Alejandro Grisanti Capriles, autor en Runrun

Alejandro Grisanti Capriles

América Latina, lo peor está por venir, por Alejandro Grisanti Capriles

@agrisanti 

Han pasado tan solo nueve semanas desde que comenzamos la cuarentena, y digo tan solo porque desde mi encierro en 50 m2 pareciera que hubieran pasado años.

La pandemia que ha azotado al mundo hoy está causando estragos en América Latina, y todo parece indicar que el proceso exponencial arrancó en Venezuela el 16 de mayo.

El aislamiento antes de la pandemia, la falta de movilidad por la escasez de gasolina y la presencia de un régimen que no considera los efectos económicos de las decisiones que toma habían mantenido a raya los nuevos contagios de la COVID-19.

Hagamos un breve recuento de lo que significa la entrada de la pandemia en la región y, por supuesto, muy especialmente en Venezuela.

Estamos viviendo una situación sin precedentes, de mucha incertidumbre, cuyo análisis precisa mucha humildad. Estos son momentos de mucho pragmatismo, pues debemos asimilar que se van a cometer errores y también se deben definir los errores que no se pueden cometer. Estos son momentos en los que hay que dar espacio a lo impensable. Ejemplo de ello ocurrió hace apenas cuatro semanas, cuando al no haber donde almacenar el petróleo de un contrato a futuro, los propietarios tuvieron que pagar casi 40 dólares por barril (precios negativos) para que el comprador recibiera el crudo.

La pandemia está atacando a los países que tienen sistemas de control de epidemias muy enflaquecidos. En términos relativos, países ricos como Italia y España, con excelentes centros de salud para el cáncer, o el Alzheimer, no estaban bien dotados para encarar una pandemia dado que tenían muchos años sin sufrirla.

Los países de América Latina, o África, con sistemas de salud con muchos menos recursos, suelen dedicar una proporción mayor de esos recursos a sus centros epidemiológicos, pero también recursos insuficientes. Es por ello, que la COVID-19 se sigue expandiendo con gran fuerza en el mundo, y ya voces calificadas, como la fundación Gates, están llamando a cambios para evitar que esta situación se repita.

Nuevos casos de covid-19 en el mundo. Universidad Jonhs Hopkins
Fuente: Universidad Johns Hopkins / Autor Carlos Delgado Salas.

Como resultado de lo anterior, la data que se está generando es de muy mala calidad, y lo más probable es que se esté subestimando tanto el número de casos infectados como el de fallecidos por la COVID-19. A pesar de estas deficiencias, toda la información que poseemos es que el pico en los países europeos se produjo a finales de marzo y que estos han sido capaces de reducir el número de nuevos casos de manera más acelerada que los Estados Unidos, donde el pico se produjo a mediados de abril y ha venido cayendo de una forma mucho más lenta.

Lo que llama profundamente la atención es que América Latina, que había logrado una tasa relativamente baja entre febrero y marzo, se halla ahora en una fase exponencial y está sufriendo el mayor número de casos nuevos en el mundo, a pesar de que su capacidad de hacer pruebas es mucho menor que la de Europa o Estados Unidos. De hecho, en los siete días anteriores al 26 de mayo el mundo presentaba 99.347 nuevos casos, de los cuales 30.885 o el 31,1 % correspondían a América Latina.

Desafortunadamente, es posible esperar que, ante la menor capacidad de infraestructura hospitalaria, los países de la región tendrán una mayor tasa de mortalidad que el resto del mundo. De hecho, de las 3978 muertes promedio por día que el mundo ha sufrido en los siete días previos al 26 de mayo, 1476 o el 37.1% de las muertes totales por COVID-19 se han producido en la región.

Nuevas muertes por covid-19. Universidad Jonhs Hopkins
Fuente: Universidad Johns Hopkins / Autor Carlos Delgado Salas.

Si bien ya somos la región con mayor número de nuevos contagiados y de muertes por COVID-19, dadas las altas tasas de informalidad laboral, muchos latinoamericanos tienen que salir todos los días a generar sus ingresos de subsistencia, lo que hará que la reducción en el número de nuevos casos y por ende el número de muertos sea mucho más lenta que la de Estados Unidos y Europa.

Por supuesto, el caso venezolano será como el del resto de América Latina, pero con esteroides, pues al colapso completo de la infraestructura hospitalaria se le suma el colapso de los servicios públicos, como luz, agua y, ahora, hasta entretenimiento con la salida de DirecTV.

Si bien muchos países están empezando a planificar la apertura, la verdad es que nadie sabe qué puede pasar cuando la sociedad empiece a suspender la cuarentena. La mayoría de los científicos han venido señalando la posibilidad de una segunda ola de infecciones. Y es que el problema está en que una vacuna se podrá aplicar masivamente en la población para el último trimestre de este año o principios de 2021, y el uso de la infección como mecanismo natural de vacunación tampoco ha sido efectivo hasta ahora.

Los diferentes estudios realizados a la fecha —casi todos con defectos en la selección de la muestra— apuntan a que las tasas de infección hasta ahora son relativamente bajas. Por supuesto que estas varían de una localidad a otra, pero, por ejemplo, la tasa de infección de Suecia, que es un país que nunca aplicó la cuarentena, está en alrededor del 33 %, la de Manhattan en torno al 21 % y la del estado de Nueva York en cerca del 13,9 %. A pesar de que estos son los lugares donde el brote de la COVID-19 fue mayor, la tasa de infección y el porcentaje de personas que han desarrollado inmunidad temporal dista mucho del 70 % – 80 % que se necesita para que puedan volver a una cierta normalidad.  

En este ambiente de tanta incertidumbre hay una sola certeza: las economías del mundo están en caída libre. La mayoría de los países, quizás con la excepción de China, van a mostrar contracciones de dos dígitos en el segundo trimestre del año, y la mayoría de las bancas de inversión han seguido incrementando sus estimados de contracción.

En Estados Unidos, principal economía del mundo, se prevé que el desempleo llegará al 25 % y que la contracción económica se situará entre el 30 % y el 40 % para el segundo trimestre del año. El intentar proyectar más allá, nos lleva de nuevo a un análisis de escenario donde la profundidad de la contracción dependerá de si viene una segunda ola.

En lo económico, al igual que en el caso de la pandemia, los países latinoamericanos serán los más afectados.

Y es que, en general, y aunque en diferente medida, los países latinoamericanos tienen muy poco espacio para hacer políticas fiscales y monetarias expansivas que detengan el efecto negativo de la COVID-19. Es decir, la mayoría de los países de la región van a ver reducidos sus ingresos por la caída del precio de las materias primas, la desaparición del turismo, la gran contracción de las remesas y el rompimiento de las cadenas de suministro, con una muy deteriorada capacidad de respuesta.

Cuando utilizamos a Venezuela como ejemplo encontramos que el precio del petróleo es el que más ha caído durante la pandemia dentro del grupo de las materias primas, con una reducción del consumo mundial de 30 millones de barriles diarios. Las remesas, que esperábamos que representaran la segunda fuente más importante de divisas, han tenido un paro súbito en el mes de abril. Si bien los ingresos por turismo eran ya mínimos por los altísimos niveles de inseguridad, el sector privado venezolano es muy dependiente de la importación de productos intermedios, y estos serán cada vez más inaccesibles por el rompimiento de las cadenas de suministro.

Al igual que en términos sanitarios, todo parece indicar que la crisis económica será mucho más fuerte en América Latina que en Europa o en Estados Unidos y que Venezuela volverá a liderar las cifras de contracción y crisis de los países de la región.

Quiero finalizar con la idea de que la única solución a esta crisis está en la posibilidad de que Nicolás Maduro se ponga a un lado y se instaure un gobierno de emergencia nacional.

Ciertamente es una condición necesaria, mas no suficiente. Es decir, la solución pasa inexorablemente por que Nicolás Maduro salga de Miraflores y se logre conformar un gobierno de amplio espectro que sea capaz de escuchar, inspirar y convocar con sinceridad a la sociedad civil, profesionales, empresarios, trabajadores y partidos políticos para comenzar a reconstruir al país.

Un gobierno que logre trabajar con otros gobiernos, multilaterales e inversionistas internacionales para atraer donaciones y financiamiento internacional y reestructurar los pasivos heredados en los últimos 20 años. Un gobierno que llame a elecciones libres y justas, en las que los venezolanos en cualquier parte del mundo tengan el derecho a elegir y a ser elegidos.

Tengo la certeza de que Venezuela cuenta con los recursos y las capacidades para salir adelante, pero la única manera de hacerlo es con el cambio político que la mayoría de los venezolanos estamos deseando. Lo que nos queda es seguir trabajando desde cualquier posición en que nos encontremos.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¿Qué va a pasar con la gasolina? ¿Será que el régimen abrirá bodebombas?, por Alejandro Grisanti Capriles

@agrisanti 

Un amigo doctor me cuenta que la semana pasada logró echar gasolina, pero para llenar el tanque le cobraron 70 dólares. Al quejarse la primera vez, el teniente le contestó: “son órdenes de mi general”, y cuando lo increpó diciéndole que se estaban pasando con el precio, la respuesta fue más contundente: “Doctor, llene bien el tanque y dé las gracias que no va a poder echar gasolina en un futuro cercano”. Más allá de lo anecdótico de la historia, al momento que me encuentro escribiendo estas líneas (martes, 14 de abril, 7:00 p.m.), puedo decir con total responsabilidad que la crisis de la gasolina es muy profunda, que en la programación oficial de los puertos petroleros no aparece en agenda la entrada de un barco con el preciado combustible y que desafortunadamente “por ahora” no estamos en capacidad de producir gasolina en Venezuela.

La destrucción que ha producido Nicolás Maduro es de tal magnitud que el país con las principales reservas petroleras del mundo prácticamente no produce petróleo y no tiene capacidad de producir la gasolina que consume.

Según cifras de PDVSA, la producción petrolera ha pasado de 2,9 millones de barriles por día (mb/d) en enero de 2014 a 765.000 b/d en marzo de este año; es decir, la PDVSA de Maduro reconoce que durante su gestión, y previo a las sanciones, Venezuela ha perdido 2,1 mb/d. Sorpresivamente, la situación es menos dramática —pero aun muy negativa— si utilizamos las cifras de fuentes secundarias de la OPEP, según las cuales el máximo de la producción es de 2,4 mb/d en abril 2015 y de 680.000 b/d en marzo de este año. En estos casi cinco años esta fuente da cuenta de una caída de 1,6 mb/d.

Lo que ha pasado con la producción petrolera se repite con más fuerza en el campo de la refinación. Venezuela tenía 1,3 md/d de capacidad de refinación interna y más de 2,0 mb/d en el mundo. No solo PDVSA era capaz de suplir al mercado interno, sino que exportábamos productos derivados. Y no solo exportábamos destilados y gasolina, sino que teníamos destino seguro para nuestro petróleo crudo. Hoy el Gobierno no tiene ninguna capacidad de refinación interna y mantenemos una capacidad externa de un poco más de 850.000 b/d, de los cuales 800.000 b/d se mantienen de forma segura en la transición dado que son producidos por CITGO y 50.000 b/d están en riesgo puesto que el Gobierno interino no ha podido tomar el control de Nynas.

La falta de gasolina podría ser la principal fuente de inestabilidad del Gobierno de Nicolás Maduro en las próximas semanas. Cuando vemos las imágenes de miles de motorizados intentando echar gasolina en Valencia, cuando nos preguntamos cómo harán los productores de hortalizas de los Andes o la industria agroalimentaria del país para distribuir sus productos, tiene sentido pensar que se crearán miles de focos de disturbios a todo lo ancho y largo del país. Por ello, es necesario ver qué puede pasar en el futuro cercano.

En cuanto a las posibilidades de reactivar el parque refinador nacional tengo que decir que soy muy pesimista. Creo que los muchos años de desidia, de falta de experticia y de aplicación de un esquema de incentivos que durante el último bienio premió la importación de gasolina, en lugar de la producción en Venezuela, no se pueden revertir en unos pocos días. Es mucho lo que se necesita para reactivar incluso la refinería más sencilla y por aquí no va a venir la solución. Si fueron ellos los que destruyeron el parque refinador, no va a ser este régimen el que esté en capacidad de reconstruirlo. Por supuesto que el régimen puede prender una “caldera” en El Palito y echar mucho humo y vapor para generar la propaganda que necesita para decir que “tengamos paciencia que la solución está cerca”, pero eso está muy lejos de traducirse en capacidad de producción de gasolina.

Pero si tenemos años importándola, ¿qué paso? Antes de contestar esa pregunta, quiero volver a resaltar que el país con las reservas más grandes del mundo y con una capacidad de refinación que puede equivaler a casi 10 veces las necesidades internas ha estado importando gasolina en los últimos dos años. La ha estado importando con trueque de crudo, y llegando a pagar casi tres veces más su valor: se han dado operaciones que por cada barril de gasolina se entregan hasta 4 barriles de Merey 16, cuando la relación debería estar más cercana a 1.5 barriles de Merey 16 por cada barril de gasolina. Con esta relación de incentivos o sobreprecio quién tiene estímulo de producir gasolina en el país. Pero volviendo a la pregunta en el pasado reciente, la respuesta está en que uno de los principales aliados de Nicolás Maduro, Rosneft, ha decidido abandonarlo, quitándole el muy lucrativo apoyo que le estaba dando. Ciertamente, los activos y operaciones en Venezuela se vendieron a una empresa del Estado Ruso, el personal que trabaja en Venezuela cambió de empleador y aunque los anuncios oficiales quieren vendernos la idea de que aquí no ha pasado nada, lo cierto es que toda la infraestructura de comercialización de Rosneft no va a seguir comercializando el petróleo venezolano, y la principal causa de que hoy no tengamos gasolina en Venezuela es que Rosneft dijo hasta aquí.

Sobre las posibilidades de importación de gasolina de otras fuentes tengo información cruzada. Por un lado, las sanciones y la mayor presencia de la Armada estadounidense me hacen pensar que intermediarios formales como Glencore o Trafigura prefieren mantenerse al margen. Por otra parte, en un ambiente de paralización mundial por la COVID-19 y, por ende, de abundancia de gasolina, se me hace difícil pensar que algún “intermediario” no encuentre la manera de traer algunos barcos con gasolina a Venezuela para aliviar la situación actual. El dinero mueve montañas y a pesar de que en la programación de PDVSA no veamos agendado “por ahora” la llegada de un buque con gasolina, creo que esta situación puede cambiar muy rápidamente y que “aparezcan” barcos en Aruba haciendo cabotaje de gasolina a Amuay o El Palito. En todo caso, esta importación de gasolina será insuficiente y creo que vamos a continuar con un déficit importante de combustible en las próximas semanas.

En este escenario de importación de gasolina queda una sola pregunta por responder: ¿Será capaz el régimen de Nicolás Maduro de sacrificar su menguado flujo de caja en divisas para importar gasolina y luego regalarla? ¿O vamos a un modelo de bodegones —o mejor dicho de bodebombas— que privaticen la comercialización y distribución final de la gasolina? Hoy el régimen está recibiendo alrededor de USD 300 millones mensuales por concepto de exportaciones petroleras, y la importación de gasolina podría costarle hasta USD 225 millones, es decir, el 75 % de sus ingresos (recuerden que el régimen está pagando 4 barriles de crudo por cada barril de gasolina que recibe). Es posible que por unas semanas el régimen pueda sacrificar un porcentaje muy alto de sus ingresos e importar gasolina, pero lo más probable es que en un futuro cercano nos movamos a la privatización de la comercialización y distribución de gasolina. En esta Venezuela desquiciada, de la revolución bonita y del socialismo del siglo XXI, bajo un gobierno que lo único que le interesa es mantenerse en el poder, bien nos podemos imaginar las bodebombas llenas de Nutella, jabón para lavar Tide y gasolina a precios muy superiores a los internacionales. Por supuesto que el que vuelve a pagar los platos rotos es el venezolano de a pie, ese pueblo con el que el régimen siempre se llena la boca diciendo que quiere proteger. 

“Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es”

Una falsa sensación de prosperidad (II), por Alejandro Grisanti Capriles

Tras la publicación de mi artículo “Una falsa sensación de prosperidad” se ha abierto un debate muy interesante en torno a diferentes temas que exigen algunas precisiones sobre el tamaño de la burbuja, la dolarización y la ubicación de los bodegones, entre otros. Lo que quería destacar en ese artículo es que si bien el usurpador viene tomando medidas económicas más ortodoxas y más cercanas al mercado y se ha hecho la vista gorda con los controles de precios y de cambio, la crisis económica desafortunadamente se mantuvo en 2019 y redujo de forma drástica el nivel de consumo de los venezolanos. Por mi parte veo difícil una recuperación económica en el país —con Nicolás Maduro usurpando el
poder—, por lo que una condición necesaria, mas no suficiente, es tener este año una visión 20/20 que nos permita liberar a nuestro país de esta tiranía.

Hay bodegones hasta en Catia

El primer comentario que me llegó es que la reactivación del comercio a través de los bodegones no se concentra en el este de Caracas, pues se trata de un modelo masivo que incluye toda la capital, así como otras ciudades medianas y pequeñas. Que el Gobierno se esté haciendo la vista gorda con el control de precios y de cambio, hasta permitir la dolarización de la economía, efectivamente tiene que traer el florecimiento de la actividad comercial, no solo por parte de pequeños negocios sino también de los canales modernos de distribución. Dentro de la actividad comercial, hay actores que pueden estar vendiendo mucho menos unidades, pero sus márgenes por unidad son muchos más altos y, por ende, su rentabilidad medida en moneda dura es mucho mayor. Que el sector comercio esté mejor y que ahora en Venezuela se encuentre de todo, no quiere decir que los venezolanos estén mejor. Cabe recordar que una importante red de supermercados vendió 46,4% menos en 2019 que en 2018 y que una importante red de distribución de medicinas y artículos de salud tuvo una contracción de 33,2%, ambos en el número de unidades vendidas.

¿Se acuerdan del Dakazo?

Otro de los comentarios que recibí es que tener un instrumento de cambio (US$) como moneda estable en cantidades importantes en la economía (efectivo, Zelle, transferencias bancarias) tiene que traer efectos positivos. Si bien para el sector comercio se han simplificado y reducido los costos transaccionales y esto redunda en el surgimiento del comercio, me preocupa que esta dolarización informal genere un ambiente de confianza irracional. No me gusta ser profeta del desastre, pero sí creo importante recordar que los que hoy disfrutan del poder, son los mismos que en diferentes ocasiones confiscaron a empresas comercializadoras, como en 2013, con Daka, la red de tiendas de línea blanca y electrodomésticos, y en 2014, con el Plan Navidades Felices. Este Gobierno está haciendo caso omiso de los controles de precios y de cambio, sin modificar para nada la estructura legal. El único cambio que yo he observado es discursivo porque Nicolás Maduro pasó de hablar del “dólar criminal” a decir de forma dubitativa en una entrevista con José Vicente Rangel el pasado 17 de noviembre que no ve mal que la economía esté dolarizada (https://www.youtube.com/watch?v=dcgLdfVDoS4). No será la primera vez que el Gobierno cambie de dirección, y por eso es necesario recomendar a los comerciantes que se protejan, no a través de generales o ministros, sino con seguros financieros y operaciones de cobertura cambiaria. Justo es decir en este aspecto, que ya comenzaron a filtrarse algunas informaciones que el gobierno está considerando cambiar los esquemas impositivos para imponer nuevos impuesto sobre el creciente número de ventas realizadas en dólares. De moverse en este sentido, la frustración regresará  al gobierno dado que pechar transacciones en efectivo o a través de Zelle se les va a ser cuesta arriba, por decir lo menos. 

La dolarización informal a un tipo de cambio muy elevado está matando la industria nacional

En los últimos cuatro años se ha producido en Venezuela una gran apreciación del dólar y un importante incremento en la volatilidad de su cotización. Como la inflación ha superado con creces la devaluación, hoy un dólar compra mucho más fuera de Venezuela que su equivalente en bolívares en el país. Además, el sistema cambiario, al registrar algunas semanas de relativa estabilidad que súbitamente terminan en una aguda devaluación, exacerba la incertidumbre y hace prácticamente imposible la posibilidad de planificar. Si a este “nuevo modelo cambiario” le sumamos el colapso de los servicios públicos, el deterioro de la infraestructura y la inseguridad, es difícil no llegar a la conclusión que se está perdiendo lo poco que queda de tejido industrial. Hoy en día, para las empresas multinacionales es mucho más barato y menos riesgoso producir en el exterior e importar a Venezuela que producir en el país.

Otro aspecto que hay que resaltar también —que además actúa contra la industria nacional— es el auge de las importaciones, que cada vez son más difíciles de rastrear, pues posiblemente estén ingresando al país mediante el famoso esquema “puerta a puerta” sin pagar aranceles. Durante mucho tiempo, las importaciones venezolanas podían predecirse utilizando las cifras de nuestros principales socios comerciales. Sin embargo, la brecha de lo que reportan nuestros principales socios comerciales como exportaciones a Venezuela se ha ido incrementando con respecto a lo que el país publica como importaciones. A septiembre de 2019, las cifras consignadas por los primeros 20 socios comerciales no llegaban a 50% de las importaciones reportadas por Venezuela (y por supuesto que están incluidos los “nuevos socios comerciales” del régimen). Esta cifra solía ser superior a 90%. Desafortunadamente, la hiperinflación distorsiona mucho las cifras de recaudación aduanera, por lo que no se puede calcular el porcentaje de las importaciones que están ingresando al país sin pagar aranceles o IVA. 

Aumento de otros ingresos en divisas (legales o ilegales) 

Un tercer comentario que me hicieron tiene que ver con que si bien es cierto que el país registró una caída en la producción petrolera de 560.000 barriles por día —lo que representa que Nicolás Maduro recibió US$13.220 millones menos en 2019 que en 2018—, no es menos cierto que se ha generado un mayor número de divisas por remesas, narcotráfico, extracción de oro, etc. Para responder este comentario, es necesario aclarar que para contrarrestar la caída de ingresos petroleros, es necesario calcular el cambio que han tenido estas actividades con respecto al año anterior. De acuerdo con cálculos de Ecoanalítica basados en datos de COMTRADE de las Naciones Unidas, la extracción ilegal del oro llegó a US$2.711 millones en 2018, frente a un máximo histórico cercano a los US$2.960 millones en 2016. Asimismo, Ecoanalítica calcula, con cifras de Insight Crime, que los beneficios atados al narcotráfico sumaron US$2.650 millones en 2018. Si estas actividades ilícitas se elevaran en 40,0% y 10,0% en 2019, es decir, a US$3.795 millones y US$2.915 millones, respectivamente, se obtendrían ingresos adicionales de US$1.349 millones, lo que equivale a apenas 10,2% de la caída de los ingresos petroleros. Es decir, los cambios en las exportaciones de oro y posiblemente narcotráfico, si bien pueden contrarrestar en parte la caída de los ingresos petroleros, sus magnitudes son mucho mas bajas, por lo que la caída en los ingresos de la nación continua siendo importante. 

Y, por último, están los ingresos provenientes de las remesas. Es bien sabido que los venezolanos —impulsados por la crisis— han ido dejando el país. Hoy casi 5 millones de venezolanos están radicados en otras latitudes, trabajando y ganándose la vida dignamente. En la medida en que los venezolanos consolidan su posición económica en el exterior, están en mejor capacidad de ayudar a sus familiares en Venezuela. Ecoanalítica calcula que las remesas aumentaron en 40%, para pasar de US$2.500 millones en 2018 a US$3.500 millones en 2019, lo que representa un incremento de US$1.000 millones o de 7,5% de la caída de los ingresos petroleros. Todo esto quiere decir que lo que oímos en la prensa sobre la extracción legal e ilegal del oro, el narcotráfico y las remesas tan solo logra contrarrestar 17,7% de la caída de los ingresos petroleros. 

Hoy tenemos un Gobierno relativamente más pobre 

Cuando vemos los diferentes flujos de divisas en 2019, encontramos que el Gobierno se ha empobrecido más que proporcionalmente que el resto de la economía por el desplome de la producción y exportación petroleras. Hoy, la caída de los ingresos públicos ha depauperado a todos los que reciben alguna compensación formal del Estado. Esta imagen del Estado venezolano, con su industria petrolera, como principal motor de la economía ha cambiado. Hoy, el sector privado, a través de las remesas, el ahorro externo y también del narcotráfico y la extracción del oro, serán los actores clave para mitigar parcialmente la crisis. Un sector privado muy pobre, pero relativamente mejor posicionado que el sector público, es un equilibrio muy inestable para este régimen. Un Nicolás Maduro incapaz de satisfacer las principales demandas de sus seguidores seguirá buscando opciones para incrementar sus ingresos, así sea de forma momentánea. En este escenario es imposible descartar nuevos episodios de confiscación o expropiación, en los que el gran culpable volverá a ser el sector privado.

En las últimas conversaciones que he tenido con amigos ha salido repetidas veces el tema de que Venezuela cambió como por arte de magia, que el país está chévere, lleno de bodegones, que ahora encuentras lo que quieras, que abrieron tres restaurantes nuevos en Las Mercedes, que retornó la vida nocturna, y algunos más osados hablan hasta de invertir en el país.

Este pequeño grupo cree que su burbuja no solo produce prosperidad para ellos, sino que de alguna manera le llega al resto de los venezolanos. Justo es decir que la mayoría me cuenta su percepción de mejoría con preocupación porque “cómo vamos a salir de Maduro si logró revertir la crisis y hacer que los venezolanos vivan mejor”. La realidad es que la economía es traicionera, que lo que aparenta ser no es y que, a pesar de que mucha gente cree que no vive en una burbuja porque habla con un taxista, con los que trabajan en su casa o con el caddie que le carga los palos de golf, la crisis sigue latente y afecta a la mayoría de los venezolanos, que en 2019 consumieron menos alimentos y medicinas que en 2018.

Esta falsa sensación de prosperidad me hace recordar la errónea percepción de crisis que había en 2012. En aquella época, como no se encontraba papel sanitario o azúcar en los anaqueles, muchos decían que teníamos un Gobierno sin acceso a divisas, un país en crisis y que entonces era posible derrotar fácilmente a Chávez en las elecciones de octubre. Recuerdo que en enero de ese año escribí que teníamos un Gobierno apertrechado de dólares —con más de US$70.000 millones en activos líquidos— y que esa sensación de crisis no era real. Hoy todos conocemos la historia: Chávez utilizó esos recursos para crear un gran boom de consumo y ganar esas elecciones. Aquellos excesos nos trajeron estas tempestades y fueron la principal semilla de esta crisis económica que hoy cumple siete años.

Para la mayoría de los venezolanos 2019 fue mucho peor que 2018

De acuerdo con cifras publicadas por el Banco Central de Venezuela (BCV), en 2019 se cumplieron 24 trimestres consecutivos de contracción económica, con lo que la caída del producto interno bruto (PIB) se acerca a un acumulado de 60% desde que Maduro disfruta del poder. Esta es una de la crisis mas prolongada y mas profunda que un país sin guerra, haya tenido en el hemisferio occidental, y desafortunadamente todo indica que se prolongará por algunos trimestres adicionales.

Sin embargo, como el BCV publica sus cifras por capricho, para ver en profundidad lo que ocurrió en 2019 debemos recurrir a fuentes adicionales de datos, como la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y otras fuentes del sector privado que gentilmente la compartieron para este artículo.

1 Justo es decir que, influenciado por una de las principales encuestadoras del país y por la buena campaña que estaba haciendo Henrique Capriles, escribí en varias ocasiones que la probabilidad que la oposición ganara esas elecciones eran altas.

Arranquemos con el sector petrolero. De acuerdo con cifras de Petróleos de Venezuela (PDVSA), la producción petrolera cayó 32,4%, es decir pasó de 1,52 millones de barriles diarios (mb/d) a 1,03 mb/d, lo que representa una caída de 490.000 barriles diarios. De acuerdo con fuentes secundarias, la caída fue aún más profunda, pues en 2019 se produjo 41,3% menos petróleo que en 2018, para pasar de 1,35 mb/d a 0,79 mb/d. Valiéndonos de fuentes secundarias y suponiendo que la caída en la producción se refleja 1:1 en las exportaciones, y utilizando el precio promedio de la cesta venezolana, encontramos que en 2019 Maduro recibió US$13.220 millones menos que en 2018. Con menos divisas en la economía, es imposible que mejore el poder adquisitivo de los venezolanos.

El segundo conjunto de cifras proviene del sector privado, tanto en relación con la comercialización y distribución de productos de consumo masivo como con la producción de los mismos. Para evitar las distorsiones que crean los precios relativos, en una economía en la que el precio del dólar ha subido menos que proporcionalmente que el índice general de precios, les pregunté a dos grandes empresas de distribución y comercialización sobre el comportamiento en número de unidades vendidas. Una de las grandes redes de supermercados me informó que en 2019 vendió 46,4% menos unidades que en 2018.

Si a esta contracción de las ventas le sumamos que la tendencia del sector privado ha sido la reducción en los tamaños de los empaques para poderlos hacer mas accesibles a la menguada capacidad de compra de los consumidores, la contracción en el consumo de los venezolanos de menores recursos es aún mayor. El segundo grupo, que trabaja en el sector de salud, señaló que en 2019 vendió 33,2% menos medicinas que en 2018.

Por último, presento aquí un conjunto de cifras detalladas que solo abarcan el primer semestre de 2019 y que reflejan contracciones importantes si se contrastan con las del primer semestre de 2018. Estas cifras apuntan a una caída de 52,9% en el consumo de proteínas, 63,2% en lácteos, 44,4% en frutas, 52,7% en vegetales y verduras, 52,3% en condimentos y 55,1% en bebidas no alcohólicas.

Estas cifras demuestran inequívocamente que el venezolano promedio continuó reduciendo su consumo de alimentos y medicinas en 2019, en comparación con 2018. El Gobierno viene haciendo un ajuste draconiano (insostenible en el mediano y largo plazo) en la política fiscal y monetaria, pues al hacerse la vista gorda con los controles de precios y de cambio reduce la inflación a cambio de un fuerte incremento en la inequidad y una fuerte contracción en la capacidad de compra. El año 2019 cierra con los mayores niveles de desigualdad entre ricos y pobres, aspecto que está muy marcado geográficamente entre Caracas y el resto del país.

La burbuja del “este de Caracas”

2 Si bien la extracción ilegal de oro, la venta de las reservas en oro y el aumento de las remesas de la diáspora venezolana a sus familiares han mitigado parte de la contracción en la oferta de dólares del país, estas divisas no llegan a representar 25% de la caída de los ingresos petroleros.

La burbuja del “este de Caracas” tiene diferentes orígenes, unos más oscuros y otros más lícitos. Ciertamente, tener un Gobierno menos adverso al sector privado, que comienza a aceptar, así sea informalmente y de forma muy desordenada, las leyes del mercado y que se hace la vista gorda con los controles de precio y de cambio, crea un clima en el que el sector privado (principalmente el comercio y la pequeña y mediana empresa) puede operar mejor y generar utilidades. Muy posiblemente la venta de un menor número de unidades, con menores costos pero con mayores márgenes, esté dando algo de oxígeno y utilidades a las redes de distribución y comercialización. Pero que tan sostenible es esto, y que confianza se puede tener en que Maduro continúe en esta línea. A mi parecer muy poca, y hay que tomar esta aparente flexibilización con mucho cuidado.

Una segunda fuente que alimenta la burbuja es la movilización interna, pues familias con poder adquisitivo que antes hacían vida en el interior del país se han mudado a Caracas en busca de servicios públicos, especialmente agua y electricidad. Pero esto es un juego suma cero. Es decir, que el incremento de ese consumo en el este de la capital, es a costa de una disminución importante del mismo en el interior del país.

No es anecdótico, ver lo destruido que están ciudades como Maracaibo, Barquisimeto o la misma Valencia. Por último, los enchufados y corruptos de siempre, que cuentan con un gran poder de compra de artículos de lujo, y que se han visto obligados a gastar en Caracas sus dineros mal habidos por no poder hacerlo en el resto del mundo debido a las sanciones. Es difícil medir estas dos últimas tendencias, pero ciertamente deben ser parte de la explicación de lo que está ocurriendo.

Este renacer en el este de Caracas, de bodegones, de restaurantes de primera categoría y de Dom Pérignon, mientras que el resto del país se hunde en una crisis muy profunda, exacerba las diferencias entre los ricos y los pobres. Los bodegones llenos de Nutella, y de productos de Costco, me recuerdan las tiendas de turistas en Cuba, donde unos pocos privilegiados con acceso a divisas podían comprar esos productos. Por último, la política que está aplicando el Gobierno puede resumirse en “Caracas (y solo el este de Caracas) es Caracas y el resto, monte y culebra”.

 

 

1 Justo es decir que, influenciado por una de las principales encuestadoras del país y por la buena campaña que estaba haciendo Henrique Capriles, escribí en varias ocasiones que la probabilidad que la oposición ganara esas elecciones eran altas.

2 Si bien la extracción ilegal de oro, la venta de las reservas en oro y el aumento de las remesas de la diáspora venezolana a sus familiares han mitigado parte de la contracción en la oferta de dólares del país, estas divisas no llegan a representar 25% de la caída de los ingresos petroleros.

 

@agrisanti