copeyanas y chavecistas en esta materia.

Ambas actuaron en el mismo sentido, tanto en la instrumentación de un modelo económico basado nada más en la producción de combustible fósil sin mayor valor agregado, como en el reparto de las riquezas generadas por la vía de la adjudicación de divisas y de los contratos. Otras explicaciones son simple cháchara.

Era entonces muy fácil saber lo que iba a ocurrir con los partidos opositores de la Asamblea y su dirigencia, una vez autoproclamado Guaidó como doble presidente, de la Asamblea y de la República, con el respaldo total del gobierno estadounidense.

Su acceso a los activos venezolanos en el exterior, CITGO entre ellos, y al financiamiento gringo de todas sus actividades políticas, sin control de nadie y con el beneplácito de una parte de la población venezolana, necesariamente tenía que conducir a la entronización de la corrupción como actividad fundamental de esta “clase” política. Así lo dije desde el mismo momento que se habló de “ayuda humanitaria” y de asumir el control de CITGO. “Zamuros cuidando carne”, pensé.

Por todo eso, no me extrañó la francachela del diputado Superlano en Cúcuta, ni que le hubieran robado 250 mil dólares destinados a la ayuda humanitaria, hechos reseñados públicamente por la prensa y confirmados por Calderón Berti en su informe. Tampoco me sorprendí de que unos rateros designados por Guaidó hubieran hecho negocitos, con el dinero destinado a mantener a los militares venezolanos sedicentes en Cúcuta. Un periodista conocido, serio hasta donde sé, llegó a increparme y casi a defender estas atrocidades exigiéndome pruebas, cuando lo que hice fue denunciar hechos que requerían una investigación y deducir que ésta sería la conducta de toda esa mafia de politiqueros corruptos. Ahora tiene las pruebas.

Otro tanto pasó luego con los bonos que fueron legalizados por la propia AN que los había declarado ilegales. Y luego vino CITGO y la designación ilegal de su directiva y su manejo discrecional por la banda de Guaidó. Pero no contentos con esto, con el mayor cinismo posible designaron como Procurador Especial para defender CITGO al abogado utilizado por la empresa que nos la quiere arrebatar.

Prevaricación se llama eso y es penado en todos los países del mundo. Pero aquí, callan todos los líderes opositores y muchos de sus seguidores, abogados algunos que en el pasado enfrentaban este tipo de depravaciones. Y allí está el señor Hernández, protegido y actuando en los futuros grandes negocios de la reconducción de la deuda y los empréstitos, que ya saborean.

Nada me extrañó entonces la destitución de Calderón Berti luego de su informe, persona a quien no conozco ni tengo cerca política ni ideológicamente, pero cuyas declaraciones son más que claras para quienes quieran ver. No es el Fiscal General de Maduro quien lo dice; es un hombre de ellos mismos y a confesión de parte, relevo de pruebas. No me equivoqué entonces al vaticinar todo este desastre. Ni al decir, como hoy repito, que si son éstos quienes van a salvar al país, Dios salve a Venezuela.             

Oct 26, 2019 | Actualizado hace 3 meses
El guaraleo gubernamental, por Luis Fuenmayor Toro

Inmediatamente después de la contundente derrota sufrida por el gobierno chavecista en diciembre de 2015, el amigo Luis Brito García, literato y político del régimen, señaló que al presidente Maduro no le quedaba otra que “guaralear”, para poder mantenerse en el poder y terminar su período en 2019. Posiblemente estaba pensando en la arremetida opositora que vendría, la cual incluiría con toda seguridad la convocatoria a un referéndum revocatorio presidencial, en el cual, dado los resultados adversos en los comicios parlamentarios y la ya deteriorada situación económico-social del país, era bastante fácil predecir una segura destitución del Presidente.

No sé si Brito García efectuaba una recomendación sobre la conducta política que Maduro debería asumir o simplemente le abría campo a lo que ya sabía que vendría. En cualquier caso, el guaraleo como respuesta política no era nada nuevo en Venezuela, pues ya había sido utilizado en el pasado reciente y remoto para ganar tiempo ante situaciones comprometidas. El mismo Chávez lo utilizó en momentos apremiantes, como fueron los vividos desde 2001 hasta 2004, cuando debió lidiar con un golpe sangriento de Estado, el sabotaje a la industria petrolera, grandes manifestaciones de calle y llamados diarios a huelgas generales.

Pero una cosa es utilizarlo en escenarios complicados a tener que utilizarlo siempre en todas las situaciones. Y esto es lo que ha pasado realmente desde diciembre de 2015 para acá en prácticamente todos los contextos. Ante la crisis, las demandas de la población, el caos de los servicios públicos, la destrucción de PDVSA, las contradicciones internas y la rectificación necesaria de las políticas, el gobierno tiene como respuesta el guaraleo. Le da largas a los conflictos, ignora los problemas, no toma decisiones, sin darse cuenta que no hacer nada es también una decisión, que tiene muchas veces consecuencias más dramáticas.

En el caso de los diálogos y las negociaciones que ha llevado adelante con las oposiciones venezolanas, el guaraleo gubernamental, junto con la actitud inmediatista y violenta de la oposición extremista, han sido los elementos básicos de los fracasos habidos, los cuales sin lugar a dudas le han dado tiempo para tratar de recuperarse. Pero, si bien guaralear puede diferir los enfrentamientos y permitir una cierta recuperación, no es una conducta que resuelva los problemas en forma más duradera y lleva a una normalización del escenario político y social venezolano. Guaralear no resuelve los problemas; si no hay soluciones estos se vuelven peores. 

Chávez guareleó la realización del referendo revocatorio en su contra y ganó tiempo. Y en ese período ganado instrumentó las misiones sociales iniciales, que a la postre le permitieron no ser revocado en 2004. El guaraleo era para ganar tiempo, no para evitar el revocatorio. Aquel guaraleo fue transitorio, mientras el actual se ha convertido en una actitud permanente. Esta es la impresión que tengo de la conducta gubernamental actual en la mesa nacional de diálogo. Se retardan decisiones importantes, no se asumen oportunamente, no se respeta debidamente al sector opositor democrático dialogante. Y todo ello conspira contra el éxito de esta negociación.   

No he sido tocado por el inmediatismo extremista acostumbrado y entiendo los problemas internos que tienen, pero o los resuelven y proceden con seriedad, respeto y sentido de oportunidad o se perderá un esfuerzo que tiene costos políticos para todos, sobre todo para quienes se sentaron a negociar contra viento y marea y quienes los apoyamos. Ah… Una cosa que no puedo dejar pasar. No están negociando con la derecha, como dicen groseramente sus locutores de VTV y alguno que otro líder. Aprendan a respetar.       

El ejemplo de Simonovis, por Brian Fincheltub

De los presos políticos de la dictadura el comisario Simonovis era la joya de la corona. El preso político más antiguo del régimen, parte del verdadero “legado de Chávez” que recibió su heredero político con la  voluntad expresa de dejarlo preso hasta que se “pudriera en la cárcel”. A Simonovis le cobraron ser un funcionario competente, de esos cuya preparación era motivo de orgullo para sus instituciones. Chávez, quien era al final de cuentas un gran resentido, no pudo soportar que gracias a la intervención de Simonovis se evitara una masacre mayor el 11 de abril de 2002.

Cuando alguien pierde su libertad y es condenado a morir encerrado por sus secuestradores, ese alguien tendría muchas razones para rendirse, para no encontrar fuerzas para seguir adelante. Pero las razones de Simonovis para continuar eran mayores: su familia y recobrar su libertad. Es evidente que en la cárcel se tiene altos y bajos, más si no estamos hablando de cinco días. Eso sin contar que un preso político debe enfrentarse a la mayor de las condenas: el olvido. En fin, son un conjunto de situaciones que hacen más dura la tarea de mantener la moral intacta, sin agacharse a quienes no solo esperan verte derrotado, sino humillado. Pero gracias a su  perseverancia y el apoyo que siempre tuvo de su familia, Simonovis lo logró.

Venezuela también está secuestrada, son veinte largos años que parecieran eternos. Veinte años humillados por un grupito que se hace llamar gobierno y que no son más que nuestros captores. En este proceso ha habido días buenos y días malos, donde pareciera que no vemos ninguna salida a nuestro drama. Es precisamente en esos días donde debemos sacar voluntad para ponernos de pie, no porque sea bonito decirlo, sino porque de eso depende nuestra supervivencia. Venezuela volverá a ver la luz del sol, volverá a abrazar a sus hijos, a respirar aires de la libertad. Ese día llegará tarde o temprano, el momento en el que unidos rompamos los grilletes que nos atan al castrismo y sonemos las campanas de la libertad. Gracias Simonovis por servir de inspiración a todo un país, gracias por demostrar que el ser humano nació para ser libre. El bien siempre vence sobre el mal.

[email protected]

@Brianfincheltub

Jun 08, 2019 | Actualizado hace 8 meses
¿Es Maduro un tirano genocida? Por Luis Fuenmayor Toro

He enfrentado en muchas veces, y muy particularmente en la red de Twitter, el uso alegre de adjetivos calificativos para efectuar valoraciones políticas, morales y éticas de nuestros gobernantes. Otro tanto he hecho cuando esos calificativos proceden del gobierno contra quienes se le oponen, tanto en la época de Chávez como hoy con el gobierno de Maduro. Y esta posición no obedece a razones de cortesía ni de exaltar los buenos modales, sino a la necesidad de efectuar caracterizaciones correctas de quienes se enfrentan en el escenario político. Sólo teniendo claro quién es el otro realmente y no sustituyéndolo por seres inexistentes en razón de manipulaciones politiqueras, se puede descifrar con precisión la realidad en la que se desarrolla la lucha política, el escenario en que se actúa y las mejores formas de tratar de influirlo en función de los intereses de que se trate.

Me he opuesto a considerar que el régimen de Maduro es una tiranía genocida, así como también a que se considere a los grupos opositores extremistas como fascistas. Son calificativos que no se corresponden estrictamente con la realidad y que son producto del fanatismo existente en una parte de los venezolanos, o de una retórica politiquera y demagógica, que busca manipular la voluntad de quienes escuchan ese discurso vehemente. Ni Maduro es el carnicero de Sudamérica, ni Leopoldo López es el monstruo de Ramo Verde. Y esto lo afirmo sin reducir en un ápice mi total rechazo a las políticas y acciones de ambos. Por supuesto, la visceralidad existente en el escenario político venezolano, que nubla el entendimiento y la razón, hace que estas afirmaciones no sean del agrado de todos.

Este estado de cosas lleva a que las personas no comprendan la realidad, la entiendan sólo como expresión de su extremismo político y de sus odios, y terminen actuando como energúmenos. Es decir, en forma enloquecida, rabiosa y violenta, contra lo que realmente es una creación de sus mentes. He visto con total asombro, y lo digo a manera de ejemplo, como se afirma con una seguridad alucinante, que las 300 mil muertes violentas habidas en Venezuela en este siglo fueron asesinatos premeditados y con alevosía cometidos por Nicolás Maduro, los cuales deben ser llevados a Corte Penal Internacional, para garantizar la condena del genocida más grande que haya existido en América. La gente no sólo inventa un cuento, sino que termina por creérselo en tal forma que afecta su estado de ánimo y su juicio.

Claro. Ésta no es una conducta que surge simplemente en forma espontánea, sino que es impulsada y cultivada tanto dentro como fuera del país, pues se aspira un rédito político interno de la misma, así como lograr éxitos internacionales de condena y un aislamiento del enemigo político. Para ello se utilizan las transnacionales de la desinformación, así como las redes en la época actual. Y desde ya les respondo a quienes tendrán convulsiones y  me atacarán groseramente, sin dar ningún argumento valedero y sólo por sentirse descubiertos, que nadie me ha pagado por este artículo, que no sigo teniendo ningún corazoncito chavecista porque nunca lo tuve, que sí trabajé en los primeros años del gobierno de Chávez y que fue una gestión calificada por todos, tirios y troyanos, como muy buena.

He podido relatar en detalles un caso similar, pero impulsado por el régimen contra la oposición, y no lo hice, aunque mencioné el cuento del monstruo de Ramo Verde. Y no lo hice simplemente porque este artículo tiene que tener una extensión particular, ya que no sólo será publicado en portales electrónicos sino también en algunos medios impresos no gubernamentales, que aún sobre viven en medio de muy grandes dificultades. El gobierno de Maduro, además de ignorante, ineficaz y corrupto, se ha caracterizado por claras y conocidas acciones contra las libertades de expresión y de prensa. Es además indolente ante el sufrimiento y las penurias de los venezolanos, sanos y enfermos, y ha asumido la represión como fórmula de acallar las legítimas protestas de la población, violentando incluso el debido proceso establecido en la Constitución.       

@LFuenmayorToro

Humillación Bolivariana del siglo XXI, por Armando Martini Pietri

Cosas de la vida, fue la electricidad la que vino a demostrar claramente lo que sospechábamos los venezolanos, numerosos gobiernos internacionales y organismos multilaterales: que el usurpador que preside, heredado por el extraño vericueto del enamoramiento castrista de aquél Chávez quimioterapeado que ya moría, no sabe gobernar sin apoyarse en el retrato del fallecido comandante, y cualquier crisis sobrepasa su propia e infinita incompetencia.

Lo que acaba de ocurrir con el servicio de electricidad ni es cosa no sabida ni peligro no anunciado. Expertos advirtieron una y otra vez del incorrecto camino que se estaba siguiendo de mal o ningún mantenimiento, descuido generalizado y sustitución de especialistas meritorios, confiables por sus conocimientos y experticia, por incapaces, necios ignorantes sólo avalados por su afiliación al partido, fuese el rojo carnetizado, verde armado, o ambos -muchos son los casos de doble compromiso con privilegios, corrupción, participación integral en la calamidad y ruina en que se ha convertido el país-, al cual convirtieron de próspero, ingenuo, bochinchero, siempre afable y sonriente receptor de inmigrantes, en malhumorado, desesperado y amargado emisor de emigrantes. ¿Cuál es la razón para esperar a que este Régimen deje en ruinas y escombros a Venezuela?

El régimen castro/chavista/madurista ha conseguido mostrar lo peor del venezolano, como ciertos diputados que, para algunos, colaboracionistas a rabiar y beneficiarios privilegiados de bolichicos y enchufados, saboreando buena comida y bebiendo caña a placer en su tugurio regular, mientras venezolanos a quienes dicen representar mueren de hambre y falta de medicinas. Comerciantes especuladores y sinvergüenzas, ladrones aprovechadores de la necesidad humana, vendiendo en dólares y recibiéndolos a menor precio que en el mercado negro o dicom, violadores y asesinos de los Derechos Humanos básicos, abusadores, usureros, truhanes, pícaros y bandidos de la peor calaña; chulos de carencias de las minorías, desgracia de los pobres y menos favorecidos. Todos ellos son afrenta, insulto y agravio para el gentilicio venezolano, merecen la cárcel y desprecio ciudadano. Y ahora, para completar la viciosa filosofía del madurismo cívico-militar cubanizado y cubanizante, la nación está en manos de colectivos armados criminales, no tan nuevo, pero ahora nacionalmente desplegado poder. ¿Qué espera la Asamblea Nacional para aprobar el artículo 187 numeral 11 de la Constitución?

Miles de millones de dólares se han vaciado, dilapidado, y robado para destruir la estructura de una Edelca enorme, moderna, ejemplar generadora y distribuidora de electricidad a empresas públicas y privadas regionales, que venía mejorando progresivamente a lo largo del siglo XX, y a proveedores responsables de la electricidad en las zonas y sectores acordados.

Ese esfuerzo de décadas, formador de técnicos, profesionales y servicios de calidad cada día mejor, fue cambiado por un sistema de plantas termoeléctricas compradas por cubanos, cómplices pro-chavistas, bolichicos, enchufados, oportunistas y asociados infiltrados opositores, a precios de viejas y poco confiables, vendidas al gobierno revolucionario a valor de nuevas de paquete y avanzada tecnología. El atraco al tesoro público fue monumental. La complicidad de personeros de la dictadura, empleados oficialistas, presuntos empresarios y politiqueros fue asqueroso, vomitivo, repugnante, y que hoy, por esa misma connivencia están libres, impunes, disfrutando lo robado mientras el pueblo está en desgracia, padeciendo hambre y sed, privaciones de salud, falta de todo y muerte.

A la electricidad venezolana le pasó lo mismo que al petróleo. Se cambiaron los expertos por ineptos leales al comunismo castrista, ingenieros y técnicos por militares armados, sumisos y obedientes. La crisis que acaba de estallar en todo el país fue anunciada reiterada, claramente por quienes conocían y conocen del tema. La indignación ciudadana no tiene comparación, cuando el país incluso llegó a venderle electricidad a Colombia y Brasil, retrocedió a la oscuridad y limitación medievales. Hoy ambas industrias están arruinadas por falta de mantenimiento y exceso de corrupción.

Poco importa si fue como aseguran, un incendio rural que la tramoya eléctrica roja no supo manejar por su incompetencia, o que, por un imaginario ataque cibernético dirigido por el senador Marco Rubio, el pentágono desde Chicago y Houston, o Donald Trump, todo el país se quedó a oscuras mientras el régimen bailaba otra de sus rumbitas e inventaba una guerra eléctrica para sumarla a la económica ya desgastada de tanto manipularla como pretexto.

El país se quedó a oscuras, sin medios de comunicación, el Gobierno no logra producir gasolina de ningún octanaje, voltaje para alumbrar emergencias ni nada, no provee seguridad ni confianza, el país quedó en manos de los colectivos delincuentes desatados y desalmados, el régimen simplemente no supo qué hacer. La crisis política, social, económica, ética, de valores morales y ahora la eléctrica, evidencian la incompetencia que lo sobrepasó. Es una vergüenza que el general ministro no tenga los cojones de renunciar ante su reiterado fracaso. En lo de atrapar saboteadores, digo.

No hay duda que, en estos días de silencio y oscuridad, hemos vivido y visto la cara del verdadero castrismo madurista. A los responsables de la crisis del pueblo venezolano se les devolverá tanta crueldad. Pero ¿dónde están los cobardes que los apoyaron todos estos años? ¿Acogiéndose a la Ley de Amnistía buscando impunidad a sus delitos y crímenes? 

No interesa lo que piense el partido rojo rojito que se va esfumando día tras día y error tras error. Tampoco afecta lo que mastiquen politiqueros impulsados por personajes de dudosa reputación, desprestigiados que poco o nada representan. Importa, lo que cavile el partido verde institucional y decente, pero atención, nadie es indispensable.

Un cambio es obligación ciudadana, deber político serio y responsable, necesidad ética, moral y juramento religioso. ¡Cuidado con la furia de un pueblo tolerante!

 

@ArmandoMartini 

ACTO I

 

Cuando todo estaba perdido y los militares se disponían a entrar al Palacio de la Moneda; cuando quienes resistieron unas horas comenzaban a rendirse, Patricio de la Guardia ordenó a sus subalternos: “vamos a evacuar, según el plan trazado, espérenme que voy a acompañar al presidente”. Los hombres se reunieron en el lugar convenido para iniciar el escape de aquella batalla desigual y al cabo de un rato regresó De la Guardia: “El presidente está muerto, luchó como un valiente, vámonos …”

Este es el relato que dieron a sus colegas, los guardaespaldas cubanos del “Compañero Presidente” Salvador Allende, destacados allí por Fidel Castro y aceptados gustosamente por el presidente chileno. Todo veraz, aunque no incluía la escena correspondiente al encuentro entre Patricio de la Guardia y un desesperado Allende, quien según testigos se comportó muy valiente pero al ver todo perdido clamaba a esa hora por una tregua de cinco minutos, según algunos “para negociar la rendición”.

De la escena INT. DESPACHO PRESIDENCIAL – DIA dieron cuenta años después dos agentes cubanos que desertaron en Europa: Dariel Alarcón Ramírez (a) “Benigno” y Juan Vives, quienes se lo contaron al periodista francés Alain Ammar para el libro Cuba Nostra, Los Secretos de Estado de Fidel Castro. El propio De la Guardia se los habría narrado a ellos, a su regreso a La Habana luego de su bien planeado escape del Palacio Presidencial de Santiago de Chile.

Estos serían los hechos: Patricio De la Guardia entró al despacho de Allende, quien muy angustiado ordenaba solicitar la tregua para negociar la rendición, entonces él lo tomó por los hombros, lo hizo sentar en un sofá y le espetó: “Los presidentes revolucionarios no se rinden” y seguidamente le arrojó una ráfaga de su ametralladora. Luego colocó en manos del cadáver el fusil personal que le había obsequiado Fidel Castro, el mismo con el que aparece Allende en otras fotos del mismo día.

Las instrucciones del alevoso magnicidio le fueron dadas telefónicamente al militar por el propio Castro, en términos tales como: “Patricio, no podemos permitir que Allende se rinda o asile en una embajada, el presidente tiene que morir como un héroe… la revolución chilena necesita un final heroico”. En la lógica tanática de Fidel Castro, y en su arrogancia triunfalista que no admite fisuras en la infalibilidad comunista, un proceso político a cuya polarización él apostó tanto no debería tener el infeliz desenlace de una rendición.

Recordemos cómo el dictador cubano –a través de sus secuaces chilenos, de sus propios agentes infiltrados y de su presencia agitadora personal durante 23 días, insólita duración para una visita de Estado-trabajó activamente para profundizar el conflicto chileno y hacer imposible todo curso pacífico como el propuesto inicialmente por Allende y la mayoría de los partidos que lo apoyaban.

Castro no podía permitir que el proyecto socialista chileno naufragara en su propio fracaso. Una premisa de todos los totalitarismos –Hitler y Mussolini incluidos- es la negación a toda salida pacífica, y mucho menos electoral, de su poder. Porque una salida de ese tipo evidencia que la supuesta “revolución popular”, encabezada por el proletariado y apoyada por las “mayorías depauperadas”, ha sufrido el abandono por parte del pueblo debido a su imposibilidad esencial para cumplir con las promesas de redención que las llevaron al poder. En tal sentido, la revolución no fracasa, ella sólo finaliza como producto de la acción demoníaca del opresor imperialista y sus lacayos.

 

ACTO II

 

Cuando en julio de 2011 comienzan a aparecer los primeros síntomas de una dolencia física en el cuerpo del presidente Hugo Chávez, era automático que el primero en saberlo sería Fidel Castro, tal era el grado de control que ya había instalado ese maligno político sobre todos los aspectos del poder en Venezuela. Los médicos, guardaespaldas, asesores de mayor confianza y hasta ciertas amantes del líder respondían directamente al régimen cubano. Chávez fue examinado en Cuba a fines de ese verano y Castro conoció el diagnóstico primero que él: su gravedad, posibilidades de recuperación, posibles tratamientos, etc.

Así que Castro tuvo la oportunidad de evaluar opciones y escenarios, antes que el propio dueño del cuerpo en peligro. Pronto concluyó que estaba ante un dilema: o salvar la vida de Chávez o salvar el proceso revolucionario venezolano, que desde hacía 12 años fungía de única tabla de salvación para una isla hundida en la peor de las miserias por obra del siempre ruinoso socialismo más la corrupción e incompetencia de él y su corte. El dilema estaba fundado en la proximidad de las elecciones presidenciales de Venezuela, previstas para diciembre de 2012; de modo que, para someter  a Chávez a los tratamientos requeridos que efectivamente curasen, o al menos detuviesen por unos cuantos años el cáncer que crecía dentro de él, tendría que retirarse de la presidencia y de la política activa por al menos 18 meses. Y esos plazos no cuadraban con la participación de Chávez como candidato presidencial ante una oposición que se veía crecer unificada, mientras que en el campo chavista no existía una figura de reemplazo que, en tan poco tiempo, pudiera garantizar una victoria electoral.

Con la capacidad de seducción y manipulación que lo hizo famoso, Castro entró en acción. Y con el apoyo del cuerpo médico cubano, y hasta de santeros y paleros en los que Chávez tanto confiaba, logró convencerlo de que su mal no tenía remedio, que a él le correspondía librar su última batalla, perder la vida y ganar la eternidad, como el líder revolucionario que dio su vida por la felicidad de su pueblo. Sólo habría que adelantar las elecciones un par de meses, para garantizar que él llegara con fuerza hasta ese momento.

Chávez aceptó su destino y su misión; y vaya que la cumplió con creces, hay que reconocerlo. Baste no más recordar el acto de cierre de campaña, en octubre de 2012, cuando habló un buen rato con su energía habitual y bajo un aguacero, hasta caer desmayado en el vehículo donde prácticamente lo arrojaron luego de recorrer un buen tramo de la multitud. La historia siguiente la conocemos: Chávez ganó la elección de 2012 –la ganó, dejémonos de pendejadas- y le salvó la mesada a Fidel Castro por seis años más.

 

ACTO III

 

Los acontecimientos recientes permiten ahorrarnos el recuento y caer en el neto presente, sin mayores descripciones: la dictadura de Maduro se encuentra en una posición insostenible, todo el mundo sabe que el régimen no podrá librarse de este nuevo desafío y que es cuestión de días, a lo más semanas, para que sea echado del poder por el pueblo venezolano, su dirección política y una poderosa coalición internacional a la que estaremos históricamente agradecidos. Ante una situación que no admite dudas, las voces más sensatas del mundo le piden a Maduro que negocie ya su salida; existen diferencias sobre el tono, la forma y las condiciones de esa salida, pero no queda nadie que le pida mantenerse.

Salvo Cuba y su decreciente corte de gobiernos satélites y un puñado de mohicanos individuales. Para ellos resulta indispensable que la salida de Maduro y su pandilla ocurra por una vía violenta, lo más parecida que se pueda a una invasión imperialista con víctimas civiles, mejor si se presentan algunos bombardeos y toda la escenografía victimizada para la ocasión. Si eso ocurriese, no importan las condiciones en que sea provocado, quedaría salvado el tesoro más preciado de esta gentuza: El Relato, la posibilidad de mantener viva la salvaje mentira de que “el socialismo es la mejor vía para la felicidad de los pueblos”. Un sueño milenario que, cuando está a punto de fructificar es truncado por los malvados burgueses e imperialistas.

Hasta ahora la premisa de resistir como Numancia les ha funcionado. Aunque todo el mundo sensato sabe que el ensayo de un “socialismo electoral y pacífico” en Chile fracasó miserablemente, un sector del mundo -minoritario pero muy eficaz y ruidoso para la propaganda- mantiene la tesis del pueblo marchando unido hacia su felicidad, arrebatada por la diabólica “derecha”, representada por “la burguesía aliada con el Imperio”.

 

EPÍLOGO

 

Lo dicho, sumado a todo lo que hemos visto desde 1999 y particularmente en estos días, me lleva a pensar que Maduro y su corte más íntima resistirán hasta lo indecible, incluso poniendo su vida en ello. No tengo dudas de que Raúl Castro le ha pedido eso a Maduro y que ha ordenado las medidas para que un final como ese se produzca, aun cuando Maduro se eche para atrás a última hora.

Corresponde a nuestro pueblo, a su dirección política y a los gobiernos de la coalición aliada, hacer los mayores esfuerzos para que el designio del comunismo internacional no se produzca de nuevo en Venezuela. No regalarles fácilmente el relato. Tales esfuerzos se han hecho y se siguen haciendo, hay que reconocerlo.

Por supuesto, tampoco podemos regalarles por ello un tiempo más en el poder. Si el afán castro-chavista de que esto termine de un modo violento se hace muy difícil de sortear, y si por ello resulta muy costoso sacarlos por medios pacíficos, no dudo en aprobar que los complazcamos en su obsesión.

Que salgan entonces con las patas por delante.

 

@TUrgelles

Lo que cuenta es lo importante, las sorpresas de la vida, por Armando Martini Pietri

PASÓ LO QUE TENÍA QUE PASAR. Los venezolanos de principios éticos, valores morales y buenas costumbres ciudadanas, de trabajo, sin miedo, con valentía, coraje y voluntad, de diferentes edades, sectores sociales, culturales y económicos, salen a la calle para dejar claro, que deseamos un país a nuestro estilo y a cuyo desarrollo estamos dispuestos entregar nuestros mejores esfuerzos, y que, los decentes y honestos somos más del 90%.

Sin embargo, como sucede en este país de politiqueros y politicastros, no todo va como debería ir, y como en aquella canción, la vida te da sorpresas. 

Majaderos fracasados en la función política de organizar la convivencia, ocupándose de la actividad de una sociedad, compuesta por mujeres y hombres libres, que resuelvan los problemas que plantea la colectividad. Es un quehacer ordenado al bien común. Han sido exitosos en lo que no debería serlo ningún venezolano, en estropearlo todo, descuidando precisar detalles, mientras dedican lo principal de su atención a corruptelas y desfalco. Eso ha pasado en la nación de la cual se adueñaron con mentiras, difundiendo fantasías, falsos patriotismos, atiborrando bolsillos y carteras, saqueando reservas y dineros públicos. Sinvergüenzas adinerados compartiendo el botín producto del pillaje y raterismo con testaferros y cómplices; mientras la miseria no abandona y persiste en el pueblo. Los que vienen, aunque no lo sean del todo, es lo que han aprendido y están listos para sus propias oportunidades. Toda esa larga forma de actuar ha sido la primera sorpresa, el arduo aprender después de los sueños y distorsiones delirantes del no tan eterno comandante.

La segunda sorpresa fue para ellos, pues ni se preocuparon o supieron cómo mantener la capacidad de producción, reproducción de bienes en general y petróleo en particular, creyeron que era una especie de milagro automático, descubriendo que no es así, como que tampoco los gringos son tan lejanos ni pacientes como el fallecido barbudo y anciano cubano creía. ¡Los mitos también mueren!

Los embustes han flotado demasiado tiempo del lado opuesto a los politicastros, con politichicos que interpretan puestos de adversarios cobrando y ganando, se han convencido de que son parte -y en realidad lo han sido- del poder a cambio de conversaciones, diálogos ocultos, pactos secretos. Comprobando que se puede ser opositor sin caer en la pobreza asfixiante de las mayorías que dicen representar. Que han permanecido tiempo hablando pestes de Chávez, Maduro y sus tramoyas después que se dieron cuenta que el comandante eterno andaba en sus propios caminos, sólo se escucharía a sí mismo, quien creía reproducir, a Castro, y no lograrían sacarlo de Miraflores. Para cuando se convencieron, ya no podían saltar impunemente la talanquera -dos o tres se atrevieron- continuaron inventando heroísmos públicos y conversaciones acurrucadas para conservar algo de poder. No han viajado en la clase ejecutiva, pero en los traseros del avión se aguanta hasta llegar a cualquier ciudad del mundo, que es la idea.

Derrotados y desprestigiados por sus actuaciones, pero aferrados al mando, aunque sea en las bodegas, los panzudos politiqueros se habían repartido, las cómodas butacas de una Asamblea Nacional a la cual ya nadie hacía caso porque el policastrismo armado había dejado de lado. Desde sus asientos parecían sentirse poderosos y sacaban cuentas, hasta que le tocó el turno al más joven de ellos. Aceptaron a regaña dientes y resignados, la cuarta pata del pacto, entre bomberos no se pisan la manguera, cayendo en la trampa de su pedantería, la misma en la cual ya antes se habían rendido, los que fueron sus jefes por breve tiempo, empresarios, medios e infaltables intelectuales, cuando confiados que Chávez no era más que un militarote babieco dispuesto a ser dirigido por ellos.

Creyeron que, a falta de los cabecillas presos, inhabilitados o asilados, Juan Guaidó no era más que un joven de casualidad que vigilarían y controlarían mientras Maduro se iba destripando él solito. Juzgaron simplemente que era un fiel y esforzado muchachote de La Guaira útil para salir a patear calles y tragar gas, un modesto politiquillo, que sería otra de sus periqueras políticas de corta y poco impactante duración.

Quieren quedarse a como dé lugar y cualquier costo; sin alternativas ni poder para frenarlo le dieron la presidencia del poder legislativo creyendo sería simple alarde de un joven inexperto, sin cartera propia y dispuesto a seguir instrucciones. Pero la ciudadanía y otros anónimos -tema de otras entregas-, pensaron diferente, ratificaron e incluso ampliaron y dieron soporte al mandato popular, conscientes de que el cambio es exigente y complejo para conducir. Deshacerse de patibularios, hacer los ajustes necesarios, que no son pocos, enmarañados como la burocracia, industria petrolera y militares ¿qué se hace con un ejército contaminado de sangre, violencia, injusticia, centenares de generales y almirantes? Eso lleva mucho tiempo, esfuerzo y riesgo.

Lo que importa no son las palabrejas habituales ni los afanes de politiqueros financiados por bolichicos y deshonestos solicitados por la justicia internacional, que buscan desesperados conservar privilegios cuando aterrados, observan, como florecen moceríos y una renovadora clase dirigente. Mientras el momento se encarga y transcurre, menos tiempo y credibilidad le queda a esos envejecidos -aunque algunos sean o parezcan jóvenes- dirigentes, atosigados de mentiras y fracasos de años.

Ése es el cambio que de verdad se está produciendo, el que interesa. Porque, como en tiempos no tan lejanos exclamaban los argentinos, “¡que se vayan todos!” pero generalizar siempre es malo y se corre el riesgo de equivocarse, diríamos entonces, casi todos. ¡Vamos Venezuela!

 

@ArmandoMartini 

O somos demócratas, o somos bolivarianos por Asdrúbal Aguiar

NUESTRO PRIMER EXPERIMENTO CONSTITUCIONAL Y CIVIL: el de la llamada Primera República, en 1811, dura poco por una razón de fuerza.

Se soporta, no obstante, sobre la convicción compartida por los hombres de levita sentados en su Congreso, la mayoría egresados de la Real y Pontificia Universidad de Santa Rosa de Lima y Tomás de Aquino, en cuanto a que Venezuela es una realidad territorial y humana diversa. No por azar sus anclajes cotidianos los constituyen los cabildos.

De modo que, somos desde la modernidad y mirándonos en nuestras raíces más profundas una asociación entre gentes que comparten su rechazo al despotismo; anhelante de que todos los derechos valgan para todas las personas y que, éstos, como premisas, sujeten y subordinen a la organización política. Así nos forjamos en la génesis, como una república confederada, cuyo gobierno tiene prohibido ser reelecto al concluir su cuatrienio.

Esta perspectiva, obra de un nutrido debate entre los diputados de la época, redactada por varios de éstos, constante en la prensa y profusa, incluso pone de lado el proyecto unilateral de incanato elaborado años antes por el diputado vicepresidente, Francisco de Miranda.

Ese modelo liberal naciente es combatido en lo inmediato y con ardor por Simón Bolívar, quien acaso se forma bebiendo en las fuentes de la Escolástica que defienden el derecho divino de los reyes.

Al traicionar al mismo Precursor, desde Cartagena de Indias denuesta de civiles reunidos en Caracas. Los anatematiza como parteros de “repúblicas aéreas”. Arguye que los venezolanos no estamos preparados para el bien supremo de la libertad. Una cosa es, por ende, salir de Fernando VII, otra creer que en casa propia podemos hacer lo que nos venga en gana.

De allí que, como una suerte de monarca a la criolla, le abre compuertas, entre nosotros, al bonapartismo; ese que provoca la ruptura violenta de la historia francesa con su pasado y por obra de una revolución que pide a pie juntillas “un Estado único, una ley única, un único pueblo”, como lo recuerda Mignet.

Desde Angostura, en 1819, Bolívar, escribe “su” constitución. Propone un Senado vitalicio y hereditario, integrado por los hombres de armas, para que jamás olvidemos que a las armas debemos la libertad. Y en ese empeño igual, al darle a Bolivia “su” constitución, en 1826, tiene el cuidado de asignarle carácter vitalicio al presidente y derecho de sucesión al vicepresidente que éste designe. Lo de Nicolás Maduro, por lo visto, no sería inédito.

He allí una parte o las razones de los desencuentros de aquél durante la Gran Colombia. He allí las razones que abonan nuestra separación de esta y la forja de una república independiente. He allí el por qué, José Antonio Páez, incluso siendo militar, impone a los hombres de armas irse a sus haciendas y dejar que los civiles redibujen al país.

He allí lo que, al paso, contextualiza la advertencia final que a los colombianos hace el entonces presidente del Congreso de Valencia, Francisco Xavier Yanes, de origen cubano, sobre el peligro de Bolívar y sus teorías para el porvenir de ambas patrias.

El postulado básico de la Constitución de 1830, un segundo ensayo democrático todavía limitado, es demoledor en su objetivo: El pueblo no puede depositar el ejercicio de la soberanía en una sola persona.

Curarnos de ese mal endémico es, exactamente, lo que anima a las generaciones de 1928 y de 1936, parteros de la república de partidos nacida en 1959.

Volver a nuestras raíces, redescubrir a nuestro ser primigenio, es lo que se proponen así los suscriptores del Pacto de Puntofijo, cimiento de la experiencia democrática que finaliza en 1998.

Romper con el “cesarismo democrático” que, a inicios del siglo XX, apologiza Laureano Vallenilla Lanz para justificar el regreso a Bolívar durante la dictadura de J.V.Gómez, cultivar al hombre a caballo, al padre bueno y fuerte como fatalidad, es, por ende, el desiderátum de la Constitución de 1961; la que infama y declara moribunda Hugo Chávez al asumir el poder.

¿Por qué los comunistas, quienes participan en los debates del Pacto al concluir éstos no lo firman?

Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba son conscientes de la esencia de la democracia. Ha de ser plural y diversa, compatible con el ADN nacional y nuestro sentido de la libertad. De allí que a la idea del “unanimismo despótico” – como lo llama Rómulo – sugerido por la izquierda le opongan aquéllos la libertad de los partidos y la diversidad de cosmovisiones; que sólo ceden ante las amenazas de entregarle el poder a un predestinado.

No es casual que Fidel Castro, el 23 de enero de 1959, siembre cizaña desde la Plaza O’leary de Caracas, como antesala de los alzamientos guerrilleros que financia y de los golpes militares de izquierda que ocurren a lo largo del primer quinquenio democrático. “El sentimiento bolivariano está despierto en Venezuela”, son sus palabras premonitorias.

¿Será por desmemoriados, me pregunto hoy, que algunos de quienes se dicen opositores a la narco-dictadura que nos lega el soldado Chávez, administran Cuba y los militares a través de un mascarón de proa, Nicolás Maduro, reclamen escoger a un “líder único” a través de elecciones primarias?

O somos demócratas, o somos bolivarianos, lo digo sin ambages, con énfasis. Al Libertador, que descanse, y para siempre.

[email protected]