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Trump acusó al FBI y Departamento de Justicia de aliarse con demócratas

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El presidente Donald Trump acusó el viernes al FBI y el Departamento de Justicia de hacer política “a favor de los demócratas y contra los republicanos”.

“La máxima Conducción e Investigadores del FBI y el Departamento de Justicia han politizado el sagrado proceso investigativo en favor de Demócratas y contra Republicanos – algo que hubiese sido impensable hace poco tiempo. ¡Las bases son gran gente!”, tuiteó el presidente.

Funcionarios de la Casa Blanca dijeron que Trump permitirá la difusión de un memo confidencial preparado por los republicanos de la comisión de inteligencia del Senado, que acusa al FBI de aplicar tácticas de vigilancia abusivas al investigar la injerencia rusa en las elecciones de 2016. Con ello se prepara el terreno para un choque con Christopher Wray, el hombre escogido por Trump para encabezar el FBI después de despedir al director James Comey.

El Departamento de Justicia, cuya alta jerarquía también fue designada por Trump, exhortó a no difundir el memo porque podría afectar la seguridad nacional, mientras el FBI expresó sus “inquietudes graves” ante la falta de exactitud del memo.

Un funcionario de la Casa Blanca dijo que el Congreso probablemente recibiría la decisión de Trump el viernes y añadió que el presidente estaba de acuerdo con su difusión. Otro funcionario dijo que Trump probablemente desclasificaría el memo, pero que aún no se había decidido cómo hacerlo público. Las dos fuentes hablaron bajo la condición de anonimato por no estar autorizadas a informar sobre las deliberaciones reservadas.

El lunes, la Comisión de Inteligencia de la cámara baja resolvió difundir el memo _los republicanos votaron a favor, los demócratas en contra_ y le dio a Trump cinco días de plazo para rechazar la difusión. Sin embargo, Trump también tiene el poder de desclasificar el documento y difundirlo, o bien encomendar su difusión al Congreso. Uno de los funcionarios de la Casa Blanca dijo que Trump lo desclasificaría y lo dejaría en manos del Congreso y que probablemente no se borrarían partes del documento.

Los funcionarios no estaban autorizados para comentar deliberaciones internas y hablaron con la prensa a condición de mantener el anonimato.

El memo fue preparado por los republicanos en la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes y se dice que alega una conducta inapropiada por parte del FBI durante la investigación sobre los posibles vínculos entre Rusia y el equipo de campaña de Trump en las elecciones de 2016.

El propio Departamento de Justicia, bajo las órdenes de Trump, y los demócratas han presionado furiosamente a Trump para que no publique el documento, alegando que podría dañar la seguridad nacional y confundir a los ciudadanos estadounidenses.

El memo fue escrito como parte de un esfuerzo para revelar lo que los republicanos dicen son abusos por parte del FBI y del Departamento de Justicia en las primeras etapas de la investigación sobre la injerencia rusa.

Altos oficiales del FBI también han hecho peticiones directas a la Casa Blanca, y han advertido que la medida podría sentar precedentes peligrosos.

Los demócratas dicen que el memo es un intento de los republicanos de distraer la atención de la investigación sobre la intromisión rusa en la elección que llevó a Trump a la Casa Blanca.

Comisión del Congreso de EEUU aprueba envío de ayuda humanitaria a Venezuela

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WASHINGTON (AP) — La comisión de Relaciones Exteriores de la cámara baja aprobó el jueves un proyecto de ley que ordenaría al Departamento de Estado trabajar con organizaciones no gubernamentales para enviar alimentos, medicinas y asistencia técnica a Venezuela.

La propuesta legislativa será ahora remitida al pleno de la cámara para su votación, cuando lo determine el liderazgo republicano.

El proyecto de ley del congresista demócrata Eliot Engel daría al Departamento de Estado 90 días para definir un plan para distribuir la ayuda humanitaria.

El plan describiría cómo Washington logrará el apoyo de donantes internacionales y países en la región dispuestos a brindar ayuda técnica y financiera.

En el caso de que el gobierno del presidente Nicolás Maduro se oponga a distribuir la ayuda humanitaria, la propuesta de ley dispone que el presidente Donald Trump ordenaría a la embajada estadounidense en la ONU a buscar los votos para aprobar una resolución que ordene a Caracas recibir la ayuda y distribuirla.

Hasta el momento el gobierno de Maduro se ha negado a abrir un canal humanitario alegando que no es necesario, pese la aguda escasez de alimentos y medicinas que aqueja a los venezolanos.

El proyecto de ley también daría 180 días al Departamento de Estado para entregarle al Congreso un reporte sobre la vinculación de altos funcionarios gubernamentales venezolanos en actos de corrupción y narcotráfico.

Además ordenaría otro informe detallando la cooperación de las fuerzas armadas venezolanas con Rusia, China, Cuba e Irán.

Una versión similar del demócrata Ben Cardin solo cuenta con 13 patrocinadores desde su presentación en mayo en el Senado.

The Associated Press pidió una reacción a la embajada venezolana sin obtenerla de inmediato.

La comisión de la cámara baja adoptó el proyecto de ley cuatro días después de que Washington impusiera restricciones migratorias a funcionarios venezolanos.

En agosto, la Casa Blanca impuso fuertes sanciones financieras que incluyen la prohibición a los bancos estadounidenses de realizar nuevas transacciones con el gobierno y la corporación Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), las operaciones con bonos y el pago de dividendos al gobierno por parte de Citgo, la filial estadounidense de la petrolera estatal venezolana.

 

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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, confesó este lunes estar “absolutamente” preocupado por los efectos que pueda tener en el país la Presidencia del mandatario electo, el republicano Donald Trump.

“¿Tengo preocupaciones ante la Presidencia de Trump? Absolutamente”, afirmó Obama en su primera rueda de prensa tras las elecciones presidenciales del pasado 8 de noviembre, en la que abordó el proceso de transición de la Casa Blanca y su última gira internacional que dará comienzo este lunes.

“El Gobierno federal y nuestra democracia no son una lancha rápida, son un transatlántico. Nos ha tomado mucho trabajo, incluso en nuestros primeros dos años. Yo le aconsejé que antes de que se comprometa a ciertas cosas, reflexione realmente” sobre sus acciones, explicó Obama.

El presidente aseguró además que “algunos aspectos” del “temperamento” de Trump “no le van a ayudar” en la Casa Blanca “al menos que los reconozca y los corrija”.

“Lo que está claro es que fue capaz de aprovechar la ansiedad, pero también el entusiasmo de los votantes de una manera impresionante”, continuó.

“Si las cosas empeoran (bajo el mandato de Trump), el pueblo estadounidense se dará cuenta muy rápido. Si van a mejor seré el primero en felicitarlo”, afirmó el mandatario.

Obama dijo también haber insistido al magnate inmobiliario sobre la importancia de “dar señales de unidad” como nación después de la campaña de división que protagonizó el multimillonario antes de ser elegido para ser su sucesor.

“Le dije, como he dicho públicamente, que por la naturaleza de las campañas, por la amargura y por la ferocidad de las campañas, es realmente importante tratar de enviar señales de unidad y tratar de llegar a los grupos minoritarios, a las mujeres y a otros que están preocupados por el tono de la campaña”, aseveró Obama.

“Mi esperanza es que haga que las cosas vayan a mejor”, concluyó, no obstante, el mandatario, al concluir una rueda de prensa que duró aproximadamente una hora.

Donald Trump y la mayoría silenciosa, por Alejandro Armas

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Desconcierto. Esa es la palabra que creo que mejor describe la reacción de medio planeta con el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. En lo particular, la sensación no es producto de la sorpresa, habida cuenta de que los mejores análisis de las encuestas hacían de este resultado un hecho de ninguna manera descartable. Más bien, se trata de todos los paradigmas rotos al mismo tiempo.

Trump será el primer presidente de Estados Unidos que nunca ha ocupado previamente un cargo público, civil o militar. También es pionero en ganar la elección a pesar de que salió derrotado, no en uno, sino en los tres debates contra su contrincante, lo que pone en tela de juicio la capacidad de estos eventos para influir en la toma de una decisión entre el electorado. Una mala señal, si se piensa que la política se basa en la palabra. Luego, la antipolítica estaría caminando por el norte a un paso mucho más real que la mentada espada de Bolívar por América Latina.

Pero lo más impactante es cómo ese mapa teñido de rojo (ya a estas alturas sería poco original hacer otro chiste sobre los augurios funestos de ese color regado sobre el plano de un territorio) visto en la madrugada del miércoles cambia la imagen que para muchos en todo el mundo se tenía de Estados Unidos. Pongámonos en el calendario hace ocho años. Barack Obama está en el lugar que hoy ocupa Trump, y en todas partes se celebraba que en un país en el que cuatro décadas antes los negros no podían votar en buena parte de su territorio había cambiado como para elevar a la presidencia a uno de ellos sin importar el color de piel. Este y otros hechos recientes indicaban que Estados Unidos dejaba atrás muchos de sus prejuicios y se abría paso, así fuera entre tumbos, hacia la tolerancia de la diversidad étnica, cultural, sexual, etc.

Pues bien, la victoria de Trump supone un gran desengaño. Es cierto que nadie puede asegurar que el Trump presidente será como el Trump candidato, pero sobran razones para temer que será así. Un estudio realizado en 1984 y citado en un texto de The New Yorker en septiembre de este año halló que los mandatarios norteamericanos entre Wilson y Truman en promedio cumplieron 73% de lo que prometieron en campaña. Otro más reciente arrojó resultados similares sobre la gestión de Obama.

De todas formas, quienes votaron por Trump esperan que se mantenga igual en la Casa Blanca, y eso es precisamente lo alarmante. El multimillonario pasó año y medio con un despliegue de conductas xenofóbicas, machistas y de desprecio ofensivo a cualquier forma de pensamiento diferente al que se fermenta bajo su peculiar peinado.

Hay que reconocer que los comicios del martes fueron en parte consecuencia de un gran fracaso en la elite política de Washington (incluyendo a los dos grandes partidos). A saber, no darse cuenta a tiempo de que un sector enorme de la población norteamericana, formado por campesinos y trabajadores manuales blancos de pequeñas ciudades, se siente marginado por ella. Lejos del cosmopolitismo de las grandes urbes, esas masas estaban ahí acumulando frustraciones sin llamar la atención, temiendo que su modo de vida tradicional va a ser destruido poco a poco. Claro, esto explica pero no justifica moralmente la alternativa al statu quo en el poder que escogieron.

Durante la noche electoral, alguien se refirió a esta parte de la sociedad estadounidense como un gigante dormido, que acababa de despertar… de muy mal humor, por cierto. La verdad, no es la primera vez que ocurre. El conservadurismo en América del Norte es un hueso muy duro de roer, y a veces, cuando nadie lo espera, se pone de pie e impresiona a todo el mundo con su alcance. Veamos por ejemplo cómo transcurrió la década de los 60 en esa nación.

Comenzó con la elección de Kennedy, un Presidente que hasta cierto punto desempeñó el papel de Obama medio siglo después. Joven y carismático, representaba para millones la esperanza de grandes cambios en Estados Unidos, de una transición hacia una sociedad más justa. Tan es así que su filosofía de gobierno pasó a la historia en la metafórica forma de una “nueva frontera”. Su asesinato fue un primer gran trauma para el espíritu del momento. Le sucedió Lyndon Johnson, quien dejó el polémico legado de radicalizar la intervención estadounidense en la Guerra de Vietnam, a la que vez que en su suelo consolidaba las leyes que acabaron con la ominosa segregación contra los negros en el Sur.

Mientras, la voluntad de cambio entre una parte importante de la sociedad se fue a los extremos, sobre todo entre los más jóvenes. Los hippies exigían el fin de las guerras y proponían el desmantelamiento de una moral sexual hasta entonces incuestionablemente moldeada por lo que ordena la Biblia. Las universidades eran hervideros de activistas de extrema izquierda, cuyos ídolos eran Marx, Mao, Marcuse y el Che Guevara (con mucha ingenuidad, hay que reconocer). Asociaciones afroamericanas, insatisfechas con el avance en sus derechos civiles ante una sociedad en la que el racismo todavía abundaba, proseguían su activismo. Todo ese furor revolucionario, ese mundo de drogas psicodélicas, rock y manifestaciones, es lo que se recuerda de los 60, precisamente porque fue lo que copaba la atención del mundo entonces.

Pero en 1968 los estadounidenses eligen como su presidente a Richard Nixon, a quien Kennedy había derrotado ocho años antes, cuando el deseo de transformación apenas despuntaba de forma mucho más tímida que lo que vino después. El nuevo mandatario representaba a la vieja guardia política, imbuida en una ética puritana y rabiosamente opuesta a cualquier pensamiento de izquierda. ¿Cómo pasó?

La respuesta la dio el propio Nixon durante un discurso en 1969. Se refirió a una “mayoría silenciosa” de estadounidenses que no tenía nada que ver con los alborotadores greñudos. Es decir, había una gran cantidad de norteamericanos de clases media y trabajadora, profundamente conservadores, que no protestaban contra la guerra ni seguían la contracultura. Todo lo contrario, esas expresiones les repugnaban. Ellos eran quienes estaban con él y lo hicieron Presidente. Nunca le habían prestado mucha atención a la política porque estaban satisfechos con el orden tradicional. Por su pasividad, no llamaban la atención de nadie. Hasta que la amenaza, real o no, de una revolución, los hizo reaccionar.

Pienso que el fenómeno Trump ha sido algo parecido. Una masa descontenta Mississippi adentro había pasado desapercibida para los demás hasta que sintió que llegó la hora de hacer su reclamo con el sufragio. ¿De qué manera permaneció oculta hasta el final a pesar de multiplicidad de encuestas de intención de voto? Sobre eso, hay hipótesis para todos los gustos. Me inclino por la posibilidad de que muchos de quienes respondieron estar indecisos (y estos fueron bastantes), en realidad ya sabían que votarían por Trump.

¿Por qué mintieron? A tal interrogante echa luz la teoría de la espiral del silencio de Elisabeth Noelle-Neumann, una de mis favoritas sobre la opinión pública. Esta en resumen plantea que, a veces, si los individuos perciben que sus posiciones ante determinados asuntos los hacen minoría, por temer verse marginados por la mayoría opuesta, si se les pregunta al respecto, esconden su manera de pensar. La cosa puede repetirse al punto de que la mayoría expresada públicamente es una ilusión. Dado el carácter polémico de Trump, es probable que muchos de sus simpatizantes hayan negado serlo para no sentirse rechazados por la mayoría “correcta” que se opone al republicano.

El escrutinio final revela que al final estas personas no son una mayoría silenciosa, pues Clinton consiguió más votos a nivel nacional, pero sí un grupo silencioso enorme, suficientemente grande como para darle la victoria a Trump en el Colegio Electoral que decide la elección en Estados Unidos.

De todas formas, todo lo anterior no implica negar que haya un problema bien gordo: una victoria más para el lado oscuro de la política. Como buen populista, Trump apeló con un discurso incendiario e irracional a las pasiones negativas (miedo, rabia, etc.) de esa Middle America, preparando el terreno para que florezcan los prejuicios. Así, si el estadounidense común no se ha visto tan beneficiado por la recuperación macroeconómica de los últimos años, es porque los inmigrantes le quitan su trabajo o lo deprecian. Si siente que la criminalidad ha aumentado (y los datos muestran que eso no pasó), es porque los recién llegados trajeron consigo conductas antisociales. Si le parece que la amenaza terrorista es mayor que nunca, es porque la presencia de musulmanes en la nación ya es un riesgo que no se puede permitir (como si algunos de los peores ataques de este tipo en la historia no hayan sido perpetrados por fundamentalistas de otras religiones).

En fin, Trump será Presidente por al menos cuatro años a menos que ocurra algo extraordinario como un impeachment. Clinton, Obama y el propio Trump han hecho gestos de reconciliación y moderación recientemente, pero sigue habiendo razones para preocuparse.

 

@AAAD25

Jorge Ramos: “Me preocupa la figura racista, clasista y violenta que ahora estará en la Casa Blanca”

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El periodista y escritor mexicano Jorge Ramos, compartió sus apreciaciones frente a la victoria del republicano Donald Trump, frente a la demócrata Hillary Clinton, en la disputa por la presidencia de Estados Unidos.

Durante una entrevista en La Cola Feliz por Circuito Éxitos, el comunicador comentó sus impresiones acerca del día después de las elecciones y aseguró que “es muy difícil escuchar historias de asombro e incertidumbre” por el triunfo del magnate, a propósito de las constantes amenazas de deportación hacia la población latina,  lo que calificó como el “Efecto Trump”.

“Me preocupa la figura racista, clasista y violenta que ahora estará en la Casa Blanca”, expresó Ramos, quien agregó que el gran plan de Donald Trump es el horror”

Se refirió también a las repercusiones en las relaciones internacionales de la nación norteamericana a partir del resultado electoral y destacó el primer discurso del recién electo presidente, cuestionando a qué Trump se debe creer, pues en su opinión “comenzó muy bonito, pero es parte de su actitud magnánima”.

 

Obama sobre Trump:

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Aceptando la inesperada derrota de Hillary Clinton, el presidente Barack Obama dijo el miércoles que estaba animado por el llamado a la unidad que hizo Donald Trump tras su triunfo y que “todos ahora estamos alentándolo para que tenga éxito y unifique y lidere al país”.

Obama habló con la prensa en el Rosedal de la Casa Blanca, durante un ritual postelectoral que signifique la transición pacífica de poder de un presidente a otro. Prometió hacer todo lo que pueda para asegurar una transición fluida y trató de levantar el ánimo de demócratas todavía impresionados por el shock y la desilusión.

“Todos queremos lo mejor para este país”, dijo Obama, resaltando que estaba animado por las declaraciones que Trump hizo anoche, alentando a la reconciliación tras una contienda particularmente larga y amarga.

Obama habló solo momentos después de que Clinton aceptara formalmente su derrota con un pedido similar, aunque más emotivo, de dar a Trump la oportunidad de tener éxito como presidente. Las declaraciones fueron notables debido a que durante la campaña los demócratas declararon a Trump como inapto para el puesto y dijeron a los votantes que el futuro de la democracia estaba en sus manos.

Una extraordinaria cantidad de asistentes y asesores de Obama, más de cien en total, se reunieron a escuchar su declaración, incluyendo taquígrafos, asistentes de baja jerarquía y el asesor legal de la Casa Blanca Neil Eggleston.

La Casa Blanca dijo que Obama y Trump se reunirán el jueves para hablar sobre la entrega de poder y otros planes de transición. Obama llamó al republicano a tempranas horas de la mañana del miércoles para felicitarlo por su increíble victoria, que fue como un reproche fuerte de los votantes a los ochos años de presidencia de Obama.

Para Obama, entregar la Casa Blanca a Trump es un golpe devastador para su legado y sus esperanzas de dejar una huella indeleble en la política nacional. Trump ha prometido deshacer gran parte de lo que Obama logró, incluyendo su emblemática ley de cuidado de salud, el tratado nuclear con Irán y un acuerdo comercial con Asia que fue negociado a duras penas.

Con los republicanos en control en ambas cámaras del Congreso, Trump muy bien podrá cumplir estas promesas.

Obama también llamó a Clinton luego que estuvo claro que ella había perdido. La Casa Blanca dijo que el presidente le “expresó admiración por la fuerte campaña que llevó por todo el país”.

No está claro que tan trascendente fue la llamada que Obama le hizo a Trump, o cuanto duró, aunque la Casa Blanca notó que el presidente le llamó desde su residencia en la Casa Blanca, en vez de hacerlo desde el West Wing.

Kellyanne Conway, manager de la campaña de Trump, dijo que la llamada fue una “conversación afectuosa” y un “intercambio cortés”. Agregó que Trump inicialmente no había podido tomar la llamada de Obama porque estaba hablando ante simpatizantes en Nueva York, pero luego le llamó tras dejar el podio.

Al igual que Clinton y otros demócratas, Obama al parecer tampoco vio venir el triunfo de Trump. En los últimos días de sus presentaciones de campaña en favor de Clinton, Obama dijo que confiaba en que si los estadounidenses salían a votar, no escogerían al multimillonario y exestrella de realidad simulada que no tiene experiencia formal en política.

Obama también había advertido a simpatizantes, en términos apocalípticos, que el futuro de la república dependía de que Clinton derrotara a Trump.

 

Donald Trump es el nuevo presidente de Estados Unidos

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Después de una polémica campaña y un ajustado conteo de votos, el millonario Donald Trump venció a Hillary Clinton en una tensa noche electoral, con más de los 270 colegios electorales requeridos, y se convirtió en 45to presidente de Estados Unidos.

Durante horas Donald Trump lideró el conteo de los votos electorales para llegar a la Casa Blanca, por momentos parecía que la demócrata Hillary Clinton ganaba terreno en esta dura pelea por gobernar Estados Unidos, pero finalmente los estadounidenses escogieron al magnate republicano para que los gobierne durante los próximos cuatro años.

Con todo el mundo en contra y con una serie de polémicas en el camino, Donald Trump, logró convencer a los electores con sus cuestionables dichos y propuestas. A pesar de que perdió en Nueva York, ciudad de ambos candidatos, y California, estado con mayor número de colegios electorales, Trump ganó en Florida, Colorado, Georgia, Iowa, Estados clave que le aseguraron el triunfo final.

Además de ser el primer candidato en muchos años que no hace pública su declaración de impuestos, será la primera persona que llega a la Casa Blanca sin haber desempeñado antes un cargo político o haber servido en las Fuerzas Armadas.

Mientras Trump y sus adherentes celebran, las bolsas se desmoronan en todo el mundo por temor a la volatilidad que representa para el mercado el nuevo mandatario. Mientras Europa se despierta sorprendida con la noticia, en el sudeste asiático, se suceden los países que convocan sus consejos de seguridad o a sus altas instancias financieras para analizar el nuevo escenario. Marine Le Pen, la dirigente del Frente Nacional francés, fue la primera política internacional en apresurarse a felicitar a Trump. Antes lo había hecho únicamente Paul Ryan, el jefe de los republicanos en el Congreso, que había mantenido unas tensas relaciones con Trump durante la campaña, en la que ni siquiera había participado ni mostrado su apoyo.

*Con información de Deutsche Welle y BBC Mundo

Política es palabra … e imagen, por Alejandro Armas

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Desde su nacimiento hace poco menos de un año, este espacio ha sido usado humildemente para aportar comentarios, sobre todo, a propósito de la situación de nuestro atribulado país. Hoy, sin embargo, he optado por abordar algo que ocurre en otras latitudes, pero que no nos es completamente ajeno. Se trata de un proceso cuyo pronto desenlace tendrá consecuencias para todo el planeta. Después de todo, la designación de quienquiera que tenga las riendas de la mayor potencia económica, militar y cultural del mundo no es poca cosa. Me refiero, desde luego, a la contienda por la Casa Blanca y a sus dos protagonistas, Hillary Clinton y Donald Trump.

Para quienes sentimos inquietud ante la ya de ninguna manera descartable visión de un futuro en el que todo ese poder caiga en manos del polémico magnate, no hubo muchas buenas noticias entre agosto y septiembre. Durante ese tiempo, Clinton pareció perder una no muy grande ventaja ante su contendiente en intención de votos. Es más, varios sondeos de opinión pusieron al republicano ligeramente por encima de ella. Lo más preocupante fue que Trump iba a la cabeza en estados clave como Ohio y Florida, esos que pueden determinar el resultado de una elección presidencial en el complicado sistema indirecto norteamericano.

Por eso fue un alivio cómo terminó el primer debate entre los candidatos, que se llevó a cabo el lunes de la semana pasada. Antes de que iniciara, confieso, me sentía pesimista. Si la política, como tantos eruditos en la materia hoy se lamentan, se ha vuelto un espectáculo, esta suerte de contrapunteos argumentativos televisados puede ser considerada la cumbre de aquel showbiz, la suprema conjunción del “animal político” que para Aristóteles es el ser humano y el homo videns descrito por Sartori. Y si algo ha demostrado Trump, guste o no, es ser un showman bastante habilidoso.

Sin embargo, fue Clinton quien salió airosa del debate, según la opinión de una abrumadora mayoría de los expertos. En líneas generales, la exsecretaria de Estado se mostró más preparada para el evento y mucho más tranquila. Pudo eludir sin mayor pena los dardos lanzados por Trump. El desempeño del empresario, para ser justos, no fue considerado catastrófico, pero sí marcadamente inferior al de la abanderada demócrata, que le hizo perder la paciencia y lo puso a la defensiva en más de una ocasión, con asuntos tan variados como su supuesta evasión de impuestos, su apoyo a medidas policiales inconstitucionales y hasta sus maltratos verbales a Alicia Machado hace dos décadas.

Casi dos semanas más tarde, los efectos se han hecho sentir: nuevamente Clinton está un poco más adelante que Trump en los sondeos. Sigue lejos de poder cantar victoria, pero de todas formas es un avance importante.

Sea la política un espectáculo o no, indiscutiblemente los debates se han vuelto momentos clave en las campañas presidenciales estadounidenses. Así ha sido desde su primera realización, el 26 de septiembre de 1960. Es decir, exactamente 46 años antes del de la semana pasada. En esa ocasión los nominados fueron John F. Kennedy y Richard Nixon. Sus implicaciones le han dado a esa fecha un carácter legendario entre politólogos, especialistas en comunicación política y teóricos de la televisión.

Cuando comenzó la campaña, Nixon parecía contar con todas las de ganar. Su experiencia era evidentemente mayor que la de Kennedy. Ambos entraron al Congreso en el mismo año, pero Nixon tuvo un desempeño mucho más destacado, aunque también bastante polémico. Con solo 39 años, su partido lo designó candidato a la vicepresidencia en 1952, en una fórmula dos veces vencedora al lado del general Eisenhower. Pasó ocho años en este cargo, con un papel mucho más activo que el que había caracterizado a sus predecesores. Eisenhower le delegó responsabilidades importantísimas, sobre todo en la conducción de las relaciones internacionales en el contexto delicado de la Guerra Fría. Nixon había demostrado además ser un orador persuasivo, así que no había nada que temer ante un debate.

Pero no se preparó y el resultado le costó caro. Poco antes tuvo un accidente que le lesionó la rodilla, herida de la que no se había recuperado por completo cuando llegó el día del careo con Kennedy. Estuvo en campaña hasta unas horas antes del encuentro y no permitió que le aplicaran maquillaje. El resultado fue un Nixon que se vio frente a las cámaras agotado, pálido, sudoroso y, tal vez lo peor, tenso. Todo lo contrario a Kennedy, que estaba bronceado y se mostró con energía, pero a la vez relajado.

Esta diferencia de imágenes reforzó la percepción de que los argumentos del demócrata fueron los más sólidos. Tan es así que luego del debate, Kennedy tomó la delantera en las encuestas. Incluso llegó a decirse que quienes vieron el duelo de palabras en televisión juzgaron mayoritariamente que el ganador fue Kennedy, pero lo contrario ocurrió entre una minoría que lo escuchó en la radio. Esta tesis fue posteriormente cuestionada, pero existe un consenso en que el componente visual tuvo un impacto fuerte.

Aunque en los debates siguientes Nixon autorizó la aplicación de maquillaje y tuvo un desempeño decididamente mejor, la brecha no se revirtió. Kennedy fue electo Presidente con una diferencia de apenas poco más de 100.000 votos, una de las victorias más reñidas en la historia de Estados Unidos. Los márgenes fueron igualmente estrechos en las entidades federales que le aseguraron el triunfo, como Illinois (menos de 9.000 votos) y Texas (46.000 sufragios).

Algo atípico en la política norteamericana, después de esta caída Nixon volvió a lanzarse a la presidencia en 1968… y ganó. Cuatro años más tarde fue reelecto con el apoyo de todos los estados menos Massachusetts. Pero en ninguno de estos dos comicios debatió con sus rivales demócratas. Al parecer una de las razones fue que nunca dejó de ver aquel primer cara a cara con Kennedy como el factor decisivo en su estrecha derrota.

Hannah Arendt definía la política como el arte de resolver desacuerdos y hacer que otros compartan los mismos intereses que uno en el ámbito público mediante la retórica, en lugar de la violencia o la coerción. Es decir, la política es fundamentalmente palabra. Pero los avatares de nuestra compleja sociedad contemporánea han obligado a que también tenga un componente de imagen. Claro, idealmente la pinta refuerza al verbo, y no al contrario.

El debate entre dos o más candidatos es el episodio en el que se debe procurar una mejor combinación entre palabra e imagen. Clinton no vistió de rojo la semana pasada porque esas fueron las prendas que más le provocó usar cuando abrió su closet por la mañana. Fue una decisión cuidadosamente tomada por sus asesores, considerando lo que ella iba a decir, en qué tono iba a decirlo, e incluso el fondo que tras ella se vería en las pantallas. Parecen nimiedades, pero no lo son.

Todavía quedan dos debates más antes de la elección, que será el 8 de noviembre. Muchas cosas pueden pasar. El ganador del primer encuentro no necesariamente vencerá en los restantes. Más bien se puede esperar que el derrotado evalúe qué salió mal y contraataque con mayor habilidad. Veremos.

Posdata: Aún con dos candidatos que, a juicio de muchos expertos, dejan mucho que desear en comparación con sus predecesores, por estas tierras uno no puede sentir sino envidia al ver la verdadera política en acción. Una discusión de argumentos, no una retahíla de amenazas e insultos. Cierto, Trump en este último punto, por desgracia, ha incurrido más de una vez, pero justamente esa es una de las razones por las que su campaña ha sido tan controvertida. No es que vayamos a volvernos gringos, como dice esa terrible cuña televisiva, pero el regreso de la civilidad a nuestra política es urgente. Por primera vez en mucho tiempo ese parecer ser el anhelo de la mayoría de los venezolanos, una buena señal.

 

@AAAD25