humor archivos - Página 3 de 60 - Runrun

humor

Laureano Márquez P. May 30, 2018 | Actualizado hace 2 años

 

Tres ceros se van ¡cuántos se han ido! Otra devaluación volverá, más duradera y más calamitosa que el olvido.

Un texto se ha vuelto viral:

“Imagínense el lío,

4 de junio:

las transferencias sin tres ceros,

los billetes con tres ceros,

la memoria

con seis ceros,

los billetes de cien

todavía en circulación,

mi vida en dólares

sin verlos.

Estoy confundido”.

¿Hasta cuándo Julio Borges? hasta cuándo piensas insistir con esta guerra económica ruinosa con la que saboteas una brillante ejecutoria revolucionaria. Sinceramente, desde que la oposición asumió el saboteo como vía de acción, hace casi 20 años, no ha hecho otra cosa que entorpecer los magníficos propósitos de la revolución. Esta ha sido una revolución que ha marchado de boicot en boicot.

Nunca como antes, la oposición venezolana había contado con tantos recursos en el gobierno de Venezuela. El petróleo le llegó a más de 130 dólares el barril. ¿Y qué hizo? destruir la honestidad revolucionaria, forzar a hombres de bien, a gente de profundas convicciones sociales a robar millones de dólares.

Díganme el altote de pelito blanco y el otro, el del tesoro, gente transparente. ¿Por qué creen que tiene caballos pura sangre en Miami?, ¿porque a él le gusta eso? Nooo, no amigos míos, nooo: por culpa de esta oposición fascista que lo colocó ante el dilema: “robo o muerte, viviremos y robaremos, hasta la Andorra siempre” y cosas por el estilo.

Ahí está Pdvsa, por ejemplo. Lo que ha hecho esta oposición apátrida con ella no tiene nombre. Sabotajes generalizados. Díganme lo que hicieron con el tipo de los seguros de la mencionada compañía, al que forzaron a hacerse recontramultimillonario. Sí el de los rolex, el de las fiestas sauditas y las cuentas en dólares, el que regalaba carros y compraba edificios. Todo se sabe en esta Venezuela saboteada.

Fortunas multimillonarias se hicieron por culpa de este modelo cambiario promovido desde la MUD. ¿Y ahora con qué nos viene la oposición?, ¿a qué nos ha forzado por instrucciones de la Casa Blanca?: a esta nueva devaluación. Tres ceros más se le quitan a la moneda por obra y gracia de acciones destructoras conjuntas del Imperio y la oposición apátrida itinerante.

El pueblo ha vuelto a votar en unas elecciones de una transparencia que da asco, en contra de ellos, pero no hay forma ni manera de que lo entiendan, le siguen cobrando al pueblo su consecuencia, hundiéndolo en la miseria e impidiendo el desarrollo de una revolución que traía honestidad, eficiencia administrativa, reducción de ministerios, castigo a los corruptos, equidad en la distribución de los ingresos y una justicia al servicio de los ciudadanos.

Todo, todo este calamitoso estado de cosas que nos lleva a tres ceros menos en la moneda es, obviamente, responsabilidad de estos fascistas que nos desgobiernan (es decir que nos sabotean con la guerra económica, mediática, corrupta, devaluacionista y todo lo demás).

Usted se preguntará, querido lector: ¿entonces qué es lo que ha podido hacer este hermoso gobierno revolucionario en tanto tiempo? La dolorosa respuesta es: no mucho más que aquel esperanzador juramento que sirvió de punto de partida: “juro sobre esta moribunda Constitución”… Ese mismo día, no bien había terminado de jurar el Eterno hijo de la Gran América, comenzó el saboteo.

 

@laureanomar

Carta a la dirigencia opositora, por Laureano Márquez

 

Uno no puede condenar a Chamberlain por haber tratado de negociar con Hitler. Es muy fácil desde el 2018, conocidos los horrores del nazismo, condenar y juzgar, pero “como decíamos ayer”:  “estudiamos la historia para librarnos de la historia”, a decir del Dr. Tomás Straka. De algo tiene que servir estar en el 2018 y no en 1938. En algún momento, el mundo civilizado entendió que había que detener aquello. Vino entonces el tiempo de Churchill con su: “Combatiremos en las playas, en los lugares de desembarco, en los campos y en las calles, combatiremos en las montañas. No nos rendiremos jamás”. El ser humano frente a la posibilidad de su exterminio se alía, se organiza, aparta para más tarde las diferencias que, frente a la aniquilación total, lucen momentáneamente superfluas.

La existencia de Venezuela como nación, como proyecto de vida común, está seriamente amenazada. Esto dicho así, suena muy abstracto, pero se traduce en hechos de mucha gravedad: en gente muriendo de hambre, en personas que pierden la vida por falta de medicamentos, en millones huyendo del país -como nunca alcanzamos a imaginar que huiríamos-, en los horrores cotidianos de los que cada uno va teniendo noticias. Cuando en 1999  comenzó esta pesadilla, los que nos opusimos desde ese entonces, los que profetizábamos sus locuras y amenazas en los espacios entonces disponibles, desde el humor a la academia, jamás imaginábamos que podíamos llegar tan bajo. Los países, ciertamente, no tocan fondo, pero también  es verdad que algunos casos -como es el nuestro- escarban para que la caída sea más dolorosa.

Este horror que se vislumbra, señores dirigentes opositores, es también responsabilidad vuestra, por haber pecado de “pensamiento, palabra, obra y omisión”. El mejor escenario para el régimen es el de una oposición dividida: con un grupo dispuesto a legitimar unas elecciones fraudulentas y otro grupo dispuesto a abstenerse para facilitar lo primero. No se puede llamar a una rebelión en contra de quien no tiene escrúpulos para asesinarte, tampoco se puede llamar al voto sin un plan de acción para el día posterior al inevitable fraude. En una situación como esta, todos los argumentos parecen razonables y a la vez todos falaces. Quizá por ello nos agredimos tan despiadadamente entre nosotros mismos. Alguien dijo alguna vez que la verdad es como los relojes, todos sus dueños tienen una hora distinta y todos creen tener la hora correcta.

Esta misiva no es para exponerlos al desprecio público. Me parece absurdo el odio y la descalificación. Es conocido y notorio lo que esto ha significado para muchos de ustedes en términos de cárcel, exilio y sufrimientos colaterales. Nadie tiene la fórmula mágica para salir de esta catástrofe. Las acusaciones de traición que a diario se rifan en la lotería de las redes, quizá se deba a que nadie imaginó que podíamos alcanzar estos niveles de horror, que quienes llegaron al poder con el discurso de redención del pueblo, terminarían aniquilándolo.  Esta carta es para avisarles del dolor, del recelo, de la duda que flota en el ambiente en relación con ustedes. Seguramente es un sentimiento cargado de muchas injusticias, pero que sepan que está allí.

Ojalá que este domingo, cuando el fracaso nos arrope nuevamente, sepan ustedes entender, que esto de la destrucción va en serio y que para tener capital político, partidos, cargos y destino, es menester estar vivos y que si este no es el llegadero, se le parece que jode.

 

@laureanomar

Me diagnosticaron un síndrome, por Reuben Morales

Desde hace un tiempo para acá mis amigos no me llaman, mi esposa me rechaza y los sábados en la noche no tengo planes. Preocupado por ello, fui al médico y éste me mandó a hacer unos exámenes de sangre. A la semana volví y el doctor, muy preocupado, me miró a los ojos, tragó fuerte y me dijo: “Amigo, ya analicé los resultados del examen y debo decirle: encontramos algo. Le voy a ser lo más sincero posible y disculpe la crudeza, pero usted padece de un síndrome muy grave: no usa barba”.

Salí aturdido de la consulta. ¡Todo comenzó a tener sentido! Todos los hombres en el pasillo de la clínica usaban barba. Noté sus miradas de desprecio. Solo basta concientizar algo, para empezar a vivirlo en todos lados.

Por ejemplo me tocó asistir a una entrevista de trabajo. Tras ver mi hoja de vida, el gerente de recursos humanos me dijo: “Amigo, muy bueno su perfil, pero lamentablemente no contratamos gente sin barba. Se ven viejos … como vintage … no generan empatía con los clientes”.

Otro día llegué a una fiesta en donde me habían contratado para presentar mi show de stand up comedy y quien me recibió en la puerta dijo:

  • ¿Y usted quién es?
  • Donald Trump… ¡No, vale, soy el comediante que contrataron!
  • ¿Comediante? …  ¿Seguro, amigo? … O sea, usted es gracioso, pero es que no sé … no tiene barba.

Ya, paranoico por la situación, me tocó entrar a una farmacia. La dependiente me preguntó qué quería. Yo balbuceé, apenado, y ella me respondió:

  • ¿Un condón?
  • No, una afeitadora –le dije murmurando y agachando la cabeza.
  • ¿Qué?
  • ¡Una afeitadora!
  • ¡¡¡Ajá señores, miren acá!!! ¡¡¡Un hombre que se afeita!!!

Eso me ofendió profundamente. Inmediatamente busqué su identificativo para denunciarla con la jefa y cuando le veo el cartelito en el pecho, me doy cuenta de su irónico nombre: Bárbara.

Luego fui a una cena familiar. Allí estaba un tío mío hablándole a mi primo menor. “Hijo, mi sueño es que te vayas a los Estados Unidos, estudies en Harvard y tengas una barba varonil”. ¿De cuándo acá la barba pasó de ser un símbolo comunistoide a ser el símbolo del hombre capitalista actual? ¿Acaso seré madurista por estar afeitado? ¿Si Sansón viviese hoy su fuerza estaría en la barba y no en el cabello?

Ya derrotado, no me quedó sino buscar ayuda profesional. Me metí en “Afeitohólicos Anónimos”. Recuerdo esa primera reunión:

  • Hola, soy Reuben y soy afeitohólico.
  • Hola, Reuben –dijeron todos.
  • Quiero confesar que hoy no aguanté y me afeité.
  • ¡Noooooo!
  • Pero no fue solo eso: ¡me eché “after shave”!
  • ¡Uuuuuuuuuuy!
  • Y lo frotaba por mis cachetes … Es que me gusta sentir mis cachetes lisos.
  • ¡Uaaaagh!
  • Y después tuve que botar la afeitadora. La gasté en menos de una semana.
  • ¡Mándenlo a rehabilitación!
  • ¡Tranquilos, yo voy a poder! ¡Un pelo a la vez! ¡Solo por hoy!

 

Tras varias sesiones, el esfuerzo fue inútil. Pasé meses de agonía. Mi familia trató de cambiarme. La sociedad trató de cambiarme, pero fui más fuerte. Hoy en día llevo con dignidad mi cara afeitada. Me he convertido en la voz de muchos hombres que, como yo, sienten incomodidad al usar barba. Hasta saqué mi propia charla motivacional: “La culpa es de la barba”. Todos los días me llegan cientos de mensajes de más y más hombres que salen del closet aceptando su condición de afeitados. Incluso hemos fundando clubes a nivel mundial. ¡Ya basta del pisoteo al hombre sin barba! ¡Nosotros también tenemos derecho al voto!

Afortunadamente la sociedad me ha ido aceptando poco a poco. Tengo días buenos y días malos, aunque cada vez son mejores. Sin embargo, recientemente fui al médico para una consulta de control por mi síndrome de afeitado permanente y el doctor me dio una muy mala noticia. Resulta que tras unos nuevos exámenes, he sido diagnosticado con otra enfermedad peor. Tengo 37 años … vivo en el 2018 … y no tengo ningún tatuaje.

 

@reubenmorales

Mayoría de edad, por Laureano Márquez

A Gloria Villamizar y en ella a todos los que sobrevivimos en este sueño, Tal Cual

 

Tal Cual alcanza la mayoría de edad. Sobrevive a pesar de que sobre nosotros se han desatado todas las furias a lo largo de estos 18 años. La expresión “tal cual” es una frase de reafirmación, alude a un hecho narrado en atención a la verdad. ¡La verdad!, difícil anhelo en las cosas humanas, ya que las mentes son como los relojes: todas tienen una hora diferente, pero todos pretenden tener la hora correcta. Quizá no se pueda determinar con facilidad la verdad en las ciencias humanas, pero sí la mentira descarada y grotesca.

Estos 18 años han sido de engaño: un régimen que se fundamento en el descontento de la gente, en las fallas del pasado, en las limitaciones de la democracia llamada “puntofijista”, se ha convertido en la negación absoluta de todo lo que promovía, al punto de que las fallas del período democrático -que las había- resultan hoy insignificantes.

Tal Cual ha sido la voz de denuncia frente a la barbarie de este tiempo, las inconsistencias y los infinitos abusos cometidos en contra de la justicia, los derechos humanos, la honestidad y la sensatez. Aquí mientras más ceros le quitan a la moneda, más ceros le suman a la factura de Tal Cual. Ya somos prácticamente clandestinos, pero hemos sobrevivido. No lo rieguen mucho, no nos lean, no nos citen, no nos divulguen, no nos den papel.

Quien esto escribe ha estado en esta aventura desde el comienzo. Recuerdo que cuando Teodoro Petkoff me invitó a Tal Cual, yo dejé de escribir para El Mundo, donde cobraba, para venir a Tal Cual a trabajar de gratis. No digo esto como una proeza digna de mérito, en Venezuela la gente que escribe para la prensa lo hace -prácticamente- de gratis. Aquí es válida la frase de Aquiles Nazoa: “el que escribe para comer, ni come ni escribe”. Bajo la jefatura de Javier Conde comencé a tener una columna semanal en la sección de opinión.

Un día Teodoro me dijo: “¡mira, vale, un viernes de estos voy a agarrar un artículo tuyo y lo voy a publicar en la página editorial!, ¡ah bueno!”. Los editoriales de Tal Cual, a cargo siempre de Teodoro, eran el atractivo principal del periódico, ser incluido allí era como recibir un premio Cervantes, para mí.

Un viernes Teodoro cumplió su amenaza, pero en vez de ser “un viernes de estos”, mi columna se convirtió en el editorial permanente de los días viernes. Una gran responsabilidad para el humor. Creo que el peso de los editoriales de los viernes produjo en mí un mayor compromiso con la lucha por la democracia y la libertad que veía crecientemente desmantelada y confiscada.

De los múltiples inconvenientes que nuestro periódico ha tendido con el poder, algunos son de mi responsabilidad. Desde la carta a aquella niña que hoy -una mujer hecha y derecha- tiene la fortuna de estudiar en París, que acarreo multa y juicio en un tribunal de Lara cuando el padre de la criatura advirtió en Aló presidente que no sería raro que un escrito asi acarreara por casualidad, alguna multa y juicio en un tribunal de Lara.

No fue el primer inconveniente, ni el último. Gajes del oficio de resistir los embates de la sinrazón. Tal Cual es -fundamentalmente- un acto de fe de los que aquí trabajamos. Una convicción en la esperanza. La responsabilidad ética de ser la voz de los que no la tienen. Un esfuerzo por realizar un periodismo honesto, profesional, serio. Yo me siento orgulloso de la nobleza de mis compañeros de trabajo, que luchando contracorriente, mantienen vivo el pedacito de libertad desde el que resistimos.

Feliz mayoría de edad.

 

@laureanomar

El frente amplio, por Laureano Márquez

FOTO: @AcuarelaAriana

 

 

El Aula Magna es el corazón de nuestra primera casa de estudios. Allí, nuestras alegrías y tristezas se han dado cita a lo largo de la historia contemporánea del país. Es un espacio de la democracia y de la libertad, un lugar para la reflexión en todas sus formas. Por ello, su cielo está coronado por las nubes de Calder, porque nuestros pensamientos han de tener altura, nuestros ideales elevación. Un Pastor de Nubes se encuentra uno al salir del recinto, para que quien egresa no olvide -como dice el profesor José Rafael Herrera-  que de allí se sale para ejercer el arduo, duro, pero infinitamente noble, oficio de pensar.

En este “abierto cabildo donde el pueblo redime su voz” como canta nuestro himno universitario, se han reunido esta semana amplios sectores de la vida nacional, en un frente que renueva nuestra esperanza en la Venezuela que merecemos y que vendrá, cuando los veinte bárbaros que se han cogido el país a punta de látigo y machete, para usar la imagen de Miguel Otero Silva, sean desplazados civilmente por  el hombre justo que añoraba Vargas cuando esta república nacía  con el anhelo de la libertad. Creo que de eso se trata el frente amplio y debemos saludarlo con la mejor disposición. En él están importantes sectores de la vida nacional: la academia, las iglesias, estudiantes, empresarios, gremios, sectores venidos del chavismo que entienden  que la hora del cambio ha llegado.

No han faltado las descalificaciones de los guerreros de los 280 caracteres. Ojalá hubiese una fórmula matemática, como muchos ansían, para salir de esta locura. La realidad es que no hay un camino, que tenemos que construirlo en conjunto. La experiencia histórica muestra que cuando vastos sectores de la sociedad venezolana logran ponerse de acuerdo -sacrificando ambiciones en pro del destino común- las tiranía cesa. Tal fue el final de la dictadura perezjimenista.

Sobre estos misteriosos tiempos de desacuerdos globales, me llegó este texto que comparto con ustedes:

Ha nevado toda la noche. He aquí mi mañana:

08:00: hago un muñeco de nieve.

08:10: una feminista pasa y me pregunta por qué no hago también una muñeca de nieve.

08:15: entonces hago también una muñeca de nieve.

08:17: la canguro de los vecinos protesta porque le parece que el busto de la muñeca es demasiado voluptuoso.

08:20: la pareja gay del barrio se queja por qué, según ellos, debí haber hecho dos muñecos de nieve

08:25: los vegetarianos del No. 12 se quejan por la zanahoria que hace la nariz del muñeco: las verduras son comida y no deberían usarse para eso.

08:28: me tratan de racista porque la pareja es blanca.

08:31: los musulmanes de la acera de enfrente quieren que le ponga un pañuelo sobre la cabeza a la muñeca.

08:40: alguien llama a la policía, que envía una patrulla a ver qué pasa.

08:42: me dicen que debo quitar el palo de escoba que sostiene el muñeco, pues podría usarse como arma mortal.

08:45: me preguntan si sé la diferencia entre un muñeco de nieve y una muñeca de nieve, cuando respondo me acusan de “sexista”.

08:52: mi celular es requisado y me llevan detenido.

09:00: hablaba en el telediario, por lo que sospechan que soy un terrorista que aprovecha el mal tiempo para provocar desórdenes públicos.

09:10: me preguntan si tengo cómplices.

09:29: un grupo yijadista desconocido reivindica la acción.

Esto, que alude al clima espiritual que hoy vive la vieja Europa, vale también para esta absoluta inconformidad con todo, que padece la oposición venezolana.

Un poquito de eso que los abuelos llamaban sindéresis es lo que nos falta y para alcanzarla debemos aceptar la invitación del pastor (de nubes), empinarnos por encima de nuestras apetencias y pensar.

@laureanomar

El momento “Amor, tómame una foto”, por Reuben Morales

Foto_

 

No es solo a mí. Le he preguntado a varios maridos y todos padecemos lo mismo: a nuestras esposas no les gustan las fotos que les tomamos. Pudieran ser tomadas con un “iPhone 23” y, sin embargo, no llenarían sus estándares de calidad. Es una rara condición que compartimos todos los esposos del mundo. Es como si al momento de contraer matrimonio y decir “acepto”, se nos atrofiase la zona del cerebro apta para tomar fotos.

Esto siempre sucede de la misma manera. Uno, esposo, puede estar en la situación más relajada de la vida. Digamos que en un monasterio del Tíbet, repitiendo mantras para alcanzar la paz interior absoluta (o acostado en la playa con un trago en la mano), cuando de repente llega a nuestros oídos la siguiente frase: “Amor, tómame una foto”. De inmediato se nos tensa el cuerpo, nos invade el pavor, nos recorre un escalofrío, comenzamos a sudar frío y en nuestra mente solo aparece una frase: “La voy a cagar”. A pesar de eso, uno afronta el chaparrón con dignidad.

Entonces ella empieza: “Mira, yo me voy a poner aquí y tú me tomas varias fotos, rapidito”. ¡Concha de mango! ¡Cuantos más diminutivos use ella al final de la frase, más meticulosas deben ser las fotos! Si no, podría haber divorcio. Sin embargo uno toma el celular, va y se para frente a ella, esperando verla sonreír, pero de repente escucha:

  • ¿Las tomaste?
  • No, amor, estaba esperando que sonrieras.
  • ¡Pero dale! … Empieza a tomarlas, que estoy posando.

En ese momento sale a relucir lo que significa la palabra “foto” para un hombre y para una mujer. Para un hombre, una foto es “un recuerdo capturado por el lente del celular para ser llevado por siempre”. Para una mujer, en cambio, la palabra “foto” se define así: “Soy una modelo de Victoria’s Secret con miles de seguidores en las redes y en este momento estoy en una sesión de fotos para la edición de trajes de baño de la revista “Sports Illustrated” (la cual me está pagando un millón de dólares). Mi misión es arruinarle la autoestima a todos mis seguidores, mostrándoles la buena vida que me doy”.

Termina uno de tomar las fotos y ella dice “Para ver”. En ese momento uno entrega el celular temblando (como si le fuera a dar un pedazo de carne a un tigre hambriento). Ella lo agarra, ansiosa, ve y de inmediato suelta: “¡Amoooor, me cortaste la punta de la uña del dedo anular del pie derecho! ¡Y mira el aire que dejaste arriba!… ¡NO!… ¡Y en ésta salió mi perfil malo!… ¡Cónchale!… ¿Qué te cuesta? ¡Usa el sentido común!”. Claro, solo que el sentido común femenino llevamos siglos investigándolo y al respecto solo hemos llegado a un común sentido de la ignorancia.

Tenga paciencia. Éste episodio se repetirá varias veces hasta que ella, cansada, nos sacuda de allí y escoja la foto “menos fea” que le tomamos. Lo que comenzó como una minisesión para exponer sus bellezas, termina convirtiéndola en un ogro mata fotógrafos.

Amigo soltero, esto será así cuando se case. No puede hacer nada al respecto. En mi caso particular, llevo como 4 años de relación y en todo este tiempo mi esposa solo me ha felicitado una vez por una foto que le tomé (y creo que me estaba trabajando psicológicamente para comprarle un vestido). Definitivamente una buena foto es como el orgasmo femenino: solo pocos lo han presenciado.

Por eso, amigo, cuando usted conozca a esa mujer especial (ésa que le inspira a formar una familia por el resto de la vida), pídale el celular prestado, tómele una foto y de inmediato le regresa el celular. Si al ver la imagen ella dice “¡Ay no, salí fea!”. Cásese, amigo. ¡Usted ha encontrado la suya!

 

@reubenmorales

Cómo escapar de un fanático religioso, por Reuben Morales

FanáticosReligiosos

 

Para huir de ellos, primero es necesario reconocerlos. Comencemos con las fanáticas religiosas. Si se las encuentra, no caiga en tentaciones. Visten faldas cuyo largo llega hasta la mitad de la canilla (mostrando carnita, pero no tanto, pues es pecado). En los pies, calzan tacones tres cuartos o sandalias planas y en el tronco llevan una blusa con bombachas en los hombros. Si una de éstas se le acerca, mirándole a los ojos y con una sonrisita, no se haga la idea de que usted está bueno. Usted solo está a punto de ser la próxima víctima.

En cuanto a los fanáticos religiosos, la cosa cambia. Estos siempre van enflusados, pero con un traje viejo y curtido (y cuando está limpio, parecen haberlo metido a la lavadora). La corbata es de una combinación de colores pavosísimos, como marrón con terracota. En cuanto a las mangas de este saco, siempre encontrará un parche en uno de los codos y además no notará ninguna camisa sobresaliendo por los puños. Eso es porque fanático religioso que se respeta, viste camisa de botones manga corta. En cuanto a sus mocasines, estos están sin pulir y gastados como si los hubiese usado para correr un 10K. Además, dichos personajes llevan de accesorio un portafolio viejo de cuero y un paragua y una Biblia bajo del sobaco (dándole al sagrado texto el olor de la época en que fue escrito).

Otros fanáticos más evidentes son los predicadores de calle. Cuando vi uno por primera vez, pensé: “¿Por qué este señor me regaña? ¿Qué le hice? ¿Y por qué me grita si estoy frente a él? ¿Estará bien? ¿Llamo a una ambulancia?”. Luego alguien me explicó que él buscaba darme la palabra de Dios. Entonces pensé: “¿Será Dios como Hitler?”.

Lo otro característico de los predicadores es su energía al hablar. Cuando predican se ponen rojos y sudan. La cantidad de calorías quemadas en cada prédica debe ser suficiente como para ir a un gimnasio y fundar “La Predicaterapia”. Es más, emanan tanta energía, que si en plena prédica les pegamos cables en las tetillas, podríamos recoger suficientes kilovatios como para dos municipios.

Como ahora ya sabemos identificarlos, veamos cómo huir de los fanáticos religiosos. Empecemos con lo más importante: ¡no haga contacto visual con ellos! Son como los buhoneros. Si los ves a los ojos, te fregaste. Hurtarán cinco minutos de tu vida (si bien uno de los diez mandamientos es “no hurtarás”).

Pero eso aplica solo a los fanáticos religiosos novatos. Los realmente expertos te acorralan en sitios de donde no puedes escapar. Ejemplo de ello son los “toca timbres” dominicales. Ellos me recuerdan una visita que hice a unos familiares en El Tigrito, Estado Anzoátegui. Nos encontrábamos en pleno desayuno, cuando de golpe todos se lanzan al piso, como si hubiese un tiroteo. Exaltado, les pregunté qué pasaba. Ellos me susurraron: “¡Acuéstate y cállate, que están en la puerta y nos pueden ver!”. Nos salvamos de chiripa.

Los otros fanáticos religiosos expertos son los taxistas que llevan música religiosa en el carro. Uno se monta y pareciera escuchar Franco de Vita, pero cuando el carro arranca, uno detalla que la canción en realidad menciona a Dios en cada estrofa. ¡Ya no hay escape! Ante eso, hágase el dormido. Si no, finja una llamada por el celular diciendo lo siguiente: “Ajá… ¿entonces cuál número me juego?… ¿El 666?… ok… ¿Y a cuál caballo le meto?… ¿Al Damián?… ¡Fuego!… Ese caballo es un demonio… No… aquí está haciendo burda de calor… parece un infierno… Sí, por favor… que me prepare arepa con Diablitos… Chao”. El chofer ni le hablará.

De todo esto, puedo garantizarle algo: los métodos aquí expuestos tienen un 99% de efectividad. El 1% restante es para gente que cayó seducida por algún fanático religioso y ahora utiliza jerga bíblica todo el tiempo. Ojalá haya podido ayudarles. Alabado sea el Señor. Que Jesús nos cubra con su manto sagrado misericordioso. Amén.

@reubenmorales

¿Cuánto tardan dos señoras en despedirse?, por Reuben Morales

Señoras_

 

De todas las definiciones existentes de la palabra “infinito”, la más exacta es la de dos señoras despidiéndose. Con solo escuchar la frase “Bueno, nos vamos”, una señora inmediatamente activa la carpeta de “asuntos realmente importantes” en su cerebro. Acto seguido busca a su amiga de la reunión, le brillan los ojos de alegría y comienza a hablar de los mejores temas jamás tocados durante las tres horas que llevaba visitando. Es algo como…

 

  • Bueno, amiga, nos vamos.
  • ¡Qué bueno que vinieron!
  • No, vale. Al contrario. Tú sabes que nos encanta venir. Ricardito siempre nos dice lo mucho que le gusta venir.
  • Ay, Ricardito puede venir las veces que quiera. A mí me encanta verlo comer duraznos. ¡Se los come con un gusto!
  • Igual es en la casa. El otro día compré un kilo y se lo comió de una sentada.
  • Así era Bernardo. Bernardo no podía ver un kilo de duraznos porque se los devoraba.
  • Sí… bueno, entonces quedamos en que te llamo mañana. Me saludas a Carmen.
  • Sí, pero llámame porque la señora está esperando que le mandemos los ingredientes de la torta. Que hasta que no se los mandemos, no la hace.
  • ¡Claro! ¡Yo haría lo mismo! ¿Tú has visto a cómo está el kilo de harina?
  • ¿Y el cartón de huevos? Ése sube todos los días.
  • Bueno, pero no hablemos de eso porque ya te vas y no quiero que te vayas con mal sabor de boca. Dale que se va a hacer tarde.
  • ¡Ay, verdad! Las despedidas no pueden ser tristes. Suficiente ya tengo con las despedidas de la familia, que está regada por todo el mundo.
  • Ni me lo digas a mí, que mi sobrina se fue el martes a vivir a Guyana Francesa.
  • ¡¿A Guyana?! Yo pensé que ese país ni existía.
  • No, si te cuento …

Y así hasta el infinito y más allá. Y no les pregunte desde cuándo no se hablan, pues le dirán: “Desde ayer”.

Una señora realmente termina de irse de un sitio es cuando se da alguna de las siguientes situaciones: su niño se da un golpe y comienza a llorar, el marido le pone una bolsa en la cabeza, la amarra y la secuestra o comienza un terremoto. De resto no crea en ningún “chao” emitido por una señora. Esos “chao” llegan a devaluarse tanto, que terminan valiendo menos de un dólar Zimbabuense.

Las señoras lectoras dirán: “Bueno, pero infinito también es el tiempo que transcurre cuando un señor dice ‘me tomo este trago y nos vamos’”. Es cierto. Lo acepto. Pero al menos uno sabe que al terminarse el trago, uno se va. Con ustedes no. Y la despedida se alarga más, cuanta más edad ostentan las señoras.

En mi caso personal, ya he ido planeando una estrategia para evitarme esta situación. En la próxima visita que atienda con mi esposa, entraré a casa de los anfitriones y, apenas nos sentemos, diré: “Amor, nos vamos”. Así hablará de todos los asuntos realmente importantes desde el principio y al irnos, ya tendrá el tanque de temas vacío (si es que eso existe).

Si algún aporte ha de dejar este artículo, es el de alertar a la ciencia sobre el buen uso que podrían dársele a dos señoras despidiéndose. Obsérvese que dos señoras despidiéndose de un carro a otro, son suficientes para trancar dos canales de la autopista en plena hora pico. Dos señoras despidiéndose en la puerta de un ascensor, son suficientes para que los vecinos lo den por dañado. En tal sentido, una escudería de Fórmula 1 podría arruinarle la carrera a su competidor más cercano colocando dos señoras despidiéndose en el pit. Estados Unidos podría retrasar el lanzamiento de un misil de Corea del Norte colocando a dos señoras despidiéndose en Pyongyang. Así mismo, usted tendría el tiempo suficiente para leer este artículo si tuviese al lado a dos señoras despidiéndose.

Bueno, ahora sí… me voy. Nos vemos en 15 días (qué cortas las despedidas de hombre, ¿no?).

@reubenmorales