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“Gobernar con los mejores y no con los amigos”: Víctor Rago propone renovación y mayor transparencia en la UCV

Víctor Rago
Yakary Prado
22/06/2023
El antropólogo y doctor en Lingüística dijo que no está planteado renunciar al presupuesto fiscal, porque el gobierno tiene la obligación legal y constitucional de proporcionarle recursos a la universidad, pero plantea que la UCV se convierta en una institución más productiva
La renovación del liderazgo institucional de la UCV, la revisión minuciosa de las finanzas y la transparencia y rendición de cuentas serían puntos cruciales de su gestión como rector
Rago propone también una revisión de las carreras para establecer regímenes más flexibles, recortar la duración o que se permita acreditar experiencia obtenida en el campo laboral, entre otros aspectos

 

“La universidad es una institución fundamental, está severamente amenazada y debemos evitar que se extinga”, responde con voz enfática y sin parpadear el profesor titular de pregrado y posgrado Víctor Rago cuando se le pregunta por qué aspira a ser rector de la Universidad Central de Venezuela (UCV) en medio de la situación de gran privación presupuestaria y crisis multifactorial que afecta a la casa de estudios superiores.

Además de graduarse en ella, Rago le ha dedicado más de 40 años de su vida a la UCV como profesor y en cargos directivos de relevancia. En este camino solo le hace falta ocupar la silla del rectorado: fue el primer director de la Escuela de Antropología antes de que se consumara la separación entre esa carrera y Sociología, coordinador de facultad en dos períodos, decano electo por tres períodos consecutivos (1999-2008) de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (Faces) y miembro del Consejo Universitario. También, se desempeñó como miembro y presidente del órgano evaluador de la Convención de Patrimonio Cultural Inmaterial de Unesco.

La antropología le ha enseñado que la diversidad es la forma natural de ser las comunidades y por eso no le teme a regir los destinos de una comunidad tan diversa como la ucevista, tanto en su constitución como en sus problemas. Rago propone hacer “política desde la academia, renovar el régimen académico de la UCV,  modernizarla para que intervenga en los asuntos de la sociedad contemporánea y también priorizar la aprobación de protocolos de atención para casos de violencia de género.

El doctor en Lingüística Universidad de la Sorbonne de París opina que la UCV debe ser una institución más productiva y plantea un nuevo relacionamiento con el gobierno para exigir los recursos que legal y constitucionalmente debe asignar a la universidad. Recalca que lo hará sin concesiones en los principios autonómicos, e incluso, exigiendo que se restablezcan los conculcados. 

La revisión minuciosa de las finanzas y la transparencia le parecen un punto crucial, más luego de una experiencia en la que ambos aspectos estuvieron ausentes. Recalca que si el electorado lo favorece, “gobernará con los mejores, no con los amigos” sin descartar a cualquier persona que haya apoyado otra opción rectoral. 

Hacer política desde la condición académica

La elección se decanta ahora por dos propuestas. ¿Cuál sería su mensaje para aquellos que aún no están decididos por quién votar? ¿Por qué considera que su opción es la más adecuada para regir los destinos de la UCV en este contexto país y afectada por una crisis multifactorial?

A los indecisos hay que decirles en primer lugar que vengan a votar. Y luego que escojan una opción, nosotros por supuesto invitamos a votar por la nuestra. Pero es importante que la gente se informe.

En nuestro programa o carta de navegación, que no es estrictamente un programa, porque contiene una reflexión más profunda sobre la problemática universitaria, el sentido fundamental de la institución y sobre su papel en un país como Venezuela, que como bien señalas, está afligido en todos los órdenes de su existencia; en ese documento aparecen claramente enunciadas las premisas básicas o la plataforma conceptual sobre la cual descansa nuestra oferta a la comunidad universitaria.

Esta comienza por la renovación del propio liderazgo institucional concebido en términos más intelectuales que puramente políticos. Eso es fundamental, porque una institución académica no debe ser dirigida por políticos, sino por académicos, que deben tener claro por supuesto que hay una dimensión política en su desempeño, pero que esa dimensión política no debe reemplazar la dimensión académica e intelectual. La alta conducción institucional debe corresponder a líderes intelectuales y la UCV debe afirmar su perfil de institución académica, incluso cuando lleva a cabo como institución o cuando se lleva a cabo en su propio seno la actividad política. Se hace política desde la condición académica de la institución, no renunciando a la condición académica.

Eso es importante que se entienda, porque no estamos en modo alguno proponiendo que, a cuenta de que la universidad es una institución académica, se encierre en sí misma y se desvincule de la problemática del país. No se trata de eso. Se trata de tener presencia activa en todos los espacios de debate público nacional, pero como institución académica que es capaz de imprimirle aliento político a su propia actividad sin olvidarse de que es una institución académica. Política desde la academia, así podríamos enunciarlo.

Nosotros también estamos proponiendo una serie de cambios importantes que van a permitir dos cosas: en primer lugar, que la universidad supere alguna de sus insuficiencias principales porque se han venido acumulando estados deficitarios en el funcionamiento general de la institución. Y por otra parte, que la universidad pueda modernizarse e intervenir en los asuntos de la sociedad contemporánea, a una escala supranacional incluso, no solo para estar en condiciones de interactuar con el mundo extrauniversitario nacional, sino también para insertarse activamente en la sociedad del conocimiento y en el mundo globalizado.

La universidad no debe cambiar para adaptarse al mundo actual, sino para poder identificar los desafíos que plantea y cómo puede interactuar con ellos, para intervenir activamente en su configuración. No se trata de un acomodo a la presión externa, sino una inserción activa y propositiva en el mundo contemporáneo. Y para ello, la universidad debe cambiar.

¿Cuáles son esos aspectos en los que la UCV debe cambiar para cumplir ese rol?

Debe cambiar como mínimo en dos grandes órdenes: en primer lugar, tiene que introducir transformaciones de alcance en su propia estructura, que es en buena parte obsoleta y que no responde al modo en que debe funcionar una institución académica moderna. Ese es un proceso difícil, tiene implicaciones legales porque la propia ley establece el diseño del modelo universitario, pero no es una tarea imposible y es impostergable, hay que emprenderla, con el concurso de todos.

El otro gran ámbito de transformaciones que la universidad debe experimentar se refiere al propio régimen académico de la institución. Acá hay dos aspectos importantes, por un lado, lo que se refiere a la formación profesional, las carreras que la universidad ofrece, que deben razonablemente responder a las necesidades del entorno en el que está inserta la universidad; y otra parte, la carrera académica propiamente como tal, es decir, cómo forma la universidad a su propio personal para que a su vez este lleve a cabo la formación profesional de la gente que proviene de la sociedad y que debe ser devuelta a esa sociedad bien preparada para luchar por ella.

Estos dos ámbitos son fundamentales y estamos convencidos de que los cambios son necesarios. Respecto a estas cosas no estamos haciendo planteamientos especialmente originales, hay gente que lo ha dicho con anterioridad, nosotros estamos enriqueciendo los debates sobre estos asuntos. Pero habría preguntarse por qué no se materializaron antes esas propuestas transformadoras. Y pensamos que eso se debe a que probablemente el alto liderazgo institucional no estaba convencido de esos cambios y también a que el cambio no se puede producir sin la participación de todos, tiene que gestarse un clima de opinión favorable al cambio.

Un punto destacado de la denominada “carta de navegación” que ha presentado Consenso Académico es la necesidad de que la UCV genere sus propios recursos, con especial énfasis en el punto de la “transparencia” ¿Podría ahondar aún más en esa propuesta?

No está planteado renunciar al presupuesto fiscal, porque el gobierno tiene la obligación legal y constitucional de proporcionarle recursos a la universidad ya que la UCV, así como otras, pertenecen al sistema público de universidades y deben ser sostenidas financieramente a través del presupuesto que el Estado les asigna. En este caso en particular habrá que fundar el diálogo necesario e inevitable con el gobierno sobre nuevas bases.

El otro aspecto es hacer de la universidad una institución más productiva. ¿Qué es lo que produce por definición la universidad? Conocimiento. La universidad forma gente. Y si la universidad produce fundamentalmente eso y bienes y servicios que se derivan de su capacidad primaria de creación intelectual debe negociar, en el mejor sentido de la definición, con el mundo extrauniversitario, con la sociedad civil organizada dentro y fuera del país, debe convenir con todos los sectores aquello que pueda ofrecerles y que sea de su interés, en virtud de lo cual pueda ser retribuida en términos de recursos materiales para su funcionamiento.

Esto hay que concebirlo como parte del conjunto de relaciones que la universidad debe cultivar con la sociedad. Estamos ahorita bajo la presión de las urgencias que la privación material por la restricción presupuestaria nos impone, y hay que apurarse en el desarrollo de destrezas que hagan a la universidad más productiva. Pero el planteamiento correcto es que los recursos económicos de carácter complementario la universidad puede producirlos en la medida en que la riqueza de sus lazos con el mundo extrauniversitario corresponda a una política formulada por ella misma.

Algunos ingenuamente piensan que la universidad va a poder alcanzar un estado de autosuficiencia financiera y vamos a poder olvidarnos del aporte del gobierno. Eso no es cierto. No hay universidad en el mundo que no esté financiada por una fuente externa importante, hasta las privadas, porque la educación universitaria es sumamente costosa. Y además porque no podemos eximir al gobierno de una responsabilidad que le compete, no les vamos a facilitar las cosas.

Sobre la transparencia, eso es un punto decisivo, porque venimos de una experiencia en la que la transparencia o rendición de cuentas parecen haber estado ausentes o haberse puesto en práctica de manera insuficiente. Hay que  explicarle a la comunidad universitaria y a la opinión pública nacional que la universidad pudo administrar sus recursos de forma pulcra y eficiente. Eso hay que poder demostrarlo. Además, la comunidad universitaria debe estar informada en mayor grado de qué es el presupuesto universitario, cuáles son los recursos alternos que la universidad produce, en qué proporción se tienen esos recursos, a qué fines se destina, cómo se distribuyen y administran y qué resultados producen.

Habló de entablar un diálogo con el gobierno sobre nuevas bases. ¿Cómo sería esa nueva forma de relacionamiento y aquellos puntos innegociables para la universidad?

El punto en el cual no hay cesión de terreno posible es el de la autonomía universitaria, ya vulnerada de por sí por las políticas anti-universitarias del gobierno nacional. La autonomía es esencial para la existencia de la universidad y debemos tener la inquebrantable convicción de que debe defenderse, restablecerse los aspectos conculcados por el gobierno y fortalecerse.

Y los universitarios deben entender que la autonomía es también un medio de transformación de la institución. Ese aspecto transformador de la autonomía es importante ponerlo de relieve porque los cambios que proponemos son un ejercicio autonómico: es la universidad la que reflexiona sobre sí misma y dice cómo debe cambiar, en qué aspectos y para qué. Entonces, en el punto de la autonomía, no hay concesión que ofrecer sino reclamos que formular.

Por otra parte, cualquiera que sea el juicio que el gobierno nos merezca, con el gobierno hay que hablar. Al gobierno hay que decirle que el diálogo entre gobierno y universidad es un diálogo entre dos interlocutores de naturaleza diferente. El interlocutor universitario es de naturaleza académica y el gubernamental es de naturaleza política. La negociación con el gobierno no es política en el sentido primario y estricto del término. Tiene aspectos políticos, y hay que admitirlo, pero la universidad no tiene que metamorforsearse en un interlocutor político para ese diálogo, sino hacerlo desde su condición esencial.

Creo que al gobierno le va a interesar saber que el nuevo liderazgo universitario tiene el interés de hablar con él y ponerse de acuerdo. Hay que recalcarle que la universidad no está al servicio del gobierno sino de la sociedad y que los acuerdos pueden ser posibles. El gobierno debe entender que perjudicando a la universidad con la restricción presupuestaria perjudica al país y a la sociedad.

Hay quienes dicen que la universidad debe ser crítica con el gobierno, y claro que debe serlo no solo con los gobiernos, sino con todos, porque es la sede del pensamiento crítico. Pero pensamiento crítico no significa dogmatismo ni empeño en buscar adversarios contra los cuales ir. El pensamiento crítico significa pensar libremente para crear y que lo que pensamos sea sometido al escrutinio ajeno.

Diversidad y consenso

¿En sus conversaciones con la comunidad universitaria cuáles son las preocupaciones que más afloran?

En la universidad hay sectores propiamente académicos, como profesores y estudiantes y egresados, y otros que tienen que ver con la vida académica y que son indispensables para que la institución funcione, como empleados y obreros. Tienen intereses diferentes, pero hay una cosa a la que todas se refieren, y tiene que ver con la privación material. Los sueldos no dan para vivir. No alcanzan. Nosotros no estamos en condiciones de aumentar los sueldos, eso lo sabe todo el mundo y por eso no puede ser parte de la oferta para la próxima gestión. Lo que sí podemos hacer es, por un lado, promover y fomentar un nuevo tipo de diálogo con el gobierno para que entienda que debe cumplir con la función de entregar nuevos recursos a la universidad. Y por otra parte, ver de qué manera, haciendo de la institución una más productiva, esos ingresos complementarios pueda tener alguna clase de impacto en remuneración de diferentes sectores de la universidad.

Luego, está la revisión del propio estado financiero de la institución, que no lo conocemos por la falta de información oportuna y clara. Ahí pudiéramos reorganizar algunas cosas y pudiéramos contar con recursos ya asignados por el presupuesto, pero que cíclicamente quedan como remanentes que no se ejecutan. Hay que revisar minuciosamente las finanzas y lo que producen instituciones como la Fundación Fondo Andrés Bello y la Fundación UCV para ver de qué manera pueda contarse eventualmente con esos recursos. No es solo que haya recursos suplementarios, es también saber en qué deben ser invertidos.

En el caso de los estudiantes, las providencias estudiantiles son montos irrisorios. Además ellos quieren poder llevar a cabo sus estudios en forma relativamente sosegada, continua, sin graves interrupciones. Pero esa forma accidentada en la que se desarrolla la actividad institucional no es obra de la universidad, sino de las condiciones difíciles que el gobierno ha impuesto. Los estudiantes deben comprender que en algunos casos será necesario movilizarse para luchar por  la propia universidad.

Entendemos que eso es un reclamo legítimo del estudiantado, así como tener carreras de alta calidad. Las carreras hay que revisarlas. Hay que ver si podemos en algunas carreras establecer regímenes más flexibles con salidas más tempranas, con acreditación de experiencia obtenida en el campo laboral, regímenes que permitan que trabajen en algo relacionado con sus estudios mientras está estudiando. A lo mejor las carreras pueden recortarse un poco, es tendencia mundial. No se trata de mutilar o amputar la carrera, es una redefinición para que pueda compendiar debidamente al que se forma.

Hay una vinculación además importante del pregrado con el posgrado, que se diseñen mecanismos que permitan que quien salga con la formación profesional básica de una carrera encuentre nueva oportunidades de profundización de preparación en el posgrado.

Refirió antes la necesidad de que la universidad responda a problemas contemporáneos, ¿hay alguna propuesta para establecer, por ejemplo, protocolos de actuación en casos de violencia de género dentro de la UCV?

Ha sido un tema ampliamente conversado con los estudiantes. Nosotros lo encuadramos dentro de la agenda de problemas que afectan a la humanidad: desigualdad social y económica, sostenibilidad ambiental, económica y social, derechos humanos, valores democráticos, equidad de género, respecto por la sexodiversidad. No hay que considerarlos asuntos exóticos, deben formar parte de la propia agenda.

El problema de las agresiones sexuales y la intolerancia y discriminación por razones de género es complejo, multifacético, tiene causas diversas y hay que tratar de atenderlas todas. Tiene un aspecto formativo y estamos proponiendo que esos temas den lugar a propuestas que formen parte de programas de estudio en todas las carreras, es decir, constituyan un eje transversal en la organización del régimen académico. También, tienen que ver con la situación de inseguridad en la ciudad y en el propio campus universitario, lo que incluye una revisión del cuerpo de seguridad y vigilancia de la UCV, y probablemente, suponga negociaciones con órganos de seguridad pública para que se haga más seguros los entornos de los campus de la UCV.

Sobre los protocolos de actuación hay experiencias, no entendemos por qué la propuesta de protocolo de atención que se ha introducido ante el Consejo Universitario se ha demorado tanto en ser aprobada. Si llegamos al Rectorado, si el electorado nos favorece, ese será un punto importante para nosotros. Hay un trabajo importante que hacer que implica la intervención de múltiples actores.

Incluso, este tema toca de manera tangencial y hasta directa el problema del autoritarismo profesoral. Esos episodios se producen y tienen que ver o desembocan en presiones y agresiones en el plano sexual, todas esas cosas hay que revisarlas porque forman parte de la aspiración de la comunidad universitaria de tener formas de convivencia más respetuosas.

En 40 años de servicio a la UCV ha pasado por distintos cargos de autoridad: director de escuela, decano, miembro del Consejo Universitario ¿Cómo lo capacita este trayecto para ser un buen rector? ¿Por qué continuar en la carrera de defensa de la universidad en una situación que plantea escasas retribuciones?

La razón por la que estamos en esto es la convicción de que la universidad es una institución fundamental y su existencia está severamente amenazada actualmente el país. Todos los universitarios debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para salvarla, para evitar que se extinga al menos en la forma en la que la conocemos y en la que nos imaginamos que debe ser.

A pesar de los numerosos años que tengo en la institución, me siento en la capacidad de seguirle aportando la cuota que, personalmente, entiendo que me corresponde y que debe ser mi contribución personal. Creo que la experiencia en ejercicio de cargos directivos de la institución me otorga ciertas competencias para poder desenvolverme como rector. Además, soy una persona inherentemente consensual. Soy un individuo que cree que todo el mundo es capaz de hacer propuestas constructivas. El esfuerzo de construcción y funcionamiento de una universidad debe contar con el aporte de todo el mundo.

Asimismo, creo en las diferencias. Los antropólogos lo decimos en plan de broma, pero en realidad, para un antropólogo el contacto con lo diferente es la sustancia misma de su actividad profesional. Yo creo en la diferencia, aprecio y estimo la diversidad en lo que vale, pero no descuido los aspectos comunes, porque lo diverso tiene sentido en la medida en la que reconocemos lo que compartimos. De modo que me siento particularmente en condiciones, sin desmeritar las competencias de otras personas, para desempeñar una función como la dirección institucional desde el rectorado, porque la universidad es una comunidad diversa y creo que puedo desenvolverme con bastante solvencia. Yo no le tengo miedo a la diversidad, para mí es la forma natural de ser de las comunidades humanas.

Recientemente, recibió el apoyo del profesor Paulino Betancourt, quien fue también candidato a rector en la primera vuelta ¿Cómo lo valora? ¿Espera recibir otros apoyos?

Sí, recibimos el apoyo formal del sector que encabezó el profesor Betancourt y apreciamos mucho que hayan emitido una declaración pública de ese respaldo que entendemos como un respaldo crítico, no lo podemos entender de otra manera. No es un cheque en blanco o un apoyo incondicional, sino como deben ser las cosas en todas partes y más en la universidad. Y estamos en conversaciones con otros sectores con los que el contacto es sencillo y viable para ver de qué manera podemos aglutinar el mayor número de voluntades posibles, porque sabemos que las elecciones se ganan con votos.

Pero  nuestro propósito fundamental es convencer a la gente -a través de nuestros planteamientos- de que vale la pena votar por nosotros. Para nosotros los votos no se consiguen de cualquier manera, y en una universidad el proceso electoral tiene una dimensión académica también, no es solo político. Lo que llena de contenido específico el proceso electoral en la universidad es la discusión sobre los temas de la propia institución o país.

La campaña ha sido, en líneas generales, respetuosa. Conversamos antes con el profesor Rojas y expresó palabras de reconocimiento a su trayectoria y capacidades. Dijo si él ganaba estaría dispuesto a integrarlo a usted o a gente de su equipo en su proyecto. Y que si usted resulta vencedor y considera que él puede ser útil para algún proyecto, también estaría dispuesto a participar…

La campaña electoral se ha desempeñado en términos generales en forma respetuosa. Los siete candidatos en primera vuelta asistimos a actividades conjuntamente, y expresamos nuestros planteamientos semejantes y diferentes. Sin embargo, no han estado ausentes algunas incidencias desagradables. Yo repruebo que en el caso del profesor Rojas se hayan difundido recientemente informaciones falsas para perjudicarlo en su integridad como universitario. Y yo mismo he sido objeto de una implacable campaña que se desató desde el comienzo del proceso electoral para presentarme como una persona manifiestamente incapaz de asumir las responsabilidades que implican el reto de la función directiva universitaria. Esas cosas enrarecen el clima y son muy perjudiciales. Las reprobamos en forma categórica.

Por otra parte, concebimos el ejercicio de la alta función directiva universitaria y de la dirección institucional en los diferentes niveles como algo en donde debe haber la posibilidad de que todos participen. Y deben hacerlo las personas más calificadas, independientemente de su origen. Una vez que terminen las elecciones, quienes quieran que sean los ganadores deben convocar a las personas preparadas, competentes y comprometidas con la universidad para formar parte de los equipos de trabajo. Habrá que constituir numerosos equipos de trabajo y allí no tienen ningún sentido discriminar a nadie por haber pertenecido a una opción rectoral diferente. Nuestro propósito es convocar a los mejores y no gobernar con los amigos.

¿Qué mensaje espera que le envíe este proceso interno de la UCV a un país en donde se ha perdido la confianza en el voto y que está a las puertas de eventos electorales importantes?

Es muy importante que el país, los sectores políticos y el estamento general político entiendan que el valor del voto no se puede poner en discusión. El voto es fundamental, los procesos electorales son esenciales llevarlos a cabo de forma limpia, honestamente competitiva para producir confianza en los electores. Aspiramos a que el proceso electoral de la UCV pueda ser una buena ilustración y demostración en ese mismo sentido. Al país es necesario infundirle la idea de que los diferentes pueden convivir, y que de lo que se trata es que las condiciones generales para que la convivencia sea posible sea respetada por todos los que conviven.

A la oposición, el mensaje es que hay que buscar consensos y demostrarle a la sociedad venezolana que los acuerdos son posibles. No hay por qué empeñarse en estar de acuerdo en todo y aspirar permanentemente a la unanimidad, lo que debe construirse es consenso, que es la unión de los distintos en función de aspiraciones comunes.

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