Ocho años después de su detención, organizaciones defensoras de derechos humanos renovaron este 5 de agosto el reclamo por la libertad de Emirlendris Carolina Benítez, una comerciante venezolana que permanece recluida en el Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), en Los Teques, tras ser condenada a 30 años de prisión.
Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) recordó que Benítez forma parte de las mujeres que continúan privadas de libertad por motivos políticos en Venezuela y denunció que su caso refleja un patrón de persecución y represión que, según la organización, la convirtió en víctima de acusaciones infundadas, torturas y daños irreversibles en su salud.
“Recordar los 8 años de este secuestro institucional no es solo un acto de responsabilidad, sino un reclamo firme y urgente para exigir su libertad plena, inmediata e incondicional”, señaló JEP.
Hoy, 5 de agosto, se cumplen 8 dolorosos años desde que la vida de Emirlendris Carolina Benítez fue fracturada por la por el patrón de persecución y represión aplicado en Venezuela y que la convirtió sin ningún tipo de pruebas, en una de las 47 mujeres que al presente siguen…
— Justicia, Encuentro y Perdón (@JEPvzla) August 5, 2026
Una detención marcada por denuncias de irregularidades
Emirlendris Carolina Benítez Rosales fue detenida el 5 de agosto de 2018, cuando tenía cuatro meses de embarazo. Según organizaciones de derechos humanos, fue arrestada junto a su esposo mientras se trasladaban en un servicio de taxi en el estado Portuguesa.
Tras su detención, las autoridades la vincularon con el atentado con drones contra Nicolás Maduro ocurrido días antes en Caracas. Benítez fue acusada por delitos como homicidio calificado frustrado, terrorismo y traición a la patria, señalamientos que ella negó y que organizaciones como Amnistía Internacional han cuestionado por considerar que no existen pruebas creíbles en su contra.
Luego de su arresto fue trasladada a Caracas y permaneció recluida durante un año en la sede de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), en Boleíta, estado Miranda. Posteriormente, fue enviada al Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), donde permanece actualmente.
No hay celebración en la imagen familiar de la presa política Emirlendris Benítez publicada por el Servicio Penitenciario y en la que se expuso a 5 niños. Emirlendris fue condenada a 30 años siendo inocente y el caso Drones no fue considerado para amnistías. pic.twitter.com/ckxaFxcNmE
Durante su reclusión, organizaciones de derechos humanos denunciaron que Benítez fue sometida a torturas y tratos crueles, inhumanos y degradantes mientras estaba embarazada y las agresiones sufridas bajo custodia estatal provocaron la pérdida de su embarazo. La organización denunció que, después de ese episodio, fue trasladada a un centro médico donde recibió atención bajo condiciones que también fueron cuestionadas por sus familiares y defensores.
Las secuelas de esos hechos han afectado gravemente su salud. Según Amnistía Internacional, desde 2020, presenta dificultades para caminar y desde 2022 utiliza silla de ruedas. También ha enfrentado problemas médicos que requieren atención especializada.
Una condena de 30 años y reclamos internacionales
Benítez fue condenada a 30 años de prisión, una sentencia que organizaciones defensoras de derechos humanos consideran injusta y vinculada a un proceso con irregularidades.
En 2022, el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de Naciones Unidas determinó que su privación de libertad era arbitraria y solicitó al Estado venezolano su liberación inmediata. El organismo señaló que fue detenida sin una orden de arresto, que no fue informada adecuadamente sobre los motivos de su detención y que permaneció incomunicada.
Ese mismo año, el exdirector del Sebin, Manuel Cristopher Figuera, afirmó que Benítez no tenía relación con el caso por el que fue detenida.
Su situación también ha sido denunciada ante otras instancias internacionales. En 2020, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas de protección a su favor. En 2023, la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado de Estados Unidos exigió su liberación, mientras que Amnistía Internacional emitió acciones urgentes en 2023 y 2024 para pedir su excarcelación y atención médica inmediata.
Ocho años lejos de sus hijos
Además de las consecuencias físicas, la privación de libertad ha significado una separación prolongada de su familia. Benítez es madre de dos hijos: una hija que emigró antes de su detención y un hijo que permanece bajo el cuidado de su padre.
Durante estos ocho años, su familia ha denunciado las dificultades para acompañarla y atender sus necesidades médicas dentro del centro penitenciario.
En 2025, ocho instancias del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas se pronunciaron sobre las violaciones denunciadas en su caso. En 2026, el senador estadounidense Rick Scott también pidió su liberación y la de los demás presos políticos del país.
Para las organizaciones defensoras de derechos humanos, el caso de Emirlendris Benítez representa las consecuencias de la criminalización, la falta de garantías judiciales y las condiciones que enfrentan las personas detenidas por motivos políticos en Venezuela.
A ocho años de su arresto, ONG y activistas mantienen la exigencia de que sea liberada y que reciba una atención médica adecuada para atender las secuelas que dejó la privación de libertad y las agresiones denunciadas durante su reclusión.
#Venezuela Hoy se cumplen 8 años de la detención arbitraria de Emirlendris Benítez.
⚠️8 años desde que fue torturada y perdió su embarazo ⚠️8 años de su hijo creciendo sin su madre ⚠️8 años de abusos e injusticia ⚠️8 años de lucha de su familia
— Amnistía Internacional Américas (@AmnistiaOnline) August 5, 2026
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
Un grupo bipartidista de senadores de Estados Unidos presentó este 4 de agosto una resolución en la que reafirma su respaldo a una transición democrática en Venezuela e insta a celebrar elecciones libres, justas y transparentes, liberar a todos los presos políticos y garantizar la participación sin restricciones de todos los actores políticos.
Resolución bipartidista
La iniciativa fue presentada por el senador republicano Ted Cruz y la senadora demócrata Jeanne Shaheen, con el respaldo de John Curtis, Dick Durbin, Tim Kaine y Rick Scott, entre otros legisladores.
El documento sostiene que el pueblo venezolano debe poder elegir democráticamente a sus autoridades y considera que el restablecimiento del orden constitucional es fundamental para la estabilidad del país y para los intereses de seguridad de Estados Unidos.
Elecciones, presos políticos y garantías
La resolución solicita la liberación inmediata de todos los presos políticos y exige que todos los dirigentes puedan participar libremente en la vida pública, incluido el “regreso seguro” de la líder opositora María Corina Machado para ejercer plenamente sus derechos políticos.
Asimismo, plantea la imposición de sanciones contra las personas que intimiden, persigan o impidan la participación de candidatos, dirigentes políticos o ciudadanos en un eventual proceso electoral.
El informe también expresa el respaldo del Senado estadounidense a un proceso de transición pacífico que permita reconstruir las instituciones democráticas y garantizar el respeto de los derechos humanos.
Llamado a una transición democrática
En un comunicado difundido tras la presentación de la resolución, Ted Cruz afirmó que “el pueblo de Venezuela merece elecciones libres, justas y transparentes” y sostuvo que es “vital para los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos que esas elecciones se celebren de manera expedita“.
Por su parte, Jeanne Shaheen señaló que la comunidad internacional debe seguir respaldando al pueblo venezolano y reiteró la necesidad de liberar a todos los presos políticos y garantizar que los actores democráticos puedan participar sin amenazas ni represalias.
En medio del diálogo político
La resolución fue presentada en un contexto marcado por una nueva ronda de conversaciones entre representantes del oficialismo y un sector de la oposición venezolana, proceso que ha generado expectativas, pero también cuestionamientos por la ausencia de avances verificables en materia de derechos políticos y garantías electorales.
Aunque este tipo de resoluciones no tiene carácter vinculante, fija la posición política del Senado de Estados Unidos sobre la situación venezolana y busca orientar la política exterior del país hacia el respaldo de una transición democrática basada en elecciones libres, el respeto a los derechos humanos y la liberación de todos los presos políticos.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
Para muchas personas con discapacidad, las rutinas son una forma de seguridad: permiten anticipar lo que ocurrirá, regular emociones y desenvolverse en su entorno. Aunque organismos como UNICEFy Save the Children alertaron sobre los efectos del doble terremoto del 24 de junio en niños, niñas y adolescentes, sus reportes públicos no diferenciaron los impactos diferenciados en las personas con discapacidad —niñez, adolescencia y adultez— que en La Guaira y Caracas enfrentaron la pérdida de terapias, apoyos y espacios conocidos, aumentando barreras que ya existían antes del terremoto.
Una red para sostener a las familias
Yessica Jaimes, masoterapeuta y trabajadora de Grupo Zenco Salud, también conoce la neurodivergencia. Ella es una persona neurodivergente que, gracias a años de terapias y acompañamiento, ha desarrollado herramientas de regulación que hoy le permiten comprender mejor las dificultades que enfrentan otras familias después del terremoto.
“Puedo entender muy bien lo que los padres y los niños y niñas están viviendo”, explica.
Esa experiencia fue el punto de partida para involucrarse en la búsqueda de niños y jóvenes neurodivergentes afectados por la emergencia. Aunque ya colaboraba como voluntaria con la fundación Pilares Marino, una organización dedicada a otras áreas, comenzó a preguntar constantemente por las familias que necesitaban atención especializada en La Guaira.
“¿Dónde están los niñosy las niñas?, ¿dónde están los niñosy las niñas?”, recuerda que fue una de las preguntas que empezó a repetir durante sus recorridos.
Visitó refugios y comunidades, especialmente en Caraballeda y otros sectores afectados, donde encontró familias que enfrentaban una dificultad adicional: además de haber perdido estabilidad tras el terremoto, tenían que sostener cuidados específicos para niños que requerían rutinas, terapias y apoyos particulares.
“Al variar sus rutinas esto le cambia toda su estructura, toda la seguridad que esas rutinas suelen brindar”, explica Petter Mendoza, psicólogo y trabajador de Cecodap, organización que ha documentado la situación de niños, niñas y adolescentes tras la emergencia. Aunque la atención a personas con discapacidad no ha sido el eje principal de ese acompañamiento, señala que ha tenido contacto con jóvenes con discapacidad motriz e intelectual afectados por el terremoto.
Según Mendoza, la emergencia aumentó los niveles de ansiedad al alterar hábitos diarios, espacios conocidos y redes de apoyo. La atención, explica, debe centrarse en garantizar seguridad emocional y accesibilidad en refugios y espacios temporales. También señala que, en el caso de niños y niñas con autismo, elementos de regulación sensorial como audífonos, mantas u objetos de apoyo pueden ayudar a reducir crisis provocadas por ruidos, cambios de ambiente y estímulos difíciles de controlar.
En ese proceso, Yessica llegó hasta Génesis Sojo, docente y creadora de la Fundación Planeta Verde y Azul y madre de un adolescente neurodivergente de 17 años. La historia de Génesis tenía un punto en común con muchas de las familias que Yessica buscaba acompañar: ella también había vivido la emergencia desde la vulnerabilidad.
Desde 2023, Génesis trabajaba para crear en La Guaira un espacio de atención y formación integral para niños con autismo, una iniciativa que nació de su propia experiencia como madre. Pero el terremoto modificó esa labor y también su vida cotidiana.
“Somos sobrevivientes del terremoto”, menciona Génesis Sojo. Ella y su familia tuvieron que abandonar su vivienda en Playa Grande y pasar cinco días durmiendo en la calle mientras esperaban un lugar seguro. En medio de esa incertidumbre, apareció una ayuda que parecía momentánea, pero terminó convirtiéndose en una red de apoyo para otras familias.
Una amiga comenzó a publicar que estaba entregando alimentos sin gluten, y Génesis pensó en su hijo, cuya alimentación requiere cuidados específicos. Le escribió para pedir apoyo y recibió una respuesta que abrió una posibilidad distinta.
“Yo le pedí para mi hijo y ella me dijo que sí, pero después me habló de una donación para niños y niñas neurodivergentes”, recuerda.
Lo que inicialmente parecía una colaboración puntual empezó a crecer. Génesis tenía identificadas a varias familias de la fundación que también necesitaban apoyo, y la entrega de alimentos comenzó a transformarse en un acompañamiento constante para niños y niñas neurodivergentes afectados por la emergencia.
“En ese momento pensé que era una ayuda del momento, pero no. Recibimos almuerzo para nuestros hijos y esto fue creciendo”, explica.
Con el paso de las semanas, la red comenzó a recibir más donaciones y a organizar entregas periódicas. Actualmente, según Yessica, apoyan a más de 50 niños y niñas con alimentos libres de gluten que llegan mediante colaboraciones.
“Ella sabe que son 52 niños y niñas y ahorita van a 54 comidas que reparte”, relata.
Foto: Cortesía
Además del apoyo alimentario, Yessica Jaimes, trabajadora de Grupo Zenco Salud, comenzó a gestionar otros recursos y a conectar a las familias con profesionales como terapeutas ocupacionales y psicopedagogos, buscando que la respuesta no se limite a cubrir una necesidad inmediata, sino que considere las particularidades de cada niño y niña.
Una rutina rota en un refugio
Yelitza Contreras no habla solo como abuela. Habla como una de las personas que tuvo que aprender a cuidar en medio de una emergencia que trastocó todas las rutinas de una familia. Su nieto, un niño de cinco años con autismo, vivió el terremoto junto a su madre, su tío de 11 años y otros familiares en el urbanismo Hugo Chávez, en Playa Grande, La Guaira. Después del sismo, la familia terminó en un refugio, donde permaneció siete días antes de encontrar un lugar donde resguardarse.
El día del terremoto, Yelitza no estaba en casa. Había salido y al otro lado quedaron su esposo, su hija, sus dos nietos y un vecino. La alerta llegó al teléfono, pero no hubo tiempo suficiente para reaccionar.
“Cuando avisó ya era tarde. El terremoto estaba encima”, relata.
Dentro de la vivienda, el movimiento comenzó a sacudirlo todo. Su hija, al ver que los objetos empezaban a caer, tomó lo que tenía a mano para proteger a los niños y niñas. Usó las almohadas como escudo mientras el ruido de la estructura y los golpes de los objetos llenaban la casa. Hubo daños, pero lograron salir antes de que la situación fuera peor.
Después vino otra etapa difícil: adaptarse a un refugio con un niño o niña que tiene necesidadesdistintas. El pequeño es descrito por su familia como un niño cariñoso, conversador y con mucha energía. Sin embargo, la tensión de los últimos días también se ha reflejado en su comportamiento, especialmente con su madre.
“Con nosotros habla, es carismático, pero con la mamá se pone agresivo”, revela.
La falta de sueño también se convirtió en una preocupación. La familia ha notado cambios en sus hábitos desde el terremoto. Para un niño que necesita estabilidad y rutinas, pasar de su casa a un refugio, compartir espacios y convivir con la incertidumbre representa un desafío adicional.
Él mismo parece entender que algo cambió. Según su abuela, el niño repite que su casa se rompió, una frase sencilla que muestra cómo procesa lo ocurrido. La vivienda dejó de ser un lugar seguro y se convirtió en el recuerdo de un momento que todavía intenta comprender.
En el refugio ubicado en la esquina de Quenepe, en Maiquetía, dentro del colegio Juan Rocío, aula 11, la familia ha recibido apoyo con pañales y alimentos especiales para niños neurodivergentes. Sin embargo, mantener la alimentación que necesita no siempre ha sido sencillo.
“Esa comida le empieza a aburrir. A veces le compramos comida normal”, explica Yelitza.
Aunque el niño no llevaba una dieta restrictiva antes del terremoto y siempre había comido distintos alimentos, la situación actual obligó a la familia a adaptarse con los recursos disponibles. Entre las limitaciones del refugio y las necesidades particulares del pequeño, cada día implica buscar un equilibrio.
Mientras los adultos intentan reconstruir la vida después del sismo, él sigue buscando espacios para moverse y jugar. “Quiere estar en todo”, dice su abuela, describiéndolo como un niño inquieto que intenta encontrar su lugar dentro de un entorno completamente distinto al que conocía.
Para Enmanuel Gutiérrez, psicopedagogo independiente, lo que vive esta familia refleja una de las principales dificultades que enfrentan los niños neurodivergentes después de una emergencia: la pérdida de referencias conocidas y de rutinas que les daban estabilidad.
“Hay que devolver la sensación a los niños y niñas y también a los adultos del control del tiempo”, explica Gutiérrez, quien recomienda recuperar rutinas mediante horarios visuales y actividades predecibles para ayudar a las personas neurodivergentes a regularse tras una emergencia.
Según el especialista, las familias deben validar las emociones de los niños y niñas, además de cuidar también a los cuidadores, mientras que las escuelas deben priorizar la contención emocional, los espacios de calma y los ajustes razonables. Además, plantea que la reconstrucción debe incorporar accesibilidad y equipos multidisciplinarios para atender las necesidades de las personas con discapacidad afectadas.
La emergencia deja más barreras que las conocidas
Josefina Gómez todavía intenta reconstruir en su memoria los segundos en los que sintió que todo podía cambiar. Es madre de una niña con autismo y con una discapacidad física producto de un accidente en el que perdió dos dedos de su mano derecha. Vivían juntas, pero después del terremoto tuvieron que abandonar su vivienda luego de que el edificio Arichuna, ubicado en El Silencio -Caracas- fuera declarado inhabitable.
Ahora permanecen en la casa de una amiga mientras intentan encontrar respuestas sobre su futuro. El espacio que antes era su hogar quedó atrás y, con él, también quedaron muchas de las rutinas que le daban estabilidad a su hija.
El día del terremoto estaban en la calle. Adriana recuerda que ambas quedaron inmóviles por unos instantes al ver el movimiento de los edificios y la reacción de las personas alrededor. El miedo le impidió incluso recordar con claridad el lugar exacto donde ocurrió todo.
“Nos quedamos en shock”, expresa, al recordar ese momento.
Cuando logró reaccionar, hizo lo que pudo: tomó a su hija y corrió con ella hasta encontrar un punto donde pudieran resguardarse. En esos segundos, su prioridad fue mantenerla a salvo mientras alrededor aumentaba la confusión.
Desde entonces, la vida cambió para las dos. La niña ha tenido dificultades para adaptarse a la nueva realidad, marcada por la pérdida de su espacio habitual y la interrupción de susrutinas. Adriana explica que su hija está más impaciente y afectada por los cambios que trajo la emergencia.
Mientras espera una solución para la vivienda, la mujer también enfrenta una situación económica complicada. Es madre soltera, no tiene empleo actualmente y asegura que la falta de recursos le ha impedido incluso comprar algunas cosas necesarias después del terremoto.
“No sé qué hacer”, dice Josefina, quien intenta sostener a su hija mientras enfrenta una incertidumbre que todavía no tiene fecha de cierre.
Su caso no es aislado. En los refugios y comunidades afectadas comenzaron a aparecer otras familias con niños y jóvenes neurodivergentes que enfrentaban una dificultad adicional: adaptarse a una emergencia que cambió sus espacios, sus tratamientos y sus formas de cuidado.
Foto: Cortesía
Adriana Castañeda, voluntaria que acompañó a familias durante laemergencia, cuenta que la identificación de estos niños, niñas y adolescentes surgió a partir del recorrido que realizó el profesor Robert Jurado por distintos refugios. Desde su centro de acopio en Playa Verde, donde recibían alimentos sin gluten, comenzaron a organizar apoyo para niños y jóvenes que requerían atenciones específicas.
Lo que más le impactó fue la resistencia de los padres que, pese a perder viviendas, ingresos y estabilidad, continuaban buscando alternativas para sus hijos. Sin embargo, también encontró situaciones donde las barreras que ya existían antes del terremoto se hicieron más profundas.
“Hay mamás que no dejan salir a sus muchachos porque sienten que al hacerlo se alteran más”, COMENTA.
Para Castañeda, la emergencia evidenció que muchas familias no solo necesitaban alimentos o donaciones puntuales, sino acompañamiento constante y advierte que conseguir productos específicos, como alimentos sin gluten, se volvió más complejo para padres que quedaron sin vivienda y con menos recursos económicos.
Aunque reconoce la ayuda de fundaciones y voluntarios, insiste en que la atención no puede quedarse en la respuesta inmediata. “Tal vez los diferentes somos nosotros, no ellos”, afirma al pedir una mirada más inclusiva hacia las personas neurodivergentes y sus familias.
Esa necesidad de comprender las particularidades de cada persona también es una de las advertencias de Robert Javier Jurado, director del Taller de Educación Laboral de La Guaira y persona neurodivergente con sordoceguera por síndrome de Usher. Desde su experiencia personal y profesional explica que el terremoto no solo afectó estructuras físicas, sino también los entornos de seguridad que muchas personas con discapacidad necesitan para desenvolverse.
“Cuando dicho espacio pierde el control, internamente también se pierde el control”, relata.
Para Jurado, las rutinas, los ambientes conocidos y la previsibilidad cumplen una función esencial en la regulación emocional de las personas neurodivergentes. Por eso, los cambios provocados por la emergencia —vivir en refugios, adaptarse a nuevos sonidos, enfrentar el calor, la intemperie o la presencia constante de desconocidos— pueden convertirse en factores de mayor angustia.
Asimismo, advierte que cada persona tiene necesidades distintas y que no todas las condiciones pueden abordarse de la misma manera. Según sus visitas, la emergencia, profundizó barreras que ya existían antes del terremoto, desde la dificultad para conseguir alimentos específicos y tratamientos hasta los obstáculos físicos que ahora enfrentan quienes deben movilizarse en espacios afectados.
Aunque reconoce la solidaridad que surgió después del sismo, Jurado insiste en que la atención no puede limitarse a la ayuda inicial, porque la recuperación de las personas con discapacidad requiere acompañamiento sostenido y espacios adaptados a sus necesidades.
“Emocionalmente no se está preparado, y psicológicamente mucho menos”, afirma al referirse al retorno a clases y a la recuperación de los espacios de atención para atender a estas personas.
La discapacidad no puede quedar fuera de la reconstrucción
“Los desastres naturales a veces se pueden convertir en sucesos más bienexcluyentes, que aíslan a este grupo tan vulnerable como es la infancia con discapacidad”, subraya Selene Monteverde, especialista en atención a la discapacidad y trabajadora del Centro de Estudios para la Discapacidad (CEDISC) de la Universidad Monteávila (UMA), quien advierte que una emergencia puede profundizar las barreras que ya enfrentaban niños y familias antes del desastre.
Monteverde señala que la interrupción prolongada de terapias, tratamientos, ayudas técnicas y apoyos educativos puede provocar pérdida de habilidades, retrocesos en el desarrollo y mayores episodios de ansiedad por la ruptura de rutinas y entornos conocidos. Además, advierte que la suspensión de estos servicios afecta procesos fundamentales como la comunicación, la autonomía y la socialización de niños y adolescentes.
Pero comprender el impacto de esa ruptura también exige mirar lo que ocurre en el cerebro de niños y adolescentes durante una emergencia.
“Cuando ocurre un evento como un terremoto, el cerebro entra en un estado de alerta constante. En niños, niñas, adolescentes y adultos con discapacidades, que dependen mucho de la previsibilidad y de las rutinas para organizar su entorno, esa sensación de seguridad se rompe y la respuesta al estrés puede intensificarse”, explica Gabriela Zambrano, neuróloga infantil y trabajadora de la Clínica Soñares.
La especialista señala que esa respuesta puede manifestarse con mayor irritabilidad, alteraciones del sueño, ansiedad, retrocesos en habilidades previamente adquiridas y dificultades para adaptarse a los cambios. Reitera que la recuperación depende de restablecer progresivamente las rutinas, retomar las terapias y ofrecer entornos estables que permitan al sistema nervioso salir del estado de alerta y recuperar la sensación de seguridad.
Sin embargo, traducir ese conocimiento en acciones concretas es parte del desafío que enfrentan las familias y los equipos de rehabilitación tras la emergencia.
En una entrevista telefónica concedida a Runrun.es, la terapeuta ocupacional independiente Janet Rojas explica que un operativo realizado por un equipo de terapeutas ocupacionales y personal de enfermería en la cancha de El Trébol, en La Guaira, permitió registrar hasta el 31 de julio a 52 niños, niñas y adolescentes afectados por el terremoto vinculados a la Fundación Planeta Verde y Azul. Este registro corresponde únicamente a población infantil y adolescente; hasta ahora, no existe un levantamiento consolidado sobre personas adultas con discapacidad afectadas por el sismo, aunque los equipos de atención continúan identificando casos.
Fuente: Informe técnico elaborado tras un operativo de levantamiento de información realizado en La Guaira para identificar las necesidades de niños, niñas y adolescentes con discapacidad afectados por el terremoto
Rojas también detalla que la ruptura del entorno cotidiano alteró las actividades de la vida diaria de niños, niñas y adolescentes con discapacidad, especialmente por la pérdida de rutinas, espacios conocidos y recursos necesarios para su regulación. Explica que, en el caso de las personas con autismo, los cambios bruscos, los ruidos intensos y la falta de previsibilidad pueden aumentar la sobrecarga sensorial, por lo que algunas familias requieren apoyos como auriculares antirruido, objetos de regulación y secuencias visuales que ayuden a anticipar las actividades y reitera que el apoyo a los cuidadores es fundamental, debido a que ellos enfrentan una mayor carga al intentar sostener las necesidades particulares de sus hijos.
“Los niños, niñas y adolescentes con discapacidad enfrentan lo que se denomina una doble vulnerabilidad: sus derechos pueden verse severamente comprometidos por las barreras arquitectónicas, la falta de insumos médicos específicos para sus tratamientos y el riesgo de quedar excluidos en la entrega de ayuda humanitaria. El Estado y las instituciones tienen la obligación de garantizar la igualdad y no discriminación, así como la protección de esta población durante y después de una emergencia”, explica Víctor Briceño, abogado y trabajador de Cecodap.
Según Briceño, estos principios están contemplados en los artículos 3 y 29 de la LOPNNA, referidos a la igualdad, la no discriminación y la protección de niños y niñas con necesidades especiales. Advierte que los refugios y espacios temporales deben contar con ajustes razonables y condiciones adaptadas para evitar que las personas con discapacidad queden invisibilizadas. Esta situación también alcanza a los adultos con discapacidad, quienes pueden perder apoyos, tratamientos y redes de autonomía tras un desastre y la Constitución establece que, incluso durante estados de excepción, los derechos humanos y las garantías fundamentales no pueden ser suspendidas.
El desafío de no dejarlos atrás
Las familias que cuidan a personas con discapacidad vivieron la emergencia desde distintos lugares: Génesis, una madre que convirtió una necesidad propia en apoyo para otros niños neurodivergentes, Yelitza, una abuela que acompañó a su nieto con autismo tras el cambio a un refugio y Josefina, otra mamá que busca recuperar la estabilidad de su hija luego de perder su vivienda.
Foto: Cortesía
Y están quienes hablan desde su propia vivencia como personas neurodivergentes:Yessica y Robert, con esas que miradas permitieron entender cómo la pérdida de espacios conocidos y la ruptura de rutinas pueden afectar la regulación emocional y la autonomía, pero también cómo esa experiencia puede convertirse en acompañamiento para otras familias.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
¡Buenos días! Aquí te servimos El Mañanero de este miércoles, 5 de agosto, ese rapidito de noticias que entra suave, pero despierta de golpe. El menú incluye “El primer sorbo”, una dosis fuerte de información para abrir los ojos, esa noticia que marca la agenda; “Recién salido del horno”, un resumen de los temas más importantes de las últimas horas; “Lo que rompe en redes”, para que arranques la jornada a tono con los temas virales o tendencia en X, Instagram o TikTok; “Azuquita pa’l café”, un contenido curioso o inspirador para endulzar la mañana y “La ñapa”, con recomendaciones culturales, de información general o entretenimiento para que tu día tenga buen sabor hasta el próximo café.
El primer sorbo
En declaraciones ofrecidas a la prensa ayer martes 4 de agosto junto al vicepresidente de Paraguay, Pedro Alliana, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, insistió en que los venezolanos deben tener “paciencia” ante la llegada de una eventual transición democrática en el país.
A siete meses de la captura de Nicolás Maduro, sostuvo que están “avanzando en dos caminos”, uno “para mejorar las vidas diarias de los venezolanos económicamente” y otro para una “reconciliación nacional”.
“Nos siguen tratando como criminales, no nos sentimos normales, no sentimos que estamos haciendo un proceso migratorio justo. Nos siguen tratando como delincuentes. Hay mujeres embarazadas”, hay mujeres que perdieron por falta de atención médica”, Claudia Carolina Rodríguez Caglianone, futbolista venezolana liberada bajo fianza por ice en estados unidos
Lo que rompe en redes
🙏 Finalmente lo logró. Miriam y su terquedad dieron con el cuerpo de Olga, su madre.
Lo hizo solita, en términos familiares.
Estuvo ahí, día y noche, con sol, hambre y polvo.
Su cuñada de apoyo, sus vecinos y voluntarios, dieron con el cuerpecito, quemado, que espera ser… pic.twitter.com/jJ4nE7lGPg
— Cristian Crespo F. 🇨🇺 (@cristiancrespoj) August 4, 2026
Azuquita pa’l café
La banda Jamiroquai, antigua asidua de escenarios en Venezuela, anunció su gira por Latinoamérica.
La sabiduría popular nos recuerda, en el laberinto de los tiempos, que «el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra», sentencia que resalta el origen de los errores humanos, de los cuales también se aprenden lecciones de experiencia para intentar evitar frustraciones y desengaños.
¿Cuántos diálogos van?
En nuestra Venezuela del siglo XXI se han convocado no dos, sino que, según algunos, 18, y según otros, nueve. Al consultar a la inteligencia artificial, esta responde: «Nueve es el conteo de las grandes etapas históricas estructuradas, mientras que 18 refleja la totalidad de los intentos y reuniones formales de negociación que se han convocado de forma intermitente para buscar una transición o salida política».
Desde la primera gran cita formal al diálogo en la Venezuela chavista, ocurrida en abril de 2002 de la mano del presidente Hugo Chávez tras los sucesos del golpe de Estado del 11 de abril, han transcurrido numerosas convocatorias hasta la reciente de agosto de 2026, con la particularidad de que todas han finalizado con ganancia de tiempo para la tiranía gobernante.
¿Esto podría llevarnos a pensar que el diálogo debe desecharse? En absoluto, pues es el terreno propicio para evitar que escalen los conflictos.
Claro, siempre que la calidad del encuentro reúna, por un lado, a las partes que representan el poder y, por el otro, al que tiene el reconocimiento legítimo de la población. En el caso venezolano, esta manifestó en julio de 2024, mediante el voto soberano, sus deseos de cambio y de desalojar del poder al mandatario usurpador por la vía democrática.
¿Qué nos dicen otras transiciones?
Veamos otros procesos políticos en Hispanoamérica. En la transición chilena hacia la democracia participaron principalmente la Concertación de Partidos por la Democracia, el régimen militar de Augusto Pinochet y los movimientos sociales y ciudadanos, en un proceso que derivó en el plebiscito de 1988 y el fin de la dictadura. Este culminó el 11 de marzo de 1990 con la asunción del presidente socialcristiano Patricio Aylwin.
Otro caso fue la Transición española: tras la muerte de Francisco Franco, en noviembre de 1975, participaron el rey Juan Carlos I; el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez; Manuel Fraga, exministro franquista, y los líderes de la oposición democrática Felipe González, del PSOE, y Santiago Carrillo, del PCE. Ese proceso culminó con la aprobación de la vigente Constitución de 1978 y la posterior elección parlamentaria de las Cortes.
La legitimidad ausente
Si bien es cierto que no existen paralelismos ni analogías entre las transiciones hacia la democracia, sí hay una constante: la legitimidad de los actores políticos y sociales participantes, sin la cual esos procesos fracasan.
Lamentablemente, ese no es el caso del tinglado orquestado y convocado para esta semana, con integrantes de la Asamblea Nacional de 2015 por el lado opositor y de la actual Asamblea Nacional de 2026 por el régimen.
De todas las convocatorias al diálogo efectuadas en el siglo XXI, esta es la que peor calificación merece de los actores participantes (oposición y gobierno). Desde la última, convocada en Barbados en 2023, hasta la mesa de negociación y acuerdos (2002-2004), los actores mencionados disfrutaron, por el lado del régimen, de la mano dura del poder y del sostén de sus proxies; y, por el lado opositor, del apoyo de una población que siguió de forma incondicional todos los llamados de un liderazgo sin escrúpulos que traicionó las mayoritarias ansias de cambio.
Dos bates quebrados en la mesa
Esa no es la realidad de hoy. Por el lado del rodrigato en el poder, este no es más que un engendro usurpador carente de todo reconocimiento popular, producto de la derrota de Maduro en julio de 2024 a manos del presidente electo Edmundo González, con el 71 % de la votación. Y, por el lado opositor, carece de toda legalidad, pues culminó su período constitucional en enero de 2021 y fue desechado por el frustrado pueblo, que lo repudió en las primarias de octubre de 2023 al votar por María Corina Machado como candidata presidencial, con un 92 % de respaldo popular.
¿Qué podemos esperar de este conciliábulo de agosto? Nada que no sea un sainete para ganar tiempo: por el lado del régimen usurpador, manipular la doctrina estalinista del «repliegue táctico», plegándose a la humillación imperial a la espera del resultado de las elecciones de medio término norteamericanas; y, por el lado opositor, lamerse las heridas ante el desprecio popular, tratando de recuperar alguna cabeza de playa frente al reconocido liderazgo de MCM, a quien las encuestas le exigen su presencia en Venezuela.
Monólogo, no diálogo
En definitiva, no estamos en presencia de un diálogo, sino de un simple monólogo que intentarán disfrazar, en cada reunión, con un parte de acuerdos emanados de un tutelaje de conocimiento público y notorio, cuyo lamentable destino es situarse en la acera contraria al sentimiento nacional.
Hay encuentros que ningún notario certifica pero que resultan más verdaderos que una biografía oficial. El mío con Martin Luther King fue de esa clase: no hubo apretón de manos ni acta de reunión, sino años de lectura terca hasta que su voz dejó de sonar a discurso archivado y empezó a sonar —sencillamente— a alguien esperando que le sirvieran la cena. Estábamos —sin estarlo— todos en casa.
Que quede dicho desde ya, no vaya a salir algún purista a exigirme la ficha del encuentro en un registro civil: esto que cuento no ocurrió, pero sí lo siento como si hubiese pasado. Más cierto que muchas cosas que sí ocurrieron y, con eso, para lo que aquí importa, me basta.
La mesa es modesta
Una casa de Atlanta con olor a pollo frito y pan de maíz recién hecho, una lámpara que apenas alcanza para el mantel y deja el resto del cuarto a oscuras, como si la casa entera supiera que afuera —en aquella Georgia de mediados de siglo XX— la oscuridad todavía tenía dueño y no se andaba con miramientos.
Él llega con el nudo de la corbata negra flojo, y con cara de haber discutido más de la cuenta esa tarde. Se sienta, se sirve té helado sin preguntar si a mí me apetece —los hombres serios no pierden tiempo en protocolos y él lo era hasta para cenar— y me mira con esos ojos que guardan una brasa que ni la cárcel ni las bombas en su porche consiguieron apagar del todo.
—Siéntese— dice, tuteándome de entrada—. Cenemos, que la historia también se escribe entre plato y plato, no solo en las marchas.
Así arranca esta cena que nunca existió pero que, al contarlo, se vuelve más honesta que muchas que sí sucedieron.
Un niño criado entre sermones y estrecheces
Martin Luther King nació el 15 de enero de 1929, en el número 501 de Auburn Avenue, en Atlanta Georgia. Es hijo de un predicador que llenaba la iglesia Bautista Ebenezer con una voz de trueno bien entrenado y de una madre —Alberta Williams King— que tocaba el órgano y enseñaba, sin necesidad de sermón, que la dignidad no se hereda: se ejerce todos los días, aunque cueste caro.
A los quince años ya estudiaba en Morehouse College, esa fábrica de médicos, pastores y cabezas pensantes negras que el país fingía no necesitar y necesitaba con urgencia. Luego llegó a Boston University, doctorado en teología. Leyó a Hegel con la misma devoción con que de niño memorizaba los salmos —porque hasta la historia tiene sentido del humor— y conoció allí a Coretta Scott, cantante de formación clásica, con quien se casó bajo un roble en Alabama [1953], sin que ninguno de los dos supiera todavía que aquel matrimonio sería, además de un asunto del corazón, una alianza de guerra.
—Uno no elige el siglo en que le toca nacer—, dice cortando el pan endurecido, con más fuerza de la necesaria. Lo único que puede elegir es no comportarse como un cobarde en el siglo que le tocó.
Deberían grabar esta frase, dicho sea de paso, en la puerta de más de un parlamento, por si a alguno se le olvida al entrar.
Montgomery o el día en que se sentó una mujer. 381 días…
Le pregunto por Rosa Parks. Aquel 1.° de diciembre [1955], cuando se negó a levantarse de su asiento en un autobús de Montgomery [Alabama] y encendió, sin proponérselo, una mecha que llevaba un siglo esperando quien la prendiera.
King tenía veintiséis años, pastor recién llegado a la iglesia bautista de la avenida Dexter. Elegido para liderar el boicot casi por sorteo del destino, lo cuenta con una modestia que no le sale del todo natural, y eso lo honra más que si fingiera falsa humildad.
381 días caminando en lugar de subir a un autobús. 381 días de una comunidad entera organizando transporte compartido, resistiendo amenazas, sobreviviendo a una bomba lanzada contra su propio porche en enero de 1956, hasta que la Corte Suprema tumbó la segregación en el transporte de la ciudad. Cosas que hoy se resumen en dos líneas de manual escolar [igualdad y justicia] y que entonces se pagaban con el miedo instalado en el estómago cada noche, sin que nadie llevara la cuenta de los que no aguantaron hasta el final.
—Esa noche entendí algo que ningún seminario me había explicado con tanta claridad— dice, y por un momento baja la voz, como si todavía le costara creerlo del todo. —Cómo le bautizó su madre—, me pregunta con mirada dulce pero desafiante.
—Orlando José, es mi nombre. Puede llamarme Nano.
—Entonces, le llamaré Orlando. Un hombre merece ser llamado por su nombre. Los sobrenombres pueden expresar cariño, amistad o cercanía, pero su nombre es parte de su identidad. Y cuando uno quiere dirigirse verdaderamente a una persona, empieza por reconocerla como quien es. No acostumbro usar sobrenombres. Ello reduce la historia.
—Escuche usted, Orlando. He podido saber —porque usted con dignidad me lo ha contado sin saber yo cómo desde allá, de otros tiempos, llegó a estos tiempos—que su país anda embriagado no solo de carencias sino de mucho rencor. Pues desde ya le digo que negarse a odiar al que te pisotea no es debilidad. Es de largo el ejercicio más exigente que existe. La virtud, cuando es de verdad, siempre cuesta más que el rencor.
La herencia de un abogado hindú que no conoció. El perdón
Antes de seguir le pregunto por Gandhi, porque no me cuadra del todo cómo un pastor bautista del sur norteamericano terminó fundamentando toda su estrategia en las ideas de un abogado hindú, asesinado además al otro lado del planeta. Sonríe con esa media sonrisa de quién lleva años explicando lo mismo sin fatiga.
—Oí hablar de él por primera vez en un sermón del doctor Mordecai Johnson en Filadelfia, siendo yo estudiante. Salí de esa iglesia derecho a una librería y compré todo lo que encontré sobre su método. Ahí comprendí que el amor, aplicado con disciplina, y no como sentimentalismo de domingo, es la única fuerza capaz de convertir a un adversario en algo distinto sin destruirlo a él ni a uno mismo en el intento.
—¿Pero cómo amar y perdonar a quienes tanto dolor y daño nos ha hecho; a quiénes sin piedad no han tenido un gesto de misericordia? ¿Sin justicia no puede haber perdón? Le pregunto porque a mí estas cosas siempre me han sonado a idealismo de sobremesa. Dudó usted alguna vez que aquello sirviera de algo frente a un sistema armado hasta los dientes.
—La fuerza detiene al opresor un rato —responde, sin alterarse—. No lo convierte. Y convertirlo —no solo vencerlo— es el verdadero fin. De lo contrario, uno termina heredando el mismo veneno que dice combatir, solo que con las manos cambiadas y la conciencia más tranquila de lo que debería. Sin perdón no puede haber justicia, porque la justicia sin perdón no es justicia, es retaliación.
Esta frase —para qué negarlo— retumbó en aquel salón que no por estar a media luz, iluminó todo el recinto.
—Orlando, escuche bien: no es retórica, es realidad humana. Justicia es libertad, libertad es amor, amor es vida, que es felicidad. Pero sin redención no habrá justicia sino rencor. Entonces no conseguirá ni amor, ni paz que es gozo y alegría… Cualquiera que pretenda subirse a una tribuna debería sentarse a examinar su conciencia para sentir y soñar antes que pensar y hablar.
—Qué debo soñar antes de pensar? El silencio invadió la sala iluminada de sabiduría y nobleza.
—Sueña primero con aquello que quieres que el mundo llegue a ser. Pero no sueñes solamente con lo que deseas recibir de los demás; sueña también con aquello que estás dispuesto a ofrecerles.
—¿Sueño con la victoria del bien sobre el mal, de la libertad sobre la opresión?
—Pues antes de pensar en la victoria, Orlando, antes de soñar con el triunfo del bien sobre el mal, del ser libre sobre el oprimido, aprende a reconocer que perdonar es bueno y libera el alma, por lo que el primer liberado serás tú. Mal puede implorar libertad, ofrecerla o solicitarla aquél que sigue atrapado en la inquina y la revancha. Porque si tu sueño nace del rencor, terminarás construyendo un mundo parecido a aquel contra el que luchabas.
Prosiguió:
—Perdonar, Orlando, no significa olvidar la injusticia ni renunciar a la verdad. Significa negarse a permitir que la injusticia gobierne tu corazón. Por eso sueña con la justicia, piensa luego cómo alcanzarla. Sueña con la libertad; piensa después cómo defenderla. Y sueña con el perdón, porque solamente quién es capaz de perdonar puede luchar por la justicia sin convertirse en prisionero del odio. El sueño te muestra el destino. El pensamiento encuentra el camino. Y el perdón te permite recorrerlo sin perder el alma.
Chicago, el norte que también sabía morder. La celda…
Le pregunto por 1966, por Chicago, porque ahí descubrió —con sorpresa incluso para él —que el racismo del norte, sin carteles ni leyes que lo anunciaran, podía ser tan feroz como el del sur, solo que mejor vestido y con mejores modales. Se mudó con su familia a un apartamento humilde del West Side para vivir en carne propia lo que denunciaba. Encabezó marchas por viviendas dignas en barrios blancos como Marquette Park y ahí recibió, sin dramatizarlo demasiado, una piedra directa en la cabeza.
—Había caminado por Mississippi, por Alabama, y jamás vi tanto odio concentrado en tan pocas manzanas como en Chicago—, dice, como quien reporta un dato clínico y no una herida propia, y continuó:
—Entendí entonces que la segregación no vive sólo en los letreros. Vive en los planos urbanos, en los bancos que niegan hipotecas, en los sindicatos que cierran filas con mucha sonrisa y mucha corbata.
—Un prejuicio bien vestido es más difícil de derrotar que uno que se anuncia a gritos.
Le pregunto por Birmingham [Alabama, 1963], la ciudad que él mismo llegó a llamar la más dividida racialmente del país. Habla de las marchas de estudiantes, de los perros policiales soltados contra imberbes de 15 años; de las mangueras de bomberos con presión suficiente para arrancar la corteza de un árbol, de las fotografías que obligaron a una nación entera a mirarse al espejo sin poder apartar la vista, quizá por primera vez en mucho tiempo. Y habla de la celda…
De aquel encierro de abril de 1963 —cuando un grupo de clérigos blancos lo llamó públicamente “extremista” y lo acusó de tener demasiada prisa— no le dieron papel, así que escribió su respuesta en los márgenes de un periódico atrasado.
De ahí salió la Carta desde la cárcel de Birmingham, uno de los textos más lúcidos que se han escrito jamás sobre por qué desobedecer una ley injusta puede ser, al mismo tiempo, un acto de fe y un acto de razón. No conozco a muchos generales —ni a muchos teólogos— que hayan escrito algo tan certero desde una celda con las manos casi atadas.
—Me pidieron paciencia—, recuerda y por primera vez en la cena su voz de predicador pierde firmeza y se vuelve, sencillamente, humana. Cuenta:
—Llevábamos ciento cuarenta años siendo pacientes. La justicia deja de serlo si no llega. Aplazar la justicia, tarde o temprano, es simplemente negarla con mejores modales. Pero una justicia minada de revancha es ejercerla con malos hábitos.
Le pregunto si alguna vez dudó del camino elegido. Me mira con esa mezcla de ternura y dureza que solo tienen los que dejaron de mentirse a sí mismos hace tiempo.
“Todas las noches”, confiesa, “el miedo no se va porque la causa sea justa. Se aprende a cargarlo sin que sea él quien decida el siguiente paso”.
—Ahí está toda la diferencia, Orlando, entre un hombre libre y uno que solo aparenta serlo. Cada paso recibido hacia el largo camino de la libertad es un paso que vence el miedo. Sin un camino roto, con un corazón a todo latir, no se construyen sueños, porque para soñar hay que hacerlo libremente. Y no es libre el que por temer no da un paso al frente. No lo olvide: la dignidad no se hereda, se ejerce…a unque cueste la vida, decía mamá.
Continuará con El hombre que tuvo un sueño en Washington.
@ovierablanco – vierablanco@gmail.com | Activista de DD. HH. / Abogado / Exembajador en Canadá.
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La reconstrucción económica y de infraestructuras destruidas, antes y durante los terremotos, deberá tener como prioridad a los sectores más vulnerables, incluyendo a los damnificados recientes y a los ciudadanos que durante 27 años padecieron el desastre humanitario creado por la desidia y la corrupción del régimen, incluyendo a los pueblos indígenas al sur del Orinoco.
Podríamos decir que la “reconstrucción” es el proceso de volver a construir o reorganizar algo destruido, deteriorado o desarticulado, procurando recuperar su forma, funcionamiento y sentido. La idea de reconstrucción se aplica cuando una ciudad y sus edificios son devastados por una guerra, un terremoto o un incendio.
Desde el punto de vista político y social, reconstrucción se refiere al restablecimiento de instituciones, normas, valores y vínculos ciudadanos después de una crisis. En Venezuela hay que reconstruir la democracia y reorganizar la identidad y la vida después de tres décadas de destrucción sistemática de la democracia y los DD. HH.
La reconstrucción no significa necesariamente reproducir exactamente lo que existía. Implica conservar elementos del pasado, reinterpretarlos y adaptarlos a una nueva realidad; en ese sentido, deberíamos hablar de reconstrucción de la democracia y no de su “fortalecimiento”, como hace pocos días declararon los encargados de las negociaciones con el régimen, ya que la democracia fue aniquilada por las organizaciones criminales enquistadas en el poder.
Por eso se diferencia de restauración o fortalecimiento, ya que esta busca devolver algo a su estado anterior, la reparación para corregir un daño concreto. La reconstrucción recompone una totalidad perdida o gravemente alterada. Reconstruir significa recuperar críticamente algo después de su descomposición, conservando aquello que todavía posee valor.
La selva no se puede reconstruir
El Amazonas venezolano, al sur del río Orinoco, tiene una extensión aproximada de 470.000 km², equivalente a cerca del 50 % del territorio venezolano. Esta delimitación comprende principalmente los estados Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro. La selva amazónica es el pulmón del planeta, produciendo oxígeno y agua para la supervivencia humana, sin embargo, vive sobre un frágil equilibrio. Posee una vegetación exuberante, pero gran parte de sus suelos son antiguos, ácidos y pobres en nutrientes, conformando un estrato que no alcanza los 10 cm de profundidad.
La riqueza del ecosistema no está almacenada principalmente en la tierra, sino en la propia vegetación y en la delgada capa superficial de materia orgánica. Las hojas, ramas y organismos muertos se descomponen rápidamente debido al calor y la humedad. A sus nutrientes los absorben casi inmediatamente una intrincada red de raíces, hongos y microorganismos de los que se alimentan las raíces de grandes árboles. Se forma así un ciclo cerrado y muy eficiente de vegetación, materia orgánica, nutrientes y nueva vegetación.
Cuando se tala o se quema el bosque y se remueve la tierra en busca de oro, este circuito se rompe. Las lluvias intensas arrastran rápidamente los nutrientes. Sin la protección de los árboles, el suelo queda expuesto a la erosión, después se compacta concentrando hierro y aluminio formando una superficie endurecida y poco fértil.
La vegetación puede regenerarse necesitando siglos para recuperar parte de su biodiversidad, complejidad y capacidad de almacenar carbono, y algunas especies o relaciones ecológicas quizá nunca regresen. La recuperación se vuelve especialmente difícil cuando la destrucción es extensa y reiterada.
SOS Orinoco calculó una reducción desde 2000 de aproximadamente 945.000 hectáreas de bosque en el sur del Orinoco. Sin embargo, la superficie ambientalmente dañada es mucho mayor que la huella visible de las minas. Los efectos se extienden aguas abajo por la contaminación con mercurio, que envenena ríos y poblaciones (pronto presenciaremos un nuevo síndrome de Minamata), la sedimentación y alteración de los ríos, excavación de suelos, apertura de carreteras y campamentos, deforestación e incendios asociados, pérdida de fauna y degradación de la vida de las comunidades indígenas.
Hay territorios al sur del Orinoco arrasados sistemáticamente por la minería ilegal de oro en una simbiosis entre mafias, guerrilleros y militares, amparados por personeros del régimen que negocian el oro y otros minerales extraídos para su propio beneficio a costa de la destrucción del ecosistema.
La combinación de minería descontrolada y la deforestación reduce la humedad producida por el propio bosque. Si se supera cierto umbral, algunas regiones podrían transformarse en regiones desérticas. Por eso, la fragilidad amazónica no se debe solamente al tipo de suelo, surge de la ruptura de un sistema completo en el que árboles, agua, clima, microorganismos y nutrientes dependen unos de otros.
La Amazonía no es simplemente un conjunto de árboles erigidos sobre la tierra, es una comunidad viva que fabrica y conserva las condiciones necesarias para su propia existencia, la de innumerables especies de plantas, animales, insectos polinizadores y diversas culturas ancestrales como la yeküana y yanomami, que han convivido en la selva en perfecta armonía por miles de años y que se encuentran en peligro de desaparecer debido a la invasión y ocupación de esos territorios por mafias mineras y guerrillas. Estas explotan la tierra y envenenan los ríos con mercurio, hostigando y asesinando a los indígenas en medio de una gran impunidad.
La devastación del Amazonas venezolano se agravó a partir de 2016 con la creación del Arco Minero del Orinoco, creado por decreto aprobado por Nicolás Maduro en Consejo de ministros, con una extensión aproximada de 111.846 km², al sur del río Orinoco y entregada su administración a mafias militares. Conviene precisar que no se aprobó mediante una ley debatida por la Asamblea Nacional, sino que lo creó directamente un decreto del Poder Ejecutivo. Esta circunstancia, junto con la ausencia de estudios de impacto ambiental y consulta previa a los pueblos indígenas, originó cuestionamientos sobre su constitucionalidad.
La falta de transparencia y los manejos por altos funcionarios del régimen han impedido conocer las toneladas de oro y de minerales estratégicos extraídos en todos estos años. Pero lo más grave ha sido la destrucción del frágil ecosistema y el avasallamiento a los pueblos indígenas, reducidos por la fuerza de grupos armados que operan en simbiosis con altos mandos militares.
Según expresa el informe de SOS Orinoco (SOS Orinoco, nuevo informe: GAO al sur del Orinoco, Boletín N.° 82, julio 2026), el sur del río Orinoco ya no es solo una región rica en recursos; se convirtió en un ecosistema donde 26 Grupos Armados Organizados (GAO) dictan las reglas del juego, en una arquitectura criminal que domina los estados Bolívar, Amazonas y Delta Amacuro. Un entramado de corrupción, control social y minería ilegal que llega a las más altas esferas del poder.
“Los grupos criminales están presentes en 20 de los 21 municipios de la región orinoquense (un impactante 95 %). Guerrilla y “sindicatos” criminales se dividen el territorio: las disidencias de las FARC, el ELN y las megabandas mineras locales, como la Organización 3-R. Estos grupos no solo extraen oro y otros minerales, sino que actúan como autoridades de facto: “administran justicia”, cobran extorsiones (“vacunas”) e incluso distribuyen bolsas de comida del Estado. Operan conectadas con carteles colombianos, mexicanos (Sinaloa, CJNG) y brasileños (Comando
Vermelho, PCC, garimpeiros) en las rutas de contrabando de la región”. Esta entrega de nuestra soberanía fue posible por la corrupción del Estado, la colusión de mandos militares, autoridades locales y corporaciones públicas que sostiene este sistema criminal.
El Amazonas venezolano forma parte del “pulmón verde de la Tierra” y constituye una de las más prodigiosas reservas de recursos naturales del mundo, manteniendo el equilibrio climático al producir nubes, lluvias, agua y oxígeno para todo el planeta. En sus selvas han sobrevivido por miles de años diversas etnias que constituyen los reservorios de la sabiduría ancestral de la humanidad. Esto los sitúa en el rango de poblaciones vulnerables que deben tomarse en cuenta en la agenda del proceso de “reconstrucción” del país hacia la transición democrática, comenzando por la expulsión de las mafias y organizaciones armadas que operan en la región, cuyos responsables están al mando del país y actualmente comparten la mesa de negociación.
No se puede pasar por alto la destrucción del pulmón del planeta y la pérdida de soberanía al entregarle esos extensos territorios a mafias y guerrillas. Es imperativo señalar, denunciar y enjuiciar a la cadena de mando responsable del desastre ambiental y humano perpetrado por un régimen perverso que aún se mantiene en el poder.
La Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela (UCV) denunció que 69% de la planta docente quedó excluida del Bono de Responsabilidad Profesional, incluidos profesores a tiempo convencional, contratados y jubilados.
A través de un comunicado, la asociación exigió sustituir las bonificaciones por salarios.
De acuerdo al comunicado del gremio que reúne a los docentes de la UCV el gobierno volvió a pagar el denominado bono de responsabilidad profesional de manera “caotica y discriminatoria”.
“En el caso de nuestra universidad discrimino al 69% de la planta docente”, reza en comunicado.
Se preguntaron qué sentido tiene cobrar un bono que discrimina a un tercio de los profesores. “Del mismo modo se excluyó a la totalidad del personal administrativo y a los obreros”.
Exigen que la solución sea reemplazar los bonos por remuneraciones salariales. Alegan que sin salarios se condena a los universitarios a la pobreza.
El pasado 30 de abril, la presidenta encargada Delcy Rodríguez, anunció que el ingreso mínimo integral de los trabajadores en Venezuela se ubicaría en 240 dólares, mientras que las pensiones pasarían a 70 dólares mensuales; sin embargo, no se refirió al salario mínimo.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país