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Dic 10, 2017 | Actualizado hace 2 años
Tú no existes, por Gonzalo Himiob Santomé

CarnetdelaPatria_

Rodará la cédula, como decimos por acá, pero en estas últimas semanas, con toda esta tragedia del “Carnet de la Patria”, no he podido dejar de recordar un evento de mi adolescencia. Estaban ya terminando los ochentas del siglo pasado, cuando una tarde cualquiera, en una de esas paradas de la cooperativa de por puestos “Casalta-Chacaíto-El Cafetal”, a los que allí estábamos esperando la buseta nos cayeron los “tombos” (también les llamábamos “los pacos”) con una frase que, en aquel momento, era una de las más temidas por los que estábamos cercanos a los 18 años: “¡Cédula en mano y contra la pared!”.

Sí, antes también le temíamos a los policías, a los militares y, en general, a los uniformes. No eran, por supuesto, los verdes ni los azules iguales a los de ahora, imponían miedo, es verdad, y no todos eran modelo de virtudes (antes también algunos te pedían, para dejarte en paz, “pa´l fresco”) pero también imponían respeto, al punto de que, lo recuerdo, cuando en una familia, y no necesariamente de las más humildes, alguno de los vástagos decidía al terminar su bachillerato meterse a militar o a policía, esto se aceptaba hasta con alegría, y a los que elegían esos caminos no les veías, como ahora, renegando avergonzados de sus insignias y uniformes, sino luciéndolos con orgullo. Algunos de mis compañeros de clase, al graduarse, eligieron para ellos la carrera militar, en la armada para más señas, y no puedo dejar de reconocer que a los demás nos daba un poco de envidia ver cómo, cuando les permitían asistir a alguna de nuestras fiestas juveniles, las muchachas, bajo la complacida mirada de sus padres, no podían quitarles los ojos de encima, ni a ellos ni a sus entonces elegantes y sobrios uniformes.

En fin, no nos desviemos. Aquel día, apenas escuchada la orden policial, todos los que estábamos allí, hombres y mujeres, corrimos a cumplirla. Buscamos la primera pared a nuestra disposición y, levantando los brazos, nos apoyamos contra ella, en silencio y sin mirar a los lados. Empezó entonces la requisa. A las damas las dejaron ir a los pocos minutos, luego de revisar sus documentos y de hacerles un par de preguntas de rutina, pero a unos cuatro o cinco muchachos que también habíamos caído nos dejaron para el final. Por supuesto, estábamos todos muy nerviosos. Recordemos que eran los tiempos de la “recluta” y, si ya habías cumplido los 18 y no te habías inscrito en el Registro Militar, o si no te habías excusado de prestar el servicio, podían llevarte a “Conejo Blanco” o a otro fortín para obligarte a servir en las fuerzas armadas. Si tenías suerte y, por ejemplo, estabas por entrar a estudiar en una universidad, lo más que te hacían era llevarte un par de días a algún cuartel en el que, además de cortarte el cabello al rape, te insistían con muy, pero muy, moderada “amabilidad” en que debías cumplir tu deber patrio como militar. Si no la tenías, terminabas como recluta, no recuerdo ahora por cuanto tiempo, aprendiendo, con harta rudeza, las artes militares. Por ese lado, yo estaba cubierto, pues no tenía más que 16 o 17 años. Era un “menor de edad” y, mientras lo fuera, no podían reclutarme. Pero el destino me tenía preparada una mala sorpresa.

Cuando llegó mi turno en la requisa, los policías me exigieron la cédula de identidad. Presto me llevé la mano a mi bolsillo, a buscar mi “cartera de surf” (los que sepan de qué hablo son mis contemporáneos) pero, para mi mala suerte, la había dejado en casa, con mi cédula en ella. No me había dado cuenta antes porque en esos días, no como ahora, el por puesto lo podías pagar con unas pocas monedas, y estas sí tintineaban, junto a mis llaves, en mi bolsillo delantero.

Ahí empezó el calvario…

“Eres un indocumentado”, me dijo el funcionario. Le respondí que no, que solo había tenido la mala suerte de dejar mi cartera con mi cédula en ella “¿Y cómo sé yo que tú tienes cédula?”, continuó, a lo cual respondí diciéndole el número y mis datos completos y pidiéndole que, si podía, lo verificara. “Yo no puedo hacer eso”, replicó, y no supe qué decirle, por lo que aprovechando mi silencio me soltó esta perla: “Si no tienes cédula, tú no existes”.

Pónganse ustedes en el lugar de un muchacho, casi ya un adulto, que había leído ya una buena cuota de libros y que, además, ya empezaba a mostrar, a veces imprudentemente, su contenciosa vocación de abogado ¿Cómo explicarle al funcionario la obviedad de que mi existencia la corroboraba el simple hecho de que él estuviera allí hablando conmigo? ¿De dónde sale eso de que un ser humano solo existe si tiene en su poder un pedazo de papel plastificado? Incluso, con larga ingenuidad, llegué a fantasear con que, al mejor estilo de Perry Mason, le exigía al uniformado que me dijera qué ley, reglamento o decreto, sustentaba su oprobiosa afirmación, y que respetara mis derechos, venciéndolo al instante. Y estuve a punto de hacerlo, pero la obtusa, neutra e impenetrable mirada del agente me detuvo de inmediato. En esa madera no había clavo que entrara. Alzado y respondón quizás, pero bobo no. Guardé silencio, me resigné, y me puse a pensar en cómo lograría comunicarme con mis padres para ver qué podrían hacer ellos por mí.

“Te vienes conmigo”, la cortante frase dejaba claro que ya no había nada más que decir. Pero la providencia, una vez más, intervino. Las alas de mi ángel de la guarda ya deben estar maltrechas, así lo pensaba mi madre, dada mi tendencia de niño y adolescente a buscar lo que no se me ha perdido, pero en aquella oportunidad también se apiadó de mí. Ya estaban montándome en la “jaula” cuando una llamada radial en esos códigos indescifrables que usan los policías les requirió a mis captores que corrieran a otro lugar a servir de apoyo a yo no sé qué operativo, evidentemente más grave y apremiante que lidiar un par de muchachitos sin cédula. A los que nos habían agarrado sin el documento, nos bajaron de la “jaula” a empujones y allí nos quedamos, entre asustados y aliviados, esperando el próximo por puesto para llegar a casa.

Pero la frase del oficial se quedó conmigo: “Si no tienes cédula, tú no existes”.

Muchos años han pasado de aquel suceso. Recuerdo que ya estudiando derecho y luego en mis especializaciones, me dediqué un poco a indagar sobre la naturaleza jurídica de la cédula de identidad como documento y sobre lo que se le podía exigir de un ciudadano en relación a ella. De todo lo que leí, recuerdo que me quedó la inquietud de escribir una monografía, la que sería después mi primer trabajo jurídico publicado (bajo el pomposo título de “Particularidades Probatorias Relativas a la Identificación Personal en Materia Penal”, 1996). En esta, una de las conclusiones a las que llegué, de la mano por cierto de algunos autores nacionales que, a la sazón, luego acompañaron y aplaudieron a Chávez y a su “revolución”, fue la de que a nadie le estaba autorizado, mucho menos a los cuerpos militares o de seguridad, eso de subordinar la existencia de un ser humano, su más esencial humanidad, o cualquiera de sus derechos, a la simple posesión de un papel plastificado.

Tanto nadar, como dice el refrán, para terminar muriendo en la misma orilla. Tanto hablar de las barbaridades y abusos de “la cuarta” para terminar haciendo hoy, con el “Carnet de la Patria” exactamente lo mismo, y hasta peor. No hay peor hipocresía, ni peor crueldad, que la de llamarse “humanista” y luego negarle a un ser humano, sobre todo si está en especial condición de vulnerabilidad, su dignidad esencial o sus derechos porque no tiene encima un pedazo de plástico con su nombre en la mano. Yo me imagino en esos empleados de los bancos, o en la de esos funcionarios públicos que hoy, por no tener el bendito “Carnet de la Patria”, les niegan a los abuelos sus pensiones, a los padres y madres los alimentos para sus hijos, o a los enfermos las medicinas que necesitan para sobrevivir, la misma mirada obtusa, neutra e impenetrable de aquel policía que, porque yo no tenía conmigo mi cédula de identidad, hace ya más de tres décadas, había decidido que yo, “no existía”. Aquel, ayer, y estos, hoy, pese a la cháchara y la verborrea, pese a las excusas, los discursos, el tiempo y la distancia son, como decimos en mi pueblo, la misma miasma.

@HimiobSantome

Esto es lo que debes saber sobre la cédula fronteriza para ingresar a Colombia

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La propuesta que hizo el Gobierno nacional a su homólogo de Venezuela, sobre la creación de una cédula fronteriza fue avalada por el vecino país y se implementará a partir de la fecha de reapertura de la frontera.

Cómo funciona, a quiénes cobija, en dónde regirá, qué requisitos demanda obtenerla y hasta dónde tiene cobertura en los dos países, entre otros alcances, fueron explicados por Víctor Bautista, director para el Desarrollo y la Integración Fronteriza de la Cancillería, y Christian Krüger Sarmiento, director nacional de Migración Colombia.

 

1 ¿Para qué una cédula fronteriza?

Según las autoridades es una medida migratoria de facilitación que busca tener debidamente identificada a la población de la frontera. No reemplaza la cédula de ciudadanía, dijo Bautista.

2 ¿A partir de cuándo se deberá portar?

Cancillería de Colombia manifestó que será gradual su tenencia, pero que en un principio la tendrán los estudiantes, tanto de Venezuela como de Colombia, que deban ir a recibir clases al país vecino, al igual que los trabajadores que certifiquen que tienen empleo en ciudades fronterizas, como San Antonio, Ureña, Cúcuta y Villa del Rosario.

3 ¿Qué requisitos se deben cumplir para obtenerla?

Aunque este punto aún es materia de estudio, Migración Colombia dijo que los interesados deben demostrar que tienen un bien inmueble en la ciudad, o que pagan impuestos o tienen obligaciones civiles que demuestren su arraigo con la frontera.

4 ¿Qué beneficios obtienen los ciudadanos de frontera?

Se permitirá a los ciudadanos transitar sin tener que presentarse en los puestos de control. Podrán comprar productos de la canasta familiar, pero no se permitirá el acaparamiento.

5 ¿Cuándo y cómo se empezará a reclamar este documento?

Las autoridades aún no han definido una fecha para la expedición, pero lo que ya se sabe es que repartirán una pequeña cartulina temporal (a modo de contraseña) la cual indica que la cédula fronteriza está en trámite.

6 ¿Hasta dónde tiene radio de acción la cédula fronteriza en ambos países?

Este punto se define hoy. Por ahora hay una propuesta del gobernador del Táchira, José G. Vielma Mora, que dice que del lado venezolano se pueda llegar hasta San Cristobal. Del lado colombiano, se ha mencionado que hasta Pamplona.

 

El “apátrida” por Víctor Maldonado C.

Exilio_

 

El mal existe. El mal contemporáneo esta necesariamente vinculado a la capacidad inmensa para hacer daño que tienen los poderosos sin probidad. A ese foso se llega de caída, cuando el único fin que parece apreciable es el mantener el poder para disfrutarlo concupiscentemente. Los que así piensan están sometidos al rentismo del poder, que se asume dentro de la perversa lógica de los juegos de “suma cero”, y que tarde o temprano termina aniquilando a quien lo practica. Nada se comparte dentro de una lógica depredadora. Se juega en los extremos donde todo es posible porque no hay límites, ni éticas, ni principios morales que puedan darle sentido de proporcionalidad al certamen. Nadie lo pretende equilibrado, equitativo, ceremonial o siguiendo algún protocolo. Todo lo contrario. El duelo consiste en que todo vale a la hora de deshacerse de un adversario o de buscar aniquilar a quien lleve la contraria. La única norma del poder maligno es precisamente que no tiene parámetros. La ventaja del poderoso sin probidad es que resulta inimaginable e increíble hasta dónde puede llegar y las cosas que puede hacer. Pero allí están los testimonios de los que han sufrido cárcel, exilio, tortura, secuestro, extorsión y amenazas. Allí están los montajes realizados a los dirigentes políticos, las trampas psicológicas alevosamente aplicadas a Leopoldo López y a su familia, el proceso y cárcel aplicados al alcalde Antonio Ledezma, el acoso que sufre Teodoro Pettkoff, el exilio de Alberto Ravell, Miguel H. Otero y tantos otros que han tenido que interrumpir sus vidas para resguardarse del peligro inminente. En ninguno de estos casos hay dramas que puedan ser considerados como secundarios. Cada uno de ellos representa un proyecto de vida interrumpido, una expectativa suspendida, una vida maltratada y quién sabe cuántas rupturas imposibles de recomponer.

La práctica de la maldad política se convierte en una inmensa bola de nieve con perspectivas desoladoras. Nadie puede sentirse especialmente inmune. Una muestra es lo ocurrido al ciudadano Miguel Ignacio Mendoza Donatti, mejor conocido como Nacho. Ya sabemos que su discurso ante la Asamblea Nacional el día de la juventud le trajo como consecuencia el hostigamiento del gobierno. Al ciudadano le anularon el pasaporte y lo dejaron por unos días confinado en el país, imposibilitado de cumplir con sus compromisos profesionales,  y sometido al trapiche burocrático de tener que solicitar un nuevo documento. Los que vivimos en Venezuela sabemos que cualquier proceso público es una apuesta condicional. No hay ley aplicada universalmente sino mecanismos institucionalizados de extorsión. Pero el artista no se dejó amedrentar y su respuesta frontal y valiente, apelando al pueblo, tal vez fue su salvación. Al momento de escribir este artículo ya es noticia que obtuvo otro pasaporte. En ocasión de ese ultraje ciudadano, uno más de los que se cometen todos los días, @JJRendon escribió el siguiente tuit: “Toda mi solidaridad a la distancia. La lucha es la misma. La causa es Venezuela”.

En ese momento caí en cuenta del verdadero sentido del mensaje. Nacho no es el primero que se ve sometido al maltrato de su ciudadanía. El estratega político venezolano tiene años sufriendo la infeliz circunstancia de tener que vivir como un “apátrida”. Y no me refiero al usual insulto con el que el socialismo del siglo XXI intenta estigmatizar a cualquiera que le lleve la contraria. Es algo mucho peor, mucho más oscuro y siniestro. El ciudadano J.J. Rendón sufre una constante y sistemática persecución que ha pasado por el despojo de su nacionalidad legal porque no cuenta con un pasaporte válido y confiable, porque el régimen se niega a proporcionárselo y porque es público y notorio el ensañamiento contra lo que él es, lo que significa su trabajo y lo que tiene que ser visto como su derecho inalienable a disentir y a luchar por lo que él cree valioso. Dejar a un individuo sin ciudadanía, someterlo al exilio, dejarlo “en veremos”, es un castigo antiquísimo. Sócrates prefirió el suicidio antes que someterse al extrañamiento. El filósofo lo hizo como una demostración de pedagogía política. No iba a ir contra las leyes de la ciudad cuando estas lo perjudicaban. Nunca lo había hecho cuando le beneficiaron.

Pero no nos llamemos a engaño. No son las mismas circunstancias. No es la ciudad y su derecho los que deciden ahora, sino la perversidad convertida en régimen que despoja y desarraiga, sin importarle lo que al respecto se ha logrado en el plano de los derechos humanos consagrados internacionalmente, sin  prestar atención a los derechos y garantías establecidos en la constitución supuestamente vigente. En este caso concreto de J.J. Rendón el calificativo de “apátrida” lo coloca en un limbo porque por la vía de los hechos “no está siendo considerado como nacional suyo por Venezuela” y esto se hace al margen de lo establecido en la legislación venezolana. La nacionalidad y los derechos concomitantes a la identidad, al pasaporte, a la libre movilización le fueron confiscados con el interés de castigarlo, de convertirlo en un paria, de ocasionarle perjuicios y de confinarlo a la fragilidad perenne. No importa lo que al respecto digan las convenciones sobre refugiados y la que regula la condición de los apátridas. No importa tampoco que Venezuela sea signataria de la Convención Universal de los Derechos Humanos.  Al margen de todo decoro y sin importar que estemos en el siglo XXI y no en el siglo IV antes de Cristo, lo que es realmente sustancial es que a un ciudadano venezolano se le despoja de su condición y por esa vía se le invalidan todos sus derechos humanos. Sin ciudadanía no hay ejercicio posible de los derechos. Y las expresiones más conspicuas de la ciudadanía son la cédula de identidad y el pasaporte vigente. Y a quienes les niegan cédula y pasaporte los están lanzando al espacio insólito y atípico de los “apátridas”.

Por supuesto nada decente se puede esperar del mal y del poder ejercido maliciosamente. A un estratega político le resulta especialmente costoso el no poder movilizarse y el sufrir un ataque constante a su reputación. Ambos flancos han sido obsecuentemente atacados por los enemigos políticos de J.J. Rendón, cobrándole así sus éxitos y sus incuestionables capacidades para vencer al cartel del socialismo del siglo XXI allí donde ellos han intentado extender su franquicia. En un libro, todavía inédito, el estratega político relata su lucha, en tono pedagógico, positivo y autobiográfico. Su lectura resulta apasionante en la misma medida que la ciencia ficción se transforma en realidad comprobable y en un testimonial de hasta dónde hemos podido sufrir la descomposición activa de cualquier referente republicano. Para el protagonista del libro es el relato “de la más implacable persecución” cuyo afrontamiento “me ha demostrado la gran capacidad que tenemos para fortalecernos en la adversidad”. Esa capacidad es la resiliencia y el libro trata sobre eso: luchar sin entregarse. No someterse al imperio del miedo. No resignarse. No conformarse. No guardar silencio. No entregar los principios.

El ser un ganador tiene sus costos. J.J. Rendón ha sido acusado de todo e insultado de todas las maneras posibles. Los que han perdido el poder gracias a sus estrategias y a la disciplina con la que las implemente lo bautizaron como “el rey de la propaganda negra” o el “experto en guerra sucia”. Los políticos por lo general son malos perdedores, y en lugar de asumir su responsabilidad en sus malos resultados prefieren decir que fueron víctimas de alguien. Allí esta Evo Morales como el ejemplo más reciente.  Pero el socialismo del siglo XXI no se ha quedado en ese tipo de calificativos sobre la forma como supuestamente encara las campañas políticas que están a su cargo. Ellos han pasado de los malos adjetivos al insulto. Al de “apátrida” habría que sumarle el de “mal nacido”, “piltrafa humana”, “bandido de siete suelas”, “terrorista”, “miserable”,  “sicario del imperio”, “agente de la CIA”, “enemigo público número uno de la revolución bolivariana”, e incluso el ser un “azote”, porque a juicio de los jerarcas del bolivarianismo del siglo XXI  “el talento a favor de las libertades es un talento  sin probidad, y por eso mismo es un azote”.  Todos hemos sido testigos del dossier de insultos aplicados al ciudadano J.J. Rendón, porque muchas veces han sido proferidos en cadena nacional, o a través del dossier de programas escatológicos divulgados a través de los canales oficiales.

Lo cierto es que programas transmitidos en cadena nacional lo han tenido a él como ejemplo de una degradación supuestamente intolerable. Las amenazas a su integridad y la descalificación son parte del repertorio usual de los medios oficiales que han acumulado más de 189 ataques desde abril de 2013 hasta la fecha. La inquina es pública y comunicacionalmente notoria. J.J. Rendón es el único venezolano al cual la red de TELESUR le ha dedicado varias campañas de infomerciales a nivel mundial, fomentando el descrédito y la explotación del odio  con los recursos que deberían ser dedicados a hospitales y educación. Agencias de relaciones públicas han sido contratadas para fomentar su desprestigio y problematizar aún más su condición de refugiado político que es la consecuencia automática de haber sido tratado como un ciudadano sin patria que lo reconozca como uno de los suyos.

Todo el mundo puede imaginar que quien siembra el odio contra alguien espera pacientemente que algún día esa cizaña de frutos. Basta revisar las redes sociales para hacer un inventario de las numerosas amenazas veladas en la que se ceban los adeptos del régimen que quisieran hacer realidad los deseos de sus líderes. Ese odio así sembrado, pacientemente regado, puede provocar resultados terribles e indeseables. J.J. Rendón lo sabe, sin embargo no se amilana, acostumbrado como está a buscar fuerza en la meditación zen, “sentarse tranquilamente quieto, tratar de deslindarse de la confusión, del descontento, del dolor, del sufrimiento…”

La anulación del pasaporte es solamente un detalle que ha podido salvar gracias a que países amigos –cuyos nombres no pueden hacerse públicos para evitarles las tradicionales arremetidas del régimen- le han concedido salvoconductos humanitarios y algunas facilidades contingentes y provisorias. Al “mal nacido” (y con ese epíteto los del régimen le quieren señalar que para ellos nunca debió haber nacido en Venezuela, porque no lo merece al no haberse plegado al socialismo del siglo XXI) le niegan los beneficios de la nacionalidad y lo persiguen implacablemente por todo el mundo. Las solicitudes de captura intentadas ante la INTERPOL han sido refutadas y rechazadas una tras otra, pero lo siguen intentando. Los esfuerzos de penetración de su personal de confianza, una y otra vez, con el fin de perjudicarlo, han resultado infructuosos, lo que no significa que no haya tenido costos. Estratagemas para entregarlo y venderlo a la guerrilla colombiana y planes de extradición forzada al país para “juzgarlo revolucionariamente” son solo una porción de un dossier de iniciativas aviesas que están relatadas como parte de una vida azaroza que sin embargo, permite a quien la ha vivido sacar lecciones positivas de todas esas experiencias extremas.

Muchos amigos saben de estas peripecias y se preocupan. “Tus enemigos han saboteado tus negocios, tus finanzas, tu vida familiar, atentan contra tu vida, amenazan con meterte preso y con destruir tu honor, y sin embargo aquí estás, como si nada… ¿Cómo haces?” La respuesta de J.J.Rendon deja ver su formación budista. “Todos tenemos nuestra ración de catástrofes personales. Parte del secreto está en no asumir una actitud catastrofista… La única manera que puedo explicar el haber resistido al acoso de un estado poderoso, el haberme levantado varias veces y el haber florecido profesionalmente es el empeño que he puesto en prepararme para fortalecer mi condición de ser humano con resilencia”. Para J.J. Rendón la resiliencia es negarse a la indefensión aprendida. Es no entregarse. Es seguir luchando, estudiando y preparándose para la victoria. Amat Victoriam Curam es su lema.

Por esa razón es que al ver lo que le estaban haciendo al ciudadano Miguel Ignacio Mendoza Donatti la reacción fue de plena solidaridad. Le estaba diciendo a Nacho que se podía y se debía encarar con coraje el desplante neototalitario. Que no era el único tratado como “apátrida” y violado en sus derechos esenciales. Pero que todo, incluso las peores catástrofes terminan siendo anécdota y posterior olvido si no caemos presas del miedo, único alimento del poder perverso. “Enfrentar el miedo es fundamental para la resiliencia, aprender a enfrentarlo es esencial para nuestra preparación para la victoria”. Y de victorias sabe  J.J. Rendón,  aunque sigue sin pasaporte, negados sus derechos ciudadanos y perseguido implacablemente. Esos son los riesgos que decidió asumir una vez que se percató  que sus principios y valores personales lo iban a terminar enfrentando con el régimen neototalitario establecido en Venezuela. Por eso mismo aún así sigue luchando sin detenerse un instante para que esta época de desmanes y fracasos sea superada de una buena vez, eso sí, como lo sabe hacer, dando la batalla política para lograr el relevo por medios previstos constitucionalmente, democráticos, electorales y pacíficos.

Termino el artículo y me quedo pensando, por ejemplo, en las veces que a Nelson Bocaranda lo han retenido al ingresar al país. En los cientos de obstáculos que cotidianamente tiene que superar María Corina Machado para hacer política. En los desmanes de la lista de Tazcón, en la pesadilla de dirigir una empresa o de soportar todas las infamias que ha tenido que soportar Lorenzo Mendoza y Empresas Polar,  en las difíciles decisiones que han debido tomar todos los que han sentido que no pueden seguir viviendo en Venezuela, en los infinitos cálculos de los que decidimos quedarnos, en fin, en lo que todos tenemos que decir, contar, compartir o relatar sobre esta época en la que la ciudadanía se nos ha rebanado de manera tan infamante. Leer el libro de J.J. Rendón, aun inédito, es pasearse por un compendio de lo peor que nos ha ocurrido a todos, pero que en su caso dramático, le ha ocurrido todo a él, eso sí, sin doblegarlo, sin vencerlo. Por eso a la luz de su experiencia me surgen un conjunto de interrogantes ¿Por qué no nos hemos constituido en un club de víctimas si la verdad es que sumamos 30,6 millones de ciudadanos conculcados en sus derechos esenciales? ¿Cuándo nos vamos a condoler de lo que le ocurre al otro tanto como cuando nos ocurre a nosotros? ¿Cuándo vamos a comenzar a practicar con intensidad la solidaridad activa si todos hemos sido de alguna manera rasgados en nuestra integridad? ¿Cuándo nos vamos a asumir como desplazados internos, replegados de las calles, despojados de las libertades más esenciales, confinadas a vivir el país como castigo? ¿Cuándo vamos a mirar con compasión la tragedia del exilio? ¿Cuándo vamos a comenzar a relatar nuestros sufrimientos para construir esa gran moraleja nacional que tanta falta nos hace para superar esta indefensión, esta indiferencia? Porque no nos quepa ninguna duda: La lucha es la misma. La causa es Venezuela.

@vjmc

Quién es la funcionaria del SAIME que le negó la cédula a Nacho

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Este 6 de enero el nombre de Moreily Andreina Piñero resonó en redes sociales cuando el cantautor venezolano Miguel Ignacio Mendoza, mejor conocido como Nacho, del dúo musical Chino y Nacho, denunció que esta funcionaria le quiso negar su documento de identidad el pasado 6 de diciembre, cuando hizo el trámite para poder ejercer su derecho al voto en las elecciones parlamentarias de ese día.

En una búsqueda en Internet, el equipo de ElPitazo.com pudo determinar que Piñero Martínez vota en el Colegio Cristo Rey, ubicado en la avenida Estadio de urbanización Santa Mónica, en Caracas.

Piñero además figura en una lista de tabletas Canaima para estudiantes de la UNEFA, núcleo Caracas.

De acuerdo con su registro de seguro social, cotiza por la Fundación Misión Identidad devengando un sueldo mensual de 54.846,47 bolívares, según datos hasta el año 2015. El año anterior, en 2014, devengaba un sueldo de Bs. 58.597,37. Su primera afiliación fue en 1999, cuando contaba con tan solo 17 años.

Existe un registro de Moreily Andreina Piñero como autora en un sitio web femenino denominado Tremenda Mami. En el caché de Google se puede observar su nombre completo, pero actualmente aparece como “strella”. Su publicación más reciente en esa web fue el 10 de agosto de 2015, titulada “Como calcular la ingesta de proteína diaria”.

También ha escrito para el portal Tremenda Noticia donde aún conserva su verdadero nombre.

 

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Nacho denuncia que le negaron su cédula en el Saime por “escuálido”

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Miguel Ignacio Mendoza, mejor conocido como Nacho, relató el desagradable momento que vivió para sacarse la cédula con la intención de ejercer su derecho al voto en las elecciones parlamentarias del pasado 6 de diciembre. Así lo expuso en su cuenta de Instagram el cantante del popular dúo “Chino y Nacho”.

Se encontraba en el exterior y decidió emprender una travesía para llegar el domingo 6 de diciembre y sacar su cédula para poder votar. Explicó que una amiga que trabaja en el SAIME (Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería) se ofreció a ayudarlo para hacer el trámite.

Nacho decidió hacer público el incidente dado que su amiga ha recibido humillaciones y presiones para que renuncie por orden de la la supervisora, Moreily Andreina Piñeiro. El cantante pidió a sus seguidores difundir la información.

Antes de las elecciones parlamentarias Nacho junto a Víctor Muñoz se unieron para presentar un nuevo tema de su autoría. “Mi felicidad” es el nombre de la canción que ha se viralizó por las redes sociales, con un claro mensaje en relación con los comicios del 6 de diciembre.

 

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[Zulia] Bloqueo de cédulas a bachaqueros se extenderá a 73 supermercados

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En un operativo sorpresa, ayer, un total de 10 mil ‘cédulas’ de usuarios fueron bloqueados en el sistema biométrico (captahuellas) usado en los supermercados. El largo listín con la cédula de los “infractores” fue colocada a las afueras de un establecimiento privado (De Candido de La Lago) y, por ende, no podrán adquirir productos de la cesta básica hasta nuevo aviso.

Una fuente ligada al nuevo sistema contra el contrabando dijo, a Panorama, que la colocación de las listas forma parte de un “plan piloto” para atacar la reventa de alimentos en el Zulia y su extracción ilegal hacia Colombia.

Aseguró que mediante el mecanismo se bloqueó a unas 10 mil personas —la mayoría ‘bachaqueros’— y se espera con esto que los compradores habituales puedan acceder a los productos.

“La medida podrá extenderse en 73 supermercados del estado Zulia. La detección de los bachaqueros se realizó mediante un programa de informática que identifica a compradores que acuden hasta 3 veces a distintos supermercados durante un mismo día”, precisó.

“Con este despliegue se busca liberar a estos supermercados de los bachaqueros. No se descarta que en las próximas horas las autoridades de la Gobernación presenten la denuncia ante el Ministerio Público para la demostración de delitos contra la seguridad alimentaria. Se realiza en estos momentos auditoría de los sistemas de ventas de los supermercados para detectar complicidades internas”, expresó.

Posterior al resultado de la auditoría pudieran bloquearse por tiempo indefinido personas cuyo comportamiento en el sistema indique compras irregulares. Se espera la fijación de un lugar donde puedan presentar reclamos usuarios que por alguna razón hayan resultado bloqueados y no tengan ninguna relación con compras para el ‘bachaqueo’. Para tales reclamos se deberá presentar cédula laminada, acotó.

Ayer, trascendió que el plan piloto arrancó en los supermercados Enne Fuerzas Armadas, Centro 99 (de Ferremall), Latino (Bella Vista), Supermart (Doral Mall), De Candido (La Lago) y Nasa Sur. Los compradores chequeaban su cédula de identidad en la “lista negra” para corroborar que no forman parte de las personas sancionadas.

La acción tomada por las autoridades regionales generó opiniones a favor y en contra por parte de los marabinos.

“Me parece excelente que a los bachaqueros los saquen del sistema. Ojalá que la sanción sea por un año (…) ya estoy cansada de hacer colas en los supermercados por culpa de ellos”, comentó Rosario Jiménez, compradora.
Algunos exigieron “mano dura” contra aquellos que emplean varias cédulas para burlar el sistema biométrico. “A quien agarren con tres o cuatro (documentos) deben ir presos. Esa sería la única forma para que los bachaqueros escarmienten”, opinó Daniel Soto.

Otros se mostraron sorprendidos por aparecer en la lista. “Soy docente universitaria y me sorprende encontrar mi cédula allí. No sé por qué me incluyeron. Estoy dispuesta a que revisen mi histórico de compras”, señaló la mujer que pidió no ser identificada.

En recorrido, que hizo este diario, por los establecimientos se pudo constatar que la lista también incluyó a 500 empleados de tres cadenas de supermercado. “Desconocemos qué parámetros se usaron para decir que ese personal es bachaquero. Ellos son sostén de familias y también comen”, aseveró Oscar Escalona, secretario del Sindicato Bolivariano de trabajadores de De Candido.

Se trató de contactar a Enrique Parra, intendente de Maracaibo, para tratar sobre el tema de las cédulas bloqueadas, pero no se logró su contacto.

Exigen RIF y carta de residencia para comprar comida en San Cristóbal

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Humberto Contreras, alcalde del municipio Andrés Bello, aledaño a San Cristóbal, denunció que en esa localidad cambiaron arbitrariamente las normas para la venta de alimentos y productos de primera necesidad al exigir a los compradores el RIF sellado por los consejos comunales.

Añadió que luego de 13 días del cierre indefinido de la frontera en el municipio Andrés Bello el abastecimiento no mejora, pues hay largas colas en los comercios porque el suministro no es suficiente para cubrir la demanda. Recordó que aun así se mantenía un orden, pero hace algunos días, Greizon Chacón, prefecto de Cordero, les cambió las reglas a los comerciantes. “Les exigió que pidan a los compradores el RIF (Registro de Información Fiscal) sellado por el consejo comunal”, dijo y señaló que en instancias nacionales no se han dado órdenes para exigir el documento con esas especificaciones.

“Es el único municipio donde por capricho del prefecto se impone esta medida”, afirmó Contreras. Refirió que de 42 consejos comunales registrados 26 funcionan y el resto está acéfalo.

Precisó que el sábado 5, la Cámara Municipal realizará un cabildo para consultar a la comunidad, que compra los productos por el número terminal de la cédula de identidad.

Natalia Chacón, alcaldesa del municipio de Lobatera, bajo estado de excepción, indicó que aunque no están en frontera han sido afectados por acciones ilícitas como el almacenamiento clandestino de gasolina. Aseguró que en esa localidad hay abastecimiento de productos que hace tiempo no se veían como champú y jabón.

El concejal de Lobatera Marcos Medina solicitó a Chacón explicar qué establecimientos vendían los productos porque los lobaterenses tienen que trasladarse a municipios cercanos para buscar y comprar alimentos y artículos de la cesta básica.

 

Santamaría abajo
Nadie se detiene frente a una tienda de calzados en San Antonio de Táchira. Aunque ofrecen zapatos de moda y de marca ninguno de los transeúntes entra al comercio. “El cierre de la frontera ha sido una desgracia para los comerciantes. Hemos tenido pérdidas de 100% porque casi la totalidad de nuestros clientes venía de Colombia”, dijo Pedro Flores, encargado del negocio.

La devaluación del bolívar atrae a los colombianos a los estados fronterizos venezolanos desde hace años, pues pueden comprar a bajo precio los productos. Son clientes que, además, suelen pagar con moneda extranjera (pesos de Colombia), explicaron dueños de comercios. “Ellos son, realmente, quienes mueven el comercio en esta zona porque lamentablemente los venezolanos no tenemos poder adquisitivo debido a la crisis económica”, agregó Flores.

En muchos locales de tres de los municipios en estado de excepción –Bolívar (San Antonio), Ureña e Independencia– decidieron bajar las santamarías hasta nuevo aviso. No hicieron caso a las declaraciones del gobernador de Táchira, José Vielma Mora, quien afirmó que si cerraban serían abiertos.

“Estamos trabajando con un horario especial, menos horas, porque se redujeron las ventas y, además, tenemos que tomar previsiones por el estado de excepción”, contó la propietaria de una papelería en San Antonio que pidió no decir su identidad.

En un restaurante de Ureña aseguraron que las ventas bajaron 80%. “Ahora solo vienen los guardias nacionales a comer, pero no son muchos. 90% de nuestros clientes son colombianos”, dijo el dueño del local. Las filas para comprar gasolina mermaron en Táchira. Las estaciones de gasolina se encuentran prácticamente vacías. Pero las largas colas para comprar alimentos y productos regulados continúan en las afueras de los supermercados y establecimientos comerciales, custodiados por la Guardia Nacional y cuerpos policiales de la región.

*Con información de El Nacional y Panorama

 

 

Se reactivará la venta de productos básicos por terminal de la cédula

CarlosOsorio10

Carlos Osorio, vicepresidente de Seguridad Alimentaria y ministro de Alimentación, anunció este jueves que se reactivará la venta de productos básicos de acuerdo con el terminal de la cédula.

“Cumpliendo con el mandato del pueblo reactivamos el acceso a los productos prioritarios por terminal de cédula”, informó vía Twitter el ministro Osorio, quien hace dos meses había prometido anular la medida.

En otro mensaje agregó: “Nuestro pueblo lo pedía por las redes sociales, en las calles, tomamos sus exigencias y las cumplimos @NicolasMaduro”.

No aclaró, sin embargo, si la decisión se volverá a implementar en comercios de la red pública o en la privada.