Inicio Blog Página 148

Imágenes satelitales revelan la magnitud de los daños por terremotos en La Guaira

0

El colectivo de investigación independiente Bellingcat ha hecho público un análisis visual que muestra los severos impactos de los recientes terremotos en la costa norte de Venezuela, enfocándose de manera alarmante en el estado La Guaira.

A través de imágenes satelitales de alta resolución proporcionadas por Planet Labs PBC, el equipo de investigadores logró constatar el colapso masivo de infraestructuras, incluyendo un gran número de edificios residenciales y bloques de apartamentos en las zonas más afectadas de la entidad costera.

La investigación, que ya se encuentra disponible en el sitio web de la organización Bellingcat, ofrece una mirada precisa y técnica sobre la escala real del desastre, sirviendo como una herramienta clave para dimensionar la crisis humanitaria y de infraestructura en la región.

Disponibilidad para medios

Con el objetivo de profundizar en los hallazgos y ofrecer un análisis técnico riguroso a los medios de comunicación y periodistas locales, Bellingcat ha puesto a disposición su base de datos visual, así como el acceso a las imágenes satelitales de alta calidad utilizadas en el reporte.

Carlos Gonzales, jefe de investigación de Bellingcat señaló que la intención de compartir las imágenes es ofrecer una visión integral del impacto a lo largo de gran parte de su territorio.

“Hasta ahora, la mayoría de la cobertura se ha centrado en imágenes satelitales de zonas específicas y en videos captados en algunos sectores, pero no existe una perspectiva completa de la magnitud de la devastación que permita establecer algunos ciertos patrones”.

Gonzales recordó que aún teniendo una vista completa en satélite es difícil corroborar todos los daños, aunque NASA y Microsoft han desarrollado modelos para detectar cambios en la superficie que no son triviales par el ojo humano bajo la resolución de la imágen satelital.

Ellos han combinado esto con datos del terremoto para determinar la probabilidad de daño en edificaciones. Usando data de Sentinel-1 NASA ha determinado 58,870 edificaciones fueron afectadas o destruídas entre Caracas y Barquisimeto. Sin embargo, Gonzales aclara que este número y las respectivas visualizaciones se deben tomar como algo representativo pero no como un censo preciso y verificado de daños de cada edificio señalado.https://youtu.be/x72g8B5zm-U

Los hallazgos completos pueden ser consultados de forma abierta en el siguiente enlace: Reporte de Bellingcat sobre los daños del terremoto en Venezuela.

Síndrome del terremoto fantasma: por qué muchos venezolanos siguen sintiendo que el piso se mueve 

0

Tras el doblete sísmico ocurrido el pasado 24 de junio, Venezuela ha registrado más de 780 réplicas, un fenómeno que mantiene alerta a toda la población y que además deja una estela de síntomas en miles de personas: mareos constantes, sensación de oscilación y la percepción de que el piso se está moviendo. 

Yraida Rengifo, habitante de la comunidad de Petare, en el sector Filas de Mariches, municipio Sucre del estado Miranda, asegura que todo el día se siente mareada y que la cabeza “le da vueltas” y n”o se siente en sí”. 

“Antes del terremoto yo me sentía muy bien. Ahora, vivo como mareada, con flojera, como si la cabeza me diera vueltas y a veces hasta desorientada. No sé que pueda ser, pero sé que no es normal”, relató Rengifo.

El fenómeno no es aislado y lejos de ser imaginario, tiene su explicación científica y neurológica. El neurólogo Vladimir Fuenmayor explicó que se trata del Síndrome del terremoto fantasma, el cual ocurre cuando el cerebro almacena en la memoria lo sucedido con el temblor -sensaciones, angustias, estrés- y activa de forma involuntaria los circuitos del equilibrio. 

Fuenmayor ahonda que este síndrome es una alteración temporal del equilibrio que se sostiene por mecanismos de ansiedad anticipatoria. “Esto no se trata de un vértigo clásico ni de un daño estructural en el oído interno”, aseguró.

“El sistema de equilibrio —que involucra el laberinto (oído interno), el cerebelo y las vías propioceptivas— entra en un circuito de retroalimentación. Aunque la estructura esté intacta, el ‘cableado’ queda temporalmente hiperactivado, generando una respuesta exagerada ante cualquier estímulo que recuerde el temblor”, explicó el especialista. 

El neurólogo recalcó que la ansiedad y el estrés son detonantes que agravan el cuadro anímico tras un sismo de gran magnitud como el que se vivió hace apenas siete días. “Tras un terremoto, el cerebro queda en estado de alerta. Cualquier sensación mínima o un cambio de postura, puede activar la memoria del temblor”, dijo. 

Síntomas frecuentes

El médico describió que las sensaciones pueden ser únicas en cada persona; sin embargo, hay varios síntomas que se manifiestan de manera general.

Entre los síntomas más frecuentes están: sensación de movimiento, desequilibrio, hipersensibilidad, hormigueo en cara y manos, falta de aire o presión en el pecho y sensación de balanceo.

¿Qué hacer cuando aparece la sensación?

Fuenmayor recomienda evitar movimientos bruscos, dormir bien y mantenerse hidratado. También, practicar ejercicios de respiración lenta y de relajación. 

En caso de que la sensación sea muy fuerte o persistente, el médico recomienda acudir al médico para considerar tratamiento farmacológico. 

¿Cuándo consultar al médico?

Fuenmayor insistió en la importancia de entender qué sucede para reducir el miedo, manejar los síntomas y tener claro cuando es necesario buscar ayuda. 

En general, el síndrome de mareo post-terremoto es común en quienes han experimentado un sismo, pero suele resolverse por sí solo. 

Fuenmayor enfatizó que cuando una persona note que los síntomas no mejoran o se incrementa, sin que haya un daño previo, es el momento de medicar y manejar el cuadro de forma adecuada.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Claves para la lactancia y alimentación infantil en emergencia

En escenarios de emergencia la vulnerabilidad de las infancias se agudiza drásticamente. Tras el doblete sísmico que afectó al país el 24 de junio pasado, integrantes del clúster de nutrición en Venezuela alertaron sobre la necesidad de promover una alimentación infantil segura para proteger la vida de los lactantes y niños pequeños. 

Durante un foro organizado por Red Internacional de Grupos Pro Alimentación Infantil (IBFAN) este 30 de junio, especialistas recordaron que, cuando pueda hacerse, el mejor alimento para los bebés es la leche materna, ya que esta proporciona hidratación, anticuerpos y nutrición idónea.  

Hicieron un llamado a periodistas, comunicadores y público en general a no reproducir mitos como que en situaciones de estrés o trauma severo las madres dejan de producir leche o la leche pierde propiedades.

“En emergencias, la información correcta salva vidas y la información equivocada la pone en riesgo”, afirmó Nayvi Morles de La Casa Grande Centro de Lactancia, y dijo que aún en condiciones extremas la lactancia materna es posible. Puso como ejemplo el caso de Mariely Chacón, quien naufragó en 2021 en un viaje al Archipiélago La Tortuga y salvó a sus hijos al amamantarlos durante cuatro días, aunque luego ella murió por deshidratación.

De acuerdo con el último balance oficial, el doble sismo de hace una semana contabiliza 2.295 fallecidos, 11.267 heridos y al menos 12.841 personas en condición de damnificados se trasladaron a albergues improvisados o permanecen en parques y plazas públicas.

Aunque entiende que muchas personas quieran apoyar ante esta situación, Morles aseguró que las donaciones de fórmulas lácteas se deben distribuir bajo control médico y nutricional. Especialmente este proceso deben acompañarlo Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) e integrantes del clúster de nutrición, que es la red de organizaciones, agencias de la ONU y gobiernos que coordinan ayuda humanitaria alimentaria en emergencias en un territorio. 

Riesgo a la salud por falta de higiene

La doctora Claudia Sánchez, del Centro de Estudios de Lactancia Materna (Celacma) insistió en que “las donaciones indiscriminadas y descontroladas pueden traer consecuencias graves”. Explicó que especialmente en los albergues, donde la disponibilidad de agua potable es precaria, no están dadas las condiciones para la preparación segura de estos sustitutos de la leche materna y para la adecuada higiene y esterilización de utensilios como los teteros. 

“Por alimentos mal preparados hay riesgo de infecciones, diarrea, deshidratación y muerte”, dijo y recordó que los lactantes poseen un sistema inmunitario aún inmaduro y, mientras más pequeños son, son más vulnerables al contraer infecciones. 

La coordinadora de IBFAN en Venezuela, Eunice Lampie, recalcó que el personal de salud y técnico deben supervisar la distribución de donaciones. Dijo que en todo caso lo más recomendable no es la leche en polvo sino leche líquida pasteurizada de larga duración para minimizar la manipulación y el uso de agua en el lugar.

Insistieron que estas directrices están basadas en la evidencia técnico-científica y las evaluaciones posteriores a la salud de los infantes tras desastres naturales en otros países, que arrojan que la introducción descontrolada de fórmulas lácteas comerciales en zonas de desastre incrementa de forma alarmante los índices de morbilidad y mortalidad infantil.

Donación segura e información certera

Una alternativa durante las contingencias es la donación de leche humana por parte de madres amamantando que posean excedentes de producción. Las especialistas aclararon que no se debe enviar o distribuir leche materna extraída de forma casera de manera directa a los refugios, puesto que carecería de la cadena de frío y los controles microbiológicos necesarios.

Las madres interesadas en donar deben acudir rigurosamente a los centros especializados que cuentan con la infraestructura para pasteurizar y almacenar el recurso de forma segura. En Venezuela, los bancos de leche humana formalmente operativos se encuentran ubicados en el Hospital Universitario Ruiz y Páez (estado Bolívar), Hospital Manuel Núñez Tovar (Monagas) y la Maternidad Candelaria García (Sucre).

Para reportar distribuciones descontroladas de sucedáneos, solicitar asesoría técnica o recibir acompañamiento en lactancia materna en situaciones de vulnerabilidad, la ciudadanía y las instituciones pueden acudir a IBFAN Venezuela (@ibfanvenezuela), al Celacma (@celacma) y a la asociación civil La Casa Grande Centro de Lactancia (@lacasagrandecentrodelactancia).

La fuerza que mueve los escombros

Al este de La Guaira, en la costa del litoral central del Caribe venezolano, a unos 30 minutos de Caracas, una larga fila de palmeras frente a una playa de arena dorada y una vista privilegiada frente al mar parecen indicar que es la entrada a un paraíso tropical. En realidad, es lo contrario, el lugar es el preámbulo a una zona de desastre y a una devastación sin precedentes en la historia del país como consecuencia de los dos terremotos que el día miércoles 24 de junio sacudieron el norte de Venezuela.

A María Helena Hernández González, de 63 años, su casa se le vino encima. De la quinta de paredes blancas con techo a doble altura y machimbrado de madera, ubicada en Playa Lido, solo quedan escombros que son la evidencia de su tragedia.

“Se cayó mi casa, el techo aplastó a mi hermana mayor, Aura Hernández, de 74 años y una columna a su hijo, mi sobrino Tony Lares, de 56 años, ambos fallecieron. Estaban mal heridos pero vivos, no hemos recibido ayuda del gobierno, los sacamos nosotros mismos con nuestras manos 24 horas después del derrumbe. No los pudimos salvar”.

Aura, la hermana de María Helena, había sufrido una ACV, se encontraba convaleciente, tenía movilidad limitada y dormía en su habitación al momento del terremoto. Cuando los demás miembros de la familia salieron despavoridos al sentir el temblor, Tony, el hijo de Aura, dio media vuelta y fue a buscar a su madre. Aunque logró tomarla en sus brazos, no le dio tiempo de escapar, la estructura de la vivienda colapsó sobre ellos.

“Yo estaba en la ventana cuando vi que el mar se recogía hacia adentro, se alejaba de la costa y me asusté mucho. Yo nací aquí, eso no es normal, empecé a gritar a mi esposo y a los demás que saliéramos de la casa. Algo va a pasar”.

Unos segundos después de la advertencia y el presagio de María Helena la tierra comenzó a temblar. María Helena y su esposo fueron los primeros en salir, tras ellos, lo lograron la esposa y la hija de su sobrino Tony. En esta familia de seis miembros, perdieron a dos.

La franela de rayas negras con franjas blancas y el pantalón rosa de tela estampada con pequeñas flores que viste María Helena es lo único que le quedó. El techo a dos aguas está inclinado como una torre caída y desde las entrañas de la casa sobresalen vigas, bloques de ladrillos dispersos por doquier y cables que cuelgan como una maraña de hilos. “Lo perdí todo, señor. Tengo el corazón roto porqué también perdí a mi amiga del edificio de al lado ”, dice entre llantos.

A un lado de la casa de María Helena una montaña de escombros de unos 20 metros de altura es lo único que queda de Apartamentos El Palmar, el edificio más grande de Playa Lido y uno de los más conocidos de la urbanización. La tarde del viernes 26 de junio fue recuperado sin vida el cuerpo de Elizabeth, la conserje del edificio y la mejor amiga de María Helena.

Elizabeth residía en un apartamento en la planta baja del edificio construido en 1950 que durante décadas fue el Gran Hotel Palmar, obra de los arquitectos Luis Eduardo Chataing y Graziano Gasparini, de moderno diseño de arquitectura caribeña que fue orgullo de los “varguenses”, como llaman los oriundos de esta región.

“Mi amiga Elizabeth quedó atrapada bajo una placa de concreto pero estaba viva. Sus manos se veían fuera de los escombros y las movía, también se escuchaba su voz. Entre los vecinos y los chamos voluntarios intentaron sacarla. Ellos fueron quitando escombros durante dos días. Murió agarrada de las manos de su esposo Julio, quien desde afuera le daba ánimos pero ella no aguantó. Nunca llegó la ayuda”, dice con rabia María Helena, quien denuncia que los policías que fueron al lugar “solo sacaron fotos”.

En la esquina de esa calle, a unos metros del edificio El Palmar, otro vecino y amigo de María Helena, Luis Jimenez, de 74 años, descansa en una silla plástica de gran espaldar. Su mirada triste se fija en el horizonte. Perdió su casa. Su vivienda no resistió los dos terremotos sucesivos de gran magnitud, de 7,2 y 7,5, que lo sorprendieron por su intensidad y duración.

“El terremoto se me hizo eterno, yo pensé que era el fin del mundo. Mi casa se desplomó. No es la primera vez que me pasa, hace 27 años perdí otra casa en Macuto cuando el deslave de Vargas. ¿A quién le puede pasar esto dos veces”, se pregunta Luis, mientras alza sus manos al cielo como haciendo un gesto de reclamo a Dios.

En lo queda en pie del restaurante de Luis, un amplio salón de unos cien metros cuadrados de cemento pulido y techo de zinc, funciona un refugio temporal para sus vecinos y amigos afectados de Playa Lido y El Palmar, entre ellos María Helena y su familia. “Improvisamos este refugio aquí porque después de 48 horas las autoridades no han venido a ayudarnos o decirnos qué hacer, aquí resolvemos solos”, explica Luis.

Enfrente del refugio provisional, al cruzar la avenida principal hacia el lado de la costa, unos 30 efectivos del DGCIM vestidos de negros, con lentes oscuros y armas largas custodian el puesto de salud que se instaló en Playa Lido, frente a la zona de Bahía de los Niños, la carpa se localiza en pleno balneario. Es un centro de atención del servicio médico del DGCIM (Dirección General de Contrainteligencia Militar).

A las seis de la tarde del viernes 26 de junio en este punto de atención, los tres médicos de guardia habían atendido a unas 1500 personas heridas. Las afecciones y lesiones más comunes entre los pacientes son traumatismos cerrados o abiertos, heridas abrasivas, hematomas, laceraciones, cortaduras en la piel y crisis hipertensivas. Los insumos disponibles no son suficientes para tanta gente. Ante la mirada de los efectivos del DGCIM, los médicos piden una y otra vez ayuda para reponer los suministros y garantizar la atención básica de los heridos.

Faltan analagésicos, hipertensivos, hilos de sutura, gasas, alcohol, agua oxigenada, povidine (antiséptico tópico) y antibióticos orales, además de guantes desechables y tapabocas. No hay electricidad ni internet en ninguna zona de la extensa franja costera de La Guaira. Tampoco cuentan con una planta eléctrica. Un formidable y hermoso sol naranja se refleja con brillos sobre el mar durante el atardecer, una escena que en otro contexto sería ideal de disfrutar o fotografíar, aquí es un motivo de preocupación. El personal de salud también requiere linternas con pilas o lámparas de emergencia y cargadores para celulares (power bank).

A los heridos más graves los llevan directo al Hospital Vargas del Instituto Venezolano del Seguro Social guaireño, principal centro de salud del estado. Las ambulancias, al menos durante el viernes 26 de junio, son insuficientes. No se dan abasto. En horas de la tarde, en la vía al hospital en la avenida Soublette, una de las ambulancias chocó y atropelló a un joven motorizado quien es atendido por los paramédicos de la misma unidad. Minutos después suben al joven de la moto a la ambulancia junto a un hombre malherido. Siguen su camino con la sirena del vehículo sonando a todo dar para abrirse paso y sortear el fuerte tráfico que colapsó, por horas, la avenida principal de La Guaira que era un caos.

Unos kilómetros más hacia el este del litoral, a lo largo de la avenida Costanera que conecta a Los Corales con Caraballeda, la imagen es desoladora. En unos tres kilómetros de recorridos no hay ningún edificio en pie. Las estructuras colapsaron tras los terremotos. Los escombros son una sucesión de placas amontonadas unas sobre otras. Parecen tortas aplastadas o maquetas destruidas de una ciudad distópica, pero son los restos de edificios ubicados en las mejores urbanizaciones y el distrito residencial más exclusivo del litoral central del Caribe venezolano.

En las Residencias Costa Brava, en Los Corales, Larry Rodríguez, de 58 años, lidera la cuadrilla de voluntarios que lo ayudan a buscar a su esposa y su hijo de tan solo 10 años.

“Estaba haciendo mantenimiento a la piscina en el área del jardín. Llamé por el celular a mi esposa, le dije que necesitaba el taladro, que lo buscara en mi caja de herramientas. Mi hija de 14 años bajó a traerlo y en el instante que me lo da en la mano comienza a crujir la tierra. Fue tan fuerte el temblor que ambos caímos a la piscina y luego se desplomó el edificio sobre nosotros. Gracias a Dios, mi esposa mandó a mi hija con el taladro, gracias a eso mi hija está viva”, cuenta Larry.

Han transcurrido casi 48 horas desde que colapsó la estructura de Residencias Costa Brava. Larry y los vecinos aseguran que no han recibido ayuda oficial, por tanto, se organizaron en grupos de trabajo que conforman vecinos, familiares y una red de voluntarios que llegaron desde Caracas y otras zonas de La Guaira dispuestos a todo.

“A mano limpia estamos quitando escombros a pico y pala, a mandarriazos. Esto es una pesadilla pero no pienso en eso. En mi casa, un apartamento del piso 5, estaban mi mujer y mi hijito querido. Ellos están bajo estos escombros. Le pido a Dios que estén vivos, tengo fe y si no lo están igualito yo no descansaré hasta sacarlos”, dice Larry.

En las Residencias Costa Brava también tenían su hogar Jeanny Pérez, de 32 años, su hija Amelia Vechionne, de 3 años y su esposo Humberto Vechionne, de 31 años. Los tres quedaron atrapados luego de que cayó la estructura. A las pocas horas fueron localizados vivos bajo los escombros por los voluntarios y rescatistas. Incluso a Jeanny lograron darle agua a través de una manguera. 36 horas después de estar atrapados todos fallecieron.

“Se quedaron esperando que los sacaran. Aquí solo han trabajado voluntarios, la ayuda del gobierno no llegó. Cuando finalmente los sacaron ya estaban muertos”, narra Ylenis Pérez, la tía de Jeanny.

A la entrada del Costa Brava, Ylenis espera de pie al lado de los cuerpos de su sobrina Jeanny, de su pequeña hija Amelia y de Humberto, el esposo de su sobrina. Los cadáveres están envueltos en una sábana beige y una cobija con círculos en gamas de azul. Los fallecidos están sobre la acera desde hace seis horas. A pesar del inclemente sol, la humedad y una temperatura promedio de 30 grados a la sombra, habituales en esta región del Caribe, el Guardia Nacional que los custodia le explica a Ylenis que aún no los pueden trasladar a la morgue de Pariata (en La Guaira), a donde son llevados los muertos, hasta tanto no terminen los trámites burocráticos de constatación de la identidad.

Una vez culminado el requisito, solo entonces el efectivo de la Guardia Nacional hará la solicitud por radio para que un vehículo oficial recoja los cuerpos y sean trasladados a la morgue. Necesita presentar su cédula de identidad, además, original o copia de la cédula de identidad de los difuntos. En el caso de la niña debe mostrar original o copia de la partida de nacimiento. Luego, ya en la morgue, Ylenis debe completar otros trámites legales antes de retirar a los suyos para darles su santa sepultura y descansen en paz.

“La burocracia del horror, el Guardia Nacional me pide paciencia porque el servicio está desbordado. Ni que estuviera apurada, ya para qué, ya están muertos. La maquinaria no llegó, la policía no ayudó, los bomberos tampoco y la gente de protección civil menos. Aquí me quedo con mis muertos. Al menos aquí hay la sombra de un árbol y no les pega la pepa de sol”, dice Ylenis.

En la avenida Costanera, unos adolescentes voluntarios buscan sábanas, cobijas o edredones entre los escombros de los edificios colapsados, cualquier tela o frazada es útil para cubrir los cuerpos recuperados de los fallecidos que se van acumulando en las aceras. Entre viernes y domingo, aún no hay bolsas para cadáveres en ningún sitio de La Guaira.

Ofuscados por la emergencia y la desesperación, algunos familiares deciden trasladar a sus fallecidos por sus propios medios hasta la morgue colapsada antes de que la cierren y deban acudir a la morgue improvisada en Los Silos del Puerto de la Guaira. Lo hacen a pesar de no contar con las autorizaciones de ley para evitar que se acelere la putrefacción de sus cuerpos bajo el sol.

“Apaguen la moto, apaguen la moto”, es el grito que más se escucha en las calles de Los Corales, Caribe y Caraballeda. Se repite una y otra vez como un mantra a viva voz. En el edificio Coral Park de Los Corales, rescatistas y voluntarios llaman por sus nombres a los desaparecidos. Luego, dan una seguidilla de golpes en tubos metálicos de la estructura caída. Intentan obtener respuestas o al menos un sonido, una señal por mínima que sea, que les dé una fe de existencia de personas atrapadas y aún con vida.

“El ruido de las motos no permite escuchar si hay alguien que responda. Necesitamos silencio”, dice uno de los policías que grita en plena vía que apaguen los motores de las motos en ese tramo. Esto ocurre en uno de los pocos puntos de la Costanera donde sí es visible la presencia policial y, además, hay cierto orden.

Entre las placas de concreto caídas del edificio Coral Bella, ingresa un sabueso pastor alemán de la División Canina (K9) de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) que ayuda en las labores de rescate. Carlos Luis Molina, de 21 años, es uno de los voluntarios que asegura que aún hay personas vivas en estas residencias y mantienen la esperanza de lograr hallarlos sanos y salvos.
En el Coral Park, integrantes de la familia Madueño buscan sin descanso a Nelson Madueño, de 52 años, a su esposa Maylén Landaeta (45 años) y la hija de ambos, Valeria Madueño Landaeta (16 años), así como a tres sobrinas, Estefanía Sayas Landaeta (14 años), Aranza Sayas (11 años) y Mariangel Pelayo Landaeta (17 años); así como a dos cuñadas de Nelson de nombres Marlyn Landaeta (47 años) y Mirian Landaeta (53 años), las hermanas mayores de Maylén.

El día de los dos terremotos, el 24 de junio, era feriado en Venezuela y la familia Madueño Landaeta se desplazó a La Guaira para tomarse un día de playa y mar.

El sobrino de Nelson con la ayuda de otros voluntarios que se sumaron a las tareas de búsqueda en las residencias Coral Park lograron rescatar con vida a Estefanía Sayas Landaeta tras muchas horas de faena. La adolescente milagrosamente salió ilesa luego que se le desplomara encima una estructura de 10 pisos. Estefanía es una sobreviviente.

“Mi prima Estefanía es nuestro milagro, gracias a Dios. La fe mueve montañas… de escombros. Seguiremos buscando hasta encontrar a los otros, vivos o muertos”, dice el sobrino de Nelson, también de apellido Madueño, quien prefiere reservar su nombre de pila para hacer una denuncia: “Aquí en Coral Park vino un militar de alto rango a rescatar a una familiar que estaba atrapada. Llegó con escoltas, efectivos militares a su mando, policías y gente de defensa civil. Trajeron equipos y máquinas, sacaron al familiar y se fueron. No nos prestaron ayuda”, asegura el joven Madueño.

En el sector Las Quince Letras, de Macuto, los edificios en la primera línea costera, y todos con vista al Caribe, se derrumbaron. Solo quedan en pie una torre a punto de colapsar, así como algunas piscinas de borde infinito con accesos a la playa y cuyas aguas se confunden con las del mar. Muros caídos, grietas que asemejan rayos, edificios torcidos, casas partidas a la mitad. Aquí todo es destrucción y debacle.

En esta zona de Macuto los trabajos de remoción de escombros con máquina pesada y búsqueda de sobrevivientes con el apoyo de bomberos y efectivos de la Policía Nacional Bolivariana se concentran en dos edificios: Punta Brisas y Punta Piedras, ambos cercanos al Club Canarias. Los vecinos de las residencias aledañas como Puerto Coral expresan sentirse excluidos de la ayuda oficial.

“En esos dos edificios tienen apartamentos militares y funcionarios del gobierno, qué casualidad que la ayuda llegue justo ahí. Menos mal que están llegando los rescatistas que enviaron otros países”, dice María Eugenia López, quien cuenta que salvó su vida y la de sus tres hijos porque a la hora de los terremotos estaban en la playa y no en su apartamento en Puerto Coral.

En otro sector, en la urbanización Caribe, un pasillo de aplausos recibe a rescatistas de la misión humanitaria de El Salvador. En Caraballeda le gritan “bienvenidos” al equipo de las delegaciones de Francia, España y Estados Unidos. Entre el jueves 25 de junio en la noche y la mañana del domingo 28 de junio, 30 países enviaron 3681 rescatistas profesionales a Venezuela, incluidos 118 perros de brigadas caninas, según ONU.

César Marroquin, coordinador nacional de Búsqueda y Rescate de El Salvador, confirmó que 300 personas integran su delegación y su base de operaciones es el Puerto de La Guaira. Marroquin compartió esta información antes de iniciar una tarea de búsqueda en las residencias Bahía Mar, en Los Corales. Siete horas después su misión logró el rescate con vida de Nayarit Colmenares, de 39 años, quién pasó más de 48 horas bajo los escombros.

“No me importa si la ayuda la manda Trump o Bukele, Lula o Petro, en esta tragedia descomunal no hay colores. Bienvenidos todos los que de buena voluntad nos puedan ayudar a salvar vidas porque del lado del gobierno esto ha sido un desastre mayor que la tragedia misma. La que gana aquí es la solidaridad de muchos voluntarios que son héroes. En esta catástrofe el pueblo salva al pueblo”, dice Lourdes Betancourt, en la avenida Costanera, enfrente de Residencias Bahía Mar, ella es parte del grupo de voluntarias que colaboran en repartir botellas de agua y comida a los rescatistas.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Balance #1Jul | Jorge Rodríguez reporta 2.295 fallecidos y más de 11.200 heridos por terremotos

0

El presidente de la Asamblea Nacional oficialista, Jorge Rodríguez, ofreció este miércoles, 1 de julio, a las 2:00 de la tarde, un nuevo balance sobre la situación de emergencia que atraviesa el país tras los terremotos del pasado 24 de junio.

Durante una alocución televisada, Rodríguez informó que a la fecha se contabilizan 780 réplicas desde el evento inicial. Además, dijo que un total de 6 461 personas han sido rescatadas de las zonas afectadas. “Así como ayer informamos que había disminuido la frecuencia de aparición de esas réplicas y también había disminuido la intensidad. Hoy continúa ese proceso y tenemos menor frecuencia en la aparición de réplicas y el rango de magnitud también ha disminuido”, señaló.

La cifra de fallecidos asciende a 2 295 personas, mientras que el personal médico reporta un total de 11 267 heridos y las autoridades registran a 12 841 ciudadanos en condición de damnificados. En total, el Ejecutivo evalúa un universo de 26 403 personas afectadas de forma directa por el siniestro.

Rodríguez añadió que el sistema de salud ha atendido a 17 026 pacientes en las regiones afectadas. De este grupo, los hospitales mantienen bajo observación a 4 565 ciudadanos en condición de hospitalizados, mientras que los médicos ya otorgaron el alta médica por mejoría a 13 942 personas.

Por otra parte, informó que hasta ahora operan 25 campamentos provisionales. El estado La Guaira concentra el mayor despliegue con 13 centros, seguido por Caracas con 8, el estado Miranda con 2, mientras que Carabobo y Yaracuy albergan un campamento cada uno. A través de esta red, las instituciones atienden a 81 589 familias mediante la distribución de 8 893 000 kilos de alimentos y el reparto directo de 27 714 bolsas de comida.

Un total de 26.000 efectivos venezolanos fueron desplegados, apoyados por 17 832 voluntarios civiles. Asimismo, la comunidad internacional respalda las tareas con el despliegue de 4 099 brigadistas extranjeros, quienes operan junto a 153 perros de búsqueda avanzada y 43 vehículos logísticos de apoyo. Toda esta estructura civil y militar gestiona actualmente las 707 063 toneladas de ayuda humanitaria internacional que han ingresado al territorio nacional.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Ciudadanos impiden robos cometidos por uniformados en medio de la tragedia causada por terremotos

0

Tras los terremotos registrados el pasado 24 de junio, la actuación de cuerpos policiales y militares en Venezuela ha generado severos cuestionamientos por parte de la sociedad civil y las organizaciones de rescate. Ciudadanos y voluntarios en las zonas afectadas documentan y exponen diversas irregularidades cometidas por los funcionarios del Estado en medio de la contingencia humanitaria.

Las denuncias abarcan desde la inacción en las labores de salvamento hasta el hurto de pertenencias personales y dinero en efectivo entre las estructuras colapsadas. Los habitantes de las regiones más golpeadas, como La Guaira, increpan directamente a los uniformados, reclamando la falta de apoyo operativo y la priorización de labores de vigilancia sobre las tareas de rescate de sobrevivientes.

A este panorama se suma el amedrentamiento contra periodistas que cubren la emergencia y la imposición de trabas logísticas para el traslado de asistencia humanitaria. La respuesta de los organismos de seguridad pública agudiza la tensión en los perímetros de desastre, provocando la indignación de las comunidades afectadas.

Funcionarios hurtan dinero y pertenencias hallados en escombros

El martes, 30 de junio, usuarios en redes sociales denunciaron que un funcionario del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) presuntamente sustrajo dólares en efectivo localizados entre los escombros de las estructuras afectadas por los sismos en las residencias Vallarta de Playa Grande, estado La Guaira.

En un video se muestra al efectivo con el logo de la institución sosteniendo los billetes mientras los vecinos lo confrontan y rompen varias piezas de 100 dólares para impedir que el funcionario se las llevara bajo el argumento de que constituían una “evidencia”.

Ese mismo día, el director del Cicpc, Douglas Rico, publicó un comunicado oficial en sus redes sociales donde constató que un grupo de funcionarios se apropió de valores económicos hallados entre los escombros en La Guaira, desviándose de sus deberes durante las labores de asistencia. La institución ordenó la separación definitiva de sus cargos y el inicio de una averiguación disciplinaria para la destitución de los involucrados.

Asimismo, la División de Investigaciones de Delitos en la Función Pública detuvo a los ciudadanos Maya Aguilar Reyes, Fredy Rafael Lugo Oliveros, Roger Andrés Omaña y Josue Jhonatan Burgos Sánchez, quienes quedaron a la orden de la Fiscalía 68 Nacional con Competencia en Materia de Delitos Contra la Corrupción del Ministerio Público.

Previamente, en un video difundido el 27 de junio, se registró el momento en que un grupo de efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) localizó dólares en efectivo entre los escombros de la zona de desastre en La Guaira. Los civiles presentes en el lugar obligaron a los uniformados a romper los billetes para evitar que se los apropiaran, mientras les gritaban calificativos como “lambucios, muertos de hambre”.

Pero el hurto no se limita a dólares en efectivo. En un video publicado el 29 de junio se observa a efectivos militares mientras extraen electrodomésticos de uno de los edificios colapsados en el estado La Guaira. La persona que realizó la grabación describió el acontecimiento como “la desgracia humana”.

También, el 29 de junio, la madre de un joven de 17 años que estaba aún bajo los escombros de la OPP-25 de Tanaguarena denunció: “Los policías no han hecho nada. Ellos mismos se han prestado para robar también. Hay bastantes policías y guardias que los han sacado robando nuestras cosas. Pensábamos que nos venían a ayudar y lo que han hecho es el vandalismo en nuestras comunidades”.

Policías y militares interrumpen labores de búsqueda

El 29 de junio, el representante de la organización de rescatistas Topos de Chile, Francisco Lermanda, denunció que militares venezolanos hostigan a su personal dentro de la zona de desastre, interrumpiendo las tareas de salvamento para exigir de manera reiterada sus documentos de identidad debido a sospechas de presunto espionaje.

En una entrevista televisiva, relató que un funcionario armado ingresó al sector de los edificios colapsados donde los rescatistas trabajaban dentro de los túneles. “Una de nuestras rescatistas le preguntó al militar: ‘oye, amigo, tú me has pedido mis documentos al menos cinco veces en estos días que llevamos acá. Cinco veces. Y ya sabes mi cara, ¿Sabes cómo me llamo?’ Y el militar respondió: ‘nosotros tenemos órdenes de chequearlos cada cierto tiempo. Pueden ser espías de los yanquis, espías de EE. UU., espías de Chile'”.

Las críticas por inacción

El 29 de junio, se generó una ola de indignación y críticas tras la publicación de un video en las redes sociales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), donde se mostraba a efectivos militares en supuestas labores de rescate. Los usuarios de las plataformas digitales señalaron que los uniformados solo movían tierra y piedras sin un propósito real de búsqueda. La FANB eliminó el video de sus redes sociales.

Posteriormente, en un video difundido el 28 de junio en el sector Caraballeda, decenas de personas que participaban en los trabajos de socorro confrontaron a un grupo de militares dedicados exclusivamente a la vigilancia. En un video publicado el domingo 28 de junio por la noche, un voluntario en las labores de con mascarilla y linterna en la frente increpa enfrenta a la FANB cerca de la zona del desastre.

“Pa’ echarnos plomo y coñazo sí (…) Cuando están en la autopista en la Francisco Fajardo son malotes. Demuéstrenme tu maldad aquí Con un pico y una pala”, manifestó el ciudadano a los funcionarios.

Amedrentamientos contra periodistas

Otro video grabado el 26 de junio, el comisario general del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), Robinson Navarro, amenazó con detener al locutor Gabriel Tinoco mientras este transmitía en vivo a través de Instagram desde un edificio derrumbado en Caracas.

El funcionario ordenó al comunicador retirarse del lugar o de lo contrario lo trasladaría a la sede del organismo de inteligencia, e intentó quitarle por la fuerza el teléfono celular con el que registraba el suceso. “Yo soy el comisario general Robinson Navarro del SEBIN. O te vas por las buenas tranquilito pa’ allá o te llevo pal’ Sebin”, le dijo el funcionario al periodista.

También, el 29 de junio, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) reportó que Luis Hugas, periodista del canal Venezolana de Televisión, fue liberado tras permanecer retenido durante algunas horas en la sede de Polichacao. El incidente ocurrió mientras Hugas operaba un dron autorizado en las inmediaciones del edificio Obelisco de Altamira. Efectivos militares abordaron al reportero para confiscar sus equipos de trabajo y, posteriormente, funcionarios policiales lo trasladaron a la comisaría, momento que aprovecharon los militares para ingresar al vehículo del periodista y tomar parte de sus pertenencias, las cuales devolvieron horas más tarde.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

La reconstrucción de Venezuela: una oportunidad que exige un pacto nacional

Hay tragedias que interrumpen la vida de un país. Y hay tragedias que obligan a redefinir su destino. Los terremotos que acaban de sacudir a Venezuela pertenecen a esta segunda categoría. La magnitud del daño humano, social y económico todavía está lejos de poder medirse con precisión, pero una cosa ya es evidente: el país que discutíamos hace apenas unos días ya no es el mismo.

Las cifras preliminares disponibles son devastadoras. Según los primeros reportes recogidos por Ecoanalítica, se registran 254 edificaciones con daño total, 325 con daño severo y 346 con daño parcial. Las pérdidas humanas son más dolorosas aun: 1450 fallecidos, 3150 heridos, 12 721 familias damnificadas y más de 50 000 personas desaparecidas (*). Son números todavía incompletos, sujetos a revisión y probablemente insuficientes para capturar la verdadera dimensión de la tragedia. Pero ya permiten entender que Venezuela enfrenta uno de los choques más duros de su historia contemporánea.

Desde el punto de vista económico, nuestras primeras estimaciones apuntan a daños directos del orden de 8000 millones de dólares, equivalentes a aproximadamente 7 % del PIB. La recuperación integral de la infraestructura pública, el aparato productivo, las viviendas, los servicios básicos y la capacidad operativa del país podría requerir cerca de 20 000 millones de dólares. Es una cifra monumental para cualquier economía. Lo es más aun para un país que viene de una larga crisis, con restricciones fiscales, infraestructura deteriorada, servicios públicos frágiles y una capacidad institucional profundamente debilitada.

Sin embargo, el verdadero desafío no está solamente en conseguir recursos. Venezuela necesita dinero, sí. Necesita maquinaria, hospitales de campaña, equipos de rescate, ingenieros, técnicos, financiamiento multilateral y cooperación internacional. Pero necesita algo más importante: capacidad de coordinación, confianza y legitimidad. La experiencia internacional demuestra que los terremotos no destruyen países por sí solos. Lo que define el futuro de una nación después de una catástrofe es la calidad de su respuesta colectiva.

Chile, después del terremoto de 2010, mostró la importancia de contar con instituciones capaces de reaccionar con rapidez, ordenar prioridades y ejecutar una reconstrucción masiva sin perder el control macroeconómico. Japón, tras el terremoto y tsunami de 2011, evidenció cómo un Estado con alta capacidad técnica puede combinar respuesta inmediata, reconstrucción de infraestructura, protección de cadenas productivas y planificación territorial de largo plazo. Nepal, luego del terremoto de 2015, avanzó con una autoridad nacional de reconstrucción que permitió concentrar esfuerzos, articular cooperación internacional y canalizar recursos hacia hogares afectados.

Haití, por el contrario, representa la advertencia más dura. El terremoto de 2010 no solo destruyó infraestructura; expuso la fragilidad extrema del Estado, la dispersión de la ayuda internacional, la ausencia de coordinación efectiva y la dificultad de reconstruir cuando no existe una autoridad nacional suficientemente fuerte y legítima para ordenar el esfuerzo. La tragedia natural se convirtió en una crisis prolongada porque el país no logró transformar la emergencia en una estrategia nacional de reconstrucción. Es posible que el terremoto de ayer sea la principal causa del Estado fallido que Haití presenta hoy.

Venezuela debe aprender de esas experiencias. La magnitud del terremoto importa, pero no será la única variable determinante. Lo decisivo será si el país logra convertir el dolor en un proyecto común. Y allí aparece el punto central: Venezuela no podrá reconstruirse desde una sola parcialidad política, desde una sola institución, desde una sola visión del país ni desde un poder que no cuente con la confianza suficiente de todos los actores nacionales.

Los primeros días de la tragedia han dejado una imagen preocupante. La respuesta institucional ha sido insuficiente frente a la escala del desastre. No se trata de una crítica política, sino de una constatación técnica. En emergencias de esta magnitud, la Fuerza Armada, Protección Civil, gobernaciones, alcaldías, hospitales, cuerpos de seguridad, empresas públicas y servicios básicos deben operar como una sola estructura logística nacional. Esa coordinación no se ha visto con la fuerza requerida. La sociedad civil, los vecinos, las comunidades, las iglesias, las ONG, los rescatistas voluntarios y el sector privado han vuelto a demostrar una inmensa reserva moral. Pero la solidaridad ciudadana no puede sustituir indefinidamente la capacidad del Estado.

Aquí está el dilema venezolano. El país necesita una reconstrucción a escala nacional, pero las autoridades enfrentan una profunda falta de legitimidad política y una limitada capacidad operativa. Esa combinación es especialmente peligrosa. Sin legitimidad, será difícil movilizar cooperación internacional de gran escala. De hecho, las primeras señales de la cooperación financiera internacional han sido también muy preocupantes. Sin confianza, será difícil atraer inversión privada. Sin transparencia, será difícil evitar que la ayuda se fragmente, se politice o se desperdicie. Sin inclusión, será imposible convertir la reconstrucción en un proyecto nacional.

Por eso Venezuela necesita un gran pacto nacional para la reconstrucción. No como una consigna retórica, sino como una arquitectura institucional concreta. Un pacto que incluya a todos los actores que hacen vida en el territorio nacional: autoridades nacionales, gobernaciones, alcaldías, oposición, Fuerza Armada, sector privado, trabajadores, universidades, iglesias, organizaciones sociales, comunidades afectadas y organismos multilaterales. También debe incorporar a la diáspora venezolana, que hoy representa una de las mayores reservas de talento, recursos, conocimiento técnico y vínculos internacionales con las que cuenta el país.

Una opción concreta, sería volver a crear una autoridad nacional para la reconstrucción, con mandato temporal, reglas claras, participación plural y supervisión independiente. No se trataría de crear otro ministerio ni de ampliar la burocracia. Se trataría de construir una plataforma excepcional para una circunstancia excepcional. Su mandato debería concentrarse en cuatro tareas: levantar un registro nacional de daños, coordinar la ayuda humanitaria y financiera, diseñar el plan de reconstrucción física y productiva, y garantizar mecanismos de auditoría nacional e internacional.

La reconstrucción tampoco debe limitarse a levantar lo que se cayó. Venezuela no puede reconstruir la precariedad. No puede rehacer ciudades vulnerables, viviendas inseguras, hospitales sin resiliencia, carreteras frágiles ni servicios públicos al borde del colapso. La tragedia obliga a pensar en una reconstrucción moderna: infraestructura antisísmica, planificación urbana, formalización de propiedad, financiamiento habitacional, recuperación de servicios básicos, fortalecimiento de hospitales, reconstrucción de escuelas, apoyo a pequeñas empresas y mecanismos de protección social para las familias damnificadas.

Los 20 000 millones de dólares estimados para la recuperación no deben verse únicamente como un costo. Bien administrados, pueden convertirse en el mayor programa de inversión pública y privada de las últimas décadas. Pueden generar empleo, reactivar sectores productivos, reconstruir confianza y acelerar la modernización de la economía. Pero mal administrados, pueden convertirse en otra fuente de frustración, corrupción, desigualdad y pérdida de legitimidad.

Por eso la pregunta económica más importante no es solamente cuánto dinero hará falta. La pregunta central es quién decidirá cómo se invierte, bajo qué reglas, con qué controles y con qué visión de país. La reconstrucción será el principal programa económico de Venezuela durante los próximos años. Si se maneja con opacidad y exclusión, profundizará la crisis. Si se maneja con transparencia, inclusión y sentido nacional, puede abrir una nueva etapa.

La comunidad internacional también tendrá un papel fundamental. Venezuela no podrá enfrentar sola esta emergencia. Será indispensable movilizar asistencia humanitaria, créditos de rápido desembolso, cooperación técnica, apoyo de organismos multilaterales, donaciones, seguros, inversión privada y mecanismos financieros especiales. Pero esa cooperación exigirá garantías. Ningún organismo internacional, ningún gobierno aliado, ningún inversionista serio y ninguna diáspora movilizará recursos de gran escala si no existe una estructura confiable, incluyente y técnicamente sólida para administrarlos.

En este punto, la legitimidad deja de ser una discusión abstracta. Se convierte en una variable económica. La legitimidad reduce el riesgo. La legitimidad abre puertas. La legitimidad permite coordinar. La legitimidad transforma ayuda dispersa en estrategia nacional. La legitimidad hace posible que actores que no confían entre sí se sienten en una misma mesa para resolver una emergencia común.

La Fuerza Armada también debe entender el momento histórico. En una tragedia de esta escala, su papel no puede ser político ni represivo. Debe ser logístico, humanitario y nacional. Debe ayudar a abrir corredores, distribuir ayuda, proteger a la población, facilitar operaciones de rescate, garantizar seguridad en las zonas afectadas y ponerse al servicio de una reconstrucción que pertenece a todos los venezolanos. Esa sería una forma concreta de recuperar confianza institucional.

Venezuela llega a este terremoto con heridas acumuladas: años de crisis económica, migración masiva, deterioro institucional, desconfianza política y fragmentación social. Pero también llega con activos enormes: una sociedad solidaria, un sector privado resiliente, comunidades organizadas, talento técnico, universidades, iglesias, ONG, empresarios, trabajadores y una diáspora que mantiene un vínculo emocional y económico profundo con el país.

La reconstrucción de Venezuela no comienza cuando se coloca el primer ladrillo. Comienza cuando todos los venezolanos sienten que ese ladrillo también les pertenece. Esa es la diferencia entre reconstruir edificios y reconstruir una nación. Venezuela puede escoger entre administrar la emergencia desde la fragmentación o convertirla en el punto de partida de un acuerdo nacional. Puede repetir los errores del pasado o construir una institucionalidad distinta. Puede reconstruir ruinas o reconstruir futuro.

(*) Cifras oficiales al 28 de junio

Ecoanalítica | Alejandro Grisanti Capriles @agrisanti

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Familiares piden más maquinaria pesada para retirar escombros: “lo demás lo hacemos nosotros”

Para Jesurimar Briceño, de 28 años, la búsqueda de su hija, su madre y su hermano bajo los escombros del urbanismo OPP 33 en el sector Caribe de La Guaira se convirtió en una carrera contra el tiempo y la burocracia. Tras días de espera, familiares de personas que se encontraban en esos edificios tuvieron que trancar la calle para forzar que les dejaran una retroexcavadora, pero ellos mismos tenían que conseguir el gasoil.

A seis días del doble terremoto que devastó al país el 24 de junio pasado, y que contabiliza 1943 víctimas fatales y 10571 heridos según el último balance oficial, en zonas de La Guaira aún piden que llegue maquinaria pesada para acelerar la remoción de escombros y las labores de búsqueda, con la esperanza de encontrar sobrevivientes o de poder recuperar los cuerpos de sus seres queridos para darles un descanso digno.

A las 12:42 p.m. de este martes, 30 de junio, la periodista Estefani Brito escribió en su cuenta de X que el sobrino de sus amigas llamado Mathias, junto a sus abuelos y tías, estaba bajo los escombros del urbanismo OPP 22 en Caraballeda. Señaló que a casi 140 horas de los sismos a ese edificio no había llegado maquinaria pesada. “Seguimos con la fe intacta, pero necesitamos ayuda”, dijo.

“Se solicita ayuda de rescatistas y máquinas para edificio Gradisca, Macuto, La Guaira. Hay personas con vida. Gracias”, solicitó el ingeniero Carlos Alí Castro en la misma red social en respuesta a una publicación del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, que informaba que los rescatistas de su país habían encontrado con vida a un hombre entre los escombros, en el centro comercial Galerías Playa Grande.

Un escenario similar describió Jesurimar, la noche del domingo 28 de junio. Frente a las ruinas del urbanismo OPP 33 (que tenía tres torres) y un edificio privado que estaba al lado, la joven expresó: “Tenemos una o dos maquinarias y se enfocan en un solo edificio, aquí hay cuatro edificios juntos y dos máquinas no dan para eso”.

Protestar para lograr ayuda

“Si no se quieren ensuciar el uniforme echando pala, echando pico, lo único que les pedimos encarecidamente es que nos ayuden con cinco maquinarias que puedan remover esos escombros pesados”, dijo la joven. “Lo demás lo hacemos nosotros”.

Esa noche, en el lugar se encontraba una retroexcavadora trabajando. “Eso llegó hoy porque trancamos la calle”, afirmó Jesurimar y contó que la coordinadora a cargo de esos equipos que estaban trasladando les dijo que eso no era ayuda humanitaria sino que alguien había pagado por ellos. Tras la protesta de los familiares, accedió a dejarla ahí. “Pero del gasoil se van a encargar ustedes y les damos una hora”, advirtió esa mujer.

“Pensaban que no íbamos a conseguir el gasoil y lo que no saben es que uno por su mamá, por su hija, por su hermano, uno mueve cielo y tierra y hace lo que tenga que hacer”, manifestó la joven, que horas atrás se había descompensado por todo el esfuerzos de los últimos días. De hecho explicó que muchos de los trabajos en la zona han sido por autogestión: los propios familiares en la OPP 33 consiguieron una planta eléctrica e instalaron bombillos para trabajar durante la noche.

Jesurimar agregó que aún tienen esperanza de sacar a sus familiares con vida. Su padre narró que dos días antes habían llamado al teléfono de su hijo y contestó una niña que imaginó que era su nieta. “Y nadie prestó atención”, lamentó.

Este lunes un grupo de operadores de estos equipos que se trasladó a la Guaira denunció ante las cámaras de VPI TV acudieron al lugar porque pensaban que no había suficientes conductores, pero se encontraron con que lo que faltaban eran máquinas, y que las que había eran privadas y no permitían que cualquier operador las condujera.