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#10PensadoresIneludibles | Augusto Mijares, por Elías Pino Iturrieta

La foto de Augusto Mijares se tomó de la página de Facebook /Augusto Mijares

@eliaspino

Los voceros del positivismo, de larga duración e influencia, topan con distancias de peso en el pensamiento de Augusto Mijares. Las ideas predominantes sobre la incompetencia de la sociedad y sobre la influencia vinculante de los hombres fuertes, se encuentran con la lucidez de un conjunto de escritos que se oponen a su pontificado y miran con ojos auspiciosos la evolución de la sociedad hacia altas metas de republicanismo y democracia.

Mijares marca un deslinde de importancia frente a los diagnósticos avasallantes sobre Venezuela, gracias al cual señala orientaciones de trascendencia a la ensayística del siglo XX.

Abogado de la UCV y profesor del Instituto Pedagógico Nacional, escribe sin pausa sobre el pasado y el presente de la sociedad. Miembro de la generación fundadora de la antigua Facultad de Filosofía y Letras de la UCV, ministro de Educación en 1949, numerario de las Academias de la Historia, de la Lengua y de las Ciencias Políticas, Premio Nacional de Literatura en 1955 por La luz y el espejo, columnista asiduo en la prensa de mayor lectoría, deja una obra copiosa y profunda. Destacan en su bibliografía: El Libertador, La interpretación pesimista de la sociología hispanoamericana, Lo afirmativo venezolano, La continuidad espiritual de Venezuela, Diagnóstico y pronóstico, Vida romántica y romanticismo literario y Coordenadas para nuestra historia. El conjunto de sus obras se publicó en diez volúmenes por Monte Ávila Editores Latinoamericana, con prólogos sobre su valor.

Porque no está marcada por la mediocridad ni destinada a la incompetencia, la sociedad venezolana ha formado, a través del tiempo, elementos y fuerzas suficientes para concretar los propósitos de republicanismo planteados por los padres fundadores desde finales del siglo XVIII. 

La vida no ha dependido siempre de cerradas cúpulas, ni de intereses mezquinos. Han abundado los líderes que han pensado de buena fe y con desprendimiento en el prójimo.

El destino de la patria se ha fraguado a través de esfuerzos compartidos en torno a valores superiores en sentido gregario. Tal es la tesis que determina las producciones de Mijares, un rechazo de las ideas debido a las cuales se insistía en la existencia de una sociedad decrépita que no podía pensar en objetivos plausibles sin la muleta de los personalismos.

Es la esencia de su apología de la civilidad y de su encomio de las cualidades colectivas, llevada a cabo en términos pioneros en textos como La interpretación pesimista de la sociología hispanoamericana y Lo afirmativo venezolano. Se enfrenta a la tesis del gendarme necesario, pero también a la manida hipótesis de la condena fatal del pueblo a la dependencia de un elenco de hombres fuertes, o de un conjunto de pedagogos inaccesibles, hasta cuando, en fecha lejana e improbable, por fin salga de los confines de una congénita medianía. Sucede lo contrario, según la versión que propone. Una sociedad civil que se muestra de manera incipiente durante el período colonial, y llega a plantear un designio democrático que precede a las guerras de Independencia, inicia un sendero que llega a imponerse después de duro batallar.

En volúmenes como La continuidad espiritual de Venezuela y Coordenadas para nuestra historia, se detiene en el análisis de cómo la civilidad pugna por imponerse desde las postrimerías coloniales hasta llegar a situaciones propicias. En su analogía entre destructores y constructores salen ganando los primeros, aun antes de la existencia formal de la república. Tal entendimiento de la marcha de la sociedad no se había expuesto con contundencia hasta entonces.

El estudio de la obra de los próceres civiles apenas se perfilaba. El examen de la Independencia sin consideraciones exclusivamente militares había brillado por su ausencia. El llamar la atención sobre la existencia de un pensamiento pensado en Venezuela que merecía análisis respetuosos no había sido habitual. Contemplar con admiración  los logros de la ciudadanía, o llamar la atención sobre la obra nefasta de sus rivales, no había ocupado muchas páginas. Una biografía de Bolívar alejada de los trabajos apologéticos y del desfile de campos de batalla, se vuelve excepcional al compararla con las obras que la antecedieron en la trillada parcela.  

Los libros de Augusto Mijares abren esos nuevos derroteros, pero llegan a más: pregonan las cualidades de la clase media, apenas reconocida como fuerza histórica y social hasta entonces, y pronostican la marcha del país hacia metas promisorias bajo su dirección. En consecuencia, sentencian la desaparición del pensamiento gomecista, la equivocación de las miradas penumbrosas y los perjuicios provocados por los publicistas del autoritarismo, para acompañar el nacimiento de una nueva sociedad.

En los espacios de la actividad intelectual llevada a cabo en Venezuela, sus análisis son de primera importancia.

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